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“Unión Del Creyente Con Cristo Mediante El Espíritu Santo, Simbolizado En La Figura De La Raza Humana”

“Unión Del Creyente Con Cristo Mediante El Espíritu Santo, Simbolizado En La Figura De La Raza Humana”

Semana del 14 al 20 enero de 2019: Lectura Bíblica: Romanos 5:12-15. Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. 

Comentario 1:

La certeza y abundancia de la salvación confirmada por el paralelo Adán—Cristo Correspondencia y contraste

“Pero donde aumentó el pecado, la gracia aumentó mucho más”

5:12–15.

   Es claro que hay una estrecha relación entre 5:1–11 y 5:12–21. En ambas secciones el pensamiento que se enfatiza es que la salvación por el tiempo y la eternidad viene por medio de Jesucristo. Según 5:1–11 es por medio de él que los creyentes han sido justificados y han encontrado la paz, la reconciliación con Dios. A esta idea de la certeza de la salvación por medio de Cristo, Pablo añada ahora en los vv. 12–15 el pensamiento que la gracia hace mucho más que compensar el pecado. No sólo anula el efecto del pecado, sino que otorga vida eterna.

   El razonamiento de Pablo puede parecer a primera vista un poco difícil de seguir. El comienza una oración, pero no la completa. Comienza diciendo: 12. Por tanto, así como por un hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte por medio del pecado, y así la muerte se extendió a toda la humanidad, ya que todos pecaron, y entonces, en vez de completar esta afirmación, él pasa a explayarse respecto a uno de sus elementos, a saber, la universalidad del pecado. No es hasta llegar al v. 18 que regresa a la oración que había comenzado a escribir. El reproduce su pensamiento en forma modificada: “En consecuencia, tal como una transgresión resultó la condenación de todos”, y es recién entonces que él, en sustancia, termina la oración como sigue: “… del mismo modo un acto de justicia resultó a todos los hombres en la justificación que produce vida”.

   Ahora bien, hay que reconocer que una ruptura tal en la estructura gramática va de acuerdo con la personalidad y con el estilo de Pablo. Véase C. N. T. sobre Lucas, p. 19. Con todo, esto no constituye hoy en día, ni ha constituido en el pasado, un fenómeno estilístico extraño.

   Por ejemplo, un pastor, al hacer un anuncio a su congregación respecto a una excursión campestre, podría comenzar así:

   “Puesto que mañana todos participaremos de una salida al campo de la congregación…” Él quiere continuar diciendo: “los exhortamos a venir temprano y a traer suficiente comida para su propia familia y, de ser posible, aun algo extra para la gente pobre que desee unirse a nosotros”.

   Pero antes de que él pueda decir esto, nota que sus palabras respecto a una salida al campo mañana son recibidas con escepticismo. Así que, en vez de decir lo que pensaba, él continúa de la siguiente manera:

   “Me doy cuenta de que algunos de ustedes sacuden la cabeza pensando que no puede haber una salida al campo mañana. Por eso, déjenme asegurarles que el pronóstico meteorológico de esta mañana temprano, que informaba de una tormenta que se venía en dirección a nosotros, ha sido cancelado. El nuevo reporte me ha sido transmitido pocos minutos antes de subir al púlpito. Según el mismo, la tormenta ha cambiado de curso y se espera muy buen tiempo para mañana. Es así que exhortamos a todos venir temprano, etc.”.

   Con todo esto en mente, los diversos elementos del v. 12, y también el versículo tomado en su unidad, pueden ser interpretados como sigue:

a. “por tanto”, esto es, visto que, por medio de su sacrificada muerte y vida de resurrección, Jesucristo ha traído justicia, reconciliación (paz), y vida, etc. Véase 5:1–11.

b. “así como por un hombre el pecado entró en el mundo …” Este hombre es obviamente Adán. Véase v. 14. Cf. Gn. 2:16, 17; 3:1–6. ¿En qué sentido debe entenderse que a través de la caída de Adán entró el pecado en el mundo? ¿Solamente en el sentido de que gradualmente, con el pasar de los años y de los siglos, los que nacían heredaban de Adán su naturaleza pecaminosa y por eso cometían pecados? Sin negar que esto sin duda sucedió, debemos no obstante afirmar que hubo una manera mucho más directa en la que “por un hombre entró el pecado en el mundo”. En este mismo tercer viaje misionero, no mucho antes de que Pablo redactara Romanos, él escribió cartas a los corintios. En una de ellas (1 Co. 15:22) él dice: “Así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos serán vivificados”. En Ro. 5:15 escribe: “Por causa de la transgresión de uno murieron los muchos”. Es obvio que él quiere decir que toda la raza humana estaba incluida en Adán, de modo que cuando Adán pecó, todos pecaron; cuando el proceso de muerte comenzó a arruinarlo a él, ello afectó inmediatamente a toda la raza.

   La Escritura, en otras palabras, al hablar de estos asuntos, no considera a la gente de un modo atomístico, como si cada persona fuera comparable a un grano de arena sobre la playa. Especialmente en esta época presente,con su énfasis sobre el individuo, es bueno que se nos recuerde la verdad expresada en esas palabras que, en una generación anterior, quedaron impresas aun en la mente de los niños:

Cuando Adán cayó

Nuestro pecado empezó

   Además, cuando tenemos en mente que este mismo capítulo (5) enseña no sólo la inclusión de todos aquellos que pertenecen a Adán—es decir, de toda la raza humana—en la culpa de Adán, sino también la inclusión de todos los que pertenecen a Cristo en la salvación comprada con su sangre (v. 18, 19; cf. 2 Co. 5:19; Ef. 1:3–7; Fil. 3:9; Col. 3:1, 3), y que esta salvación es el don gratuito de Dios a todos los que por fe están dispuestos a aceptarlo, no tendremos nada de qué quejarnos.

c. “y la muerte por medio del pecado, así la muerte se extendió a toda la humanidad …”

   La solidaridad en la culpa implica la solidaridad en la muerte, con el énfasis puesto aquí, tanto como en 1 Co. 15:22, en la muerte física. El pecado y la muerte no pueden separarse, como es evidente de Gn. 2:17; 3:17–19; Ro. 1:32; 1 Co. 15:22. En Adán todos pecaron; en Adán todos murieron. El proceso de morir, y esto no sólo para Adán sino para toda la raza, comenzó en el momento en que Adán pecó.

b. “ya que todos pecaron”.

   Lo más probable es que esto se refiere a los pecados que las personas mismas han cometido después de haber

nacido. Este pecar personal ha continuado a través de los siglos. Es como si Pablo estuviera diciendo: “Sé que un hombre pecó, y que en él todos los hombres pecaron, porque si esto no fuese cierto, ¿cómo podríamos explicar todo el pecado que se ha venido cometiendo de allí en adelante?”

   Esta interpretación da a la palabra pecaron el significado que tiene siempre en otros lugares de las epístolas de Pablo. ¿Por qué habría de significar “todos pecaron” una cosa (pecados reales, personales) en Ro. 3:23 pero otra cosa en 5:12? Además, si aquí en 5:12 explicamos las palabras todos pecaron haciendo referencia a que todos pecaron en Adán, ¿no sería esto hacer al apóstol culpable de una repetición innecesaria, visto que el pecado de todos “en Adán” ya está implícito en este mismo versículo? Nótese que “por un hombre el pecado entró en el mundo”.

   A estas dos razones para creer que esta interpretación de las palabras “ya que todos pecaron” es la correcta se puede añadir una más: ahora se ve claramente por qué Pablo a esta altura no completó la oración comenzada con “por tanto”, sino que se fue por la tangente. La afirmación “ya que todos pecaron” podría fácilmente causar incredulidad, especialmente en las mentes de los que le deban gran importancia a la proclamación de la ley en el Sinaí. Se podría preguntar: “Si pecar significa transgredir la ley, ¿cómo puede Pablo decir que desde el tiempo de Adán todos pecaron? Hasta la proclamación de la ley en el Sinaí no hubo ley, y por lo tanto no hubo transgresión de la ley, no hubo pecado”. El apóstol considera que esta posible objeción es de suficiente importancia como para justificar un intervalo en la estructura gramática a la cual se hizo referencia al comienzo de la explicación del v. 12 Pablo contesta del siguiente modo:

   Versíc. 13, 14.… porque antes de la ley el pecado estaba en el mundo. Pero el pecado no es tenido en cuenta cuando no hay ley. Sin embargo, la muerte reinó desde (el tiempo de) Adán hasta (el de) Moisés, aun sobre aquellos que no pecaron por la transgresión154 de un mandamiento expreso, como lo hizo Adán, que es figura de aquel que había de venir.

   Como confirmación de la declaración “todos pecaron”, incluyéndose aquella gente que vivió durante el período entre Adán y Moisés, Pablo razona de la siguiente manera:

   El pecado sin duda estaba en el mundo aun antes de que se diera la ley del Sinaí, como lo demuestra el hecho que la muerte, el castigo del pecado, gobernaba suprema durante el período de Adán a Moisés. El apóstol puede haber estado pensando, entre otras, cosas, en el diluvio universal, que destruyó casi toda la población del mundo. Sí, la muerte reinó aun sobre los que no pecaron por la transgresión de un mandamiento expreso, como lo hizo Adán. Véase Gn. 2:16, 17. En consecuencia, es claro que aun en el período desde Adán hasta Moisés el pecado ciertamente fue tenido en cuenta. Aunque la ley del Sinaí, con sus mandatos específicos, no existía todavía, había una ley. Aquí el apóstol está pensando indudablemente en lo que él había escrito anteriormente en esta misma epístola (2:14, 15). Y esta ley, con la muerte como castigo para los transgresores inexcusables sí fue aplicada (véase Ro. 1:18–32). Que había ley se deduce del hecho que había pecado. Si no hubiera habido ley no habría habido pecado.

   Al presentar a Adán, el transgresor de un mandato expreso, el apóstol declara: “que es figura de aquel que había de venir”.

   Habiendo dicho esto, ¿puede Pablo, al fin, terminar la oración que comenzaba en el v. 12? Todavía, no porque

llamar a Adán una figura de Aquel que había de venir, esto es, de Cristo, podría llevar fácilmente a la confusión. ¿Cómo es posible mencionar al mismo tiempo a estos dos, Adán, cuya caída resultó en miseria incalculable para la raza humana y Cristo, el Salvador del mundo (Jn. 4:42; 1 Jn. 4:14; cf. 1 Ti. 4:10)? ¿Cómo puede Adán ser figura de Cristo? Pablo debe primeramente explicar esto.

¿Cómo puede haber algún parecido entre Adán y Cristo? Sin embargo, hay un parecido; porque, así como es cierto que Adán impartió a los suyos lo que le pertenecía, del mismo modo Cristo otorga a sus amados lo que es de él. Es en este sentido en que Adán prefiguró a Cristo. En lo demás, sin embargo, el paralelo es de contraste, cosa que el apóstol expresa de la siguiente manera;

   Versíc. 15–17. Pero el don gratuito no es como la transgresión. Porque si por causa de la transgresión de uno murieron los muchos, ¡mucho más se extendió a los muchos la gracia de Dios y el don que vino por la gracia de un solo hombre, Jesucristo! Nuevamente, el don (de Dios) no es como (el resultado d) el pecado de un hombre. Porque el juicio vino después de un pecado y trajo condenación, pero el don gratuito vino después de muchas transgresiones y trajo justificación. Porque si por la transgresión de uno solo, reinó la muerte por uno solo, mucho más reinarán en vida aquellos que reciben la sobreabundante plenitud de la gracia y del don de la justicia por medio de Uno solo, Jesucristo.

   En estos versículos Pablo demuestra que el paralelo Adán-Cristo es mayormente un paralelo de contraste en el sentido que la influencia de Cristo para bien sobrepasa en mucho el efecto de Adán para mal: el don gratuito “no es como la transgresión”, es decir, es mucho más efectivo que la transgresión.

   A modo de introducir una interpretación más amplia es necesario tener en mente algunos asuntos:

a. El apóstol usa la palabra muchos en un doble sentido. En su primer uso (“murieron los muchos”) la palabra indica todos los descendientes físicos de Adán. Al cierre de ese mismo versículo (“se extendió a los muchos”) la palabra indica todos los que pertenecen a Cristo. Esto nos trae a la memoria a Is. 53:11, 12; Mt. 20:28; Mr. 10:45.

b. El v. 12 ha demostrado que Adán fue responsable de traer al mundo dos males: el pecado y la muerte. El apóstol se ocupa ahora de ambos en secuencia; del pecado o la transgresión de Adán (vv. 15, 16) primeramente, y de la muerte (v. 17) en segundo término. El considera que están íntimamente relacionados y por eso a veces menciona a ambos simultáneamente.

   Es comprensible que Pablo pueda decir que por causa de la transgresión de Adán los muchos murieron. Estos muchos son aquellos designados en 5:12 como “toda la humanidad” (literalmente todos los seres humanos, todo el mundo). Cf. 1 Co. 15:22. Pero, en relación con la obra de Dios en Cristo, para los hijos de Dios este mal ha sido mucho más que cancelado. Para ellos la gracia de Dios y su don de salvación cambió la muerte en lo totalmente opuesto. ¡La muerte se transformó en ganancia (Fil. 1:21)! Además, en cuanto al pecado, al entrar la gracia, ésta hizo mucho más que volver al hombre a su estado anterior de inocencia. Le otorgó justicia (v. 17), y vida (v. 18),esto es, vida eterna (v. 21). En lo referente al glorioso contenido de este término, véase sobre 2:7.

   Nuevamente, en el caso de Adán hubo solamente un único pecado, un pecado que resultó en condenación. Pero Cristo, por su obra de redención, hizo provisión de perdón no sólo para ese pecado sino para todos los que procedieran de él. Su sacrificio fue suficiente para todos ellos, y de hecho fue eficaz para todos los pecados cometidos por quienes, por gracia soberana, iban a poner su fe en él. Para ellos la condenación fue reemplazada por la justificación. Véase sobre 1:17; 3:24; 5:1.

   Pablo pasa ahora a considerar más especialmente el tema de la muerte. Esta vez, tras repetir que la muerte resultó de la transgresión de uno, Adán, él menciona el reinado de la muerte, el dominio poderoso y destructor que ella ejerce sobre los asuntos de los seres humanos. En concordancia con sus pensamientos respecto a la supremacía de la gracia (la doctrina del “mucho más”), el apóstol ahora indica que en el caso de los creyentes el reino de la muerte no es simplemente reemplazado por el reino de la vida sino por un reino tan inexpresablemente glorioso que los que participan en él serán ellos mismos reyes y reinas. Todo esto es el resultado de “la sobreabundante plenitud de la gracia y del don de la justicia de Dios para ellos por medio de Uno solo, Jesucristo”, es decir, por medio de su persona y su obra.

   Una vez que el apóstol se ha ocupado de esta manera de las dificultades que debían ser aclaradas antes, de poder completar el pensamiento iniciado en el v. 12, él da ahora, en el v. 18a., por medio de una fraseología algo diferente, la intención del versículo anterior; de manera que esencialmente el v. 18a es igual al v. 12. Es entonce sen el v. 18b que él lleva este pensamiento a su conclusión. Al cambiar un poco las palabras, todo el pensamiento es repetido en el v. 19.

1er Titulo:

Adán, La Cabeza De La Raza Humana. (Génesis 1:26-27. Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.).

   Comentario 1: La figura de la raza humana, o sea la relación existente entre Adán y Cristo: Ro. 15:12-21. Este pasaje es de gran importancia, pues aquí el apóstol muestra la relación histórica y doctrinaria entre Adán y Cristo. Otro pasaje que trata de esto es (1 Co. 15:22, 45, 49. Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados; Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante; Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial).

   Adán es la cabeza de la raza natural; Cristo es la cabeza de la raza espiritual. La clave que interpreta el significado espiritual de este símbolo es la representación. Es decir, Adán es el representante de todos aquellos que descienden de él, directa o indirectamente. Lo que era verdad en cuanto a él también lo es en cuanto a los miembros de su raza. Del mismo modo, Cristo es la cabeza, el representante de la nueva raza nacida o descendiente de Él, y lo que puede decir de Él también corresponde a los miembros de la raza de la cual Él es la cabeza.

   Comentario 1:1. (Gn. 1: 26, 27; Ec. 7:29. He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.)No es por nada que Dios nos dice que alentó el espíritu de vida en el hombre (Gn. 2:7; Job 33:4. El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida.). Era la obra del Espíritu Santo de dar vida al hombre por lo cual el hombre vino a ser un alma viviente, porque el Espíritu Santo es el aliento de Dios.

   Al hombre se le dio mente y alma para que él obedeciera a Dios y lo gozara, y había tres cosas necesarias para hacer apto al hombre para una vida con Dios. Debería ser capaz de conocer la mente y voluntad de Dios para poder obedecerlo y agradarlo. Debería tener un corazón que alegremente y libremente amará a Dios y a su ley, y debería ser capaz de llevar a cabo perfectamente todo lo que Dios requiere de él. Todas estas son las obras del Espíritu en el hombre. Y todas estas habilidades se perdieron por el pecado. Solamente pueden ser restauradas por la obra de regeneración del Espíritu Santo.

   El hombre fue hecho después de todas las criaturas: esto era tanto un honor como un favor para él. Sin embargo, el hombre fue hecho el mismo día que las bestias; su cuerpo fue hecho de la misma tierra que el de ellas; y mientras él está en el cuerpo, habita en la misma tierra con ellas. ¡No permita Dios que, dándole gusto al cuerpo y a sus deseos, nos hagamos como las bestias que perecen! El hombre fue hecho para ser una criatura diferente de todas las que habían sido hechas hasta entonces. En él tenían que unirse la carne y el espíritu, el cielo y la tierra. Dios dijo: “Hagamos al hombre”. El hombre, cuando fue hecho, fue creado para glorificar al Padre, Hijo y Espíritu Santo. En ese gran nombre somos bautizados pues a ese gran nombre debemos nuestro ser. Es el alma del hombre la que lleva especialmente la imagen de Dios. —El hombre fue hecho recto, (Eclesiastés 7:29. He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.) Su entendimiento veía clara y verdaderamente las cosas divinas; no había yerros ni equivocaciones en su conocimiento; su voluntad consentía de inmediato a la voluntad de Dios en todas las cosas. Sus afectos eran normales y no tenía malos deseos ni pasiones desordenadas. Sus pensamientos eran fácilmente llevados a temas sublimes y quedaban fijos en ellos. Así de santos, así de felices, eran nuestros primeros padres cuando tenían la imagen de Dios en ellos. ¡Pero cuán desfigurada está la imagen de Dios en el hombre! ¡Quiera el Señor renovarla en nuestra alma por su gracia!

2° Titulo:

Cristo, La Cabeza De La Raza Espiritual. (1a de Corintios 14:47 El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.).

   Comentario 2: Versíc. 47. El primer hombre procede del polvo de la tierra, el segundo procede del cielo.

   Pablo vuelve a usar el relato de la creación, pero esta vez usa la parte que habla de que Dios creó a Adán del polvo de la tierra (Gn. 2: 7a). Pablo escribe en forma concisa para contrastar a Adán, quien vino del polvo de la tierra, con Cristo, quien vino del cielo. Este versículo sigue el orden sintáctico del texto del Antiguo Testamento: «Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra» (Gn. 2: 7a). No obstante, hay que notar que, para describir a Adán, Pablo usa el adjetivo griego joikos (hecho de polvo o de tierra, terroso). Para crear al hombre, Dios recogió polvo de la tierra. Adán no desciende de un simio que se transformó en hombre, sino que es la creación única de Dios.

   La estructura del paralelismo de este versículo está decididamente incompleta, ya que la segunda mitad carece de la contraparte a la frase hecho del polvo. Mientras que Adán es hecho del polvo de la tierra, Cristo procede del cielo. Algunos manuscritos griegos añaden al texto las palabras el Señor, lo que resulta en: «el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo» (RV60). Otro manuscrito antiguo (P46) lee «el segundo hombre es espiritual del cielo». Con todo, se debe preferir la lectura más corta, ya que los escribas tienen la tendencia a añadir palabras que clarifiquen el texto.

   Pablo subraya el contraste que hay entre el origen de Adán y el de Cristo: uno es de la tierra, mientras que el otro es del cielo. Pero no se refiere al Cristo preexistente cuya obra de creación es mencionada en otra parte (Jn. 1:1; Col. 1:15–18; Heb. 1:2). Más bien habla de Jesús que vino del cielo a la tierra y tomó para sí carne y sangre para participar en nuestra humanidad (Heb. 2:14). Nosotros le dimos a Cristo un cuerpo físico, y de él recibimos un cuerpo glorificado.

   Adán vino hacia arriba desde el polvo, pero Cristo vino hacia abajo desde su gloria celestial (cf. Fil. 2:6–8). Cuando Cristo fue engendrado y nació, como todos los descendientes de Adán, tenía un cuerpo humano. De hecho, su cuerpo era mortal. Y cuando Adán resucite en el día de la resurrección, junto con todos los otros creyentes él recibirá un cuerpo glorificado como el de Jesús.

   No obstante, Pablo no sólo está contrastando el cuerpo de Adán con el cuerpo de Jesús. Usa la palabra hombre para referirse a Adán y a Jesús. La expresión abarca la humanidad total de estas dos personas al representar en forma individual a su propia descendencia física y espiritual respectivamente. Adán representa a la raza humana y Cristo a los redimidos.

3er Titulo:

Resultado De La Unión De La Raza Humana Con Cristo, La Redención Del Hombre. (Romanos 5:17 al 19. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque, así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.).

   Comentario 3: Versíc. 18, 19. En consecuencia, tal como una transgresión resultó en la condenación de todos los hombres, del mismo modo un acto de justicia resultó a todos los hombres en la justificación que produce vida. Porque, así como por la desobediencia del uno los muchos fueron hechos pecadores, del mismo modo, por la obediencia del Uno los muchos serán hechos justos.

   Como lo indican las palabras “en consecuencia”, Pablo no se limita ahora a regresar al pensamiento expresado en el v.12; él resume el argumento de todo el párrafo (vv. 12–17). El presente pasaje contrasta una transgresión, a saber, la de Adán (Gn. 3:6; 9:12, 17), una transgresión aquí llamada “la desobediencia del uno”, con un acto de justicia, llamado “la obediencia del Uno”, siendo ese Uno Jesucristo. Cf. Fil. 2:8. Visto que en el contexto precedente Pablo ha mencionado no menos de tres veces la muerte de Cristo por su pueblo (vv. 6, 8, 10; cf. vv. 7 y 9), es seguro que aquí en los vv. 18, 19 la referencia es a ese supremo sacrificio. Sin embargo, no debemos interpretar este concepto demasiado estrechamente: la muerte voluntaria de Cristo representa la totalidad de su sacrificado ministerio en el mundo, del cual la muerte vino a ser el punto culminante.

   Podemos comprender que una transgresión resultó en la condenación de todos los hombres, ¿pero qué quiere decir el apóstol cuando afirma también que para todos los hombres un acto de justicia resultó en la justificación que da vida? Si en el primer caso “todos los hombres” significa absolutamente todos, ¿no demanda la lógica que en la segunda instancia de su uso esta palabra tenga el mismo significado? La respuesta es:

a. El apóstol ha dejado bien claro en pasajes anteriores que la salvación es para los creyentes, solamente para ellos (1:16, 17; 3:21–25, etc.).

b. Él ha enfatizado esto también en este mismo contexto: los que “reciben la sobreabundante plenitud de la gracia y del don de la justicia” reinarán en vida (v. 17).

c. En un pasaje que es similar a 5:18, y al cual se ha hecho referencia anteriormente, el apóstol mismo explica lo que él quiere decir cuando habla de “todos” o de “todos los hombres” que van a ser salvos y participar en una gloriosa resurrección. Ese pasaje es

   “Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias, luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Co. 15:22, 23). Aquí se afirma claramente que los “todos” que serán vivificados son “los que son de Cristo”, esto es, que la pertenecen.

   Pero, aunque esta respuesta comprueba que Pablo cuando usa aquí la expresión “todos” o “todos los hombres”en relación con aquellos que son o serán salvos, y aunque este “todos” o “todos los hombres” no debe interpretarse en el sentido absoluto o ilimitado, de todos modos, lo dicho deja otra pregunta sin contestar, a saber: “¿Por qué usa Pablo esta expresión tan fuerte?” Para contestar esta pregunta uno debe leer cuidadosamente toda la epístola. Entonces quedará claro que, entre otras cosas, Pablo está combatiendo la siempre presente tendencia de los judíos a considerarse mejor que los gentiles. Frente a esta actitud errónea y pecaminosa él enfatiza que, en lo que se refiere a la salvación, no hay diferencia entre judío y gentil. El lector debe estudiar con cuidado los siguientes pasajes para ver esto por sí mismo; 1:16, 17; 2:7–11; 3:21–24, 28–30; 4:3–16; 9:8, 22–33; 10:11–13; 11:32; 15:7–12; 16:24–27. En cuanto a la salvación, dice Pablo: “No hay distinción. Dios no muestra parcialidad”. Todos los hombres son pecadores ante Dios. Todos necesitan la salvación. Para todos los modos de ser salvo es el mismo.

   En una época como ésta en que, aun en ciertos círculos evangélicos, todavía se mantiene, y a veces hasta se enfatiza, la distinción no bíblica entre judío y gentil, es necesario que lo que la Palabra de Dios dice al respecto, particularmente en la epístola de Pablo a los romanos, quede bien indicado.

   Nótese que en el v. 18 se nos dice que una transgresión resultó en la condenación de todos, pero que un acto de justicia resultó en la justificación que da vida. Esto indica que la justificación no cancela simplemente el veredicto de “culpables”, anulando la sentencia de condenación, sino que también abre la puerta a la vida. respecto a este concepto de vida—cf. vv. 17 y 21—véase sobre 2:7.

   Además, en el v. 19 Pablo no dice: “Así como por la desobediencia del uno los muchos fueron hechos pecadores, del mismo por la obediencia del Uno serán hechos inocentes o sin pecado los muchos”, sino que dice “… serán hechos justos los muchos”. Por cierto, esto básicamente significa “ser declarados justos”. Sin embargo, cuando Dios declara que alguien es justo, ¿queda esa acción un hecho separado?

Definición de Términos:

Unión: acción y efecto de unir o unirse (Diccionario de la Real Academia Española)

1. Acto de ser injertado en Cristo (1Cor. 5:17) que se manifiesta en una permanencia, una participación vital y real (Juan 15: 237

2. Unión ilustrada por la intimidad del matrimonio que produce fruto legítimo (Rom. 7: 4Ef. 5: 25 – 32)

3. Unión de dos espíritus dejando intactos los dos, pero infundiendo la vitalidad y el poder en el espíritu humano.

Identificación con Cristo en muerte y resurrección. Cristo no tan sólo murió por nosotros (Rom. 3: 2426 – sustitución – sino que también todos nosotros mismos morimos al pecado en él (Rom. 6:1-62 Cor. 5: 1415). Dios nos cuenta “una sola carne” (Ef. 5: 3132) con Cristo. Cristo se identificó con nosotros y pide que aceptemos esa identificación como la base de nuestro andar. Esto es la verdadera solidaridad de que poco se habla hoy (Rom. 5: 12).

   Participación con Cristo es la dinámica nueva de su vida resucitada (Rom. 6:5). El andar diario por fe en base de nuestra identificación con Cristo nos permite que el Espíritu Santo opere y suelte la misma vida de Cristo a través de nosotros (Rom. 510). De esta manera el Espíritu Santo cancela (Rom. 6: 6 destruir – dejar impotente) la vida carnal y esa vida eterna opera como la dinámica nueva.

   Arrepentimiento es no tan sólo el acto de cambiar de parecer ante el pecado sino una actitud constante que el creyente toma frente a su potencial, hacia el orgullo en sus múltiples formas tan sutiles. El arrepentimiento es un estado de corazón que permanece en el creyente mientras está en el cuerpo. El arrepentimiento es un quebrantamiento de corazón que busca a Dios (Sal. 51: 17Isa. 57:15).

   Para el creyente el nuevo enfoque de fe para la santificación es una afirmación constante del corazón, acto de la voluntad por el cual echa mano de nuestra muerte al pecado (Rom. 6: 2), a la ley (Rom. 7: 4), al mundo (Gal. 6:14) sobre todo poder satánico (Col. 2:15). Como la fe agarró la sustitución (Rom. 3: 2526) como la base de la justificación, la misma fe santificadora sigue agarrando la identificación con Cristo como la base de la santificación.

Amen Para Gloria De Dios.

Bibliografía: El Espíritu Santo Por Edwin H. Palmer; Estudio De Doctrina Cristina Por George Pardington; El Triunfo Del Crucificado Por Erich Sauer; Comentario Al Nuevo Testamento Por Simon J. Kistemaker; Biblia De Referencia Thompson VRV 1960; Comentarios de Matthew Henry; El Espíritu Santo por Charles C. Ryrie.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.