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Willis Hoover: “Envíanos un nuevo avivamiento”.

Willis Hoover: “Envíanos un nuevo avivamiento”.

 

Y un día vinieron los hijos de Dios a presentarse delante de Jehová,

entre los cuales vino también Satán.  Job 1:6 (RV 1909).

 

Por algunos años se ha publicado en cada número de el Chile Pentecostal la siguiente oración de Juan Wesley: “Señor Mándanos otro avivamiento como aquel que nos distes; si fuera posible, si los errores y las extravagancias que lo acompañaban; pero, en todo caso, mándanos el avivamiento”.

Cuando dio expresión a esta oración estaba profundamente convencido de dos cosas:

  • Primero, que aquel movimiento maravilloso por el que habían pasado, y que había resultado en la salvación de tan grande número de almas, había sido obra de Dios;
  • Segundo, que en el movimiento había habido errores, extravagancias, y fuego falso, metidos en el movimiento.

Estas cosas él las deploraba y pedía a Dios que les mandara un avivamiento. Pero al mismo tiempo reconoció ser tan importante y de tanto valor el avivamiento aun así mezclado con esas cosas, que no titubeó en anhelar que se repitiera aunque fuera con lo desagradable y deplorable.

En esta misma situación estamos nosotros. Hemos leído con mucha atención de Juan Wesley, lo que es realmente un diseño de la obra de Dios en su tiempo y en su contorno. Hemos visto en ellas excesos, errores, y obras y manifestaciones carnales y diabólicas. El los relató con toda sencillez. Pero hemos visto también las multitudes convertidas , santificadas y dando gloria a Dios.

En los Estados Unidos hacen cerca de dos siglos hubo un avivamiento maravilloso que se ha dejado estampado en la historia como uno de los más notables de cualquiera época; y no obstante los historiadores dicen que muchos cristianos contemporáneos vacilaban en considerar que era una obra de Dios, y que no más bien obra del diablo. Estas cosas confunden a algunos, repugna a otros y desalientan a no pocos. Pero si es así, es porque no piensan con el raciocinio que deben usar en una materia semejante.

En primer lugar, Cristo nos da a entender sin posibilidades de equivocarnos que “el príncipe de este mundo” es el diablo. Toda obra que tiende a arrebatar de su dominio a las almas sumidas en el pecado ha de soportar de parte de él la guerra más encarnizada. ¿Qué otra cosa podía esperarse? Es cosa tan natural que es de admirarse que haya cristianos que no lo entiendan; mayormente cuando la Biblia nos relata casos tan confirmativos.

Tomemos el caso referido en nuestro texto: Los hijos de Dios se presentaron delante de Jehová y Satanás vino también, y entró en una guerra para destruir la reputación y aún el alma de Job. La parte que Dios tuvo en el asunto era de permitir que esas pruebas vinieran sobre su siervo, lo que resultó para la fortaleza de Job y para la gloria de Dios.

En Éxodo Capítulo 5:12 se halla la historia de la salida de los israelitas de Egipto. En toda la historia se ve los esfuerzo del diablo para impedir que salgan; su obra directa aparece en las operaciones de los magos, donde la lucha tiene por blanco el alimentar la incredulidad de Faraón. En los Hechos de los Apóstoles hallamos varios casos: Elimas, Cap. 12; la mujer pitonisa. Cap 16; y los siete hijos de Sceva, Cap. 19.

Ahora, la persona que cree la palabra de Dios no hallará ninguna cosa rara en que un avivamiento de la obra de Dios tenga una mezcla de la obra de Satanás; muy al contrario, lo esperará, y sabrá que mientras más obra Dios, mas redoblados será los esfuerzos de Satanás para desbaratarlo. Dije más arriba que estamos en esta misma situación. En el año 1909 vino el Espíritu Santo con poder haciendo grande obra en bautizar a muchos cristianos “como en el principio” (Actos 11:15), y en salvar a muchas almas aún de las más sumidas en el pecado.

La asistencia a la Iglesia en Valparaíso, de 200 a 300 personas subió a 900 y 1000 y Dios se manifestó en sueño, visiones, lenguas y profecías. Personas fueron convencidas de pecado en sus camas y se reconciliaron con Dios allí mismo, o buscaron al pastor u otro cristiano para su ayuda.

“Y satanás vino también”, por su puesto. ¿Quién tenía más interés que él cuando era su reino que estaba sufriendo estragos? Metió orgullo espiritual, lo que dio entrada a errores de una y otra clase, incredulidad y disensiones que tuvieron por resultado una división de la Iglesia en varias ciudades, porque la obra se había extendido sobre una grande parte de Chile.

Naturalmente tuvimos dolor por lo que el diablo hizo, pero no sentimos sino grande gozo y anhelo por lo que hizo Dios. ¿Qué hacer? Hicimos lo que hizo Juan Wesley: Clamamos a Dios para que viniera otra vez; si fuera posible, que evitara la intrusión de Satanás; pero lo que más nos importaba era que viniera otro avivamiento en todo caso. Y vino, ¡Gloria a Dios! Con nuevas sorpresas y maravillas y multitud de almas salvadas. ¿Y no se metió Satanás? ¿Cómo esperar otra cosa? Sí, vino; con orgullo espiritual, con torcer la Palabra de Dios: con ponerse por encima de la palabra de Dios y con otros engaños. Pero con todo, alabamos a Dios; por lo que Él ha hecho y orando para que nos guarde fieles a Él, a pesar de todas las acechanzas del diablo. Y seguimos pidiendo a Dios que nos mande todavía otro avivamiento. Queremos vivir en un avivamiento mientras estamos en este mundo, con una corriente continua de almas nuevas que vienen a lavarse en la bendita sangre del Cordero de Dios. Acompáñanos en esta petición, hermanos.

 

 

Pastor Willis Collins Hoover Kirk

 

 

Fuente: Revista Chile Pentecostal Nº 108, Octubre 1922.


Manuel Obreque Yáñez

Miembro de la IEP en Puerto Montt. Administrador en Historia y Contingencia IEP, Cuarteto Legado de Esperanza, Cuarteteros en Instagram.