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Semana del 8 al 14 de julio de 2019: “Eclesiología: La Iglesia en todos sus aspectos (Parte I)”

Semana del 8 al 14 de julio de 2019: “Eclesiología: La Iglesia en todos sus aspectos (Parte I)”

Lectura Bíblica: San Mateo 16:16 al 18. Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 

   CAPÍTULO VIII (página 239 de estudio de doctrina cristiana Dr. George Pardington)

   Octava Doctrina – Eclesiología

  1. La idea de Iglesia

La idea fundamental del Nuevo Testamento acerca de la Iglesia se presenta claramente en el verbo griego kalein, cuyo significa es «llamar», con sus derivados y combinaciones.

  1. Kaleín. Esta palabra griega, que significa «llamar», denota el primer acto de Cristo en conexión con la Iglesia, Ro. 8:30; 1 Co. 1:9; 2 Ts. 2:14; 1 P. 2:9.
  2. Kleectoi. Esta palabra que significa «los llamados», designa a los miembros de la Iglesia, Ro. 1:6, 7; 8:28; 1 Co. 1:1, 2; Jud. 1.

3.. Kleesis. Esta palabra que significa «llamamiento», denota la vocación u ocupación de la Iglesia, Ro. 11:29; 1 Co. 1:26; Ef. 4:14.

   Comentario del contexto bíblico de San Mateo 16:16-18. Hay que tener presente que esta pregunta había sido dirigida a todos estos hombres, no solamente a uno de ellos; por eso, “vosotros” y no “tú”. Entonces cuando ahora responde uno de los Doce, lo hace como portavoz de todo el grupo, la respuesta que da Jesús por lo tanto debe ser considerada también como no exenta de significación para todo el grupo. 16. Simón Pedro respondió y dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. La personalidad de Pedro y su posición de liderazgo ya han sido comentadas anteriormente (véase sobre 4:18–22; 10:2; 14:28, 29). En este pasaje nótese:

  1. Probablemente para añadir solemnidad y claridad al relato del suceso se usa aquí el nombre completo de este discípulo: “Simón Pedro”. Este nombre es el usual en el Evangelio según Juan, pero no en los Sinópticos. Aparece también en Lc. 5:8, en conexión con otro contexto de profunda emoción y humilde reverencia.
  2. En los Evangelios y en el libro de Hechos, Pedro frecuentemente representa a los Doce, como es claro no solamente del contexto presente, sino también, entre otros pasajes, de Mt. 15:15, 16; 19:27, 28; 26:35, 40, 41; Lc. 8:45; 9:32, 33; 12:41; 18:28; Jn. 6:67–69; Hch. 1:15; 2:14, 37, 38 y 5:29. Sin embargo, su identidad no se pierde. Es Pedro quien habla y a Pedro se dirigen las palabras de los vv. 17–19.
  3. Aun antes de este tiempo Pedro ha hecho conmovedoras declaraciones acerca de Jesús (Lc. 5:8; Jn. 6:68, 69), pero la presente declaración de fe es la más completa de todas ellas.
  4. En cuanto a precisión, en esta concisa declaración, de sólo diez palabras, el original usa el artículo definido no menos de cuatro veces.
  5. Cuando Pedro declara que Jesús es “el Cristo” él quiere decir el Ungido largamente esperado, Aquel que como Mediador fue apartado u ordenado por el Padre y ungido con el Espíritu Santo, para ser el Profeta principal de su pueblo (Dt. 18:15, 18; Is. 55:4; Lc. 24:19; Hch. 3:22; 7:37); único Sumo sacerdote (Sal. 110:4; Ro. 8:34; Heb. 6:20; 7:24; 9:24); y Rey eterno (Sal. 2:6; Zac. 9:9; Mt. 21:5; 28:18; Lc. 1:33; Jn. 10:28; Ef. 1:20–23; Ap. 11:15; 12:10, 11; 17:14; 19:6).
  6. La declaración de Pedro que Jesús es “el Hijo del Dios vivo” no puede significar otra cosa, sino que, en un sentido único, en un sentido no aplicable a mortal alguno, Jesús es, era y siempre será el Hijo de ese Dios que no solamente es El mismo el único Dios vivo, en contraste con todos los falsos dioses de los paganos (Is. 40:18–31), sino también es la única fuente de vida para todo aquel que vive.

    Inmediata, definida, cariñosa y elogiosa es la respuesta de Cristo a la confesión hecha por Pedro: 17. Jesús respondió y le dijo: Bienaventurado eres Simón Bar-Jonás, porque no es carne ni sangre sino mi Padre que está en los cielos quien te ha revelado esto. La

literatura que trata de la interpretación de 16:17–19, como un todo o en parte, es vasta. La designación “Simón Bar-Jonás”, esto es, “Simón hijo de Jonás” (o: “de Juan”, Jn. 1:42), para la persona aludida era un recordatorio de quién era por naturaleza, simplemente un humano hijo de un padre humano. Era un hombre que por sí mismo no podría haber contribuido con nada que fuera importante, sólo un ser humano entre muchos otros. Este recordatorio va a ser seguido en breve (v. 18) por una afirmación de lo que por la gracia ha llegado a ser este mismo Simón Bar-Jonás, a saber, un digno portador del nombre “Cefas” (arameo) o “Pedro” (griego).

    A este “Simón Bar-Jonás”, por sobrenombre “Pedro”, Jesús lo declara “bienaventurado”, dando a esta palabra toda la profundidad de sentido que tiene en las bienaventuranzas (véase sobre 5:1–3). Naturalmente, también son bienaventurados todos los que están de acuerdo con Pedro.

   Al continuar sus palabras dirigidas a Pedro, Jesús enfatiza que “carne y sangre”, esto es, el puro cálculo, razonamiento, intuición o tradición meramente humanos nunca podrían haber producido jamás en el corazón de este discípulo la visión de esta sublime verdad que acababa de profesar en forma tan gloriosa. Acerca de la expresión “carne y sangre”, véase también C.N.T. sobre Gá. 1:16 y sobre Ef. 6:12. Fue, dice Jesús, “mi Padre que está en los cielos” quien había revelado esta verdad a Simón Bar-Jonás y lo había habilitado para darle una vivaz expresión. A este discípulo y a todos los de una mentalidad similar, él, este Padre celestial, la había revelado (11:25, 26); y esto no necesariamente en forma directa, susurrándole algo al oído, sino bendiciendo al corazón los medios de gracia, no siendo el menor de ellos las lecciones provenientes de las palabras y obras de Cristo.

   Al hablar de (o a) aquel que lo envió, Cristo revela no solamente la relación de parentesco eterno, sino también el calor del amor existente entre las personas de la Santa Trinidad, al preferir la designación “mi Padre”. En varios pasajes se relata el uso de esta frase (11:27; 20:23; 25:34; 26:39, 42, 53). En un número de casos se usa la denominación más completa “mi Padre (que está) en los cielos” (además de 16:17, véanse también 7:21; 10:32; 12:50; 18:10, 19), o también “mi Padre celestial” (15:13; 18:35).

   Jesús continúa: 18. Y yo te digo, tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia… La interpretación de este pasaje varía mucho. Como yo lo veo, los primeros tres puntos de vista de los que presento a continuación deben ser rechazados, el cuarto debe ser apreciado y el quinto adoptado:

  1. El pasaje no es auténtico. Tiene que haber sido insertado o interpolado, “eingeschoben” (W. Soltau), en una época posterior. Fue escrito, quizás, para realzar la autoridad de Pedro. Es difícil creer que Jesús mismo haya hablado tales palabras. Ni Marcos ni Lucas las tienen.

   Respuesta. Puesto que este pasaje se encuentra en los manuscritos más antiguos, así como en los de fechas posteriores, no se puede desechar en forma tan ligera. ¿No era natural que, estando tan cerca de la cruz, Jesús hiciera predicciones y diera órdenes acerca del futuro de la iglesia? En cuanto a la omisión que Marcos hace de las palabras de elogio de Jesús hacia Pedro debido a la confesión de éste, hay que tener presente que, según una tradición digna de crédito, Marcos era el “intérprete de Pedro”, y que es razonable suponer que Pedro, el fogoso predicador de postresurrección, que se había convertido en un hombre humilde, al contar la historia de Jesús minimizó su propia contribución al memorable suceso descrito en 16:13–20. Así que Marcos, su intérprete, hace lo mismo. Y Lucas, como ocurre con frecuencia, sigue el relato de Marcos.

  1. Este pasaje (especialmente 16:17–19) demuestra que Pedro fue el primer papa. “El papa es coronado con una triple tiara como rey del cielo, de la tierra y del infierno”. Esgrime “dos espadas, la espiritual y la temporal”.603 “La Iglesia Católica enseña que nuestro Señor confirió a Pedro el primer lugar de honor y jurisdicción en el gobierno de toda su iglesia, y que la misma autoridad espiritual siempre ha residido en los papas como sucesores de San Pedro. En consecuencia, para ser buenos seguidores de Cristo, todos los cristianos, clero y laicos, deben estar en comunión con la Sede de Roma, donde Pedro reina en la persona de su sucesor”.

   Respuesta. El pasaje no da apoyo alguno a la otorgación de una autoridad casi absoluta a un simple hombre o a sus sucesores.

  1. La expresión esta roca “no significa el apóstol Pedro”, puesto que “Jesús ya había acabado con Pedro”.

   Respuesta. A través de los vv. 17–19 Jesús se está dirigiendo a alguien a quien indica con el uso de la segunda persona singular. La frase “a ti” (griego: σοί) aparece una vez en cada uno de estos tres versículos, en armonía con el pronombre “tú” (σύ) en el v. 18 (“Tú eres Pedro”), y con el uso de la forma de segunda persona singular de los verbos en las declaraciones: “Bienaventurado eres” (v. 17), “tú eres Pedro” (v. 18), “ates … desates” (v. 19). Según el v. 17 esa persona es “Simón Bar-Jonás”; según el v. 18, “Pedro”. Es natural suponer que el sujeto de “ates” y “desates” (v. 19) es Pedro todavía. Por lo tanto, es difícil creer que cuando Jesús dijo: “Y sobre esta roca edificaré mi iglesia” (v. 18) “ya había acabado con Pedro”.

  1. Jesús intencionadamente usa dos palabras griegas que, aunque no son idénticas, tienen un sentido estrechamente relacionado. Lo que dijo fue: “Tú eres petros, y sobre esta petra edificaré mi iglesia”, lo que significa: “tú eres una roca, y sobre el risco (o: farallón) de el Cristo, ‘el Hijo del Dios vivo’ que te fue revelado y a quien has confesado, edificaré mi iglesia”. Si Jesús hubiera querido dar la idea de que iba a edificar su iglesia sobre Pedro, habría dicho: “y sobre ti edificaré mi iglesia”. Cuando se alega que el Señor pronunció estas palabras en arameo y que en ese idioma las dos palabras petros y petra eran equivalentes, la respuesta es que no sabemos suficiente acerca del arameo para hacer esta afirmación. Tenemos el texto griego inspirado y por ese debemos guiarnos.

   Evaluación. El argumento suena bastante convincente y, en realidad, como lo veo, tiene algún mérito. Suponiendo que Jesús generalmente se dirigía a sus oyentes en arameo, no se puede probar en forma incontrovertible que en ese idioma petros y petra estaban representados por una y la misma palabra. También es cierto que en ciertos contextos petra puede diferir en sentido de petros. Lo que me gusta especialmente en esta teoría es la preocupación de los que la defienden acerca del peligro de que el hombre Pedro o aun su confesión, considerada aparte de la revelación de Dios, sea considerada la roca sobre la cual se edifica la iglesia.

   El que yo no pueda aceptar esta teoría en su totalidad está basado en lo siguiente:

  1. Basado en lo que se sabe del arameo hay que considerar como muy probable que se haya usado la misma palabra en ambos casos. Se hará la pregunta: “Entonces, ¿por qué no se usa la misma palabra en griego?”

   Respuesta: por la sencilla razón de que siendo femenina la palabra petra, la palabra común para piedra o roca, debía ser cambiada a una forma masculina—por eso a petros—para indicar el nombre de una persona de sexo masculino, Pedro. En cuanto a que petros y petra difieren en significado, esto no siempre es así. Un significado muy frecuente de petra es roca o piedra. No siempre significa “terreno rocoso” o “risco” o “farallón”.

  1. Aun en el griego, sea que uno traduzca petra como roca o como farallón, Jesús está diciendo: “Tú eres Roca y sobre ESTA roca—o risco—edificaré mi iglesia”. La palabra ESTA hace que la referencia a cualquier cosa otra que lo que precede inmediatamente a petros sea muy poco natural. En la oración, “Tú eres Margarita (que significa perla) y sobre esta perla voy a conferir un favor”, sería muy difícil interpretar “esta perla” en otro sentido que no se refiera a Margarita, aunque la palabra “perla” tenga más de un sentido. Indica una gema, pero puede referirse también a un tipo de imprenta. Sería más bien forzado llegar a la conclusión de que “esta perla” tenía referencia a algo que alguien había dicho a Margarita o le había mostrado, o a algo que ella acababa de decir.
  2. El sentido es: Tú eres Pedro, es decir, Roca, y sobre esta roca, esto es, sobre ti, Pedro, edificaré mi iglesia. Nuestro Señor, hablando arameo, probablemente dijo: “Y yo te digo, tú eres Kefa’ y sobre esta kefa’ edificaré mi iglesia”. Entonces, Jesús le está prometiendo a Pedro que va a edificar su iglesia ¡sobre él! Este punto de vista yo lo acepto. Dicho esto, es necesario calificar esta interpretación en la forma siguiente. Jesús promete edificar su iglesia:
  3. No sobre Cefas como era por naturaleza, sino en él considerado como un producto de la gracia. Por naturaleza este hombre era, en un sentido, débil, muy inestable, como se ha indicado; véase sobre 14:29–31. Por gracia llegó a ser el testigo más valiente, entusiasta y efectivo de la verdad que el Padre le había revelado con respecto a Jesucristo, el Hijo del Dios vivo. Fue en ese sentido que Jesús usó a Pedro para edificar—reunir y fortalecer—su iglesia.
  4. No sobre Cefas considerado completamente solo, sino sobre Cefas como “primero entre iguales” (Mt. 10:2), esto es, sobre “Pedro tomando su posición con los once” (Hch. 2:14). La autoridad que se confía a Pedro en 16:19, en 18:18 se da a los Doce (véase también Jn. 20:23). En realidad, no se debe pasar por alto la congregación local en el ejercicio de esta autoridad (18:17).

   Cuando el Señor habló las palabras registradas aquí en 16:18, 19, no quería decir que Pedro ahora podía comenzar a “señorear” sobre los demás discípulos. Los demás no lo entendieron así (18:1, 20:20–24), y Jesús definitivamente rechazó tal interpretación (20:25–28; cf. Lc. 22:24–30). Si Pedro mismo hubiera concebido su autoridad o la de otros como la de un dictador, ¿cómo podría haber escrito un pasaje tan hermoso como 1 P. 5:3?

  1. No sobre Cefas como fundamento básico. En el sentido primario o básico de la expresión hay sólo un fundamento, y ese fundamento no es Pedro, sino Cristo mismo (1 Co. 3:11). Pero en un sentido secundario es completamente legítimo hablar de los apóstoles, inclusive a Pedro, como fundamento de la iglesia, porque estos hombres estaban siempre señalando hacia Jesucristo como el único y suficiente Salvador. En Hch. 3:12 y 4:12 hay ejemplos notables de esto. En ese sentido secundario las Escrituras mismas se refieren a los apóstoles como el fundamento de la iglesia (Ef. 2:20; Ap. 21:14).

   En esta conexión hay que poner el énfasis también en el hecho de que en el pasaje que ahora consideramos Jesús habla de sí mismo—no de Pedro—como el edificador y propietario de la iglesia. Dice: “(Yo) edificaré mi iglesia”.

   La figura de un edificio para representar la iglesia se encuentra también en pasajes tales como 1 Co. 3:9; Ef. 2:21, 22; 1 P. 2:4, 5. Poco a poco el edificio crece. Aumenta en fuerza, belleza y utilidad, y sus miembros son considerados “piedras vivas”. Al edificar su iglesia Jesús hace uso de Pedro y de los demás apóstoles. En efecto, usa a todos los miembros vivos de la iglesia para lograr este propósito.

   La expresión “mi iglesia” se refiere, por supuesto, a la iglesia universal, aquí en forma especial a todo “el cuerpo de Cristo” o “la suma total de todos los creyentes” en su manifestación neotestamentaria, dondequiera que esté verdaderamente representada sobre la tierra (cf. Hch. 9:31; 1 Co. 6:4; 12:28; Ef. 1:22; 3:10, 21; 5:22–33; Col. 1:18; Fil. 3:6). Es un gran consuelo que Cristo considere esta iglesia como “suya”. ¿No vino del cielo con el fin de comprar esta iglesia “con su propia sangre” (Hch. 20:28)?

   La historia de la iglesia primitiva que se relata en los primeros doce capítulos del libro de Hechos demuestra abundantemente que la profecía de Cristo acerca de Pedro se cumplió. O, para expresarlo en otra forma, confirma la interpretación dada.

   En aquella extensa sección de Hechos el nombre de Pedro aparece no menos de cincuenta veces. Se encuentra en todas partes, salvo en los capítulos 6 y 7, que contienen la historia de Esteban. Permítaseme enfatizar una vez más que no me estoy refiriendo a Pedro como era en sí mismo, ni al apóstol como actuando por cuenta propia, sino a él como instrumento de Cristo para el establecimiento de su iglesia en su manifestación neotestamentaria, y esto como uno de los Doce.

   Durante ese primer período (antes que Pablo apareciera poderosamente en el primer plano, en Hch. 13–28) Pedro fue el instrumento más poderoso y el eslabón humano más efectivo entre Jesús y su iglesia, el medio más influyente para el crecimiento interior y exterior de ésta.

   Fue Pedro quien predicó el sermón en Pentecostés, como resultado del cual se convirtieron no menos de tres mil personas (Hch. 2:41). Fue nuevamente por el testimonio de Pedro y Juan (3:11; 4:1), principalmente de Pedro (3:12), que luego se añadieron a la membresía de la iglesia otros dos mil (4:4). Otros acontecimientos en los que Pedro tomó parte activa como líder fueron: la elección de Matías para ocupar el puesto de Judas Iscariote (Hch. 1:15–22), la curación del mendigo cojo (Hch. 3:4–6), y la heroica proclamación de Jesús ante el Sanedrín (4:8–12, 29). Véanse también 5:15; 8:20; y los capítulos 9 y 10.

   Se ha señalado anteriormente que, en todas las listas de los Doce, el nombre de Pedro aparece en primer lugar.

   Además, según una tradición digna de confianza, ¿no era Marcos el “intérprete de Pedro”? Y por su parte, ¿no fue el Evangelio de Marcos una de las fuentes principales que usaron Mateo y Lucas al escribir sus Evangelios?

   Agréguese a esto las epístolas de Pedro, en las cuales tan hermosamente plantea el sentido de la vida de Cristo y de su muerte (véase especialmente 1 P. 2:21–25). La profecía de Cristo se cumplió en los trabajos de Pedro. Aquel a quien Pedro describe como “el Pastor y Obispo de nuestras almas” (1 P. 2:25), “el Príncipe de los pastores” (1 P. 5:4), había dicho a este apóstol: “Apacienta mis corderos”, “Pastorea mis ovejas”, “Apacienta mis queridas ovejas” (Jn. 21:15, 16, 17). En la mente de Pedro iba a quedar vívidamente impreso (Hch. 10:9–16, 34–48; 11:17, 18) que había también otras ovejas que no pertenecían al redil judaico (Jn. 10:16). Aunque en la vida del apóstol hubo un triste apartamiento momentáneo de las implicaciones del gran principio “que todos sean uno” (Jn. 17:21), hay mucha razón para creer que Pedro aceptó de todo corazón la reprimenda de Pablo (véase C.N.T. sobre Gá. 2:11–21). Siguió trabajando fielmente hasta que finalmente el Señor lo liberó—según Jn. 21:18, 19 y una antigua tradición (1 Clemente cap. 5) por medio del martirio—del escenario terrenal y le otorgó la herencia prometida (1 P. 1:4). La profecía de Cristo, “Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia” se había cumplido ampliamente por medio del testimonio que dio.

   Continúa: y las puertas del Hades no la subyugarán. Para el argumento que muestra que en los Evangelios “Hades” significa “infierno”, véase sobre 11:23, 24. Además, quienes favorecen el sentido de “esfera de los muertos” tienen gran dificultad en su intento de demostrar en qué sentido las puertas de esa esfera están tratando de vencer a la iglesia, y están fracasando en su intento. Cuando se interpreta que Hades indica el “infierno” aquí, el Señor da una seguridad que se capta inmediatamente. “Puertas del infierno”, por metonimia representa a Satanás y a sus legiones como si se precipitasen por las puertas del infierno con el fin de atacar y destruir la iglesia. Lo que tenemos aquí es una promesa de la victoria, que se repite frecuentemente,608 de la iglesia de Cristo sobre las fuerzas del mal. Véanse Jn. 16:33; Ro. 16:20; Ef. 6:10–13; Ap. 12:13–16; 17:14; 20:7–10.

   A menudo se usa este pasaje en mala forma, como si Jesús hubiera querido decir: “No os preocupéis por la pureza doctrinal de la denominación o congregación a que pertenecéis. ¿No he prometido cuidar que las puertas del infierno no prevalezcan contra la iglesia? ¡Como si Jesús prometiera que esta o aquella denominación o congregación local nunca fuera a perder su pureza doctrinal! Ya se ha indicado el verdadero sentido de “iglesia” como se usa aquí. Jesús prometió que su pueblo iba a triunfar sobre el diablo y sus huestes. Esta promesa no

se da a los tibios laodicenses sino a “soldados cristianos” o “huestes de la fe”. En medio de la batalla su consuelo es:

Tronos y coronas pueden perecer,

De Jesús la iglesia siempre habrá de ser.

Nada en contra suya prevalecerá,

Porque la promesa nunca faltará.

—Sabine Baring-Gould/Juan B. Cabrera

 

1er Título

Kalein Llamar, Primer Acto De Cristo En Conexión Con La Iglesia (Romanos 8:30Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.).

 

   Comentario del contexto Bíblico:

  1. Llamamiento: “… y a los que predestinó, a éstos también llamó”.

   Saliendo de lo que corresponde a la eternidad, a saber, preconocimiento y predestinación—aunque sus efectos

se cumplen en la historia—Pablo entra ahora, por medio de una transición muy lógica, al ámbito del tiempo. El

apóstol se refiere, es claro, al llamamiento eficaz. El significado de este llamamiento es algo que ha sido explicado

en relación con Ro. 1:7 y 8:28. Por medio de la conversión y de la fe obradas por el Espíritu, el hombre responde a este llamamiento.

  1. Justificación: “… y a los que llamó, a éstos también justificó”.

   Como ya se ha explicado anteriormente, hay un sentido en que “La justificación por la fe” es el tema de Romanos. Su significado ha sido expuesto más arriba. Véase sobre 1:17 y 3:24, 25a.

  1. Glorificación: “… y a los que justificó, a éstos también glorificó”.

   Los creyentes compartirán la gloria de Cristo (Ro. 8:17). No puede haber gloria más grande que la que se les

otorga a los seguidores de Cristo por causa de su íntima unión con Cristo (Col. 1:27).

   No sólo recibirán los hijos de Dios cuerpos gloriosamente transformados (Ro. 8:11, 23; 1 Co. 15:43–53; Fil.

3:21; 1 Jn. 3:2), sino que también a partir de ese día de resurrección ellos resplandecerán en toda su gloria tanto en cuerpo como en alma, puesto que éstos ya se habrán reunido.

   Tan segura es la gloria futura de los creyentes que, aunque puede ser considerada objeto de esperanza (Ro. 5:2) y por ende un asunto que tiene que ver con el futuro, aquí en Ro. 8:30 se la describe como si ya se hubiese convertido en una realidad: “también (los) glorificó”.252 ¿Y no es verdad que en cierto sentido los creyentes “fueron resucitados con Cristo” (Col. 3:1), y estaban en su cortejo cuando el ascendió al cielo (Ef. 4:8)? ¿Y acaso no están siendo ahora mismo transformados de gloria en gloria (2 Co. 3:18)?

   Este tiempo verbal pasado (cf. Jud. 14; y también la mayor parte de Is. 53) indica la certeza de que habrá un acontecimiento futuro y, quizá, en relación con lo que estamos tratando, el hecho que la gloria prometida por el futuro ya ha comenzado a cumplirse.

2° Titulo

Kleetoi: Los Llamados, Designa A Los Miembros De La Iglesia (Judas 1:1. Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo).

   Comentario del texto Bíblico: 1. Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo, a los que han sido llamados, amados por Dios el Padre y protegidos por Jesucristo.

  1. Nombre. Judas era un nombre común. Fue llevado primeramente por Judá, hijo de Jacob y cabeza de la tribu de Judá. Judá, como progenitor de la tribu, aparece en la genealogía de Jesús (Mt. 1:2–3; Lc. 3:33); las referencias al nombre y a la tierra de su tribu son frecuentes (Mt. 2:6; Lc. 2:4; Heb. 7:14; Ap. 5:5; 7:5).

En el Nuevo Testamento aparecen otras personas que se llaman Judas:

  1. Judas, hermano de Jacobo (Lc. 6:16; Hch. 1:13). Era uno de los doce discípulos. También es conocido como Tadeo (cf. Mt. 10:3; Mr. 3:18; véase también Juan 14:22).
  2. Judas Iscariote (Mt. 10:4), que traicionó a Jesús.
  3. Judas el galileo (Hch. 5:37). Era un revolucionario que fue matado por sus actividades subversivas.
  4. Judas Barsabás, que estuvo presente en el Concilio de Jerusalén y sirvió como portador de la carta a las iglesias gentiles (Hch. 15:22, 27, 32).
  5. Judas, un antepasado de Jesús (Lc. 3:33; véase también v. 30).
  6. Judas, hermano de Jacobo y (medio) hermano de Jesús (Mt. 13:55; Mc. 6:3).

Dada su autoidentificación como Judas, hermano de Jacobo, llegamos a la conclusión de que Judas, el (medio) hermano de Jesús, es el escritor de esta epístola. Nótese que no se identifica como apóstol. Si lo hubiera hecho, sabríamos que el escritor era Judas, también llamado Tadeo. Pero en vez de hacer eso, el autor se distancia de los apóstoles al escribir, “Recuerden lo que antes les dijeron los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo” (v. 17).

   A continuación, el autor se identifica como hermano de Jacobo. Lo natural sería que uno mencionara el nombre de su padre, no el de su hermano. Pero Jacobo (también llamado Santiago) había logrado preeminencia en la iglesia de Jerusalén y había sido reconocido como escritor de una epístola. Ambos, Santiago y Judas, se presentan no como apóstoles sino como siervos de Jesucristo. Y aunque los apóstoles utilizaron el termino siervo para describir su relación con Jesús y con la iglesia, el término en sí no es equivalente a “apóstol” (c.f. Ro. 1:1; 2 P. 1:1). Además, Santiago y Judas evitan identificarse como hermanos de Jesús (Stg. 1:1; v. 1). Suponemos que no quieren usar su parentesco carnal con Jesús como medio para obtener reconocimiento. Por esta razón, tanto Santiago como Judas se ponen al mismo nivel de los demás creyentes. Hablan de sí mismos en términos de ser siervos de Jesucristo. El uso que ellos hacen de este nombre indica que su parentesco físico con Jesús no les da ningún privilegio especial (véase Mt. 12:46–50). Junto con todos los demás creyentes, ellos reconocen a Jesús como Amo y Señor.

   Pero, ¿quién es Santiago (Jacobo, como se lo llama en esta epístola)? Judas menciona que es su hermano, pero no lo identifica. En el Nuevo Testamento hay cinco personas que se llaman Jacobo:

  1. Jacobo, hijo de Zebedeo (Mt. 10:2);
  2. Jacobo, hijo de Alfeo (Mt. 10:3);616
  3. Jacobo el menor (Mr. 15:40);
  4. Jacobo, padre de Judas (Lc. 6:16; Hch. 1:13);
  5. Jacobo, (medio) hermano del Señor (Mt. 13:55).

De estos cinco, el que se menciona último es el candidato más probable de ser el hermano de Judas. Los evangelios nos dicen que entre los hijos de José y María figuraban Jacobo y Judas, los hermanos del Señor (Mt. 13:55; Mr. 6:3). Las otras personas en la lista no pueden ser consideradas para esta distinción. Hay una confirmación adicional de esto proveniente de un historiador judeocristiano del siglo dos llamado Hegesipo. Él cuenta que los nietos de Judas (“de quien se dice que era el hermano, según la carne, del Salvador”) fueron convocados ante el emperador Domiciano.617 Lo más probable es que esta orden haya sido dada en el año 96 d.C. Cuando el emperador vio sus manos callosas y se enteró de sus ingresos escasos, los despreció por considerarlos personas inferiores y los despidió.

  1. Destinatarios. Judas le escribe su epístola a gente que había sido llamada por Dios y que era amada y preservada por él. Ya al comienzo mismo de su carta el escritor manifiesta su predilección por expresar sus pensamientos en tríadas. A lo largo de su carta él desarrolla este triple esquema (p. ej., véase v. 2, misericordia, paz, amor).

   “A los que han sido llamados”. Judas no menciona el lugar de destino de la carta. En ella tampoco hay evidencias de que Judas tenga una función como padre espiritual de algún grupo específico de personas. De todas formas, se dirige a cristianos que necesitan consejo y aliento para oponerse a las doctrinas de falsos maestros. Judas describe primeramente los dones espirituales que los creyentes han recibido. Han sido llamados por Dios para ser su pueblo. En otras palabras, los que han sido llamados son cristianos. Han dejado el mundo del pecado y han entrado en la luz de la vida.

   “Amados por Dios el Padre”. Judas utiliza un lenguaje similar al de Pablo en su carta a los romanos: “Y también ustedes … los que son llamados a ser de Jesucristo … a todos los amados de Dios … que están en Roma” (1:6–7). Cuando Dios llama a los pecadores a venir a él mediante Jesucristo, él como su Padre expresa su amor por ellos. Recibe a los pecadores a la familia de los creyentes y la casa de Dios. Entonces, los creyentes experimentan mediante Cristo el continuo amor de Dios Padre.

   Algunas traducciones prefieren “en Dios el Padre” en vez de “por Dios Padre”. La diferencia entre estas dos traducciones no es irreconciliable. Los creyentes viven en la esfera del amor de Dios y son, por ello, amados por Dios. La cláusula amados por Dios se refiere al medio ambiente en el cual Dios ama activamente a su pueblo. Dios, entonces, le concede su amor a su pueblo y al mismo tiempo les brinda la esfera en la cual él expresa su amor.

   “Y protegidos por Jesucristo”. Estas palabras son un eco de la oración de Jesús por sus discípulos: “Cuando estaba con ellos en el mundo yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guarde (Jn. 17:12). Jesús protege a sus seguidores del maligno. Y aunque la cláusula anterior ha sido fielmente traducida, otra versión tiene la lectura guardados para Jesucristo. Esta versión no pone el énfasis en el cuidado constante de Jesús sobre los creyentes, sino en el hecho de que los creyentes son guardados por Dios para el día de Jesucristo. El Padre protege a los seguidores de Jesús de los ataques de Satanás (Jn. 17:15) y los guarda sanos y salvos para la venida de Jesucristo (1 Ts. 5:23). Llegamos a la conclusión de que el fundamento bíblico para ambas traducciones es bueno, ya que estas dos hebras de enseñanza eran corrientes en la iglesia primitiva. Además, los escritores de las epístolas del Nuevo Testamento muchas veces no distinguen cuidadosamente entre la obra del Padre y la obra del Hijo.

3er Título

Kleesis: Los Llamados, Vocación U Ocupación De La Iglesia (Efesios 4:4. un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación).

   Comentario del texto Bíblico: 4. La primera tríada es (Hay) un cuerpo y un espíritu, así como también fuisteis llamados en una esperanza que vuestra vocación os trajo. Por supuesto, el “un” cuerpo es la iglesia constituida por judíos y gentiles (2:14–22), la “una” familia en el cielo y en la tierra (3:15). Aunque en un sentido somos muchos, no obstante, somos un cuerpo en Cristo (Ro. 12:5). Hay un solo pan, un cuerpo (1 Co. 1:17). Además, este cuerpo o iglesia no es de origen terrenal ni una institución de hechura humana sino producto del Espíritu Santo; de ahí que es, “un cuerpo y un Espíritu”. La urgente invitación del evangelio (el llamado externo) ha sido aplicada a los corazones de los efesios por medio del Espíritu, produciendo el llamado interno o eficaz. Véase en 1:18 y 4:1. Su llamado les brindó esperanza, una esperanza firmemente arraigada en las promesas de Dios que no pueden fallar. Fue la esperanza de recibir la herencia entre los santos en la luz (cf. 1:18 con Col. 1:12), como recompensa bondadosa de Dios por una vida consagrada a él. Creo que la razón principal de porqué este llamado les hinchió de esperanza fue que la posesión misma del Espíritu en sus corazones constituía una prenda anticipada de su herencia (1:14), y como tal una promesa o garantía de la gloria venidera, gloria que llegaría no sólo al separarse el alma del cuerpo sino especialmente en el gran día de la consumación de todas las cosas al regreso de Cristo. Los frutos (Gá. 5:22, 23) que el Espíritu, que mora en y santifica a los creyentes, estaba otorgándoles eran “las primicias” (Ro. 8:23), un goce anticipado de un futuro e inefable deleite.

    El Espíritu, en el proceso mismo de impartir a los efesios el llamado eficaz, produjo en ellos también la unión, de modo que llegaron a ser un organismo espiritual: “Porque por un mismo Espíritu todos nosotros fuimos bautizados para ser constituidos en un solo cuerpo, ora seamos judíos o griegos, ora seamos siervos o libres; y a todos se nos hizo beber de un mismo Espíritu”. (1 Co. 12:13; cf. 3:16; 6:19; Ro. 8:9, 11). Tal como el cuerpo humano está enteramente impregnado por su espíritu y por eso es uno y puede funcionar como unidad, cooperando los miembros entre sí, así sucede también con la iglesia que, al morar en ella el Espíritu y siendo totalmente influenciada por él, constituye un solo organismo y funciona como tal.

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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