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Semana del 7 al 13 de octubre de 2019: “Las dispensaciones de la Historia del género humano”. (Parte I)

Semana del 7 al 13 de octubre de 2019: “Las dispensaciones de la Historia del género humano”. (Parte I)

Lectura Bíblica: Efesios 1.9-10. 9dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

   Comentario 1: (comentario del contexto Bíblico): 9.… en que nos hizo conocer el misterio de su voluntad. Dios lo dio a conocer a Pablo (3:3) quien, a su vez, se regocija en el privilegio de darlo a conocer a otros. Además, la gracia santifica este conocimiento en el corazón de aquellos destinados a ser salvos. Pablo dice, “nos hizo conocer” (cf. “para nosotros”, en el v. 8), es decir, a mí mismo y a aquellos a quienes escribo (véase v. 1).

   Hizo que sobreabundara su gracia … ¡en que nos hizo conocer el misterio de su voluntad! No la guardó para sí. El Padre no quiso que los santos y creyentes de Éfeso (y de todo lugar) fuesen como el pueblo de Samaria, descrito en 2 R. 7:3–15, que ignoraba acerca de sus riquezas. La más grande historia que jamás se haya contado, la de la gracia de Cristo, debe ser dada a conocer. En este aspecto, también, el verdadero evangelio difiere de “otros evangelios” de invención humana. En los días de Pablo ciertos cultos obligaban a sus devotos a hacer “tremendos juramentos” en el sentido de no revelar sus secretos a los no iniciados. Aun hoy día existen sectas que exigen a sus miembros hacer promesas similares bajo pena de horribles castigos en caso de incumplimiento. Fue la voluntad del Padre que el más sublime de los secretos fuese publicado a los cuatro vientos, y que penetrase profundamente en el corazón de los suyos. El plan de salvación de Dios, además, debía ser dado a conocer a fin de que fuese aceptado por la fe, puesto que es por medio de la fe que los hombres han de ser salvo.

   Precisamente, ¿qué fue lo que Pablo quiso decir cuando mencionó “el misterio”? Aquí en Efesios la respuesta no se da hasta llegar al versículo 10, y aun allí el tema sólo queda introducido. No obstante, aunque breve, se nos dice que el misterio en el cual Pablo piensa es aquel concerniente a la voluntad de Dios, es decir, el deseo del Padre. El misterio y el deseo, el beneplácito, el propósito del Padre, forman una unidad. No se pueden separar, puesto que el misterio es el de su propósito eterno. Su revelación, también fue conforme a su beneplácito. Cf. 5 más arriba, donde la predestinación se atribuye también a su beneplácito. Según esto entendemos que el Padre, lejos de manifestar un amor inferior al del Hijo, ¡siente una especial satisfacción al preocuparse de todo aquello que necesita ser planeado a fin de hacer posible la salvación, plena y libre, de los hombres que se han sumergido en la miseria y ruina, y siente el mismo placer al darles también a conocer este maravilloso plan! ¿Por qué hemos de sorprendernos si el corazón de Pablo, henchido de un espíritu de adoración, exclama “Bendito (sea) el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”?

   Luego el apóstol define este beneplácito añadiendo: el propósito que abrigó para sí mismo en él. La expresión “en él” debe significar “en el Amado”, según lo indica el contexto precedente. El Padre “nos ha bendecido con toda bendición espiritual … en Cristo” (1:3), “nos escogió en él” (v. 4), y “bondadosamente nos confirió su gracia en el Amado” (v. 6). Es natural, por tanto, que ahora se mencione que aquel propósito que abrigó para sí mismo fue “en él”. Ya se ha explicado más arriba cuál es el sentido de este propósito que el Padre abrigó en el Amado (véase sobre v. 4).

   Versíc. 10. El beneplácito del Padre, el propósito que abrigó, el plan en que su alma se deleitó, trazado en la eternidad, iba a realizarse en el tiempo. De ahí que Pablo prosigue: para ser llevado a efecto en el cumplimiento de los tiempos. Literalmente, “para administración (o: para ejecución)”, etc. La expresión “cumplimiento de los tiempos” (o sazones) y otra similar (aunque no enteramente idéntica) en Gá. 4:4 indica el momento (Gá. 4:4) o el período (Ef. 1:10) cuando, por decirlo así, en el reloj de arena del decreto eterno de Dios se ha llenado la ampolleta inferior, esto es, cuando todos los tiempos precedentes y las sazones que el Padre ha establecido conforme a su propia autoridad se hayan completado (Hch. 1:7; cf. 17:26). Es, en otras palabras, “el tiempo apropiado”. Según podemos ver claramente en 1:20–23, la referencia en el caso presente tiene que ver con toda la era del Nuevo Testamento, especialmente el tiempo que comenzó con la resurrección y coronación de Cristo. No llegará el fin hasta que el Señor, en su glorioso regreso, haya pronunciado y ejecutado juicio (1 Co. 15:24, 25). En conexión con esto, hacemos bien en enfatizar lo que hemos ya dicho, a saber, que tal misterio y propósito van juntos: la ejecución del propósito es la revelación del misterio puesto que fue precisamente el propósito de amor del Padre revelar lo que para el hombre era un misterio. Esta ejecución y revelación estaban destinadas a tener lugar, por tanto, en la era mesiánica presente.

   El propósito llevado a cabo en la plenitud de los tiempos, el misterio entonces revelado, se expresa en las siguientes palabras: para reunir todas las cosas bajo una cabeza en Cristo, las cosas en los cielos y las cosas en la tierra. Lo que Pablo dice aquí está amplificado en los vv. 20–22. Por tanto, no se hace necesario extenderse aquí sobre el particular. Es la misma doctrina que se desarrolla también en otras epístolas que pertenecen al mismo período de su prisión; véase especialmente Col. 1:20 y Fil. 2:9–11 y C.N.T. sobre estos pasajes. En cuanto al misterio introducido aquí por el apóstol, pero que más tarde se desarrolla en forma muy detallada (2:11–22, aunque en este párrafo no se usa la palabra misterio; 3:1–13; obsérvese especialmente 4; 6:19), bástenos decir por el momento que este misterio está centrado en Cristo, y que un elemento de él es el que aquí se expresa, a saber, que literalmente todas las cosas, las cosas en el cielo, en la tierra, sobre nosotros, alrededor nuestro, dentro de nosotros, debajo de nosotros, todo lo material, han sido colocadas ahora bajo el dominio de Cristo. Este, sin duda alguna, es un misterio, puesto que nadie jamás lo hubiera descubierto si no se le hubiese revelado. “Ahora empero no vemos todavía todas las cosas sujetas a él” (Heb. 2:8). Es necesario nada menos que la fe—y en ninguna manera una fe débil—para “ver a Jesús coronado de gloria y honra” (Heb. 2:9), realmente gobernando el universo entero desde su celestial morada. Es como el Dr. Herman Bavinck lo expresa tan adecuadamente, “Observamos alrededor nuestro tantos hechos que no nos parecen razonables, tantos sufrimientos injustos, tantas calamidades inexplicables, tan extraña y desigual distribución de destinos, y un contraste tan grande entre los extremos de la alegría y la tristeza, que al reflexionar sobre estas cosas nos vemos forzados a elegir entre dos alternativas: ver el mundo gobernado por una ciega voluntad o deidad maléfica, como creen los pesimistas, o, basándonos en las Escrituras y mediante la fe, descansar en la soberana y absoluta voluntad— aunque incomprensible—sabia y santa de Aquel que algún día hará que la plena luz de los cielos amanezca sobre los misterios de la vida”.

   El hecho de colocar todas las cosas bajo una cabeza en Cristo, de tal modo que ellas no se puedan deslizar por sí mismas, sino que estén bajo el gobierno del Señor, se enseña en muchos pasajes de las Escrituras. El mediador que ha sido exaltado vive y reina (Ap. 20:4), recibiendo la adoración de todos los redimidos y de todas las huestes angélicas (Ap. 5). Pero los pensamientos de este gran Unificador se dirigen también a la tierra, tanto que, en realidad, no solamente intercede por los suyos que todavía se hallan sujetos a conflictos y agitación (Ro. 8:34), sino que aún vive para interceder por ellos (Heb. 7:25), y está actualmente preparando lugar para ellos (Jn. 14:2). Imparte dones a los hombres (Ef. 4:8), realiza obras de sanidad (Heb. 3:6, 16), y por medio de su Espíritu mora en medio de “los siete candeleros” (Ap. 1:13). El hecho de morar entre ellos es algo activo y produce frutos de santificación en la vida de los creyentes (Ef. 3:17–19). Al mismo tiempo Cristo batalla victoriosamente contra el dragón (Satanás) y sus aliados (Ap 17:14), y, sobre todo, gobierna el universo entero en favor de su iglesia (Ef.1:22).

   Comentario 2: Aporte Del Libro De Estudio De Doctrina Cristiana Por El Dr. George Pardington: Capítulo IX; (página 249).

Novena Doctrina – Doctrina de los sucesos finales

  1. Las dispensaciones

  Por lo general los grandes estudiantes de la Biblia reconocen siete dispensaciones diferentes en la historia del mundo.

  1. La Dispensación de la Inocencia, desde la creación hasta la caída del hombre.
  2. La Dispensación de la Conciencia, desde la caída del hombre hasta el diluvio.
  3. La Dispensación del Gobierno humano, desde Noé (diluvio) hasta Abraham.
  4. La Dispensación de los Patriarcas, desde Abraham hasta Moisés.
  5. La Dispensación de la Ley, desde Moisés hasta Cristo.
  6. La Dispensación de la Iglesia, desde Pentecostés hasta el arrebatamiento de la iglesia.
  7. La Dispensación del Milenio, desde la venida de Cristo en gloria hasta el aprisionamiento final de Satanás en el infierno.

NOTA. ▬ Los breves periodos entre la Crucifixión y Pentecostés, y entre el Arrebatamiento de la Iglesia y la Venida de Cristo en Gloria son paréntesis.

   Comentario 3: por W. M. Lewis

   Muchas veces se ha preguntado por qué hay tantas distintas interpretaciones de las Escrituras, especialmente en el campo de la interpretación profética. Estas diferencias muchas veces les dan a los cristianos la excusa de evitar enseñanzas sobre el tema para poder evitar cualquier controversia. Aun es triste decir que por causa de estas diferencias muchos predicadores evangélicos no hablan de la segunda venida del Señor sino de una manera general.

   Si vamos a dar una interpretación correcta, hay ciertas reglas que tenemos que seguir. En particular, hay dos factores sobresalientes:

   El trato de Dios con los judíos desde sus principios en Abraham hasta el día presente en Israel.

   El trato de Dios con el hombre desde Adán hasta que Cristo venga otra vez para establecer su trono en Jerusalén y ejercer su derecho divino de reinar sobre la tierra.

   Si entendemos esto, podemos seguir el verdadero hilo para llegar a entender la gran doctrina de la venida del Señor. El propósito de este estudio es el de tomar la segunda regla, el trato de Dios con el hombre, y comenzar al principio, con Adán y Eva en el embeleso de su inocencia en el Huerto de Edén.

   Si observamos los sucesos después del establecimiento de Adán y Eva en el Edén, veremos cómo Dios, que por su presciencia sabía la terrible tragedia que iba a abrumar a sus criaturas, preparó para ellas una manera de alcanzar el perdón y un escape de la maldición del pecado. En relación con esto observaremos siete períodos de tiempo, o edades, en los cuales Dios trata con el hombre rebelde. También en estas edades, o dispensaciones, veremos a Dios acordando pactos y promesas con el hombre, mientras que lucha por una reconciliación con sus criaturas caídas. En todo esto, vemos la rebeldía del hombre y los métodos de Dios en su trato con ella.

   La primera dispensación puede ser llamada la inocencia, y la siguen la conciencia, el gobierno, los pactos y las promesas, la ley, la gracia y el milenio. Así hay siete dispensaciones, que abarcan el período entero del hombre, empezando en el Edén y llegando al clímax en el milenio. Antes de ver la primera dispensación, se puede hacer una observación interesante. Empezando con la inocencia y siguiendo hasta el fin del milenio, encontramos que cada dispensación termina con un juicio. 

La inocencia termina en la expulsión del huerto.

La conciencia termina con el diluvio, cuando, posiblemente por segunda vez, este planeta fue inundado.

El gobierno termina en la confusión de las lenguas en la Torre de Babel.

Los pactos y las promesas terminan en la servidumbre de Israel en Egipto y en Sinaí.

La ley termina en la Cruz del Calvario en la muerte de nuestro Señor.

La gracia termina con la primera resurrección, el arrebatamiento de todos los santos vivos y el tribunal de Cristo.

El milenio termina con la humanidad moviéndose como un torrente turbulento hacia el gran trono blanco y la destrucción final y eterna de la tierra por fuego.

1er Titulo

La Dispensación De La Inocencia Y De La Conciencia (Génesis 2:25. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. ▬ y Génesis 3:7. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.).

   Comentario: 1. La inocencia : La dispensación de la inocencia duró desde la creación de Adán y Eva hasta su caída y expulsión de huerto del Edén. Durante este tiempo el hombre Adán y su esposa Eva vivían en un estado de perfecta inocencia. El pecado les era completamente desconocido y vivían y andaban en su desnudez sin ningún sentimiento de vergüenza (Génesis 2:25). En su estado sin pecado y de pureza, Dios les mandó que fuesen fructíferos y que se multiplicasen para llenar la tierra y sujetarla (Génesis 1:28). Así su intención fue dada a conocer a Adán y a Eva cuando todavía estaban en su inocencia. Debían procrear para traer hijos al mundo, quienes serían como ellos mismos, inocentes y perfectos. No habría mancha en sus hijos, y el pecado no iba a ser conocido ni visto entre ellos. Los hijos estarían en la semejanza de sus padres, quienes habían sido creados en la imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27).

   Para su continuo estado de perfección e inocencia, el Señor Dios les puso en el Edén; era un huerto de maravillas y de hermosuras, un huerto que era glorioso y perfecto. Además, Dios mismo bajaba de su alto cielo para andar en este huerto y para gozar de comunión con sus criaturas. (Génesis 3:8) Dios hizo crecer todo árbol delicioso a la vista y bueno para comer. También en medio del huerto puso el árbol de la ciencia del bien y del mal. (v. 9), y de Edén salía un río para regar el huerto (v. 10).

   En medio de aquella maravillosa creación de hermosura gloriosa y de perfección sin pecado, le fue dicho a Adán que la labrara y la guardase. De todo árbol del huerto podían comer, incluso del árbol de la vida, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal les fue prohibido comer, “porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. (2:17)

   En esto se les dio a Adán y Eva la prueba de su amor y obediencia a su Creador y Dios. También en esto vemos que Dios con su corazón de amor infinito y deseo compasivo para con sus criaturas probó su voluntad de obediencia y devoción absoluta, la cual era el requisito de una comunión duradera y eterna con Él. En otras palabras, les abrió una puerta, la entrada en una eternidad de perfección sin pecado, siempre en comunión con Dios. Unos dos mil años después, puso a Abraham a una prueba semejante de obediencia, pero con mucha más tensión para Abraham, porque estaba en juego la vida de su hijo único, Isaac. Él superó la prueba y Dios detuvo su mano y perdonó al hijo.

   Pero Adán y Eva desatendieron los árboles de huerto, incluyendo el de la vida, y cedieron a la voz del tentador. Comieron del árbol prohibido, e inmediatamente murieron espiritual-mente, lo cual trajo oportunamente la muerta natural, cosa que ha venido a ser la herencia del hombre. El juicio siguió rápidamente, pero su desnudez fue cubierta y ellos fueron expulsados del huerto.  

  La prueba de la inocencia había fallado. El juicio cayó, pero unos cuatro mil años más tarde era la causa de la muerte del unigénito Hijo de Dios en bien del pecador, para que fuese reconciliado para siempre con su Dios.

  1. La conciencia

   Con la caída de Adán y Eva, el pecado pasó a todos los hombres. “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12).

   Así, después de la perfección y la inocencia del huerto de Edén, Adán y Eva y todos los que salieron de ellos se encontraron con un mundo malo y hostil y con el mismo Satanás como su enemigo constante. Sin embargo, aun antes de salir del huerto, el Señor en su misericordia y amor para con ellos y sus hijos, plenamente sabiendo los malos propósitos de Satanás, les dio la promesa de un Redentor, quien heriría en la cabeza (Génesis 3:15). En ese versículo de las Escrituras tenemos la primera promesa de un libertador. Es aquí donde empieza una descendencia de hombres píos y justos: Abel, Set, Noé, etc. Aquí también vemos las consecuencias de aquel primer pecado, lo cual vino a empeorar todo y no trajo nada sino el dolor sobre la humanidad. El estado de la mujer fue cambiado y el hombre fue hecho la cabeza. La concepción y la maternidad se convirtió en tiempo de tristeza y dolor. La tierra fue maldita, y el trabajo y la labor se hizo una carga. Todo era hostil, y, lo peor de todo, Jehová Dios no vino más del cielo para visitar a sus pobres criaturas caídas como en los gloriosos días en el Edén.

   Pero ahora, privado de estas bendiciones, el hombre comenzó a vivir según los dictados de su conciencia. Finalmente, cada uno hacía lo que bien le parecía. Esto inevitablemente lo conducía a la desconfianza, la sospecha y el miedo. Podemos ver el miedo en el corazón de Caín después del homicidio de su hermano Abel (Génesis 4:14), y cómo Dios le protegió. Vemos el miedo de Lamec, que mató a un hombre en defensa propia (Génesis 4:23-24).

   En Génesis 4:25, nació Set que, según su madre, iba a sustituir a Abel, a quien mató Caín. En el v. 26 leemos que después a Set le nació un hijo, y llamó su nombre Enós, y este capítulo de Génesis termina con las palabras: “Entonces los hombres comenzaron a invocar al nombre de Jehová”.

   Así, hasta los días de Noé y del diluvio, siempre había unos pocos hombres que invocaron el nombre de Jehová, y entre ellos estaba Enoc, que no vio la muerte porque Dios lo llevó al cielo para estar con Él. Entre estos hombres ilustres de Dios estaba el hombre más viejo que ha habido, Matusalén. De Matusalén nació Lamec, y de él vino Noé. Lamec tenía 182 años cuando nació Noé, y vivió después del nacimiento de Noé otros 595, muriendo a la edad de 777 años.

   Noé engendró a tres hijos, Sem, Cam y Jafet, y de aquel tiempo leemos: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas” (Génesis 6:1-2). Claramente por lo que sigue se ve que esto era el clímax de la maldad en la edad de la conciencia. Los santos hijos de Dios tomaron para sí a las profanas hijas de hombres malos, y así mancharon la justa simiente de Set con la mala simiente de Caín.

   La copa de la iniquidad del hombre estaba rebosando, y al pasar el tiempo la justa simiente de Set fue tan consumida por la maldad que no quedaba en la tierra sino un solo hombre justo, Noé. La regla de la conciencia había fallado completamente, y el juicio del Dios justo y santo era inevitable. Así leemos: “Vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho”. (Génesis 6:5-7).

   Así, desde el día de Adán hasta el día de Noé, durante solamente unos 1600 años, el corazón malo del hombre no quiso someterse a su Dios y Creador, y los días de su maldad terminaron debajo de las aguas del diluvio (Génesis 7).

2°Titulo

La Dispensación Del Gobierno Humano (Génesis 9:9 al 12. He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; 10y con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. 11Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. 12Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos:).

   Comentario: 3. El gobierno humano: Una vez que las aguas habían bajado y Noé con su familia había salido del arca, el primer acto de éste fue edificar un altar y ofrecer un holocausto en él. Esto agradó a Jehová, y obtuvo de Él la promesa de que, a pesar de que todo designio de los pensamientos del corazón del hombre lo provocarían a maldecir la tierra de nuevo, mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche (Génesis 8:20-22). Como señal de este pacto, Dios puso el arco iris en las nubes para recordar a la humanidad que Él no se olvida de su promesa de nunca más inundar al mundo con agua (Génesis 9:8-17).

   Después del diluvio, Noé vivió 350 años más y murió a la edad de 950. Sin embargo, en este período postdiluviano, Dios le mandó a Noé establecer una forma de gobierno para regir en las vidas humanas. En Génesis 9:1-17 leemos del pacto que hizo con Noé, y la base del gobierno humano que el hombre debía seguir. Los homicidas deben ser ejecutados (ésta es la más alta función del gobierno). El hombre había de regir y gobernar por Dios, y la humanidad debía ser dirigida hacia Dios por medio de leyes justas y santas. Este era el diseño expuesto, y también era otra prueba de la voluntad del hombre de someterse a las leyes de Dios.

   Como en el Edén, cuando en condiciones gloriosas Adán cayó por el pecado de la desobediencia, así otra vez en la época cuando la conciencia dada por Dios era su guía, el hombre sucumbió a sus deseos viles y malos, siguiendo sus propias concupiscencias y rebeldía. Ahora, por tercera vez, la humanidad desafió a Dios al desobedecer adrede, y buscó para sí la gratificación de sus lascivias pecaminosas. Le fue mandado al hombre que gobernara por Dios; en lugar de esto, él gobernó para sí. Le fue dicho al hombre que confiara en Dios para su bienestar; en lugar de esto, organizó una federación, una unión de la humanidad. El hombre resolvió edificar una torre cuya cúspide llegara al cielo, y en el proceso de la construcción, la torre se hizo el objeto de su adoración. Solamente se veía la gloria del hombre. Edificaron la torre para hacerse un nombre, por si fuesen esparcidos sobre la faz de (toda) la tierra. Tenían una sola lengua, y temían ser esparcidos, pero no estaban dispuestos a someterse a Dios.

   En breve, estaban en un estado de rebelión desenfrenada contra Dios hasta el punto de que Dios tuvo que decir: “Nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer” (Génesis 11:6) Ante este acto voluntarioso, el juicio de Dios cayó de repente sobre ellos, y la misma cosa que temían, ahora la recibieron por su desobediencia. “Desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra” (v. 9). Así, el período de gobierno, como los de la inocencia y de la conciencia, terminó en juicio. Aunque era de origen divino e instituido por Dios, el gobierno fracasó como guía al hombre a Dios.

3er Titulo

La Dispensación De Los Patriarcas (Génesis 12:1 al 7. 1Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. 4Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. 5Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron. 6Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra. 7Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido.).

   Comentario: 4. Los pactos: Siguiendo el fracaso de gobierno por el hombre como el método de traer al hombre a Dios, Él usó otro instrumento de persuasión por el cual pudiera ganar al hombre. Era el de pactos y promesas, algunos condicionales y otros incondicionales, pero todos con el mismo propósito por delante: el de hacer volver al ser humano de sus malos caminos y de restaurarlo a las sen-das de justicia y de piedad.

   Dios llamó de su pueblo y de su tierra a un hombre en cuya completa obediencia a Él podía confiar. Su nombre, Abram, fue cambiado a Abraham. Habiendo salido de Ur de los Caldeos cuando tenía 75 años, salió de Harán y llegó a la tierra de Canaán. En Génesis 12:1-3 leemos: “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. (Génesis 12:1-3).

   Esta promesa a Abram fue confirmada en Génesis 13:14-17, después de que Lot se separó de él, y reconfirmada en el 15:18, por medio de una promesa en forma de un pacto incondicional: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates”.

   Esta promesa / pacto tiene siete aspectos:

  1. a) Haré de ti una nación grande.
  2. b) Te bendeciré.
  3. c) Engrandeceré tu nombre.
  4. d) Serás bendición.
  5. e) Bendeciré a los que te bendijeren.
  6. f) A los que te maldijeren maldeciré.
  7. g) Serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

   Ahora Abram y sus descendientes vivían en un período semejante al de la gracia. El pacto está lleno de gracia y es incondicional. Fue un cambio grande, porque por él los descendientes de Abraham (Israel) se hicieron hijos y herederos de la promesa. Para gozar plenamente de esta gran herencia, lo único que tenían que hacer era quedarse en su propia tierra de Canaán y servir a su Dios. En esto fallaron cuando, por causa del hambre, Jacob y toda su familia bajaron a Egipto y se quedaron allí. En este tiempo se hizo una nación de más de un millón de personas, y la mayor parte del tiempo en Egipto eran esclavos de los egipcios.

   Pero Dios no se olvidó de su promesa para con su pueblo, y les envió un libertador, Moisés. Moisés sacó a Israel de Egipto, y Josué los metió en la tierra de Canaán. Sin embargo, en el desierto esta dispensación terminó, y desde el Monte Sinaí de repente entró una nueva dispensación, la ley. Al aceptar la ley, Israel ciegamente dio la espalda a la gracia. Dios les había dado un libertador en Moisés, había provisto un sacrificio por sus pecados, y les había librado de la servidumbre de Egipto. Ahora, terminaron esta relación íntima con Dios, y la reemplazaron con las demandas de la ley.

   No hay espacio aquí para estudiar los demás pactos, como el de Edén, de Adán, de Noé, de Moisés, de David y el Nuevo Pacto, sino observar que en todos ellos el propósito de Dios era el mismo, el de traer al hombre rebelde a sí mismo. Sin embargo, esto fracasó en cada paso y por la misma razón: la desobediencia pecaminosa del hombre.

   Pero ahora se efectuó un gran cambio. Dios tenía una nación, y por medio de esta nación iba a extender sus brazos amorosos en invitación a toda la raza humana, a judíos y a gentiles igualmente, sin hacer diferencia.

Amén. Para La Gloria De Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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