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Semana del 7 al 13 de mayo de 2018: «El Espíritu Santo es Espíritu de Verdad».

Semana del 7 al 13 de mayo de 2018: «El Espíritu Santo es Espíritu de Verdad».

Lectura Bíblica: 1a de Juan Cap. 5, versículos 6 al 8. 6Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. 7 Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. 8 Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan».

 

Comentario: Jesús y el Espíritu 5:6–8

Versículo 6. Este es el que vino por agua y sangre—Jesucristo. No vino por agua solamente, sino por agua y sangre. Y es el Espíritu el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. 7. Porque hay tres que dan testimonio: 8 el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres concuerdan.

Observe los siguientes puntos:

  1. Vino. La persona a quien Juan alude es obviamente Jesucristo, el Hijo de Dios. Los términos Cristo (v. 1) e Hijo de Dios (v. 5) son sinónimos. Juan utiliza el tiempo pasado para indicar que la venida de Jesús es un evento histórico que es irrefutable.

¿Cómo vino Jesús? Juan dice: “Por agua y sangre”. En sí mismas, las palabras agua y sangre son fácilmente comprensibles; pero ¿qué significan con referencia a Jesús? Aunque las interpretaciones son muchas y diversas, por lo general los eruditos concuerdan en que la frase se relaciona con la historia de Jesús. Es decir, los términos agua y sangre se refieren respectivamente al comienzo del ministerio de Jesús marcado por su bautismo en el Río Jordán y a su muerte en la cruz del Calvario.

Hay otros dos puntos de vista que merecen reconocimiento. En primer lugar, hay algunos estudiosos que vinculan los términos agua y sangre con los dos sacramentos: el bautismo y la Santa Cena. Pero en tanto que la palabra agua literalmente representa el bautismo, la expresión sangre sólo tiene un significado simbólico en la Santa Cena. Además, el término sangre nunca es utilizado para representar el sacramento de la Santa Comunión. Y esta es una objeción seria.

En segundo lugar, hay otros expositores que piensan que la frase agua y sangre se refiere a la herida del costado de Jesús, de la cual fluyeron agua y sangre (Jn. 19:34). Pero una de las mayores objeciones a esta teoría es que la misma no contesta la pregunta acerca de por qué Jesús vino por medio de agua y sangre.

“No vino por agua solamente, sino por agua y sangre”. Juan puede haber escrito estas palabras vara combatir el movimiento hereje conocido como gnosticismo. Uno de sus representantes, Cerinto, enseñaba que el Cristo divino descendió sobre Jesús en el momento de su bautismo y le abandonó antes de morir en la cruz (véase los comentarios a 2:22). Los gnósticos afirmaban que Cristo no experimentó la muerte. En oposición a esta herejía gnóstica que probablemente recién había comenzado a ejercer su influencia cuando Juan escribió esta epístola, Juan enseña la veracidad histórica de Jesucristo: el Hijo de Dios comenzó su ministerio terrenal cuando fue bautizado; completó este ministerio cuando derramó su sangre y murió.

  1. Testifica. Juan prosigue: “Y es el Espíritu el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad”. Las palabras da testimonio son muy significativas en este párrafo. El Espíritu da testimonio como testigo del nacimiento (Mt. 1:20 [concepción] Lc. 1:35; 2:25–32), del bautismo (Mt. 3:16; Lc. 3:22), de la enseñanza (Jn 6:63) y del ministerio (Lc. 4:1, 18). Juan afirma las palabras de Jesús: “Cuando venga el Consejero, a quien yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de Verdad que sale del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Jn. 15:26). El Espíritu sigue dando testimonio de Dios con respecto a la persona y obra de Jesús.

Juan declara la razón de esta obra de testimonio del Espíritu. El escribe; “Porque el Espíritu es la verdad”. Juan identifica al Espíritu con la verdad y alude a las palabras de Jesús: “Yo soy … la verdad”. Es decir, tanto Jesús como el Espíritu tienen su esencia en la verdad. El Espíritu da testimonio a causa de su identidad con la verdad en Jesús.

“Porque hay tres que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre”. De las traducciones conocidas en español, solamente dos (RVR, BdA) tienen la versión ampliada (vv. 7–8). “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra el Espíritu, el agua y la sangre”. Los traductores de la Biblia de las Américas, empero, aclaran en una nota que “los manuscritos más antiguos y fidedignos no incluyen estas palabras entre corchetes”. Sólo cuatro o cinco de los manuscritos griegos muy tardíos contienen estas palabras. Juan en realidad escribe que son tres (el Espíritu, el agua y la sangre) los que dan testimonio. ¿Pero por qué será que Juan coloca los hechos históricos del bautismo de Jesús (el agua) y de su muerte (la sangre), en los cuales da testimonio el Espíritu, en el mismo nivel del Espíritu? ¿Cómo pueden el agua y la sangre dar testimonio junto con el Espíritu? Es necesario que miremos al texto desde un punto de vista semita. Los objetos impersonales pueden dar testimonio; por ejemplo, el montón de piedras que Jacob y Labán levantaron juntos fue llamado un testimonio (Gn. 31:48). Y según la ley mosaica (Dt.19:15), “Un testigo no es suficiente.… un asunto debe quedar establecido por el testimonio de dos o tres testigos”.

  1. Concuerdan. Juan escribe que “los tres concuerdan”. El quiere decir que los tres testigos dicen lo mismo; ante una corte legal la evidencia de los hechos del bautismo de Jesús (el agua) y de su muerte (la sangre) está en completa consonancia con el Espíritu Santo. Una persona no puede aceptar uno o dos de los testigos y omitir el tercero. Los tres van juntos.

Muchos eruditos sugieren que los términos agua y sangre del versículo 8 se refieren a los sacramentos del bautismo y la Santa Cena. Sin embargo, la dificultad con este punto de vista es que el Espíritu a quien Juan menciona en primer lugar, no puede transformarse en un tercer sacramento. Dado que Juan no da indicación de que la frase agua y sangre tenga un significado diferente al que tiene en el versículo 6, hacemos bien en aceptar la misma interpretación que para los versículos 6 y 8.

 

Consideraciones doctrinales acerca de 5:5–8

Si damos por sentado que el agua y la sangre representan el bautismo y la muerte de Cristo, entonces estamos pensando en todo el ministerio terrenal de Jesucristo. Jesús se identificó con su pueblo cuando fue bautizado, y lo redimió cuando murió en la cruz. El agua y la sangre, por consiguiente, son símbolos selváticos para el creyente.

El creyente acepta la verdad de que Jesucristo vino por agua y sangre. El sabe que el Espíritu da testimonio de esta verdad. Además, cree que el Hijo de Dios vino a limpiar a su pueblo del pecado y a redimirlo por medio de su muerte. Para el creyente, entonces, estas verdades son esenciales.

Ni bien reducimos la muerte de Jesús a la de un mero hombre, en ese mismo momento perdemos la doctrina cardinal del Nuevo Testamento acerca de la expiación, de que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo … Esas supuestas teologías, que reducen el lenguaje de la encarnación a la categoría de mito, pueden resultar atrayentes para los hombre modernos, pero nos quitan la certidumbre de que el carácter de Dios es el del amor que carga con el pecado.

Texto: 1 de Juan Cap. 4, versículo 6. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

 

Comentario:4:6

Aunque las fuerzas del maligno rodean a los creyentes, ellos no necesitan desesperar ni un solo momento. Juan reitera la verdad expresada en los versículos 4 y 5. El quiere asegurarle a los lectores que son hijos de Dios.

   versic. 6. Nosotros somos de Dios, y todo aquel que conoce a Dios nos escucha, pero todo aquel que no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el Espíritu de la verdad y el espíritu de la mentira.

En estos versículos Juan expresa la calma confianza de saber que Dios y su pueblo son uno. Sin embargo, Juan no minimiza con esta certidumbre nuestra responsabilidad de hacer la voluntad de Dios. Nosotros, que somos de Dios, hemos recibido el conocimiento de la verdad de Dios, tenemos el deber de hablar con la gente acerca del Señor y ser sus representantes. Juan enfatiza la palabra nosotros colocándola al principio de la oración. Nosotros, los que somos hijos de Dios, proclamamos la Palabra, y cuando lo hacemos nos oye todo aquel que conoce a Dios.

Juan repite de otra forma las palabras de Jesús: “El que pertenece a Dios oye lo que Dios dice” (Jn. 8:47; y compárese con 10:27). ¿Por qué oye el pueblo de Dios a los predicadores? Porque los predicadores proclaman la Palabra de Dios, y esa Palabra tiene autoridad divina. El pueblo de Dios oye su voz cuando el predicador habla.

La gente que no es de Dios no oye la proclamación de su Palabra. Ellos se niegan a creer la verdad. Prefieren en cambio al “espíritu de la mentira”. Aceptan también su plena responsabilidad cuando deliberadamente rechazan el llamado al arrepentimiento y a la fe en Cristo.

Podemos reconocer el espíritu de la verdad y el espíritu de la mentira al observar la reacción del oyente a la predicción de la Palabra de Dios, Pablo dice: Gracias a Dios que nos lleva siempre en el desfile victorioso de Cristo Jesús y que por medio de nosotros da a conocer su mensaje, el cual se esparce por todas partes cual un aroma agradable. Porque para Dios nosotros somos como el olor del incienso de Cristo que se esparce tanto entre los que se salvan como entre los que se pierden. Para los que se pierden, este incienso resulta un aroma de muerte, pero para los que se salvan es una fragancia que les da vida. [2 Co. 2:14–16, VP; comparar también con Jn. 14:17].

 

Consideraciones prácticas acerca de 4:4–6

En muchas partes del mundo, la iglesia experimenta un considerable aumento en miembros. Los cristianos dan testimonio fielmente de su fe en Cristo, los predicadores proclaman el evangelio y los convertidos reciben el sacramento del bautismo. Sin embargo, en muchos lugares se hace evidente la falta de predicadores calificados. Hay un clamor insistente pidiendo ministros ordenados y misioneros. “La mies es mucha pero los obreros son pocos. Por lo tanto, rogad al Señor de la mies que envíe más obreros a su mies” (Mt. 9:37; Lc. 10:2; véase también Jn. 4:35).

El ministerio de la iglesia merece los mejores talentos que hayan para la predicación del evangelio, la enseñanza de la Palabra, el pastoreo de la iglesia, la traducción de la Biblia y la evangelización del mundo. Los que sirven al Señor deben presentar este desafío a personas calificadas para que se preparen para el ministerio del evangelio. En efecto, estos siervos deben reclutar trabajadores para el Reino de modo tal que la obra del Señor pueda continuar y aumentar.

 

1er Titulo:

El Mundo No Conoce, No Acepta Ni Ve Al Espíritu De Dios. San Juan 14:17. el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

Comentario: versic 17a. El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni le conoce.

Al Paracleto se le llama aquí Espíritu de verdad (genitivo cualitativo). Esto, según 16:13, significa que él, siendo la verdad en persona, guía a su pueblo hacia ese ámbito de la verdad que se encarna en Cristo y su redención.

Dado el hecho de que el mundo (κόσμος; véase nota 26 probablemente con el significado de 6) sigue la mentira de Satanás (véase sobre 8:44, 45; 14:30), carece de un órgano de discernimiento espiritual (no percibe al Espíritu y sus acciones, 1 Co. 2:12–14) y no reconoce al Espíritu (Mt. 12:22–37; Hch. 2:12–17), atribuyendo las influencias de la tercera persona de la Santísima Trinidad a “Beelzebú” o a “vino nuevo” no puede (véase sobre 3:3, 5) recibirlo. (En cuanto al significado de θεωρέω, véase nota 33; y en cuanto a γινώσκω véase sobre 1:10, 31; 3:11: 8:28).

Versic 17b. Vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. Nótese la diferencia en los verbos y preposiciones (según lo que probablemente sea la mejor versión):

14:16. “para que esté con o en medio de vosotros (μεθ μν)”.

14:17. “porque mora con vosotros a vuestro lado (παρ μν)”.

14:17. “estará en (dentro de) vosotros (ν μν)”.

La interpretación de estas cláusulas no es fácil. Como se ha dicho antes, habría que seguir leyendo y leyendo, (véase sobre 1:4). A no ser que se haga así, se podría llegar fácilmente a la siguiente explicación.

“Ahora mismo el Espíritu Santo ya mora en el corazón del Salvador lleno del Espíritu, y por ello en (al lado de) ellos. Como resultado de esto, incluso ahora por lo menos en principio y en momentos de claridad espiritual, reconocen al Paracleto. Pero más tarde el Espíritu establecerá una relación aun más íntima. El que siempre había estado con ellos (παρά), en el día de Pentecostés, vendría a estar en medio de ellos o con ellos (μετά) y dentro (ν) de ellos.

Aunque tal interpretación es tentadora, tiene sus problemas, sobre todo en vista del versículo 23: “y vendremos a él, y haremos morada con él”. Aquí la relación “con él” se atribuye concretamente a la dispensación del Espíritu (adviértase la íntima conexión entre el versículo 23 y los versículos 25, 26). En consecuencia, no hay justificación para distinguir totalmente entre la actual relación con ellos y la relación futura en medio de ellos o dentro de ellos. Tampoco está justificado el atribuir un significado demasiado restringido a la preposición “con” (παρά), como si indicara necesariamente una relación menos íntima. En cuanto al verdadero significado de παρά en tales contextos véase sobre el versículo 23.

Frente a esta dificultad algunos comentaristas han interpretado el pasaje que estudiamos (14:17) como si Jesús quisiera decir, “Ya ahora tenéis el Espíritu en el corazón. Más tarde, en Pentecostés, sabréis más acerca de él”. Pero esto equivale a subestimar el significado de Pentecostés. Aunque estamos de acuerdo en que hay diferencia en el significado de las preposiciones, probablemente es mucho mejor buscar la solución en la dirección de la siguiente paráfrasis:

“El Padre os dará otro Ayudador (versículo 16), a fin de que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir porque ni lo ve ni lo conoce. Vosotros, por el contrario, una vez que el Espíritu haya llegado, lo conoceréis porque morará con vosotros (en el sentido explicado más abajo en relación con el versículo 23) y estará dentro de vosotros” (versículo 17). Esta lectura de un tiempo presente como si fuera futuro está totalmente justificada en el contexto. Jesús simplemente se proyecta hacia el futuro habiendo claramente utilizado el tiempo futuro en el versículo 16 (“dará”, y cf. “para que”). Con el tiempo futuro ya presente en su mente, puede utilizar ahora el tiempo presente, “Lo conocéis, porque mora con vosotros”, cuando nosotros utilizaríamos el futuro. El que está pensando en este tiempo futuro resulta claro nuevamente por el uso del tiempo futuro en la cláusula siguiente, “Y estará en vosotros” (si la versión de N. N. del texto es correcta).

En el día de Pentecostés, por tanto, el Espíritu Santo vendría a morar en medio de, con, y en los discípulos. Entraría personalmente en la iglesia, que se convertiría en su templo, su morada permanente (véase sobre 7:39; cf. 1 Co. 3:16; 2 Co. 6:16; Ef. 2:21). Como resultado, la iglesia descartaría las ropas infantiles y se volvería espiritualmente adulta. Se convertiría en una nación de profetas, un reino de sacerdotes, el cuerpo de Cristo (cf. 1 P. 2:9; J1. 2:28; 1 Co. 12:7ss; Ef. 1:22, 23; 2:21, 22; 5:23–33). Como segundo resultado, ese día la iglesia llegaría a ser internacional. La pared divisoria, el muro de separación entre los judíos y gentiles se partiría y estaría destinado a partirse cada vez más (Is. 54:2, 3; Hch. 2:9–11).

 

2° Titulo:

El Creyente Cree Recibe y Obedece Al Espíritu De Verdad. San Juan 15:26 y 27. 26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. 27 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.

Comentario del versic. 26. Cuando venga el Ayudador, a quien yo os enviaré del Padre, es decir el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Jesús ha venido hablando del odio que los discípulos tendrán que soportar de parte del mundo, que odia al Padre y al Hijo. En consecuencia, no sorprende que en relación con esto vuelva a consolarlos recordándoles su promesa anterior (véase sobre 14:16, 17, 26) respecto a la venida del Espíritu, el Ayudador. Jesús mismo enviará a este Ayudador. Será enviado del Padre. En esencia, aunque con diferencia en énfasis, es lo mismo que decir: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Ayudador” (14:16); “El Ayudador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre” (14:26). Aquí en 15:26 se realiza la actividad del Hijo en el envío del Espíritu, y el hecho de que este Espíritu procede eternamente del Padre. El envío del Espíritu era futuro. Pentecostés no había llegado todavía. Por ello, se utiliza el tiempo futuro: “enviaré”. La procesión estaba ocurriendo en el mismo momento en que Jesús hablaba (si lo que en realidad trasciende el tiempo puede considerarse desde la perspectiva temporal); en consecuencia, se utiliza el tiempo presente. Si dijéramos, “El hecho de que 15:26 afirme que el Hijo enviará al Espíritu demuestra que el Padre no lo envía”, estaríamos equivocados (véase 14:26). Así también, si dijéramos, “El hecho de que 14:26 afirme que el Espíritu procede del Padre demuestra que no procede del Hijo”, erraríamos (véase Hch. 5:9; Ro. 8:9;2 Co. 3:17; Gá. 4:6; Fil. 1:19; 1 P. 1:11; donde se llama al Espíritu: Espíritu de Cristo). Después de todo, ¿resulta tan raro que Jesús, hablando como Mediador entre Dios y el hombre, y siendo hombre él mismo, hablara, durante su período de humillación, del Espíritu como procedente del Padre?

Al Espíritu Santo se le llama aquí el Espíritu de verdad, igual que en 14:17; véase ese pasaje. Ese Espíritu dará testimonio (véase sobre 1:7, 8). En medio del mundo malvado dará testimonio contra el mundo (16:8, 9). En medio del género humano dará testimonio respecto a la necesidad del mismo. En medio de la iglesia consolará a la iglesia. No debe restringirse la esfera de su testimonio. Siempre que un verdadero siervo de Dios da testimonio contra el mundo, este testimonio es obra del Espíritu. Siempre que un simple creyente, con su palabra y ejemplo, atrae a otros hacia Cristo, también ello es obra del Espíritu. Ese Espíritu siempre da testimonio en relación con la Palabra, la Palabra de Cristo (14:26;16:14, 15). En general, el mundo que es abiertamente hostil a Cristo no lo recibirá (14:17). Sin embargo, hay excepciones. De entre los que hoy día son abiertamente hostiles algunos serán atraídos. Serán transferidos del reino de las tinieblas al de la luz eterna. ¿Hubo alguna vez un perseguidor más violento que Saulo (o Pablo) de Tarso? El Espíritu lo iba a cambiar (y a otros como él) para que se convirtiera en celoso misionero de Cristo. Véase también en 16:7–11.

Ahora bien, en esta obra de testimonio el Espíritu Santo utiliza medios, como lo indica el versículo siguiente.

Versículo. 27. Y vosotros debéis dar testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio. El verbo que se utiliza en el original puede leerse o como presente de indicativo (“estáis dando testimonio”) o como presente de imperativo (“dad testimonio” o “seguid dando testimonio,” o simplemente, “debéis dar testimonio”). En defensa del indicativo se han utilizado los siguientes argumentos:

  • 1:8 (cf. 5:32) enseña que los discípulos de hecho estaban dando testimonio.

(2) La razón que se da—a saber, “porque habéis estado349 conmigo desde el principio”—suena raro después de imperativo, “dad testimonio”.

Pero se podría responder:

(1) Hch. 1:8 (cf. 5:32) no enseña que los discípulos daban testimonio en ese entonces, sino que iban a dar testimonio después de que hubiera sido derramado el Espíritu.

(2) Tomado en el sentido, “debéis dar testimonio, porque estáis dotados para ello, ya que habéis estado conmigo desde el principio”, la lógica de la frase, lejos de parecer rara, resulta muy clara.

Otros argumentos en favor del imperativo son los siguientes:

  1. Después del futuro, “dará testimonio”, el imperativo “dad testimonio también”, o“también debéis vosotros dar testimonio”, parece más natural que el indicativo. El significado parece ser, “Vosotros debéis también hacer lo que el Espíritu va a hacer”.
  2. Es muy lógico que el precepto, “permaneced en mí” (15:4), que indica cuál debería serla relación de los discípulos con Cristo, y el precepto “que os améis unos a otros” (15:12), que muestra cuál debe ser su actitud entre sí, vayan seguidos de “dad también testimonio” (15:27), que describe su deber respecto al mundo perseguidor. Además, en un contexto repleto de preceptos, expresos o implícitos, en un marco que enfatiza tanto el deber de los discípulos (véase 15:4, 7, 8, 10, 12, 14, 16, 17, 20) parece muy natural el imperativo.

(3) Muy poco hay en el contexto inmediato que indique que los discípulos estuvieran ya entonces cumpliendo su deber respecto a la obra de dar testimonio. Por el contrario, durante esa misma noche fallaron en dar testimonio; se “escandalizaron” de él. Por ello, con E. J. Goodspeed (véase su traducción) tomamos este verbo como imperativo: “¡dad también testimonio!”

Es cierto que en los testigos oculares (los que habían estado con Cristo desde el principio de su ministerio) recae el deber de dar testimonio respecto a lo que han visto. Sin duda, la obra del Espíritu Santo de dar testimonio no se limita al testimonio de los discípulos. Sin embargo, éste último (el testimonio de los discípulos) es un medio muy importante mediante el cual el Espíritu consigue su fin.

 

 3er Titulo

El Verdadero Creyente Entiende y Se Deja Guiar Por El Espíritu De Verdad. San Juan 16:13.Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. 

Comentario de Versíc. 13a. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad.

Jesús no indica el tiempo exacto en que el Espíritu va a venir. Dice, “Cuando”. Aunque la palabra para Espíritu es neutra en el original, el pronombre que se refiere a este Espíritu se considera como persona. Véase también sobre 14:16. En cuanto al significado de la expresión “Espíritu de verdad”, véase sobre 14:17.

La función del Espíritu Santo en la iglesia se describe como la de guiar, literalmente: “ir delante”. El Espíritu no usa armas externas. No manipula; guía. Ejerce influencia en la conciencia regenerada del hijo de Dios (y aquí, en particular, de los oficiales o dirigentes), y amplía los temas que Jesús había presentado durante su permanencia en la tierra. Así pues, guía hacia toda la verdad, es decir, hacia el cuerpo entero (con énfasis en este adjetivo) de la revelación redentora. El Espíritu Santo nunca pasa por encima de un tema. Nunca insiste en un punto de doctrina a costa de todos los demás. Guía hacia toda la verdad. Además, en el desempeño de esta tarea está en relación íntima con las otras personas de la Trinidad. Leemos: Versíc 13b. Porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere. El Padre y el Espíritu son uno en esencia. Lo que el Espíritu oye del Padre lo murmura en el corazón de los creyentes en y por medio de la Palabra. Busca constantemente las profundidades de Dios. Las comprende y las revela a los hijos de Dios (1 Co. 2:10, 11). Al decir lo que oye, el Espíritu es como el Hijo, porque éste también habla de lo que ha oído del (y visto cuando estaba con el) Padre (3:11; 7:16; 8:24; 12:49; 14:10, 24). versic. 13c. Y os hará saber las cosas que habrán de venir. El Espíritu vendrá (16:8); guiará a toda la verdad (16:13a); y revelará las cosas que habrán de venir (16:13b). En cuanto a lo primero, véase el libro de Hechos (sobre todo el capítulo 2); en cuanto a lo segundo, véase las epístolas; en cuanto a lo tercero, véase el libro de Apocalipsis. No es que estos tres aspectos puedan dividirse tan claramente. Las epístolas y el Apocalipsis constantemente dan por sentado la presencia del Espíritu; las epístolas contienen mucha revelación respecto a las cosas que habrán de venir (p.ej., 1 Co. 15; 2 Ts. 2). Pero en general es buena la distinción que se hizo. Desde luego, cuando el Espíritu declara las cosas que habrán de venir, no comienza por la enumeración de una larga lista de sucesos específicos, diarios, sino que predice los principios subyacentes.

 

AMÉN, A DIOS SEA LA GLORIA.

 

 

FUENTE: «COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO» – WILLIAM HENDRIKSEN.

 

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.