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Semana Del 6 Al 12 De Agosto De 2018 “Significado Del Aceite Como Símbolo Del Espíritu Santo”

Semana Del 6 Al 12 De Agosto De 2018 “Significado Del Aceite Como Símbolo Del Espíritu Santo”

Lectura Bíblica: 1 de Samuel Cap. 16, versículos 11 al 13. Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.

   Comentario del contexto Bíblico: Después de hacerles pasar a todos sin resultado, pregunta Samuel si no hay otro. El v. 10 dice que eran siete. Da la impresión que con David eran ocho en total. Sin embargo dice 1 Crónicas 2:13–15 que eran siete en total. Puede que uno murió poco después o que los siete de referencia aquí en 1 Samuel 16 incluye anticipadamente a David también. Lo importante es que uno de estos hijos de Isaí sería el designado por Dios y que todavía no estaba presente. Samuel dice que no se sentarían hasta que llegara el más joven. La palabra “sentarse” (v. 11) quiere decir “dar la vuelta” o “rodear”. Quizás se refiere a la costumbre de rodear la mesa y en ese sentido sentarse para comer. Es más probable la sugerencia de algunos que proponen la idea de volver o seguir con otra cosa. Es decir, no podrían seguir con la cena o fiesta hasta que el más joven se presentara. Evidentemente el más joven no fue estimado y no se le daba lugar a la par de los mayores. A menudo fue dejado con las tareas más humildes. En este caso David se había quedado apacentando (pastoreando) las ovejas. Nunca se imaginaba que pronto sería el pastor de Israel y que el gran Hijo de David, el Señor Jesucristo, sería el cumplimiento cabal de este cuidado pastoral por todos los siglos. (Eze. 34:23).

David se describe como rubio, de ojos llamativos y bien parecido (v. 12). La palabra rubio o de tez sonrosada es lit. rojo. La palabra lat. es rufus. Sería algo inusitado ver en Israel a un pelirrojo, puesto que la mayoría tendría el pelo castaño. Llamaban también la atención sus ojos, cosa de frecuente comentario entre los judíos (ver Gén. 29:17; Cant. 5:12; Sal. 73:7 como 1 Sam. 14:27). Su buena presencia quiere decir lit. “de buen mirar”, es decir bueno para mirar. Todo esto llamaba la atención de Samuel pero no por eso le ungió, sino porque Dios había visto su corazón y era conforme al corazón suyo (Hech. 13:22).

Este ungimiento de David tomó lugar en privado. Fue ungido tres veces en total (2 Sam. 2:4; 5:3). Una vez en preparación, otra vez proclamado rey de Judá y al fin presentado como rey sobre todo Israel.

Jesucristo es el Ungido de Dios (palabra Mesías en heb.). El fue ungido para ser profeta durante su ministerio terrenal (Isa. 61:1), para ser sacerdote en su muerte, resurrección y ministerio actual (Mar. 14:8), y para ser rey en su reino milenario (Dan. 9:24). En el AT, los profetas, sacerdotes y reyes fueron ungidos para simbolizar la presencia del Espíritu Santo en sus vidas para poder ministrar. Así también Jesucristo, quien es el Ungido de Dios, comparte el simbolismo dándonos a entender que es el Señalado por Dios con poder para llevar a cabo su ministerio tripartidario.

Comentario 1: (Estudio de Doctrina Cristiana). El nombre Mesías, tanto en griego como en hebreo, significa “el ungido”, Is. 61:1-3; Lc. 4:14-18. La clave del significado del aceite como símbolo del Espíritu en 1 Samuel 16:13. El Espíritu Santo simbolizado por el aceite significa:

  1. Investidura de dones para el ministerio. Is. 61:1; Hechos 10:38; 1 Cor. 12:7-11.
  2. Otorgamiento de gracias para vivir, Salmo 23:5; Gálatas 5:22-23.
  3. Sanidad para el cuerpo, Is. 1:6; Stgo 5:14.
  4. Iluminación y revelación, Juan 16:12, 15; 1 Cor. 2:9-16; Efesios 1:17-18; 1Juan 2:20-27.

Comentario 2 de (CHARLES C. RYRIE) Un estudio completo de la tercera persona de la Trinidad y su obra en el creyente

El aceite (Lucas 4:18; Hechos 10:38; 2 Corintios 1:21; 1 Juan 2:20)

El aceite es tipo del Espíritu Santo porque así se le designó divinamente en el Antiguo Testamento. Con relación al ministerio del Espíritu Santo se prefiguran tres cosas:

  1. La necesidad de la obra del Espíritu en la preparación para el ministerio está tipificada en el Antiguo Testamento por el ungimiento con aceite en la instalación de los sacerdotes (Ex.40:9-16; Lv. 8; Is. 61 :1-2; cp. Le. 4: 18). El ministerio del Espíritu es indispensable para un ministerio fructífero por parte del creyente hoy (Hch. 1 :8).
  2. La única luz del tabernáculo la proporcionaba el aceite santo en la lámpara que iluminaba el lugar donde Dios era adorado, ese lugar cuyos detalles prefiguraban todos la obra de Cristo (Ex. 27:20-21). De igual modo hoy, es el Espíritu Santo el que proyecta el reflector sobre aquél que es la verdad, y es él quien glorifica a Cristo ante los ojos del cristiano (Jn. 16: 13-15; 1 Jn. 2:20).
  3. El aceite se empleaba también para la purificación y la santificación de los sacerdotes y los leprosos (Lv. 8:30; 14:17). En forma semejante, el Espíritu santifica a los creyentes en el día de hoy.

1er Titulo:

Investidura (Unción) Para El Ejercicio Del Ministerio. (Isaías 61: 1-3.). El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.

Comentario: El profeta, que antes se viera desprovisto de la capacidad para interceder (59:16), se vio de

pronto investido del poder del Espíritu de Dios para encarnar el mensaje de liberación para Sion (59:21; 61:1). Sus palabras en los vv. 1 y 2 fueron leídas por nuestro Señor Jesús en la sinagoga de Nazaret, para luego basar en ellas su testimonio mesiánico (ver Luc. 4:18 y 19). Las figuras literarias que describen el efecto o consecuencias del ministerio del profeta, se convierten en hechos concretos en la persona y ministerio de Jesús. No obstante, pasemos a considerar el sentido de las palabras del profeta a la luz de su mismo desempeño profético.

El profeta ha adquirido conciencia de su misión profética y se siente ungido por el Espíritu de Dios para anunciar las buenas nuevas de liberación a una comunidad sumida en la humillación y la desesperación de la pobreza (comp. Neh. 5:3), en la desilusión y desaliento o “quebranto de corazón” (comp. Neh. 5:1), de la esclavitud (comp. Neh. 5:5) y de la cárcel que constituye el perder la visión).

La meta de su ministerio profético es hacer resurgir la vida en medio del duelo nacional. La ceniza, que es señal de duelo, va a ser reemplazada por una diadema de gloria. Va a haber aceite de regocijo y manto de alabanza.

¿En qué reside la garantía de estas buenas nuevas? La respuesta fue dada en 60:21 y se repite aquí en el v. 3: Serán efectivas porque han sido destinadas para manifestar la gloria divina. Para Dios es un asunto de honor que la ruina y la desolación desaparezcan del país y que sean restauradas las ciudades destruidas

Conclusión: Cristo cumplió cabalmente con la misión del siervo ungido. Durante su vida dio las enseñanzas necesarias para la humanidad para tener una vida feliz y con propósito. Nos ofrece la oportunidad de disfrutar como uno de sus hijos espirituales. ¿No quieres aceptarlo hoy?

 

Definición del diccionario ilustrado de la Bíblia:Unción: En el mundo antiguo los aceites de la unción se consideraban artículos de tocador y, debido al clima, se usaban diariamente en Israel (Ec 9.8), al menos en la época posterior a la conquista (Rt 3.3; 2 S 12.20; Am 6.6; Miq 6.15). A los huéspedes se les ungía como símbolo de honor (Lc 7.46; cf. 2 Cr 28.15). No ungirse era señal de duelo (2 S 14.2) o de búsqueda espiritual (Dn 10.3; cf. 2 S 12.20). Para evitar las tentaciones de la hipocresía, el Señor Jesús enseñó a sus discípulos que no debían dejar de ungirse en tiempos de ayuno (Mt 6.17).

Desde tiempos muy antiguos se usó la unción con significado espiritual. En Israel esta costumbre se distinguía por el uso de un aceite especial prohibido para otras aplicaciones (Éx 30.22ss, ® Ungüentos). Con este aceite se ungían todos los objetos relacionados con el culto (Éx 30.26–29; cf. lo que Jacob hizo en Gn 28.18), a los sacerdotes (Éx 28.41), a los reyes (1 S 9.16; en Jue 9.8, 15 «elegir» corresponde a un verbo hebreo que quiere decir «ungir») y a los profetas (1 R 19.16b).

Sobre todo, la unción simbolizaba la consagración del ungido a Dios para una función particular dentro de los propósitos divinos. Esta consagración impartía algo de la santidad de Dios al ungido, condición que afectaba todo lo que él posteriormente tocara (por ejemplo, Éx 30.29). Esto se ve en la insistencia de David en no extender su mano contra Saúl, el «ungido de Jehová» (1 S 24.6), aunque el caso de Saúl enseña que los beneficios simbolizados por la unción no existen si la condición espiritual del ungido es mala. Estos beneficios, en el caso de personas ungidas, incluían el investirlas de poder suficiente para el desempeño de sus deberes (Sal 89.20ss), a través del Espíritu Santo (1 S 10.1, 6, 7; 16.13).

El uso figurado de la palabra unción se desarrolló poco a poco a partir de los días de David (1 Cr 16.22, donde «mis ungidos» son los patriarcas; Sal 23.5; 92.10) y a través de los profetas (Is 10.27; 61.1). En el Nuevo Testamento Jesús es el ungido por excelencia (Lc 4.18; Hch 4.27; 10.38), el ® Mesías, ungido por el Espíritu Santo el día de su bautismo con agua (Mt 3.16). Desde entonces todo lo hizo en su calidad de Ungido o Cristo (Lc 4.1, 14, 18; Mt 12.28; Heb 9.14; Hch 1.2) y no en su calidad de Segunda Persona de la Trinidad. El mismo Espíritu Santo unge a los creyentes (1 Jn 2.20, 27). Dios también sana físicamente por el poder del Espíritu Santo en respuesta a la oración de fe. Para la ayuda de la fe en tales casos se recomienda la unción con aceite (Stg 5.14ss; cf. Mc 6.13).

 

2° Titulo:

Otorgamiento De Gracia Para Vivir (Salmo 23:5). Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Comentario: Aquí la metáfora cambia; Dios es el anfitrión que suple alimento y abundancia de vida. El anfitrión era responsable por su invitado, aun para su protección contra enemigos. En presencia de mis adversarios indica que hay oposición y hay enemigos; pero todavía Dios nos da abundancia y bendición. Que lo hace en presencia de ellos sugiere la debilidad de ellos; no pueden impedirlo.

Unges… con aceite (v. 5) pinta un cuadro de alivio del tiempo seco. Algunos ostraca (escritos en pedazos de cerámica) de Samaria hablan de “aceite para lavar”. Era un deleite ser ungido con aceite cuando la piel estaba muy seca. En el NT Jesús nos da abundancia de vida y derrama sobre nosotros el Espíritu Santo (el aceite se usa como símbolo del Espíritu en algunos textos).

Mi copa está rebosando es un cuadro de gozo; la vida abundante se encuentra en Cristo, en la relación íntima con Dios. La palabra traducida rebosando da la idea de “saturada”. Copa también conlleva la idea de destino en escritos antiguos. Esto nos dirige al último versículo.

Nótese que cuando Dios es nuestro pastor y nuestro anfitrión, no tenemos que buscar el bien y la misericordia; más bien ellos nos “perseguirán”. La esperanza del salmista no termina con esta vida; su relación con Dios seguirá por días sin fin. La comunión con Dios no termina, es para siempre.

 

3er Titulo:

Sanidad Para El Cuerpo. (Santiago 5:14). ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. 

Comentario: Tómese nota de los siguientes comentarios:

  1. “¿Está alguno de vosotros enfermo?” Santiago especifica qué quiso decir cuando habló de dificultades (v. 13). Se refiere a una enfermedad física de algún tipo. Es decir, alguien está debilitado físicamente por una enfermedad interna o externa y necesita urgentemente atención médica. ¿Qué debe hacer entonces la comunidad cristiana?
  2. “Llamad a los ancianos de la iglesia”. La persona enferma misma u otros a pedido suyo deben llamar a los ancianos de la iglesia. El Nuevo Testamento registra el vocablo anciano (presbítero) poco después de la fundación de la iglesia en Pentecostés. En la iglesia de Jerusalén, los ancianos eran los representantes de los creyentes (Hch. 11:30; 21:18). Ellos eran los hombres que ejercían el liderazgo y la supervisión pastoral de la congregación que representaban (Hch. 20:28; 1 P. 5:1–4). En su primer viaje misionero, Pablo y Bernabé designaron ancianos en cada iglesia (Hch. 14:23), y Pablo le encargó a Tito la tarea de nombrar ancianos en cada población de Creta (Tito 1:5). Nótese que Santiago utiliza la palabra griega reunión (sinagoga) en 2:2 y aquí usa el término iglesia. Es obvio que estos dos términos son intercambiables en la epístola de Santiago
  3. “Oren por él y le unjan con aceite en el nombre del Señor”. ¿Qué quiere decir esto? En primer lugar, en el original el énfasis principal [p 208] recae en la oración; el hecho de ungir con aceite es secundario con respecto a la oración. Esto es evidente si tomamos en cuenta el versículo siguiente, donde Santiago afirma el poder de la oración: “Y la oración ofrecida con fe sanará a la persona enferma” (v. 15). En segundo lugar, la Biblia enseña en varios lugares que el aceite de oliva tiene cualidades medicinales. Basta recordar al Samaritano que le aplicó aceite y vino al herido que estaba a la vera del camino a Jericó—el aceite calmaba y el vino era antiséptico (Lc. 10:34). Cuando los doce discípulos partieron en su primer viaje misionero, ellos “ungieron a mucha gente enferma con aceite y la sanaron” (Mt. 6:13). En la época y cultura de Santiago, el aceite de oliva se usaba habitualmente como medicina. En tercer lugar, el aceite tiene con frecuencia un significado simbólico en las Escrituras. Algunos intérpretes toman la palabra aceite junto con la frase en el nombre del Señor, y dicen que el aceite simboliza el poder sanador del Señor Jesús. Cuarto, las palabras de Santiago no deben interpretarse como un mandamiento apostólico para que se unja a los enfermos con aceite. Al contrario, en su ministerio curativo Jesús no recurrió a su uso. En el libro de Hechos los apóstoles curaron enfermos en numerosas ocasiones, pero sin usar aceite (3:6; 5:15–16; 9:34; 14:8–10; 16:18; 28:8–9). Lo que se enfatiza es la oración no el aceite.

Consideraciones prácticas acerca de 5:15

Estos bien conocidos versículos se encuentran entre los más descuidados y distorsionados hoy en día en la iglesia. En primer lugar, están descuidados. Cuando alguien se encuentra en dificultades, pronto se vuelca a la oración. Pero cuando alguien está contento, no le oímos cantar himnos de alabanza. Nuestra era tecnológica nos

ha rebasado y nos hemos transformado en una sociedad que escucha, en vez de un pueblo que canta. Y hay algo

más. Aunque los pastores hacen visitas regulares a los hospitales para confortar a los enfermos, la costumbre de

llamar a los ancianos de la iglesia para orar por el enfermo parece pertenecer a una época pasada. Una de las tareas de los ancianos de la iglesia es la de orar por los enfermos cuando son llamados a hacerlo; no obstante, esta tarea habitualmente se la adjudica al pastor.

En segundo lugar, estos versículos son frecuentemente mal interpretados. Mucha gente ha reclamado para sí

lo que se ha dado en llamar don de sanar (1 Co. 12:9, 28, 30) y por ello ofrecen oraciones con fe para sanar a los enfermos. Declaran que los versículos de la epístola de Santiago expresan con claridad que “la oración ofrecida con fe sanará a la persona enferma” (5:15). Nadie niega que Dios hace milagros de curación en la comunidad cristiana en respuesta a las oraciones de los santos. ¿Pero qué sucede cuando Dios no sana al enfermo? ¿Se debe a falta de fe? ¿Existe algún pecado inconfeso? Sí, pero no en todos los casos. Considérese el caso de Pablo, a quien se le había concedido el don de sanar. Parece no haber podido librar a su amigo Epafrodito de una prolongada enfermedad que casi lo lleva a la muerte (Fil. 2:27). Además, Pablo escribe: “Dejé a Trófimo enfermo en Mileto” (2 Ti. 4:20). ¿Por qué no oró Pablo a Dios con fe para que sus amigos fuesen curados instantáneamente? No cabe la menor duda de que Pablo haya orado, pero él había aprendido por experiencia propia, cuando pidió ser librado del aguijón el su carne, que Dios no siempre nos cura tal como nosotros lo deseamos. El oyó a Dios decirle: “Mi gracia te basta, ya que mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Co. 12:9).

 

4° Titulo:

Iluminación y Revelación. (1 de Juan 2:20 y 27). Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas; Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

Comentario: En estos dos versículos (véase también 2:27) Juan enseña a sus lectores acerca de su unción. El comenta que los lectores tienen “una unción del Santo”. ¿Quién es el que unge? Pablo afirma que Dios unge a los creyentes (2 Co. 1:21; compárese también con Hch. 10:38). Pero en el contexto más amplio de esta epístola, Juan transmite la idea de que es el Hijo el que unge a los creyentes (véase la explicación del v. 27). Quizá debiéramos decir que Dios el Padre obra por medio del Hijo.

¿Qué es una unción? En los tiempos del Antiguo Testamento, los sacerdotes, los reyes y aun los profetas eran ungidos con aceite para marcar el comienzo de sus respectivos deberes. El aceite simbolizaba su consagración.

La palabra unción en este texto se refiere no sólo al aceite sino al contenido de la unción, que parece ser el Espíritu Santo. El Espíritu da testimonio del significado permanente de la acción de ungir. Los cristianos reciben el don del Espíritu Santo del Santo. ¿Quién es el Santo? En el Nuevo Testamento el Santo es Jesucristo (véase Mr. 1:24; Lc. 4:34; Jn. 6:69; Hch. 3:14).

“Y todos vosotros conocéis la verdad”. En esta cláusula notamos en primer lugar un problema de traducción. Los mejores manuscritos tienen “y todos vosotros conocéis”, en tanto que otros manuscritos tienen “vosotros conocéis todo”. Esta última lectura da la impresión de que, a causa del don del Espíritu Santo, los cristianos pueden saberlo todo. Esta no puede ser la intención de Juan, ya que en el próximo versículo (v. 21) él escribe: “vosotros … conocéis la verdad”. Por consiguiente, en base al contexto llegamos a la conclusión de que el objeto del conocimiento no es “todo”, ni “todas las cosas”, sino “la verdad”.

A continuación, notamos que el verbo griego oída (conocer) que aparece en este versículo y en el próximo no tiene que ver con un conocimiento adquirido sino con un conocimiento innato. Juan quiere señalar que El no está enseñándole a los lectores nuevas verdades, sino recordándoles lo que ya saben.

“No os escribo porque no conocéis la verdad”. Los lectores están totalmente familiarizados con la verdad en Jesucristo, de modo tal que Juan no necesita comunicarles el evangelio. Suponemos que Juan escribe estas palabras a los lectores para recordarles que a ellos no les falta la verdad. De hecho, tienen la capacidad de usar la verdad cuando se oponen a los maestros gnósticos que niegan que Jesús es el Cristo. ¿Escribe Juan esta epístola solamente para combatir el gnosticismo? No, él la escribe por las razones que se mencionan a continuación:

“Sino [que os escribo] porque le conocéis y porque ninguna mentira viene de la verdad” (bastardillas añadidas). Los lectores conocen la verdad y pueden detectar la mentira exponiéndola a la luz de la verdad. La verdad y la luz son lo opuesto de la mentira y de las tinieblas.

Bruce observa que unos veinte años después de que Juan escribiera esta epístola, el discípulo de Juan, Policarpo, que por ese entonces era obispo de la iglesia de Esmirna, envió una carta a los cristianos de Filipos y dijo:

“Porque todo aquel que no confiesa que Jesucristo ha venido en la carne es un anticristo”; y todo aquel que no confiese el testimonio de la cruz es del demonio: y cualquiera que pervierta a los oráculos del Señor para sus propios apetitos, y diga que no hay ni resurrección ni juicio—este hombre es el primogénito de Satanás.

El creyente ungido con el Espíritu Santo puede discernir la verdad del error, se opone a la herejía y rechaza los ataques de Satanás.

Versículo 27: En cuanto a vosotros, la unción que recibisteis de él permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero dado que su unción os enseña acerca de todas las cosas y que su unción es verdadera y no falsa—permaneced en él tal como ésta os ha enseñado.

Como es característico en él, Juan comienza y concluye sus pensamientos con las mismas palabras, a efectos de que el pasaje que va de los versículos 20 al 27 aparezca como una observación parentética.

  1. “Os escribo estas cosas”. Las palabras estas cosas se refieren a los versículos precedentes (vv. 21– 25), donde Juan escribe que los creyentes no son ignorantes sino que conocen la verdad, reconocen al Hijo y permanecen en él y en el Padre. Ellos deben tener bien en claro que hay personas que están tratando de extraviarlos del camino de la verdad de la Palabra de Dios. Deben oír las palabras que dijo Jesús “Estad atentos de que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: ‘Yo soy el Cristo’, y engañarán a muchos” (Mt. 24:4–5). Ellos no han sido engañados todavía, pero deben estar listos para presentar una batalla espiritual contra los engañadores, y a exponer sus mentiras.
  2. “La unción que recibisteis de él permanece en vosotros”. Una vez más, Juan habla directamente a los lectores cuando dice: “En cuanto a vosotros” (compárese con v. 24). Le está hablando a los creyentes, no a los engañadores. Por consiguiente, él demanda la atención total de sus lectores. Juan menciona “la unción”, un tema que ya ha dado a conocer anteriormente (v. 20). Parece querer dar a entender que los lectores recibieron el don del espíritu Santo, es decir, su unción (véase la explicación del v. 20), en el momento de su conversión. Esta es entonces una posesión que recibieron de Jesucristo y que permanece con ellos (2 Co. 1:21–22). Quien concede el Espíritu Santo puede ser el Padre o el Hijo. No obstante, el contexto, especialmente los versículos 25 y 28, apuntan más al Hijo y no tanto al Padre.
  3. “No necesitáis que nadie os enseñe”. Estas palabras nos hacen recordar la profecía de Jeremías: “Ya no enseñará el hombre a su prójimo, o un hombre a su hermano, diciendo: ‘Conoce al Señor, porque todos ellos me conocerán, desde el menor hasta el mayor’, declara el Señor” (Jer. 31:34; Heb. 8:11). ¿Estará dando a entender Juan que la unción con el Espíritu Santo hace superflua la instrucción acerca del conocimiento bíblico? ¡Por supuesto que no! En las palabras de la Gran Comisión, Jesús instruye a los apóstoles (y, por ende, a todos aquellos que proclaman la Palabra) a enseñar le a los discípulos todo lo que Jesús ha mandado (Mt. 28:20). La predicación eficaz de la Palabra, la enseñanza que se brinda en la escuela dominical o en la clase de catecismo y la lectura diaria de las Escrituras,—todas estas cosas son necesarias para el crecimiento espiritual del cristiano. ¿Pero qué está diciendo entonces Juan? Los creyentes no tienen entonces necesidad de engañadores que traten de enseñarles falsas doctrinas. Ellos ya tienen el don del Espíritu Santo que los lleva a toda verdad (Jn. 16:13).
  4. “Su unción nos enseña acerca de todas las cosas”. En otras palabras, el Espíritu de Cristo enseñará al creyente todas las cosas (Jn. 14:26) y lo guiará para que sepa distinguir entre la verdad y el error. Todos los creyentes reciben el Espíritu Santo y todos ellos están igualmente equipados para oponerse a aquellos maestros que proclaman la mentira en vez de la verdad.

Este texto enseña la igualdad fundamental de todos los creyentes. O sea que los creyentes no tienen que consultar con eruditos profesores de teología antes de poder aceptar la verdad de Dios; ante los ojos de Dios, los clérigos y los laicos son iguales. El Espíritu Santo es el maestro de cada creyente, sin distinción. Dentro del marco de la iglesia, los creyentes pueden aprender unos de otros a medida que cada uno es participante de la unción del Espíritu.

  1. “Permaneced en él, tal como ésta os ha enseñado”. Aparentemente la palabra esta se refiere a la unción y es equivalente a la frase la enseñanza del Espíritu en la siguiente traducción: “Obedeced entonces la enseñanza del Espíritu, y permaneced en unión con Cristo” (GNB). Si Cristo es el sujeto del verbo ha enseñado, la traducción entones es: “Tal como él os ha enseñado, entonces, permaneced en él” (NEB). Sin embargo la expresión tal como enfatiza el correspondiente “ya que” del principio de la oración. Dado que al principio el sujeto es “la unción” (el Espíritu Santo), no parece haber razón que obligue a cambiarla en la segunda parte.

El eje de la oración, sin embargo, está en las últimas tres palabras que constituyen un mandamiento de tener comunión con Cristo. La exhortación es directa: “Permaneced en él”. Si tenemos en cuenta la referencia de Juan al regreso de Cristo (v. 28), las palabras en él se relacionan con Jesucristo.

Consideraciones doctrinales acerca de 2:27

Un incontable número de personas obtiene el conocimiento de la salvación por medio de la lectura de las Escrituras. Guiados por el Espíritu Santo son llevados a Jesucristo y lo aceptan por la fe. Después de aceptar a Cristo como Salvador, son bautizados en el nombre del Trino Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sin embargo aun antes de su bautismo, cuando llegaron primeramente a la conversión, ellos ya habían experimentado la unción del Espíritu.

Por medio de Cristo Dios da su Espíritu Santo al creyente, pero el creyente a su vez debe permanecer en Cristo. La providencia divina tiene su contrapartida en la responsabilidad humana. Dios da su Espíritu para enseñarle al creyente todas las cosas necesarias para la salvación, pero Dios también espera que el cristiano permanezca en Cristo de tal modo que pueda mantener comunión constante con el Padre y el Hijo.

Texto: Joel 2:19.Responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, mosto y aceite, y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones. 

La respuesta de Dios es positiva, promete proveerles lo necesario para su subsistencia: seréis saciados. También extiende la promesa de protegerlos: Nunca más os entregaré como afrenta en medio de las naciones.

Amén, para la gloria de Dios

 

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.