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Semana del 5 al 11 de julio de 2021“Profundo Efectos En La Juventud De La Iglesia Por El Ejercicio Del Don De Enseñanza”

Semana del 5 al 11 de julio de 2021“Profundo Efectos En La Juventud De La Iglesia Por El Ejercicio Del Don De Enseñanza”

  Lectura bíblica: 2ª a Timoteo 2:1 y 2. Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. 

Definición: Es la habilidad sobrenatural de comunicar y aclarar los detalles de la Palabra de Dios, corregir y mostrar de mejor manera el Evangelio.

¿Qué es el don espiritual de la enseñanza?

   El don espiritual de la enseñanza es uno de los dones del Espíritu Santo (Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:28; Efesios 4:1-12). Es un don dado por el Espíritu Santo, permitiéndole a un creyente comunicar eficazmente las verdades de la Biblia a los demás. En muchos casos, pero no siempre, se usa en el contexto de la iglesia local. El don de la enseñanza implica el análisis y la proclamación de la Palabra de Dios, explicando el significado, el contexto y la aplicación a la vida del oyente. El que tiene el don de la enseñanza, es aquel que tiene la habilidad única para instruir y comunicar claramente el conocimiento, concretamente las doctrinas de la fe y las verdades de la Biblia.

   Dios dio dones espirituales para edificar su Iglesia. Pablo instruyó a la iglesia de Corinto que buscaran edificar y levantar la iglesia de Cristo, diciéndoles que, ya que estaban “anhelando” tener los dones espirituales, debían “procurar abundar en ellos para la edificación de la iglesia” (1 Corintios 14:12). Un don espiritual (charismata en el griego), es una habilidad sobrenatural dada por Dios para desarrollar un ministerio para la edificación del cuerpo de Cristo. Es dado gratuitamente por Dios y no puede ser ganado. Mientras que un don espiritual puede ser desarrollado, se requiere una habilidad sobrenatural para ejercitarlo. Uno de estos dones es la enseñanza.

   La palabra griega que se traduce como “enseñar” es didaskalos, que significa “instruir”. A lo largo de la Biblia vemos ejemplos de enseñanza. Jesús mismo fue el gran maestro, y Jesús mandó a Sus discípulos diciendo: “id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:19-20). Jesús les ordenó a sus discípulos que enseñaran a los nuevos discípulos todo lo que Él les había mandado, instruyéndolos tanto en la doctrina como en su caminar que agradara a Dios. Los ministros de Cristo no enseñan los mandamientos de hombres, o cualquier cosa o idea que sea de su propia autoría, sino solo lo que es ordenado por Cristo.

   Hay varios contextos en los cuales el don de la enseñanza puede ser utilizado: En clases de escuela dominical, institutos bíblicos, colegios, seminarios y estudios bíblicos en casas. El que tiene el don de la enseñanza puede enseñar tanto a individuos como a grupos. Una persona con el talento natural para enseñar, puede enseñar casi cualquier cosa, pero una persona con el don espiritual de la enseñanza, enseña el contenido de la Biblia. Él puede enseñar el mensaje de un libro como un libro completo o dividirlo en párrafos individuales o en versículos. Ningún nuevo material surge de una persona con el don de la enseñanza. El maestro simplemente explica o expone el sentido del texto de la Biblia.

   La enseñanza es un don sobrenatural del Espíritu Santo. Una persona sin este don puede entender la Biblia mientras la escucha o la lee, pero no la puede explicar como lo hace una persona que tiene el don. Aunque el don puede desarrollarse, el don espiritual de la enseñanza no es algo que se pueda aprender o adquirir, como con un grado universitario. Una persona con un doctorado, pero sin el don de la enseñanza, no podrá exponer la Biblia, a diferencia de alguien que no tenga un diplomado pero que tiene el don de la enseñanza.

   En Efesios 4:11-12, Pablo enumera los dones fundacionales para la edificación de la iglesia local. Los dones son dados para la edificación del cuerpo de Cristo. En el versículo 11, los maestros están ligados con los pastores. Esto no necesariamente indica un don, sino que pareciera implicar que el pastor también es un maestro. La palabra griega para pastor es poiemen que significa “pastor de ovejas”. Un pastor es uno que cuida de su gente, de la misma manera que un pastor de ovejas cuida su rebaño. Así como un pastor alimenta a su rebaño, el pastor tiene también la responsabilidad de enseñar a su pueblo el alimento espiritual de la Palabra de Dios.

   La Iglesia es edificada a través del uso del don de la enseñanza, mientras las personas escuchan la Palabra de Dios, lo que quiere decir y cómo aplicarla a sus propias vidas. Dios ha levantado a muchos con este don para levantar a la gente en su fe y permitirles crecer en toda sabiduría y conocimiento (2 Pedro 3:18).

   ¿Cómo pueden los cristianos saber si tienen el don de la enseñanza? Deberían empezar pidiéndole a Dios que les brinde oportunidades de enseñar una clase de escuela dominical o en un estudio bíblico, bajo la autoridad y la orientación de un maestro que tenga el don. Si ellos se dan cuenta que pueden explicar el significado de la Biblia y otros responden favorablemente, probablemente ellos tienen el don y deben pedirle a Dios por más oportunidades para usar y desarrollar su don.

    Prosiguiendo con la descripción de los dones espirituales, llegamos al don de enseñanza. En cuanto a su definición, el don de enseñanza es la habilidad dada por Dios a algunos creyentes, por medio del Espíritu Santo, por la cual estos creyentes tienen la habilidad de instruir, explicar y presentar las verdades bíblicas en tal forma que los demás creyentes entienden la Biblia y adquieren la verdad bíblica para su vida personal. Los creyentes que tienen el don de enseñanza, tienen una capacidad sobrenatural de entender lo que estudian de la palabra de Dios. Tienen además una habilidad extraordinaria para comunicar con claridad esas verdades bíblicas que han entendido, de modo que motivan a los creyentes a vivir en la práctica esas verdades. En cuanto a la explicación de este don, consideremos lo siguiente: La presencia del don de enseñanza en algunos creyentes resulta en la extensión de la palabra de Dios en el mundo. También debemos decir que existen riesgos para los creyentes que poseen este don. Santiago 3:1 dice sobre esto: “Hermanos míos no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación” Los creyentes que tienen el don de la enseñanza serán juzgados con mayor rigidez por cuanto ellos, a diferencia de los demás conocen más a fondo la verdad de las Escrituras. Además, ellos pueden causar mucho daño a otros creyentes cuando consciente o inconscientemente proclaman una doctrina errada. El don de la enseñanza, apunta a la madurez de los creyentes, ese fue el deseo del apóstol Pablo. Colosenses 1:28 dice: “a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” Pablo tenía el don de la enseñanza y su meta, a través del uso de este don era llevar a los creyentes a la perfección. Perfección en este caso significa madurez espiritual en Cristo. Los creyentes que tienen este don son propensos a enorgullecerse por la manifestación del don. Requiere de una dosis extra de humildad para no jactarse de lo mucho que saben y de la habilidad para comunicar lo que conocen. El orgullo se manifiesta muchas veces en un desprecio a otros creyentes por su incompetencia. Lo que normalmente no reconocen los que tiene el don de enseñanza es que no es un mérito de ellos esto de poder entender y exponer la palabra de Dios con claridad, sino que es algo que lo han recibido inmerecidamente y por tanto algo de lo cual no tienen por qué sentirse orgullosos. Veamos ahora algunos síntomas de los creyentes que tienen el don de enseñanza. Primero, comprenden a fondo la verdad bíblica y tienen una pasión por ampliar sus conocimientos de la Biblia. Segundo, tienen un especial interés por explicar a los demás lo que han aprendido de la Biblia. Normalmente no guardan las verdades bíblicas para ellos mismos, sino que de alguna manera las hacen públicas. Tercero, tienen una disciplina para emprender estudios sistemáticos de toda la Biblia. Cuarto, no escatiman esfuerzo alguno con tal de adquirir el mayor número de ayudas para su estudio bíblico, como diccionarios bíblicos, concordancias, comentarios bíblicos, etc. Quinto, son muy ordenados para exponer sus ideas. Su pensamiento es muy lógico. Eso contribuye a que su exposición de las verdades bíblicas sea extremadamente clara. Sexto, logra provocar cambios en las vidas de otros creyentes por medio de la exposición de la palabra de Dios. Si Ud. amigo oyente ve algunos de estos síntomas en su propia vida, es muy probable que Ud. tenga el don de la enseñanza. Si este fuera el caso, Ud. debería explotar su don para beneficio de sus hermanos en Cristo. Salgamos del don de enseñanza y vayamos a otro don de comunicación. Se trata del don de exhortación. El don de exhortación es la capacidad dada por Dios a algunos creyentes mediante el Espíritu Santo, por la cual estos creyentes pueden animar a otros a la acción en términos de la aplicación de verdades bíblicas o de amarlos a otros a practicar los principios bíblicos o de consolar a otros por la aplicación de las Escrituras a sus necesidades. A modo de explicación diremos que el don de exhortación es la capacidad de acercarse a una persona para ayudarla, y fortalecerla en sus debilidades. Los que tienen el don de exhortación tienen una especial disposición para consolar a los destrozados, confrontar a los que yerran y animar a los desanimados. La presencia de este don en los creyentes no se manifiesta por gritar o apuntar con el dedo a alguien o criticar, sino por el contrario, se manifiesta por experimentar compasión, verdadero interés y simpatía por los que momentáneamente se han desviado del camino correcto y como consecuencia están desconsolados o desanimados. Los creyentes con el don exhortación desempeñan un papel clave en el trabajo de dar consejo y dirección. Se dice con sobrada razón que los consejeros más efectivos son aquellos que han sido dotados por el Espíritu Santo con el don de exhortación. Pasemos ahora a ver los síntomas de los creyentes que tienen el don de exhortación. Primero, convicciones muy fuertes fundamentadas en la Biblia. Todos los creyentes debemos tener convicciones bíblicas muy fuertes, pero los que tienen el don de exhortación son extremistas en este sentido, algo loable, en este caso. Segundo, con bastante frecuencia se encuentran dando consejos a otros creyentes sobre cómo hacer las cosas bíblicamente. Son el típico creyente que aconseja sin importar que nadie le haya pedido consejo. Tercero, siempre tienen a flor de labios algo de la palabra de Dios para la necesidad de un creyente. Quizá Ud. se ha encontrado con creyentes que ni bien uno empieza a conversar con ellos, ya le están citando la Biblia sobre cualquier asunto. Es una de las manifestaciones del don de exhortación. Cuarto, los creyentes buscan a aquellos que tienen el don de exhortación para pedir consejo. Si Ud. se ve a Ud. mismo asediado por personas que le piden su opinión sobre cierto asunto o de buenas a primeras comparten con Ud. algún tema buscando su consejo, es muy probable que Ud. tenga el don de exhortación. Quinto, tiene una verdadera pasión por que los creyentes vivan vidas agradables a Dios y se desespera por corregir bíblicamente a algún creyente que se ha desviado del camino. Sexto, se ve rodeado de muchas personas, porque estiman mucho estar junto a alguien que inspira seguridad, espiritualidad y ánimo. Séptimo, siente un gusto especial cuando se sienta junto a alguien para compartir una verdad bíblica, en especial cuando esa verdad bíblica puede aplicarse a alguna situación práctica. Octavo, no le atrae tanto la teología de la Biblia, sino más bien aquello que puede aplicarse a alguna cosa práctica. De hecho, los que tienen el don de exhortación, casi desprecian a los que se fijan mucho en lo teológico. Par ellos es insensatos gastar tiempo en la teología habiendo tantos que necesitan cosas prácticas de la Biblia para sus vidas. Examine Ud. su vida amigo oyente, si Ud. nota que su vida está caracterizada por la presencia de estos síntomas, existe la gran probabilidad de que Ud. tenga el don de exhortación. Si este fuera el caso, agradezca al Señor por este don y a la brevedad posible empiece a usarlo para beneficio de otros creyentes. En el estudio bíblico de hoy, hemos hablado sobre el don de enseñanza y sobre el don de exhortación. Ambos dones buscan el crecimiento espiritual del creyente, por medio de conformar al creyente a la imagen de Cristo. Debemos estar agradecidos por creyentes que poseen estos dones, porque por medio de ellos, somos conducidos hacia la madurez espiritual.Final del formulario

   Comentario: 1, 2. Tú, pues, hijo mío, fortalécete en la gracia (que es) en Cristo Jesús; y las cosas que has oído de mí entre muchos testigos, estas cosas encomiendas a hombres confiables, tales que sean capaces de enseñar también a otros.

   Entonces, en vista de todo lo que se ha dicho en el capítulo 1—los ejemplos de fe y firmeza (Loida y Eunice, Pablo mismo, Onesíforo), el don del Espíritu Santo a Timoteo, la gran salvación que espera a quien persevera, el maravilloso llamamiento—que Timoteo se fortalezca (cf. 2 Ti. 1:6–8, 14; y en cuanto a la palabra misma, véase Hch. 9:22; 1 Ti. 1:12; 2 Ti. 4:17, y entonces Ro. 4:20; Ef. 6:10; Fil. 4:13) en esa gracia Cristocéntrica que, como se señaló, le había sido dada antes de los tiempos de la eternidad (véase comentario sobre 2 Ti. 1:9). La fortaleza de Timoteo en la esfera de la gracia crecerá si cultiva el don que la gracia le concedió. La exhortación nuevamente está expresada en un lenguaje de un tierno afecto como el de un padre con su hijo; nótese el énfasis: “, pues” y el llamamiento al corazón: “hijo mío” (véase comentario sobre 2 Ti. 1:2). Lo que el padre (espiritual, Pablo) quiere del hijo (Timoteo) se encuentra en los vv. 1–7. Lo que el padre espiritual, como ejemplo para el hijo, está haciendo, se describe en los vv. 8–10a. Lo que todos los creyentes debieran recordar constantemente con respecto al modo en que se recompensa la fidelidad a Cristo, y se castiga la infidelidad, se declara en forma muy clara en los vv. 10b–13, y ya está implícito en los vv. 4–6.

   Ahora bien, una forma segura de fortalecerse en la gracia es transmitir a otros las verdades que se han anidado en el corazón y que son guardadas en la memoria. En conformidad con esto, que Timoteo actúe como maestro. Aún más, que produzca maestros. Timoteo necesita esta experiencia, y lo que es mucho más importante, la iglesia necesita maestros. Pablo está a punto de partir de esta vida. Por largo tiempo ha llevado la antorcha del evangelio. De aquí que ahora la entrega a Timoteo, quien, a su vez, debe pasarla a los demás. El depósito que fue confiado a Timoteo (1 Ti. 6:20; 2 Ti. 1:14) debe ser depositado en manos de hombres dignos de confianza. Además, deben ser hombres que sean aptos para enseñar a otros (cf. 1 Ti. 3:2), de modo que estos otros también, como su maestro, estén instruidos en la verdad redentora de Dios.

   Esta verdad redentora o evangelio de salvación, que Timoteo debe transmitir, aquí se describe como “las cosas que has oído de mí entre muchos testigos”. Esta expresión indudablemente se refiere a toda la serie de sermones y lecciones que el discípulo había oído de la boca de su maestro durante el tiempo que estuvo asociado con él desde el día en que por vez primera se encontraron.

   Muchos habían sido los testigos de esta predicación y enseñanza. Que Timoteo recuerde que el mensaje que ha oído de boca de Pablo le ha sido entregado entre o en medio de muchos testigos o personas que estaban siempre dispuestas a apoyar el testimonio del apóstol.

1er Titulo: La Juventud se mantiene en el camino siguiendo la verdadera revelación del evangelio. (Los Hechos 18:24 al 26. Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.

   Comentario: Los Hechos 18: [24]. Un cierto judío llamado Apolos, natural de Alejandría y muy instruido, llegó a Éfeso. Era experto en las Escrituras. [25]. Apolos había sido instruido en el camino del Señor, y con ardiente celo en su espíritu hablaba y enseñaba correctamente las cosas acerca de Jesús. Sólo conocía el bautismo de Juan. [26]. Apolos empezó a hablar abiertamente en la sinagoga. Cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo tomaron aparte y le explicaron mejor el camino de Dios.

   Notemos las siguientes características de Apolos:

▬ a. Educado. Un judío de la ciudad egipcia de Alejandría vino a sus compatriotas en Éfeso. Los estudiosos estiman que alrededor de un millón de judíos vivían en Egipto, donde hablaban la lengua griega. En Alejandría, el Antiguo Testamento había sido traducido del hebreo al griego en un esfuerzo por ayudar a los judíos de habla griega a entender las Escrituras. Los judíos habían construido una enorme sinagoga, la cual “era tan grande que el sacristán tenía que pararse sobre una plataforma en el medio para hacer señas con una bandera para que los que estaban atrás supieran cuando tenían que unirse a los demás en los amenes”. Alejandría era la segunda ciudad en rango en el imperio romano y tenía la distinción de ser un centro de sabiduría. Aquí los estudiantes judíos recibían una acabada educación.

   El nombre de este judío alejandrino era Apolos, el que es una forma abreviada del nombre común Apolonio (2 Mac. 3:5–7; 4:21; 5:24; 12:2). Apolos era un hombre educado que había asistido a las escuelas judía y griega de Alejandría y conocía la literatura de ambas culturas. Lucas especifica que “era experto en las Escrituras”. Es decir, era un experto en la lectura e interpretación de los escritos del Antiguo Testamento. En resumen, era un hombre inteligente y capaz, como ambos Lucas y Pablo lo dejan establecido en los Hechos y en las epístolas.

▬ b. Elocuente. “Apolos había sido instruido en el camino del Señor”. Entre los peregrinos en Pentecostés había judíos de Egipto (2:10) que volvieron a su patria con el evangelio que Pedro había proclamado. Debido a lo conciso de los escritos de Lucas no podemos decir si Apolos recibió el evangelio por medio de uno de estos peregrinos o por otras personas. Sin embargo, el Texto occidental tiene el interesante agregado y cambio (en letra bastardilla) que “Apolos había sido instruido en su propio país en la palabra del Señor”. Si esto es correcto, tendríamos aquí la indicación más temprana de que el evangelio llegó a Egipto durante las dos primeras décadas de su existencia. Para ser preciso, el tiempo perfecto del participio instruido sugiere que la enseñanza que Apolos recibió había ocurrido en el pasado, pero tenía un efecto perdurable.

   Luego, las frases el camino del Señor y la palabra del Señor significan la misma cosa (véase también v. 26; 9:2). Apolos ha llegado a conocer la enseñanza del Camino. Con un deseo ardiente en su corazón, hablaba elocuentemente acerca de Jesús. Era ferviente en espíritu (c.f. Ro. 12:11). Todo lo que sabía acerca del Mesías, seguía enseñándolo fielmente. La desventaja era que “él sólo había conocido el bautismo de Juan”. Juan había proclamado un bautismo de arrepentimiento, no un bautismo de fe en Cristo Jesús. Aunque Apolos articulaba con fidelidad los hechos acerca de Jesús (su nacimiento, ministerio, muerte y resurrección), no conocía la obra del Espíritu Santo, el progreso del reino de Dios, y el camino de Dios. En resumen, a través de la enseñanza oral, Apolos había aprendido el contenido del evangelio. Pero no había aprendido de su importancia y aplicación.

▬ c. Dócil. “Apolos empezó a hablar abiertamente en la sinagoga”. Los judíos en Éfeso no habían rechazado la enseñanza del evangelio. Le habían pedido a Pablo que pasara más tiempo con ellos (v. 20), dieron la bienvenida a Priscila y a Aquila (v. 19), e invitaron a Apolos a predicar a Jesús. Como no se había desarrollado una acción opositora al cristianismo, Apolos pudo hablar abiertamente y sin ningún tipo de impedimento.

   Entre los adoradores en la sinagoga de Éfeso estaban Priscila y Aquila. Cuando ellos escucharon a Apolos, se dieron cuenta de la deficiencia que tenía en la presentación del evangelio. Por lo tanto, lo invitaron a venir a su casa para instruirle mejor en la fe cristiana.

   “Ellos lo tomaron aparte y le explicaron mejor el camino de Dios”. Nótese, primero, que el nombre de Priscila precede al de su esposo, Aquila. Ella y su esposo enseñaron al educado orador Apolos “el camino de Dios”, una forma para decir “el evangelio cristiano y su aplicación”. Nos imaginamos que Priscila y Aquila mostraron a Apolos la significancia de la obra de Dios que siguió a la resurrección y ascensión de Jesucristo. Luego, Apolos mostró una notable circunspección cuando aceptó ir a la casa de unos fabricantes de tiendas y recibir instrucción no sólo de un humilde artesano sino además de una mujer. Apolos era un entendido en las Escrituras del Antiguo Testamento, pero carecía de conocimiento respecto del “camino de Dios”. Por eso, Priscila y Aquila enseñaron a este gran predicador a enseñar más correctamente las cosas relacionadas con Jesús.

   El texto nada dice acerca de que Apolos recibiera el don del Espíritu Santo y el bautismo cristiano. “Si él había recibido el bautismo de Juan antes de Pentecostés, su bautismo, como el de los Doce, sería aceptado como válido”. El pasaje da a entender que de Priscila y Aquila Apolos aprendió la importancia del bautismo cristiano: el perdón de pecados a través de la sangre de Cristo y la renovación de vida a través del poder del Espíritu Santo. Debido a la brevedad del relato de Lucas, siempre quedan algunas preguntas sin contestar relacionadas con este pasaje.

2° Titulo: La Juventud se nutre con alimento celestial, sano y nutritivo (2ª a Timoteo 1:13 y 14. Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. ▬ 1ª de Pedro 2:1 y 2. Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, 
2 desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,).

    Comentario 1: 2ª a Timoteo 1:13 y 14 [13]. Pablo ha estado hablando de sí mismo y de su fiel Señor quien va a recompensarlo en el Día de los días. Entonces, que Timoteo imite a Pablo. Que complete los detalles en el boceto que Pablo ha trazado. Así, en el tercer párrafo (vv. 13, 14) de esta sección (vv. 8–14), el autor vuelve nuevamente a la cuestión del deber de Timoteo. Dice Pablo: En cuanto al patrón de las sanas palabras retén las que has oí do de mí (y haz esto) en (el espíritu de) fe y amor (que están centrados) en Cristo Jesús.

   De la manera que un artista tiene su boceto (véase comentario sobre 1 Ti. 1:16), así Timoteo también tiene un patrón por el cual guiarse. Este boceto, modelo o forma consistía de las palabras que había oído de Pablo. Que él se sujete a éstas usándolas siempre como ejemplo, sin apartarse jamás de ellas. Esto es importante, porque la enseñanza de Pablo estaba formada por palabras sanas. Nótese el énfasis sobre la enseñanza de Pablo (en contraste con la de los seguidores del error en Éfeso): literalmente, “que de mí has oído”. Y es exactamente la necesidad de permanecer sano y de transmitir sana doctrina lo que se enfatiza a través de la epístola y hasta cierto punto, en todas las Pastorales (cf. 1 Ti. 1:10; 6:3; 2 Ti. 4:3; Tit. 1:9, 13; 2:1, 2, 8). El lema que actualmente es tan popular: “No importa lo que crees, basta con que seas sincero en lo que crees”, lo contradicen de plano las Pastorales. Sin embargo, el espíritu en que uno se aferra de la verdad y la pasa a otros, sí que importa. Por eso el apóstol añade: “(Haz esto) en fe y amor (que están centrados) en Cristo Jesús”. La fe en Dios y en su revelación redentora, el amor a él y a los hermanos es el espíritu en que Timoteo debe aferrarse a la verdadera doctrina. Es evidente por sí mismo que éstos están centrados “en Cristo Jesús”. Sin sus méritos, su Espíritu y su ejemplo, no puede haber fe ni amor.

   [14]. Paralelo con el pensamiento ya expresado es el contenido en el v. 14: Esa cosa preciosa que te fue encargada, guárdala por el Espíritu Santo que habita en nosotros.

   El “precioso depósito” es, por supuesto, el evangelio tomado en su sentido más amplio (véase comentario sobre 1 Ti. 6:20). Consiste de “las sanas palabras” que Timoteo ha oído de Pablo (véase el v. precedente). Es precioso o excelente porque pertenece a Dios y resulta en su gloria por la salvación de los que la aceptan por gracia soberana (véase vv. 8–10 arriba). Una vez más (como en 1 Ti. 6:20) se exhorta a Timoteo que de una vez por todas guarde este depósito. Debe defenderlo contra todo ataque y no permitir jamás que sea cambiado o modificado aun en la forma más ligera.

   Pero, puesto que el enemigo es fuerte y Timoteo es débil, en una forma muy sabia Pablo añade el pensamiento de que esta acción de guardar no se puede hacer sino “por el Espíritu Santo que habita en nosotros”, esto es, dentro de Pablo, de Timoteo y de todos los creyentes (Ro. 8:11).

    Entonces, Timoteo debe retener el puro evangelio, la sana doctrina, como Pablo siempre lo ha hecho.

   Comentario 2: 1ª de Pedro 2.1 y 2:  Pedro llega a las exhortaciones finales acerca del tema de la santidad—un tema que introduce y explica en el capítulo anterior (1:13–25). El anima a los lectores a sacarse de encima las actitudes negativas y los insta a expresar su necesidad de alimento espiritual, para que puedan madurar en la fe y en el conocimiento.

   [1]. Por lo tanto, líbrense de toda malicia y de todo engaño, de hipocresía, de envidias y de toda calumnia.

   La primera parte de esta oración es “por lo tanto”. En base a lo que Pedro dijo en la sección final del capítulo que antecede (1:22–25), llega ahora a una conclusión: a saber, que los renacidos hijos de Dios deben exhibir su nueva vida en su conducta diaria.

   Cuando alguien nace de nuevo (1:23), esperamos ver la evidencia de ello en su conducta personal. De hecho, anticipamos un comportamiento que sea peculiarmente cristiano.

   ¿De qué modo han de vivir los destinatarios la vida cristiana? Pedro brinda su instrucción: “Líbrense de toda malicia”. En el griego, utiliza un verbo que conlleva la imagen de quitarse las ropas, ya que dice: Líbrense de toda malicia”. (Pablo utiliza la misma metáfora: Despojaos del viejo hombre” [Ef. 4:22 VRV; véase también Col. 3:9]). Hablando en sentido figurado, Pedro les dice a sus lectores que deben quitarse la vestimenta de la malicia, del engaño, de la hipocresía, de las envidias y de la calumnia.

▬ a. “Toda malicia”. Esta es la primera maldad que se menciona en el catálogo de pecados. Nótese que la palabra toda abarca todo y no da lugar a excepciones. En su lista de pecados Pedro escribe el término todalo tres veces. La palabra malicia significa aquella mala voluntad que se origina en nuestra naturaleza pecaminosa. Si permitimos que este mal se exprese en nuestras relaciones con los demás, el amor por nuestro prójimo desaparece. En suma, la malicia es el deseo de causar dolor, daño o agravio a nuestro prójimo.

▬ b. “Todo engaño”. Una vez más Pedro utiliza el adjetivo todo para incluir todo lo que sea engañoso. Hace alusión a cierto número de acciones abarcadas por la frase todo engaño: la falsedad, la astucia, la seducción, la difamación y la traición. El significado del concepto engaño se manifiesta, por ejemplo, en la descripción que Pablo hace del mago Elimas de la Isla de Chipre. Pablo lo llama “hijo del diablo y enemigo de toda justicia”. Luego añade: “Tú estás lleno de engaño y de maldad” (Hch. 13:10). El engaño toma la apariencia de la verdad para atrapar al incauto. Por consiguiente, el engaño y la hipocresía son mellizos: por el engaño una persona es extraviada, y por la hipocresía es engañada.

▬c. “Hipocresía, envidias”. Estas dos palabras aparecen en plural en el griego original. La persona hipócrita finge ser lo que no es, es una persona con doble corazón y con lengua mentirosa. Por ejemplo, Jesús reprendió a los fariseos y maestros de la ley por su hipocresía cuando les dijo: “¡Hipócritas! Bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: ‘Este pueblo de labios me honra más su corazón está lejos de mí’” (Mt. 15:7–8; Is. 29:13). La envidia es una actitud que se expresa en el deseo de poseer lo que pertenece a otro. La envidia frecuentemente lleva al rencor.

▬ d. “Y de toda calumnia. Aunque la NVI no lo indique, el griego pone las palabras calumnia y toda (es decir, todas) en plural y dice literalmente: “Y todas las detracciones” (VRV). También por tercera vez en este catálogo de vicios, Pedro utiliza el adjetivo todo. El da a entender que la lengua es un instrumento presto y predispuesto a hablar a espaldas de nuestro prójimo (cf. Ro. 1:30; 2 Cor. 12:20; Stg. 4:11). La calumnia se manifiesta de numerosas maneras y el abuso de la lengua da ímpetu a otros pecados. Pedro no les dice a sus lectores que deben luchar contra estos males, sino que deben dejarlos de lado como un traje y eliminarlas. Nos quitamos nuestra vieja naturaleza y disfrutamos de nuestra nueva vida en Cristo cuando anhelamos el alimento espiritual y crecemos en nuestra salvación.

   [2]. Como niños recién nacidos, deseen con ansia la leche espiritual pura, para que por ella crezcan en su salvación, 3. ahora que han probado lo bueno que es el Señor.

▬ a. “Como niños recién nacidos”. ¿Está Pedro queriendo insinuar que los lectores son conversos de reciente data? No necesariamente. Es posible que él utilice la frase como niños recién nacidos de modo figurado, para transmitir a los lectores de su carta la imagen mental de niños que buscan alimento. Los padres bien saben cómo los recién nacidos expresan vocal y ardientemente su deseo de ser alimentados regularmente. Es más, los bebés recién nacidos actúan como si toda su vida dependiera de su próximo alimento. Del mismo modo, los creyentes deben demostrar su anhelo por la Palabra de Dios. Pedro alienta a sus lectores a desear la leche de la Palabra de Dios. No los reprende (véase, p.ej. 1 Cor. 3:2; Heb. 5:12–13), sino que quiere que ellos apetezcan alimento espiritual.

▬ b. “Deseen con ansia la leche espiritual pura”. El verbo griego que traducimos desear debe ser entendido de modo favorable, y no desfavorable. Por ejemplo, Pablo utiliza este verbo de modo aprobatorio cuando expresa su deseo o apetencia de ver a los creyentes a quienes escribe sus epístolas. Del mismo modo, Pedro exhorta a los lectores a que apetezcan alimento espiritual, así como los recién nacidos anhelan la leche a la hora de comer.

   Pedro califica la palabra leche con los adjetivos pura y espiritual. No toca el tema de que los lectores recibirán eventualmente el alimento sólido cuando maduren, sino que se limita a decir que su alimentación es pura y espiritual. Este es el único lugar de todo el Nuevo Testamento en que aparece el adjetivo griego puro. Denota una ausencia de fraude y engaño (véase Jn. 1:47). El término espiritual en este contexto apunta a la Palabra de Dios. Cabe notar que en 1:23, Pedro les dice a los lectores que han nacido de nuevo por medio de la Palabra de Dios (véase también 1:25). En el griego, el término que traducimos como “espiritual” proviene de la misma raíz que el vocablo palabra. El hecho de que este término en particular aparezca solamente una vez más en el Nuevo Testamento (Ro. 12:1, donde Pablo habla del culto espiritual) hace que sea difícil de traducir. En español carecemos de derivativos, por lo cual aportamos la lectura espiritual. Nos apoyamos para ellos en el contexto, que indica claramente que Pedro tiene en mente la Palabra de Dios. El alimento espiritual que los creyentes consumen les viene verbalmente por medio de la Palabra de Dios.

c. “Para que por ella crezcan en su salvación”. El verbo principal de esta cláusula es “crecer”. El resultado de consumir la leche de la Palabra de Dios debe ser el crecimiento espiritual de los creyentes. Así como una madre constantemente busca evidencias de crecimiento en su niño, del mismo modo Dios quiere ver un continuo crecimiento espiritual en sus hijos. El verbo crecer se refiere literalmente al crecimiento físico de los niños. Es interesante notar que Pedro no establece división entre niños y adultos, entre leche y comida sólida. Indica, en cambio, que todos los creyentes continúan siendo recién nacidos cuya dieta constante es la leche de la Palabra de Dios.

   Una vez más Pedro introduce el concepto de la salvación. De hecho, notamos un paralelo entre el primer capítulo, en el cual el escritor enseña que experimentamos un nuevo nacimiento que lleva a la salvación (véase 1:3, 5, 9), y el segundo capítulo, en el que dice que crecemos en nuestra salvación (2:2).

▬ d. “Ahora que han probado lo bueno que es el Señor”. Aunque la mayoría de las traducciones no indican que este versículo se parece al Salmo 34:8, la semejanza es clara. David dice: “Gustad, y ved que es bueno Jehová”.

   Subrayamos tres puntos. En primer lugar, notamos que Pedro indica que hace un tiempo que los lectores inicialmente conocieron la Palabra de Dios. La han probado y Pedro ahora quiere que continúen recibiendo el alimento de dicha Palabra. Los alienta a “desear con ansia la leche espiritual pura” con la intensidad con que lo hacen los recién nacidos que demandan leche nutritiva. Una vez que los recién nacidos han gustado del alimento, no dejan de apetecerlo hasta quedar satisfechos. Del mismo modo los creyentes, habiendo probado una vez de la Palabra de Dios, deben desearla hasta quedar satisfechos.

   El segundo punto es que la palabra Señor en la Epístola de Pedro apunta a Jesús, aunque en el Salmo (Sal. 34:8) tenga que ver con el Señor Dios de Israel. Pedro enseña indirectamente la divinidad de Jesús al colocarlo en el mismo nivel que Dios.

   Y el tercer punto es la palabra bueno. Esta palabra griega también se traduce “amable” y sirve como sinónimo de “bondadoso”.124 Pedro quiere decir que cuando el creyente lee la Biblia, se encuentra con su Dios personal en Jesucristo, quien le concede numerosas bendiciones. Es así, entonces, que el hijo de Dios exclama gozosamente que el Señor es bueno y bondadoso.

Consideraciones prácticas en 2:2

   ¿Tiene usted en su hogar un culto familiar? Usted quisiera decir que sí, pero la verdad es que la respuesta es no. Hay demasiados conflictos e interrupciones para un culto familiar regular. Usted lo ha intentado, pero no puede reunir a toda la familia. Hasta puede ser que ya haya abandonado la idea. Sin embargo, hay momentos en que toda la familia está reunida.

   La hora de la comida es el tiempo de la familia y el tiempo de la familia debe incluir también la oración y la lectura bíblica. La familia cristiana que se reúne para comer, lo hace no sólo para disfrutar de la compañía mutua, sino también para expresar agradecimiento a Dios y leer su Palabra. Las familias deben esperar con ansia la hora de la comida y hacer que sea también devocional. Necesitamos alimento espiritual tanto como cualquier otro alimento, y con la misma regularidad.

   El culto familiar debe incluir a cada miembro de la familia, y cada miembro de la familia debe ser instado a participar. Debiéramos dejar que los niños lean algunos de los versículos de la Biblia, pedirles que presenten sus pedidos de oración a Dios y enseñarles la costumbre de leer regularmente la Palabra de Dios. El culto familiar llevado a cabo con regularidad bendice a todos los miembros de la familia, especialmente si cada uno de ellos participa. Además, el hogar es el campo de entrenamiento para la vida, porque es en el círculo familiar donde se establecen patrones de conducta para toda la vida.

    Los cultos familiares son ejercicios para la práctica de la santidad, porque por medio de la oración y de la lectura de la Biblia entramos ante la santidad de Dios. De allí que el culto familiar nunca deba ser apresurado, o conducido descuidadamente, o pasado por alto completamente. Dios quiere que vayamos a Él con regularidad y reverencia. Así como comemos regularmente, también así leemos las Escrituras y oramos regularmente. Vale la pena repetir el viejo dicho: “La familia que ora unida, permanece unida”. Para concluir, entendemos que Dios quiere que sus hijos crezcan espiritualmente en la gracia y en el conocimiento de Jesucristo (2 P. 3:18).

3er Titulo: La juventud recibe un mas perfecto entendimiento de los altos y sublimes caminos de Dios. (Josué 22:5. Solamente que con diligencia cuidéis de cumplir el mandamiento y la ley que Moisés siervo de Jehová os ordenó: que améis a Jehová vuestro Dios, y andéis en todos sus caminos; que guardéis sus mandamientos, y le sigáis a él, y le sirváis de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma. ▬ Romanos 11:33. ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!).

    Comentario 1: Josué 22:5. El relato de la posesión de Canaán está tocando a su fin. En estos versículos encontramos la despedida de los hombres pertenecientes a las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés, quienes habían colaborado con sus hermanos en la toma de Canaán. Ahora han cumplido.

   El punto de llegada es el descanso que han obtenido las demás tribus de Israel. La shalom 7965 (v. 9) de Jehovah ha llegado a ser una realidad gracias en parte a la solidaria participación de quienes ya tenían resuelto su problema de tierra al lado oriental del Jordán.

   Josué destaca su actitud (v. 3), lo cual se convierte en este momento en un justo reconocimiento de su constancia y fidelidad a Dios. Además, subraya cómo Jehovah cumplió las promesas de poseer la tierra y obtener el reposo. Por lo tanto, ahora ellos también se hacen merecedores de disfrutar del suyo en la tierra que ya se les había otorgado por parte de Moisés.

   Ellos regresan (vv. 2, 3), luego de demostrar su obediencia y fidelidad a Dios, además de su solidaridad con las necesidades de sus hermanos que aún no habían poseído la tierra prometida.

   Es importante tener esto en cuenta al analizar el contraste que se va a dar en la segunda parte de este capítulo donde los israelitas dudan de la fidelidad de estas tribus a Jehovah.

   Es probable que esta tropa de rubenitas, gaditas y la media tribu de Manasés hubiera tenido contacto con sus familiares en forma eventual, pero no era lo mismo que poder regresar para establecerse de manera definitiva entre sus familias que harto los necesitaban. Se calcula que este contingente de hombres que siempre iban a la vanguardia del ejército de Israel en la posesión estaba compuesto de unos 40.000 hombres.

Josué los exhorta ahora a que vivan de manera piadosa (v. 5) en sus tribus. Seguramente es un consejo pertinente para aquellos que tal vez se podían acostumbrar a las ventajas de la guerra y a la posibilidad de ensanchar sus tierras por la codicia que ésta despierta. Hay un énfasis en no olvidar para qué han venido a esta tierra: Son un pueblo nuevo, una sociedad nueva, una alternativa a las sociedades que predominaban en Canaán y las cuales, en la conquista, Israel había destruido mayormente.

   Josué despide largamente a la media tribu de Manasés, que quizá tendría dificultad para regresar porque dejaba a este lado del Jordán a sus hermanos de tribu. Además, Josué tenía vínculos estrechos con esta tribu lo cual puede explicar también la especial bendición que les otorga (vv. 7b, 8). Josué los devuelve a donde sus familias con una recompensa material de suma valía (v. 8). Él les entregó riquezas, mucho ganado, plata, oro, bronce y muchos vestidos fruto del botín de guerra adquirido durante este período.

   Comentario 2: Esta doxología es tanto más notable cuando la contrastamos con “la gran pena” que Pablo expresa al comienzo de esta larga sección (véase 9:1s).

  1. ¡Oh, la profundidad de las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de dios!

¡Cuán inescrutable sus juicios,

he inexplorables sus caminos!

    Cuando Pablo reflexiona sobre los asuntos mencionados en relación con (a), (b) y (c) de más arriba— probablemente en especial sobre (b)—su alma, llena de admiración, adoración y temor, se expresa en una exclamación, que hasta puede llamarse cántico de alabanza a Dios. Él se ha dado cuenta de las profundidades oceánicas (cf. 1 Co. 2:10) de riquezas (cf. Ro. 2:4; 9:23; 10:12) que no pueden ser sondeadas, riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios.

   La sabiduría de Dios es su habilidad para escoger los mejores medios para el logro de la meta más alta. Uno podría llamarla la eficiencia divina que se ve en todas sus obras. El término conocimiento, aplicado a Dios, en el caso presente (vinculado con la sabiduría), no debe entenderse en el sentido de su eterno deleite, significado que a veces tiene esta palabra, sino más bien como su perspicacia sobre la esencia misma de las cosas, la gente, las ideas, etc.: su omnisciencia.

    El apóstol añade: “¡Cuán inescrutables sus juicios!”; es decir, sus decisiones soberanas, sus decretos, sus disposiciones. En el presente contexto la referencia apunta especialmente a aquellos juicios que se revelan en el plan divino de la salvación y en la realización de su plan. El agregado “e inexplorables sus caminos” probablemente quiera decir: “y cuán imposible es seguir o rastrear los medios que Dios usa para poner en función sus decisiones”.

34, 35. Porque, ¿Quién ha conocido la mente del Señor,

o quién ha sido su consejero?

¿O quien ha dado alguna vez (algo) a Dios,

que Dios tuviera que devolvérselo?

    Alzando todavía su corazón a Dios en alabanza, Pablo hace tres preguntas. La primera es: “Porque, ¿Quién ha conocido la mente del Señor?”

   Esta pregunta ha sido tomada, casi sin cambio, de la LXX de Is. 40:13. Se la cita también en 1 Co. 2:16. Hace que uno recuerde inmediatamente Is. 55:8: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni son vuestros caminos mis caminos”.

   Últimamente se sabe cada vez más sobre los misterios del cerebro humano. Los verdaderos hombres de ciencia, considerando estos nuevos descubrimientos, están comenzando a decir: “¡Cuán grande es Dios!” Pero lo cierto es que, si Dios es maravilloso e incomprensible en la obra de la creación, ¿no es él al menos igualmente asombroso en su obra de redención? ¿Quién, en efecto, ha podido, aunque sea en pequeña medida, sondear realmente la mente de Dios?

    La segunda pregunta es: “¿O quién ha sido su consejero?”

    Esta pregunta también es una cita tomada de Is. 40:13.

    Todos hemos conocido personas a las que con razón consideramos sabias y conocedoras; pero no siempre han sido sabias. Hubo un tiempo en que carecían de sabiduría y de conocimiento. Entonces, ¿Cómo obtuvieron estas

cualidades? Al menos hasta cierto punto, haciendo buen uso de los consejos e informaciones recibidas de sus padres, maestros y amigos.

   ¡Pero Dios nunca tuvo, ni necesitó, un consejero a quien pudiera o tuviera que pedir ayuda!

   La tercera pregunta es: “¿O quién ha dado alguna vez (algo) a Dios, que Dios tuviera que devolvérselo?” En otras palabras: “¿Quién ha puesto alguna vez a Dios en deuda con él?” En su esencia esta pregunta está tomada de Job 41:11 (del hebreo original).

   ¿Como? ¿Dios en deuda con nosotros? Imposible. En realidad, nuestro endeudamiento con él es tan grande que nuestros corazones se estremecen cada vez que consideramos lo que él ha hecho, hace y hará por nosotros. Una respuesta adecuada a Dios es simplemente algo imposible. Es por eso que comenzamos a contestarle con oraciones de acción de gracia o de gozosa exclamación. Repetimos las palabras que Pablo ha dejado registradas aquí en Ro. 11:35, o en 2 Co. 8:9; o en 2 Co. 9:15. O, conmovidos hasta lo más profundo de nuestro ser, cantamos las palabras

¡Oh! nunca, nunca cesará mi labio

de bendecirte, de cantar tu gloria;

porque conservo de tu amor inmenso

grata memoria.

Ultima estrofa del himno

“Nunca, Dios mío”.

    O, con emoción de asombro similar, buscamos aquel antiguo himno Load al Gran Rey.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

 


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.