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Semana del 4 al 10 de noviembre de 2019: “Señales de la Segunda Venida de Cristo”. (Parte I).

Semana del 4 al 10 de noviembre de 2019: “Señales de la Segunda Venida de Cristo”. (Parte I).

Lectura bíblica: 1ª a los Tesalonicenses 5:1 al 11. Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá, así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él. Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.

   Comentario: (Estudios De Doctrina Cristiana Dr. George Pardington, Pagina 251)

  1. LAS SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

1) Los postreros días serán tiempos peligrosos. 1ª Ti. 3:1.

  1. a) En el orden físico –por las pestilencias. terremotos, hambres, etc. Véase Mt. 25.
  2. b) En el orden social –anarquía, comunismo, libertinaje. (actualidad de hoy en Chile).
  3. c) En el orden nacional –guerras y rumores de guerras.
  4. d) En el orden religioso espíritus de error y doctrinas de demonios, 1ª Ti. 4:1.

2) Habrá una apostasía en la Iglesia, 2ª Ts. 2:3.

3) Falsificaciones satánicas serán muy difundidas espiritismo, «Ciencia Cristianan, etc., 1ª Ti. 4:1.

4) El Evangelio será predicado en todo el mundo. Mt. 24:14.

   No dice que toda la gente será convertida. ni que todos oirán el Evangelio, pero el testimonio será proclamado por todas partes.

5) Gran aumento de conocimiento y ciencia, y grandes facilidades para viajar. Dn. 12:4.

6) Multiplicación de las riquezas. Stg. 5:1, 8.

7) Israel será revivificado como nación, Ez. 36:37; Hch. 15:16; Mr. 11:13, 14, 28. A

  Todas éstas son señales generales, y han sido suficientemente cumplidas para que confiadamente podamos esperar al Señor en cualquier momento.

  NOTA. – El Señor Jesús nos amonesta, diciendo que no estamos en tinieblas para que aquel día nos alcance como un ladrón; pero debemos tener gran cuidado en no señalar hora y din de su venida.

  Hay muchas profecías referentes a la segunda venida de Cristo en gloria. que es el segundo acontecimiento futuro. Las indicaciones que tenemos aún hoy día de su próximo cumplimiento, son evidencias que el primer acontecimiento, el arrebatamiento, está aún más cerca.

   Comentario del contexto Bíblico, versíc. a versíc.: 5:1 Mas acerca de los tiempos (su duración) y las sazones apropiadas, hermanos, no tenéis necesidad de que nada se os escriba.

   La relación entre este párrafo y el resto ha sido previamente señalada (véase sobre 4:13). El problema de si Pablo se halla aquí respondiendo a una pregunta recibida por escrito ya ha sido discutido (véase nota 4 en la introducción).

   Parecería que además de la preocupación con respecto a una posible desventaja que sufrirían los creyentes que al regreso de Cristo ya habían partido (4:13–18), existía también curiosidad en cuanto al tiempo exacto en que este gran evento tendría lugar. ¿“Hasta cuando” tendrían que esperar todavía los lectores? ¿“¿Exactamente, en qué tiempo” regresaría el Señor? Era para ellos un problema de tiempos o duración de tiempos (χρόνοι) y sazones apropiadas (καιροί). Véase también C.N.T. sobre Juan 7:6, y véase también sobre Tito 1:2, 3.

   Es con obvia referencia a:

(a). lo que el Señor expresó en el instante antes de ascender al cielo (“No toca a vosotros saber los tiempos y las sazones”, Hch. 1:7);

(b). la verdad, también claramente revelada por el Señor, de que ningún hombre sabe el día ni la hora de la venida del Hijo del hombre (Mt. 24:36), la que será, en consecuencia, como ladrón en la noche (cf. Mt. 24:43); y

(c). el hecho de que estos acontecimientos habían sido aclarados previamente a los lectores, que Pablo les declara—cariñosamente dirigiéndose a ellos como “hermanos” (véase sobre 1:4)—  “No tenéis necesidad de que nada se os escriba”. Cf. 4:9.

  1. Porque, dice Pablo, vosotros mismos sabéis muy bien que el día del Señor viene como ladrón en la noche.

   El ladrón toma al dueño de casa por sorpresa. No le envía una carta de advertencia al respecto diciendo, “Mañana a tal y tal hora iré a visitarle. Esconda bien sus objetos de valor”. Se presenta en forma repentina e inesperada. Así será también la venida del día del Señor (esto es, el día de su llegada para juicio). Por lo tanto, es absurdo estar investigando cuanto tiempo falta y cuando será.

   Sin embargo, esta comparación es válida también en cuanto a otro aspecto que se le relaciona estrechamente: el ladrón halla generalmente a sus víctimas desapercibidas. Pero en este caso la comparación tiene aplicación solamente con respecto a los no creyentes y no en relación a los creyentes (véase sobre versículo 4). Varios pasajes nos vienen de inmediato a la mente: Mt. 24:43 (=Lc. 12:39); 2 P. 3:10; Ap. 3:3; 16:15.

   Estos asuntos habían sido enseñados claramente a los tesalonicenses cuando los misioneros estuvieron entre ellos en forma tal, que, si ellos solamente reflexionaran un poco al respecto, se darían cuenta que las cosas sobre las cuales se estaban inquietando eran en realidad muy bien (ἀκριβῶς exactamente, cf. Lc. 1:3) conocidas por ellos. ¡A menudo el hombre está perplejo acerca de hechos que, en lo profundo de su corazón, los conoce realmente con exactitud!

Versíc. 3 Considerando ahora la segunda aplicación con respecto al ladrón nocturno (es decir que no solamente viene en forma repentina, sino que también su víctima se halla totalmente desapercibida), Pablo prosigue: Cuando estén diciendo paz y seguridad, entonces algo (cosa) repentino viene sobre ellos, a saber, destrucción, como dolor de parto sobre la mujer encinta, y de ninguna manera escaparán.

   Obsérvese la combinación de lo repentino y desapercibimiento. Nótese también el llamativo orden de la oración, conservado en nuestra traducción, dándole al adjetivo repentino y al nombre destrucción un carácter enfático. El mundo en general estará comiendo y bebiendo, comprando y vendiendo, edificando y plantando, casándose y dándose en casamiento, cuando Jesús retorne. Por supuesto, que todas estas cosas no son malas de por sí. ¿Por qué habría de ser malo recibir alimento físico, dedicarse al comercio o a la industria, practicar la agricultura, o hacer arreglos para una boda? Por medio de estas actividades Dios también puede ser glorificado (1 Co. 10:31). Pero cuando el alma se envuelve enteramente en ellas, en forma tal que llegan a ser fines en sí mismas y las supremas necesidades espirituales quedan en desmedro, dejan de ser bendición y se constituyen en maldición. “Todo para el cuerpo y su respectivo regocijo, nada para el alma”, era el lema de los malvados contemporáneos de Noé y Lot; y también será la característica sobresaliente de la raza humana en los malos días que nos esperan. Cf. Ez. 13:10; Am. 6:1; Mt. 24:37–44; Lc. 17:26–30. Mientras tanto, a semejanza del artista sentado sobre la roca del océano, y que pinta la belleza de la aldea junto al mar, hallándose tan profundamente absorto en su obra que no ve el peligro ni presta atención a la marea que retorna mientras las olas azotan cada vez más alto el pedestal de su trono tan temporal, así también los necios y malvados, fascinados con los encantos terrenales, no se percatarán de que el juicio se levanta hacia ellos acercándose más y más, hasta que en forma totalmente repentina les atrapa, tomándoles enteramente desapercibidos. Estarán hablando de “paz y seguridad”.

Algunos aún se ocuparán de poner en ridículo la idea del regreso de Cristo (cf. 2 P. 3:1–10). Sin embargo, no habrá forma de escapar, como tampoco lo puede hacer la mujer cogida por el agudo y repentino dolor de parto en condición desvalida. Cf. Ex. 15:14; Is. 13:8; Jer. 4:31; 6:24; 13:21; 22:23; 49:24; 50:43; Os. 13:13; Mi. 4:9, 10; véase también Mt. 24:8; Mr. 13:8. (La figura y la tercera aplicación no siempre tiene el mismo significado. Algunas veces el punto de semejanza es totalmente distinto; cf. C.N.T. sobre Juan 16:21, 22.) El desesperado intento de los malvados para escapar se describe vívidamente en Ap. 6:12–17. Nadie se libra.

  1. En contraste a lo anterior sigue: Pero vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os atrape como ladrón.

   Lo que Pablo desea es que los lectores, en lugar de estar llenos de una vana curiosidad, o excitación, más bien, estén preparados. Nuevamente está usando el término cariñoso, hermanos (véase sobre 1:4). Estos hermanos constituyen una marcada antítesis con los hombres del mundo. Los últimos están en tinieblas, rodeados por ellas, sumergidos en ellas. Las tinieblas han penetrado sus corazones y sus mentes, su ser entero. Son las tinieblas de pecado e incredulidad. Es por causa de estas tinieblas que los no creyentes no son sobrios ni se hallan velando (en consecuencia, no están preparados). Es por esto mismo que se hallan carentes de fe, de amor, y de esperanza. Como se ha puntualizado ya repetidamente en nuestra serie de comentarios, para llegar a la cabal comprensión de término, se hace necesario seguir adelante en la lectura. En el caso presente el significado de tinieblas se hace claramente comprensible por medio de la lectura de los versículos 5–8. Véase también C.N.T. sobre Juan 1:5 con relación a los conceptos tinieblas (que en este pasaje es personal) y atrape (καταλαμβάνω).

   El día es, por supuesto, el día del regreso de Cristo para juicio, cosa que es clara a través del contexto que precede, comenzando en 4:13. Aquel día, que aquí se personifica, sorprenderá a los no creyentes, atrapándoles desapercibidos, tal como un ladrón toma por sorpresa al dueño de casa. Los creyentes, no obstante, no están en tinieblas. A ellos no se les sorprende, puesto que están preparados.

Versíc. 5. Porque vosotros sois todos hijos de luz e hijos del día. No pertenecemos ni a la noche ni a las tinieblas. Por medio de este hebraísmo verdaderamente llamativo, Pablo enfatiza el hecho de que todos los hermanos de Tesalónica (porque “vosotros … todos” refiriéndose a los “hermanos” ya mencionados en el versículo precedente), esto es, todos los que por la soberana gracia han sido adoptados para entrar en la familia de Jesucristo, son luces. Véase C.N.T. sobre Juan 12:36. Cf. Ro. 13:11, 12. La idea es una: la luz del día ya ha amanecido en sus corazones, y han sido destinados al reino de luz eternal. Pertenecen a él, porque ha tomado posesión de ellos. Poseen la fe, el amor, la esperanza, etc. Son “luz en el Señor” (Ef. 5:9). Y por cuanto él es la luz del mundo (véase C.N.T. sobre Juan 8:12), ellos también son la luz del mundo (Mt. 5:14). Como “hijos de luz y del día” (luces que brillan en el día) ofrecen un violento contraste con “los hijos de este siglo” (Lc. 16:8). No pertenecen ni a la noche ni a las tinieblas, es decir, el pecado ya no tiene dominio sobre ellos. La ira no está reservada para ellos. Ha habido lugar un gran cambio. Cf. Ef. 5:8; 2:1–10.

   Obsérvese la discreta transición de vosotros a nosotros: “Vosotros sois todos hijos de luz … nosotros (losl ectores, Pablo, Silas, Timoteo, todos los creyentes) no pertenecemos ni a la noche ni a las tinieblas”. La razón de esta transición es que Pablo se prepara a comunicar una solemne advertencia. Al incluirse a sí mismo (no diciendo vosotros, sino nosotros) da a la exhortación un sabor más aceptable y efectivo:

   6–8a. Por tanto, no durmamos como lo hacen los demás, sino que permanezcamos vigilantes y sobrios. Porque los que duermen, duermen de noche, y los borrachos (o los que se emborrachan) de noche se embriagan. Pero puesto que nosotros pertenecemos al día, seamos sobrios.

   En vista del hecho, entonces, que tanto escritores como lectores (junto con todos los cristianos de todo lugar) son hijos de luz y no de las tinieblas, pertenecientes al día y no a la noche (véase sobre versículo 5), se les exhorta a no dormir sino a permanecer vigilantes y sobrios.

   Es claro que los términos dormir, ser vigilantes, y ser sobrios se usan aquí metafóricamente. Así usados, su. significado es como sigue:

   Dormir (cf. Mc. 13:36; Ef. 5:14) significa vivir como si nunca hubiere de venir un día de juicio. Se da a entender la existencia de relajamiento moral y espiritual. Lucas 12:45 describe esta condición en forma vívida. Así lo hace también la descripción de las vírgenes necias, que no tomaron aceite en sus vasos junto con sus lámparas (Mt. 25:3, 8). Significa no estar preparados.

   Ser vigilante significa vivir una vida de santidad, consciente de la venida del día de juicio. Se da a entender cuidado moral y espiritual. La persona vigilante tiene su lámpara encendida y sus lomos “ceñidos”, y se halla en actitud atenta y vigilante hacia el futuro regreso del esposo. Referente a este punto léase Lucas 12:35–40. La persona vigilante está siempre preparada.

   El estudio de este verbo ser vigilante (γρηγορέω, de donde viene el nombre propio Gregorio), según se usa en otros lugares, es muy provechoso. Además de 1 Ts. 5:6 hay otros pasajes en que el verbo se usa sin lugar a dudas en sentido figurado, como los siguientes: Mt. 24:42; 25:13; Mr. 13:35, 37; Hch. 20:31; 1 Co. 16:13; Col. 4:2; 1 P. 5:8; Ap. 3:2, 3; 16:15.

   Estos pasajes nos conducen a las siguientes conclusiones:

(a). La incertidumbre (de nuestra parte) del día y la hora del regreso de Cristo es razón para ser vigilantes (Mt. 24:42; 25:13; Mr. 13:35, 37).

(b). Otra razón para una vigilancia constante es la presencia de enemigos, visibles e invisibles, que amenazan al rebaño (Hch. 20:31; 1 P. 5:8).

(c). Ser vigilantes significa estar espiritualmente despiertos (Ap. 3:2, 3; 16:15).

(d). Implica el hábito de la oración regular, incluyendo acción de gracias (Col. 4:2).

(e). Lo que tal vez sea la más completa descripción de vigilancia se da en 1 Co. 16:13, 14: “Velad, estad firmes en la fe, portaos varonilmente, sed fuertes. Que todo lo que hagáis sea hecho en amor”.

   Ser sobrio significa estar lleno de fuego espiritual y moral, por un lado, y no andar sobreexcitado, por el otro, sino tranquilo, firme, y sano (cf. 1 P. 4:7), realizando sus deberes y cumpliendo su ministerio (2 Ti. 4:5). La persona sobria vive en forma profunda. Sus goces no son principalmente los de los sentidos, como los placeres del borracho, por ejemplo, sino los del alma. De ninguna manera es un estoico. Al contrario, con una medida llena de gozosa anticipación mira hacia adelante a la venida del Señor (1 P. 1:13). ¡Sin embargo, nunca huye de sus deberes! Obsérvese que tanto aquí como en 1 Pedro 5:8 los dos verbos ser vigilantes y ser sobrio se usan como sinónimos.

   La exhortación del apóstol, entonces, podría equivaler a lo siguiente: “No nos dejemos arrastrar por la pereza ni estemos desprevenidos, sino que preparémonos, y estemos espiritualmente alertos, firmes en la fe, valerosos, fuertes, en serenidad, pero con alegre anticipación mirando hacia adelante al futuro día. Pero, sobre todo, hagamos esto porque pertenecemos al día y no a la noche”. La línea de acción opuesta, es decir, el dormir en sentido espiritual y moral (en lugar de estar en guardia), y estar borrachos espiritual y moralmente (en lugar de ser sobrios), cuadra con aquellos que pertenecen a la noche (el reino de las tinieblas y del pecado), en la misma forma que en el reino de lo natural los que tienen sueño duermen en la noche y los que se emborrachan lo hacen también en la noche. (Es evidente, desde luego, que aquí en el versículo 7 las palabras los que duermen, duermen, borrachos, emborrachan están siendo usadas en su sentido primario, literal.

   8b. Conviene al que pertenece al día ser vigilante y sobrio: vistiendo una coraza de fe y de amor, y por yelmo (la) esperanza de salvación.

   Viene a la mente la pregunta, “¿Por qué es que Pablo en forma tan repentina y un tanto inesperada saca a relucir estas piezas de armadura defensiva: coraza, yelmo?” La contestación dada por A.T. Robertson (Word Pictures (Palabras ilustradas), Vol. IV, p. 35) bien puede ser la correcta: “La idea vigilancia presenta la figura de un centinela, en guardia y armado, ante la mente de Pablo …”

   Mediante el ejercicio de una fe serena y firme y el amor a Dios en Cristo—virtudes que en medio de un mundo de maldad constituyen un agresivo testimonio—el cristiano vigilante y sobrio desvía de sí las venenosas flechas de la tentación. Se viste de fe (“un seguro conocimiento de Dios y de sus promesas … y una verdadera confianza de que todos sus pecados le han sido perdonados en Cristo”) y amor (la rendición del ego a Dios, que es el objeto de su deleite en el espíritu de gozo y gratitud) tal como un guerrero se vestiría de su armadura.

   Fe y amor (genitivos de aposición) constituyen la cota de malla cristiana. Los lectores comprendían esta ilustración. La coraza protegía el pecho, los hombros, y la espalda del centinela. Se confeccionaba de varios materiales, por ejemplo, cuero, género acolchado, lino (Heródoto III. xlvii), bronce, hierro (1 S. 17:5; Ap. 9:9) o a veces aun de oro (1 Mac. 6:2). El guerrero Goliat llevaba una armadura escamada (1 S. 17:5). Los soldados de Antíoco Eupátor tenían cotas con cadenas (1 Mac. 6:35). Compárese con los actuales “chalecos anti bala”.

   Lo que es importante recalcar, en relación a esto (aunque generalmente se pasa por alto) es que Pablo da a la fe activa y al amor el nombre de una pieza defensiva de la armadura, ¡una coraza! Cuán perfectamente cierta resulta esta comparación, ya que en el plano de lo espiritual (y a menudo en los así llamados asuntos seculares) la mejor defensa es la de tomar la ofensiva; la más positiva protección es el ataque. El testimonio espontáneo y agresivo de fe en y amor por Dios en Cristo le previene al creyente contra los disolutos hábitos del mundo. La obra resultante de la fe y el trabajo motivado por amor—“el andar por fe”—nos libra de realizar “los deseos de la carne” (Gá. 5:16).

   A fe y amor, Pablo añade esperanza, tal como lo hizo en 1:3. También aquí, igual que en 1:3, extiende el tercer elemento de la serie; por eso, “y por yelmo la esperanza de salvación (objetivo genitivo)”, etc. Sin lugar a dudas, en principio los creyentes estaban ya en posesión de la salvación. Pero la mencionada aquí es salvación plena, la salvación que habría de ser de ellos en la venida del Señor Jesucristo.

   Pablo se ha encariñado con la palabra salvación (σωτηρία). La usa vez tras vez (además del uso que hace de ella en el presente pasaje véase también 5:9; 2 Ts. 2:13; 2 Ti. 2:10; 3:15; luego Ro. 1:16; 10:1, 10; 11:11; 13:11; 2 Co. 1:6; 6:2 dos veces; 7:10; Ef. 1:13; Fil. 1:19, 28; 2:12). Esta salvación es:

(a). negativamente: rescate de la culpa, contaminación, y castigo del pecado (específicamente, se presenta a menudo como liberación de la ira de Dios que se dirige contra el pecado y que un día será revelada; cf. 1:10; 2 Ts. 1:8, 9; Ef. 2:3, 5; Fil. 1:28) siendo este rescate un resultado de la expiación vicaria y objetiva de Cristo; y

(b). positivamente: aquella suma total de toda dotación espiritual que Dios concede a su pueblo sobre la base de la obra redentora de su Hijo. Tanto el aspecto negativo de esta salvación (liberación de la ira) como el aspecto positivo (por ejemplo, “vivir junto a él”) se mencionan aquí en el contexto inmediato siguiente (véanse los versículos 9 y 10). Siendo que aquí la salvación es un concepto escatológico, es comprensible que el apóstol hable acerca de “la esperanza de salvación”, puesto que esperanza siempre mira hacia el futuro. La serena y firmemente anclada seguridad es que un día la plenitud de la herencia será nuestra.

   Esta esperanza es el yelmo cristiano. El yelmo de hierro y bronce (1 S. 17:5, 38; 2 Cr. 26:14; cf. 1 Mac. 6:35) proporcionaba cierto grado de protección para la cabeza, como lo hacía la coraza para el corazón. Mucho más logró la esperanza—y la paciencia inspirada por la esperanza, cf. 1:3—; preserva al creyente a salvo de la seducción del mundo. Aquí también el asalto en contra de la fortaleza de las tinieblas por aquellos cristianos que soportaron hasta el final mismo, siempre prontos para testificar, fue su mejor defensa. Con relación a toda la armadura del cristiano léase Efesios 6:10–20.

   9, 10. Como ya se ha hecho notar, Pablo amplía el concepto de salvación (o, si se prefiere, “esperanza de salvación”) en los dos siguientes versículos: Porque Dios no nos destinó para ira sino para la adquisición de salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros, para que ora permanezcamos despiertos ora durmamos vivamos en comunión con él.

   Este pasaje indica el carácter razonable de la esperanza ya mencionada. No es una esperanza visionaria. Será cumplida, como es claro por el hecho de que Dios no nos asignó (este verbo combina deber y destino) para ira (que ha de ser revelada al regreso de Cristo, 1:10; cf. 2 Ts. 1:8–10), sino para la adquisición de la salvación (véase acerca del versículo 8 más arriba) por medio de nuestro Señor Jesucristo (véase sobre 1:1).

   En tanto que la expresión la adquisición coloca el énfasis en lo que, conforme al propósito de Dios, es nuestro deber, la frase que inmediatamente se agrega “por medio de nuestro Señor Jesucristo” indica que es solamente por medio de él (su muerte por nosotros, su poder operando en nosotros) que estamos en condición de llevarlo a cabo. A Pablo le agrada esta yuxtaposición de los elementos divino y humano en la adquisición de la salvación (cf. Ef. 2:8; 2:10; Fil. 2:12, 13).

   Cuando el apóstol menciona al Señor Jesucristo como la causa de nuestra salvación, de inmediato piensa en la muerte del Salvador por nosotros, puesto que esto es básico. Esta muerte nos concierne a nosotros. Leemos literalmente, “quien murió” con referencia a (περί) nosotros (aunque existe también algo de apoyo textual para otra preposición, ὑπέρ, para cuyo significado véase C.N.T. sobre Juan 10:11. El buen pastor dio su vida en beneficio de las ovejas). Pablo dice “por nosotros”. En este nosotros incluye a todos los creyentes, sean lectores o escritores o cualquiera que aspire al nombre de creyente. Específicamente, está pensando aquí en los dos grupos que ya ha mencionado anteriormente (véase sobre 4:13–18): los que sobreviven y los que han partido. El pro pósito (o el resultado, no existe gran diferencia con respecto a esto) de la muerte de Cristo por los suyos es que en su venida ora despiertos ora durmiendo el sueño de la muerte (καθεύδωμεν cf. Mr. 5:39), podamos juntos vivir en comunión con él. Compárese y véase sobre 4:17.

He aquí la más sencilla explicación. Los que están despiertos son los que están vivos, los que sobreviven, los que conforme a 4:15 han “quedado hasta la venida del Señor”. Y los que duermen son los muertos, los que han partido, los que conforme a 4:15 “durmieron” (a saber, en o por medio de Jesucristo).

Versíc. 11.La relación entre 5:10 y 11 es muy paralela a la relación existente entre 4:17 y 18. Tal como en el capítulo 4 la cláusula, “Y así estaremos siempre con el Señor” fue seguida por “Por tanto alentaos unos a otros con estas palabras”, así también aquí en el capítulo 5 la cláusula “A fin de que … vivamos en comunión con él” es seguida de Por lo tanto alentaos unos a otros, y edificaos unos a otros, como de hecho lo estáis haciendo.

   Esta última expresión, “como de hecho lo estáis haciendo” ya ha sido explicada en conexión con 4:10. Mediante la mutua instrucción y el mutuo aliento cuya base se halla en el párrafo precedente (aliento contenido en afirmaciones tales como “Vosotros no estáis en tinieblas”, “Vosotros sois todos hijos del día”, “Porque Dios no nos designó para ira sino para la adquisición de salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo … para que vivamos en comunión con él”), los creyentes de Tesalónica realizarían una valiosísima obra personal: edificándose el uno al otro; por cuanto la iglesia como también el creyente en particular constituyen el edificio de Dios, el templo de Dios, 1 Co. 6:19.

Síntesis de 4:13–5:11

   Instrucción. Pablo escribe a los tesalonicenses instruyéndoles acerca de cómo regresará Cristo otra vez 4:13–18 con imparcialidad hacia todos los creyentes, en tal forma que los que aún viven no tendrán ventaja sobre aquellos que han dormido

   La conversión de los tesalonicenses era de fecha muy reciente. El peligro de un relapso a costumbres paganas, aunque fuese en forma temporal, no era simple imaginación. Una de ellas era la forma de hacer duelo por los muertos. Según el modo de ver de casi todos los paganos, no existía esperanza alguna para el cuerpo muerto ni esperanza substancial para el alma que había partido. Además, cualquier vacilante expectación que tuviesen de una vida feliz en el más allá—las inscripciones fúnebres en las tumbas, las cartas de condolencia, etc. vocean desesperación antes que confianza—era sin base sólida alguna. Y en este último sentido existía la certeza absoluta de que ¡el pagano se hallaba sin esperanza!

   Por supuesto que el hombre que cree en un Jesús “que murió y volvió a levantarse” no ha de entristecerse como lo hacen los demás, “que no tienen esperanza”. Ha de aceptar la preciosa verdad de que existe un glorioso futuro que espera a todo creyente, y esto no sólo para el alma sino también para el cuerpo. “Los que durmieron (entraron en el reposo de sus labores, con la certeza de un glorioso despertar) por medio de Jesús, Dios los traerá con él”. En ningún sentido imaginable, los que permanecen vivos, que han quedado hasta la venida del Señor, tendrán ventaja alguna sobre los que durmieron. Cuando Cristo en su descenso desde el cielo dé el grito de mando para que los muertos resuciten y cuando el arcángel, haciendo sonar la trompeta de Dios, emita una orden parecida, y proclame el final y eterno encuentro de Dios con su pueblo, entonces antes que nada los espíritus de los creyentes que ya habían partido se reunirán a sus cuerpos que resucitarán en forma gloriosa, y no es, sino hasta que esto haya sucedido, que los hijos de Dios que todavía viven en la tierra cuando Cristo venga, comiencen a “alzarse hacia mundos desconocidos”. Los que sobreviven “serán arrebatados junto con” los que previamente durmieron. Juntos—¡no existe aquí favoritismo o parcialidad de ninguna clase! —ascenderán en nubes a encontrar al Señor en el aire. Y así—es decir, gloriosos en alma y cuerpo, como una iglesia universal y triunfante—estarán siempre con el Señor. Los lectores han de alentarse unos a otros con estas palabras.

   5:1–11 en forma repentina, tomando a todos por sorpresa, aunque los creyentes se hallarán (y deben esforzarse siempre por estarlo) enteramente preparados

   Además de la preocupación con respecto a una posible desventaja que podrían sufrir los creyentes que ya habían partido, en la venida de Cristo, existía también curiosidad tocante al tiempo exacto en que esta venida tendría lugar. ¿Hasta cuándo tendrían todavía que esperar los hijos de Dios? ¿Exactamente cuándo regresaría Jesús?

   Basando su respuesta en previas enseñanzas que habían venido directamente de labios del Señor, Pablo declara que los creyentes no tenían necesidad de mayor información sobre este tema. Si solamente reflexionaran, recordarían que repetidamente se les había mostrado que, conforme a la palabra del Señor (Mt. 24:43), el día de su regreso sería “como ladrón en la noche”. Vendría repentinamente tomando a todos por sorpresa.

   En cuanto a los impíos, el Señor vendría sobre ellos cuando estén hablando acerca de “paz y seguridad”. Se hallarán totalmente desapercibidos. Por tanto, sobre ellos vendrá destrucción repentina.

   En este aspecto los creyentes son diferentes. Por lo demás, deben esforzarse por ser diferentes, puesto que por la gracia de Dios han sido llenos de la luz de la salvación. Dice Pablo, “No pertenecemos ni a la noche ni a las tinieblas”, la noche y las tinieblas del pecado e incredulidad. Continúa, “Por tanto, no durmamos como lo hacen los demás, sino que permanezcamos vigilantes y sobrios”. Quiere decir, “Estemos preparados, espiritualmente atentos, firmes en la fe, valientes, fuertes, serenos y con gozosa anticipación mirando adelante hacia aquel día futuro”. Por lo tanto, los creyentes han de vestirse con “la coraza de fe y amor, y por yelmo la esperanza de salvación”. Nunca deben vacilar en mantener viva esta gloriosa esperanza, teniendo siempre presente que “Dios no nos designó para ira sino para la adquisición de salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, el cual murió por nosotros, para que ya sea que a su regreso estemos viviendo sobre la tierra o hayamos dormido en el Señor, vivamos siempre en comunión con él”.

1er Titulo:

Los Postreros Días Serán Tiempos Peligrosos: Pestilencias, Terremotos, Hambres, Anarquías, Libertinaje, Guerras, Espíritus De Error Y Doctrinas De Demonios (San Mateo 24: 5 al 8. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.). 

   Comentario: Jesús ahora procede a corregir la inferencia equivocada de los discípulos. Les muestra que “no todo lo que parece ser una señal del fin del mundo es en realidad una señal en tal sentido”. En otras palabras, hay también señales que solamente en un sentido muy general merecen ese nombre. Cuando quiera que estos sucesos separados se interpretan como indicadores infalibles de que el fin de la era está inmediatamente a la vista, merecen el nombre de “señales erradas”. Así, Jesús predice la venida de falsos cristos—individuos que dirán: “Yo soy el Cristo”—y falsos profetas que extraviarán a muchos. Los que persisten en ser extraviados mostrarán que jamás pertenecieron al verdadero rebaño de Cristo (1 Jn. 2:19; cf. 1 Co. 11:19). Siempre ha habido falsos profetas, engañadores. Sus víctimas se oponen a la ley de Dios. Esta “maldad” se aumentará, con el resultado natural: división en el círculo familiar, disminución en el amor de los unos por los otros, exactamente como Jesús había predicho (cf. 24:12 con 10:34–37). No es necesario nombrar ninguno de los falsos profetas. Estaban presentes en relación con la caída de Jerusalén, pero no dejaron de hacerse evidentes después de la gran catástrofe del año 70 d.C. Los discípulos no deben dejarse extraviar por ellos (24:4). Hay que rechazar sus pretensiones. Además, el solo hecho de que ellos jamás desaparecen de la tierra durante toda la dispensación presente muestra claramente que su aparición y obra no pueden constituir una señal en el sentido restringido de la palabra.

   Esto también es válido con respecto a “guerras y rumores de guerras” (24:6). Cuando Jesús pronunció estas palabras, el imperio romano había estado disfrutando de una larga era de paz. Pero unas cuatro décadas más tarde el tumulto político comenzará a inquietar el gran reino desde uno al otro extremo, de tal modo que Roma verá a cuatro emperadores en un solo año: Galba, Oto, Vitelio y Vespasiano. Pero estas violentas revueltas e insurrecciones no pueden, por mucho que se estire la imaginación, constituir indicaciones definidas de que el Señor vendrá inmediatamente. Esto se hace evidente de inmediato cuando uno considera el hecho de que las guerras y rumores de guerra no cesaron con la caída de Jerusalén. A través de los siglos la profecía se cumple continuamente: “(una) nación se levantará en guerra contra (otra) nación, y (un) reino contra (otro) reino (v. 7a). Un autor contó trescientas guerras en Europa durante los últimos trescientos años. Y estas guerras están creciendo en intensidad. Es perfectamente claro que cuando se señala una guerra en particular como una ayuda para los “fijadores de fecha” se ha producido una nueva “señal errada”.

   Jesús también habla de “hambres y terremotos en diversos lugares” (v. 7b). Como ocurre con los otros acontecimientos predichos, así también es aquí. Estas perturbaciones en la esfera del mundo físico ciertamente son prefiguraciones y representaciones de aquello que, en una escala mucho más extensa e intensa, ocurrirá en la esfera de la naturaleza al final de la era. Pero aparte de ese sentido muy general, no se pueden llamar correctamente señales. Ninguna de ellas en particular puede dar a nadie el derecho de hacer predicciones con respecto a la fecha de la caída de Jerusalén o al tiempo de la Parousía (segunda venida de Cristo). Es verdad que durante el período comprendido entre los años 60–80 d.C. asolaron el imperio hambres, pestilencias, incendios, huracanes y terremotos, como lo señala Renan en L’Antichrist. Durante el verano del año 79, entró en violenta erupción el Vesubio y destruyó Pompeya y sus alrededores. Pero, como ya es claro desde la oración anterior, estas catástrofes no estuvieron limitadas a la década que precedió a la caída de Jerusalén en el año 70. Además, a través de los siglos ha habido violentos terremotos. Por ejemplo, el 1 de noviembre de 1755 murieron 60.000 personas en Lisboa, Portugal; en 1783, en el gran terremoto de Calabria murieron, según se calcula, unas 30.000 personas; en 1857 el gran terremoto napolitano se llevó más de 12.000 vidas. También había el terremoto de Charleston en 1886; el de Assam en 1897; el de California en 1906 que destruyó una sección importante de San Francisco (ese mismo año hubo un terremoto muy devastador en Valparaíso, Chile, con miles de muertos); el de Messina en 1908; en Avezzano, Italia en 1915; varios en Turquía, desde 1939 hasta ahora; el que arrasó la provincia de Kansú en China, 1920; el que azotó a Japón en 1923, destruyendo partes de Tokio y Yokohama; los de Chile en 1939, 1960 y varios más recientes; el devastador terremoto de Perú en 1970, etc. Los historiadores y filósofos antiguos—tales como Tucídides, Aristóteles, Estrabo, Séneca, Livio y Plinio—describieron fenómenos sísmicos similares en sus tiempos. Y ya en el año 1668 Robert Hooke escribió su obra que lleva el título, Discourse on Earthquakes. Cierto autor contó no menos de setecientas perturbaciones de esta naturaleza, grandes y pequeñas, ocurridas en el siglo diecinueve.

   Es apenas necesario añadir a esto que no solamente los falsos cristos y falsos profetas, las guerras y los rumores de guerras, los terremotos y hambres ocurran a través de toda la historia de la iglesia, sino también las persecuciones y defecciones a las cuales se refiere Jesús en los vv. 9, 10, 12 y 13. En cada siglo se ha verificado el dicho: “y seréis odiados por todas las naciones por causa de mi nombre”, esto es, debido a vuestra conexión vital conmigo. Véase también sobre 6:9; 7:22; 10:22, 41, 42; 12:21. La sola expresión “todas las naciones” muestra claramente que Jesús no está pensando solamente en lo que ocurre durante la vida de los apóstoles.

   Ahora, con respecto a acontecimientos como estos ya descritos, Jesús dice en los vv. 6 y 8: “No os turbéis, porque tales cosas deben suceder, pero eso no es el fin todavía. Todas estas cosas son (solamente) el principio de los dolores de parto”. Marcan el comienzo, dice Jesús. No marcan el fin. Por lo tanto, no os alarméis.

   A pesar de estas claras advertencias dadas por nuestro Señor a sus discípulos, muchos miembros de la iglesia moderna se llenan de admiración por el ministro o evangelista que habla muy doctamente acerca de “Las señales de los tiempos” y trata de demostrar a sus oyentes que esta o aquella batalla terrible o aquel grave terremoto o hambre devastadora, “basados en la profecía”, es la señal infalible del inminente regreso de Cristo.

   Es cierto, los hechos aquí señalados tienen significado. Son peldaños que conducen hacia la meta final. Por medio de ellos se prefigura el final de la era que se acerca, y se desarrolla el plan eterno de Dios. Además, cuando comprendemos que hacia el fin de la presente dispensación las perturbaciones indicadas van a ocurrir juntas (24:33), probablemente sean más numerosas, más extensas, y más terribles que nunca antes (24:11; cf. Lc. 21:11, 25, 26), y que van a tener lugar en conexión con la gran tribulación que dará paso a la parousía (Mt. 25:5–9), podríamos llegar a la conclusión de que no sería irrazonable calificar al brote final de todos estos terrores como “señales concurrentes o acompañantes”.

2° Titulo:

Habrá Una Apostasía En La Iglesia (2ª a Timoteo 4:3-4. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.).

   Comentario: 3, 4. Ahora se da una razón que muestra por qué Timoteo debe ser diligente en la obra de predicar el evangelio y de redargüir, reprender y amonestar: Porque tiempo vendrá cuando los hombres no soportarán la sana doctrina.

   En todo período de la historia (véase comentario sobre 2 Ti. 3:1) habrá un tiempo durante el cual los hombres se niegan a oír la sana doctrina. A medida que la historia avanza hacia la consumación, esta situación se hace peor. Los hombres no soportarán o tolerarán la verdad, la doctrina que es llamada sana porque promueve la salud espiritual (véase sobre 1 Ti. 1:10). Pero, teniendo comezón en los oídos, acumularán para sí maestros adaptados a sus propios caprichos. No es el heraldo del evangelio el que ha fallado, sino el oír de los hombres volubles que forman el auditorio. Tienen oídos con comezón (de un verbo que en su forma activa significa “hacer cosquillas”; de aquí en el pasivo ser hecho cosquillas, de donde “tener comezón”, figura de “tener un deseo irritante”). Su anhelo es tener maestros que se adapten a sus propios caprichos o gustos pervertidos (véase comentario sobre 2 Ti. 2:22). Tan grande es ese anhelo que amontonan maestro sobre maestro. Esto hace que uno se acuerde de Jer. 5:31: “Los profetas profetizaron mentira … y mi pueblo así lo quiso” y de Ez. 33:32: “Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra”. El pueblo aquí descrito está más interesado en algo diferente, algo sensacional, que en la verdad desnuda. Y cuando se les presenta la verdad (como ciertamente lo hizo Ezequiel), no están interesados en la verdad misma, sino en la forma en que se presenta, el “estilo”, la oratoria del predicador, … el predicador mismo, su voz, su porte, su apariencia, sus modales. Aquí en 2 Ti. 4:3, 4 el énfasis está en el anhelo de oír historias fascinantes y especulaciones filosóficas: y apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a los mitos. La verdad redentora de Dios, que trata sobre el pecado y la condenación, con la necesidad de un cambio interior, etc. (cf. 2 Ti. 3:15–17) no la pueden digerir. Se apartan de ella (como en 2 Ti. 1:15), y se vuelven (como en 1 Ti. 1:6) a los “mitos”, aquellas familiares fábulas de viejas mencionadas con anterioridad (véase comentario sobre 1 Ti. 1:4, 7; 4:7; Tit. 1:14; cf. 2 P. 1:16) o cualquier cosa similar a ellas.

  “Siempre hay maestros que están deseosos de “rascar y hacerle cosquillas en las orejas a quienes desean que se les haga así”.

3er Titulo:

Falsificaciones Satánicas Serán Muy Difundidas (1ª a Timoteo 4:1. Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios).

   Comentario: 1. Pero el Espíritu dice expresamente que en tiempos venideros algunos se apartarán de la fe.

  “El Espíritu dice”, esto es, “está ahora diciendo”. ¿A quién estaba hablando el Espíritu? Hch. 20:29, 30 me lleva a pensar que el apóstol quiso decir “a mí” (quizás también a otros). Entonces, el Espíritu está diciendo que “en tiempos venideros”—eras de esta nueva dispensación, eras definitivamente señaladas en la presciencia de Dios—algunos se apartarán o apostatarán de la fe (en sentido objetivo), del cuerpo de verdad redentora, la religión cristiana.

   El Espíritu estaba diciendo esto expresamente (“en palabras claras”). No había dudas ni vaguedad al respecto. Doce años antes, hablando a los ancianos de las iglesias de la misma región en que Timoteo estaba ahora laborando, Pablo les había dicho: “Yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”. Pocos años después de ese discurso anotado en Hechos 20, al escribir a los Colosenses desde su primer encarcelamiento en Roma, el apóstol les había advertido contra la aceptación del error de que la fe en Cristo y su obra expiatoria debía ser suplementada por creencias ascéticas y las prácticas correspondientes (Col. 2). Y ahora, al escribir a Timoteo desde Macedonia, el Espíritu Santo le informa claramente que el error, ya presente en su forma incipiente, crecerá y se desarrollará en la forma indicada en el v. 3.

   Los hombres se apartarán de la fe prestando atención a espíritus seductores y a doctrinas de demonios. Como el contexto lo indica (y también véase 1 Jn. 4:6 donde el “espíritu seductor” se pone en contraste con el “Espíritu de verdad”), estos espíritus no son hombres, sino demonios. Como planetas erráticos entre las constelaciones, estos espíritus vagan; más aún, hacen que los hombres vaguen. Seducen, descarrían. Cuando uno les presta oídos está prestando atención a doctrinas de demonios (cf. 2 Co. 4:4; Ap. 13:11, 14).

  1. Estas doctrinas están (encarnadas) en (las) declaraciones hipócritas de quienes hablan mentiras.

   Como Satanás hizo uso de la serpiente para engañar a Eva, y esto por medio de una declaración hipócrita (Gn. 3:1–5: estaba escondiendo su verdadero objetivo; porque mientras pretendía elevar a Eva a un nivel superior de gloria, para que pudiera ser “como Dios”, su verdadero propósito era destronar a Dios y tomar él el trono para sí), así estos espíritus seductores o demonios hacen uso de hombres que hablan mentiras, y que hablan piadosa y eruditamente a fin de esconder su propia arrogancia o inmoralidad.

   Estos hipócritas se describen como teniendo la conciencia cauterizada (literalmente, “que están cauterizados en cuanto a su propia conciencia”). Al argumentar constantemente con la conciencia, al acallar sus advertencias y apagar el sonido de su campana, finalmente han llegado al punto en que la conciencia ya no les molesta. El entristecer al Espíritu Santo ha llevado a resistirlo, y el resistirlo a apagarlo. Entonces, por medio de su propia rebelión y obstinación, la conciencia habrá sido cauterizada (y esto será permanentemente). Se les ha endurecido. Un buen ejemplo es Balaam (Nm. 22:12, 19, 21, 32; 25:1–3; 2 P. 2:15; Ap. 2:14).

  1. Su enseñanza será—o es—tan mala como su carácter: y prohibiendo (a la gente) casarse y (mandando) abstenerse de los alimentos.

   Los principios producen frutos. Los falsos maestros aquí descritos, probablemente aceptan como uno de sus puntos de partida la tesis: Todo lo que es físico o sensual contamina. No es difícil ver la forma en que este principio hizo que con el tiempo los seguidores del error le pusieran mala cara al matrimonio. Los alimentos también serían condenados, aunque, por supuesto, no en forma absoluta. El ayuno sería elogiado.

   Un cumplimiento temprano de la profecía se produjo en el segundo siglo. No es difícil comprender la forma en que los escrúpulos ritualistas judaicos, ya evidenciados en la cercana Colosas y en otros lugares (véase Col. 2 y cf. Ro. 14), hicieron alianza con la filosofía dualista pagana. Tenían en común el ascetismo, la renunciación a las comodidades de la vida con miras a lograr la felicidad y la perfección.

   La secta sincretista del segundo siglo (véase p. 27) en que la profecía se cumplió en parte, era el gnosticismo, que elevaba la gnosis, esto es, el conocimiento, a una posición de prominencia por sobre la pistis, esto es, la fe. Según este sistema, el buen Dios—el Dios de la nueva dispensación—no podía haber creado el mundo, porque el mundo es materia, y la materia es el asiento del mal. Fue el Jehová del Antiguo Testamento, el Demiurgo, el que creó el mundo, el cuerpo humano, la materia. Estos son nuestros enemigos.

   Deben ser derrotados. Por eso, todos los gnósticos favorecían “el abuso de la carne”. Pero este abuso de la carne puede expresarse en dos imperativos diametralmente opuestos:

  1. “Apártate de ella”;
  2. “Véncela dándole rienda suelta”. La primera era defendida por los gnósticos ascetas, entre ellos, Marción, Saturnino y Taciano (véase Tertuliano, Contra Marción, I. xxix; Ireneo, Contra las herejías, I. xxviii); la segunda forma era la de los gnósticos antinomianos o licenciosos, tales como los nicolaítas. Aquí en 1 Ti. 4, el Apóstol Pablo predice y al mismo tiempo advierte la herejía de los primeros. El apóstol Juan (1 Jn. 3:4–10; Ap. 2:15, 20, 24), el apóstol Pedro (2 P. 2:12–19), y Judas (vv. 4, 8, 11 y 19) combaten la segunda.

   Pero las dos nunca están muy separadas. Pablo en realidad combate las dos variedades, porque no solamente tenemos estas declaraciones aquí en 1 Ti. 4, sino también la de 2 Ti. 3:1–9.

   Pero este es solamente un cumplimiento. Hay otros después; porque, aunque en sus formas antiguas el gnosticismo ha dejado de existir, su espíritu ha estado en evidencia repetidas veces a través de los siglos. También en nuestros tiempos, cuando quiera que se le ponga mala cara al Antiguo Testamento, cuando quiera que la razón humana es exaltada por sobre la fe cristiana, cuando quiera que la tesis: “el pecado es real y en esencia es rebelión contra Dios” sufra rechazo, o cuando quiera que la capacidad humana de salvarse a sí mismo sea proclamada (lo cual constituye una negación de Cristo como el único y perfecto salvador), el fantasma del gnosticismo anda al acecho nuevamente.

   El gnosticismo desprecia las ordenanzas de Dios, por ejemplo, la del matrimonio (Gn. 2:24) y la referente a los alimentos (Gn. 1:29, 30 y especialmente, Gn. 9:3). Estos seguidores del error, cuya venida Pablo en cierta medida describe, pero mucho más predice, mandan a los hombres que se abstengan de los alimentos que Dios creó para que quienes creen y conocen la verdad puedan participar de ellos con acción de gracias (literalmente, que Dios creó para participar de ellos con acción de gracias por los que creen y reconocen la verdad).

   Estas palabras se refieren a los alimentos, no al matrimonio. Por cierto, por implicación son aplicables a ambos, pero directamente sólo a los alimentos. El apóstol ha expresado su punto de vista favorable al matrimonio y la familia en pasajes tales como 1 Ti. 2:15; 3:2, 4, 12. Con respecto a los alimentos, entonces, nótese que Dios—el único Dios verdadero, que es el mismo en ambas dispensaciones—los creó. Por eso, no pueden ser malos o contaminantes. Y los creó con un propósito definido, a saber, “participar con agradecimiento” (1 Co. 10:30), de tal modo que el círculo se complete, y lo que vino de Dios pueda, en forma de gratitud, serle devuelto. Pero el hombre natural no puede derramar su corazón en gratitud a Dios. Por eso Pablo añade: “quienes creen y conocen la verdad”. La gozosa aceptación de la verdad conduce, no al ascetismo sino a la participación con acción de gracias. Este pensamiento recibe un énfasis mayor cuando Pablo continúa:

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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