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Semana Del 3 Al 9 Septiembre De 2018 “La Obra Del Espíritu Santo En La Creación (Parte 2)”

Semana Del 3 Al 9 Septiembre De 2018 “La Obra Del Espíritu Santo En La Creación (Parte 2)”

Lectura Bíblica: Romanos Cap. 8, versículos 19 al 23. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

 

Comentario: Romanos 19–22. Porque la creación, con la cabeza en alto, con anhelo espera la revelación de los hijos de Dios. Porque no fue por su propia elección que la creación fue sujeta a futilidad, sino (que fue) por causa de aquel que la sujetó, en esperanza, porque la creación misma también será liberada de su servidumbre a la corrupción, para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación, al unísono, ha estado gimiendo, y gime aún, como en dolores de parto.

LOS TRES GEMIDOS

La palabra “porque” es comprensible: la gloria que será revelada (v. 18) es tan maravillosa que la creación (toda) la espera con anhelo (vv. 19–22); nosotros mismos la esperamos ardientemente (vv. 23–25) y el Espíritu también se nos une (vv. 26–27). Los tres (la creación, nosotros, el Espíritu) gimen como en dolores de parto, anticipando esperanzadamente el nacimiento de la gloria prometida. Podríamos decir, en consecuencia, que ese “porque” da entrada a los tres Gemidos. El mismo continúa la consideración del tema (gloria futura) que ya ha sido mencionado, un uso muy común para el “porque”.

  1. El gemido de la creación

La que aquí es llamada tres veces “la creación” es denominada finalmente (en el v. 22) “toda la creación”. ¿Qué es lo que esta expresión incluye? No puede incluir a los ángeles buenos, puesto que ellos nunca fueron sujetos a futilidad (v. 20) ni sucumbieron nunca a la corrupción ni al deterioro (v. 21). [p 298] Satanás y sus demonios están excluidos, ya que nunca serán librados (2 P. 2:4; Jud. 6). Esto también es válido para todos aquellos que nunca serán salvos, los que no han sido escogidos (2 Ts. 1:8, 9). Tampoco están incluidos aquí los escogidos, ya que se los considera en esta versículo como un grupo aparte. Se nos dice que la creación espera la revelación de los hijos de Dios, indicando que la liberación de la creación de su esclavitud a la corrupción tendrá lugar cuando ocurra la revelación de los hijos de Dios. Además, lo que los escogidos hacen y lo que les sucederá está descrito en los vv. 23–25.

Excluidos estos cuatro grupos, lo que queda es la creación animada e inanimada, que no goza de raciocinio. Uno podría llamarla creación subhumana o simplemente la naturaleza.

Se nos dice, por consiguiente, que esta “totalidad de la creación” restante espera y anticipa anhelantemente, con la cabeza en alto, la revelación de los hijos de Dios. Está, por así decirlo, estirando su cuello en su esfuerzo por verla.

Cuando uno pregunta: “¿Cómo es posible que pájaros y plantas demuestren un interés tan intenso en lo que sucederá con los hijos de Dios?” la respuesta muy bien podría ser: “Si según la Escritura, los árboles pueden regocijarse (Sal. 96:12), los ríos batir las manos (Sal. 98:8), el desierto alegrarse (Is. 35:1), y los montes y cerros levantar canción (Is. 55:12), ¿por qué no podrían los pájaros y plantas esperar con anhelo?” Como es claro, lo que aquí tenemos es la personificación.

No obstante, tal respuesta es incompleta. Queda más por decir: (a) que la restauración de la creación irracional, tanto animada como inanimada, está íntimamente relacionada con “la revelación de los hijos de Dios”. Ambas cosas están vinculadas, de modo tal que la restauración y gloria de “los hijos de Dios” implica lo mismo para “toda la creación”. Y (b) que existe la certeza absoluta de que esto sucederá. Es hermosa y de mucho significado la frase “la revelación de los hijos de Dios”. Indica que hasta el día en que regrese Cristo no se hará público el conocimiento de cuanto Dios los ama y cuán ricamente los recompensa.

“Entonces, en el reino de su Padre, los justos resplandecerán como el sol” (Mt. 13:43) “como el resplandor del firmamento y como las estrellas a perpetua eternidad” (Dn. 12:3). Serán puestos en exhibición, de modo que todos puedan ver lo que Dios ha obrado por ellos y en ellos.

La creación entera anhela ardientemente la revelación de los hijos de Dios porque dicho evento significó también gloria para toda la creación. Hemos de tener en cuenta que “no fue por su propia elección”—o sea, que no fue por su propia culpa—que la creación fue sujeta a futilidad. No fue la creación irracional lo que pecó. Fue el hombre. Y Aquel que sujetó a la creación a futilidad fue Dios. Fue él quien, debido al pecado del hombre, pronunció una maldición sobre … ¿qué o quién? Bueno, en un sentido sobre la creación, pero en un sentido aún más profundo, sobre el hombre:

Maldita será la tierra por tu causa;

Con dolor comerás de ella

Todos los días de tu vida.

Espinos y cardos te producirá,

Y comerás plantas del campo.

Con el sudor del campo.

Con el sudor del rostro

Comerás tu pan

Hasta que vuelvas a la tierra,

Porque de ella fuiste tomado;

Pues polvo eres,

Y al polvo volverás.

Gn. 3:17–19

Entonces, visto que la humillación de la creación no procede de su propia culpa, como lo afirma específicamente este pasaje, la misma ciertamente participará de la restauración del hombre. El destino de la naturaleza está íntimamente vinculado con el de los “hijos de Dios”. Es por ello que la creación entera es presentada como si estuviera estirándose el cuello para ver la revelación de los hijos de Dios.

Nótese la expresión: “la creación fue sujeta a futilidad”. Varias traducciones, entre ellas la VRV 1960, dicen “vanidad”. Sin embargo, cuando a esta palabra se le da el significado de orgullo pomposo, ella no tiene nada que ver con este pasaje. La palabra usada en el original no se refiere a la ambiciosa ostentación. Indica que desde la caída del hombre, las potencialidades de la naturaleza están encofradas, encapsuladas y encerradas. La creación esta sujeta a un desarrollo reprimido y a un decaimiento constante. Aunque aspira, no es capaz de un logro pleno. Aunque florece, no llega al punto de fructificar adecuadamente. Se la puede comparar a un poderosísimo campeón de box o de lucha que está encadenado de tal manera que no puede hacer uso de su tremenda capacidad física. La maldición de la plaga vegetal diezma las cosechas. La pérdida se estima en muchos millones por cada plaga en particular. Los patólogos agrícolas dirigen sus esfuerzos hacia el desarrollo de métodos de prevención contra la plaga, o al menos reducción o control. Y, de modo algo diferente, lo que es cierto para el mundo vegetal, también lo es para el mundo animal.

¡Qué día glorioso será cuando todas las restricciones originadas en el pecado del hombre hayan sido quitadas y veremos esta maravillosa creación llegando a su total realización, alcanzando finalmente su plenitud, compartiendo “la gloriosa libertad de los hijos de Dios”!

Que esta esperanza no es algo ilusorio lo demuestran las palabras: “en esperanza, porque la creación misma será liberada …”.

Pablo compara el fuerte anhelo y ansiosa expectativa de la creación con el gemido de una mujer que está en proceso de dar a luz un niño.230 Sin duda tal gemir indica sufrimiento, pero está implícita la esperanza. Como no lo recuerda Calvino, estos gemidos son dolores de parto, no de muerte. La frase añadida “al unísono” o “juntamente”, indica que cada parte de toda esta creación participa en estos dolores de parto.

¿Aporta el resto de la Escritura alguna información adicional respecto al significado de la futura liberación de la naturaleza de su esclavitud y su participación en la gloriosa libertad de los hijos de Dios?

¡Por cierto que lo hace! Nos informa que el universo será purificado por medio de una gran conflagración (2 P. 3:7; 11, 12).

Estrechamente vinculada con esta conflagración habrá un rejuvenecimiento. El fuego no destruirá el universo. Existirán todavía el mismo cielo y la misma tierra, pero gloriosamente renovados, de manera tal que serán en tal sentido un nuevo cielo y una nueva tierra (2 P. 3:13; Ap. 21:1–5). Por consiguiente, no solamente iremos nosotros al cielo, sino que el cielo descenderá, por así decirlo, hasta nosotros; es decir, las condiciones de perfección que hay en el cielo se encontrarán presentes a lo largo y a lo ancho de ese universo gloriosamente rejuvenecido por Dios.

También podemos considerar a esta maravillosa transformación como una realización, un cumplimiento de todas las potencialidades, como ya se acaba de explicar.

Finalmente, esta transformación incluirá una armonización. En el momento presente se puede describir a la naturaleza como algo que se caracteriza por “la crudeza del colmillo y de la garra”. La paz y la armonía están ausentes. Diversos organismos parecen obrar con intenciones contrarias; buscan eliminarse el uno al otro. Pero entonces habrá concordia y armonía por doquier. Habrá diversidad, por supuesto, pero con una deliciosa combinación de vista y sonido, de vida y propósito, de modo tal que el efecto total será de unidad y armonía. La profecía de Is. 11:6–9 llegará a su cumplimiento más acabado:

Morará el lobo con el cordero,

Y el leopardo con el cabrito se acostará,

El becerro y el león y la bestia doméstica

Andarán juntos,

Y un niño los pastoreará.

La vaca y la osa pacerán,

Sus crías se echarán juntas;

Y el león como el buey comerá paja.

Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid,

Y el recién destetado extenderá su mano

Sobre la caverna de la víbora.

No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte;

Porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová,

Como las aguas cubren el mar.

  1. Nuestro propio gemido

No sólo gime toda la creación subhumana, sino que también lo hacemos “nosotros mismos”, dice Pablo, incluyéndose así a sí mismo junto con aquellos a quienes se dirige en la esfera de todos los que gimen. Al añadir luego “que poseemos las primicias del Espíritu”, ¿quiere decir: “gemimos aunque poseemos”, etc., o “porque poseemos”, etc.? Cualquiera de las dos posibilidades tiene muy buen sentido. El puede haber querido decir: “Aunque ya somos tan ricos, tratamos de alcanzar riquezas aún más preciosas”. O puede ser que haya querido decir: “Visto que ya tenemos el Espíritu, estamos convencidos de que hay mucho, mucho más, preparado para nosotros. Por ello anhelamos ardientemente recibirlo”. A la luz del hecho que no estamos seguros cual de estas alternativas tenía preponderancia en la mente del apóstol, tal vez lo mejor sea, en nuestra traducción, dejar el participio tal como es, a saber, teniendo o poseyendo. En lo personal, yo, junto con muchos otros expositores, favorezco más bien la interpretación concesiva, ya que parece armonizar mejor con la idea de la gran sorpresa implícita en la enfática introducción: “también nosotros mismos … Aun nosotros mismos”, como si dijese: “Aunque ya hemos recibido tanto, todavía gemimos dentro de nosotros mismos esperando más”.

Pablo dice: “nosotros mismos, que poseemos las primicias del Espíritu”. ¿Qué está queriendo decir con eso?

De Ex. 23:19; Dt. 18:4 y otros pasajes, sabemos que a los israelitas se las mandó que ofrecieran a Dios las primicias de la tierra (granos, vino, aceite), y aun de la lana de la esquila de las ovejas. Pero también lo contrario es cierto. También Dios da sus primicias. El da las primicias del Espíritu Santo, lo que hace posible que Pablo pueda afirmar que él mismo y aquellos a quienes se dirige están ahora en posesión de esta bendición.

¿Se refería el apóstol a una cierta cantidad del Espíritu que había sido derramada hasta entonces y que había más Espíritu para ser concedido después? Véase L.N.T. (A. y G.), p. 81, que da una opinión que es bastante popular, en especial entre gente que con frecuencia se refiere a la “segunda bendición”. La misma es, no obstante, errónea.

No hay razón para dudar que el apóstol se refiere aquí en Ro. 8:23, al Espíritu Santo mismo. Ese Espíritu es en sí mismo las primicias o prenda de la salvación por venir en toda su plenitud, que está reservada para los hijos de Dios cuando regrese Cristo. No hay razón para creer que Pablo se refiera a una cosa en Ef. 1:13, 14, y a otra diferente aquí en Ro. 8:23.

“También nosotros mismos…aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior mientras esperamos ansiosamente nuestra adopción, es decir, la redención de nuestros cuerpos”. ¿Cómo hemos de entender que aun los creyentes gimen? ¿No es quizá lógico pensar que el gemir de los hijos de Dios se parece al de la naturaleza (v. 22)? Si en dicho caso el gemir de la creación entera consistía en dos elementos, a saber, (a) la experiencia del dolor y (b) la anticipación en esperanza, podemos llegar a la conclusión que lo mismo tiene vigencia para quienes poseen las primicias del Espíritu, los amados hijos de Dios.

 ¿Está pensando Pablo en el hecho que los cristianos se dan cuenta que son todavía muy imperfectos? ¿Tan pecadores que a veces exclaman: “¡Miserable de mí! ¿Quién me rescatará de este cuerpo de muerte?” (Ro. 7:24)? Que sin duda son imperfectos es algo que toda la Escritura deja bien en claro. No obstante, el presente contexto—Piénsese especialmente en la combinación de dolor y esperanza—apunta también en una dirección diferente. El hecho mismo que los hijos de Dios poseen aun ahora—es decir, que son morada de—el Espíritu Santo, hace brotar en ellos un doloroso sentido de carencia. Lo que ya tienen hace que tengan hambre de recibir más: es decir, de tener la salvación en toda su plenitud. Es en sentido que el dolor y la esperanza se combinan aquí.

Los creyentes ya han sido adoptados como hijos de Dios (8:15, 16). Pero, en otro sentido, aguardan aún su

adopción. Esperan la manifestación pública de su posición como hijos de Dios. En este momento sus cuerpos están todavía sujetos a la muerte. Pero un día sus almas habrán sido completamente liberadas del pecado y sus cuerpos habrán sido transformados, de modo que se parecerán al glorioso cuerpo del Señor Jesucristo mismo. Ellos anticipan ese gran día con esperanza (Ro. 8:11; 1 Co. 15:50–55; 2 Co. 5:2, 3; Fil. 3:21; 1 Jn. 3:2).(Comentario al Nuevo Testamento Por William Hendriksen).

Texto: San Lucas Cap. 10, versículo 21. En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.

Comentario: “En aquel tiempo” aquí indica “el tiempo del regreso de los setenta y dos y el informe que trajeron”. Al mencionar el hecho de que Jesús se regocijó grandemente “en el Espíritu Santo”, Lucas quiere decir que este Espíritu por el cual el Señor fue ungido (4:18) fue la causa y el originador de su gozo y acción de gracias. Como se indicó en la Introducción, I A 5 d, una de las muchas cosas que Lucas y Pablo tienen en común es su énfasis en la doctrina del Espíritu Santo.

Lleno entonces, del Espíritu Santo y regocijándose por el informe recibido de los setenta y dos, Jesús eleva su corazón y voz a su Padre y dice: “Te alabo Padre,” etc.

Jesús no dice “Padre nuestro”, el vocativo que les enseñó a sus discípulos, sino “Padre”, y en v. 22, “Padre mío”, y esto porque Aquel que le había enviado era y es su “Padre” en un sentido único.

También es completamente apropiado el siguiente título: Señor del cielo y de la tierra. Como tal el Padre es el soberano Gobernador cuyas decisiones no deben ser criticadas.

Puede ser que se pregunte: “¿Pero cómo podía Jesús alabar al Padre no solamente por revelar a algunos los asuntos tocante a la salvación, sino aun por ocultarlos de otros? Quizás el contexto proporcione la respuesta, por lo menos en la medida que sea posible una respuesta. Jesús dice: “(Te alabo Padre,…que hayas ocultado estas cosas) de los (hombres) sabios y entendidos. La referencia parece ser a los que “son sabios en su propia opinión” (Ro.11:25; cf. 12:16). ¿No es él el que resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes (Stg. 4:6)? Que el Señor está realmente pensando en los engreídos en contraste con los humildes parece desprenderse de las palabras “las has revelado a bebés”.

En el sentido espiritual “bebés” son los que no tienen confianza en sí mismos sino que están conscientes de su completa dependencia del poder y la misericordia del Padre celestial, en quien han puesto su confianza:

   “Porque así dice es Alto y Sublime, que habita la eternidad y cuyo nombre es El Santo: Yo habito la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y revivir el corazón de los quebrantados” (Is. 57:15).

Es como si el Mediador quisiera quedarse por un momento en este pensamiento consolador, porque con reverencia y adoración prosigue ahora: “Sí, Padre, porque tal fue tu beneplácito”. H. Bavinck dice: “En cierto sentido la caída, el pecado y el castigo eterno están incluidos en el decreto de Dios y son determinados por él. Pero esto es verdad en cierto sentido sólo, y no en el mismo sentido que la gracia y la salvación. Estos son el objeto de su deleite; pero Dios no se deleita en el pecado, ni se agrada en el castigo”. (Comentario al Nuevo Testamento Por William Hendriksen).

Referencias: Colosenses1:15 al 20. El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz

Job 26:13. Su espíritu adornó los cielos; Su mano creó la serpiente tortuosa.

   Génesis 1:1-2. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

 

1er Titulo:

Sostiene La Vegetación. (Salmo 104:10, 13, 16 y 17. Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos; Van entre los montes; El riega los montes desde sus aposentos; Del fruto de sus obras se sacia la tierra. Se llenan de savia los árboles de Jehová, Los cedros del Líbano que él plantó. Allí anidan las aves; En las hayas hace su casa la cigüeña.).

Comentario: Lo que se describe aquí es un resultado y una continuación de la anterior obra de Dios. Es un cuadro refrescante de paz y descanso. ¡Qué maravilloso es todo el sistema hidráulico que Dios creó y que usa para dar provisión a toda criatura!

La abundancia de la tierra es resultado de la obra de Dios. Hoy, cuando sabemos más de otros planetas, podemos ver aun mejor el enorme contraste con los otros planetas tan inhóspitos. El balance de los miles de parámetros de la naturaleza es tan maravilloso; el salmista alaba a Dios que proveyó todo esto para el deleite de los seres humanos. El aceite… lucir su rostro viene del contexto del Medio Oriente donde el calor seco afecta la piel; el aceite refresca y restaura la piel seca.

Dios también provee para los árboles; ellos simbolizan la fuerza y el poder. Cuando piensa en los árboles también el salmista piensa en los montes altos; alaba al Dios tan grande y poderoso y se maravilla de la majestad y la belleza de su creación.

Referencia: Hebreos 1:3. el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.

Génesis 9:3. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo.

2° Titulo:

Sostiene La Creación Animal. (Salmo 104: 11, 12, y 14. Dan de beber a todas las bestias del campo; Mitigan su sed los asnos monteses. A sus orillas habitan las aves de los cielos; Cantan entre las ramas. El hace producir el heno para las bestias, Y la hierba para el servicio del hombre, Sacando el pan de la tierra.). (21 y 27. (21). Los leoncillos rugen tras la presa, Y para buscar de Dios su comida. (27)Todos ellos esperan en ti, Para que les des su comida a su tiempo.).

Comentario: ¡Qué aburrido sería si todo fuera noche, o aun si todo fuera día! El salmista exalta a Dios por esta armonía y estabilidad en la creación. El sol y la luna magnifican a Dios. La noche da lugar para el desarrollo de la vida animal; el día es especialmente para los seres humanos. La labranza del hombre, lejos de ser una carga o un castigo es un motivo de alabanza. La contemplación de toda la creación nos mueve a adorar y también nos desafía a explorar esta creación. La casi infinita complejidad de la creación y la gran extensión del universo (un millón de millones de galaxias y un promedio de un millón de estrellas en cada galaxia) nos ayudan a valorar la incomprensible grandeza de Dios.

Hasta ahora el salmista ha contemplado la tierra; ahora piensa en el mar y de nuevo exalta al Dios tan grande que hizo esa inmensidad. Pero no sólo la hizo sino también la controla ahora y la sostiene. Si deja de hacerlo (v. 29) toda la vida se acaba. Los vv. 28–30 muestran estrechos paralelos con el himno egipcio al sol. Si el salmista conocía tal himno o una fuente común, parece que están haciendo polémica contra la adoración pagana al sol. Dios hizo y controla el sol y lo usa para sostener y renovar la vida constantemente.

   Referencia:  Job 38:33 al 41. ¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? ¿Dispondrás tú de sus potestad en la tierra? ¿Alzarás tú a las nubes tu voz, Para que te cubra muchedumbre de aguas? ¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? ¿Y te dirán ellos: Henos aquí? ¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al espíritu inteligencia? ¿Quién puso por cuenta los cielos con sabiduría? Y los odres de los cielos, ¿quién los hace inclinar, Cuando el polvo se ha convertido en dureza, Y los terrones se han pegado unos con otros? ¿Cazarás tú la presa para el león? ¿Saciarás el hambre de los leoncillos, Cuando están echados en las cuevas, O se están en sus guaridas para acechar? ¿Quién prepara al cuervo su alimento, Cuando sus polluelos claman a Dios, Y andan errantes por falta de comida?

Mateo 10:29-30. ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados.

3er Titulo:

Da Vida Al Hombre. (Génesis 2.7. Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.). Job 33:4. El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida.

Comentario: Dios forma a Adán, 2:4b–7. Antes de la existencia del hombre no había reino vegetal y la tierra estaba regada o inundada (1:9) por un vapor o manantial subterráneo. El lenguaje que se usa para formar al hombre es propio al de un alfarero que usa el barro para modelar su vasija. Dios forma al hombre, adam 120 de la tierra, adam̆ h 127 la cual provee todos los componentes físicos. Similar a los animales en su composición física, sin embargo, la diferencia es grande. Dios de manera especial concede al hombre el don de vida a través del aliento de vida. La acción de Dios es familiar e íntima. En Juan 20:22 Jesús también sopla el Espíritu Santo a sus discípulos dando vida así a una nueva humanidad. A pesar de tener dos dimensiones, el hombre es una unidad dependiente tanto del medio (físico) como de Dios (espiritual). Con el nombre propio de Adán (2:20) se afirma que el primer hombre fue un ser histórico y no mitológico o legendario.

Cuerpo y alma

Génesis 2:7 y 1 Tesalonicenses 5:23 nos explican que Dios hizo al hombre con ciertos elementos interdependientes que le dan las categorías de “un ser viviente”: con un cuerpo físico, material y con un alma o espíritu. Esta es la idea de un nefesh 5315 jayyah 2416.

La influencia de la filosofía griega ha hecho que algunos vean al hombre como un compuesto de tres elementos: espíritu, alma y cuerpo. Le asignan a cada uno su propia identidad. Se habla del alma como ese soplo o “aliento de vida” que Dios exhaló sobre el hombre para que llegara a “un ser viviente”. Se dice que el espíritu es lo que permite al hombre relacionarse con Dios y que el cuerpo es la parte material. Puede ser, sin embargo una lectura sencilla de la Biblia hace pensar que los escritores bíblicos usaron las palabras “alma” y “espíritu” casi como sinónimos y no con el contenido del pensamiento griego; al fin y al cabo los escritores eran hebreos y fueron consistentes con la filosofía y cultura de su pueblo que consideraba a la persona como una totalidad y no imaginaba a una persona en la cual su alma estuviera separada de su cuerpo. Lo trascendental es que sólo el hombre recibe el aliento de vida directamente del Señor, puede ser que esto sea lo que lo diferencia substancialmente de los animales.

Referencias: San Juan 10:28-30. y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos.

Job 33:4. El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida.

Juan 1:4. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

 

4° Titulo:

Sostiene y Domina La Vida Del Hombre. (Efesios 3.16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;). Gálatas 5:23. mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley; efesios 5:18. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.

Comentario: Pablo ha introducido esta conmovedora oración trinitaria diciendo, “Por esta razón doblo mis rodillas ante el Padre, de quien la familia entera en el cielo y en la tierra recibe su nombre: la familia del Padre”, y prosigue, (orando) que conforme a las riquezas de su gloria os conceda ser fortalecidos con poder por medio de su Espíritu en el hombre interior, para que Cristo habite en vuestros corazones por medio de la fe. Dios es glorioso

en todos sus atributos, según se ha indicado. Véase sobre 1:17. Su poder (1:19; 3:7) es infinito; su amor (1:5; 2:4) es grande; su misericordia (1:4) y su gracia (1:2, 6; 2:7, 8) son ricas; su sabiduría (3:10) es iridiscente; etc. Obsérvense especialmente expresiones tales como “las extraordinarias riquezas de su gracia (expresadas) en bondad” (2:7) y compàrense “las insondables riquezas de Cristo” (3:8). Nunca es correcto enfatizar un atributo a expensas de otro. Hodge está en lo cierto al declarar, “No se trata de su poder excluyendo su misericordia, ni de su misericordia excluyendo su poder, sino que es todo el conjunto lo que le hace glorioso, el objeto propio de adoración”. Pablo ora, por tanto, que todos los esplendorosos atributos de Dios sean abundantemente aplicados al progreso espiritual de aquellos a quienes escribe. En forma especial pide que Aquel que, según se mostró en 1:19 (cf. 3:7, 20; Col. 1:11), es la fuente misma de poder en sus diversas manifestaciones, conceda a los efesios que, de acuerdo a la medida de la gloria de Dios, sean fortalecidos con poder por medio de su Espíritu en el hombre interior. Este “hombre interior” no es la parte racional del hombre contrastada con los bajos apetitos de éste. La terminología no es la misma de Platón o de los estoicos. Al contrario, el “hombre interior” es el opuesto al hombre “de afuera” (o: externo). Cf. 2 Co. 4:16. El primero se esconde a la observación pública. El último está a la vista de todos. Es en los corazones de los creyentes donde el principio de la nueva vida se ha implantado por el Espíritu Santo. Véase sobre 3:17. El escritor está orando entonces por lo siguiente, que se ejerza dentro de estos corazones tal influencia directiva que puedan ser fortalecidos más y más con el Espíritu que les ha sido impartido. Véase sobre 1:19; cf. Hch. 1:8. Otra forma de expresar el mismo pensamiento es: “que Cristo more en vuestros corazones por medio de la fe”. Es errónea la idea, bastante popular entre algunos comentaristas, de que primero, por un poco de tiempo, el Espíritu imparte fortaleza a los creyentes, después de los cual llega un momento en que Cristo establece su morada en estos corazones ya fortalecidos. Cristo y el Espíritu no pueden ser separados así. Si los creyentes tienen el Espíritu

dentro de sí, entonces tienen a Cristo dentro de sí, lo cual es claro según Romanos 8, 9, 10. “En el Espíritu” es como Cristo mismo habita en el ser interior del creyente. Cf. Gá. 2:20; 3:2. El corazón es la fuente central, tanto de las disposiciones como de los sentimientos y pensamientos (Mt. 15:19; 22:37; Fil. 1:7; 1 Ti. 1:5). De él mana la vida (Pr. 4:23). Este precioso habitar de Cristo es “por medio de la fe”, que equivale a la mano que acepta los dones de Dios. La fe es la total rendición a Dios en Cristo, de modo que se espera todo de Dios y se entrega todo a él. Obra por medio del amor (Gá. 5:6). (Comentario al Nuevo Testamento Por William Hendriksen).

Referencia: Salmo 104:29-30. Escondes tu rostro, se turban; Les quitas el hálito, dejan de ser, Y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, Y renuevas la faz de la tierra.

Juan 6:32-33. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

Eclesiastés 8:8. No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la posee.

(Este estudio: es un aporte para la juventud de la iglesia de Cristo IEP.).

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.