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Semana del 28 mayo – 3 de junio de 2018: “Reunión Mensual de Jóvenes y Señoritas”.

Semana del 28 mayo – 3 de junio de 2018: “Reunión Mensual de Jóvenes y Señoritas”.

Tema Libre: “Mirad a Jesús”.

Hebreos 12:1. “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. 2puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. 3Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar”.

 

Comentario:

Por medio de una serie de ejemplos tomados de la historia del pueblo de Dios, el escritor sigue exhortando a sus lectores. Anteriormente les había exhortado a perseverar en el cumplimiento de la voluntad de Dios (10:36); ahora les dice que corran su carrera con perseverancia y que miren a Jesús. Los creyentes de la época del Antiguo Testamento sólo tenían la promesa; en la época del Nuevo Testamento los creyentes tienen el cumplimiento de la promesa y, por consiguiente, ven a Jesús.

 

Versiculos 1. Por lo tanto, puesto que estamos rodeados por una nube tan grande de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba y el pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que nos está señalada.

Los contemporáneos de los primeros lectores de Hebreos habían adquirido interés en los deportes. Los atletas competían en un estadio local, mientras que los espectadores se sentaban en gradas escalonadas alrededor de la arena deportiva. Si bien los cristianos quizá no estuvieran totalmente involucrados en esta actividad (ya que las competencias daban pie a excesos paganos), lo cierto es que ellos estaban totalmente familiarizados con los deportes de sus días. De allí que el escritor tome del mundo de los deportes las imágenes de los espectadores, la vestimenta y las condiciones de los competidores, y la competencia misma.

Nótense los siguientes puntos:

  1. Nube. El escritor se coloca en el mismo nivel que el de sus lectores. El está junto a ellos, ya que élmismo es un competidor junto con sus compañeros de competencia, él mira a las gradas y ve una multitudde espectadores. El escritor de Hebreos los llama “una nube tan grande de testigos”. Esta puede ser una expresión idiomática que signifique lo mismo que nuestro término una gran multitud. La palabra testigo, sin embargo, tiene dos significados. En primer lugar, se refiere a una persona que contempla la escena que está ante él; sus ojos y sus oídos le dicen lo que está sucediendo. En segundo lugar, esta palabra significa que una persona es capaz de hablar acerca de lo que ha visto y oído.

Los testigos no están callados. De hecho, el escritor de Hebreos dice acerca de Abel, “y por la fe él habla todavía, aunque está muerto” (11:4). Los héroes de la fe que se mencionan en el capítulo 11 hablan, pero lo hacen por medio de las páginas de la Escritura. Ellos nos alientan, por así decirlo, ya que la carrera que corremos tiene que ver con la causa de Cristo. Por medio de sus voces bíblicas, ellos nos alientan en nuestra competencia de fe. Los testigos nos rodean, por que tienen interés en nuestros logros (11:40).

 2. Estorbo. “Despojémonos de todo lo que nos estorba”, dice el escritor. El se fija en la indumentaria que usamos y en el estado físico en que nos encontramos. Para correr una carrera usamos ropa deportiva adecuada, que nos dé el peso mínimo y la máxima comodidad. Y para que se nos considere como corredores, nos esforzamos por quitar toda gordura adicional, fortaleciendo nuestros músculos. Todo lo que es voluminoso en nuestros cuerpos debe desaparecer, ya que nos estorba en la carrera que corremos.

¿Cuáles son los impedimentos que nos estorban? Jesús dice: “Estad alertas, no sea que vuestros corazones

estén cargados de disipación y embriaguez y de las preocupaciones de la vida” (Lc. 21:34). Y Pablo enseña: “Pero ahora vosotros debéis desprenderos de cosas tales como las siguientes: ira, enojo, malicia, blasfemias y lenguaje soez de vuestros labios” (Col. 3:8; véanse también Stg. 1:21; 1 P. 2:1).

3. Pecado. Un estorbo no es en sí mismo un pecado, pero puede ser que al molestar al contendiente,un estorbo se transforme en un pecado. El pecado enreda del mismo modo que una amplia toga que alcanzara el suelo enredaría a un corredor de los tiempos antiguos. Haced a un lado este estorbo, dice el escritor de Hebreos. “Quitémonos todo aquello que nos retrasa o nos retiene, y especialmente aquellos pecados que se enredan tan apretadamente alrededor de nuestros pies que nos hacen caer”.

El escritor es bastante específico. El llama al pecado el pecado. ¿Qué es lo que quiere decir? El no contesta esta pregunta, pero otros pasajes de las Escrituras sugieren que el pecado de la codicia figura entre las primeras de las transgresiones humanas.

Recordemos que Eva cayó en pecado porque deseaba obtener sabiduría (Gn. 3:6). El último mandamiento del Decálogo prohíbe la codicia (Ex. 20:17; Dt. 5:21). Y este mandamiento sirve en realidad como resumen para indicar que los mandamientos que le preceden están dirigidos implícitamente en contra de la codicia del hombre. En su carta a los Colosenses, Pablo le llama idolatría a los malos deseos y a la codicia (3:5; véase también Ef. 4:22). Si bien el escritor de Hebreos se refiere a el pecado, él mismo deja abierto el significado preciso de esta palabra. La intención de su exhortación es que debemos evitar el pecado, por que estorba nuestros movimientos en la carrera que debemos correr.

4. Carrera.Cuando el escritor nos exhorta a “correr con perseverancia la carrera que nos está señalada”,él hace eco de las palabras de Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Ti. 4:7). Pablo dijo estas palabras al fin de su vida cuando ya sabía que se acercaba a la meta y que “la corona de la justicia” le aguardaba.

Nosotros, los contendientes, debemos correr la carrera con perseverancia. Nuestro objetivo es llegar a la meta. Pero mientras corremos por la pista que Dios nos ha señalado, mantenemos nuestros ojos fijos en Jesús. El nos anima a perseverar en el torneo, ya que él ha corrido la misma carrera. Jesús es el que fortalece al corredor y le capacita para perseverar.

 

Versículo 2. Fijemos los ojos en Jesús, el autor y perfeccionador de nuestra fe, quién por el gozo puesto delante de él soportó la cruz, menospreciando su vergüenza, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

El énfasis principal de este versículo está en la cláusula inicial. Todas las otras cláusulas describen a Jesús en cuanto a su obra, resistencia y posición. Nótese que el escritor introduce el nombre Jesús para que los lectores se concentren en su vida terrenal.

a).“Fijemos los ojos en Jesús”. Inmediatamente viene a mi mente el estribillo del himno de invitación compuesto por Helen H. Lemmel:

Volved vuestros ojos a Jesús,

Poneos su rostro maravilloso a contemplar;

Y las cosas de la tierra parecerán palidecer

Ante la gloria y gracia de su luz.

Al igual que los contendientes en una carrera, nosotros no tenemos tiempo de mirar a nuestro alrededor. Debemos mantener nuestros ojos enfocados en Jesús y debemos hacerlo sin distracción. El escritor de Hebreos no pone el nombre de Jesús entre los de los héroes de la fe; le otorga un reconocimiento especial, ya que lo llama “el autor y perfeccionador de nuestra fe”. Jesús es “el autor de [nuestra] salvación” (2:10), es el que ha entrado al santuario celestial como precursor (6:19–20) y ha abierto “un camino nuevo y vivo” para nosotros que nos lleva a este santuario (10:20). El es el Principio y el Fin, el Alfa y la Omega (Ap. 1:17; 21:6; 22:13). Y aquel a quien Dios perfeccionó mediante el sufrimiento (Heb.2:10) perfecciona a sus hermanos y hermanas que han puesto su confianza en él. Como originador y perfeccionador de nuestra fe, Jesús ha puesto sus fundamentos en nuestros corazones y a su debido tiempo llevará la fe a su consumación. El puede hacer esto porque está capacitado para hacerlo, y lo hará porque es nuestro hermano (Heb. 2:11–12). En forma similar, Pablo alienta a los filipenses diciéndoles que Dios, “que comenzó una buena obra en vosotros, la llevará a su consumación hasta el día de Cristo Jesús” (1:6). Por lo tanto “fijemos los ojos en Jesús”.

b).“El gozo puesto delante de él”. ¿Cómo hemos de interpretar la palabra gozo? ¿Quiere el escritor decir que Jesús cambia el gozo celestial por el dolor terrenal? ¿O quiere decir que a causa del gozo que esperaba a Jesús después de su muerte, Cristo estuvo dispuesto “a sufrir la cruz”? Algunos eruditos piensan que Jesús eligió la muerte en la cruz en vez del gozo de la bienaventuranza celestial de que disfrutaba en la presencia de Dios (2 Co. 8:9; Fil. 2:6–7). Los tales tienen la opinión que esto es lo que el escritor quiere decir. Otros expertos discrepan con esto. Creen que la intención es la de trasmitir el siguiente mensaje: Para obtener el gozo que Dios planeó para él, Jesús obedientemente sufrió la agonía de la muerte.

La evidencia parece favorecer la segunda interpretación. El contexto en general, y la frase puesto delante de él en particular, sustentan este enfoque. Vale decir que Dios le fijó a Jesús el camino del sufrimiento (Is. 53:4–6) y más tarde le llenó de gozó (Sal. 16:11; Hch. 2:28). La cláusula “por el gozo puesto delante de él” parece apuntar al futuro. La misma tiene que ver con la exaltación de Jesús al ser glorificado después de su muerte en la cruz.

c).“Soportó la cruz”. En esta epístola el escritor rara vez habla directamente de la vida terrenal de Jesús.De hecho, esta es la única ocasión en que él menciona la palabra cruz. Ese término, junto con el verbo soportó, refleja todo el relato de la pasión del juicio de Jesús y de su muerte. Jesús estuvo solo durante su juicio ante el sumo sacerdote y ante Poncio Pilato. Jesús sufrió la agonía de Getsemaní solo. Y solo soportó la ira de Dios en el Calvario. En su sufrimiento Jesús demostró visiblemente su fe en Dios. El soportó obedientemente la angustia de la muerte en la cruz.

d).“Menospreciando su vergüenza”. Los judíos que demandaron la crucifixión de Jesús querían ponerle bajo la maldición de Dios. Sabían que Dios había dicho: “Cualquiera que es colgado de un árbol está bajo [mi] maldición” (Dt. 21:23; véase también Gá. 3:13). Ellos querían que Jesús experimentase la máxima vergüenza. El tomó sobre sí la maldición para liberar a su pueblo y para experimentar con ellos el gozo que Dios había puesto delante de él. Por cierto, el autor y perfeccionador de nuestra fe triunfó cuando se sentó a la diestra de Dios.

e).“Y se sentó”. Con unos pocos rasgos de su pluma, el escritor proporciona un relato de la vida,muerte, resurrección y ascensión de Jesús. El punto culminante es, por supuesto, el entronamiento de Jesús a la diestra de Dios. Ese lugar de honor le pertenece a él y será suyo por toda la eternidad. El escritor cita una y otra vez el Salmo 110:1 o hace referencias al mismo: “Siéntate a mi diestra hasta que haya hecho de tus enemigos tarima para tus pies” (1:13). El desarrolla una clara progresión de pensamiento. Nótense los siguientes versículos:

1:13 “El se sentó a la diestra de la Majestad en el cielo”

8:1 “Se sentó a la diestra del trono de la Majestad en el cielo”

10:12 “Se sentó a la diestra de Dios”

12:2 “Se sentó a la diestra del trono de Dios”

Jesús completó su tarea en la tierra, asumió su lugar en el cielo, y ahora le asegura al creyente la ayuda divina en la carrera que le está señalada a este último.

 

Versículo 3. Considerad a aquel que sufrió una oposición tal de parte de hombres pecadores, a fin de que no os canséis ni perdáis el ánimo.

Mirad con cuidado toda la vida de Jesús, dice el escritor de Hebreos a sus lectores, y considerad lo que él tuvo que enfrentar. Literalmente él les está diciendo que comparen sus vidas con la de Jesús y que tomen cuidadosa nota de todo lo que Jesús tuvo que sufrir. Jesús vino a cumplir las profecías mesiánicas, y por lo tanto vino a su propio pueblo; “pero los suyos no lo recibieron” (Jn. 1:11). En vez de ello, Jesús se encontró con una incredulidad obstinada y con una oposición durísima. El sufrió el odio de un mundo pecador opuesto a la verdad de Dios. Entonces, si Jesús experimentó una oposición tal, ¿no habrían sus seguidores de compartir la misma suerte (Jn. 17:14)?

El escritor demuestra que es un pastor excelente. El conoce esa tendencia de mirar al cristiano y no al Cristo. La introspección ocasiona fatiga espiritual y desaliento, pero mirar a Jesús renueva la fuerza del cristiano y aumenta su valor. Por consiguiente, dirigiendo la atención del cristiano a Jesús, el escritor lo exhorta a considerar el sufrimiento que Cristo soportó no sólo en la cruz sino a lo largo de su ministerio. Cuando el cristiano se da cuenta de que Jesús soportó el odio de hombres pecadores a causa del creyente, él debe tomar aliento. Entonces sus propios problemas se hacen más fáciles de soportar, y también él será capaz de continuar y finalmente completar la carrera que le está señalada.

 

Consideraciones Prácticas en 12:1–3

Nosotros somos individualistas que nos enorgullecemos de nuestros logros. Pero a veces esta actitud, digna de alabanza hasta cierto punto, puede llegar a transformarse en un complejo. Es decir, pensamos que estamos solos en el mundo, pues nosotros somos los únicos cristianos que han guardado la fe. Nos sentimos un poco como se sintió el profeta Elías, que se quejó de que él era el único que quedaba (1 R. 19:10). Como consecuencia, el desaliento nos atrapa.

No estamos solos, sin embargo. Primeramente, hemos de considerar la incontable multitud que ha guardado la fe y que ha sido llevada a la gloria. El escritor de Hebreos los describe como “una gran nube de testigos”. En segundo lugar, debemos mirar a Jesús, el autor y perfeccionador de nuestra fe. El siempre está cerca de nosotros y dispuesto a ayudarnos. Finalmente, somos parte del cuerpo de Cristo, la iglesia. Tenemos un número sin fin de hermanos y hermanas que están librando la buena batalla de la fe.

Sin embargo, en nuestro carácter de corredores de carrera, somos individuos. Cada creyente debe correr la carrera que Dios le ha señalado. Y cada uno tiene su propia serie de obstáculos, su propia pista, y sus propias capacidades. Para correr la carrera que Dios nos ha señalado, debemos hacer a un lado todo lo que nos estorba. La ropa de un corredor de larga distancia consiste en una camiseta, un pantaloncito, y zapatos, y todo pesa menos de medio kilo. Se nos dice que debemos viajar gran distancia en la pista de la fe. Por lo tanto debemos correr livianos. La vida de fe del cristiano es más que una sola proeza notable, o que un logro único, o una explosión repentina de energía espiritual. El creyente mira a Jesús sin distracción, porque persevera y vive una vida de santidad. Cuando así lo hace, él progresa en su recorrido de la ruta de la santificación.

Nosotros cargamos con nuestra cruz, pero no cargamos con la cruz que Jesús llevó. El llevó la cruz solo. Nosotros llevamos la nuestra mirándole fijamente a él. Desde su exaltada posición en el cielo a la diestra de Dios, Jesús nos capacita para persistir, para suportar y para ser fieles a Dios y a su Palabra.

 

 

Amén, para la gloria de Dios.

 

 

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.