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Semana del 24 al 30 de junio de 2019: “Apropiación del Espíritu Santo por fe para la santificación”

Semana del 24 al 30 de junio de 2019: “Apropiación del Espíritu Santo por fe para la santificación”


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Lectura Bíblica: Gálatas 3.2 al 5. Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe? 

   Comentario: El acto de apropiación por fe: El bautismo del Espíritu Santo se recibe no solo por el acto de una rendición absoluta, sino también por una fe personal que apropia la bendición. Las dos condiciones tienen que ir juntas y en este orden. La rendición es el acto de entregarse a Dios; la fe es el acto de recibir a Dios. Además, la rendición es negativa y pasiva; mientras que la fe es positiva y activa. También, precisamente como acto de rendición que tiene que ser voluntario, completo y final, así el acto de fe que ser definitivo, vital, apropiándose lo que Dios ofrece. (Tomado del libro Estudio de Doctrina Cristiana Dr. George Pardington, pagina 237-238).

   Comentario 2: Versíc. 2. Pablo continúa, Sólo esto quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu haciendo lo que (la) ley exige o porque creísteis (el) mensaje del evangelio? También se podría traducir en otra forma, esto es, “… ¿recibisteis el Espíritu como resultado de las obras de laley o como resultado del oír con fe?”80 De todos modos, el sentido es básicamente el mismo. Las dos traducciones concuerdan en que la salvación por las obras se opone a la salvaciónpor la fe. La pregunta de Pablo está llena de significado y es aplicable a toda época. Elárbol debe ser juzgado por los frutos que produce. Es como si Pablo estuviese preguntado,“Mis queridos gálatas, ¿acaso el camino que ahora habéis tomado os da más felicidad que elque antes habíais escogido? ¿Por cuál medio os disteis cuenta que el Espíritu moraba envuestros corazones? ¿Fue por la senda de una rigurosa esclavitud a las ordenanzas ceremoniales o por el ejercicio de vuestra fe en Cristo, de tal modo que escuchasteis y atesorasteisansiosamente el mensaje del evangelio?” El apóstol volverá a esta pregunta en el v. 5, dondela amplía. Véase sobre ese versículo.

   Versíc. 3. Continúa: ¿Tan necios sois? Ya explicamos en qué consistía su necedad (véase sobre el v. 1). Sin embargo, todavía hay una explicación más de la necedad gálata, la cual se encuentra en estas palabras: ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora por medios carnales estáis siendo perfeccionados? En el original hay un doble contraste, esto es, a. entre “habiendo comenzado” y “estáis siendo perfeccionados”, y b. entre “por el Espíritu” y “por la carne” (en el sentido de “por medios carnales”). Este contraste se hace más enfático por medio del orden quiástico (orden en X) de las palabras de la cláusula:

   Al colocar juntos los términos Espíritu y carne (el original dice: “… comenzado por el Espíritu, por la carne …”) se está dando un fuerte énfasis a la oposición que existe entre ellos. La presencia activa del Espíritu señala a la presencia interna de Cristo; por tanto, el nuevo nacimiento, la implantación de la semilla de la fe verdadera, el conocimiento del perdón y la adopción, y los otros dones, tales como iluminación, libertad, gozo, seguridad de salvación, poder en contra de Satanás, respuesta a las oraciones, testimonio efectivo, etc. Produce dones externos e internos, como veremos más adelante (véase sobre el v. 5). Por otra parte, la carne indica que Cristo no mora en el corazón. Señala a todo lo que es aparte de Cristo como base de la esperanza de la salvación. Los gálatas estaban comenzando a renunciar a Cristo como su único y todo suficiente salvador. Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora tendían a poner su confianza en los medios carnales—por ejemplo, hacer caso de los consejos de los judaizantes, y así en las obras de la ley, en la observancia estricta de las ceremonias, la circuncisión, etc.—con el fin de llegar a ser perfectos por esos medios. ¡Qué necedad más tremenda y desastrosa! Ellos nos recuerdan al hijo pródigo que dejó la casa de su padre con toda la seguridad, la paz, el amor y la comprensión que aquel hogar ofrecía, para andar errante por lugares extraños y adversos, donde sufriría hambre y necesidad. La carne señala dudas, temor, oscuridad, debilidad, esclavitud, tristeza, frustración, etc.

   Es como si estuviese diciendo: “¡Con cuánta esperanza comenzasteis, y qué triste es la continuación! Y sólo pensad en esto: los falsos líderes a quienes estáis empezando a seguir le han dado un nombre a este proceso destructivo. ¡Lo llaman siendo perfeccionados! ¡Qué ironía más trágica!”

   Lo que el apóstol escribe no sólo se aplica a los gálatas de su época. También se aplica a todos aquellos que hoy en día confían en los rituales, la vida moral, el progreso científico, los logros intelectuales, la belleza física, los recursos económicos, el poder político, el liberalismo teológico o aun en la pureza doctrinal. Si uno basa su confianza para esta vida o la otra en cualquier cosa aparte de Cristo, uno está confiando en la carne.

   Versíc. 4. En íntima conexión con las palabras “habiendo comenzado por el Espíritu”, Pablo continúa, ¿tantas cosas habéis experimentado en vano? La VRV 1960, traduce: “¿Tantas cosas habéis padecido en vano?”. Esta traducción (padecido en lugar de experimentado) se halla en muchas otras traducciones, antiguas y modernas, y la apoyan muchos intérpretes. Si fuese correcta, Pablo estaría introduciendo un pensamiento totalmente nuevo en este punto, un pensamiento sobre el cual no ha dicho nada en lo que precede, que abandona de inmediato, y al cual no regresará más en ninguna parte del resto de la carta. Ahora bien, difícilmente podría negarse que los gálatas habían padecido, como todos aquellos que se vuelven al Señor. Cf. Jn. 16:33; 2 Ti. 3:12. Aun el libro de Hechos, que trata en algún detalle los sufrimientos de Pablo en Galacia del sur (13:50; 14:2, 5, 19), da a entender que les esperarían tribulaciones (14:22), pero no dice casi nada de las tribulaciones que los gálatas soportaron. También es cierto que la palabra usada en el original generalmente significa padecer, como traduce la VRV. Además, considerada en y por sí misma, la pregunta, “¿Tantas cosas habéis padecido en vano?” comunica una idea inteligible, ya que se les podría estar preguntando a los gálatas si “valió la pena” que hayan confesado y sufrido algunos padecimientos por la fe que ahora estaban por dejar.

   A pesar de todos los argumentos que se esgrimen a favor de la traducción habéis padecido, todavía hay unas consideraciones que han movido a muchos a no seguir latraducción de la VRV en este punto. Primero, debemos tener presente que el verbo usado enel original es neutral. No significa más que experimentar. El verbo en sí no indica si las cosasque se experimentaron eran buenas o malas, favorables o desfavorables. También elargumento basado sobre el significado prevaleciente de la palabra (esto es, padecer) en lasepístolas de Pablo (y otros lugares) pierde gran parte de su fuerza tan pronto como sedescubre—después de un examen detallado de todos los demás pasajes paulinos donde sehalla la palabra (1 Co. 12:26; 2 Co. 1:6; Fil. 1:29; 1 Ts. 2:14; 2 Ts. 1:5 y 2 Ti. 1:12)—que en todos estos casos el contexto exige claramente que traduzcamos padecer pero que por elcontrario, el presente contexto apunta en la dirección opuesta. Tanto el contexto precedentecomo el subsecuente nos hablan de favores recibidos: la proclamación pública de Cristo a losgálatas, la recepción del Espíritu y los milagros que se realizaron en su medio. Véase tambiénGá. 4:14, 15. Es en este contexto que Pablo pregunta, “¿Tantas cosas habéis experimentado en vano (esto es, para nada)?”

   De seguro que la lección que se quiere comunicar, y que es siempre aplicable, es que el Señor quiere que todos puedan ser beneficiados espiritualmente por medio de sus experiencias. Quiere que su pueblo use esas experiencias—en el presente caso se habla de bendiciones, pero la lección se aplica a toda clase de experiencias—para su provecho. En la antigua dispensación, Labán, aunque afirma que aprendió de la experiencia, hizo una aplicación egoísta (Gn. 30:27). De la misma forma, los gálatas estaban mostrando por su descarrío que no estaban respondiendo en la forma correcta. Por otra parte, David, al meditar en las misericordias de Dios, demuestra que esas muestras del amor divino no fueron malgastadas por él. David dice, “¿Quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí?” (2 S. 7:18). Cf. también Sal. 103; 116; 119:67; Lc. 17:11–19; Hch. 3:23–31; 1 Ti. 1:12–17; y Ap. 15:2–4. Pablo añade: si realmente (fue) en vano. Algunos creen que esto significa, “si sólo (fue) en vano y no peor que en vano”. No estoy de acuerdo con esta interpretación tan forzada. Gá. 5:10 muestra claramente que Pablo no ha perdido la esperanza respecto a los gálatas. Todavía los considera sus “queridos hijitos” (Gá. 4:19), sí, como hijos amados de Dios, aunque seriamente errados. Concuerdo plenamente con el comentario que Calvino hace de este versículo: “Pero para suavizar la severidad de su queja, añade (Pablo): ‘si realmente fue en vano’, para así llenar sus mentes con la expectación de algo mejor, y animándolos al ejercicio del arrepentimiento”.

   Versíc. 5. Tal como lo indica la conjunción “por consiguiente”, Pablo vuelve a la pregunta que hiciera antes (véase el v. 2), pero cambia la segunda persona por la tercera, y el tiempo pasado por el presente, y esto con el fin de provocar un efecto más intensificador: Por consiguiente, aquel que os suministra el Espíritu y hace milagros entre vosotros, ¿(lo hace) porque vosotros hacéis lo que demanda (la) ley o porque creéis (el) mensaje del evangelio? Nótese que aquí se añade, “y hace milagros entre vosotros”. Uno también podría traducir “en vosotros” en lugar de “entre vosotros”. Esto significa que los milagros, fuerzas o poderes de los que habla el apóstol pueden considerarse como carismas externos (dones especiales), tales como la profecía, la sanidad, las lenguas, la interpretación de lenguas (1 Co. 12:10; 2 Co. 12:12), o bien como frutos morales y espirituales de carácter interno, tales como la fe, la esperanza y el amor. Existen buenas razones para creer que Pablo tiene en mente las dos cosas, porque cuando enumera las diversas bendiciones que el Espíritu Santo había conferido a otra iglesia, pasa del primer grupo (registrado en 1 Co. 12) al segundo (registrado en 1 Co. 13) por medio de una simple transición. Sobre los gálatas habían sido derramadas las dos clases de bendiciones, sí, derramadas abundantemente. ¿Pero se les había impartido esas bendiciones como resultado de su obediencia a la ley o por haber creído en el Señor Jesucristo, tal como se le presenta en el evangelio? Y si fue a causa de lo último, como sabemos es cierto, ¿por qué, entonces, los gálatas se están apartando de la fe hacia las obras, de la Fuente a las cisternas rotas que no retienen agua? “¡Oh gálatas insensatos!” “¡Oh hombre moderno igualmente insensato!”

1er Titulo:

Acto De Fe Necesario Para Ser Bautizado Por El Espíritu Santo (San Lucas 11:10 al 13. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?).

   Comentario: Porque quienquiera que pide recibe, y el que busca halla y al que llama se le abrirá.Jesús aquí sigue enfatizando la efectividad de la oración. Relacionada con esta hay otralección, a saber, la importancia de la perseverancia en la oración. Así que no es sorprendenteque ahora se repitan las palabras de Mt. 7:7, 8. Una triple exhortación acompaña a una triplepromesa. La triple exhortación es la siguiente: pedid, buscad, llamad. Nótese también elenfático “Así que yo os digo” con que aquí en Lucas se inicia la oración.

   Primero, entonces, las palabras de mandamiento o exhortación: “Pedid, buscad, LLAMAD”. Es claro que están ordenadas en una escala de creciente intensidad.

Pedid

   El pedir da por sentadas la humildad y una consciencia de la necesidad. El verbo se usa con respecto a una petición que es dirigida por un inferior a un superior. El fariseo de la parábola (Lc. 18:10–13) nada pide. Le dice al Señor cuan bueno es él mismo. El publicano pide, esto es, ruega: “Dios, sé propicio a mí, el pecador”. El pedir también presupone la creencia en un Dios personal con quien el hombre puede tener comunión. Cuando uno pide, espera una respuesta. Por eso, esto comprende fe en un Dios que puede responder, responde y responderá, es decir, fe en Dios el Padre. Tener esta clase de fe hace que la oración sea cálida y personal. Tal persona no podría decir: “Oh Dios, si es que hay un Dios, salva mi alma, si es que tengo alma”.

Buscad

   Buscar es pedir más actuar. Supone una petición sincera, pero esta no es suficiente. Una persona debe estar activamente obrando para obtener la satisfacción de sus necesidades. Por ejemplo, uno debería no solamente orar por un profundo conocimiento de la Biblia, sino que debería también diligentemente escudriñar y examinar las Escrituras (Jn. 5:39; Hch. 17:11), asistir a los cultos (Heb. 10:25) y por, sobre todo, tratar de vivir en armonía con la voluntad de Dios (véase Mt. 7:21, 24, 25; cf. Jn. 7:17).

Llamad

   Llamar es pedir más actuar más perseverar. Uno llama repetidas veces a la puerta hasta que la puerta se abre. Sin embargo, en realidad es probable que la perseverancia ya esté comprendida en los tres imperativos, puesto que los tres están en tiempo presente; por eso, una traducción posible sería: “seguid pidiendo, buscando y llamando”. Esto más aún en vista de Lc. 18:1, 7; cf. Ro. 12:12; Ef. 5:20; 6:18; Col. 4:2; 1 Ts. 5:17. Pero lo que es probable para todos los tres es seguro con respecto al último, puesto que la mismísima idea bíblica de llamar supone la perseverancia. Uno sigue golpeando a la puerta del palacio del reino hasta que el Rey, que es al mismo tiempo el Padre, abre la puerta y provee todo lo que se necesita.

   En cuanto a la promesa que se cumple cuando se obedece el mandato, en cada caso la correspondencia entre el mandato y la promesa es exacta: de ahí, pedir va seguido de dado; buscar, de encuentra y llamar de abierto. Nótese que en vv. 9 y 10 esta promesa, en una forma u otra, aparece no menos de seis veces. Las primeras tres promesas, las del v. 9, virtualmente se repiten en el v. 10, y hasta se enfatizan por la palabra introductoria quienquiera que, cuyo carácter inclusivo es enfatizado nuevamente por el que y al que, como para decir: de aquellos que obedecen el mandato ni siquiera uno será desilusionado.

   A todo sincero seguidor del Señor se promete una respuesta al tipo de oración que va acompañada de búsqueda y de llamado. Si un hijo le pide pescado a su padre, ¡por cierto que el padre no le dará una serpiente!

Lc. 11:11–13 ¿Qué padre hay entre vosotros que, cuando su hijo le pide un pescado, le dará una serpiente? O también ¿si (el hijo) le pide un huevo le dará un escorpión? Pues, si vosotros, a pesar de ser malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que le piden!

  si el hijo le pide un huevo, es inconcebible que el padre le dé en cambio un terrible escorpión, con su cola venenosa que pica a su víctima hasta dejarlo inconsciente. Ahora si aún un padre terrenal, aunque malo por naturaleza (Sal. 51:1–5; 130:3; Is. 1:6; Jer. 17:9; Jn. 3:3, 5; Ro. 3:10; Ef. 2:1), provee a sus hijos solamente cosas buenas, y no con cosas que pudieran causarles daño, con cuánta mayor razón el Padre celestial—literalmente, el Padre del cielo—que está libre de toda maldad y es, en realidad, la fuente de toda bondad, dará … ¿qué? Aquí la versión de Mateo dice “buenas dádivas”, mientras que Lucas dice “el Espíritu Santo”. Estas dos están en perfecto acuerdo, porque, ¿no es el Espíritu Santo la Fuente misma de todo lo que es bueno?

   Significativamente tanto Mateo como Lucas terminan la oración con “a los que le piden”, enfatizando nuevamente en forma hermosa el énfasis principal de todo el pasaje, a saber, “Pedid y se os dará … ¡quienquiera que pide, recibe!

2° Titulo:

La Fe Debe Ser Activa Para Obtener La Bendición De Dios (Hebreos 11:13 al 16. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.).

   Comentario: La promesa 11:13–16: En los tiempos del Antiguo Testamento los creyentes anhelaban la venida de Cristo. Estos creyentes vivían por la fe, no por la vista, ya que ellos eran los receptores de la promesa. 13. Toda esta gente estaba viviendo por la fe hasta la muerte. Ellos no recibieron las cosas prometidas; sólo las vieron y las dieron la bienvenida desde lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Cuando el escritor dice: “Toda esta gente”, se está refiriendo a los receptores de la promesa, a saber, Abraham, Sara, Isaac y Jacob. Dios le dio a Abraham la promesa acerca de la tierra y se la repitió a Isaac y a Jacob. Sin embargo, los patriarcas siguieron siendo nómadas que vivieron en la tierra como “extranjeros y peregrinos”. Ellos recibieron la promesa de innumerables descendientes; no obstante, al morir, los patriarcas sólo tenían hijos y nietos. En suma, “no recibieron las cosas prometidas”. Su fe, sin embargo, les sostuvo, ya que ellos creían que Dios sería fiel a su palabra y al final cumpliría también las promesas que había hecho.

   Los patriarcas discernieron en el futuro el cumplimiento de las promesas de Dios. Por la fe ellos dieron la bienvenida a este cumplimiento, aunque desde lejos. Es decir que con los ojos de la fe ellos vieron la bondad de Dios en el cumplimiento de las promesas a su debido tiempo. Pero con los ojos físicos ellos vieron “que eran extranjeros y peregrinos en la tierra”. La lista de aquellos creyentes que se consideraban “extranjeros y peregrinos en la tierra” es extensa. Por ejemplo, Moisés recibió la promesa de que la nación de Israel poseería Canaán, pero él mismo nunca entró en dicha tierra; sólo se le permitió verla desde una de las montañas de Moab (Nm. 27:12; Dt. 3:27; 32:49; 34:1–4). A lo largo de su vida Moisés fue un peregrino que se mudó desde Egipto hasta Madián, y posteriormente hasta la frontera de Canaán. Moisés “perseveraba porque veía al que es invisible” (Heb. 11:27). Hasta el día de su muerte, él siguió siendo un extranjero y peregrino.

   Versíc. 14. Los que dicen cosas tales demuestran que están buscando una patria propia.

   Los creyentes saben que este escenario terrenal es transitorio pero que su hogar celestial es permanente. Por lo tanto, reconocen plenamente el carácter temporal de su permanencia sobre la tierra y anhelan su morada eterna en el cielo. Los creyentes no huyen de este mundo (Jn. 17:11, 14), Este mundo, redimido por Cristo, es el taller de trabajo del cristiano. Y cualquiera que sea la ocupación honesta y honorable que el creyente tenga, Dios la bendecirá. No obstante, esta tierra presente pasará y, según la promesa de Dios, “nosotros esperamos un nuevo cielo y una nueva tierra, el hogar de la justicia” (2 P. 3:13).

15. Si ellos hubiesen estado pensando en el país que habían dejado, habrían tenido oportunidad de regresar. 16. En cambio, ellos anhelaban una patria mejor—la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de ser llamado su Dios, ya que ha preparado una ciudad para ellos.

   El escritor de Hebreos da a entender que los patriarcas hubieran tenido muchas oportunidades de regresar a su país de origen; de hecho, Abraham había partido desde Ur de los Caldeos, “la tierra de su nacimiento” (Gn. 11:28). Ellos podrían haber vuelto sobre sus pasos y viajar desde Canaán vía Harán hacia la Mesopotamia.

   Si los patriarcas hubieran realmente considerado volver a su país natal, le hubieran fallado a Dios y hubieran perdido la promesa que Dios les había hecho. Abraham había sido sacado de la tierra de sus padres y antepasados, que “adoraban u otros dioses” (Jos. 24:2). Él no podía volver porque había respondido en fe a Dios. Por eso, para Abraham, su hijo y su nieto, regresar a la tierra de origen de Abraham era algo inconcebible. En obediencia al llamado de Dios, el patriarca había entrado en Canaán, y con plena confianza en su Dios, permaneció en la tierra prometida. Isaac y Jacob demostraron la misma obediencia, ya que Jacob, después de pasar cierta cantidad de años en Padan-aram, regresó a la parte sur de Canaán. Además, Abraham, Sara, Isaac, Jacob y José fueron enterrados en la tierra de la promesa.

   La otra cara de la moneda proverbial es que los patriarcas no buscaban una herencia terrenal sino una celestial. El escritor de Hebreos dice: “Ellos anhelaban una patria mejor”. Por la fe ellos tenían sus ojos puestos en una patria celestial. Buscaban la vida eterna con el Dios que les había dado las promesas. Y su fe fue recompensada, ya que Cristo mismo, al contestar la pregunta de los saduceos acerca de la resurrección, dijo: “Pero en cuanto a la resurrección de los muertos—¿no habéis leído lo que Dios os dijo, “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob”? Él no es Dios de los muertos sino de los vivos” (Mt. 22:31–32; y véanse también Mr. 12:26–27; y Lc. 20:37–38; Ex. 3:6; 4:5).

   Dios es el Dios de los vivos. Cualquiera que pone su fe en Dios entra en esa patria celestial mencionada por el escritor de la epístola. Y Dios no se avergüenza de ser su Dios. ¡Qué honor ser llamados hijos de Dios! Dios no permite llevar su nombre porque él ya ha preparado un lugar para nosotros. Somos privilegiados por encima de todos porque “nuestra ciudadanía” como dice Pablo, “está en el cielo” (Fil. 3:20). Todos aquellos que por la fe anhelan la ciudad celestial que Dios ha preparado reciben la ciudadanía celestial (Jn. 14:2; Ap. 21:2). “En consecuencia llegamos a la conclusión de que no habrá lugar para nosotros entre los hijos de Dios, a menos que renunciemos al mundo, y que no habrá para nosotros herencia en el cielo, a menos que seamos peregrinos sobre la tierra”.

3er Titulo:

Apropiando lo que Dios ofrece en un sincero acto de fe (Efesios 1:11 al 14. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.)

   Comentario: La evidencia de que la preocupación de Cristo por su iglesia es profunda, se ve, sin lugar a dudas, en la declaración que sigue, en él 11. en quien nosotros—Yo Pablo, y vosotros, los lectores—también hemos sido hechos herederos. Obsérvese la palabra “también”, que significa: no solamente, en unión vital con Cristo, hemos recibido bendiciones tales como la redención, el perdón de los pecados y la iluminación espiritual (sabiduría, discernimiento), favores que ya hemos mencionado (vv. 7–10 más arriba), sino que además de estos favores iniciales que, aunque tienen significado permanente, enfocan sobre el pasado (liberación de aquel terrible poder que nos tenía atados, perdón de los pecados pasados, disipación de las antiguas tinieblas), se nos otorgó además el derecho a la gloria futura. “Hemos sido hechos herederos”, es lo que Pablo nos dice. Herederos son aquellos que, sin contar con méritos personales, reciben derecho a todas las bendiciones correspondientes a la salvación en Cristo Jesús, y que jamás les serán quitadas. La herencia se les concede en dos etapas: ciertas bendiciones les son otorgadas ahora mismo, otras en el futuro (véase en los vv. 13 y 14 más adelante).

   Alguien podría objetar, “¿Pero serán acaso estas bendiciones de la salvación—así las futuras como las presentes—realmente nuestras? ¿Existe la certeza de que el plan de Dios paranuestras vidas nos asegura también el futuro?” El apóstol responde al proseguir: habiendosido predestinados conforme al propósito de aquel que obra todas las cosas conforme alconsejo de su voluntad. Lo que determina nuestro destino no es ni la suerte ni elmérito humano. El bondadoso propósito—para que fuésemos santos e irreprensibles (v. 4),hijos de Dios (v. 5), destinados a glorificarle eternamente (v. 6; cf. vv. 12 y 14)—está establecido,siendo parte de un plan más extenso que abarca el universo. De este plan, que incluyeabsolutamente todas las cosas que siempre han existido y tenido lugar en el cielo, en la tierra,y en el infierno; cosas del pasado, del presente, y aun las futuras, que tienen relacióntanto con creyentes como con no creyentes, con ángeles y demonios, con actividades tantofísicas como espirituales y con unidades de existencia tanto grandes como pequeñas; Dios esno solamente el autor sino también el ejecutor de todo. Su providencia en el curso del tiempoes tan amplia como lo es su decreto desde la eternidad. Lo que Pablo declara literalmente esque Dios obra (opera con su energía divina en) todas las cosas. La misma palabra ocurre tambiénen los vv. 19 y 20, haciendo referencia a la obra (operación energética) del poder infinitodel Padre de gloria, que obró (ejerció energéticamente) en Cristo cuando le levantó de entre losmuertos. De ahí que nada podrá trastornar la futura gloria de los elegidos.

   Además, si bien es cierto que todo está incluido en el divino plan que abarca todo el universo y su realización en el curso de la historia, nada existe en este concepto que pudiera inquietar o amedrentar a algún hijo de Dios. Todo lo contrario, puesto que las palabras implican sin lugar a dudas que el único Dios verdadero, cuyo amor hacia los suyos en Cristo sobrepasa todo entendimiento, actúa con divina reflexión y sabiduría. Todos sus designios son santos, y se deleita en recompensar a los que confían en él. Ni la responsabilidad humana ni el ejercicio personal de la fe son jamás violados en forma alguna. Existe amplio campo de acción para ellos tanto en el decreto como en su realización. En este aspecto la Escritura es muy clara (Lc. 22:22; Hch. 2:23; Fil. 2:12, 13; 2 Ts. 2:13).

   Por lo demás, Dios no es como las deidades paganas que actúan movidas por circunstancias cambiantes, por antojo y capricho, de modo que nunca se sabe cuánto tiempo durará su favor. Aquel, que en su amor ha predestinado a su pueblo para ser adoptados como hijos, jamás se olvidará de ellos, sino que llevará a su término lo que en ellos comenzó (Fil. 1:6). Llevará a cabo su plan hasta el final mismo. Ninguna circunstancia podrá jamás frustrar su designio. “Ni el pecado, ni la muerte, ni el infierno podrán desviar aquel inmovible amor causal de la predestinación”.

   Versíc. 12. Si, entonces, el decreto eterno de Dios es tal que lo abarca todo, y si se realiza totalmente en el curso de la historia, y si en este plan se hallaba incluido el destino de sus hijos, entonces ni Pablo ni los lectores tienen motivo alguno de jactancia propia. Lo que ellos puedan ser, tener, o hacer viene de Dios. De ahí que, usando expresiones semejantes a las del v. 6 más arriba, Pablo finaliza esta sección diciendo: a fin de que seamos para la alabanza de su gloria nosotros que antes habíamos centrado nuestra esperanza en Cristo. Antes que

la herencia sea enteramente recibida—puesto que ahora y aquí se ha recibido sólo una prenda anticipada (véanse vv. 13, 14)—Pablo y los lectores (véase v. 1) han centrado ya su esperanza en Cristo. Tal esperanza no será destruida. “Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con canciones; y regocijo eterno estará sobre sus cabezas; ¡alegría y regocijo recibirán, y huirán la tristeza y el gemido!” (Is. 35:10). (Concerniente a interpretaciones de contraste entre “nosotros” del 12 y “vosotros” del 13, véase el comentario del v. 13).

   Versíc. 13. A medida que el punto de interés cambia una vez más, en este caso desde el Hijo (“Cristo”, mencionado al final del v. 12) hacia el Espíritu Santo, hallamos una transición gradual nuevamente y no un cambio abrupto (cf. el principio del v. 7, en el cual hay una transición gradual del Padre hacia el Hijo). Pablo escribe, en quien vosotros31 también (estáis incluidos), habiendo escuchado el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación. Los efesios no deben abrigar dudas acerca de su inclusión en Cristo y de los beneficios subsecuentes. Han oído, han escuchado atentamente el mensaje de la verdad. ¿Acaso no lo dice Lucas, “todos los que habitaban en la provincia de Asia oyeron la palabra del Señor, así judíos como griegos”? (Hch. 19:10). Tal oír era necesario a fin de que pudiesen ser salvos por medio de la fe. La respuesta adecuada para aquellos que piensan que los que deben ser considerados como el objeto (o más bien, objetos potenciales) de la actividad misionera pueden ser salvos sin oír el evangelio es, “¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?” (Ro. 10:14; cf. Mt. 1:21; Jn. 14:6; Hch. 4:12). Por supuesto, existe una diferencia en cómo es el oír del hombre. Algunos oyen y como resultado de esto quedan endurecidos al evangelio. Así como un hombre puede ensordecerse a causa de un intenso y sostenido martillar, así también hay oidores del evangelio que pueden tornarse totalmente inmunes a la predicación de la verdad. (“Y le oí como una matraca, como si fuese el sonido de un reloj despertador funcionando sobre mi cabeza”). Además, para algunos la proclamación del evangelio suena como canción de amores tocada y cantada maravillosamente (Ez. 33:32). La oyen, pero sin tomarla en serio (Mr. 4:24; Lc. 8:18). Cristo dijo a los que acudían a él que habían de ser cuidadosos en cuanto a cómo oían. Por medio de inolvidables parábolas enfatizó esta enseñanza (Mt. 7:24–27; 13:1–9, 18–23).

   Cristo, no obstante, enfatizó además que el hombre debe ser cuidadoso en cuanto a lo que oye. Los efesios habían escuchado atentamente “el mensaje de la verdad”. Había muchoserrores en el mundo pagano de aquellos tiempos, muchos falsos evangelios (Col. 1:23; 2:4, 8;cf. Gá. 1:6–9). Los efesios, en general, los habían dejado al lado o rechazado. Deseaban oírsolamente lo mejor. Se le llama el mensaje de la verdad porque revela la verdadera condicióndel hombre, proclama y defiende la única forma de escapar, y amonesta a los pecadores queya han sido salvos para que demuestren gratitud verdadera en todos los aspectos de sus vidas.Es, por tanto, “el evangelio de vuestra salvación”, no en el sentido de que en y por símismo salva a cualquiera, sino que cuando es aceptado con fe verdadera en Cristo, sus buenasnuevas de gran gozo llegan a ser “poder de Dios para salvación” (Ro. 1:16). Los efesioshabían mostrado esta verdadera fe, porque Pablo prosigue: y habiendo también creído en él… Habían entregado sus vidas a su Señor y puesto su confianza en él. Cuanto más leconocían tanto más era la confianza que adquirían en él. De ahí que Pablo dice: fuisteis selladoscon el Espíritu Santo de la promesa. Un sello—en la antigüedad, no se estampaba,sino que se fijaba o ataba el sello a un objeto—se usaba para (a). garantizar el carácter auténtico de un documento, etc., (Es. 3:12, o, hablando figurativamente, de una persona (1 Co. 9:2); (b). indicar posesión (Cnt. 8:6); y/o (c). asegurar o proteger de daño e intrusión (Mt. 27:66; Ap. 5:1). El contexto parecía indicar que la primera de las tres ideas (véase el v. 14), es decir, la autenticación o certificación, es lo básico en el presente pasaje. El Espíritu había dado testimonio a sus corazones de que eran hijos de Dios (Ro. 8:16; 1 Jn. 3:24), “y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo” (Ro. 8:17), personas a quienes nada puede dañar y para quienes “todas las cosas cooperan juntas para el bien” (Ro. 8:28). De inmediato salta a la vista el hecho de que en tales casos los tres propósitos ya mencionados con respecto al uso de un sello se combinan: autenticación implica posesión y protección.

   Si nos hacemos una pregunta tan práctica como esta, “¿En qué forma los efesios—o cualquier otro creyente—hacen suyo aquel sello, o aquella interna seguridad?”, la respuesta es: no sola y principalmente como consecuencia de una agonizante auto investigación interna para cerciorarse de si las “marcas” que corresponden al que ha sido elegido se hallan presentes o no, sino más bien por medio de una viva fe en el Dios trino, según fue revelado en Cristo, fe que “obra por medio del amor” (Gá. 5:6). El hecho de que los lectores no lo hubiesen recibido realmente en otra forma es algo que el apóstol hace notar inmediatamente (Ef.1:15).

   Al Espíritu por el cual se les otorgó este sello se le menciona aquí con su nombre completo “El Espíritu Santo”, para indicar que no sólo es santo en sí mismo, sino que también es la fuente de santidad para los creyentes, santidad que en el caso de los efesios se estaba expresando no sólo por su disposición interna sino también por medio de sus palabras y hechos de amor. Aún más, a la tercera persona de la Trinidad se la llama aquí “El Espíritu Santo de la promesa”, es decir, el Espíritu Santo prometido, o bien, aquel que fue otorgado en conformidad a las divinas promesas (Jn. 14:16, 17; 15:26; 16:13; Hch. 1:4). Al pensar en el hecho mismo de cómo en su venida y obra las promesas divinas fueron cumplidas gloriosamente, ¿no es acaso para nosotros señal inequívoca de que también las promesas de futuras bendiciones para los creyentes lograrán también el gozoso cumplimiento? Es en esta línea de pensamiento que el apóstol prosigue diciendo, 14. quien es la prenda anticipada de nuestra herencia. La palabra que Pablo usa para “prenda anticipada” es arrabōn (deletreada también arabōn). En los manuscritos la palabra se refiere a menudo a cierta cantidad de dinero dado por adelantado al comprar un animal o aún una esposa. En la traducción que se hace de Gn. 38:17–20 en la LXX, la palabra se repite tres veces. Su origen es probablemente semítico o fenicio. Los fenicios eran comerciantes marítimos que no tenían marca registrada para su terminología comercial. En el Nuevo Testamento la palabra ocurre también en 2 Co. 1:22; 5:5, pasajes que nos enseñan que cuando Dios deposita su Espíritu en los corazones de sus hijos se obliga a sí mismo a otorgar a ellos más adelante el total restante de todas las bendiciones de la salvación merecidas a su favor por la sangre de Cristo. La prenda anticipada es, por tanto, una seguridad o garantía de la gloria que ha de venir, gloria que se hará presente no solamente cuando el alma sea separada del cuerpo sino principalmente en la gran consumación de todas las cosas, en el instante que Cristo regrese. Los frutos concedidos por este Espíritu que mora en los creyentes santificándoles (Gá. 5:22, 23)—tales como amor, gozo, paz, longanimidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí mismo, y su maravilloso producto: seguridad de la salvación (2 P. 1:5–11)—son las “primicias” (Ro. 8:23). Son el goce anticipado de un futuro e inefable deleite. La herencia total—que es la salvación considerada como el bondadoso y permanente don de Dios, no se compra con dinero, ni se gana con el esfuerzo fatigoso del hombre, ni se puede conquistar—será un día la porción de los creyentes, la que han de poseer y disfrutar para la gloria de Dios.

    Ahora bien, el fin o propósito de todas las cosas jamás reposa en el hombre sino siempre en Dios: para la redención de la propia posesión (de Dios). En el instante en que los creyentes reciben su herencia total, que incluye la gloriosa resurrección del cuerpo (4:30), es cuando tiene lugar la redención de la propia posesión de Dios, es decir, la entrega total a él de lo que le pertenece en virtud del hecho de haber sido él quien la hizo y la compró. Su pueblo, ya enteramente libre de todos los efectos del pecado, será manifestado, en el sentido exacto de la palabra, como “su especial tesoro”. También, cuando el apóstol, al final de este tercer párrafo, cuyo centro es la obra del Espíritu Santo, agrega para alabanza de su gloria, él está haciendo eco a lo que ya había escrito en una epístola anterior: “No sois dueños de vosotros mismos; porque fuisteis comprados a gran precio; glorificad pues a Dios con vuestro cuerpo” (1 Co. 6:19, 20). El hecho de que los creyentes no se pertenezcan a sí mismos sino a Dios (o, a Cristo) es doctrina paulina muy familiar: “vosotros sois de Cristo” (1 Co. 3:23); “Pues si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor” (Ro. 14:8). Esto, además, es el único consuelo del creyente tanto en la vida como en la muerte. Es exactamente como lo expresa el Catecismo de Heidelberg:

   Pregunta 1: ¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte?

   “Respuesta: Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo, quien me libró de todo el poder del diablo, satisfaciendo enteramente con su preciosa sangre por todos mis pecados, y me guarda de tal manera que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un solo cabello de mi cabeza puede caer, antes es necesario que todas las cosas sirvan para mi salvación. Por eso también me asegura, por su Espíritu Santo, la vida eterna y me hace pronto y aparejado para vivir en adelante según su santa voluntad”.

   Además, la combinación que tenemos aquí en Ef. 1:14, a saber, “la propia posesión (de Dios) … para alabanza de su gloria” nos hace recordar de inmediato Is. 43:20, 21 “mi pueblo, mi pueblo escogido, este pueblo he formado para mí mismo, para que ellos cuenten mis alabanzas”. ¿Acaso nos hemos de extrañar cuando el apóstol pondera el hecho de que el mismo y también los lectores hayan sido emancipados de tan terrible maldad y restaurados a una bienaventuranza imposible de imaginar, y esto realizado a un alto precio por el mismo Dios contra el cual se han rebelado, y además, que les dio el Espíritu Santo como garantía y goce anticipado de un futuro y supremo deleite que disfrutarán al recibir su herencia total, y así estarán en deslumbrante esplendor ante Dios como su especial posesión? En vista de todo esto, ¿es acaso extraño que Pablo haya comenzado su magnífica doxología diciendo, “Bendito (sea)” y terminando con, “para alabanza de su gloria”?

Amen, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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