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Semana del 23 al 29 de marzo de 2020: “Relaciones pecaminosas con las ideas y filosofía del mundo”.

Semana del 23 al 29 de marzo de 2020: “Relaciones pecaminosas con las ideas y filosofía del mundo”.

Lectura Bíblica: 1ª de Timoteo 6:20-21. 20Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, 21la cual profesando algunos, se desviaron de la fe. La gracia sea contigo. Amén.

   Comentario: 6:20, 21

   [20]. Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado.

   Habiendo llegado al final de la carta, Pablo se dirige a su amigo y colaborador con solemne formalidad: “Oh Timoteo”. Entonces amonesta a Timoteo a que guarde lo que se le ha encomendado o depósito; esto es, debe vigilar fielmente sobre lo que se ha encomendado a su cuidado. Es como si Dios hubiese hecho un depósito en el banco de Timoteo. La palabra empleada en el original está relacionada con un verbo que significa “poner por el lado”, de donde, “depositar”, “encomendar a (alguien)”. Véase M.M. sobre ilustraciones en cuanto al sentido de “depósito”, “prenda”, “seguridad”.

   Además, el objeto que ha sido entregado a su cargo para protección es el evangelio, como es claro de 2 Ti. 1:11. Es la verdad redentora de Dios que le fue confiada por el Espíritu Santo (véase 2 Ti. 1:4). Pero aquí la palabra “evangelio” debe ser tomada en su sentido más amplio, como que abarca “toda la (sagrada) escritura” (2 Ti. 3:16). Esto incluye, desde luego, lo que el apóstol está escribiendo en esta carta: todas las órdenes dadas a Timoteo y toda la enseñanza que contiene esta epístola. Entonces, el punto es que este evangelio no pertenece a Timoteo, sino a Dios. Cf. Ro. 3:2 (los judíos habían recibido el encargo de ser custodios de los “oráculos de Dios”). Él lo ha hecho posible enviando a su Hijo. Él lo ha revelado.

   Timoteo tendrá que dar cuenta a Dios de lo que ha hecho con el depósito. Los ministros son “mayordomos” (Tit. 1:7). Los talentos que emplean en la realización de su tarea no son de ellos sino propiedad de Dios (Mt. 25:14–30). Deben ser usados para la mejor ventaja en la promoción de su causa y el progreso de su reino.

   Esto implica que Timoteo debe continuar proclamando el puro evangelio, y como un centinela valiente y vigilante (nótese el verbo griego) debe apresurarse a la defensa cuando quiera que sus preciosas verdades son atacadas o se presentan en mala forma, como era la situación en la región de Éfeso. Teniendo esto presente es que Pablo continúa: apartándote de las pláticas profanas y vanas y las contradicciones de lo que se llama falsamente Ciencia.

   Timoteo debe evitar un error. No debe perder tiempo en las sandeces de los falsos maestros que “no entienden las palabras que usan ni los temas que con tanta confianza tratan” (1 Ti. 1:7). Estas “pláticas vanas” y profanas (sin santidad, inmundas, 2 Ti. 2:16; Lv. 10:10) él debe sencillamente desecharlas (1 Ti. 4:7). Debe apartarse de ellas con disgusto. ¿Por qué debería preocuparse con “mitos y genealogías interminables” (1 Ti. 1:4), con “palabras vanas” (1 Ti. 1:6)? ¿Por qué meterse con las “contradicciones” o “batallas de palabras” en que se enlazan entre sí hombres que son “depravados en la mente y están desprovistos de la verdad” (1 Ti. 6:5)? Por cierto, estos falsos maestros se salen de sus casillas en defensa de sus sistemas de “Ciencia”. Pero el insípido producto de sus bocas “se llama falsamente Ciencia”. Debiera ser evitada como pestilencia. El consejo inspirado de Pablo, por medio del cual, al terminar la carta vuelve al tema que mencionó al principio, debiera ser recibido de todo corazón por la iglesia en todo tiempo. También hoy en día se le está prestando demasiada atención a las “vanas pláticas” de hombres que en último análisis rechazan la revelación infalible de Dios. El mandamiento de Pablo dirigido a Timoteo está siempre de moda. Y el apóstol Juan está en completo acuerdo con él (2ª Jn. 10). Uno guarda la verdad apartándose de toda grandilocuencia insípida.

[21]. Sigue una palabra de advertencia contra esta falsamente llamada “ciencia”, con énfasis en la necesidad de oír la amonestación expresada en el v. 20: porque profesándola algunos individuos se han extraviado en cuanto a la fe. Aquí están aquellos “algunos individuos” nuevamente. Ya hemos considerado que la manera en que se les representa está en perfecta armonía con su descripción en 1 Ti. 1:3, 4, 6, 7, 19, 20. Los charlatanes “vanos y profanos” de este pasaje son los que hablan “palabras vanas” en 1 Ti. 1:6. Aun el mismo verbo se usa en ambos lugares para describirlos. Se dice que se han extraviado (1 Ti. 1:6; 6:21).

   Ahora, estos “algunos individuos”, al profesar (véase comentario sobre 1 Ti. 2:10), esto es, al proclamar y hacer propaganda para, su jactanciosa “Ciencia”, se habían extraviado de la fe, esto es, de la verdad (cf. 1 Ti. 6:10, 12; 2 Ti. 2:18). Pero esto no significa que todos habían roto con la iglesia. Eran entonces, como lo son ahora, individuos que estaban en la iglesia y que habían abandonado la verdad.

   Ellos prefieren no dejar la iglesia, sino arrastrarla consigo a la ruina. En ninguna de las cartas de Pablo hay una bendición más breve: La gracia (sea) con vosotros. Pero, aunque breve, es rica en significado, porque la gracia es la mayor de todas las bendiciones. Es el favor de Dios en Cristo hacia quien nada merece, transformándoles el corazón y la vida para conducirlos a la gloria. El apóstol, que en su salutación había hablado de gracia, como el primer elemento en la serie “gracia, misericordia y paz”, ahora cierra la carta pronunciando esta gracia (nótese el artículo: “la gracia”) sobre … bueno, ¿sobre quién? El lector que no está familiarizado con el original es casi seguro que pensará que las palabras “La gracia sea contigo” de RV60 significan “La gracia sea contigo, Timoteo”.

   La versión Moderna no ha mejorado está traducción, quizás basándose en una variante inferior. Esto muestra cuán necesario es que en nuestra traducción en vez del singular “contigo” pongamos “vosotros” (plural), porque, en forma sorprendente, ¡aquí se usa el plural! Aunque la epístola está dirigida a una sola persona, Timoteo, éste ciertamente vería que su contenido llegara a otros. En conformidad con esto, se pide la gracia de Dios para toda la comunidad cristiana.

1er Titulo:

La política partidista (2ª a los Corintios 6.14 al 17. 14No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? 16 ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.17Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré.).

Comentario: 4. Una llamada a los santos 2ª a los Corintios 6:14.

[14]. No os unáis en yugo desigual con los incrédulos. Porque ¿qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?

-a. «No os unáis en yugo desigual con los incrédulos». A primera vista, este mandato parece referirse al matrimonio de un creyente con una persona incrédula o a dos socios de negocios respectivamente. Pero el contexto da a entender que esta interpretación es solamente implícita y no explícita. Para comprobar esto, en otro lugar Pablo explícitamente manda a una viuda que sólo se case en el Señor (1 Co. 7:39). Este contexto, sin embargo, se refiere a la separación de la religión cristiana de las religiones paganas. «Porque unirse en yugo con los incrédulos significa nada menos que tener comunión con las infructuosas obras de las tinieblas, y tenderles la mano a los incrédulos significa tener comunión con ellos». El pasaje de los versículos 14–18 nos dice que no formemos ningún pacto con los incrédulos, que violan las obligaciones del pacto que el cristiano tiene con Dios. El texto griego revela que unirse en yunta desigual significa entablar relación con una persona que es totalmente diferente a nosotros. En este texto, se habla de una persona que no es miembro de la familia de la fe y que hace que el creyente quebrante el pacto con Dios.

   ¿Quiénes son esas personas que causan el extravío de los cristianos? Los paganos que invitaban a los corintios a comer con ellos en los templos donde se adoraba a los ídolos. De la misma manera en que comer en la mesa del Señor es participar del Señor, comer en la mesa de un ídolo es participar en una falsa religión. Semejante conducta es una afrenta al Señor. Los incrédulos, pues, son paganos que no sirven al Señor. Son aquellos a quienes Satanás ha cegado los ojos (4:4). Son no-cristianos que han influido en la comunidad de Corinto.

-b. «Porque ¿qué tienen en común la justicia y la maldad?» Los creyentes que han sido justificados por Dios (5:21), deben ser capaces de discernir rápidamente el engaño que pueda haber en cada palabra o acción. Deben rechazar asociarse con quienes practican la mentira. Tienen como tarea desenmascarar el engaño como obra del Maligno (Ef. 5:6–12). Deben seguir gozosamente las huellas de Jesús y procurar la justicia cumpliendo lo que él les ha mandado; pues saben que Jesús ama la justicia y aborrece la impiedad (Heb. 1:9; Sal. 45:7). Afirman que la justicia es la regla del reino de Cristo, y observan que la maldad es lo que caracteriza la obra de Satanás. De hecho, Pablo llama al anticristo «el hombre de pecado», y dice que «el poder oculto de la maldad ya está en operación» (2 Ts. 2:3, 6). En conclusión, pues, la respuesta a la pregunta retórica que Pablo hizo al principio del párrafo, es un rotundo no.

   ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?». Esta pregunta muestra tres palabras clave. Las dos primeras describen la comunidad cristiana: comunión y luz. La tercera palabra, tinieblas, no describe a la comunidad cristiana.

   Para el apóstol Juan, el mayor gozo que puede experimentar es ver que los creyentes tienen comunión con Dios Padre y con su Hijo Jesucristo (1 Jn. 1:4). La comunión cristiana se manifiesta especialmente en el culto a Dios y en la ayuda y en el aliento entre los creyentes.

   Jesús es la luz del mundo (Jn. 8:12), y por medio del evangelio esa luz verdadera ilumina a la humanidad (Jn. 1:9). La luz y la comunión van juntas; pero la luz y las tinieblas pertenecen a esferas diferentes. La oscuridad espiritual carece no sólo de luz, sino también de amor. Juan dice que cualquiera que aborrece a su hermano está ciego y anda dando traspiés en las tinieblas (1 Jn. 2:11; Jn. 11:10). De la misma manera que la luz y la justicia están estrechamente relacionadas, así las tinieblas y el desorden son hermanos gemelos. Los primeros términos pertenecen a Cristo, los segundos a Satanás, y los dos grupos son diametralmente opuestos.

   Satanás se transforma en ángel de luz (11:14) para engañar a la gente. Ciega las mentes de los incrédulos de modo que no puedan ver la luz del evangelio. Como consecuencia, viven en completa oscuridad espiritual. Pero Dios hace que su luz brille en los corazones de los creyentes al darles, por medio de Cristo, el conocimiento espiritual de sí mismo (4:4–6).

[15]. ¿Qué armonía hay entre Cristo y Belial? ¿Qué tiene en común el creyente con el incrédulo?

   El mero hecho de hacer estas dos preguntas retóricas y antitéticas, supone una respuesta negativa. Pablo continúa su secuencia de contrastes resaltando la absoluta imposibilidad de que se pueda esperar armonía entre Cristo y Belial. Usa el sustantivo griego sumfonesis para significar armonía o acuerdo. El nombre es paralelo a las expresiones tener en común y comunión, del versículo anterior (v. 14).

   La elección de la palabra Belial, que en griego se escribe Beliar, ha sido causa de mucha discusión. Una cosa es segura: Pablo no la tomó prestada del Antiguo Testamento, donde dicho término nunca ha sido personificado y significa alguien o algo impío o pervertido (p. ej., Dt. 13:14; 17:4; 1 S. 1:16; 10:27; 25:25; 30:22). A menos que el término se personifique, falta un equilibrio en el contraste de este versículo.

   Los escritos judíos personifican a Belial/Beliar como Satanás, el diablo, el principal de los demonios y el anticristo. Estos escritos incluyen los Testamentos de los Doce Patriarcas, los libros apocalípticos (Jubileos, la Ascensión de Isaías y los Oráculos de la Sibila,61 y los Rollos del Mar Muerto.62 Pablo enfatiza el contraste entre Cristo y Belial como los gobernantes máximos de sus dominios respectivos, los de la justicia y la impiedad, la luz y las tinieblas, lo santo y lo profano. No sabemos, por qué Pablo elige la palabra Belial en vez de Satanás, el diablo, el demonio principal o el anticristo. Belial/Beliar63 debiera verse, quizás, como una palabra amplia, que incluya todos estos nombres.

   ¿Qué es lo que Pablo quiere decir a los corintios? Les ha dicho que Cristo había muerto por ellos, que Dios había reconciliado al mundo consigo mismo, y que Pablo había sufrido diversas calamidades para promover la causa del evangelio (5:14–15, 20; 6:3–10). Ahora quiere que se decidan por Cristo y lo sigan; que rechacen a Belial y todo cuanto él representa. En términos paralelos, los corintios debían elegir la fe y no la incredulidad, la vida cristiana en vez de los caminos mundanos.

   Por consiguiente, Pablo les pregunta: «¿O qué tiene en común el creyente con el incrédulo?» La repetición del versículo 14a es clara; pero en esta ocasión Pablo usa los nombres en singular. Dice que la vida del creyente no tiene arte ni parte en la vida del incrédulo. Con estas palabras no está diciendo que los creyentes no deben mantener ningún contacto con los incrédulos, porque, de serlo así, el creyente tendría que salir de este mundo (1 Co. 5:10). Pide a los creyentes que no participen en el estilo de vida de los incrédulos. Denney comenta: «Para el creyente, lo más eminente e importante de este mundo es lo que los incrédulos niegan y, por lo tanto, cuanto más en serio se tome estas cosas, tanto más se guardará de entablar amistad con los incrédulos».

[16a]. ¿Qué acuerdo puede tener el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente.

   Ésta es la última de las cinco preguntas retóricas que requiere una respuesta negativa. Pablo pregunta si existe algún tipo de acuerdo entre el templo de Dios y los ídolos. El templo es el lugar donde Dios decide morar, si bien es cierto que Dios no puede ser confinado a una casa hecha por manos humanas (1 R. 8:27; 2 Cr. 6:18; Is. 66:1–2; Hch. 7:49–50). Él está en todo lugar y revela su poder contra los ídolos, ya sean éstos el Dagón de los filisteos o el Baal de los cananeos (1 S. 5:1–5; 1 R. 18:21–40). Pero, ¿cómo entenderían los cristianos gentiles la frase templo de Dios? Los judíos decían que Dios moraba en el Lugar Santísimo del templo de Jerusalén; pero Pablo enseñaba a los corintios que Dios moraba en sus corazones y que del cuerpo de ellos ha hecho su templo (1 Co. 3:16; 6:19; véase Ro. 8:9).

   El lugar Santísimo de Jerusalén no tenía estatuas y por eso era el hazmerreír de los gentiles, cuyos templos estaban llenos de ídolos. Es lógico de esperar que los judíos cristianos consideraran a los templos paganos una abominación y que, para ellos, entrar en sus terrenos sería una transgresión de la ley de Dios. Pero los gentiles que se habían convertido a la fe cristiana, necesitaban comprender que ya no era necesario tener urnas ni participar en los sacrificios. Tenían que saber que tales sacrificios eran ofrecidos a los demonios y no a Dios (1 Co. 10:20). Concurrir a estos cultos los haría participantes de los demonios. Como pueblo de Dios, los corintios tenían que romper con su cultura pagana y servir a Dios de todo corazón, alma y mente. Pablo había enseñado a la gente que ellos eran el templo de Dios; les había recordado esta verdad (1 Co. 3:16; 6:19), y ahora se lo recuerda una vez más. Pablo da a entender que los ídolos paganos de los templos están muertos y dice enfáticamente: «Nosotros somos templo del Dios viviente».

   En todas sus epístolas, Pablo refuerza su mensaje con citas del Antiguo Testamento. En ocasiones, usa pasajes de distintos lugares para formar una serie de versículos que se enlazan por medio de palabras clave (p. ej., Ro. 3:10–18; 9:25–29, 33; 10:18–21; 11:26–27, 34–35; 15:9–12). En 2 Corintios, cita por lo menos seis referencias al Antiguo Testamento; parece que todas ellas están enlazadas por la idea de que Dios es un Padre para su pueblo; y a éste se le pide que se guarde puro. Los pasajes están combinados y adaptados al hilo del pensamiento que Pablo desarrolla. No se puede presuponer que Pablo siempre pudo consultar de forma inmediata los rollos de la Escritura; más bien, tuvo que depender frecuentemente en su memoria.

[16b]. Como Dios dijo: «Habitaré y andaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo».

   Dios se dirige a su pueblo por medio de las Escrituras, y les hace promesas y les da instrucciones. La promesa que ahora nos ocupa presenta cuatro facetas: Habitará entre su pueblo, andará con ellos, será su Dios y los hará pueblo suyo. Las palabras de este texto son una combinación de dos pasajes bíblicos:

  1. «Habitaré entre ellos» proviene del texto hebreo de Éxodo 25:8 y 29:45, donde Dios les dice a los israelitas que él habitará entre ellos.65 Una traducción literal diría: «Habitaré dentro de ellos», como confirma Pablo con sus palabras «Somos templo del Dios viviente».
  2. «Andaré entre ellos, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo». Estas palabras provienen del texto griego de Levítico 26:12, aunque con pequeñas modificaciones como, por ejemplo, un cambio de la segunda persona del plural por la tercera persona del plural. La promesa de Dios consiste en que, el hecho de que habitará entre su pueblo, señala el establecimiento de una relación pacífica; y el hecho que andará entre ellos indica una actividad benevolente. Dios presta completa atención a toda clase de gente y a todo detalle (Mt. 10:30).

   La segunda parte de esta frase, «Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo», es una hebra de oro que Dios ha tejido en su Palabra desde el principio hasta el final. Sólo como simple mención, citaremos cuatro de entre muchas otras referencias: en estado incipiente, Dios da forma al comienzo de su pacto con las bendiciones de Génesis 17:7; lo consolida con la redacción de su pacto con Israel, en Éxodo 6:7; lo continúa en la profecía de Ezequiel 37:26–27; y lo concluye con Apocalipsis 21:3. Philip Edgcumbe Hughes ha delineado tres etapas de la continuidad del pacto de Dios, por medio de la presencia de Cristo entre su pueblo: la encarnación (Jn. 1:14), Cristo habitando en el corazón de los creyentes (Ef. 3:17), y Dios habitando con su pueblo en la nueva tierra (Ap. 21:3).

   Pero la Escritura no limita el poder que Cristo tiene de habitar en los creyentes. Enseña que el trino Dios mora en los corazones de los creyentes. Junto a Cristo, el Espíritu Santo y Dios el Padre habitan también en los creyentes (p. ej., Jn. 14:17; 1 Jn. 4:12). Dios está siempre con su pueblo, desde el momento de la creación en el huerto del Edén, hasta el huerto restaurado que aparecerá con la renovación de todas las cosas.

[17]. «Por lo tanto, salid de en medio de ellos, y apartaos», dice el Señor. «No toquéis nada impuro, y yo os recibiré».

   Dios exige lealtad total al pueblo de su pacto y, por tanto, les exige que se esfuercen en ser puros. Así como él es santo, espera que su pueblo también lo sea (Lv. 11:44–45; 20:7; 1 P. 1:15–16). Con variaciones, este tema aparece en toda la Escritura. Dios no se ha separado de su pueblo; sin embargo, sus hijos e hijas se han alejado en repetidas ocasiones y seguido los caminos del mundo. Dios es fiel a su pacto y cumple las promesas hechas a su pueblo. Además, espera que la otra parte del pacto guarde también las promesas que le ha hecho, y

cumpla las obligaciones de su Palabra.

   Pablo cita un pasaje del texto griego de Isaías: «¡Apartaos, apartaos, salid de ahí! ¡No toquéis cosa inmunda! Salid de en medio de ella y purificaos» (52:11; cf. Jer. 51:45). La última parte de esta cita, «y yo os recibiré», está tomada del texto griego de Ezequiel 20:34, 41, y de Sofonías 3:20.

   El contexto del Antiguo Testamento se sitúa en el tiempo en que, gracias al decreto de Ciro, se les permitió a los judíos exiliados abandonar Babilonia. Pudieron llevarse con ellos los vasos que pertenecían al templo de Jerusalén. Dios los exhortó a salir de Babilonia, pero no a tomar con ellos nada impuro que perteneciera al culto a los ídolos. Su pueblo, castigado por el exilio, pero libre ahora, tenía que ser puro y sin mancha. Así mismo sucede con los corintios, que habían salido del mundo de la idolatría pagana, pero que ahora tienen que ser un pueblo dedicado a su Señor y Salvador Jesucristo.

   «Y yo os recibiré». La promesa se expresa en términos futuros, para indicar que el recibimiento que Dios otorgue a sus hijos dependerá de su obediencia. Los profetas del Antiguo Testamento esperaban la venida del Mesías; pero los lectores de la epístola de Pablo ya vivían en comunión con Cristo (1 Co. 1:9; 2 Co. 5:17). Esta cláusula va precedida por el mandamiento de no tocar nada espiritualmente inmundo. Por eso, si los seguidores de Jesús se guardan sin mancha de las influencias mundanas, Dios los aprueba y los recibe. Dios exige una clase de obediencia que se manifiesta en una total sumisión a él.

2° Titulo:

Humanismo y movimientos sociales (Éxodo 23:2. No seguirás a los muchos para hacer mal, ni responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios; ▬ Proverbios 4:14. No entres por la vereda de los impíos, 
Ni vayas por el camino de los malos.)

   Comentario: En este caso: nadie debe dar falso testimonio para ayudar a personas que traman hacer el mal (23v. 2). Individuos y grupos siempre están tramando planes para obtener más y más beneficios a su favor:

▬ distorsionando los hechos;

▬ engañando a las personas;

▬ manipulando las situaciones;

▬ estafando a las personas;

▬ mintiendo;

▬ conspirando contra otros;

▬ exagerando;

▬ ofreciendo falsas oportunidades;

▬ escondiendo o camuflando la verdad.

   Sin embargo, la ley es clara: el hombre jamás debe unirse a ninguna de estas personas para dar un falso testimonio, sin importar lo que le ofrezcan.

   Pensamiento. La lección es clara: jamás debemos seguir a la multitud si ellos mienten y dan falso testimonio. De hecho, la Palabra de Dios dice de una forma directa y terminante: jamás debemos seguir a la multitud para hacer ninguna clase de mal, sin importar de qué se trate y sin importar lo mucho que parezca que nos puede beneficiar hacerlo.

   “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado” (Sal. 1:1).

   “No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos” (Pr. 4:14).

   “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Co. 6:14).

   “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Co. 6:17-18).

-b. Cuarto caso: nadie debe dar falso testimonio mostrando favoritismo hacia el pobre en un tribunal de justicia Este punto tenía por finalidad llamar la atención de los jueces y advertirles que no se dejen llevar por sentimentalismos hacia el pobre ni muestren favoritismos hacia él solo porque está atravesando una situación de pobreza extrema. No importa lo terrible o conmovedora que pueda ser la necesidad de una persona, su pobreza no debe ser un peso que incline la balanza a su favor e influya sobre la decisión del juez. La pobreza jamás debe volverse un factor que corrompa la justicia. La justicia, la protección del inocente, es la única estructura que puede mantener unida a la sociedad.

   Para que ella subsista, las personas tienen que recibir protección y un trato justo. Por lo tanto, sea uno rico o pobre, local o extranjero, amigo o enemigo, no debe haber parcialidad a la hora de ejecutar justicia; Una justicia corrompida jamás decide lo correcto, sino que permanece en el error.

   “Disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales” (1 Ti. 6:5).

   “La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da” (Dt. 16:20).

   “Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso” (Sal. 82:3).

   “Hacer justicia y juicio es a Jehová más agradable que sacrificio” (Pr. 21:3).

   “Así dijo Jehová: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para manifestarse” (Is. 56:1).

 

Comentario de Proverbios 4.4. Debemos considerar a nuestros maestros como nuestros padres; aunque la instrucción conlleva en sí reproche y corrección, acojámosla bien. Los padres de Salomón lo amaban, por tanto, le enseñaron. Los hombres sabios y buenos, en toda época del mundo, y rango de la sociedad, concuerdan en que la sabiduría verdadera consiste en obediencia, y está unida a la felicidad. Consigue sabiduría, esfuérzate hasta el dolor por ella. Domina tus corrupciones; esfuérzate más por esto que por la riqueza de este mundo. El interés en la salvación de Cristo es necesario. Esta sabiduría es la única cosa necesaria. Un alma sin sabiduría ni gracia verdadera es un alma muerta. ¡Cuán pobres, despreciables y desgraciados son los que, con toda su riqueza y poder, mueren sin tener entendimiento, sin Cristo, sin esperanza, y sin Dios! Escuchemos los dichos de Aquel que tiene palabras de vida eterna. Así, nuestra senda será sencilla ante nosotros; tomando y manteniendo firme la instrucción evitaremos ser angustiados o tropezar.

3er Titulo:

Filosofía y ciencia (colosenses 2.8. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo; ▬ 1ª los Corintios 3:19 y 20. 19 Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. 20Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos.).

   Comentario: Colosenses 2:8. Existe una estrecha relación entre los versículos 6 y 7, por una parte, y los versículos 8–10, por la otra. Lo que ha sido declarado positivamente en los vv. 6, 7, a saber, “continuad viviendo en Cristo Jesús el Señor”, es afirmado negativamente en los vv. 8–10, siendo el sentido de estos versículos, como sigue: “No permitan que se les desvíe del camino correcto por medio de enseñanzas que no están conforme a Cristo, porque él suplirá todas sus necesidades, dado que en él reside corporalmente toda la plenitud de la deidad, y debido a que él es el Gobernador de todas las cosas”. Por lo tanto, lo que aquí tenemos es una repetición, aunque es una forma un poco diferente, de la afirmación que hizo el apóstol en el versículo 4, “Digo esto, para que nadie os engañe con razonamientos persuasivos”. Está claro, entonces, que en toda esa sección (vv. 1–10), Pablo está subrayando que él está profundamente preocupado por los falsos maestros, ya que sus teorías especulativas, presentadas hábilmente, podrían minar la confianza que tenían los colosenses en Cristo como su salvador completo. A este sistema subversivo de conceptos e ideas morales, reglamentos y regulaciones, él lo llama “filosofía y vanas sutilezas”. Y para describirlo usa palabras como, “tradición de los hombres” y “rudimentos del mundo”.

   Sin embargo, existe otra interpretación de estos versículos, que difiere incisivamente con la que hemos presentado en el párrafo anterior a modo de resumen. Esta interpretación afirma que el apóstol coloca a Cristo en contraposición a “los espíritus elementales del universo” (la frase que hemos puesto entre comillas pertenece a la traducción que la R.S.V. hace del griego, pero tanto la A.V. como la A.R.V. traducen la misma frase griega por “los rudimentos del mundo”, v. 8). Para un comentario sobre esta interpretación que, con el respeto que merece la erudición de aquellos que la apoyan, no puedo aceptar.

   Por consiguiente, prosigamos con lo que el apóstol viene diciendo: Estad alertas, no sea que haya alguien que os lleve cautivos como botín por medio de su filosofía y vanas sutilezas. Aquellos que han sido rescatados del dominio de las tinieblas y traspasados al reino del Hijo del amor de Dios (véase Col. 1:13), no deben dejarse llevar como botín después de un saqueo, y llegar así a ser esclavos nuevamente (cf. Gá. 5:1).

   ¡Llevados cautivos por la “filosofía” de alguno! Como Josefo lo ha demostrado, en aquel tiempo cualquier sistema elaborado de pensamiento y/o moral era llamado filosofía (cf. Nuestra expresión “filosofía moral”, cuando no se hace énfasis en el aspecto científico). Josefo afirma, “hay tres tipos de filosofía entre los judíos. Los seguidores de la primera escuela son llamados fariseos; los de la segunda, saduceos; y los de la tercera, esenios” (Guerra judaica II.viii.2). Cuando se tiene en mente que el sistema de error que Pablo combate aquí tenía muchos rasgos pertenecientes a la secta de los esenios, la importancia de esta cita de Josefo se hace evidente. Filón también usa términos como “filosofía según Moisés” y “filosofía judía”, cuando habla sobre la religión hebrea. Pablo está previniendo a sus hermanos en contra de esa clase de filosofía, que no es más que vanas sutilezas. Es algo vacío y fútil. Es ilusoria, porque mientras promete grandes cosas a aquellos que obedecen sus ordenanzas, realmente no puede cumplir lo que promete (véase sobre el v. 23). Pablo continúa: según la tradición de los hombres. Esta no era la tradición apostólica, tampoco formaba parte de la corriente principal del pensamiento del judaísmo, aunque tenía algo en común con el judaísmo y adoptaba algunos de sus principios. Más bien era una mezcla de cristianismo, ceremonialismo judío, ascetismo y culto a los ángeles, como lo indican los versículos 11–23. Era una filosofía según los rudimentos del mundo. La palabra “rudimentos” significa elementos, sean del reino físico o del espiritual. El original griego usa el término stoicheia, el cual indica elementos o unidades que componen una hilera o serie de cosas, tales como las figuras (1, 2, 3, etc.) de una columna, o bien las letras del alfabeto (A, B, C, etc.); de esta forma, se usa para referirse a los elementos básicos que constituyen este universo (cf. 2 P. 3:10, 12). Los antiguos algunas veces hablaban de la tierra, el aire, el fuego y el agua como elementos. De este significado se desprendió fácilmente otro, a saber, rudimentos o nociones preliminares; y, por tanto, enseñanza elemental (He. 5:12). Nosotros hablamos de “gramática elemental”, “elementos de la matemática”, etc. La expresión “rudimentos del mundo” también aparece en Gá. 4:3 (cf. Gá. 4:9). Se admite que este es un pasaje muy difícil de interpretar, que prueba la exactitud de 2 P. 3:15, 16. Es verdad, por cierto, que “nuestro amado hermano Pablo” algunas veces escribió algunas cosas “difíciles de entender”. No obstante, hay una cosa que siempre debemos tener presente, a saber, que en Gálatas y Colosenses estamos tratando con los rudimentos del mundo, modificativo que no aparece en Hebreos y 2 Pedro. Ahora bien, en armonía con el contexto inmediato (que habla de la “tradición de los hombres”) probablemente se debería tomar el término mundo (kosmos) de Col. 2:8 en su sentido ético (como a menudo ocurre en las epístolas de Pablo), que indica, entonces, “la humanidad separada de la vida de Dios”. Estos son rudimentos de hombres mundanos. Son rudimentos mundanos. Con toda probabilidad, la interpretación que estamos dándole al modificativo del mundo es válida también para Gálatas (cf. Gá. 4:9, “débiles y pobres rudimentos”). Por lo tanto, a la luz de los contextos (Gá. 4:3 y 4:9), debemos considerar seriamente el punto de vista que considera la expresión “rudimentos del mundo” como significando: enseñanza elemental sobre preceptos, reglamentos y ceremonias por los que, antes que Cristo se hiciera hombre, la gente (tanto judíos como gentiles) buscaba y trataba de alcanzar por sus propios esfuerzos la salvación. Con la venida de Cristo y la labor de sus apóstoles, esta tendencia y enseñanza pecaminosa y auto esotérica continuaba, pero ahora patrocinada por judaizantes entusiastas, los cuales trataban de combinar en su enseñanza la fe en Cristo y la confianza en las ordenanzas fariseo-mosaicas. Ahora bien, este mismo peligro de confiar en ordenanzas que suplementen la fe en Cristo se había afirmado en Colosas (véase Col. 2:11–23), aunque en una forma un poco diferente y más complicada. Así como no es necesario ni correcto negar que estas reglamentaciones incluían el culto a los ángeles (véase los vv. 15 y 18), de la misma forma también debemos recordar que el vocablo rudimentos no significa necesariamente ángeles, sino que apunta a la falsa enseñanza que aquí se condena.

   Llega a ser evidente, entonces, que cuando se le da a la palabra rudimentos el significado de enseñanza elemental (aquí en Col. 2:8 y 2:20), no es correcto desechar inmediatamente este significado como si definitivamente estuviera en desacuerdo con la forma en que el Nuevo Testamento usa la palabra en otros lugares.

   Ahora bien, si la gente solamente podría ver las implicaciones de la fe en un Cristo que es infinitamente glorioso y todo suficiente, entonces morirían a estos rudimentos, como el v. 20 lo indica claramente. De modo que, todas esas ideas toscas acerca de regulaciones y ordenanzas sobre cosas como la circuncisión, fiestas, comidas y bebidas, culto a los ángeles, etc. serán desechadas, como medios totalmente inútiles para alcanzar la salvación en toda su plenitud. Es evidente que los rudimentos mencionados en Gálatas y aquellos contra los que el apóstol habla aquí en Colosenses por lo menos tenían una cosa en común, a saber, ambos eran “débiles y pobres” (Gá. 3:9). Esta filosofía es definitivamente “del mundo”, como necesariamente tiene que ser todo sistema que no quiere dar a Cristo todo el honor. Es fútil e ilusoria, y no según Cristo. Se inclina a alejar a los hombres de Cristo, y trata de debilitar su fe en él como el todo suficiente salvador. No está en armonía con la plenitud que los creyentes tienen en él.

   Por lo tanto, Pablo afirma: porque en él reside corporalmente toda la plenitud de la deidad. Para la interpretación de toda esta cláusula (menos el adverbio “corporalmente”), véase arriba sobre Col. 1:19. Cuando el apóstol describe a Cristo en esta forma, tiene en mente su deidad, y no tan sólo su divinidad. Pablo se refiere a la completa igualdad de esencia que tiene el Hijo con el Padre y el Espíritu Santo, se refiere a que el Hijo es consubstancial que con el Padre y el Espíritu y no tan sólo similar. Está afirmando que la plenitud de la deidad reside en Cristo, esto corporalmente.

   A este adverbio se le ha dado muchas interpretaciones diferentes; tales como, personalmente, esencialmente, universalmente (en una forma que abarca o afecta la totalidad del universo), eclesiásticamente (en una forma que afecta a toda la iglesia), anti típicamente, genuinamente, etc. Ahora bien, todas estas teorías podrían refutarse sin mayor argumentación, ya que no concuerdan con el contexto inmediato, porque dan al adverbio un significado que no concuerda con la cláusula principal, porque atribuyen a este adverbio más significado que el que tiene, y también porque pierden de vista el propósito principal que el apóstol tiene en mente al escribir como lo hace.

   Sin embargo, existen dos teorías que merecen más atención que tan sólo mencionarlas:

  1. El punto de vista de Lightfoot (op. cit., pp. 182, 183), etc.

Según él, corporalmente significa “con una manifestación corporal”, esto es, “como coronada por la encarnación”. Expositores de renombre han adoptado este atractivo punto de vista. Recurren a argumentos como el de la importancia que Pablo atribuye a la encarnación (Gá. 4:4), al posible paralelo que encontramos en Jn. 1:1, 14, y a la referencia que He. 10:5 hace al cuerpo de Cristo (“más me preparaste cuerpo”), etc.

   Objeciones:

-(1) Pablo está usando un verbo en tiempo presente. Pablo no está diciendo que el Verbo se hizo carne, sino que la plenitud de la deidad habita o está morando en Cristo. Y con toda seguridad este habitar no comenzó con la encarnación. Es más bien una habitación eterna. Moule, quien favorece el punto de vista de Lightfoot, sin embargo, afirma correctamente: “La objeción principal contra la idea de tomar σωματικ_ς (el adverbio) en este sentido, es decir, como haciendo énfasis en el hecho de que la deidad realmente se encarnó, está en el tiempo presente de κατοικε_ (“está habitando”), el cual no se puede tratar tan fácilmente como si se estuviese refiriendo a un acontecimiento histórico del pasado (como Jn. 1:14, σάρξ _γένετο (se hizo carne)” (op. cit., p. 93). ¡Ese es exactamente el punto!

(2) Lightfoot arguye que la cláusula principal (“porque en él mora toda la plenitud de la deidad”) se refiere al Cristo preencarnado (“la Palabra eterna, en la cual mora la plenitud desde toda la eternidad”), pero que el adverbio (“corporalmente”) que modifica esta cláusula se refiere a la encarnación. Esto es contradictorio.

-(3) Si interpretamos el adverbio “corporalmente” en una forma literal (dejando que este adverbio realmente modifique, en una forma natural, la cláusula principal con su verbo “habita” o “reside”), ¿no se levantaría la objeción de que el Hijo de Dios no es tan dependiente de un cuerpo físico (o aun de la naturaleza humana) como para que la deidad no pueda morar en él si no tiene uno?

   No es de extrañarse, que muy pocos escritores de la antigüedad adoptaran esta interpretación, y que aún hoy en día sea ampliamente rechazada por los eruditos, salvo excepciones muy especiales.

-B. El punto de vista de Percy (op. cit., p. 77), y, en su mayor parte, también el de Ridderbos (op. cit., pp. 176–178).

   Ambos interpretan el adverbio como significando “en una forma concentrada, como si fuera visible y tangible”. La fe puede ver claramente que la plenitud de la deidad habita en Cristo desde la eternidad hasta la eternidad, habiendo sido demostrado este hecho visible y tangiblemente mediante las obras de creación y redención ejecutadas por Cristo. La fe puede ver, entonces, que la totalidad de la esencia y gloria de Dios está concentrada en Cristo como en un cuerpo. En este sentido es que se puede decir que la plenitud de la deidad está incorporada, manifestada concretamente, realizada plenamente, en el. Esto no es más que decir en otras palabras que él es de eternidad a eternidad “la imagen del Dios invisible” (véase Col. 1:15).

   Creo que esta interpretación da al texto su verdadero significado, significado que además está en armonía con él contexto, tanto precedente como subsecuente. Por tanto, dado que toda la plenitud de la esencia misma de Dios está concentrada en Cristo, no existe nada que justifique ninguna necesidad de buscar en otro lugar ayuda, salvación o perfección espiritual.

   Por lo tanto, el apóstol añade inmediatamente: y en él vosotros habéis alcanzado plenitud; esto es, en Cristo vosotros poseéis la fuente de la cual fluye la corriente de bendiciones que puede satisfacer cualquier necesidad que tengáis, sea en esta vida o en la venidera. Por tanto, permaneced en él (Jn. 15:4, 7, 9), y continuaréis experimentando que “de su plenitud todos recibimos gracia sobre gracia” (Jn. 1:16; cf. Ef. 4:13). La iglesia que permanece en una unión vital con Cristo hasta el extremo máximo de la capacidad humana, recibe amor, paz, gozo, longanimidad, benignidad, bondad, fidelidad, humildad, templanza (Gá. 5:22), sí, y toda gracia cristiana. Cristo es la fuente que nunca falla. ¿Por qué, entonces, colosenses, cometéis la torpeza de cavar para vosotros cisternas rotas, que no pueden retener el agua (Jer. 2:13)? ¿Por qué confiar en la circuncisión, siendo que ya fuisteis sepultados con Cristo en el bautismo (vv. 11–14)? Que necio es recurrir a los principados y autoridades, cuando en él habéis llegado a la plenitud, es decir, en aquel que es la cabeza de todo principado y autoridad (cf. v. 15). Para el significado de los términos “principado” y “autoridad”, véase sobre Col. 1:16. Él es su cabeza, no en el sentido pleno en el cual es la cabeza de la iglesia (véase sobre Col. 1:18), la cual es su cuerpo, sino en el sentido de que él es el gobernador supremo de todas las cosas (1:16; cf. Ef. 1:22), de modo que aparte de él los ángeles buenos no pueden ayudar, y debido a él el mal no puede herir a los creyentes. Pareciera que el apóstol quería dar énfasis a esta última idea (véase más abajo sobre el v. 15).

   Con el propósito de mostrar la conexión que los vv. 11–17 guardan con lo que le precede en forma inmediata, a continuación, colocaremos otra vez los versículos 9 y 10 que ya explicamos.

 

   Comentario 2: 1ª a los Corintios 3:19 y 20: En este resumen, Pablo repite lo que expresó anteriormente, al preguntar: «¿Acaso Dios no ha tornado en insensatez la sabiduría de este mundo?» (1:20). La frase de este mundo es paralela a en este siglo (v. 18), y ambas expresiones aparecen en el discurso sobre la sabiduría y la insensatez (1:20). Dado que el eje de la discusión se encuentra en el contraste que hay entre el mundo y la comunidad cristiana, Pablo cree que es necesario reiterar su enseñanza acerca de la sabiduría del mundo. En palabras de Charles Hodge, «Aun la verdad o el conocimiento verdadero se convierte en insensatez, si se usa para conseguir una meta para la cual no fue diseñado».

   Además, Pablo fundamenta su enseñanza en la Escritura. En 1:19 citó Isaías 29:14, ahora cita el libro de Job y un Salmo, para mostrar que Dios detesta la sabiduría que se origina en el corazón del hombre.

   En la primera cita (v. 19), Pablo traduce literalmente del texto hebreo de Job 5:13.50 La cita es parte de un largo discurso que Elifaz el temanita dirige a Job. Elifaz compara a Dios con un cazador que prende a Job en su astucia. En cierto sentido, la cita se saca de su contexto. Pablo la usa porque contiene la palabra clave sabio. No obstante, el texto se aplica directamente a los sabios del tiempo de Pablo, quienes ambiciosamente buscaban promover la causa de su mundana sabiduría. Pero como ésta es una sabiduría sin Dios, el Señor prende a los sabios en su propia astucia, convirtiendo su sabiduría en necedad. «La habilidad que el hombre tiene de razonar no puede hacer frente a la soberanía divina».

   La segunda cita (v. 29) viene del Salmo 94:11, y ha sido adaptada para encajar en el presente contexto. El hebreo diría así: «Yahvé conoce los pensamientos del hombre, sabe que son vanos». Pablo usa el texto de la Septuaginta (Sal. 93:11, LXX), que usa el plural hombre, pero Pablo altera la frase de los hombres, para que diga de los sabios. Este cambio es también una interpretación del texto veterotestamentario, lo que significa que cambia las palabras, pero no el significado. Otra vez, la palabra clave es «sabios», aunque Pablo tenga que introducirla en lugar de hombres. El contexto del Salmo 94 habla del razonamiento insensato de los arrogantes que oprimen y matan al inocente. Se jactan de que están a salvo, porque el Señor no los ve ni se interesa (Sal. 94:7). Esta gente es similar a los que se oponen a Dios mediante la sabiduría mundana. Dios conoce a cabalidad sus pensamientos, porque nada se le esconde. El Señor declara que los pensamientos de los hombres son vanos, esto es, sus opiniones son frívolas e inútiles (cf. Ro. 1:21).

   Las dos citas del Antiguo Testamento tienen a Dios como sujeto y a los sabios como complemento directo. Dios considera necios a estos sabios. En la primera cita, se compara a los sabios con pájaros atrapados en una red, sin poder escapar. En la segunda, aun antes de que puedan formular sus pensamientos, Dios de antemano declara inútiles sus deliberaciones.

    Quien sea que se resista a Dios con sabiduría humana, siempre saldrá perdiendo.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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