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Semana del 22 al 28 de junio de 2020: “El verdadero arrepentimiento conlleva un profundo dolor”

Semana del 22 al 28 de junio de 2020: “El verdadero arrepentimiento conlleva un profundo dolor”

Lectura Bíblica: Salmo 51: 1 al 4. 1Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. 2Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. 3Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. 4Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.

   Comentario: Salmo 51: Suplica Individual. Salmo Penitencial

   Este es el más conocido de los salmos penitenciales (ver Sal. 130). En la Biblia hebrea el título ocupa dos versículos (esto explica la diferente numeración en versiones, como BJ).

   Algunos dudan que el Salmo fuera escrito por David y piensan que el título fue agregado mucho después de la composición del Salmo. Sin embargo, no hay buenas razones para dudar que este Salmo surgiera de la experiencia de David como explica el título, aunque el título fuera agregado luego para explicar su origen.

   Esta experiencia de un Llamado profético, de Natán, y el arrepentimiento de David conlleva una gran enseñanza sobre la ética bíblica. En otros pueblos antiguos el rey podía hacer lo que quería. Si quería una mujer, podía matar al esposo para conseguirla, y quedaba impune. Es lo que Abraham temió cuando fue a Egipto. Los pueblos tenían una doble norma; los reyes podían quitar la vida de sus súbditos; podían tener muchas mujeres; podían tomar cualquier propiedad, aun a costa de otros ciudadanos; y quedaban impunes, mientras el pueblo tenía que vivir bajo otra ética. Pero en Israel el rey debía vivir bajo las mismas normas éticas que Dios había dado. Es difícil imaginar que en alguna otra nación antigua un profeta confrontara al rey referente a la ética de sus hechos, como hizo Natán. Pensamos que nosotros no caeríamos en tales dobles normas, pero en la práctica nuestra cultura tiende a aceptar que algún rico o político puede hacer injusticia; o si uno es pobre, está bien robar un poquito de su amo.

   1. Confesión, vv. 1–6

   Este Salmo está Lleno de enseñanzas teológicas. Nótese lo que hace el salmista en este párrafo: pide perdón, pide limpieza, reconoce su pecado, confiesa su pecado, reconoce su naturaleza mala y ve que Dios va al fondo del asunto.

   Se destaca la misericordia de Dios con el uso (en el v. 1) de tres palabras paralelas: Ten piedad es jen 2603 que habla de favor y gracia; misericordia es jesed 2617 que se usa tanto para el amor y misericordia de Dios en el pacto con su pueblo; y compasión es rajam 7356 que habla de compasión y ternura.

   Asimismo, el salmista usa tres palabras paralelas de limpieza (vv. 1 y 2): borra es majah 4229 que se usa para borrar una deuda acumulada; lávame es cabas 3526 que es lavar por fricción; y límpiame es rajats 5352 que significa enjuagar.

   El salmista claramente acepta su propia responsabilidad, pues el pronombre mí o mis se usa siete veces en los vv. 1–3. En contraste el v. 4 enfatiza ti y , pues el pecado ofendió a Dios. El primer paso a la verdadera penitencia es reconocer sus pecados y su propia responsabilidad delante de Dios.

   La grandeza de la gracia solamente se experimenta cuando uno entiende la seriedad del pecado. Por eso David dice contra ti solo he pecado… (v. 4). No es que no haya pecado contra seres humanos también, pero está enfatizando que lo principal es haber pecado contra el Dios justo y puro. Hemos de recordar que nuestro cuerpo pertenece a Dios y nuestro prójimo está hecho a la imagen de Dios.

   En maldad he nacido (v. 5). En el profundo conocimiento de Dios el pecado como ofensa particular señala hacia lo más profundo que es la perversa tendencia de la voluntad humana. Como dijo Calvino, esta “naturaleza pecaminosa” se extiende a cada parte del alma, tanto la mente como el corazón han llegado a ser completamente corrompidos.

   El v. 6 muestra que Dios penetra hasta lo más íntimo del ser. Calvino tenía razón en decir que para ser aprobado por Dios lo último del corazón tiene que ser purificado. Los pecados que se mantienen en secreto también desagradan a Dios.

Los siete juntamente: 51:1–6

   Un viejo tratado titulado: “Los siete juntamente”, dice que somos:

   Crucificados juntamente con Cristo (Gál. 2:20).

   Muertos juntamente con Cristo (Col. 2:20).

   Sepultados juntamente con Cristo (Rom. 6:4).

   Vivificados juntamente con Cristo (Ef. 2:5).

   Resucitados juntamente con Cristo (Col. 3:1).

   Sufrientes juntamente con Cristo (Rom. 8:17).

   Glorificados juntamente con Cristo (Rom. 8:17).

La anotación de Moody: 51:1–19

   El famoso evangelista D. L. Moody anotó en la anteportada de su Biblia:

   Justificación: Un cambio de posición; ante Dios.

   Regeneración: Un cambio de naturaleza; de parte de Dios.

   Arrepentimiento: Un cambio de mente; acerca de Dios.

   Conversión: Un cambio de vida; para Dios.

   Adopción: Un cambio de familia; en Dios.

   Santificación: Un cambio de servicio; a Dios.

   Glorificación: Un cambio de lugar; con Dios.

   “Hay dos maneras de cubrir nuestros pecados, la manera del hombre y la manera de Dios. Si tratas de esconderlos, se volverán a mostrar algún día; pero si dejas que el Señor los cubra, ni el diablo ni el hombre podrán volver a encontrarlos otra vez.” D. L. Moody

   SALMO 130: SUPLICA INDIVIDUAL. SALMO PENITENCIAL

   Martín Lutero llamó a éste un salmo paulino (también al 32, 51 y 143) porque muestra que el perdón de pecado depende de la misericordia de Dios y se recibe por fe y no por medio de obras. El salmista está consciente de su propio pecado y de que merece el juicio de Dios, pero también cree en la misericordia de Dios. Esta combinación produce el arrepentimiento y la seguridad del perdón.

1. El clamor del salmista, vv. 1–4

Lit. dice de lo profundo; “de mi ser” es agregado por el traductor. Se refiere a los abismos y simas del mar, pero se usa [página 404] metafóricamente para el sufrimiento y angustia (ver también Sal. 40:2 y 60:2). El salmista está en un abismo espiritual de angustia o estrés exterior e interior, está deprimido.

El ladrón secreto: 130:1–8

Oh Jehovah, si tienes presente los pecados, ¿quién podrá, oh Señor, mantenerse en pie?

   El pecado roba al hombre:

   La paz: Romanos 3:17.

   La comunión: Génesis 3:8.

   El valor: Proverbios 28:1.

   La libertad: Romanos 6:19.

   La vida: Romanos 6:23.

   La gloria: Romanos 3:23.

   El cielo: Apocalipsis 21:27.

   Ruega a Dios que lo escuche (v. 2) porque está desesperado. Su única esperanza es que Dios lo escuche. ¡He aquí el gran privilegio de la oración!

   Si tienes presente los pecados (v. 3) indica que su preocupación no es una opresión, ni enfermedad física sino el pecado. ¿Quién podrá…?: Reconoce que todo ser humano es pecador; Pablo dijo: “Soy el peor.” El primer paso en el saneamiento es reconocer que somos pecadores.

   Pero en ti hay perdón (v. 4). ¡Qué bendición es la seguridad del perdón! En Dios hay perdón; en Cristo hay perdón. El salmista no apela a su inocencia ni a sus buenas obras, sino a la misericordia de Dios; el que depende de obras nunca tendrá la seguridad del perdón. Según Romanos 2:4, sólo la bondad de Dios dirige al arrepentimiento.

   Seas reverenciado (v. 4). Cuando su pecado es perdonado, el hombre puede y quiere adorar y obedecer a Dios.

1er Titulo:

Dios contrista para arrepentimiento. 2ª a los Corintios 7:9 y 10. 9Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. 10Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. 

   Comentario: Manifestación de tristeza 7:8–10.

   Vencido por la emoción, Pablo es incapaz de escribir su carta con serenidad. Escribe en primera persona singular a lo largo de esta sección, para indicar que el asunto que está tratando le afecta profundamente y afecta a su equilibrio emocional. Los dos próximos versículos (8–9) revelan su estado emocional conforme se refiere a la carta intermedia que ha enviado a la iglesia de Corinto. La ruptura gramatical del versículo 8 puede mejorarse con una puntuación, de esta forma se logra una mejor transición al versículo 9.

   [8] Porque si bien mi carta os causó tristeza, no me pesa. Aunque, en realidad sí me pesó, porque me doy cuenta que mi carta os causó tristeza sólo por un tiempo. [9] Ahora me gozo, no porque hayáis sentido tristeza, sino porque vuestra tristeza os llevó al arrepentimiento. Porque vuestra tristeza ocurrió según la voluntad de Dios, para que ningún daño sufrierais de nuestra parte.

-a. «Porque si bien mi carta os causó tristeza, no me pesa». Suponemos que una de las primeras preguntas que Pablo hizo a Tito, sería en relación con la reacción que los corintios tuvieron ante la dolorida carta que les escribió (2:3–4). Esa carta ya no existe, de manera que no podemos decir nada sobre su contenido. Pero esperamos que Pablo tratara con tacto un tema en el que uno de los miembros de la congregación de Corinto estaba involucrado. No es remota la posibilidad de que dicha carta tratara de un tema disciplinario (véase el comentario a 2:5–11). Y suponemos que Tito debió asumir el liderazgo en tan delicado asunto.

  En vocabulario de 2:1–7 es semejante al de 7:8–11. En ambos pasajes, la palabra «tristeza» aparece, como verbo, participio o sustantivo. Además, el concepto gozo aparece en el contexto de estos pasajes (2:3; 7:4, 7, 9, 13). Por último, Pablo usa el término consolar, reanimar o afirmar en ambos contextos. La conclusión que podemos sacar es que Pablo vuelve al mismo tema que ya había considerado en el capítulo segundo de esta epístola. Lo que es nuevo en este texto es el énfasis que Pablo hace sobre su pesar. Dice que la carta entristeció a los propios corintios; pero no lamenta su entristecimiento. Para explicar esta anomalía debo hacer algunas observaciones. Primero, Pablo está en un estado emocional que le impide escribir sosegadamente. En segundo lugar, los versículos 8 y 9 deben leerse a la luz de 2:1–4, donde Pablo recalca el hecho de que desea que los corintios sean felices, incluso si para eso tiene que escribirles una carta severa que los entristezca. Quiere que se arrepientan después de que hayan visto su error, y que entonces se gocen. En tercer lugar, en calidad de padre espiritual de ellos, les escribe con dolidas palabras, pero con amor (2:4). Finalmente, por un rato lamentó haberles escrito esta carta, pero esperaba que al final acabaría en gozo. Esto es exactamente lo que pasó, como el propio Tito había confirmado.

-b. «Aunque, en realidad sí me pesó, porque me doy cuenta que mi carta os causó tristeza sólo por un tiempo». La primera cláusula es concesiva y tiene su complemento en el versículo 9: «Ahora me gozo». ¿Por qué Pablo lamenta haber escrito la carta triste? Sabía bien que su contenido entristecería a los corintios. Cuando un padre tiene que corregir a un hijo pequeño que está en un error, la corrección duele mucho más al padre que al hijo equivocado. Un padre que toma su papel de padre seriamente, con amor disciplinará a su hijo. Con su conducta cuida de la salud y de la felicidad de su familia, aunque el procedimiento mismo sea doloroso. Lo mismo puede decirse de Pablo, que servía a los corintios como padre espiritual. Su pesar por haberlos disciplinado, sólo duraría hasta que ellos recuperaran el sentido, se arrepintieran y admitieran que se habían equivocado.

   Por medio del repetido uso de la palabra pesar, los escritores del Nuevo Testamento arrojan luz sobre su significado. Puede significar un cambio de mente, como en la parábola de los dos hermanos a quienes se les llamó para trabajar en una viña. Jesús nos cuenta que uno de ellos se negó a ir, pero luego sintió pesar y terminó yendo (Mt. 21:29). Por el contrario, el autor de Hebreos cita el Salmo 110:4 y afirma que Dios hizo un juramento y no cambió de opinión (Heb. 7:21). La palabra también puede significar «arrepentirse». Judas fue poseído por el remordimiento, después de traicionar y entregar a Jesús; su remordimiento, sin embargo, no culminó en el arrepentimiento, sino en el suicidio (Mt. 27:3–5). De modo semejante, los clérigos judíos y los ancianos, que oyeron y vieron a Juan el Bautista, rechazaron el arrepentimiento (Mt. 21:32).

   Pablo escribe dos veces la palabra pesar en este pasaje. Claramente indica que su pesar era positivo, pues produjo el arrepentimiento de los destinatarios de su carta. Es de notar que Pablo carga sobre sí el pesar que correspondía a sus lectores; sufre con ellos y habla de su propio pesar, no del de ellos. Aun así, el dolor de ellos culminó en el arrepentimiento (v. 9).

   El daño que causó la carta de Pablo, duró poco tiempo. La traducción literal del griego es «durante una hora», que en lenguaje común supone tan poco tiempo, que no se cuenta por horas o días.

   Los placeres del pecado son momentáneos; pero su recompensa son la congoja y la destrucción que lleva a la muerte (cf. Ro. 6:23). Por el contrario, aunque la corrección sea penosa, produce arrepentimiento y perdón. Después, el dolor causado no sólo por la disciplina, sino también por el arrepentimiento, es sustituido por un gozo imperecedero. El salmista dice que Dios no desprecia al corazón contrito y humillado (Sal. 51:17).

-c. «Ahora me gozo, no porque hayáis sentido tristeza, sino porque vuestra tristeza os llevó al arrepentimiento». La cláusula «no me pesa» (v. 8a) debe considerarse como un paralelismo con la que dice «Ahora me gozo». Las dos cláusulas están en tiempo presente; pero una es negativa y la otra positiva. Una es la continuación de la otra al decirnos que Pablo no tiene ninguna tristeza y que está lleno de gozo.

   Con las palabras ahora me gozo, Pablo completa la segunda parte de la declaración concesiva, que empezaba con la frase «Aunque, en realidad sí me pesó». ¿Por qué se regocija Pablo? Ahora que Tito ha regresado con las buenas noticias de que los corintios han reaccionado positivamente a su carta, la tristeza ha desaparecido y en su lugar ahora hay gozo.

   A primera vista, parece que Pablo es repetitivo y contradictorio cuando escribe: «No porque hayáis sentido tristeza, sino porque vuestra tristeza …». Nótese, no obstante, que lo que Pablo quiere es acabar con cualquier malentendido. Escribe en voz pasiva: «hayáis sentido tristeza» debido a la carta que escribió. Éste es un hecho que Pablo quiere que se sepa. Pero clarifica sus palabras con la repetición de la frase («sentido tristeza»), y luego añade que su tristeza «los llevó al arrepentimiento». El objetivo final de la severa carta de Pablo era que los corintios se arrepintieran. Esto sólo podía lograrse causándoles dolor con sus palabras correctivas.

   La parábola del hijo pródigo ilustra la privación y el rechazo que un joven judío había sufrido mientras pastoreaba la piara de cerdos de un patrono gentil. Pero estas dificultades causaron que el joven volviera a sus cabales y exclamara: «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra, y yo aquí me muero de hambre! Tengo que volver a mi padre y decirle: Papá he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo; trátame como si fuera uno de tus jornaleros» (Lc. 15:17–19). Aquí tenemos la escena de un verdadero arrepentimiento, que se tornó en gozo abundante, tanto para el padre como para el hijo. La tristeza que tiene su origen en la conciencia de pecado, lleva al genuino arrepentimiento; y éste cambia la voluntad, la inteligencia y las emociones del arrepentido. El arrepentimiento nos aleja del mal y nos vuelve hacia Dios; implica pedirle a Dios que perdone nuestro pecado.

-d. «Porque vuestra tristeza ocurrió según la voluntad de Dios». La traducción literal de esta frase del original griego, es confusa debido a su compacta construcción: «Habéis sido entristecidos según Dios». La tristeza de los corintios fue un proceso que se inició cuando leyeron la carta triste. Este proceso los condujo a Dios, porque se dieron cuenta de que lo habían ofendido con su conducta (véase Ro. 8:27; 1 P. 4:6). Por medio de su Palabra, Dios da a conocer su ley a la gente de Corinto y, por su Espíritu los guía al arrepentimiento. Como resultado de éste, los corintios querían hacer la voluntad de Dios en obediencia a su Palabra. Nótese que Pablo proyecta todo el proceso de arrepentimiento usando la frase según la voluntad de Dios.

-f. «Para que ningún daño sufrierais de nuestra parte». La razón por la que Dios condujo a los corintios al arrepentimiento, era para que no sufrieran daño espiritual. Era obligación de Pablo escribir una carta dolorida, para advertir a sus destinatarios y expresarles su afecto por ellos (2:4). Si el apóstol no hubiera cumplido con su obligación, hubiese sido el responsable de la degradación espiritual de ellos. Confiaba que Dios usaría la carta para producir contrición en el corazón de los corintios. Sin embargo, Pablo tuvo que soportar un ansioso periodo de espera, antes de saber el impacto y la reacción que causó su escrito. Sabía de sobra que si sus lectores hubieran reaccionado negativamente, habrían sufrido un daño inmensurable. Cuando Tito regresó con su optimista informe, la ansiedad de Pablo se convirtió en un gozo ilimitado. Entonces supo que los corintios, por su arrepentimiento, no sufrieron perjuicio alguno en ningún sentido. Todo sucedió como se esperaba. Su carta sirvió de bien espiritual a los creyentes de Corinto.

   [10]. Porque la tristeza que ocurre según la voluntad de Dios, genera arrepentimiento que produce salvación, de lo cual no hay que lamentarse. Pero la tristeza del mundo produce la muerte.

   El contraste en este texto es claro: verdadero arrepentimiento versus remordimiento, y salvación versus muerte. Una de las caras de esta moneda proverbial es positiva y elaborada; la otra es negativa y breve. La disparidad es tan evidente que cualquiera puede notarla.

-a. Tristeza que proviene de Dios. «Porque la tristeza que ocurre según la voluntad de Dios, genera arrepentimiento que produce salvación, de la cual no hay que lamentarse». Una vez más, Pablo condensa su enseñanza sobre la ley de Dios, su voluntad y su consejo, en la expresión según Dios (véase los comentarios al versículo 6). Quiere decir que la tristeza por el pecado debe percibirse en el contexto de Dios, que nos da sus mandamientos, nos revela su voluntad y guía a su pueblo a la obediencia.

   La tristeza que Pablo menciona se refiere a la tristeza por el pecado cometido; tal pena puede causar que el pecador arrepentido derrame lágrimas de amargura. Por ejemplo, cuando Pedro negó a Jesús jurando no conocerlo, oyó cantar al gallo. A partir de ese canto, recordó las palabras que Jesús le había dicho, salió fuera y lloró amargamente (Mt. 26:74–75).

   Pablo escribe que la tristeza que viene de Dios, produce arrepentimiento; pero en todas sus epístolas usa el término griego metanoia (arrepentimiento) sólo cuatro veces (Ro. 2:4; 2 Co. 7:9, 10; 2 Ti. 2:25). Y el verbo relacionado con este sustantivo, arrepentirse, ocurre sólo una vez en sus cartas (2 Co. 12:21). Aunque los Evangelios Sinópticos registran repetidas veces el sustantivo y el verbo, el Evangelio de Juan y las Epístolas carecen de ambos. Pero Pablo y Juan expresan esta idea con dos sustitutos: el sustantivo fe y el verbo creer. Estas dos palabras ocurren numerosas veces en los escritos de Juan y de Pablo, e indican la acción de un pecador cuando se vuelve a Dios en plena dependencia de él. El Antiguo Testamento enseña que Dios quiere que su pueblo se aparte del pecado y se torne hacia él. Esta enseñanza aparece gráficamente reflejada en la profecía de Ezequiel: «Pero si el malvado se arrepiente de todos los pecados que ha cometido y hace lo que es justo y correcto, ciertamente vivirá» (Ez. 18:21, 27).

   El arrepentimiento lleva a la salvación—dice Pablo—lo cual no es algo de qué lamentarse. Nadie podrá decir nunca que él o ella, hicieron mal al arrepentirse y recibir así la salvación. Salvación significa restauración a la plenitud de vida. Significa volver a estar completo, a vivir en armonía con Dios y su pueblo. Quizás la declaración de Pablo: «arrepentimiento que produce salvación, de lo cual no hay que lamentarse», era un bien conocido axioma de la iglesia primitiva. Es inconsecuente tratar de averiguar si la cláusula no hay que lamentarse está relacionada con arrepentimiento o con salvación. Es evidente que el arrepentimiento genuino desemboca en la salvación, que entonces puede describirse como algo de lo que no hay que lamentarse.

-b. Tristeza que proviene del mundo. «Pero la tristeza del mundo produce la muerte». ¡Qué contraste! Ahora sí que vemos lo contrario a la frase que acabamos de leer. La contrición es alejarse del pecado y volverse hacia Dios; pero la tristeza de este mundo es remordimiento que se manifiesta en sentimientos de culpabilidad. Pedro se arrepintió y volvió con los apóstoles, y después se encontró con Jesús (Mt. 26:75; Lc. 24:33–34). Judas estaba lleno de remordimiento, pero volvió a los sumos sacerdotes, que lo rechazaron (Mt. 23:3–5). Pedro fue restaurado y se convirtió en la cabeza de los apóstoles (Jn. 21:15–19). Judas se suicidó y fue condenado a la destrucción (Hch. 1:18–19).

   Los corintios escogieron la vida, arrepintiéndose y volviendo a Dios. Recibieron la salvación plena y gratuita; y su relación con Dios y con Pablo fue restaurada completamente. Cuando un pecador se arrepiente, Jesús dice que los ángeles del cielo se regocijan (Lc. 15:7, 10). Pablo también rebosaba de alegría al saber que el corazón de la gente de Corinto había cambiado. Su carta y la visita de Tito no habían sido en vano. Los corintios habían abandonado sus malos caminos y vueltos sus pasos hacia el Dios vivo, el autor de la salvación. Por eso Pablo no encontraba límites a su gozo cuando Tito le trajo aquellas noticias de la iglesia de Corinto.

2° Titulo:

Amargo llanto de arrepentimiento del pecado San Mateo 26:75. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.

   Comentario: En su infinita y tierna misericordia el Señor, que en su soberana providencia controla todas las cosas, viene al rescate: 74b, 75. Inmediatamente un gallo cantó. Y Pedro recordó las palabras de Jesús: Antes que el gallo canta, tú me negarás tres veces. Por Lc. 22:61 sabemos que en el momento mismo en que el gallo cantaba, o por lo menos muy cerca de ese momento, alguien está mirando directamente a los ojos de Pedro. Es Jesús, con su rostro muy probablemente aún cubierto con los salivazos, ennegrecido y amoratado por los golpes recibidos. Parece que el Maestro, terminado el juicio, está siendo llevado a través del patio hacia la celda, desde la cual, dentro de pocas horas, será conducido una vez más ante el Sanedrín.

   Cuando Pedro oye el canto del gallo y ve a Jesús mirándolo con ojos tan llenos de dolor, pero también llenos de perdón, se le despierta repentinamente el recuerdo de la predicción y advertencia de Cristo (v. 34). Y salió fuera y lloró amargamente. No se dice como fue que al fin Pedro pudo salir del palacio. ¿Puede ser porque ahora la atención de todos los subordinados y quizás de todos los demás está puesta en Jesús? Como quiera que sea, Pedro sale y llora como solamente Pedro puede llorar: amarga, profusa, significativamente, lleno su corazón con un genuino pesar por lo que ha hecho.

   ¡Cuán engañoso es el corazón del hombre! “Más que todas las cosas y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer. 17:9). Véase también 2 R. 8:13; cf. v. 15. Piénsese en ello: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”—“Yo ni siquiera conozco al hombre”.

   ¡Cuánto debe haber sufrido Cristo! Sin duda mucho más debido a estas negaciones por un discípulo altamente favorecido y amigo suyo que por los golpes y las burlas infligidas or sus enemigos declarados. Véase Sal. 53:6; 55:12–14.

   ¡Cómo se revelan aquí la gracia de Dios y el amor perdonador del Salvador! Véanse Is. 1:18; 53:6; 55:6, 7.

3er Titulo:

Ejemplo de contrición. San Lucas 7:37, 38, 47 y 48. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.▬ (47-48)Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.

   Comentario: 37, 38. Ahora bien, había una mujer en el pueblo que era pecadora. Cuando supo que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, trajo un jarro de alabastro con perfume, y, llorando continuamente, se puso a los pies de Jesús. Ella comenzó a mojarle los pies con sus lágrimas y los secaba con el cabello de su cabeza, besándole los pies y ungiendo los con el perfume.

   La frase exclamatoria “Ahora bien”, indica que Lucas quiere llamar nuestra atención en forma especial a lo extraño que ahora ocurrió. En este pueblo que había una mujer muy conocida por su mala reputación. Decir que probablemente era una ramera sería ser injusto con ella. Una mujer podía ser “pecadora” sin ser una ramera. Además, es claro por el presente relato que a pesar de lo que hubiera estado haciendo, ya no lo hacía. Debe haber oído las palabras de Jesús. Y estas palabras, pronunciadas en ocasiones anteriores, deben haber sido aplicadas a ella con su eficacia salvadora. Además, aun ahora estaba presente en su corazón el principio de una conciencia de haber sido perdonada por Dios. De otro modo, ¿cómo podemos explicar el hecho que, habiéndose enterado que Jesús estaba en la casa del fariseo, no solamente vino a esta casa, sino que trajo consigo el jarro de alabastro con perfume? El jarro de alabastro era un frasco de yeso blanco fino (o quizás un color delicadamente teñido). Tenía cuello largo. Para derramar su contenido, debía quebrarle el gollete. Es claro que ella sintió la necesidad de traer una ofrenda de acción de gracias a quien había sido el instrumento en el cambio de su vida.

    No es tan extraño que, en un sentido, se le haya permitido entrar en la casa. No era del todo desacostumbrado que personas no invitadas entrasen a una casa donde se ofrecía una cena. Generalmente se sentaban a lo largo de las paredes a observar todo lo que estaba ocurriendo y hasta se ponían a conversar con algunos de los invitados.258 Sin embargo, que esta mujer en particular, conocidísima como “pecadora”, tuvo el valor de entrar en casa de un estricto fariseo, sí que era algo extraordinario. El único modo de explicarlo es suponer que la urgencia que ella tenía de expresar su gratitud a Jesús era tan irresistible que nada pudo detenerla de hacer lo que ella quería hacer.

   Abrumada por un genuino pesar por su vida pecaminosa pasada, la mujer está a los pies de Jesús. Suponemos, como la mayoría de los traductores y expositores, que los que participaban en la comida estaban reclinados sobre bajos divanes puestos alrededor de la mesa. Cada persona, frente a la mesa, se acostaba con las piernas estiradas hacia atrás. Se reclinaba sobre el brazo izquierdo con el fin de tener libre el derecho para comer. Por lo tanto, es fácil comprender que la mujer estuviera tras él, esto es, a sus pies que estaban extendidos.

   Ha venido hoy para ungir a Jesús con perfume; con perfume, costoso y fragante (cf. Mt. 26:7, 12; Mr. 14:3–5; Jn. 11:2–5), no solamente con aceite de oliva común (véase el v. 46). ¡Nada es demasiado bueno para ofrendarlo a Jesús! Pero cuando está allí, ella vacila. En realidad, es vencida por la emoción. Un pesar abrumador por el pecado del pasado se mezcla con una profunda gratitud por el sentido presente de perdón. Su corazón está lleno hasta rebosar de amor y reverencia por Aquel que le abrió los ojos y produjo un cambio tan radical en su vida. Resultado: ella estalla en lágrimas. Esta “agua del corazón” (Lutero) cae sobre los pies de Jesús. Impulsivamente ella hace lo que en aquellos días ninguna mujer debía hacer en público: se desata la cabellera. Entonces, inclinándose con el cabello suelto, mientras sigue llorando continuamente, sigue secando los pies de Jesús, los besa, y del frasco ya roto, derrama el perfume sobre ellos.

   Comentario 2: 47. Por lo tanto te digo, sus pecados, aunque sean muchos, son perdonados, porque ella amó mucho; pero la persona a quien poco se le perdona, poco ama.

   En su gran paciencia, Jesús limita su comentario (sobre la respuesta de Simón) a la afirmación que el fariseo ha juzgado rectamente. Entonces, muy dramáticamente, el Maestro dirige la atención de Simón hacia la mujer. ¿La ve Simón? ¿Ha entendido la importancia de las acciones de ella? “Entré en tu casa”, continúa Jesús, sin siquiera añadir, como podría haberlo hecho, “por invitación tuya”. Enseguida el Maestro revela ante todo el mezquino tratamiento que ha recibido de su anfitrión. Este había omitido todas las acostumbradas evidencias de hospitalidad, todas las formalidades que, como todos sabían, debían otorgarse a un invitado de honor. Simón no había proporcionado agua para lavar los pies de Jesús (Gn. 18:4; Jue. 19:21), no le había dado la bienvenida con un beso (Gn. 29:13; 45:15; Ex. 18:7) y no había ungido la cabeza de su invitado, ni siquiera con aceite de oliva barato (Sal. 23:5; 141:5). La recepción había sido fría, con aires de superioridad, descortés.

   El Maestro muestra que en los tres aspectos ha recibido un tratamiento muy distinto de la mujer arrepentida. En vez de agua para los pies de Jesús, esta mujer ha proporcionado lágrimas, indicativas de arrepentimiento. En vez de un beso en la mejilla, ella le ha dado muchos besos fervientes a los pies, símbolos de gratitud. ¡En vez de aceite de oliva barato para la cabeza, ha derramado un perfume precioso y fragante en sus pies!

   Jesús agrega: “Por lo tanto te digo, sus pecados, por muchos que sean, son perdonados”, etc. Para dar todo el énfasis del original, la traducción tendría que ampliarse más o menos como sigue: “Por lo tanto te digo, perdonados son sus pecados, por muchos que hayan sido. Han sido perdonados como es claro por el hecho de que ella, consciente de haber sido perdonada, ha mostrado que me ama tan intensamente. Es la persona a quien poco se ha perdonado la que ama poco”. Lo que Jesús enseña es que el desborde de amor es resultado del hecho de estar consciente de haber sido perdonado.

   En otras palabras, lo que hace es esto: invierte los papeles. Simón se consideraba justo, perdonado (si es que alguna vez sintió la necesidad de perdón) y miraba a la mujer como pecadora sin perdón. Jesús muestra que por su falta de amor es Simón quien da muestras de no haber sido perdonado—inferencia misericordiosamente atenuada para quedar en “ha sido perdonado poco”—mientras la mujer se regocija en la libertad de culpa que ha recibido como un don de la gracia de Dios.

   El amor a Jesús—por lo tanto, a Dios—es y debe siempre ser el resultado del perdón:

Nada que pagar, ¡Sí, nada que pagar!

Jesús toda la deuda ha cancelado ya,

la ha borrado con su mano sangrante!

Libre y perdonado tú estás.

Escucha la voz de Jesús que dice:

¡De cierto te digo, nada tienes que pagar!

¡Pagada está la deuda, el deudor está libre!

Ahora te pregunto, ¿Me amas tú a mí?

Francés Ridley Havergal líneas de “Nothing to Pay”

   [48]. Entonces él le dijo a ella: Tus pecados son perdonados.

   Lo que la mujer ya sabía en principio ahora es reafirmado. En vista de su vida pasada de pecado probablemente ella necesitaba esta confirmación, de modo que aquello que ella sentía que había ocurrido—de allí su desborde de amor—pudiera quedar más firmemente establecido en su corazón, a saber, que de una vez para siempre y en forma completa sus pecados habían sido y ahora eran borrados. Y tal perdón nunca queda solo. Es siempre perdón y más. Dios, en Cristo, abraza a esta mujer arrepentida con sus brazos de amor protector, amor adoptivo. Cf. Ro. 5:1. Y acerca de toda la frase, (“Perdonados son tus pecados”) véase lo que se dijo en relación con 5:20.

   Esta afirmación de Jesús provocó resentimiento en los corazones de quienes estaban reclinados a la mesa con él, la mayoría de los cuales probablemente fueran fariseos. Decían consigo mismos: “¿Quién es éste que hasta perdona pecados?” No debe pasarse por alto que cuando Jesús declaró públicamente “Tus pecados son perdonados”, dijo esto no solamente por causa de la mujer misma, para que se sintiera segura, sino también por causa de los otros invitados, para que ya no la consideraran “pecadora”. Habiendo oído a Jesús hacer esta declaración de absolución, ellos, sin embargo, no quedan satisfechos. La escena de 5:21 virtualmente se ve repetida aquí. Por lo tanto, véase sobre ese pasaje.

   Sin embargo, Jesús pasa por alto lo que está ocurriendo en los corazones de estas personas autosuficientes. Pero, sí toma en cuenta a la mujer. Es a ella, cuando la despide, que dirige su observación maravillosamente consoladora: “Tu fe te ha salvado. Vete en paz”.

   Acerca de la esencia de la fe, véase C.N.T. sobre Mr. 11:22, 23. En pocas palabras, esta fe, siempre un don de la gracia de Dios (Jn. 3:3–8; Ef. 2:8), es la humilde confianza de la mujer en Jesús, su acto de entregarse enteramente a él. En cuanto a la expresión, “Tu fe te ha salvado”, véanse también Mt. 9:22; Mr. 5:34; 10:52; Lc. 8:48; 17:19; 18:42. ¿No es maravilloso que Jesús, al dirigirse a esta mujer nada diga acerca de su propio poder y amor, la causa fundamental del estado presente de salvación de ella, sino que hace mención de aquello que sin él nunca podría ella haber poseído ni haber podido ejercer? Que nuestro Señor atribuía gran valor a la fe se ve claramente en otros pasajes de Lucas como 5:20; 7:9; 8:25; 12:28; 17:6; 18:8; 22:32; así como en muchos otros pasajes de los demás Evangelios (Mt. 9:29; 14:31; 15:28, etc.; Mr. 2:5; 4:40, etc.; Jn. 3:16, etc.).

   “Vete en paz”, dice Jesús, al despedirla. Aquí no puede significar menos que lo que da a entender la palabra hebrea Shalom, prosperidad para el alma y el cuerpo. Esta paz es la sonrisa de Dios reflejada en el corazón del pecador redimido, un refugio en la tormenta, un escondite en la roca eterna, abrigo bajo sus alas. Es el arco iris alrededor del trono de donde salen relámpagos, truenos y voces (Ap. 4:3, 5).

Lecciones prácticas derivadas de Lc. 7:36–50

   V. 36 “Así que entró en la casa del fariseo y se reclinó a la mesa”. A pesar de saber que como grupo los fariseos no eran amistosos con él, Jesús no los rehuía. Véanse también 11:37; 14:1. Esta es una lección para todos nosotros.

   V. 39 “Si este hombre fuera profeta, sabría … que es pecadora”. Simón realmente no conocía (entendía) a Jesús. Como resultado no conocía realmente a esta mujer, ni tampoco se conocía a sí mismo. Por esta falta de conocimiento, no tenía excusa (Lc. 13:34; Ro. 1:28).

   Vv. 44–46 “Agua para mis pies no proporcionaste … Beso no me diste”, etc. La práctica del cristianismo no excluye las gracias sociales (hospitalidad, bondad, etc.). Aunque esto no se enseña directamente aquí, está ciertamente implícito. Los cristianos profesantes a veces son muy descorteses.

   V. 47 “Sus pecados, aunque sean muchos, son perdonados, porque ella amó mucho”, con lo que quiere decir, “como es claro de la generosidad con fue que ella mostró cuánto me amaba. Si no me hubiera amado tanto, no habría hecho lo que hizo ahora”. Perdonada, amó. ¿Es verdad que, por su parte, el mostrar amor también aumenta la seguridad de haber sido perdonado?

   V. 50 “Tu fe te ha salvado. Vete en paz”. ¿Nos muestra esta sección (7:36–50) cómo debemos tratar a los caídos? ¿A los arrepentidos? Si es así, ¿en qué forma?

Amén, para honra y gloria de Dios.

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LIBRO: ARREPENTIMIENTO BIBLICO


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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