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Semana del 20 al 26 de mayo de 2019: “Relación del creyente con la Cruz de Cristo para la santificación”

Semana del 20 al 26 de mayo de 2019: “Relación del creyente con la Cruz de Cristo para la santificación”

Lectura Bíblica: Apocalipsis 20:17. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.

   Comentario del texto: 17. «Y el Espíritu y la esposa dicen, ‘¡Ven!’ Y el que lo oiga diga, ‘¡Ven!’ Y el que tenga sed que venga, y el que lo desee que tome gratuitamente del agua de la vida».

   Jesús parece ser el que habla y ahora anuncia que la respuesta a sus palabras proviene de dos fuentes, a saber, el Espíritu Santo y la iglesia en la tierra. Estos dos siguen clamando por el retorno de Jesús con una petición en tiempo presente que significa «Cumple tu plan en la historia con la mirada puesta en tu venida». El clamor por la venida del Señor se repite en el versículo 20, como última petición en Apocalipsis, «Amén, ven Señor Jesús». El Espíritu de Cristo es el Espíritu del esposo; y este Espíritu tiene su morada en la esposa, o sea, la iglesia. De ahí que, a instancias apremiantes del Espíritu, la iglesia expresa su anhelo por el retorno de Cristo, su esposo. No sólo el cuerpo orgánico de la iglesia sino todo creyente individual que responde en obediencia a la instancia del Espíritu manifiesta esta ansia. La invitación «¡Ven!» se da dos veces para poner de relieve el apremio.

   Sin embargo, la tercera invitación, «El que tenga sed que venga» no se dirige a Cristo sino al pueblo, como invitación para que acudan a él. Esto crea confusión, en especial debido a que la última exhortación, «el que lo desee que tome gratuitamente del agua de la vida», también es una exhortación evangelística. Esta incoherencia se puede solucionar si interpretamos el doble significado del verbo venir. Primero, la iglesia, al rendir culto y al celebrar la cena del Señor pide a Cristo que regrese (Maranatha; véase Didajé 10:6). Luego, al mismo tiempo, la iglesia extiende a todos la invitación de venir a Cristo. Al escribir acerca de la venida del Señor, Pedro exhorta a sus lectores a que vivan vidas santas y piadosas «esperando ansiosamente la venida del día del Señor» (2 P. 3: 12a), con lo cual indica que el pueblo de Dios desempeña un papel en disminuir el tiempo antes del regreso de Jesús. Al dirigirse a la multitud después de sanar al mendigo tullido, Pedro dijo al pueblo que se arrepintieran con el fin de acelerar la venida de Cristo (Hch. 3:19–21). De igual modo, alrededor del 300 d.C., un rabí judío escribió, «Si los israelitas se arrepintieran, aunque fuera un solo día, entonces el Hijo de David [el Mesías] vendría». Esto quiere decir que la iglesia debe llevar el evangelio al mundo, conducir a las personas a la fe y al arrepentimiento, y llenar la casa de Dios. Entonces, el fin vendrá y Cristo regresará.

   Todo el que desee beber del agua de la vida puede venir gratuitamente a tomarla. Hay una invitación en el Antiguo Testamento, que se menciona en Isaías 55:1, «¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed! ¡Vengan a comprar y a comer todos los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche sin pago alguno» (véase también Jn. 7:37; Ap. 21:6).

1er Titulo:

En La Sustitución: (1ª a de Corintios 15:3. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras).

   Comentario del texto: a. La tradición. «Porque os entregué lo que también recibí como algo de primerísima importancia». Pablo afirma que el evangelio no es una doctrina que él mismo haya inventado. Afirma más bien que la recibió del Señor (Gá. 1:12) y que considera la enseñanza de los apóstoles como una tradición autoritativa que se originó en Jesucristo. Habiendo recibido esta enseñanza, estaba obligado a traspasarla tanto a judíos como a gentiles (Hch. 20:21), así como a actuar en calidad de guardián de la doctrina (cf. 11:23). Los términos recibir y entregar son términos técnicos que aparecen en contextos judíos y griegos.

   El evangelio que Pablo recibió de Jesús y de los apóstoles se formula aquí como un credo primitivo usado en las confesiones de fe de la iglesia primitiva y en la predicación y enseñanza de las iglesias. Este resumen está fundado en la Escritura. En sólo tres versículos, Pablo usa dos veces la frase según las Escrituras, para demostrar que el evangelio está arraigado en el Antiguo Testamento y surge de éste. Según Pablo, las enseñanzas elementales del evangelio se pueden resumir en estos cuatro hechos redentores:

1. que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras,

2. que fue sepultado

3. que al tercer día fue resucitado de los muertos, según las Escrituras, y

4. que se le apareció a Cefas, luego a los doce.

   Estos son los hechos más importantes en la presentación que Pablo hace del evangelio. En el versículo 3, se podría traducir primero en lugar de «de primerísima importancia». Sin embargo, el pasaje no habla de que Pablo fue el primero en proclamar el evangelio en Corinto. Más bien, la idea es que estos cuatro hechos resumen el significado intrínseco del evangelio.

b. Muerte. «Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras». Notemos que Pablo no usa el nombre Jesús, sino el título mesiánico de Cristo. Al referirse al Antiguo Testamento, Pablo debe estar apuntando a la profecía de Isaías. Este profeta afirma que el Mesías, el ungido de Dios, el siervo sufriente, fue herido por nuestra trasgresión y molido por nuestras iniquidades. Además, Isaías escribe que todos nuestros pecados fueron puestos sobre el siervo y que él murió por los pecados de su pueblo (Is. 53:5, 6, 8, 9; véase también Sal. 22:16; 1 P. 3:18).

   Jesús cumplió las profecías mesiánicas del Salmo 22 e Isaías 53. Cuando el Señor instituyó la Santa Cena, expresó verbalmente la doctrina de que el Mesías murió por lo pecados de su pueblo. Dijo: «Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos para el perdón de pecados» (Mt. 26:28).

   El concepto de por nuestros pecados aparece en otras epístolas de Pablo (p. ej., Ro. 5:8; 8:32; Gá. 1:4;8 Ef. 5:2; Tit. 2:14). En estos pasajes, la preposición griega huper (=por) comunica la idea de que Jesús es tanto nuestro representante como nuestro sustituto. En suma, Cristo no sólo nos representa delante de Dios, sino que toma nuestro lugar muriendo en la cruz por nuestros pecados.

   La afirmación Cristo murió por nuestros pecados es un resumen doctrinal de la expiación. Como nuestro sustituto, Cristo murió para aplacar la ira de Dios y satisfacer las demandas de la ley (Ro. 3:25, 26; 5:9, 10).10 Como nuestro abogado, llevó a cabo la reconciliación y nos hizo justos delante de Dios (2 Co. 5:21; 1 Jn. 2:1, 2). Como nuestro mediador, estableció un nuevo pacto y nos aceptó como sus socios (Lc. 22:20; 1 Co. 11:25). Como nuestro salvador, nos concede vida eterna a través de la fe en él (Jn. 3:16).

Consideraciones prácticas en 15:3

   Unas pocas líneas llenas de significado teológico resumen la verdad del evangelio de Cristo. Se refieren a la muerte de Jesús, a su sepultura y resurrección, y de esta forma presentan las buenas nuevas de salvación.

   Los agnósticos y ateos no tienen problemas en aceptar la muerte y sepultura de Jesús. Ellos ven su muerte como inevitable. Jesús fue condenado por un tribunal romano, así que su muerte en la cruz fue la pena ineludible que tuvo que pagar este revolucionario desorientado.

   Afirmar que Jesús se levantó de la tumba conquistando la muerte es una idea ridícula para la mente moderna. Nadie jamás ha vuelto de la tumba. Por tanto, para los incrédulos la historia de la resurrección de Cristo es una invención de sus insanos discípulos que se imaginaban que él todavía estaba con ellos.

   No obstante, la verdad doctrinal de la resurrección es lo que enseñan los cuatro Evangelios, el libro de Hechos, las Epístolas y el Apocalipsis. Pablo afirma en forma irrevocable que Jesús resucitó al tercer día, según las Escrituras del Antiguo Testamento. Tiene la resurrección como un hecho incuestionable que implica que todo aquel que cree en Cristo también será resucitado. Cristo conquistó la muerte no sólo para sí mismo, sino que para su pueblo.

2° Titulo:

En La Identificación: (Gálatas 2.20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.).

   Comentario: 20, 21. Pablo ha demostrado que si él reconstruyera las mismas cosas—a saber, la salvación por las obras de la ley y todo lo que está conectado con ella—que había echado abajo, se mostraría a sí mismo como transgresor, porque estaría haciendo algo que chocaría con sus convicciones más profundas basadas en la experiencia pasada (vv. 18, 19). A esto ahora agrega (en los vv. 20, 21) que semejante acción también destruiría el significado de la muerte de Cristo en la cruz. En su propia experiencia, la fe en Cristo crucificado ha reemplazado enteramente la confianza en cualquier cosa que podría haber alcanzado por medio de las obras de la ley. Esta es la conexión que hay entre los vv. 20, 21 y su contexto precedente. Dado que la parte que termina el capítulo ha llegado a ser muy estimada por los creyentes de todos los siglos, abordaré el pasaje en la misma forma en que he presentado muchos otros textos igualmente estimados en esta serie de Comentarios, a saber, en la forma de un tema y breve bosquejo o resumen:

“El enigma de haber sido crucificado con Cristo”

   (1) El enigma propuesto

   Pablo empieza diciendo: He sido crucificado con Cristo. ¡Qué afirmación más asombrosa! Aquí está el gran apóstol de los gentiles en esta fiesta de amor en la iglesia de Antioquía. Se está dirigiendo a un auditorio compuesto de creyentes en parte judíos y en parte gentiles. Pedro y Bernabé están presentes también. Sin duda que algunos de los hombres que habían llegado de Jerusalén también se habían detenido en Antioquía lo suficiente como para hacer sentir su presencia en esta reunión particular, pero, aunque confesaban a Jesús como Salvador, siempre estaban provocando problemas al enfatizar mucho más la salvación por las obras de la ley que por la gracia a través de la fe.

   Ahora bien, en aquel lugar de reunión ese día se registró una situación que sería considerada incorrecta en una reunión cualquiera, pero que sin duda alguna era algo altamente censurable en una iglesia, y peor aún en una fiesta de amor, es decir, en una reunión social y religiosa caracterizada por todos o la mayor parte de estos elementos: oraciones, canciones sagradas, lecturas y exposición de la Palabra, el comer y beber juntos y la celebración de la Cena del Señor. Esa condición deplorable era la siguiente, los miembros de la iglesia estaban formando grupos exclusivistas. Se estaba practicando la segregación, sí, en la misma reunión de la iglesia: los judíos comían exclusivamente con judíos, dejando a los gentiles sin otra alternativa que comer con gentiles. Esta violación del principio de la unidad de todos los creyentes “en Cristo” se estaba manifestando debido a que se otorgaba a los judaizantes un respeto indebido. Pedro, quien antes había comido libremente con los creyentes gentiles, había permitido que se le intimidara para apartarse de ellos. Ahora se le veía sentado en compañía de judíos; Bernabé, lo mismo; y lo mismo sucedía con el resto de los judíos, ¡como si la cruz de Cristo no hubiera servido de nada para quitar la pared que había separado a judíos y gentiles!

   Bajo estas circunstancias Pablo se levanta y señala a lo significativo que había llegado a ser el Cristo crucificado en su propia vida. De modo que, habiendo mostrado primero que “el hombre no es justificado por las obras de la ley”—por ejemplo, por medio de observar estrictamente las prescripciones de la tradición en cuanto al comer y al beber—sino que sólo por medio de la fe en Cristo Jesús, el apóstol cierra su conmovedor discurso con el pasaje que empieza con estas retumbantes palabras: “He sido crucificado con Cristo”. Algo maravilloso le había ocurrido a Pablo en el pasado, lo cual tiene un significado permanente para el presente y para todo el futuro.

   ¿Pero qué es lo que quiere decir con esto? ¿Debemos tomar sus palabras en forma literal? Han habido casos en que un hombre ha sobrevivido la crucifixión, pero el contexto presente que se caracteriza por el uso de palabras figurativas (por ejemplo, ¡Pablo también afirma que ya no vive!), no puede interpretarse literalmente. ¿Debemos entender sus palabras en una forma emocional quizás (al igual como algunos interpretan Fil. 3:10)? ¿Tiene Pablo la intención de dar a entender que con todo su corazón y mente ha estado contemplando la historia del gran amor de Cristo por los pecadores—amor que se demostró en toda su estadía en este mundo, pero especialmente en el Calvario—hasta que por último él (Pablo) llegó llorando al punto de identificarse con Cristo en sus padecimientos, esto es, a sentir algo de lo que El sintió y a sufrir lo que El soportó? Pero aunque esta forma de participar en los sufrimientos de Cristo puede llegar a ser muy beneficiosa cuando el Espíritu Santo la aplica al corazón, de tal forma que no se traspasen sus límites, y se santifica en el corazón del pecador las implicaciones que tienen en relación con su culpa y perdón, de todas formas, esta explicación no hace justicia a la situación concreta que dio ocasión a este famoso testimonio. ¿Entonces debemos explicar la frase en forma forense, esto es, en términos de una corte de justicia? ¿Quiere decir Pablo que él, al igual que todos los hijos de Dios fue declarado “culpable y expuesto a la sentencia de la muerte eterna”, pero que en el Calvario, a causa de los sufrimientos redentores de Cristo como nuestro sustituto y representante, esta sentencia fue cambiada precisamente en lo opuesto, a saber, “justo y heredero de la vida eterna”? Por cierto, en ese caso el apóstol habría tenido todo el derecho de decir que había sido crucificado junto con Cristo y que con Cristo también había resucitado de los muertos. Además, esta explicación forense haría que este pasaje armonizara con muchos otros (por ejemplo, Is. 53:4–6, 8, 12; Mt. 20:28; Mr. 10:45; Jn. 1:29; Gá. 1:4; 3:13; Ef. 2:1, 3, 5, 6; Col. 2:12–14, 20; 3:1; 1 Ti. 3:6). Pero aun cuando este significado haya de ser incluido, ¿agota todo el contenido de esta sorprendente afirmación de Pablo? ¿Resuelve el enigma, y hace justicia al contexto, tanto histórico como gramatical?

   El mejor procedimiento es, sin duda, dejar que Pablo sea su propio intérprete. Por consiguiente, pasamos a:

   (2) El enigma en parte aclarado y en parte intensificado

   Pablo continúa: y ya no soy yo el que vive, sino es Cristo quien vive en mí. Esto nos muestra por lo menos que cuando Pablo dijo, “he sido crucificado con Cristo” (literalmente, según el orden que las palabras tienen en el original: “con Cristo he sido crucificado”), quiso decir que el proceso de la crucifixión se había llevado a cabo hasta el fin: él había sido crucificado, experimenta permanentemente los efectos de la crucifixión, y, entonces, ¡ya no vive más! Pero, ¿en qué sentido ha sido crucificado y ya no vive? La respuesta que encaja con el contexto es esta, que Pablo afirma: “Como un fariseo santurrón, el cual basaba toda su esperanza para la eternidad en una obediencia estricta a la ley, yo he sido crucificado y ya no estoy más con vida, y esto como resultado directo de la crucifición de Cristo”. ¡Este era, después de todo, el problema en Antioquía! “¿Es necesario que para ser salvo, además de creer en Cristo, tengamos que observar las leyes sobre comer y beber y que, por consiguiente, nos separemos de los gentiles?” Esa era la pregunta. Y es como si el apóstol estuviera diciendo, “Antes yo mismo tenía esa opinión. Era ‘en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a la justicia que es por la ley, irreprensible’ (Fil. 3:5, 6). Pero cuando por la maravillosa gracia de Dios fui rescatado de mi pecaminosa insensatez, entonces ‘las cosas que eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo’. Y ahora me gozo de no tener ya más “mi propia justicia, justicia que es por la ley, sino aquella que es por medio de la fe en Cristo’ (Fil. 3:9). Por tanto, ‘es Cristo quien ahora vive en mí’: de él recibo toda mi fuerza. En él confío totalmente. En su justicia, la cual me ha sido imputada, fundamento toda mi esperanza para la eternidad. ‘En Cristo, la roca firme, estoy parado; cualquier otro suelo no es más que arena movediza’”.

   Sin embargo, para los del auditorio que acostumbraban interpretar todo literalmente (¡y todavía hay este tipo de gente al igual que en ese entonces!), el enigma no estaría aclarado todavía. Seguro que se dijeron a sí mismos, Pero, “¿cómo puede decir Pablo que ya no vive?” Si no estuviera vivo, “¿cómo podría estar hablándonos a nosotros?”. De este modo, para ellos el enigma propuesto por aquel que les hablaba estaría intensificado, más bien que aclarado. El apóstol no los pasa por alto. Así que explica este punto también, ya que vemos a continuación:

   (3) El enigma explicado totalmente

   Pablo no estaba tratando de decir que estaba muerto en todo sentido. Él no había caído en el error de los místicos, quienes, en base a este pasaje y otros más, proclaman la doctrina de la fusión de la personalidad del creyente con la de Cristo, de tal forma que sólo se puede decir que una personalidad existe, a saber, la de Cristo. El apóstol aclara este punto totalmente al afirmar: y esa (vida) que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe, (la fe) en el Hijo de Dios. Pablo no fue privado de su vida en la carne, esto es, de su existencia terrena. Todavía es Pablo el individuo que piensa, exhorta, da testimonio, se regocija. No obstante, el lazo que lo une a su Señor es muy fuerte, ya que es la unión de la fe. La humilde confianza en Cristo es el canal por el cual Pablo recibe la fuerza que necesita para enfrentar cualquier reto (Fil. 4:13). Mediante esta confianza inconmovible en su Redentor, rinde todo al Señor y espera todas las cosas de él. Además, esta fe es muy personal y esto con respecto tanto al sujeto como al objeto de la fe. En cuando al sujeto, notemos el uso constante del pronombre yo. Dos veces se pronuncia en forma separada en los vv. 19–21 (primero al principio del v. 19: “porque por medio de la ley yoego—morí a la ley”, y después en el v. 20, donde la BJer traduce literalmente “y, vivo, pero no yoego”). Además de esto, el “yo” aparece no menos de siete veces como parte de la forma verbal. Finalmente, el mismo pronombre aparece tres veces más, no en el caso nominativo, pero se traduce en cada caso (v. 20). Esto hace que el “yo” aparezca no menos de doce veces, ¡y en sólo tres versículos! Esto nos muestra que la salvación es, por cierto, un asunto muy personal: cada individuo debe hacer su propia decisión, y cada individuo experimenta su propia comunión con su Señor, descansando en él con toda la confianza de su corazón. La fe, entonces, también es un asunto muy personal en cuanto a su objeto: Cristo, no algo que le pertenece, sino él mismo. Cuando Pablo, quien fuera un perseguidor implacable, medita en la forma que su Salvador y Señor tuvo misericordia de él, hombre indigno, él tal vez para enfatizar la grandeza del amor condescendiente de Cristo, nos recuerda que aquel que lo amó en esa forma no era nada menos que “el Hijo de Dios”, y, por tanto, ¡el mismo Dios! (“la fe que es en el Hijo de Dios”). Después añade: el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Nótese: no sólo se dio sino se entregó. El amor que el Hijo de Dios tenía por su pueblo—“por mí”—llegó a manifestarse en una manera gloriosa en el acto mismo de entregarse a la vergüenza, la condenación, los azotes, la corona de espinas, la burla, la crucifixión y el abandono de su Padre, la muerte y la sepultura. ¿Cómo podía Pablo entonces minimizar en alguna forma el significado de la cruz? Esto lleva a la siguiente conclusión:

   (4) El enigma aplicado a la presente situación concreta

   Pablo escribe: No desecho la gracia de Dios. De estas pocas palabras también ha habido diversas explicaciones, algunas sin ninguna conexión con el contexto. La explicación más sencilla es esta: “No echo a un lado—esto es, no declaro inválida, no anuló—la gracia de Dios, lo que con toda seguridad estaría haciendo si estuviese tratando de asegurar por medio de las obras de la ley—tales como la obediencia estricta a los preceptos sobre comida y bebida—que sea aceptado por Dios y que sea declarado justo por él”. En completa armonía con este pensamiento, el apóstol agrega: porque si la justificación (fuera) por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano. Por tanto, Pablo se dirige a Pedro, a Bernabé, a toda la gente que estaba presente ese día en la fiesta de amor en Antioquía, a los Gálatas que han permitido que los judaizantes los influenciaran, y, ciertamente, también al hombre moderno que imagina que haciendo el bien y dando a todos lo que es justo será salvo, y a todos les declara que deben hacer una elección definitiva, a saber, entre la salvación por gracia y la salvación por las obras de la ley, la salvación por Cristo o por ellos mismos.

   Estamos convencidos firmemente que Pedro supo en su corazón—y estaba contento por ello—que su “amado hermano Pablo” (2 P. 3:15) había rendido un servicio infinitamente valioso a la causa de la unidad de todos los creyentes en Cristo, a las demandas del amor cristiano y a la doctrina de la total suficiencia de Cristo para la salvación. Bernabé y muchos de los otros deben haber sentido lo mismo

3er Titulo:

En Su Resurrección: (1ª A Los Corintios 15:20 Al 23. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.).

  Comentario del contexto: 20. Pero ahora, Cristo ha sido resucitado de los muertos, él es los primeros frutos de quienes han dormido.

a. «Pero ahora». Las primeras dos palabras de este texto son importantes. La primera es el adversativo pero que cambia de una serie de afirmaciones negativas sobre la resurrección (vv. 12–19) al testimonio positivo sobre Cristo resucitado de los muertos. Después de haber escrito siete oraciones condicionales para demostrar los resultados que vienen de negar la resurrección, Pablo abandona la enseñanza contraria de algunos corintios para concentrarse en la doctrina consistente de la iglesia cristiana: el dogma de la resurrección de Cristo.

   La segunda palabra es ahora, la cual indica una referencia temporal, una conclusión lógica o, como en el presente versículo, ambas cosas. Para Pablo, la resurrección de Cristo fue un hecho histórico con profundas y permanentes implicaciones. Dios el Padre resucitó a Cristo Jesús para conseguir la restauración de su pueblo. A la inversa, el adverbio ahora señala la conclusión lógica de la larga discusión de Pablo acerca de la negación de la resurrección que algunos corintios defendían.

b. «Cristo ha sido resucitado de los muertos». Este testimonio breve resume un hecho incontrovertible que está arraigado en la historia y que es básico para la fe cristiana: Cristo resucitó. La evidencia que Pablo ha esgrimido en la primera parte de este capítulo es suficiente para los creyentes: la tumba vacía y las apariciones (véase los vv. 3–8). Aunque los incrédulos se burlen, los cristianos no necesitan pruebas adicionales de esta verdad histórica que en sus mentes es irrefutable (véase Hch. 3:15; 26:23).

   Pablo repite lo que escribió en el versículo 12. Allí puso la afirmación en la forma de una condición: «si se predica que Cristo ha sido levantado de los muertos», pero aquí la construye como una declaración que narra un hecho histórico. En el versículo 12 planteó la pregunta teológica de que algunos corintios negaban este hecho, mientras que él mismo atestiguaba su veracidad. Aquí reitera positivamente la verdad de la resurrección; sabe que sólo algunos de los corintios niegan la resurrección de Cristo. Quizá los lectores no entendieron las implicaciones de esta doctrina redentora, pero después del extenso discurso que Pablo ha dado sobre el tema, ahora serán capaces de darse cuenta de la profunda importancia de esta enseñanza.

   Permanece la interrogante de si Pablo ahora excluye a aquellos que niegan la resurrección de Cristo o si se dirige a todos los corintios. ¿Continúa su discurso dirigiéndolo a quienes rechazaban su enseñanza o ahora sólo se dirige a los que la aceptan? La presente sección (vv. 20–28) no da ninguna señal de que esté excluyendo a alguien. De hecho, después de haber discutido a fondo las consecuencias negativas de negar la resurrección, Pablo invita a todos sus lectores a examinar los aspectos positivos de confesar esta doctrina.

c. «Él es los primeros frutos de quienes han dormido». En el texto griego esta oración es una afirmación escueta de sólo tres palabras y, sin embargo, está cargada de significado. Pablo da por sentado que sus lectores conocen lo que el Antiguo Testamento enseña sobre las primicias o primeros frutos. Estos eran lo primero que se cosechaba y que el pueblo ofrecía a Dios en reconocimiento de su fidelidad por haber provisto frutos en el tiempo requerido. Moisés mandó que los israelitas ofrecieran una gavilla del primer grano que se coseche, y esto debía realizarse delante del Señor al día siguiente del sábado que venía después de la fiesta de la pascua (Lv. 23:9–11). Exactamente siete semanas después, debían presentar al Señor una ofrenda de grano nuevo (Lv. 23–17; véase también Dt. 26:1–11). Un tiempo después, a Israel se le llamó primeros frutos o primicias (Jer. 2:3). Pablo aplica esta expresión a los primeros convertidos de Asia Menor occidental y al sur de Grecia respectivamente (Ro. 16:5; 1 Co. 16:15). Los 144,000 redimidos de la tierra son ofrecidos como primicias a Dios (Ap. 14:3; cf. Stg. 1:18).

   La expresión primeros frutos nos dice que la primera gavilla de la cosecha de grano que se avecina será seguida por el resto de las gavillas. Cristo se convirtió en las primicias por su resurrección, y garantiza a todos los que le pertenecen que ellos también participarán en su resurrección. Pablo describe a la gente que pertenece a Cristo como aquellos que han dormido. No menciona la resurrección de Jesús con referencia a los aspectos temporales o religiosos de la pascua judía. Lo que quiere decir es que la resurrección de Cristo es la cuota inicial para su pueblo (v. 23) o su garantía (2 Co. 1:22). Cristo no es los primeros frutos de los que han sido resucitados, sino de los que han muerto. Por cierto, ningún ser humano ha sido resucitado física y permanentemente de los muertos. Los hijos de la viuda de Sarepta y los de la sunamita murieron unos años más tarde. Lo mismo ocurrió con la hija de Jairo, el joven de Naín y Lázaro. Sólo Cristo ha conquistado la muerte y resucitado del todo de los muertos. Todos los demás deberán esperar hasta que sus cuerpos resuciten el día indicado.

   Versíc. 21. Pues dado que por medio de un hombre vino la muerte, también por medio de un hombre vino la resurrección de los muertos. 22. Porque, así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vueltos a la vida.

Notemos los siguientes puntos:

a. Paralelos. En estos dos versículos, Pablo escribe usando el típico paralelismo hebreo, lo que le permite conectar al ser humano y a la muerte en la primera oración y al ser humano y a la resurrección en la segunda. Hace una comparación entre Adán y Cristo, y hace notar que la muerte vino por medio de Adán, pero que la vida viene por medio de Cristo. Las oraciones se apoyan mutuamente, y en cada versículo la segunda es más larga que la primera.

Pues dado que —también

por medio de un hombre vino —por medio de un hombre vino

la muerte, —la resurrección de los muertos.

Porque, así como —así también

en Adán todos —en Cristo todos

mueren, —serán vueltos a la vida.

a. Una alusión. Las palabras pues dado que expresan una causa; son el conectivo entre el versículo precedente (v. 20) y este pasaje. Las palabras explican cómo entró la muerte en el mundo.

   Pablo alude al Antiguo Testamento y en particular a Génesis 3:17–19, el cual narra que debido al pecado de Adán y Eva su descendencia cayó presa de la muerte. El griego usa la preposición dia (por medio de) para mostrar que el hombre es el agente responsable de la entrada de la muerte en el mundo. Agustín lo expresó de esta manera:

   Antes de la caída, Adán era capaz de pecar o no pecar;

   después de la caída, ya no era capaz de no pecar.

   Esto quiere decir que, en su estado de pureza, Adán tenía la capacidad de no pecar, y a través de su obediencia podría haber recibido la inmortalidad. Pero por su desobediencia, él y la raza humana recibieron la pena de la muerte (Gn. 2:17; 3:19). Cristo vivió en obediencia y sin pecado, y así conquistó la muerte para el bien de todo su pueblo.

   En el versículo 21, el griego omite no sólo el verbo, sino que también todos los artículos definidos, a fin de subrayar la cualidad abstracta de los sustantivos hombre, muerte, resurrección y muertos. Pablo recalca que la muerte entró en el mundo a causa del pecado cometido por un hombre. Y una vez que la muerte ha sido producida por un ser humano, sólo se le podrá destruir a través de otro ser humano (cf. Ro. 5:12, 18). La contraparte de la muerte es la resurrección, la cual fue cumplida en Cristo, quien triunfó sobre la muerte. Él es ahora capaz de liberar de las cadenas de la muerte a los que creen en él.

c. Significado. El concepto de la resurrección se centra en Jesucristo, quien como Dios y hombre conquisto la muerte, levantándose victorioso de la tumba. Aunque la resurrección de Cristo ya tuvo lugar, la de su pueblo todavía espera.

   Pablo coloca la preposición en delante del nombre Adán y delante del nombre Cristo. Por lo cual indica que Adán es la cabeza de la raza humana y que Cristo es la cabeza del pueblo de Dios. El texto griego tiene el artículo definido delante de cada nombre, para confirmar que apunta a personajes históricos. La declaración «así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vueltos a la vida», usa el tiempo presente en la primera oración y el tiempo futuro en la segunda. El tiempo presente indica a la continua experiencia de la muerte, mientras que el tiempo futuro apunta a la firme promesa de la resurrección.

   El adjetivo todos no debe interpretarse como si Pablo enseñara una salvación universal. Muy por el contrario, el significado del versículo 22 es que todos los que por naturaleza tienen su origen en Adán mueren, y en forma similar todos los que por la fe están incorporados en Cristo serán vivificados.62 Mientras que toda la humanidad enfrenta la muerte a causa del pecado de Adán, sólo los que están en Cristo reciben la vida a causa de su resurrección.

El Nuevo Testamento enseña que la expresión dar vida se refiere sólo a los creyentes y no a los incrédulos. A Pablo explica la resurrección de Cristo y su pueblo, pero no la de los paganos.

    ¿Habrá una resurrección general? Así es, los creyentes serán resucitados para vida eterna y los incrédulos para vergüenza y desprecio eternos (Dn. 12:2). Además, Jesús dijo: «Los que han hecho el bien resucitarán para tener vida eterna, pero los que han practicado el mal resucitarán para ser juzgados» (Jn. 5:29).

   Comentario general del tema: según Estudio de Doctrina Cristiana por George Pardington (pág. 231-233).

La santificación

1) Definiciones de las Escrituras:

   La santidad del cristiano fluye de un contacto vital con Dios. Este contacto tiene tanto un lado divino como uno humano.

2) El lado divino:

   Por el lado divino hay dos puntos de contacto, a saber, la cruz de Cristo, y el don del Espíritu Santo.

• La Cruz de Cristo:

   El primer punto de contacto divino, donde se recibe la santidad, es la Cruz de Cristo, el primer paso en el camino de la victoria es la visión de la Cruz. En la experiencia cristiana la comprensión de la verdad divina viene antes de la apropiación y realización. La visión precede a la victoria. El hijo de Dios tiene que ver su herencia espiritual antes de poder entrar en posesión efectiva de ella. Es la santificación las alturas de la victoria se divisan cuando el creyente todavía está luchando en las profundidades de la derrota.

   Veamos clara y precisamente qué es esta visión de la victoria. Todo se halla envuelto en la sencilla frase: “por Jesucristo nuestro Señor”. Esta expresión quiere decir tres cosas: Primero, nuestra identificación con Cristo en su crucifixión; segundo, nuestra identificación con Cristo en su resurrección; y tercero, la identificación de Cristo con nosotros por su habitación en nuestro corazón.

1. Nuestra identificación con Cristo en su crucifixión.

   Hay dos aspectos en que el creyente mantiene relaciones con la Cruz, a saber, en la sustitución y en la identificación.

   De estas verdades, tal vez la sustitución no es mejor conocida. Cristo murió por nosotros. Él llevó nuestros pecados en la cruz- Él tomó nuestro lugar bajo la ira y soportó la penalidad que nosotros merecíamos. Ésta es la visión de la cruz, que viene al pecador impotente; y cuando él se la apropia por fe ella trae salvación de la culpa del pecado. Éste es el significado de “Cristo nuestro Salvador” (Is. 53:6; He. 13:12).

   El segundo aspecto de nuestra relación con la Cruz. —la identificación— necesita un énfasis especial, puesto que no es bien comprendida por muchos cristianos. Cristo murió por nosotros, ésa es la verdad; pero es sólo la mitad de la verdad. Nosotros morimos en Cristo, ésta es la otra mitad de la verdad. La afirmación que Cristo murió por nosotros para que escapásemos del castigo es sólo parte de la verdad. También es preciso decir que Dios considera que hemos sido castigados en Cristo. Para expresar la verdad de una manera personal, se puede decir que en la persona de mi Sustituto yo llevé el castigo de mi pecado. En Él la ley agotó su potencia de muerte sobre mí. Cuando Cristo murió, yo también morí. Con referencia a la exigencia de la ley, yo soy considerado, ante los ojos de Dios, como un hombre muerto. Eso es lo que Pablo quiso decir cuando dijo; “Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gá. 2:20). Ésta es también la enseñanza clara de tales pasajes como Ro. 6:4, 5, 8, 11; 7:4; 2 Co. 5:14; Col. 3:3; 2:12.

2. Nuestra identificación con Cristo en su resurrección.

   Ésta es la segunda parte de la visión de victoria. En los mismos dos aspectos en que el creyente está relacionado con la crucifición de Cristo, también está relacionado con su resurrección; por la sustitución y la identificación, nuestro señor Jesús fue nuestros sustitutos tanto en su crucifixión como en su resurrección; Él no sólo murió por nosotros en la cruz, sino también por nosotros resucitó de la muerte.

   Ahora, en su resurrección, tanto como en su crucifixión, el creyente está identificado con Cristo. Esto es lo que Pablo quiso decir cuando dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo” (Gá. 2:20). Para expresar la verdad en forma personal, yo morí con Cristo, pero también resucité con Él. Yo estaba en Él cuando Él fue colgado en la Cruz, y cuando se acostó en la tumba; pero también estaba yo en Él cuando rompió los lazos de la muerte en la mañana de la resurrección. Así el apóstol Pablo expresa nuestra identificación con Él: “Crucificado juntamente con Cristo”, esto expresa nuestra identificación con nuestro Señor en la muerte. “Resucitado con Cristo” expresa nuestra unión con el Señor en la vida. Veamos algunos versículos que exponen nuestra unión con Cristo por el lado de la vida, nuestra identificación con Él en su resurrección: Ro.4:25; 1 Co. 15:14, 17, 20; Ro. 6:4, 11; 2 Co. 5.14, 15; Col. 2:12; 3:1,3.

   De esta identificación doble del creyente con Cristo en su muerte y resurrección, el bautismo es una representación simbólica impresionante. El bautista tiene un significado doble. En primer lugar, es la señal exterior y visible de la obra interior de gracia efectuada por el Espíritu Santo en la regeneración. Pero, en segundo lugar, el bautismo en su significado espiritual más profundo, es un símbolo de la muerte. No es un rito de purificación, sino un tipo de crucifixión, sino un tipo de crucifixión y resurrección, Ro. 6:3, 4; Col. 2:12.

3. La identificación de Cristo con nosotros por medio de su presencia personal en nuestros corazones, y es la más gloriosa de todas. Cristo mismo, por medio del Espíritu Santo, vendrá y habitará en nuestros corazones y vivirá su propia vida dentro de nosotros, Gá. 2:20; Jn. 14:20, 21; Col. 1:27; Ro. 15:29. Es preciso afirmar con todo énfasis que la vida cristiana es la vida de Cristo. No es una imitación, es una encarnación. No copiamos a Cristo, sino lo reproducimos; o más bien, Él reproduce su propia vida dentro de nosotros por la presencia del Espíritu Santo en el corazón.

Amén, para la gloria de Dios

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Bibliografía: El Espíritu Santo Por Edwin H. Palmer; Estudio De Doctrina Cristina Por George Pardington; El Triunfo Del Crucificado Por Erich Sauer; Comentario Al Nuevo Testamento Por Simon J. Ryrie Kistemaker; Biblia De Referencia Thompson VRV 1960; Comentarios de Matthew Henry; El Espíritu Santo por Charles C. Sumario De Doctrina Cristiana Por Luís Berkhof. Comentario Al Nuevo Testamento Por William Hendriksen.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.