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Semana del 20 al 26 de abril de 2020: “Consecuencia del pecado en la juventud”. (Parte I)

Semana del 20 al 26 de abril de 2020: “Consecuencia del pecado en la juventud”. (Parte I)

   Lectura bíblica: Isaías 59: 1 al 3. He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua.

   Referencias: La paga del pecado: Gé. 3:19; 1 Cr. 10:13; Pr. 11:19; Ez. 18:4; Ro 5.12; 6.23. Éx. 33:3; Jos. 7:11-12; Sal. 66:18; Is. 59.2; 64.7; Os. 5.6; 1 Pe. 3.20; He. 2.3.

   Comentario del contexto bíblico de Isaías: Separados de Dios 59:2

   Introducción: Hay muchas acciones de los hombres que los separan de su familia, amigos y sociedad. El pecado de infidelidad sexual separa a los esposos, la traición separa a los amigos, los delitos contra la sociedad separan al hombre de su familia y de su medio ambiente, etc. El profeta Isaías nos dice que hay dos acciones que nos separan de Dios.

   Vuestras iniquidades os separan de Dios (v. 2a).

¿Qué es una iniquidad? Abarca:

(1) Maldad: una acción mala e injusta.

(2) Injusticia: acción contraria a la justicia.

(3) Perversidad: suma de maldad, sumamente malo, depravado.

(4) Infamia: maldad, vileza en cualquier línea.

   Esas acciones en nuestra vida son más que suficientes para apartarnos de Dios, quien es “tres veces santo”.

   Vuestros pecados os separan de Dios.

¿Qué es pecado? Hay varios significados:

(1) Yerro (Lev. 4:2; Núm. 15:27), “pecar sin saberlo”.

(2) Rebelión (Núm. 15:30), “con mano alzada”.

(3) Culpabilidad (Lev. 5:17).

(4) Errar (Prov. 12:26), “salir del cuerpo”.

(5) Desobediencia (Gén. 3).

   Pecar es cualquier infracción de las normas que salvaguardan la vida normal, es decir la comunión entre Dios y el hombre. Pecar es rebelión contra Dios porque Dios es el que ha establecido las normas que se infringen (Sal. 51:4).

   Conclusión: El pecado causa tremendos estragos en las relaciones que el hombre debe tener con Dios. Todos los hombres, a menos que arreglen su situación espiritual con Dios, sufren las consecuencias (Rom. 3:23 y 6:23).

   Pensamiento: Entonces cuales serian las consecuencias para los jóvenes: No habría crecimiento espiritual, tampoco moral. El joven debe limpiar su camino con la palabra de Dios, porque la juventud de la iglesia es muy importante es el futuro de la iglesia, por ese motivo deben apartarse del pecado, porque el evangelio sigue avanzando y quienes llevaran el estandarte del evangelio de Jesucristo son las juventudes de la iglesia. Por eso estimados jóvenes deben luchar por llevar una vida Santa y agradable delante del Señor. Para no tener triste consecuencia y cuáles son esas consecuencias deshonra, desprestigios, mala fama, pobreza, y final la muerte, perdición eterna. (Ro 2:9. tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, ▬ 3:16. Quebranto y desventura hay en sus caminos;).

Lo que separa al pueblo de su Dios, 59:1-15

   En esta sección se continúa el mensaje de la sección anterior destinada a hacerle entender al pueblo de Judá por qué su religión, por espiritual que pareciera le resultaba inefectiva: ¿Por qué… no hiciste caso? ¿Por qué… no te diste por aludido? (58:3). Así como a partir de 58:3b el Señor responde a estas preguntas, también a partir de 59:1 el profeta expone la respuesta de Dios: Vuestras iniquidades son las que hacen separación entre vosotros y vuestro Dios (v. 2).

   Después de las declaraciones de los vv. 1 y 2, que retoman la respuesta del profeta a las preguntas planteadas por el pueblo de Judá en 58:3, el profeta expone los pecados del pueblo (vv. 3–8). Luego, en los vv. 9–11, se amplía la exposición de las consecuencias de las iniquidades del pueblo que, en resumen, han alejado la realización de la plena redención y han sumido al pueblo en la tiranía de la oscuridad espiritual (comp. Deut. 28:29). Y en los vv. 12–15 el profeta confiesa los pecados de su pueblo, llegando a la antesala de la intercesión por su pueblo, pero se calla al alcanzar este punto. Entonces Jehovah, viendo que no había quién pudiese interceder

(comp. Eze. 22:30), interviene directamente para redimir a Sion tras un acto de juicio. Este es el tema de la próxima sección.

   El profeta se dirige primero al pueblo con el pronombre vosotros (vv. 2, 3). Luego se refiere a ellos en tercera persona singular o plural (vv. 4–8). Finalmente, identificado con su pueblo habla de nosotros (vv. 9–13). En medio de estas palabras su pensamiento se dirige a Dios en confesión (v. 12), pero no alcanza la intercesión.

    Joya bíblica

“Como ciegos palpamos la pared; andamos a tientas, como si no tuviésemos ojos. Tropezamos tanto al mediodía como al anochecer; estamos como muertos entre los robustos” (59:10).

   Comentario: Consecuencias del pecado La Biblia considera que el pecado, en cualquiera de sus formas, es el problema más serio de la humanidad. Aunque los actos pecaminosos pueden estar dirigidos contra otra persona, en última instancia todo pecado es contra Dios, el Creador de todas las cosas. Al ser perfecto en justicia, Dios no puede tolerar aquello que viola Su carácter justo. Por lo tanto, el pecado crea una barrera entre Dios y las personas.

   El pecado también hace necesaria la intervención divina en los asuntos humanos. Dado que la humanidad no podía liberarse de las ataduras del pecado, fue necesario que Dios interviniera para hacerlo. Ver Salvación.

   Las consecuencias del pecado, tanto en la persona como en la sociedad, tienen largo alcance. La persona que de modo constante y sistemático sigue un camino pecaminoso, quedará tan enredada en él que será, en la práctica, esclava del pecado (Rom. 6).

   Otra de las horrendas consecuencias del pecado es la depravación espiritual de la sociedad en general como así también en lo individual. Algunos argumentarán que la depravación es la causa del pecado, y esto es válido. Sin embargo, no se puede obviar que mantenerse en pecado le agrega a esta condición una depravación personal, una desviación o corrupción moral que finalmente hace imposible rechazar el pecado. Este además produce ceguera espiritual. Las verdades espirituales no resultan visibles para quien ha sido cegado por el pecado.

   La ineptitud moral es otra consecuencia devastadora del pecado. Cuanto más practican el pecado, más ineptas se vuelven las personas en cuanto a los valores morales y espirituales. El pecado termina enturbiando la distinción entre el bien y el mal.

   La culpa es ciertamente una consecuencia del pecado. Ninguna persona puede culpar a otra persona por un problema de pecado. Cada uno debe aceptar responsabilidad y afrontar la culpa asociada (Rom. 1–3).

   En la Biblia, el pecado y la muerte son corolarios. Una de las terribles consecuencias del pecado es la muerte. El pecado continuo y constante acarreará muerte espiritual a quien no se haya colocado bajo el señorío de Cristo a través del arrepentimiento y la fe (Rom. 6:23; Apoc. 20:14). Para aquellos que confiaron en Cristo Jesús como Salvador, la muerte ya no produce terror. Cristo invalidó el poder de Satanás de hacer que la muerte fuera horrorosa, y liberó a la persona de la esclavitud a este terrible miedo (Heb. 2:14,15). Ver Muerte.

   Otra grave consecuencia del pecado es que provoca separación de Dios, alejamiento y ausencia de comunión con Él. Esto no es necesariamente permanente, pero si una persona muere sin haber corregido este problema

mediante la fe en Cristo, entonces la separación sí se consolida (Rom. 6:23). Ver Infierno.

   El pecado produce alejamiento de otras personas, así como de Dios. Todos los problemas interpersonales tienen su origen en el pecado (Sant. 4:1-3). La única esperanza de alcanzar la paz tanto a nivel personal como nacional se encuentra en el Príncipe de Paz. (Billy E. Simmons).

Definición: consecuencia: nombre femenino:

[1]. Hecho o acontecimiento derivado o que resulta inevitable y forzosamente de otro.

“tener consecuencias; los indicadores económicos cayeron drásticamente y la producción se desplomó en algunos sectores, con la consecuencia grave de una tensión sin precedentes en el mercado de productos”.

[2]. Proposición o idea que se deduce lógicamente de otra o de un sistema de proposiciones dado.

[3]. Se conoce como consecuencia a aquello que resulta a causa de una circunstancia, un acto o un hecho previos. La palabra tiene su origen en la expresión latina consequentia, formado de la raíz con que significa ‘conjuntamente’ y sequi, que significa ‘seguir’.

   PECADO Acciones con que los seres humanos se rebelan contra Dios, dejan de cumplir el propósito divino para sus vidas y ceden ante el poder del mal.

   El pecado como rebelión Una de las afirmaciones centrales de toda la Biblia es el alejamiento de Dios por parte del hombre. La causa de este alejamiento es el pecado, la raíz de todos los problemas de la humanidad. Sin embargo, la Biblia no da ninguna definición formal de pecado. Lo describe como una actitud de rebelión contra Dios. La rebelión fue la raíz del problema de Adán y Eva (Gén. 3) y también de la situación crítica de la humanidad desde entonces.

   El pecado es universal; todos pecamos. La Biblia no relata en forma completa el origen del pecado. Dios de ninguna manera es responsable por el pecado. Satanás introdujo el pecado cuando engañó a Eva, pero la Biblia tampoco enseña que el pecado se haya originado en él. El origen del pecado está en la naturaleza rebelde de la humanidad. Desde que Adán y Eva se rebelaron contra el claro mandato de Dios, el pecado infectó a la humanidad como una temible malignidad.

   Pasajes como Sal. 51:5 y Ef. 2:3 podrían interpretarse como que esta naturaleza pecaminosa se hereda. Otros pasajes parecen afirmar que el pecado se debe a una elección humana (ver Ezeq. 18:4,19,20; Rom. 1:18-20; 5:12). Por una parte, la humanidad hereda la naturaleza pecaminosa, y por otra, cada persona es ciertamente responsable de elegir pecar.

   Otra posibilidad para entender cómo infectó el pecado a toda la humanidad es el concepto bíblico de la solidaridad de la raza humana. Dicho concepto se explicaría diciendo que cuando Adán se rebeló contra Dios, incorporó a todos sus descendientes en esa acción (ver Heb. 7:9,10 para una analogía similar). Es indudable que este punto de vista no elimina la necesidad de que cada individuo acepte la total responsabilidad por sus actos pecaminosos.

   Adán y Eva introdujeron el pecado en la historia humana a través de sus acciones rebeldes. La Biblia afirma que desde entonces cada persona ha seguido el ejemplo de ellos. Esto es lo que se afirma a lo largo de la Biblia, independientemente de todo lo demás que pueda decirse sobre el origen del pecado.

   La doctrina del pecado En 1 Jn. 3:8 se declara que el diablo es la fuente del pecado, porque “el diablo peca desde el principio”. El pecado en el individuo es resultado del obrar del diablo en esa persona, y la victoria sobre el pecado es en realidad victoria sobre Satanás. Juan describe el pecado como oscuridad (1:5-7), anarquía o rebelión (3:4) e injusticia (5:17). El pecado es universal e integral, de modo que toda persona es pecadora y comete pecado (1:8,10).

1er Titulo:

Entorpece los oídos del hombre (Los Hechos 28:27. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyeron pesadamente, Y sus ojos han cerrado, Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y entiendan de corazón, Y se conviertan, Y yo los sane.).

   Referencias: Is. 6:10; Jer. 6:10; Ez. 12:2; 7:11, 33:32; Mateo 7:26, 13:15; 2 Pedro 2:20; 2 Ti. 3.13, 2Ti. 4:4; Jer. 5:28; Oídos espirituales: Pr. 8:31. 15.31; Ec. 5:1; Lc. 8:15; Stgo 1:19, 23 y 24.

   Comentario: Observemos estos puntos destacados:

▬a. El escenario. Los judíos en Roma saben que Pablo citó de Isaías 6:9–10 y conocen el ambiente histórico de estas palabras. Entienden que Dios le dijo a Isaías que fuera a los israelitas cuyos corazones estaban endurecidos por la incredulidad y la desobediencia. Saben que las palabras divinas dichas por Isaías sólo consiguieron que el pueblo de Israel se alejara más de la salvación.

   Dios le dijo a Isaías que fuera a Israel e informara al pueblo que ellos estaban siempre oyendo pero que no entendían y siempre estaban viendo, pero nunca percibían. Esto estaba lejos de ser un cumplido. De hecho, fue una dura reprensión que finalmente concluyó en juicio contra Israel y resultó en la destrucción de ciudades, devastación de los campos, y el exilio del pueblo (Is. 6:11–12). La tarea de Isaías tiene que haber sido descorazonadora, aun cuando el Señor había prometido que del tronco Dios levantaría su santa semilla (Is. 6:13).

▬b. La aplicación. Los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas relatan que Jesús enseñó la parábola del sembrador. En respuesta a la pregunta de sus discípulos acerca de porqué enseñaba en parábolas (Mt. 13:10; Mr. 4:10; Lc. 8:9), Jesús citó las palabras de Isaías 6:9–10 aplicándolas a los incrédulos fariseos y maestros de la ley (Mt. 12:24; Mc. 3:22). Juan cuenta que a pesar de todos los milagros que Jesús realizó, los judíos se negaron a creer en él. Cita Isaías 6:10 para explicar por qué los judíos fueron incapaces de creer (Jn. 12:40). Jesús observó la dureza del corazón del hombre y así pudo aplicar las palabras y el ambiente de Isaías a los judíos de su día. Y Pablo vuelve a este pasaje cuando encuentra judíos incrédulos que, después de haber oído toda la exposición de las Escrituras, rehúsan aceptar a Jesús como el Mesías (c.f. el contenido de Ro. 9–11).

   Mediante el profeta Isaías, Dios está diciendo a Israel que el pueblo ha permitido que sus corazones se endurezcan, que sus oídos lleguen a ser sordos, y que sus ojos lleguen a ser ciegos. Deliberadamente han cortado sus posibilidades de arrepentimiento. Si no hubiera sido así, se habrían vuelto a Dios y él los habría restaurado. Al citar el pasaje de Isaías, Pablo está diciendo a sus oyentes que, en términos de espiritualidad, ellos son iguales a los contemporáneos de Isaías.

   El texto. La forma en que esta cita está escrita viene directamente de la Septuaginta. Las palabras son las mismas de Mateo 13:14–15, mientras Marcos, Lucas, y Juan tienen, en sus respectivos evangelios, una versión abreviada del pasaje de Isaías. El Evangelio según Mateo, sin embargo, está dirigido a los lectores judíos y por lo tanto tiene el texto completo. De igual manera, Pablo se dirigió a los judíos de Roma y quiso que ellos escucharan todo el pasaje de la profecía de Isaías.

2° Titulo:

Oscurece en entendimiento. (Efesios 4:18. teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.).

   Referencias: Dt. 4.6; 1 Crónicas 22:12; Sal. 119:104; Pr. 2:6, 8:14, 11:12, 13:15, 14:29, 17:27; 2Ti 2:7. Mt 13:19; Jer. 5:21; 4:22; Sin entendimiento: Sal. 32:9; 49:20; Pr. 12:11; 18:2; 24:30; 28:16

   Comentario: “Despojaos del viejo hombre. Renovaos. Vestíos del nuevo hombre”. [17]. El párrafo comienza como sigue: Esto digo, por tanto, y testifico en el Señor, que ya no andéis, así como andan los gentiles. Las palabras “por tanto” conectan el presente párrafo con todo lo que se ha dicho antes en 4:1–16. “Por razón de vuestra alta vocación y de vuestro deber para rendir servicio con miras a la edificación del cuerpo de Cristo, no debéis conduciros más como los gentiles”. El apóstol introduce esta admonición con toda la autoridad que le es posible reunir. Dice, “digo y testifico”. Como Bengel ha señalado: cuando el apóstol amonesta, lo hace de manera que los que la reciben actúen libremente; cuando alienta, es para que actúen alegremente; y cuando testifica es para que actúen reverentemente (con adecuado respeto hacia la voluntad de Dios). Obsérvese también, “en el Señor”. Está hablando y testificando en la esfera del Señor, con su autoridad y para el bien de su causa. Cf. Hch. 2:26; Gá. 5:3; 1 Ts. 2:12.

   No han de comportarse más como gentiles, puesto que ya no son más gentiles. Si analizamos esta declaración, queda en claro que aquí se combinan dos ideas: a. Abandonad vuestra antigua forma de vida (cf. 2:1–3, 12; 4:14, 22); y b. no imitéis a vuestro actual medio ambiente malo. Con relación a la conducta de los gentiles Pablo añade: en la futilidad de su mente. La traducción “vanidad” en lugar de “futilidad” no es errónea, ya que esta última es uno de los significados de la primera. No obstante, ya que “vanidad” también tiene otro significado muy diferente pero bastante común, como, por ejemplo, orgullo excesivo, presunción, debe preferirse “futilidad”. El apóstol enfatiza un punto de suma importancia, a saber, que todos los esfuerzos que los gentiles despliegan a fin de alcanzar la felicidad terminan en frustración.

   Sus vidas son una larga serie de burladas expectativas. Es como perseguir algo y nunca alcanzarlo, una floración sin fruto. Cf. Ro. 8:20. Todos los ríos van al mar, pero el mar jamás se llena. El ojo nunca se satisface de ver ni el oído de oír. Toda esta búsqueda de riquezas, honor, alegría, etc., no es más que “Tratar de atrapar vientos” (Ec. 1:7, 8; 3:9). Sus mentes o intelectos quedan sin fruto. No produce nada que satisfaga. Prosigue: [18, 19]. estando entenebrecidos en su entendimiento, separados de la vida de Dios a causa de la ignorancia que hay en ellos debido a la dureza de sus corazones, porque se han encallecido y se han entregado al libertinaje para la práctica ávida de toda clase de impureza. A fin de observar todo el cuadro de trágica desesperanza, estos versículos deben considerarse como una unidad. Entonces queda en claro que la futilidad que caracteriza la mente del gentil es resultado de un entendimiento obscurecido y la separación de la vida proveniente de Dios, y a su vez, ambos son la consecuencia de un tipo de ignorancia que de modo alguno tiene excusa, sino que es debido a un voluntario endurecimiento y entrega a un desbocado libertinaje de todo género. Estando entenebrecidos es algo que aconteció en el pasado pero que tiene efecto continuo. El “entendimiento” o la capacidad de razonar equilibradamente había sufrido los efectos del pecado. Al entendimiento se le considera aquí como si fuese un ojo cegado. Tal entenebrecimiento, además, es mucho más grave que la ceguera física, puesto que el hombre que sufre esta ceguera lo sabe y lo reconoce ante los demás, pero la persona que es ciega en el aspecto espiritual es ciega aun para reconocer su propia ceguera (Jn. 9:40, 41). Tales personas no sólo moran en tinieblas, sino que las tinieblas moran en ellas. Las han embebido, del mismo modo que un día embeberán (“beberán”) la ira de Dios (Ap. 14:10). Contrástese estos ojos ciegos con los ojos “iluminados” de los creyentes (1:18). Están, además, alienados o separados, y esto no sólo de la “ciudadanía de Israel” como se señaló anteriormente (2:12) sino también de “la vida de Dios”, esto es, de Dios como fuente de vida eterna. El origen de este entenebrecimiento y separación se puede hallar en su ignorancia culpable, condición que atrajeron sobre sí endureciendo sus corazones en contra de la voluntad de Dios. En algún tiempo, en lejanas épocas, sus antecesores habían recibido la revelación especial de Dios, pero la habían rechazado. Habían transcurrido muchos siglos. Ahora sus distantes descendientes estaban sofocando aun la luz de la revelación general de Dios en la naturaleza y en la conciencia con nefastos resultados. El cuadro, en su espantosa realidad, se describe en Ro. 1:18–32; cf. 2:12 y 2:17. El centro mismo de su ser, su corazón se había “encallecido” por determinación propia. En lo que respecta a “encallecido” VRV 1960 y NVI dicen, “sensibilidad perdida”, lo cual es también una excelente traducción, siendo la raíz de este participio presente “habiendo llegado a una condición de liberación de dolor”, y así, en lo general, “habiendo llegado a ser insensibles” refiriéndose aquí a la voz divina, la verdad de Dios.

    Hay quienes enfatizan demasiado la sensibilidad. Su religión nunca va más allá de las emociones. Se hallan descritos en Mt. 13:5, 6, 20, 21. No están firmemente arraigados. Son faltos de convicción. Los gentiles a quienes Pablo está describiendo aquí como caso ejemplar habían tomado la dirección totalmente opuesta, lo cual es muchísimo peor. Al decir constantemente “No” a la voz de Dios que habla por la conciencia y por medio de lecciones que nos han provisto la naturaleza y la historia, ellos han llegado a endurecerse como piedras, muertos a toda capacidad de responder a lo bueno y edificante. Sin embargo, no muertos a todo sentimiento y a todo deseo. Ahora bien, a lo largo de la historia ha habido gente que se ha enorgullecido del hecho de poder aplastar todos los sentimientos. Se avergonzaban de derramar lágrimas y aun se mostraban totalmente indiferentes para reaccionar ante cualquier influencia externa. Así, por ejemplo, el ideal estoico fue liberarse de toda emoción (“apatheia”). Viene al caso la historia del joven espartano que se había robado un zorrito y lo había escondido bajo su túnica; prefirió que el animal destrozara sus entrañas antes que dejarse traicionar por el más leve movimiento de sus músculos. En colonias de budistas la mayor virtud es eliminar las pasiones, y al cielo (‘Nirvana”) se le define como la cesación de todos los deseos naturales. Y entre los indios americanos, un iroquí que fue capturado se mantuvo a la altura de su dignidad no solamente soportando estoicamente la tortura sino además reaccionando ante ella con perfecta ecuanimidad. Lo que aquí tenemos, en 4:18, 19, es algo muchísimo peor. Las personas a las cuales Pablo escribe no trataban de sofocar todo sentimiento. ¡Lejos de esto! Su oposición no era a todo tipo de deseos. Al contrario, solamente eliminaban los deseos relacionados con lo bueno. Tenían aversión a todo deseo que pudiese acercarle a una buena armonía con la voluntad de Dios. Oponiéndose constantemente a la conciencia, resistiendo sus advertencias y apagando sus alarmas, habían llegado al punto en que la conciencia había dejado de inquietarles. Estaba cauterizada (1 Ti. 4:2). Por supuesto que tenían sentimientos y mantenían vivos los deseos, vale decir, sentimientos y deseos para hacer lo malo. Se habían abandonado al vicio. Se entregaron a él (según lo expresa literalmente el original). El resultado de tan baja rendición es siempre que, si persisten en él, Dios entrega al pecador para que sufra todas las consecuencias de su pecado, como enseña claramente Ex. 8:15, 32; cf. 9:12; Ro. 1:24, 26, 28 (donde el mismo verbo “entregar”, se usa en la misma forma que aquí en Ef. 4:19). Véase también Ap. 22:11. El vicio al cual se habían abandonado se le llama libertinaje o “lascivia” (véase también Ro. 13:13; 2 Co. 12:21; Gá. 5:19). La literatura de aquellos tiempos era profundamente inmoral. El mundo romano había llegado a ser tan corrompido que algún tiempo más tarde Orígenes declara que cuando la gente de aquellos días cometía adulterio y prostitución no se consideraban violadores de las buenas costumbres. Se ha dicho que no fue la lava sino la lujuria lo que sepultó a la ciudad de Herculano. Y los frescos que se han hallado entre las ruinas de la vecina Pompeya muestran que esta ciudad no era mejor.

   El apóstol dice que los gentiles de los cuales habla se habían abandonado al libertinaje “para la práctica ávida (literalmente: práctica en avidez) de toda clase de impureza”. La persona ávida es aquella que se excede. Desea “tener más de lo debido”. Hace caso omiso de los derechos y sentimientos de otras personas. Va más allá de lo que es debido y no tiene ningún respeto por ley, o dignidad, o propiedad alguna. Cf. 5:3, 5; Col. 2:5; 1 Ts. 4:6. Mediante su desenfrenada lujuria y licenciosa agresividad está cavando su propia sepultura. Obsérvese especialmente: toda clase de impureza. En 4:25–31; 5:3–11, 15, 18; cf. Ro. 1:26–32 se detalla tales clases de impureza.

3er Titulo:

Desvías sus pies. (Isaías 53.6. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.).

   Referencias: Pies de los Santo 1ª Sam. 2:9; 2ª Sam. 22:34; Sal. 40:2; Isaías 52.7; Ef. 6:15. Pies de los impíos: Pr. 1:16; 6.18; Is. 59:7; Ro. 3:15.

   Comentario: En estos versículos, es un relato de los sufrimientos de Cristo; también del diseño de sus padecimientos. Fue por nuestros pecados y en nuestro lugar, que nuestro Señor Jesús sufrió. Todos hemos pecado, hemos están destituidos de la gloria de Dios. Los pecadores tienen su amado pecado, su mal camino, de la que son aficionados. Nuestros pecados merecen todas las penas y dolores, incluso el más grave. Somos salvados de la ruina, a la que por el pecado nos hacemos responsables, poniendo nuestros pecados sobre Cristo. Esta expiación debía ser hecho por nuestros pecados. Y este es el único camino de salvación. Nuestros pecados fueron las espinas en la cabeza de Cristo, los clavos en sus manos y pies, la lanza en el costado. Él se entregó a la muerte por nuestros pecados. Por sus sufrimientos él compró para nosotros el Espíritu y la gracia de Dios, para mortificar nuestras corrupciones, que son las pinturas al temple de nuestras almas. Bien podemos soportar nuestros sufrimientos ligeros, si Él nos ha enseñado a apreciar todas las cosas como pérdida por él, y al que nos amó primero amar.

4° Titulo:

Corrompe su lengua. (Romanos 3:13-14. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura.).

   Referencias: Sal. 34:13; Pr. 12:18; 13:3; 21:23; 24:2; Stgo. 1:26; 6:6; 1ª Pe. 3:10; Mt 12.34;

   Comentario: Para que su argumento sea convincente el apóstol ahora desciende a datos particulares. El habla de la malvada garganta (voz), lengua, labios, boca: [13, 14]. “Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua practican la decepción”. “El veneno de las víboras está bajo sus labios. Su boca está llena de maldiciones y amargura”.

   Debemos tener en mente que Pablo intenta demostrar que por naturaleza toda la gente, sin excepción, está bajo el poder del pecado. Para hacerlo, ¿qué tipo específico de pecaminosidad elegirá como ilustración? ¿Recordará él a sus oyentes o lectores la gruesa inmoralidad que distinguía al mundo pagano? Cf. 1:24, 26, 27. No lo hará, ya que en tal caso más de un judío y quizá este o aquel gentil podrían objetar, diciendo: “¡Pero yo, entre otros, no soy culpable!”

   Guiado por el Espíritu Santo, el apóstol sabiamente elige el pecado de la lengua para ilustrar la universalidad de la pecaminosidad humana, porque con respecto a este mal, ¿quién puede decir: “No soy culpable” Con referencia a este tema del pecaminoso lenguaje humano, véanse también Sal. 39:1; Pr. 10:19; 17:27; Mt. 5:22, 37; 10:19, 20 (y paralelos); Tit. 3:2; Stg. 1:19, 26; 3:1–12; 1 P. 3:10.

   Dado que un árbol es conocido por sus frutos y un hombre por sus obras, Pablo enfatiza la depravación de la garganta perversa mostrando como opera. Tomando citas del Sal. 5:9 él describe la garganta como un “sepulcro abierto”. Probablemente él está pensando en un monstruo enorme y cruel, presto a devorar a sus víctimas; sí, aun a devorarlos sin que se den cuenta. En el plano humano esta destrucción hasta puede llevarse a cabo por medio de la lisonja, “La lengua aduladora de Sal. 5:9, la que practica la decepción.

   La frase final del v. 13: “El veneno de las víboras está bajo sus labios” es una cita exacta de la versión LXX del Sal 140:3 (LXX 139:4).

   El énfasis recae una vez más en el modo pérfido en que la gente, actuando a partir de motivos que están fuera de la esfera de la gracia soberana de Dios, trata de destruir a sus futuras víctimas. Sus palabras pueden ser muy lisonjeras, pero ¡cuidado! no se puede confiar en quienes las dicen. Se asemejan a serpientes que “bajo sus labios”, en la base de sus colmillos, están equipados con sacos llenos de veneno mortal. Ejemplos: Saúl (1 S. 18:17; David; sí, ¡aun David! (2 S. 11).

   Siguiendo aún en el mismo filón, es decir, enfatizando la naturaleza engañosa del habla humana, la “cadena” continúa en el v. 14, con una cita tomada del Salmo 10:7 (LXX 9:23): “Su boca está llena de maldiciones y amargura”.

   En el salmo del cual se citan estas palabras el contexto enfatiza de nuevo y muy definidamente la manera traidora en la cual una persona tratará a veces de “usar” y abusar de su prójimo. Nótese expresiones tales como “acecha en lo oculto, se sienta en acecho, se agacha”. Verdaderamente, ¡engañoso es el corazón del hombre! Véase Jr. 17:9.

   Interpretada de este modo, la referencia a “maldiciones y amargura” bien puede significar que en el proceso de intentar engañar a su prójimo la gente a veces se perjurará; es decir, pronunciará amargas maldiciones sobre sí misma, las que supuestamente se desplomarán sobre ellos si lo que dicen resulta no ser cierto. Por ejemplo, un comerciante le dirá a un posible cliente: “Que me muera aquí mismo si no he pagado más por este artículo de lo que le estoy pidiendo por él”. Es claro que al expresar este deseo él no es sincero.

   Dado que le segunda estrofa se ocupaba del habla de los hombres, es lógico que la última, en sus primeros tres renglones, describa la vida y la conducta de los hombres, sus acciones.

Amén, para la hora y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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