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Semana del 18 al 24 de noviembre de 2019. “Señales de la segunda venida de Cristo”. (Parte III)

Semana del 18 al 24 de noviembre de 2019. “Señales de la segunda venida de Cristo”. (Parte III)

Lectura bíblica: San Mateo 24:32, 33, 36. De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas; ▬36. Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. 

   Comentario: En Is. 34:4, uno de los pasajes en que probablemente esté arraigado el lenguaje de los vv. 29–31, se comparan las convulsiones en la esfera de la naturaleza—el cielo desaparece como un rollo cuando se cierra de golpe (cf. Ap. 6:14) y las estrellas caen del cielo—con “las hojas que caen de la higuera”. ¿Podría ser esta la razón por qué, según el relato de Mateo, habiendo un momento antes hablado de la conmoción de las potencias de los cielos, simbolizadas por una higuera azotado por el viento, Jesús ahora saca una lección de este mismo árbol? Tiene que haber habido alguna razón especial por la cual es especialmente de la higuera que el Maestro empieza a hablar ahora, porque lo que se dice de este árbol podría haberse dicho de muchos otros árboles, en realidad, de “todos” los demás (Lc. 21:29), con excepción de los de hoja perenne.

   Comoquiera que sea, la “lección”—en el original aparece la palabra “parábola”, pero aquí se usa esa palabra en un sentido muy general de “comparación instructiva”—es clara: la rama que se enternece y las hojas que brotan indican la cercanía del verano. No puede haber dudas al respecto. Jesús ahora declara que cuando “todo esto” se vea (literalmente “todas estas cosas”), ello está cerca, a las puertas mismas. “Todo esto” debe referirse al cumplimiento de las diversas predicciones hasta donde este cumplimiento pueda ser testificado por los discípulos; nótese: “cuando veáis (vosotros) todo esto”. Fue con referencia a la predicción de Cristo de que no quedaría piedra sobre piedra en el templo que los hombres le habían preguntado: “Dinos, ¿cuándo sucederá esto?” Véase el v. 3. Con referencia a la aparición de falsos cristos, guerras y rumores de guerras, hambres y terremotos, etc., acontecimientos que realmente comenzaron a suceder antes y en relación con la caída de Jerusalén, Jesús había dicho: “Pero todas estas cosas son (solamente) el principio de los dolores de parto” (v. 8). Así que es natural interpretar el v. 33 como que significa que cuando los discípulos vean “todo esto”, en el caso de algunos de ellos incluida la predicción acerca del “sacrilegio desolador” (v. 15) en cuanto esa predicción fuera cumplida en sus tiempos, entonces hay que considerar que la caída de Jerusalén y su templo está cerca; en realidad, a las puertas mismas.

   Versíc. 36. Pero acerca del día y la hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solamente el Padre. La serie de acontecimientos que precederán a la segunda venida de Cristo ha sido descrita. Sin embargo, no se ha indicado el momento preciso de ese gran acontecimiento. Tampoco podía, porque ese momento es conocido por el Padre solamente, y a él no le ha agradado revelarlo. Los ángeles, aunque están en una relación muy estrecha con Dios (Is. 6:1–3; Mt. 18:10) y aunque están estrechamente vinculados con los acontecimientos que tienen que ver con la segunda venida (13:41; 24:31; Ap. 14:19), no conocen ni el día ni la hora. De hecho, ni siquiera el Hijo mismo, considerado en su aspecto humano. Véase también sobre 21:19. El Padre, y solamente él, lo sabe. Esto prueba la vanidad y pecaminosidad de todo intento de parte del hombre por predecir la fecha en que Cristo volverá, sea que la fecha imaginada haya sido 1843, 1844, más precisamente el 22 de octubre de 1844, el otoño de 1914, o cualquiera otra. Véase Dt. 29:29. La curiosidad es maravillosa. En cambio, no hay excusa para la impertinencia, la intromisión y el fisgoneo.

   Comentario según el libro El Triunfo del crucificado por Erich Sauer: Las señales de los tiempos:

   De acuerdo con las Escrituras, se producirá al final de este siglo una rebelión contra Dios que abarcará a todos los pueblos, y al mismo tiempo todas las civilizaciones y sistemas de cultura negarán la verdad del cristianismo bíblico.

   Ahora nos toca considerar el panorama mundial para preguntarnos si es posible tal situación mundial, o por lo menos si es probable. ¿Echa alguna luz sobre la cuestión la historia de la civilización?

   Hemos de hacer contar en seguida que la civilización en sí no es impía, y mucho menos anticristiana. Al contrario, los adelantos de la cultura forman parte integrante de la nobleza con la cual Dios dotó al hombre en el paraíso terrenal, y es la voluntad de Dios que el espíritu del hombre progrese, siendo fruto de este progreso los inventos, los descubrimientos, la ciencia, el arte, los adelantos y los refinamientos de la civilización. Así la raza “real” de la humanidad toma posesión de la tierra y lleva a cabo la tarea constructiva que Dios ha encomendado a sus honrados siervos: un servicio ordenado por Dios para el gobierno y la bendición del mundo. Sólo así puede

cumplirse el mandato original: “Fructificad y multiplicad: henchid la tierra y sojuzgadla; y señoread…” Solamente aquellos que entienden al revés las más sencillas leyes de la revelación divina pueden quejarse de las Sagradas Escrituras, creyendo que ensenan pensamientos retrógrados contrarios a la verdadera cultura. Lo que la

Biblia rechaza como algo antagónico a la voluntad de Dios no es la cultura en sí, sino el enajenamiento de Dios de millones de los representativos de la cultura: el intento de alejar al pecador del cielo, las religiones hipócritas, la degeneración de la soberanía del Altísimo, el espíritu de soberbia, el propósito consciente de excluir a Dios del pensamiento humano. En fin, todo cuanto supone la rebelión del hombre contra su Señor que se expresa en el reto: “No queremos que éste reine sobre nosotros” (Lc. 19:14).

   Podemos decir, pues, que el armazón de la historia de la civilización no se halla en oposición a Dios, ni mucho menos ha de considerarse como anticristiano. Lo importante es el espíritu, la sustancia moral de los hechos, la forma en que se aplican los adelantos en la esfera moral, y la actitud de cada corazón ante Dios. No debemos olvidarnos de que la política y la historia se hallan estrechamente eslabonadas en el plan de Dios, hallándose ambas bajo el gobierno del Altísimo como el Señor supremo del mundo (Pr. 21:1; 1 R. 1 1:14, 23).

El misterio del cuarto imperio mundial de la profecía de Daniel

   Meditando de nuevo en la visión de Nabucodonosor, interpretada por Daniel en el segundo capítulo de su libro, vemos que el cuarto imperio (representado por las piernas) no cesa de existir hasta la inauguración del reino del Mesías, pues el hierro es continuo desde los muslos hasta los pies (Dn. 2:33). Según la interpretación inspirada de la profecía, eso indica que dura hasta la época actual, y cuando este imperio se despedace, el reino del Hijo del hombre se establecerá inmediatamente (cp. Dn. 2:33-35, 44 con Dn. 7:7-14).

   No se dice en ninguna parte de las Escrituras en tantas palabras que el cuarto imperio ha de identificarse con Roma, pero sigue en orden cronológico al imperio griego (que se nombra) lo que determina su posición en la historia. Sin duda el antiguo imperio de Roma era la primera fase del cuarto dominio universal. Aquel antiguo imperio de Roma se derrumbó por fin a pesar de su fuerza de hierro, y aun durante los dos primeros siglos después de Cristo. A pesar de toda la gloria externa del período de los césares, había claros indicios de una mengua tanto de potencia interna como de poderío externo. Después de la división del imperio efectuado por Teodosio (395 a.C.) existía en dos sectores: el imperio occidental, cuya capital seguía siendo Roma (bajo el emperador Honorio), y el imperio oriental cuya capital se estableció en Constantinopla, y cuyo emperador era Arcadio. Muchos expositores creen que esta división se halla representada por las dos piernas de la imagen de Nabucodonosor. No mucho después el imperio occidental fue destruido por los invasores del norte bajo Odoacer (año 476), mientras que el oriental subsistía aún por mil años más, siendo destruido al fin por los turcos bajo el mando del sultán Mohamed II.

   A pesar de este derrumbamiento externo, hemos de tener en cuenta que las tierras que formaban parte de aquel Imperio Romano han sido fuente y origen de poderosos y decisivos impulsos y que éstos han determinado el desarrollo y el carácter de los pueblos civilizados que han seguido ocupando la misma esfera. Este es el hecho que nos ayuda a comprender por qué la profecía bíblica -a pesar de las fluctuaciones de la historia y el colapso del imperio original- habla del desarrollo posterior de los acontecimientos dentro de esta área como algo que ha de relacionarse con el sistema anterior, presentándolo todo como una sola unidad histórica: el cuarto imperio de las visiones de Daniel que persiste desde los primitivos tiempos romanos hasta el fin de la época actual.

   La administración romana ha persistido en la organización de la Iglesia de Roma, coincidiendo las provincias eclesiásticas con las anteriores del estado y convirtiéndose la ciudad de Roma -la metrópoli del antiguo imperio- en la capital de la Iglesia universal, la sede del papado.

   La lengua romana ha sobrevivido en el latín de la Iglesia romana, y todavía sigue siendo la lengua técnica e internacional de la jurisprudencia, la medicina y la ciencia natural. Las lenguas romances, hijas directas del latín, se hablan en una parte considerable del territorio del antiguo imperio.

   La ley romana persiste en la legislación y cuerpos de jurisprudencia de los países occidentales. El corpus jurisromanum (el cuerpo de la ley romana) del emperador Justiniano (imperio oriental, 527-565) llegó a ser la base de la jurisprudencia de los pueblos latinos y germanos durante la edad media y hasta los tiempos modernos.

   El ejército romano persiste en los sistemas militares modernos que adoptaron el modelo romano para sus armamentos y métodos de defensa. En todas partes se emplean voces derivadas directamente del latín en el lenguaje militar: capitán, mayor, general, batallón, regimiento, armada, infantería, artillería, caballería, etc.

   Carlomagno quiso dar unidad a Europa bajo el nombre del “Imperio Santo y Romano” que persistió en una forma u otra hasta los tiempos modernos. Varios reyes adoptaron el título de “Kaiser” o “Zar”, derivándose ambos del nombre personal del verdadero fundador del imperio: Cayo Julio César. Los reyes-emperadores Carlomagno (800 d.C.) y Otto el grande (962) con otros varios fueron coronados por el papa en Roma.

   El espíritu de Roma persiste en el concepto del estado moderno. El estado de Roma se caracterizaba por una disciplina severa y la voluntad de hierro de sus dirigentes, con la centralización de las funciones del gobierno y la subordinación del individuo a la comunidad. Hay que añadir la devoción del ciudadano al estado, y la creencia en la continuidad de la “Roma eterna”. La exaltación del estado se expresó por medio del culto al emperador, y el hombre, como individuo, se perdía en el hombre ciudadano.

   Percibimos también una aureola de misterio que rodea la historia de la ciudad de Roma según se destaca del bosquejo siguiente:

  • En el año 1000 a.C. era un pueblecito pobre.
  • En el año 100 d.C. era una ciudad de un millón de habitantes.
  • En la edad media se redujo a una población provincial de tamaño regular.
  • Desde el siglo XVI empezó a crecer paulatinamente.
  • Desde el año 1870 ha crecido rápidamente.
  • Hoy ha llegado a ser de nuevo una ciudad de un millón de habitantes, como en los días de los emperadores romanos.

   Los hechos antecedentes nos ayudan a comprender que, aun después del colapso de Roma, y a través del desarrollo de nuevos pueblos en el área del imperio antiguo, opera siempre una fuerza dinámica y continua, informando la historia, Manifestándose en formas que se renuevan constantemente, sin perder su vitalidad, permanencia y potencia. De ahí el concepto amplio de un solo reino. Al mismo tiempo esta continuidad, que abarca los siglos, llega a dar un testimonio sublime a la veracidad de los profetas y su comprensión de la realidad del proceso histórico, gracias a la exactitud de su visión profética.

   Pero el peso específico de la profecía bíblica en cuanto al cuarto imperio pertenece a una época aún futura. Estrictamente hablando la visión de Nabucodonosor no se enfocaba en las piernas de la imagen imperial, sino en los dedos de los pies, que corresponden a un grupo de estados federados en el último imperio anticristiano, simbolizando lo mismo que los diez cuernos de la cuarta bestia de la visión posterior de Daniel. De estos diez cuernos, o potencias, surgirá el “cuerno pequeño”, que como ya hemos visto es el Anticristo (Dn. 2:40 con Dn. 7:7, 8, 20-25).

   La forma del renovado cuarto imperio. Las Escrituras no declaran terminantemente en ninguna parte que la última fase anticristiana del cuarto imperio ha de corresponder exactamente a los límites territoriales del antiguo Imperio de Roma, dentro de las mismas fronteras, y con la misma ciudad capital. Durante su larga historia las fronteras del Imperio Romano fluctuaban bastante, y a todas luces un reino no cambia su esencia si sus fronteras se extienden más allá de los límites primeros, ni siquiera si se decide a trasladar la capitalidad a otra ciudad. Así la nación de China persistía aun cuando su capital dejó de ser Pekín y se trasladó a Nankín, y Rusia sigue siendo Rusia a pesar de ser ya Moscú la capital, y no Petrogrado. En la historia de España hubo épocas cuando Valladolid era la capital, y no Madrid, o cuando la corte se radicaba indiferentemente en una ciudad u otra, pero España no dejaba de ser España por tales cambios. Así el cuarto imperio de Daniel seguirá siendo el mismo, aun si resultara que su capital no fuese Roma, sino otra ciudad.

   Algunos expositores de nota creen hallar en las Escrituras base suficiente para pensar que en el tiempo del fin habrá de levantarse otra vez la ciudad literal de Babilonia como centro del imperio anticristiano universal. Se llama Babilonia “la madre de las fornicaciones y de las abominaciones” (Ap. 17:5) y el centro de todas las abominaciones de la tierra, presentándose como el principio y el fin de toda la apostasía moral y religiosa de la presente historia humana que quiere prescindir de Dios. `

   La luz de las visiones proféticas no se ha enfocado plenamente en los imperios mundiales sino en la medida en que establecían su sede en Babilonia del Oriente Medio. Así Nabucodonosor, cabeza del primer imperio mundial señalada por la profecía, levantó Babilonia como su capital. Los medas y persas habían existido por siglos, pero sólo llegaron a ser imperio mundial en el sentido de las Escrituras cuando Ciro conquistó Babilonia y trasladó a ella su capital. Lo mismo pasó con los griegos. Las profecías no se interesan en el desarrollo de su elevada civilización a través de los siglos, pero en el momento en que Alejandro Magno conquistó el oriente y plantó su capital en Babilonia, su luz se enfocó en el nuevo imperio, el tercero de la serie. ¿Podrá ser, pues, que el cuarto imperio de Daniel no llegará a su apogeo hasta que haya vuelto a levantar Babilonia como metrópoli de su sistema anticristiano? No pretendemos ofrecer una solución dogmática para este problema, pero señalamos una posibilidad interesante, esperando que la explicación completa se vea por medio del cumplimiento de las profecías.

   Esperemos las horas que Dios señala, escudriñando la Palabra profética pero conscientes de las deficiencias de nuestra comprensión. Por lo menos un hecho se va destacando con toda claridad en la historia contemporánea: las tierras del oriente llegan a ser cada día más el centro del interés de la política internacional, lo que indica que será el escenario de tremendos acontecimientos en el desarrollo final de los planes de Dios para este siglo.

Las señales de nuestro tiempo

   Notamos abajo algunas de las muchas señales que indican la proximidad del tiempo del fin.

  1. El rápido desarrollo de los medios de comunicación. A la medida en que la rapidez de los medios de transporte produce un acercamiento físico de las gentes, los grandes acontecimientos mundiales tienden a extender sus ámbitos y sus consecuencias. Europa ha perdido tanto su aislamiento como su preeminencia -antes motivos de su orgullo- y desde el siglo XIX se vs apuntando una nueva unidad en la historia del mundo que no se ha visto antes. Anteriormente la luz de la historia se enfocaba en distintos sectores de la humanidad con sus típicos sistemas de civilización -la de Asia occidental, la egipcia, la europea, la americana, etc.- pero ahora la política internacional tiene un engranaje en común, y lo que se hace en cualquier sector afecta a todos los demás.
  2. La interdependencia y control del comercio mundial. El transcurso del siglo XIX empezó a ver la absorción de unidades pequeñas de industria por otras mayores del mismo tipo, o sea, una unificación horizontal. El siglo XX se caracteriza por la absorción de unidades industriales de tipo diferentes, para formar trusts gigantescos, que pueden controlar minas de carbón, industrias metalúrgicas, puertos, líneas marítimas, producción de azúcar, cinemas, prensa, etc., interesándose en todos los aspectos de la producción y la distribución de los artículos desde la materia prima hasta la venta de ellos al público, o sea que estamos presenciando una unificación vertical.

   El mismo siglo ha visto el desarrollo del control de la venta al por menor por medio de monopolios, mientras que nos hemos familiarizado con los sistemas de racionamiento por las exigencias de las guerras. Por tales medios, y la aplicación de sistemas de boicoteo, sería fácil controlar toda transacción de compra y venta (Ap. 13:17).

   Los estados se preocupan más por el bienestar del individuo mediante sistemas de seguro contra las enfermedades, el paro y la vejez, unidos con programas económicos estatales; pero estas mejoras y reformas se hacen posibles tan sólo por medio de más y más organización y centralización. Hoy en día la economía de las naciones se derrumbaría aparte de tales medidas, que no son en sí anticristianas, sino más bien un factor imprescindible para el bienestar de todos.

   Al mismo tiempo la aplicación de métodos científicos a la industria, comercio y comunicaciones, unida con los fantásticos descubrimientos científicos de los últimos años, ha acelerado extraordinariamente la mancha de todos los acontecimientos en todas las esferas.

  1. El desarrollo de la técnica militar. Las bombas atómicas e hidrogenas, propulsadas ya por aparatos balísticos (cohetes) -que no sólo son capaces de destruir la vida directamente sobre vastas extensiones de territorio, sino que sueltan también mortíferas radiaciones que podrían afectar al mundo entero- ha hecho posible el exterminio de la raza por los hombres mismos. Si no fuera más que por esta sola razón técnica, se impone la necesidad de una comprensión entre las naciones con el fin de mantener la paz (l Ts. 5:2, 3).

   Los ejércitos se cuentan ya por millones, y cifras como los 2(X) millones de soldados que se mencionan en Apocalipsis 9: 16 no son imposibles. También se hallan plenamente justificadas las profecías de destrucción que podrán alcanzar a la tercera parte del mundo (Ap. 9:15, 18).

   Una civilización superlativa en lo material, pero que se olvida de Dios, puede llegar a acabar con la verdadera cultura.

  1. Propagación mundial de religiones. Los falsos sistemas de religión disponen de poderosísimos medios para ganar adeptos, y al mismo tiempo la idea democrática de la libertad religiosa se halla en peligro, o se ha suprimido ya, en varias partes del mundo. Así el falso profeta hará que todos, grandes y pequeños (excepto los fieles dispuestos al martirio) adoren al Anticristo (Ap. 13: 12, 16; Mt. 24:9; Ap. 13:15; 17:6; 18:24).
  2. Guerras y rumores de guerras. A pesar de los intentos de unir las naciones en consejos de alcance universal, como el de la Liga de las Naciones después de la primera guerra mundial, y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tras la segunda guerra mundial, la profecía de Mateo 24:6, 7 se cumple en guerras universales y locales, en guerras “frías” y “calientes”.
  3. La evangelización en escala mundial. El Señor mismo declaró: “El evangelio del reino será predicado en todo el mundo por testimonio a todos los pueblos, y entonces vendrá el fin” (Mt. 24: 14). La profecía se está cumpliendo por medio de la distribución de las Escrituras en una escala nunca conocida antes. Hasta el año 1500 unas pocas Biblias se repartían en 14 idiomas. cifra que se elevó a 71 idiomas en el año 1800. El año 1804 vio la fundación de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, que dio un impulso extraordinario a la traducción, publicación y distribución de la Palabra de Dios. Había porciones y Biblias completas en 900 idiomas en el año 1930, y el secretario de la Sociedad declaró entonces que cada seis semanas se sacaba una traducción en un nuevo idioma. En el año 1948 el número de idiomas y dialectos importantes ascendió a 1.100 tratándose de todas las Sociedades Bíblicas, repartiendo la Sociedad Británica sola más de once millones de ejemplares de Biblias y porciones. Estas cifras astronómicas se rebasan todos los anos.

   Desde el tiempo de Guillermo Carey las sociedades misioneras de los países protestantes han multiplicado la obra de evangelización en casi todas las regiones del mundo. Últimamente las grandes emisoras evangélicas, siguiendo los pasos de la “Voz de los Andes” (HCJB en el Ecuador; conjuntamente con miles de horas compra- das de las emisoras comerciales) hacen llegar la voz del evangelio por todo el ámbito de la tierra. Todos estos medios preparan el terreno para la evangelización de todos los pueblos en el tiempo del fin (Ap. 7:9-11).

  1. Israel recobra su nacionalidad. Durante casi dos milenios los judíos han sufrido las consecuencias de su rechazamiento del Mesías, – y en el año 70 d.C. el general Tito destruyó la ciudad de Jerusalén, pereciendo un millón de judíos en el curso de la rebelión. Hubo otro intento de liberar al pueblo y de restablecer la soberanía nacional en 135 d.C. bajo el mando de Bar Kochba (Hijo de las estrellas) quien tomó su nombre del título mesiánico de Números 24:17. Fue derrotado, y se calcula que 500.000 judíos más perecieron entonces, y como resultado de este movimiento los romanos expulsaron a todos los judíos de Judea y de Jerusalén (Dt. 28:64; Lv. 26:33).

   Pero este período de persecuciones y de matanzas ha probado la indestructibilidad del pueblo judío. aún bajo los juicios divinos (Is. 66:22; Jer. 33:20-26; Mr. 24:34). Hoy en día, después de tantos juicios catastróficos, prolongados hasta la segunda guerra mundial de nuestros días, hay dos veces más judíos en el mundo que en el

apogeo de su nacionalidad bajo David y Salomón. Como la cuarta parte de los habitantes de una nación son capaces para el servicio militar, podemos deducir de tal cifras en 2 Samuel 24:9 que la población total en el reinado de David fue de cinco millones de habitantes, mientras que hoy en día hay doce millones esparcidos por el mundo. Las otras naciones y pueblos de la antigüedad (con la excepción especial de Roma considerada arriba) han declinado, sufriendo hondos cambios raciales, pero los judíos no sólo han sobrevivido, sino que han mantenido su pureza de raza hasta un grado extraordinario.

   El cambio de las fortunas de la raza empezó en el día 28 de septiembre de 1791 cuando la Asamblea Nacional francesa anuló todas las leyes restrictivas que pesaban sobre los judíos en su territorio, y el siglo XX ha visto un rápido desarrollo de la influencia de los israelitas en la política, en la dirección de la prensa y (en grado superlativo) en los altos círculos financieros.

   El sionismo llegó a organizarse formalmente en el año 1897, y desde entonces los judíos han llevado a cabo esfuerzos sistemáticos por volver a la tierra de sus antepasados. La primera guerra mundial aceleró el proceso, y en una conferencia celebrada en San Remo en febrero de 1919, Palestina fue declarada hogar nacional del pueblo

judío bajo el mandato británico, conforme a la célebre Declaración Balfour del año 1917. El día 26 de febrero de 1923 se reunió por vez primera tras muchos siglos, el alto Consejo de los judíos (el Sanhedrín) y el idioma hebreo, muerto como lengua común del pueblo desde el cautiverio babilónico, se ha resucitado, convirtiéndose en lengua viva para la intercomunicación de todos en Erez Israel (la tierra de Israel). En 1918 se estableció la Universidad hebrea en el Monte Scopo, parte de Jerusalén. La población aumentó rápidamente por medio de la inmigración, llegando en 1958 a dos millones.

   Importantísima es la fecha de 1948 cuando se estableció un gobierno israelí en Palestina: el primero desde la rebelión de Bar Kochba en 135., La renovada nación ha sabido defender su exiguo territorio (el estado de Jordania ocupa aún una buena parte de Palestina y el sector viejo de Jerusalén) contra las maquinaciones y los ataques de sus vecinos árabes, aprovechando los israelíes toda la técnica moderna tanto en la agricultura como en la industria y la guerra.

   El Oriente Medio se despierta, con Israel ya colocado firmemente en su bastión. La higuera símbolo de Israel, echa sus brotes (Mt. 24:32; cp. Lc. 13:6-9 y Mt. 21:19) y los “huesos secos” del capítulo 37 de Ezequiel empiezan a unirse para formar la nueva nación. Israel, la manecilla principal del reloj de Dios, indica que nos acercamos a la hora de medianoche.

 

Resumen de las evidencias a favor del cumplimiento histórico y literal de las profecías bíblicas sobre el tiempo del fin.

  1. En la esfera política. El despertar del Oriente Medio (Ap. 16:12; 9:14-16). El retomo de los judíos a Palestina (Is. 11:11). Profundos movimientos en la política internacional (Mt. 24:6-7).
  2. La esfera económica. La tensión entre capitalistas y las clases obreras (Stg. 5:1-8). Las marcadísimas tendencias hacia la organización y centralización de todos los aspectos de la vida humana.
  3. En la esfera de la técnica. El desarrollo de las intercomunicaciones mundiales. El acercamiento físico de los pueblos. El temible perfeccionamiento de la técnica bélica. El peligro del aniquilamiento de los pueblos civilizados. La necesidad que se impone en consecuencia de buscar medios de comprensión entre los pueblos en escala mundial.
  4. En la era religiosa. El hombre quiere deificarse (2 Ts. 2:3-4). El resurgir del espiritismo (1 Ti. 4:1). Manifestaciones hipócritas de la piedad (2 Ti. 3:1, 5). El resurgir del fanatismo religioso (Mt. 24:4, 5, 11, 23-26). La multiplicación de falsas doctrinas y de herejías (2 Ti. 4:3-4; 2 P. 2:1-2).
  5. En la esfera de la moral. Los hombres descansan en una seguridad carnal (Mt. 24:37-39; 1 Ts. 5:3) La conducta inmoral se hace cada vez más descarada (2 Ti. 3:1-4). Es una época de la soberbia cuando se burla de las cosas sagradas (2 P. 3:3-4).
  6. En la esfera de la naturaleza. Se aumenta la frecuencia de los terremotos y de otros desastres -naturales (Mt. 24:7; Joel 2:3, 10). Luego vendrán señales en el sol, la luna y las estrellas (Mt. 24:29).
  7. En la esfera de la Iglesia de Dios. Se aumenta grandemente la circulación de las Escrituras como base de una evangelización mundial (Mt. 24:14). El amor de la mayoría de los cristianos se enfría (Ap. 3: 16; Mt. 25:5; Lc. 18:8; Ap. 3:14-19). Un núcleo de fieles sirve y vigilan (Lc. 12:37; Ap.: 3:7-12). Y a la hora de medianoche sonará el grito: “¡He aquí el Esposo viene! ¡Salid a recibirle!” (Mt. 25:6).

Una fuerza y una persona que detienen la manifestación del Anticristo:

   Las señales indican la proximidad del tiempo del fin y de la manifestación del hombre de pecado, pero hay un pasaje interesante (2 Ts. 2:6-8) que enseña que ciertos poderes determinan una demora: “Y ahora sabéis lo que detiene que aquel no sea revelado sino en su propia sazón. Pues ya está obrando el misterio de iniquidad: sólo que hay quien al presente detiene, hasta que sea quitado de en medio. Y entonces será revelado el inicuo” (trad. lit.). Notemos que dice tanto “lo que detiene” como “quien detiene”, o sea, se trata de una fuerza y de una persona, o quizá una fuerza encarnada en una persona. Ha habido mucha discusión sobre la identidad de esta fuerza y persona. ¿Según varios padres de la Iglesia (Ireneo, Tertuliano, ¿Jerónimo, Crisóstomo, etc.)? se trataba del Imperio Romano. Juan Calvino pensaba que representaba la predicación del evangelio en el mundo. J. N. Darby creía que la Iglesia y el Espíritu Santo en el mundo detenían la manifestación. E. W. Bullinger pensaba que el mismo diablo quiere retener su posición en los cielos de donde ha de ser echado por el arcángel Miguel antes de poder manifestarse el Anticristo. Otros piensan que el Anticristo ya ha vivido en la tierra como rey, y siendo encerrado ahora en el abismo, quisiera adelantar su tiempo, pero que el ángel que gobierna detrás de los poderes de este mundo le detiene (Ap. 17:8, l 1; 9:11).

   Parece ser que los tesalonicenses ya sabían el secreto (por las enseñanzas del Apóstol sin duda) pero nosotros hemos de limitarnos a recordar que hay algo ordenado por Dios que impide la última manifestación del mal en la tierra antes de que llegue la hora señalada en el calendario divino. El hecho encierra otro aviso contra la locura de intentar la fecha de la venida del Señor.

1er Titulo:

El Evangelio Será Predicado En Todo El Mundo (San Mateo 24:14. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.).

   Comentario: En los vv. 4–12 Jesús ha estado hablando de una serie de acontecimientos que, tomados por separado, no indican en forma definitiva “el fin” acerca del cual han preguntado los discípulos. Repentinamente hay un cambio de “pero eso no es el fin todavía” a “y entonces vendrá el fin”. Quizás podamos considerar como una transición la frase “el que persevere hasta el fin”, puesto que al decir “el fin” la mente se mueve fácilmente de la contemplación del fin de la vida de un creyente individual a la consumación de la historia del mundo. De todos modos, es claro que el Señor no olvidó la pregunta de los discípulos. Habiéndoles advertido que no prestaran mucha atención a estas perturbaciones que se repiten tan constantemente y que en gran medida se puede llamar “falsas señales”, ahora dice: 14. Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo como un testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. No dice: “Entonces inmediatamente”, reservándose la palabra “inmediatamente” para el v. 29, sino simplemente “entonces”. Este “entonces” bien se puede tomar como que abarca más tiempo que “inmediatamente después”. Probablemente estén incluidos en esta referencia al “fin” el terrible ataque final contra el pueblo de Dios, llamado “gran tribulación” (v. 21), de muy breve duración (v. 22), y la venida misma del Señor en las nubes. Así que, lo que Jesús está diciendo es que los acontecimientos finales de la historia del mundo van a ser precedidos por la predicación del evangelio del reino “a todas las naciones”. Se puede considerar como cosa cierta que, en la forma que él lo vio y lo predijo, la proclamación global del evangelio no iba a ser un asunto de unas pocas semanas, meses o años, sino que abarcaría un período mucho más extenso de tiempo, muchos siglos. La esencia de ese evangelio se resume en pasajes tales como 3:2; 4:17, 23; 11:28–30; 26:6, 7; Jn. 3:16; cf. Ro. 1:17; 3:24; 2 Co. 5:20, 21. Es definidamente el evangelio “del reino”, esto es, del reinado de Dios en el corazón y la vida, por gracia y por medio de la fe.

   Es apenas necesario señalar que aquí no hay una promesa de que “toda persona recibirá una oportunidad de ser salvo”. Jesús está hablando de las naciones del mundo. Está diciendo que cada una de estas naciones en una u otra ocasión durante el curso de la historia oirá el evangelio. Este evangelio será un testimonio: su aceptación o rechazo será decisivo. Aquí no hay promesa de una segunda oportunidad. Lo que cada nación o persona haga con la actual proclamación del evangelio tendrá un resultado final. Es instructivo comparar estas palabras de nuestro Señor con Ap. 11. En ese capítulo los testigos salen y profetizan “mil doscientos sesenta días”. Finalmente, el testimonio de ellos termina. Entonces, después de un breve período de persecución (llamado simbólicamente “tres días y medio”) son trasladados al cielo.

   En forma similar, también en Ap. 20 las naciones reciben su gran oportunidad (de modo que el dragón no puede engañarlos) por un período de mil años. Entonces, “por un poco de tiempo” Satanás es liberado de su prisión. Esto, a su vez es seguido por la aparición de Cristo sobre “un gran trono blanco”. Por lo tanto, es claramente evidente que el programa de la historia es el mismo en los tres capítulos (Mt. 24; Ap. 11; 20).

    Un breve examen del progreso de las misiones desde los primeros tiempos hasta el presente convencerá a cualquier persona que los días en que estamos viviendo son verdaderamente significativos. En general el evangelio se ha estado extendiendo “desde el oriente hasta el occidente”. Un autor estima que hacia el final del período apostólico el número total de discípulos cristianos había llegado al medio millón. Durante este primer período un misionero sobresale por sobre todos los demás: Pablo. El llevó el evangelio más y más hacia el occidente. Finalmente llegó a Roma como prisionero del Señor. Pero aun su encarcelamiento es una ayuda y no un impedimento para la extensión de las buenas nuevas. Dice: “Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han acontecido en realidad han contribuido para el progreso del evangelio, de manera que se han hecho notorio por toda la guardia pretoriana y todos los demás que mis cadenas son por Cristo” (Fil. 1:12, 13).

   Durante el período siguiente, 100–313 (desde la muerte de Juan hasta Constantino) el evangelio sigue penetrando en el mundo entonces conocido y esto a pesar de las muchas persecuciones (desde Trajano hasta Diocleciano). Esto es verdaderamente notable, especialmente a la luz del hecho de que no menos de 174.000 mártires fueron sepultados en una sola gran tumba, la catacumba de San Sebastián en Roma. Desde Constantino hasta Carlomagno, 313–800, las buenas nuevas de la salvación son llevadas a los países de la Europa occidental por famosos héroes de la cruz como Ulfilas, Patricio, Colombo, Agustín, Willibrord y Bonifacio. Mientras tanto, el mahometanismo apaga la luz del evangelio en muchas tierras de Asia y África. Luego viene el período de la edad media, desde Carlomagno a Lutero, 800–1517. Noruega, Islandia y Groenlandia son evangelizados y los esclavos de Europa oriental se convierten como un solo cuerpo al cristianismo. Las Cruzadas, expediciones que originalmente tuvieron el propósito de vengarse de los mahometanos, resultaron ser tanto un impedimento como una ayuda para la propagación de la verdad.

   Durante el período de 1517–1792 se originaron muchas sociedades misioneras y el evangelio es llevado todavía más al occidente. Piénsese en Juan Eliot, el apóstol a los indios norteamericanos, y en aquellos que siguieron sus pasos. Y así llegamos al período moderno, de 1792 hasta el presente. Es en el año 1792 que Guillermo Carey, en una conferencia de ministros, propuso la discusión del tema: “El deber de los cristianos de intentar la difusión del evangelio entre las naciones paganas”. El 31 de mayo de ese año este hombre verdaderamente grande predica su famoso sermón misionero basado en Is. 54:2, 3. Como resultado del entusiasmo que suscita se envían misioneros a países lejanos de modo que la India, el Asia suroriental, China, Japón, Corea—naciones a las que se llega desde América a través del gran Océano Pacífico avanzando hacia el occidente—reciben el evangelio.

   La obra no ha sido completada. Aun en el día de hoy difícilmente podría decirse que el corazón de África, de Asia y de América Latina ha sido completamente penetrado. Pero no puede negarse que la profecía del Señor se está acercando a su cumplimiento. Considérese este hecho importante: hace setenta años, la Biblia había sido traducida (entera o en parte) a solamente trescientos idiomas; en la actualidad a unos 1400 idiomas y dialectos. Y la obra aún continúa, más vigorosa, en realidad, que nunca antes, porque muchos factores se combinan para llevarla a cabo.

   Sin embargo, no se debe suponer que el mundo se va a mejorar más y más hasta el momento mismo de la venida de Cristo. Si la predicación del evangelio a todas las naciones se puede llamar la primera señal preliminar de la segunda venida de Cristo, ahora se va a indicar la segunda señal preliminar. Como ya se ha mostrado, abarcará un período mucho más breve. Cf. Ap. 20:3. En esta conexión también hay que enfatizar que con toda probabilidad el final de la era del evangelio y el principio de la gran tribulación se traslapan.

   Como se ha mostrado al describir el breve período de la gran tribulación al final de la historia que termina con el juicio final, Jesús está pintándolo con colores tomados de la destrucción de Jerusalén por los romanos. Hay que recordar esto cuando ahora estudiamos:

2° Titulo:

Gran Numero Del Conocimiento, Ciencia, Transporte Y Riqueza (Daniel 12:4. Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará; Þ Deuteronomio 8: 11 al 13. Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; ▬17-18. y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.).

   Comentario de Daniel 12:4: En Daniel 12:4, leemos: “Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”.

   Entre nosotros está ampliamente difundida la interpretación de que Daniel 12:4 se refiere a los tiempos modernos. Antes, yo también defendía y enseñaba esto, hasta que llegué a estudiar este versículo más a fondo. El hecho es que si leemos Daniel 12:4 en su contexto, vemos que el párrafo se refiere al tiempo de la tribulación, cuando muchos judíos estudiarán las profecías de Daniel y se convertirán al Mesías.

   Algunos comentaristas de la profecía bíblica, enseñan que Daniel debía cerrar y sellar el libro porque sus profecías hablaban de tiempos modernos, y por eso los contemporáneos de Daniel no las podían comprender. Estaba reservado para la gente de los tiempos modernos el comprender esas profecías, ya que sólo los que se estuvieran acercando al cumplimiento de esos sucesos, podrían comprender lo que el profeta veía. Esta manera de pensar no la puedo confirmar. El cerrar y sellar del libro hasta el tiempo del fin, significa algo muy diferente. Se trata de la orden de guardar el libro de Daniel.

   El comentario de Stephen Miller explica muy acertadamente este aspecto de Daniel 12:4. Dice así: “En el antiguo Cercano Oriente era costumbre “sellar” un documento importante, imprimiéndole los distintivos de los participantes y del escribiente. Un texto sellado no podía ser redactado ni cambiado. Luego se copiaba el documento original y se lo ponía en un lugar seguro (‘cerrar’), donde podía ser conservado. Una excelente ilustración de este proceso se encuentra en el libro de Jeremías, cap. 32, vs. 9 al 12: ‘Y compré la heredad de Hanameel, hijo de mi tío, la cual estaba en Anatot, y le pesé el dinero; diecisiete siclos de plata. Y escribí la carta y la sellé, y la hice certificar con testigos, y pesé el dinero en balanza. Tomé luego la carta de venta, sellada según el derecho y costumbre, y la copia abierta. Y di la carta de venta a Baruc hijo de Nerías, hijo de Maasías, delante de Hanameel el hijo de mi tío, y delante de los testigos que habían suscrito la carta de venta, delante de todos los judíos que estaban en el patio de la cárcel”. El documento de compra de Jeremías no fue sellado para ‘ocultar’ el contenido o para mantenerlo ‘en secreto’, sino para preservar el documento. Jeremías, de hecho, realizó esta transacción en presencia de su primo y de ‘los testigos que habían suscrito la carta de venta, delante de todos los judíos que estaban en el patio de la cárcel’ (como vemos en Jer. 32:12). También existía una ‘copia no sellada’ del documento, que estaba abierta, posiblemente para ser revisada.

   De acuerdo con esto, Gabriel le dio la orden a Daniel de guardar ‘las palabras del rollo’, y no sólo esta última visión, sino todo el libro, para aquellos que vivieran en el ‘tiempo del fin’, cuando este mensaje fuera necesario.”

En el capítulo 8:26, Daniel recibe la misma orden, o sea que debía “sellar” la visión. Por lo tanto, no se trata de que Daniel hubiera sellado estas palabras para que fueran un secreto hasta algún tiempo futuro, sino para que la profecía fuera guardada y estuviera disponible cuando fuera necesitada en el futuro. Pero, ¿cuándo será eso?

El término hebreo para “tiempo del fin” puede ser hallado cinco veces en el Antiguo Testamento, y siempre en el libro de Daniel (8:17; 11:35 y 40; 12:4 y 9). Además de esto, en Daniel 8:19 encontramos una formulación similar. Daniel 8:26 dice sobre la visión: “Es para muchos días.” Y Daniel 10:14, explica: “He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días.” Es interesante ver que al final del libro de Daniel, donde se concentra la profecía para el futuro, al menos ocho veces encontramos una declaración con respecto al tiempo del fin. De este modo, vemos claramente cuándo deben suceder estas cosas en el plan profético de Dios para la historia.

Como la expresión “tiempo del fin” aparece solamente en el libro de Daniel, creo que eso sólo puede referirse al final de un período de tiempo mencionado en el libro de Daniel. Daniel 8:17 dice: “Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin.” Y en el versículo 19 dice: “He aquí yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin.” Tomando estos dos versículos juntos, vemos que ambos deben referirse al mismo período de tiempo. Visto en el contexto, el primer tiempo de ira se referiría a los acontecimientos alrededor de Antíoco Epífanes en el siglo dos a.C. Pero aquí, el ángel enviado le habla a Daniel del “fin de la ira”, “porque eso es para el tiempo del fin”. En todo el libro de Daniel, el último tiempo de la ira trata del tiempo de tribulación, poco antes de la llegada del Mesías.

Todos los demás usos de “tiempo del fin” en Daniel (11:35 y 40; y 12:4 y 9) se refieren a lo mismo, es decir, al tiempo de la tribulación. “Por lo tanto, las profecías reveladas debían ser aplicables, sobre todo, para aquellos que vivieran en el ‘tiempo del fin’”, según John Walvoord.

Recuerdo mirar un programa semanal sobre profecía en la televisión, a fines de los años 90. Dicho programa, durante un año explicó la explosión de la tecnología moderna, repitiendo constantemente la afirmación: “El conocimiento de duplica cada 17 meses.” Toda la documentación se basaba en su (mal)entendido de Daniel 12:4, según el cual una explosión de conocimientos sería el cumplimiento de la profecía: “Y la ciencia se aumentará”. No cuestiono la explosión de conocimiento, pero Daniel 12:4 no es una profecía sobre crecientes conocimientos científicos en algún tiempo de la historia. En lugar de eso, el texto habla, como se puede ver claramente al tener en cuenta el contexto, del pueblo judío que comprenderá las profecías durante el tiempo de la tribulación.

El conocimiento aquí mencionado no es tan sólo un conocimiento general. Si éste fuera el caso, no tendría el artículo definido en hebreo. Pero, como utiliza el artículo definido, el texto habla de un conocimiento determinado y no general. De modo que en el contexto no puede tratarse de otra cosa, sino del entendimiento de las profecías que Daniel tuvo que sellar hasta el tiempo del fin.

Esto no significa que hasta entonces nadie entenderá las profecías. Creo que los creyentes nacidos de nuevo pueden comprender la profecía de Daniel, cuando la estudian, e investigan su significado. No obstante, este pasaje dice claramente, en el contexto, que el pueblo judío, como un todo, recién comprenderá las profecías del libro de Daniel “en el tiempo del fin”. La razón por la cual no comprenderán la profecía antes de eso, es la ceguera espiritual que actualmente reina en todos los judíos, incluso con respecto a la comprensión del Antiguo Testamento – con excepción del remanente creyente en la iglesia. Pablo explica: “Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero, cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará” (así leemos en 2 Co. 3:14 al 16). Este velo será quitado en algún momento de la tribulación, e Israel recibirá el entendimiento correcto de sus escritos proféticos. Nosotros los gentiles, no obstante, deberíamos cuidarnos de pensar que la ceguera espiritual sólo le ocurre a Israel. ¡Ése no es el caso! De hecho, la ceguera espiritual es la situación de cada individuo hasta que reconozca a Cristo como su redentor (como vemos en varios pasajes, 1 Co.; Ef.; y 1 Jn.).

También creo que una afirmación más tardía, del ángel enviado, confirma mi interpretación: “Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán” (Dn. 12:9 y 10). Los incrédulos nunca comprenderán estas cosas, e Israel será depurado de ellos, de modo que al final de la tribulación quedarán aquellos que crean en Jesús como su Mesías. Éstos son los llamados “entendidos”.

¿Cuándo recibirán la comprensión? Cuando se cumpla Daniel 12:4.

Hace muchos años atrás, cuando vivía en las cercanías de Washington D.C., a menudo participaba en eventos que reunían a judíos y cristianos, para apoyar al moderno Estado de Israel. Cada vez que me encontraba con un judío ortodoxo, trataba de preguntarle cómo interpretaba la profecía de las setenta semanas de Daniel 9:24 al 27. Y era común entre estos judíos ortodoxos, que respondieran algo así: “Mi rabí no me permite estudiar ese pasaje.” ¿Cómo? No es de asombrarse, entonces, que actualmente muchos judíos nieguen la mesianidad de Jesús, porque no se les permite estudiar los pasajes que demuestran que Jesús de Nazaret es su Mesías. Daniel 12 nos enseña, sin embargo, que estas profecías son guardadas y que llegará un tiempo, durante la tribulación, en el cual el pueblo judío entero estudiará ávidamente estas profecías, y reconocerán que el hombre de Galilea siempre ha sido su Mesías. ¡Qué día glorioso será cuando el primogénito de Dios, Israel, regrese a su hogar, después de todos estos años de estar vagando sin rumbo! ¡Maranata!

   Comentario de Deuteronomio 8:11 al 13. Y 17-18. Moisés da instrucciones acerca del deber en una situación próspera. Que siempre recuerden a su Benefactor. Debemos dar gracias en todo. Moisés los arma contra las tentaciones de la situación próspera. Cuando los hombres son dueños de grandes fortunas o están en negocios que les dejan grandes ganancias, se encuentran ante la tentación del orgullo, de olvidarse de Dios y del pensamiento carnal. Se ponen ansiosos y se alteran por muchas cosas. En esto tiene ventaja el pobre que cree pues percibe más fácilmente que sus provisiones vienen del Señor como respuesta a la oración de fe; y, por raro que parezca, ellos encuentran menos dificultad para confiar sencillamente en Él para el pan cotidiano. Saborean en ello una dulzura que generalmente es desconocida para el rico, mientras, además, están libres de muchas de las tentaciones del rico. — No olvidéis los tratos anteriores de Dios con vosotros. Aquí está el gran secreto de la providencia divina. La sabiduría y la bondad infinitas son la fuente de todos los cambios y de todas las pruebas que los creyentes experimentan. Israel tuvo muchas pruebas amargas, pero fue “para que le hicieran bien”. El orgullo es natural en el corazón humano. ¿Supondría uno que ese pueblo, después de ser esclavo en la fábrica de adobes, fuera a necesitar las espinas del desierto para hacerlo más humilde? ¡Pero así es el hombre! — Fueron probados para que fueran humildes. Ninguno de nosotros vive una sola semana sin dar pruebas de debilidad, necedad y depravación. Sólo para las almas quebrantadas el Salvador es ciertamente precioso. Nada puede hacer que las pruebas internas y externas sean más efectivas que el poder del Espíritu de Dios. Véase aquí cómo se reconcilian el dar de Dios y el recibir nuestro, y aplíquese a la riqueza espiritual. Todas las dádivas de Dios son conforme a sus promesas. Moisés repite la advertencia que daba a menudo sobre las consecuencias fatales de olvidar a Dios. Los que siguen a los demás en el pecado, los seguirán hacia la destrucción. Si hacemos como hacen los pecadores, tenemos que esperar la paga de los pecadores.

3er Titulo:

Israel Será Revivificado Como Nación (Los Hechos 15:15-16. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré. Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar).

   Comentario: Jacobo introduce esta cita de la profecía de Amós usando la forma plural palabras para un pasaje de la Escritura (Am. 9:11–12) y el sustantivo plural profetas para un escritor (Amós). Muchos comentaristas entienden la expresión profetas como una referencia a los doce profetas menores. Sin embargo, el término podría incluir a todos los profetas del Antiguo Testamento por lo cual Jacobo habla de “palabras” en la fórmula introductoria.

   ¿Por qué escogió Jacobo este pasaje en especial para declarar su respaldo a la admisión de gentiles en la iglesia? Los profetas del Antiguo Testamento están de acuerdo con el mensaje de Amós y, en efecto, hablan de lo mismo. Sin duda, el Espíritu Santo habla a través de ellos. A través de todo el Antiguo Testamento, comenzando con Génesis 3:15, Dios proclama el mensaje de esperanza. Aun cuando Dios castiga a su pueblo, no lo rechaza, porque les da la promesa de la restauración. El pasaje en Amós, entonces, es mesiánico y enseña que Dios cumple las promesas del pacto que hizo con Abraham y con David. Cuando el Mesías venga, él gobernará sobre todas las naciones que llevan su nombre. En otras palabras, la profecía de Amós describe el gobierno universal del Mesías.

  1. Variaciones textuales. En este estudio, señalaré algunas diferencias entre la fraseología de Amós 9:11–12 y la cita en Hechos 15:16–18. Un vistazo superficial a la fraseología de estos pasajes es suficiente para ver que Jacobo no sigue el texto del pasaje del Antiguo Testamento:

“En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos, y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posea el resto de Edom”, dice Jehová, que hace esto. [Amós 9:11–12 VRV].

   Salvo algunas variaciones, la Septuaginta es bastante parecida a la cita de Hechos 15. He aquí una traducción del texto griego de Amós 9:11–12: “En aquel día levantaré la tienda caída de David, y reconstruiré sus ruinas, y levantaré sus restos. Y la reconstruiré como era en los días antaño, de modo que el remanente de los hombres pueda buscar y todas las naciones sobre las que mi nombre es invocado”, dice el Señor quien hará estas cosas.

   La Septuaginta difiere en algunos puntos de la cita en Hechos. Entre las divergencias más importantes podemos ver las siguientes tres: la introducción en aquellos días en lugar de “después de esto”; la falta del objeto directo después de la frase el remanente de hombres pueda buscar; la cláusula abreviada el Señor quien hará estas cosas por “el Señor, quien hace conocidas estas cosas desde antaño”. Una forma de Amós 9:11–12 en hebreo que ofrece uno de los rollos del Mar Muerto (4QFlor 1.12) tiene una fraseología muy parecida a la cita de Hechos.

   Sin embargo, aun cuando pudiéramos decir que Jacobo citó de un manuscrito hebreo para el beneficio de su audiencia de judíos cristianos, no podemos probar si las reuniones del concilio se llevaron a cabo en arameo o en griego. No sería nada de raro que se hayan usado ambos idiomas.

  1. Matices exegéticos. Observemos la exégesis de estos versículos uno por uno: 16. “Después de esto, volveré y reconstruiré la tienda de David que ha caído. Y reconstruiré sus ruinas y la restauraré”.

   Sólo Jacobo usa las palabras después de esto, mientras que tanto el texto hebreo como la Septuaginta dicen “en aquel día”. Aparentemente, Jacobo se refiere a los tiempos del profeta Amós, quien habló de que el templo de Jerusalén sería destruido. Amós predice que Dios destruirá a los pecadores, pero que no destruirá totalmente a la casa de Jacob (Amós 9:1–10). La expresión después de esto significa “en aquel día” y se refiere a la reconstrucción de la tienda de David. La cláusula Volveré y … reconstruiré significa que después de que Jerusalén haya sido destruida, Dios hará que su pueblo regrese a reconstruir y restaurar sus ruinas.

   La frase la tienda de David es una referencia profética al templo del Señor al cual todas las naciones van a adorar a Dios (c.f., p.ej. Is. 2:2–4; Zac. 14:16). Los profetas predicen que tanto los judíos como los gentiles juntos adoran a Dios. Nótese que Amós relaciona la palabra tienda con David, no con Leví ni con Aarón. David es un testigo a los pueblos de esta tierra que las naciones que no conocen a Dios correrán a él (Is. 55:3–5). Estas profecías, que el descendiente de David, Cristo Jesús, cumple luego, son mesiánicas. Al mencionar la tienda de David, Amós visualiza a los gentiles viniendo a conocer y a adorar a Dios. En el tiempo en que se efectuó el Concilio de Jerusalén, Jacobo indica que esta profecía mesiánica de Amós se ha cumplido con la entrada de los gentiles a la iglesia. Jacobo enseña que Israel, restaurado mediante Jesucristo, extiende una bienvenida al resto de la humanidad en una comunión espíritu.

Amén, Para La Honra Y Gloria De Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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