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Semana del 18 al 24 de junio de 2018: «El Espíritu Santo es Espíritu de Sabiduría»

Semana del 18 al 24 de junio de 2018: «El Espíritu Santo es Espíritu de Sabiduría»


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Lectura Bíblica: Efesios Cap. 1, versículos 15 al 23. 15 Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, 16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, 21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; 22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

 

Comentario: La iglesia gloriosa: Adoración por su Eterno fundamento “En Cristo” y Acción de gracias y oración.

Que conduce a la acción de gracias y oración, para que los ojos de los lectores sean iluminados para que vean el poder salvador de Dios, exhibido en la resurrección y coronación de Cristo.

El tema, no solo de los vv. 3-14, como ya se ha visto, sino de todo el resto del capitulo es Cristo Eterno fundamento de la Iglesia (cf 1 Co 3:11). Esto incluye su total salvación; por esto los creyentes han recibido toda bendición espiritual “en Cristo”. La evidencia de esto es el hecho que el apóstol comienza esta cláusula individual de palabras (en el original) expresando gratitud al haber oído de la fe de los lectores quienes están “en el Señor Jesús”. Finaliza describiendo al Cristo como aquel que en beneficio de la iglesia “lo llena todo en todo”.

Versículo 15.. La gratitud que se despierta en el corazón de Pablo es debido a las bendiciones enumeradas y descritas en los vv. 3–14 y además por las noticias que le han llegado, según lo menciona ahora: Por esta razón, por cuanto he oído de la fe en el Señor Jesús que (existe) entre vosotros … El tráfico marítimo era activo en aquellos días; a los visitantes se les permitía ver al famoso prisionero en Roma; los lazos de fraternidad cristiana eran muy sólidos. Por todas estas razones no es de sorprenderse que habiendo transcurrido unos cuatro años desde el tiempo en que el apóstol laboraba en Efeso—obra que benefició también a las personas de los lugares circundantes (Hch. 19:10, 26)—hubiese estado siempre bien informado. Sin embargo, no toda información que Pablo recibía era favorable. Sabía que existían problemas graves acerca de los cuales los efesios necesitaban ser prevenidos, y es justamente lo que hará aunque no de inmediato. Con mucha prudencia se reserva estas admoniciones para darlas cuando ya se aproxima el término de la epístola (4:17–6:9). Pablo era de la clase de hombre que se deleitaba en elogiar sinceramente a aquellos que amaba, y lo hace sin dilación. Si Pablo hubiese sido un pagano, su actitud al lugar a este punto habría sido agradecer a ésta o aquella deidad por guardarle a él y a los lectores en buena salud, pero el apóstol expresa su humilde gratitud al solo Dios verdadero por haber concedido a los lectores serenidad y confianza que es la porción de todos los que buscan apoyo en los eternos brazos de su Salvador, Jesús, y le reverencian como su Señor quien les ha comprado y al cual rinden gozosa obediencia. El capullo de la fe se ha abierto y transformado en la flor de amor, y de esto también Pablo ha tenido felices noticias: y de vuestro amor por todos los santos. La fe, si es auténtica, va acompañada de amor puesto que el Imán que atrae a los pecadores hacia sí hace que ellos se atraigan también entre sí. O, usando otra figura, en la medida que los rayos de una rueda se acercan a su centro, estos a su vez se acercan entre sí (véase Gá. 5:6; 1 Jn. 4:21). Y puesto que estos cálidos lazos personales, la preocupación de los unos para con los otros, se hallan presentes en los lectores, y siendo ésta una disposición tal que beneficia a todos los santos, Pablo prosigue: Versic.16. no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones. ¡Al que honra, honra! A Dios se debía gratitud por aquellos maravillosos cambios que por su gracia se habían operado en Efesios y las regiones circundantes. Se observa que Pablo fue hombre que creyó de todo corazón en la necesidad de dar gracias y esto fue un elemento esencial en toda oración que brotaba de su corazón. En cuanto a sus oraciones por los demás véase también Ro. 1:9; Fil. 1:4; Col. 1:9; 1 Ts. 1:2; 2 Ts. 1:11; Flm. 4. Resultan aun más llamativas y hermosas sus expresiones de gratitud y oración cuando se observan a la luz de las circunstancias en que fueron pronunciadas, a. con gran regularidad (“no ceso”) y b. por un prisionero. Lo último nos recuerda de la oración de Jonás “desde las entrañas del pez”, oración que igualmente incluye el aspecto de acción de gracias (Jon. 2:1, 9). El contenido de la oración se expresa en las palabras: Versic. 17. (pidiendo) que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé el Espíritu de sabiduría y de revelación en el verdadero conocimiento de él. Véase v. 3 más arriba, observando la forma similar en que se indica el sujeto de la oración, y la explicación que allí se da. Aquí en el v. 17, no obstante, leemos “el Padre de gloria”. Pablo acaba de mostrar cómo resplandecen magníficamente los atributos de Dios en las obras de elección, predestinación, redención, iluminación espiritual, certificación. Es fácil de entender por tanto, que hable de “el Padre de gloria”, vale decir, “el Padre glorioso”. Véase también Hch. 7:2; 1 Co. 2:8; y Stg. 2:1. El apóstol pide que el Espíritu de sabiduría y revelación sea dado a los efesios. La mayoría de las traducciones dicen “espíritu” en lugar de “Espíritu” (= Espíritu Santo). Las siguientes razones van en apoyo de Espíritu:

(1) Pablo escribe “… de revelación”. Por lo general no relacionamos revelación con el espíritu o estado mental puramente humano.

(2) En cuanto a “… de sabiduría”, en Is. 11:2 se le menciona como el primero entre varios dones impartidos por el Espíritu de Jehová.

(3) Expresiones tales como “Espíritu de verdad” (Jn. 15:26) y “Espíritu de adopción” (Ro. 8:15) se están refiriendo también al Espíritu Santo.

(4) Efesios abunda en referencias a la tercera Persona de la Santa Trinidad. Siendo que la presencia del Consolador es tan prominente en esta epístola, bien podemos pensar que en el caso actual es a El quien Pablo tiene en mente.

(5) Es cosa característica en Pablo que, habiendo hecho mención de Dios el Padre y de Cristo el Hijo—ambos han sido ya mencionados en 1:16—luego haga referencia al Espíritu. Cf. Ro. 8:15–17; 2 Co. 13:14; Ef. 1:3–14; 3:14–17; 4:4–6; 5:18–21.37

(6) Cuando el Padre “ilumina los ojos”, ¿no lo hace por medio del Espíritu? Véase Jn. 3:3, 5. El hombre no puede ver el Reino de Dios, para entrar en él, a menos que sea por medio del Espíritu. Cf. Ef. 5:8; 1 Jn. 1:7.

Sin embargo, al llegar a este punto pueda surgir la siguiente pregunta: “¿pero cómo puede ser posible que Pablo haya orado para que el Espíritu de sabiduría y revelación “sea dado” a los que ya poseían tal Espíritu y que en realidad, según el v. 13, habían sido sellados por él?” No se puede eludir el problema diciendo “espíritu” (estado mental) en lugar de Espíritu (Espíritu Santo), puesto que esto nos podría conducir aun a otra pregunta: “¿cómo podría el apóstol pedir que el espíritu de sabiduría en el verdadero conocimiento de él (es decir, de Dios) fuese dado a los que ya le conocían tan bien hasta el punto de haber depositado toda su confianza en él?” (v. 13). En todo caso, este problema se nos presenta no sólo aquí en Efesios, sino también a través de todas las epístolas de Pablo. Para dar solamente dos ejemplos: Contrástese Col. 1:4 con 3:12; 1 Ts. 1:3; 2:13 con 5:15. Si Pablo podía decir lo uno, ¿cómo podría decir también lo otro?

La respuesta la provee Pablo mismo. En resumen sería lo siguiente: lo que ya está presente, debe ser fortalecido. El Espíritu Santo está en ellos, indudablemente; sin embargo, el apóstol ora para que los efesios “sean fortalecidos con poder por medio de su Espíritu en el hombre interior” (3:16). La obra que había comenzado en los corazones debía continuar hasta su perfección (Fil. 1:6). El amor y los demás frutos debían “abundar más y más” (Fil. 1:9; cf. 1Ts. 3:12, 4:10). Es claro, entonces, que la oración de Pablo aquí en Ef. 1:15–23, que incluye también el v. 17, es totalmente compatible con lo que ha declarado solemnemente en los vv. 3–14. En realidad, la relación entre los vv. 15 y 16, por un lado, y 17 y siguientes, por el otro, muestra que es precisamente por el hecho de haber recibido tantos dones que el apóstol se atreve a pedir aun más.

Lo que Pablo pide, entonces, es que los lectores reciban una creciente porción de sabiduría y claro entendimiento. Combínense las dos, y se observará que está pidiendo que los efesios sean provistos de una más profunda penetración en el significado del evangelio y un más claro discernimiento de lo que significa la voluntad de Dios para sus vidas, capacitándoles así en todo tiempo para hacer uso de los mejores medios a fin de llegar a la más alta meta, vale decir, la gloria del Dios Trino.

Ahora bien, fue el Espíritu el que impartió la sabiduría, el Espíritu también el que reveló la verdad. Para estos hermanos en la alborada del cristianismo, que tan recientemente habían emergido del temor pagano, la superstición, y la inmoralidad, cuyo único medio de comunicación con Pablo era el epistolar o a través de un mensajero, y que moraban en medio de un ambiente pagano, la sabiduría y la revelación eran doblemente necesarias, y esto no sólo con el fin de obtener un más claro entendimiento acerca del camino de salvación sino también para saber con precisión el camino a seguir frente a cada situación. Lo que necesitaban sobre todo era el claro conocimiento de Dios, incluyendo la gozosa aceptación de las sendas de Dios para sus vidas y la voluntad presta para seguir Su dirección. Y claro, esto no era un mero asunto del intelecto. Algo de mayor importancia se hallaba en juego. De ahí que el apóstol prosigue su oración: 18. (Teniendo) iluminados los ojos de vuestros corazones. Según las Escrituras el corazón es el punto de apoyo del sentimiento y de la fe como asimismo la fuente misma de las palabras y acciones (Ro. 10:10; cf. Mt. 12:34; 15:19; 22:37; Jn.14:1). Es el núcleo y centro del ser humano, el ser íntimo del hombre. “De él mana la vida” (Pr. 4:23). “Porque el hombre mira a los ojos, mas Jehová mira al corazón” (1 S. 16:7). Ahora bien, fuera de la obra del Espíritu los ojos del corazón están ciegos (Is. 9:2; Jn. 9:39–41; 1 Co.2:14–16). El hombre en tal estado de ceguedad necesita dos cosas: el evangelio y la conciencia espiritual. Lo último es lo que se entiende por ojos iluminados o alumbrados. Véase también sobre 5:8 para considerar el significado de luz versus tinieblas. Con el fin de lograr esta iluminación, el Espíritu obra en los hombres el nuevo nacimiento. Disipa las neblinas de la ignorancia, las nubes de concupiscencia, las disposiciones egocéntricas y de envidias, etc., e imparte a ellos la contrición por el pecado y la fe que obra por medio de amor. El ojo espiritual se torna luminoso cuando el corazón es purificado. “Bienaventurados los de puro corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt. 5:8). Pablo prosigue: para que sepáis cuál es la esperanza a la cual él os llamó. Pablo sabe que la forma mejor para expulsar las antiguas tendencias pecaminosas no es concentrar la preocupación en ellas sino más bien en las bendiciones de la salvación. Los efesios recibieron el llamado eficaz. La invitación urgente del evangelio (que es el llamado externo) fue aplicada a sus corazones por el Espíritu Santo, produciendo el llamado interno. Es el último sentido de llamado al que se hace referencia en cada lugar del Nuevo Testamento; cf. Ro. 11:29; 1 Co. 1:26; 7:20; Ef. 4:1, 4 (además del presente 1:18); Fil. 3:14; 2 Ti. 1:9; Heb. 3:1; 1 P. 2:9; 2 P. 1:10. Ojalá que los lectores sean capaces de experimentar cuán ricos son, considerando la esperanza a la cual fueron llamados por Dios (literalmente, “la esperanza de su llamado”). Esta esperanza está sólidamente fundada en las infalibles promesas de Dios. Es el ancla del alma, aferrada al trono mismo de Dios; por tanto, en el corazón mismo de Cristo (Heb. 6:18–20). Consiste entonces en una entrega ferviente, una expectación confiada, una espera paciente del cumplimiento de las promesas de Dios, una absoluta confianza centrada en Cristo (cf. Col. 1:27) de que tales promesas serán sin duda alguna cumplidas. Es una fuerza viva y santificadora (1 P. 1:3; 1 Jn. 3:3). Prosigue Pablo: (para que sepáis) cuáles (son) las riquezas de la gloria de su herencia entre los santos. “Su” herencia significa aquella dada por él, tal como “su” llamado es el que él pronunció e hizo a la vez efectivo. Pablo habla acerca de las gloriosas riquezas, la magnitud maravillosa, de todas las bendiciones de la salvación, especialmente aquellas que han de ser otorgadas en la gran consumación de todas las cosas. Véase C.N.T. sobre Col. 1:12 (“la herencia de los santos en la luz”). A estas bendiciones se las llama una herencia porque son el don de la gracia de Dios, las cuales una vez recibidas jamás podrán ser quitadas (“¡Nunca permita Jehová que yo te dé la herencia de mis padres!” 1 R. 21:4). Véase también más arriba, sobre el v. 14. La frase “entre los santos” (cf. Hch. 20:32; 26:18) merece atención especial. Cuando la esperanza del creyente es la correcta, jamás espera una herencia sólo para si. Lo que da a la herencia un carácter tan glorioso es justamente el hecho de que ha de ser disfrutada juntamente con “todos los que aman su venida” (2 Ti. 4:8).

Versículo 19. Pablo prosigue añadiendo una cosa más a la esperanza y la herencia. Dice, “Oro para que los ojos de vuestros corazones sean iluminados, a fin de que sepáis cuál es la esperanza … cuáles las riquezas de la gloria de su herencia entre los santos”, y cuál la sobresaliente grandeza de su poder (desplegada) con respecto a nosotros los que creemos, según se ve en aquella manifestación de su infinito poder … Esta “sobresaliente grandeza de su (del Dios Padre) poder” es necesaria como eslabón entre los otros detalles que fueron mencionados en el versículo precedente, a saber, la esperanza y la herencia. El poder (griego dúnamis, cf. “dinamita”) de Dios es necesario a fin de que la esperanza sea cumplida y la herencia lograda. Las palabras “con respecto a nosotros los que creemos” muestran que tal poder se ejerce en beneficio de los creyentes, y de nadie más. Solamente ellos reciben la herencia. Pablo ruega a Dios que dé a los lectores ojos esclarecidos a fin de que puedan saber cuál es la sobresaliente grandeza del poder de Dios “conforme a la operación de la fortaleza de su poder”, etc., citado literalmente. Las tres palabras que emplea para mostrar la forma en que este poder se usa son: enérgeia (de donde viene la palabra “energía”), esto es, actividad, operación, manifestación; krátos: fortaleza ejercida; e ischús: poder, gran fortaleza inherente. Sin embargo, cuando tales sinónimos se amontonan, como sucede en esta parte de la oración, es dudoso que podamos hacer distinción precisa entre uno y otro. F. W. Grosheide tiene probablemente razón cuando dice, “Es difícil hacer diferencia con precisión entre las varias palabras que se usan para poder. Es permisible llegar a la conclusión de que el apóstol hace uso de más de un término para indicar la plenitud y certeza de este poder” (op. cit., p.30). En armonía con este punto sugiero la traducción “poder … según se ve en aquella manifestación de su infinito poder”, (y sigue) 20. que ejerció en Cristo cuando le levantó de entre los muertos y le hizo sentar a su mano derecha en los lugares celestiales.

El principal pensamiento expresado por estas palabras vistas a la luz de lo que inmediatamente precede es este: el apóstol ora para que se conceda a los efesios ojos esclarecidos de modo que puedan ver y discernir que, para que se haga posible la transformación de su firme esperanza en una gloriosa realidad de modo que puedan recibir la totalidad de su herencia, Dios tiene a su disposición un poder tan grandioso como el que exhibió cuando levantó a su Hijo de entre los muertos y le sentó a su misma diestra. Es como si el apóstol dijera, “no desesperéis, podéis confiar en el infinito poder de Dios. Llegará el día en que la herencia aguardada para vosotros será enteramente vuestra”.

Pero, ¿es acaso necesario limitar el significado de las palabras de Pablo a una comparación entre a. el poder desplegado en la resurrección y coronación de Cristo, y b. el poder que se ejerce para conducir a los creyentes a su total victoria? A la luz de Ro. 6:8–11; 1 Co. 15:20; Col. 3:1, ¿no pudo acaso haber tenido presente también el hecho de que la resurrección de Cristo y el sentarse a la mano derecha del Padre son tipos de lo que sucederá con los creyentes? También ellos conquistarán la muerte cuando se levanten gloriosamente de sus tumbas para vivir y reinar con Cristo para siempre jamás. Y aun ahora la resurrección de Cristo es tipo de la resurrección de los creyentes y de su victoria gradual sobre el pecado. Existe en realidad hasta una conexión causal. Siendo la resurrección de Cristo prueba positiva de la justificación del creyente, viene a ser así una prenda de su gloria eternal. El haberse sentado a la diestra del Padre, de donde derramó su Espíritu en los corazones de ellos, garantiza y lleva a término su total bienaventuranza.

El lugar preeminentísimo que ocupa la resurrección de Cristo en el pensamiento de la era apostólica es evidente no sólo de este pasaje sino también de los siguientes: Mt. 28; Mr. 16; Lc. 24; Jn 20, 21; Hch. 1:22; 2:32; 3:26; 10:40; 13:34; 17:31; 23:6; 26:8, 23; Ro. 4:25; 8:34;1 Co. 15; 1 P. 1:3; etc. Igualmente, el significado de la coronación de Cristo, de modo que como recompensa por su obra mediadora gobierna todo el universo en beneficio de su iglesia, es claro en la presente epístola según 1:20–23; 4:8ss, y en otros lugares como Hch. 2:33, 36; 5:31; 7:56; Ro. 8:34; Fil. 2:9; Col. 3:1; Heb. 2:8, 9; etc. Véase también Sal. 110:1. Dos capítulos del libro de Apocalipsis están dedicados enteramente a este tema (capítulo 5, véase v. 7; capítulo 12, véase vv. 5 y 10). El Cristo que vive y reina era una realidad viva en la consciencia de la iglesia primitiva. Concerniente a la frase “en los lugares celestiales” véase más arriba sobre el v. 3.

Versículo 21. El hecho de que el apóstol no pensara primariamente en un lugar especial en el espacio al hablar de la exaltación de Cristo a la diestra de Dios sino más bien en la extensión o el grado de esta posición es evidente por las palabras: muy por encima de todo gobierno y autoridad y poder y dominio y todo nombre que se nombra. La enumeración de los poderes “muy por encima” de los cuales se asigna a Cristo lugar preeminente, es casi lo mismo que hallamos en Col. 1:16. Considerando este pasaje a la luz de Col. 2:18, como también el pasaje presente de Efesios, y comparándolo con 3:10, resulta evidente que las referencias son primariamente a los ángeles. Los maestros del error que por aquel entonces perturbaban a las iglesias de la Asia provincial, especialmente las del valle del Lico, sobrestimaban crasamente la posición de los ángeles en relación a Cristo y la obra de salvación. Parece ser que los temas sobre los cuales los herejes concentraban su interés era el nombre de los ángeles, sus varias categorías en que debían ser clasificados, y la adoración debida a ellos. Lo que Pablo dice, entonces, es lo siguiente: Los ángeles (tanto buenos como malos) no tienen poder alguno aparte de Cristo. No importa el nombre que se les dé, Cristo reina muy por encima de todos ellos. (Véase sobre 4:10). Además, su posición de majestad durará por siempre puesto que fue exaltado sobre todas las eminencias y sobre todo título que pueda ser conferido no solamente en la edad presente, la dispensación actual, sino también en la venidera, la que será introducida al tiempo de la consumación de todas las cosas (cf. 2:7).

Versiculos 22, 23. Es así entonces, que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, manifestó su infinito poder cuando levantó a Cristo de entre los muertos y le hizo sentar a su mano derecha y sujetó todas las cosas bajo sus pies. En él, como el Hombre ideal (tanto “Hijo del hombre” como “Hijo de Dios”), el Salmo 8 (del cual se cita aquí el v. 6; cf. LXX Sal. 8:7) llega a su cumplimiento absoluto. Véase también 1 Co. 15:27 y Heb. 2:8. La expresión “todo” o “todas las cosas” no ha de ser limitada a “todas las cosas en la iglesia”. Tampoco incluye meramente cosas tales como “ovejas y bueyes, todo ellos; y asimismo las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, y cuanto pasa por las sendas de los mares” (Sal. 8:7, 8). Aunque en forma muy limitada, la humanidad, aún después de la caída, tiene cierto grado de control sobre estas criaturas “inferiores”, el dominio que aquí ejerce es insignificante comparado con la soberanía universal de Cristo, dominio que no excluye nada en absoluto de lo que existe. En consecuencia, nada puede obstaculizar el logro de la “esperanza” de los creyentes. A nada se le permitirá cruzarse en el camino hacia la adquisición y el goce pleno de aquella gloriosa “herencia” de la cual disfrutan un anticipo ahora mismo. Además, el poder de Dios no está inactivo. En forma que fue claramente exhibida en la exaltación de Cristo se está utilizando en el gobierno del universo, en beneficio de la iglesia. De ahí que Pablo prosigue: y le constituyó cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, puesto que es su cuerpo …; vale decir, ya que se halla tan íntima e indisolublemente unido a ella y la ama con amor profundo, ilimitado, e inmutable. Lo que se enfatiza por medio de este simbolismo de cabeza-cuerpo es la intimidad del lazo, el insondable carácter del amor entre Cristo y la iglesia, según se indica claramente en 5:25–33. En relación a esto no debemos pasar por alto un hecho importante, es decir, que a través de la epístola Pablo hace énfasis en el gran amor de Dios (o de Cristo) hacia su pueblo, y el amor que sus hijos en respuesta deben a él y se deben entre sí (1:5; 2:4; 3:19; 4:1, 2; 5:1, 2ss; 6:23, 24). No hay ni un capítulo donde no se enfatice este tema. ¡Quien no haya captado este punto aún no entiende Efesios!

En las cartas gemelas, Colosenses y Efesios, la figura cabeza-cuerpo aparece por vez primera en las epístolas Paulina, para indicar la relación entre Cristo y su iglesia. Es verdad, por supuesto, que aquí en Ef. 1:22, 23 no se dice realmente que Cristo es la cabeza de la iglesia sino más bien “cabeza sobre todas las cosas a la iglesia … su cuerpo”. Pero esta forma de expresión tiene por objeto meramente incrementar la belleza del simbolismo. El significado, entonces, viene a ser este: ya que la iglesia es el cuerpo de Cristo, con la cual él está orgánicamente unido, su amor por ella es tan grande que hace uso de su poder infinito para que el universo entero con todo lo que en él hay coopere en beneficio de ella, sea de buen grado o no. En consecuencia, el concepto Cristo cabeza gobernante sobre todas las cosas (Cf. Co. 2:10) no anula sino más bien fortalece y adorna la doctrina claramente implicada Cristo cabeza gobernante (y orgánica) de la iglesia (cf. Ef. 4:15; 5:23; Col. 1:18; 2:19). Por tanto, cuando muchos comentaristas, dogmatistas, y también el Catecismo de Heidelberg (Domingo 19, edición con referencias textuales, P. y R. 50) apelan a Ef. 1:20–23, entre otros pasajes, para apoyar la posición de que Cristo es cabeza de la iglesia, no están cometiendo ningún error. Con respecto a otras observaciones acerca de Cristo como cabeza, véase más arriba, sobre v. 10; también C.N.T. sobre Colosenses pp. 93–95, especialmente éste en lo relativo a la distinción entre cabeza gobernante y orgánica.

Añadiendo una descripción más a la iglesia como cuerpo de Cristo, Pablo agrega: la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo. Los argumentos relacionados con el significado exacto de plenitud en este caso particular llenan muchas páginas de innumerables comentarios. Con el debido respeto hacia los argumentos de los que defienden otras teorías, y cuyas defensas en favor de sus puntos de vista he examinado detalladamente, he llegado a la conclusión, después de largo estudio, que la correcta interpretación es la siguiente: la iglesia es el complemento de Cristo. En otras palabras: “Es el más alto honor para la iglesia, que el Hijo de Dios se considere a sí mismo en cierto grado imperfecto en tanto que no esté unido a nosotros. Qué consuelo es para nosotros el saber que no será hasta que estemos ante su presencia, que él tendrá todos sus elementos constitutivos, o que él desee ser considerado como completo”. (Juan Calvino en su comentario acerca de este pasaje. Véase en la bibliografía el título de la obra). Este punto de vista, con ciertas variaciones en cuanto a detalles, a saber, que la iglesia, sin duda, está presentada aquí como llenando y completando a Aquel que lo llena todo en todo, es defendido por Abbott, Barry, Bruce, Grosheide, Hodge, Lenski, Simpson, y muchos otros.

Esta interpretación, a la cual yo y los que se acaban de mencionar nos aferramos, no resta en manera alguna, ni en forma ni grado, un ápice de la absoluta majestad o autosuficiencia de Cristo. Por supuesto, en lo referente a su esencia divina no es en sentido alguno ni dependiente ni posible de ser complementado por la iglesia. Pero como esposo sí está incompleto sin la esposa; no se puede pensar en él como vid sin sus pámpanos; como pastor, no le podemos imaginar sin las ovejas; y así también, como cabeza halla su total expresión en su cuerpo, la iglesia. Existen también las siguientes razones adicionales que me han inducido a considerar esta interpretación como correcta:

(1) El hecho de que para Aquel que lo llena todo en todo hay algo que, no obstante, lo llena o complementa, está enseñado claramente por Cristo mismo y también por su discípulo Juan (Jn. 6:56; 15:4, 5, 17–21; 1 Jn. 3:24). “Permaneced en mí, y yo en vosotros” muestra que no solamente los sarmientos se hallan incompletos sin la vid—que es el punto enfatizado en Juan 15—sino que, en cierto sentido, la vid también es complementada por los sarmientos.

(2) En Col. 1:24 Pablo se refiere a sí mismo como “cumpliendo de mi parte lo que falta aún de los padecimientos de Cristo”. Hay un sentido en el cual la iglesia, por decirlo así, completa los sufrimientos de Cristo. Véase C.N.T. sobre Col. 1:24. Por lo tanto, los que rechazan la idea de que la iglesia es el complemento del Cristo tendrán gran dificultad al interpretar Col. 1:24. Igualmente hallamos que la iglesia recapitula la muerte y resurrección de Cristo (Ro. 6:4, 5; Col. 2:20; 3:1; 2 Ti. 2:11, 12).

(3) Al interpretar la metáfora cabeza-cuerpo con el significado de que el cuerpo llena o complementa la cabeza, resultando así una unidad orgánica en que el cuerpo lleva a cabo la voluntad y propósito de la cabeza, se obtiene un sentido equilibrado de la figura. Cristo utiliza a la iglesia para la realización de sus planes en el gobierno del mundo y para la salvación de los pecadores.

(4) La idea enfatizada por Calvino, a saber, que Cristo rehúsa considerarse a sí mismo completo hasta poseer todos sus elementos, armoniza maravillosamente también con aquella motivación de amor que, según lo he mostrado, domina toda la epístola.

(5) La descripción de la iglesia como “la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo” es, sin lugar a dudas, “una tremenda paradoja” (usando la expresión de Lenski, op. cit., p. 403). Esto, también, es exactamente lo que esperamos hallar en Pablo. Abundan en sus escritos figuras en que aparecen aparentes contradicciones: “no todos son Israel que son de Israel” (Ro. 9:6). “En todo recomendándonos … como impostores, y sin embargo veraces; como desconocidos, y sin embargo bien conocidos; como moribundos, y he aquí que vivimos … como pesarosos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, y sin embargo poseyendo todas las cosas” (2 Co. 6:4–10). “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Co. 12:10). Es Pablo quien desea que los tesalonicenses tengan ambición de vivir tranquilos (1 Ts. 4:11). ¡Y sin ir más lejos, en esta misma epístola a los efesios habla de conocer el amor de Dios que sobrepasa el conocimiento (3:19)! La paradoja de 1:23 se ajusta muy bien a esta categoría de estilo.

Comentando acerca de las palabras “Aquel que lo llena todo en todo”, Calvino continúa como sigue, “Esto se añade para guardarnos de la suposición de que existiese cualquier defecto real en Cristo al estar separados de nosotros. Su deseo de ser lleno y, en algunos aspectos, ser hecho perfecto en nosotros, no proviene la falta o necesidad, puesto que todo lo bueno que hay en nosotros o en cualquiera de las criaturas es don de su mano.”

Las palabras “que lo llena46 todo en todo” significan que Cristo llena todo el universo en todos los aspectos; esto es, que el universo entero no solamente depende de él para la provisión de lo necesario sino que además es gobernado por él en beneficio de la iglesia, la cual, a su vez, debe servir al universo y se halla henchida de sus generosos dones. Así pues, está constantemente impregnando a todas las cosas con su amor y poder (cf. Jer. 23:24; 1 R. 8:27; Sal. 139:7). Concuerdo con la declaración de Roels, “Lo más probable es que Pablo se refiera al hecho de que Cristo, exaltado sobre todo, está ahora implicado en la realización histórica de la reconciliación ya efectuada del universo dirigiendo todas las cosas hacia lo determinado, que es, su meta divinamente designada” (op. cit., p. 248).

Con un Cristo que es el fundamento eterno de su salvación, el cristiano nada tiene que temer. Su esperanza será realizada, su herencia plenamente disfrutada.

 Texto: Isaías Cap. 11, versículo 2. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.

 

 

1er Titulo:

El Espíritu Santo es la fuente de la Sabiduría Divina.

Lectura Bíblica: 1 a los Corintios 2:12 y 13.12Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, 13lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.

Comentario:

Versículo 12. Ahora bien, nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, a fin de que conozcamos las cosas que Dios nos ha dado libremente.

  1. «Ahora bien, nosotros … hemos recibido». En el versículo precedente, Pablo habló en general de cosas conectadas con el espíritu humano. En cambio, aquí hace el asunto específico al introducirse a sí mismo y a los corintios por medio del pronombre personal plural nosotros. En el griego, este pronombre ocupa el primer lugar de la oración, y así el énfasis recae sobre él. Con este pronombre inclusivo, Pablo llega al corazón del párrafo que trata del tema del Espíritu de Dios versus el espíritu del hombre. Nos ofrece la consoladora seguridad de que hemos recibido el Espíritu que Dios nos ha dado.
  1. «No hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios». La oración negativa no hemos recibido el espíritu del mundo ha sido interpretada de varias maneras:

 – se refiere a los gobernantes del mundo que crucificaron a Cristo (v. 8);

 – se refiere al mal que ha establecido sus propias reglas y objetivos (véase 2 Co. 4:4; 1 Jn.4:4; 5:19);

 – equivale a la sabiduría de este mundo (1:20);

 – apunta al espíritu mundano del hombre.

Creemos que la frase «el espíritu del mundo» apunta al espíritu que convierte al mundo en secular. Desde el momento que Adán y Eva cayeron en pecado, el espíritu de este mundo se ha revelado oponiéndose al Espíritu de Dios: por ejemplo, en el libertinaje anterior al diluvio, en la edificación de la torre de Babel y en los falsos maestros que buscaban destruir la iglesia en el tiempo apostólico (2 P. 2; 1 Jn. 4:1–3; Jud. 4–19). Se trata del espíritu que gobierna a una persona en la cual no mora el Espíritu de Dios. Es un poder que determina «todo lo que el ser humano hace y piensa, oponiéndose al Espíritu que viene de Dios».

Por contraste, como Pablo lo expresa en un griego elocuente, los creyentes han recibido el Espíritu que procede de Dios (véase Jn. 15:26; Gá. 4:6). El Espíritu de Dios viene a los creyentes de una esfera distinta que la mundana y les entrega el conocimiento de Dios, de la creación, la redención y la restauración. Desde Pentecostés, el Espíritu de Dios mora en el corazón de todos los creyentes (6:19).

  1. «A fin de que conozcamos las cosas que Dios nos ha dado libremente». ¿Por qué Dios nos concede el don de su Espíritu? Ésta es la respuesta: para que conozcamos en forma innata las cosas que tienen que ver con nuestra salvación. El Espíritu nos enseña los tesoros que tenemos en Cristo, a quien Dios entregó para que muriese en la cruz y consiguiese así vida eterna para todos nosotros (1 Jn. 5:13). Si Dios entregó a su Hijo, de seguro que en él nos dará todas las cosas gratuitamente (Ro. 8:32). Es por la obra del Espíritu Santo que los creyentes son capacitados para apropiarse del don de la salvación. La fe los capacita para ver que en Cristo ya no tienen pecado ni culpa, que Dios los reconcilió consigo mismo y que ahora tienen abierto el camino al cielo.

Versículo 13. Y las cosas que hablamos no son palabras que la sabiduría humana imparte, sino las que el Espíritu imparte, pues interpretamos verdades espirituales en palabras espirituales.

  1. Intérprete. En este lugar Pablo se detiene para hablar de sí mismo y de sus colegas. Dice que las palabras que proclaman no están basadas en sabiduría humana.

Las siguientes observaciones son necesarias:

Primero, Pablo usa un verbo griego que apunta a la acción de hablar, no al contenido de lo que se dice (véase los vv. 6, 7). Segundo, a propósito coloca la negación delante de palabras, para hacer un contraste entre la sabiduría humana y la sabiduría divina. Tercero, advierte que el agente que enseña a los apóstoles y a sus ayudantes qué predicar, no es una persona llena de sabiduría humana. Por el contrario, esta persona no es otra que el Espíritu de Dios. De este modo, el Espíritu los capacita para proclamar el evangelio (Mt. 10:20).

Además, el evangelio mismo está inspirado por el Espíritu. Esto no debe entenderse como si los apóstoles fueran simples instrumentos que el Espíritu emplea para lograr sus propósitos. ¡Jamás! Al escribir, los autores de la Biblia usaron sus habilidades y destreza, su entrenamiento y cultura, sus características y peculiaridades. No obstante, el Espíritu les enseñó cómo verbalizar las verdades de Dios. Como Pablo lo dice enfáticamente: «las cosas que hablamos no son palabras que la sabiduría humana imparte, sino las que el Espíritu imparte» (la cursiva es mía). Así que, para Pablo la inspiración no está basada en el pensamiento humano o en la sabiduría humana, sino que en la enseñanza que el Espíritu Santo imparte. El estilo, vocabulario, dicción y sintaxis paulina fueron los vehículos por los que se comunicaron las verdades que el Espíritu le enseñó.39

  1. Variación. Las traducciones varían en la forma en que vierten la última parte del versículo 13, como se verá por estos ejemplos:

«expresando realidades espirituales en términos espirituales» (BJ, cf. BP, VM)

«explicando temas espirituales a hombres de espíritu» (NBE)

«adaptando lo espiritual a lo espiritual» (NTT)

«adaptando lo que es espiritual a quienes poseen el Espíritu de Dios» (CB)

«adaptando a los espirituales las enseñanzas espirituales» (NC)

«acomodando el lenguaje espiritual a las realidades espirituales» (CI, cf. LT, HA)

No está claro cuál es el sentido de esta última parte de la oración. Una traducción literal no ayuda mucho: «interpretando espirituales en espirituales». Por esto, el lector se ve forzado a examinar el contexto de este versículo, para buscar alguna orientación que lo ayude a suplir dos sustantivos que completen la oración.

Darnos cuenta de la referencia explícita que Pablo hizo a los maduros (v 6) y a los hombres espirituales (v. 15), nos podría hacer pensar que el escritor se refiere a gente espiritual. Pero esta interpretación encuentra una sutil dificultad, si le aplicamos las reglas de la gramática. El primer adjetivo espirituales no viene precedido por un artículo definido que designe a un grupo particular de personas (en cuyo caso la palabra sería masculina). Esto hace que sea posible que Pablo se refiera a «palabras espirituales». No queremos rechazar la primera interpretación precipitadamente,40 lo que deseamos es darle el mismo peso que a la segunda explicación. Esta segunda interpretación afirma que el adjetivo se refiere al sustantivo palabras (en cuyo caso la palabra sería neutra). Esto es, Pablo y sus colaboradores interpretan verdades espirituales en palabras espirituales (se entiende que a personas espirituales). Por tanto, a un adjetivo le añadimos la palabra verdades y al otro, palabras; lo que resulta en: «interpretamos verdades espirituales en palabras espirituales ».

  1. Explicación. El verbo griego synkrinō se puede traducir «combinando», «comparando» y «interpretando». El primero de estos significados armoniza con el contexto, así que muchos comentaristas lo adoptan. Sin embargo, las traducciones modernas no ocupan la palabra combinando, porque dudan que esa sea la idea que Pablo quiere comunicar.

Otros eruditos prefieren la segunda alternativa («comparando») y hacen notar que el mismo verbo ocurre en 2 Corintios 10:12, donde quiere decir «comparar». Pero como dicho contexto es distinto, es difícil y poco probable que debamos traducir de la misma forma en ambos pasajes.

 

 

2° Titulo:

El Espíritu Santo llena al creyente de Sabiduría.

Lectura Bíblica: 1 a los Corintios 12:8.Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu.

Comentario:

Versículo 8. A uno le es dada una palabra de sabiduría mediante el Espíritu, a otro una palabra de conocimiento según el mismo Espíritu.

¿Cómo se manifiesta el Espíritu Santo? En los dones que Dios reparte en su pueblo. Pablo cita un total de nueve dones representativos (vv. 8–10), una lista que no pretende ser exhaustiva. Es difícil de saber si trata de categorizarlos. Los estudiosos intentan diferenciar los dones que son temporales de los que son permanentes, los verbales de los no verbales, los importantes de los menos importantes. Una triple división atractiva de los dones es la siguiente:

  1. Pedagógicos: sabiduría y conocimiento
  2. Sobrenaturales: fe, sanidades y milagros
  3. Comunicativos: profecía, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación de lenguas.

Pablo usa una variedad de palabras en el griego de los versículos 8–10. Aparentemente, sólo se interesa en la diversidad estilística y no en hacer distinciones. Por ejemplo, al referirse al Espíritu usa las preposiciones mediante, según y por sólo para variar la forma de expresión.

Además, aunque son nueve dones, al único que se le llama don es al de sanidad (v. 9). Por cierto que damos por sentado que Pablo hace uso de su libertad como autor de esta carta al escoger su vocabulario.

  1. «A uno le es dada una palabra de sabiduría mediante el Espíritu». La sabiduría es el primero de los dos dones pedagógicos. Dios da este don de sabiduría y comunica su contenido por medio del Espíritu Santo. Literalmente, el griego dice: «palabra de sabiduría»; otros traductores colocan: «que hablen con sabiduría» (VP, cf. BP, CB, LT). El don tiene que ver con la habilidad de hablar sabiduría divina, la cual los creyentes reciben a través del Espíritu Santo (cf. 2:6, 7). Se contrasta la sabiduría divina con la humana (1:17, 20, 25).

En Jesús se cumplió la profecía de Isaías, quien decía que el Espíritu de sabiduría descansaría sobre el Mesías (Is. 11:2). Jesús creció en sabiduría (Lc. 2:52). Esteban estaba lleno de sabiduría y del Espíritu (Hch. 6:10), siendo un ejemplo de cómo Jesús cumplió su promesa de que daría sabiduría a sus discípulos. Por último, Santiago le dice a sus lectores que si alguno tiene falta de sabiduría, debe pedírsela a Dios, quien la imparte con generosidad sin reprochar ninguna cosa (Stg. 1:5). Los creyentes deben con fe pedir sabiduría, y Dios se las dará.

  1. «A otro una palabra de conocimiento según el mismo Espíritu». El segundo don pedagógico es el conocimiento. En esencia, se trata de «un conocimiento íntimo y personal de Dios que no depende del intelecto sino del amor, que depende del conocimiento que Dios tiene del hombre». El término denota afinidad y apunta a una relación personal que existe entre Dios y el redimido en Cristo. Dios imparte este conocimiento por medio de su Espíritu y debe usarse dentro de la comunidad cristiana para el beneficio de todos sus miembros. Se expresa en el saber, entender y explicar al pueblo la revelación de Dios en la Escritura y en la creación.

Sabiduría y conocimiento son dones que se traslapan. Aquí Pablo los coloca juntos y alude a una discusión anterior sobre estos dos temas (2:6–16). A lo largo de esta carta, Pablo usa repetidamente la palabra conocimiento, cuyo significado varia según el contexto.

 

 

3er Titulo:

El Espíritu Santo otorga Sabiduría en beneficio de la heredad de Dios.

Lectura Bíblica: Éxodo 35: 30 al 35. 30Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; 31y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, 32para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, 33y en la talla de piedras de engaste, y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa. 34Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; 35y los ha llenado de sabiduría de corazón, para que hagan toda obra de arte y de invención, y de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en telar, para que hagan toda labor, e inventen todo diseño.

Comentario:

Luego de recibir las donaciones, Moisés anuncia que Dios ya ha elegido dos personas que realizarán las tareas: Bezaleel y Oholiab, quienes, a su vez, serán secundados por muchos otros.

35.31 Lo ha llenado del espíritu de Dios: Es una expresión muy importante y es preciso retenerla. La entrega del espíritu de Dios es un acto no habitual y merece reflexión. Significa que no sólo tienen habilidades y conocimientos técnicos, sino que el mismo espíritu de Dios obra en sus manos. Recomendamos seguir RV95, aun cuando el lenguaje figurado exija un esfuerzo de comprensión. NBE ofrece un intento de traducir el sentido, «lo ha colmado de dotes sobrehumanas», pero, a nuestro criterio, pierde densidad teológica.

En sabiduría, en inteligencia, en ciencia […]: Toda esta parte repite 31.3, lugar donde señalamos la dificultar con la palabra ciencia. Ver nuestro comentario para traducir de acuerdo con ese pasaje.

35.33  Labor ingeniosa: Es una expresión de difícil traducción, que significa «trabajos creativos, planeados». La forma de RV95 es correcta, pero limitada, pues parece remitir al intelecto, cuando en realidad se trata de arte. NVI ofrece «diseños artísticos y artesanías», lo cual sería mejor, si no utilizara dos palabras cuando en hebreo hay solo una. Recomendamos traducir «diseños artísticos».

Comentario de 31:3: Espíritu de Dios: Se lo suele escribir con minúscula para distinguirlo del Espíritu Santo tal como se lo concibe en el Nuevo Testamento. Aquí la palabra espíritu es la misma que se utiliza en el Antiguo Testamento  para «respiración» y «viento» (ver Gn 1.2). Normalmente, se entiende que el sentido de esta expresión en el Antiguo Testamento es que Dios da a alguien facultades, poder o capacidad para hacer algo en particular.En ciencia: No existe en hebreo una palabra que se pueda traducir claramente así. El texto hebreo dice «conocimiento», y así lo traducen, correctamente, TLA y DHH. «Conocimiento» se refiere al saber relativo a las cosas y al dominio de las mismas. Otras opciones son «inteligencia» (NVI), «experiencia» (BJ). El traductor debe elegir, entre las opciones mencionadas, una alternativa a RV95.En todo arte: La expresión hebrea es «en toda otra tarea», traducida aquí por arte. La forma de RV95 es correcta, pero puede ser difícil de comprender, especialmente si no se capta que se refiere sólo a las tareas del santuario. De ser necesario, se la puede reemplazar por «capacidad creativa» (DHH y NVI). Inventar: También puede traducirse «diseñar», «crear», «pensar». Se refiere a la actividad creativa del artesano.

Comentario 2:

Los artesanos de la obra, 35:30–35. Jehová llamó a Bezaleel y a Oholiab a ser los encargados de la obra. Las cualidades de Bezaleel eran admirables: Estaba lleno del Espíritu de Dios (v. 31), lo que indica que era lleno del poder de Dios (no pensaban del Espíritu en aquel entonces como una entidad separada de Dios mismo); además, el Señor le había llenado con sabiduría, entendimiento, conocimiento y toda habilidad de artesano… (v. 31), y puso en su corazón la capacidad para enseñar, tanto él como Oholiab… (v. 34). En aquella época, se consideraba el corazón como el sitio de la voluntad, o lo que significa hoy en día la mente. Bezaleel era un hombre sabio, inteligente, preparado, artístico y no egoísta. En el servicio del Señor puso la habilidad de sus manos, la inteligencia de su mente, la voluntad de su persona y la buena disposición de enseñar a otros para el bienestar de la obra de Dios. Bezaleel y Oholiab deben ser ejemplos para todos los que sirvieran a Dios en todas las edades.

 

Texto: Isaías Cap. 11, versículo 2. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.

 

Comentario:

El v. 2 describe el carácter de este rey ideal, que sería todo lo contrario de los reyes de Asiria e Israel. Sobre él reposaría el Espíritu de Jehová y lo coronaría con estas cualidades:

(1) Sabiduría: Para conocer el propósito de su alta investidura y actuar de acuerdo con las expectativas del Señor.

(2) Inteligencia: para saber cómo actuar en cada circunstancia.

(3) Consejo: Para alcanzar las vías y los medios para lograr sus objetivos. Esta cualidad es también expresada por el título Péle 6383, Yoéts 3272, “Admirable Consejero” de 9:6 (ver comentario allí).

(4) Fortaleza: Es la cualidad del poder y del valor para llevar a cabo todo su consejo. La palabra en hebreo es gueburah 1376, y eso le asocia con el título El Guibor 1376, “Dios Fuerte” en 9:6.

(5) Conocimiento: Por el par que forma esta cualidad con temor de Jehová (v. 2), podemos darnos cuenta que este es el conocimiento de la voluntad de Jehová, que nutre en él una conciencia ética.

(6) Temor de Jehová: Es la convicción constante y positiva de que es a Jehová a quien ha de dar cuenta de sus hechos.

 

 

Amen, para la Gloria de Dios.

 

 

Bibliografía:

  • Comentario del N. T. por William Hendriksen.
  • Comentario Mundo Hispano.
  • Biblia Thompson.
  • Comentario para Exégesis y traducción por Pablo Andiñach.

 

 

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.