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Semana del 16 al 22 de septiembre 2019: “El ministerio de la Iglesia: edificación y crecimiento en la gracia”

Semana del 16 al 22 de septiembre 2019: “El ministerio de la Iglesia: edificación y crecimiento en la gracia”

Lectura Bíblica: 2ª a los Corintios 9:8. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.

   2) EDIFICACIÓN: (Aporte del libro Estudio de Doctrina Cristiana página 248).

   Edificación puede definirse como el crecimiento de la iglesia en verdad y en la gracia. Una vez salvados los pecadores, tiene que ser doctrinados en la verdad de las Escrituras y poseídos y llenos del Santo Espíritu. Hay cinco agencias o agentes que contribuyen a la edificación de la Iglesia:

  1. El ministerio cristiano, Ef. 4:11, 12.
  2. La palabra de Dios, Col. 3:16; 1 P. 2:2, He. 5:14.
  3. El Espíritu Santo, Gá. 5:25; Ef. 5:18.
  4. Los dones del Espíritu, l Co. 12:4-12.
  5. Los sacramentos. 

   Comentario del texto Bíblico: 8. Porque Dios es capaz de hacer que abunde toda gracia hacia vosotros, de tal manera que en cada cosa podáis tener siempre suficiente de todo y podáis abundar en toda buena obra.

   [a]. Poder. «Porque Dios es capaz de hacer que abunde toda gracia hacia vosotros». Aquí hay dos observaciones preliminares:

   Primero, en el versículo anterior Pablo enseña que Dios es amor, y en el versículo presente, que Dios es todopoderoso. Es decir, Dios expresa su amor hacia su pueblo a través de su poder.

   Luego, en este versículo, el concepto todo aparece cinco veces: toda, cada, siempre, todo y toda. Con este concepto, Pablo intenta describir la bondad y grandeza infinita de Dios.

   Lo primero que Pablo dice es que Dios es capaz de «hacer que abunde toda gracia hacia vosotros». Dios está presente en todas las complejidades de la vida de una persona, aun en la decisión que uno hace para contribuir monetariamente a cierta causa. Pablo escribió que los macedonios recibieron la gracia de Dios para que su decisión de ofrendar resultara en una riqueza de generosidad (8:2). En el servicio del Señor, la gracia produce más gracia, aunque la gracia del creyente que da con gozo difícilmente podría compararse con la gracia abundante de Dios para con el creyente. Dios derrama su amor sobre el dador alegre, quien es incapaz de igualar la gracia de Dios. Él concede el don de la salvación, los dones espirituales, los frutos del Espíritu e innumerables bendiciones materiales. En conclusión, todos los dones espirituales y físicos están incluidos en la palabra gracia. Los corintios estaban plenamente conscientes de la enseñanza de Pablo sobre este punto (véase, p. ej., 1ª a los Co. 1:4–7; 12; 2ª a los Co. 4:15; 6:1).

   [b]. Suficiente. «De tal manera que en cada cosa podáis tener siempre suficiente de todo». Si tomamos estas palabras literalmente, parecen demasiado buenas para que sean verdad. ¿Da Dios al cristiano alegre todo para satisfacer todas sus necesidades materiales (compare Fil. 4:19)? En verdad, la gracia de Dios es todo suficiente para satisfacer cada una de nuestras necesidades todo el tiempo. Pero cuando él nos concede su gracia es siempre para que lo glorifiquemos en su iglesia y reino en la tierra.

   Se nos la da y la tenemos, no que podamos tenerla, más bien, para que nos vaya bien de ese momento en adelante. Todas las cosas en esta vida, inclusive las recompensas, son semillas a los creyentes para la cosecha futura.

   Un cristiano que por la gracia de Dios siempre tiene suficiente de todo (compare 1 Ti. 6:6–8), debe dar dentro del marco de su amor a Dios y al prójimo (Mt. 22:37–40). La afluencia de dones espirituales y materiales que proviene de Dios al creyente, nunca debe detenerse en el receptor. Debe ser traspasado para aliviar las necesidades de otros en la iglesia y en la sociedad (Gá. 6:10; 1 Ti. 6:17–18; 2 Ti. 3:17). Los creyentes deben ser siempre un canal humano, por medio del cual fluya la gracia divina para enriquecer a otros.

   Pablo usa la palabra autarkeia, la que en este contexto quiere decir «suficiencia». Esto no puede interpretarse como autosuficiencia porque nosotros somos completamente dependientes de Dios en cuanto a la provisión para cada necesidad. Dios nos provee con suficiencia para el propósito de nuestra dependencia de él y el apoyo a nuestros hermanos de la raza humana.

   [c]. Servicio. «Y podáis abundar en toda buena obra». Dos veces en este versículo Pablo relaciona el verbo abundar con Dios y con nosotros. Dios hace que su gracia abunde para que nosotros abundemos en obras buenas. Confiando totalmente en que Dios proveerá lo necesario, podemos respaldar las causas que promueven su mensaje en los cultos de los domingos. Respaldamos a las misiones y la evangelización y aplicamos su mensaje divino en la sociedad. La gracia de Dios (sustantivo singular) aparece en diversas formas; de igual manera, nuestra buena obra (también sustantivo singular) incluye todas nuestras actividades.

1er Título

Crecer En La Gracia De Dios El Padre (1ª a los Corintios 3:10. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno miré cómo sobreedifica; — 1ª a los Corintios 15:10. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.).

   Comentario: 1ª a los Corintios 3:10. Según la gracia de Dios que me ha sido dada, como sabio jefe de construcción coloqué el cimiento y otro está edificando sobre él. Pero que cada uno tenga cuidado de cómo edifica sobre él.

   [a]. «Según la gracia de Dios que me ha sido dada». Antes de continuar con el tema de la edificación, Pablo reconoce la gracia que ha recibido de Dios. No pretende pertenecer al grupo cerrado de los doce apóstoles ni haber recibido la enseñanza que todos los días les impartió el Señor. Pablo fue llamado tiempo después de que Cristo ascendió y después de que el Espíritu Santo fuese derramado. Sabe bien que él fue la última persona a la que Cristo se le apareció, «como a uno nacido fuera de tiempo» (15:8). No obstante, fue llamado a ser un apóstol. Pablo consideraba este llamado como un acto divino de gracia, por el cual da gracias repetidas veces en sus epístolas (véase, p. ej., 15:10; Ro.15:15; Gá. 2:9; Ef. 3:2, 7, 8).

   Con toda humildad, Pablo atribuye su posición de apóstol a la gracia que Dios le ha dado. Por lo tanto, antes de siquiera insinuar que él ha sido el sabio jefe de construcción que empezó la edificación de la iglesia de Corinto, primero remueve todo rastro de arrogancia de su parte al aplicarse el apelativo de sabio,28 pues afirma que es por la gracia de Dios que ha llegado a ser un constructor de iglesias.

[b]. «Como sabio jefe de construcción coloqué el cimiento y otro está edificando sobre él». Pablo emplea términos que le son familiares a los corintios que sabían del rubro de la construcción, especialmente la conectada con los templos. Pablo se confiere el título de jefe de construcción, el que apuntaba al contratista que supervisaba la obra de numerosos subcontratistas. El jefe de construcción era responsable de supervisar diariamente el trabajo de cada uno de los constructores. Asimismo, Pablo tenía la tarea de supervisar el trabajo realizado por sus colaboradores que estaban edificando un templo espiritual en Corinto.

   Pablo se presenta como un jefe de construcción sabio y diestro. Antes de que sus asistentes, Silas y Timoteo, llegaran (véase Hch. 18:4, 5), Pablo ya había proyectado los planos para colocar el cimiento de la estructura. Por consiguiente, Pablo no es sólo el arquitecto (RV60), sino el contratista que, con la ayuda de sus subcontratistas, levanta un edificio.

   Además, Pablo no se refiere a los individuos cristianos que componen la iglesia, sino a la iglesia misma.

   La oración y otro está edificando sobre él no debe tomarse en forma negativa, como si quisiera decir que Apolos está recibiendo de parte de los corintios una alabanza y aprobación que no le corresponde. ¡De ninguna manera! Pablo colocó el cimiento, mientras que otros edifican la estructura, incluyendo Apolos. De hecho, el término jefe de construcción descarta toda crítica negativa respecto a la formación de la iglesia de Corinto, ya que Pablo es el director de la obra. Pablo y sus colaboradores sólo tenían una meta, a saber, la edificación espiritual de la iglesia. Cuando Pablo usa el verbo edificar se refiere a la continua labor de edificar el cuerpo de Cristo. «La comunidad cristiana es edificada por la cooperación de todos sus participantes (1 Co. 3:10–15) y en unidad con apóstoles y profetas (Ef. 2:20), para llegar a ser la sola santa comunidad del Señor».

   [c]. «Pero que cada uno tenga cuidado de cómo edifica sobre él». En Romanos 15:20 Pablo dice: «En efecto, mi propósito ha sido predicar el evangelio donde Cristo no sea conocido, para no edificar sobre fundamento ajeno». En la epístola a los Romanos, Pablo muestra cuál es su costumbre, a saber, no edificar sobre el fundamento de otro. Pero en Corinto él es el jefe de construcción, quien emplea a numerosos albañiles para levantar una estructura sobre el cimiento que él mismo colocó.

   En la última parte de este versículo, Pablo exhorta a los edificadores a que produzcan un trabajo de calidad. Quiere que cada albañil dé lo mejor de sí. Según su propio ejemplo, él espera que todos los que edifiquen sobre el cimiento que puso adopten la misma ética laboral. Su tarea es edificar a cada miembro de la iglesia enseñando y predicando con fidelidad el evangelio de Cristo.

   Comentario de 1ª a los Corintios 15:10. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que tuvo para conmigo no ha sido en vano. No obstante, he trabajado más que todos ellos, aunque no yo sino la gracia de Dios que ha estado conmigo.

   [a]. «Pero por la gracia de Dios soy lo que soy». Cuando Pablo revisa el curso de su vida, desde sus días de estudiante en Jerusalén hasta su proceder como perseguidor de la iglesia y como apóstol a los gentiles, no puede más que exclamar que es lo que es por la gracia de Dios. La gracia de Dios es poder que fluye de Dios a los apóstoles. Por ejemplo, Pablo y Bernabé experimentaron la gracia divina cuando viajaron de Chipre a Asia Menor

en el primer viaje misionero. La iglesia de Antioquía los comisionó y los apoyó en oración encomendándolos a la gracia de Dios (Hch. 14:26). La gracia de Dios los protege durante sus viajes, lo que hizo posible que volvieran a Antioquía e informaran lo que Dios hizo a través de ellos.

   Pablo está convencido de que la gracia de Dios ha estado activa a lo largo de toda su vida, desde su nacimiento (Gá. 1:15) hasta su carrera como apóstol de Jesucristo (Ef. 3:7, 8). Con libertad reconoce que sus logros se deben a la gracia de Dios. Nótese que escribe «soy lo que soy» y no «soy el que soy». Pablo se ve a sí mismo, no como una persona sino como un instrumento que Dios usa para promover la causa del evangelio (cf. Hch. 21:19).

   [b]. «Y la gracia que tuvo para conmigo no ha sido en vano». Pablo da gracias a Dios porque Dios le ha extendido su gracia. Tres veces en este versículo escribe la palabra gracia.

   Pablo vive, viaja y trabaja por la gracia de Dios. El Nuevo Testamento no nos da información del trabajo que otros apóstoles realizaron. Pero si consideramos las distancias que Pablo viajó para proclamar el evangelio, las iglesias que estableció y la forma en que cuidó de ellas, quedaremos asombrados de los notables resultados que pudo alcanzar en el corto período de dos décadas.

   La expresión griega kenē, que he traducido por «en vano» quiere decir «sin efecto», «sin lograr su meta». Cuando Pablo dice que en su vida la gracia de Dios no ha sido en vano, lo que afirma es que ha dado resultados extraordinarios. En este versículo, es muy específico, ya que declara dos veces que Dios le concedió su gracia: «la gracia que tuvo para conmigo … la gracia de Dios que ha estado conmigo». Pablo sabía que Dios había bendecido sus esfuerzos.

   [c]. «No obstante, he trabajado más que todos ellos». El adversativo no obstante se refiere a lo que Pablo dijo de ser el más insignificante de los apóstoles. Bajo todo punto de vista es impresionante la lista de cosas que sufrió por amor a Cristo. Estando en Éfeso trabajó haciendo carpas para mantenerse (Hch. 20:34). En la escuela de Tirano instruía diariamente a sus discípulos (Hch. 19:9). El resto del tiempo lo pasó predicando y enseñando públicamente de casa en casa (Hch. 20:20). Además, escribía cartas a los miembros de la iglesia de Corinto y también los visitó (5:9; 2 Co. 2:1–4).

   Tenemos una colección de trece cartas paulinas. Por consiguiente, en cuanto a la actividad literaria, Pablo sobresale entre los escritores epistolares del Nuevo Testamento. Pablo había sido entrenado en el arte de escribir cartas y sin temor predicaba el evangelio a judíos y gentiles. De hecho, Dios lo eligió como instrumento para llevar a cabo esta labor.

   Sin embargo, la cláusula «he trabajado más que todos ellos (=los apóstoles)» no debemos tomarla como queriendo apuntar a la labor combinada de los doce, sino a la labor de cualquiera de ellos.

   [d]. «Aunque no yo sino la gracia de Dios que ha estado conmigo». Que nadie se imagine que Pablo se arroga el crédito por la labor realizada. Rechaza toda gloria personal y agradece a Dios por sus dones. Glorifica a su Salvador y Señor. Lejos de ser indolente en su llamado, Pablo presenta los resultados de su trabajo a Dios. Con humildad reconoce que es por la gracia de Dios que ha podido realizar todo lo que ha hecho.

2° Titulo

Crecer En La Gracia De Nuestro Señor Y Salvador Jesucristo (2ª de Pedro 3:18. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.).

   Comentario: Crezcan en la gracia 3:18. Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea la gloria ahora y para siempre! Amén.

   Aquí está la última exhortación de Pedro, expresada en forma positiva y firme. Los creyentes ya están madurando espiritualmente, pero Pedro los anima a continuar haciéndolo ya que el proceso de crecimiento es la tarea que les corresponde. Este proceso no es un modo de vida pasiva, sino uno en que el creyente individual tiene una participación activa.

   Pedro especifica cómo debe crecer espiritualmente el creyente: “en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. En cierto sentido, Pedro reitera parte del saludo del principio de la epístola. Allí escribe: “Gracia y paz a ustedes en abundancia, mediante el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor” (1:2). ¿Pero está diciendo Pedro que los creyentes deben crecer en la gracia y el conocimiento que Jesús les da, o que los creyentes deben crecer en la gracia y en el conocimiento que tienen acerca de Jesucristo? Visto que la gracia y el conocimiento tienen su origen en Dios y son dados al creyente mediante Jesucristo, los comentaristas admiten que ambas interpretaciones son posibles. Por lo general, se inclinan hacia la primera explicación: Pedro insta a los creyentes a apropiarse de las cualidades espirituales de la gracia y del conocimiento que Jesús otorga. “El conocimiento de Cristo y el conocimiento acerca de Cristo son, si van a la par, tanto una salvaguardia contra la herejía y la apostasía como un medio para crecer en la gracia”. Resumiendo, Pedro exhorta a los cristianos a ser cada vez más como su Maestro dando manifestación a las características de él en sus propias vidas.

   Pedro termina su carta con una doxología. “¡A él sea la gloria ahora y para siempre! Amén”. Aquí tenemos una doxología dirigida a Cristo. En otras doxologías del Nuevo Testamento es Dios quien recibe la gloria (aunque vale la pena ver Ap. 1:5–6). Al adjudicarle la gloria a Cristo, Pedro indica que Jesús es divino y digno de alabanza en el presente y por la eternidad. La traducción literal de las palabras para siempre es “hasta el día de la era [de la eternidad]”. En la literatura apócrifa aparece una frase similar: “En el día de la eternidad” (Sir. 18:10).

   Este refrán singular parece estar relacionada con el día del Señor, en el cual el tiempo cósmico se disuelve en la eternidad (v. 8). En consonancia con muchos y variados manuscritos, damos fin a la doxología con un resonante Amén.

3er Título

Crecer En La Gracia Del Espíritu Santo (1a a los Corintios 12:4 al 12. Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. Porque, así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.).

   Comentario: (2) Diferentes dones, pero todos dados por Dios 12:4–6

   Si los primeros tres versículos de este capítulo se entienden como la introducción a la enseñanza acerca de los dones espirituales y del Espíritu Santo, entonces el siguiente párrafo es una elaboración detallada del tema. Pablo hace notar la variedad de dones y afirma que se originan en el Dios Trino: el Espíritu Santo, el Señor Jesucristo y Dios el Padre. Estos dones son diversos y Dios es el dador de cada uno. 4. Hay variedades de dones, pero el mismo Espíritu. 5. Hay variedades de ministerios, pero el Señor es el mismo. 6. Y hay variedades de actividades, pero el mismo Dios está obrándolo todo en todos.

   Si para concentrarnos en los sustantivos de estos versículos suprimimos por un momento la repetición de las expresiones hay variedades y pero es el mismo, descubrimos el siguiente arreglo:

Hay variedades de dones — ministerios — actividades, pero el mismo Espíritu [Santo]—Señor [Jesús]—Dios [Padre] está obrándolo todo en todos.

   Podemos hacer tres pares: dones y Espíritu, ministerios y Señor, actividades y Dios. La frase «todo en todos» sirve de conclusión. Para decirlo de otro modo, en relación con el Espíritu hay variedades de dones; en relación con el Señor esos dones son ministerios; y en relación con Dios son actividades. Miremos ahora el pasaje versículo por versículo.

   [a]. «Hay variedades de dones, pero el mismo Espíritu». El término variedades está en plural para revelar la forma tan completa en que la gracia de Dios se ha propagado en el pueblo de Dios. Quiere decir que estos dones tenían funciones distintas y que estaban ampliamente distribuidos entre la comunidad cristiana. De tal manera que, cada creyente tiene algún don o dones, pero nunca los posee todos (véase 1 P. 4:10). La palabra variedades quiere decir que la iglesia de Cristo tiene unidad y diversidad. Pensemos, por ejemplo, en un árbol bien formado. Aunque el árbol produce una multitud de hojas, ninguna es igual. De la misma forma, la iglesia refleja unidad en su totalidad, pero uniformidad en sus partes. La iglesia ha sido bendecida con una variedad de dones que reflejan la diversidad y que contribuyen a la unidad.

   ¿Qué son estos dones? En el versículo introductorio (v. 1), Pablo mencionó los pneumatikōn (=dones espirituales), pero ahora los llama jarismata (=dones de gracia). En este capítulo, Pablo muestra nueve dones como ejemplos: sabiduría, conocimiento, profecía, fe, sanidades, milagros, discernimiento espiritual, hablar en lenguas, interpretación de lenguas (vv. 8–10, 28; cf. Ro. 12:6–8). No obstante, Pablo no intenta ser exhaustivo ni completo. De hecho, el número de dones mencionados en el Nuevo Testamento llega sólo a unos veinte.

   La oración hay variedades de dones se anexa a pero el mismo Espíritu. Nótese que Pablo no dice del mismo Espíritu, implicando así que el Espíritu es el único que reparte estos dones. El hecho es que las tres personas de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) dan dones al pueblo de Dios (p. ej., Ef. 4:8). Pablo usa el adversativo, pero en la segunda oración de este versículo (v. 4) para contrastar la variedad de dones y la igualdad del Espíritu.

El Espíritu capacita a los miembros de la iglesia de Cristo a recibir, desarrollar y aplicar estos dones en unidad. Cualquiera sea el don, es el mismo Espíritu el que está obrando en la vida del creyente. Dado que el Espíritu Santo está detrás de cada don que se distribuye al pueblo del Señor, no debería darse ningún orgullo ni división entre los corintios. El Espíritu no es promotor de divisiones, sino de unidad.

   [b]. «Hay variedades de ministerios, pero el Señor es el mismo». En este versículo (v. 5), Pablo enseña que el Señor Jesucristo es el responsable por la diversidad de dones ministeriales que hay en la comunidad cristiana. La palabra griega diakoniōn realmente apunta a servicios que se entregan dentro del contexto de la iglesia. Las palabras españolas diácono y diaconado son derivados que se empapan del espíritu de servicio al cuerpo de Cristo. Los servicios que se prestan no tienen límite. De esta infinita multitud voy a mencionar tres: una persona predica el sermón, otra enseña en la escuela dominical y otra canta en el coro. Cristo equipa a cada persona para que le sirva en adoración, evangelización, enseñanza, consejería, administración y gobierno.

   Nadie debería jactarse de haber recibido un don más grande o una posición más eminente que otros miembros, porque todos los dones y posiciones los da el Señor. La noche que fue arrestado, el Señor lavó los pies de sus discípulos y dijo: «Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. Ciertamente les aseguro que ningún siervo es más que su amo, y ningún mensajero es más que el que lo envió» (Jn. 13:15, 16). El servicio en la iglesia y en la comunidad debe prestarse en el espíritu de Jesús, quien dota y energiza a su pueblo con talentos y habilidades. Jesús es el mismo para cada creyente y no muestra favoritismo alguno. Reconoce completamente el servicio que cada uno realiza, cualquiera que sea, cuando se hace con humildad y para él (Mt. 25:34–40).

   [c]. «Y hay variedades de actividades». ¿Qué son estas variedades de actividades? La palabra griega energēmata («actividades») aparece dos veces en el Nuevo Testamento (vv. 6 y 10). En el versículo 6, la palabra se conecta con el concepto de dones, mientras que en el versículo 10 quiere decir poderes milagrosos. El español tiene palabras con esa raíz: enérgico, energía, energético. Aquí señala a acciones que son el resultado del poder energizante de Dios. Ilustrémoslo de esta manera: puede que el pastor haya preparado muy bien su sermón para el domingo, pero se comunicará bien sólo cuando Dios le conceda el poder para predicar. El pastor depende por completo del que lo envió para obtener poder para predicar, y reconoce que sirve a Dios como su portavoz cuando predica en el culto del domingo.

   [d]. «Pero el mismo Dios está obrándolo todo en todos». Dios envía a su pueblo para que sean sus siervos en innumerables situaciones. El reino de Dios no tiene fronteras y sus ciudadanos residen donde sea que el Señor lo coloque. Dios pone a su pueblo en todo sector y segmento de la sociedad, para que den a conocer su verdad en todo lugar. Quiere que su pueblo ministre a todos los que sufren: hombres, mujeres y niños. Les da su poder para sanar un mundo destrozado que necesita ayuda física, emocional, espiritual y material.

Consideraciones prácticas en 12:4–6

   La comunidad cristiana tiene una variedad sorprendente e innumerable de dones y talentos. Por ejemplo, algunos tienen el don de hablar en público, de cantar o tocar un instrumento, de enseñar, aconsejar, de desarrollar arte creativo o de componer música o poesía. Sin ser entrometidos, los creyentes con frecuencia hacen una gran contribución al bienestar de la sociedad. Por sus talentos y habilidades, pueden liderar en muchas áreas de la vida pública y privada.

   Jesús ha colocado a su pueblo en posiciones estratégicas por todo el mundo. Los llama a usar sus talentos para la venida de su reino y la extensión de su iglesia. Quiere que su pueblo use sus dones para el bien común de la humanidad. A través del ministerio mundial de sus siervos, Jesús da a conocer su nombre a todas las naciones, razas y pueblos en todos los idiomas del mundo. El nombre más conocido en todo el mundo es el nombre de Jesús.

   El pueblo de Dios jamás debe usar sus talentos y dones para su propia satisfacción e intereses particulares, aunque los portadores de esos dones se beneficien grandemente por ellos. El cristiano peca contra Dios y le desobedece, si permiten que semejante egoísmo ocurra. Dios manda a sus siervos que salgan en su nombre para servirle dondequiera que él los coloque. Muchas veces esto requiere decidir dejar atrás parientes, amigos y posesiones. Dios les promete darles como herencia cien veces más en esta vida y la vida eterna (Mt. 19:29).

(3) Dones para el bien común 12:7–11

   Versíc. 7. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el bien común.

   Con demasiada frecuencia se cree que son los pastores, los evangelistas y los misioneros los únicos que han recibido dones especiales. La gente a menudo hace una distinción entre una ocupación secular y una sagrada. Se cree que el servicio al reino lo realizan los que han sido ordenados para servir al Señor en ministerios especiales.

   Pablo escribe que cada creyente recibe la manifestación del Espíritu. Como el Espíritu Santo mora en cada creyente (6:19), hace sentir su presencia por medio de algún don. De una forma u otra, el Espíritu Santo se revela en la vida de cada creyente. Esto no quiere decir que cada creyente tiene sólo un don. Por ejemplo, Pablo mismo había recibido el don de la continencia y el de hablar en lenguas (7:7; 14:18).

   La frase la manifestación del Espíritu podría ser un genitivo objetivo o subjetivo. Si es objetivo, quiere decir una acción que revela la presencia del Espíritu. Si es subjetivo, apunta a una acción que el Espíritu genera. En vista del verbo pasivo es dada, quizá debiéramos aceptar la interpretación objetiva, ya que el verbo implica que Dios es el que da los distintos dones.

   La evidencia de la presencia del Espíritu en la vida del creyente sirve al bien común de toda la comunidad. El Espíritu usa los dones de cada creyente para la edificación de la iglesia (cf. Ef. 4:12), la cual es un tema que Pablo aplica más adelante a su discusión del uso de las lenguas (14:4). La intención aquí es promover el bien común, lo cual prohíbe que el cristiano use sus dones para beneficio personal. Pablo no niega que un don pueda ser de beneficio para el que lo posee,16 pero Dios confiere sus dones a su pueblo para que todos sean edificados (14:26).

   Versíc. 8. A uno le es dada una palabra de sabiduría mediante el Espíritu, a otro una palabra de conocimiento según el mismo Espíritu.

   ¿Cómo se manifiesta el Espíritu Santo? En los dones que Dios reparte en su pueblo. Pablo cita un total de nueve dones representativos (vv. 8–10), una lista que no pretende ser exhaustiva. Es difícil de saber si trata de categorizarlos. Los estudiosos intentan diferenciar los dones que son temporales de los que son permanentes, los verbales de los no verbales, los importantes de los menos importantes. Una triple división atractiva de los dones es la siguiente:

  1. Pedagógicos: sabiduría y conocimiento
  2. Sobrenaturales: fe, sanidades y milagros
  3. Comunicativos: profecía, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación de lenguas.

   Pablo usa una variedad de palabras en el griego de los versículos 8–10. Aparentemente, sólo se interesa en la diversidad estilística y no en hacer distinciones. Por ejemplo, al referirse al Espíritu usa las preposiciones mediante, según y por sólo para variar la forma de expresión.

   Además, aunque son nueve dones, al único que se le llama don es al de sanidad (v. 9). Por cierto, que damos por sentado que Pablo hace uso de su libertad como autor de esta carta al escoger su vocabulario.

   [a]. «A uno le es dada una palabra de sabiduría mediante el Espíritu». La sabiduría es el primero de los dos dones pedagógicos. Dios da este don de sabiduría y comunica su contenido por medio del Espíritu Santo. Literalmente, el griego dice: «palabra de sabiduría»; otros traductores colocan: «que hablen con sabiduría» (VP, cf. BP, CB, LT). El don tiene que ver con la habilidad de hablar sabiduría divina, la cual los creyentes reciben a través del Espíritu Santo (cf. 2:6, 7). Se contrasta la sabiduría divina con la humana (1:17, 20, 25).

   En Jesús se cumplió la profecía de Isaías, quien decía que el Espíritu de sabiduría descansaría sobre el Mesías (Is. 11:2). Jesús creció en sabiduría (Lc. 2:52). Esteban estaba lleno de sabiduría y del Espíritu (Hch. 6:10), siendo un ejemplo de cómo Jesús cumplió su promesa de que daría sabiduría a sus discípulos. Por último, Santiago les dice a sus lectores que, si alguno tiene falta de sabiduría, debe pedírsela a Dios, quien la imparte con generosidad sin reprochar ninguna cosa (Stg. 1:5). Los creyentes deben con fe pedir sabiduría, y Dios se las dará.

   [b]. «A otro una palabra de conocimiento según el mismo Espíritu». El segundo don pedagógico es el conocimiento. En esencia, se trata de «un conocimiento íntimo y personal de Dios que no depende del intelecto sino del amor, que depende del conocimiento que Dios tiene del hombre».18 El término denota afinidad y apunta a una relación personal que existe entre Dios y el redimido en Cristo. Dios imparte este conocimiento por medio de su Espíritu y debe usarse dentro de la comunidad cristiana para el beneficio de todos sus miembros. Se expresa en el saber, entender y explicar al pueblo la revelación de Dios en la Escritura y en la creación.

   Sabiduría y conocimiento son dones que se traslapan. Aquí Pablo los coloca juntos y alude a una discusión anterior sobre estos dos temas (2:6–16). A lo largo de esta carta, Pablo usa repetidamente la palabra conocimiento, cuyo significado varía según el contexto.

   Versíc. 9. A otro le es dada fe por el mismo Espíritu y a otros dones de sanidad por un solo Espíritu.

[a]. «A otro le es dada fe por el mismo Espíritu». El tercer don es la fe. Junto con los milagros y las sanidades, pertenece a la categoría de dones sobrenaturales. Como todo verdadero creyente tiene fe en Jesucristo, Pablo no se refiere a la fe salvadora. Más bien se refiere a la convicción completa y firme de que Dios va a realizar un milagro.

   Jesús les dijo a sus discípulos que, si tenían fe como un grano de mostaza, podrían mover montañas (Mt. 17:20; 1 Co. 13:2). Con la llegada de Pentecostés, los apóstoles mostraron tener esa fe. Por ejemplo, Pedro y Juan valientemente se opusieron a los miembros del Sanedrín, predicaron el evangelio y en el nombre de Jesús sanaron a un lisiado (Hch. 3:1–4:2). Pablo obedeció la palabra de Jesús que lo enviaba a testificar en Roma (Hch. 23:11). La fe de Pablo no vaciló cuando vino una tormenta en el Mar Mediterráneo y todos los que estaban a bordo del barco perdieron toda esperanza de conservar la vida. Por el contrario, animó a la tripulación y a los pasajeros diciéndoles que confiaran en Dios, porque todos estarían a salvo y lograrían llegar a una de las islas (Hch. 27:23–26, 34).

   Un número incontable de creyentes ha demostrado su confianza en Dios, y su fe ha sido recompensada en formas milagrosas. El autor de Hebreos presenta una lista de los héroes de la fe del Antiguo Testamento (Heb. 11), la cual tiene su contraparte no escrita en los tiempos del Nuevo Testamento. Aquel autor pasa por alto la fe de Elías, pero Santiago menciona su nombre y dice que era un hombre como cualquiera de nosotros (Stg. 5:17, 18). Por lo tanto, el don especial de la fe no se limita a un profeta del Antiguo Testamento ni a un apóstol del Nuevo.

   [b]. «Y a otros dones de sanidad por un solo Espíritu». Los dones de la fe y de sanidad están íntimamente relacionados. Santiago escribe que la oración de los ancianos de la iglesia que oran con fe sanará al enfermo (Stg. 5:14, 15). Cuando los ancianos reclaman las palabras escritas por Santiago y confían que Dios oirá su oración ferviente, con frecuencia se produce el milagro de la sanidad. No obstante, es bueno que digamos dos palabras de cautela: primero, los ancianos no deben suponer que han recibido en forma permanente un don que los capacita para sanar a cualquier miembro de la iglesia que esté enfermo. Segundo, a pesar de oraciones elevadas con fervor y fe, Dios puede decidir que no va a devolverle a alguien la salud y fuerza que antes tenía.

   En los primeros años de la iglesia cristiana, no sólo los apóstoles, sino que también los diáconos recibieron la habilidad de sanar. En aquel tiempo, los apóstoles sanaron a todos los enfermos que acudieron a ellos (Hch. 5:16b). Pedro sanó a la gente tocándolas con su sombra (Hch. 5:15, 16). Esteban y Felipe hicieron milagros de sanidad en Jerusalén y Samaria (Hch. 6:8; 8:6, 7). En la ciudad de Listra, en Asia Menor, Pablo sanó a un cojo (Hch.14:8–10) y, sin embargo, él mismo estaba afligido de una dolencia que él llamaba una espina en la carne. Aunque Pablo le rogó al Señor que lo sanara, Jesús le respondió: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Co. 12:9).

   Además, en sus epístolas Pablo admite indirectamente no haber podido sanar a Epafrodito (Fil. 2:27), a Timoteo (1 Ti. 5:23) o a Trófimo (2 Ti. 4:20). ¿Por qué el Señor no le dio a Pablo la habilidad de sanar a sus amigos? La respuesta está en el fin para el cual se sana un enfermo. El Nuevo Testamento enseña que las sanidades por lo general se realizaban para fortalecer la fe y ampliar el círculo de creyentes. En algunas circunstancias, Dios no sanará a un enfermo para sólo promover su bienestar físico.

   Hoy en día los creyentes no poseen el don de sanidad que los apóstoles tenían en el tiempo de la naciente iglesia del Nuevo Testamento. En nuestra época cuando los creyentes oran con fe y esperan una respuesta divina, por lo general no se produce ninguna sanidad. Dios puede elegir sanar a una persona mediante la medicina y los cuidados físicos o no sanarla de ningún modo. Los creyentes que oran por los enfermos y ven que la oración los sana, no deberían jactarse de que tienen el don de sanidad. Ningún cristiano puede reclamar tener un don en forma permanente, sino que debe darle a Dios toda la gloria y el honor por sanar a los enfermos. Cuando no hay respuesta inmediata, los creyentes deben seguir orando y no deben dejar de pedir ayuda en tiempos de necesidad (Heb. 4:16).21 La sanidad se produce porque Dios responde a las oraciones que los creyentes elevan con fe. Los creyentes reconocen que Dios hace el milagro de sanar al enfermo como respuesta a la oración. Los creyentes oran sabiendo que «la oración del justo es poderosa y eficaz» (Stg. 5:16b).

   Versíc. 10. Y a otro le son dadas actividades que producen milagros, a otra profecía, y a otro el distinguir espíritus, a otros diferentes tipos de lenguas, a otra interpretación de lenguas.

   [a]. «Y a otro le son dadas actividades que producen milagros». Este es el tercer don de la lista de dones sobrenaturales. Si el don de sanidad es un don transitorio, lo mismo sucede con el don de hacer milagros. A lo largo de la Escritura, los milagros son actos sobrenaturales que ocurren en forma contraria a las leyes de la naturaleza. Dios interviene temporalmente en la naturaleza mediante un milagro. El hombre es el instrumento y Dios es quien lo realiza.

   El Antiguo Testamento nos informa de que, por medio de Moisés, Dios realizó milagros antes y durante el éxodo de Egipto.22 Después del éxodo, el sol se detuvo cuando los israelitas conquistaron Canaán (Jos. 10:13). Cuando Elías y Eliseo sirvieron al Señor como profetas, ocurrieron muchos milagros. Los tres amigos de Daniel caminaron sin ser destruidos por las llamas del horno, y Daniel mismo estuvo a salvo en la cueva de los leones (Dn. 3:19–27; 6:16–23).

   En el Nuevo Testamento, el ministerio terrenal de Jesús se caracterizó por numerosos milagros que iban desde las sanidades, exorcismos y resurrecciones, hasta la alimentación de multitudes. Durante el ministerio de Jesús ocurrieron más milagros que en cualquier otro período de la historia bíblica. El milagro supremo de la resurrección de Jesús fue seguido por su ascensión. Aparte de narrar sanidades, una ceguera temporal, un exorcismo y resurrecciones, el libro de Hechos sólo relata los milagros de la liberación de los apóstoles de la cárcel (Hch. 5:19; 12:6–10; 16:22–28).

   Cuatro observaciones son pertinentes: Primero, cuando Pablo escribe que los milagros son parte de los dones sobrenaturales (véase también vv. 28, 29), no insinúa que cada creyente recibe el poder para hacer milagros. Más bien explica que el don de hacer milagros era una de las marcas distintivas de un apóstol (2 Co. 12:12). Segundo, el Nuevo Testamento enseña que, en la iglesia apostólica, Dios obró milagros solamente para confirmar el mensaje del evangelio (Hch. 6:8; 8:7; 13:6–12; Heb. 2:4). Tercero, de cuando en cuando los dones de efectuar sanidades y de hacer milagros parecieran traslaparse en el Nuevo Testamento, aunque se debe hacer una distinción entre milagros en la naturaleza y aquellos que tienen que ver con el cuerpo humano. Por último, pareciera que a fines de la era apostólica los milagros en la naturaleza llegaron a su fin.

   [b]. «A otro profecía». El don de profecía ocupa el primer lugar entre los dones de comunicación, seguido por el discernimiento de espíritus, las lenguas y la interpretación de lenguas. ¿Cuán importante era la profecía en la iglesia cristiana primitiva y especial en Corinto? En un capítulo anterior (11:4, 5), Pablo declaró que un hombre que ora y profetiza no debería hacerlo con la cabeza cubierta. En cambio, la mujer debe cubrirse la cabeza cuando ora y profetiza en el culto público. Pablo parece sugerir que el orar y el profetizar van de la mano (1 Ts. 5:17–20), pero no coloca la oración dentro de los dones espirituales. Para ser exactos, cuando habla de los dones menciona la profecía y el hablar en lenguas, lo que en un sentido es como orar (cf. 14:13–17). «La profecía y la oración no son la misma cosa, pero están muy conectadas».

   El presente pasaje afirma que no todos los creyentes reciben el don de profecía, sino que Dios lo distribuye entre su pueblo. Dios controla a la persona que ocasionalmente le sirve como portavoz, sea para predecir (p. ej., Agabo, Hch. 11:28; 21:11) o con más frecuencia para revelarle a la iglesia la voluntad de Dios (Ef. 4:11). Pablo escribe que algunas personas de la iglesia de Corinto reciben una revelación de Dios para instruir y animar a los creyentes (véase 14:30). Con todo, Pablo dice que las afirmaciones proféticas que declaren están sujetas al concienzudo examen de otros (14:32). Con esto da a entender que los profetas no están por sobre la iglesia, sino que son miembros de su comunidad cristiana y están sujetos a ella. La congregación debe examinar las declaraciones proféticas a la luz de las Escrituras, así como los hermanos de Berea examinaron con cuidado las enseñanzas de Pablo para determinar si eran verdaderas (Hch. 17:11). La Escritura es la norma para los profetas y la iglesia.

   Al darnos el último libro del Nuevo Testamento, Dios completó el canon de la Escritura (Ap. 22:18, 19) y ya no entregó más revelación canónica. Antes de cerrar el canon, las profecías predictivas tenían un significado transitorio (cf. Hch. 11:28; 21:11). Había profetas que no predecían, sino que explicaban y enseñaban las Escrituras exhortando a los miembros de la iglesia.

   [c]. «Y a otro el distinguir espíritus». Esta breve oración introduce el segundo de los dones de comunicación. Este don está conectado con el don de profecía. Pablo declara que algunos creyentes han recibido el don de distinguir espíritus. En otro pasaje (14:29), afirma que las profecías deberían ser examinadas y evaluadas. Pero estos dos pasajes no tienen el mismo significado y no deberían usarse para explicar uno con la ayuda del otro.

   Uno puede discernir el poder e influencia de los espíritus poniendo atención a sus palabras, obras y apariencia. Primero, el diablo comunica información falsa. Presentándose como ángel de luz (2 Co. 11:14), Satanás engañó a Eva con un mensaje distinto al que Dios le había entregado a su esposo (Gn. 2:16,17; 3:1, 4, 5). El profeta Micaías le reveló a los reyes de Israel y Judá que un espíritu de mentira había hablado por boca de todos los profetas de Israel (1 R. 22:21–23; 2 Cr. 18:20–22). Jesús discernió que era Satanás quien le hablaba, cuando Pedro le reprochó haber dicho que tenía que morir (Mt. 16:23). Pablo identificó a Bar-Jesús como hijo del diablo (Hch. 13:10) y después pudo percibir que la predicción de la joven esclava eran palabras emitidas por espíritus malignos (Hch. 16:18). Por último, a causa del mensaje de falsos profetas, Juan tuvo que aconsejar a sus lectores que pusieran a prueba los espíritus (1 Jn. 4:1–3).

   Segundo, Satanás y sus huestes son capaces de hacer milagros. A fin de engañar a la gente, Satanás realiza «toda clase de milagros, señales y prodigios falsos» por medio del hombre de maldad (2 Ts. 2:9, 10). Jesús predijo que en los últimos días falsos cristos y profetas harán grandes milagros para, si fuera posible, engañar a los elegidos (Mt. 24:24). La bestia que sale de la tierra habla como Satanás, ejerce toda autoridad, realiza milagros, hace descender fuego del cielo y engaña a la gente que vive en la tierra (Ap. 13:11–14).

   Finalmente, el diablo se introduce en la comunidad cristiana por medio de falsos maestros (Jud. 4; 2 P. 2:1, 2). Cuando la conducta de algunas personas difiere de las normas prescritas en la Escritura, los que tienen el don de discernimiento deben levantarse para separar la verdad de la mentira. Como analogía podríamos mencionar al cajero de un banco, que sabe detectar dinero falso por el sólo hecho de conocer muy bien el verdadero. Cuando aparece un billete o moneda falsa, el cajero lo detecta de inmediato. De la misma forma, personas que tienen el don de discernimiento están llenas del Espíritu Santo y en forma instantánea reconocen el espíritu de falsedad. Así como el cajero usa sus talentos para el bienestar del banco, del mismo modo el hombre espiritual usa el suyo para proteger a los creyentes.

   [d]. «A otros diferentes tipos de lenguas, a otros interpretación de lenguas». Los últimos dos dones de comunicación, junto con el de profecía, parece que eran causa de considerable controversia en Corinto. En la última sección del presente capítulo (vv. 28, 30) Pablo repite la lista de dones y después dedica un capítulo (14) completo a ellos.

   La palabra lengua puede apuntar a un idioma conocido (Hch. 2:6, 8, 11) o a la glosolalia (1 Co. 14:2, 4, 28). En esta carta, la palabra puede tener cualquiera de esos dos significados, dependiendo del contexto. En una ciudad comercial como Corinto, había gran demanda de traductores por la abundante presencia de visitantes internacionales y de residentes temporales que hablaban varios idiomas. Por otra parte, la congregación de Corinto también experimentaba el fenómeno del hablar en lenguas. La glosolalia se refiere a un acto de adoración a Dios. En el caso que estuviesen presentes otros creyentes, para su beneficio debía interpretarse el mensaje. Para promover la reverencia en el servicio público, Pablo exigía que el hablar en lenguas fuese edificante, ordenado y controlado.

   Notemos que Pablo escribe la expresión tipos de lenguas. Esto apunta tanto a una variedad de idiomas conocidos (14:9, 10) como a la glosolalia. El apóstol atribuye todas estas lenguas y su interpretación a la obra del Espíritu Santo (vv. 7, 11). De este modo, indica que el Espíritu le da al que interpreta las lenguas la habilidad de entenderlas y de comunicar el significado de lo que se dice.

   Versíc. 11. El único y mismo Espíritu hace todas estas cosas, repartiéndolas a cada uno individualmente como él quiere.

[a]. «El único y mismo Espíritu». A lo largo de los primeros once versículos de este capítulo, Pablo subraya la obra del Espíritu Santo. Afirma que una confesión genuina del señorío de Cristo sólo puede venir del Espíritu Santo (v. 3). Aunque todas las personas de la Trinidad dan dones espirituales, ahora Pablo da a entender que estos dones se canalizan a través del Espíritu. De esta manera, hace notar que el Espíritu es el agente (v. 4). A menudo coloca la expresión el mismo delante de Espíritu (vv. 4, 8, 9), y en este último versículo es aún más descriptivo, diciendo «el único y mismo Espíritu». Pablo recalca que cada uno de los nueve dones tiene su origen en el Espíritu Santo. Implica que el Espíritu prohíbe que quienes reciben estos dones se jacten como si fueran superiores o merecieran reconocimiento.

[b]. «El … mismo Espíritu hace todas estas cosas». El Espíritu es la fuente de los dones y el poder que energiza a los creyentes. Es él quien respalda esos dones y capacita a quienes los reciben para usarlos con eficiencia para el bien de la comunidad (1 P. 4:10).

[c]. «Repartiéndolas a cada uno individualmente como él quiere». Ninguna persona en la comunidad cristiana recibe todos los dones ni nadie está sin siquiera uno. Pablo afirma con claridad que el Espíritu Santo reparte a cada uno en la iglesia cristiana. A uno le da un don, a otro le da otro. El Espíritu no pasa por alto a nadie, de manera que la totalidad de talentos en la iglesia constituye una rica reserva de habilidades y destrezas.

[d]. «Como él quiere». Con esta última oración, Pablo enseña que el Espíritu Santo no es sólo un poder impersonal, sino una persona con identidad divina. El Espíritu ejerce su prerrogativa de determinar y distribuir los dones individuales a los creyentes, aunque el cristiano tiene el privilegio de orar y pedirlos. El Espíritu de Dios sabe lo que la iglesia necesita y, por tanto, distribuye sus dones sabia y efectivamente.

Consideraciones prácticas en 12:8–11

   Cuando los creyentes individuales reclaman haber recibido una palabra de sabiduría o de conocimiento, o una profecía de parte del Señor, los demás creyentes no quedan muy convencidos. Afirmando que el Señor le dijo lo que debía hacer o decir, una persona puede usar una palabra del Señor para callar a un opositor o influir en el auditorio. Hay que reconocer que decir que uno ha recibido una palabra de sabiduría o conocimiento es algo muy subjetivo. Cuando una persona recibe una palabra de sabiduría o conocimiento, la recibe siempre dentro de su corazón y no hay quien pueda examinar dicho acontecimiento en forma objetiva. Además, los mensajes personales muchas veces están influenciados por emociones humanas.

   Cuando Pablo hace una lista de dones espirituales, no les da a las expresiones palabra de sabiduría y palabras de conocimiento un valor sobrenatural. Más bien usa palabras corrientes para comunicar el significado obvio de que alguien es capaz de hablar sabiamente y con conocimiento. La Biblia enseña que, si un creyente le pide a Dios sabiduría, Dios le dará ese don sin reprocharle nada (Stg. 1:5). Dios guía al creyente para que hable con discernimiento e informadamente acerca del asunto que tiene delante. Por tanto, los demás cristianos le escuchan y con cuidado evalúan lo que se dice. Cuando esto ocurre, los creyentes dan testimonio de que Dios le ha concedido al que habla el don de la sabiduría divina.

  1. El cuerpo 12:12–31

   En la primera parte de este capítulo, Pablo escribió acerca del Espíritu Santo y los dones espirituales que distribuye a los creyentes. En la segunda parte, habla acerca de la iglesia considerándola no como una agrupación de individuos, sino como una unidad. Presenta a la iglesia usando la figura del cuerpo humano, que en sí está entre las creaciones más maravillosas de Dios. A Pablo, la ilustración del cuerpo humano le sirve para mostrar la diversidad que sirve a la unidad.

(1) El cuerpo y el Espíritu (para mayor comprensión del texto mencionado) 12:12–13

   Versíc. 12. Porque, así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, son un cuerpo, así también Cristo.

   [a]. «Porque, así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros». Pablo usa la conjunción porque para crear un puente entre el presente pasaje y el versículo anterior y elabora su enseñanza. En el párrafo anterior, Pablo hizo notar que los miembros individuales de la iglesia reciben una variedad de dones espirituales. Se refirió al árbol, pero no puso atención en el bosque. Ahora toma en cuenta a la totalidad de los miembros individuales, hace referencia al cuerpo y demuestra su unidad básica.

   Pablo compara al cuerpo humano (vv. 14–16) con Cristo. Lo que uno espera es que compare al cuerpo con la iglesia, no al cuerpo con Cristo, pero para él la iglesia es el cuerpo de Cristo (v. 27). En otra parte, Pablo escribe que Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo (Ef. 1:22, 23). En suma, con la palabra Cristo Pablo presenta una idea teológica comprimida en la que aparece el cuerpo y la cabeza juntos. Pablo usa una figura de dicción llamada metonimia, en la cual una parte representa al todo. En otras palabras, Cristo representa a la iglesia entera. El Señor se identifica completamente con la iglesia, como es obvio por la pregunta que Jesús le hiciera a Pablo en el camino a Damasco: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» (Hch. 9:4). Jesús enseñó que él y su pueblo son uno (Mt. 10:40; 25:45).

   [b]. «Y todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, son un cuerpo, así también Cristo». El cuerpo humano es un organismo altamente diversificado. Cada miembro tiene su propia función, pero también contribuye a que todo el cuerpo pueda funcionar. Así ocurre con el cuerpo de Cristo, en el cual cada miembro ha recibido algún don espiritual. Los dones no han sido diseñados para servir a los individuos sino a toda la iglesia.

   Versíc. 13. Pues, por cierto, por un Espíritu todos hemos sido bautizados en un cuerpo, seamos judíos o griegos, esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber de un Espíritu.

   Este texto presenta un número de dificultades que surgen de las expresiones por un Espíritu, bautizados, en un cuerpo, y a todos se nos dio a beber. La combinación de estos términos es única. ¿Qué quería Pablo decir cuando escribió que todos nosotros somos bautizados por un Espíritu? ¿Qué se quiere decir con aquello de dar a beber a todos de un Espíritu? Comentamos las expresiones en cursiva, admitiendo que no es posible resolver todos los problemas.

   [a]. Por un Espíritu. El texto griego usa la preposición en que puede traducirse «por» o «en». La mayoría de los traductores prefieren por en el sentido de medio o agencia. Se cree que esta es la mejor interpretación, ya que evita la torpeza de tener juntas a dos frases preposicionales muy similares en la misma oración: «en un Espíritu … en un cuerpo». Prefiero traducir por.

   Por otro lado, algunos traductores creen que la preposición griega en denota esfera o lugar y, por tanto, traducen «en». Argumentan de que en el Nuevo Testamento jamás se dice que el Espíritu sea el agente que bautiza. Lo que se afirma es que el Espíritu es la esfera a la cual entra el candidato al bautismo. Los Evangelios declaran que Jesús bautiza con el Espíritu Santo (Mr. 3:11; Mr. 1:8).

   [b]. Bautizados. Cuando Pablo escribe «todos hemos sido bautizados», ¿se refiere a un bautismo literal o figurado? Si la expresión se entiende en forma literal, Pablo apunta al agua del bautismo. Con todo, el verbo bautizar a menudo se usa en forma figurada. Por ejemplo, Jesús les preguntó a Jacobo y a Juan si eran capaces de ser bautizados con un bautismo similar al suyo (Mr. 10:38). Jesús no se refiere a su bautismo en el río Jordán, sino a su muerte en la cruz (véase también Lc. 12:50; Hch. 1:5 y 1 Co. 10:2). Es preferible concluir que Pablo usa el bautismo en sentido figurado.

   Pablo escribe «todos hemos sido bautizados» y «a todos se nos dio a beber de un Espíritu». Estas palabras se extienden a un círculo mucho más amplio que el de la comunidad de Corinto, se extiende hasta abarcar a todos los creyentes. Esto quiere decir que todos los creyentes verdaderos en Cristo Jesús han sido bautizados por el Espíritu Santo. El texto enseña que, mediante el Espíritu Santo, los creyentes regenerados son incorporados a un cuerpo, pero nada dice de algún subsiguiente bautismo en el Espíritu.

   Algunos estudiosos interpretan el texto como si apuntase al sacramento del bautismo y la Cena del Señor. Pero es difícil de mantener esta posición. Primero, en el presente contexto Pablo no da ninguna indicación de estar empezando alguna discusión sobre los sacramentos. Segundo, el texto simplemente no alude al agua del bautismo. Tercero, la idea de que la expresión se nos dio a beber se refiere a la acción de beber de la copa de la Santa Cena, carece de apoyo. Por último, el tiempo verbal del verbo griego da la idea de que se habla de una sola acción de beber, lo que no cuadra con la observancia periódica de la Comunión.

   El argumento de este versículo insinúa que en el bautismo llegamos a ser miembros vivos de la iglesia al convertirnos. Cuando la regeneración espiritual se produce, la gente entra al cuerpo de Cristo, esto es, a la iglesia. Lo que nos introduce a una relación viva con Cristo no es la observancia externa del agua bautismal, sino que la transformación interna del Espíritu Santo.

   [c]. En un cuerpo. Aquí Pablo recalca la unidad de la iglesia en sus formas diversas. Hace notar las diferencias raciales, culturales y sociales que existían en Corinto: había judíos y griegos, esclavos y libres. No importa cuál fuera la posición que tuvieran en la sociedad, estas gentes se reunían para adorar a Dios en una iglesia. Si la iglesia practica la discriminación, estaría en contraste directo con la ley del amor. Toda la gente que ha sido renovada espiritualmente en Cristo son iguales unos con otros.

   En la frase en un cuerpo, la preposición en quiere decir hacia el interior de, y apunta a un movimiento desde afuera hacia dentro. Aquellos que han sido regenerados por el Espíritu Santo abandonan el mundo y se convierten en miembros vivos de la iglesia. «Para Pablo, hacerse cristiano y convertirse en un miembro del cuerpo de Cristo son sinónimos».

   [d]. A todos se nos dio a beber. En este versículo (v. 13) aparece dos veces el adjetivo todos, y su fin no es indicar que la experiencia cristiana tiene dos etapas distintas, sino reforzar lo que se dice sobre el nuevo estado del cristiano. De hecho, el versículo mismo, «no permite que interpretemos el bautismo como si requiriese ser complementado por algún otro rito subsiguiente, para poder impartir el Espíritu». Por esta razón, Pablo vuelve a usar la expresión un Espíritu y dice que a todos los creyentes se les ha dado de beber de este solo Espíritu. Los verbos bautizar y beber tienen mucho en común. El paralelo en las epístolas de Pablo nos entrega una fraseología similar: «porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús» (Gá. 3:27, 28).

   En los pasajes de Corintios y Gálatas, Pablo subraya la unidad que la iglesia tiene en Cristo Jesús, sin importar las diferencias raciales, culturales, sociales y sexuales. Pablo afirma que todos han sido bautizados por un Espíritu en Cristo. Ahora añade que a los creyentes se les ha dado a beber del Espíritu (v. 13) y que se han revestido de Cristo (Gá. 3:27). Así como los cristianos se visten de Cristo, así también están saturados del Espíritu Santo. El verbo griego potizō puede significar «dar de beber» (Mt. 25:35) o «irrigar» (1 Co. 3:6–8).45 El segundo significado es apropiado aquí, ya que Jesús conectó al Espíritu Santo con el concepto de agua viva que fluye del creyente (Jn. 4:10; 7:38, 39). Cuando se produce esta saturación espiritual, el creyente goza de una abundante cosecha, a saber, los frutos del Espíritu (Gá. 5:22, 23).   

Amén, para la gloria de Dios

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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