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Semana del 16 al 22 de diciembre de 2019: “Aspectos importantes de la Resurrección”

Semana del 16 al 22 de diciembre de 2019: “Aspectos importantes de la Resurrección”

Lectura Bíblica: 1° a los Corintios 15:50 al 54. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

La resurrección (Los sucesos Finales).

La Certidumbre De La Resurrección

1) Testigos del Antiguo Testamento.

Abraham, Gn. 22:5; He. 11:19.

Job, Job 19:25-27.

Isaias, Is. 29, 19.

Daniel, Dan. 12:2, 13.

Oseas, Os. 13:14.

2) Ejemplos de muertos que han sido resucitados.

   Nota. – Aunque se conoce que la resurrección futura es distinta de la resurrección de estos muertos, sin embargo, son ejemplos que confirman y corroboran el punto que estamos estudiando.

a) Eliseo levanta al hijo de la sunamita, 2 R. 4:18-37.

b) El hombre que resucitó al tocar los huesos de Eliseo, 2 R. 13:21.

c) La resurrección de la hija de Jairo, Mt. 9:25.

d) La resurrección del hijo de la viuda de Nain, Lc. 7:15.

e) Lázaro, Jn. 11:43, 44.

f) Dorcas, Hch. 9:41.

3) La evidencia más segura, la base más firme para creer en la resurrección de los muertos la encontramos en la resurrección de Cristo. No hay hecho en la historia que tenga mejores pruebas que su resurrección. Cristo mismo habló de su muerte y resurrección cuando aún vivía, Jn. 10:18; Lc. 24:1-8.

▬2. La Naturaleza De La Resurrección

   El nuevo cuerpo del creyente está relacionado con el cuerpo actual, 1 Co. 15. Es también semejante al cuerpo glorioso de Cristo. Es espiritual, en vez de natural; incorruptible, en vez de corruptible; literal y no simbólico. Esta es la redención del cuerpo, Ro. 8:23.

3. El Tiempo De La Resurrección

1) La resurrección de los justos, o sea, la resurrección para la vida, tendrá lugar cuando venga Cristo a fin de este siglo o época, 1 Co. 15:22, 23; 1 Ts. 4:14-17; Jn. 5:28; Ap. 20:4.

2) La resurrección de los malos tendrá lugar al fin del milenio, Ap. 20:13.

   Comentario del contexto Bíblico: a. Transformación 15:50–53

   Versíc. 50. Pero digo esto, hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

• «Pero digo esto, hermanos». Pablo adquiere un tono personal, cuando usa la primera persona singular digo y el vocativo hermanos (el cual incluye a las hermanas). La oración es casi idéntica a otra registrada anteriormente (7:29), sólo difiere en énfasis. Pablo habla con firmeza. Pasa de la sección en la que explicó como son y serán nuestros cuerpos (vv. 42–49) a una discusión acerca de cómo serán transformados nuestros cuerpos. Con el vocativo hermanos se dirige pastoralmente a sus lectores, a fin de estimular su interés en la formación de sus futuros cuerpos.

• «Que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios». Pablo usa la expresión carne y sangre para designar el cuerpo corruptible de toda la raza humana. Enseña que la parte física del ser humano debe perecer para poder ser renovada y transformada en un cuerpo glorificado. La expresión es una figura literaria que apunta al cuerpo físico.

Es una frase semita que aparece repetidamente en fuentes rabínicas para denotar la total fragilidad y mortalidad del ser humano. La frase como un todo se considera como un sustantivo singular, por lo cual viene seguida en el griego de un verbo en singular. Además, el texto griego del Antiguo Testamento (la Septuaginta) y el Nuevo Testamento con frecuencia registran «carne y sangre» o en orden inverso.

   ¿Cuál es el significado de la frase carne y sangre en conexión con heredar el reino de Dios? Si tomáramos la frase en forma literal, Pablo estaría diciendo que ningún ser humano hereda el reino. Pero este no es el caso, porque los creyentes tienen la promesa de que ellos son herederos y coherederos con Cristo (Ro. 8:17). Pablo dice que el cuerpo mortal en su actual existencia no puede entrar en la presencia de Dios. Sólo en la transformación, cuando Dios cumpla su promesa a todos los santos, los redimidos heredarán el reino de Dios. Así que, el concepto de heredar es sinónimo con la resurrección de los muertos.

   Esta es la última vez que Pablo menciona la frase reino de Dios en esta epístola. (Anteriormente dijo que los impíos no heredarán el reino de Dios; y, entre otras cosas, mencionó gente con inmoralidades sexuales, ladrones, injuriadores y estafadores [6:9, 10].) La frase tiene que ver con la etapa final en la que el reino de Dios se libera de los poderes que ahora reinan. Estos poderes deben todos someterse a Jesucristo, quien en aquel día de la consumación entregará el reino a Dios el Padre (v. 24).

• «Ni la corrupción hereda la incorrupción». La segunda parte del versículo 50 forma paralelismo con la primera parte. Observamos que Pablo repite partes de su anterior afirmación «[el cuerpo] se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción» (v. 42). Lo que es pecaminoso y corrupto no puede entrar en la presencia de Dios y obtener lo que es incorrupto.

   Cuando aquello corrupto sea trasladado a un estado de incorrupción, podremos decir que estamos tomando posesión de la herencia que Dios nos ofrece. Si entendemos las dos líneas de este versículo como un paralelismo sinónimo, entonces vemos que la expresión carne y sangre es idéntica en significado al término corrupción. Y las expresiones reino de Dios e incorrupción apuntan al fin del tiempo, cuando Cristo entregue a Dios el reino habitado por los ciudadanos que participan en esta incorrupción (véase los vv. 24–28).

   Versíc. 51. Mirad, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados 52. en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final. Porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles y seremos transformados.

«Mirad, os digo un misterio». En los Evangelios, Hechos, las Epístolas y Apocalipsis, los escritores del Nuevo Testamento usan repetidamente el modismo semítico mirad. Pero sorprende que, en sus epístolas, Pablo use muy poco la expresión. Por cierto, en esta carta sólo ocurre una vez. Contesta una pregunta que se veía venir: ¿cómo será transformado el creyente para heredar el reino? Así que, les comunica un misterio a sus lectores, el cual es una revelación que Dios entrega a través de Pablo. El misterio tiene que ver con la transformación futura de los creyentes.126 En un contexto similar acerca del final de los tiempos, Pablo alude a esta revelación como una palabra del Señor (1 Ts. 4:15).

«No todos dormiremos, pero todos seremos transformados». Cuando Pablo dice «dormiremos», está usando un eufemismo que apunta a la muerte (véase los vv. 6, 18, 20). Se refiere a que algunos creyentes no tendrán que enfrentar la muerte, no todos morirán físicamente. Los que estén vivos cuando llegue el fin serán transformados en la venida de Cristo, lo mismo que todos los que murieron en el Señor.

    El lenguaje en esta segunda parte del versículo 51 incluye a Pablo mismo, pero nadie debe hacer que el texto diga más de lo que intenta comunicar. La primera persona plural dormiremos debe entenderse como una observación general que abarca a todos los creyentes.

   Entre ellos están los que físicamente verán a Cristo volviendo en las nubes del cielo (1 Ts. 4:15–17). Pablo revela que «todos seremos transformados», incluyendo los que estén vivos cuando Cristo vuelva. La transformación a la que se refiere es la alteración completa del estado físico del creyente, un cambio que tendrá lugar en un abrir y cerrar de ojos.

«En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final». El término griego que Pablo usa para «momento» es átomos, del cual se deriva la palabra átomo. La palabra se refiere a algo tan pequeño que ya no es posible fragmentarlo más. Pero aquí átomos se usan para el tiempo. La frase en un abrir y cerrar de ojos está en aposición, y se refiere al pestañar momentáneo. El milagro de la transformación ocurrirá en un segundo tanto para

los resucitados como para los que estén con vida.

   Pablo indica que la última trompeta sonará para anunciar el acaecimiento de la resurrección. Este toque de trompeta será el último de la historia de la redención. Otros pasajes del Nuevo Testamento que hablan de la venida de Cristo mencionan un fuerte sonido de trompeta (Mt. 24:31) y el llamado de trompeta de Dios (1 Ts. 4:16). La Biblia, los Apócrifos y los escritos rabínicos hablan de un sonido de trompeta cuando quieren anunciar una revelación divina inminente, el día del juicio y la resurrección.

«Porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles y seremos transformados». En el tiempo más corto posible, ocurrirá la resurrección y transformación general. Cuando suene la trompeta, ninguno que pertenezca al pueblo de Dios será pasado por alto. Los muertos se levantarán incorruptibles, y los que estén vivos,

cuando Cristo vuelva, serán transformados.

   Pablo no coloca restricción alguna cuando escribe «seremos transformados», ya que anteriormente colocó el adjetivo todos en la oración «todos seremos transformados» (v. 51). Nuevamente usa la primera persona seremos transformados en el sentido más amplio posible. Se incluye a sí mismo y a todos los creyentes, los que estén en la tumba y los que estén con vida.

   En típico estilo semita, Pablo usa la voz pasiva sin aclarar quién es el agente que la produce en el día de la resurrección. Evita usar el nombre de Dios, aunque es Dios mismo quien levantará a los muertos y transformará en un momento a todos los que estén con vida cuando Cristo venga.

   Pablo no está afirmando que Cristo vendrá en su época. Al igual que todos nosotros, Pablo esperaba con ansias el fin. La revelación de Dios nos enseña que, aunque la venida de Cristo es inminente, nadie excepto Dios el Padre sabe el día y la hora de este acontecimiento (Mt. 24:36). Por cierto, Jesús les dijo a sus apóstoles que a ellos no les correspondía saber los tiempos y períodos que el Padre había determinado (Hch. 1:7). Pablo no está afirmando nada definido acerca de la venida de Cristo. Pero como cualquiera de nosotros hoy día, expresa su deseo de estar con vida cuando llegue tan preciado momento.

   Versíc. 53. Porque esto corruptible debe ser vestido de incorrupción y esto mortal debe ser vestido de inmortalidad.

   Este versículo se compone de dos partes en paralelismo que se apoyan una a otra:

Porque esto corruptible ▬ y esto mortal

debe ser vestido de ▬ debe ser vestido de

incorrupción ▬ inmortalidad

   Notemos, ante todo, los dos pronombres demostrativos esto que apunta al marco mortal y corruptible del ser humano. Segundo, la palabra griega  phtharton quiere decir aquello que está sujeto a decaimiento y destrucción aplicada al hombre mortal. Tercero, el verbo debe denota la necesidad que Dios impone y actúa como verbo auxiliar de ser vestido. En el griego, podría entenderse como voz pasiva, lo cual implicaría que el agente es Dios. En otras palabras, los creyentes individuales deben ser vestidos por Dios con incorrupción e inmortalidad. No pueden vestirse ellos mismos con estas cualidades, sino que deben esperar a que Dios lo haga por ellos. Por último, la forma verbal ser vestido se usa figurativamente (cf. 2 Co. 5:4).

   Este texto no sólo comunica el mensaje de que los creyentes serán transformados, sino que también implica cierta discontinuidad con el pasado. La existencia física pasada y presente de los creyentes se caracteriza por la corrupción y la mortalidad. Pero el mensaje de este versículo también tiene un aspecto de continuidad, porque es el cuerpo terrenal el que será vestido de incorrupción e inmortalidad.

   Versíc. 54. Pero cuando esto corruptible haya sido vestido de incorrupción y esto mortal haya sido vestido de inmortalidad, entonces se hará realidad el dicho que está escrito:

   El versículo 54a es una continuación y repetición verbal del versículo 53. Al añadirse dos referencias temporales (cuando y entonces) y al cambiar el tiempo del verbo vestirse al pasado, Pablo habla como si un hecho futuro ya hubiese ocurrido. Para ser precisos, las palabras de Pablo se cumplieron cuando Jesús se levantó de los muertos. Esa resurrección ha hecho saber a todos los creyentes que ellos también resucitarán. Este texto es una excelente ilustración de la constante tensión que se da en el Nuevo Testamento entre el ya y el todavía no. A través de Jesucristo, reconocemos la realidad de la resurrección, y a través de su promesa nos apropiaremos de ella en la consumación.

   Esta es la última vez que en esta epístola Pablo cita textos proféticos del Antiguo Testamento (Is. 25:8; Os. 13:14). Sitúa en el futuro el cumplimiento de la primera profecía por medio de las siguientes palabras introductorias «entonces se hará realidad el dicho que está escrito». Cita al profeta Isaías, pero no sigue ni el texto hebreo ni la Septuaginta. El hebreo dice: «Se tragará a la muerte para siempre» (Is. 25:8). Y la versión griega lee: «la muerte [los] ha tragado del todo». Según el texto hebreo, el sujeto es Dios y el complemento directo es la muerte. Pero al usar un verbo en voz pasiva, Pablo convierte a la muerte en el sujeto gramatical del verbo ha sido tragada. Adopta el estilo semítico de usar la voz pasiva como una forma de evitar nombrar a Dios. Está implícito que Dios eliminará la muerte, esto es, el poder de la muerte (cf. Heb. 2:14). Por último, Pablo cambia el para siempre del hebreo, para que diga «en victoria». Sus palabras concuerdan con la lectura de algunas traducciones griegas del texto hebreo.

   «La muerte ha sido tragada en victoria». Mirando hacia atrás, al triunfo de Jesús sobre la muerte, y hacia adelante, hacia la resurrección de todos los creyentes, Pablo prorrumpe en júbilo. Habla de la defunción del enemigo mortal de la vida: la muerte. Aunque la muerte continúa teniendo poder como el último enemigo de Cristo (v. 26), Pablo sabe que Dios la destruirá. Los días de la muerte están contados.

   Pablo se burla de la muerte y le pregunta: «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?». Esta segunda parte la toma de Oseas, quien dice que Dios redimirá de la tumba a los hijos de Israel y que los liberará de la muerte. El profeta pregunta: «¿Dónde están, oh muerte, tus plagas? ¿Dónde, oh muerte, tu destrucción?» (Os. 13:14, mi traducción). La traducción griega dice: «¿Dónde está, oh muerte, tu castigo? ¿Dónde, oh tumba, tu aguijón?». Pablo cambió la palabra castigo por «victoria» para que se acomode a lo que viene diciendo. En la segunda pregunta, puso muerte en lugar de «tumba», lo cual en la Septuaginta es Hades. Pero Pablo nunca usa Hades en sus epístolas. Quizá temía que los lectores griegos malentendieran la palabra. En la antigua mitología, el Hades era un dios griego, y al averno se le llamaba «la casa del Hades». Es por esto que esta palabra no podía estar en el vocabulario de Pablo.

   Un último comentario sobre este versículo. Cuando Jesús detuvo a Pablo, camino a Damasco, le dijo que era cosa dura que él se diera golpes contra el aguijón (Hch. 26:14). Pablo tendría que vivir con las cicatrices de esos golpes por el resto de su vida. Ahora Pablo se da cuenta que la muerte ya no tiene aguijón y, en cierto sentido, es impotente. Otros eruditos creen que se trata del aguijón del escorpión. El aguijón hiere con miedo el corazón de los humanos. Pero aquellos que están en Cristo no temen a la muerte y a su aguijón, porque saben que Jesús ciertamente ha conquistado la muerte. Por lo tanto, Pablo puede decir con certeza:

1° Título

La Certidumbre De La Resurrección (Daniel 12:13. Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.).

   Comentario: 12:5-13 Uno de los ángeles pidiendo el tiempo que debe ser el fin de estas maravillas, se hace una respuesta solemne, que sería por un tiempo, tiempos, y medio, el período mencionado ch. 07:25, y en el Apocalipsis. Significa 1.260 días proféticos o años, a partir del momento en que el poder del pueblo santo fuese esparcido. La impostura de Mahoma, y la usurpación papal, comenzaron casi al mismo tiempo; y éstos eran un ataque doble a la iglesia de Dios. Pero todo terminará bien al fin. Toda regla, principado y poder opositor, serán sometidas abajo, y la santidad y el amor triunfan, y estar en el honor, a la eternidad. El final, ello vendrá. ¡Qué increíble profecía es esta, de tantos eventos variados, y se extiende a través de tantos siglos sucesivos, hasta la resurrección general! Daniel tiene que consolarse con la perspectiva agradable de su propia felicidad en la muerte, en el juicio, y para la eternidad. Es bueno para todos nosotros pensamos mucho en irse de este mundo. Ese debe ser nuestro camino; pero es nuestro consuelo de que no vamos a ir hasta que Dios nos llama a otro mundo, y hasta que él ha hecho con nosotros en este mundo; hasta que él dice: Ve tú por tú camino, tú has hecho tu trabajo, por lo tanto, ahora, vete, y dejar a los demás a tomar tu lugar. Era un consuelo para Daniel, y es un consuelo para todos los santos, que todo lo que su suerte está en los días de sus vidas, ellos tendrán mucho feliz en el final de los días. Y lo que debería ser el gran cuidado y preocupación de cada uno de nosotros para asegurar esto. Entonces bien podemos estar contentos con nuestra suerte presente y acoger la voluntad de Dios. Los creyentes son felices en todo momento; que descanse en Dios por la fe ahora, y un resto está reservado para ellos en el cielo, por fin.

   Comentario 2: A Daniel se le dijo (como el Señor Jesús le dijo a Simón Pedro) que él moriría. Él no viviría para ver el retorno de Cristo, pero sería resucitado de los muertos para entrar en el reino terrenal.

Y sería, como aquí dice, “para recibir tu heredad”. Esta expresión indica que Daniel será resucitado con los santos del Antiguo Testamento al comienzo del milenio.

Y añadió, “al fin de los días”, lo cual nos introduce a la amplia y abundante entrada al reino de Cristo. Estimado oyente, éste es el futuro que está ante nosotros ahora mismo, un futuro que dice que Cristo vendrá a la tierra para establecer Su reino. Ésta es la esperanza que deberíamos mantener ante nosotros en estos días.

Y así, amigo oyente, concluimos nuestro estudio de este gran libro del profeta Daniel. Es nuestra esperanza de que cada capítulo de este maravilloso libro haya bendecido abundantemente. Ahora, Dios mediante, en nuestro próximo programa, volveremos al Nuevo Testamento para comenzar nuestro estudio de la epístola a los Hebreos. Le invitamos pues, a acompañarnos en este nuevo recorrido por esta importante carta del Nuevo Testamento.

2° Título

La Naturaleza De La Resurrección (Romanos 8:23. y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.).

   Comentario: 23. No sólo esto, sino que también nosotros mismos que poseemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismo gemimos en nuestro interior mientras esperamos ansiosamente nuestra adopción, es decir, la redención de nuestros cuerpos.

  1. Nuestro propio gemido

No sólo gime toda la creación subhumana, sino que también lo hacemos “nosotros mismos”, dice Pablo, incluyéndose así a sí mismo junto con aquellos a quienes se dirige en la esfera de todos los que gimen. Al añadir luego “que poseemos las primicias del Espíritu”, ¿quiere decir: “gemimos, aunque poseemos”, etc., o “porque poseemos”, etc.? Cualquiera de las dos posibilidades tiene muy buen sentido. Él puede haber querido decir: “Aunque ya somos tan ricos, tratamos de alcanzar riquezas aún más preciosas”. O puede ser que haya querido decir: “Visto que ya tenemos el Espíritu, estamos convencidos de que hay mucho, mucho más, preparado para nosotros. Por ello anhelamos ardientemente recibirlo”. A la luz del hecho que no estamos seguros cuál de estas alternativas tenía preponderancia en la mente del apóstol, tal vez lo mejor sea, en nuestra traducción, dejar el participio tal como es, a saber, teniendo o poseyendo. En lo personal, yo, junto con muchos otros expositores, favorezco más bien la interpretación concesiva, ya que parece armonizar mejor con la idea de la gran sorpresa implícita en la enfática introducción: “también nosotros mismos … Aun nosotros mismos”, como si dijese: “Aunque ya hemos recibido tanto, todavía gemimos dentro de nosotros mismos esperando más”.

   Pablo dice: “nosotros mismos, que poseemos las primicias del Espíritu”. ¿Qué está queriendo decir con eso? De Ex. 23:19; Dt. 18:4 y otros pasajes, sabemos que a los israelitas se las mandó que ofrecieran a Dios las primicias de la tierra (granos, vino, aceite), y aun de la lana de la esquila de las ovejas. Pero también lo contrario

es cierto. También Dios da sus primicias. El da las primicias del Espíritu Santo, lo que hace posible que Pablo pueda afirmar que él mismo y aquellos a quienes se dirige están ahora en posesión de esta bendición.

   ¿Se refería el apóstol a una cierta cantidad del Espíritu que había sido derramada hasta entonces y que había más Espíritu para ser concedido después? Véase L.N.T. (A. y G.), p. 81, que da una opinión que es bastante popular, en especial entre gente que con frecuencia se refiere a la “segunda bendición”. La misma es, no obstante, errónea.

   No hay razón para dudar que el apóstol se refiere aquí en Ro. 8:23, al Espíritu Santo mismo. Ese Espíritu es en sí mismo las primicias o prenda de la salvación por venir en toda su plenitud, que está reservada para los hijos de Dios cuando regrese Cristo. No hay razón para creer que Pablo se refiera a una cosa en Ef. 1:13, 14, y a otra diferente aquí en Ro. 8:23.

   “También nosotros mismos … aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior mientras esperamos ansiosamente nuestra adopción, es decir, la redención de nuestros cuerpos”. ¿Cómo hemos de entender que aún los creyentes gimen? ¿No es quizá lógico pensar que el gemir de los hijos de Dios se parece al de la naturaleza (v. 22)? Si en dicho caso el gemir de la creación entera consistía en dos elementos, a saber, (a) la experiencia del dolor y (b) la anticipación en esperanza, podemos llegar a la conclusión que lo mismo tiene vigencia para quienes poseen las primicias del Espíritu, los amados hijos de Dios.

   ¿Está pensando Pablo en el hecho que los cristianos se dan cuenta que son todavía muy imperfectos? ¿Tan pecadores que a veces exclaman: “¡Miserable de mí! ¿Quién me rescatará de este cuerpo de muerte?” (Ro. 7:24)? Que sin duda son imperfectos es algo que toda la Escritura deja bien en claro. No obstante, el presente contexto—piénsese especialmente en la combinación de dolor y esperanza—apunta también en una dirección diferente.

   El hecho mismo que los hijos de Dios poseen aun ahora—es decir, que son morada de—el Espíritu Santo, hace brotar en ellos un doloroso sentido de carencia. Lo que ya tienen hace que tengan hambre de recibir más: es decir, de tener la salvación en toda su plenitud. Es en sentido que el dolor y la esperanza se combinan aquí.

   Los creyentes ya han sido adoptados como hijos de Dios (8:15, 16). Pero, en otro sentido, aguardan aún su adopción. Esperan la manifestación pública de su posición como hijos de Dios. En este momento sus cuerpos están todavía sujetos a la muerte. Pero un día sus almas habrán sido completamente liberadas del pecado y sus cuerpos habrán sido transformados, de modo que se parecerán al glorioso cuerpo del Señor Jesucristo mismo. Ellos anticipan ese gran día con esperanza (Ro. 8:11; 1 Co. 15:50–55; 2 Co. 5:2, 3; Fil. 3:21; 1 Jn. 3:2).

   El v. 24 retoma este tema de la esperanza del creyente. Cabe mencionar al pasar que una conocida traducción, la de la versión al inglés denominada Authorized Version, tiene una formulación de este versículo que no es la mejor (por usar un término suave). Es como sigue:

   “Porque somos salvados por la esperanza; pero la esperanza que es vista no es esperanza: porque lo que un hombre ve, ¿por qué habría de esperarlo?”

   Naturalmente nos hacemos la pregunta: “¿Ha cambiado Pablo su teología? ¿No nos ha dicho siempre que somos salvos por la fe (Ro. 1:16, 17; 3:22, 26, 28, 31; 4:5, 11, 12, 16, 20, 24; 5:1, 2), y no confirmará acaso esta misma verdad más adelante (Ef. 2:8)? ¡Sin embargo, aquí leo que somos salvados por la esperanza! Además, ¡qué quiere decir el apóstol cuando menciona “la esperanza que es vista”? ¿Cómo puede una persona ver la esperanza?

   Para entender Romanos 8:24 debemos comenzar por afirmar que la traducción “Somos salvos por la esperanza” es errónea. Pablo escribió “en esperanza”. Lo que quiso decir es que en algún momento del pasado (probablemente en fecha diferente para cada persona), cuando fuimos salvados, esa salvación no se nos entregó completa en un solo paquete. No llegó “en bloque”. Por el contrario, vino a nosotros “con una promesa de más porvenir”.    Elementos de la salvación tales como la elección, el llamado, la regeneración, la conversión básica, la fe, la justificación e inclusive, aunque en parte, la santificación, ya habían acontecido. Restaban todavía por culminar un progreso adicional en la santificación y finalmente, al morir—y aún más plenamente al regresar Cristo—la glorificación. Es claro, por consiguiente, que Pablo podía escribir que: “en esperanza fuimos salvados”.

   La esperanza cristiana, empero, debe ser distinguida de la “esperanza” de la que hablamos en la vida diaria. Con frecuencia, esta última no pasa de ser un deseo de que algo bueno nos suceda, al que se añade una cierta creencia de que ello quizá llegue a acontecer. La verdad es que tal esperanza puede muchas veces ser definida como “aquello que precede al desencanto”. Su imagen asemeja a veces la de un hombre que se está ahogando y que desesperado se agarra de un pelo. Pero la esperanza cristiana es “un ancla para el alma, segura y firme, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor” (Heb. 6:19, 20).

   En cuanto al resto del versículo (24), todo se hace transparente cuando nos damos cuenta que la palabra esperanza puede tener tres significados diferentes. Puede indicar: (a) un sentir o aun una convicción que lo deseado sucederá; (b) la persona a quien se considera capaz de hacer que se cumpla, como en “Nuestra esperanza … has sido, eres y serás … Señor”, y (c) el objeto que se espera. Parecería que en griego este último significado es más común que en el español. Es así que traducimos el resto del v. 24 como sigue:

   “Pero cuando algo esperado es visto, ya no es más objeto de esperanza, porque ¿quién espera lo que ve?” La verdad que aquí se expresa es obvia: cuando aquello que uno esperaba ha llegado y ahora está frente a uno, de modo que es posible verlo (implícito: que también se lo puede agarrar), deja de ser objeto de esperanza. Pablo enfatiza la necesidad de echar mano del ancla de la esperanza. Es como si estuviera diciendo: “Así como la fe es necesaria para apropiarse de la salvación que Cristo ha obtenido para vosotros en el pasado, del mismo modo la esperanza es necesaria para hacer propias las bendiciones futuras. Esas riquezas están reservadas para todos aquellos que humildemente confiesan sus faltas y confían totalmente en Dios, el Dador misericordioso. Recordad, vosotros habéis sido salvados ‘en esperanza’”.

   La aplicación práctica para el día de hoy es clara. Hay quienes parecen pensar que ya han llegado a la meta. Creen que la petición “Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt. 6:12) no es para ellos. Quizá también crean que han recibido “la segunda bendición” y que por consiguiente son creyentes de un orden superior. Y hay aún quienes hacen promoción a favor del error que afirma que también el cuerpo ya es perfecto y que la enfermedad no es más que una invención de la imaginación. Para ellos toda futura “redención del cuerpo” (8:23) tiene poco significado. Es como si Pablo les estuviese diciendo a todos ellos: “Vosotros habéis eliminado la doctrina bíblica de la salvación en esperanza, porque, ¿cómo puede uno esperar lo que ya tiene … o piensa que tiene?

   Se podría objetar, diciendo: “Pero el apóstol no vivía en nuestros días. ¿Había alguna razón por la que él considerase necesario enfatizar en esta epístola la importancia de la esperanza en la vida del creyente? ¿Podemos demostrar que había en la iglesia de Roma quienes se consideraban fuertes y por ende capaces de prescindir, al menos en alguna medida, de la esperanza, ya que estimaban haber llegado a su meta?

   La respuesta es afirmativa. En términos generales Pablo tenía un muy buen concepto de la iglesia de Roma. Véase 1:8; 15:14. Pero había excepciones, como lo indican los siguientes pasajes:

“No tenga más alto concepto de sí que el que debe tener” (12:3).

“Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano?” (14:10).

“No nos juzguemos más los unos a los otros” (14:13).

“Los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos” (15:1).

   La conclusión del párrafo es verdaderamente hermosa: “Pero, puesto que esperamos lo que no vemos, lo esperamos con paciente constancia”.

   Esto nos recuerda otro pasaje paulino similar, a saber: “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las cosas que no se ven son eternas” (2 Co. 4:18). Entretanto:

Atemorizados santos, recobrad la certeza

Aquellas nubes que tanto temor os dan,

Pletóricas de gracia pronto derramarán

Bendiciones sobre vuestras cabezas.

Sus propósitos maduran prestamente;

Se despliegan de hora en hora.

Sabor amargo tiene el brote ahora,

Pero la flor perfumará muy dulcemente.

Adaptación de un poema de William Cowper, 1772.

3° Título

El Tiempo De Las Resurrecciones (Daniel 12:2. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua; ▬1ª a los Corintios 15: 20 al 24; ▬Apocalipsis 20:13).

   Comentario: Daniel 12:2. La resurrección de los santos y pecadores del Antiguo Testamento “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados: unos para vida eterna, otros para vergüenza y confusión perpetua.”

El remanente de Israel que viva en el período de la Gran Tribulación será preservado, y esa gran multitud de no judíos que se salvarán durante esa época también serán preservados. Aquellos del Antiguo Testamento que murieron perteneciendo al remanente fiel y los no judíos salvados durante el Antiguo Testamento, serán resucitados para vida eterna al final de la Gran Tribulación.

Los santos del Antiguo Testamento no serán resucitados cuando Cristo recoja a Su iglesia. La Biblia indica claramente que en el arrebatamiento “traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él” como podemos leer en primera Tesalonicenses 4 versículo 14. En el versículo 16, más abajo, en ese mismo pasaje dice: “los muertos en Cristo resucitarán primero”. Y nosotros estamos en Cristo, unidos a Cristo por medio del bautismo del Espíritu Santo que comenzó en el día de Pentecostés, y que finalizará con el arrebatamiento de la iglesia. Y este cuerpo específico de creyentes es llamado la iglesia. En la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 12, versículo 12, se nos dice: “Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”. El Señor Jesucristo les dijo a Sus discípulos, que eran miembros de la nación de Israel, que ellos serían bautizados por el Espíritu Santo y colocados en el cuerpo de los creyentes, es decir, en la iglesia. En el capítulo 1, versículo 5, del libro de los Hechos de los Apóstoles, leemos: “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”.

Cuando la iglesia sea recogida de este mundo, los santos del Antiguo Testamento no serán resucitados. ¿Por qué? Bueno, porque el tiempo para entrar al reino será al fin del período de la Gran Tribulación, cuando Cristo venga a establecer Su reino sobre la tierra. Entonces los santos del Antiguo Testamento serán resucitados. En ese tiempo, Abraham, Isaac, y Jacob serán todos resucitados para entrar en el reino. Sin embargo, si fueran resucitados en el momento del arrebatamiento, entonces, ellos tendrían que esperar un cierto tiempo, por lo menos siete años. Por ello la Biblia deja en claro que ellos serán resucitados al final de la Gran Tribulación.

Y termina diciendo el versículo 2, “algunos para vergüenza y confusión perpetua”. Esto se refiere a los perdidos del Antiguo Testamento, que serán resucitados para el juicio del Gran Trono Blanco, al final del reino de Cristo en la tierra.

Comentario 1: b. La realidad de la resurrección

1ª a los Corintios 15:20–22 (1) En Adán y en Cristo 15:20–22. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.  Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. 

   Versíc. 20. Pero ahora, Cristo ha sido resucitado de los muertos, él es los primeros frutos de quienes han dormido.

«Pero ahora». Las primeras dos palabras de este texto son importantes. La primera es el adversativo pero que cambia de una serie de afirmaciones negativas sobre la resurrección (vv. 12–19) al testimonio positivo sobre Cristo resucitado de los muertos. Después de haber escrito siete oraciones condicionales para demostrar los resultados que vienen de negar la resurrección, Pablo abandona la enseñanza contraria de algunos corintios para concentrarse en la doctrina consistente de la iglesia cristiana: el dogma de la resurrección de Cristo.

   La segunda palabra es ahora, la cual indica una referencia temporal, una conclusión lógica o, como en el presente versículo, ambas cosas. Para Pablo, la resurrección de Cristo fue un hecho histórico con profundas y permanentes implicaciones. Dios el Padre resucitó a Cristo Jesús para conseguir la restauración de su pueblo. A la inversa, el adverbio ahora señala la conclusión lógica de la larga discusión de Pablo acerca de la negación de la resurrección que algunos corintios defendían.

«Cristo ha sido resucitado de los muertos». Este testimonio breve resume un hecho incontrovertible que está arraigado en la historia y que es básico para la fe cristiana: Cristo resucitó. La evidencia que Pablo ha esgrimido en la primera parte de este capítulo es suficiente para los creyentes: la tumba vacía y las apariciones (véase los vv. 3–8). Aunque los incrédulos se burlen, los cristianos no necesitan pruebas adicionales de esta verdad histórica que en sus mentes es irrefutable (véase Hch. 3:15; 26:23).

   Pablo repite lo que escribió en el versículo 12. Allí puso la afirmación en la forma de una condición: «si se predica que Cristo ha sido levantado de los muertos», pero aquí la construye como una declaración que narra un hecho histórico. En el versículo 12 planteó la pregunta teológica de que algunos corintios negaban este hecho, mientras que él mismo atestiguaba su veracidad. Aquí reitera positivamente la verdad de la resurrección; sabe que sólo algunos de los corintios niegan la resurrección de Cristo. Quizá los lectores no entendieron las implicaciones de esta doctrina redentora, pero después del extenso discurso que Pablo ha dado sobre el tema, ahora serán capaces de darse cuenta de la profunda importancia de esta enseñanza.

   Permanece la interrogante de si Pablo ahora excluye a aquellos que niegan la resurrección de Cristo o si se dirige a todos los corintios. ¿Continúa su discurso dirigiéndolo a quienes rechazaban su enseñanza o ahora sólo se dirige a los que la aceptan? La presente sección (vv. 20–28) no da ninguna señal de que esté excluyendo a alguien. De hecho, después de haber discutido a fondo las consecuencias negativas de negar la resurrección, Pablo invita a todos sus lectores a examinar los aspectos positivos de confesar esta doctrina.

«Él es los primeros frutos de quienes han dormido». En el texto griego esta oración es una afirmación escueta de sólo tres palabras y, sin embargo, está cargada de significa- do. Pablo da por sentado que sus lectores conocen lo que el Antiguo Testamento enseña sobre las primicias o primeros frutos. Estos eran lo primero que se cosechaba y que el pueblo ofrecía a Dios en reconocimiento de su fidelidad por haber provisto frutos en el tiempo requerido. Moisés mandó que los israelitas ofrecieran una gavilla del primer grano que se coseche, y esto debía realizarse delante del Señor al día siguiente del sábado que venía después de la fiesta de la pascua (Lv. 23:9–11). Exactamente siete semanas después, debían presentar al Señor una ofrenda de grano nuevo (Lv. 23–17; véase también Dt. 26:1–11). Un tiempo después, a Israel se le llamó primeros frutos o primicias (Jer. 2:3). Pablo aplica esta expresión a los primeros convertidos de Asia Menor occidental y al sur de Grecia respectivamente (Ro. 16:5; 1 Co. 16:15). Los 144,000 redimidos de la tierra son ofrecidos como primicias a Dios (Ap. 14:3; cf. Stg. 1:18).58

   La expresión primeros frutos nos dice que la primera gavilla de la cosecha de grano que se avecina será seguida por el resto de las gavillas. Cristo se convirtió en las primicias por su resurrección, y garantiza a todos los que le pertenecen que ellos también participarán en su resurrección. Pablo describe a la gente que pertenece a Cristo como aquellos que han dormido. No menciona la resurrección de Jesús con referencia a los aspectos temporales o religiosos de la pascua judía. Lo que quiere decir es que la resurrección de Cristo es la cuota inicial para su pueblo (v. 23) o su garantía (2 Co. 1:22). Cristo no es los primeros frutos de los que han sido resucitados, sino de los que han muerto. Por cierto, ningún ser humano ha sido resucitado física y permanentemente de los muertos. Los hijos de la viuda de Sarepta y los de la sunamita murieron unos años más tarde. Lo mismo ocurrió con la hija de Jairo, el joven de Naín y Lázaro. Sólo Cristo ha conquistado la muerte y resucitado del todo de los muertos. Todos los demás deberán esperar hasta que sus cuerpos resuciten el día indicado.

   Versíc. 21. Pues dado que por medio de un hombre vino la muerte, también por medio de un hombre vino la resurrección de los muertos. 22. Porque, así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vueltos a la vida.

Notemos los siguientes puntos:

  1. Paralelos. En estos dos versículos, Pablo escribe usando el típico paralelismo hebreo, lo que le permite conectar al ser humano y a la muerte en la primera oración y al ser humano y a la resurrección en la segunda. Hace una comparación entre Adán y Cristo, y hace notar que la muerte vino por medio de Adán, pero que la vida viene por medio de Cristo. Las oraciones se apoyan mutuamente, y en cada versículo la segunda es más larga que la primera.

Pues dado que ▬ también

por medio de un hombre vino ▬ por medio de un hombre vino

la muerte, ▬ la resurrección de los muertos.

Porque, así como ▬ así también

en Adán todos ▬ en Cristo todos

mueren, ▬ serán vueltos a la vida.

  1. Una alusión. Las palabras pues dado que expresan una causa; son el conectivo entre el versículo precedente (v. 20) y este pasaje. Las palabras explican cómo entró la muerte en el mundo.

   Pablo alude al Antiguo Testamento y en particular a Génesis 3:17–19, el cual narra que debido al pecado de Adán y Eva su descendencia cayó presa de la muerte. El griego usa la preposición día (por medio de) para mostrar que el hombre es el agente responsable de la entrada de la muerte en el mundo. Agustín lo expresó de esta manera:

Antes de la caída, Adán era capaz de pecar o no pecar;

después de la caída, ya no era capaz de no pecar.

   Esto quiere decir que, en su estado de pureza, Adán tenía la capacidad de no pecar, y a través de su obediencia podría haber recibido la inmortalidad. Pero por su desobediencia, él y la raza humana recibieron la pena de la muerte (Gn. 2:17; 3:19). Cristo vivió en obediencia y sin pecado, y así conquistó la muerte para el bien de todo su pueblo.

   En el versículo 21, el griego omite no sólo el verbo, sino que también todos los artículos definidos, a fin de subrayar la cualidad abstracta de los sustantivos hombre, muerte, resurrección y muertos. Pablo recalca que la muerte entró en el mundo a causa del pecado cometido por un hombre. Y una vez que la muerte ha sido producida por un ser humano, sólo se le podrá destruir a través de otro ser humano (cf. Ro. 5:12, 18). La contraparte de la muerte es la resurrección, la cual fue cumplida en Cristo, quien triunfó sobre la muerte. Él es ahora capaz de liberar de las cadenas de la muerte a los que creen en él.

  1. Significado. El concepto de la resurrección se centra en Jesucristo, quien como Dios y hombre conquisto la muerte, levantándose victorioso de la tumba. Aunque la resurrección de Cristo ya tuvo lugar, la de su pueblo todavía espera.

   Pablo coloca la preposición en delante del nombre Adán y delante del nombre Cristo. Por lo cual indica que Adán es la cabeza de la raza humana y que Cristo es la cabeza del pueblo de Dios. El texto griego tiene el artículo definido delante de cada nombre, para confirmar que apunta a personajes históricos.61 La declaración «así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vueltos a la vida», usa el tiempo presente en la primera oración y el tiempo futuro en la segunda. El tiempo presente indica a la continua experiencia de la muerte, mientras que el tiempo futuro apunta a la firme promesa de la resurrección.

   El adjetivo todos no debe interpretarse como si Pablo enseñara una salvación universal. Muy por el contrario, el significado del versículo 22 es que todos los que por naturaleza tienen su origen en Adán mueren, y en forma similar todos los que por la fe están incorporados en Cristo serán vivificados.62 Mientras que toda la humanidad enfrenta la muerte a causa del pecado de Adán, sólo los que están en Cristo reciben la vida a causa de su resurrección. El Nuevo Testamento enseña que la expresión dar vida se refiere sólo a los creyentes y no a los incrédulos. Pablo explica la resurrección de Cristo y su pueblo, pero no la de los paganos.

   ¿Habrá una resurrección general? Así es, los creyentes serán resucitados para vida eterna y los incrédulos para vergüenza y desprecio eternos (Dn. 12:2). Además, Jesús dijo: «Los que han hecho el bien resucitarán para tener vida eterna, pero los que han practicado el mal resucitarán para ser juzgados» (Jn. 5:29).

(2) La venida del Señor

15:23–24

   Versíc. 23. Pero cada uno en su debido orden: Cristo es los primeros frutos, luego los que son de Cristo, en su venida. 24. Entonces viene el fin, cuando entregue el reino a Dios el Padre, después de haber abolido todo dominio, y toda autoridad y poder.

  1. «Pero cada uno en su debido orden: Cristo es los primeros frutos». En esta oración, la primera palabra, pero es una forma suave de adversativo. Explica la secuencia de aquellos que serán vueltos a la vida por Cristo. Pablo también usa la palabra griega tagma, que en otros lugares se refiere a compañía de soldados. Aquí, sin embargo, no tiene conexión alguna con la milicia. Su significado es «rango», «orden». Cristo es el primogénito de los que resucitan y tiene la supremacía (Col. 1:18). Además, también es el primero en la secuencia temporal. Primero resucita Cristo, y después los que le pertenecen recibirán un cuerpo glorificado. Otra vez, Pablo llama a Cristo con la expresión primeros frutos (v. 20) para destacar el hecho de que la cosecha completa ocurrirá a su debido tiempo. Cristo el primero en la resurrección, será seguido por la multitud incontable de los que le pertenecen.
  2. «Luego los que son de Cristo, en su venida». Pablo menciona dos categorías: Cristo y su pueblo. Cristo está solo en la primera clasificación y todos los creyentes están en la segunda. La resurrección de su pueblo se lleva a cabo en dos etapas: primero los muertos en Cristo se levantarán de sus tumbas, y entonces los creyentes que estén con vida serán transformados (1 Ts. 4:16, 17). Pero notemos que Pablo nada dice de la resurrección de los incrédulos, aun cuando toda la Escritura afirma que ellos serán resucitados para vergüenza y desprecio eternos (Dn. 12:2; Jn. 5:29).

   En el contexto subsiguiente, Pablo revela que cuando Cristo vuelva, los creyentes serán transformados: «Mirad, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final. Porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles y seremos transformados» (vv. 51, 52). En suma, como Cristo ha sido resucitado, todo su pueblo que esté vivo o muerto al momento de su venida será vivificado y glorificado.

  1. «Entonces viene el fin». La primera oración del texto griego carece de verbo, y es uno el que tiene que completar la idea. Se puede suplir los verbos «viene» o «vendrá». El fin ocurrirá después que el pueblo que Cristo redimió haya resucitado.

   Con la palabra entonces Pablo no se refiere a la resurrección de un tercer grupo, sino simplemente al fin. En otras palabras, este adverbio no sugiere necesariamente un interludio entre la resurrección de los creyentes y el fin del tiempo. A causa de su brevedad, la oración entonces viene el fin no parece apoyar la enseñanza de un reino intermedio antes de la consumación del tiempo. Más bien quiere decir, «después de que todo esto haya sucedido, llegará el fin o sea la consumación de la obra mesiánica de Cristo». Las palabras el fin no sólo sugieren «lo último en la secuencia», sino que la conclusión de la obra redentora que Cristo realizó por su pueblo.

   En el libro apócrifo 2 de Esdras, la oración entonces viene el fin tiene un paralelo que habla de resurrección y juicio: «La tierra entregará a los que duermen en ella … Se verá al Altísimo sentado en el trono del juicio, y será el fin de toda compasión y paciencia» (7:32, 33, REB; la cursiva es mía). El término fin apunta a la consumación del tiempo. Como la expresión aparece sola, la entendemos en un sentido absoluto. Pablo escribe unas líneas adicionales para informarles a sus lectores acerca de la obra de Cristo en el fin: Entregará el reino al Padre; se suprimirá todo gobierno, autoridad y poder; se destruirá la muerte y se sujetará a sí mismo a Dios, para que él sea todo en todos.

  1. «Cuando entregue el reino a Dios el Padre, después de haber abolido todo dominio, y toda autoridad y poder». Esta es la sintaxis del texto griego, pero su significado demanda que invirtamos estas dos oraciones. Cristo primero tiene que suprimir a sus enemigos antes de poder entregarle el reino a su Padre.

   El verbo griego katargēo (=abolir) comunica la idea de anular a los poderes dominantes, esto es, eliminándolos y haciéndolos a un lado. Pablo enumera tres categorías: todo dominio, autoridad y poder. Los judíos usaban con frecuencia estas expresiones para referirse a los demonios. En las cartas de Pablo es el contexto el que debe determinar si se refieren o no a los poderes demoníacos. Una vez que los creyentes hayan resucitado, Cristo abolirá estas fuerzas espirituales de maldad (Ef. 6:12). Destruirá el poder de todo gobierno, toda autoridad y poder en los lugares celestiales, y lo hará de una sola vez. Habiendo realizado esta proeza, entregará el reino al Padre, lo cual marca el fin.

   Dios encomendó el reino a su Hijo para el período que empieza desde la venida de Cristo hasta su segunda venida. Cuando Jesús dijo: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra» (Mt. 28:18), pronunciaba su discurso y coronación. Cuando llegue el fin, Cristo entregará el reino a Dios el Padre, después de haber destruido todas las fuerzas espirituales enemigas. De esta forma, el reino de Cristo dura desde su propia resurrección hasta la resurrección de todos los creyentes; después de lo cual serán destruidos todos los poderes malignos.

   Comentario 2: de Apocalipsis 20: 13. Y el mar devolvió a los muertos que estaban en él, y la Muerte y el Hades devolvieron a los muertos que estaban en ellos, y cada uno fue juzgado según sus obras.

  • «Y el mar devolvió a los muertos que estaban en él». La Biblia ve al mar como una fuente de temor. Jonás superó su temor cuando, gracias a una desobediencia voluntaria, subió a un barco que partió en dirección oeste directamente opuesta a Nínive a donde tenía que ir por instrucciones de Dios (Jon. 1:3). Pablo viajó sobre todo por tierra y alguna que otra vez en barco, debido a sus prisas o necesidades.
  • Y Juan, cuando escribe acerca de los nuevos cielos y de la nueva tierra, menciona que «el mar ya no existía» (21:1). El caprichoso e impredecible mar no tiene cabida en la nueva creación. Después de haberse apoderado de las vidas de innumerables multitudes, el mar, por orden de Dios, devolvió a los muertos que estaban en él. El mar simboliza un poder demoníaco que contiene los invisibles sepulcros de sus víctimas. Los antiguos daban gran importancia a la sepultura, que no podían recibir quienes eran engullidos por el mar, y cuyos cuerpos se descomponían. Era un acto de irreverencia que un cadáver quedara insepulto, en este caso debido al poder del mar (compárese Jer. 8:1–2; 14:16; Ez. 29:5). Algunos estudiosos comentan que la desaparición del cielo y de la tierra (v. 12) parece entrar en conflicto con la presencia del mar. Pero estamos frente a un asunto de libertad que tiene un autor de situar «eventos en sentido inverso a su orden lógico (véase 3:3, 17; 5:5; 6:4; 10:4, 9; 22:14)».
  1. «Y la muerte y el Hades devolvieron a los muertos que estaban en ellos, y cada uno fue juzgado según sus obras». Si el mar es un poder que retiene a los muertos, también lo son la muerte y el Hades, que siempre se mencionan juntos en Apocalipsis (v. 14; 1:18; 6:8). Jesús detenta las llaves tanto de la muerte como del Hades, con lo que les quita su autoridad. Ahora ha llegado el momento de juzgar para determinar el destino eterno de toda persona, sin tener en cuenta si murieron ahogadas, por homicidio o de causas naturales. Aparte del hecho de que multitudes de pecadores están frente al tribunal de Dios, se examinarán con cuidado los registros de cada persona y se pronunciará el veredicto de inocencia o culpabilidad. No hay tiempo ni es el lugar para arrepentimiento, porque este formaba parte del tiempo cósmico. Los veredictos son irrevocables.

Amén, para la honra y gloria de Dios

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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