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Semana del 16 al 22 de agosto de 2021“Don De Sanidad Actuando En El Cuerpo Físico”

Semana del 16 al 22 de agosto de 2021“Don De Sanidad Actuando En El Cuerpo Físico”

   Lectura bíblica: Los Hechos 9:32 al 35. Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida. Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó. Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor.

¿Qué es el don espiritual de sanidad?

   RESPUESTA:

   El don espiritual de sanidad es la manifestación sobrenatural del Espíritu de Dios, que milagrosamente trae sanidad y liberación de la enfermedad o dolencias. Es el poder de Dios que destruye la obra del pecado o del diablo en el cuerpo humano, como las sanidades que Jesús y los discípulos realizaron (Mateo 4:24; 15:30; Hechos 5:15-16; 28:8-9). El don de sanidad dado a la iglesia, se observó principalmente en 1 Corintios 12, donde se enumeran los dones espirituales.

   Los dones espirituales son poderes, talentos, habilidades, o conocimiento dado por Dios a través del Espíritu Santo a los cristianos. Pablo le dice a la iglesia que el propósito de los dones espirituales es edificar a otros creyentes y, en última instancia, para glorificar a Dios. Dios nos da estos dones para que los usemos para Él, pero en la iglesia de Corinto, al parecer, los dones fueron una clase de símbolo de estatus, o se usaban para indicar superioridad. Curiosamente, 1 Corintios 12:9 se refiere a “dones” de sanidad en plural, lo que podría indicar que hay diferentes dones de sanidad. Los dones de sanidad podrían significar una gama muy amplia de destrezas o habilidades. Esto podría ir desde el poder para realizar sanidades milagrosas o sorprendentes, como que los cojos caminen, o también el uso o la comprensión de la medicina. Incluso podría ser la capacidad de comprender y mostrar amor a los demás, hasta el punto de sanar una herida emocional.

   Ha habido mucho debate sobre el uso del don espiritual de sanidad entre los cristianos. Algunos creen que el don de la sanidad y algunos otros dones de señales ya no están vigentes hoy en día, mientras que otros creen que los dones milagrosos hoy en día están todavía en uso. Por supuesto, el poder para sanar nunca estuvo por sí mismo en la persona que lo tenía. El poder para sanar es de Dios y solo de Dios. Aunque Dios sigue sanando hoy, creemos que la sanidad de Dios a través del don, perteneció principalmente a los apóstoles de la iglesia del primer siglo para confirmar que su mensaje era de Dios (Hechos 2:22; 14:3).

   Dios todavía realiza milagros. Dios todavía sana a las personas. No hay nada que impida que Dios sane a una persona a través del ministerio de otros. Sin embargo, el don milagroso de la sanidad, como un don espiritual, pareciera que no está funcionando hoy en día. Ciertamente Dios puede intervenir en cualquier forma que crea conveniente, ya sea de forma “normal” o a través de un milagro. Nuestra salvación por sí misma es un milagro. Estábamos muertos en el pecado, pero Dios entró en nuestras vidas y nos hizo nuevas criaturas (2 Corintios 5:17). Esa es la mayor sanidad de todas.

   Comentario: En Hechos, Lucas se mueve rápidamente a través de la historia de la iglesia cristiana en la primera década de su existencia. Después de relatar la conversión de Pablo cerca de Damasco y su breve ministerio allí y en Jerusalén, vuelve al ministerio de Pedro. Pedro y Pablo se reúnen en Jerusalén por dos semanas. Cuando la iglesia en Palestina empieza a experimentar una tregua en la persecución que se ha desatado sobre ella y sigue creciendo en espíritu y en número, Pedro sale de Jerusalén y empieza a viajar por el país. Es posible que su viaje misionero haya tenido lugar el último año de la cuarta década.

   El viaje de Pedro es un preludio a su llamado para que visitara en Cesarea a Cornelio, el centurión romano. Curiosamente, Jesús comisionó a Pablo para que fuera su apóstol a los gentiles, pero da instrucciones a Pedro que predique el evangelio a la familia gentil de Cornelio. Pedro, no Pablo, es el primero en dar la bienvenida a los gentiles en el seno de la iglesia cristiana.

   Antes de su viaje a Cesarea, Pedro visita las iglesias ubicadas a lo largo de la frontera de Judea. Viaja a la región costera para reunirse con los creyentes de Lida.

   [32]. Una vez, mientras Pedro estaba viajando por varias regiones, descendió a los santos que vivían en Lida.

   Nada sabemos acerca de los viajes de Pedro, salvo lo que Lucas registra en Hechos. Pablo hace la observación de que Pedro llevaba a su esposa en sus viajes misioneros (1 Co. 9:5). Podemos presumir que Pedro visitó las iglesias en Galilea y Samaria. Lucas ofrece una descripción general y dice que Pedro viajó por varias regiones. Cuán lejos fue no es importante para Lucas, quien se interesa en contar de su visita a Lida.

   Desde las alturas de Jerusalén o Samaria, Pedro bajó hasta los fértiles campos en la planicie de Sarón por la costa del Mediterráneo. La ciudad de Lida, conocida antiguamente por su nombre hebreo de Lod, estaba localizada a unos dieciocho kilómetros al sureste de Jope. Estaba en el cruce de una ruta comercial entre Egipto y Damasco con el camino de Jerusalén a Jope. Julio César dio la ciudad de Lida a los judíos, quienes la gobernaron hasta la revuelta del año 66 d.C. Entonces, mientras el pueblo estaba en Jerusalén celebrando la Fiesta de los Tabernáculos, el comandante romano Cestio la incendió hasta su total destrucción.

   ¿Quién evangelizó a los habitantes de Lida y de Jope? Inferimos por las evidencias que nos proporciona Lucas, que el evangelista Felipe, después de bautizar al eunuco etíope, se encontró en Azoto y llevó el evangelio a todas las aldeas y pueblos en aquella región costera; hasta el final vino a Cesarea (8:40).

   Pedro visitó a los santos en Lida, escribe Lucas. Es interesante que la palabra santos aparece sólo unas pocas veces en Hechos (vv. 13, 32, 41; 26:10). En la primera década de la era cristiana, los creyentes fueron conocidos como discípulos de Jesús. Unos pocos años más tarde, se llamó cristianos a los creyentes de Antioquía (11:26). Pero en los últimos años de la cuarta década, los seguidores de Jesús todavía carecían de identidad, por lo cual el nombre santos servía a ese propósito.

   Los santos de Lida dan la bienvenida a Pedro. Como resultado del milagro de sanidad allí efectuado, creció la membresía de las iglesias en Lida y en la planicie de Sarón (v. 35). Cuandoquiera que leemos en el Nuevo Testamento acerca de los milagros realizados tanto por Jesús como por los apóstoles o los evangelistas, vemos que tales milagros tienen el propósito de originar fe o fortalecerla. Este es el caso de Lida, donde Eneas pone su confianza en las palabras de Pedro y es sanado. Asumo que fue el mismo Pedro quien contó a Lucas este milagro y el de la resurrección de Dorcas. En ambos casos, Lucas menciona los nombres de la gente involucrada (Eneas y Dorcas) lo que permite dar a estas historias mayor vida y colorido.

   [33]. Allí encontró a un hombre llamado Eneas, quien había estado en cama por ocho años como un paralítico.

   Los santos en Lida ponen en contacto a Pedro con Eneas, quien ha sufrido un derrame o parálisis y por los últimos ocho años ha estado postrado en cama. Para él le es absolutamente imposible moverse de su cama, aun cuando Pedro se aproxima. Si es Eneas un creyente o no, no es posible saberlo porque el relato es demasiado breve. Quizás Eneas haya oído de los milagros realizados por Pedro en Jerusalén; ahora espera con expectación la palabra de Pedro.

    [34 y 35]. Y Pedro le dijo, “Eneas, Jesucristo te sana. Levántate, y haz tu cama”. Inmediatamente Eneas se levantó. [35]. Y todos los que vivían en Lida y en Sarón lo vieron y se volvieron al Señor.

   Pedro sana a los enfermos sólo invocando el nombre de Jesucristo (c.f. 3:6), porque es el Señor, no Pedro, quien obra los milagros. Pedro llama a Eneas por su nombre y luego le dice que Jesucristo lo sana. Usa el tiempo presente en una frase declarativa. Anuncia un hecho que en realidad ocurre al instante que él dice las palabras. Luego ordena al enfermo que se ponga de pie y haga su cama. La expresión literal en el griego es “arréglate tú mismo”. El objeto del verbo preparar hace falta y bien puede referirse a la “cama” como a la “mesa”. Los traductores prefieren usar el verbo con el sustantivo “cama”.

   El adverbio inmediatamente revela que, sin perder un segundo, Eneas se pone de pie y arregla su cama para demostrar a la gente que ha sido sanado. Todos sus miembros han vuelto a funcionar.

    La gente en Lida y en los alrededores de Sarón ve y oye lo que ha ocurrido y ponen su fe y confianza en Jesucristo. La planicie de Sarón se extiende desde Jope a lo largo de la costa pasando Cesarea hasta el monte Carmelo. Aquí Lucas está hablando en términos generales para comunicar las noticias de que la iglesia continúa creciendo numéricamente.

1er Titulo: Dios da autoridad a sus hijos para sanar (San Mateo 10: 7 y 8. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.).

    Comentario: Jesús continúa: 7. Y al ir predicad diciendo: “El reino de los cielos está cerca”. Este tema del reino, proclamado primero por Juan el Bautista, luego por Jesús, y ahora también por sus discípulos, ya ha sido explicado (véase sobre 3:2; 4:17, 23). Dicho en breve, quiere decir que los apóstoles tienen que seguir proclamando que en un sentido ha comenzado ya la dispensación cuando a través del cumplimiento de la profecía mesiánica el reino de los cielos (es decir, de Dios) en los corazones y vidas de los hombres se iba a hacer valer más poderosamente que nunca antes. La comisión continúa: 8. Sanad (los) enfermos, resucitad (los) muertos, limpiad (los) leprosos, echad fuera (los) demonios; gratuitamente recibisteis, gratuitamente dad. Una comparación de 10:8 con 4:23; 9:35 muestra que lo que Jesús quiere decir es: “Haced y seguid haciendo lo que yo estoy haciendo y he estado haciendo”. La “autoridad” de hacer esto ya les ha sido impartida (10:1). Por la gracia de Dios ahora ellos mismos deben aplicar ese poder.

   Hay abundante evidencia para demostrar que lo que aquí se ordena y predice realmente sucedió, una parte de ello inmediatamente, en este viaje o poco después, y una parte algún tiempo más adelante, después de la resurrección de Cristo; una parte de ello por medio de los Doce, a través de su líder Pedro, o Pedro y Juan, y otra parte por medio de Pablo, quien ciertamente debe ser contado entre los apóstoles (por eso hablamos de “Los Doce y Pablo”). Véanse los siguientes pasajes: Mr. 6:13, 30; Lc. 9:6–10; Hch. 3:1–10; 5:12–16; 9:32–43; 14:8– 10; 19:11, 12; 20:7–12; 28:7–10. Además, Jesús instruye a los Doce para que den sus servicios en forma gratuita. Lo que han recibido de balde ellos deben darlo de balde y con alegría. No debe haber simonía de ningún tipo (Hch. 8:18–24).

2° Titulo: La oración de Fe sanara al enfermo (Santiago 5:14 y 15. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.).

    Comentario. 14. ¿Está alguno de vosotros enfermo? Debe llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y le unjan con aceite en el nombre del Señor. 15. Y la oración hecha con fe sanará a la persona enferma; el Señor lo levantará. Si hubiere pecado, será perdonado.

    Tómese nota de los siguientes comentarios:

   ▬ a. “¿Está alguno de vosotros enfermo?” Santiago especifica qué quiso decir cuando habló de dificultades (v. 13). Se refiere a una enfermedad física de algún tipo. Es decir, alguien está debilitado físicamente por una enfermedad interna o externa y necesita urgentemente atención médica. ¿Qué debe hacer entonces la comunidad cristiana?

   ▬ b. “Llamad a los ancianos de la iglesia”. La persona enferma misma u otros a pedido suyo deben llamar a los ancianos de la iglesia. El Nuevo Testamento registra el vocablo anciano (presbítero) poco después de la fundación de la iglesia en Pentecostés. En la iglesia de Jerusalén, los ancianos eran los representantes de los creyentes (Hch. 11:30; 21:18). Ellos eran los hombres que ejercían el liderazgo y la supervisión pastoral de la congregación que representaban (Hch. 20:28; 1 P. 5:1–4). En su primer viaje misionero, Pablo y Bernabé designaron ancianos en cada iglesia (Hch. 14:23), y Pablo le encargó a Tito la tarea de nombrar ancianos en cada población de Creta (Tito 1:5). Nótese que Santiago utiliza la palabra griega reunión (sinagoga) en 2:2 y aquí usa el término iglesia. Es obvio que estos dos términos son intercambiables en la epístola de Santiago.

   ▬ c. “Oren por él y le unjan con aceite en el nombre del Señor”. ¿Qué quiere decir esto? En primer lugar, en el original el énfasis principal recae en la oración; el hecho de ungir con aceite es secundario con respecto a la oración. Esto es evidente si tomamos en cuenta el versículo siguiente, donde Santiago afirma el poder de la oración: “Y la oración ofrecida con fe sanará a la persona enferma” (v. 15). En segundo lugar, la Biblia enseña en varios lugares que el aceite de oliva tiene cualidades medicinales. Basta recordar al Samaritano que le aplicó aceite y vino al herido que estaba a la vera del camino a Jericó—el aceite calmaba y el vino era antiséptico (Lc. 10:34). Cuando los doce discípulos partieron en su primer viaje misionero, ellos “ungieron a mucha gente enferma con aceite y la sanaron” (Mt. 6:13). En la época y cultura de Santiago, el aceite de oliva se usaba habitualmente como medicina. En tercer lugar, el aceite tiene con frecuencia un significado simbólico en las Escrituras. Algunos intérpretes toman la palabra aceite junto con la frase en el nombre del Señor, y dicen que el aceite simboliza el poder sanador del Señor Jesús. Cuarto, las palabras de Santiago no deben interpretarse como un mandamiento apostólico para que se unja a los enfermos con aceite. Al contrario, en su ministerio curativo Jesús no recurrió a su uso. En el libro de Hechos los apóstoles curaron enfermos en numerosas ocasiones, pero sin usar aceite (3:6; 5:15–16; 9:34; 14:8–10; 16:18; 28:8–9).288 Lo que se enfatiza es la oración no el aceite.

   ▬ d. “Y la oración hecha con fe sanará a la persona enferma”. Cuando son llamados al lado del lecho del enfermo, los ancianos derraman sus oraciones a favor de este enfermo. Ellos dependen totalmente del Señor, quien concederá curación y restauración. Ofrecen sus oraciones con fe porque tienen la promesa de que el Señor curará al enfermo y lo levantará de su lecho.

   ▬ e. “Si hubiere pecado, será perdonado”. La última parte de este versículo parece bastante directa, y sin embargo parece vincular la enfermedad con el pecado.

   La declaración “si hubiere pecado, será perdonado” enfatiza lo interrelacionados que están el alma y el cuerpo. Por ejemplo, Jesús curó espiritualmente al paralítico cuando le dijo: “Tus pecados te son perdonados”, y lo hizo físicamente al decir le: “Levántate, toma tu camilla y anda” (Mr. 2:5, 9–11). Jesús sana el alma y el cuerpo para hacer del hombre un ser completo.

   ¿Viene la enfermedad a causa del pecado? No siempre. Tomemos la vida de Job como punto de referencia. Aunque estaba cubierto de dolorosos forúnculos, Job sabía que su aflicción no le había sobrevenido por ningún pecado. Dios lo hacía sufrir para probar su fe. Y aunque sus amigos le instaban a confesar su pecado, Dios mantenía su inocencia e integridad (véase Job 6:28–30).

   Pero después de haber dicho todo esto, cabe agregar que la persona enferma debería examinar su vida espiritual para “ver si hay en él camino de perversidad” (Sal. 139:24). Las dolencias físicas están con frecuencia relacionadas con una conciencia culpable. Dios muchas veces utiliza un período de enfermedad en la vida de una persona para llevarlo a un autoexamen y a elevar un ruego pidiendo la gracia perdonadora de Dios (véase Dt. 28:22, 27; Is. 38:17; Jn. 5:14; 1 Co. 11:30). Una vez que ha reconocido su pecado, descubierto ante él por el Espíritu de Dios, debe confesarlo. Dios está dispuesto a perdonar el pecado que confesamos. Es más, nunca volverá a recordarnos dicho pecado. Cuando Dios cancela el pecado, nunca más lo recordará—estamos ante él como si nunca hubiésemos pecado.

Consideraciones prácticas acerca de 5:13–15

   Estos bien conocidos versículos se encuentran entre los más descuidados y distorsionados hoy en día en la iglesia. En primer lugar, están descuidados. Cuando alguien se encuentra en dificultades, pronto se vuelca a la oración. Pero cuando alguien está contento, no le oímos cantar himnos de alabanza. Nuestra era tecnológica nos ha rebasado y nos hemos transformado en una sociedad que escucha, en vez de un pueblo que canta. Y hay algo más. Aunque los pastores hacen visitas regulares a los hospitales para confortar a los enfermos, la costumbre de llamar a los ancianos de la iglesia para orar por el enfermo parece pertenecer a una época pasada. Una de las tareas de los ancianos de la iglesia es la de orar por los enfermos cuando son llamados a hacerlo; no obstante, esta tarea habitualmente se la adjudica al pastor.

   En segundo lugar, estos versículos son frecuentemente mal interpretados. Mucha gente ha reclamado para sí lo que se ha dado en llamar don de sanar (1 Co. 12:9, 28, 30) y por ello ofrecen oraciones con fe para sanar a los enfermos. Declaran que los versículos de la epístola de Santiago expresan con claridad que “la oración ofrecida con fe sanará a la persona enferma” (5:15). Nadie niega que Dios hace milagros de curación en la comunidad cristiana en respuesta a las oraciones de los santos. ¿Pero qué sucede cuando Dios no sana al enfermo? ¿Se debe a falta de fe? ¿Existe algún pecado inconfeso? Sí, pero no en todos los casos. Considérese el caso de Pablo, a quien se le había concedido el don de sanar. Parece no haber podido librar a su amigo Epafrodito de una prolongada enfermedad que casi lo lleva a la muerte (Fil. 2:27). Además, Pablo escribe: “Dejé a Trófimo enfermo en Mileto” (2 Ti. 4:20). ¿Por qué no oró Pablo a Dios con fe para que sus amigos fuesen curados instantáneamente? No cabe la menor duda de que Pablo haya orado, pero él había aprendido por experiencia propia, cuando pidió ser librado del aguijón de su carne, que Dios no siempre nos cura tal como nosotros lo deseamos. El oyó a Dios decirle: “Mi gracia te basta, ya que mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Co. 12:9).

3er Titulo: El don de sanidad fortalece la fe (Los Hechos 19:11 y 12. Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aún se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían. 

   Comentario: 11. Dios realizó extraordinarios milagros a través de Pablo, 12. tanto que hasta los pañuelos y delantales que tocaban la piel de Pablo eran llevados a los enfermos; y sus enfermedades los dejaban y los espíritus malos salían.

    En Hechos observamos un interesante paralelismo. Después de derramar el Espíritu Santo en Pentecostés, Dios llevó a cabo extraordinarios milagros a través de los apóstoles (2:43; y véase 5:12). Antes que el Espíritu Santo viniera sobre los samaritanos, Dios realizó señales milagrosas a través de Felipe (8:6, 13). Cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en Éfeso, Dios dio a conocer su poder a través de milagros que realizó Pablo. Por supuesto, durante su primer viaje misionero Dios había dado a Pablo tanto como a Bernabé poder para realizar señales milagrosas y maravillas en Iconio (14:3).

   Hay otro paralelismo que es obvio: la sombra de Pedro caía sobre los enfermos, que eran sanados mientras él pasaba (5:15); los pañuelos y delantales de Pablo sanaban a los enfermos. La referencia en el caso de Pablo es un paño usado para secar la transpiración o una prenda de protección, que seguramente se ensuciaban y manchaban con el uso diario en el taller. Estas prendas eran llevadas a los enfermos quienes, al tocarlas, serían sanados y espíritus malos saldrían de las personas poseídas por demonios.

   Notemos lo siguiente en el servicio de Pablo al Señor:

   ▬ a. Dios, y no Pablo, es el obrador de milagros. Es verdad que el pueblo de Éfeso atribuía a Pablo un poder sobrenatural para sanar a los enfermos; sin embargo, Lucas claramente dice que Dios llevaba a cabo los milagros a través de Pablo.

   ▬ b. Lucas, médico de profesión, llama a estos milagros extraordinarios. Cualesquiera hayan sido las maravillas, eran admirables a los ojos del pueblo. Incontables enfermos fueron sanados, y llegaron a ser receptores de la gracia de Dios, oyendo el evangelio de salvación proclamado públicamente por Pablo.

   ▬ c. Además de enseñar el evangelio abiertamente y de realizar milagros de sanidad, Pablo también difundió las Buenas Nuevas casa por casa (20:20). Dirigiéndose tanto a judíos como a griegos, los amonestó a arrepentirse, volverse a Dios, y poner su fe en Cristo Jesús (20:21).

   ▬ d. Pablo contendió por la unidad de la iglesia, a la cual él consideraba el cuerpo de Cristo. En Éfeso, él recibió información acerca de grupos y disputas en la iglesia de Corinto (1 Co. 1:11–12). Una delegación de tres personas le informó personalmente de la situación en Corinto (1 Co. 16:17). En respuesta, Pablo escribió las dos epístolas canónicas a los corintios y otras dos que ya no existen (véase 1 Co. 5:9; 2 Co. 2:4). Además, Pablo mismo decidió visitar la iglesia en Corinto, pero esta visita probó ser una dolorosa experiencia para él (2 Co. 2:1).

   Pablo trabajó incesantemente para el avance del reino de Dios, el crecimiento y desarrollo de la iglesia de Cristo, la proclamación del evangelio de la gracia de Dios, y la salvación de los pecadores.

Consideraciones doctrinales en 19:11–12

   Al leer este pasaje en particular, invariablemente pensamos que el pueblo de Éfeso era supersticioso. Ellos esperaban ser sanados de sus enfermedades con sólo tomar alguna prenda de vestir que hubiera tocado la piel de Pablo. Parecieran considerar a Pablo casi divino por los poderes de sanidad que poseía.

   Sin embargo, Lucas no da indicación de que el pueblo le adoraré a Pablo o que hizo de sus pañuelos y delantales objetos de idolatría. Calvino señala que se escogieron aquellos objetos sin valor precisamente para que el pueblo no cayera en la superstición y la idolatría.

   La atención está en Dios, quien sana al pueblo físicamente y lo restaura espiritualmente a través de la predicación del evangelio. Dios lleva a cabo “milagros extraordinarios” como lo dice Lucas. Muestra su poder para que el pueblo se vuelva a él en fe y obtenga la salvación. Los milagros y la fe son los dos lados de una misma moneda. En las palabras del escritor de los Hebreos, “Esta salvación, que fue primeramente anunciada por el Señor, fue confirmada a nosotros por aquellos que la oyeron. Dios también testificó de ello mediante señales, maravillas y diversos milagros, y dones del Espíritu Santo distribuidos según su voluntad” (2:3–4).

Amen, Para La Honra Y Gloria De Dios.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.