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Semana del 15 al 21 de octubre de 2018: “Espíritu Santo en Cristo”. (Parte V).

Semana del 15 al 21 de octubre de 2018: “Espíritu Santo en Cristo”. (Parte V).


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Lectura Bíblica: Isaías Cap. 11, versículos 3 al 5: «Le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura».

 

  • Comentario:

Observemos aquí la última frase del versículo 4, en la que se dice que Él matará al impío. Esto se refiere a la época en que Satanás tenga su apogeo sobre la tierra, durante la Gran Tribulación. Y humanamente hablando, no habrá liberación para el mundo en dicho período. Aun Israel clamará, y la ayuda no vendrá del norte ni del sur, ni del este, ni del oeste. La ayuda vendrá de arriba. En aquel tiempo llegará el Mesías y Él establecerá Su reino. El propósito de la venida del Señor a este mundo, será muy evidente. Es que este mundo necesita quién lo gobierne.

El mundo no le ha elegido ni votado por Él, ni tampoco lo hará en el futuro. Pero éste es el Universo de Dios, y Él colocará al Mesías aquí en la tierra. Como dice el versículo 3, No juzgará según la vista de sus ojos, es decir, que no juzgará según las apariencias, ni tampoco por lo que oigan sus oídos, es decir, que no pronunciará sentencia fundándose en rumores. No habrá juicios prolongados, ni dudas, ni fallos en la aplicación de la justicia, como a veces sucede en la actualidad, cuando los culpables se las arreglan para eludir el castigo que les corresponde. Todo este asunto reviste una gran severidad para algunos, y una gran responsabilidad para otros. Habrá dos juicios; uno para los creyentes, y otro para los no creyentes. Al principio de la tribulación los creyentes tendrán que presentarse ante el tribunal de Cristo. La presencia de los creyentes frente al tribunal de Cristo fue descrita por el apóstol Pablo en su Segunda epístola a los Corintios, capítulo 5, versículo 10. Luego, al final del reinado de Cristo, habrá otro juicio para los que no creyeron en Jesucristo, como podemos ver en Apocalipsis, capítulo 20, versículos 11 y 12, juicio que la Biblia llama el Gran Trono Blanco.

En lo que respecta a los creyentes, es decir, los que ya hemos encontrado la salvación gracias a la obra de Cristo en la cruz, como ya hemos dicho, tendremos que presentarnos tendremos que presentarnos ante el Señor Jesucristo. Todo lo que en nuestra vida cristiana haya sido falso o aparente, saldrá a relucir en aquel día. Por ello, sería conveniente que mientras estemos aquí en la tierra, nos sometamos al examen de Su Palabra y a la acción de Su Espíritu y nos despojemos de todo lo que no sea auténtico, y seamos transparentes ante esa luz divina y ante la mirada de los demás, ya que algún día todo quedará expuesto y a la vista.

Leamos ahora el versículo 5 de este capítulo 11 de Isaías, que dice: «Y será la justicia cinto de sus caderas, y la fidelidad ceñirá su cintura». Es decir, que como el rey estará revestido de justicia y fidelidad, ése será el propósito de Su reino. Ese reinado caracterizado por la justicia y la fidelidad también tendrá el propósito de restaurar el dominio sobre la creación, perdido por Adán en el jardín del Edén cuando el pecado entró en la raza humana. Recordemos nuestras consideraciones al estudiar el libro del Génesis

 

 

1er Titulo: «En el anuncio de Su segunda venida».

Hechos 1:9 al 11: «Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo».

 

  • Comentarios:

Versículo 9: «Y habiendo dicho estas cosas, fue levantado mientras ellos miraban. Una nube le ocultó de sus ojos».

Lucas registra el hecho de la ascensión de Jesús en tan pocas palabras que es sorprendente. En la conclusión de su Evangelio dice que Jesús llevó a sus discípulos a los alrededores de Betania, a menos de cuatro kilómetros de Jerusalén (Lc. 24:50; Jn. 11:18). En Hechos, dice que el lugar exacto de la ascensión fue el Monte de los Olivos (1:12). En el Evangelio, dice que “y alzando sus manos, los bendijo [a los discípulos]. Y mientras los bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo” (Lc. 24:50–51). Pero el relato de Hechos sólo dice: “Y habiendo [Jesús] dicho estas cosas, fue levantado mientras ellos miraban”.

  1. “Fue levantado mientras ellos miraban”. Aunque en el v. 9 Lucas omite referirse al cielo, en el 10 y el 11, usa cuatro veces la expresión al cielo. ¿Por qué hace la omisión en el v. 9? Es evidente que Lucas no enfoca la ascensión desde el punto de vista de Jesús sino desde la perspectiva de los discípulos.97 Ellos están viendo la ascensión de Jesús desde la tierra al cielo. Deben darse cuenta de que las periódicas visitas del Cristo resucitado han cesado con su ascensión que marca el fin del tiempo en que él estuvo físicamente presente con sus seguidores. Por eso, en los siguientes capítulos de Hechos, Jesús se aparece a sus apóstoles en visiones (p.ej. 18:9). Nótese que la construcción pasiva del verbo fue levantado da a entender que Dios el Padre es quien lleva a Jesús al cielo (véase v. 2). Esta construcción gramatical indica que la tarea de Jesús en la tierra ha terminado.
  2. “Y una nube le ocultó de sus ojos”. No debemos hablar de la ascensión en términos de física o cosmología, porque la Escritura no quiere darnos una lección respecto a la ubicación del cielo. “El movimiento hacia arriba es casi la única forma posible de ilustrar una remoción completa”. A Lucas lo que le interesa es que Jesús deja el escenario de este mundo y entra a la gloria celestial. Por otros pasajes de las Escrituras sabemos que una nube ocultó la gloria celestial del Padre. Una nube brillante cubrió a Moisés y a Elías cuando aparecieron hablando con Jesús en la transfiguración. Y de esta nube, los discípulos oyeron la voz de Dios (Mt. 17:5; 2 Pe. 1:7; compárese también con Ex. 40:34–35).

 

Versículos 10 – 11: «Mientras ellos se fijaban en el cielo, entre tanto que él se iba, al instante se juntaron a ellos dos varones con vestidos de blanco. Ellos dijeron: “Varones galileos, ¿por qué están aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de ustedes al cielo, volverá en la misma manera en que le han visto ir al cielo».

Podemos hacer las siguientes observaciones sobre este pasaje:

  1. Los discípulos. Aunque evidentemente Lucas no es un testigo ocular de la ascensión de Jesús, da una vívida descripción del hecho. Describe a los apóstoles abobados mirando hacia arriba. En su Evangelio, afirma que los discípulos adoraron a Jesús y volvieron a Jerusalén con gran gozo (Lc. 24:52). Pero en Hechos, dirige la atención a su mirar abobados al cielo (véase también v. 11). Describe la emoción que experimenta el ser humano ante la despedida. Sin embargo, si hay algo de tristeza en este caso, se disipa con la aparición de los dos ángeles.
  2. Los ángeles. Mientras los discípulos continúan mirando al cielo, de repente dos hombres vestidos de blanco se aparecen junto a ellos. Obviamente, son ángeles enviados por Dios. Obsérvese la semejanza a los dos ángeles vestidos de blanco que se aparecieron en la tumba vacía el Domingo de Resurrección a las mujeres y María Magdalena (Lc. 24:4; Jn. 20:12). El color blanco simboliza la pureza y el gozo.

Los ángeles han sido enviados no a reprender sino a revelar. De ahí que pregunten: “Varones galileos, ¿porqué están aquí mirando al cielo?” Podemos suponer que los once discípulos son de Galilea con Judas Iscariote como la excepción. Los ángeles llaman a los apóstoles galileos para recordarles de su compañerismo con Jesús y su ministerio terrenal en Galilea. Los ángeles han venido a transformar la posible tristeza en gozo; a asegurar a los discípulos que, aunque Jesús ha ascendido, desde el cielo él los dirigirá para que cumplan la tarea; y para decirles que Cristo volverá en el tiempo señalado.

  1. Jesús. Como Jesús mismo prometió a los apóstoles que él estaría con ellos hasta el fin de los tiempos (Mt. 28:20), así los ángeles reafirman la continuidad de esta relación con Jesús. Les dicen que “este mismo Jesús que ha sido tomado de ustedes al cielo, volverá en la misma manera en que le han visto ir al cielo”. Los ángeles en realidad no están diciendo nada nuevo, sino afirman y repiten lo que Jesús les había enseñado durante su ministerio. Al final de los tiempos, les había dicho, “[los hombres] verán al Hijo del hombre que vendrá en una nube con poder y gran gloria” (Lc. 21:27). Los ángeles ponen en equilibrio la ascensión de Jesús y su regreso. Así como ascendió, así regresará. Jesús regresará físicamente, con el mismo cuerpo glorificado con que se fue al cielo. Es consecuente con su carácter y su palabra que él atienda a su iglesia tanto en materia de crecimiento como en la preparación de un lugar para sus seguidores (Jn. 14:2–3).

 

2° Titulo: «En su segunda venida».

Apocalipsis 22:12 y 17: «He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra; Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente».

 

  • Comentario:

Las palabras del versículo 12 son una confirmación del anterior (v. 11). Jesús dice que viene pronto (véase vv. 7; 20). Y que entonces recompensara a todo ser humano de acuerdo con sus obras.

Pero ¿se puede interpretar la palabra recompensar como pago por lo hecho? Primero, la promesa del retorno de Jesús significa gozo y felicidad para el creyente, pero temor y remordimiento para el incrédulo. Su retorno debe verse sobre el telón de fondo del juicio final, cuyo tiempo los justos entrarán a su recompensa celestial y los malos a las tinieblas externas (Mt. 25:31-46).

Luego, en las Escrituras no hay justicia por obras, <ningún cálculo mezquino de recompensa, ningún recuentro de buenas (y malas) obras, ninguna correlación entre logro y recompensa.> El término recompensa no tiene ninguna conexión con el concepto <tesoros en el cielo> (Mt. 6:19), porque cualquier recompensa que Dios da lo hace sobre base de gracia inmerecida. El don de salvación es pura gracia, inmerecida y no ganada.

Cuando Jesús dice que viene pronto y que su recompensa está con él, reformula palabras que se encuentran en las Escrituras del Antiguo Testamento. <Miren, el Señor omnipotente llega con poder, y con su brazo gobierna. Su galardón lo acompaña; su recompensa lo procede> (Is. 40:10; véase también Sal. 28.4; Jer. 17:10). En su carta a la iglesia en Tiatira, Jesús dice que pagará a cada uno de ellos según sus obras (Ap. 2:23; comparar con 18:6 y 20:12–13). Estos pasajes se refieren a la venida de Jesús como juez de toda la tierra.

Jesús se identifica con la primera y la última letra en el alfabeto griego, el Alfa y la Omega, y como el primero y el último, el principio y el fin (véase 21:6). En esta declaración sumaria, utiliza tres cláusulas que transmiten el concepto de que es eternamente divino. Nótese que en el primer capítulo Dios se identificó con las letras Alfa y Omega, pero Jesús se identificó como «el primero y el último» (1:8 y 17, respectivamente). Ahora, en la conclusión de Apocalipsis, Jesús se sitúa claramente como igual a Dios con las mismas palabras de identificación. Es igual a Dios en poder y autoridad.

 

Versículos.17: «Y el Espíritu y la esposa dicen, ‘¡Ven!’ Y el que lo oiga diga, ‘¡Ven!’ Y el que tenga sed que venga, y el que lo desee que tome gratuitamente del agua de la vida».

Jesús parece ser el que habla y ahora anuncia que la respuesta a sus palabras proviene de dos fuentes, a saber, el Espíritu Santo y la iglesia en la tierra. Estos dos siguen clamando por el retorno de Jesús con una petición en tiempo presente que significa «Cumple tu plan en la historia con la mirada puesta en tu venida». El clamor por la venida del Señor se repite en el versículo 20, como última petición en Apocalipsis, «Amén, ven Señor Jesús». El Espíritu de Cristo es el Espíritu del esposo; y este Espíritu tiene su morada en la esposa, o sea, la iglesia. De ahí que, a instancias apremiantes del Espíritu, la iglesia expresa su anhelo por el retorno de Cristo, su esposo. No sólo el cuerpo orgánico de la iglesia sino todo creyente individual que responde en obediencia a la instancia del Espíritu manifiesta esta ansia. La invitación «¡Ven!» se da dos veces para poner de relieve el apremio.

Sin embargo, la tercera invitación, «El que tenga sed que venga» no se dirige a Cristo sino al pueblo, como invitación para que acudan a él. Esto crea confusión, en especial debido a que la última exhortación, «el que lo desee que tome gratuitamente del agua de la vida», también es una exhortación evangelística. Esta incoherencia se puede solucionar si interpretamos el doble significado del verbo venir. Primero, la iglesia, al rendir culto y al celebrar la cena del Señor pide a Cristo que regrese (Maranatha; véase Didajé 10:6). Luego, al mismo tiempo, la iglesia extiende a todos la invitación de venir a Cristo. Al escribir acerca de la venida del Señor, Pedro exhorta a sus lectores a que vivan vidas santas y piadosas «esperando ansiosamente la venida del día del Señor» (2 P. 3: 12a), con lo cual indica que el pueblo de Dios desempeña un papel en disminuir el tiempo antes del regreso de Jesús. Al dirigirse a la multitud después de sanar al mendigo tullido, Pedro dijo al pueblo que se arrepintieran con el fin de acelerar la venida de Cristo (Hch. 3:19–21). De igual modo, alrededor del 300 d.C., un rabio judío escribió, «Si los israelitas se arrepintieran, aunque fuera un solo día, entonces el Hijo de David [el Mesías] vendría».25 Esto quiere decir que la iglesia debe llevar el evangelio al mundo, conducir a las personas a la fe y al arrepentimiento, y llenar la casa de Dios. Entonces, el fin vendrá y Cristo regresará.

Todo el que desee beber del agua de la vida puede venir gratuitamente a tomarla. Hay una invitación en el Antiguo Testamento, que se menciona en Isaías 55:1, «¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed! ¡Vengan a comprar y a comer todos los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche sin pago alguno» (véase también Jn. 7:37; Ap. 21:6).

 

3er Titulo: «En su Reinado Milenial».

Isaías 11:1-2: «Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová».

 

  • Comentario:

El contenido de esta sección eleva a la altura más sublime el concepto de un rey ideal que encarnaría la justicia absoluta y la paz victoriosa para felicidad de todo el género humano. Todo esto aparece en marcado contraste con el rey de Asiria, cuya gloria fue tirada por los suelos en la profecía anterior (10:16, 33).

Este rey mesiánico brotaría del tronco de Isaí, que es otra manera de aludir al rey David. Las expresiones como “tronco” y “retoño” dan a entender que por causas políticas internas o externas la dinastía de David sería interrumpida, pero restaurada antes de que se desvanecieran sus raíces históricas: Y un vástago de sus raíces dará fruto (v. 1). El v. 2 describe el carácter de este rey ideal, que sería todo lo contrario de los reyes de Asiria e Israel. Sobre él reposaría el Espíritu de Jehovah y lo coronaría con estas cualidades:

(1) Sabiduría: Para conocer el propósito de su alta investidura y actuar de acuerdo con las expectativas del Señor.

(2) Inteligencia: Para saber cómo actuar en cada circunstancia.

(3) Consejo: Para alcanzar las vías y los medios para lograr sus objetivos. Esta cualidad es también expresada por el título Péle 6383, Yoéts 3272, “Admirable Consejero” de 9:6 (ver comentario allí).

(4) Fortaleza: Es la cualidad del poder y del valor para llevar a cabo todo su consejo. La palabra en hebreo es gueburah 1376, y eso le asocia con el título El Guibor 1376, “Dios Fuerte” en 9:6.

(5) ConocimientoPor el par que forma esta cualidad con temor de Jehová (v. 2), podemos darnos cuenta que este es el conocimiento de la voluntad de Jehovah, que nutre en él una conciencia ética.

(6) Temor de Jehovah: Es la convicción constante y positiva de que es a Jehovah a quien ha de dar cuenta de sus hechos

Los vv. 3–5 describen en la práctica del gobierno las cualidades de su carácter. Su preocupación paternal por los pobres y por los afligidos de la tierra, su intolerancia contra los tiranos e impíos, hacen eco del título Abiad 1 y 5703 “Padre Eterno” en 9:6.

 

  • Comentario:

«Saldrá una vara del tronco de Isaí; un vástago retoñará de sus raíces».

Otra traducción lo expresa de esta manera: «Y brotará un retoño del trono de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto». Observemos que aquí se menciona una «vara» o un retoño, pero no se hace referencia a David; se menciona al padre de David. Aquí se habla de una vara o un vástago viviente procedería de él. Vamos a tratar este tema cuando estudiemos el capítulo 53, cuando veamos allí al Señor Jesucristo como la Vara, el Vástago y el Tronco que procede del mismo rey David. Por supuesto que en nuestro pasaje de hoy se explica que Él formaría parte de la descendencia de David pero ¿por qué el profeta Isaías retrocedió hasta Isaí? Bueno, el linaje real comenzó con David. Isaí era un agricultor, un pastor de ovejas, vivía en una pequeña población llamada Belén. El linaje real, la línea de descendencia de David se había rebajado al nivel de un campesino. Ya no pertenecía a un príncipe criado en un palacio, sino a Alguien criado en el taller de un carpintero. Por lo tanto, Isaías escribió, con delicadeza, que el retoño procedería del tronco de Isaí.

Ésta es la segunda oportunidad en que se menciona esta vara o retoño. La primera vez fue mencionada en Isaías 4:2. Como ya hemos dicho anteriormente, hay unas 18 palabras en hebreo que son traducidas como vara. Y éste es uno de los títulos que se le ha dado al Señor Jesucristo. En el capítulo 53, de este mismo libro de Isaías, se le menciona como una raíz que sale de tierra seca.

Delitzsch, un gran erudito hebreo dijo: «En el cumplimiento histórico, aún el sonido de las palabras de la profecía se destaca, y la palabra para vara aquí, es «nehtzer»; el nehtzer, al principio tan humilde, era un pobre nazareno» (como podemos ver en Mateo 2:23). Cristo tuvo un origen humilde, naciendo allá en Belén, la ciudad de David, pero también la ciudad de Isaí.

Ahora, leamos el versículo 2, de este capítulo 11 de Isaías, donde podemos ver algunas características del Rey: «Y reposará sobre él el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor.»

Éstos son las siete características del espíritu que reposó sobre el Señor Jesucristo, y que expresan la plenitud del poder: (1) es del Señor; (2) de sabiduría; (3) de inteligencia; (4) de consejo; (5) de poder; (6) de conocimiento y (7) de temor del Señor. El número siete en las Sagradas Escrituras no representa necesariamente a la perfección. La idea principal significa plenitud, algo que es completo. En el Evangelio de Juan 3:34 leemos: «Dios no da el Espíritu por medida». Y en la carta del apóstol Pablo a los Efesios 5:18 se nos aconseja sed llenos del Espíritu. En el recipiente de nuestra vida cristiana, algunos de nosotros tenemos sólo unas gotas allí en el fondo, otros tienen una cuarta parte del vaso, otros la mitad. Realmente uno encuentra a pocos cristianos que estén verdaderamente llenos del Espíritu Santo. Una niña solía decir en su oración: «Señor, lléname de Tu Espíritu Santo. Yo no puedo tener mucha cantidad, pero puedo rebosar mucho». Y hay muy pocos creyentes que están tan llenos que rebosan por todas partes. En este sentido, el Señor Jesucristo fue una excepción.

(1) Se nos dice aquí que en primer lugar reposará sobre Él el Espíritu del Señor. El Señor Jesucristo, en su humanidad, vivió en el poder del Espíritu. Cuando Él regrese, va a gobernar en el poder del Espíritu.

(2) Aquí vemos que es el espíritu de sabiduría. En la primera epístola de Pablo a los Corintios 1:30 dice que Dios le ha hecho nuestra sabiduría. En el día de hoy, Él es el único que puede guiarnos a través de esta vida. La realidad, amigo oyente, es que, ni usted ni yo podemos enfrentarnos al mundo del presente. El Señor Jesucristo pudo decir en Juan 14:30, «viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí». Satanás no tiene ningún poder ni dominio sobre Él, pero sí puede encontrar algo en nosotros. Necesitamos el espíritu de sabiduría y el Señor Jesucristo es ese espíritu de sabiduría.

(3). Aquí se menciona también un espíritu de inteligencia, lo cual se refiere a un discernimiento espiritual. Es algo realmente entristecedor descubrir que pocos creyentes tienen alguna clase de discernimiento. Nos sorprende ver la forma en que algunas personas siguen a un individuo, basándose solamente en experiencias humanas. Parece que valoran su apariencia o el sonido de su voz, pero no comprenden realmente lo que está diciendo, o si lo que está diciendo está de acuerdo con la Palabra de Dios. Los cristianos necesitan ese espíritu de inteligencia. Ésta es una de las cosas por las cuales siempre hemos orado y que parece ser más necesaria que nunca antes. Necesitamos ser conscientes de quienes están de parte del Señor, y quienes no lo están.

Esta falta de inteligencia para considerar los asuntos espirituales se manifiesta de muchas maneras. Algunos cristianos evidencian una falta de comprensión del carácter, o de la situación de otros cristianos. En otros se nota una falta de comprensión de los alcances y posibilidades de la obra de Dios. Hay algunos que juzgan las cosas a primera vista, sin profundizar y emiten juicios u opiniones apresuradas. A veces los creyentes se dejan influenciar fácilmente por las opiniones de los demás, no distinguen las motivaciones ni perciben si éstas son espirituales o simplemente egoístas. Amigo oyente, cuán importante es la Inteligencia espiritual. ¿Ha orado usted alguna vez por eso? Pídale a Dios que le dé el espíritu de inteligencia, para aplicarlo a todos los asuntos personales de su vida y a los derivados de su relación con otros cristianos y no cristianos.

(4) Luego, dice aquí en este versículo 2: Espíritu de consejo. Todos nosotros necesitamos consejo. ¿Ha notado usted que el Señor Jesucristo nunca le pidió consejo ni dirección a nadie? Él daba consejos a los demás.

(5) Dice también: Espíritu de poder. ¡Cuánto necesitamos poder en el día de hoy! El Apóstol Pablo, escribiendo a los Filipenses, en 3:10, y hablando del Señor Jesucristo, manifestaba su deseo de conocerle, y de conocer el poder de su resurrección. Y tenemos que reconocer que necesitamos esa fuerza, esa energía espiritual, ese poder.

(6 y 7) el versículo dos finaliza mencionando el espíritu de conocimiento y el espíritu de temor del Señor. Y aquí tenemos algo otra vez que es indispensable en la formación del carácter cristiano, que podemos adquirir mediante el estudio de la Palabra de Dios, bajo la guía del Espíritu Santo.

 

Amen, para la gloria de Dios.

 

 

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  • Bibliografía:

– Comentario Mundo Hispano.

– Comentario Nuevo Testamento (Simón J. Kistemaker). 


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.