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Semana del 12 Al 18 De noviembre De 2018 “La Obra Del Espíritu Santo En La Nueva Dispensación”

Semana del 12 Al 18 De noviembre De 2018 “La Obra Del Espíritu Santo En La Nueva Dispensación”

   Lectura Bíblica: 1a de los Corintios Cap. 12, versículos 4 al 11. Hay variedades de dones, pero el mismo Espíritu. Hay variedades de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay variedades de actividades, pero el mismo Dios está obrándolo todo en todos. Pero a cada uno le son dadas la manifestación del Espíritu para el bien común. A uno le es dada una palabra de sabiduría mediante el Espíritu, a otro una palabra de conocimiento según el mismo Espíritu. A otro le es dada fe por el mismo Espíritu y a otro, dones de sanidad por un solo Espíritu. Y a otro le son dadas actividades que producen milagros, a otra profecía, y a otro el distinguir espíritus, a otro diferentes tipos de lenguas, a otro interpretación de lenguas. El único y mismo Espíritu hace todas estas cosas, repartiéndolas a cada uno individualmente como él quiere.

   Comentario:

(1) Diferentes dones, pero todos dados por Dios 12:4–6

   Si los primeros tres versículos de este capítulo se entienden como la introducción a la enseñanza acerca de los dones espirituales y del Espíritu Santo, entonces el siguiente párrafo es una elaboración detallada del tema. Pablo hace notar la variedad de dones y afirma que se originan en el Dios Trino: el Espíritu Santo, el Señor Jesucristo y Dios el Padre. Estos dones son diversos y Dios es el dador de cada uno.

   Versíc. 4. Hay variedades de dones, pero el mismo Espíritu. 5. Hay variedades de ministerios, pero el Señor es el mismo. 6. Y hay variedades de actividades, pero el mismo Dios está obrándolo todo en todos.

Si para concentrarnos en los sustantivos de estos versículos suprimimos por un momento la repetición de las expresiones hay variedades y, pero es el mismo, descubrimos el siguiente arreglo:

   Hay variedades de dones→ ministerios→ actividades→ pero el mismo Espíritu [Santo]→Señor [Jesús]→ Dios [Padre] está obrándolo todo en todos.

   Podemos hacer tres pares: dones y Espíritu, ministerios y Señor, actividades y Dios. La frase «todo en todos» sirve de conclusión. Para decirlo de otro modo, en relación con el

   Espíritu hay variedades de dones; en relación con el Señor esos dones son ministerios; y en relación con Dios son actividades. Miremos ahora el pasaje versículo por versículo.

  1. «Hay variedades de dones, pero el mismo Espíritu». El término variedades está en plural para revelar la forma tan completa en que la gracia de Dios se ha propagado en el pueblo de Dios. Quiere decir que estos dones tenían funciones distintas y que estaban ampliamente distribuidos entre la comunidad cristiana. De tal manera que, cada creyente tiene algún don o dones, pero nunca los posee todos (véase 1 P. 4:10). La palabra variedades quiere decir que la iglesia de Cristo tiene unidad y diversidad. Pensemos, por ejemplo, en un árbol bien formado. Aunque el árbol produce una multitud de hojas, ninguna es igual. De la misma forma, la iglesia refleja unidad en su totalidad, pero uniformidad en sus partes. La iglesia ha sido bendecida con una variedad de dones que reflejan la diversidad y que contribuyen a la unidad.

   ¿Qué son estos dones? En el versículo introductorio (v. 1), Pablo mencionó los pneumatikōn (=dones espirituales), pero ahora los llama jarismata (=dones de gracia). En este capítulo, Pablo muestra nueve dones como ejemplos: sabiduría, conocimiento, profecía, fe, sanidades, milagros, discernimiento espiritual, hablar en lenguas, interpretación de lenguas (vv. 8–10, 28; cf. Ro. 12:6–8). No obstante, Pablo no intenta ser exhaustivo ni completo. De hecho, el número de dones mencionados en el Nuevo Testamento llega sólo a unos veinte.

   La oración hay variedades de dones se anexa a pero el mismo Espíritu. Nótese que Pablo no dice del mismo Espíritu, implicando así que el Espíritu es el único que reparte estos dones. El hecho es que las tres personas de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) dan dones al pueblo de Dios (p. ej., Ef. 4:8). Pablo usa el adversativo, pero en la segunda oración de este versículo (v. 4) para contrastar la variedad de dones y la igualdad del Espíritu.

   El Espíritu capacita a los miembros de la iglesia de Cristo a recibir, desarrollar y aplicar estos dones en unidad. Cualquiera sea el don, es el mismo Espíritu el que está obrando en la vida del creyente. Dado que el Espíritu Santo está detrás de cada don que se distribuye al pueblo del Señor, no debería darse ningún orgullo ni división entre los corintios. El Espíritu no es promotor de divisiones, sino de unidad.

  1. «Hay variedades de ministerios, pero el Señor es el mismo». En este versículo (v. 5), Pablo enseña que el Señor Jesucristo es el responsable por la diversidad de dones ministeriales que hay en la comunidad cristiana. La palabra griega diakoniōn realmente apunta a servicios que se entregan dentro del contexto de la iglesia. Las palabras españolas diácono y diaconado son derivados que se empapan del espíritu de servicio al cuerpo de Cristo. Los servicios que se prestan no tienen límite. De esta infinita multitud voy a mencionar tres: una persona predica el sermón, otra enseña en la escuela dominical y otra canta en el coro. Cristo equipa a cada persona para que le sirva en adoración, evangelización, enseñanza, consejería, administración y gobierno.

   Nadie debería jactarse de haber recibido un don más grande o una posición más eminente que otros miembros, porque todos los dones y posiciones los da el Señor. La noche que fue arrestado, el Señor lavó los pies de sus discípulos y dijo: «Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. Ciertamente les aseguro que ningún siervo es más que su amo, y ningún mensajero es más que el que lo envió» (Jn. 13:15, 16). El servicio en la iglesia y en la comunidad debe prestarse en el espíritu de Jesús, quien dota y energiza a su pueblo con talentos y habilidades. Jesús es el mismo para cada creyente y no muestra favoritismo alguno. Reconoce completamente el servicio que cada uno realiza, cualquiera que sea, cuando se hace con humildad y para él (Mt. 25:34– 40).

  1. «Y hay variedades de actividades». ¿Qué son estas variedades de actividades? La palabra griega energēmata («actividades») aparece dos veces en el Nuevo Testamento (vv. 6 y 10). En el versículo 6, la palabra se conecta con el concepto de dones, mientras que en el versículo 10 quiere decir poderes milagrosos. El español tiene palabras con esa raíz: enérgico, energía, energético. Aquí señala a acciones que son el resultado del poder energizante de Dios. Ilustrémoslo de esta manera: puede que el pastor haya preparado muy bien su sermón para el domingo, pero se comunicará bien sólo cuando Dios le conceda el poder para predicar. El pastor depende por completo del que lo envió para obtener poder para predicar, y reconoce que sirve a Dios como su portavoz cuando predica en el culto del domingo.
  2. «Pero el mismo Dios está obrándolo todo en todos». Dios envía a su pueblo para que sean sus siervos en innumerables situaciones. El reino de Dios no tiene fronteras y sus ciudadanos residen donde sea que el Señor lo coloque. Dios pone a su pueblo en todo sector y segmento de la sociedad, para que den a conocer su verdad en todo lugar. Quiere que su pueblo ministre a todos los que sufren: hombres, mujeres y niños. Les da su poder para sanar un mundo destrozado que necesita ayuda física, emocional, espiritual y material.

Consideraciones prácticas en 12:4–6

La comunidad cristiana tiene una variedad sorprendente e innumerable de dones y talentos. Por ejemplo, algunos tienen el don de hablar en público, de cantar o tocar un instrumento, de enseñar, aconsejar, de desarrollar arte creativo o de componer música o poesía. Sin ser entrometidos, los creyentes con frecuencia hacen una gran contribución al bienestar de la sociedad. Por sus talentos y habilidades, pueden liderar en muchas áreas de la vida pública y privada.

   Jesús ha colocado a su pueblo en posiciones estratégicas por todo el mundo. La llama a usar sus talentos para la venida de su reino y la extensión de su iglesia. Quiere que su pueblo use sus dones para el bien común de la humanidad. A través del ministerio mundial de sus siervos, Jesús da a conocer su nombre a todas las naciones, razas y pueblos en todos los idiomas del mundo. El nombre más conocido en todo el mundo es el nombre de Jesús.

   El pueblo de Dios jamás debe usar sus talentos y dones para su propia satisfacción e intereses particulares, aunque los portadores de esos dones se beneficien grandemente por ellos. El cristiano peca contra Dios y le desobedece, si permiten que semejante egoísmo ocurra. Dios manda a sus siervos que salgan en su nombre para servirle dondequiera que él los coloque. Muchas veces esto requiere decidir dejar atrás parientes, amigos y posesiones. Dios les promete darles como herencia cien veces más en esta vida y la vida eterna (Mt. 19:29).

 

(2) Dones para el bien común 12:7–11

   Versíc. 7. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el bien común.

  Con demasiada frecuencia se cree que son los pastores, los evangelistas y los misioneros los únicos que han recibido dones especiales. La gente a menudo hace una distinción entre una ocupación secular y una sagrada. Se cree que el servicio al reino lo realizan los que han sido ordenados para servir al Señor en ministerios especiales.

   Pablo escribe que cada creyente recibe la manifestación del Espíritu. Como el Espíritu Santo mora en cada creyente (6:19), hace sentir su presencia por medio de algún don. De una forma u otra, el Espíritu Santo se revela en la vida de cada creyente. Esto no quiere decir que cada creyente tiene sólo un don. Por ejemplo, Pablo mismo había recibido el don de la continencia y el de hablar en lenguas (7:7; 14:18).

   La frase la manifestación del Espíritu podría ser un genitivo objetivo o subjetivo. Si es objetivo, quiere decir una acción que revela la presencia del Espíritu. Si es subjetivo, apunta a una acción que el Espíritu genera. En vista del verbo pasivo es dada, quizá debiéramos aceptar la interpretación objetiva, ya que el verbo implica que Dios es el que da los distintos dones.

   La evidencia de la presencia del Espíritu en la vida del creyente sirve al bien común de toda la comunidad. El Espíritu usa los dones de cada creyente para la edificación de la iglesia (cf. Ef. 4:12), la cual es un tema que Pablo aplica más adelante a su discusión del uso de las lenguas (14:4). La intención aquí es promover el bien común, lo cual prohíbe que el cristiano use sus dones para beneficio personal. Pablo no niega que un don pueda ser de beneficio para el que lo posee,16 pero Dios confiere sus dones a su pueblo para que todos sean edificados (14:26).

   Versíc. 8. A uno le es dada una palabra de sabiduría mediante el Espíritu, a otro una palabra de conocimiento según el mismo Espíritu.

   ¿Cómo se manifiesta el Espíritu Santo? En los dones que Dios reparte en su pueblo. Pablo cita un total de nueve dones representativos (vv. 8–10), una lista que no pretende ser exhaustiva. Es difícil de saber si trata de categorizarlos. Los estudiosos intentan diferenciar los dones que son temporales de los que son permanentes, los verbales de los no verbales, los importantes de los menos importantes. Una triple división atractiva de los dones es la siguiente:

  1. Pedagógicos: sabiduría y conocimiento
  2. Sobrenaturales: fe, sanidades y milagros
  3. Comunicativos: profecía, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación de lenguas.

   Pablo usa una variedad de palabras en el griego de los versículos 8–10. Aparentemente, sólo se interesa en la diversidad estilística y no en hacer distinciones. Por ejemplo, al referirse al Espíritu usa las preposiciones mediante, según y por sólo para variar la forma de expresión.

   Además, aunque son nueve dones, al único que se le llama don es al de sanidad (v. 9). Por cierto, que damos por sentado que Pablo hace uso de su libertad como autor de esta carta al escoger su vocabulario.

  1. «A uno le es dada una palabra de sabiduría mediante el Espíritu». La sabiduría es el primero de los dos dones pedagógicos. Dios da este don de sabiduría y comunica su contenido por medio del Espíritu Santo. Literalmente, el griego dice: «palabra de sabiduría»; otros traductores colocan: «que hablen con sabiduría» (VP, cf. BP, CB, LT). El don tiene que ver con la habilidad de hablar sabiduría divina, la cual los creyentes reciben a través del Espíritu Santo (cf. 2:6, 7). Se contrasta la sabiduría divina con la humana (1:17, 20, 25).

   En Jesús se cumplió la profecía de Isaías, quien decía que el Espíritu de sabiduría descansaría sobre el Mesías (Is. 11:2). Jesús creció en sabiduría (Lc. 2:52). Esteban estaba lleno de sabiduría y del Espíritu (Hch. 6:10), siendo un ejemplo de cómo Jesús cumplió su promesa de que daría sabiduría a sus discípulos. Por último, Santiago le dice a sus lectores que si alguno tiene falta de sabiduría, debe pedírsela a Dios, quien la imparte con generosidad

sin reprochar ninguna cosa (Stg. 1:5). Los creyentes deben con fe pedir sabiduría, y Dios se las dará.

  1. «A otro una palabra de conocimiento según el mismo Espíritu». El segundo don pedagógico es el conocimiento. En esencia, se trata de «un conocimiento íntimo y personal de Dios que no depende del intelecto sino del amor, que depende del conocimiento que Dios tiene del hombre».18 El término denota afinidad y apunta a una relación personal que existe entre Dios y el redimido en Cristo. Dios imparte este conocimiento por medio de su Espíritu y debe usarse dentro de la comunidad cristiana para el beneficio de todos sus miembros. Se expresa en el saber, entender y explicar al pueblo la revelación de Dios en la Escritura y en la creación.

   Sabiduría y conocimiento son dones que se traslapan.19 Aquí Pablo los coloca juntos y alude a una discusión anterior sobre estos dos temas (2:6–16). A lo largo de esta carta, Pablo usa repetidamente la palabra conocimiento, cuyo significado vario según el contexto.

   Versíc. 9. A otro le es dada fe por el mismo Espíritu y a otros dones de sanidad por un solo Espíritu.

  1. «A otro le es dada fe por el mismo Espíritu». El tercer don es la fe. Junto con los milagros y las sanidades, pertenece a la categoría de dones sobrenaturales. Como todo verdadero creyente tiene fe en Jesucristo, Pablo no se refiere a la fe salvadora. Más bien se refiere a la convicción completa y firme de que Dios va a realizar un milagro. Jesús les dijo a sus discípulos que, si tenían fe como un grano de mostaza, podrían mover montañas (Mt. 17:20; 1 Co. 13:2). Con la llegada de Pentecostés, los apóstoles mostraron tener esa fe. Por ejemplo, Pedro y Juan valientemente se opusieron a los miembros del Sanedrín, predicaron el evangelio y en el nombre de Jesús sanaron a un lisiado (Hch. 3:1–4:2). Pablo obedeció la palabra de Jesús que lo enviaba a testificar en Roma (Hch. 23:11). La fe de Pablo no vaciló cuando vino una tormenta en el Mar Mediterráneo y todos los que estaban a bordo del barco perdieron toda esperanza de conservar la vida. Por el contrario, animó a la tripulación y a los pasajeros diciéndoles que confiaran en Dios, porque todos estarían a salvo y lograrían llegar a una de las islas (Hch. 27:23–26, 34).

   Un número incontable de creyentes ha demostrado su confianza en Dios, y su fe ha sido recompensada en formas milagrosas. El autor de Hebreos presenta una lista de los héroes de la fe del Antiguo Testamento (Heb. 11), la cual tiene su contraparte no escrita en los tiempos del Nuevo Testamento. Aquel autor pasa por alto la fe de Elías, pero Santiago menciona su nombre y dice que era un hombre como cualquiera de nosotros (Stg. 5:17, 18). Por lo tanto, el don especial de la fe no se limita a un profeta del Antiguo Testamento ni a un apóstol del Nuevo.

  1. «Y a otro don de sanidad por un solo Espíritu». Los dones de la fe y de sanidad están íntimamente relacionados. Santiago escribe que la oración de los ancianos de la iglesia que oran con fe sanará al enfermo (Stg. 5:14, 15). Cuando los ancianos reclaman las palabras escritas por Santiago y confían que Dios oirá su oración ferviente, con frecuencia se produce el milagro de la sanidad. No obstante, es bueno que digamos dos palabras de cautela: primero, los ancianos no deben suponer que han recibido en forma permanente un don que los capacita para sanar a cualquier miembro de la iglesia que esté enfermo.

   Segundo, a pesar de oraciones elevadas con fervor y fe, Dios puede decidir que no va a devolverle a alguien la salud y fuerza que antes tenía.

   En los primeros años de la iglesia cristiana, no sólo los apóstoles, sino que también los diáconos recibieron la habilidad de sanar. En aquel tiempo, los apóstoles sanaron a todos los enfermos que acudieron a ellos (Hch. 5:16b). Pedro sanó a la gente tocándolas con su sombra (Hch. 5:15, 16). Esteban y Felipe hicieron milagros de sanidad en Jerusalén y Samaria (Hch. 6:8; 8:6, 7). En la ciudad de Listra, en Asia Menor, Pablo sanó a un cojo (Hch. 14:8–10) y, sin embargo, él mismo estaba afligido de una dolencia que él llamaba una espina en la carne. Aunque Pablo le rogó al Señor que lo sanara, Jesús le respondió: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Co. 12:9).

   Además, en sus epístolas Pablo admite indirectamente no haber podido sanar a Epafrodito (Fil. 2:27), a Timoteo (1 Ti. 5:23) o a Trófimo (2 Ti. 4:20). ¿Por qué el Señor no le dio a Pablo la habilidad de sanar a sus amigos? La respuesta está en el fin para el cual se sana un enfermo. El Nuevo Testamento enseña que las sanidades por lo general se realizaban para fortalecer la fe y ampliar el círculo de creyentes. En algunas circunstancias, Dios no sanará a un enfermo para sólo promover su bienestar físico.

   Hoy en día los creyentes no poseen el don de sanidad que los apóstoles tenían en el tiempo de la naciente iglesia del Nuevo Testamento. En nuestra época cuando los creyentes oran con fe y esperan una respuesta divina, por lo general no se produce ninguna sanidad.

   Dios puede elegir sanar a una persona mediante la medicina y los cuidados físicos o no sanarla de ningún modo. Los creyentes que oran por los enfermos y ven que la oración los sana, no deberían jactarse de que tienen el don de sanidad. Ningún cristiano puede reclamar tener un don en forma permanente, sino que debe darle a Dios toda la gloria y el honor por sanar a los enfermos. Cuando no hay respuesta inmediata, los creyentes deben seguir orando y no deben dejar de pedir ayuda en tiempos de necesidad (Heb. 4:16).21 La sanidad se produce porque Dios responde a las oraciones que los creyentes elevan con fe.

   Los creyentes reconocen que Dios hace el milagro de sanar al enfermo como respuesta a la oración. Los creyentes oran sabiendo que «la oración del justo es poderosa y eficaz» (Stg. 5:16b).

   Versíc. 10. Y a otro le son dadas actividades que producen milagros, a otro profecía, y a otro el distinguir espíritus, a otro diferentes tipos de lenguas, a otro interpretación de lenguas.

  1. «Y a otro le son dadas actividades que producen milagros». Este es el tercer don de la lista de dones sobrenaturales. Si el don de sanidad es un don transitorio, lo mismo sucede con el don de hacer milagros. A lo largo de la Escritura, los milagros son actos sobrenaturales que ocurren en forma contraria a las leyes de la naturaleza. Dios interviene temporalmente en la naturaleza mediante un milagro. El hombre es el instrumento y Dios es quien lo realiza.

   El Antiguo Testamento nos informa de que, por medio de Moisés, Dios realizó milagros antes y durante el éxodo de Egipto.22 Después del éxodo, el sol se detuvo cuando los israelitas conquistaron Canaán (Jos. 10:13). Cuando Elías y Eliseo sirvieron al Señor como profetas, ocurrieron muchos milagros.23 Los tres amigos de Daniel caminaron sin ser destruidos por las llamas del horno, y Daniel mismo estuvo a salvo en la cueva de los leones (Dn. 3:19–27; 6:16–23).

   En el Nuevo Testamento, el ministerio terrenal de Jesús se caracterizó por numerosos milagros que iban desde las sanidades, exorcismos y resurrecciones, hasta la alimentación de multitudes. Durante el ministerio de Jesús ocurrieron más milagros que en cualquier otro período de la historia bíblica. El milagro supremo de la resurrección de Jesús fue seguido por su ascensión. Aparte de narrar sanidades, una ceguera temporal, un exorcismo y resurrecciones, el libro de Hechos sólo relata los milagros de la liberación de los apóstoles de la cárcel (Hch. 5:19; 12:6–10; 16:22–28).

   Cuatro observaciones son pertinentes: Primero, cuando Pablo escribe que los milagros son parte de los dones sobrenaturales (véase también vv. 28, 29), no insinúa que cada creyente recibe el poder para hacer milagros. Más bien explica que el don de hacer milagros era una de las marcas distintivas de un apóstol (2 Co. 12:12). Segundo, el Nuevo Testamento enseña que, en la iglesia apostólica, Dios obró milagros solamente para confirmar el mensaje del evangelio (Hch. 6:8; 8:7; 13:6–12; Heb. 2:4). Tercero, de cuando en cuando los dones de efectuar sanidades y de hacer milagros parecieran traslaparse en el Nuevo Testamento, aunque se debe hacer una distinción entre milagros en la naturaleza y aquellos que tienen que ver con el cuerpo humano. Por último, pareciera que a fines de la era apostólica los milagros en la naturaleza llegaron a su fin.

  1. «A otro profecía». El don de profecía ocupa el primer lugar entre los dones de comunicación, seguido por el discernimiento de espíritus, las lenguas y la interpretación de lenguas.

¿Cuán importante era la profecía en la iglesia cristiana primitiva y especial en Corinto? En un capítulo anterior (11:4, 5), Pablo declaró que un hombre que ora y profetiza no debería hacerlo con la cabeza cubierta. En cambio, la mujer debe cubrirse la cabeza cuando ora y profetiza en el culto público. Pablo parece sugerir que el orar y el profetizar van de la mano (1 Ts. 5:17–20), pero no coloca la oración dentro de los dones espirituales.

   Para ser exactos, cuando habla de los dones menciona la profecía y el hablar en lenguas, lo que en un sentido es como orar (cf. 14:13–17). «La profecía y la oración no son la misma cosa, pero están muy conectadas».

   El presente pasaje afirma que no todos los creyentes reciben el don de profecía, sino que Dios lo distribuye entre su pueblo. Dios controla a la persona que ocasionalmente le sirve como portavoz, sea para predecir (p. ej., Agabo, Hch. 11:28; 21:11) o con más frecuencia para revelarle a la iglesia la voluntad de Dios (Ef. 4:11).26 Pablo escribe que algunas personas de la iglesia de Corinto reciben una revelación de Dios para instruir y animar a los creyentes (véase 14:30). Con todo, Pablo dice que las afirmaciones proféticas que declaren están sujetas al concienzudo examen de otros (14:32). Con esto da a entender que los profetas no están por sobre la iglesia, sino que son miembros de su comunidad cristiana y están sujetos a ella. La congregación debe examinar las declaraciones proféticas a la luz de las Escrituras, así como los hermanos de Berea examinaron con cuidado las enseñanzas de Pablo para determinar si eran verdaderas (Hch. 17:11). La Escritura es la norma para los profetas y la iglesia.

   Al darnos el último libro del Nuevo Testamento, Dios completó el canon de la Escritura (Ap. 22:18, 19) y ya no entregó más revelación canónica. Antes de cerrar el canon, las profecías predictivas tenían un significado transitorio (cf. Hch. 11:28; 21:11). Había profe-tas que no predecían, sino que explicaban y enseñaban las Escrituras exhortando a los miembros de la iglesia.

  1. «Y a otro el distinguir espíritus». Esta breve oración introduce el segundo de los dones de comunicación. Este don está conectado con el don de profecía. Pablo declara que algunos creyentes han recibido el don de distinguir espíritus. En otro pasaje (14:29), afirma que las profecías deberían ser examinadas y evaluadas. Pero estos dos pasajes no tienen el mismo significado y no deberían usarse para explicar uno con la ayuda del otro.

   Uno puede discernir el poder e influencia de los espíritus poniendo atención a sus palabras, obras y apariencia. Primero, el diablo comunica información falsa. Presentándose como ángel de luz (2 Co. 11:14), Satanás engañó a Eva con un mensaje distinto al que Dios le había entregado a su esposo (Gn. 2:16,17; 3:1, 4, 5). El profeta Micaías les reveló a los reyes de Israel y Judá que un espíritu de mentira había hablado por boca de todos los profetas de Israel (1 R. 22:21–23; 2 Cr. 18:20–22). Jesús discernió que era Satanás quien le hablaba, cuando Pedro le reprochó haber dicho que tenía que morir (Mt. 16:23). Pablo identificó a Bar-Jesús como hijo del diablo (Hch. 13:10) y después pudo percibir que la predicción de la joven esclava eran palabras emitidas por espíritus malignos (Hch. 16:18).

   Por último, a causa del mensaje de falsos profetas, Juan tuvo que aconsejar a sus lectores que pusieran a prueba los espíritus (1 Jn. 4:1–3).

   Segundo, Satanás y sus huestes son capaces de hacer milagros. A fin de engañar a la gente, Satanás realiza «toda clase de milagros, señales y prodigios falsos» por medio del hombre de maldad (2 Ts. 2:9, 10). Jesús predijo que en los últimos días falsos cristos y profetas harán grandes milagros para, si fuera posible, engañar a los elegidos (Mt. 24:24).

   La bestia que sale de la tierra habla como Satanás, ejerce toda autoridad, realiza milagros, hace descender fuego del cielo y engaña a la gente que vive en la tierra (Ap. 13:11–14).

   Finalmente, el diablo se introduce en la comunidad cristiana por medio de falsos maestros (Jd. 4; 2 P. 2:1, 2). Cuando la conducta de algunas personas difiere de las normas prescritas en la Escritura, los que tienen el don de discernimiento deben levantarse para separar la verdad de la mentira. Como analogía podríamos mencionar al cajero de un banco, que sabe detectar dinero falso por el sólo hecho de conocer muy bien el verdadero.

   Cuando aparece un billete o moneda falsa, el cajero lo detecta de inmediato. De la misma forma, personas que tienen el don de discernimiento están llenas del Espíritu Santo y en forma instantánea reconocen el espíritu de falsedad. Así como el cajero usa sus talentos para el bienestar del banco, del mismo modo el hombre espiritual usa el suyo para proteger a los creyentes.

  1. «A otro diferentes tipos de lenguas, a otro interpretación de lenguas». Los últimos dos dones de comunicación, junto con el de profecía, parece que eran causa de considerable controversia en Corinto. En la última sección del presente capítulo (vv. 28, 30) Pablo repite la lista de dones y después dedica un capítulo (14) completo a ellos.

La palabra lengua puede apuntar a un idioma conocido (Hch. 2:6, 8, 11) o a la glosolalia (1 Co. 14:2, 4, 28). En esta carta, la palabra puede tener cualquiera de esos dos significados, dependiendo del contexto. En una ciudad comercial como Corinto, había gran demanda de traductores por la abundante presencia de visitantes internacionales y de residentes temporales que hablaban varios idiomas. Por otra parte, la congregación de Corinto también experimentaba el fenómeno del hablar en lenguas. La glosolalia se refiere a un acto de adoración a Dios. En el caso que estuviesen presentes otros creyentes, para su beneficio debía interpretarse el mensaje. Para promover la reverencia en el servicio público,

   Pablo exigía que el hablar en lenguas fuese edificante, ordenado y controlado.

   Notemos que Pablo escribe la expresión tipos de lenguas. Esto apunta tanto a una variedad de idiomas conocidos (14:9, 10) como a la glosolalia. El apóstol atribuye todas estas lenguas y su interpretación a la obra del Espíritu Santo (vv. 7, 11). De este modo, indica que el Espíritu le da al que interpreta las lenguas la habilidad de entenderlas y de comunicar el significado de lo que se dice.

   Versíc. 11. El único y mismo Espíritu hace todas estas cosas, repartiéndolas a cada uno individualmente como él quiere.

  1. «El único y mismo Espíritu». A lo largo de los primeros once versículos de este capítulo, Pablo subraya la obra del Espíritu Santo. Afirma que una confesión genuina del señorío de Cristo sólo puede venir del Espíritu Santo (v. 3). Aunque todas las personas de la Trinidad dan dones espirituales, ahora Pablo da a entender que estos dones se canalizan a través del Espíritu. De esta manera, hace notar que el Espíritu es el agente (v. 4). A menudo coloca la expresión el mismo delante de Espíritu (vv. 4, 8, 9), y en este último versículo es aún más descriptivo, diciendo «el único y mismo Espíritu». Pablo recalca que cada uno de los nueve dones tiene su origen en el Espíritu Santo. Implica que el Espíritu prohíbe que quienes reciben estos dones se jacten como si fueran superiores o merecieran reconocimiento.
  2. «El … mismo Espíritu hace todas estas cosas». El Espíritu es la fuente de los dones y el poder que energiza a los creyentes. Es él quien respalda esos dones y capacita a quienes los reciben para usarlos con eficiencia para el bien de la comunidad (1 P. 4:10).
  3. «Repartiéndolas a cada uno individualmente como él quiere». Ninguna persona en la comunidad cristiana recibe todos los dones ni nadie está sin siquiera uno. Pablo afirma con claridad que el Espíritu Santo reparte a cada uno en la iglesia cristiana. A uno le da un don, a otro le da otro. El Espíritu no pasa por alto a nadie, de manera que la totalidad de talentos en la iglesia constituye una rica reserva de habilidades y destrezas.
  4. «Como él quiere». Con esta última oración, Pablo enseña que el Espíritu Santo no es sólo un poder impersonal, sino una persona con identidad divina. El Espíritu ejerce su prerrogativa de determinar y distribuir los dones individuales a los creyentes, aunque el cristiano tiene el privilegio de orar y pedirlos. El Espíritu de Dios sabe lo que la iglesia necesita y, por tanto, distribuye sus dones sabia y efectivamente.

Consideraciones prácticas en 12:8–11

   Cuando los creyentes individuales reclaman haber recibido una palabra de sabiduría o de conocimiento, o una profecía de parte del Señor, los demás creyentes no quedan muy convencidos. Afirmando que el Señor le dijo lo que debía hacer o decir, una persona puede usar una palabra del Señor para callar a un opositor o influir en el auditorio. Hay que reconocer que decir que uno ha recibido una palabra de sabiduría o conocimiento es algo muy subjetivo. Cuando una persona recibe una palabra de sabiduría o conocimiento, la recibe siempre dentro de su corazón y no hay quien pueda examinar dicho acontecimiento en forma objetiva. Además, los mensajes personales muchas veces están influenciados por emociones humanas.

   Cuando Pablo hace una lista de dones espirituales, no les da a las expresiones palabra de sabiduría y palabras de conocimiento un valor sobrenatural. Más bien usa palabras corrientes para comunicar el significado obvio de que alguien es capaz de hablar sabiamente y con conocimiento. La Biblia enseña que, si un creyente le pide a Dios sabiduría, Dios le dará ese don sin reprocharle nada (Stg. 1:5). Dios guía al creyente para que hable con discernimiento e informadamente acerca del asunto que tiene delante. Por tanto, los demás cristianos le escuchan y con cuidado evalúan lo que se dice. Cuando esto ocurre, los creyentes dan testimonio de que Dios le ha concedido al que habla el don de la sabiduría divina.

 

Texto: Los Hechos Cap., 9, versículo 31. Entonces la iglesia a través de Judea, Galilea y Samaria disfrutaba de un período de paz y fue fortalecida. Y continuó creciendo, viviendo en el temor del Señor y el consuelo del Espíritu Santo.

1er Titulo:

Dando Principio Y Formando La Iglesia De Cristo. (1 a los Corintios 12:13. Pues, por cierto, por un Espíritu todos hemos sido bautizados en un cuerpo, seamos judíos o griegos, esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber de un Espíritu.).

   Comentario: Este texto presenta un número de dificultades que surgen de las expresiones por un Espíritu, bautizados, en un cuerpo, y a todos se nos dio a beber. La combinación de estos términos es única. ¿Qué quería Pablo decir cuando escribió que todos nosotros somos bautizados por un Espíritu? ¿Qué se quiere decir con aquello de dar a beber a todos de un Espíritu? Comentamos las expresiones en cursiva, admitiendo que no es posible resolver todos los problemas.

  1. Por un Espíritu. El texto griego usa la preposición en que puede traducirse «por» o «en». La mayoría de los traductores prefieren por en el sentido de medio o agencia. Se cree que esta es la mejor interpretación, ya que evita la torpeza de tener juntas a dos frases preposicionales muy similares en la misma oración: «en un Espíritu … en un cuerpo». Prefiero traducir por.

   Por otro lado, algunos traductores creen que la preposición griega en denota esfera o lugar y, por tanto, traducen «en». Argumentan de que en el Nuevo Testamento jamás se dice que el Espíritu sea el agente que bautiza. Lo que se afirma es que el Espíritu es la esfera a la cual entra el candidato al bautismo. Los Evangelios declaran que Jesús bautiza con el Espíritu Santo (Mr. 3:11; Mr. 1:8).

  1. Bautizados. Cuando Pablo escribe «todos hemos sido bautizados», ¿se refiere a un bautismo literal o figurado? Si la expresión se entiende en forma literal, Pablo apunta al agua del bautismo. Con todo, el verbo bautizar a menudo se usa en forma figurada. Por ejemplo, Jesús les preguntó a Jacobo y a Juan si eran capaces de ser bautizados con un bautismo similar al suyo (Mr. 10:38). Jesús no se refiere a su bautismo en el río Jordán, sino a su muerte en la cruz (véase también Lc. 12:50; Hch. 1:5 y 1 Co. 10:2). Es preferible concluir que Pablo usa el bautismo en sentido figurado.

   Pablo escribe «todos hemos sido bautizados» y «a todos se nos dio a beber de un Espíritu». Estas palabras se extienden a un círculo mucho más amplio que el de la comunidad de Corinto, se extiende hasta abarcar a todos los creyentes. Esto quiere decir que todos los creyentes verdaderos en Cristo Jesús han sido bautizados por el Espíritu Santo. El texto enseña que, mediante el Espíritu Santo, los creyentes regenerados son incorporados a

un cuerpo, pero nada dice de algún subsiguiente bautismo en el Espíritu.

   Algunos estudiosos interpretan el texto como si apuntase al sacramento del bautismo y la Cena del Señor.  Pero es difícil de mantener esta posición. Primero, en el presente contexto Pablo no da ninguna indicación de estar empezando alguna discusión sobre los sacramentos.

   Segundo, el texto simplemente no alude al agua del bautismo. Tercero, la idea de que la expresión se nos dio a beber se refiere a la acción de beber de la copa de la Santa Cena, carece de apoyo. Por último, el tiempo verbal del verbo griego da la idea de que se habla de una sola acción de beber, lo que no cuadra con la observancia periódica de la Comunión.

   El argumento de este versículo insinúa que en el bautismo llegamos a ser miembros vivos de la iglesia al convertirnos. Cuando la regeneración espiritual se produce, la gente entra al cuerpo de Cristo, esto es, a la iglesia. Lo que nos introduce a una relación viva con Cristo no es la observancia externa del agua bautismal, sino que la transformación interna del Espíritu Santo.

  1. En un cuerpo. Aquí Pablo recalca la unidad de la iglesia en sus formas diversas. Hace notar las diferencias raciales, culturales y sociales que existían en Corinto: había judíos y griegos, esclavos y libres. No importa cuál fuera la posición que tuvieran en la sociedad, estas gentes se reunían para adorar a Dios en una iglesia. Si la iglesia practica la discriminación, estaría en contraste directo con la ley del amor. Toda la gente que ha sido renovada espiritualmente en Cristo son iguales unos con otros.

   En la frase en un cuerpo, la preposición en quiere decir hacia el interior de, y apunta a un movimiento desde afuera hacia dentro. Aquellos que han sido regenerados por el Espíritu Santo abandonan el mundo y se convierten en miembros vivos de la iglesia. «Para Pablo, hacerse cristiano y convertirse en un miembro del cuerpo de Cristo son sinónimos».

  1. A todos se nos dio a beber. En este versículo (v. 13) aparece dos veces el adjetivo todos, y su fin no es indicar que la experiencia cristiana tiene dos etapas distintas, sino reforzar lo que se dice sobre el nuevo estado del cristiano. De hecho, el versículo mismo, «no permite que interpretemos el bautismo como si requiriese ser complementado por algún otro rito subsiguiente, para poder impartir el Espíritu». Por esta razón, Pablo vuelve a usar la expresión un Espíritu y dice que a todos los creyentes se les ha dado de beber de este solo Espíritu. Los verbos bautizar y beber tienen mucho en común. El paralelo en las epístolas de Pablo nos entrega una fraseología similar: «porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús» (Gá. 3:27, 28).

   En los pasajes de Corintios y Gálatas, Pablo subraya la unidad que la iglesia tiene en Cristo Jesús, sin importar las diferencias raciales, culturales, sociales y sexuales. Pablo afirma que todos han sido bautizados por un Espíritu en Cristo. Ahora añade que a los creyentes se les ha dado a beber del Espíritu (v. 13) y que se han revestido de Cristo (Gá. 3:27). Así como los cristianos se visten de Cristo, así también están saturados del Espíritu Santo. El verbo griego potizō puede significar «dar de beber» (Mt. 25:35) o «irrigar» (1 Co. 3:6–8).45 El segundo significado es apropiado aquí, ya que Jesús conectó al Espíritu Santo con el concepto de agua viva que fluye del creyente (Jn. 4:10; 7:38, 39). Cuando se produce esta saturación espiritual, el creyente goza de una abundante cosecha, a saber, los frutos del Espíritu (Gá. 5:22, 23).

 

2° Titulo:

Llenando La Iglesia Con Su Presencia Y Poder. (Los Hechos 4:31. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló. Y todos fueron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar la palabra de Dios con valor.).

   Comentario: Versíc. 31. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló. Y todos fueron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar la palabra de Dios con valor.

   No todas las oraciones reciben una respuesta inmediata, pero en este caso Dios fortalece la fe de los creyentes dando indicación de que los ha oído. Esto nos recuerda la experiencia de Pablo y Silas en la cárcel de Filipos.

   Mientras ellos oraban y cantaban himnos de alabanza a Dios en medio de la noche, de repente un violento temblor sacudió los cimientos de la prisión (16:26). En forma parecida, Dios mostró su divina aprobación a los apóstoles haciendo temblar la casa donde estaban reunidos y para lograr tal efecto, pareciera que usó un temblor. Dios dio a los apóstoles una señal que, así como había sacudido la casa con un temblor así habría de mover al mundo con el evangelio de Cristo.

   Observemos el paralelo entre Pentecostés y este acontecimiento. El día de Pentecostés, un viento violento sopló y llenó la casa donde los creyentes estaban sentados (2:2). En seguida, se vieron lenguas como de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos; “y fueron llenos con el Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas como el Espíritu les daba que hablaran” (2:4). Después de la liberación de Pedro y Juan, los cristianos oraron. Entonces el lugar donde se encontraban reunidos tembló; “y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y empezaron a hablar la Palabra de Dios con valor”.

   Las diferencias entre ambos acontecimientos son: a) el soplar del viento versus el temblor del lugar donde estaban reunidos; b) la manifestación externa de lenguas de fuego en un caso y la manifestación interna de valor en el otro; por último, c) la habilidad de hablar otros idiomas en Pentecostés y el valor al hablar de la palabra de Dios ahora.

   Las semejanzas son llamativas: el Espíritu Santo viene en respuesta a la oración (1:14; 4:24–30); el Espíritu llena a todos los presentes (2:4; 4:31); y todos proclaman las maravillas de la palabra de Dios (2:11; 4:31). Los creyentes reciben un nuevo derramamiento del Espíritu Santo, que los llena de valor de manera que proclaman las Buenas Nuevas. Lucas no dice a quiénes expusieron los discípulos con gran valor la palabra de Dios; quizás fue primero en su propio círculo y luego, en abierta oposición con la amenaza hecha por el Sanedrín, a los demás.

   De esta manera, el término valor resulta sumamente significativo y muy apropiadamente describe el hablar de los apóstoles y de sus colaboradores. Ellos son los que proclaman la “palabra de Dios”, la cual, en el contexto de Hechos es un sinónimo del evangelio de Jesucristo. Lucas nos da un atisbo de su valor cuando escribe más adelante: “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (5:42).

3er Titulo:

Confiando Dones Y Virtudes A La Iglesia. (Romanos 12.6 al 8. Además, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos ha sido dada, si (el don de una persona es) de profetizar, (entonces que lo ejerza) según la norma de la fe: o si (es el de prestar) servicio práctico, entonces que lo use en (prestar) ese servicio práctico: o si alguno es maestro, (que ejerza su don) en enseñar; o si alguno es exhortador (que use ese don) en exhortar. El que contribuye a las necesidades de otros (hágalo) sin motivos ulteriores. El que ejerce el liderazgo (hágalo) con diligencia. El que muestra misericordia (hágalo) con alegría.).

   Comentario:

Notas sobre este resumen de dones y funciones

  1. El mismo se distingue por su estilo abreviado. Las palabras implicadas, pero no expresadas son numerosas.
  2. Pablo describe siete “dones” distribuidos entre individuos o grupos de individuos que, al hacer uso de estos

dones, ejercer las funciones correspondientes.

  1. Las siete funciones son:
  2. profetizar
  3. brindar servicio práctico
  4. enseñar
  5. exhortar
  6. contribuir a las necesidades de otros
  7. ejercer liderazgo
  8. demostrar misericordia
  9. Entre los comentadores hay diferencias de opinión considerables respecto al significo de estas funciones.
  10. Pueden hallarse listas similares en 1 Co. 12:8–10, donde se mencionan nueve funciones; en 1 Co. 12:28, 29, que menciona ocho; y en Ef. 4:11, que menciona cuatro.
  1. Es evidente que Pablo cree que no sólo los ministros, ancianos y diáconos tienen dones, sino que cada creyente tiene uno o más dones o talentos divinamente otorgados. El apóstol muestra cómo deben usarse estas charismata para beneficiar a la iglesia y, de hecho, a la humanidad en general.

   Nótese la frase “según la gracia que nos ha sido dada”. Nadie tiene derecho a alardear de su don. Cada miembro debe tener en mente que su habilidad de servir a otros es un producto de la gracia de Dios, de su amor por quienes no lo merecen.

  1. Profetizar

Pablo consideraba que el don y función de la profecía era tan importante que tanto en 1 Co. 12:28 como en Ef. 4:11 lo menciona inmediatamente después del apostolado.

   Hay una pregunta que se ha hecho y merece consideración: “¿Cómo es que aquí en Ro. 12, donde Pablo menciona el modo en que las personas que han recibido diversos dones han de conducirse en el desarrollo de sus diversas funciones, no hay mención alguna de la función de un apóstol?” Algunos contestan: “Esto demuestra que ningún apóstol tuvo que ver con la fundación de dicha iglesia o con su historia temprana”. Pero un argumento así basa demasiado sobre demasiado poco. Véase también la Introducción. Aun la siguiente declaración: “Pablo guarda silencio sobre este asunto de decirle a otro apóstol cómo debe conducirse, puesto que hubiera sido algo muy incorrecto para un apóstol formular las normas para otro apóstol”, no es totalmente verdad, como lo demuestra Gá 2:11s., si bien bajo circunstancias normales probablemente sea correcta. Lo cierto es que Pablo ya había aludido a su propio oficio apostólico (en 12:3), y también que en este momento particular no había ningún apóstol en Roma.

   Si hubiese habido alguno, ¿no habría sido su nombre incluido en la lista de saludos que hallamos en el cap. 16? Volviendo al tema de la importancia que Pablo le adjudica al don de la profecía, debe notarse que en 1 Co. 14:1 se les dice a los receptores: “… procurad ardientemente los dones espirituales, especialmente el don de la profecía”.

   En el v. 39 de ese mismo capítulo es escritor añade: “Así que, hermanos, anhelad profetizar”. Una razón importante para darle un valor tan alto al don de profetizar debe haber sido que el mensaje del verdadero profeta no era producto de su propia intuición o aun de su propio estudio e investigación, sino de una revelación especial. El profeta recibía su mensaje directamente del Espíritu Santo (Hch. 11:27, 28: nótese: “y por el Espíritu predijo”). Del mismo modo, en Hch. 21:11 se cita a Agabo, uno de estos profetas—había otros, tanto hombres como mujeres (Hch. 13:1; 21:9)—quien dijo lo siguiente: “El Espíritu Santo dice, De este modo atarán los judíos de Jerusalén al dueño de este cinto …” (Hch. 21:11).

   Otra razón por la que en la lista paulina de dones espirituales la profecía ocupa un lugar tan importante es su contenido amplio. No estaba de ningún modo limitado a la declaración de una predicción ocasional. Incluía edificación, exhortación, consolación e instrucción (1 Co. 14:3, 31).

   No obstante, no todo el que se presentaba como profeta eran necesariamente un profeta genuino. No todo lo que decía un “profeta” era necesariamente cierto. De allí que, a más de darle a la iglesia profetas, Dios también se ocupó de que hubiese gente capaz de distinguir entre el verdadero profeta y el falso (1 Co. 12:10; 14:29) y entre la verdad y la mentira. En armonía con esto, Pablo escribe aquí en Ro. 12:6: “Si (el don de una persona es) de profetizar, (entonces que lo ejerza) según la norma de la fe”. Aquí algunos intérpretes entienden la palabra “fe” en el sentido objetivo, como si el apóstol estuviese refiriéndose a la verdad revelada de Dios, el evangelio. Otros, sin embargo, aceptan el sentido subjetivo, y consideran que la palabra “fe” indica confianza en Dios y en sus promesas.

   Visto que hace un momento (en el v. 3) Pablo había ya usado esta palabra en el último sentido mencionado, lo cual en relación con lo que estamos tratando, tiene un sentido excelente, no necesitamos buscar más. El profeta no debe decir nada que esté en conflicto con su fe en Cristo. Por ejemplo, puede sentirse tentado, por razones egoístas, a proferir declaraciones alarmantes en las que él mismo no cree. Se le advierte que no lo haga. Él es y debe seguir siendo la boca de Dios para el pueblo.

  1. Prestar servicio práctico

El apóstol usa la palabra diakonía, es decir, servicio práctico, ministerio. Cf. 1 Co. 12:5; Ef. 4:12. Este servicio o ministerio puede ser de varios tipos. En el relato sobre Marta y María (Lc. 10:40) el servicio era cualquier trabajo necesario para preparar la comida. “La diakonía” de la palabra es mencionada en Hch. 6:4; la de la reconciliación en 2 Co. 5:18. Visto que en el caso que nos ocupa Pablo está enumerando diversas funciones que tienen que ver con la vida de la iglesia, es natural aquí relacionar el término con ese tipo particular de tarea que también nosotros le adjudicamos al diaconato, es decir, al oficio efectuado por los diáconos. En consecuencia, Pablo está animando a los que están calificados para este tipo de tarea a aceptar la oportunidad de hacerlo.

   Puede llegar a ser bastante difícil para nosotros evaluar la importancia que el apóstol le daba a la obra del diácono, el ministerio eclesiástico de la misericordia. Deberíamos tener en mente, empero, que en los días del apóstol muchos creyentes estaban lejos de ser ricos. Algunos eran esclavos o libertos. De hecho, en esta misma epístola a los romanos (15:25) el apóstol manifiesta la razón por la que no puede viajar directamente a Roma, sino que debe visitar primeramente a los santos de Jerusalén. En otro lugar él dice: “Vine a Jerusalén para traer a mi pueblo dones para los pobres” (Hch. 24:17). Véanse también 1 Co. 1:26s, 16:1s, 2 Co. 8:1s. Merece atención especial que el mismo hombre que insistía en la pureza doctrinal estuviese al menos igualmente interesado en la causa de mostrar generosidad ayudando a los pobres. En 2 Co. 8:7, 8 él conecta de modo notable la “gracia” de dar para cubrir las necesidades de los pobres con una doctrina central de la religión cristiana, a saber, la de la humillación voluntaria de Cristo a favor de los pecadores. Él dice: “Pero como abundáis en todo … ocupaos también en abundar en esta gracia (de dar) … Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza pudieseis ser enriquecidos”. Del mismo modo hoy en día ser diácono no es menos importante que ser anciano. La causa de Cristo es igualmente servida por cada uno de ellos. En cada uno se refleja el amor de Cristo.

  1. Enseñar

   El profeta recibía su mensaje por revelación directa. El maestro derivaba su conocimiento del estudio del Antiguo Testamento y de las enseñanzas de Jesús, en cualquier forma que éstas le fueran accesibles. Dado que las revelaciones directas no siempre ocurren y que, por otra parte, el depósito de la revelación divina que hay en las Escrituras—que en el tiempo de Pablo abarcaba el Antiguo Testamento—es de una importancia permanente y capital, queda en claro que también para el maestro hay un lugar muy importante y determinado dentro de la vida de la iglesia. Por ello, “si alguno es maestro (que ejerza su don) en enseñar”.

  1. Exhortar

   Hch. 13:15 deja claro que, en la sinagoga, después de la lectura de una porción de la Ley y de los Profetas, los gobernadores de la sinagoga invitaron a Pablo y a Bernabé a dar una palabra de exhortación. Esa era la costumbre en aquellos días. Aquí en Ro. 12 los que habían sido bendecidos con el talento de exhortar son estimulados a hacer uso del mismo para beneficio de todos. Hoy en día el ministro o pastor del evangelio es—o al menos debería ser—adecuadamente equipado para ocuparse tanto de la enseñanza como de la exhortación. El no solamente enseña doctrina, sino que también demuestra cómo se debe aplicar la doctrina a la vida de tal modo que todos sean edificados y animados. Entre los laicos también puede haber excelentes maestros y exhortadores.

  1. Contribuir a las necesidades de la gente

   Pablo escribe: “Aquel que contribuye a las necesidades de otros (hágalo) sin motivos ulteriores. Las razones por los que Pablo dedicaba tanta atención para señalar la importancia del ministerio de la misericordia (a saber, gran necesidad y el ejemplo de Cristo) ya han sido dadas. Véase el punto b. arriba. Es así que aquí nos parecería detectar, a primera vista, una repetición del punto b. Sin embargo, hay una diferencia. El diaconato tiene que ver con la benevolencia eclesiástica. Por medio de los diáconos, la iglesia entera, funcionando como ente unido, se ocupa de esta importante tarea. Pero se necesita más que esto. Además de la benevolencia colectiva debe haber también una benevolencia personal. ¡Que los que puedan funcionar en esta capacidad lo hagan! Que sean, ya que el Señor los ha bendecido tan abundantemente, también ellos una bendición para otros.

   Pero al hacerlo deben estar seguros de dar su aporte “sin motivos ulteriores”. Y aquí nos vienen inmediatamente a la memoria, como ejemplos de aportes con motivos ulteriores, los denunciados por Malaquías (1:13, 14) y el caso de Ananías y Safira (Hch. 5:1s). Verdaderos dadores son los que dan de todo corazón, siempre recordando lo que ellos mismos han recibido de su Señor y Salvador Jesucristo.

  1. Ejercer liderazgo

   Hay quienes opinan que Pablo, al colocar a f. entre e. y g.—vale recordar que ambos tienen que ver en algún sentido con la benevolencia—quiere referirse aquí a la gente que estaba a cargo de la benevolencia de la iglesia.

Sin embargo, la e. no tiene nada que ver con el diaconato, y g. no se refiere necesariamente a lo que por lo general entendemos como benevolencia.

   Por otra parte, en otros pasajes en que encontramos la misma palabra para liderazgo que se usa aquí en Ro. 12:8, la referencia apunto a supervisores, ancianos (1 Ts. 5:12; 1 Ti. 3:4; 5:17).341 Y aun cuando le damos la debida consideración al hecho que el apóstol no tiene la intención de enumerar todos los dones y funciones espirituales de los miembros de la iglesia, ¿no nos parecería raro que él incluyese en su lista el ministerio de los diáconos, tal como lo hace (véase punto b.), pero omitiese completamente el de los presbíteros? En lo que respecta a su edad y dignidad estos hombres eran llamados presbíteros o ancianos; en lo que respecta a la naturaleza de su tarea se llamaban supervisores o superintendentes. Visto que era una carga pesada la que posaba sobre los hombros de estos hombres, y que le tentación de eludir dicha responsabilidad era grande, se les amonesta a ejercer su liderazgo “con diligencia”.

  1. Demostrar misericordia

   Los enfermos, moribundos y acongojados necesitan visitas por parte de alguien que sepa cómo impartir verdadera compasión y comprensión cristiana, alguien que demuestra misericordia con alegría. “Ya que así como nada da más consuelo al enfermo o a cualquiera de otra manera afligido que ver a los que gozosa y prestamente le asisten, del mismo modo el observar tristeza en el rostro de los que les brindan asistencia les hace sentir despreciados” (Juan Calvino, en su comentario a este pasaje). Sólo quisiera añadir a esto que una visita breve y gozosa por parte de un miembro sabio y simpático, que esté dispuesto a ayudar de cualquier manera que sea posible, es de mucho mayor beneficio que el casi inacabable relato de todos los horrendos detalles de la operación sufrida por el otro visitante, a saber, el Sr. Triste. Es cierto: “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (Pr. 17:22). Esto vale tanto para el que visita como para el que es visitado.

    Texto: Los Hechos 9:31. Entonces la iglesia a través de Judea, Galilea y Samaria disfrutaba de un período de paz y fue fortalecida. Y continuó creciendo, viviendo en el temor del Señor y el consuelo del Espíritu Santo.

   Comentario:

  1. “Entonces la iglesia a través de Judea, Galilea y Samaria”. Lucas enfoca su atención en la meta final: lo último de la tierra. Por tal razón, no dice casi nada acerca de la obra misionera en Palestina. Suponemos que los creyentes que fueron esparcidos por Judea y Samaria (8:1) enseñaban las Buenas Nuevas y fueron usados en el establecimiento de iglesias. Sólo aquí en Hechos, Lucas menciona la palabra Galilea. Sería lo más natural suponer que los quinientos hermanos a quienes Jesús se apareció después de su resurrección y antes de su ascensión (1 Cor. 15:6) hayan estado testificando para Cristo en Galilea. Ahora, en una afirmación resumida, Lucas dice que la iglesia en Judea, Galilea y Samaria disfrutaba de un período de paz. Nótese que él usa la palabra iglesia en el singular, lo que fortalece la idea de unidad del cuerpo de Cristo. Los judíos cristianos del sur (Judea) y del norte (Galilea) vivían en perfecta armonía con los cristianos samaritanos.
  2. “[La iglesia] disfrutaba de un período de paz y fue fortalecida”. En este pasaje, Lucas indica que toda la iglesia en Palestina disfrutaba de paz. Da la impresión que los judíos que se oponían a la iglesia cristiana estaban preocupados de otros asuntos. En otras palabras, las noticias religiosas y políticas de aquellos días acaparaban la atención con el resultado de que la iglesia experimentaba una tregua en medio de la persecución.

   Si asumimos que el resumen de Lucas se refiere a los años 36 y 37 d.C., entonces sabemos por el historiador Josefo que esos años fueron marcados por el cambio. Para ilustrar esto, en el año 36 d.C. el gobernador romano Vitelio sucedió a Poncio Pilato. Tan pronto como asumió oficialmente el poder, sacó a Caifás del cargo de sumosacerdote y le dio el puesto a Jonatán. Un año después, Jonatán fue reemplazado por su hermano Teófilo. A diferencia de Pilato, Vitelio promovió el orden y la estabilidad social. Además, en el año 37 d.C. el emperador Tiberio murió y fue reemplazado por Calígula. Ese año, Calígula dio a su amigo Herodes Agripa I la autoridad para gobernar como rey en Palestina. Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande, gobernó desde el año 37 al 44 d.C. Fue herido por un ángel del Señor y murió comido de gusanos (12:23). Esto hizo que los judíos que estaban empeñados en perseguir a los cristianos desistieran de ello y escucharan a sus nuevos gobernantes. Entonces, la iglesia disfrutó de un período de paz y tranquilidad, y fue fortalecida en la fe. Pero el crecimiento no sólo fue espiritual, sino que también lo fue numéricamente.

  1. “Y continuó creciendo”. En todas las regiones de Palestina, la iglesia mostraba aumentos sustanciales en términos de membresía. Cuando el miedo por la persecución bajó, innumerables personas confesaron abiertamente su fe en Cristo. Lucas menciona dos razones para este crecimiento: primero, los cristianos vivían en el temor del Señor; es decir, eran reverentes para con Jesús y lo honraban en su caminar diario como su Señor y Salvador. Segundo, experimentaban el consuelo del Espíritu Santo. En resumen, estos primeros creyentes mostraron al mundo el gozo del vivir en Cristo. A través de sus vidas llenas del Espíritu, atraían a numerosas personas al conocimiento salvífico de Cristo Jesús.

¿Eres Salvo? ¿Tienes la seguridad del perdón de tus pecados? ¿Eres Bautizado en el Espíritu Santo?

Amén, para la gloria de Dios.

Bibliografía: C.N.T. Comentario del Nuevo Testamento, G. Hendriksen; Biblia RV 1960.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.