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Semana del 12 al 18 agosto de 2019: “El doble significado de la Iglesia”. (Parte II)

Semana del 12 al 18 agosto de 2019: “El doble significado de la Iglesia”. (Parte II)

Lectura Bíblica: Gálatas 3.28 y 29. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

1er Título

Una Pequeña Congregación En Una Casa (Romanos 16:5 Saludad también a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer fruto de Acaya para Cristo.). 

2° Título

Una Congregación Cristiana En Una Aldea o Ciudad (1° a los Corintios 1:2 a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro).

3° Título

Un Grupo De Iglesias En Un País O Nación (Gálatas 1:2 y 3. y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo,).

III. La Iglesia local

   Desde ahora limitaremos nuestra atención a la Iglesia Local, o Visible, y es necesario y deseable que tengamos una definición clara y precisa de lo que es una Iglesia según el Nuevo Testamento. Daremos tres:

(I). La Iglesia Local es un «cuerpo o grupo de personas que profesan creer en Cristo, que han sido bautizadas después de confesar su fe en Él, y que están asociadas para fines de adoración, obra y disciplina» (H. G. Weston).

(II). La Iglesia Local, o Individual, es un grupo de creyentes que se han juntado voluntariamente y de acuerdo con las leyes de Cristo, con el fin de mantener la adoración y observar las ordenanzas» (F. W. Farr).

(III). Una Iglesia es un grupo de creyentes llamados del mundo, juntados voluntariamente y reuniéndose periódicamente, entre los cuales se predica la palabra de Dios, se administra la disciplina y se observan las ordenanzas.

NOTA. – Hay personas que agregarían a esta última definición las dos ideas de la regeneración y el bautismo, lo que estaría completamente de acuerdo con las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre el particular.

LA IGLESIA: SU NATURALEZA, SUS CARACTERÍSTICAS Y SUS PROPÓSITOS

¿Qué es necesario para que haya una iglesia? ¿Cómo podemos reconocer a una iglesia verdadera? Los propósitos de la iglesia.

EXPLICACIÓN Y BASE BÍBLICA

  1. La naturaleza de la iglesia

(1). Definición: la iglesia es la comunidad de todos los verdaderos creyentes de todos los tiempos. Esta definición entiende a la iglesia constituida por todos los que son verdaderamente salvados. Pablo dice: «Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella» (Ef 5:25). Aquí el término «la iglesia» se usa para aplicarlo a todos aquellos por quienes Cristo murió para redimirlos, todos los que son salvados por la muerte de Cristo. Pero eso debe incluir a todos los creyentes de todos los tiempos, tanto de la edad del Nuevo Testamento como de la edad del Antiguo Testamento por igual’ Tan grande es el plan de Dios para la iglesia que ha exaltado a Cristo a una posición de la mayor autoridad por amor a la ella: «Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo» (Ef 1:22-23).

   Jesucristo mismo edifica a la iglesia llamando a las personas a sí mismo. El prometió: <<edificaré mi iglesia» (Mt 16:18). Y Lucas con todo cuidado nos dice que el crecimiento de la iglesia no vino solo por esfuerzo humano, sino que «el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos» (Hch 2:27). Pero este proceso por el que Cristo edifica la iglesia es simplemente una continuación del patrón establecido por Dios en el Antiguo Testamento por el cual él llamó a las personas a sí mismo para que sean una asamblea que adora delante de él. Hay varias indicaciones en el Antiguo Testamento de que Dios pensaba de su pueblo como una «iglesia››, un pueblo reunido con el propósito de adorar a Dios. Cuando Moisés le dice al pueblo que el Señor le dijo: «Convoca al pueblo para que se presente ante mí y oiga mis palabras, para que aprenda a temerme todo el tiempo que viva en la tierra…›› (Dt 4:10), la Septuaginta traduce la palabra para «convocar» (heb. cajal) con el término griego ekklesiazo, «reunir una asamblea», verbo que es cognado del sustantivo del Nuevo Testamento ekklesía, «iglesia».

   No es sorprendente, entonces, que los autores del Nuevo Testamento puedan hablar del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento como una «iglesia›› (ekklesia). Por ejemplo, Esteban habla del pueblo de Israel en el desierto como «la iglesia (ekklesia) en el desierto» (Hch 7:38, traducción del autor). Y el autor de Hebreos cita a Cristo diciendo que él cantará alabanzas a Dios en medio de gran asamblea del pueblo de Dios en el cielo: «En medio de la iglesia (ekklesía) te entonaré alabanzas» (Heb 2:12, traducción del autor, citando Salmos 22:22).

   Por consiguiente, el autor de Hebreos entiende que los creyentes del presente día que constituyen la iglesia en la tierra están rodeados de una gran «nube de testigos» (Heb 12:1) que se remonta a las más tempranas eras del Antiguo Testamento e incluye a Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas (Heb 11:4-32). ¿Todos estos «testigos›› rodean al pueblo de Dios del día presente, y parece apropiado que se debe pensar que ellos, junto con el pueblo de Dios del Nuevo Testamento, son la gran «asamblea›› espiritual o «iglesia» de Dios? Es más, más adelante en el capítulo 12 el autor de Hebreos dice que, cuando los creyentes del Nuevo Testamento adoramos, venimos a la presencia de «la asamblea (lit. «iglesia››, gr., ekklesía) de los primogénitos inscritos en el cielo». Este énfasis no es sorprendente a la luz del hecho de que los autores del Nuevo Testamento ven a los creyentes judíos y a los creyentes gentiles por igual unidos en la iglesia. juntos han sido hechos «uno›› (Ef 2:14), son «un nuevo hombre» (v. 15) y «conciudadanos›› (v. 19), y «miembros de la familia de Dios» (v. 19). Por consiguiente, aunque hay ciertamente nuevos privilegios y nuevas bendiciones que se dan al pueblo de Dios en el Nuevo Testamento, tanto el uso del término «iglesia›› en las Escrituras como el hecho de que en toda la Biblia Dios siempre ha llamado a su pueblo a reunirse para adorarle, indican que es apropiado pensar que la iglesia la constituyen todas las personas de Dios de todo tiempo, tanto creyentes del Antiguo Testamento como creyentes del Nuevo Testamento.

(2). La iglesia es invisible, y sin embargo visible. En su verdadera realidad espiritual como comunión de todos los creyentes genuinos, la iglesia es invisible. Esto se debe a que no podemos ver la condición espiritual del corazón de las personas. Podemos ver a los que asisten externamente al templo, y podemos ver evidencias externas de cambio espiritual interno, pero no podemos en realidad ver el corazón de las personas y su situación espiritual; solo Dios puede ver eso. Por eso Pablo dice: «El Señor conoce a los suyos» (2 Ti 2:19). Incluso en nuestras propias iglesias y nuestros barrios, solo Dios sabe con certeza y sin error quiénes son verdaderos creyentes. Hablando de la iglesia como invisible el autor de Hebreos menciona la «asamblea›› (lit., «iglesia») de los primogénitos inscritos en el cielo» (Heb 12:23), y dice que los creyentes del día presente se unen con esa asamblea en la adoración.

   Podemos dar la siguiente definición: la iglesia invisible es la iglesia como Dios la ve.

   Tanto Martín Lutero como juan Calvino rápidamente afirmaron este aspecto invisible de la iglesia en contra de la enseñanza católica romana de que la iglesia es la única organización visible que había descendido de los apóstoles en una línea de sucesión ininterrumpida (mediante los obispos de la iglesia). La Iglesia Católica Romana había argumentado que solo en la organización visible de la Iglesia Católica Romana se podía hallar a la sola iglesia verdadera, la única iglesia verdadera. Incluso hoy sostiene la Iglesia Católica Romana esa idea. En su «Pastoral Statement for Catholics on Biblical Fundamentalism›› («Declaración pastoral para católicos sobre el fundamentalismo bíblico››) emitido el 25 de marzo de 1987, la (United States) National Conference of Catholic Bishops Ad Hoc Committee on Biblical Fundarnentalism (Comité ad-hoc de la Conferencia nacional [de los Estados Unidos] de obispos católicos sobre el fundamentalismo bíblico) criticó al cristianismo evangélico (al que llamó «fundamentalismo bíblico››) primordialmente porque sacaba a la gente de la sola iglesia verdadera:

   La característica básica del fundamentalismo bíblico es que elimina del cristianismo a la iglesia según el Señor Jesús la fundó […] No hay mención de la iglesia histórica, autoritativa en continuidad con Pedro y los otros apóstoles {…] Un estudio del Nuevo Testamento […] demuestra la importancia de pertenecer a la iglesia que empezó Jesucristo. Cristo escogió a Pedro y a los otros apóstoles como cimientos de su iglesia […] A Pedro y a los demás apóstoles los han sucedido el obispo de Roma y los otros obispos, y […] el rebaño de Cristo todavía tiene, bajo Cristo, un pastor universal.

   En respuesta a esa clase de enseñanza tanto Lutero como Calvino discrepan. Ellos dijeron que la Iglesia Católica Romana tiene la forma externa, la organización, pero es simplemente una concha. Calvino argumentó que, así como Caifás (el sumo sacerdote en el tiempo de Cristo) era descendiente de Aarón pero no era un verdadero sacerdote, así los obispos católicos romanos habían «descendido›› de los apóstoles en línea de sucesión pero no eran verdaderos obispos de la iglesia de Cristo. Debido a que se habían apartado de la verdadera predicación del evangelio, su organización visible no era la verdadera iglesia. Calvino dijo: «En consecuencia, el pretexto de la sucesión no se sostiene, a menos que conserven la verdad de Jesucristo al completo, como la recibieron de los padres. […] ¡Éste es el valor de la herencia de los padres a los hijos cuando ya no está la continuidad y la armonía que ponen de manifiesto que los sucesores siguen la misma línea que sus predecesores! ››.

   Por otro lado, la verdadera iglesia de Cristo ciertamente tiene un aspecto visible por igual. Podemos usar la siguiente definición: la iglesia visible es la iglesia según los creyentes la ven en la tierra. En este sentido la iglesia visible incluye a todos los que profesan fe en Cristo y dan evidencia de fe en sus vidas/

   En esta definición no decimos que la iglesia visible es la iglesia como cualquier persona del mundo (tal como un no creyente o alguien que sostiene enseñanzas heréticas) pudiera verla, sino que queremos hablar de la iglesia como la perciben los que son genuinamente creyentes y tienen una comprensión de la diferencia entre creyentes y no creyentes.

   Cuando Pablo escribe sus epístolas se dirige a la iglesia visible en cada comunidad: «A la iglesia de Dios que está en Corinto» (1 Co 1:2); «A la iglesia de los tesalonicenses» (1Ts 1:1); «a […] Filemón […] a la hermana Apia, a Arquipo […] y a la iglesia que se reúne en tu casa» (Flm 1-2). Pablo ciertamente se daba cuenta de que habia no creyentes en algunas de esas iglesias, algunos que habían hecho profesión de fe que no era genuina, que parecían ser creyentes pero que a la larga se apartarían. Sin embargo, ni Pablo ni ningún otro podía decir con certeza quiénes eran esas personas. Pablo simplemente escribió a la iglesia entera que se reunía en un lugar dado. En este sentido, podemos decir hoy que la iglesia visible es el grupo de personas que se reúnen cada semana para adorar como iglesia y profesan fe en Cristo.

   La iglesia visible por todo el mundo siempre incluirá algunos no creyentes, y las congregaciones individuales por lo general incluirán algunos no creyentes, porque nosotros no podemos ver los corazones como Dios los ve. Pablo habla de «Hirneneo y Fileto, que se han desviado de la verdad» y que «así trastornan la fe de algunos» (2 Ti 2:17-18). Pero él tiene la confianza de que «El Señor conoce a los suyos» (2 Ti 2:19). Pablo dice con tristeza: «Demas, por amor a este mundo, me ha abandonado y se ha ido a Tesalónica›› (2 Ti 4: 10).

   De modo similar, Pablo advierte a los ancianos de Éfeso que después de su partida «entrarán en medio de ustedes lobos feroces que procurarán acabar con el rebaño. Aun de entre ustedes mismos se levantarán algunos que enseñarán falsedades para arrastrar a los discípulos que los sigan» (Hch 20:29-30). Jesús mismo advirtió: «Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes d1’sfi’azados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces» (Mt 7:15- 16). Dándose cuenta de esta distinción entre la iglesia invisible y la iglesia visible Agustín dijo de la iglesia visible: «Muchas ovejas están fuera y muchos lobos están dentro››.

   Cuando reconocemos que hay no creyentes en la iglesia visible, hay el peligro de que podemos llegar a ser demasiado suspicaces. Podemos empezar dudando de la salvación de muchos verdaderos creyentes y por ello produciendo gran confusión en la iglesia. Calvino advirtió contra este peligro diciendo que debemos hacer un «juicio misericordioso›› por el que reconocemos como miembros de la iglesia a todos los que «por confesión de fe, por ejemplo, de la vida, y al participar en los sacramentos, profesan al mismo Dios y a Cristo con nosotros.” No debemos tratar de excluir de la comunión de la iglesia a la gente mientras el pecado público no acarree disciplina sobre sí mismos. Por otro lado, por supuesto, la iglesia no debe tolerar en su membresía «a los no creyentes públicos» que por profesión o vida claramente se proclaman estar fuera de la verdadera iglesia.

(3). La iglesia es local y universal. En el Nuevo Testamento se puede aplicar la palabra «iglesia›› a un grupo de creyentes en cualquier nivel, yendo de un grupo muy pequeño que se reúne en una casa privada hasta el grupo de todos los creyentes en la iglesia universal. Una «iglesia de hogar» se llama una «iglesia›› en Romanos 16:5 («Saluden igualmente a la iglesia que se reúne en la casa de ellos»), 1 Corintios 16:19 («Aquila y Priscila los saludan cordialmente en el Señor, como también la iglesia que se reúne en la casa de ellos››). A la iglesia de toda una ciudad también se la llama «una iglesia» (1 Co 1:2; 2 Co 1:1; y 1Ts 1:1). A la iglesia de una región se la menciona como una «iglesia›› en Hechos 9:31: «La iglesia disfrutaba de paz a la vez que se consolidaba en toda Judea, Galilea y Samaria››. Finalmente, a la iglesia de todo el mundo se le puede mencionar como «la iglesia». Pablo dice: «Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella» (Ef 5:25) y dice: «En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros›› (1 Co 12:28). En este último versículo la mención de «apóstoles››, que no fueron dados a alguna iglesia individual, garantiza que la referencia es a la iglesia universal.

   Podemos concluir que, a un grupo del pueblo de Dios considerado a cualquier nivel, desde local hasta universal, se le puede correctamente llamar «una iglesia». No debemos cometer el error de decir que solo una iglesia que se reúne en casas expresa la verdadera naturaleza de la iglesia, o que solo a una iglesia considerada a nivel de ciudad se le puede apropiadamente llamar una iglesia, o que solo a la iglesia universal se la puede llamar apropiadamente por el nombre «iglesia››. Más bien, a la comunidad del pueblo de Dios considerada a cualquier nivel se le puede apropiadamente llamar una iglesia.

(4). Metáforas para la iglesia.” Para ayudarnos a entender la naturaleza de la iglesia, la Biblia usa una amplia variedad de metáforas e ilustraciones para describimos lo que es la iglesia.” Hay varias imágenes de familia; por ejemplo, Pablo ve a la iglesia como una familia cuando le dice a Timoteo que actúe como si todos los miembros de la iglesia fueran miembros de una familia más amplia: «No reprendas con dureza al anciano, sino aconséjalo como si fuera tu padre. Trata a los jóvenes como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jóvenes, como a hermanas, con toda pureza» (1 Ti 5:1-2). Dios es nuestro Padre celestial (Ef 3:14), y nosotros somos sus hijos e hijas, porque Dios nos dice: «Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso» (2 Co 6:18). Por consiguiente, somos hermanos y hermanas unos de otros en la familia de Dios (Mt 12:49-50; 1ª Jn. 3:14-18). Una metáfora de familia algo diferente se ve cuando Pablo se refiere a ella como la esposa de Cristo. Dice de la relación entre esposo y esposa: «yo me refiero a Cristo y a la iglesia» (Ef 5:32), y dice que él logró el compromiso entre Cristo y la iglesia de Corinto y que se parece a un compromiso entre una novia y su prometido: «los tengo prometidos a un solo esposo, que es Cristo, para presentárselos como una virgen pura» (2 Co 11:2) ; aquí Pablo está mirando hacia adelante al tiempo del retorno de Cristo como el tiempo cuando la iglesia será presentada a él como su esposa.

   En otras metáforas la Biblia compara a la iglesia con ramas de una vid (Jn 15:5), un olivo (Ro 11:17-24), un campo de cultivo (1 Co 3:6-9), un edificio (1 Co 3:9) y una cosecha (Mt 13:1-30; Jn 4:35). A la iglesia también se la ve como un nuevo templo no construido con piedras literales, sino con creyentes que son «piedras vivas» (1ª P 2:5) edificados sobre la «piedra angular» que es Cristo Jesús (1ª P 2:4-8). Sin embargo, la iglesia no solo es un nuevo templo para adorar a Dios; también es un nuevo grupo de sacerdotes, un «sacerdocio santo» que puede «ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta» (1ª P 2:5). También se nos ve como la casa de Dios: «Y esa casa somos nosotros» (Heb 3:6), con Jesús mismo considerado como el «constructor›› de la casa (Heb 3:3). A la iglesia también se la ve como «columna y fundamento de la verdad» (1 Ti 3: 15).

   Finalmente, otra metáfora familiar ve a la iglesia como el cuerpo de Cristo (1 Co 12:12-27). Debemos reconocer que Pablo de hecho usa dos diferentes metáforas del cuerpo humano cuando habla de la iglesia. En 1 Corintios 12 se toma a todo el cuerpo como metáfora para la iglesia, porque Pablo habla del «oído›› y del <<ojo›› y del «sentido del olfato» (1ª de Co. 12:16-17). En esta metáfora, no se ve a Cristo como la cabeza unida al cuerpo, porque los miembros individuales son ellos mismos partes individuales de la cabeza. Cristo en esta metáfora es el Señor que «está fuera» de ese cuerpo que representa la iglesia y es a quien ella sirve y adora.

   Pero en Efesios 1:22-23; 4:15-16, y en Colosenses 2:19, Pablo usa una metáfora diferente del cuerpo para referirse a la iglesia. En estos pasajes Pablo dice que Cristo es la cabeza, y la iglesia es como el resto del cuerpo, a distinción de la cabeza: «Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro» (Ef 4:15-16).” No debemos confundir estas dos metáforas de 1 Corintios 12 y Efesios 4, sino distinguirlas.

   La amplia variedad de metáforas que se usa en el Nuevo Testamento para la iglesia debe recordarnos que no debemos concentrarnos exclusivamente en alguna de ellas. Por ejemplo, en tanto que es verdad que la iglesia es el cuerpo de Cristo, debemos recordar que esa es solo una metáfora entre muchas. Si nos concentramos exclusivamente en esta metáfora con toda probabilidad nos olvidaremos de que Cristo es nuestro Señor que reina en el cielo tanto como el que mora entre nosotros. Desde luego que no debemos concordar con la noción católica romana de que la iglesia es la «encarnación continuada» del Hijo de Dios en la tierra hoy. La iglesia no es el Hijo de Dios en la carne, porque Cristo resucitó en cuerpo humano, ascendió en su cuerpo humano al cielo, y ahora reina como el Cristo encarnado en el cielo, que claramente es distinto de la iglesia aquí en la tierra.

   Cada una de las metáforas que se usan para la iglesia puede ayudarnos a apreciar más de las riquezas del privilegio que Dios nos ha dado al incorporarnos en la iglesia. El hecho de que la iglesia es como una familia debería aumentar nuestro amor y compañerismo unos con otros. El pensamiento de que la iglesia es como la esposa de Cristo debería estimularnos a procurar conseguir una mayor pureza y santidad, y también mayor amor por Cristo y sumisión a él. La imagen de la iglesia como ramas en una vid debe hacernos descansar en él más completamente. La idea de un campo de cultivo debería animamos a continuar creciendo en la vida cristiana y obteniendo para nosotros y otros la nutrición espiritual apropiada para crecer. El cuadro de la iglesia como el nuevo templo de Dios debería aumentar nuestra consciencia de la misma presencia de Dios en medio nuestro cuando nos reunimos. El concepto de la iglesia como un sacerdocio debería ayudarnos a ver más claramente el deleite que Dios tiene en los sacrificios de alabanza y buenas obras que le ofrecemos (ver Heb 13:15-16). La metáfora de la iglesia como el cuerpo de Cristo debería aumentar nuestra interdependencia de unos a otros y nuestro aprecio de la diversidad de dones dentro del cuerpo. Muchas otras aplicaciones se pueden derivar de estas y otras metáforas para la iglesia que se mencionan en la Biblia.

(5). La iglesia e Israel. Entre los protestantes evangélicos ha habido una diferencia de punto de vista sobre la cuestión de la relación entre Israel y la iglesia. La cuestión fue llevada a prominencia por los que sostienen un sistema de teología «dispensa¢i0nal» La teología sistemática más extensa escrita por un dispensacionalista, Systematic Theology, “por Lewis Sperry Chafer, destaca muchas distinciones entre Israel y la iglesia, e incluso entre el Israel creyente del Antiguo Testamento y la iglesia en el Nuevo Testamento.” Chafer argumenta que Dios tiene dos planes distintos para los dos grupos distintos de personas que él ha redimido: los propósitos y promesas de Dios para Israel son para bendiciones terrenales y todavía están por cumplirse en esta tierra en algún momento en el futuro. Por otro lado, los propósitos y promesas de Dios para la iglesia son para bendiciones celestiales y esas promesas se cumplirán en el cielo. La distinción entre los dos grupos diferentes que Dios salva se verá especialmente en el milenio, según Chafer, porque en ese tiempo Israel reinará en la tierra como pueblo de Dios y disfrutará del cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento, pero la iglesia ya habrá sido llevada al cielo en el tiempo del retorno secreto de Cristo por sus santos («el rapto››). Según esta noción, la iglesia no empezó sino hasta Pentecostés (Hch Z), y no es correcto decir que los creyentes del Antiguo Testamento junto con los creyentes del Nuevo Testamento constituyen una iglesia.

   En tanto que la posición de Chafer continúa ejerciendo influencia en algunos círculos dispensacionalista, y ciertamente es una predicación popular, algunos de los dirigentes entre los dispensacionalistas más recientes no han seguido a Chafer en muchos de estos puntos. Varios teólogos dispensacionalistas del presente, tales como Robert Saucy, Craig Blaising y Darrell Bock, se refieren a sí mismos como «dispensacionalistas progresivos››,“ y han logrado muchos seguidores. Ellos no verían a la iglesia como un paréntesis en el plan de Dios sino como el primer paso hacia el establecimiento del reino de Dios. En la noción dispensacionalista progresiva Dios no tiene dos propósitos separados para Israel y la iglesia sino un solo propósito: el establecimiento del reino de Dios, en el cual participan Israel y la iglesia. Los dispensacionalistas progresivos no verían distinción entre Israel y la iglesia en el estado futuro eterno porque todos serán parte de un solo pueblo de Dios. Es más, sostendrían que la iglesia reinará con Cristo en cuerpos glorificados en la tierra durante el milenio (verla explicación del milenio en el capítulo 3 de Futuro).

   Sin embargo, hay con toda una diferencia entre los dispensacionalistas progresivos y el resto del evangelicalismo en un punto: ellos dirían que las profecías del Antiguo Testamento respecto a Israel todavía se cumplirán en el milenio por el pueblo judío étnico que creerá en Cristo y vivirá en la tierra de Israel como «una nación modelo» para que todas las naciones vean y aprendan. Por consiguiente, no dirían que la iglesia es el «nuevo Israel» o que las profecías del Antiguo Testamento en cuanto a Israel se cumplirán en la iglesia, porque estas profecías todavía van a cumplirse en el Israel étnico.

   La posición que se toma en este Ebro difiere en grado considerable de las nociones de Chafer respecto a este asunto, y también difiere en algo de los dispensacionalistas progresivos. Sin embargo, se debe decir aquí que las cuestiones en cuanto a la manera exacta en que las profecías bíblicas sobre el futuro se cumplirán son, en la naturaleza del caso, difíciles de decidir con certeza, y es sabio que nuestras conclusiones sean en cierto grado tentativas en estos asuntos. Con esto en mente, se puede decir lo siguiente.

   Teólogos tanto protestantes como católicos romanos fuera de la posición dispensacional han dicho que la iglesia incluye tanto a creyentes del Antiguo Testamento como creyentes del Nuevo Testamento en una sola iglesia o un cuerpo de Cristo. Incluso en la noción no dispensacional, una persona puede sostener que habrá una conversión futura en gran escala de los judíos (Ro 11:12, 15, 23-24, 25-26, 28-31),” y sin embargo que esta conversión resultará solo en que los judíos llegarán a ser parte de la única verdadera iglesia de Dios; ellos serán «injertados en su propio olivo» (Ro 11:24, RVR 1960).

   Respecto a este asunto debemos notar los muchos versículos del Nuevo Testamento que entienden a la iglesia como el «nuevo Israel» o el nuevo «pueblo de Dios». El hecho de que «Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella» (Ef 5:25) sugeriría esto. Es más, está presente edad de la iglesia, que ha llevado la salvación a muchos millones de creyentes en la iglesia, no es una interrupción o un paréntesis en el plan de Dios, “sino una continuación de su plan expresado en todo el Antiguo Testamento de llamar a sí mismo a un pueblo.

   Pablo dice: «Lo exterior no hace a nadie judío, ni consiste la circuncisión en una señal en el cuerpo. El verdadero judío lo es interiormente; y la circuncisión es la del corazón, la que realiza el Espíritu, no el mandamiento escrito» (Ro 2:28-29). Pablo reconoce que, aunque hay un sentido literal o natural en el que al pueblo que físicamente descendía de Abraham se les llama judíos, también hay un sentido más hondo y espiritual en el cual un «verdadero judío» es el que es internamente creyente y cuyo corazón ha sido limpiado por Dios. Pablo dice que a Abraham no se le debe considerar el padre del pueblo judío solo en un sentido físico. También es en un sentido más hondo y mucho más verdadero «padre de todos los creyentes no circuncidados […] y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham» (Ro 4:11-12, RVR 1960; cf. w. 16, 18). Por consiguiente, Pablo puede decir: «no todos los que descienden de Israel son Israel. Tampoco por ser descendientes de Abraham son todos hijos suyos […] los hijos de Dios no son los descendientes naturales; más bien, se considera descendencia de Abraham a los hijos de la promesa» (Ro 9:6-8). Pablo aquí implica que los verdaderos hijos de Abraham, los que son en el sentido más verdadero «Israel››, no son la nación de Israel por descendencia física de Abraham sino los que han creído en Cristo. Los que verdaderamente creen en Cristo ahora son los que tienen el privilegio de que el Señor los llame «mi pueblo» (Ro 9:25, citando a Os 2:23); por consiguiente, la iglesia es ahora el pueblo escogido de Dios. Esto quiere decir que cuando los judíos conforme a la carne serán salvados en grandes números en algún tiempo en el futuro, no constituirán un pueblo separado de Dios o serán como un olivo separado, sino que serán «injertados en su propio olivo» (Ro 11:24, RVR 1960). Otro pasaje que indica esto es Gálatas 3:29: «Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa». De modo similar, Pablo dice que los creyentes son la «verdadera circuncisión» (Fil 3:3).

   Lejos de pensar que la iglesia es como un grupo separado del pueblo judío, Pablo escribe a los creyentes gentiles de Éfeso diciéndoles que ellos estaban anteriormente «separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa» (Ef 2:12), pero que ahora «Dios los ha acercado mediante la sangre de Cristo» (Ef 2:13). Y cuando los gentiles fueron traídos a la iglesia, los judíos y los gentiles fueron unidos en un nuevo cuerpo. Pablo dice que Dios «de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba […] para crear en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad al hacer la paz, para reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la cruz» (Ef 2:14-16). Por consiguiente, Pablo puede decir que los gentiles son «conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular» (Ef 2:19-20). Con su amplio conocimiento del trasfondo del Antiguo Testamento para la iglesia del Nuevo Testamento, Pablo con todo puede decir que «los gentiles son, junto con Israel, beneficiarios de la misma herencia» (Ef 3:6). Todo el pasaje habla fuertemente de la unidad de creyentes judíos y gentiles en un cuerpo en Cristo y no da ninguna indicación de algún plan distintivo para que los judíos alguna vez sean salvados aparte de la inclusión en el cuerpo de Cristo, la iglesia. La iglesia incorpora en sí misma a todo el verdadero pueblo de Dios, y casi todos los títulos que se usan en el Antiguo Testamento para el pueblo de Dios en algún lugar u otro del Nuevo Testamento se aplican a la iglesia.

   Hebreos 8 provee otro fuerte argumento para ver a la iglesia como la receptora, y el cumplimiento, de las promesas del Antiguo Testamento respecto a Israel. En el contexto de hablar sobre el nuevo pacto al que pertenecen los creyentes, el autor de Hebreos da una cita amplia de Jeremías 31:31-34, en la que dice: «Vienen días -dice el Señor~, en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá […] Éste es el pacto que después de aquel tiempo haré con la casa de Israel -dice el Señor-: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo» (Heb. 8:8-10). Aquí el autor cita la promesa de Dios de que hará un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá y dice que este nuevo pacto ahora ha sido hecho con la iglesia. Ese nuevo pacto es el pacto del cual los creyentes de la iglesia ahora son miembros. Parece difícil evitar la conclusión de que el autor ve a la iglesia como el verdadero Israel de Dios en el cual las promesas del Antiguo Testamento a Israel hallan su cumplimiento.

   De modo similar, Santiago puede escribir una carta general a muchas de las primeras iglesias cristianas y dice que les escribe «a las doce tribus que se hallan dispersas por el mundo» (Stg 1:1). Esto indica que evidentemente está considerando a los creyentes del Nuevo Testamento como sucesores y cumplimiento de las doce tribus de Israel.

   Pedro también habla de la misma manera. Desde el primer versículo en el que llama a sus lectores «los expatriados de la dispersión» (1ª de P 1:1, RVR 1960)” al penúltimo versículo en el que llama a la ciudad de Roma «Babilonia›› (1ª de P 5:13), Pedro frecuentemente habla de los creyentes del Nuevo Testamento en términos de las imágenes y promesas del Antiguo Testamento dadas a los judíos. Este tema adquiere prominencia en 1 Pedro 2:4-10, en donde” Pedro dice que Dios ha concedido a la iglesia casi todas las bendiciones prometidas a Israel en el Antiguo Testamento. El lugar de morada de Dios ya no es el templo de Jerusalén, porque los creyentes son el nuevo «templo›› de Dios (v. 5). El sacerdocio capaz de ofrecer sacrificios aceptables a Dios ya no desciende de Aarón, porque los cristianos son el verdadero «sacerdocio real» con acceso al trono de Dios (w. 4-5, 9). Ya no se dice que el pueblo escogido de Dios son los que descienden físicamente de Abraham, porque los creyentes son ahora el verdadero «linaje escogido» (v. 9). Ya no se dice que la nación bendecida por Dios es la nación de Israel, porque los cristianos son ahora la verdadera «nación santa» de Dios (v. 9). Ya no se dice que el pueblo de Israel es el pueblo de Dios, porque los creyentes, tantos judíos como gentiles, son ahora el «pueblo de Dios» y los que han «recibido misericordia» (v. 10). Todavía más, Pablo toma esta cita de contextos del Antiguo Testamento que repetidamente advierten que Dios rechazará a su pueblo que persiste en rebelión contra él y que rechaza la «piedra angular» preciosa (V. 6) que él ha establecido. ¿Qué otra declaración se podría necesitar a fin de que digamos con certeza que la iglesia ahora ha llegado a ser el verdadero Israel de Dios y recibirá todas las bendiciones prometidas a Israel en el Antiguo Testamento? “

(6). La iglesia y el reino de Dios. ¿Cuál es la relación entre la iglesia y el reino de Dios?

Las diferencias las ha resumido bien George Ladd:

   El Reino es primordialmente el reino dinámico o gobierno majestuoso de Dios, y, derivadamente, la esfera en la que se experimenta ese gobierno. En el lenguaje bíblico, al reino no se lo identifica con sus súbditos. Ellos son el pueblo del gobierno de Dios que entran en él, viven bajo él y son gobernados por él. La iglesia es la comunidad del reino, pero nunca es el reino en sí mismo. Los discípulos de Jesús pertenecen al reino, así como el reino les pertenece a ellos; pero ellos no son el reino. El reino es el gobierno de Dios; la iglesia es una sociedad de hombres.”

   Ladd pasa a resumir cinco aspectos específicos de la relación entre el reino y la iglesia: (1) la iglesia no es el reino (porque Jesús y los creyentes iniciales predicaron que el reino de Dios se había acercado, no que la iglesia estaba cerca, y predicaron las buenas noticias del reino, no las buenas noticias de la iglesia: Hch 8:12; 19:8; 20:25; 28:23, 31). (2) El reino produce a la iglesia (porque conforme las personas entran al reino de Dios se unen a la comunión humana de la iglesia). (3) La iglesia testifica del reino (porque Jesús dijo: «este evangelio del reino se predicará en todo el mundo», Mt 24:14). (4) La iglesia es el instrumento del reino (porque el Espíritu Santo, manifestando el poder del reino, obra por medio de los discípulos para sanar los enfermos y echar fuera demonios, como lo hizo en el ministerio de Jesús; Mt 10:8; Lc 10:17). (5) La iglesia es el custodio del reino (porque a la iglesia se le ha dado las llaves del reino de los cielos; Mt 16:19:”

   Por consiguiente, no debemos identificar al reino de Dios con la iglesia (como en la teología católica romana), ni tampoco el reino de Dios como enteramente futuro, algo distinto de la edad de la iglesia (corno en la antigua teología dispensacional). Más bien, debemos reconocer que hay una conexión estrecha entre el reino de Dios y la iglesia. Conforme la iglesia proclama las buenas noticias del reino, la gente vendrá a la iglesia y empezará a experimentar las bendiciones del gobierno de Dios en sus vidas. El reino se manifiesta mediante la iglesia, y por ello el futuro del reino de Dios irrumpe en el presente («ya›› está aquí: Mt 12:28; Ro 14:17; y «todavía no» está aquí completamente: Mt 25:24; 1 Co 6:9-10). Por consiguiente, los que creen en Cristo empezarán a experimentar algo de cómo será el reino final de Dios: conocerán alguna medida de victoria sobre el pecado (Ro 6:14; 14:17), sobre la oposición demoníaca (Lc 10:17), y sobre la enfermedad (Lc 10:9). Vivirán en el poder del Espíritu Santo (Mt 12:28; Ro 8:4-17; 14:17), que es el poder dinámico del reino venidero. Con el tiempo Jesús volverá y su reino se extenderá sobre toda la creación (1 Co 15 124-28).

  1. Las «marcas›› de la iglesia (características distintivas)

(1). Hay iglesias verdaderas e iglesias falsas. ¿Qué hace iglesia a una iglesia? ¿Qué es necesario para tener una iglesia? ¿Puede un grupo de personas que afirman ser creyentes llegar a ser tan distintos a lo que una iglesia debería ser que ya no se deberían llamar una iglesia?

   En los primeros siglos de la iglesia cristiana hubo escasa controversia en cuanto a lo que era una verdadera iglesia. Había solo una iglesia en todo el mundo, la iglesia «visible›› por todo el mundo, y esa era, por supuesto, la verdadera iglesia. Esta iglesia tenía obispos y ministros locales y templos que todos podían ver. A cualquier hereje que se hallaba estando en serio error doctrinal) simplemente se le excluía de la iglesia.

   Pero en la Reforma surgió una cuestión crucial: ¿cómo podemos reconocer a una iglesia verdadera? ¿Es la Iglesia Católica Romana una iglesia verdadera o no? A fin de responder a esa cuestión la gente tuvo que decidir lo que eran las «marcas›› de una verdadera iglesia, las características distintivas que nos llevan a reconocerla como una verdadera iglesia. Desde luego, la Biblia habla de iglesias falsas. Pablo dice de los templos paganos en Corinto: «cuando ellos ofrecen sacrificios, lo hacen para los demonios, no para Dios» (1 Co 10:20). Les dice a los corintios que «cuando eran paganos se dejaban arrastrar hacia los ídolos mudos» (1 Co 12:2). Estos templos paganos eran por supuesto iglesias falsas o asambleas religiosas falsas. Es más, la Biblia habla de una asamblea religiosa que es realmente una «sinagoga de Satanás» (Ap 2:9; 3:9). Aquí el Señor Jesús resucitado parece referirse a asambleas de judíos que aducían ser judíos pero que no eran verdaderos judíos que tuvieran fe que salva. Su asamblea religiosa no era una asamblea del pueblo de Cristo sino de los que todavía pertenecían al reino de las tinieblas, el reino de Satanás. Esto podría ciertamente ser una falsa iglesia.

   En gran medida hubo acuerdo entre Lutero y Calvino sobre la cuestión de lo que constituía una verdadera iglesia. La declaración luterana de fe, la Confesión de Augsburgo (1530), definió a la iglesia como «la congregación de los santos en los que se enseña correctamente el evangelio y se administra apropiadamente los sacramentos» (Artículo 7).” De modo similar, Juan Calvino dijo: «Donde veamos que la Palabra de Dios se predica con pureza y se escucha, y que los sacramentos se administran siguiendo la institución de Cristo, no hay que dudar de que allí hay una Iglesia››.” Aunque Calvino habla de predicación pura de la palabra (en tanto que la confesión luterana habla de predicación correcta del evangelio) y aunque Calvino dijo que la palabra no solo debe ser predicaba sino también oída (en tanto que la Confesión de Augsburgo meramente menciona que tiene que ser enseñada correctamente), su entendimiento de las marcas distintivas de una verdadera iglesia es muy similares.” En contraste con el concepto que tenían Lutero y Calvino respecto a las marcas de una iglesia, la posición católica romana ha sido que la iglesia visible que descendió de Pedro y los apóstoles es la verdadera iglesia.

   Parece apropiado tomar la noción de Lutero y Calvino sobre las marcas de una verdadera iglesia como correctas todavía hoy. Ciertamente, si no se predica la Palabra de Dios, sino simplemente falsas doctrinas o doctrinas de los hombres, entonces no hay una verdadera iglesia. En algunos casos podemos tener dificultad para determinar simplemente cuánta doctrina errada se puede tolerar antes de que a una iglesia ya no se la pueda considerar una verdadera iglesia, pero hay muchos casos claros en donde podemos decir que no hay una verdadera iglesia. Por ejemplo, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (la iglesia mormona) no sostiene ninguna de las doctrinas principales respecto a la salvación o la persona de Dios, o la persona y obra de Cristo. Es claramente una iglesia falsa. De modo similar, los Testigos de Jehová enseñan salvación por obras, y no por confiar solo en Cristo. Esta es una desviación doctrinal fundamental porque si las personas creen en las enseñanzas de los Testigos de Jehová, simplemente no son salvados. Así que a los Testigos de Jehová también se les debe considerar una falsa iglesia. Cuando la predicación de una iglesia esconde de sus miembros el mensaje del evangelio de salvación por fe sola, de modo que el mensaje del evangelio no se proclama claramente, y no ha sido proclamado por algún tiempo, la reunión del grupo no es una iglesia.

   La segunda marca de una iglesia, la correcta administración de los sacramentos (bautismo y la Cena del Señor) se indicó probablemente en oposición a la noción católica romana de que la gracia que salva viene mediante los sacramentos y por ello los sacramentos fueron hechos «obras›› por las que ganamos méritos para la salvación. De esta manera, la Iglesia Católica Romana insistía en el pago antes que en enseñar la fe como medio de obtener la salvación.,

   Pero existe otra razón para incluir los sacramentos como marca de la iglesia. Una vez que una organización empieza a practicar el bautismo y la Cena del Señor, es una organización que continúa y está intentando funcionar como iglesia. (En la sociedad estadounidense moderna, una organización que empieza a reunirse para adoración, oración y enseñanza bíblica los domingos por la mañana también claramente puede estar intentando funcionar como una iglesia).

   El bautismo y la Cena del Señor también sirven como «controles de membresía» para la iglesia. El bautismo es el medio de admitir personas a la iglesia, y la Cena del Señor es el medio de permitir a las personas dar una señal de continuar en la membresía de la iglesia; la iglesia considera como salvados a los que reciben el bautismo y la Cena del Señor. Por consiguiente, estas actividades indican lo que una iglesia piensa en cuanto a la salvación, y apropiadamente se menciona como una marca de la iglesia hoy por igual. En contraste, los grupos que no administran el bautismo y la Cena del Señor indican que no están intentando funcionar como una iglesia. Alguien puede pararse en una esquina con un pequeño grupo y tener verdadera predicación y oír de la palabra, pero las personas allí no serían una iglesia. Incluso la reunión de estudio bíblico de barrio en un hogar puede tener verdadera enseñanza y oír de la palabra sin llegar a ser una iglesia. Pero si un grupo de estudio bíblico local empieza a bautizar a sus propios nuevos convertidos y regularmente participar en la Cena del Señor, estas cosas indicarían una intención de funcionar como una iglesia y sería difícil decir por qué no se la debería considerar una iglesia en sí mismo.”

(2). Iglesias verdaderas y falsas hoy. En vista de la cuestión planteada durante la Reforma, ¿qué decir en cuanto a la Iglesia Católica Romana hoy? ¿Es una verdadera iglesia? Aquí parece que no podemos simplemente tomar una decisión respecto a la Iglesia Católica Romana como un todo, porque su diversidad es demasiado amplia. Preguntar si la Iglesia Católica Romana es una verdadera iglesia o una iglesia falsa hoy es de alguna manera similar a preguntar si las iglesias protestantes son verdaderas o falsas hoy; hay una gran variedad entre ellas. Algunas parroquias católicas romanas ciertamente carecen de ambas marcas: no hay predicación pura de la palabra de Dios y las personas de esa parroquia no saben ni han recibido el mensaje de salvación por la sola fe en Cristo. La participación en los sacramentos se ve como una «obra›› que puede ganar mérito ante Dios. Tal grupo de personas no es una verdadera iglesia cristiana. Por otro lado, hay muchas parroquias católicas romanas en varias partes del mundo hoy en donde el párroco local tiene un conocimiento genuino de salvación en Cristo y una relación personal vital con Cristo en oración y estudio bíblico. Sus homilías y enseñanza privada de la Biblia ponen mucho énfasis en la fe personal y en la necesidad de la lectura bíblica individual y oración. Sus enseñanzas sobre los sacramentos recalcan sus aspectos simbólicos y conmemorativos mucho más que hablar de ellos como actos que ameritan alguna infusión de gracia que salva de parte de Dios. En tal caso, aunque diríamos que todavía hay profundas diferencias con la enseñanza católica romana en algunas doctrinas con todo, parecería que tal iglesia tendría una aproximación lo suficientemente cercana a las dos características de la iglesia que sería difícil negar que sea en verdad una verdadera iglesia. Parecería ser una congregación genuina de creyentes en la cual se enseña el evangelio (aunque no puramente) y los sacramentos se administran más apropiada que erróneamente.

   ¿Hay iglesias falsas dentro del protestantismo? Si mirarnos de nuevo a las dos marcas distintivas de la iglesia, en el juicio de este escritor parece apropiado decir que muchas iglesias protestantes de teología liberal son hoy en efecto iglesias falsas.” ¿E1 evangelio de justicia y obras, junto con su incredulidad de la Biblia, que estas iglesias enseñan tiene mayor probabilidad de salvar a las personas que la enseñanza católica romana de tiempos de la Reforma? Y, ¿no es probable que su administración de los sacramentos sin enseñanza sólida a cualquiera que entra por sus puertas le dé tanta falsa seguridad a los pecadores no regenerados como el uso de los sacramentos por parte de la Iglesia Católica Romana en el tiempo de la Reforma? En donde haya una asamblea de personas que toman el nombre de «cristianos›› pero siempre enseñan a las personas que no pueden creer lo que dice la Biblia -en verdad una iglesia cuyo pastor o congregación rara vez lee la Biblia, ni ora de alguna manera significativa, y no cree o tal vez incluso ni siquiera entiende el evangelio de salvación por la sola fe en Cristo-, ¿cómo podemos decir que es una iglesia verdadera?

  1. Los propósitos de la iglesia

   Podemos entender los propósitos de la iglesia en términos de ministerio a Dios, ministerio a los creyentes, el ministerio al mundo.

(1). Ministerio a Dios: adoración. Con respecto a Dios, el propósito de la iglesia es adorarle. Pablo dice a la iglesia de Colosas: «Canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón» (Col 3:16). Dios nos ha destinado y señalado en Cristo para que «seamos para alabanza de su gloria» (Ef 1:12). La adoración en la iglesia no es meramente una preparación para algo más: es en sí misma cumplir el propósito principal de la iglesia con referencia a su Señor. Por eso Pablo puede seguir una exhortación de que debemos «aprovecha[r] al máximo cada momento oportuno» con un mandamiento de ser llenos del Espíritu y entonces decir: «Canten y alaben al Señor con el corazón» (Ef 5:16-19).

(2). Ministerio a los creyentes: nutrir. Según la Biblia, la iglesia tiene una obligación de nutrir a los que ya son creyentes y edificarlos a la madurez en la fe. Pablo dijo que su propia meta no era simplemente llevar a las personas a la fe inicial que salva, sino «presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre» (Col 1:28, RVR 1960). Le dijo a la iglesia de Éfeso que Dios dio a la iglesia personas dotadas «a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo» (Ef 4:12-13). Es claramente contrario al patrón del Nuevo Testamento pensar que nuestra única meta con las personas es llevarlas a la fe inicial que salva. Nuestra meta como iglesia debe ser presentar a Dios a todo creyente «perfecto en Cristo›› (Col. 1:28).

(3). Ministerio al mundo: evangelización y misericordia. Jesús les dijo a sus discípulos: «hagan discípulos de todas las naciones» (Mt 28:19). Esta obra evangelizadora de declarar el evangelio es el ministerio primario de la iglesia hacia el mundo.” Sin embargo, acompañando a la obra de evangelización también está un ministerio de misericordia; misericordia que incluye atender en el nombre del Señor a los pobres y necesitados. Aunque el énfasis del Nuevo Testamento es dar ayuda material a los que son parte de la iglesia (Hch. 11:29; Z Co 8:4; 1ª de Jn 3:17), con todo hay una afirmación de que es correcto ayudar a los no creyentes, aunque ellos no respondan con gratitud 0 aceptación del mensaje del evangelio. Jesús nos dice:

   Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y malvados. Sean compasivos, así como su Padre es compasivo. (Lc 6:35 -36)

   El punto de la explicación de Jesús es que debemos imitar a Dios al ser bondadosos por igual con los que son ingratos y egoístas. Es más, tenemos el ejemplo de Jesús que no intentó sanar solo a los que lo aceptaron como Mesías. Más bien, cuando grandes multitudes vinieron a él, «él puso las manos sobre cada uno de ellos y los sanó» (Lc 4:40). Esto debería animarnos a realizar obras de bondad, y orar por sanidad y otras necesidades, en la vida de los que no son creyentes tanto como de los creyentes. Tales ministerios de misericordia al mundo también pueden incluir participación en actividades cívicas o intentar influir en las políticas del gobierno para hacerlas más consistentes con los principios morales bíblicos. En aspectos en que hay una injusticia sistemática manifestada en el tratamiento de los pobres o de minorías étnicas o religiosas, la iglesia también debería orar y, según se presente la oportunidad, hablar contra tal injusticia. Todos estos son maneras en las que la iglesia puede suplementar su ministerio evangelizador al mundo y en verdad adornar el evangelio que profesa. Pero tales ministerios de misericordia al mundo nunca deben llegar a ser sustituto de una evangelización genuina 0 de los otros aspectos de ministerio a Dios y a los creyentes mencionados arriba.

(4). Cómo mantener en equilibrio estos propósitos. Una vez que hemos mencionado estos tres propósitos para la iglesia, alguien puede preguntar: ¿cuál es el más importante? O tal vez algún otro pudiera preguntar: ¿podríamos descuidar alguno de estos tres como menos importante que los otros?

   A eso debemos responder que el Señor ordena en la Biblia los tres propósitos de la iglesia; por consiguiente, los tres son importantes y no se puede descuidar ninguno. Es más, una iglesia fuerte tendrá ministerios efectivos en todos estos tres aspectos. Debemos evitar cualquier intento de reducir los propósitos de la iglesia a solo uno de estos tres y decir que debería ser nuestro enfoque primario. En verdad, tales intentos de hacer primario uno de estos propósitos siempre resultará en algún descuido de los otros dos. Una iglesia que hace énfasis solo en la adoración acabará con enseñanza bíblica inadecuada de los creyentes y sus miembros permanecerán con superficialidad en su comprensión de las Escrituras e inmaduros en sus vidas cristianas. Si también empieza a descuidar la evangelización, la iglesia dejará de crecer en su influencia a otros, se volverá egocéntrica y a la larga empezará a marchitarse.

   Una iglesia que pone la edificación de los creyentes como el propósito que toma preferencia sobre los otros dos tenderá a producir creyentes que saben mucha doctrina bíblica pero cuyas vidas espirituales son secas porque conocen muy poco del gozo de adorar a Dios o de hablar a otros en cuanto a Cristo.

   Pero una iglesia que pone en la evangelización tal prioridad que hace que los otros dos propósitos queden en el descuido también terminará con creyentes inmaduros que hacen énfasis en el crecimiento en números pero que tienen menos y menos genuino amor a Dios expresado en su adoración, y menos y menos madurez doctrinal y santidad personal en sus vidas. Una iglesia saludable debe recalcar continuamente los tres propósitos.

   Sin embargo, los individuos son diferentes de la iglesia al poner una prioridad relativa en uno u otro de los propósitos de la iglesia. Debido a que somos como un cuerpo con diversos dones espirituales o capacidades, es correcto que pongamos más de nuestro énfasis en el cumplimiento del propósito de la iglesia que está más estrechamente relacionado con los dones e intereses que Dios nos ha dado. Ciertamente no hay obligación de que todo creyente intente dar exactamente un tercio de su tiempo en la iglesia a la oración, otro tercio a cultivar otros creyentes, y un tercio a la evangelización y obras de misericordia. Alguien con el don de evangelización debería por supuesto pasar algún tiempo en adoración y cuidando a otros creyentes, pero puede acabar dedicando la mayoría de su tiempo en obra evangelizadora. Alguien que es un dirigente talentoso de adoración puede acabar dedicando el noventa por ciento de su tiempo en la iglesia a la preparación y dirección de la adoración. Es solamente apropiada respuesta a la diversidad de dones que Dios nos ha dado.

PREGUNTAS PARA APLICACIÓN PERSONAL

(1). Al pensar en la iglesia como la comunión invisible de todos los verdaderos creyentes todo el tiempo, ¿cómo afecta eso la manera en que usted piensa de sí mismo como creyente individual? En la comunidad en que vive, ¿hay mucha unidad visible entre creyentes genuinos (es decir, ¿hay mucha evidencia visible de la verdadera naturaleza de la iglesia invisible?)? ¿Dice algo el Nuevo Testamento respecto al tamaño ideal de una iglesia individual?

(2). ¿Consideraría usted a la iglesia en que está ahora como una iglesia verdadera? ¿Alguna vez ha sido miembro de una iglesia que usted pensaría que es una iglesia falsa? ¿Piensa usted que se hace algún daño cuando los creyentes evangélicos continúan dando la impresión de que piensan que las iglesias protestantes de teología liberal son verdaderas iglesias cristianas? Visto desde la perspectiva del juicio final, ¿qué bien 0 qué daño puede surgir si no decimos que pensamos que las iglesias no creyentes son iglesias falsas?

(3). ¿Le da alguna de las metáforas de la iglesia un nuevo aprecio por la iglesia a la que asiste al presente?

(4). ¿A qué propósito de la iglesia piensa usted que puede contribuir más eficazmente? ¿Respecto a qué propósito ha puesto Dios en su corazón un fuerte deseo de contribuir? 

Amén, para gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

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