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Semana del 11 al 17 de mayo de 2020: “Revelación del pecado por el Espíritu Santo de Dios”

Semana del 11 al 17 de mayo de 2020: “Revelación del pecado por el Espíritu Santo de Dios”

   Lectura Bíblica: 2ª de Samuel 12: 1 al 13. 1Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. 2El rico tenía numerosas ovejas y vacas; 3pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. 4Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él. 5Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. 6Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia. 7Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, 8y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más. 9 ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. 10Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. 11Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. 12Porque tú lo hiciste en secreto; más yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol. 13Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.

   Referencias Bíblicas: Salmo 139:7-8. 7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. ▬Mateo 1:20. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. ▬ Génesis 39:9. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? 

   Comentario: Dios convence a David de su pecado, 12:1-15

   (1) Natán usa una parábola, 12:1–7a. Dios trae al arrepentimiento a personas en distintas maneras. Natán fue enviado de Dios para hacerle ver su culpabilidad. Muy sabiamente, Natán presentó a David un caso de estudio para que David diese su juicio al respecto. La injusticia del rico, en la parábola, era clara y repugnante: el rico había actuado con avaricia, con injusticia, sin ninguna compasión y sin ninguna justificación por el hecho. David se enfureció tremendamente ante la conducta de aquel rico y demandó que el rico pagase al pobre con cuatro ovejas, porque así lo requería la ley (Exo. 22:1). La indignación de David para con el hombre rico fue tan grande que llegó a pensar que éste merecía la pena de muerte. (Es más fácil reconocer la injusticia en otros, que en uno mismo.) Al reconocer la injusticia en la acción de aquel hombre rico, David estaba en la posición que Natán quería. Natán había conseguido la reacción que buscaba en David, ahora podía confrontarle directamente.

   Describir el caso no era suficiente, era necesaria una confrontación directa: Tú eres ese hombre. David era culpable de una acción que sí merecía la muerte. David, aunque fuese el rey, no escapaba al juicio de Dios. Las personas en su naturaleza humana tratan de esconder y encubrir su propio pecado; pero, la palabra de Dios se encarga de descubrir el pecado, aun en los ricos y poderosos. La palabra de Dios se encarga de derribar las barreras que las personas construyen a su alrededor, penetrando hasta lo más profundo del corazón de la persona. La sentencia “tú eres ese hombre” es una sentencia universal: Porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios (Rom. 3:23). Cada ser humano lleva grabada en su frente la sentencia: “tú eres ese hombre”, porque cada ser humano lleva sobre sí mismo la naturaleza del pecado y la condenación que viene a causa del pecado. Solamente un hombre, Jesucristo, ha recibido una sentencia diferente: ¡Verdaderamente, este hombre era justo! (Luc. 23:47); es por su justicia que cada persona puede ser salva de la condenación y recibir su justicia por medio de la fe.

   (2) Natán trae un mensaje de Dios, 12:7b–12.

▬a. Dios habla a David como un padre. La confrontación de parte del profeta Natán se transformó en una confrontación divina, una confrontación personal de parte de Dios. El mensaje de Dios para David, por medio de Natán, le demostraría de nuevo (como en el caso del templo en el capítulo anterior) el significado del señorío y la paternidad de Dios en su vida. Dios habla a David con todo el derecho de un padre y señor; usa el pronombre personal “yo” y enumera lo que ha hecho en la vida de David: Dios le había hecho rey, le había dado la casa de Saúl y las mujeres de Saúl, y le había dado Israel y Judá. El que Dios se muestre como el dador de las mujeres de Saúl, no se debe tomar como una afirmación divina de la práctica de la poligamia; sino como una afirmación de la paternidad divina sobre la vida de David, una afirmación de que todo lo que David poseía, lo debía a Dios. Según la costumbre de aquel tiempo, al morir un rey, el sucesor heredaba también su harén. David tuvo el derecho de tomar la esposa y la concubina de Saúl, pero no hay evidencias en el texto de que David las tomó para sí.

  La afirmación de que Dios había dado a David la casa de Israel y de Judá, se refiere a la riqueza que David poseía; no se refiere a las mujeres vírgenes de Israel y Judá, que David pudo tomar para su harén (como lo afirman ciertos comentaristas). David había despreciado toda la riqueza del reino que Dios le había dado, por el solo deseo de tener a Betsabé; por esto se añade que, si su riqueza había sido poco para David, Dios le hubiese dado más cosas.

   David poseía todo lo que una persona pudiera desear, más especial que todo era la seguridad de la aprobación divina, la confirmación divina que Dios había declarado a David; sin embargo, David había despreciado toda esa bendición, por satisfacer un deseo carnal que le estaba prohibido.

▬b. Dios acusa a David de menosprecio. A pesar de todo lo que David había recibido de Dios, David menospreció la palabra de Dios e hizo lo malo ante Dios. El pecado es juzgado primeramente por ser una violación de la palabra de Dios; el pecado trae un rompimiento en las relaciones que han sido establecidas dentro del pacto con Dios. Es por esta razón que Dios habla con tanta pasión paternal. La violación de la palabra de Dios era un menosprecio a Dios mismo. David había actuado en contra de la justicia y el derecho, y la violación de la justicia y el derecho era una violación contra Dios el Justo y Recto. Dios acusó a David de tres pecados: haber matado a Urías, haber tomado la esposa de Urías, y haber usado a los amonitas para que matasen a Urías. David había sido el principal autor de la muerte de Urías, él planeó y mandó ejecutar los planes que llevarían a Urías a la muerte; toda la responsabilidad de la muerte de Urías caía sobre David. David, además, había cometido traición al usar a un pueblo enemigo para causar la muerte de Urías. David también era el responsable principal del adulterio, ya que él lo inició, y lo hizo utilizando su posición de poder.

▬c. La justicia de Dios. David no escapó la justicia de Dios, su casa sería castigada con la espada y el oprobio. El resultado directo del pecado de David fue la pérdida de la paz en su propia vida, en su familia y en su nación.   Los hijos de David llegaron a practicar la violencia y la traición unos contra otros. Absalón practicó la rebelión contra su propio padre. Amnón fue muerto por los siervos de Absalón, Absalón fue muerto por Joab, y Adonías fue muerto por orden de Salomón. Las mujeres de la casa de David llegaron a sufrir violaciones y ser víctimas de traiciones: Tamar fue violada por Amnón, y las concubinas de David fueron violadas por Absalón a la vista de todo Israel. Aunque fueron sus hijos los que sufrieron directamente las consecuencias del pecado de David, no hay duda de que todo esto fue de mucho más dolor para David.

   El castigo a David fue determinado por Dios, pero llevado a cabo por medio de las acciones malvadas de sus hijos. ¿Era Dios el responsable por esas acciones que él había predicho? De ninguna manera. Dios pronunció el castigo a David, basado en su conocimiento previo de lo que sucedería en la casa de David. Dios, como dueño de lo que ha de suceder, habla en primera persona, como el ejecutador de la sentencia a David. Es así como muchas veces Dios usa la maldad de algunos como instrumento para llevar a cabo su propósito.

Semillero homilético

Múltiples bendiciones recibidas de Dios: 12:7, 8

  • Unción
  • Liberación
  • Casa de Saúl
  • Mujeres
  • Casa de Israel
  • Casa de Juda
  • Mucho más. etc.

Aplicación 12:6 Estas palabras son correspondidas por Lucas 19:8.

Cuando se tiene en poco o menosprecia la Palabra de Dios 12:9

Introducción: Comentar que Dios salva del pecado; pero no de las consecuencias. El perdón y el castigo no se excluyen entre sí, necesariamente.

Física, inclusive

   Conclusión: La paga del pecado es muerte, 2 Samuel 12:14, comparado con Romanos 6:23 y Gálatas 6:7 y 8a.

Joya bíblica

Ciertamente tú lo hiciste en secreto, pero yo haré esto ante todo Israel y en pleno día (12:12).

Es correcto, en algunos casos, llamar la atención delante de la gente o corregir en público. Esto encuentra su similitud en Mateo 6:6. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

1er Titulo:

Necesaria revelación de Dios al hombre (Isaías 6:1 al 5. En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. 4Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.5Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. 

   Referencias bíblicas: Efesios 1:17. para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él. ▬ Zacarias 4:6. Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ▬1ª Co. 2:10. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios

   Comentario: Visiones que motivan: 6:1–8

   Comienzan en lugares sagrados en nuestras experiencias con Dios, cuando Él se nos aparece y nos llama. Acontecen en momentos críticos en nuestro peregrinaje, sea personal o nacional. Acompañan manifestaciones sobrenaturales, tales como visión de Dios, milagros, y voces audibles a nuestro oído espiritual. Nos llevan al arrepentimiento y confesión de pecado. Resultan en una consagración al servicio: “Heme aquí, envíame a mí.”

   ¿Cómo es que el ministerio profético de Isaías careciera de resultados, de efecto positivo en el pueblo? ¿Cómo es que no pudo evitar la ruina de Judá? A Isaías el resultado le era conocido de antemano, pues Dios mismo se lo había revelado en su visión de vocación o llamamiento, cuando Isaías le preguntó hasta cuándo duraría aquella esterilidad de su mensaje en el pueblo (v. 11). La respuesta fue: Hasta que las ciudades queden desoladas y sin habitantes, y no haya hombres en las casas, y la tierra quede devastada… (vv. 11–13). Mediante la misión del profeta la culpa del pueblo se acrecentaría y esto aceleraría el castigo final.

   La referencia sería a los resultados dramáticos de la invasión de Senaquerib a Judá, cuando estuvo a punto de tomar Jerusalén después de haber arrasado muchas de las ciudades fortificadas. Sólo después del desenlace, por intervención directa de Jehovah, Dios de Israel, Isaías llegó a ser vindicado.

   ¿Y acaso no fue igual la experiencia de Jeremías, de Pablo, o del mismo Señor Jesús? Jesús, tal como Isaías, recurrió al uso de parábolas para predicar al pueblo, para que de todas maneras escucharan de buena gana, aunque no vieran, ni escucharan ni entendieran de veras, para que el mensaje profético quedara como testimonio histórico (vv. 9 y 10; comp. con Mat. 12:14; Juan 13:40 y Hech. 28:26).

   Uzías, el rey que condujo al pueblo de Judá a tanta gloria, humana y falaz, pero de todas maneras significativa, estaba a punto de morir. El rey estaba moribundo, y sobre el reino se cernían las sombras de la incertidumbre y del pesimismo. Una vez más parecía evidente que Jehovah había dejado a su pueblo a su abandono. Parecía que las promesas hechas a David acerca de un rey ideal y justo, un descendiente suyo, habían quedado frustradas.

   Pero no. En medio del caos humano Isaías tiene una visión del Rey, sentado sobre un trono alto y sublime (v. 1). Pero este Rey no es un hijo de David, sino el mismo Jehovah de los Ejércitos.

   El lugar de la visión era el templo en Jerusalén, y la visión era tan imponente que los bordes del vestido real de Jehovah llenaban el templo, posiblemente todo el emplazamiento del templo sobre el monte Moriah, con sus muros de contención alrededor. La visión fue acompañada por un temblor que sucedió al canto de los serafines, que decían: ¡Santo, santo, santo es Jehovah de los Ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria! (v. 3).

   Tras esta visión, los labios de Isaías fueron purificados mediante un carbón encendido, tomado del altar por uno de los serafines. Y luego, sólo cuando se le había concedido la capacidad de estar de pie ante el Dios Santo, tiene lugar el diálogo de su llamamiento. Entonces Jehovah le expresa la inquietud que tiene por su pueblo Israel, e Isaías se presenta diciendo: Heme aquí, envíame a mí (6:8).

   Sin embargo, el mensaje profético estaba destinado a no tener como resultados la positiva conversión de Israel a su Dios, es decir, el retorno a sus demandas éticas y espirituales, como se ha visto vez tras vez en los capítulos previos. Y esto produce una fuerte desesperación en el profeta. Pero en las últimas palabras de Jehovah que concluyen la visión y el capítulo, se encierra el germen de la esperanza: … después de ser derribados, aún les queda el tronco (v. 13).

   Es así que Isaías comenta, ya al margen de la visión y en palabras exclamativas: Su tronco [de la nación de Israel] es la simiente santa (v. 13), aludiendo al remanente que volverá a su Dios. Con esto termina la primera parte del libro de Isaías.

   En esta visión figurativa se abre el templo y queda a la vista hasta el Lugar Santísimo. El profeta, de pie fuera del templo, ve la Presencia divina sentada en el trono de la gracia, sobre el arca del pacto, entre los querubines y serafines, y la gloria divina que llena todo el templo. —Véase a Dios en su trono. Esta visión se interpreta, en Juan 12:41, como que Isaías ve ahora la gloria de Cristo y habla de Él, lo cual es plena demostración de que nuestro Salvador es Dios. En Cristo Jesús, Dios se sienta en el trono de la gracia; y, por medio de Él se abre el camino hacia el Lugar Santísimo. —Véase el templo de Dios, su Iglesia en la tierra, llena de su gloria. Su séquito, las faldas de su ropaje henchían el templo, todo el mundo, porque todo es el templo de Dios. Aún Él vive en todo corazón contrito. —Véase a los benditos asistentes de los cuales se sirve en su gobierno. Por sobre del trono estaban los santos ángeles, llamados serafines, que quiere decir ―ardientes, porque arden de amor por Dios y de celo por su gloria, contra el pecado. Los serafines, con sus rostros velados, declaran que están listos para rendir obediencia a todos los mandamientos de Dios, aunque no entiendan la razón secreta de sus consejos, gobierno o promesas. Toda vanagloria, ambición, ignorancia y orgullo, debiera ser eliminada una vez que se ve a Cristo en su gloria. —Esta terrible visión de la majestad divina sobrecogió al profeta con una sensación de su propia vileza. Estamos acabados si no hay un Mediador entre nosotros y este Dios santo. Un vistazo de la gloria celestial basta para convencernos que toda nuestra justicia es como trapos de inmundicia. Tampoco hay un hombre que se atreva a hablarle al Señor, si ve la justicia, la santidad, y la majestad de Dios, sin discernir su gloriosa misericordia y gracia en Jesucristo. —El carbón encendido puede denotar la seguridad del perdón y la aceptación en su obra, que se da al profeta por medio de la expiación de Cristo. Nada es poderoso para limpiar y consolar al alma sino lo que se toma de la satisfacción hecha por Cristo y su intercesión. Quitar el pecado es necesario para que hablemos con confianza y comodidad, sea a Dios en oración o de parte de Dios al predicar; y a los que se quejan de su pecado como carga, y se ven en peligro de ser condenados por él, les será quitado. —Es gran consuelo para los que Dios envía, el hecho de que van por Dios y por tanto pueden hablar en su nombre, seguros de que Él los sostendrá.

2° Titulo:

El conocimiento intelectual de las ordenanzas de Dios, no es suficiente. (Isaías 29:13. Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;).

   Comentario: En el v. 13 el profeta ve la razón de la ceguera espiritual del pueblo en el hecho de que sus más preciadas perlas de revelación divina se han petrificado en una religión popular basada en mandamientos de hombres y en fórmulas litúrgicas repetidas de memoria: “… este pueblo… me honra sólo con sus labios, pero su corazón está lejos de mí.”

   Ante semejante ceguera espiritual, el Señor promete irónicamente volver a hacer maravillas ante el pueblo. Primero hará un eclipse; pero no un eclipse de sol o de luna, sino del entendimiento de los “entendidos” de la nación (v. 15). Se refiere a aquellos escarnecedores que siempre acosaban al profeta, aquellos insignes teólogos de la muerte de Dios, que dicen de Dios: Él no tiene entendimiento (v. 16). Y después hará maravillas causando que los sordos oigan las palabras del libro de la profecía, y que los ciegos vean desde la oscuridad (v. 18; comp. vv. 10–12).

   La seguridad de los pecadores en los caminos pecaminosos es causa de lamentación y asombro. Los hombres doctos, a través del prejuicio, dicen que eran oscuras las profecías divinas; y los pobres se excusaron con su falta de educación. La Biblia es un libro sellado para todo hombre, culto o inculto, hasta que empieza a estudiarla con un corazón sencillo y un espíritu que pueda ser enseñado, que de ella puede aprender la verdad y la voluntad de Dios. Adorar a Dios es acercarse a Él. Si el corazón está lleno de su amor y su temor, de su abundancia hablará la boca, pero hay muchos cuya religión es sólo de los labios hacia afuera. Cuando pretenden hablarle a Dios están pensando en mil cosas necias. Adoran al Dios de Israel conforme a sus propias ideas. Las multitudes son sólo formales al adorar. La religión de ellos es sólo para cumplir con la costumbre y servir sus propios intereses. Pero el deambular de la mente y los defectos de la devoción, que son la carga del creyente, son muy diferentes del retiro del corazón de Dios, tan severamente culpado. Se engañan los que hacen de la religión nada más que una pretensión para servir un turno. Los que pelean con Dios como los que piensan que se ocultan de Él, efectivamente lo acusan de necedad, pero toda su conducta perversa será eliminada por completo.

   La Palabra de Dios Conocimiento intelectual

   Los adelantos en la tecnología han convertido al hombre en un ser tan racional, que se ha olvidado de la parte espiritual que debe haber en su vida.

   Todo se tiende a analizar, racionalizar, comparar y verificar, para determinar si es verdad o no.

Y no es que estemos en contra de estos métodos, pero cuando se aplican a la Biblia comienzan a alejar a la humanidad de Dios, dándole prioridad al conocimiento intelectual y desechando la sabiduría que viene de lo alto y que nos hace crecer espiritualmente.

   La Biblia dice en la Carta a los Romanos 1:22: “Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios” y en la Primera Epístola a los Corintios 3:19, podemos leer: “Porque a los ojos de Dios, la sabiduría de este mundo es locura”.

   El apóstol Pablo fue un hombre muy culto, de buena posición social y económica, además de ejercer funciones de poder en el gobierno; pero cuando Jesús se le dio a conocer y le entregó su vida para seguirle, dijo lo siguiente:

“Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor a Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” Filipenses 3: 7-8.

Y en el evangelio de Mateo, capítulo 16, versículo 26: “Porque, ¿Qué aprovechará el hombre, si ganase todo el mundo y perdiera su alma?”.

   El aprender no es malo, lo que es cuestionable es colocar nuestros conocimientos intelectuales por encima de la sabiduría que nos da el conocimiento de Dios, a través de las Santas Escrituras.

   El cristianismo no es una religión, es entregar nuestra vida a Jesucristo y recibirlo como Señor y Salvador personal.

3er Titulo:

Sólo el Espíritu Santo revela la verdadera condición de pecado (San Juan 16:7-8. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.).

   Referencia Bíblica: Hechos 17:30. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; ▬Lucas 13:5. Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. ▬ “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Romanos 8:26

   Comentario: [7]. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Ayudador no vendrá a vosotros; más si me voy, os lo enviaré. Aquí, Jesús expresó claramente lo que había venido sugiriendo desde mucho antes. ¿Acaso no había dicho a los discípulos que su partida sería con el propósito de prepararles un lugar (14:2); de prepararlos para hacer obras mayores (14:12); de impartirles conocimientos más abundantes (14:20); y, en realidad, de atraerlos más a sí, a saber, en el Espíritu (14:28)? ¿Acaso no resultaba, pues, muy claro que la partida del Maestro sería ventajosa para los discípulos? Una vez más, mientras los discípulos ven a Jesús en el cuerpo, ¿son capaces de entender que su relación con él debe ser de carácter espiritual?

   ¡Extraños son, en verdad, los caminos del Señor! Cristo y su gran enemigo Caifás dicen ambos lo mismo, a saber, que es conveniente que Jesús muera (véase sobre 11:50). Desde luego, Caifás mismo no quiso decir lo que Cristo quiso decir. La intención del Espíritu, sin embargo, era la misma en ambos casos.

   La razón fundamental de por qué la partida de Cristo significa triunfo y no tragedia, la razón de por qué es una ayuda y no un obstáculo para estos hombres (y para la Iglesia en general) es ésta, que de lo contrario el Ayudador (véase sobre 14:16), a saber, el Espíritu Santo, no vendrá a ellos. Jesús no explica por qué el Espíritu no puede venir a no ser que el Hijo se vaya de la tierra para retornar a su morada en lo alto. Probablemente las siguientes

sugerencias señalan la dirección correcta: la partida del Hijo es por el camino de la cruz. Con dicha partida obtiene la redención para su pueblo. Ahora bien, el Espíritu Santo es aquel cuya misión especial es aplicar los méritos salvadores de Cristo al corazón y a la vida de los creyentes (Ro. 8; Gá. 4:4–6). Pero el Espíritu no puede aplicar estos méritos si no hay méritos para aplicar. En consecuencia, a no ser que Jesús se vaya, el Espíritu no puede venir. Asimismo, debe tenerse presente que el don del Espíritu Santo es una recompensa por las obras de Cristo (Hch. 2:33). Pero no se da la recompensa hasta que se ha cumplido la misión por la cual se otorga. Por ello, el Espíritu Santo no puede ser enviado hasta que Jesús hay completado su tarea en la tierra. No decimos que Jesús tuviera presentes estas razones cuando dijo, “porque si no me voy, el Ayudador no vendrá a vosotros; más si me voy, os lo enviaré”. Simplemente no sabemos qué tenía en mente. La razón por que nosotros, sin embargo, presentamos unas cuantas sugerencias es para mostrar que esta afirmación de Jesús está totalmente en armonía con el cuerpo de la revelación que encontramos en otros pasajes del Nuevo Testamento. Nótese, “enviaré”, aquí y también en 15:26; pero 14:26: “El Padre enviará en mi nombre”. Hay cooperación perfecta en las obras externas. El Padre envía; el Hijo envía; el Espíritu va. Además, el Espíritu es enviado “a vosotros”. Escoge como morada a la iglesia. Sin embargo, también el mundo percibe su influjo:

[8]. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

   La acción del Espíritu en el mundo se describe en los versículos 8–10. A través de la predicación y las obras de los discípulos (2 Ti. 3:16; 4:2; Tit. 1:9, 13; 2:15) ese Espíritu, una vez constituida su morada en el corazón de los creyentes (véase Hch. 2; 2 Co. 6:16), convencerá al mundo.

   Pondrá públicamente de manifiesto la culpa del mundo y lo invitará al arrepentimiento. Lo convencerá respecto a tres asuntos: pecado, justicia, y juicio. El resultado de esta operación del Espíritu no se indica aquí. Por Hch. 2:22–41; 7:51–57; 9:1–6; 1 Co. 14:24; 2 Co. 2:15, 16; Tit. 1:13, sabemos que en algunos casos el resultado será la conversión; en otros, el endurecimiento y el castigo eterno.

   Nota: El verbo convencer es algo ambiguo porque puede significar ya sea: a. probar la culpabilidad, sin querer

decir que la persona cuya culpabilidad se prueba esté dispuesta a admitir y confesar su culpa; o b. despertar la conciencia de culpa. Sin duda, cuando el Espíritu Santo convence al mundo por medio de la predicación del evangelio, se obtienen ambos resultados, pero no en todas las personas a las que se proclama la Palabra. El evangelio demuestra de inmediato que todo el mundo es culpable. En el caso de muchos esta culpa le llega a la conciencia, de forma que la sienten. Y entre ellos hay algunos (elegidos de Dios) que no sólo se convencen de ello en su alma, sino que también lo admiten abiertamente, se arrepienten de verdad, y confesando todo lo malo que han hecho, se abandonan a la misericordia de Dios en Cristo. En consecuencia, el verbo convencer no tiene el mismo significado para todos. En general, el mundo malvado continúa en abierta hostilidad hacia Dios, su Cristo, y su pueblo (véase nota 26, significado 6). Aunque se ha puesto de manifiesto o demostrado su culpa (o sea, aunque en ese sentido ha sido convencido), no se arrepiente.

   El término utilizado en el original (_λέγχω) es por lo menos tan elástico en significado como la palabra convencer. El que signifique más que simplemente reprender, lo ha demostrado R.C. Trench, op cit., pp. 13–15. Sin embargo, como su resumen no es completo y como parece defender su posición basado en algunos (y no en todos los) usos del término, el valor de su presentación resulta algo limitado. En los pasajes que menciona, el verbo implica reprender con buenos resultados, es decir, conseguir que uno reconozca su pecado.

REVELACIÓN DE DIOS Contenido y proceso por el cual Dios se da a conocer a las personas. Todo conocimiento de Dios viene por medio de revelación. El conocimiento humano sobre Dios es un conocimiento revelado, ya que solo Dios lo otorga. Él atraviesa la brecha entre sí mismo y Sus criaturas, y se revela a sí mismo y revela Su voluntad. Solo por medio de Dios puede ser conocido Dios.

   El pensamiento moderno suele cuestionar la posibilidad y/o realidad de la revelación. La fe bíblica afirma que la revelación es real porque el Creador personal, Dios, escogió permitir que Sus criaturas humanas lo conozcan. La pregunta es: “¿Cómo puede una persona conocer a Dios?” La Biblia parece distinguir dos formas: mediante la revelación general y la especial. El énfasis bíblico señala a Jesucristo como la revelación final de Dios, quien de manera continua ha proporcionado a las generaciones de creyentes la Biblia, una fuente de conocimiento sobre sí mismo y sobre Su Hijo.

 

Definición “Revelación” significa descubrir, quitar el velo, mostrar lo que antes se desconocía. La revelación de Dios es Su manifestación a la humanidad, de tal manera que hombres y mujeres puedan conocerlo y tener comunión con Él. Jesús le explicó a Pedro: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mat. 16:17).

   El conocimiento de la condición de Jesús como Hijo no se obtuvo mediante un descubrimiento humano, ni podría haber sido así; provino de Dios mismo.

  Todos los cristianos reconocen que Dios actuó y habló en la historia para revelarse a Sus criaturas. Sin embargo, varias opiniones buscan definir qué constituye la revelación.

Revelación especial Dios se ha revelado en la naturaleza, en la experiencia humana y en la historia, pero la entrada del pecado en el mundo cambió tanto la revelación, así como su interpretación. Necesitamos Su revelación especial para entender plenamente la revelación de la esencia de Dios. La verdad divina existe fuera de la revelación especial, pero es coherente y complementaria con esta y no un sustituto.

   En contraste con la revelación general de Dios, que está a disposición de todas las personas, la revelación especial solo está disponible para determinadas personas, en determinados tiempos y lugares. Ahora solo se obtiene al consultar las Sagradas Escrituras. La revelación especial es, ante todo, particular. Dios se revela a Su pueblo, que son los hijos de Abraham, ya sea por descendencia natural (Gén. 12:1-3) o espiritual (Gál. 3:16,29). ¿Significa esto que Dios restringe el conocimiento de sí mismo a un pueblo en particular? No necesariamente, ya que la revelación general de Dios ha sido dada a todos, a pesar de haber sido corrompida y rechazada por la maldad universal de la humanidad. Él ahora elige a quién y, a través de quién, se dará a conocer. Con respecto a Abraham, Dios dijo: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gén. 12:3). Dios se manifiesta a Su pueblo de un modo particular de manera que ellos puedan ser un canal de bendición para todos los demás.

Comentario de Matthew Henry

16:7-15 La partida de Cristo era necesaria para el Consolador viene. El envío del Espíritu iba a ser el fruto de la muerte de Cristo, que fue su despedida. Su presencia corporal podría ser sólo en un lugar al mismo tiempo, pero su espíritu está en todas partes, en todo lugar, en todo momento, donde dos o tres se reúnen en su nombre. Vea aquí el oficio del Espíritu, primero para reprobar o convencer. Trabajo convincente es la obra del Espíritu; él puede hacerlo eficazmente, y nadie más que él. Es el método que el Espíritu Santo toma, primero para convencer, y luego a la comodidad. El Espíritu debe convencer al mundo, del pecado; no sólo les contarlo. El Espíritu convence del hecho del pecado; del fallo del pecado; de la locura del pecado; de la suciedad del pecado, para que por ella nos convertimos en odioso para Dios; de la fuente del pecado, la naturaleza corrupta; y, por último, de la fruta del pecado, que el fin es la muerte. El Espíritu Santo demuestra que todo el mundo es culpable delante de Dios. Él convence al mundo de justicia; que Jesús de Nazaret era Jesucristo el justo. Además, la justicia de Cristo, impartida a nosotros para la justificación y salvación. Él les mostrará donde se tendrán en cuenta, y cómo puede ser aceptado como justo ante los ojos de Dios. La ascensión de Cristo demuestra el rescate fue aceptada, y la justicia terminó, a través del cual los creyentes debían ser justificados. Y de juicio, porque el príncipe de este mundo ha sido juzgado. Todo irá bien, cuando se rompe su poder, el que hizo todo el daño. Como Satanás es sometido por Cristo, esto nos da confianza, porque ningún otro poder puede estar delante de él. Y por el día del juicio. La venida del Espíritu implicaría una ventaja indecible a los discípulos. El Espíritu Santo es nuestro guía, no sólo para mostrarnos el camino, pero para ir con nosotros por medio de ayudas e influencias continuas. Para ser llevado a una verdad es más que apenas lo sepa; no es sólo tener la noción de que, en nuestras cabezas, pero el gusto y sabor, y el poder de la misma en nuestros corazones. Él os enseñará toda la verdad, y mantenga la espalda nada rentable, porque él hará saber las cosas por venir. Todos los dones y gracias del Espíritu, toda la predicación, y todos los escritos de los apóstoles, bajo la influencia del Espíritu, todas las lenguas y milagros, eran para glorificar a Cristo. ¿Es el deber de cada uno a preguntarse, si el Espíritu Santo ha comenzado una buena obra en su corazón? Sin el descubrimiento clara de nuestra culpa y peligro, nunca vamos a entender el valor de la salvación de Cristo; pero cuando nos trajo a conocernos a nosotros mismos correctamente, comenzamos a ver el valor del Redentor. Debemos tener puntos de vista más completa del Redentor, y más afectos animados a él, si oramos por más, y dependía del Espíritu Santo.

Gloria sea al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y ha de ser, eternamente en el mundo sin fin. Amén.

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BIBLIOGRAFÍA: Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 5; 10; Comentario Al Nuevo Testamento Por William Hendriksen Exposición Del Evangelio Según San Juan; Diccionario Bíblico Ilustrado Holman; Comentario De Matthew Henry

 


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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