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Semana del 11 al 17 de junio de 2018: «El Espíritu Santo es Espíritu de Santidad».

Semana del 11 al 17 de junio de 2018: «El Espíritu Santo es Espíritu de Santidad».


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Lectura Bíblica: 1a a los Corintios Cap. 6, versículos 9 al 12. 9¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. 12 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.

 

Comentario:

Después de hablar del problema de las demandas judiciales y su efecto devastador sobre la comunidad cristiana, Pablo amplia su discurso mencionando a los pecadores que están destituidos del reino de Dios. El apóstol distingue entre los que pecan en forma deliberada y los corintios que han sido limpiados del pecado. Al referirse a estos pecadores inmorales, vuelve a nombrar algunas categorías que ya mencionó (véase 5:9–11).

 

Versic. 9 – 10. ¿O acaso no sabéis que los impíos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis, los inmorales, los idólatras, los adúlteros, los homosexuales, los sodomitas, 10. los ladrones, los codiciosos, los borrachos, los soeces y los estafadores, ninguno de ellos heredará el reino de Dios.

  1. «¿O acaso no sabéis». Pablo continúa con la conjunción o, la cual sirve para conectar este pasaje con los versículos precedentes (vv. 2 y 3) que tienen las mismas preguntas retóricas. ¿Conocen y entienden los corintios las implicaciones espirituales de las demandas judiciales y de la vida en pecado? La pregunta retórica que Pablo plantea, demanda una respuesta afirmativa.
  2. «Los impíos no heredarán el reino de Dios». Pablo se pregunta si los corintios están al tanto de algunos hechos básicos del reino de Dios.

Primero, ¿quiénes heredan el reino? Por cierto que no serán los impíos, cuya inmoralidad sexual y otros pecados, los descalifican. Son gente que desea hacer el mal. A diferencias de los justos, están inclinados a perjudicar a los demás, por lo que son distintos a los justos. Pablo no se refiere a quienes se dan cuenta de sus errores y se arrepienten. Más bien apunta a los que voluntariamente continúan en sus pecados y se glorían de ellos.

Segundo, la palabra heredarán tiene relación con hijos e hijas que comparten una heredad en el reino y que en este caso son hijos de Dios. Reciben la herencia, no por obras sino por gracia (véase Ef. 2:8, 9). Pero a los pecadores no arrepentidos no se les aceptará en el reino.

Tercero, el verbo heredar quiere decir que no existe la posibilidad de que pecadores no arrepentidos puedan alguna vez gozar de las bendiciones de Dios. El uso del tiempo futuro es definitivo: nunca heredarán el reino.

Finalmente, el concepto de reino aparece repetidamente en los evangelios sinópticos, especialmente en Mateo. Sin embargo, en 1 Corintios, Pablo sólo menciona el concepto cinco veces (4:20; 6:9, 10; 15:24, 50). A excepción de 4:20, todos estos usos se refieren a las bendiciones futuras del reino venidero.

  1. «No os engañéis, los inmorales, los idólatras, los adúlteros, los homosexuales, los sodomitas». Pablo vuelve a exhortar a los destinatarios a que no se engañen (véase 3:18).26 Deberían estar muy consientes de la sociedad corrupta en la que viven. Al mencionar pecados sexuales, primero menciona los fornicarios (véase el comentario a 5:9, 10,11). Usa el término para apuntar a las relaciones sexuales entre solteros o entre una persona casada y una soltera. Pablo reafirma la doctrina de Jesús, a saber, que la inmoralidad sexual mancha a la persona (véase el v. 11; Mt. 15:19, 20).

Nótese que Pablo pone a los idólatras entre los inmorales y los adúlteros. Pareciera un poco fuera de lugar colocar a los idólatras en esta lista de pecados sexuales. Pero en el mundo gentil, la idolatría con frecuencia era una fuente de perversión sexual (véase Ro.1:18–32).

Las tres categorías siguientes son: adúlteros, homosexuales y sodomitas. La primera expresión griega, moichoi (adúlteros), se refiere al pecado sexual cometido por una persona casada con alguien casado o soltero. Este pecado rompe el lazo matrimonial. La siguiente palabra griega malakoi (homosexuales) tiene que ver con «hombres y niños que permiten ser abusados sexualmente». La palabra connota sumisión y pasividad. Por contraste, el tercer término arkenokoitai (sodomitas), señala a hombres que practican la homosexualidad (1 Ti. 1:10). Son agentes activos en su búsqueda.28 La prosa, la cerámica y la escultura griega y latina demuestran que los hombres del primer siglo estaban muy preocupados de las prácticas sexuales. Estos hombres se revolcaban en su pecado homosexual y competían aun con la gente de Sodoma (Gn. 19:1–10; véase también

Lv. 18:22; 20:13).

  1. «Los ladrones, los codiciosos, los borrachos, los soeces y los estafadores». Pablo deja los pecados sexuales, para concentrarse en aquellos que tienen que ver con los bienes materiales, el abuso físico y verbal, y el robo. Parece reproducir el Decálogo, aunque no los menciona en el orden en que aparecen en los Diez Mandamientos. A excepción de la categoría de ladrones, la lista sólo repite lo que ya se mencionó en otro pasaje (5:10, 11).
  2. «Ninguno de ellos heredará el reino de Dios». Pablo repite esta solemne afirmación (v. 9) para subrayar lo grave que son los pecados que ha mencionado. No está diciendo que el que haya cometido alguna vez uno de estos pecados jamás heredará el reino de Dios. Lo que afirma es que aquel que persiste en practicar estos vicios será excluido del reino. Pero cuando un pecador demuestra arrepentimiento genuino y entrega su vida a Cristo y cree en Cristo, es perdonado, limpiado del pecado, liberado de la culpa, es santificado y declarado justo. Los corintios podían entender bien lo que Pablo decía sobre el pecado, pues algunos de ellos habían dejado la vida de pecados sociales y sexuales que llevaban.

Versic. 11. Y esto erais algunos de vosotros. Pero fuisteis lavados, fuisteis santificados, fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.

Notemos los siguientes puntos:

  1. Inmundos. «Y esto erais algunos de vosotros». Jesús dijo que vino a llamar a los pecadores, no a los justos, al arrepentimiento (Mr. 2:17; Lc. 5:32; 1 Ti. 1:15). Los publicanos y prostitutas eran los pecadores del tiempo de Jesús; eran los parias de la sociedad. Jesús los llama al arrepentimiento y después come y bebe con ellos en sus propias casas (Mt. 11:19).

Cuando Pablo visitó Corinto por primera vez, llevó el evangelio de salvación a algunos que habían vivido en pecados sexuales y morales. En esta epístola, Pablo no habla de pecados en general, sino que afirma que sólo algunos corintios vivieron una vida degenerada: «Y esto [=degenerados] erais algunos de vosotros». Estaban inmundos por su forma de vida pecaminosa, pero por la predicación del evangelio recibieron el don de la salvación, y ahora están limpios.

  1. Limpios. «Pero fuisteis lavados, fuisteis santificados, fuisteis justificados». En el griego, Pablo usa una conjunción adversativa intensiva delante de cada uno de los tres verbos. De esta forma comunica que se ha producido un tremendo cambio espiritual. Contrasta la pecaminosa vida pasada de los corintios con la nueva vida que ahora tienen en Cristo. No sólo eso, sino que cada verbo de este versículo está en la segunda persona plural. Pablo desea ser claramente personal en lo que dice.

«Pero fuisteis lavados». La limpieza es total y completa. Cuando Dios perdona a un pecador arrepentido, borra completamente todo su prontuario de culpa. El verbo lavados, al igual que los otros dos (santificados y justificados), está en la voz pasiva. El verbo griego que aquí tradujimos lavados sólo aparece dos veces en el Nuevo Testamento, la otra ocasión está en Hechos 22:16. Aunque el lavamiento de los pecados se conecta con el bautismo, aquí Pablo se abstiene de usar el verbo bautizar, porque desea hacer hincapié en los efectos del bautismo. Hechos cuenta la experiencia de conversión que Pablo tuvo, cuando Ananías le dijo que se bautizara y lavara sus pecados (Hch. 9:17, 18). Pablo subraya la acción por la que uno es limpiado del pecado y da la impresión de que deberíamos entender este acto figuradamente.30 Así como Pablo experimentó el lavamiento del pecado de haber perseguido a la iglesia de Cristo, así los corintios fueron lavados de los pecados de su vida anterior.

«Fuisteis santificados». Al principio de la carta, Pablo les dijo a los corintios que eran santos en Cristo Jesús (1:2). Ahora les recuerda que han sido santificados. El Nuevo Testamento enseña que todo el que cree en Jesús está santificado en él (Jn. 17:19; Hch. 20:32; 26:18). La santificación significa que el creyente ha entrado en comunión con Dios (véase 1:9).

«Fuisteis justificados». Hace algunos siglos, los teólogos protestantes discutían si la santificación precedía a la justificación, pues en otro texto de esta epístola Pablo coloca la justificación antes de la santidad (1:30).31 La justificación es un acto declarativo de Dios por el cual declara justo al creyente en Cristo. Este acto se coordina con el otro acto de Dios por el cual santifica al creyente. Los tres verbos de este texto (lavados, santificados, justificados) están gramaticalmente relacionados. En el griego están en aoristo, lo cual describe una sola acción instantánea. Pablo afirma que en cierto momento Dios declaró a los corintios santos y justos. En este contexto no se detiene a explicar la distinción entre santificación y justificación, sino que escribe un discurso en contra de la injusticia.

  1. Gracia. «En el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios». La última parte de este versículo revela un trinitarismo implícito, pues Pablo menciona a Jesucristo, al Espíritu y a Dios. Con todo, no debemos presionar mucho esta observación porque en este texto Pablo no usa en forma explícita la fórmula bautismal trinitaria de la gran comisión (Mt. 28:19).33 No obstante, hay que reconocer que la frase en nombre de aparece a veces en relación con el bautismo (p. ej., Hch. 2:38; 8:16; 19:5).

La última parte del versículo debe conectarse con cada uno de los verbos precedentes (lavados, santificados, justificados). La preposición en ocurre dos veces, se aplica a los tres verbos y debe entenderse en el sentido de «en relación a». Consideremos ahora cómo estos tres verbos se relacionan con el Señor Jesucristo y el Espíritu de Dios.

Primero, el lavamiento de los pecados es resultado del bautismo. Los creyentes son bautizados en el nombre de Jesucristo y en el poder del Espíritu (p. ej., Mt. 3:11; Jn. 1:33; Hch. 10:48). Pablo usa el nombre completo de «Señor Jesucristo», pero para referirse al Espíritu no usa la frase «Espíritu Santo», sino que escribe «Espíritu de Dios», lo que es más común en Pablo, especialmente en esta epístola (2:11, 12, 14; 3:16; 7:40; 13:3).

Segundo, la santificación de los creyentes se basa en la obra redentora del Señor Jesucristo y se sostiene por el poder del Espíritu Santo. De la misma forma, la justificación tiene su fundamento en la obra expiatoria de Jesús y se convierte en una realidad para el creyente a través del testimonio poderoso del Espíritu.

Finalmente, sólo en este versículo se conecta la justificación del creyente con el poder del Espíritu. Y aunque en el himno cristiano primitivo de 1 Timoteo 3:16 Cristo aparece como vindicado en el Espíritu, jamás encontramos otro texto de la Escritura que involucre al Espíritu en la justificación del creyente. Sabemos que el Espíritu Santo toma parte en la santificación del creyente, pero la justificación es un acto de Dios basado en la justicia de Cristo. Sólo en este texto se vincula al Espíritu con la justificación del creyente.

 

  • Consideraciones prácticas en 6:11

En su gracia Dios ofrece perdonar a los pecadores que se arrepienten. Es un perdón arrollador y tremendamente gratificante. Cuando la pecadora entró a la casa de Simón el fariseo, Jesús le dijo: «tus pecados quedan perdonados … Tu fe te ha salvado … vete en paz» (Lc. 7:48, 50). A la mujer adúltera le dijo: «vete, y no vuelvas a pecar» (Jn. 8:11). A uno de los criminales crucificado junto a él, le dijo: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc. 23:43). A Pablo, el perseguidor de la iglesia primitiva, lo llamó «instrumento escogido» (Hch. 9:15).

El Antiguo Testamento registra el asombroso relato en el que Dios extiende su gracia a Manasés, rey de Judá. Manasés era hijo de Ezequías, quien amaba al Señor y le servía con fidelidad. Con todo, Manasés hizo lo malo delante de Dios. Adoró a los baales, edificó altares para las estrellas del cielo en los atrios del templo, sacrificó a su hijo, practicó la hechicería y la adivinación, colocó una imagen labrada en el templo de Dios, descarrió al pueblo y derramó sangre inocente (2 R. 21:1–9,16; 2 Cr. 33:1–9). Sin embargo, estando en el cautiverio, el rey se arrepintió. Dios no sólo lo perdonó, sino que lo restauró como rey de Judá (2 Cr. 33:12, 13).

Cuando uno lee este relato, queda asombrado de la gracia perdonadora de Dios. Tratamos de sondear las profundidades del amor y del perdón de Dios, y nos preguntamos si Dios perdonará cualquier y todo pecado cometido en contra de él. ¿Perdonará Dios los pecados, que como dice Pablo, nos excluyen del reino de Dios? La respuesta es afirmativa para todo pecador que arrepentido confiese su pecado y clame por misericordia.

Jesús nos lo asegura, con sólo una excepción:

«A todos se les podrá perdonar todo pecado y toda blasfemia, pero la blasfemia contra el Espíritu no se le perdonará a nadie. A cualquiera que pronuncie alguna palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará, pero el que hable contra el Espíritu Santo no tendrá perdón ni en este mundo ni en el venidero» (Mt. 12:31, 32).

Versic. 12. «Todas las cosas me son permitidas», pero no todas las cosas me son provechosas; «todas las cosas me son permitidas», pero no me dejaré dominar por ninguna cosa.

En los versículos 12 y 13a, Pablo cita dos lemas que tenían los corintios. También los corrige: «pero no todas las cosas me son provechosas».

 

Lema

Todas las cosas me son permitidas ⇒ Respuesta: pero no todas las cosas me son provechosas

Todas las cosas me son permitidas ⇒ Respuesta: pero no me dejaré dominar por ninguna cosa

La comida es para el estómago y el estómago para la comida ⇒ Respuesta: pero Dios los destruirá a ambos

 

Comentemos ahora cada uno de estos lemas y sus respuestas:

  1. «Todas las cosas me son permitidas». Este lema aparece cuatro veces en la primera carta de Pablo a los corintios (6:12bis., 10:23bis.). No es de gran importancia saber de dónde vino el lema. No sabemos si fue Pablo quien les aplicó este refrán o si el lema vino de los filósofos griegos o del gnosticismo incipiente. Lo que importa es que algunos de los miembros de la congregación de Corinto usaron el lema como una excusa para promover su propia versión de la libertad cristiana.

Estos libre-pensadores creían que podían hacer lo que se les antojara. La forma en que aplicaban el lema todas las cosas me son permitidas salía de los límites de una conducta cristiana aceptable. En lugar de vivir como creyentes perdonados, santos y justos, se entregaban a pecados sociales y sexuales. En lugar de someterse al señorío de Cristo, aprobaban el pecado en el nombre de la libertad que habían recibido en Cristo. En vez de servir al Señor y al prójimo en un amor verdaderamente cristiano (Mt. 22:37–40), se servían a sí mismos.

Uno de los dichos breves de Martín Lutero nos ayuda a comprender el entendimiento torcido que los corintios tenían de la libertad cristiana. Lutero dice: «El cristiano es perfectamente libre y señor de todo, sin estar sujeto a nadie. Un cristiano es perfectamente servicial y siervo de todos, sujeto a todos».

  1. «Pero no todas las cosas me son provechosas». Al parecer algunos libre-pensadores de la iglesia de Corinto aplicaban las palabras todas las cosas a todo, incluyendo la inmoralidad sexual. Pero Pablo rechaza la idea de que la expresión debe entenderse como incluyendo al pecado. Los mandamientos de Dios delimitan claros parámetros para una conducta correcta. Aunque Pablo concuerda con el lema, lo limita por medio de una afirmación adversativa: «Pero no todas las cosas me son provechosas». En esta afirmación omite el referente, es decir, no agrega algo como: «para mí», «para vosotros», sino que deja el asunto abierto. El punto es que nuestra conducta, sea buena o mala, siempre afecta a la gente con la que tratamos. No tenemos el derecho de hacer lo que nos antoje sin tomar en cuenta el daño que nuestra conducta puede hacerle al prójimo. El egoísmo va en contra del mandamiento de amar al prójimo como a nosotros mismos. Por consiguiente, Pablo añade: «Pero no todas las cosas me son provechosas».
  2. «‘Todas las cosas me son permitidas’, pero no me dejaré dominar por ninguna cosa». Pablo vuelve a citar el lema que circulaba en la comunidad cristiana de Corinto, para volver a limitar su aplicación e impacto. La expresión todas las cosas tiene su contraparte en ninguna cosa.

 

¿Qué trata Pablo de comunicar con este rechazo?

Primero, el griego contiene un juego de palabras. Cuando dice que todas las cosas le están permitidas quiere decir que tiene autoridad para hacer lo que quiera. Tener autoridad es enseñorearse de algo o alguien. Pero después añade que él no dejará que nada ni nadie tenga autoridad sobre él.

Segundo, Pablo se aplica el lema a sí mismo usando la primera persona singular. Hace esto con frecuencia para dar el ejemplo y para orientar a los lectores que enfrentan problemas morales y sociales.

Tercero, al identificarse con estos problemas, hace notar que él ya no posee lo que lo posee a él.

Dios nos ha dado apetitos naturales que la libertad cristiana nos permite satisfacer. Por ejemplo, estamos limitados por las leyes naturales y morales: no debe abusarse de la comida y la bebida, el sexo debe mantenerse dentro del marco del matrimonio. Pero si una persona cede al pecado, se convierte en su esclavo y el pecado en su amo (cf. Gn. 4:7; Ro. 6:16). Una persona puede ejercer su libertad cristiana libremente, siempre y cuando lo haga en comunión con Dios.

 

1er Titulo:

El Espíritu De Santidad Insta Al Creyente a Limpiarse Del Pecado.

Lectura Bíblica: 2a a los Corintios 7:1. Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

Comentario:

Versic.7:1 Teniendo, por lo tanto, estas promesas, mis amados amigos, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, y perfeccionemos [nuestra] la santidad en el temor de Dios.

  1. «… por lo tanto, … mis amados amigos». El contenido de este versículo encaja con el contenido de todo el pasaje anterior (vv. 14–18) y es una conclusión oportuna, como evidencia la expresión por lo tanto. Este versículo se relaciona bien con el pasaje del 11–13, en el que Pablo habla de su amor por los corintios y, a su vez, pregunta si es correspondido. Por esta razón se dirige a sus lectores con su cariñoso mis queridos hijos, que en traducciones más antiguas se vierte como «amados», dando a entender que los amaba (véase 12:19).
  2. «Teniendo … estas promesas». Pablo afirma que tanto él como sus lectores son los beneficiarios de las promesas de Dios (cf. 2 P. 1:4). Enfatiza estas promesas, en el texto griego, al colocar la palabra estas al principio de la frase. Es decir, las garantías que ha mencionado en los versículos anteriores, son de Dios. Y la palabra de Dios es absolutamente cierta y veraz. Él cumplirá lo que ha prometido.
  3. «Limpiémonos». Si las promesas son reales—y de hecho son—entonces es razonable que sus beneficiarios hagan el mayor esfuerzo posible por agradar al Dador de estas promesas. Por consiguiente, Pablo pronuncia una exhortación en la que se incluye a sí mismo y a sus colaboradores, para mostrar que ellos no están por encima de sus lectores: «Limpiémonos». Estas palabras son el claro reconocimiento, por parte de Pablo, de que él ha sido contaminado por el ambiente circundante del pecado.

La exhortación no significa que una sola limpieza nos mantiene limpios para siempre; sino que debemos purificarnos constantemente. Los Reformadores hablaban del arrepentimiento diario como una forma de progreso en nuestra santificación. En otro lugar Pablo escribe que los corintios estaban lavados, santificados y justificados (1 Co. 6:11); pero el proceso de santificación es continuo, dado que la naturaleza humana es proclive al pecado.

Cuando los judíos se encontraban en una condición ceremonialmente impura, tenían que lavarse cada vez que tocaban algo impuro, y ningún sacerdote o levita podía entrar en el tabernáculo o en el templo sin haberse lavado antes (Éx. 30:20–21). El mismo principio se aplica al pueblo de Dios, que cuando entran en su sagrada presencia, deben purificarse confesando sus pecados. Pablo admite que él no es mejor que los corintios; también necesita limpiarse y purificarse (cf. 1 Ts. 4:7; 1 Jn. 3:3).

  1. «De toda contaminación de carne y de espíritu». Queriendo incluir a toda clase de impurezas, Pablo decide usar el adjetivo toda. Aunque el sustantivo contaminación sólo aparece aquí en el Nuevo Testamento, el verbo contaminar aparece tres veces (1 Co. 8:7; Ap. 3:4;14:4). Pablo recalca que la contaminación afecta tanto al cuerpo como al espíritu, es decir, a la persona en su totalidad. Si la contaminación se refiere al culto a los ídolos, entonces los que asistían a este tipo de cultos en los templos paganos, corrían el riesgo de contaminarse

física y espiritualmente, ya que algunos de los ritos incluían a prostitutas. «El que se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella» (1 Co. 6:16).

¿Qué tiene esto que ver con la iglesia de Corinto? Mucho, porque Pablo ya había preguntado antes en este mismo pasaje: «¿Qué acuerdo puede tener el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente» (6:16). Los creyentes de Corinto son el templo de Dios; Él mora con ellos y hace real su presencia andando entre ellos. Por eso, las palabras que se usan en el versículo 1 (limpiémonos, contaminación, santidad), «provienen directamente de las imágenes literarias del templo».70 Dios es un Dios celoso que no tolera a otros dioses antes que él (Éx. 20:3–5; Dt. 5:7–9). La referencia de Pablo a la carne y al espíritu debe interpretarse como la referencia a una persona completa al servicio de Dios (véase el paralelo en 1 Co. 7:34).71 Las palabras sugieren el significado de que una persona que es limpia en lo exterior, con respecto a la carne, y en lo interior, con respecto al espíritu, camina con Dios.

  1. «Y perfeccionemos la santidad [nuestra] en el temor de Dios». Esta cláusula resuena la exhortación de Pablo: «Limpiémonos de toda contaminación». Usa el participio griego, en tiempo presente, epitelountes (perfeccionar) como exhortación a sus lectores: «Esforcémonos por lograr una perfecta santidad». Pablo describía a los creyentes corintios como «santificados en Cristo Jesús» (1 Co. 1:2; cf. 1 Ts. 3:13), e indica que Dios los hizo santos por la obra de su Hijo. Pero la santificación sigue siendo un proceso continuado, en el que los creyentes deben esforzarse asiduamente por una completa santidad. Incluso dice cómo debe hacerse: «en el temor de Dios». El temor y la reverencia a Dios promueven la motivación para perfeccionar la santidad del creyente. En presencia de Dios Padre, sus hijos deben vivir en este mundo como si fueran extranjeros, «en reverente temor» (1 P. 1:17). Nuestra relación con Dios debe poseer un genuino respeto y una profunda reverencia. Así como el Padre es santo, nosotros también, como hijos suyos, debemos reflejar su santidad en nuestras vidas.

 

Conclusión de los comentarios sobre 6:14–7:1

No se puede negar que la transición entre 6:13 y 14 y entre 7:1 y 2 es abrupta. Pero hay evidencias de que Pablo prosigue consistentemente con el hilo de su pensamiento por todo este largo pasaje. Comienza, en la segunda mitad del capítulo 5, con una exhortación a los lectores a vivir para Cristo, que murió y resucitó de nuevo (v. 15). Les encarece que se reconcilien con Dios (v. 20) y continúa apremiando a los corintios a que no reciban la gracia de Dios en vano (6:1). Después de proveerles una lista de las dificultades por las que él ha atravesado (6:3–10), les suplica que le abran sus corazones (6:13). Pablo es consciente de que los corazones de sus lectores son indiferentes y que han caído bajo el influjo de los incrédulos. Les dice que se aparten de los que no aman al Señor. Un mandamiento correspondiente aparece en 1 Corintios 5:9–13, en el que Pablo instruye a los cristianos a que se aparten de las personas sexualmente inmorales, aunque se llamen a si mismas cristianas. Allí Pablo pide la completa separación, negándoles su participación en la mesa de comunión. Y aquí les ordena que se limpien, que no toquen nada impuro y que se esfuercen en conseguir la santidad perfecta.

 

2° Titulo:

El Espíritu Santo Lleva Al Creyente a Vivir En Santidad.

Lectura Bíblica: Romanos 15:15 y 16. 15Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia que de Dios me es dada 16para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo. 

2a a los tesalonicenses 2:13. Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad,

Comentario 1: Pablo prosigue: 15a. Sin embargo, os he escrito con cierto atrevimiento sobre algunos puntos, para recordároslos de nuevo.

El apóstol había formulado advertencias en contra de males tales como las tendencias antinomianistas (cap. 6), la arrogancia de algunos (11:20, 21; 12:3), la oposición a las autoridades del gobierno (13:2), y la burla que los fuertes hacían de los débiles y la condena de los débiles a los fuertes (14:1s). Con generosidad él añade “para recordároslos”, como si dijese: “Por supuesto, vosotros sabíais estas cosas, y solamente necesitábais una recordatoria”.

Lo que Pablo dice no es lo mismo que dicen las lineas del Ensayo sobre la crítica de Pope, pero igualmente

nos vienen a la mente:

Los hombres han de ser enseñados como si no les enseñaras,

Y las cosas desconocidas propuestas como olvidadas.

Versic.15b, 16. (Lo he hecho) en virtud del encargo que Dios en su gracia me ha concedido, de ser ministro de Cristo Jesús a los gentiles, con el deber sacerdotal de proclamar el evangelio de Dios, para que los gentiles, puedan llegar a ser una ofrenda aceptable (a él), santificada por el Espíritu Santo.

Nótese lo siguiente:

  1. Pablo ha sido franco no porque carece de bondad sino por su sentido del deber como ministro de Cristo Jesús a los gentiles.
  2. Cuando el apóstol dice que ha escrito de esta manera como “ministro de Cristo Jesús a los gentiles”, ¿no está dando a entender que la mayor parte de aquellos a quienes se dirige eran creyentes que provenían de los gentiles?
  3. “… con el deber sacerdotal de proclamar el evangelio de Dios, para que los gentiles puedan llegar a ser una ofrenda …”.

¿Quiere decir Pablo que al proclamar el evangelio a los gentiles, en aquellos casos en que el mensaje era aceptado por fe, él mismo ha traído a esos gentiles a Dios como sacrificio? ¿O está diciendo que los gentiles mismos se ofrecieron a Dios como sacrificio?

La primera interpretación parecería servir como un paralelo al pasaje de Is. 66:20, a saber; “Y ellos traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, a mi santo monte de Jerusalén, como ofrenda al Señor”. Visto que una y otra vez ha sido evidente que Pablo conocía muy bien el Antiguo Testamento—¡y ciertamente también las profecías de Isaías!—es bien posible que ésta sea la interpretación correcta.

Pero, claro, aun en tal caso Pablo no olvida que estas personas convertidas también se ofrecerían a si mismos “como sacrificios, vivos, santos y agradables a Dios …” (Ro. 12:1).

  1. Tales sacrificios son “aceptables” (cf. 1 P. 2:5) a Dios, por estar “santificados por el Espíritu Santo”.

Comentario 2:

2a tesalonicenses 2:13, 14. Pero estamos en la obligación de dar gracias a Dios siempre por vosotros, hermanos amados por el Señor, porque Dios os eligió desde el principio para salvación por medio de la santificación por el Espíritu y la creencia en la verdad; 14 a la cual (salvación) también os llamó por medio de nuestro evangelio, con el propósito de obtener la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Contrastando (nótese δε) a la condenación que aguarda a los seguidores de Satanás se halla la salvación atesorada para los hijos de Dios. Esta es la idea que se desarrolla en el presente pasaje, lleno de ricos conceptos. Sin embargo, como todos estos ya han sido discutidos, y algunos en forma muy amplia, bastará con hacer una referencia al lugar donde se halla este material:

Sobre “estamos en la obligación de dar gracias a Dios siempre por vosotros” véase 2 Ts. 1:3.

Sobre “hermanos amados por el Señor” cf. 1 Ts. 1:4.

Sobre “porque Dios os eligió” véase 1 Ts. 1:4.

Sobre “salvación” véase 1 Ts. 5:8, 9.

Sobre “santificación” véase 1 Ts. 4:3, 7.

Sobre “creencia” véase 2 Ts. 1:3, 4, 11; 1 Ts. 1:3.

Sobre “verdad” véase 2 Ts. 2:10, 12.

Sobre “llamado” véase 1 Ts. 1:5; 2:12; 4:7; 5:24; 2 Ts. 1:11.

Sobre “con el propósito de obtener” véase 1 Ts. 5:9.

Sobre “gloria” véase 1 Ts. 2:12.

Sobre “nuestro Señor Jesucristo” véase 1 Ts. 1:1.

En base a los comentarios de estos varios conceptos y del contexto mismo aquí en 2 Tesalonicenses 2:13, 14, podríamos ahora parafrasear el pensamiento del presente pasaje como sigue: “Nosotros—Pablo, Silas, y Timoteo—no podemos menos que dar gracias por vosotros incesantemente, hermanos en la fe (quienes son los objetos del amor especial de Dios), porque en su soberana e inmutable elección, El os escogió desde el principio para salvación—la cual negativamente hablando, es el rescate de la culpa, corrupción y castigo por el pecado; positivamente, la entrada a la herencia reservada para los hijos de Dios—; salvación que llega a ser vuestra posesión mediante la obra del Espíritu Santo, es decir, mediante la santificación—proceso que os mueve progresivamente a ser desatados del mundo y adheridos a Cristo hasta que su imagen sea completamente formada en vosotros—y mediante vuestro activo, vital consenso al cuerpo de verdad redentora revelada en Cristo; a cuya final y completa salvación Dios también os llamó, habiendo aplicado efectivamente a vuestros corazones el evangelio que os hemos predicado y que os hemos rogado aceptar, a fin de que vosotros podáis un día participar en la gloria de nuestro Señor Jesucristo”.

Aceptamos la lectura, “Dios os eligió desde el principio” (ἀπʼ ἀρχῆς) y no, “Dios os eligió como primicias” (ἀπαρχήν). Ambas versiones tienen buenas razones a su favor, y el concepto de creyentes como “primicias” es perfectamente bíblica (Stg. 1:18; Ap. 14:4) y también paulina (Ro. 8:23; 11:16; 16:5; 1 Co.15:20, 23; 16:15). Sin embargo, Pablo nunca la usa en conexión con la idea de elección o escoger. Por otro lado, la idea de que Dios escogió a los suyos (o decretó algo) “antes de los siglos” (1 Co. 2:7), “desde los siglos” (Col. 1:26), “antes de la fundación del mundo” (Ef. 1:4) es definitivamente paulina. A esto correspondería la traducción “os eligió desde el principio” (i.e., desde la eternidad) aquí en 2 Tesalonicenses 2:14. Además el pensamiento expresado aquí, a saber, que Dios llamó a los hombres a una salvación para la cual les había elegido de antemano es lógico y también Paulino (Ro. 8:30).

 

3er Titulo:

El Espíritu De Santidad Lleva Al Creyente a Vivir En Obediencia.

Lectura Bíblica 1: 1 de Pedro 1:2. elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.

Lectura Bíblica 2: 22. Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;

Comentario 1:

Versic.2. Que han sido escogidos según el previo conocimiento de Dios Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre.

En tres cláusulas separadas Pedro describe tres actos del Trino Dios. El Padre conoce de antemano, el Espíritu santifica y Jesucristo espera obediencia de los a quienes ha limpiado de pecado. Estas tres cláusulas explican el término escogidos (v. 1).

Nótense los siguientes puntos:

  1. Conocimiento previo. “Según el previo conocimiento de Dios Padre”. La mayoría de los traductores están a favor de vincular la palabra escogidos con las tres cláusulas preposicionales:

según el previo conocimiento de Dios Padre,

por la obra santificadora del Espíritu,

para obedecer a Jesucristo y ser rociados por su sangre.

Algunas traducciones siguen al pie de la letra el orden del texto griego: “Pedro, apóstol de Jesucristo, a los escogidos que son peregrinos de la Dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia, y Bitinia, según el conocimiento previo de Dios Padre”.54 Pero la fuerza de la oración centra la atención en la expresión escogidos, ya que el concepto conocimiento previo está directamente relacionado con la elección.

¿Qué es el conocimiento previo? Es mucho más que la capacidad de predecir hechos futuros. Incluye la soberanía absoluta de Dios para determinar e implementar su decisión de salvar al hombre pecador. La palabra conocimiento aparece en el sermón de Pentecostés de Pedro, en el cual declara a su auditorio judío que Jesús “os fue entregado por el propósito determinado y conocimiento previo de Dios” (Hch. 2:23). Pedro da a entender que Dios obró según su plan y propósito soberano que había determinado de antemano.

Pablo también se refiere al conocimiento previo. El verbo conocer previamente aparece en Romanos 8:29: “Porque a los que antes conoció, también les predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (VRV). Pablo indica que los conceptos conocimiento previo y predestinación van juntos. Conocer de antemano y predestinar fueron actos de Dios llevados a cabo antes de la creación de este mundo (véase Ef. 1:4–5). La palabra previo y el prefijo pre‐ en la frase conoció previamente y predestinó (Ro. 8:29) denotan precisamente eso.

Volviendo a la primera epístola de Pedro, notamos que éste, al escribir acerca de Cristo, menciona la enseñanza acerca de la elección cuando dice: “A él se le escogió [destinó] antes de la creación del mundo” (1:20).

Con perfecta comodidad Pedro entreteje la doctrina de la Trinidad en el paño de su epístola. Esta doctrina era aceptada y entendida entre la comunidad cristiana, de manera que los escritores del Nuevo Testamento no tenían necesidad de presentarla, explicarla o defenderla contra posibles ataques judíos.

Pedro habla del Dios Padre, del Espíritu y de Jesucristo (véase también Ef. 1:3–14). El orden que escoge es arbitrario, porque no está interesado en una secuencia determinada, sino en la función que cada persona de la Trinidad cumple. Dios Padre conoce de antemano y escoge al pecador. Al describir a Dios como Padre, Pedro da a entender que las personas que Dios ha elegido y a quienes Pedro llama “escogidos” son sin duda hijos de Dios. Gozan de un gran privilegio, ya que son parte del pacto que Dios ha hecho con su pueblo:

“Seré un Padre para vosotros,

y vosotros seréis mis hijos e hijas,

dice el Señor Todopoderoso”. (2 Co. 6:18)

 Nótese que los escogidos de Dios “han sido escogidos [elegidos] según el previo conocimiento de Dios Padre”. ¿Cómo se lleva a cabo la elección del hombre? Se efectúa mediante el poder del Espíritu Santo, que limpia de pecado a los escogidos.

  1. Santificación. Pedro escribe su epístola a los que han sido “escogidos … por la obra santificadora del Espíritu”. Cuando Pedro habla de la obra santificadora del Espíritu Santo, subraya la diferencia que hay entre un Dios santo y un hombre pecador. El Espíritu obra cuando presenta al hombre como santo y aceptable ante Dios; el hombre pecador no puede, empero, entrar ante la presencia de un Dios santo a menos que Dios lo santifique por medio de su Espíritu.

Pedro no es el único que enseña acerca de la obra santificadora del Espíritu Santo. Pablo dice prácticamente

lo mismo a la iglesia de Tesalónica: “Desde el principio Dios os escogió para salvación por medio de la santificación por el Espíritu y la creencia en la verdad” (2 Ts. 2:13).

El griego original indica que la obra santificadora del Espíritu es una actividad o proceso continuo en vez de una acción ya cumplida que resulta en un estado de perfecta santidad. En este proceso el hombre no queda pasivo mientras actúa el Espíritu. También el hombre está profundamente preocupado. Pedro exhorta a los creyentes: “Así como es santo quien los llamó, sean santos en todo lo que hagan; porque está escrito: ‘Sean santos, porque yo soy santo’ ” (1:15–16).

  1. Obediencia y rociamiento. ¿Con qué fin santifica el Espíritu a los escogidos? Pedro dice que es: “para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre”. El repite su referencia a la obediencia en versículos subsiguientes de este capítulo: “Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían cuando vivían en la ignorancia” (v. 14); “Ahora que ustedes se han purificado al obedecer a la verdad, y por eso tienen un sincero amor por sus hermanos, ámense unos a otros de corazón, profundamente” (v. 22).

En el texto griego Pedro dice, literalmente, “para obediencia y rociamiento de la sangre de Jesucristo”. Por medio de los términos obediencia y rociamiento Pedro hace una referencia a la confirmación del pacto que Dios hizo con el pueblo de Israel (véase Ex. 24:3–8). Moisés leyó el Libro del Pacto al pueblo. “Ellos respondieron: ‘Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos’ ” (v. 7). Entonces Moisés roció sangre sobre el pueblo y dijo: “He aquí la sangre del pacto [p 50] que Jehová ha hecho con vosotros de acuerdo a todas estas cosas” (v. 8). El escritor de la epístola a los Hebreos comenta que Jesús derramó su sangre para quitar los pecados del pueblo de Dios (9:18–28; 12:24).

Pedro declara que mediante el sacrificio de su muerte en la cruz, Jesús redimió y adquirió a los escogidos

(cf. 1:18–19). Es así que vemos, en resumen, que el Trino Dios les ha dado tres privilegios distintivos: Dios el Padre los conoce de antemano, Dios el Espíritu Santo los santifica y Jesucristo los limpia de pecado por medio del rociamiento con su sangre. Y aunque el derramamiento de sangre se haya efectuado una vez y para siempre, su significancia tiene un efecto constante y se constituye en un proceso perdurable. Jesucristo sigue limpiándonos del pecado.

  1. Saludo. Las palabras: “Gracia y paz a ustedes en abundancia,” aparecen también en 2 Pedro 1:2 (y véase también Judas 2). Este saludo es algo típico en los escritores del Nuevo Testamento que escriben cartas. Con ligeras variantes, Pablo, Santiago, Juan, Judas y el escritor de Hebreos mandan saludos y bendiciones al principio o al fin de sus epístolas. El término gracia es comprensivo; abarca los conceptos de la misericordia, del amor y del perdón del pecado. Gracia es lo que Dios ofrece al hombre. Paz, por otra parte, es un estado de felicidad interior que el poseedor manifiesta exteriormente ante su prójimo. En cierto sentido, los conceptos de gracia y paz están mutuamente relacionados en el sentido de que el primero es la causa y el segundo, la consecuencia. Es decir, el don de Dios de la gracia resulta en la paz.

Una traducción literal de este saludo sería “gracia y paz os sean multiplicadas” (VRV).

Consideraciones doctrinales acerca de 1:1–2

Pedro, que era un pescador inculto de Galilea (Hch. 4:13) y más tarde líder de la iglesia de Jerusalén, escribe ahora una carta a los cristianos que viven en el Asia Menor. Da comienzo a su carta con un encabezamiento en el cual enseña a sus lectores verdades cristianas fundamentales: la doctrina de la elección y la doctrina de la Trinidad.

Pedro dirige su epístola a “los elegidos de Dios … que han sido escogidos”. Da a conocer que la elección es

obra de Dios, que Dios quiere tener un pueblo propio y que el Dios Trino cuida de sus elegidos.

 La doctrina de la elección proporciona consuelo genuino y gran ánimo al pueblo de Dios. Al elegir a su pueblo, Dios exige de ellos una respuesta de gratitud. Espera que obedezcan sus mandamientos y cumplan su voluntad. Con todo, él conoce nuestras debilidades y flaquezas y entiende que a veces caemos en pecado. Por eso ha puesto a nuestro alcance el poder santificador del Espíritu y el efecto permanente del rociamiento con la sangre de Cristo.

Himno:

Hay un precioso manantial de sangre de Emanuel,

Que purifica a cada cual que se sumerge en él.

¡Eterna fuente carmesí! ¡Raudal de puro amor!

Se lavará por siempre en ti el pueblo del Señor.

—William Cowper

(Trad. M. N. Hutchinson)

Comentario 2: Versículo 22:

Como próximo paso en su camino espiritual, Pedro insta a sus lectores a demostrar su santidad amando a su prójimo. Quiere que vivan según la verdad de la Palabra para poder implementar la enseñanza de Jesús: “Amense unos a otros” (Jn. 13:34; véase también 1 Jn. 3:23)

Versic. Ahora que ustedes se han purificado al obedecer a la verdad, y por eso tienen un sincero amor por sus hermanos, ámense unos a otros de corazón, profundamente.

Conviene tomar nota de las siguientes observaciones:

  1. “Ahora que ustedes se han purificado”. Pedro escribe que sus lectores ya se han limpiado moralmente. No es su intención decir que han lavado sus cuerpos o que han cumplido con abluciones rituales para participar en alguna celebración religiosa (cf. Jn. 11:55; Hch. 21:24, 26; 24:18). Es más, el Nuevo Testamento carece de reglamentaciones ceremoniales—aparte del decreto de abstenerse de consumir comida o sangre ofrecida en sacrificio, o la carne de animales estrangulados, y de apartarse de la inmoralidad sexual (Hch. 15:28–29). Suponemos que los lectores gentiles de la epístola de Pedro desconocerían las abluciones rituales.110 Ellos mismos han estado y siguen estando personalmente participando en purificarse a sí mismos (véase Stg. 4:8; 1 Jn. 3:3).
  2. Medios. ¿Cómo logran los creyentes la pureza? Pedro explica: “al obedecer a la verdad”. El quiere decir que los creyentes están obedientes a la verdad de la Palabra de Dios; cuando viven obedientemente en dicho ámbito de acción, son puros. El ámbito de la obediencia es la revelación de Dios en Jesucristo (v. 12). Pedro da a entender que los lectores han aceptado las enseñanzas del evangelio por fe. En un contexto diferente y previo, al dirigirse al Concilio de Jerusalén, Pedro habló en defensa de los cristianos gentiles y dijo: “[Dios] ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones” (Hch. 15:9).
  3. Resultado. “Y por eso tienen un sincero amor por sus hermanos”. Cuando obedecemos la Palabra de Dios, expresamos nuestro amor no solamente a Dios sino también a nuestro prójimo (Mt. 22:37–39). En el Nuevo Testamento las palabras prójimo y hermano tienen la misma vigencia en cuanto al mandamiento de amar al prójimo. Sin embargo, en el contexto de las epístolas del Nuevo Testamento la palabra hermano tiene un significado espiritual; se refiere a hermanos y hermanas en Cristo.111 Este amor fraternal debe ser sincero (2 Co. 6:6).
  4. Mandamiento. El énfasis recae sobre el verbo principal, ubicado adrede en la parte final del versículo: “Amense unos a otros de corazón, profundamente”. Pedro excluye la posibilidad de que miembros de la comunidad cristiana sientan solamente simpatía unos por otros sin llegar a amarse unos a otros profundamente, de corazón. Pedro repite el mandamiento dado primeramente por Jesús la noche de la traición (Jn. 13:34) y enseñada por los apóstoles Pablo (1 Ts. 3:12; 4:9; 2 Ts. 1:3), Pedro (1 P. 1:22; 2:17; 3:8; 4:8) y Juan (1 Jn. 3:23).

Pedro califica el mandamiento de amar con dos expresiones adverbiales: “profundamente” y “de corazón”. Estas expresiones señalan el alcance y la seriedad del amor. Cuando tal amor está presente, él mismo borra las tensiones, anula la enemistad y destierra el odio.

Comentario del Texto:

Romanos Cap. 1, versículo 4. Que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.

Comentario: (debo tomar 3 y 4, para su mayor comprensión):

Versic. 3, 4 … acerca de su Hijo, quien según la carne nació del linaje de David, pero por virtud del (o: según el) Espíritu de Santidad fue, por medio de la resurrección de entre los muertos, constituido Hijo de Dios investido de poder, a saber, Jesucristo nuestro Señor …

Los intérpretes difieren bastante en su explicación de estas líneas. Mi propia interpretación se basa, en

gran parte, en mis conclusiones respecto al significado del original. Por ello invito a los conocedores del griego a estudiar la nota.

Pablo confiesa que Jesús es el Hijo de Dios. Quiere decir que el Salvador era Hijo de Dios completamente

aparte de su toma de la forma humana y con anterioridad a ello. El es el Hijo de Dios desde toda la eternidad; por eso él es Dios.

Esta confesión concuerda con todo lo que el apóstol dice en otras partes. De allí que en Ro. 9:5, según la que probablemente sea la mejor lectura e interpretación, Pablo llama a Jesús “sobre todo Dios bendito para siempre”. En Tito 2:13 él lo describe como “nuestro gran Dios y Salvador”. El es, en verdad, “Aquel en quien toda la plenitud de la deidad está concentrada” (Col. 2:9). Cf. Fil. 2:6.

Ahora bien, es este Hijo quien, sin dejar de lado su naturaleza divina, asumió la naturaleza humana. Aunque era rico, por amor a nosotros se hizo pobre, para que por medio de su pobreza nosotros pudiéramos ser ricos (2 Co. 8:9). En la plenitud del tiempo el nació de una mujer (Gá. 4:4). Durante su peregrinación terrena fue de verdad “varón de dolores, experimentado en quebranto” (Is. 53:3). Exactamente de qué modo era posible que la totalmente intacta y gloriosa naturaleza divina del Salvador morara en íntima unión con su naturaleza humana—estando esta última agobiada con la carga de nuestra culpa y todas las inexpresables agonías que esta condición implicaba—, es algo que sobrepasa la comprensión humana.

Nuestro pasaje nos informa también que en lo referente a su naturaleza humana Jesús “nació del linaje de David”. Esto sucedía en cumplimiento de la promesa frecuentemente repetida. Véase 2 S. 7:12, 13, 16; Sal. 89:3, 4,19, 24; 132:17; Is. 11:1–5, 10; Jer. 23:5, 6; 30:9; 33:14–16; Ez. 34:23, 24; 37:24; Mt. 1:1; Lc. 1:27, 32, 33, 69; 3:23–31; Jn. 7:42; Hch. 2:30; 2 Ti. 2:8; Ap. 5:5; 22:16. De no haber sido él descendiente de David, no podría haber sido el Mesías, ya que la profecía respecto a él debe cumplirse.

Su estado de humillación, sin embargo, no podía durar para siempre. Como recompensa por su buena voluntad de soportarla, el fue, por virtud del Espíritu de santidad, designado para ser Hijo de Dios “en poder”, o “investido de poder”.

En lo que tiene que ver con la “designación” desde la eternidad, efectuada en el tiempo, véanse Sal. 2:7, 8; Hch. 13:33; Heb. 1:5; 5:5. La exaltación de que se habla se efectuó a través de su resurrección de entre los muertos; en otras palabras, su gloriosa resurrección fue el primer paso importante en su trayecto a la gloria. Fue seguida por la ascensión de Cristo, su coronación y el acto de derramar al Espíritu Santo.

En la expresión “él fue constituido Hijo de Dios investido de poder”, todo el énfasis recae sobre las palabras escritas en bastardilla. Como ya se ha indicado, él era Hijo de Dios desde toda la eternidad, pero durante el período de su humillación la plenitud de su poder, estaba, por decirlo así, oculta. Por medio de su gloriosa resurrección, su investura de poder no sólo fue resaltada, sino que también comenzó a resplandecer en toda su gloria. La expresión usada aquí nos recuerda la afirmación de Pedro, hecha en un contexto muy similar, a saber: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis Dios le ha hecho a él Señor y Cristo” (Hch. 2:36). Esta afirmación no implica que antes de su resurrección Jesús no fuera Señor y Cristo. Significa que el poder, majestad y gloria de su exaltado oficio comenzaba ahora a resplandecer con todo su incrementado brillo.

Ahora Ro. 1:4 nos informa que esta manifestación de la investidura de poder de Cristo se llevó a cabo por medio del “Espíritu de santidad”. No se debe identificar a este “Espíritu de santidad” con el elemento espiritual de la naturaleza humana de Cristo en contraste con su elemento físico, o con su naturaleza divina en contraste con su naturaleza humana, sino con el Espíritu Santo, la tercera persona de la divina Trinidad.

Pero aunque la tercera persona es diferente de la segunda, ambos, el Espíritu Santo y Cristo, están relacionados de la manera más íntima. El Dr. H. Bavink dice:

“Por cierto, el Espíritu de santidad ya moraba en Cristo antes de su resurrección; de hecho, desde el momento mismo de su concepción, ya que él fue concebido del Espíritu Santo (Lc. 1:35), fue lleno del Espíritu Santo (Lc. 4:1), le recibió sin medida (Jn. 3:34) … Pero esta gloria que Cristo poseía internamente no podía revelarse exteriormente. El era carne, y debido a la debilidad de la carne él fue matado en la cruz (2 Co. 13:4). Pero en la muerte él puso de lado esta debilidad y cortó toda conexión con el pecado y la muerte. Dios, quien por amor a nosotros entregó a la muerte a su propio Hijo, también lo resucitó de entre los muertos, y lo hizo a través de su Espíritu, quien, como Espíritu de santidad, mora en Cristo y en todos los creyentes (Ro. 8:11). El lo resucitó para que de ese momento en adelante él ya no viviese en la debilidad de la carne sino en el poder del Espíritu”.

Fue debido a este gran poder que el exaltado Salvador divino-humano desde su trono celestial derramó el Espíritu sobre su iglesia, impartiendo fuerza, convicción, valor e iluminación a que previamente habían sido muy débiles. Fue también esta energía la que lo capacitó para lograr conversiones de a miles, de manera tal que aun según el testimonio de los enemigos “el mundo estaba siendo trastornado” (Hch. 17:6). Además, fue como resultado del ejercicio de esta poderosa influencia que la barrera entre judío y gentil, un muro tan formidable que debe haber parecido imposible quitarlo, fue efectivamente destruido. Y fue debido a esta fuerza que el glorioso evangelio del Salvador resucitado y exaltado comenzó a penetrar cada esfera de la vida y continúa haciéndolo hoy.

La obra de impartir vida le es atribuida generalmente al Espíritu Santo:

Envías tu Espíritu, son creados,

Y la faz de la tierra renuevas.

Para siempre sea la gloria al Señor,

Que todas sus obras canten su loor.

Véase Sal. 104:30, 31

Pues bien, si la obra de impartir vida se le atribuye al Espíritu Santo, ¿no es lógico que aquí en Ro. 1:4 se le atribuya también a él la renovación de la vida—la resurrección de Cristo?

Pablo concluye este sumario de nombres de Aquel que es corazón y centro del “evangelio de Dios” (v. 1) añadiendo: “Jesucristo nuestro Señor”. Este muy significativo título demuestra lo que Aquel a quien se describe significa para el apóstol: en realidad, para la iglesia en general y para la de Roma en particular. Nótese: “De Dios Hijo” (vv. 3, 4a) “… nuestro Señor” (v. 4b). Obsérvese también la combinación del nombre personal, Jesús = Salvador, con el nombre oficial Cristo = el Ungido. La adoración: Señor (Dueño, Gobernante, Proveedor) es colocada a la par con la apropiación: nuestro Señor. Es por medio de “Jesucristo nuestro Señor” que el verdadero evangelio llega a su culminación. Aparte de él la salvación es imposible. Con él como nuestro soberano gozosamente reconocido, objeto de nuestra confianza y amor, la condenación es impensable. Véase Ro. 8:1.

 

Amén, para la Gloria de Dios.

 

 

Bibliografía: Bíblia Thompson y Biblia Plenitud (RV 1960). Comentario del Nuevo Testamento por Simón J. Kistemaker.

 

 

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.