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Semana Del 10 Al 16 De Septiembre De 2018 “El Espíritu Santo En Cristo” (Parte Ⅱ)

Semana Del 10 Al 16 De Septiembre De 2018 “El Espíritu Santo En Cristo” (Parte Ⅱ)

Lectura Bíblica: San Lucas Cap. 2, versículos 46 y 47. Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.

    Comentario: Versíc. 46, 47. Y después de tres días le encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y planteándoles preguntas. Todos los que le escuchaban estaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas.

   Los hermosos y espaciosos “pórticos” del templo proporcionaban una amplia oportunidad para enseñar. Véase Mr. 12:41–44; Lc. 19:47; Jn. 10:23; Mr. 11:15–19. Fue en uno de esos lugares que José y María encontraron a Jesús. Estaba sentado “en medio de” los maestros escuchándoles, y a veces dirigiéndoles preguntas.

   Puesto que estos eran los días inmediatamente siguientes a la gran fiesta, y puesto que Jerusalén era la sede de la religión judía, tenemos derecho de imaginar que todavía se podían encontrar en el templo varios maestros judíos famosos, porque la enseñanza no estaba confinada a la duración de las fiestas. Entonces, aquí también había para Jesús una oportunidad que Nazaret no podía proporcionarle.

   No era nada desacostumbrado que los estudiantes hiciesen y respondiesen preguntas. En realidad, ese era el método de enseñanza favorito de los judíos. El propósito no era dejar estas preguntas sin responder, sino despertar interés entre los estudiantes y llegar a respuestas definidas. Véase más acerca de esto en la sección Principio y métodos de educación en Israel,

   Lo que era extraordinario en este caso, fue el tipo de preguntas que este niño Jesús hacía, y el tipo de respuestas que daba. Preguntas y respuestas iguales revelaban una perspicacia tal que todos los que lo escuchaban estaban asombrados. Pronto todos los ojos deben de haber estado puestos en él, de modo que en un sentido muy real cuando quiera que hablaba se convertía en el centro de atención: ¡el niño en medio de los maestros! Sin embargo, hay que evitar las exageraciones. Jesús todavía no era un maestro. Eso vendría más adelante.

 

 

Texto: San Lucas Cap. 4, versículo 14. Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.

Comentario: Aquí comienza una nueva sección del Evangelio de Lucas. Hubiera sido muy correcto tener en este punto una división de capítulo. Lucas no establece ninguna conexión cronológica entre 4:14, 15 y el material anterior: el relato del bautismo y tentación de Jesús (separados en este Evangelio por una genealogía).

   Entre Lc. 4:13 y 4:14, 15 bien podría haber un intervalo de un año, durante el cual ocurrieron los sucesos relatados en Jn. 1:19–4:42. En dicho caso, la fecha en que Jesús volvió a Galilea para comenzar su gran ministerio en Galilea (Lc. 4:14–9:17) probablemente fue diciembre del año 27 d.C. o un poco después. Véase sobre 3:1, 2, 19, 20.

   Pero aunque separado así en tiempo de los acontecimientos anteriores, lo que Lucas va a narrarnos está estrechamente vinculado en sustancia material con lo que precede. La preparación para la obra que el Padre le dio a Jesús y su inauguración ha terminado. El comienzo se ha llevado a cabo:

   Tras una adecuada introducción (1:1–4) Lucas ha descrito (a) al precursor de Jesús y (b) el nacimiento de Jesús. En ambos casos, el relato de Lucas contiene más detalles que podemos encontrar en cualquier otra parte. El ha reproducido hasta los “cánticos” que acompañaron las circunstancias. Ha relatado un hecho ocurrido cuando Jesús tenía doce años de edad y ha resumido su vida en Nazaret. Ha mostrado que por medio de su bautismo el Salvador reafirmó su decisión de tomar sobre sí el pecado del mundo. Ha descrito el triunfo de Jesús sobre Satanás en el desierto de la tentación. Ahora nada puede impedir al Cristo llevar adelante su tarea como el gran Profeta, el Rey eterno y el compasivo Sumosacerdote (en Lucas con énfasis en el último). El revelará su compasión no sólo hacia los judíos sino también a los gentiles, como se da a entender en Lc. 4:16–30, ya que él se relaciona, como ha mostrado la genealogía, no sólo con David y Abraham sino también con Adán, es decir, con la humanidad en general. Sin embargo, como se ha señalado, la obra del evangelio en territorio gentil está en su mayor parte reservada para el libro de Hechos.

    Había por lo menos dos razones para el retorno a Galilea mencionado aquí en 4:14: (a) evitar una crisis prematura (sobre Mt. 4:12, 13); y (b) cumplir la profecía satisfaciendo la terrible necesidad de Galilea (Is. 9:1, 2; Mt. 4:15, 16).

    De acuerdo con la forma en la que Lucas resume brevemente aquí el gran ministerio en Galilea, particularmente la enseñanza en la que estaba entonces Jesús empeñado, este ministerio tenía las siguientes características. Fue:

  1. dotado del Espíritu: Jesús realizó su tarea como Uno que estaba lleno del Espíritu Santo, quien había descendido sobre él en relación con su bautismo y había sido su Guía en el desierto (3:22; 4:1);
  2. extensamente divulgado: las noticias acerca de Jesús se esparcieron a través de toda la región circundante;
  3. sinagogocéntrico: véase Mt. 4:23a, y para la historia e importancia de la sinagoga véase Mr. 1:39; y
  4. popular: nótense las palabras, “y era alabado por todos”. Para más evidencia que muestra cómo la gente se congregaba a escuchar la enseñanza de Jesús (tanto en la sinagoga como en otros lugares), véanse Lc. 4:22a, 32; 5:1; cf. Mt. 7:28, 29; 9:35, 36; 13:1, 2, 54; Mr. 1:21, 22; 2:13; 4:1; etc. Sin embargo, debe tenerse presente que esta popularidad no era de ninguna manera incondicional. A veces aquellos que al principio estaban rebosantes de entusiasmo se volvieron críticos adversos e incluso abiertamente contrarios tan pronto como comenzaron a darse cuenta de que las enseñanzas de Cristo reñían con sus prejuicios, tal como muestra este mismo capítulo.

   ¿Qué fue lo que hizo tan popular la enseñanza de Jesús? Respuesta: era viva, con autoridad, bien organizada, práctica, interesante, verdadera. Cf. Mt. 7:28, 29. Véase también sobre Lc. 4:31, 32. Sin duda este hecho contiene una indicación que los actuales predicadores deberían tomar muy en serio; y hay también un consejo para los feligreses, a fin de que muestren aprecio por los pastores que tienen como meta este ideal.

1erTitulo:

En La Profecía De Su Nacimiento. (Isaías 9:6 y 7. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.).

El agente del nacimiento virginal

   El ángel Gabriel le anunció a María que el niño que le iba a nacer sería concebido por el Espíritu Santo (Le. 1 :35). A José se le hizo el mismo anuncio (M t. 1 :20). En otro lugar de las Escrituras se nos dice que el Padre le preparó un cuerpo a Cristo (He. 10:5) y que el Hijo adoptó un cuerpo de carne y sangre (como si se tratase de un acto de su propia voluntad, He. 2:14). Por lo tanto, es correcto decir que Cristo fue concebido por el Espíritu Santo, aun cuando también se diga que Dios es su Padre.

   Comentario 2: Surge entonces la pregunta: ¿De qué acontecimientos habla el profeta? Se ha opinado que Isaías da expresión a las expectativas del pueblo oprimido y amenazado por los ejércitos de Asiria, expectativas de una gran liberación futura que haría un gran contraste con la tragedia presente bajo el rey Acaz. Hay quienes han propuesto que en los vv. 6 y 7 Isaías vuelca sus vehementes expectativas en la persona de Ezequías, el hijo de Acaz, que entonces era tan sólo un niño pequeño. Pero nos preguntamos si Isaías pudiera referirse a él con los títulos que usó para el heredero del trono de David y su reino, aquel que vendría para afirmarlo y fortalecerlo con derecho y con justicia, desde ahora y para siempre (v. 7).

    Veamos los títulos que el profeta adjudica a este niño que nacería y sobre cuyo hombro estaría el dominio y el imperio. El primer título es Péle 6383, “Admirable”, el mismo nombre que el Ángel de Jehová se llama a sí mismo en su revelación a Manoa, padre de Sansón: ¿Por qué preguntas por mi nombre? Es Admirable (Jue. 13:18).

    El segundo título es Yoéts 3272, “Consejero”; es decir, el soberano que no necesita rodearse de consejeros para gobernar. La tradición de Reina-Valera ha considerado las palabras Péle Yoéts como dos títulos independientes, lo cual es perfectamente posible. La RVA los ha unido en un sólo título, como lo hace la LXX: Thaumastós súmboulos. Esto presupone que Péle Yoéts es la inversión de Yoéts Péle; inversiones de este tipo existen en hebreo.

    Luego vienen los títulos El 410, “Dios”, y Guibor 1376, “Fuerte: o “Poderoso”. La tradición de Reina-Valera los ha tomado como títulos separados. Los editores de la RVA han visto aquí un solo título, como en Deuteronomio 10:17, Jeremías 32:18 y Nehemías 9:32. Y difícilmente en Isaías 10:20 (ver comentario allí). Indiscutiblemente estos títulos reconocen divinidad al mesiánico heredero del trono de David, cosa imposible de imaginar si no fuera que lo escrito, escrito está.

    Luego vienen los títulos Abiad 1 y 5703, “Padre Eterno”, y Sar 8269-shalom 7965, “Príncipe de Paz”, que apuntan al carácter eterno y estable de este Rey, cuya influencia difundiría la paz en todo su imperio (comp. v. 7).

    ¿Cuándo fueron escritas estas palabras? La mayoría de los comentaristas opinan que fueron escritas en los días de Acaz y que la mención del cautiverio de Neftalí y Zabulón fueron resultado de la campaña de Tiglat-pileser en el año 734–33 a. de J.C. Hay los que opinan que en aquellos días el profeta, desilusionado de Acaz, volcó todas sus expectativas en su tierno hijo y heredero, Ezequías. Hay también los que opinan que la segunda parte del v. 1, que se refiere a los resultados de las invasiones asirias en la región del camino del mar (v. 2; la vía Maris, en este caso), es una interpolación posterior en el texto, que apunta a los días de Ezequías y las invasiones de Senaquerib. Pero ante el alcance majestuoso de estas palabras, la fecha en que

pudieron haber sido escritas pasa a ser algo completamente secundario.

Semillero homilético

Admirable consejero 9:1–7

   Introducción: Cada Navidad volvemos a recordar los pasajes tan llamativos de Isaías, que predijo el nacimiento de Jesús por medio de la virgen. Uno de los términos utilizados es “admirable consejero”.

   Un consejero que responde a nuestras necesidades.

   En día de Isaías había consejeros del rey, los profetas, que interpretaban la voluntad de Dios al rey.

   Hoy hay variedad de consejeros disponibles, según el problema que uno tenga.

   Un consejero que practicó sus consejos a la absoluta perfección.

   Jesús era ejemplo perfecto de un consejero ideal.

   Jesús vivió sus enseñanzas.

   Un consejero que ofreció capacitar a sus aconsejados para que realmente practiquen lo aprendido.

   Nos ofrece ayuda constante (Fil. 4:13).

   Nos ofrece su compañía (Juan 14:16, 17).

   Conclusión: Hoy Cristo ofrece ser su consejero, para ayudarle a experimentar el nuevo nacimiento y para poder vivir una vida de victoria y alegría.

Hombre frustrado

   Una vez hablé con un hombre, en cuyo semblante pude notar que era un hombre frustrado, resentido con la religión, con la sociedad, con su familia. Se notaba que no tenía paz interior. Conversé un buen rato con él, me contó de sus penas, sus frustraciones, y sus pecados. Le hablé del amor de Dios para él, de la obra redentora de Jesucristo. Le dije: “La única manera para que usted cambie de actitud es volviéndose a Dios y recibiendo a Cristo como Salvador y Señor. El resultado de esta conversación es de imaginar. El hombre frustrado, sin paz, resentido, después de entregarse al Señor, se fue lleno de paz, porque había encontrado al “Príncipe de paz”, al “Consejero Admirable” al “Dios Eterno”.

 

2°Titulo:

En Su Nacimiento De La Virgen. (San Mateo 1:18 al 21. El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús,0 porque él salvará a su pueblo de sus pecados.).

 

El resultado del nacimiento virginal

   El resultado del nacimiento virginal fue la encamación. Lo que se engendró fue la naturaleza humana, no la persona, porque la segunda persona de la Trinidad siempre existió. Con la concepción de la naturaleza humana se dio existencia al Dios hombre, y la humanidad que adquirió fue perfecta. Esto significa que si bien estaban presentes los componentes de la humanidad, se trataba de una naturaleza humana sin pecado, y no meramente una naturaleza humana santificada. Pero la encarnación también trajo consigo limitaciones; no limitaciones de naturaleza moral, sino solamente las limitaciones moralmente neutras que forman parte de lo humano. En otras palabras, a su humanidad no le faltaba nada que fuera esencial a la humanidad, pero tampoco tenía ningún agregado que no fuera humano.

    Comentario 2: Versíc. 18. Lo que ya estaba implícito en la genealogía, se enseña claramente aquí: Ahora bien, el nacimiento de Jesucristo fue como sigue: Cuando su madre María se había desposado con José, antes que comenzaran a vivir juntos, ella se encontró que estaba encinta por el Espíritu Santo.

   María se había “desposado”—o había sido solemnemente prometida en matrimonio—con José. La fiesta de bodas y el vivir juntos era cuestión de tiempo. Mateo toma como punto de partida un tiempo poco posterior al de los esponsales. Esta ceremonia entre los judíos no debe confundirse con el compromiso matrimonial moderno. Era mucho más serio y comprometedor. El novio y la novia se juraban fidelidad mutua en presencia de testigos. En un sentido restringido, éste era esencialmente el matrimonio. Así también es en este caso, como queda claro por el hecho de que desde aquel momento José es llamado esposo (v. 19); María es llamada esposa de José (v. 20). Según la ley del Antiguo Testamento, la infidelidad de una mujer desposada se castigaba con la muerte (Dt. 22:23, 24). Sin embargo, aunque los dos estaban ahora legalmente “desposados”, se consideraba propio que pasara un tiempo antes que el marido y la mujer comenzaran a vivir juntos en la misma casa. Ahora, fue antes que José y María comenzaran a vivir juntos, con todo lo que implica en cuanto a relaciones domésticas y sexuales, que María descubre su embarazo. Aún era virgen, y no estaba casada en el sentido pleno de la palabra. Ella supo inmediatamente que la causa de su condición era la poderosa operación impartidora de vida del Espíritu Santo. Lo supo porque el ángel Gabriel le había dicho que esto ocurriría (Lc. 1:26–35). Sabía que no era José quien la había dejado encinta.

   Naturalmente José se dio cuenta de la condición de María. Su reacción se describe de la siguiente manera: 19. José su esposo, resuelto a hacer lo que era justo y no queriendo exponerla a ignominia pública, tenía considerado divorciarse de ella en silencio.

   Ignorante de la razón de la condición de María y sacando la conclusión natural, esto es, que María le había sido infiel, José no podía encontrar la manera de llevar a María a casa y vivir con ella en la acostumbrada relación matrimonial. ¿No había quebrantado ella su juramento solemne? José debe haberse sentido agonía en cuanto a lo que era correcto hacer bajo estas circunstancias. Amaba a María y quería tenerla como su esposa, pero por sobre todo era justo (cf. Job 1:8; Lc. 1:6), un hombre de principios, que de todo corazón quería vivir en conformidad con la voluntad de Dios, el Dios que tomaba muy seriamente el quebrantamiento del voto matrimonial. Sin embargo, José también era bondadoso.

   Según la costumbre de la época, tenía dos caminos que podía seguir: a. entablar una demanda judicial contra María, o b. entregarle una carta de divorcio, despidiéndola en silencio, esto es, sin enredarla en un procedimiento judicial (véase Dt. 24:1, 3 y Mt. 5:32). La primera alternativa, aunque en la práctica ya no habría significado la muerte por apedreamiento, porque esta ley había sido modificada por tantas restricciones de hombres que esta posibilidad podría ser desechada sin temor, sin embargo habría expuesto a María a la ignominia pública, lo que José quería evitar por todos los medios. En consecuencia, decidió optar por la segunda alternativa: despedirla en silencio, aun cuando esto no era del todo agradable a su fuerte amor por ella, como lo revela el v. 20. Pero mientras lo reflexionaba, ¿qué ocurrió? Un ángel del Señor le apareció en un sueño y dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu esposa en tu casa, porque lo que en ella es engendrado es del Espíritu Santo.

   Aunque José se ha decidido en cuanto a la acción que debe tomar, le parece imposible dar el paso de la resolución al hecho. Mientras dan vueltas estas cosas en su cabeza, se queda dormido y comienza a soñar. En un acto dramáticamente repentino, durante este sueño le aparece un ángel (no se da el nombre, tampoco en 2:13, 19; contrástese con Lc. 1:19, 26), y le da la información que ya antes había impartido a María (Lc. 1:35), esto es, que por el poder del Espíritu Santo y no de un modo natural es que María ha concebido. Para fortalecerlo y

consolarlo, el ángel se dirige a él como hijo de David. En el cumplimiento de la promesa mesiánica José, considerado como heredero legal de David y como quien transmite este honor a Jesús, no es pasado por alto, ni aquí ni en la genealogía precedente, que en un sentido era realmente el árbol genealógico de José. El ángel dice a José que no debe vacilar, ni tener temor de recibir a María en su hogar. Las palabras “No temas”, ¿no implican que había algo en lo más profundo del corazón de José que realmente quería recibirla, pero no se atrevía?

   Bueno, entonces, que no tema cumplir su deseo y el de María, porque el único obstáculo había sido quitado: ¡María no había sido infiel! José podía llevar a María, su esposa, a casa; en realidad, se le ordena hacerlo.

  1.    El contenido de esta revelación angelical debió haber sido:muy asombroso, porque aparte de la revelación especial, la idea de un nacimiento virginal no se encuentra en lugar alguno en la literatura judaica antigua. En cuanto a Isaías 7:14, véanse pp. 145–151. Los judíos eran creyentes firmes en el matrimonio y la familia, con todo lo que esto implica (Gn. 1:27, 28; 9:1; 24:60; 25:21; 30:l; Sal. 127:3–5; Pr. 5:18). En cuanto a la opinión de que la idea de un nacimiento virginal fue tomada de fuentes paganas, véase p. 153. Tal opinión no tiene apoyo de ninguna evidencia sólida. Para José, entonces, esta idea de una concepción virginal era completamente nueva. Jamás la habría aceptado si la información no se la hubiera dado un ángel enviado por Dios.
  2. muy consolador. Debe haber estado lleno de gozo, por causa de María y de sí mismo. Comprendió que ahora podría ser el protector de María, proveyendo para sus necesidades físicas y defendiendo su honor contra toda calumnia maliciosa. El hijo también tendría ahora un “padre”.

   Sobre todo, comprendida en esta verdad del nacimiento virginal está la garantía de la salvación para el pueblo de Dios, porque sin este tipo de nacimiento es difícil entender cómo podría Cristo ser su Salvador.

   El mensaje del ángel continúa en la siguiente forma: 21. Ella dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todos tienen interés en el nacimiento de este niño: a. El Espíritu Santo, por el ejercicio de cuyo poder fue concebido el niño; b. María, que siendo el instrumento voluntario del Espíritu en la concepción y en el nacimiento del bebé, llega a ser “bendita entre las mujeres” (cf. Mt. 1:21 con Lc. 1:42); y c. José, a quien, al igual que María (Lc. 1:31), se le dice que le ponga nombre al niño; sin embargo, no puede ser cualquier nombre, sino el nombre Jesús. Ese nombre ya ha sido explicado (véase sobre 1:1), pero aun cuando no hubiera sido explicado, no habría explicación más adecuada que la ofrecida por el ángel mismo, a saber, “él salvará”. ¿A quiénes salvará? No a todos, sino a “su pueblo” (cf. Jn. 3:16), “sus ovejas” (Jn. 10:11).

   Es siempre Dios, solamente Dios, quien en su Hijo y por medio de él, salva a su pueblo. Aunque algunos confían en carros, y otros en caballos (Sal. 20:7), en la fortaleza física, el conocimiento, la reputación, el prestigio, la posición, la maquinaria magnificente e impresionante, los amigos influyentes y los generales intrépidos, ninguna de estas cosas, operando solas o en conjunto con todas las demás, puede librar al hombre de su enemigo principal, el enemigo que poco a poco lo está destruyendo en su mismo corazón, a saber, el pecado; o como aquí, pecados, los de pensamiento, de palabra y de hecho; los de omisión y de comisión y de disposición interior: todas aquellas diversas maneras en que el hombre “yerra el blanco”, es decir, la gloria de Dios. Limpiar corazones y vidas requiere nada menos que la muerte redentora de Jesús y el poder santificador de su Espíritu.

   El énfasis marcado y prevaleciente que, ya en el Antiguo Testamento, se pone en el hecho de que Dios es soberano y que él solamente puede salvar, es evidente en pasajes tales como: Gn. 49:18; 2 R. 19:15–19; 2 Cr. 14:11; 20:5–12; Sal. 3:8; 25:5; 37:39; 62:1; 81:1; Is. 12:2; Jer. 3:23; Lm. 3:26; Dn. 4:35; Mi. 7:7; Hab. 3:18; Zac. 4:6; y una multitud de otros pasajes igualmente claros y preciosos. En el Nuevo Testamento el énfasis es igualmente fuerte como se ve en Mt. 19:28; 28:18; Lc. 12:32; 18:13, 27; Jn. 14:6; Hch. 4:12; Ef. 2:8; Fil. 2:12, 13; Ap. 1:18; 3:7; 5:9; 19:1, 6, 16; etc.

   Ser salvo significa: a. ser emancipado del mayor de los males: la culpa, la corrupción, el poder y el castigo del pecado; y b. ser puesto en posesión del mayor de los bienes. Aunque en este pasaje se expresa solamente lo negativo, a saber, salvar del pecado, se implica inmediatamente lo positivo. Uno no puede ser salvado de algo sin ser salvado para algo: la verdadera felicidad, la paz con Dios que sobrepasa todo entendimiento, la libertad, el gozo inefable y lleno de gloria, oraciones contestadas, un testimonio efectivo, la seguridad de la salvación, etc. En cuanto al concepto de salvación, véase también C.N.T. sobre 1 Ti. 1:15.

   Entonces, la promesa del ángel a José es esta: que este niño debe ser llamado Jesús—que significa, Salvador—porque en el sentido más pleno y glorioso él salvará a su pueblo de sus pecados.

   El mensaje del ángel ha terminado. Mateo mismo ahora reanuda su relato, mostrando que el nacimiento virginal de este niño glorioso que va a ser el Salvador es el cumplimiento de la profecía. Dice: 22, 23. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel, que traducido es Dios con nosotros.

 

3eeTitulo:

En Su Desarrollo Integral. (San Lucas 2:40. Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. y 52. Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.).

   Comentario 1: En el Nuevo Testamento el ungimiento se menciona con relación a Cristo únicamente en los siguientes pasajes: Lucas 4: 18; Hechos 4:27; 10:38; Hebreos 1:9. Esto ocurrió, probablemente, en el momento de su bautismo, aunque ungimiento y bautismo no son sinónimos. Tampoco es lo mismo que la plenitud del Espíritu, cosa que Cristo conoció desde el momento del nacimiento; pero el ungimiento marcó una nueva etapa en su ministerio, etapa en la que el poder del Espíritu se hizo públicamente manifiesto a través de él. Sirvió para distinguir al Cristo verdadero de los falsos. El ungimiento tuvo, por lo tanto, las siguientes características en relación a la vida y el ministerio de Cristo.

   CONCLUSIÓN: ¢ El desarrollo integral de la persona es el propósito de la educación, es decir, es ayudar a la persona a que evolucione en todos sus aspectos: emocional, cognitivo, social, afectivo. ¢ Es el desarrollo total cada individuo en cada una de sus capacidades: físicas, afectivas, sociales e intelectuales. Este desarrollo lo va consiguiendo a lo largo de toda su vida. La etapa infantil es clave para conseguir este desarrollo, pues muchas de las bases para formar estas capacidades se adquieren en esta etapa.

   Comentario 2: Este pasaje debiera ser comparado con otros algo parecidos de Jue. 13:24b; 1 S. 2:21b, 26; Lc. 1:80; 2:52. Con referencia al desarrollo del hijo de Zacarías y Elisabet, Lc. 1:80 declara: “Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu”. Con la excepción de “en espíritu” lo mismo se dice aquí del hijo de María. Esto indica que el desarrollo de Jesús era:

  1. normal. En su mayor parte se parecía al desarrollo de todo otro niño normal. Esto hace recordar Heb. 4:15; “fue tentado en todo como nosotros …” (Un poco más adelante diremos más acerca de este pasaje).

   El carácter finito de la naturaleza humana de Cristo es negada a veces. Por ejemplo, cuando se sugiere que en su calidad de hombre había ciertas cosas que según su naturaleza humana Jesús no sabía, algunos creyentes devotos se sienten molestos. ¿Olvidan pasajes tan claros como Mt. 24:36; Mr. 5:32; 11:13; Lc. 8:45? Este pasaje también muestra muy claramente que en conformidad con su naturaleza humana había ciertas cosas que el niño Jesús no conocía al principio. Tuvo que aprenderlas. Tuvo que crecer, y esto no solamente física sino también intelectualmente, etc. ¿No continuó en un sentido durante toda su vida el proceso de aprendizaje? Véase Heb. 5:8.

   Los que niegan esto están en peligro de adquirir la mentalidad que debe haber marcado a algunos autores de ciertos escritos apócrifos. Estos presentan a Jesús, aun en su naturaleza humana como omnisciente y omnipotente (o, por lo menos, casi), y esto desde el principio mismo. Los leones y leopardos le hacen reverencia. Muy pequeñito el niño Jesús dice a una palmera: “Dóblate y refresca a mi madre con tu fruto” y el árbol inmediatamente obedece. A los cinco años, Jesús moldea doce gorriones de arcilla. Golpea las manos y los gorriones cobran vida y se van volando, etc.

   Todo esto es claramente contrario a la reserva que caracteriza a Lc. 2:40.

  1. físico. Jesús crecía y se fortalecía”. Es alentador notar que Lucas no menosprecia lo que es físico. ¿No es el cuerpo humano una obra maestra divina en su origen, composición y desarrollo? Véase especialmente Gn. 1:26; Sal. 139:15, 16; 1 Co. 6:19, 20.

   Iba a necesitar cierta medida de fortaleza física, y esto no solamente para capacitar a Jesús en el uso de las herramientas de carpintero (Mr. 6:3) sino también para llevar a cabo su ministerio terrenal.

  1. espiritual. Lucas escribe: “Y el niño crecía … llenándose [o llegando a ser lleno] de sabiduría”. Usa el tiempo presente del participio, indicando que este desarrollo en sabiduría era gradual, un proceso que ocurría día tras día.

   ¿Qué se quiere decir por sabiduría? Es claro que incluye conocimiento. Pero sobrepasa por mucho el simple conocimiento. Comprende la capacidad y el deseo de usar este conocimiento con el mejor provecho o ventaja. El hombre que es verdaderamente sabio procura las metas más elevadas y usa los medios más efectivos para lograrlas.

   He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia. (Job 28:28; véase además 28:18)

   “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (Stg. 3:17).

   La persona que tiene estas cualidades es ciertamente sabia. Fue en esa sabiduría que estaba constantemente creciendo el niño Jesús.

  1. dado por Dios. “Y el favor de Dios estaba sobre él”. De un modo característico y notable, Dios le manifestaba su favor y amor. Lo guiaba paso a paso y lo hacía prosperar.

   Volviendo nuevamente a Heb. 4:15, nótese el muy importante calificativo: “pero sin pecado”. El desarrollo de este niño era, por lo tanto, perfecto y lo era en todo aspecto: físico, intelectual, moral y espiritual; porque de principio a fin el progreso siguió incólume y sin estorbo por el pecado, fuese heredado o adquirido. Entre el niño Jesús y su Padre (véase el v. 49) hubo perfecta armonía, amor sin límites. Esto nos introduce al párrafo siguiente, en el cual en niño Jesús revela la intimidad con su Padre.

   Versíc. 52. Mientras tanto, Jesús seguía progresando en sabiduría y en estatura, y en favor para con Dios y para con los hombres. En sabiduría como ha sido explicado ya en relación con el parecido v. 40; en estatura, esto es, en crecimiento físico, no en longitud de vida (como en Mt. 6:27; Lc. 12:25); y en favor para con Dios y para con los hombres. La última frase significa que él siguió experimentando en forma creciente la bondad de su Padre y también la amistad de la gente que le rodeaba. Las palabras de Pr. 3:4 se cumplieron en él.

   Hay un estrecho parecido entre esta descripción y lo que se dijo de Samuel (en 1 S. 2:21 b, 26). Sin embargo, nótese que en el caso de Jesús se añade “en sabiduría”.

   Hay también un grado de semejanza entre lo que se dice acerca de Jesús y lo que se dice acerca de Juan el Bautista (1:80). Pero, aunque Juan crecía y se fortalecía en espíritu, es solamente en relación con Samuel y Jesús que tenemos el agregado: “…seguía progresando… en favor para con Dios y para con los hombres”. Hay que recordar que temprano en la vida Juan se separó de la gente, se crió en regiones inhabitadas, y cuando hizo su aparición pública debe de haber sido impresionada su auditorio con su aspecto severo y austero.

   En cuanto al progreso de la fe de María, véanse Jn. 2:5; Hch. 1:14. En cuanto a José, salvo la mención de su nombre en la genealogía (Lc. 3:32), no hay más referencia a él en el tercer Evangelio. Posiblemente haya muerto antes que Jesús comenzara su ministerio público.

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.