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Semana del 08 al 14 de junio de 2020: “La salvación se recibe por medio de un verdadero arrepentimiento”

Semana del 08 al 14 de junio de 2020: “La salvación se recibe por medio de un verdadero arrepentimiento”

Lectura Bíblica: Los Hechos 3: 18 y 19. Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

   Comentario: La exhortación 3:17–20 (para su mayor comprensión).

   Pedro ha puesto al descubierto la miserable situación de sus oyentes, quienes ahora ven su culpa ante Dios. Aunque ellos presentaran excusas y circunstancias atenuantes, la culpa de haber matado a Jesús, el autor de la vida, se mantiene. Pedro se dirige a ellos con palabras afectuosas y con un interés y preocupación pastoral. Se ubica él mismo a nivel de ellos y les da palabras de consuelo.

[17]. “Y ahora, hermanos, sé que por ignorancia actuaron, como también hicieron sus gobernantes. [18]. Pero Dios cumplió así las cosas que antes había anunciado por boca de todos los profetas, que su Cristo había de padecer.

   Permítasenos hacer las siguientes observaciones:

-a. Ignorancia. Después de explicar los acontecimientos del pasado reciente que son conocidos a cada oyente en su auditorio, Pedro vuelve a la situación presente. En tono gentil les pregunta: “¿Qué haremos con su pecado?” Dado que la gente mira a Pedro en busca de ayuda, tiene en sus manos una magnífica oportunidad para guiarles al arrepentimiento y fe en Jesucristo. Como un pastor admite que sus oyentes, a quienes ha tratado de “hermanos”, cometieron su crimen por ignorancia. Pecaron sin intención, siendo arrastrados por un espíritu de chusma desaforada que les hizo gritar: “¡Crucifícale!” Si ellos hubieran pecado con soberbia, habrían cometido blasfemia. Dios dice que él no perdona al hombre que peca con soberbia (véase Nm. 15:30–31). Alguien que peque con soberbia está, en realidad, cometiendo pecado contra el Espíritu Santo (Mt. 12:31–32). El pueblo judío, sin embargo, pecó ingenuamente debido a su ceguera espiritual.

   Los judíos no se dieron cuenta que Jesús de Nazaret vino a ellos como su Mesías. Ni entendieron la Escritura, que hablaba de un Siervo sufriente, es decir, el Mesías. En su sermón a los judíos en Antioquía de Pisidia, Pablo dice que el pueblo de Jerusalén y sus gobernantes no reconocieron a Jesús (13:27). No obstante, su culpa, que puede ser quitada sólo por el arrepentimiento y por el perdón amoroso de Cristo, se mantiene. El amor de Cristo está presente. Aun en la cruz, Jesús oró por las personas que lo mataban: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34).

   En estas palabras, Pedro también incluye a los dirigentes de los judíos: “Y ahora, hermanos, sé que por ignorancia actuaron, como también hicieron sus gobernantes”. Esta afirmación general no quiere decir que cada uno de los dirigentes judíos actuó por ignorancia. Recuérdese que Jesús enseñó la doctrina del pecado contra el Espíritu Santo cuando los fariseos y los maestros de la ley dijeron que él estaba echando fuera demonios en el nombre de Beelzebú, príncipe de los demonios (véase Mt. 12:24; Mr. 3:22; Lc. 11:15).

-b. Cumplimiento. Pedro repite las palabras que Jesús había dicho primero a los dos hombres de Emaús y más tarde en el aposento alto cuando abrió las Escrituras y dijo a los discípulos que el Cristo habría de sufrir y entrar en su gloria (véase Lc. 24:26–27, 45–46).

   Pedro basa su sermón en el Antiguo Testamento y dice a su auditorio que Jesús es el cumplimiento de la profecía. En realidad, está afirmando esto cuando dice que “Dios cumplió así las cosas que antes había anunciado por boca de todos los profetas”. Dios habla a través de sus siervos los profetas, pero su palabra es cumplida mediante Jesucristo, su Hijo. Dios, entonces, provee continuidad en su revelación. Hace saber que la comunidad cristiana vive en la era del cumplimiento. Así, los primeros cristianos ven en el Antiguo Testamento la humillación y el sufrimiento de Cristo que conducen a la gloria.

   Los profetas en el Antiguo Testamento profetizaron que el “Cristo sufriría” (c.f. Is. 50:6; 53:3–12; 1 P. 1:10– 12). Porque conocían los escritos de los profetas, deben haber sabido de estos hechos. Jesús dijo a los hombres camino a Emaús que ellos eran “tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho” (Lc. 24:25); y en el aposento alto Jesús abrió el entendimiento de sus discípulos para que pudieran entender las Escrituras (Lc. 24:45).

   Ahora Pedro sigue el ejemplo que Jesús dio e instruye a sus oyentes en la enseñanza respecto a los sufrimientos del Mesías. Les dice que Jesús sufrió y murió en la cruz, porque los judíos lo entregaron para que fuera crucificado. También les muestra el camino del arrepentimiento, el volverse a Dios, la remisión de pecados y una vida renovada y refrescante.

[19]. “Así que, arrepiéntanse y sean convertidos, para que sean borrados sus pecados, [20]. para que vengan de la presencia del Señor tiempos de descanso y que envíe al Cristo, que les ha sido designado, a Jesús”.

-a. “Así que, arrepiéntanse y sean convertidos”. Aquí está la respuesta a la pregunta: “¿Qué haremos con su pecado?” Sobre la base de la evidencia bíblica que Dios ha cumplido las profecías mesiánicas, Pedro llama a sus oyentes a arrepentirse (c.f. 2:38). Ellos deben renunciar a su antigua forma de vida y cambiar su manera de pensar para que ya no sigan sus viejos caminos, sino que escuchen obedientemente la Palabra de Dios que se ha cumplido en Jesucristo. El arrepentimiento afecta la totalidad de la existencia del hombre; llega hasta lo más profundo de su ser y toca todas sus relaciones externas con Dios y con sus vecinos. El arrepentimiento es alejarse del pecado; la fe es volverse a Dios. Pedro le dice a la gente que se vuelva a Dios, lo que en lenguaje sencillo y llano es: arrepiéntanse y crean.

-b. “Para que sean borrados sus pecados”. Pedro les presenta un cuadro de los pecados del hombre grabados en una pizarra que puede ser borrada. Concediendo que falle en decir quién limpia la pizarra, nosotros sabemos que sólo Dios, a través de Jesucristo, perdona los pecados. Quizás esta sea la típica forma hebrea de expresar un pensamiento sin usar el nombre de Dios. Pedro alude al bautismo, que es el símbolo del lavamiento para la limpieza de los pecados. Nótese que usa la palabra pecados en el plural para abarcar la totalidad de los pecados de los creyentes. Cuando Dios perdona los pecados del hombre, queda restaurada la relación entre él y el hombre. Esto significa que el hombre inicia un nuevo período en su vida. Pedro expresa este pensamiento en términos bien característicos. Dice:

-c. “Para que vengan de la presencia del Señor tiempos de descanso”. Esta es, verdaderamente, una cláusula muy interesante, que literalmente dice, “que pudieran venir tiempos de descanso de la presencia del Señor”. ¿Qué quiere decir Pedro con esto? La palabra descanso aparece sólo una vez en el Nuevo Testamento y una en el texto de la Septuaginta correspondiente al Antiguo Testamento (Ex. 8:15; 8:11 LXX). Los estudiosos no han podido establecer con certeza el significado de la palabra. A continuación, algunas sugerencias de su significado:

‣1. Los tiempos de descanso son “la era de la salvación, la cual es prometida a la nación de Israel si se arrepiente”.

‣2. La frase tiempos de fortaleza espiritual “se refiere al futuro y al regreso de Jesús”. A la luz del contexto, algunos comentaristas piensan que la frase describe el inminente regreso de Cristo.

‣3. Debido a que la frase tiempos de descanso está directamente relacionada con el arrepentimiento y la vuelta a Dios, se refiere a tiempos que están en el futuro inmediato, no remoto.

   En vista de la incertidumbre que rodea a esta frase, evitaremos ser dogmáticos en nuestro análisis. La palabra tiempos está en el plural y significa lapsos en los cuales los creyentes perdonados y restaurados experimentan la refrescante cercanía del Señor. Además, nos debemos preguntar si el término Señor significa Jesús o es el nombre del Antiguo Testamento para Dios. El sujeto de la cláusula siguiente es Dios. Esto es evidente, por ejemplo, en la siguiente traducción: “A fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús” (BJer).

─d. “Y que envíe al Cristo, que les ha sido designado, a Jesús”. En respuesta al arrepentimiento del hombre y su vuelta a Dios, Dios envía a su Cristo. Pero ¿cuándo viene Cristo? Por cierto, Cristo vino a su pueblo, pero éste lo rechazó y lo mató. Ahora, él viene a todo quien le escucha a través de la predicación de la Palabra de Dios. Y al final de los tiempos, Dios enviará de nuevo a Cristo Jesús a la tierra. Pero, ¿cuál es el contexto en el cual habla Pedro?

   Él se dirige a los judíos quienes, aunque no aceptaron al Cristo anunciado por Dios cuando él vivió entre ellos, ahora reciben la oportunidad de reconocerle como su Mesías. En su gracia y amor, Dios les da una nueva oportunidad de conocer a Cristo. Si lo rechazan esta segunda vez, no podrán arrepentirse cuando Jesús regrese a la tierra. Su arrepentimiento, por lo tanto, apresurará el retorno de Cristo. Pedro corrobora este pensamiento en su epístola, cuando dice: “¡Cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios!” (2 P. 3:11–12).

Definiciones de: SALVACIÓN Uno de los conceptos clave de la revelación de Dios a la humanidad. La idea bíblica de la salvación implica tres nociones. Primero se refiere a rescatar del peligro, del daño o incluso de la muerte a un individuo, grupo o nación. Más específicamente, salvación es el rescate del pecado y de la muerte. En segundo lugar, se encuentra la renovación del espíritu. Las Escrituras explican que la humanidad cayó del estado original de pureza moral a la condición de pecado. La salvación divina siempre renueva el espíritu de la persona para que lleve una vida moralmente agradable a Dios. La tercera noción es la restauración a una relación correcta con Dios. Uno de los efectos del pecado es la separación de Dios. Su Palabra escrita deja en claro que la salvación restaura la relación del ser humano con Él, tal como lo expresa Rom. 5:10: “Porque […] siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo”. Tanto en el AT como en el NT, la salvación de Dios incluye rescate, renovación y restauración, y se produce mediante la persona y la obra de Su Hijo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Antiguo Testamento El AT ofrece muchos ejemplos de tipos de salvación física para enseñar sobre la salvación espiritual, que es más importante. Esta enseñanza comienza en los tres primeros capítulos de Génesis. Los dos primeros relatan cómo creó Dios los cielos y la tierra, los peces del mar, las aves del aire, los animales de la tierra y el primer hombre y la primera mujer. Todo lo que Dios creó era muy bueno (Gén. 1:31). El cap. 3 explica cómo entró el pecado en el orden creado por Dios y la promesa de salvación que Él hizo a través de la simiente de la mujer (Gén. 3:15). Aunque el hombre y la mujer fueron creados a imagen de Dios, esta imagen ahora está estropeada en la humanidad. Los resultados del pecado incluyen muerte y separación de Dios.

   La degradación de la naturaleza humana hasta convertirse en impiedad se evidencia en la historia de Noé. Dado que Dios es santo, no puede tolerar ni aprobar lo pecaminoso. El juicio de Dios contra el pecado y los pecadores es real y quedó demostrado en el diluvio mundial. Sin embargo, Dios reveló Su gracia y misericordia al proveer un arca de salvación para Noé y su familia (Gén. 6–9). Este es un cuadro viviente de la salvación que Dios concretó para los pecadores en y a través de Jesús.

   El Señor hizo un pacto con Abraham donde le prometió bendecir por medio de él a todas las naciones de la tierra (Gén. 12:1-3). Esta promesa es otra ilustración de la intención de Dios de proveer salvación. Más tarde en la historia de Israel, Moisés sacó a la nación del cautiverio para llevarla a la Tierra Prometida. Dios demostró ser más fuerte que los falsos dioses de Egipto, más sabio que la sabiduría de Faraón y más poderoso que el ejército egipcio. Dios proveyó salvación para Su pueblo.

   Moisés además instruyó al pueblo de Dios sobre la necesidad de efectuar sacrificios de sangre para expiar el pecado. Levítico describe el método y los instrumentos adecuados para los sacrificios, y el cap. 16 explica en cuanto al Día de Expiación. El sumo sacerdote entra al lugar santísimo con la sangre de un toro para hacer expiación primero por sí mismo y luego por el pueblo. La lección ilustraba además el concepto de la santidad de Dios y la necesidad de un sacrificio para experimentar salvación divina.

   Mientras que gran parte del AT trata de la salvación de la nación de Israel, los Salmos se concentran más en la salvación del individuo y los profetas extienden el plan divino de salvación para las naciones (Sal. 13; 18; 51; Isa. 2:2-4; Miq. 4:1-4; Zac. 8:20-23). El AT sienta bases para entender el concepto bíblico de la salvación. Dios es santo y no puede tolerar el pecado; los seres humanos son criaturas caídas y pecaminosas; Dios inicia y provee un camino de salvación, y finalmente las personas responden al ofrecimiento de salvación que Él hace. Dios es siempre el que salva y redime a Su pueblo, y la redención generalmente llega con un sacrificio de sangre.

   Nuevo Testamento En el NT, el tema dominante es la salvación otorgada solo

por gracia por medio de la fe en la persona y obra de Jesucristo. La salvación comienza con el amor de Dios, que toma la iniciativa (Juan 3:16; Ef. 1:3-6). El propósito eterno de Dios es salvar a los pecadores por medio de la muerte expiatoria de Jesús en la cruz. De este modo, la cristología es un componente vital del NT y se relaciona directamente con la doctrina de la salvación. Los elementos esenciales son específicamente la naturaleza de Jesús como el Dios hombre y Su muerte sustitutoria en la cruz. El NT no se puede entender de manera adecuada sin poseer una visión correcta de quién es Jesús y qué hizo. Como dice Juan: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:30-31).

   Todos los escritores del NT dan testimonio de la importancia de la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesús para la salvación (Rom. 1:6; 1 Cor. 15:3-11; 1 Ped. 2:21-25). La predicación tanto de Pedro como de Pablo en Hechos da testimonio del carácter esencial de la expiación y la resurrección en el mensaje del Evangelio (Hech. 2:14-39; 3:11-26; 10:34-48; 13:26-43; 17:22-34; 24:2-21). En el NT, la salvación se encuentra únicamente en el nombre de Jesús (Hech. 4:12).

   El NT identifica varias doctrinas o elementos adicionales relevantes que ayudan a entender completamente el tema de la salvación. Una es la obra del Espíritu Santo que convence de pecado y produce el nuevo nacimiento. En el Evangelio de Juan, Jesús explica que el ministerio del Espíritu Santo incluye convencer de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:5-11). Al comienzo de este Evangelio, Jesús sostiene una conversación con Nicodemo donde le enseña al fariseo sobre la necesidad del nuevo nacimiento (Juan 3:3-8). A este nuevo nacimiento Pablo lo denomina regeneración (Tito 3:5). Él utiliza el término “llamamiento” para referirse a la obra del Espíritu Santo que produce convicción de pecado y convence a las personas sobre la necesidad de un Salvador (Rom. 11:29; 1 Cor. 1:26).

   “Conversión” es el término que se suele utilizar para describir el momento cuando alguien recibe la salvación. Es el instante en que la persona se arrepiente y cree. Según el NT, las condiciones necesarias para la salvación son la fe y el arrepentimiento (Mar. 1:15). Este consiste en alejarse del yo y del pecado para acercarse a Dios y a la santidad, mientras que la fe significa creer los datos históricos acerca de Jesús y confiar únicamente en Él para alcanzar el perdón de los pecados y la salvación eterna (Heb. 11:1-6). La promesa de la salvación es vida eterna con Jesús en el cielo (Juan 3:16; 1 Jn. 2:25).

   El NT enseña que creer en el evangelio da como resultado justificación ante Dios. La doctrina de la justificación por fe es fundamental en la teología paulina y tuvo gran influencia en la historia de la iglesia. En Romanos, Gálatas y Filipenses, Pablo trata ampliamente el tema (Rom. 3:21–5:21; Gál. 3:1–4:31; Fil. 3:2-16). El punto esencial de la salvación es que cuando el pecador se convierte es declarado inocente delante Dios por medio de la sangre de Jesús. Al creer en Jesús y solo en Jesús para la salvación, la justicia de Cristo se le imputa al pecador de modo que Dios ahora lo trata a la luz de esa justicia (Rom. 3:21-26).

   En el momento de la conversión, el pecador se torna santo. Esto no significa que esté libre del pecado en esta vida sino libre de la pena de muerte que lo acompaña. La Biblia enseña que el Espíritu Santo habita en el pecador desde el momento de la conversión. Allí comienza un proceso de crecimiento a la semejanza de Cristo llamado “santificación”, y dura toda la vida. Dado que la salvación es un regalo de Dios, el creyente nunca puede perderla. Esto da testimonio de la plenitud de la gracia de Dios. El futuro eterno del cristiano está asegurado porque Dios no solo inicia la salvación, sino que también preserva al cristiano pues el Espíritu Santo mora en su interior. La salvación es un regalo de Dios que rescata al creyente del pecado y sus consecuencias, lo renueva para una vida santa y restaura su relación con Él para toda la eternidad. Ver Arrepentimiento; Conversión; Elección; Escatología; Esperanza; Expiación; Gracia; Justificación; Nuevo nacimiento; Predestinación; Perdón; Reconciliación; Redimir, Redención, Redentor; Santificación; Seguridad de la salvación. (Diccionario Bíblico Ilustrado Holman, Douglas C. Walker)

ARREPENTIMIENTO Cambio de opinión; también puede referirse a un giro total en el modo de pensar o al pesar que acompaña el darse cuenta de que se ha obrado mal. En sentido bíblico significa una profunda y total conversión a Dios. Hay arrepentimiento cuando uno se vuelve a Dios de manera radical; es una experiencia donde se reconoce a Dios como lo más importante de la existencia de la persona.

Antiguo Testamento El concepto de volverse a Dios de todo corazón abunda en la predicación de los profetas del AT. Para expresar la idea de arrepentimiento se utilizan términos como “regresar”, “volver” o “buscar”.

   En Amós 4–5, el Señor da a conocer Su juicio para que la nación regrese a Él. El arrepentimiento colectivo del pueblo es un tema que se trata en Oseas (6:1; 14:2) y es el resultado de la predicación de Jonás en Nínive (Jon. 3:10). Los típicos llamados al arrepentimiento se encuentran en Ezeq. 18 y 33, como así también en Isa. 55. En Ezeq. 18, el énfasis se inicia en el arrepentimiento personal.

Nuevo Testamento El arrepentimiento fue la idea central en la predicación de Juan el Bautista, donde hace referencia a una total conversión a Dios. Se agrega al mensaje una nota de urgencia: “¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado!” (Mat. 3:2). Quienes estaban preparados para darle a su vida esta nueva y radical orientación, lo demostraron bautizándose (Mar. 1:4). El giro total en la dirección de la vida debía demostrarse mediante profundos cambios en el estilo de vivir y en las relaciones (Luc. 3:8-14).

   El énfasis en la necesidad de un cambio de vida total sigue presente en el ministerio de Jesús. El mensaje de arrepentimiento era central en Su predicación (Mar. 1:15). Al describir la esencia de Su misión, Jesús dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Luc. 5:32).

   El llamado a esta acción es una convocación a una entrega absoluta a la voluntad de Dios y a vivir en procura de Sus propósitos. Este retorno radical hacia Dios se requiere de todos: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Luc. 13:3). Quienes habían sido testigos del ministerio de Jesús, de la verdad sobre Dios y de lo que      Él reclamaba de sus vidas se encontraban en serio peligro si no se arrepentían. Jesús advirtió sobre las graves consecuencias para aquellos donde Su ministerio había sido rechazado: “Entonces comenzó a increpar a las ciudades en las que había hecho la mayoría de sus milagros, porque no se habían arrepentido” (Mat. 11:20 LBLA). Por otra parte, por un solo pecador que se arrepiente hay gran “gozo en el cielo” (Luc. 15:7). En Sus últimas palabras a los discípulos, Jesús les ordenó que predicaran a todas las naciones el mismo mensaje de arrepentimiento que Él había predicado (Luc. 24:47).

    Este término continuó usándose a medida que la iglesia primitiva comenzaba a tomar forma. En la predicación del libro de los Hechos está presente el llamado al arrepentimiento (Hech. 2:38; 3:19; 8:22). Por un lado, en el discurso de Pablo en Atenas el apóstol da a conocer a Dios como quien “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (17:30). Por otra parte, el arrepentimiento se muestra como resultado de la iniciativa divina: “Dios ha concedido el arrepentimiento que conduce a la vida también a los gentiles” (Hech. 11:18; 2 Tim. 2:24-26). La abundancia de referencias en el NT deja en claro que el arrepentimiento es fundamental en la experiencia de salvación. La respuesta al llamado de Dios en la vida de una persona debe ser arrepentimiento, es decir, determinación voluntaria de abandonar una vida de pecado y de autogobierno para asumir entonces una forma de vivir gobernada por Dios y en Su justicia. Hay arrepentimiento cuando alguien ha sido convencido de la realidad de su pecado, lo rechaza, renuncia a él y se vuelve a Dios por medio de la fe en Jesucristo. El arrepentimiento es tan fundamental que cuando Pablo resumió su ministerio dijo: “Testifiqué a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hech. 20:21). La experiencia del arrepentimiento precede a la salvación (2 Ped. 3:9).

   Si bien la mayoría de los llamados al arrepentimiento se dirige a los incrédulos, a veces se refiere a los creyentes. Pablo mencionó una carta a los corintios que les causó aflicción pero que finalmente los llevó al arrepentimiento (2 Cor. 7:8-13). En los mensajes a las iglesias en Apocalipsis se exhorta varias veces al arrepentimiento (Apoc. 2:5,16,21,22; 3:3,19) a fin de que estos creyentes e iglesias conduzcan sus vidas con más conformidad a la voluntad de Dios. Los creyentes, al igual que las iglesias, siempre deben esmerarse en la tarea de examinarse a sí mismos y permitir que el Espíritu de Dios señale aspectos que necesitan cambio. El arrepentimiento es más que un simple remordimiento. Ver Cilicio; Confesión; Conversión; Fe; Reino de Dios. (Clark Palmer).

ARREPENTIMIENTO DE DIOS Descripción que hace el AT de la reacción de Dios ante situaciones humanas. El verbo hebreo nacham expresa un fuerte contenido emocional que quizás aluda a un profundo suspiro de aflicción o alivio. Debe observarse que, si bien “arrepentirse” no es siempre la mejor traducción para nacham, fue la que se usó en la RVR1960. Algunas traducciones posibles son arrepentirse (Jer. 18:8,10), sentir pesar (Gén. 6:7 LBLA), moverse a misericordia (Jue. 2:18), retractarse (Sal. 110:4 LBLA) y tener compasión (Sal. 106:45 NVI). Por lo tanto, el concepto de arrepentimiento divino también debe incluir la acción de Dios de retractarse, Su pesar, misericordia y compasión.

   El arrepentimiento de Dios no se limita a solo parte del AT, sino que puede encontrarse a lo largo de la Ley, los Profetas y los Escritos. Este arrepentimiento se convirtió en el credo de Israel junto con otros atributos de Dios como la gracia, la misericordia, la compasión, la lentitud para la ira y el gran amor vinculado al pacto (comp. Joel 2:13; Jon. 4:2).

   El arrepentimiento de Dios era generalmente en respuesta a acciones de Sus criaturas como desobediencia humana (Gén. 6:6,7), oración intercesora (Amós 7:1-6) o arrepentimiento (Jon. 3:6-10). En muchas ocasiones se dice que Dios decidió no castigar como lo había planeado hacer (Ex. 32:12,14; Jon. 3:10). Una vez se menciona que Dios cambió de parecer (Jer. 18:10) con respecto al bien que había determinado.

   El arrepentimiento de Dios es importante para entender el papel de la oración y ciertos atributos divinos como inmutabilidad, eternidad y lo infranqueable de Su persona. El Dios que se arrepiente tiene libertad de responder las oraciones y de interactuar con las personas. Esta libertad es parte de Su infinita inmutabilidad. (M. Stephen Davis. Diccionario Bíblico Ilustrado Holman)

1er Titulo:

Parábola que muestra un verdadero arrepentimiento (San Lucas 15: 17 al 21. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.)

Comentario: Y ahora a la humillación y al hambre se suma la nostalgia:

[17]. Pero cuando volvió en sí, dijo: ¡Cuántos de los jornaleros de mi padre tienen más de lo que pueden comer y aquí yo estoy muriéndome de hambre!

   En medio de su miseria este joven comienza a pensar en el hogar que dejó. El original dice literalmente: “Cuando él volvió a sí mismo”, es decir, cuando comenzó a reflexionar en todo lo que había ocurrido desde que salió de casa y sobre la cuestión de si él mismo era o no culpable de lo que estaba ocurriendo. La meditación seria y quizás prolongada resultó en que se dio cuenta del hecho de que aun la condición de los jornaleros en la casa de su padre era mucho mejor que su propia condición.

   Nótese este término, jornaleros. En el cercano oriente uno no contrata un maestro o un ingeniero. De hecho, uno ni siquiera contrata un siervo de tiempo completo. Uno contrata un jornalero, es decir, uno que trabaja por el día.391 Bien, aun estos jornaleros tienen suficiente comida y les sobra. Y el mismo está muriéndose de hambre. ¡Y todo esto debido a su partida necia y pecaminosa de su casa!

   Continúa: 18, 19. Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como uno de tus jornaleros.

   Aunque respeto las obras de K. E. Bailey, difiero de él en este punto. Yo creo que la confesión del pródigo no fue superficial y que significaba más que una expresión de pesar por el dinero perdido y una petición de ser aceptado como jornalero, para no estar comiéndose el pan de su hermano.

Mi interpretación de la confesión del pródigo es la siguiente:

   ¿Qué era la conclusión que desprende respecto de su decisión de dejar su hogar? ¿Que era necio sencillamente? ¿Que era un error práctico? No, que era definitivamente un pecado y nada menos. ¿Uno pecado cometido contra quién? ¿Contra su padre? Bueno, primero y ante todo contra el “cielo”, es decir, “contra Dios” (los hebreos con frecuencia ponían la palabra cielo en lugar de Dios). Fue Dios el que le había dado un padre maravilloso, amante y cariñoso; por eso “contra el cielo” y “contra ti” (literalmente: ante tus ojos).

   Ahora él comprende cuán ingrato y egoísta ha sido. Ya no tiene derecho de ser llamado hijo. Irá a su padre y le dirá: “He pecado … hazme como uno de tus jornaleros”.

   ¡Qué cambio en este joven! ¡Cuán arrepentido está!

  1. Su regreso
  2. Cariñosamente recibido por su padre

[2]0. Por tanto se levantó y fue a su padre. Muchas resoluciones piadosas nunca se llevan a cabo. Este joven hizo lo que había resuelto hacer. Salió y siguió en camino. Tiene que haber sido un largo viaje, porque había ido a un país lejano (v. 13). Además, en su condición debilitada el viaje de regreso debe haber sido difícil. Pero él perseveró.

Continúa: Pero mientras estaba muy lejos todavía, su padre lo vio, y sintió compasión por él. El padre corrió, lo abrazó y lo besó fervientemente.

   Es claro que el padre nunca había perdido el interés en su hijo descarriado. Una y otra vez debe de haber estado a la expectativa de él. Y ahora … allí lo ve a la distancia. ¿Qué hace el padre? Cada una de las cuatro acciones merecen comentario: Se compadece profundamente, corre, lo abraza y lo besa. ¡Y todo esto aun antes que el hijo haya dicho siquiera una palabra!

¡Qué amor maravilloso!

─a. Él se compadece. Literalmente dice: “se le enternecieron las entrañas por él”. A medida que disminuye la distancia entre el padre y el hijo, ese ve más y más claramente cuán cansado y miserable está su hijo. Se compadece. Interpreta el regreso de “su niño” en el sentido más favorable. El muchacho se ha arrepentido. Está triste por lo que ha hecho. ¡Cuán intensamente este padre ama a su hijo! ¿Diremos, “ahora más que nunca”?

─b. El corre. El padre no puede haber sido muy joven; sin embargo, corre. En aquella parte del mundo generalmente no se consideraba digno que un anciano corriese; sin embargo, él corre. Nada puede impedirle el hacerlo.

─c. El abraza a su hijo por el cuello. Apasionadamente lo abraza. ¿No indica este hecho mismo que el padre en su corazón ya había concedido el perdón a su hijo?

─d. Lo besa repetidas veces tierna y fervientemente.

[21]. El hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

Eso es lo que el hijo se había propuesto decir. Pero también se había propuesto decir más: “Hazme como uno de tus jornaleros” (v. 19). Nunca lo dijo. El padre nunca le dio la oportunidad de decirlo. ¡Qué maravilloso!

2° Titulo:

Confesión de pecado, señal de un verdadero arrepentimiento (1ª de Juan 1:8-9. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.). 

Comentario: 8. Si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos a la luz no está en nosotros.

   Una vez más Juan afirma lo negativo y lo positivo en dos versículos sucesivos que expresan condición. El último versículo (v. 10) es también una afirmación condicional que Juan coloca en forma de una conclusión negativa.

─a. Negación. Otra afirmación que hacían los oponentes de la fe cristiana, quizá aquellos a quienes se ha dado en denominar gnósticos, era que ellos habían avanzado a una etapa que estaba más allá del pecado. Ellos decían que habían logrado su meta: la perfección.

   Juan escucha a esta gente que afirma que ellos no tienen pecado. Pero cuando cita lo que ellos afirman, él se incluye a sí mismo y a sus lectores. Coloca la afirmación en una oración condicional y dice: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la luz no está en nosotros”. Todo aquel que no siente necesidad de orar la quinta petición del Padrenuestro—“Perdónanos nuestras deudas” (Lc. 11:4)—porque piensa que no tiene pecado, se engaña a sí mismo. El Rey Salomón hizo la siguiente sabia observación (Pr. 23:13):

El que oculta sus pecados no prospera,

Pero el que los confiesa y renuncia a ellos

halla misericordia.

   La elección de las palabras es significativa; Juan dice: “No tenemos pecado”. No escribe “no pecamos”. El sustantivo pecado describe la causa y la consecuencia de un acto de desobediencia; cuando se usa como verbo, esta palabra describe la acción en sí misma.

   En la época del apóstol Juan, los filósofos griegos postulaban una separación entre el cuerpo y el espíritu. El espíritu es libre, decían ellos, pero el cuerpo es materia que con el tiempo muere. En otras palabras, si el cuerpo pecaba, el espíritu no era culpable de ello. Por consiguiente, el pecado no puede afectar al espíritu. La primera epístola de Juan no da suficiente información como para concluir que Juan estaba oponiéndose activamente al pensamiento griego. No obstante, sí podemos decir que la Escrituras enseñan la universalidad del pecado al decir que en la raza humana “no hay nadie que haga el bien, ni siquiera uno” (Sal. 14:3; 53:3; Ro. 3:12; véase también Ec. 7:20).

   Si decimos que no tenemos pecado, nos estamos engañando. Además, la verdad de la Palabra de Dios no está en nosotros. En nuestra ceguera espiritual vamos directamente en contra de la clara enseñanza de la Escrituras. Y Dios nos juzga por las palabras que hemos dicho, ya que nuestras propias palabras nos condenan.

[9]. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo y nos perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda injusticia.

   El escritor exhibe un típico paralelismo semita. El versículo 8 es paralelo al versículo 6, y el versículo 9 es una repetición parcial y una explicación más amplia del versículo 7. Dado su mensaje afirmativo, el versículo 9 es uno de los pasajes más conocidos de esta epístola y aun de todo el Nuevo Testamento.

─b. Afirmación. El texto consta de tres partes. La primera es la condición, la segunda la certeza y la tercera el cumplimiento.

“Si confesamos nuestros pecados”. Esta es la parte condicional de la oración que señala nuestro reconocimiento del pecado. Abierta y honestamente enfrentamos el pecado sin ocultarlo ni buscar excusas para el mismo. Confrontamos los pecados que hemos cometido, sin defendernos ni justificarnos. Confesamos nuestros pecados para demostrar arrepentimiento y renovación en nuestra vida. No se nos dice cuándo, dónde ni cómo confesar nuestros pecados, pero el arrepentimiento diario del pecado nos lleva a una confesión continua. Lo que Juan en realidad escribe es: “Si seguimos confesando nuestros pecados”. Escribe la palabra pecados (en plural) para indicar la magnitud de nuestras transgresiones.

   “Él es fiel y justo”. Aquí tenemos la certeza. Dios es fiel a sus promesas. Es “un Dios fiel que no hace el mal, recto y justo es él” (Dt. 32:4). No nos regaña ni rechaza; no se impacienta: tampoco falta a su palabra. La única condición que Dios requiere para el perdón es que confesemos nuestros pecados. Fiel a las promesas hechas al pueblo de su nuevo pacto, Dios declara: “Perdonaré su maldad y no recordaré nunca más sus pecados” (Jer. 31:34, Heb. 8:12; 10:17).

   “[El] nos perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda injusticia”. Nótese el cumplimiento. Aunque los traductores ponen los verbos en tiempo futuro como si los acciones de perdonar y purificar tendrán lugar en el futuro, el texto griego dice que Dios en realidad perdona y purifica de una vez y para siempre. El primer verbo, perdonar, describe la acción de cancelar una deuda y restaurar al deudor. El segundo verbo, limpiar, se refiere a santificar al pecador perdonado de modo tal que queda tener comunión con Dios. Dios toma la iniciativa, puesto que nos dice: “Venid, razonemos juntos … Aunque vuestros pecados son como la escarlata, serán tan blancos como la nieve; aunque son rojos como la púrpura, serán como la lana” (Is. 1:18).

   Definición de: CONFESIÓN Admisión, declaración o reconocimiento que constituye un elemento significativo en la adoración a Dios tanto en el AT como en el NT. La mayoría de las apariciones del término se pueden dividir en dos respuestas principales ante Dios: la confesión de pecado y la confesión de fe.

   Confesión de pecado Numerosos pasajes del AT enfatizan la importancia de la confesión de pecado como parte de la experiencia de adoración. Levítico habla de los actos rituales que abarcan dicha confesión: la expiación por el pecado (5:5–6:7) y el macho cabrío que representa la remoción del pecado (16:20-22). Además, la confesión puede ser una acción de un individuo en favor del pueblo como un todo (Neh. 1:6; Dan. 9:20) o la respuesta colectiva de la congregación que adoraba a Dios (Esd. 10:1; Neh. 9:2,3). Frecuentemente se presenta como el reconocimiento individual del pecado por parte del pecador arrepentido (Sal. 32:5; Prov. 28:13; Sal. 40 y 51, que son confesiones individuales, aunque no se utiliza la palabra “confesión”).

   Asimismo, la confesión de pecado en el NT es un aspecto de la adoración tanto individual como colectiva. Los seguidores de Juan fueron bautizados en el Jordán como muestra de la confesión de sus pecados (Mat. 3:6; Mar. 1:6). Los convertidos por el ministerio de Pablo en Éfeso efectuaron confesiones similares (Hech. 19:18). A los creyentes se les recuerda que Dios perdona fielmente los pecados de aquellos que los confiesan (1 Jn. 1:9). Santiago amonestó a sus lectores no solo a orar unos por otros sino también a confesarse las ofensas unos a otros (5:16), probablemente dentro del contexto de la adoración congregacional. Para fines del siglo I, el culto de adoración incluía la confesión como preludio a la celebración de la Cena del Señor, tal como se observa en Didajé 14:1. Ver Padres apostólicos.

   Confesión de fe Íntimamente relacionada con la confesión de pecado del AT está la confesión de fe, o sea, el reconocimiento ante Dios y la consagración a Él. En 1 Rey. 8:33,35 (como así también en 2 Crón. 6:24,26), el reconocimiento del nombre de Dios da como resultado perdón de pecados. Dicho reconocimiento pasó a ser un parámetro de la fórmula confesional conocida como Shemá (Deut. 6:4,5).

   Esta declaración de compromiso con Dios, o particularmente con Cristo, también se halla en el NT. El reconocimiento público de Jesús que expresa una persona es la base del reconocimiento de Jesús ante Dios con respecto a ese cristiano (Mat. 10:32; Luc. 12:8; comp. Apoc. 3:5). Más aún, cuando Pablo describió el proceso mediante el cual una persona es salva, explícitamente trazó un paralelo entre lo que uno cree en el corazón y lo que confiesa con los labios (Rom. 10:9,10). La fe y la confesión son dos lados de la misma moneda. Es probable que la primera confesión de fe haya sido el simple reconocimiento del señorío de Cristo (Rom. 10:9; 1 Cor. 12:3; Fil. 2:11), pero el surgimiento de la herejía parece haber provocado el agregado a la confesión de datos específicos acerca de Cristo. Por ejemplo, que Él es el Hijo de Dios (1 Jn. 4:3,15) y que ha venido en carne (1 Jn. 4:2). Por lo tanto, aparentemente, en escritos neotestamentarios posteriores se estableció un bosquejo específico de la fe cristiana para describir qué significa la confesión (Heb. 4:14). Ver Arrepentimiento; Fe; Macho cabrío; Pecado. (Naymond Keathley – Diccionario Bíblico Ilustrado Holman)

3er Titulo:

Maravilloso ejemplo de arrepentimiento y salvación. (San Lucas 23:39 al 43. Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; más éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. 

Comentario: [39–41]. Uno de los criminales crucificados comenzó a insultarle, diciendo: ¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro, reprendiéndole, respondió: ¿Ni siquiera temes a Dios, estando bajo la misma sentencia de condenación? Y nosotros a la verdad justamente, porque estamos recibiendo lo que merecemos. Pero este hombre no ha hecho mal alguno.

   Cabe destacar los siguientes puntos:

-1. Esta historia la relata solamente Lucas. ¡Y qué historia, llena de consuelo para todo pecador que se arrepiente de verdad!

-2. Al principio los dos delincuentes se burlaban. Ellos blasfemaban al Santo. Ellos repetían las palabras y sentimientos de los gobernantes. Véanse Mt. 27:44 y Mr. 15:32.

-3. Al final uno de los dos delincuentes guardó silencio y se arrepintió. En su breve intervención:

‣a. reprendió a su compañero.

‣b. reconoció su propia culpa. De hecho, él llegó a admitir que él y su compañero merecían plenamente la terrible muerte de cruz.

‣c. confesó a Jesús, añadiendo su propio testimonio con respecto a la inocencia de Cristo a todos los testimonios similares que ya habían sido dados (el de Pilato y el de Herodes).

-4. ¿Qué fue lo que lo condujo a su conversión? No lo sabemos, pero los siguientes puntos pueden haber estado incluidos, y con toda seguridad el último:

‣a. el temor de caer en las manos del Dios vivo sin estar preparado (Heb. 10:31). Nótense sus palabras: “¿Ni siquiera temes a Dios?”

‣b. la primera palabra de la cruz, en la cual Jesús pidió al Padre que perdonara a los que lo atormentaban, etc.

‣c. la conducta serena y majestuosa de Jesús.

‣d. las cosas que quizás hubiera oído acerca de Jesús.

‣e. la obra del Espíritu Santo en su corazón.

   El ladrón arrepentido no solamente reprendió a su compañero, admitió su culpa, y confesó a Jesús como el Inocente. Hizo una cosa más, por la cual siempre habrá de ser recordado:

   [42]. Entonces dijo: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

   Se dirige a Aquel a quien ha rendido ahora su corazón como Jesús, esto es, Salvador. Véase Lc. 1:31; 2:21. Y, como Gabriel había hecho (Lc. 1:31–33), con ese nombre Jesús el penitente inmediatamente asocia el reinado. El ángel había dicho a María: “Llamarás su nombre Jesús … Y el Señor Dios le dará el trono de David su padre. Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino [o reinado] no tendrá fin”.

   ¿Qué fue lo que quiso decir el ladrón arrepentido? ¿Pensaba que Jesús iba a recibir su reino al morir? Probablemente que no. Lo que le estaba pidiendo era que al final del tiempo, cuando regresaría en gloria real, Jesús se acordaría de este suplicante ahora convertido.

   Jesús había hablado repetidas veces acerca de esa venida escatológica. Véanse, por ejemplo, los siguientes pasajes: Mt. 16:27; 19:28; 24:27, 30; 25:31–46; 26:64; Lc. 17:22–37; 21:27, 36; 22:29, 30. Si el penitente había oído algo acerca de Jesús—y su oración es difícil de explicar si no hubiera sabido de él—tiene que haber oído acerca de sus predicciones en relación con su venida gloriosa al final de la era.

   El hombre está pidiendo a Jesús, por lo tanto, que se acuerde de él en aquel tiempo. No le pide un lugar de honor. Él sabe muy bien que semejante lugar no es para él. Pero se echa completamente sobre la gracia del Salvador, pidiéndole solamente que se acuerde de él; esto es, por cierto, ser recordado para bien.

   [43]. Jesús le dijo: De cierto, te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso.

   Ef. 3:20, 21 contiene una hermosa y muy emotiva doxología, a saber: Ahora a él que es poderoso para hacer infinitamente más que todo lo que pedimos o imaginamos, conforme al poder que actúa dentro de nosotros, a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones para siempre jamás. Amen. Nótense especialmente estas palabras infinitamente más que todo lo que pedimos.

   Eso también era lo que el suplicante penitente recibió, mucho más de lo que había pedido. Nótese la hermosa y consoladora respuesta de Cristo:

  1. El hombre había pedido una bendición … en un remoto futuro. Recibe una promesa perteneciente a este mismo día. Jesús dijo: “Hoy”.
  2. Él había pedido que “que se acordara de él”. Eso fue todo lo que se atrevió a solicitar. Recibe la seguridad: “No solamente te recordaré, estarás conmigo; esto es, en mi inmediata presencia”.
  3. “Conmigo”, ¿dónde? No en alguna región mística de fantasmas, no en el purgatorio, sino en el paraíso. ¿Pero qué se quiere decir por paraíso? El paraíso es el cielo. Es tan sencillo como eso. Dmi libro La Biblia y la vida venidera cito lo siguiente:

   “El hecho de que ‘cielo’ y ‘paraíso’ son simplemente palabras que indican el mismo lugar, es claro en 2 Co. 12; compárense los vv. 2 y 4. Aquí leemos que alguien fue arrebatado al “tercer cielo”. Se puede suponer que el primer cielo era el de las nubes, el segundo el de las estrellas, el tercero el de los redimidos. Pero inmediatamente notamos que el hombre que, según el versículo 2 se dice fue arrebatado al cielo, fue llevado al paraíso según el versículo 4. Esto ciertamente indica que el cielo y el Paraíso son el mismo lugar y no dos lugares diferentes”.

   Apocalipsis 2:7 (“el árbol de la vida que está en el paraíso de Dios”) lleva a la misma conclusión, porque también en el libro de Apocalipsis paraíso es definitivamente otra palabra que señala el cielo. Leemos que “el árbol de la vida” está en el paraíso de Dios (Ap. 2:7), y que el árbol de vida está en el capítulo 22 asociado con la “la santa ciudad” (Véanse los vv. 14, 19; también Ap. 21:1, 2).

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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