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Semana del 04 al 10 de mayo de 2020: “Consecuencia del pecado en la juventud” (Parte II)

Semana del 04 al 10 de mayo de 2020: “Consecuencia del pecado en la juventud” (Parte II)

Lectura Bíblica: Romanos 2:5 al 11. Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,  el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios.

Referencias: Diez consecuencias del pecado grave para la juventud (para toda persona mayor a seis años M o F).

  1. El pecado nos roba el gozo

“Restitúyeme el gozo de tu salvación, sostenme con un espíritu de poder” (Salmos 51:12).

  1. El pecado nos roba la confianza

“En esto sabremos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de Él. En cualquier cosa en que nuestro corazón nos condene; porque Dios es mayor que nuestro corazón y sabe todas las cosas. Amados, si nuestro corazón no nos condena confianza tenemos delante de Dios” (1 Juan 3:19-21).

  1. El pecado trae culpa

    “Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí” (Salmos 51:3).

  1. El pecado apaga el Espíritu de Dios

    “No apaguéis el Espíritu” (1 Tesalonicenses 5:19).

  1. El pecado trae daño físico

    “Señor, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues en tu furor. Porque tus saetas se han clavado delante de mí, y sobre mí ha descendido tu mano. Nada hay sano en mi carne a causa de tu indignación; en mis huesos no hay salud a causa de mi pecado”

    (Salmos 38:1-3).

    “Pues mi vida se gasta en tristeza, y mis años en suspiros; mis fuerzas se agotan a causa de mi iniquidad” (Salmos 31:10).

  1. El pecado causa dolor en el alma

    “Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día. Porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad” (Salmos 32:3-5).

  1. El pecado rompe el corazón de Dios

    “Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, por el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 4:30).

  1. El pecado abre la puerta a otros pecados

    “¡Ay de los hijos rebeldes declara el Señor que ejecutan planes, pero no los míos, y hacen alianza, pero no según mi Espíritu, para añadir pecado sobre pecado! (Isaías 30:1)

  1. El pecado rompe la comunión con Dios

    “He aquí, no se ha acortado la mano del Señor para salvar; ni se ha endurecido su oído para oír. Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos” (Isaías 59:1-2).

  1. El pecado produce temor

    “El impío huye sin que nadie lo persiga, más los justos están confiados como un león” (Proverbios 28:1).

   Comentario: [5–8]. Pero con tu duro e inconverso corazón acumulas para ti ira en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, quien dará a cada persona según sus hechos. A los que por su perseverancia en hacer lo que es recto buscan gloria, honor e inmortalidad, (él les dará) vida eterna, pero para los que están llenos de egoísta ambición y que desobedecen la verdad, pero obedecen la injusticia (habrá) ira y enojo.

   Frente a la falsa ilusión de los que constantemente condenaban a otros, pero rehusaban convertirse (vv. 3, 4) el

apóstol revela ahora la verdadera situación. Él les informa que, aunque la ira de Dios pueda no haber alcanzado al judío todavía en la manera en que ya le había sido revelada al gentil, esto no significa que nunca será derramada sobre él. Simplemente indica que durante un cierto tiempo su castigo (el del judío) está suspendido. Sin embargo, podría decirse que durante todo este tiempo la ira se va acumulando. Esto debe ser cierto, porque el pecado del judío es muy serio. Para describirlo el apóstol utiliza la expresión: “Tu dureza e inconverso corazón”. Pero en este caso debemos probablemente vincular “dureza” con “corazón” como lo hace frecuentemente la Escritura. En el Antiguo Testamento, véanse Dt. 10:16; Pr. 28:14; Ez. 3:7; y en el Nuevo Testamento Mt. 19:8; Mr. 3:5; 6:52; 8:17; 10:5; Jn. 12:40; Heb. 3:8, 15; 4:7. Es así que llegamos a la frase “tu duro e inconverso corazón”.

   Debe notarse que la persona a quien Pablo se dirige es la que acumula ira para sí misma. Lo que, es más, la ira de que se habla es la de Dios, tal como en 1:18, aunque en el caso presente el derramamiento de la misma está vinculado con y toma lugar en “el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”, o sea, en el día del juicio final. Aunque algunos (Karl Barth, por ejemplo) rechazan esta explicación, la misma tiene el apoyo de los siguientes argumentos:

▬a. El contexto más amplio (v. 16) la favorece. Nótese: “(Todo esto será aclarado) en el día en que, según mi evangelio, Dios, a través de Jesucristo, juzgará los secretos de los nombres”.

▬b. De hecho, el contexto inmediato (v. 6) describe este día como aquel en el cual Dios “dará a cada persona según sus hechos”. Esto nos trae a la mente a Mt. 16:27: “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus hechos”.

▬c. Véanse también los siguientes pasajes

1 Co. 3:13 (“el día”).

1 Co. 4:3–5

1 Ts. 5:4 (“aquel día”).

2 Ts. 1:7–10.

2 Ti. 4:8.

   El día de la ira (cf. 1:18) es el mismo que el día de “la revelación del justo juicio de Dios”. Aquí la verdad mencionada en el v. 2, a saber, que el juicio de Dios es “según la verdad” se repite en su esencia. Entre los hombres los juicios de ninguna manera son siempre “justos”.

   El hecho de que toda persona será juzgada “según sus hechos” es algo que se enseña a través de toda la Escritura (Ec. 11:9; 12:14; Mt. 16:27; 25:31–46; Jn. 5:28, 29; 1 Co. 3:12–15; 4:5; 2 Co. 5:10; Gá. 6:7–9; Ef. 6:8; Ap. 2:23; 11:18; 20:12, 13).

   Sin embargo, se ha formulado la siguiente pregunta: “Si Dios juzga a la gente ‘según sus obras; ¿cómo puede ser la salvación ‘sólo por gracia’”? Ahora bien, conviene enfatizar que la frase “nada tengo que no haya recibido” (James M. Gray) es completamente bíblica. La salvación es sin duda sólo por gracia (Sal. 115:1; Is. 48:11; Jr. 31:31–34; Ez. 36:22–31; Dn. 9:19; Hch. 15:11; Ro. 3:24; 5:15; Ef. 1:4–7; 2, 8–10; 1 Ti. 1:15, para mencionar unos pocos pasajes).

   Con todo, sucede una y otra vez que cuando Pablo enfatiza la soberanía divina o la actividad salvadora, él inmediatamente la vincula con la responsabilidad humana (Ef. 2:8–10; Fil. 2:12, 13; 2 Ts. 2:13; 2 Ti. 2:19). Aunque damos por sentado que el hombre no puede cumplir sus tareas o llevar a cabo sus responsabilidades por su propia fuerza, sin embargo, es él a quien la tarea le es asignada. Dios no asume esta tarea por él. Pero en su gracia y amor soberanos, Dios premia al hombre por su fidelidad en cumplir lo que se le ha asignado. Lo que, es más, tanto las recompensas como los castigos son distribuidos según el grado de fidelidad o infidelidad mostrado por la persona. Al fin y al cabo, la persona que desestima la doctrina de la responsabilidad humana que es completamente bíblica, es la quien tiene el verdadero problema.

   En los vv. 7, 8 Pablo divide a la humanidad en dos grandes grupos, como Jesús lo hiciera una y otra vez (Mt. 7:24–29; 10:39; 11:25, 26; 12:35; 13:41–43; 18:5, 6; 21:28–32; 23:12; 25:29, 46; etc.).

   El primer grupo consiste de todos aquellos que perseveran (Mt. 25:13; Col. 1:23; Heb. 3:14; Ap. 2:10) en hacer lo recto; no lo recto simplemente ante los ojos de otra gente, una norma de medidas que el apóstol acaba de condenar (v. 1–3), sino lo recto ante los ojos de Dios. Esta es gente cuya meta es alta (Fil. 3:8–14). Al perseverar en actos que glorifican a Dios, aspiran a obtener gloria (Véase arriba sobre 1:23, rubro “a” en la lista de Significados), honra e inmortalidad, o sea, vida de resurrección incorruptible e indestructible en bienaventuranza sin fin, aquella del nuevo cielo y de la nueva tierra (Ro. 8:23; 1 Co. 15:42, 50–57; 1 P. 1:4; 2 P. 3:13; Ap. 21:12–22:5).

  A éstos Dios les otorgará vida eterna, la totalidad de aquella vida que ya era en principio su porción antes de morir. En aquel día del juicio final ellos recibirán esta bendición en medida completa, tanto para el alma como (en lo aplicable) para el cuerpo.

   ¿Y qué es vida eterna? Según las Escrituras es la comunión con Dios en Cristo (Jn. 17:3), posesión de la paz de Dios que trasciende todo entendimiento (Fil. 4:7), gozo inexpresable y plena de gloria (1 P. 1:8), la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo (2 Co. 4:6), y el amor de Dios derramado en el corazón (Ro. 5:5), continuando todo esto por los siglos de los siglos.

   El segundo grupo consiste de aquellos que están llenos de egoísta ambición. En vez de obedecer la verdad, ellos prestan oídos a cualquier cosa que deshonre a Dios. Para ellos habrá ira y enojo; es decir, en aquel día del juicio final siempre de allí en adelante serán objetos del fuerte desagrado e indignación de Dios. Siempre tendrán conciencia de ello, y nunca les será posible para ellos salir de debajo del mismo.

   El agudo contraste entre el eterno destino de estos dos grupos, según se retrata aquí en Ro. 2:7, 8, puede ser comparado con descripciones contrastes en forma similar que se encuentran en el libro de Apocalipsis:

▬A. La bienaventuranza de los salvos

“Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos ni calor alguno, porque el Cordero, que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de agua de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos (Ap. 7:16, 17).

▬B. La miseria de los perdidos

“Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti, ni ruido de molino se oirá más en ti. “Luz de lámpara nunca alumbrará más en ti, ni voz de esposo y de esposa se oirá más en ti” (Ap. 18:22, 23).

[9–11]. (Habrá) aflicción y angustia para cada ser humano que es obrador de mal; primeramente, para el judío y también para el griego; pero gloria, honor y paz para todo aquel que hace lo bueno; primeramente para el judío y también para el griego; porque Dios no muestra parcialidad [o: porque no hay parcialidad con Dios].

   En primer lugar, un comentario sobre la forma de este pasaje, y luego sobre su significado.

  En cuanto a la forma, es claro que la antítesis que se encuentra en los vv. 7, 8 es reproducida aquí en orden inverso. Esto es cierto en dos respectos:

-a. En los vv. 7, 8 los obedientes eran mencionados antes que los desobedientes; en los vv. 9, 10 lo opuesto es cierto.

-b. En los vv. 7, 8 la descripción de la persona (ya sea obediente o desobediente) precede a la mención de la recompensa (7b) o del castigo (8b). Lo opuesto es cierto con respecto a los vv. 9, 10.

   En lo referente al significado, aquí en los vv. 9, 10 se enfatiza que no es lo que la persona se imagina ser sino lo que en realidad es ante los ojos de Dios, según lo demuestra su vida, sus obras, lo que determina qué sucederá con él en el juicio final. Esto es cierto de cada “alma de hombre”, es decir, de cada persona que vive.

   Para el obrador del mal (v. 9) habrá una aflicción externa y una angustia interna. Cf. 8:35.

   En relación con los obradores del bien (v. 10), nótese que según el v. 7 lo que el pueblo de Dios buscaba, a saber, “gloria y honor e inmortalidad”, es también lo que reciben, a saber, “gloria y honor y paz”. Aquí los términos “inmortalidad” y “paz” pueden ser vistos como sinónimos, al menos en una medida considerable. Véase lo que se dijo anteriormente respecto a “inmortalidad”. La palabra “paz” debe interpretarse en su sentido más amplio, indicando una salvación plena y libre, una participación gozosa y sin fin, con cuerpo y alma renovados, en toda la bienaventuranza del nuevo cielo y de la nueva tierra. Esto, por supuesto, incluye una dulce comunión con el Trino Dios y con todos los redimidos. ¿Todo esto para la gloria de Dios!

   Dado que en el orden de la historia los judíos habían recibido el evangelio ante que los griegos a los gentiles, este orden—primero el judío, luego el griego—será tomado en cuenta también en el juicio final. Ni en lo referente al castigo ni en lo referente al premio se perderá de vista que los judíos habían sido privilegiados muy por encima de los gentiles (1:16; 3:1, 2; 9:4, 5).

   Esto, sin embargo, no debe interpretarse como si dijera que Dios tratará más generosamente al judío que al gentil. Por el contrario, “Dios no muestra favoritismo” (v. 11), una lección que Pedro tuvo que aprender (Hch. 10:34).

   Nos viene a la memoria un pasaje de los labios de Jesús:

   “Porque de todo aquel que ha recibido mucho, mucho se requerirá; y a todo aquel a quien mucho se le ha confiado, tanto más se le demandará” (Lc. 12:48).

1er Titulo:

Engaña a su corazón. (Jeremías 17:9. Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?).

   Referencias (El pecado engaña al corazón): Genesis 3.13. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. (la excusa es un engaño). ▬Hebreos 3.13. antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. ▬Ro. 7.11. porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.

   Comentario: Jeremías 17 vv. 9, 10 dan un comentario sobre los dos versículos anteriores. El corazón del hombre es engañoso y el Señor está escudriñándolo constantemente. En el v. 1 se habló del pecado grabado en el corazón, en el v. 5 ha hablado del corazón que se aparta del Señor y aquí se describe al corazón como engañoso. Es interesante que la palabra engañoso tiene la misma raíz que el nombre Jacob (comp. Gén. 27:36). Al leer los pasajes de su vida se nota como este “suplantador” engañaba y fue engañado vez tras vez en su vida.

El concepto hebreo del corazón no es solamente el centro de las emociones y los sentimientos, es también el centro de la actividad racional, la voluntad y la toma de decisiones de parte de la persona.

Con el corazón uno reflexiona y decide en cuando a lo que debe hacer. En el concepto del corazón se combina la acción de la voluntad, la intención, los sentimientos, la devoción, la mente; es una forma de dar expresión a lo más profundo de quién es la persona. Si la persona llena su corazón con sus propias ideas o de su propia autonomía, apartándose del Señor, va a la ruina, porque ha rechazado las enseñanzas y la guía de su Creador, el que conoce al ser más íntimo de la persona. Al contrario, cuando la persona pone al Señor y sus enseñanzas en su corazón recibirá la fuerza y dirección para las decisiones que deberá tomar. Será bendecida por el Señor.

   Definición De Engaño Artimaña; trampa; traición; astucia hábil o engañosa. En la Escritura, la mejor ilustración de engaño la proporciona Jacob cuando se vistió con las ropas de su hermano y se cubrió brazos y cuello con piel de cabra (Gén. 27:35, según las traducciones modernas, con engaño). Tal vez Jesús tenía en mente esta imagen de Jacob (Israel) cuando vio a Natanael y dijo: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1:47; comp. Juan 1:51 con Gén. 28:12).

   En 1 Ped. 2:22 leemos que no se halló engaño en los labios de Jesús. Pablo animó a los cristianos a ser “ingenuos para el mal” (Rom. 16:19; comp. 1 Ped. 2:1), es decir, inocentes cuando se trata del mal.

2° Titulo:

Devora su intelecto. (1ª a los Corintios 2:14. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.).

   Referencias Bíblicas: 1ª de Reyes 3.9 al 12. Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto. Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio, he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. 

El pecado Devora la mente y el corazón: Daniel 4:16. Su corazón de hombre sea cambiado, y le sea dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos. ▬2ª de Co. 3:14. Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado; 4:4. en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. ▬Efesios 4.18. teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; ☻21ª de Juan 2:11. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos. ▬ Jeremías 4:22. Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron. 

   Definición de intelecto

   Lo primero que hay que hacer es dejar patente que intelecto es una palabra que tiene su origen etimológico en el latín. En concreto, procede de “intellectus” y es fruto de la unión de dos componentes de dicha lengua: el prefijo “inter-“, que es sinónimo de “entre”, y el vocablo “lectus”, que puede traducirse como “escogido”.

Intelecto es la potencia cognoscitiva racional de un ser humano. Se trata del entendimiento y de la facultad de pensar del hombre. Por ejemplo: “El novelista demostró su gran intelecto al realizar un lúcido análisis de la situación del país”, “El presidente es muy simpático, pero no se destaca por su intelecto”, “Al club lo sacaremos adelante con el intelecto, no con soluciones mágicas”.

El intelecto supone la capacidad de desarrollar representaciones mentales de la realidad y de relacionarlas entre sí. El concepto puede asociarse a la inteligencia, la reflexión y el raciocinio.

La capacidad de entender la unidad de lo semejante y de pasar de lo individual a lo universal (y viceversa), de elaborar y vincular conceptos y de comprender distintas problemáticas forma parte del intelecto.

No podemos pasar por alto tampoco el hecho de que además se considera que el intelecto humano tiene varias funciones importantes como son las que exponemos a continuación:
• Atención, que ayuda a estar alerta ante un hecho o situación concreta.
• Sensopercepción, que es la que permite captar los estímulos externos a través de los diversos sentidos.
• Imaginación, que se define como la capacidad que tiene el intelecto de pensar en imágenes.
• Memoria, que da la oportunidad al hombre y a la mujer de usar el pasado en el momento presente.
• Afectividad. Con este término nos referimos a las sensaciones y a los sentimientos que experimentamos y que hacen que cambie nuestro estado de ánimo.
• Pensamiento, que es el que permite diferenciar al ser humano del resto de seres vivos. Es más, es el que hace que se establezca como superior frente al resto de seres que moran en el planeta.

Para la psicología, el intelecto está vinculado a la conducta y al comportamiento. La neurología, en cambio, asocia el intelecto a la estructura del cerebro y al sistema nervioso (es decir, al soporte material de la conducta). Otra ciencia que se acerca a la noción de intelecto es la sociología, a partir del estudio de las relaciones entre los seres humanos.

Lo perteneciente o relativo al intelecto se conoce como intelectual (“Resolver este enigma es un desafío intelectual difícil de superar”). Este término también se utiliza para nombrar a la persona que se dedica a las ciencias y a las letras y que pasa gran parte de su tiempo estudiando la realidad y reflexionando sobre los problemas sociales (“El escritor portugués es considerado como un intelectual comprometido con la situación de la mujer”).

   Comentario: El hombre no espiritual y el espiritual: Pablo concluye este capítulo con un último contraste. Primero declara en forma negativa lo que el no espiritual es incapaz de hacer. Después habla en forma positiva acerca del hombre espiritual y, finalmente, concluye que él y los lectores de su epístola tienen «la mente de Cristo». [14]. El hombre no espiritual no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son una insensatez y no es capaz de entenderlas porque se disciernen espiritualmente.

▬a. «El hombre no espiritual». La palabra griega que hemos traducido «no espiritual» aparece aquí y en otros cuatro lugares del Nuevo Testamento. La traducción declara lo que el hombre no es, esto es, espiritual. Esto es exactamente lo que Pablo quiere decir al contrastar a una persona no espiritual con una persona espiritual. «El primero es el hombre animado, esto es, lleno de alma en el sentido de fuerza viviente, es el hombre natural en contraste con el hombre espiritual». El hombre natural pertenece al mundo, mientras que el espiritual pertenece a Dios. Uno es no creyente, el otro es creyente, uno carece del Espíritu, mientras que el otro tiene al Espíritu; uno sigue sus instintos naturales (Jud. 19), el otro sigue al Señor.

▬b. «[El hombre no espiritual] no acepta las cosas del Espíritu de Dios». Aunque el verbo aceptar es sinónimo de recibir (véase el v. 12), la diferencia es notable. El primer verbo está en voz activa y se refiere al objeto que es aceptado. El segundo verbo está en voz pasiva y describe la manera en que se recibe el objeto. La traducción no acepta es lo mismo que rechaza. El hombre no espiritual repudia las cosas del Espíritu de Dios porque no las entiende ni las desea. Sólo acepta las cosas del mundo.

▬c. «Porque para él son una insensatez». Las cosas espirituales tienen que ver con el pecado, la culpa, el perdón, la redención, la salvación, la justicia y la vida eterna. Para el que no es espiritual estas cosas no tienen sentido, son irrelevantes y hasta estúpidas. No tienen lugar en la vida que sólo se limita al mundo presente.

▬d. «Y no es capaz de entenderlas porque se disciernen espiritualmente». Pablo habla de una incapacidad que viene por la ausencia del Espíritu Santo en la vida del no creyente. Se da por sentado que el incrédulo podría superar al cristiano en muchas maneras: intelectualmente, en su educación, filosóficamente y hasta moralmente. Podría ser un ciudadano ejemplar y un líder en la sociedad que evita los excesos sensuales que caracterizan a otra gente. A pesar de todo eso, el incrédulo es incapaz de entender los asuntos espirituales.

Está privado de la presencia interior del Espíritu Santo para que ilumine su entendimiento. Pablo afirma que el incrédulo es incapaz de comprender verdades espirituales porque éstas «se disciernen espiritualmente». El verbo se discierne es significativo. Primero, apunta al proceso continuo de evaluar el contexto espiritual en el que vivimos. Segundo, la voz pasiva del griego denota que, guiado por el Espíritu Santo, el creyente es capaz de probar los espíritus, a fin de determinar si vienen de Dios (cf. 1 Jn. 4:1). El creyente que se somete a Dios debe juzgar todas las cosas espiritualmente.

   El agnóstico o el ateo no tiene la capacidad para juzgar espiritualmente, porque él mismo está muerto en delitos y pecados (Ef. 2:1). En cuanto a cuestiones espirituales, es como el hombre que golpea el interruptor durante un corte de energía, quedándose sin luz. Peor aún, no tiene idea de qué causó el corte ni es capaz de predecir cuánto durará el apagón. No posee ningún poder para cambiar la situación y sólo le queda esperar que restituyan el suministro de corriente. Asimismo, a menos que el poder del Espíritu entre en su vida y lo ilumine espiritualmente, permanecerá en la oscuridad espiritual. El Espíritu Santo capacita al ser humano para que vea claramente el camino que lleva a la vida y a evaluar con exactitud las circunstancias en las que se encuentra.

3er Titulo:

Condena su alma. (Ezequiel 18:4. He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.).

   Referencia: Ro. 14:8. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. ▬Dt, 32:6. ¿Así pagáis a Jehová, Pueblo loco e ignorante? 

¿No es él tu padre que te creó? Él te hizo y te estableció. ▬Nm.3:13. Porque mío es todo primogénito; desde el día en que yo hice morir a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, santifiqué para mí a todos los primogénitos en Israel, así de hombres como de animales; míos serán. Yo Jehová. Sobre alma que pecare: Gé. 3:19; Dt. 32:51; 1ª Cr. 10:13; Pr. 11:19; Ro. 5:12; 6:23.

   Comentario: (2) Mensaje sobre la responsabilidad individual, 18:1–4. El cap. 18 de Ezequiel es uno de los más significativos del libro desde un punto de vista teológico/doctrinal, y desde esta perspectiva debe reconocerse su relación con el cap. 33; la enseñanza contenida en estos pasajes puede ser vista como un paso adelante en la revelación. El tema central del capítulo se puede sintetizar en la frase responsabilidad individual, un concepto para nosotros es claro u obvio, desde el punto de vista cristiano, pero no era tan claro para los contemporáneos del profeta. Recordemos que, en el Antiguo Cercano Oriente, y no solo en Israel, el concepto de personalidad corporativa era aceptado y muy fuerte. ¿Qué significa esto?

   Comenzamos diciendo que el enfoque general del hombre en la Biblia es por el ser humano en unión y solidaridad con los demás individuos. Anticipamos que esta concepción no era privativa de la mentalidad de Israel. De hecho, se encuentra en otras muchas culturas, sobre todo en las antiguas y más o menos “primitivas”. Evidentemente, en condiciones físicas difíciles y hostiles, afrontadas con pocos medios, el individuo aislado perecía rápidamente. Nadie podía vivir aislado, por ejemplo, en un desierto que era el ambiente natural cercano al hombre que vivió en el Antiguo Cercano Oriente. Para la propia supervivencia personal era necesario pertenecer a un grupo humano que sirviera de defensa y protección. No era una opción, se trataba de una necesidad elemental.

   En esta mentalidad lo que hace, o le ocurre a un miembro tiene repercusiones en los otros, como si fuera algo propio. El destino común es también destino de cada uno. Es en este contexto que se debe entender la frase de que los hijos cargan con la iniquidad de los padres hasta la tercera y cuarta generación (Éx. 20:5). Claro que esto terminó pareciendo injusto a medida que se fue desarrollando la sociedad (comp. 2 Sam. 24:17), pero se conservó durante mucho tiempo como pauta o modelo, y quedó finalmente como un substrato mental. Esto explica parcialmente el uso del proverbio o refrán que se cita en el v. 2 y al que hace también referencia Jeremías (31:27–30).

    Al mismo tiempo, debemos tener presente una característica del ser humano desde sus orígenes, y es el deseo de deshacerse de la culpa o responsabilidad de lo que estaban viviendo. La combinación de los dos elementos mencionados lleva al concepto que se aceptaba en ese tiempo, que su generación estaba pagando las culpas de los antepasados.

   Esta era y es una enseñanza muy peligrosa y perniciosa, pues necesariamente lleva a una actitud de fatalismo y a la falta de asumir la responsabilidad propia.

   A pesar de las diferencias cronológicas y geográficas en nuestra América Latina es común esta misma actitud; cada generación, tanto de líderes políticos como de religiosos, suele descargar la responsabilidad sobre los que les antecedieron, de manera que nadie asume su responsabilidad. Es justamente contra esta actitud que se enfrentó el profeta.

   Aunque tanto el cap. 18 como más adelante el cap. 33 enfrentan directamente el problema, la primera confrontación con esta idea se encuentra en el pasaje del centinela (3:16–21). Como vigía el profeta debía advertir, exhortar y así proteger al pueblo anunciando la palabra de Dios; si los que eran advertidos se negaban a escuchar, el profeta había cumplido su compromiso a Dios, y aquellos que habían pecado serían responsables por sí mismos.

   En cuanto a su forma literaria, el capítulo está estructurado como una controversia, en la que el profeta responde a ciertas afirmaciones populares que demandan una refutación. Por eso es posible dividirlo en tres secciones a partir de las afirmaciones del pueblo que sirven de pie a la respuesta del hombre de Dios.

   La primera división (vv. 1–18) comienza con una introducción general al capítulo (v. 1), en la que el profeta vuelve a afirmar la autoridad divina sobre lo que va a decir. El dato que llama la atención es que no hay referencia a un mandato a predicar, pasa de la declaración de la revelación al mensaje propiamente dicho. El v. 2 introduce el tema o tesis del planteamiento de aquellos a los que responde el profeta; su problema lo presentan por medio de un refrán o proverbio (como ya se ha mencionado, ese es el significado de la palabra hebrea mashal4910). Hay algunos elementos iniciales que tomar en cuenta al pensar en el v. 2. El primero tiene que ver con aquellos a quienes se dirige el profeta, en otras palabras, a quienes se refiere cuando usa el término vosotros. Para algunos se dirige a los habitantes de la tierra de Israel, por la referencia al proverbio que se usa allí; mientras que para otros a los exiliados. Esta última parece la mejor alternativa, pues es posible que estos se vieran a sí mismos como inocentes. El segundo tiene que ver con la interpretación de la frase acerca de la tierra de Israel. Para algunos autores debe ser leída “en la tierra”, es decir, como una referencia a lo que estaba ocurriendo en ese lugar. Si tomamos esta interpretación es factible pensar que el vosotros se refiera a los habitantes de Jerusalén. Pero se puede interpretar la frase como concerniente, lo que muestra el nivel de involucramiento que ellos tenían con lo que ocurría allí. Si lo que está diciendo se refiere a la tierra natal que se encuentra a tantos kilómetros de distancia, ¿por qué la reprensión de Dios por el uso de esta frase? ¿No será porque ellos la estaban usando como una vía de escape para asumir su irresponsabilidad?

   En cuanto al proverbio mismo, como ya hemos dicho, se cita también en Jeremías 31:29. El sentido del mismo es claro: Las consecuencias de la acción de los padres cae sobre los hijos. El comer uvas agrias, era una costumbre de la zona; no se trata de uvas de mal sabor, son un tipo de uvas, pero que podía (de hecho, lo hacía) traer consecuencias sobre los que abusaban de ellas, acidez en la boca. Como escribió alguien es como decir: “los padres se emborracharon y los hijos tienen la resaca”.

   La pregunta es: ¿Con qué sentido usan este proverbio? Se puede hacer referencia a dos motivaciones. Por un lado, estaban cuestionando la justicia de Dios: Nos hace pagar por el pecado de nuestros antepasados. Es posible que ellos se compararan con algunas generaciones anteriores (por ejemplo, la del rey Manasés, comp. 2ª de Rey. 21:9–11) y llegaran a la conclusión de que eran éticamente mejores. ¿Por qué debían pagar por los pecados de ellos?

   Otra posibilidad es que ellos estaban haciendo una afirmación fatalista, una resignación ante las reglas inmutables de causa y efecto. No acusaban a Dios de tener una actitud injusta, sino que finalmente estaban recibiendo lo que sus padres sembraron y que nada podía cambiar este hecho. Es posible que por un lado ellos sintieran que estaban pagando por el pecado de sus antepasados (cosa que el mismo Ezequiel afirmó) y al mismo tiempo pensaran que era algo inevitable e inalterable. Sin embargo, la consecuencia de una actitud de esta naturaleza lleva a un fatalismo y abandono ético. Si nuestros padres tuvieron este tipo de conducta nosotros estamos predeterminados a la misma, como algo incambiable.

   La respuesta de Dios se encuentra en los vv. 3–4. Comienza con una afirmación de la soberanía y justicia divina (vv. 3, 4) para luego presentar tres ejemplos de aplicación de esta declaración inicial.

   Notemos que esta sección comienza (v. 3) con la conclusión para luego pasar a los fundamentos. La declaración del v. 3 comienza con una fórmula de juramento: Lo que se va a decir está basado en la persona de Dios mismo; tan cierto como que Dios es un Dios vivo y activo es que ellos ya no tendrán la oportunidad de usar este proverbio.

   Esta declaración inicial está basada en dos fundamentos básicos. El primero tiene que ver con el derecho de propiedad que Dios tiene sobre toda vida. La palabra clave del v. 4 es nefesh5315, que la RVA traduce alma, pero como ya hemos visto anteriormente significa literalmente vida/respiración, que es al mismo tiempo sinónimo de persona. No debe confundirse con el concepto de “alma” como la parte espiritual y eterna de una persona; semejante concepto era extraño al pensamiento hebreo que consideró a cada persona como una “vida” o “alma”. En el pensamiento del AT no hay una dicotomía, el ser humano es una unidad.

   La expresión todas las almas son mías (todas las vidas/personas) señala el derecho que tiene Dios no solo porque nos creó sino porque es el que nos sostiene (ver, por ejemplo, Isa. 42:5; Sal. 104:29). Esto puede tomarse como una declaración contra el fatalismo del que hablamos más arriba, un fatalismo/determinismo basado en una concepción materialista. Ellos no eran víctimas de un “destino” señalado por las leyes de la herencia. Dios es dueño de cada persona, su vida está en las manos de Dios.

   La segunda fundamentación está representada por la frase el alma (la vida/persona) que peca, esa morirá. Sobre esta afirmación se hablará un poco más cuando veamos el v. 20; basta decir que aquí se afirma que hay un reconocimiento de la relación culpa-castigo; o pecado y su retribución. Todas las personas son personalmente responsables ante Dios por su propio pecado.

    Ezequiel no estaba contradiciendo el concepto bíblico de solidaridad corporativa que era una parte esencial de pensamiento hebreo; ni él estaba introduciendo una nueva doctrina.

   La meta de Ezequiel era reconstruir Israel como el pueblo santo de Dios. Semejante comunidad tendría que ser creada en base a la opción de individualidad, cada individuo tomando decisiones propias.

   La historia de Acán en Josué 7:1–26 es un ejemplo clásico de responsabilidad corporativa. Acán pecó, pero su familia entera sufrió por su pecado. Semejante pasaje es difícil de entender a menos que nosotros veamos la distinción bíblica entre la culpa y consecuencias. En el caso de Acán él era especialmente culpable (7:21), pero su familia que puede haber compartido la culpa permaneciendo callada sobre su pecado, debió compartir las consecuencias de su culpa que era la muerte.

   Individualmente cada persona es responsable por la culpa de su propio pecado. Pero nosotros siempre debemos ser conscientes de que las consecuencias del pecado afectarán a otros.

   El profeta sabiamente hace esta declaración para ahora pasar a ilustrarla a lo largo de los versículos siguientes. La elección de tres casos está directamente relacionada con lo establecido en la ley de que no se puede probar una acusación sin la presencia de por lo menos dos o tres testigos (ver Deut. 17:6; 19:15).

    Definición de ALMA En las Escrituras y la historia de la teología y la filosofía, la palabra “alma” tiene una variada y compleja constelación de significados. Si bien en la teología popular se usa frecuentemente para referirse a la parte interior de la persona (el aspecto no físico de cada ser humano), en las Escrituras también se emplea de otras maneras.

   Antiguo Testamento En el AT hebreo, la palabra que generalmente se traduce “alma” es nephesh, que aparece más de 750 veces y quiere decir principalmente “vida” o “que posee vida”. Se usa tanto para los animales (Gén. 9:12; Ezeq. 47:9) como para los seres humanos (Gén. 2:7). La palabra a veces se refiere a la persona en su totalidad, como por ejemplo en Gén 2:7 donde Dios sopla hálito de vida (neshamah) al polvo y así crea un “alma” (nephesh). Un uso similar aparece en el texto hebreo de Gén. 12:5 donde Abraham toma a todas las nephesh que estaban con él en Harán y se dirige hacia Canaán. De modo similar, en Núm. 6:6 se usa como sinónimo del cuerpo (el nazareo no debe acercarse a un nephesh muerto, Lev. 7:21; Hag. 2:13).

   La palabra también se utiliza en el AT para aludir a la vida interior y los estados psicológicos o espirituales de la persona. En el Sal. 42, por ejemplo, el alma ansía conocer a Dios. “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Sal. 42:1). El resto de este salmo se hace eco del deseo interior de conocer a Dios (vv.2,4-6,11). En 2 Rey. 4:27, el alma de la mujer sunamita “está en amargura”. En 2 Sam. 17:8, Husai habló a Absalón diciendo: “Tú sabes que tu padre y los suyos son hombres valientes (literalmente, exacerbados en el alma, nephesh) y que están con amargura de ánimo”. La palabra también se refiere al origen de la emoción, como en Job 30:25: “¿No lloré yo al afligido? Y mi alma, ¿no se entristeció sobre el menesteroso?” (comp. 1 Sam. 1:10; Sal. 86:4; Cant. 1:7). Hasta puede referirse a las actitudes de Dios: “Mi alma aborrece vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes” (Isa. 1:14).

   “Alma” en el AT también puede referirse al apetito físico. “Puedes matar y comer carne en todas tus poblaciones conforme a tu deseo (lit. tu nephesh)” (Deut. 12:15; comp. vv.20,23; Miq. 7:1). El término a veces es simplemente otra manera de aludir a uno mismo. Es así que en Jue. 16:16 vemos que Sansón se cansó hasta el punto que “su nephesh fue reducida a mortal angustia” provocada por los fastidios de Dalila. Asimismo, Jonatán se describe como alguien que amaba a David “como a sí mismo (nephesh)” (1 Sam. 18:1). Salmo 120:6 y Ezeq. 18:4 son pasajes similares.

   Nuevo Testamento La palabra griega psuche tiene un significado muy similar al vocablo hebreo nephesh. Frecuentemente se equipará el alma con la totalidad de la persona. Romanos 13:1 dice: “Todos (lit. cada alma) deben someterse a las autoridades públicas”, lo que iguala “alma” con “persona” (comp. Hech. 2:41; 3:23). Habrá “tribulación y angustia sobre todo ser humano (psuche) que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego” (Rom. 2:9). Alma en el NT también indica emociones o pasiones: “Mas los judíos que no creían excitaron y corrompieron los ánimos (psuche) de los gentiles contra los hermanos” (Hech. 14:2). En Juan 10:24, los judíos le preguntaron a Jesús: “¿Hasta cuándo nos turbarás el alma?” Jesús también dijo a los discípulos que debían amar a Dios con toda su alma (Mar. 12:30), lo que hace referencia a la energía y pasión que deberían estar presentes en el amor hacia Él.

   El NT también habla del alma como algo que se puede distinguir de la existencia física de una persona. Jesús señaló esto cuando observó: “No temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mat. 10:28). Santiago parece haber pensado lo mismo cuando concluyó su carta: “sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma” (Sant. 5:20; comp. Apoc. 6:9; 20:4). Esta puede ser la idea subyacente en Mar. 8:36: “Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” Las Escrituras enseñan con claridad que las personas continúan existiendo en forma consciente después de la muerte física. Jesús señaló que, por ser el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, Él es el Dios de los vivos. Ellos aún viven, sus almas regresaron a Dios (Ecl. 12:7). Además, Pablo igualó estar ausente del cuerpo a estar presente con Cristo. La existencia eterna es segura, ya sea en el aspecto “inmaterial” del alma, que sigue conscientemente viva con Dios después de la muerte a la espera de ser completa en la resurrección, o que los creyentes existan en algún tipo de forma física (Fil. 1:23; 2 Cor. 5:1-10; Luc. 23:43).

   El NT suele usar “alma” (psuche) de manera intercambiable con “espíritu” (pneuma). Juan 10:17 habla de entregar la propia vida (psuche), y en Juan 19:30 Jesús entregó Su espíritu cuando dio Su vida. Hechos 27:10,22 habla de perder la vida en el sentido de que el alma abandona el cuerpo. Mateo 11:29 habla del descanso para el alma, mientras que 2 Cor. 7:13 habla del espíritu confortado de Tito. Santiago 5:20 habla de la salvación del alma, mientras que 1 Cor. 5:5 habla de la salvación del espíritu. Haciendo uso del paralelismo hebreo, María canta: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Luc. 1:46,47). Aquí, el espíritu y el alma no son diferentes partes del ser humano sino la misma. Aunque algunos intérpretes señalan Heb. 4:12 y 1 Tes. 5:23 para intentar distinguir estos dos componentes, la gran mayoría de los textos demuestra que no son distintos. El NT no hace una distinción fundamental entre el alma y el espíritu en la persona, sino que los considera términos intercambiables.

    Consideración teológica Los cristianos generalmente han seguido uno de dos enfoques para entender la relación entre el cuerpo y el alma. La mayoría cree en el dualismo holístico: que hay una diferencia entre cuerpo y alma, pero que los dos están unidos por Dios de manera tal que los seres humanos no están completos cuando el cuerpo y el alma están separados. Algunos sostienen la creencia monista de que el alma de ninguna manera se puede separar del cuerpo. Prácticamente todos los que creen en el segundo concepto también han creído que, después de la muerte, los cristianos “duermen” y esperan la resurrección. A la luz de los textos enunciados previamente, este punto de vista parece insostenible. Sin embargo, un error aún más serio es la idea gnóstica de que el cuerpo es inferior al alma porque está compuesto por materia. Dichas personas enseñan que la salvación se alcanza liberando el alma del cuerpo. La Escritura jamás presenta esa perspectiva. Ver Antropología; Espíritu; Salvación. (Fred Smith y Chad Brand). (Diccionario Bíblico ilustrado por Holman).

Bibliografía: Comentario Bíblico Mundo Hispano tomo 11 y 12; Comentario del Nuevo Testamento de Romanos y Corintios por William Hendriksen y Simon J. Kistemaker; Diccionario Bíblico ilustrado por Holman.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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