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Semana del 02 al 08 de marzo de 2020: “Conductas pecaminosas invisibles en la vida del joven”.

Semana del 02 al 08 de marzo de 2020: “Conductas pecaminosas invisibles en la vida del joven”.

Lectura Bíblica: 1ª de Pedro 2.1. Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones.

   Comentario: Creced espiritualmente 2:1

Pedro llega a las exhortaciones finales acerca del tema de la santidad—un tema que introduce y explica en el capítulo anterior (1:13–25). El anima a los lectores a sacarse de encima las actitudes negativas y los insta a expresar su necesidad de alimento espiritual, para que puedan madurar en la fe y en el conocimiento.

   [1]. Por lo tanto, líbrense de toda malicia y de todo engaño, de hipocresía, de envidias y de toda calumnia.

La primera parte de esta oración es “por lo tanto”. En base a lo que Pedro dijo en la sección final del capítulo que antecede (1:22–25), llega ahora a una conclusión: a saber, que los renacidos hijos de Dios deben exhibir su nueva vida en su conducta diaria.

Cuando alguien nace de nuevo (1:23), esperamos ver la evidencia de ello en su conducta personal. De hecho, anticipamos un comportamiento que sea peculiarmente cristiano.

¿De qué modo han de vivir los destinatarios la vida cristiana? Pedro brinda su instrucción: “Líbrense de toda malicia”. En el griego, utiliza un verbo que conlleva la imagen de quitarse las ropas, ya que dice: Líbrense de toda malicia”. (Pablo utiliza la misma metáfora: Despojaos del viejo hombre” [Ef. 4:22 VRV; véase también Col. 3:9]). Hablando en sentido figurado, Pedro les dice a sus lectores que deben quitarse la vestimenta de la malicia, del engaño, de la hipocresía, de las envidias y de la calumnia.

Þa. “Toda malicia”. Esta es la primera maldad que se menciona en el catálogo de pecados. Nótese que la palabra toda abarca todo y no da lugar a excepciones. En su lista de pecados Pedro escribe el término toda lo tres veces. La palabra malicia significa aquella mala voluntad que se origina en nuestra naturaleza pecaminosa. Si permitimos que este mal se exprese en nuestras relaciones con los demás, el amor por nuestro prójimo desaparece. En suma, la malicia es el deseo de causar dolor, daño o agravio a nuestro prójimo.

Þb. “Todo engaño”. Una vez más Pedro utiliza el adjetivo todo para incluir todo lo que sea engañoso. Hace alusión a cierto número de acciones abarcadas por la frase todo engaño: la falsedad, la astucia, la seducción, la difamación y la traición. El significado del concepto engaño se manifiesta, por ejemplo, en la descripción que Pablo hace del mago Elimas de la Isla de Chipre. Pablo lo llama “hijo del diablo y enemigo de toda justicia”. Luego añade: “Tú estás lleno de engaño y de maldad” (Hch. 13:10). El engaño toma la apariencia de la verdad para atrapar al incauto. Por consiguiente, el engaño y la hipocresía son mellizos: por el engaño una persona es extraviada, y por la hipocresía es engañada.

Þc. “Hipocresía, envidias”. Estas dos palabras aparecen en plural en el griego original. La persona hipócrita finge ser lo que no es, es una persona con doble corazón y con lengua mentirosa. Por ejemplo, Jesús reprendió a los fariseos y maestros de la ley por su hipocresía cuando les dijo: “¡Hipócritas! Bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: ‘Este pueblo de labios me honra más su corazón está lejos de mí’” (Mt. 15:7–8; Is. 29:13). La envidia es una actitud que se expresa en el deseo de poseer lo que pertenece a otro. La envidia frecuentemente lleva al rencor.

Þd. “Y de toda calumnia. Aunque la NVI no lo indique, el griego pone las palabras calumnia y toda (es decir, todas) en plural y dice literalmente: “Y todas las detracciones” (VRV). También por tercera vez en este catálogo de vicios, Pedro utiliza el adjetivo todo. El da a entender que la lengua es un instrumento presto y predispuesto a hablar a espaldas de nuestro prójimo (cf. Ro. 1:30; 2 Cor. 12:20; Stg. 4:11). La calumnia se manifiesta de numerosas maneras y el abuso de la lengua da ímpetu a otros pecados.

Pedro no les dice a sus lectores que deben luchar contra estos males, sino que deben dejarlos de lado como un traje y eliminarlas. Nos quitamos nuestra vieja naturaleza y disfrutamos de nuestra nueva vida en Cristo cuando anhelamos el alimento espiritual y crecemos en nuestra salvación.

1er Titulo:

El corazón, fuente de conductas pecaminosas (San Marcos 7: 21 al 23. 21Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.).

   Comentario: (el comentario esta tomado desde el versíc. 20 para mayor comprensión). Tras dejar en claro lo que no contamina, Jesús pasa a afirmar entonces (cf. v. 15b más arriba) lo que realmente contamina a una persona. Solamente que esta vez combina todas las cosas contaminantes de los versículos 15b, 21–23 en un solo paquete, [20]. Continuó, “Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre”. Y lo amplía añadiendo: [21], [22]. Porque es de dentro, de los corazones de los hombres de donde se levantan las malas intenciones: pecados sexuales, hurtos, homicidios, adulterios, codicias, actos inicuos, engaño, lujuria, envidia, lenguaje abusivo, arrogancia, insensatez.

Después de lo dicho acerca del corazón en 6:52, no es extraño que Jesús lo describa aquí como la fuente de los sentimientos, aspiraciones, pensamientos y acciones humanas; en el caso presente, de toda su verdadera corrupción moral y espiritual.

   Los términos que Jesús usó esta vez para describir los corruptivos vicios que contaminan al hombre, en el Nuevo Testamento se distribuyen como se ve en el gráfico que damos más abajo.

Es imposible detectar una agrupación detallada punto por punto. En este sentido, el pasaje paralelo de Mateo 15:19 es diferente. Allí, después de la designación introductoria “malas intenciones”, y comenzando con “homicidios”, la distribución sigue más o menos la secuencia de la segunda tabla del Decálogo. Pero aquí en Marcos (7:21, 22) todo lo que con seguridad podemos decir es que primero ocurre lo que se puede considerar un encabezamiento: “las malas intenciones” (o: “sistemas”, “maquinaciones”). Después los primeros 6 pecados están en plural, y los últimos 6 se conservan en singular. Los primeros 6 describen acciones perversas; los 6 últimos los perversos impulsos y palabras que están relacionadas con tales acciones afines.

Otras listas de vicios se pueden hallar en Ro. 1:18–32; 13:13; 1 Co. 5:9–11; 6:9, 10; 2 Co. 12:20; Gá. 5:19–21; Ef. 4:19; 5:3–5; Col. 3:5–9; 1 Ts. 2:3; 4:3–7; 1 Tim. 1:9, 10; 6:4, 5; 2 Tim. 3:2–5; Tit. 3:3, 9, 10; 1 P. 4:3; Ap. 21:8; 22:15.

Decir que la lista de Marcos es paulina porque 8 de los 12 puntos se hallan también en las epístolas de Pablo (véase gráfico) es ir demasiado lejos. ¿No sería más bien algo muy extraño si en más de doce listas de vicios que menciona Pablo no estuviese incluida la mayoría de vicios mencionados aquí en Marcos 7:21, 22? Además, en aquellos días, y aun antes, tales listas de vicios eran populares. El libro apócrifo La Sabiduría de Salomón 14:25ss incluye los vicios 2, 3, 4, 7, y 8 de la lista que se halla en Marcos 7:21, 22. Los rollos del Mar Muerto contienen también listas semejantes.329 Y la lista de los 12 vicios atribuida a Cristo aquí no se parece mucho a ninguna lista de los escritos de Pablo (o de Pedro, etc.). Tiene que haber sido la propia lista de Cristo, reproducida por Marcos y abreviada por Mateo.

En cuanto a los vicios por separado obsérvese lo siguiente:

El término introductorio “malas intenciones” (“intrigas” o “maquinaciones”) es literalmente “aquellos malos diálogos (internos)”. Una persona frecuentemente desarrolla diálogos mentales (véase Sal. 14:1; 39:1; 116:11; Dn. 5:29, 30; Abd. 3; Mr. 2:6, 7; 5:28; Lc. 12:17ss; 15:17–19; 16:3, 4; Ap. 18:7). De los textos recién mencionados entre paréntesis, tres de ellos (Sal.39:1; Mr. 5:28; Lc. 15:17–19) presentan un “diálogo” (o “reflexión”) se puede describir como bueno. Uno (Lc. 16:3, 4) es mitad bueno y mitad malo, según lo muestra el contexto. Todos los demás casos son malos. Esto también es válido en los casos en que la misma palabra “diálogo” o “dialogar” se usa. En casi todos los casos (Lc. 2:35 es una posible excepción) las reflexiones o razonamientos internos son de naturaleza definidamente pecaminosa. Además de Mt. 15:19; Mr. 7:2, véase Lc. 5:22; 6:8; 9:46, 47; 24:38; Ro. 1:21; 14:1; 1 Co. 3:20; Fil. 2:14; 1 Ti. 2:8; Stg. 2:4. No obstante, lo que una persona habla dentro de su corazón es probablemente aún más importante que lo que dice a viva voz (Pr. 23:7).

Una de las razones de por qué tales diálogos son tan importantes es porque provocan acciones y estimulan impulsos internos. También se revelan con palabras habladas. Estos varios vicios se enumeran ahora por medio de ejemplos: 6 plurales, seguidos de 6 singulares; 6 tipos de acciones, seguidas de 6 que representan móviles, tendencias (o estados) del corazón (véase los números 7, 8, 9, 11, 12 en el gráfico) y de la palabra (no. 10). El contexto presente muestra a Jesús en el acto de describir lo que corrompe o contamina a una persona, y los doce pecados que menciona son sin excepción de carácter perverso.

Los primeros seis son los siguientes:

  Pecados sexuales o actos inmorales. En su sentido más amplio, el término que aquí se usa apunta a pecados sexuales en general, a la conducta sexual ilícita de todo tipo, sea dentro o fuera de los lazos matrimoniales. Por lo general el pecado acontece fuera del lazo matrimonial, pero no siempre. En Mt. 5:32; 19:9 se refiere a la infidelidad matrimonial. En Jn. 8:41 se habla de relaciones sexuales ilegales. En Hch. 15:20, 29; 21:25 podría haber una referencia especial al matrimonio dentro de los grados de afinidad o consanguinidad prohibidos (véase Lv. 18:6ss.). Pablo usa la palabra muchas veces (véase el gráfico). Cubre un amplio rango de actos sexuales pecaminosos.

También hoy día debemos llamar la atención a esta ancha banda de desmanes. Sólo necesitamos mencionar cosas tales como violaciones, mostrar y/o leer literatura pornográfica, relaciones sexuales prematrimoniales, contar u oír con entusiasmo chistes indecentes, etc.

   ÞHurtos. Según lo muestra el gráfico, la palabra aparece muy pocas veces en el Nuevo Testamento, pero con frecuencia se hace referencia a este pecado (véase CNT sobre Ef. 4:28; Tit. 2:9, 10; Flm. 18–20). Muchos esclavos tenían la costumbre de robar. Aun después de su conversión había que exhortarles para que no volviesen a sus malos caminos.

¿No se debería hoy amonestar a los que hurtan en las tiendas? ¿Y a los holgazanes en el trabajo? ¿Y a los que malgastan lo que Dios les ha dado? ¿Y a los que omiten intencionalmente dar a César lo que es de César? Y cuando un gobierno o alguna de sus agencias hace mal uso del dinero de los contribuyentes, ¿no es también una forma de robar? ¿Y qué diremos de retener las cosas que son de Dios?

   ÞHomicidios. No sabemos con certeza por qué se mencionan los homicidios en relación con los pecados precedentes. Puede que haya alguna razón para esto. ¿Acaso no se cometen homicidios en el escenario mismo donde ocurren los actos inmorales y los robos?

Nos horrorizamos ante el asesinato de los niños perpetrado por Herodes. ¿No reclama venganza al cielo la sangre de miles de fetos que en nuestro tiempo son asesinados (el aborto)? ¿Puede armonizarse esto de alguna manera con las Escrituras? Léase Ex. 20:13; Lv. 18:21; 20:2ss; 2 R. 23:10; Jer. 32:35; Ex. 16:21; Am. 1:13; Mt. 7:12; Ef. 4:32; 5:1, 2.

   ÞAdulterios. Consiste en la violación de los votos matrimoniales. Esto ocurre cuando un hombre casado voluntariamente tiene relaciones sexuales con una mujer que no es su esposa; o cuando una mujer casada voluntariamente tiene relaciones sexuales con otro que no sea su esposo.

Debe dejarse en claro, sin embargo, que Jesús aguzó el filo de cada mandamiento. Enseñó que el odio es homicidio (Mt. 5:21, 22), y que la mirada lasciva de un hombre casado hacia otra mujer es adulterio (Mt. 5:28).

Se ha dicho que una de las razones de la caída del imperio romano fue que la mujer se casaba para poder divorciarse, y que se divorciaba para poder casarse. ¿Y qué hay de la situación de hoy?

   ÞCodicias. No sabemos bien la razón de la secuencia “adulterios, codicias”, pero si nos propusiésemos hallar alguna relación tendríamos que pensar en primer lugar en la apropiación voraz en materias de sexo, en perjuicio de otros: “No codiciarás … la mujer de tu prójimo”. Pero Ex. 20:17 y Mr. 7:22 son lo bastante amplios como para incluir toda forma de avaricia (cf. Lc. 12:15).

Cuando pecaminosamente los ancianos de Israel pidieron tener rey, se les dijo que este rey tomaría … tomaría … tomaría … tomaría … tomaría … (1 S. 8:11–17). Dios, en Cristo, da y da y da y vuelve a dar sin fin (Jn. 1:16; 3:16; 5:26; 17:22; Ro. 8:32; Gá. 1:4; 2:20; Ef. 1:22, 5:25; 1 Ti. 2:6; Tit. 2:14; 1 Jn. 5:10; etc.). Los verdaderos seguidores de Cristo no son avaros o codiciosos (véase 2 Co. 8:8, 9).

   ÞActos inicuos. Esto bien podría ser la suma de todas las manifestaciones de la maldad, tanto las ya mencionadas como también otras.

Los seis restantes son:

   ÞEngaño. Esta es la primera de las seis actitudes o impulsos pecaminosos que se han mencionado. Los hechos ya enumerados están estrechamente relacionados con esas malvadas tendencias de la naturaleza humana.

Donde Marcos dice engaño, Mateo menciona falsos testimonios. Los dirigentes de los judíos planeaban usar el engaño para llevar a cabo la muerte de Cristo (Mr. 14:1). Según 2 Corintios 12:16 los enemigos de Pablo acusaron al apóstol de engaño. ¿Insinuaban quizás que el apóstol quería apropiarse de algo del dinero que había sido donado para los pobres de Jerusalén? Claro que esto estaba muy lejos de los pensamientos de Pablo (cf. 1 Ts. 2:3). Es evidente por Juan 1:47, que el engaño es algo muy común. Un hermoso pasaje es 1 Pedro 3:10.

   ÞLujuria. Otras formas para designar esta misma tendencia pecaminosa son: lascivia, disolución. Nótese en el gráfico las muchas referencias a esta inclinación pecaminosa en la naturaleza humana. Este término subraya la falta de autocontrol que caracteriza a la persona que da libre curso a sus impulsos perversos. Se ha hecho notar que no fue la lava sino la lujuria lo que sepultó a la ciudad de Herculano. Y los frescos hallados en medio de las ruinas de Pompeya muestran que esta ciudad no era mucho mejor.

   ÞEnvidia. El griego literalmente dice: “ojo maligno”, y el verdadero paralelo no es Mt. 6:23 sino Mt. 20:15; “¿Es tu ojo …?” significa “¿Tienes tú envidia porque soy bueno (generoso)?”. Siempre que se trata de diferenciar los celos de la envidia, se definen los celos como el temor de perder lo que uno tiene, y la envidia como el desagrado de ver que alguien posee algo que uno no tiene.

Uno de los vicios que más destruye el alma es la envidia. ¿No es acaso “el primogénito del infierno”? “¿carcoma de los huesos?” (Pr. 14:30). Nuestra palabra española envidia viene del latín invideo, que significa “mirar en contra”, es decir, mirar mal a otra persona a causa de los bienes que posee. Como dijimos, es interesante notar que en Marcos 7:22, el original griego expresa esta idea literalmente, porque su significado básico es “ojo siniestro”, el ojo que mira a otra persona con desagrado lleno de mala voluntad y enojo.

Fue la envidia lo que causó el asesinato de Abel; lo que lanzó a José a un pozo; lo que hizo que Coré, Datán y Abiram se rebelaron contra Moisés y Aarón; lo que hizo a Saúl perseguir a David; lo que alentó las amargas palabras que el “hermano mayor” (en la parábola del hijo pródigo) dirigió a su padre, y lo que crucificó a Cristo. El amor nunca tiene envidia.

A continuación, el texto deja el tema de las tendencias pecaminosas, para referirse a la perversa obra de la lengua:

   ÞLenguaje abusivo o calumnia. La palabra usada en el original es blasfemia (véase más arriba, sobre 3:28). En Marcos 7:22, el vocablo aparece entre envidia” y “arrogancia”, lo que indica que probablemente tiene relación con la difamación de la reputación, con el vilipendio, la calumnia, el lenguaje despreciativo e insolente dirigido contra otra persona, sea que se dirija a la persona directamente o a sus espaldas.

A veces la vida nos trae amarguras.

La carga aflictiva se torna severa;

No intentes entonces hacerla más dura,

No des la palabra que el odio prospera.

Sella tus labios, prudente y con celo,

No broten palabras que causan dolor,

Abunda en aquellas que llevan consuelo,

Que son alabanza, que infunden valor.

(Adaptación) Effie Wells Loucks

    ÞArrogancia. Es la tendencia maligna de pretender ser mejor, más capaz, superior a otros. Es una tendencia universal del corazón humano y lo es por naturaleza. Los gobernantes de las naciones de todos los tiempos se han hecho reos de este pecado (Mt. 20:25; Lc. 22:25). Nótese el lenguaje arrogante de uno de ellos, según se relata en Isaías 14:13, 14. Léase también Is. 37:8–13. Pero este mal también carcomía a los escribas y fariseos (Mt. 23:5–12; Mr. 12:38, 39; y especialmente léase Lc. 18:11, 12). Y aun los discípulos tuvieron que luchar contra este pecado (Mt. 18:1–6; 20:20–27; Mr. 10:35–44; Lc. 9:46–48). En contraste con todo esto, considérense las palabras de Jesús (Mt. 20:28; Mr. 10:45; Lc. 22:27; Jn. 13:14, 15).

   ÞInsensatez es el término que probablemente resume las cinco tendencias y palabras precedentes, del mismo modo que “actos inicuos” resume las acciones que le precedieren (cf. Mt. 25:2).

Jesús cierra esta sección al decir, [23]. Todas estas cosas inicuas proceden de dentro y contaminan al hombre. En Marcos 6:52 (véase allí) vimos que el concepto bíblico de “corazón” apunta al centro de donde fluye toda la vida humana. Ahora bien, si los vicios mencionados en Marcos 7:21, 22 proceden del corazón del hombre, no cabe duda que éstos contaminarán toda su vida intelectual, emocional y volitiva. Lo que uno debe hacer, por tanto, es orar para que le sea dado un corazón nuevo, transformado, y no deberíamos preocuparnos mucho del asunto de las manos sin lavar. La corrupción verdadera es la moral y espiritual, no la física.

David lo expresa de forma muy hermosa:

  “Crea en mí, oh Dios un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí”.

2° Titulo:

Conductas pecaminosas propias del hombre natural (Tito 3.3. Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.).

   Comentario Tito 3:3. Sin embargo, la razón por qué se debe hacer esto (y puede ser hecho) se declara en el hermoso pasaje que comienza con las palabras: Porque en un tiempo nosotros también estábamos sin entendimiento, (éramos) desobedientes, extraviados, esclavizados a pasiones y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros.

La reflexión sobre nuestra condición anterior hace que nos sea más fácil ser mansos y bondadosos hacia los demás. Nótese: “Porque en un tiempo nosotros también estábamos …” Nosotros: significa: Yo, Pablo, que escribe la carta; tú, Tito, que la recibes; y además, todos los creyentes de Creta, y en realidad, todos los creyentes en todo lugar. Pablo también había sido esclavo del pecado. Desde luego, había sido “celoso de las tradiciones”, pero al mismo tiempo había estado “persiguiendo a la iglesia” (véase comentario sobre 1 Ti. 1:13; luego Gá. 1:11–17). En cuanto a lo que Tito había sido, léase Gá. 2:2, 3. Esta misericordiosa inclusión de uno mismo es muy efectiva y despierta aprobación. Hace que el lector (Tito) y los oyentes (los creyentes cretenses cuando se les lea la carta) sientan que el autor está pisando el mismo terreno que ellos y los comprende (cf. Tit. 1:4; luego, 1 Ts. 5:9; Ap. 1:9). Además, el agudo contraste entre lo que los hombres eran en su estado de pecado y lo que han llegado a ser desde que entraron en el estado de gracia fomenta la gratitud a Dios; además produce buena voluntad hacia el prójimo que fue hecho a imagen de Dios (el vívido retrato de este contraste es característico de Pablo; véase 1 Ti. 1:12–17; luego, Ro. 6:17–23; 1 Co. 6:11; Ef. 2:2–13; 5:8; Col. 3:7; y cf. 1 P. 4:3).

Entonces no nos sorprende que en contraste con las siete virtudes mencionadas en los vv. 1 y 2, mostrando lo que los creyentes (cretenses) debieran ser, se ponga un número igual de vicios (v. 3) mostrando lo que en un tiempo fuimos.

Estábamos sin entendimiento (“insensatos”, 1 Ti. 6:9), no solamente ignorantes, pero por naturaleza realmente incapaces de discernir las cosas del Espíritu (1 Co. 2:14; cf. Ro. 1:21; Ef. 4:18).

Desobedientes a la autoridad divina y a la humana (Tit. 1:6, 10; 3:1; luego, 2 Ti. 3:2; Ro. 1:21, 30), no prestando atención a la voz de la conciencia ni a las amonestaciones de los padres ni a las leyes de los magistrados civiles.

   Extraviados (véase comentario sobre 2 Ti. 3:13), inducidos a vagar lejos de la verdad, viviendo en un mundo alejado de la realidad, imaginando que ser licencioso es ser libre. Aunque nos considerábamos libres, nos habíamos hecho esclavos.

   Esclavizados a pasiones y placeres diversos, permitiendo que estos malos deseos tomasen dominio de nuestra vida y conducta. (En cuanto a pasiones, véase comentario sobre 2 Ti. 2:22; 3:6, y en cuanto a placere, cf. Lc. 8:14; Stg. 4:1, 3; 2 P. 2:13). Cuando se pasa revista al mundo sin Cristo ¡qué triste espectáculo presenta! He aquí nosotros: el glotón y el borracho, el avaro y el manirroto, el calavera y el chocho, el adorador de los deportes y el haragán, el farsante y el petimetre, el sádico y el violador, el sanguinario y el mujeriego. Cf. Ro. 1:18–32; Gá. 5:19–21. Algunos sirven a un amo, otros a otro, pero por naturaleza todos son esclavos de los terribles impulsos que nunca aprendieron a controlar, y que, según algunos psicólogos modernos, no debieran hacer un intento demasiado intenso por reprimirlos.

   Viviendo (literalmente “llevando”, con una vida implícito; cf. 1 Ti. 2:2) en malicia y envidia. Esta malicia no es una simple travesura. No, es maldad, perversidad, iniquidad; especialmente la disposición de la mente al mal. Una de sus manifestaciones más destructoras del alma es la envidia, un mal que, como está implicado en la etimología de la palabra griega, hace que uno se consuma. ¿No se ha hablado de la envidia como el mal cuyo encarnizamiento nada puede apaciguar, “primogénita del infierno”? ¿No se alimenta de los vivos, sin cesar hasta que están muertos? ¿No es carcoma de los huesos? (Pr. 14:30). Véase también lo que Pablo dice al respecto en otros lugares (1 Ti. 6:4; luego, Ro. 1:29; Gá. 5:21; Fil. 1:15) y cf. Mt. 27:18; Mr. 15:10; Stg. 4:5; y 1 P. 2:1. Nuestra palabra envidia viene del latín invideo, que significa “mirar contra”, esto es, mirar con mala disposición a otra persona debido a lo que es o a lo que tiene. (El celo, bien se ha dicho, tiene miedo de perder lo que tiene; la envidia siente odio al ver que otra persona tiene algo. Así, Don Fulano es celoso de su propio honor, y está envidioso de la superior habilidad de Don Zutano). La envidia fue lo que provocó el asesinato de Abel, lanzó a José dentro de la cisterna, hizo que Coré, Datán y Abiram se rebelaron contra Moisés y Aarón, hizo que Saúl persiguiera a David, dio lugar a las amargas palabras que el “hermano mayor” (en la parábola del hijo pródigo) dirigió a su padre, y fue lo que crucificó a Cristo. El amor no tiene envidia (1 Co. 13:4).

   Aborrecibles, odiosos, repugnantes, ofensivos, asquerosos, repulsivos. En el Nuevo Testamento la palabra usada en el original aparece solamente aquí, pero el judío Filón (20 a.C.–50 d.C.) también la usa. El pecador inconverso provoca aversión por medio de su actitud hacia Dios y hacia los hombres. Por eso: Odiándonos unos a otros. Este es el resultado natural cuando gente detestable con toda su horripilancia se ve de algún modo forzada a vivir con otros y a encontrarse con los demás de cien maneras diferentes.

“Así éramos en un tiempo”, dice Pablo. Por eso, no seamos demasiado duros con personas que todavía están en esa condición, sino esforcémonos por ganarlos para Cristo por medio de nuestra conducta piadosa.

3er Titulo:

Consejos para evitar las conductas pecaminosas (Romanos 13:12 al 14. 12La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. 13Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, 14sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.).

   Comentario de Romanos 13:11, 12a. Y (haced esto) especialmente porque sabéis cuán crítico es este tiempo. Ha llegado la hora para que despertéis de (vuestro) sueño, porque nuestra salvación está ahora más cerca que cuando (primeramente) creímos. La noche está muy avanzada; se acerca el día.

Cuando Pablo dice: “Y (haced esto)”, él se refiere como mínimo a lo que encontramos en los versículos que preceden inmediatamente a tal exhortación. Por consiguiente. Pablo ahora dice: “Amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos”, pero no lo hagáis solamente porque la ley lo demanda, sino también, y especialmente, porque

sabéis cuan crítico es este tiempo en que vivimos”. Es posible, sin embargo, que al decir: “Y (haced esto)” él se esté refiriendo al contexto más amplio, que se retrotrae hasta 12:1s.

Al decir: “especialmente porque sabéis cuán crítico es este tiempo”, y añadir inmediatamente: “ha llegado la hora para que despertéis de vuestro sueño, porque nuestra salvación está ahora más cerca que cuando (primeramente) creímos”, él está exhortando a los miembros de la iglesia de Roma—y a todos nosotros—a dejar de lado sus (nuestros) hábitos pecaminosos y, con la ayuda del Espíritu Santo, a avanzar en la santificación. “Nuestra salvación está ahora más cerca que cuando (primeramente) creímos” quiere decir: “La culminación de nuestra salvación está ahora más cerca de nosotros en el tiempo de lo que lo estaba cuando confesamos por primera vez nuestra fe en el Señor Jesucristo y fuimos bautizados”.

Es evidente que el apóstol recurre aquí a la escatología; esa es, a la doctrina del regreso del Señor. La usa como incentivo a vivir una vida santa. Uno encuentra exhortaciones y argumentos similares en Fil. 4:4–7; 1 Ts. 5:1– 11, 23; Heb. 10:24s; Stg. 5:7–11; 1 P. 4:7–11 y, desde luego, también en las enseñanzas de Jesús (Mt. 25:31–46; Mr. 13:33–37 etc.).

Esta apelación a la escatología se comprende más fácilmente si tenemos en cuenta que el Señor viene “a recompensar a sus siervos”. Cf. la parábola de Los siervos alertas (Lc. 12:35–48); la de Las cinco jóvenes necias y las cinco sensatas (Mt. 25:1–13) y también, en realidad, al resto de Mt. 25. Añádanse a esto Ro. 14:10; 2 Co. 5:10; 2 Ti. 4:1; Stg. 5:9; 1 P. 4:5; cf. Ec. 12:14.

Las palabras: “La noche está muy avanzada; se acerca el día” indican que para el pueblo de Dios la presente era de oscuridad, pecado y tristeza se acerca rápidamente a su fin; y que la inacabable era de luz, santidad y alegría está cerca. Es como si Pablo, por así decirlo, oyese el grito del centinela nocturno: “¡Despertad, está amaneciendo!”

Pero aquí hemos de tener cuidado. Pablo no quiso decir: “Cristo regresará mañana. Volverá inmediatamente”. Una enseñanza así hubiese sido una impugnación de lo que declaró anteriormente, a saber, que el regreso estaría precedido por el acaecer de la apostasía y por la llegada de “el inicuo, el hijo de perdición (2 Ts. 2:1–5). Compárese esto con la enseñanza similar de Jesucristo mismo (Mt. 24:21, 29; 25:5). Lo que el apóstol está diciendo es, entonces, lo siguiente: “El día llegará muy pronto”.

   [12b, 13]. Así que, desechemos las obras de las tinieblas y pongámonos la armadura de la luz. Andemos honorablemente, como en pleno día, no en orgías y borracheras, no en excesos sexuales y desenfrenos, no en disensión y celos.

   Debido al tiempo crítico en que vivían Pablo y sus coetáneos, y a causa de las tremendas realidades que estaban en juego—nada menos que glorificar a Dios para siempre en el cielo a sufrir para siempre con Satanás y todos los condenados en el infierno—, Pablo insta a todos (inclusiva a sí mismo: nótese el “desechemos”) a desechar las obras de las tinieblas y a ponerse la armadura de la luz.

El resume las obras de la oscuridad en el v. 13. Y aunque los seis vicios que se mencionan no constituyen una lista completa, son lo suficientemente representativos como para indicar lo que el apóstol tiene en mente. Por otra parte, se nos permite, lógicamente, añadir “y otros parecidos” a la lista, como sucede en un pasaje similar, aunque más extenso que encontramos en Gá. 5:19–21.

Estos vicios comprenden las obras de la oscuridad, que con frecuencia hasta se ejecutan en la oscuridad, pero que por cierto son siempre incitados por “el príncipe de las tinieblas”.

Aunque no es necesario suponer que ni los judíos ni los gentiles estuviesen libres de estas malas obras e inclinaciones, algunas de las que se mencionan nos recuerdan especialmente los pecados atinentes a los gentiles (cf. Ro. 1:28s). Tal cual se ha demostrado anteriormente en la introducción la mayor parte de la iglesia de Roma procedía del mundo de los gentiles. hay más información sobre los vicios aquí mencionados en la nota .

Los que vivimos en esta época en que todo el énfasis recae en lo positivo, y en la que se nos advierte constantemente que nunca digamos “No hagas” sino siempre “Haz”, notamos que Pablo no tiene miedo de decir: “No … ni … ni”.

Pero él también sabe que la única manera de conquistar el mal es por medio del bien. Es así que entre dos expresiones negativas: “Desechemos” y “no en orgías”, etc., él coloca: “Pongámonos la armadura de la luz”. Ahora bien, si tinieblas indica torpeza, depravación y desesperanza (espiritual), la luz ciertamente manifiesta aprendizaje, amor y alegría (el gozo inexpresable y lleno de gloria que se menciona en 1 P. 1:8), aunque en el contexto presente el énfasis recae en el amor (13:8–10).

Nótese que aquí Pablo utiliza una vez más lenguaje militar (“armadura de luz”), cosa que hace con frecuencia (Ro. 6:13; 13:2; 1 Co. 9:7; 2 Co. 9:7; 10:4; Ef. 6:10–20; 1 Ts. 5:8; 2 Ti. 2:3). Debe haber una razón para esto. Un buen soldado no se afloja en su tarea, se esfuerza al máximo, tiene una meta definida en mente, utiliza una armadura y armas eficaces, obedece reglas. ¿No se aplica todo esto también a los soldados de Cristo?

   [14]. Más bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis provisión para (la satisfacción de) los apetitos de la carne.

Esta admonición es un resumen muy apto y hermoso de lo que el apóstol ha estado diciendo en 12:1–13:13. Abarca tanto la justificación como la santificación. Esto quiere decir que, tras haber aceptado a Cristo y haber sido bautizados, los creyentes no han de echarse a dormir sobre sus laureles, sino que deben ocuparse de hacer en la práctica lo que ya han hecho en principio (Gá. 3:27). Es como si Pablo estuviese diciendo: “Después de haber puesto de lado el ropaje del pecado, vestíos cada vez más con el manto de la justicia de Cristo, para que cuando el demonio os recuerde vuestro pecado, vosotros podáis inmediatamente recordarle a él y a vosotros mismos vuestra nueva posición ante Dios.

Estad cada vez más unidos espiritualmente a Cristo,” para que él sea la Luz de vuestra luz, la Vida de vuestra

vida, el Gozo de vuestro gozo, y la Fuerza de vuestra fuerza”.

La persona que, en virtud del poder capacitador del Espíritu Santo, hace esto puede cantar Jesús lo es todo para mí … Will L. Thompson

Una persona así no debe hacer provisión para la satisfacción de los apremios de su naturaleza humana pecadora.

Es cierto, habrá tentaciones, puesto que el creyente sigue siendo un pecador aun al irse transformando en un santo (Ro. 7:14s). Pero si es realmente un hijo de Dios, debe aprender y aprenderá a controlar y dominar cada vez más estas incitaciones que hay en el ámbito del Placer (apetencias desordenadas para la satisfacción de apetitos físicos), el Poder (en anhelo de brillar y ser dominante) y las Posesiones (el apetito incontrolado por posesiones materiales y por el prestigio que las acompañan). ¡Con Cristo como Señor soberano la victoria está asegurada!

    Sucedió a fines del verano del año 386 de nuestra era. En el jardín de una casa de campo cerca de Milán, en Italia del norte, se encontraba sentado Agustín, nacido el 13 de noviembre del año 354. A su vera, en un banco, había un ejemplar de las epístolas de Pablo. Pero él no parecía estar especialmente interesado en el mismo. Experimentaba una intensa lucha espiritual, una agitación violente del corazón y de la mente. Levantándose del banco, se arrojó al césped bajo una higuera.

Mientras permanecía allí oye la voz de un niño, aunque no pudo decir si de varón o niña. Esa voz repetía una y otra vez: “Tolle, lege; tolle, lege” (“Toma y lee; toma y lee”).

Se incorporó, regresó al banco, y tras tomar el ejemplar de las epístolas de Pablo, leyó el primer pasaje en el cual cayeron sus ojos, la versión latina de Ro. 13:13b., 14, “No en orgías y borracheras, no en excesos sexuales y desenfrenos, no en disensión y celos. Más bien vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis provisión para (la satisfacción de) los apetitos de la carne”.

Fue este pasaje, junto con el amor y oraciones constantes de su devota madre, Mónica, los que llevaron a Agustín a su conversión, llegando él a ser eventualmente uno de los más grandes líderes de la iglesia. Véase Confesiones VIII, xii. 28, 29.

El problema

Pablo escribió: “Nuestra salvación está ahora más cerca que cuando (primeramente) creímos. La noche está muy avanzada; se acerca el día” (13:11, 12). Pero han pasado más de diecinueve siglos desde que el apóstol escribió esto. ¿Es que cometió un error?

No todos los expositores intentan resolver este problema. Algunos ni siquiera lo mencionan. Quienes lo enfrentan proponen alguna de las siguientes soluciones:

Soluciones propuestas

I

Pablo no está pensando necesariamente—o al menos no exclusivamente—en el día de la venida de Cristo. En posible que él haya estado pensando en el momento en que la persona muere, o al menos incluyendo tal idea en su consideración. Es entonces cuando para el hijo de Dios la oscuridad se vuelve luz.

Esta solución no nos servirá, ya que cuando Pablo se refiere, en el caso que nos ocupa, a la salvación futura, debe haber estado pensando en la culminación de la salvación para el cuerpo y el alma. Esta gran bendición no le será otorgada a los creyentes uno por uno, sino a todos los hijos de Dios simultáneamente cuando regrese Cristo. Además, el “día” al cual él se refiere en el v. 12 se interpreta mejor dándole el mismo sentido que se le da a este término en 1 Co. 3:13; 1 Ts. 5:4; Heb. 10:25; y en 2 P. 1:19. En todos estos casos la referencia apunta al día del regreso de Cristo y del juicio final.

II

Las palabras, “Nuestra salvación está ahora más cerca que cuando (primeramente) creímos. La noche está muy avanzada; se acerca el día” significa que en el desarrollo del plan salvífico de Dios queda solamente un gran evento más por suceder, a saber, el regreso de Cristo para juzgar a los vivos y a los muertos.

Esta propuesta es muy útil. Podríamos resumir el curso de la historia de la redención como sigue:

En este diagrama la ENCARNACION incluye la crucifixión (2 Co. 8:9). Ahora estamos viviendo en la última

parte del período que se extiende desde la ENCARNACION hasta la CONSUMACION; vale decir, en la parte que se extiende desde la EXALTACION (resurrección, ascensión, coronación, derramamiento del Espíritu Santo) hasta la CONSUMACION (Segunda venida, resurrección de los muertos, juicio final).

Esta respuesta, por consiguiente, contribuye mucho para explicar el lenguaje que Pablo utiliza aquí en Ro. 13:11, 12. Pero quizá no sea suficiente. No alcanza a explicar qué quiso decir el apóstol cuando dijo “porque nuestra salvación está ahora más cerca que cuando (primeramente) creímos”, puesto que se podría todavía presentar la siguiente objeción: “Si el tiempo que hay entre la redacción de Romanos y la llegada (al regreso de Cristo) de la plena salvación es aún no menor de diecinueve siglos, ¿qué diferencia hace realmente el intervalo entre (a) comenzar a creer y (b) el ‘ahora’ (de la fecha de la redacción de Romanos?” Si tomamos en cuenta el periodo muy largo de más de diecinueve siglos, es difícil entender por qué Pablo diría: “porque nuestra salvación esta ahora más cerca que cuando (primeramente) creímos”. Nos vienen ganas de decir: “Si, Pablo, más cerca, ¡pero ciertamente por una muy pequeña fracción de tiempo!”

Por otra parte, todavía tenemos algo de dificultad con la expresión “se acerca el día”, cuando notamos que han pasado más de diecinueve siglos, y la predicción sigue sin cumplir.

III

Quizá debemos hacer referencia, en primer lugar, a 2 P. 3:8. Una interpretación completa de ese pasaje corresponde a comentarios sobre 2 Pedro. Pero se puede hacer una observación. A los incrédulos y burladores de la época de Pedro se les dijo que su modo de calcular el tiempo estaba equivocado.

Por una razón diferente, el cálculo de tiempo que adoptan quienes tienen dificultad con Ro. 13:11, 12 también esté probablemente equivocado. El error no lo comete Pablo sino nosotros cuando aplicamos la cronología de la tierra al modo de vida del cielo. En realidad, no tenemos derecho a decir que los santos a quienes Pablo envió esta carta tenían que esperar al menos diecinueve siglos antes de que para ellos se transformase la noche de la oscuridad en la luz de la plena salvación.

¿Qué sucede cuando una persona muere y su alma va al cielo? ¿Se vuelve esa alma atemporal? ¿Adopta uno de los atributos incomunicables (¡!) de Dios, el de la eternidad, de existencia fuera del tiempo? Claro que no. Ni en aquel entonces ni nunca. El pasaje que frecuentemente se cita (Ap. 10:6) no demuestra nada al respecto. Tampoco lo hacen algunos de nuestros himnos populares que se basan en una traducción equivocada de Ap. 10:6. “No más tiempo” debería ser “no más dilación”.

Sin embargo, lo que sí es cierto es que el modo de computar el tiempo será diferente al otro lado de la tumba. El dolor implica tiempo lento, pero el gozo inexpresable y lleno de gloria indica tiempo que pasa raudamente. Ap. 6:11 nos dice que para las almas redimidas que están “bajo el altar” el periodo entre su martirio y el juicio final será equivalente a un “un poco de tiempo”. Nos adaptaremos a una escala diferente de tiempo.

   Así que, llegamos a la conclusión de que lo que Pablo escribió aquí en Ro. 13:13, a saber: “Nuestra salvación está ahora más cerca que cuando (primeramente) creímos”, realmente tiene sentido. Y también lo tiene: “La noche está muy avanzado; se acerca el día”.

No hemos de olvidar, sin embargo, que la lección principal de Ro. 13:11–14 es: “desechemos las obras de las tinieblas y pongámonos la armadura de la luz”. En otras palabras” “Vestíos del Señor Jesucristo”.

Lecciones prácticas derivadas de Romanos 13

13:12. “La noche está muy avanzada; se acerca el día”.

Dijo el pastor desde el púlpito: “Sobre el día y la hora del regreso de Cristo no sabemos nada (Mt. 24:36). De

hecho, sobre la vida después de la muerte la biblia no nos dice casi nada. Por consiguiente, los que quieren entregarse a febriles especulaciones, háganlo. En lo que a mí respecta, concentraré mi atención en asuntos más

importantes”. ¿Es este un buen enfoque del as unto?

Resumen del Capítulo 13

Después de haber hablado sobre la actitud correcta de los creyentes para con Dios, para con los hermanos en la fe y para con los extraños (enemigos inclusive), Pablo pasa ahora a describir cómo se deben relacionar los hijos de Dios con las autoridades que gobiernan. Pablo dice que estos gobernantes han sido constituidos por Dios, por lo cual quienes se le oponen se están resistiendo a las ordenanzas divinas. Además, los receptores de la carta deben tener en mente que los magistrados han sido constituidos por Dios para promover los intereses de la gente sobre la cual han sido puestos a cargo. Por ende, para evitar la ira de Dios y a causa de la conciencia, aquellos para quienes fue escrita la carta—creyentes de todas las épocas—deben someterse a las autoridades civiles. A quienes toman el camino opuesto les conviene recordar que se están oponiéndose a Dios mismo; y también que el magistrado no en vano lleva la espada.

Es claro, por lo tanto, que debemos amar al prójimo como a nosotros mismos ya que eso es lo que la santa ley de Dios demanda. El apóstol añade ahora otra razón por la que debemos hacerlo, y probablemente también por qué hemos de esforzarnos en vivir según todas las exhortaciones que encontramos en 12:1s (devoción total a Dios, etc.). El escribe: “Y (haced esto) especialmente porque sabéis cuán crítico es este tiempo. Ha llegado la hora para que despertéis de (vuestro) sueño, porque nuestra salvación está ahora más cerca que cuando (primeramente) creímos. La noche está muy avanzada; se acerca el día”. Es evidente que se estaba refiriendo al día del regreso de Cristo en gloria. En las páginas arriba ha quedado indicado que lo que él dijo en cuanto al carácter inminente de este gran evento y sobre la plena salvación para el alma y el cuerpo, a ser impartida a todos lo que andan en la luz, es cierto. Pablo, por lo tanto, exhorta a los receptores de la carta a abandonar esa clase de hechos que se asocian con la oscuridad (orgías, borracheras … disensión, celos), y, en vez de ello, a ponerse “la armadura de la luz”. Para cerrar esta sección, él dice: “Vestíos del Señor Jesucristo [es decir, esforzaos por lograr una unión espiritual plena con él], y no hagáis provisión para (la satisfacción de) los apetitos de la carne” (vv. 11–14).

Amén, para honra y gloria de Dios.

 DESCARGUE AQUÍ ESTUDIO COMPLETO: Semana del 02 al 08 de marzo de 2020

 

Bibliografía: Comentario Al Nuevo Testamento Por William Hendriksen

Exposición de Romanos; Tito; 1ª Pedro; Evangelio según San Marcos


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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