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“Sacramento del Nuevo Pacto que debemos celebrar en memoria del Señor”

“Sacramento del Nuevo Pacto que debemos celebrar en memoria del Señor”

Lunes 18 de marzo de 2019:   Lectura Bíblica: 1ª a los Corintios Cap. 11, versículos 23 al 26. Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

   Comentario: Institución: 11:23–26

   Cuando las iglesias celebran la Santa Comunión, escuchan las palabras que Pablo recibió del Señor y que él pasó a los creyentes. Las palabras de este pasaje particular son la fórmula usada para observar la Cena del Señor. Lo que queremos decir es que usamos las palabras que Pablo escribió a los corintios y no las que están en los Evangelios. Tanto las palabras como la secuencia que presentan los Evangelios son distintas a las que Pablo coloca en este capítulo. En el comentario de los siguientes versículos (vv. 23–26) discutiremos estas diferencias.

   Versíc. 23. Porque yo recibí del Señor lo mismo que os transmití, que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan 24. y, habiendo dado gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo, que es por vosotros. Haced esto en memoria de mí».


a. «Porque yo recibí del Señor lo mismo que os transmití». Cuando Pablo dijo a los corintios que no sabía qué decirles (v. 22) les estaba diciendo que estaba perplejo, pero no afirmaba que no tenía nada que decir. Por el contrario, como padre de la iglesia de Corinto, les enseña el significado y la manera correcta de celebrar la Cena del Señor. Los creyentes deben entender que cuando comen el pan y beben de la copa del Señor, en esos momentos son invitados a su mesa. Si los cristianos participan sin amar a los demás miembros de la iglesia, deshonran al Señor mismo. Por esa razón, deben aprender las palabras que el Señor pronunció cuando instituyó la Cena.

   Pablo dice que recibió del Señor la fórmula de la Comunión. ¿Quiere decir que Jesús le comunicó esta fórmula cuando Pablo se convirtió o en alguna visión subsiguiente? Cualquiera de estas dos alternativas podría ser cierta. Pero el Señor Jesús también comunicó a su palabra indirectamente, como lo hizo por medio de Ananías en Damasco (Hch. 9:17). Así que, Pablo podría estar diciendo que alguno de los apóstoles le enseñó las palabras de la institución de la Santa Cena. De hecho, Pablo estuvo quince días en compañía de Pedro (Gá. 1:18). Conjeturamos que Pablo recibió la información a través de los apóstoles. No obstante, la revelación primero vino de Jesús, quien es el Señor de esta tradición y el que en persona dirige el desarrollo de la iglesia.

   Las palabras recibí y transmití son términos técnicos que denotan los eslabones individuales de la cadena de la tradición. (En otro lugar Pablo alude a esta transmisión de revación divina

. Un ejemplo perfecto es su predicación en Tesalónica, donde oralmente transmitió el evangelio a los tesalonicenses. A su vez, ellos lo comunicaron oralmente a la gente por toda Macedonia y Acaya [1 Ts. 1:5–8].) Las palabras de la institución se originaron con el Señor, no con Pablo. Por lo tanto, son palabras divinas que deben honrarse, obedecerse y transmitirse. Pablo afirma que recibió del Señor las palabras de la Santa Comunión a través de los apóstoles y que él ahora las transmite a los corintios. Espera que acepten este sagrado depósito y tradición que deberán pasar a otros.

b. «Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado». Confiamos que los destinatarios estaban familiarizados con el relato acerca de los hechos relacionados con la traición y arresto de Jesús. Al añadirle Jesús a Señor, Pablo dirige la atención de sus lectores a la vida terrenal de Jesús y a la humillación que tuvo que experimentar. Pero notemos el contraste: mientras que los adversarios de Jesús tramaban sus intrigas para arrestarlo y matarlo,

el Señor instituía el sacramento de la Santa Comunión.

   Para describir el acto de la traición, Pablo usa un verbo griego en tiempo imperfecto, y así indica a una acción que estaba en progreso. Sólo Pablo da esta información como introducción a las palabras que Jesús pronunció. Los evangelistas colocan la institución en el contexto inmediato de la fiesta de la Pascua y en el contexto más amplio de la agonía de Jesús en Getsemaní y de su sufrimiento y muerte en el Calvario. De esta manera la Cena del Señor se coloca dentro de su contexto histórico. Pero Pablo revela que la Comunión también es el repetido acto de entregar y recibir el sacramento hasta que el Señor vuelva (v. 26).

c. «[Jesús] Tomó pan y, habiendo dado gracias, lo partió». El griego tiene las mismas palabras que Lucas 22:19. La narración de Mateo 26:26 y de Marcos 14:22 son casi idénticas en la traducción, excepto por una forma verbal distinta para «dio gracias». Los relatos de los Evangelios especifican que Jesús entregó el pan a sus discípulos. Pero Pablo omite este detalle, pues quizá quería suministrar un contexto más general aplicable a todo el que participe del pan.

   Las palabras de la fórmula hacen eco de otras tradiciones o acontecimientos. Por ejemplo, en la alimentación de los cinco mil, Jesús tomó pan, miró al cielo, dio gracias y lo partió. Los padres judíos seguían el mismo ritual para la comida o en la Pascua. Cerca del final de la celebración de la Pascua, Jesús instituyó la Cena del Señor tomando pan, lo cual era una referencia a su propio cuerpo que dentro de poco sería entregado al sufrimiento y a la muerte.

d. «Y dijo: ‘Este es mi cuerpo, que es por vosotros. Haced esto en memoria de mí’». Los evangelistas también registran este dicho de Jesús. Comparemos sus palabras con las de Pablo, para lo cual ofrezco mi propia traducción:

Mateo 26:26        Marcos 14:22         Lucas 22:19              1 Corintios 11:24

Tomad               Tomad;

y comed;

este es mi cuerpo.    esto es mi cuerpo.     Este es mi cuerpo           Este es mi cuerpo,

                                      que por vosotros es dado;     que es por vosotros.

                                    haced esto en memoria de mí.    Haced esto en memoria de mí

    Los relatos de Mateo y Marcos son casi idénticos, como lo son los de Lucas y Pablo. Una diferencia entre Mateo y Marcos es que el primero registra el imperativo comed. De la misma forma, Lucas tiene el verbo dado que Pablo omite. Lucas y Pablo no registran el mandato tomad y comed al principio del dicho de Jesús. Por otra parte, sólo Pablo y Lucas registran el mandato de Jesús: «haced esto en memoria de mí». Los cuatro tienen las palabras esto es mi cuerpo.

    Desde el tiempo de la Reforma, los teólogos han discutido el significado de las palabras esto es mi cuerpo. Un comentario no es el lugar para un largo ensayo teológico. Pero haré algunas observaciones. El pedazo de pan que Jesús sostenía en su mano no se convirtió en su cuerpo físico; el pan siguió siendo pan. Fue un símbolo que representaba la realidad de su cuerpo. Así como la paloma que descendió sobre Jesús el día en que fue bautizado representaba al Espíritu Santo, así el pan representa el cuerpo del Señor.

   Jesús dijo a sus discípulos: «Este es mi cuerpo, que es por vosotros». En la víspera de su muerte, el Señor habló en forma profética acerca de su cuerpo físico que sería clavado a una cruz como expiación por el pecado. Su cuerpo sería entregado por todos los que creen en Cristo y participan del pan en la Comunión. Jesús afirmó que moriría en el lugar de ellos (cf. Ro. 5:7, 8).

   ¿Qué podemos decir acerca del exaltado e invisible cuerpo del Cristo que ascendió al cielo? El pan que el creyente come es un símbolo de ese cuerpo glorificado que ahora está en el cielo. A través del Espíritu Santo y por la fe, los que participan en el pan se unen en comunión con Cristo y experimentan su presencia y poder sagrados.

    El mandamiento «haced esto en memoria de mí» se puede entender en sentido subjetivo y objetivo. Desde el punto de vista objetivo, apunta a la oración que elevamos a Dios para pedirle que en su gracia recuerde al Mesías y que traiga su reino cuando él aparezca. En sentido subjetivo, quiere decir que, al participar de la Cena del Señor, recordamos su muerte en la cruz. De estas dos interpretaciones, la segunda parece más pertinente al contexto. La iglesia de Corinto no celebraba correctamente la Cena del Señor (vv. 20, 21). Necesitaban recordar la muerte de Jesús y reflexionar en las implicaciones que tenía para ellos. Por consiguiente, Pablo repite las palabras de Jesús para recordarles a los corintios que la Cena del Señor es un acto recordatorio.

   Pablo afirma que al comer el pan y beber de la copa, proclamamos la muerte del Señor (v. 26). Jesús mandó que lo hiciéramos repetidamente, para que recordemos su muerte. Pero la Comunión significa mucho más que recordar la muerte de Cristo. También recordamos su obra redentora, su resurrección y ascensión, su promesa de que estará siempre con su pueblo y su segunda venida.

Consideraciones prácticas en 11:23–24

   ¿Cuál es el significado de la Cena del Señor cuando un cristiano participa de los elementos? Recuerdo la primera vez que tuve el privilegio de participar. Por semanas había estado esperando a la celebración de la Santa Cena, pero se me apagó el espíritu de expectación cuando comí y bebí con el resto de los comulgantes. Esperaba una descarga sobrenatural de poder divino, pero no ocurrió nada milagroso durante el culto. Pensé acerca de la muerte de Cristo en la cruz del Calvario, el perdón de los pecados y en la presencia del Señor. En un sentido, esa primera experiencia moderó mis expectaciones y no tuvo nada mágico.

   Con el tiempo, maduré espiritualmente y empecé a experimentar la presencia de Cristo en los servicios de Comunión. Como anfitrión, Jesús me invitaba a su mesa. Como Mediador del nuevo pacto que Dios hizo, me tuvo como una de las partes de dicho pacto. Como el Cordero de Dios inmolado en el Gólgota, me limpió de mis pecados. Como mi hermano y amigo, me mostró cómo vivir para la gloria de Dios y cómo expresarle mi gratitud. Como fuente de bendición, no me llenó de pesar y tristeza por su muerte, sino con gozo y alegría por su presencia.

   ¿Cuál es el significado de la Comunión? Es un tiempo de reflexión, de regocijo y acción de gracias. Al experimentar en la mesa la presencia espiritual del Señor, con la iglesia de todos los siglos y lugares oramos con fervor Maranata, esto es, «Ven, oh Señor» (16:22; véase también Ap. 22:20).

   Versíc. 25. De la misma forma, tomando también la copa después de cenar, dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis en memoria de mí».

a. Variaciones. Las palabras de este versículo son casi idénticas a las del relato de Lucas. En el texto griego de los Evangelios sinópticos, sólo Lucastiene la expresión de la misma manera, y sólo él omite el verbo tomando (22:20; cf. con Mt. 26:27; Mr. 14:23). Para que el texto sea meridiano, al versículo 25 es necesario añadirle la palabra tomando.

   Mateo escribe que Jesús tomó la copa y mandó a sus discípulos: «bebed de ella todos» (26:27). Marcos tiene una oración declarativa que dice: «todos bebieron de ella» (14:23). Pero Lucas anota el comentario de Jesús, que dice: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes» (Lc. 22:20b). Pablo registra la primera parte de la oración de Lucas, pero no la segunda. De todos los relatos de la última cena, sólo Pablo tiene las palabras: «haced esto todas las veces que la bebáis en memoria de mí». Por otro lado, los tres sinópticos muestran un equilibrio respecto a los beneficiarios del pan y de la copa, pues añaden: «derramada por muchos/vosotros» (Mt. y Mr./Lc.).

   Tanto Mateo como Marcos escriben: «mi sangre del pacto». Pero en Lucas las palabras de Jesús aparecen como: «el nuevo pacto en mi sangre». ¿Dijo Jesús «nuevo pacto» en cumplimiento de la profecía de Jeremías (Jer. 31:31) y Lucas registró el adjetivo nuevo? ¿Suprimieron Mateo y Marcos este adjetivo? Aparte de las interrogantes acerca de las variaciones, Lucas y Pablo muestran notable similitud en sus relatos.

b. Significado. «De la misma forma, tomando también la copa después de cenar, dijo». Pablo usa la frase de la misma manera para formar un económico paralelo entre las palabras sobre administración del pan y de la copa. El adverbio también afirma que con la copa Jesús usó el mismo procedimiento que con el pan. Cuando Pablo escribe «después de cenar», da a entender que después de que se distribuyó y se comió el pan, se llenó la copa por tercera vez, como era la costumbre. Después se pasó la copa a los discípulos. En la cena de la Pascua judía, a intervalos los participantes bebían de cuatro copas (véase el comentario a 10:16). Cuando Jesús tomó la copa, tomó la tercera copa conocida como la «copa de bendición». En ese momento instituyó la segunda parte de la Cena del Señor. A su vez, la frase después de cenar (v. 25) hace posible que cuando la iglesia de Corinto celebraba la Comunión, lo hacía colocando un intervalo entre la distribución del pan y la de la copa.

   «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre». Según Pablo y Lucas, Jesús no dice que el líquido de la copa sea su sangre, lo que hace que esta oración no sea del todo paralela a las palabras esto es mi cuerpo. Aunque Mateo y Marcos mantienen un equilibrio entre cuerpo y sangre, Lucas y Pablo dejan fuera el paralelismo porque para ellos la frase central es nuevo pacto. Esta expresión le da a la palabra sangre un significado espiritual más profundo. La copa representa el nuevo pacto que Pablo ratifica con su sangre. Cuando Moisés confirmó el primer pacto en el monte Sinaí, roció sangre sobre el pueblo, y dijo: «He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros» (Éx. 24:8; véase también Zac. 9:11). En el primer pacto se roció la sangre de un animal, en el nuevo pacto la sangre de Cristo.

   ¿Qué es un pacto? «La palabra ‘pacto’ apunta a una disposición unilateral que Dios hace en favor del hombre, y no debe de entenderse como un acuerdo mutuo entre dos partes que están en las mismas condiciones». En los días de Moisés, Dios instituyó el primer pacto (Éx. 24:4b-8) y a los israelitas les hizo promesas que cumplió. El pacto exigía ciertas obligaciones a los israelitas, las cuales eran obedecer la ley, lo cual no hicieron. Cuando Dios hizo un nuevo pacto con su pueblo, el antiguo quedó obsoleto (Heb. 8:13). Dios ratificó el nuevo pacto con la sangre de Cristo derramada una vez para siempre (Heb. 9:26; 10:10). Además, nombró a Jesús como mediador de este pacto (Heb. 7:22; 8:6) y Jesús cumplió el pacto entregando su cuerpo y sangre. En suma, en la palabra pacto radica el paralelo implícito entre el cuerpo de Cristo, que fue sacrificado por nosotros y la sangre rociada de Jesús, la cual confirma este nuevo pacto con su pueblo (cf. Ro. 3:25).

   Todo creyente que bebe de la copa en la mesa del Señor es un miembro del pacto que Cristo ratificó en su sangre. Lo mismo corre en cuanto al comer el pan. Todos los que participan del único pan están diciendo que participan en el cuerpo de Cristo (10:17). Juntos forman la comunidad del pacto.

c. Mandamiento. «Haced esto todas las veces que la bebáis en memoria de mí». Por segunda vez, Jesús ordena observar el sacramento de la Comunión. Pero este mandamiento lo da en forma más específica. Le ordena a su pueblo que lo celebren y, cuando lo hagan, que lo recuerden a él en conexión con su derramamiento de sangre por el perdón de sus pecados.

   En el Antiguo Testamento se les ordenaba a los israelitas que observaran la Pascua el día catorce del mes hebreo de Nisan. Por contraste, Jesús manda a su pueblo que coma del pan y beba de la copa regularmente, pero no les da una fecha específica. Algunas congregaciones celebran la comunión cada tres meses, otras una vez al mes, y otras una vez a la semana. Aunque numerosas iglesias celebran la Cena del Señor el jueves o viernes santo, su celebración no está limitada a un día en especial. Jesús más bien dice: «tan a menudo como observen la Comunión, recordad que yo me ofrecí por vosotros».

   Versíc. 26. Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, proclamáis la muerte del Señor hasta que él venga.

a. «Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa». De todos los escritores del Nuevo Testamento que registran las palabras de la institución de la Santa Cena, sólo Pablo anota este mandamiento de Jesús, que dice: «haced esto todas las veces que la bebáis en memoria de mí». Pablo añade ahora su propio resumen y entendimiento de la Cena del Señor. Con la conjunción porque resume la fórmula dada por Jesús. Repite las palabras todas las veces que y las conecta con la acción de comer el pan y la acción de beber de la copa. Estas dos acciones deben ser siempre elementos que están a la par. En las fiestas de amor y en los cultos de Comunión que los corintios celebraban se daban irregularidades que Pablo desea rectificar.

b. «Proclamáis la muerte del Señor». Pablo enseña que todos los que comen el pan y beben de la copa proclaman simbólicamente la muerte de Jesús. Por medio de su muerte, Cristo los hizo partícipes del nuevo pacto que Dios estableció con su pueblo y del cual Cristo es el Mediador. Pablo les recuerda los beneficios espirituales que provienen del sacrificio de Jesús en la cruz y cuando ellos participan del pan y de la copa están reconociendo la unidad que todos tienen en Cristo.

   Cuando la iglesia celebra la Cena del Señor en el contexto del culto, los ministros deberían proclamar el significado de la muerte de Cristo. Cada vez que exponen a viva voz la Palabra de Dios, los que participan en el culto lo hacen en silencio al participar de los elementos del sacramento.

c. «Hasta que él venga». Los miembros de la iglesia proclaman tanto la muerte como la segunda venida de Jesús. Miran expectantes al día cuando Cristo vuelva y estén para siempre con el Señor. En la iglesia de la segunda mitad del primer siglo, los creyentes celebraban la Comunión y oraban Maranata (ven, Señor).

   Los cristianos no pueden suprimir su deseo por estar con el Señor, deben proclamar su muerte, resurrección y regreso. En forma similar, el profeta Isaías habla de su incapacidad para suprimir este deseo:

Por amor de Sión no callaré,

y por amor de Jerusalén no descansaré,

hasta que salga como resplandor su justicia,

y su salvación se encienda como una antorcha

(Is. 61:1).

1er Titulo:

Pan Y Vino Que Representan El Cuerpo Y La Sangre De Cristo Para La Remisión De Los Pecados. San Mateo 26:26 al 28. Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. 

   Comentario: Versíc. 26. Mientras comían, Jesús tomó pan, dio gracias y lo partió. A esta altura la Pascua pasa a ser la Cena del Señor; porque, hacia el final de la comida pascual mientras los hombres estaban todos comiendo libremente (véase sobre el v. 21), Jesús instituyó el nuevo sacramento que iba a reemplazar al antiguo. Unas pocas horas más y el antiguo símbolo, siendo cruento—porque requería la muerte de un cordero—habrá cumplido su propósito para siempre jamás, habiendo alcanzado su cumplimiento en la sangre derramada en el Calvario. Por lo tanto, era tiempo que un nuevo símbolo no sangriento reemplazase al antiguo. Sin embargo, al vincular históricamente y en una forma tan estrecha la Pascua y la Cena del Señor, Jesús dejó en claro que lo que era esencial en la primera no se perdió en la segunda. Ambas le señalan a él, el sacrificio único y todo suficiente por los pecados de su pueblo. La Pascua señalaba adelante hacia este sacrificio; la Cena del Señor señala atrás hacia él.

   Habiendo tomado de la mesa una rebanada de pan sin levadura, Jesús “dio gracias” y luego comenzó a partir el pan. Aunque el original, al referirse a la oración, usa una palabra en el v. 26 (literalmente, “habiendo bendecido”; cf. Mr. 14:22) y otra en el v. 27 (“habiendo dado gracias”; cf. Mr. 14:23)—la primera forma participial usada en referencia al pan y la segunda en referencia a la copa—no hay una diferencia esencial. Tanto Lucas (22:19) como Pablo (1 Co. 11:24) dicen “habiendo dado gracias” donde Mateo y Marcos tienen “habiendo bendecido”. Por lo tanto, no es incorrecto adoptar la traducción “Jesús … dio gracias” tanto en Mt. 26:26 como en el 27. Véase más al respecto en el comentario sobre 14:19. No se han revelado las palabras que el Señor pronunció en esta acción de gracias. Tratar de reconstruirlas a partir de las fórmulas judaicas no tiene utilidad alguna. ¿Cómo podemos siquiera saber si Jesús usó estas oraciones?

   El partimiento del pan, al que se hace referencia en todos los cuatro relatos, debe considerarse como parte de la esencia misma del sacramento. Esto se hace claro a la luz de lo que sigue inmediatamente, a saber, Entonces lo dio a sus discípulos y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Interpretar esto como que significa que Jesús estaba realmente diciendo que estos pedazos de pan que daba a sus discípulos eran idénticos con su cuerpo físico o que en ese mismo momento se estaban transformando en su cuerpo, es pasar por alto

a. el hecho de que Jesús estaba ahí de pie frente a sus discípulos en su cuerpo, de modo que todos lo podían ver. Tenía el pan en su mano y les daba pedazos a medida que lo iba partiendo. El cuerpo y el pan eran claramente distintos y así permanecieron. Ninguno se cambió al otro, ni tomó las propiedades o características físicas del otro. Además, tal interpretación también pasa por alto b. el hecho de que durante su ministerio terrenal el Maestro muy frecuentemente había usado lenguaje simbólico (Mt. 16:6; Jn. 2:19; 3:3; 4:14, 32; 6:51, 53–56; 11:11). Es notable que en todos los casos señalados por estas referencias el lenguaje figurado o simbólico de nuestro Señor fue desestimado por los que lo oyeron por primera vez. También en cada caso, el contexto deja claro que los que interpretaron literalmente las palabras de Cristo estaban equivocados. ¿No es tiempo que se reciba de corazón la lección implícita? Finalmente, c. cuando Jesús habló de sí mismo como la “vid” (Jn. 15:1, 5), ¿no es claro que quería decir que la relación entre la vid y sus sarmientos, que en la planta encuentran su unidad, vida y capacidad de fructificar, esa, en un sentido mucho más excelso, es la relación de Cristo con su pueblo? Así que, ¿no es claro que la vid representa o simboliza a Jesús la Vid verdadera? Del mismo modo él también se llama a sí mismo—o es llamado—puerta, estrella de la mañana, piedra del ángulo, cordero, fuente, roca, etc. También se refiere a sí mismo como “el pan de vida” (Jn. 6:35, 48), “el pan que descendió del cielo” (Jn. 6:58). Entonces, ¿por qué no podía ser representado y simbolizado por el “pan partido”? En consecuencia, el sentido del “pan partido” y del vino que es derramado se indica correctamente en un formulario para la celebración de la Cena del Señor que representa a Cristo diciendo: “Por cuanto de otro modo deberíais haber sufrido la muerte eterna, yo doy mi cuerpo en muerte sobre el madero de la cruz y derramo mi sangre por vosotros y alimento y refresco vuestras almas hambrientas y sedientas con mi cuerpo crucificado y mi sangre derramada para vida eterna, tan ciertamente como este pan es partido ante vuestros ojos y os es dada esta copa, y coméis y bebéis con vuestra boca en memoria de mí”.

   Era deseo del Señor, por lo tanto, que por medio de la cena la iglesia recordara su sacrificio y le amara, reflexionara sobre ese sacrificio y lo abrazara por fe y mirara al futuro con una viva esperanza hacia su glorioso regreso. Ciertamente la celebración adecuada de la comunión es un recordatorio de amor. Sin embargo, es más que eso. En esta genuina fiesta, Jesús está muy ciertamente presente y muy activo por medio de su Espíritu. Cf. Mt. 18:20. Sus seguidores “toman” y “comen”. Ellos se apropian de Cristo por medio de una fe viva y son

fortalecidos en esta fe.

   Habiendo dicho todo esto, no será necesario explayarse mucho en los vv. 27, 28. Luego tomó la copa y dio gracias. La dio a ellos diciendo: Tomad de ella todos vosotros; porque esta es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.

   Nótese lo siguiente:

a. No se debe dar mucha importancia al hecho de que Marcos hable de “una” copa, porque en los relatos paralelos el texto de Mateo varía, mientras Lucas y Pablo usan el artículo definido: “la copa”. En la Pascua era costumbre beber varias copas de vino diluido. Puesto que, como se ha señalado, la Cena del Señor estaba vinculada con la última parte de la Pascua, es claro que la copa aquí mencionada refleja la última copa de esta fiesta. Por eso tanto Lucas como Pablo hablan de la “copa después de haber cenado”. Además, el énfasis no se pone jamás en el vaso. Todo el énfasis está en su contenido, el vino (véase sobre 26:29) como símbolo de la sangre de Cristo.

b. Al ordenar a “todos” sus verdaderos discípulos que beban este vino se enfatiza la unidad de todos los creyentes en Cristo. Además, esto condena la práctica de tener una persona, un sacerdote, que beba “por todos”.

c. En los cuatro relatos se establece una relación entre la sangre de Cristo y su pacto. Como lo relatan Mateo y Marcos, Jesús dijo: “mi sangre del pacto”. La expresión se remonta a Ex. 24:8. Véase también el significativo pasaje Lv. 17:11. Y nótese: “Sin derramamiento de sangre no hay remisión” (Heb. 9:22; cf. Ef. 1:7); y por lo tanto, no hay pacto, ninguna relación especial de amistad entre Dios y su pueblo. La reconciliación con Dios siempre exige sangre, un sacrificio expiatorio. Y puesto que el hombre mismo es incapaz de ofrecer tal sacrificio, se requiere un sacrificio substitutivo, aceptado por fe (Is. 53:6, 8, 10, 12; Mt. 20:28; Mr. 10:45; Jn. 3:16; 6:51; Ro. 4:19; 8:32; 2 Co. 5:20, 21; Gá. 2:20; 3:13; 1 P. 2:24). Así llega a existir el pacto. Las Escrituras se refieren repetidas veces al pacto de Dios con su pueblo. El Señor lo estableció con Abraham (Gn. 17:7; Sal. 105:9), por lo tanto, también con todos los que participan de la fe de Abraham (Gá. 3:7, 29).

d. Jesús dice que su sangre es derramada “por muchos”, no por todos. Cf. Is. 53:12; Mt. 1:21; 20:28; Mr. 10:45; Jn. 10:11, 14, 15, 27, 28; 17:9; Hch. 20:28; Ro. 8:32–35; Ef. 5:25–27. Sin embargo, “por muchos” no por sólo unos pocos. Cf. Jn. 1:29; 3:16; 4:42; 10:16; 1 Jn. 4:14; Ap. 7:9, 10.

   Tanto en Mateo como en Marcos se indica que esta es ciertamente la última vez que va a estar con sus discípulos en este tipo de cena. Por medio de este dicho y lo que en él queda implícito predice su muerte inminente y ordena a sus discípulos y a sus seguidores a través de todos los tiempos que lo sigan haciendo en memoria suya hasta su segunda venida (cf. 1Co. 11:26): 29. Pero os digo que de ahora en adelante ciertamente no beberé más de este fruto de la vid hasta aquel día cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. Al hablar del “fruto de la vid”, Jesús se refiere indudablemente al vino. Nótese la estrecha relación entre “vid” y “vino” en Is. 24:7. Véase también Nm. 6:4; Hab. 3:17. En esta época del año (abril) y en las condiciones de vida prevalecientes en Judea en aquel tiempo, es difícil pensar en algo distinto del jugo de uva fermentado, es decir, vino, el tipo de vino usado en la Pascua; de ahí, vino pascual o diluido.

   Al decir “hasta el día que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre”, Jesús con toda probabilidad quiere decir: “hasta que en el reino (véase sobre 4:23; 13:43) de mi Padre—expresión favorita de Jesús; véase sobre 5:14b–16; 6:9; 7:21–23; 12:50; 16:17—yo entre en una comunión eterna y festiva con vosotros”. Entonces tanto la Pascua como la eucaristía habrán alcanzado su fruición (Lc. 22:16). Véase también sobre 19:28.

    Así que vemos que la comunión no solamente apunta hacia atrás a lo que Cristo hizo por nosotros, sino también hacia adelante a lo que él todavía habrá de significar para nosotros. “Beber vino nuevo en el reino de mi Padre” con toda probabilidad debe interpretarse como un símbolo de la gloriosa reunión y las festividades sin fin que esperan a los hijos de Dios en la vida venidera. Cf. Is. 25:6; Ap. 19:19 y véase también sobre Mt. 8:11.

   Versíc. 30. Y cuando hubieron cantado un himno, salieron al monte de los Olivos. “Cuando hubieron himnado”, dice el original. Puesto que la Cena del Señor era el fruto natural de la Pascua, es probable que los himnos de alabanza que se entonaron hayan sido los Salmos 115–118. Como todos pueden darse cuenta al leerlos, éstos son cantos de alabanza, de acción de gracias y de confianza en Dios. No sólo constituían una conclusión adecuada a las bendiciones disfrutadas, sino también un preparativo muy especial para los duros sufrimientos que iban a comenzar. Acerca del tema de cantos adecuados tanto para el hogar como para las reuniones públicas, véase N.T. sobre Ef. 5:19 y Col. 3:16. Cuando la reunión se hubo concluido así, Jesús y sus discípulos, que ya no eran doce sino once, fueron al monte de los Olivos, acerca del cual véase sobre 21:1; 24:3. Específicamente, cruzaron el Cedrón y entraron en el Getsemaní, localizado al pie del monte. Véase 26:36; cf. Jn. 18:1.

2° Titulo:

Honesto Examen Delante De Dios Para Participar De La Santa Cena. 1ª a los corintios 11:28-29. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 

    Comentario:  c. Preparación11:27–34 (se toma todo el contexto para mayor comprensión del tema).

    En Corinto, las condiciones de las fiestas de amor y de la Comunión eran tan deplorables, que para corregirlas no bastaba recitar las palabras de Jesúsy celebrar propiamente la Cena del Señor. Pablo quería que los cristianos de Corinto examinasen su vida espiritual y social. Habiéndose arrepentido de sus pecados, debían acercarse libremente a la mesa del Señor, sabiendo que no serían condenados. Debían darse cuenta de que un sacramento es algo sagrado y de la necesidad de venir a la Santa Cena con profunda reverencia. La celebración de la Comunión es una ocasión de gozo y felicidad, pero jamás de superficialidad e indolencia.

   Versíc. 27. Por tanto, quienquiera que coma este pan o beba esta copa del Señor indignamente, será culpable de [profanar] el cuerpo y la sangre del Señor.

a. Traducción. Primero, los traductores y editores del texto griego no se ponen de acuerdo en cómo dividir el texto. ¿Debería este versículo ser la conclusión del párrafo precedente o el comienzo de uno nuevo? La mayoría de los estudiosos piensa que Pablo comienza a tratar otro aspecto de su enseñanza acerca de la Santa Cena y, por tanto, optan por empezar un nuevo párrafo.

   Segundo, la oración es clara en griego, pero no en español. Se debe insertar la palabra profanar o su equivalente, a fin de aclarar que el que participa con indiferencia de la Comunión peca contra el Señor mismo. Si diéramos una traducción literal, podríamos dar a entender que el comulgante es culpable de asesinar a Jesús.

b. Incompatibilidad. «Por tanto, quienquiera que coma este pan o beba esta copa del Señor indignamente». El pan y la copa pertenecen al Señor. Así que, cualquiera que participa de estos elementos sin observar la santidad del Señor, peca contra él. Pablo escribe la pequeña palabra o para recalcar que cuando se profana el acto de comer o beber, el comulgante es culpable. A la luz de las oraciones paralelas de los versículos precedentes y

subsiguientes (vv. 26, 28), el disyuntivo o parece ser lo mismo que y.

   Como el adverbio indignamente tiene varios sentidos, surgen numerosas y diversas explicaciones. Ilustremos las opciones: que los comulgantes se creen indignos de una comida y bebida tan santa; que los comulgantes se acercan sin arrepentirse de sus pecados y, entonces, sin examinarse a sí mismos; que los corintios adinerados desprecian a los pobres; que los comulgantes no agradecen al Señor, y así el sacramento se convierte en una fiesta frívola.

   Quizá Pablo quería que el adverbio indignamente fuera interpretado tan ampliamente como fuese posible. Es cierto que algunos corintios demostraban falta de amor, mientras que otros no distinguían entre una fiesta de amor y la Santa Cena. Ambos grupos se equivocaban, y Pablo los confronta. Pero el texto también tiene un mensaje para la iglesia universal. Los cristianos jamás deberían considerar la Cena del Señor como un simple rito. Más bien los creyentes sinceros deberían llegar a la Comunión con expectativas. Los cristianos deben confesar que por su pecado son indignos, pero por Cristo son dignos. Pablo no exige que los creyentes sean perfectos para permitirles participar en la Comunión. Promueve un estilo de vida que esté gobernado por las exigencias del evangelio de Cristo y que atribuya a Dios la más alta alabanza.

c. Culpabilidad. «Será culpable de [profanar] el cuerpo y la sangre del Señor». Las palabras indignamente y culpable van yuxtapuestas en el griego y se explican mutuamente, como lo aclara una ilustración moderna. Una persona que quema la bandera de su país está declarando que no lo respeta. Admitiendo que una bandera no es más que un pedazo de tela, sabemos que simboliza a la nación. Faltarle el respeto a la bandera es despreciar al país que representa.

   De la misma forma, si comulgamos indignamente de los elementos de la Santa Cena, estamos cometiendo un sacrilegio. El que profana el pan y la copa está ofendiendo al Señor mismo. A propósito, han elegido no proclamar la muerte de Cristo, sino oponerse al Señor y tomar parte con quienes lo mataron. Esta gente se hacía culpable del cuerpo y de la sangre del Señor, porque avergonzaban abiertamente al Hijo de Dios y lo trataban con insolencia (cf. Hch. 7:52; Heb. 6:6; 10:29).

   Versíc. 28. Pero que cada uno se examine a sí mismo y así que coma del pan y beba de la copa.

   ¿Aconseja Pablo a los corintios que debieran examinarse a sí mismos antes de acercarse a la mesa del Señor? ¿Debe el pastor exhortar a su membresía a que se examine antes de celebrar la comunión? La respuesta a estas dos preguntas es un sonoro sí. Estas son las razones:

   Primero, con el adversativo, pero, Pablo prescribe el autoexamen para todos los que deseen participar del pan y de la copa del Señor. Cuando dice cada uno se refiere a todos, hombres y mujeres.

   Segundo, el significado del verbo examinar se aplica a los lectores originales de esta carta y a los miembros de la iglesia universal. El imperativo presente del verbo examinar indica que quien sea que participe de la Cena del Señor debe examinarse en forma regular. Los corintios deben saber que no pueden participar de la Comunión con sus corazones llenos de desprecio o frivolidad. Después del debido autoexamen deben acercarse a la mesa del Señor con amor genuino tanto para el Señor como para el prójimo. Esto es cierto de todos los cristianos en todas partes. Deben acercarse a la mesa de la Comunión con sus corazones en sintonía con Dios y las Escrituras (cf. 2 Co. 13:5, 6). Esa mesa simboliza la santidad de Dios y su presencia sagrada. Habiendo buscado y obtenido el perdón de sus pecados, el pueblo de Dios puede entrar en la esfera de la santidad de Dios. En suma, la mesa del Señor no tolera ni la incredulidad ni la desobediencia. La Comunión es para los que expresan verdadera fe en Jesucristo y proclaman su muerte esperando su regreso.

   Versíc. 29. Porque el que come y bebe, come y bebe juicio para sí, si no discierne el cuerpo.

a. Texto. Este pasaje explica y apoya al versículo precedente (v. 28). Algunos manuscritos griegos tienen una lectura ampliada del texto. Añaden el adverbio indignamente después de la oración el que come y bebe y las palabras del Señor después de cuerpo, lo que resulta en: «Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí» (RV60). Algunas versiones muestran ambas adiciones, otras sólo aceptan la segunda.91 Pero la lectura larga parece ser un intento bien intencionado de explicar el texto con la ayuda del versículo 27. En la antigüedad, los escribas tenían la tendencia a ampliar el texto, no a condensarlo. Aceptamos la lectura corta como la correcta, porque es la lectura más difícil y porque no es fácil explicar cómo pudieron haberse omitido las palabras añadidas por la lectura amplificada.

b. Significado. «Porque el que come y bebe, come y bebe juicio para sí, si no discierne el cuerpo». La primera parte del versículo es repetitiva y se explica en la segunda oración. La conjunción causal porque une este versículo al contexto precedente, que habla de autoexaminarse antes de comulgar. Cualquiera que come y bebe sin tal introspección es juzgado por Dios. Pero Dios no lo condenará si se arrepiente y discierne con propiedad. El juicio de Dios cae sobre aquellos que no se autoexaminan. Esto es tan inevitable como que la

noche sigue al día.

   ¿Qué aconseja Pablo? Dice que el juicio viene sólo cuando la persona no discierne el cuerpo. Esto es, los comulgantes deben distinguir claramente entre el pan que comen en la fiesta de amor para nutrir sus cuerpos físicos y el pan de la Cena del Señor para el beneficio del cuerpo de creyentes.93 Comemos pan para alimentar nuestros cuerpos, pero el mismo pan se convierte en santo cuando se aparta para la Comunión. El acto de diferenciar tiene que ver con el comer el pan, lo cual armoniza con el contexto inmediato.

   ¿Se refiere el término cuerpo (v. 29) al cuerpo del Señor, como se ve en algunas traducciones? ¿Es una abreviación para «el cuerpo y la sangre delSeñor» (v. 27)? ¿O es una referencia al cuerpo de creyentes (10:16)? Casi todos los comentaristas entienden este versículo (v. 29) a la luz del contexto inmediato que habla del cuerpo del Señor. Creen que hay una íntima conexión entre los versículos 27 y 29. Los comentaristas saben que los mejores manuscritos no registran las palabras del Señor como modificativo de cuerpo. Sin embargo, entienden que el término cuerpo es una forma abreviada de la idea completa «el cuerpo y la sangre del Señor» que aparece en el versículo 27. Ponen en duda de que Pablo espera que los lectores entiendan que su sentido sea «el cuerpo de creyentes» (10:16). Pablo habla del cuerpo del Señor representado en el pan y la copa de la Comunión.

Consideraciones prácticas en 11:27–29

   El salmista le pregunta al Señor quiénes puedan ser admitidos dentro del templo (Sal. 15:1). O para decirlo de otro modo, podemos preguntar quién puede ser invitado a la mesa del Señor. La respuesta es: la persona irreprensible, justa, recta y obediente a la ley del Señor. ¿Quiere decir esto que sólo aquellos que son perfectos pueden entrar en el templo y sentarse a la mesa del Señor? No. Aun en el antiguo Israel el pueblo tenía que prepararse antes de entrar al tabernáculo o al templo. Tenía que examinarse a sí mismos antes de entrar a los atrios del Señor durante las fiestas de la Pascua, las primicias y los tabernáculos.95 Del mismo modo, en el Nuevo Testamento se les pide a los cristianos que se examinen a sí mismos antes de acercarse a la mesa del Señor.

   ¿Pero quiénes puedan ser admitidos a la mesa de la Comunión? El teólogo alemán Zacarías Ursinus bregó con la misma pregunta. En 1563 entregó la respuesta bíblica en forma completa y pertinente:

Aquellos que no estén contentos consigo mismos

a causa de sus pecados

y que, sin embargo, confían que

sus pecados les son perdonados

y que la flaqueza que todavía queda en ellos

es cubierta por la pasión y muerte de Cristo,

y que también desean más y más

ser fortalecidos en su fe

y corregir su vida.

Pero los hipócritas e impenitentes

comen y beben juicio para sí.

   Versíc. 30. Por causa de esto, muchos entre vosotros están débiles y enfermos y muchos han muerto. 31. Pero si nos juzgásemos correctamente,97 no seríamos juzgados. 32. Cuando somos juzgados, somos disciplinados por el Señor para que no seamos condenados con el mundo.

a. «Por causa de esto». Los resultados de la desidia de los corintios se hacen evidentes en la comunidad cristiana. Al término de su discurso sobre la Cena del Señor, Pablo alude con valentía a las tristes consecuencias de los abusos.

b. «Muchos entre vosotros están débiles y enfermos y muchos han muerto». Como Pablo fue el primer pastor de los corintios, la delegación que lo visitó (16:17) probablemente le informó en detalle acerca de la salud física de los miembros de la iglesia. Se enteró que muchos miembros estaban indispuestos, que otros estaban enfermos y que otros habían muerto. Los que estaban indispuestos sufrían un malestar pasajero; los enfermos estaban mal de salud y muchos no tenían esperanza de recuperación; los que murieron son descritos como «los que duermen».

   Pablo saca conclusiones proféticas de las noticias que recibió. Cree necesario advertirles a los corintios que sus enfermedades y muertes tienen que ver con el veredicto que Dios ha pronunciado sobre ellos. El veredicto vino a causa de la forma impropia en que celebraban la Santa Cena. Aquí vuelve a mencionarles que deben examinarse a sí mismos.

   Pablo no nos da licencia para juzgar las enfermedades de los demás. Por el contrario, nos insta a hacer un concienzudo examen de nuestra propia vida moral y espiritual.

c. «Pero si nos juzgásemos correctamente, no seríamos juzgados». La traducción española no es capaz de reproducir el griego, que tiene un doble reflexivo. Uno aparece en el verbo nos juzgásemos y el otro en el pronombre nos. Pablo quiere evitar darle a los corintios la idea de que otros podrían juzgarlos. Lo que desea es que cada uno se examine a sí mismo en la forma correcta.

   El versículo 31 es una oración condicional que indica un suceso contrario a los hechos. Pablo dice que si nos juzgásemos a nosotros mismos (cosa que no estamos haciendo), no seríamos juzgados (mientras que ahora sí estamos recibiendo el juicio de Dios). Con la primera persona plural, Pablo se incluye a sí mismo, a pesar de que la oración condicional realmente sólo tiene que ver con los corintios. Están en pecado, pero Dios quiere que se arrepientan y cambien de actitud.

d. «Cuando somos juzgados, somos disciplinados por el Señor». Pablo mismo nos interpreta el significado del verbo juzgar. No es que Dios nos esté castigando, lo que hace es disciplinarnos. Dios castigó a su Hijo, quien cargó y quitó nuestros pecados en la cruz. Si Dios nos castigara, Cristo no hubiera muerto por nuestros pecados. Pero Dios no va a castigar a Cristo y a nosotros. Dios nos disciplina para que nos volvamos a él con todo arrepentimiento. Al arrepentirnos de nuestros malos caminos, experimentamos el perdón, la gracia, la misericordia y el amor de Dios (2 Co. 7:10). Dios usa las aflicciones para acercarnos a él. Nos disciplina porque somos sus hijos (cf. 1 P. 4:17; Heb. 12:5–7, 10). A menudo la enfermedad no cede porque el pecado persiste. Santiago le aconseja al pecador que confiese su pecado y sea sanado (Stg. 5: 16a).

e. «Para que no seamos condenados con el mundo». En dos versículos precedentes (vv. 27, 29), Pablo declaró que cualquiera que coma o beba sin discernir la diferencia entre las fiestas de amor y la Comunión está bajo juicio. Pero aquí juicio no es lo mismo que condenación. El juicio es una advertencia oportuna, la condenación es irrevocable. Si no hacemos caso a la advertencia que Dios nos manda en su gracia, seremos condenados y pereceremos con los incrédulos endurecidos del mundo. Dios no se complace en la muerte del justo que voluntariamente se descarría ni del impío. Dios más bien exhorta a todos al arrepentimiento, para que vivan (Ez. 18:32).

   Versíc. 33. Por tanto, mis hermanos, cuando os reunís, esperaos unos a otros. 34a. Si alguno tiene hambre, que coma en casa, para que no seáis juzgados.

   Mediante el adverbio, por tanto, Pablo resume su discurso de la Cena del Señor. Vuelve a dirigirse a sus lectores con el cariñoso apelativo de mis hermanos, lo cual incluye a las hermanas (véase 1:11; 14:39; 15:58). Con este saludo les comunica su amor y preocupación. Como fiel pastor, les aconseja para que corrijan la forma en que se conducen en las fiestas de amor y en la celebración de la Comunión.

    El consejo de Pablo les insta a convertir pensamientos y palabras en acciones. Si los corintios de veras examinan la conducta que tienen en sus reuniones y se arrepienten, eso tiene que producir cambios visibles en sus futuras reuniones. Cuando se reúnan para comer juntos y nutrir sus cuerpos físicos o para participar de la Santa Cena, deben de ser pacientes y esperarse unos a otros. El verbo griego ekdejomai (=esperar a) aparece seis veces en el Nuevo Testamento y siempre con el mismo significado. Se usa para describir a Pablo esperando a Silas y a Timoteo en Atenas, para representar al agricultor que pacientemente espera las lluvias de la primavera y del otoño. Esta acepción apoya el sentido del versículo 21, donde Pablo lamenta la falta de paciencia de los corintios que no esperaban a sus hermanos. Aquí les exhorta a expresarse amor genuino unos a otros: el rico hacia el pobre, y el pobre hacia el rico.

   Cuando los corintios se reúnen, deben darse cuenta de que el propósito de la reunión no es alimentarse físicamente, sino espiritualmente. Pablo les exhorta a diferenciar entre necesidades espirituales y físicas. Les dice: «si alguno tiene hambre, que coma en casa».

   Con la palabra alguno se dirige a todos los miembros de la iglesia de Corinto, ricos y pobres. Pablo hace ver que existe una clara separación entre la fiesta de amor y la celebración de la Cena del Señor. Les dice a los corintios que deben comer y beber en casa, reforzando así lo que dijo anteriormente acerca de sus casas particulares (v. 22). Tienen que darse cuenta de que participar del pan y de la copa de la Comunión no tiene como fin el satisfacer el hambre físico, sino el deseo espiritual de tener comunión con Cristo y su pueblo. Si los corintios guardaran esta distinción en forma correcta, no serían juzgados.

   Versíc. 34b. Los demás asuntos los pondré en orden cuando vaya a veros.

   En este capítulo, Pablo ha enseñado cuál debe ser la conducta propia en los cultos de adoración y durante la celebración de la Comunión. Aunque estos temas quizá no fueron mencionados en la carta que Pablo recibió, el apóstol estaba al tanto de lo que ocurría en Corinto y creyó provechoso poner sus instrucciones por escrito para la comunidad de Corinto y para todas las iglesias.

   Pablo no nos entrega detalles que nos ayuden a saber qué quiere decir con la frase los demás asuntos. Suponemos que se refiere a otras irregularidades de la iglesia de Corintoque desconocemos. Son cosas que pueden esperar a que él llegue. Entonces entregaráinstrucción adicional, cuando los vea cara a cara (cf. 2 Jn. 12; 3 Jn. 13,14). Después devisitar a las iglesias de Macedonia, Pablo espera ir a Corinto para pasar el invierno allí(16:5–8).

Resumen del capítulo 11:28-34

   Después de elogiar a los corintios por recordarle a él y a sus enseñanzas, Pablo habla de la autoridad de Cristo, el hombre y Dios. De dicho trato deduce algunos principios acerca de la conducta apropiada en el culto de adoración. Afirma que es impropio que un hombre ore o profetice con la cabeza cubierta y que una mujer lo haga con la cabeza descubierta. Enseña que la mujer debe cubrirse la cabeza. De otra manera, debería raparse, lo cual le sería una desgracia. También enseña que el hombre es la gloria de Dios y que la mujer es la gloria del hombre. La mujer fue sacada del hombre y el hombre nace de la mujer, pero todas las cosas provienen de Dios. El cabello largo es una desgracia para el hombre, pero es la gloria de la mujer.

   Pablo no alaba a los corintios por sus reuniones, ya que causan más daño que beneficio. Dice que cuando se reúnen para la Cena del Señor, algunos quedan con hambre mientras otros se emborrachan. Humillan a los pobres y se desvían de las normas bíblicas, lo cual mancha a la iglesia de Dios. Por consiguiente, Pablo tiene que enseñarles acerca de la institución de la Santa Cena, tal como él la recibió del Señor. Les instruye a que con frecuencia coman el pan y beban de la copa como una proclamación de la muerte del Señor en el contexto de la expectación por su venida.

   Observar la Comunión con indiferencia es un pecado contra el Señor mismo. Pablo insta a los corintios a que se examinen antes de comer y beber de la mesa del Señor. Si uno no se examina, se está granjeando el juicio divino, como lo confirman las enfermedades y muertes entre los corintios. Pero si uno se examina y se arrepiente, se libra del juicio de Dios.

   Pablo concluye su tratamiento amonestando a los corintios de que satisfagan su hambre en casa, para que la Cena del Señor sea celebrada con propiedad. Les informa a sus lectores que cuando los visite les entregará mayores instrucciones.

3er Titulo:

La Fiesta De La Pascua Es Sombra Del Sacramento Instituido Por Cristo. Éxodo 12: 3 al 11. Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. 

   Comentario: Vv. 3—11. El Señor hace nuevas todas las cosas para aquellos que libera de la esclavitud de Satanás y los toma para sí mismo a fin de que sean su pueblo. El momento en que Él hace esto, para ellos es el comienzo de una vida nueva. —Dios señaló que, la noche en que iban a salir de Egipto, cada familia matara un cordero o que dos o tres familias, si eran pequeñas, debían matar un cordero en conjunto. Este cordero tenía que comerse en la manera aquí indicada y la sangre debía rociarse en el dintel y en los postes para señalar las casas de los Israelitas, y distinguirlas de las de los egipcios. El ángel del Señor, cuando destruyera a los primogénitos egipcios, pasaría por alto) las casas marcadas con la sangre del cordero: de aquí el nombre de esta fiesta u ordenanza sagrada.

   La Pascua debería celebrarse cada año, tanto como recordatorio de la preservación de Israel y su liberación de Egipto, y como un notable tipo de Cristo. La seguridad y liberación de los israelitas no fue una recompensa de su justicia propia sino una dádiva misericordiosa. A ellos les recordaba esto y, por medio de esta ordenanza, se les enseñó que todas las bendiciones les llegaron por medio del derramamiento y el rociamiento de sangre. —Obsérvese: —1. El cordero pascual era un tipo. Cristo es nuestra Pascua, 1 Corintios v, 7. Cristo es el Cordero de Dios, Juan 1:29; a menudo, se le llama Cordero en Apocalipsis. Tenía que ser de calidad óptima; Cristo se ofreció en lo mejor de su edad, no cuando era el bebé de Belén. Tenía que carecer de todo defecto; el Señor Jesús fue un Cordero sin mancha: El juez que condenó a Cristo lo declaró inocente. Tenía que ser puesto aparte cuatro días antes, denotando esto la designación del Señor Jesús para ser Salvador, tanto en el propósito como en la promesa. Tenía que ser muerto y quemado con fuego, denotando esto los penosos sufrimientos del Señor Jesús, hasta la muerte y la muerte de cruz. La ira de Dios es como fuego y Cristo fue hecho maldición por nosotros. Ningún hueso suyo debía quebrarse, cosa que se cumplió en Cristo, Juan 19: 33, indicando esto la fortaleza no quebrantada del Señor Jesús. —2. El rociamiento de la sangre era un tipo. La sangre del cordero debía rociarse, indicando la aplicación de los méritos de la muerte de Cristo a nuestras almas; tenemos que recibir la expiación, Romanos v. 11. La fe es el hisopo con que se nos aplican las promesas y los beneficios de la sangre de Cristo. Tenía que rociarse en el dintel y los postes de la puerta, señalando la profesión directa de fe en Cristo que tenemos que hacer. No tenía que rociarse sobre el umbral, lo cual nos advierte para tener el cuidado de no pisotear la sangre del pacto. Es sangre preciosa y debe ser preciosa para nosotros. La sangre, así rociada, fue un medio para preservar a los israelitas del ángel destructor, que no tenía nada que hacer donde estuviera la sangre. La sangre de Cristo es la protección del creyente de la ira de Dios, de la maldición de la ley, y de la condenación del infierno, Romanos 8:1. 3. El comer solemnemente el cordero era un tipo de nuestro deber hacia Cristo en el evangelio. El cordero pascual no era sólo para contemplarlo, sino para comerlo. Así, por fe tenemos que apropiarnos de Cristo; y recibir fuerza y alimento espiritual de Él, como de nuestra comida; véase Juan 6:53-55. Era para ser comido todo; los que por fe se alimentan de Cristo, deben hacerlo de un Cristo total: debe tomar a Cristo y su yugo, a Cristo y su cruz, y asimismo a Cristo y su corona. Tenía que ser comido de una sola vez, de inmediato, sin dejar nada para la mañana. Hoy se ofrece a Cristo y debe ser recibido en tanto se dice hoy, antes que durmamos el sueño de la muerte. Tenía que ser comido con hierbas amargas, recordando la amargura de la esclavitud en Egipto; nosotros debemos alimentarnos de Cristo con dolor y con el corazón quebrantado, recordando el pecado. Cristo será dulce para nosotros si el pecado es amargo. Tenía que comerse de pie con el bordón en la mano, listos para partir. Cuando nos alimentamos de Cristo por fe, debemos abandonar el reinado y el dominio del pecado; liberarnos del mundo y de todo lo que en él hay; abandonarlo todo por Cristo y no considerarlo como mal negocio, Hebreos 13:13-14. La fiesta de los panes sin levadura era un tipo de la vida cristiana, 1 Corintios v, 7, 8. Habiendo recibido a Cristo Jesús el Señor debemos gozarnos continuamente en Cristo Jesús. Ninguna clase de obra debe hacerse, esto es, no admitir ni albergar afanes, que no concuerden con este santo gozo, o que lo rebajen. Los judíos eran muy estrictos en cuanto a que en la Pascua nada de levadura debía hallarse en sus casas. Debe ser una fiesta que se observa con caridad, sin la levadura de la malicia; y con sinceridad, sin la levadura de la hipocresía. Era una ordenanza perpetua: en la medida que vivamos debemos seguir alimentándonos de Cristo, regocijándonos en Él siempre, y mencionando con gratitud las grandes cosas que Él ha hecho por nosotros.

   Comentario 2: (b) El cordero pascual, 12:3–5. Cada familia debía escoger un cordero o un cabrito el día décimo del mes (v. 3). El animal debía ser sin defecto, y macho de un año (v. 5), lo que posiblemente significa que podría ser nacido dentro del año. El animal debía ser guardado cuatro días, para verificar que fuese perfecto: siempre se ha de ofrecer lo mejor a Dios. (Nótese que no dice nada acerca de que sea primogénito.)

   Una fiesta familiar. En contraste con las otras fiestas principales de Israel, la Pascua fue establecida como un festival familiar que se celebraba en el hogar (v. 3). Si la familia era demasiado pequeña, podía compartir el cordero con el vecino inmediato, de acuerdo con el número de personas (v. 4). Parece que el propósito de la ley era tener un número de gente suficiente para consumir el cordero. Posteriormente, las autoridades judías estipularon que el número mínimo que podía reunirse para celebrar la pascua eran 10. Sin embargo, habitualmente los participantes eran mucho más numerosos, por lo que se estableció que la porción mínima del cordero asado podría ser del tamaño de una aceituna.

   (c) La preparación para la Pascua, 12:6, 7. El cordero debía ser sacrificado el día 14 del mes, al atardecer (v. 6). Para los judíos el día empezaba por la tarde; así que, el sacrificio ocurrió el día 14, y la cena se celebró aquella noche, cuando ya era el 15 de Abib (Nisán), la fecha de iniciar la fiesta de los panes sin levadura (v. 18). La palabra atardecer es una traducción del hebreo que significa literalmente, “entre las luces”. Probablemente se refiere al período entre la puesta del sol y la oscuridad (ver Deut. 16:6), y así lo entendían los samaritanos; sin embargo, algunos lo interpretaban como el período entre el mediodía y la puesta del sol, mientras que los fariseos, en el tiempo de Jesús, evidentemente lo tomaban como el tiempo entre la media tarde y la puesta del sol.

   No se hace referencia a la presencia de ningún sacerdote. El rito de inmolar al cordero era responsabilidad de cada familia, y era un acto de fe y obediencia. Parece que el sacrificio se hizo a la puerta de la casa (v.22), y con un manojo de hisopo empapado en la sangre untaron el dintel y los postes de la puerta de las casas en donde comerían el asado (vv. 7, 22). La sangre simbolizaba la vida (ver Gén. 9:4, Lev. 17:11); la plaga que iba a venir era la de la muerte, la cual amenazaba también a Israel. Por medio de la sangre del cordero, el símbolo de la vida, puesta sobre los postes y los dinteles, las entradas a las casas, Dios prohibió la entrada del destructor (ver 12:22, 23). Para Israel, tanto como para los países vecinos, la entrada de la casa, se consideraba un lugar sagrado (ver Deut. 6:9; Isa. 57:8), por lo que buscaban medios para evitar la entrada de espíritus malignos. La gracia divina se ve en la sangre, la dádiva de la vida del cordero. Y todavía es así para el creyente: por medio de la sangre de Jesús, el cordero de Dios, se impide la entrada de la muerte espiritual y se encuentra la vida eterna.

   (d) La comida pascual, 12:8–11. Hubo tres elementos en la comida de Pascua: la carne asada al fuego, panes sin levadura y hierbas amargas (v.8). Después de inmolar y limpiar el cordero, fue asado al fuego, con su cabeza, sus piernas y sus entrañas (v. 9).

   El comerlo era un acto de identificación con el animal sacrificado: llegaba a ser parte de la vida del participante. Debían comerlo todo, o quemar en el fuego lo que quedara (v. 10). Al ser dedicado al Señor, el cordero participaba de santidad, y lo santificado nunca debía ser profanado. El principio se aplicaba tanto al animal sacrificado al Señor como a las personas que se identificaban con él en su comunidad de fe.

   El cordero debía ser preparado lo más rápidamente posible. No debía ser comido crudo ni pasado por agua, pues los dos métodos tomarían demasiado tiempo. Debían comerlo apresuradamente, para salir inmediatamente (v. 11). El pueblo de Dios debía ser un pueblo peregrino, preparado siempre para marchar en cualquier momento.

   Por razón de la prisa, el pan debía ser sin fermentar y de fácil preparación. El pan era símbolo de la aflicción sufrida en Egipto (ver Exo. 1:13, 14; Deut. 16:3). Las hierbas amargas (v. 8) también representaban la vida amarga que pasaron. Más tarde se identificaron cinco hierbas que podían ser usadas para cumplir con el requisito de guardar para siempre la Pascua (vv. 24, 25): menta, serpentaria, lechuga, achicoria y diente de león.

   Con esperanza y un sentir de urgencia, debían comer con las sandalias puestas, el bastón en la mano, y los cintos ceñidos (v. 11). Los cintos ceñidos era una expresión idiomática tomada dela vida diaria de la época. Cuando los hombres descansaban en casa llevaban una túnica larga ysuelta sobre su ropa interior. Sin embargo, cuando tenían que moverse rápidamente, o trabajar, oir de viaje, la túnica les estorbaba. Entonces, se recogían las orillas del manto y las metían bajouna faja ceñida alrededor de la cintura. Así podían moverse libremente sin enredarse en losextremos sueltos de las túnicas. Se decía que alguien listo para trabajar, o para la batalla, o paraemprender viaje, tenía los lomos ceñidos.

   Así lo habréis de comer: …es la Pascua de Jehovah (v. 11). La palabra pascua (pasach 6453) proviene de un verbo bastante debatido; sin embargo, parece que quiere decir “pasar de largo” o “pasar por alto”. En el v. 13, se emplea el verbo: Yo veré la sangre y en cuanto a vosotros pasaré de largo…. No se usa el mismo verbo en el v. 12, pasaré por la tierra de Egipto…. Cuando Jehovah pasó por Egipto pasó de largo, o por alto, las casas de los israelitas.

Verdades prácticas

1. (12:2) La fecha del éxodo era el principio del año calendario para los israelitas. Para los cristianos, nuestra verdadera vida comenzó cuando Cristo entró a nuestra vida personal y fuimos liberados de la esclavitud del pecado.

2. La enseñanza bíblica correcta es esencial para que la celebración de la Cena del Señor y el bautismo no pierdan su sentido evangelizador. Sin enseñanza bíblica la gente se queda con el rito y le concede poder salvador, ignorando a Cristo, quien, con su sacrificio, representado en los ritos, es el que da la salvación.

3. La liberación de la esclavitud en Egipto era voluntaria. Cada israelita, de acuerdo con su decisión, podía o no cumplir con las instrucciones pascuales de Jehovah y ser liberado o permanecer en Egipto. Nuestra aceptación de la salvación ofrecida por la gracia del sacrificio expiatorio de Cristo es también voluntaria. Cada persona ha de decidir individualmente si recibe a Cristo o lo rechaza.

4° Titulo:

La Iglesia Apostólica Celebro Este Nuevo Sacramento. Los Hechos 2:42. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

   Comentario: Versíc. 42. Y continuamente se dedicaban a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión unos con otros, al partimiento del pan y a las oraciones.

   Pongamos atención a los siguientes componentes:

a. Enseñando. La frase “y continuamente se dedicaban a la enseñanza de los apóstoles” apunta al fervor y dedicación de estos primeros convertidos al cristianismo. Con toda decisión y firmeza buscaron a los apóstoles para que les instruyeran en el evangelio de Cristo, porque Jesús había ordenado a su grupo de seguidores a ser maestros de estos aprendices (Mt. 28:20).

   Durante su ministerio terrenal, Jesús enseñó con autoridad y “no como los maestros de la ley” (Mr. 1:22). Antes de su ascensión, él delegó esta autoridad a sus apóstoles, que hablaron en su nombre. Nótese el doble significado del término enseñanza. En un sentido amplio, la palabra se refiere a las buenas nuevas de todo lo que Jesús dijo e hizo. Y en un sentido restringido, los apóstoles fueron ocupados en el trabajo de enseñar un evangelio oral a los convertidos, a quienes Lucas llama en Hechos discípulos (o aprendices). Suponemos que esta enseñanza fue dada especialmente en servicios de adoración públicos, donde los apóstoles enseñaron este evangelio en sus predicaciones.

b. Comunión. Tres palabras siguen al término enseñanza. La primera, comunión, describe el entusiasmo que los creyentes demostraron en una adoración unida, en las comidas, y en el compartir de sus bienes materiales (v. 44). Los cristianos demostraron en forma visible su unidad en Jesucristo, en los servicios de adoración, donde se llamaban unos a otros hermanos y hermanas.

c. El partimiento del pan. ¿Es esta una referencia a una comida en un lugar privado (véase Lc. 24:30, 35), o a un servicio de comunión? No es fácil encontrar la respuesta correcta. El contexto, sin embargo, parece sugerir que se refiere a la celebración de la Cena del Señor. En el griego, el artículo definido precede al sustantivo pan lo que indicaría que los cristianos participaban de el pan apartado para el sacramento de la comunión (c.f. 20:11; 1 Co. 10:16). Además, el acto de partir el pan tiene su secuela en el acto de las oraciones (presumiblemente durante los cultos de adoración públicos). Las palabras partimiento del pan aparecen en la secuencia de enseñanza, comunión y oraciones en los cultos de adoración. Por lo tanto, podemos entender el término como una temprana descripción para la celebración de la Santa Cena. En la liturgia de la iglesia cristiana, esta celebración fue y sigue siendo acompañada por la enseñanza del evangelio y por las oraciones.

d. Las oraciones. Literalmente el texto habla de “las oraciones”. Nótese que Lucas también usa aquí el artículo definido para describir oraciones específicas hechas en la adoración; quizás incluyen las oraciones formales que los judíos acostumbraban ofrecer en el templo (3:1). En resumen, los cuatro elementos que Lucas menciona en este versículo (v. 42) aparecen relacionados a la adoración pública: la enseñanza apostólica y la predicación, la comunión de los creyentes los unos con los otros, la celebración de la Cena del Señor, y las oraciones en comunidad.

Amén para la gloria de Dios.

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Bibliografía a usar como aporte: Bíblia de Bosquejos y sermones Éxodo 1 al 18. Comentario Bíblico Mundo Hispano. Bíblia de referencia Thompson. Libro de Éxodo Pablo R. Andiñach; Comentario de toda la Biblia, de Matthew Henry.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.