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Sacerdocio Universal del Creyente: “Factores que impiden su efectiva aplicación”.

Sacerdocio Universal del Creyente: “Factores que impiden su efectiva aplicación”.

Nunca es bueno generalizar, ya que conozco pastores y líderes que realmente apacientan la Grey de Dios, con amor, teniendo por suma regla la Sagrada Escritura.

 

Las Escrituras nos mencionan que Cristo es la cabeza de la iglesia. Así lo menciona el Apóstol Pablo: y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquél que todo lo llena en todo” (cfr. Efesios 1:22-23). Dios delega su autoridad a Jesucristo, y Él la emplea en la iglesia: porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y Él es su salvador (cfr. Efesios 5:23). Sin embargo, las Escrituras no sólo mencionan que Jesús es la autoridad, sino que también, La Iglesia, es un cuerpo conformado por los hijos de Dios, de los cuales nadie es más que otro. Todos los que conforman el cuerpo de Cristo son iguales. Es obvio que no todos poseen los mismos dones espirituales que Dios entrega, pero conforman un solo cuerpo, así lo mencionó el Apóstol en Romanos 12:4-5.

 

Sin embargo, el gobierno de las doctrinas humanas en muchas iglesias en la actualidad ha obligado a aceptar enseñanzas, o doctrinas contrarias a la autoridad de Cristo, y a la igualdad de la membresía de la Iglesia. ¿Por qué razón se llama a muchos pastores “Ungidos de Jehová”, “Ángeles de la iglesia”, o “Profetas del pueblo”? ¿Cuál es la unción especial del pastor? ¿Es siempre válida aquella frase que dice: “El Señor me dijo por medio de mi pastor que esta semana me va a ir bien”?  ¿Sufren los hermanos que no están de acuerdo con las tradiciones impuestas de una especie de locura, enfermedad o prueba de espíritu? Responderé a estas preguntas de acuerdo a las Escrituras y la Historia de la Iglesia, de la cual debemos aprender en el presente si deseamos mirar y construir correctamente hacia el futuro.

 

Uno de los principios fundamentales de La Reforma Protestante, de la cual nos consideramos herederos, es el del sacerdocio universal de los creyentes. El Nuevo Pacto, sellado con la sangre de nuestro Señor Jesucristo, abolió todo aquel sistema sacerdotal judío. Ahora su utilización es vana, pues el sacrificio perfecto lo realizó nuestro maravilloso Señor. Existen pruebas indubitables en el Nuevo Pacto que corroboran el principio antes señalado, el cual, a su vez, guarda estrecha relación con la libertad cristiana que la gracia del Señor nos concede por medio de Su Palabra: “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”. (cfr. 1 Pedro 2:5), y, “..Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre…” (cfr. Apocalipsis 1:5-6). Debido a lo anterior, cualquiera que asuma que el pastor es “el sacerdote de la iglesia de Cristo” realiza una exaltación carente de cualquier sentido bíblico. ¿Acaso dice la Escritura: “Ustedes pastores son sacerdocio santo”? Más bien dice “vosotros” para referirse a todos los cristianos, los cuales pueden realizar sacrificios espirituales aceptables a Dios.

 

Una evidencia considerable de la exaltación al pastorado que el evangelicalismo moderno realiza, es la gran cantidad de apelativos que condecoran al liderazgo pastoral de una divina superioridad. Esta amplia gama de nombres magnifican en sobremanera el rol pastoral, muchas veces rebajando a la hermandad a simples oyentes o receptores de una revelación única e incuestionable. Se les declara ungidos, profetas, ángeles de la iglesia, voces de Dios, y en muchos casos, sacerdotes o apóstoles (incluso hasta arcángeles). Estos títulos suelen ser naturalmente empleados para adoptar calificaciones divinas a un sistema humano. Muchas veces se menciona que los pastores son Ungidos de Jehová. ¿Acaso son los únicos ungidos? El Nuevo Pacto unge a todos los cristianos en el amor de Dios y el Espíritu Santo: “Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas” (cfr. 1° Juan 2:20). Entonces, ¿cuál es aquella unción especial revelada únicamente a los pastores? En el Antiguo Testamento la unción con aceite, en algún sentido era claro simbolismo de la unción del Espíritu Santo (cfr. Éxodo 29:7). También estaba referida a los sacerdotes, ungidos de la ley mosaica (cfr. Levítico 4:3,5; Números 3:3), a los Reyes de Israel (cfr. 1°Samuel 12:3-5; 24:6-10; 2°Samuel 1:14-16; Salmo 20:6), y a los descendientes de David (cfr. Salmo 2:2; 18:50; 89:38-51). Ahora bien, ¿son los “ungidos” actuales descendientes del linaje judío o descendientes de David? Pero el gran problema no es este, pues radica esencialmente en que la unción referida al Nuevo Testamento es espiritual, y está relacionada con el Espíritu Santo de Dios descrito en el libro de los Hechos 10:38 o en Lucas 4:18.

 

De lo anterior provienen todas aquellas frases que la cristiandad replica de forma constante: “El Señor dijo por medio de nuestro pastor que”, etc. ¿Qué sucedería si el pastor menciona algo que carece de sentido y fundamento bíblico? ¿Sabremos que sus interpretaciones no van acorde a la totalidad del mensaje de la Palabra de Dios? De esto se desprenden otros principios, tales como, “mientras más exaltamos a nuestros pastores, más inhibimos el natural cuestionamiento y análisis bíblico respecto a sus enseñanzas“. Los calificamos de inmunes frente a un legítimo análisis bíblico de sus enseñanzas, los consideramos como únicos reveladores de la voluntad de Dios para nuestras vidas, pasando por alto que con esto, estamos propensos a ser manipulados por mensajes extrabíblicos. Muchas veces proclamamos, sin conciencia de manipulación, a estos líderes, como únicos receptores de la interpretación bíblica, pero descuidamos el estudio de la Palabra de Dios por considerar que la única revelación proviene de sus exhortaciones. Todo esto lleva a una idolatría pastoral, elevando a muchos a lugares divinos, calificándolos de ser más especiales que el resto. Muchas iglesias de hoy realizan estudios bíblicos centralizados, es decir, que se basan en una fuente única de estudio, la cual no puede ser cuestionada en ninguna forma, incluso, si alguien deseara hacer un estudio bíblico personal, en grupo de familias en algún hogar, se les califica de hacer reuniones clandestinas, sin autorización alguna.

 

¿Por qué existirán tales obstáculos? ¿Tendrá alguna incumbencia con el control educacional que pueda tener el líder sobre su hermandad? Toda identidad pastoral que inhiba el normal estudio de la Palabra de Dios por parte de la hermandad, genera una sumisión autocrática y dictatorial, cuyo único resultado es una congregación bíblicamente ignorante, mediocre, y sometida a los designios del pastorado. Todo esto nos lleva a un evangelio centralizado en una jerarquía, en la cual queda truncado cualquier tipo de debate o sugerencia, ya que muchas  iglesias se han contagiado de una extensa red de burocracia eclesiástica que imposibilita resolver los problemas comunes de la hermandad. La mayoría de las iglesias americanas contienen un organigrama cerrado que apunta siempre a un solo líder, o a un grupo direccional, del cual proceden todo tipo de autorizaciones y mandatos. La mayoría de las iglesias no son administradas por pastores, sino por predicadores, quienes dependen de otros grupos directivos, y a su vez estos últimos dependen de otros grupos de mayor jerarquía. Este afán de diseñar mega organizaciones puede imposibilitar el real propósito de la iglesia, el cual es SERVIR. Muchas veces la iglesia no ejerce aquel servicio, sino que es la hermandad quien sirve a la iglesia. Frente a organizaciones eclesiásticas tan gigantescas, se pierde la visión de los problemas de la hermandad, se dificulta en gran manera.

 

Estos modelos de centralización inhiben la resolución de los problemas. Muchas veces se asiste a congregaciones en que el pastor jamás te ha visto o conocido, pues la congregación es tan grande que la visión de un nuevo asistente, y la acogida de él mismo, se hace imposible. Las iglesias debiesen estar preocupadas de cada uno de sus asistentes, sin embargo, nuestro centralismo obliga a ignorar la llegada de un asistente nuevo. Este problema también es causante de la imposibilidad de discutir abiertamente los temas relacionados con la iglesia. En el libro de los Hechos existe un gran ejemplo de la libre discusión de los temas de la iglesia, y este se expresa de la siguiente forma: “Entonces pareció bien a los apóstoles, y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos”. (cfr. Hechos 15:22). Luego de elegir CON TODA LA IGLESIA el envío de aquellos varones, decretaron, “nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros… (v. 25). No solo refirieron el tema a la iglesia, sino que llegaron a un acuerdo entre todos. ¿Realmente se practica este sistema? ¿Realmente las decisiones se imparten en consenso con toda la hermandad?

 

Ahora bien, el hecho que alguien revise si la doctrina enseñada por la iglesia tiene fundamento en las Escrituras, en algunos casos es considerado un acto de “murmuración contra Dios”. Muchas veces, a aquellos hermanos que examinan el real alcance de las tradiciones se les tilda de, “enfermo en el espíritu”, “letrado”, “se cree pastor”, “tiene demonio”, “rebelde”, “porfiado”, “descarriado”, “está probado en su fe”, “no sigue la sana doctrina”, etc. Sin embargo, el hecho que la mayoría acepte determinadas prácticas,  no garantiza que aquellas sean correctas, pues lo correcto o incorrecto no se regula por votación, sino por una revisión de su apego a las Escrituras. La pregunta es: ¿Quiénes están en error? ¿Aquellos que buscan la voluntad de Dios mediante las Escrituras o aquellos que persisten con una actitud sometida al designio de un determinado líder?, ¿La persona que escudriña la Palabra de Dios buscando el sentido bíblico de nuestras prácticas? ¿O quienes siguen un camino desviado de forma tan cómoda que jamás se alertan de su error? Por lo tanto, es muy probable que toda una iglesia siga un conjunto de tradiciones humanas que no llevan a ningún destino, y puede ser que solo uno esté en lo correcto renovando su entendimiento de la voluntad de Dios a cada instante, por medio de la Santa Palabra de nuestro Dios y en la comunión íntima con Él.

 

Nunca es bueno generalizar, ya que conozco pastores y líderes que realmente apacientan la Grey de Dios, con amor, teniendo por suma regla la Sagrada Escritura. Pensemos en esto como pueblo de Dios, para ser movidos a sumergirnos en la Palabra de Dios, de la cual, nadie puede ser privado. Ya que el entendimiento de Dios, por medio de la Escritura, es el mejor antídoto contra las tradiciones humanas, las cuales son una droga mortífera que muchas veces  nos separan de Cristo, y de la comunión de su pueblo.

 

 

AMÉN, A DIOS SEA LA GLORIA.


Charles Spurgeon

El 19 de junio del año 1834 nace Charles Haddon Spurgeon mejor conocido como Charles Spurgeon quien fue y ha sido uno de los pastores bautistas británico y del mundo más destacados de la historia. Durante toda su vida evangelizó cerca de 10 millones de personas, y podía predicar hasta 10 veces a la semana en distintos lugares. A la edad de 16 años, específicamente en enero de 1850, hizo profesión de fe en una Iglesia Metodista. Sus sermones o predicaciones se han traducido a varios idiomas y actualmente, hay más libros y escritos de Charles Spurgeon que de ningún otro escritor Cristiano. Aún se le conoce como “Príncipe de los Predicadores” .