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Víctor Pavéz Toro: “Primer Pastor Pentecostal Chileno” – (1874-1933)

Víctor Pavéz Toro: “Primer Pastor Pentecostal Chileno” – (1874-1933)

Después de una penosa enfermedad, fruto de muchos años de malestar físico. Ha sido llamado a la presencia de Dios el querido luchador cristiano Pastor Víctor Pavéz Toro, en las primeras horas del martes 28 de noviembre.

Sin pretender dar una biografía completa daremos algunos rasgos de este abnegado hijo de Dios. En la Iglesia Metodista Episcopal, bajo el pastorado del Rev. Cecilio Venegas, cupo el que escribe firmar su primera licencia de Predicador local, siendo en ese tiempo Superintendente del distrito. Su pastor Venegas, en años posteriores, hacía gratos recuerdos de su fidelidad en la obra bajo su dirección.

Cuando fue formada la 2ª Iglesia Metodista en el barrio matadero, siendo pastor el Dr. Robinson, llegó a ser su ayudante. Era siempre muy anheloso de una vida de santidad; y como en esos tiempos el que suscribe estaba predicando este tema en Valparaíso entabló correspondencia con Valparaíso muy interesado en el tema, pidiendo consejos e instrucciones. Esto era el principio de una amistad e intimidad que no ha tenido interrupción hasta que esté hermano partió de este mundo.

Cuando en el año 1909 la iglesia en Valparaíso fue bendecida con el gran avivamiento del Espíritu Santo, él fue uno de los más interesados en conocer y experimentar esta bendición y uno de los primeros que visitó Valparaíso para conocer estas maravillas. Las noticias de esa obra que trajo a su Iglesia en Santiago despertó en sus hermanos un vivo anhelo para que también el Espíritu Santo les visitara, de manera, que cuando un miembro de Valparaíso visitó la iglesia en Santiago todos deseaban que les hablaran. Debido a las extrañezas de las manifestaciones hasta entonces desconocidas, el Pastor Robinson no estaba en simpatía con el movimiento y negó permiso para que hablara la visita.

Debido a esa negativa resultó una división en la congregación. El hizo lo que pudo para apaciguar los ánimos exaltados, pero, en la imposibilidad de lograrlo, optó por pastorear los disidentes en su separación. De aquí nació la que es ahora Iglesia Metodista Pentecostal en Chile.

Aún, en ese tiempo, la salud de él era tan precaria que la iglesia Metodista no quiso admitirle en la conferencia, temiendo que fueran pocos sus años de servicio, pero, encabezó los trabajos de su nueva Iglesia y cuando iba creciendo la Iglesia Pentecostal él fue el primer Diácono ordenado. Su salud se repuso. Siguió con su Iglesia buscando la plenitud del Espíritu de Dios, la cual creció en número y en gracia. Él recibió el bautismo del Espíritu Santo, y fue un fuego vivo entre los suyos y los nuevos que continuamente se añadían. Vivía en íntima comunión con Dios. Era humilde y recibió siempre los consejos que le llevaban a mayor santidad y utilidad en la obra. Ese espíritu lo infundía a los suyos y así llegó a levantarse con un numeroso grupo de colaboradores bautizados y abnegados y hábiles en la obra del Maestro.

Y así siguió creciendo la obra hasta que al partir de esta vida dejo una Iglesia de varios miles de almas salvadas y vidas transformadas. Su abnegación en visitar, en aconsejar, en cuidar no tenía límites; levantándose a cualquier hora de la noche para atender a sus hermanos que requerían su servicio. Sus visitas eran como las de un padre, deseada por todos, grandes y pequeños. Su paciencia con los inconstantes y flacos resultaba en afirmar a muchos. Su sabiduría en el consejo, resultaba en vidas santas. Su ejemplo de abnegación era un estímulo para los dejados.

Conforme a sus deseos, dejó de trabajar y de vivir al mismo tiempo, se puede decir, pues, predicó su último sermón a su grey el jueves 16 de noviembre, y durmió en el Señor el 28 del mismo mes.

No hay quien lo reemplace en todos sus dones sino que tendremos que contentarnos con otros de menos experiencia hasta que madurando en comunión con el Señor, llegue a llenar los requisitos de la gran obra que él ha dejado. Y quiera Dios que sobre los obreros que queden actuando en la obra, repose el doble del espíritu del que se nos ha ido.

Deja cinco hijos, cuatro de los cuales son casados, y una esposa que le ha acompañado cerca de dos años y medio, quien ha sido fiel compañera en la obra de la Iglesia, y por su asidua atención a su quebrantada salud, le alargó sus días de ministerio entre nosotros, a todos ellos le acompañamos en simpatía por su irreparable pérdida.

Willis Collins Hoover Kirk

FUENTE: REVISTA FUEGO DE PENTECOSTÉS, Nº 63, DICIEMBRE DE 1933


Rodrigo Turra Morales

Miembro de la IEP en San Carlos Poniente. Administrador en Historia y Contingencia IEP & TeAdoramos.Org. Estudiante de Derecho - Universidad de Magallanes.

 

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