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“Mujeres Que Sirven”

“Mujeres Que Sirven”

Lunes 4 de marzo de 2019: Reunión mensual

   Lectura Bíblica: Lucas 8:1-3. Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.

Comentario: 8:1–3 Mujeres que sirven

   Se recordará que después de ministrar a grandes multitudes (Lc. 6:17–19) Jesús predicó lo que generalmente se conoce como el “Sermón del monte” (6:20–49). Culminó su sermón demandando una fe inquebrantable en él, una fe que demostraría su carácter genuino por medio de las acciones (6:46–49). Esta fe fue ejemplificada por el centurión cuyo siervo estaba “a punto de morir” cuando Jesús le sanó (7:1–10). Sin embargo, el hijo de la viuda de Naín estaba “ya muerto”, pero Jesús le resucitó (7:11–17). El realizó muchas otras obras en las que se reveló no únicamente su poder sino también y en forma enfática su compasión (7:22)

   Juan el Bautista, sin embargo, había anunciado la pronta llegada de la ira venidera (3:7). Él había descrito al Mesías cómo Aquel “cuyo aventador estaba en su mano” y como el que “limpiaría su era” (3:17). Es completamente posible que el oír de los hechos misericordiosos de Jesús tuviera algo que ver con la pregunta que Juan hizo: “¿Eres tú el que ha de venir o esperaremos a otro?” (7:18–20). La manera como Jesús respondió se relata en 7:21–35. Por este tiempo, el Maestro se había ganado la reputación de ser ciertamente “un gran profeta” (7:16).

  ¿Pero era él lo que su reputación decía que era? Puede haber sido en respuesta a esto que cierto fariseo llamado Simón, invitara a Jesús a comer. En relación con esta comida, el Gran Médico del alma y del cuerpo, el Gran Sumo sacerdote misericordioso fue ungido por una mujer arrepentida. El la perdonó y (parcialmente) por medio de una parábola censuró la autojusticia de Simón (7:36–50).

   La historia de esta mujer que había llegado a ser una seguidora de Jesús se conecta fácilmente con la de otras mujeres que igualmente fueron favorecidas por él y que habían rendido sus vidas a él (8:1–3).

   Todo el material que ha sido sintetizado aquí (es decir, Lc. 6:17–8:3) falta en el Evangelio de Marcos. Comenzando con la parábola del sembrador (8:4) Lucas regresa a Marcos.

   Versíc. 1. Poco después Jesús estaba viajando de pueblo en pueblo y de aldea en aldea, predicando y trayendo las buenas nuevas del reino de Dios.

   Como ocurre a menudo, Lucas es indefinido en cuanto a tiempo y lugar. Él dice solamente (a) “poco después”, es decir, después de los incidentes relatados al final del capítulo anterior; y (b) “de pueblo en pueblo y de aldea en aldea”, evidentemente en Galilea. Lucas hará mención específica del viaje a Jerusalén (9:51), cuando este viaje esté por ocurrir.

   Es verdad que esta vez, en contraste con 4:15, Lucas, no menciona las sinagogas. ¿Significa esto, entonces, que debido a la oposición de los dirigentes judíos se había quitado de Jesús la oportunidad de predicar en la sinagoga, y por lo tanto, se veía forzado ahora a hablar al aire libre? A la luz de varios pasajes—especialmente Jn. 18:20—esta pareciera ser una conclusión injustificada. No es necesario explicar todo en detalle. Dondequiera que fue posible, Jesús aprovechó la oportunidad ofrecida por “la libertad de la sinagoga”. Junto con Jn. 18:20́ véanse también Mt. 12:9–14; 13:54–58; Mr. 6:1–6; Lc. 4:15–30, 31–37; 6:6–11. Pero él no estaba limitado a este medio de comunicación.

   Lo que importa es el hecho que dondequiera que Jesús habló, en cualquier pueblo o aldea, ya fuera en una casa, una sinagoga o afuera, proclamó con entusiasmo y ardor las buenas nuevas del “reino de Dios”—para este concepto véase sobre 4:43. En contra del yugo de la esclavitud a las reglas de todo tipo hechas por el hombre, él estaba proclamando el reino de la gracia en que Dios es Rey, y en que la salvación es su don gratuito a todos los que confían en él.

   Los doce (estaban) con él … Esta vez no solamente se menciona a Simón (Pedro), como en 4:38; 5:3–5, 8; o a Simón, Jacobo y Juan, como en 5:7–10; o a Leví (= Mateo), como en 5:27–29, sino a todos los doce, como en 6:13–16.

   La pregunta se plantea a menudo: “¿De qué manera se satisfacían las necesidades físicas de estos trece hombres, Jesús y los Doce?” ¿Intentaremos la respuesta: “Pedro y Andrés, Santiago y Juan, siendo pescadores pueden haber tenido medios de sostén; y Mateo, habiendo sido un recolector de impuestos (publicano), ¿probablemente tenía también sus recursos?” ¿Pero hace justicia esta respuesta a pasajes tales como Lc. 5:11, 28? ¿Continuaron quizá sus familiares (véase especialmente Mr. 1:20) proveyendo para ellos? Las únicas respuestas reales que tenemos están contenidas en pasajes tales como Mt. 10:10; Lc. 10:7 (“digno es el obrero de su salario”), y aquí en: 2, 3. (Los doce estaban con él) así como (estaban) también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades: María llamada Magdalena, de la que habían sido expulsados siete demonios, y Juana esposa de Chuza, el administrador en la casa de Herodes, y Susana y muchas otras. Estas mujeres estaban ayudando a su mantenimiento con sus propios recursos.

   Estas mujeres, entonces, habían sido objetos de especial cuidado por parte de Cristo. Jesús las había sanado de (a) espíritus malignos y (b) enfermedades. Nótese con cuanto cuidado el Dr. Lucas distingue entre los dos y véase además sobre 4:33, 34. Véase también Mt. 9:32 y sobre Mr. 1:23.

   Es importante observar que, en tanto Sócrates, Aristóteles, Demóstenes, los rabinos y los hombres de la comunidad de Qumrán tuvieron a las mujeres en baja estimación, Jesús en armonía con la enseñanza del Antiguo Testamento, les asigna a ellas un lugar de alto honor. Además, es especialmente en el Evangelio de Lucas donde se enfatiza la ternura y profundo consideración de Jesús por las mujeres. Véase la Introducción, punto V D.

   La primera que se menciona aquí entre las mujeres es María llamada Magdalena; es decir, María de Magdala (significando La Torre) ubicada en la costa occidental del mar de Galilea y al sur de Capernaúm. Ella aparece en forma destacada en los cuatro relatos de la Pasión. Ella fue una de las mujeres que más tarde: (a) presenció la crucifixión (Mt. 27:55, 56; Mr. 15:40; Jn. 19:25); (b) vio donde fue puesto el cuerpo de Cristo (Mt. 27:61; Mr. 15:47; Lc. 23:55); y (c) salió muy de mañana el domingo para ungir el cuerpo del Señor (Mt. 28:1; Mr. 16:1; Lc. 24:10). Sería además la primera persona a quien se aparecería el Cristo resucitado (Jn. 20:1–18; véase también el disputado final de Marcos, 16:9).

   El hecho que de María Magdalena se hubieran expulsado siete demonios ha llevado a la conclusión totalmente injustificada que ella fue en un tiempo una mujer mala, una persona muy inmoral. Pero no hay ni el menor indicio que pruebe que la posesión demoníaca y la inmoralidad vayan de la mano. Un comportamiento físico o mental extraño o lastimoso se asocia a menudo con la posesión demoníaca (Lc. 4:33, 34; 8:27–29; 9:37–43 y pasajes paralelos), no la inmoralidad.

   En cuanto a Juana, esposa de Chuza, el mayordomo de la casa de Herodes, ella estaba también entre las mujeres que iban a oír las buenas nuevas: “Él no está aquí, sino que ha resucitado” (Lc. 24:6, 10). El significado de la referencia de Lucas a ella ya ha sido señalado. Véase la Introducción, puntos III B 6 y V D. Únicamente Lucas se refiere a ella (8:3; 24:10).

   No se sabe nada más de Susana, mencionada solamente en Lc. 8:3. Su nombre no debería olvidarse, no obstante. Sus acciones de bondad hacia el Señor y sus discípulos eran puras y fragantes, recordando una hermosa azucena (el significado de su nombre).

   Nos alegra leer que además de las tres mujeres aquí mencionadas había “muchas otras”.

Lo que tenemos aquí, por lo tanto, es una verdadera sociedad femenina.

   El Nuevo Testamento registra las actitudes y los hechos de ciertas muchachas y mujeres necias y a veces malas, reales o imaginadas (Mt. 10:34, 35; 14:1–12; 25:2, 3; Hch. 5:1, 2, 7–11; Ro. 1:26; 2 Ti. 3:6, 7; Ap. 2:20–23), de manera que la declaración que se hace a veces en el sentido que las mujeres nunca adoptaron una actitud contraria a Jesús o a su causa debe limitarse cuidadosamente. No obstante, es un hecho que, salvo algunas pocas excepciones, las muchachas y mujeres mencionadas en el Nuevo Testamento estaban de lado del Señor. Por lo general, es cierto que en tanto que Pedro negó a Cristo, y Judas le traicionó, y Herodes le ridiculizó y Pilato le condenó, las mujeres le honraron y ministraron a las necesidades suyas como a las de sus discípulos. En la medida que ellas hicieron eso, con toda propiedad las consoladoras palabras de Mt. 25:34–40 se pueden aplicar a ellas.

Lecciones prácticas derivadas de Lc. 8:1–3

   En general, las siguientes tres aplicaciones son evidentes:

1. La mención de “Juana, esposa de Chuza, el mayordomo de la casa de Herodes”, nos enseña que el evangelio debe llevarse a la mansión, así como al mercado, a aquellos que están en alta posición como a los que realizan labores serviles. Véanse Ef. 6:5–9; Fil. 4:22.

2. La Escritura les asigna un papel vital a las mujeres, llamándolas a una labor de ayuda, de servicio (Hch. 9:36; 16:14, 15, 40; 18:26; Ro. 16:1, 2; Fil. 4:2, 3; 2 Ti. 1:5.). Sobreestimar el valor de una Sociedad Femenina que funciona bien es casi imposible.

3. La “mujeres que habían sido sanadas … estaban ayudando al mantenimiento” del pequeño grupo compuesto por Jesús y los Doce. Así como la lluvia que desciende sobre la tierra para bendecirla, asciende otra vez por efecto del sol y forma las nubes, así también el ciclo espiritual—el que se menciona en Sal. 50:15; cf. 116:3–6, 12–14—debe mantenerse. ¡Las bendiciones que descienden del cielo debe retornar en la forma de sincera y humilde acción de gracias!

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.