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Lunes 8 de octubre de 2018: “Malas decisiones por falta de conocimiento, nos apartan de Dios”.

Lunes 8 de octubre de 2018: “Malas decisiones por falta de conocimiento, nos apartan de Dios”.

Lectura Bíblica: San Juan Cap. 6, versículos 60 al 68. Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

 

 

  • Comentario:

Versic. 6:60. Entonces muchos de sus discípulos, habiéndolo oído, dijeron: … Los que oyeron a Jesús pronunciar el discurso acerca del Pan de Vida forman tres grupos, según el escritor: “los judíos” (líderes hostiles y sus seguidores), “los discípulos”, y “los doce”. Los dos últimos grupos en realidad coinciden; o se pueden representar por medio de círculos concéntricos, el mayor de los cuales representa a los “discípulos” (6:66), y el menor a “los doce” (6:67). Se ha dicho cuál fue la reacción de los judíos: hicieron preguntas que procedieron de su corazón incrédulo, de su autocomplacencia, de su gloriarse en la tradición (6:28, 30, 31); murmuraron y despreciaron (6:41, 42); incluso disputaron entre sí (6:52). La sección que nos ocupa (6:60–65) describe la reacción de los discípulos. Se trata del grupo de seguidores más o menos regulares del Señor, como lo indica claramente 6:66. Probablemente había decenas, si no centenares, en Galilea.

 

Una vez concluido el sermón, parece que a estos discípulos no les agradó. Dijeron, Difícil es este mensaje; ¿quién puede escucharlo? Por la respuesta de Jesús (6:61–65) y por la propia reacción final de los discípulos (6:66) se ve con claridad que no quisieron simplemente decir que el sermón fue difícil de entender, sino que era difícil de aceptar. Traducimos, “¿Quién puede escucharlo?” Es cierto, sin embargo, que otra traducción posible es “¿Quién le puede escuchar?”, ya que el verbo que se utiliza permite ambas traducciones (cf. también 10:16, 27; Hch. 9:7; 22:7, 10 en el original), con todo, el antecedente del pronombre es, sin duda, “este mensaje o palabras”, a lo cual se refiere también el contexto que sigue de inmediato (v. 61). A estos discípulos de Jesús les ofendieron evidentemente sus palabras. Decir que se sentían disgustados es probablemente correcto. Sus corazones estaban en rebeldía. Así es como se puede entender la pregunta del Señor que sigue a continuación.

 

Versic. 61–65. Cuando Jesús supo en sí mismo (¿cómo? véase sobre 5:6) que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? El verbo traducido por escandalizar (σκανδαλίζει de σκάνδαλον, el palo del cebo en la trampa; este palo torcido dispara la trampa) no significa simplemente agraviar, ni tampoco matar; significa: hacer caer en una trampa, en sentido figurado en este caso; de ahí, hacer pecar. Jesús, por consiguiente, pregunta si con su sermón estos oyentes se han sentido de hecho conducidos o llevados al pecado. Pero lo que produjo esa reacción desfavorable no fue lo duro del sermón sino la dureza de sus propios corazones (como Calvino151 y muchos otros comentaristas después de él lo han indicado). ¿A qué se oponían en las palabras de Cristo? Sin duda que la respuesta es: les desagradó todo el sermón. El Señor había destacado que no era el maná acerca del que tanto habían oído hablar, sino él mismo el verdadero pan que había descendido del cielo; que en su condición de verdadero pan ofrecía su carne; y que para tener vida eterna (o sea, para ser salvo) había que comer su carne y beber su sangre. Esto les resultó demasiado a esas personas. Si sólo hubieran estado dispuestos a aceptar las pruebas de los testigos respecto a Jesús (véase 5:30–47), habrían preguntado, “¿Es posible que estas palabras tengan un significado más profundo?” Pero de hecho ellos consideraban los dichos del Señor como carentes de espíritu y vida. Les atribuían la interpretación literal más estricta. Cuando Jesús mencionó la palabra “carne”, pensaron en su cuerpo no como instrumento del alma sino simplemente como algo distinto a ella. Cuando dijo “sangre”, no pensaron en la posibilidad de que se estuviera refiriendo a su propio sacrificio voluntario hasta el derramamiento de la sangre. No, vieron sólo las gotas reales de sangre, y se estremecieron ante la idea de tener que beberla. ¡Cómo! ¿Acaso ese hombre, cuyos padres conocían (o habían conocido) tan bien, era él el pan que había descendido del cielo? Jesús responde: ¿Pues qué, si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? La apódosis probablemente es: ¿Qué diríais entonces? ¿Acaso la ascensión del Hijo del hombre no probaría que había realmente descendido del cielo? (Acerca del término Hijo del Hombre véase nuestro comentario sobre 12:34). Jesús prosigue, El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha. Parecería que el sentido resulta perfectamente claro a la luz de todo el contexto precedente. Jesús quiso decir: “Mi carne como tal no os puede beneficiar; dejad de pensar que yo os pedía que comierais literalmente mi cuerpo o que literalmente bebiereis mi sangre. Lo que otorga y sostiene la vida, la vida eterna, es mi espíritu, mi persona, en el acto de dar mi cuerpo para que sea destruido y mi sangre para que sea derramada”. Volviendo ahora al desatino de la interpretación errada de sus palabras, Jesús dice, Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Estas palabras están llenas de su propio espíritu y vida. No son letra muerta. Por el contrario, no sólo son ricas en metáforas, como declaró expresamente Jesús (16:25), sino que cuando se aceptan por fe, en su sentido profundo y espiritual, se convierten en instrumentos de salvación para los suyos. El Señor continúa: Pero hay algunos de vosotros que no creen. La incredulidad era la raíz del letargo intelectual; y esto, a su vez, era la causa del no alcanzar a comprender las palabras de Cristo y de darles una crasa interpretación literal. El evangelista agrega el comentario: Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Esta última frase se explica con 6:70, 71. Jesús sabía todo esto desde el comienzo de su obra como Mediador. (Acerca de este conocimiento de Jesús, véase sobre 5:6.) Ahora bien, esta incredulidad, aunque inexcusable, era de esperarse, porque la fe es don de Dios, y no se da a todos los hombres: Y decía: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, a menos que le fuere dado por el Padre. Se refiere a pasajes como 6:37, 44.

 

  • Resumen de los Versic. 6:66–71:

Versic. 66. En vista del contexto inmediato anterior, traducimos _κ τούτου como resultado de esto, en lugar de simplemente “después de esto” o “desde entonces”. Como consecuencia, pues, el discurso de Jesús acerca del Pan de Vida, pero sobre todo como resultado de la acusación de Cristo de que “Hay algunos de vosotros que no creen”, muchos de sus discípulos se volvieron atrás, y ya no andaban con él. Volvieron a lo que habían dejado atrás (ε_ς τ_ _πίσω), no sólo sus quehaceres cotidianos sino también su antigua forma de pensar y vivir, con la intención de no volver a Jesús. Con ello demostraron que no eran dignos del reino de Dios (Lc. 6:62). Este fue el verdadero punto crítico. Ahora no sólo las masas lo abandonaban, sino, incluso, muchos (posiblemente la mayoría, cf. v. 66, 67) de sus discípulos, es decir, de aquellos que habían estado asociados con él en forma mucho más estrecha y regular.

 

Versic. 67. Jesús ahora quiere que esta deserción de muchos de sus seguidores regulares resulte para el círculo más íntimo ocasión para probarse a sí mismos, una oportunidad para confesar su fe. Dijo entonces Jesús a los doce—designados aquí con este nombre por primera vez en el cuarto Evangelio ¿Seguramente vosotros no queréis iros también, verdad? La forma de la pregunta, tal como se encuentra en el original, muestra que se espera una respuesta negativa. ¿Desean realmente seguir siendo seguidores suyos? ¿Deciden esto conscientemente después de haber escuchado el discurso acerca del Pan de Vida? ¿Se han decidido definitivamente a permanecer con Jesús, prescindiendo del hecho de que lo hayan abandonado las grandes masas, incluyendo muchos de sus seguidores regulares?

 

Versic. 68, 69. Simón Pedro es quien responde. ¡Y en forma espléndida! Utiliza el plural, con lo que muestra que era el portavoz de todos, aunque en realidad no de Judas. Pedro le respondió por medio de una pregunta: Señor (acerca de esto véase 1:38; nota 44) ¿a quién iremos? El hombre está hecho de tal forma que debe acudir a alguien. No puede vivir aislado. Lo que Pedro quiere decir es evidentemente esto: “No hay otra persona a quien podemos ir; no hay otra persona que satisfaga el anhelo del corazón”. Prosigue: Tú tienes palabras de vida eterna. Se refiere claramente a lo que Jesús mismo ha dicho (6:63). Pedro sabe que las palabras de Jesús son más que simples sonidos o manifestaciones vacuas. Son vitales y dinámicas, llenas de espíritu y vida, medios para la salvación, medios de gracia (acerca de vida eterna véase 3:16; cf. 1:4). Pedro agrega: Y nosotros hemos creído y sabemos—o sea, hemos comenzado a creer y todavía creemos; hemos llegado a darnos cuenta, y todavía estamos convencidos—que tú eres el Santo de Dios. Confiesan que Jesús es el Santo, o sea, el consagrado a Dios para cumplir la tarea mesiánica; ha sido apartado y dotado para llevar a cabo todo lo que corresponde a su oficio (cf. 10:36; Hch. 3:14; 4:27; Ap. 3:7). Es el Santo de Dios, que pertenece a Dios y es nombrado por Dios. ¡Fue una confesión espléndida y muy significativa!

 

Versic. 70, 71. Jesús sabe, sin embargo, que esta confesión no representaba la convicción íntima de cada uno de los doce; había una excepción. Por esto, a fin de que el que constituye esta excepción nunca pueda decir que no se le advirtió, y a fin de que los otros nunca puedan pensar que su Señor fue tomado por sorpresa, Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y sin embargo uno de vosotros es un diablo? (Acerca de los doce véase II de la Introducción). Sabían, desde luego, que estos doce habían sido escogidos para ser los discípulos especiales y apóstoles de Cristo. Los lectores de este Evangelio también lo sabían, tanto por la tradición oral como por los Sinópticos. Jesús dice, “… pero uno de vosotros es un diablo”. El término διάβολος significa calumniador, acusador falso. Este hombre es el servidor, el instrumento del diablo. Su carácter diabólico se manifiesta sobre todo en el hecho de que mientras otros, incluso muchos de los demás, habían abandonado al Señor cuando se dieron cuenta de que no podían estar de acuerdo con él y cuando se rebelaron contra el carácter espiritual de su enseñanza, esta persona permaneció con él, ¡como si estuviera en acuerdo total con Jesús! (Esto recuerda a una de esas personas que, si bien odian las doctrinas específicas de la denominación a la cual pertenecen, prefieren seguir en ella tratando de llevarlos a todos hasta el fracaso final.) El evangelista, como escribe muchos años más tarde, agrega una nota explicativa: Ahora bien, él hablaba de Judas, hijo de Simón, Iscariote; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce. El padre de Judas era Simón. A este Simón se le llamaba Iscariote, o sea, hombre de Keriot; probablemente en Judea (Jos. 15:25), aunque también había un lugar que llevaba este nombre de Moab (Jer. 48:24). Se describe con tanto detalle al traidor para distinguirlo de otro Judas, que también formaba parte del grupo de los doce. El apositivo “uno de los doce”, probablemente se agregó para mostrar la enormidad de su pecado (a pesar de ser uno de los más favorecidos, iba a cometer esta terrible acción) y para justificar la observación de Jesús en el versículo 70, “¿No os he escogido yo a vosotros los doce?” Aquí no se describe la forma en que Judas iba a entregar al Señor (pero véase 13:2, 30; 18:2, 3; Mr. 14:43–45). Basta con que se haya indicado el terrible acto.

 

 

1er Titulo: “Actitud de rebeldía al no atender el llamado de Dios”.

Jeremías 6:16: Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos”.

 

  • Comentario:

Es muy importante notar que la Biblia menciona a menudo que la verdadera religión es un camino de obediencia. El Señor Jesús lo dijo con claridad: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Los discípulos decidieron seguirle, no importando el precio (comp. Juan 6:66–69). Pero mucho antes de esto Jeremías pidió a la gente que reconociera que estaban caminando en el camino a la destrucción, tenían que detenerse y preguntar por el camino de las sendas antiguas, tenían que averiguar cuál era el buen camino, el camino comprobado por la experiencia con el Señor. Si ellos anduvieran por él podrían hallar descanso para la vida espiritual (comp. Mat. 11:29).

 

Este camino podría ser el camino desde Sinaí; la torah, la enseñanza de Moisés, toda la instrucción religiosa y ética que había guiado al pueblo desde su comienzo. Esto no era volver a la “religión vieja” sino a la fe radical, peligrosa, que abandona la comodidad y la facilidad por obedecer a Dios en todos los aspectos de la vida. Es un tema que Jeremías toca en 7:22, 23 y 11:1–13. Pero Judá rechazó ese camino en aquel día fatal, diciendo: “¡No andaremos en él!” (v. 16c).

 

En otra metáfora el profeta habla del shofar, la corneta hecha del cuerno de un macho cabrío que sonaba la alarma en momentos de peligro. Otra vez Judá responde: “No escucharemos” (v. 17c). Las tradiciones de Sinaí no representan la “religión vieja” sino volver a la fe de Israel en el desierto donde todo era nuevo, aunque peligroso, y la única certidumbre era la presencia de Dios día y noche con ellos. Rechazar esto, la base de su fe, significaba continuar con una religión de forma y ritual, sin ningún sentido espiritual. Eran culpables de dejar su “primer amor” al Dios Salvador.

 

Los vv. 17–19 constituyen un breve discurso con el tema escuchad. El v. 17 dice “escuchad” y después “no escucharemos” y el v. 19 dice: Porque no atendieron a mis palabras. El mensaje comienza con una invitación a obedecer, luego el anuncio de desobediencia y finalmente la base del castigo inminente. Judá cree que es autosuficiente en cuanto a religión. No presta atención ni a la ley de Dios ni al shofar que les advierte del peligro que viene. El profeta llama a las naciones de la tierra de ser testigos de la muerte de esta nación desobediente. El Salmo 19:7–9 dice que es la ley que da vida. ¡Rechazar la ley es rechazar la vida!

 

  • Semillero Homilético: “Cómo encontrar el buen camino”. (6:16). 

Introducción: El profeta ha estado describiendo una situación en la que el pueblo ha sido mal dirigido por sus líderes religiosos (vv. 13–15) y esa dirección lleva al pueblo al castigo de Dios (v. 15b). En el v. 16 se presentan cuatro desafíos para el pueblo:

a. Un desafío a examinar su propia vida (deteneos).

– La vida suele llevarnos de acción en acción.

– Es necesario que tomemos tiempo para examinar nuestro estilo de vida.

– Debemos preguntarnos: ¿Lo que estoy haciendo está dentro de la voluntad de Dios?

b. Un desafío a examinar las posibilidades (mirad).

– El texto supone que la persona se encuentra con una encrucijada o encuentro de caminos

– Mirar (ra´ah7200) significa ver profundamente, ver más allá.

c. Un desafío a examinar el testimonio permanente (preguntad)

 – Al hacer este análisis debemos considerar que necesitamos ayuda pues es posible que nos engañemos a nosotros mismos (Prov. 16:2).

 – El profeta invita a preguntar/consultar, en primer lugar, a Dios.

 – Pero al mismo tiempo se deben buscar las sendas antiguas o permanentes.

 – La revelación de Dios es la misma para el hombre del siglo VI a. de J.C. que para nosotros en el siglo XXI.

d. Un desafío a emprender un nuevo estilo de vida (andad).

 – El resultado de esta búsqueda es tomar el buen camino, en el sentido ético y teológico. Es el camino que agrada a Dios.

 – No alcanza con conocer cuál es la voluntad de Dios; se debe estar dispuesto a andar, es decir, a vivir de acuerdo a la misma.

Conclusión: Este es el camino que trae descanso. En medio de situaciones conflictivas el ser humano necesita encontrar un tiempo de descanso y refrigerio (tal es el sentido del término hebreo). Jesús invitó a tomar su yugo (aceptar sus demandas) para encontrar el ansiado descanso que el ser humano necesita (Mat. 11:28, 30). La respuesta de ellos fue un rotundo NO. Prefirieron seguir viviendo en una situación de angustia y conflicto antes de aceptar los desafíos.

 

2° Titulo: “Cuidando que las madres deben tener sobre los hijos”.

Génesis 34:1-2: “Salió Dina la hija de Lea, la cual ésta había dado a luz a Jacob, a ver a las hijas del país. Y la vio Siquem hijo de Hamor heveo, príncipe de aquella tierra, y la tomó, y se acostó con ella, y la deshonró”.

 

  • Comentario:

Dina es la última hija de Lea. Jacob queda establecido en Siquem por varios años, de tal manera que ahora sus hijos son adultos y su hija ya está en edad matrimonial. Las relaciones con los de Siquem son pacíficas y con deseos de socializar con las jóvenes, Dina va a la ciudad de Siquem. Allí, Siquem, el hijo del rey de la ciudad toma a Dina y la viola. Pero el joven se siente ligado a Dina, se enamora de ella y pide al padre que la procure como su esposa. Desde un punto de vista social, aquí hay un intento de este hombre de enmendar el error cometido. No es el sentido de culpa moral o religiosa, sino el enamoramiento que lo motiva a buscar matrimonio. Es interesante notar que, en otro incidente similar, en vez de amor, surge odio hacia la violada (2 Sam. 13:12–15).

 

  • ¡Rompe el ciclo!:

El acto de violación sexual es siempre horrible. Las consecuencias son dolorosas física y emocionalmente para los participantes, tanto para el agresor como para la persona agredida. En el caso de Siquem, el hijo de Hamor, y Dina, la hija de Jacob, los resultados tuvieron consecuencias multifamiliares y finalmente condujeron al asesinato. Los patrones de disfunción en la conducta sexual, y los actos que ella produce se generan en ciclos. Por experiencia hemos aprendido: “La violencia engendra más violencia.” Alguien tiene que romper el ciclo de violencia y comenzar el proceso de perdón, de recuperación y de curación dejando que Dios con su infinito amor sane totalmente las heridas que otros nos han causado o que nosotros hemos provocado a alguien.

 

  • Semillero Homilético: “El pecado que no se menciona. (34:1–31).

Introducción: Hoy en día se escucha con frecuencia la noticia dramática de la violación sexual que acontece con niñas pequeñas tanto como con mujeres. Más personas están anunciando públicamente malos tratos de familiares y extraños en los primeros años de la vida. Esto nos hace pensar en la gravedad de la violación sexual.

a. Es más común de lo que pensamos, 35:21, 22.

b. Muchos no informan de la violación por temor.

c. Muchos no informan de la violación porque no quieren que la noticia se propague. Perturba a multitud de personas.

d. Abarca a hermanos mayores y menores en la familia.

e. Abarca a los padres.

f. Trae consecuencias trágicas, vv. 5–31.

g. Enojo de parte de los hermanos, v. 7

h. Actitud vengativa, vv. 24, 25

i. Una rivalidad perpetua, v. 30

 

Conclusión: El dolor que resultó de la violación de Dina se extendió a todos los familiares y los ciudadanos del pueblo. Los pecados pueden tener consecuencias mucho más graves y extensas de lo que pensamos.

 

 

3er Titulo: “Sabia y loable decisión que Dios aprueba”.

Hebreos 10: 37 al 39: “Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”.

 

  • Comentario:

El escritor exhibe tacto y preocupación pastoral. Exhorta a los lectores a perseverar; así como en el pasado se mantuvieron firmes frente al sufrimiento (10:32), del mismo modo deben ahora perseverar haciendo la voluntad de Dios. Cuando él escribe la frase la voluntad de Dios, les recuerda inmediatamente acerca de la obediencia de Cristo, quien vino a hacer la voluntad de Dios (10:7, 9–10). La exhortación es, entonces, que sigan a Cristo en una obediente observancia de los mandamientos. Y al perseverar en su fidelidad para con la voluntad de Dios, ellos recibirán “lo que él ha prometido”.

El vocablo promesa es una palabra clave en la epístola a los hebreos. Representa el perdón de los pecados en términos del nuevo pacto, pero representa más especialmente la salvación plena en Jesucristo. La promesa hecha por Dios al hombre es inquebrantable. Lo que Dios ha prometido, eso es lo que el creyente recibirá.

 

Versic. 37. Porque en muy poco tiempo,

“El que ha venir vendrá y no tardará.

Versic. 38. Pero mi justo vivirá por la fe.

Y si retrocediere,

no me complaceré en él”.

 

Versado en las Escrituras del Antiguo Testamento, el escritor cita una profecía para apoyar su exhortación a perseverar. Que la introducción a la cita, es decir, las palabras “porque en muy poco tiempo”, haya sido tomada intencionalmente de Isaías 26:20, es algo sujeto a discusión. Isaías 26 era un cántico de alabanza que se cantaba o leía en los cultos de la antigua sinagoga y de la iglesia cristiana primitiva.

Sin embargo, la frase “en muy poco tiempo” aparece también en la literatura griega extrabíblica y puede tratarse simplemente de una expresión familiar. El significado de la frase expresa el pensamiento de que el período de espera no será largo. De hecho, el adverbio muy hace que la frase sea tanto más enfática.

El escritor de Hebreos ha tomado una cita de la profecía de Habacuc y le ha dado una decidida interpretación mesiánica. El no sigue el texto hebreo sino la traducción de la Septuaginta, e introduce algunos cambios para adecuarla a sus propósitos. Una comparación entre estos pasajes en columnas paralelas será útil:

   Habacuc 2:3b,4       ▬           Hebreos 10:37b, 38

Versic. 3b. Aunque ella [la revelación] tarde, esperadla; ciertamente vendrá y no tardará. ▬37b. El que ha de venir vendrá y no tardará.

Versic. 4. “He aquí, él se ha engreído; sus deseos no son rectos—[Septuaginta: Y si él retrocediere, no me complaceré en él.] pero el justo vivirá por su fe”. ▬38. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si retrocediere, no me complaceré en él.

 

Si bien el texto de Habacuc tiene que ver con la revelación, el escritor de Hebreos convierte la redacción en algo personal y se lo aplica al Mesías. La frase el que ha de venir es un título descriptivo de Cristo (véanse Mt. 11:3; Le. 7:20; Ap. 1:4, 8; 4:8). Cristo viene pronto y no tardará. Cuando llegue el tiempo de su regreso, la revelación de Dios se habrá cumplido.

Habacuc profetiza en contra de los babilonios y los describe como un pueblo engreído e inmisericorde, que se ha constituido en ley para consigo mismo (Heb. 1:6–7). El profeta se refiere a ellos en términos colectivos y dice: “He aquí, él se ha engreído; sus deseos no son rectos”. En la Septuaginta la lectura es: “Y si él retrocediere, no me complaceré en él”. El contraste se establece entre el impío babilonio y el justo israelita que pone su fe en Dios.

El escritor de Hebreos intercambia las dos frases. Inserta el pronombre personal y escribe: “Pero mi justo vivirá por la fe”. Dado que Pablo también usa esta frase, aunque sin el pronombre (Ro. 1:17; Gá. 3:11), suponemos que estas palabras les eran familiares a los primeros cristianos. El escritor añada la segunda parte “y si él retrocediere, no me complaceré en él”. El orden, por consiguiente, queda invertido.

La diferencia entre la profecía de Habacuc y la redacción de Hebreos está en que en la profecía se contrasta al babilonio con los israelitas; uno es impío; el otro, un creyente devoto. En Hebreos, “mi justo” es la misma persona que retrocede. En la recomposición, la cita se dirige al receptor de la epístola.

El justo que persevera no recibe la promesa de Dios en base a la observancia de la ley y al cumplimiento de la voluntad de Dios. Recibe la promesa por la fe. El objeto de la fe, por supuesto, se da por sobreentendido. El creyente pone su fe en Jesucristo. Por su relación de confianza, el creyente vive.

Al confrontarse con la oposición, persecución y tentación, el creyente debiera mantenerse firme en su fe. Si retrocediera por miedo, si abandonara su fe y al final se apartase, Dios “no se complacerá en él”. Al contrario, el disgusto de Dios estará sobre él por haber olvidado al autor de la su salvación.

La cita de Habacuc contiene entonces una advertencia para que uno permanezca fiel a Dios. Eso no significa que los lectores de Hebreos estén olvidándose de su Señor. Al contrario, el escritor los alienta escribiéndoles palabras tranquilizadoras.

 

Versic. 39: “Pero nosotros no somos de los que retroceden y son destruidos, sino de los que creen y son salvos”.

Como en tantos otros pasajes, el escritor se identifica con los lectores. Se pone en el nivel de ellos al usar el pronombre personal nosotros. El señala dos clases de gente: “los que retroceden” y “los que creen”. El primer grupo perece; el segundo es salvo.

El pastor-escritor alienta a su pueblo. Les dice palabras de consuelo y certeza. Él dice: “Nosotros somos de los que creen y son salvos”. El conoce a los lectores de su epístola y está confiado en que seguirán creyendo. Y la gente se da cuenta de que la persona que retrocede enfrenta la condenación eterna, en tanto que el que cree obtiene la salvación. El contraste está claramente trazado. Nadie puede argumentar ignorancia, ya que un camino lleva a la destrucción; el otro, a la vida.

En los versículos finales del capítulo 10, el escritor introduce el concepto fe. El prepara el ambiente para una extensa discusión acerca de los héroes de la fe haciendo un recorrido de la historia sagrada desde Abel hasta los profetas.

 

  • Consideraciones Prácticas en 10:32–39: 

“Aceptasteis gozosamente la confiscación de vuestra propiedad”. Esta afirmación parece incongruente, irreal. Todos nosotros tenemos una inclinación natural a estimar y proteger nuestras pertenencias. No es que estemos indispuestos a ayudar a la gente en su necesidad. Claro que damos alegremente. Pero es cierto que no proferimos un grito de gozo cuando se nos quitan nuestras posesiones.

 Cuando Jesús nos pide que amemos a nuestros enemigos, que hagamos bien a los que nos odian, que bendigamos a los que nos maldicen, y que oremos por quienes nos maltratan (Le. 6:27–28), gustosamente le damos nuestro consentimiento. Y cuando él prosigue y nos pide que pongamos la otra mejilla cuando alguien nos golpea (Lc. 6:29), asentimos con la cabeza y estamos dispuestos a sufrir el abuso físico. Pero cuando Jesús dice: “A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva” (Lc. 6:30), objetamos. Nuestras posesiones tienen valor para nosotros, y por cierto que damos a conocer nuestra infelicidad cuando alguien nos las quita. Jesús, sin embargo, desea que no nos aferremos a las posesiones terrenales sino a las celestiales. Los tesoros acumulados en el cielo son permanentes; los que están en la tierra son pasajeros.

Los lectores de Hebreos entendieron bien y aplicaron las palabras de Jesús. Cuando sus posesiones les fueron quitadas y su propiedad fue confiscada, ellos se dieron cuenta de que “tenían mejores posesiones y más permanentes” en el cielo.

Cuando un miembro de la comunidad judía se convierte al cristianismo, comienza en ese momento un conflicto con su familia, su casa y su ambiente. El hebreo o judío que se hace cristiano enfrenta la alienación, especialmente cuando recibe el sacramento del bautismo. La tentación de renunciar a Cristo y volver al rebaño del judaísmo es real, puesto que el verse rodeado una vez más de parientes y amigos significa el fin de la persecución y de la penuria. La epístola a los hebreos es una carta de aliento y admonición para todos aquellos que han confesado a Cristo como Salvador. Que nadie retroceda y renuncie a Cristo. Darle las espaldas lleva a la condenación y a la destrucción. ¿Caen y se apartan los verdaderos creyentes? No, por medio de su Palabra y de su Espíritu, Dios los capacita para que sigan siendo fieles hasta el fin.

 

4° Titulo: “Firme resolución del Sacerdote del hogar”.

Josué 24:14-15: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.

 

  • Comentario:

La conquista de Canaán ha terminado. Las tierras han sido repartidas a cada tribu. El tiempo del anciano Josué para entrar en la próxima “tierra prometida” ha llegado. La satisfacción de haber cumplido con la tarea debería ser parte de las emociones del líder que condujo a Israel a la tierra que “fluye leche y miel”.

Siquem fue el sitio de la gran asamblea. En aquel lugar Josué pronunciará algo así como su “proclama final”. Él, quien había hecho de la lectura de la ley su meditación y guía, también conocía muy bien su historia. En presencia de los ancianos, príncipes, jueces y oficiales, les recordó cómo comenzó todo y de dónde había venido Israel, siempre sostenido por las promesas de Dios. En el gran repaso de la historia hizo mención a los patriarcas escogidos por Dios para hacer esto posible. Josué les recuerda que, hasta ese momento, la gracia de Dios ha sido real en toda esta larga travesía. Noté todos los verbos que él usa para describir la actuación de Dios: Yo te tomé, traje, di, envié, destruí, saqué, introduje y libré. Y después que ha finalizado este largo recordatorio, les increpa a definirse sobre el Dios a quien deben adorar y seguir. La tendencia de Israel no había cambiado mucho. Con frecuencia eran dados a seguir otros dioses.

El versículo 14, que precede al gran texto donde Josué hablará de su más grande decisión, es el corazón de todo su discurso. Usted puede notar tres grandes imperativos que ponen al pueblo a definirse sobre su fidelidad: temed, servidle y quitad. Este último tuvo que ser muy enfático. “La procesión”, como se dice en nuestros pueblos, “se lleva por dentro”.  Es interesante cómo el pueblo se compromete frente a este discurso, una y otra vez, a seguir a Dios y su pacto, sabiendo que muy pronto estarían quebrantando lo prometido. Y en medio de este discurso de despedida Josué pone en sus corazones el legado más grande que ellos deberían recordar. Fue como si al final dijera, ‘bueno, yo no sé si ustedes cumplirán con la promesa de seguir a Dios, pero lo que soy yo, junto con mi familia, ya hemos resuelto que sólo a él seguiremos’. Y es así como deben venir las resoluciones en la vida de un creyente. Frente a un mundo que cada día escoge sus propios dioses para servirle, hemos de tomar la decisión de Josué 24:15. ¿Qué encontramos en esta decisión? ¿Por qué esta decisión es tan importante para la familia y la iglesia?

 

a. TENEMOS LA OPCIÓN DE ESCOGER SERVIR A DIOS: “escogeos hoy…”

Se ha dicho que uno de los asuntos de más riesgo que puso Dios en nosotros fue el “libre albedrío”; eso es, la capacidad de elegir entre lo que me conviene o lo que me afecta. El propósito de haber sido creados de esta manera era para que el seguir a Dios no estuviera determinado por la orden de Dios sino por la elección nuestra. Esto nos hace pensar que somos el producto de una decisión. Uno de los principios que más han defendido los bautistas a través de la historia ha sido la libertad de culto, y con ella, la libertad de conciencia. A nadie puede imponérsele una creencia que no sea la que el individuo mismo escoja, de una manera libre y soberana. Esta fue lo que Josué hizo con Israel. Les confrontó a escoger a quien iban a servir. Pareciera paradójico que después de tanto tiempo, y de tantas demostraciones de quién era Jehová Dios, él les estuviera llevándole a que definieran su fidelidad en la adoración. Josué conocía muy bien a ese pueblo.

Él sabía que, así como Raquel usurpó los dioses domésticos a su padre Labán, para adorarlos, probablemente esta práctica se perpetuó de una manera clandestina entre ellos. Josué sabía que ese pueblo imperaba el germen de la maldad y que solo espera que las condiciones se dieran para manifestarse. El temor de Josué aquí es natural, considerando que en el futuro la corrupción de su corazón se pudiera hacer manifiesta, como efecto sucedió. Josué, pues, conociendo esa tendencia innata del corazón de Israel de seguir a otros dioses, les conmina a que declaren, de una manera solemne y pública, si serán fiel al Dios que hasta ese momento se le ha manifestado de tantas maneras o seguirán a otros dioses. Una paráfrasis de este texto pudiera decir, algo así como: “Si no están de acuerdo, o si no les parece bien, que deben decidirse por este Dios que se les ha mostrado hasta el día de hoy, entonces elijan. Tienen dos opciones: los dioses a los que sirvieron sus antepasados del otro lado del río, o los nuevos dioses que han encontrado en esta tierra; decídanse cuál de los dos será mejor para adorar”. Aquí hay algo muy interesante para destacar. Yo puedo elegir si quiero adorar a Dios o prefiero adorar otros dioses. Que aun viendo lo que Dios hace en mi vida, todavía tengo la opción de no seguirle ni adorarle. Pero es claro que lo si no dice esta apelación es que podemos escoger servir a Dios y también servir a otros dioses. Esa opción nunca la encontramos en la palabra. Los hombres han inventado a sus propios dioses, para satisfacer sus propios deseos, mientras pretenden seguir adorando al Señor, Dios todopoderoso. Lo cierto es que el mundo vive bajo esta alternativa. La humanidad ve en el “Dios de Israel” muchas exigencias, por eso prefiere seguir los dioses a quien ellos pueden controlar y quienes aprueban todo lo que hacen. Y esto forma parte de mi escogencia.

 

b. SERVIR A DIOS PLANTEA UNA DECISIÓN PRIORITARIA: “Yo y mi casa…”

Cuando Israel fue confrontado sobre la necesidad de servir a Dios, excluyendo a otros dioses, no pensó mucho para decir “nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses” v. 16. Por su parte Josué había tomado su propia decisión respecto a quien escoger. La de él fue una decisión basada en el conocimiento que tenía de su Dios y su resolución de permanecer fiel a la misma, junto con toda su familia. Pero como Josué conocía la vulnerabilidad de su gente, les confronta en este pasaje, como en ningún otro, a que piensen bien lo que están diciendo y prometiendo. Llama la atención el diálogo que va desde las varias peticiones de Josué hasta las tres respuestas que el pueblo da. Es como el padre que tiene a un hijo desobediente y sabe que frente a la promesa que se va a portar bien, el padre insiste varias veces para que considere si será cierto que va a cumplir con su palabra. Note que Josué no queda convencido con la apresurada respuesta de Israel. Él detectó que había ciertos indicios de doblez en sus votos. Es probable que Josué se percatara que había irregularidad en su confesión por cuanto ellos mantenían todavía sus dioses. Fue por eso que Josué les dijo: “No podréis servid a Jehová porque él es Dios santo, y Dios celoso…” v. 19. Lo que siguió después fue aparente determinación del pueblo y un Josué que más que desanimarles por las respuestas apresuradas que estaban dando, se propone sacarles una confesión real sobre su deseo de servir al Dios vivo y verdadero vv.21, 24. Así, pues, en medio de sus pronunciamientos de fidelidad, Josué les dice, bueno: “Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle”. En mi caso particular —diría Josué—, esa decisión la he tomado junto con toda mi familia. Josué les increpa acerca de la prioridad de su decisión. Veamos ese desafío.

  1. En primer lugar el usa el pronombre personal “Yo”.Aquí tenemos la firme decisión de un líder y padre responsable. Es muy fácil pedir que la gente haga las cosas sin que necesariamente yo esté involucrado en ello. Asistimos a una sociedad donde los padres transfieren la conducción de su familia a terceras personas. Un padre comprometido, que piensa el ejemplo que debería dar a sus hijos, es el primero que se coloca en la brecha cuando Dios busca un hombre para que le sirva (Isaías)
  1. En segundo lugar involucra a “mi casa”. Es interesante notar que Josué decidió por su familia en aquella ocasión. Esto revela que él conocía muy bien a su esposa y a sus hijos. No tenemos que indagar mucho saber que Josué tenía una familia que lo respaldaba en todo. Él pudo decir eso porque conocía la fidelidad de amada esposa y la obediencia que habían mostrado sus hijos hacia él y hacia Dios. De modo que sus palabras no revelan una posición “machista”, que dice que en “mi casa se hace lo que diga yo”. Mas bien es el fruto del consenso y lo que se vive a diario. Un padre que es capaz de decir “yo y mi casa”, cuando se refiere a los valores espirituales, está seguro de los principios que ha sembrado.
  1. En tercer lugar habla del objeto de su decisión “serviremos a Jehová”. Esta decisión revela la importancia de tener una familia cristiana. De tener un hogar donde todos estén envueltos en el servicio al Señor. Josué reconocía que no era suficiente que él permaneciera fiel a su Dios. Él sabía que su familia podía caer en las mismas redes de la idolatría a la que Israel era propenso. La descomposición de la familia, —hablamos de la familia cristiana— sigue siendo una realidad de que nos duele en gran manera. La falta de unidad entre los padres hace que los hijos sirvan a otros “dioses”.

 

  • Conclusión:

El libro de Josué no podía concluir mejor. Comenzó con Dios animando al líder a “esforzarse y ser valiente”, y luego darle la seguridad de la promesa a través del “Príncipe del ejército de Jehová”, quien le acompañó hasta este momento. Ahora es él quien asume la responsabilidad de las instrucciones finales para su pueblo. En una osada arenga increpa al pueblo de Israel a definirse. Les da la opción de escoger entre cualquiera de los dioses con los que estaban familiarizados y con los que se familiarizarían en la tierra donde ahora están viviendo. Sin embargo, él junto con su familia, ya habían tomado la decisión. Josué no tuvo un problema de elección porque desde que salió de Egipto bajo la dirección de Moisés, él sabía quién era su Dios. De modo que no tuvo reparos en decir “yo y mi casa serviremos a Jehová”. Esta es la más grande decisión que debiéramos tener los hombres de este tiempo. El mundo sería mejor si en cada familia existieran hombres con resoluciones al estilo Josué. Pero para que esto ocurra se requiere de una formación previa.  Josué dijo esto porque contaba con una familia que le seguía. No se nos dice mucho de su esposa e hijos, pero sabemos que todos servían al Señor considerando su resolución. ¿Qué diremos nosotros hoy día frente a una decisión que tiene esta prioridad? ¿Tendremos la autoridad de decir yo y mi casa serviremos al Señor?

 

 

Amén, para la gloria de Dios.

 

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  • Bibliografía:

– Comentarios Bíblico Nuevo Testamento William Hendriksen; y del Antiguo Testamento Mundo Hispano.

– Biblia Reina Valera 1960.

– Biblia de Referencia Thompson.

 

 

 


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.