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Lunes 8 de julio de 2019: “Conductas anticristianas que entorpecen la marcha de la Iglesia”

Lunes 8 de julio de 2019: “Conductas anticristianas que entorpecen la marcha de la Iglesia”

Lectura Bíblica: 1ª a los Corintios capítulo 11, versículos 17 al 19. Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. Pues, en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. 

    Comentario: Pablo trató el tema del culto y de lo que es aceptable y propio dentro de él. También habló de cómo el concepto «cabeza» afecta al culto. Ahora trata el tema de la celebración de la Cena del Señor. Primero pasa revista a los excesos que ocurrían en las reuniones de los corintios (vv. 17–22), después expone la institución y fórmula de la Santa Cena (vv. 23–26), para terminar, hablando de cómo se debe uno preparar para comer del pan y beber de la copa dignamente (vv. 27–32). Pablo concluye la sección exhortando a la mesura (vv. 33–34).

   (a). Excesos 11:17–19: [17]. Pero no os alabo cuando os doy estas instrucciones, porque cuando os reunís no es para mejor sino para peor.

(a). «Pero no os alabo cuando os doy estas instrucciones». Pablo empieza con un pero adversativo que separa este versículo del discurso precedente. ¿Es la ruptura con lo anterior una ruptura completa o parcial? La respuesta depende de cómo interpretemos la expresión estas instrucciones, la cual puede referirse a lo que dirá acerca de la conducta de los corintios cuando celebran la Cena del Señor. En este caso la ruptura sería completa. Pero la expresión podría apuntar hacia atrás, y las instrucciones tendrían que ver con lo que Pablo ha venido diciendo. En este caso la ruptura sería parcial.

   El griego dice literalmente «Pero al instruiros esto» (cf. NC, CI, NTT, VP). El hecho de que se usa el pronombre singular esto (y no el plural que se ve en algunas versiones españolas) hace que el pronombre tenga una connotación general. Algunos estudiosos afirman que este pronombre normalmente apunta a lo que ya se dijo y no a lo que se está por decir (cf. 7:6). Creen que el pronombre apunta a la instrucción que Pablo entregó sobre lo que debe ser la conducta apropiada de hombres y mujeres en el culto público. Añaden que las instrucciones que Pablo da para la correcta observancia de la Cena del Señor (vv. 28– 34) están bastante alejadas del presente pasaje. Por tanto, optan por una ruptura parcial en el contexto.

   No obstante, la opinión que predomina es la de una quiebra completa con el contexto precedente. Primero, el contenido mismo del pasaje revela que Pablo está introduciendo un tema nuevo: la Cena del Señor. Pablo dice no os alabo, a fin de formar un contraste con la forma positiva en que habló al principio del capítulo (v. 2) y de repetir el negativo en el versículo 22. En el versículo 2, alababa a los corintios por guardar las tradiciones, pero aquí los censura por comportarse en forma tan desordenada. Pablo debe corregir esa conducta con la instrucción pertinente. Pablo escribe dos secciones distintas (vv. 2–16 y 17–34), las que comienza con alabanza y censura respectivamente. Además, la segunda parte de este versículo (v. 17) es una oración causal que se refiere a las reuniones desordenadas de los corintios, como lo muestra el resto del capítulo. En suma, preferimos la idea de que aquí se empieza un nuevo tema.

(b). «Porque cuando os reunís no es para mejor sino para peor». En estas palabras, Pablo sintetiza lo que ha oído sobre el mal comportamiento de sus lectores. Se ha enterado del desorden con el que se desprecia a la iglesia y se humilla a los pobres (v. 22). Además, la forma indigna en que se celebra la Cena del Señor es un pecado contra el cuerpo y la sangre del Señor (v. 27). Los cristianos no observaban las normas básicas de urbanidad. Pablo menciona dos ejemplos extremos: algunos se quedaban con hambre, mientras otros se emborrachaban (v. 21). Reprende a los corintios diciéndoles que sus reuniones hacen más mal que bien.

[18]. Porque, en primer lugar, cuando os reunís en la iglesia, oigo que hay divisiones entre vosotros, y en parte lo creo.

(a). «Porque, en primer lugar». Cuando un conferencista o escritor dice primero, se espera que después proceda a un segundo punto. Una presentación lógica que empieza con en primer lugar debe seguir con otros puntos. Pero Pablo no siempre entrega una secuencia ordenada de sus pensamientos. En otro lugar Pablo también empieza enumerando lo que va a decir, pero nunca llega más allá del «en primer lugar» (Ro. 3:2). Con todo, con esta frase Pablo quiere subrayar la importancia de su instrucción. Quiere que sus lectores pongan mucha atención a lo que va a decir.

(b). «Cuando os reunís en la iglesia». En este contexto, la frase cuando os reunís alude a los cultos, ya que Pablo usa la frase repetidas veces en este capítulo (vv. 17, 18, 20, 33, 34; y véase 14:23, 26). Damos por sentado que los cultos por lo general se realizaban en casas particulares o a veces al aire libre, para poder acomodar a la congregación entera. Por otros textos del Nuevo Testamento sabemos que los cristianos solían reunirse para el culto, no en grandes edificios, sino que en casas particulares que se conocían como «iglesias domésticas». Esto quiere decir que la iglesia de Corinto se reunía en grupos más reducidos en las casas de los miembros más prósperos.

   La expresión en la iglesia debe entenderse como un término general que no apunta a un edificio. Aquí la palabra iglesia apunta al cuerpo de Cristo reunido para el culto que se lleva a cabo en varios lugares.

   En estos cultos, las cartas de Pablo se leían a los miembros de la congregación. Pablo mismo instruye a las iglesias a que intercambien cartas para que sean leídas (véase Col. 4:16; 1 Ts. 5:27; véase también Ap. 1:3). Estas cartas estaban al mismo nivel que las Escrituras del Antiguo Testamento y, por tanto, se consideraban canónicas (cf. 2 P. 3:15–16).

   (c). «Oigo que hay divisiones entre vosotros, y en parte lo creo». No sabemos cómo fue que Pablo oyó de estas irregularidades. Sabemos que los miembros de la familia de Cloé (1:10–12) le habían dicho que había divisiones en la iglesia y que una delegación de Corinto le había entregado un informe oral (16:17). Pablo no aborda asuntos teológicos ni habla de algunas personas, sino que trata problemas sociales y económicos evidentes en los cultos de la iglesia de Corinto (vv. 20–22).

   Varias cosas deben haber originado en la congregación un espíritu divisionista. No sólo estaba el deseo de identificarse con Pablo, Apolos, Pedro o Cristo (1:12), sino que los miembros de la iglesia procedían de trasfondos culturales, sociales y económicos distintos. Estos creyentes eran judíos, griegos, romanos o pertenecían a otros países. Algunos eran mercaderes, oficiales del gobierno y profesionales que pertenecían a la clase educada. Era gente próspera que vivía en casas espaciosas. Por contraste, los obreros y los trabajadores portuarios eran pobres y por lo general vivían en viviendas alquiladas.

   (d). «Y en parte lo creo». Pablo se expresa con cautela en la parte final del versículo. Como lo que dice depende de lo que ha oído, se cuida de que nadie lo vaya a inculpar de hablar precipitadamente. No todos en Corinto son culpables de arrogancia. Con todo, Pablo quiere llamar la atención a los excesos que prevalecían en la comunidad de Corinto, y está del todo consciente de que parte de la realidad de la vida son las diferencias sociales y culturales.

[19]. Porque debe haber disensiones entre vosotros, para que los que son [creyentes] probados, se hagan evidentes entre vosotros.

   (a). Dificultades. Traductores y comentaristas han quedado perplejos con este versículo. Primero, algunas versiones inglesas colocan el texto entre paréntesis, para indicar que es una nota explicativa que podría haber sido relegada a una nota al margen. Otros empiezan la primera oración del versículo con una traducción que indica una idea adversativa o de consentimiento: «sin embargo», «sin duda». Segundo, el texto mismo exhibe la palabra disensiones como una variante del término divisiones que aparece en el versículo 18. El texto registra el adjetivo probados, al que debe añadírsele creyentes. Por último, dos veces ocurre la frase entre vosotros. Es difícil traducir el versículo.

   (b). Explicaciones. Aunque este texto se aparta ligeramente del discurso, no es necesario colocarlo entre paréntesis. De hecho, la expresión por tanto del versículo 20, saca una conclusión basada en lo que se dice en el versículo 19.

   Pablo es realista y observa que el evangelio de Cristo produce divisiones. No aprueba el cisma que sufre la iglesia, sino que afirma que los creyentes deben apartarse de compañías que se oponen al evangelio. Afirma que los creyentes deben separarse de los no creyentes (refiérase a 2 Co. 6:14, 18).

   En un versículo (v. 18) Pablo habla en contra del cisma y en el siguiente versículo consiente las disensiones (v. 19). No obstante, estos versículos no se contradicen. En la iglesia se producen cismas, mientras que las disensiones, en el buen sentido de la palabra, son el separarse voluntariamente de los que no enseñan la doctrina de Cristo. El resto del versículo apoya esta interpretación de la palabra disensiones, «para que los que son [creyentes] probados, se hagan evidentes entre vosotros».

   Los creyentes probados son los que Dios aprueba porque pasaron bien la prueba a la que fueron sometidos. Habiendo sido probados en la batalla espiritual, se les reconoce entre el pueblo de Dios como cristianos genuinos. Estos son creyentes que rechazan las cosas del mundo. Aman y obedecen a Dios, se apegan a Cristo por la fe y le demuestran lealtad en la iglesia y en la sociedad.

   En este versículo, la frase entre vosotros ocurre dos veces: primero en cuanto a las disensiones y después en relación a los creyentes. Algunos manuscritos omiten uno o ambos sucesos. Sin embargo, hay un fuerte apoyo textual para aceptar ambas como lecturas genuinas. Pablo dice que los incrédulos se infiltrarán entre los creyentes de la iglesia de Corinto, y que causarán discordias con su enseñanza y forma de vida. Frederic Louis Godet escribe: «la Segunda Epístola a los Corintios demuestra lo poco que se demoró en ocurrir lo que Pablo anticipaba». Los verdaderos seguidores de Cristo tuvieron que oponerse a los incrédulos de su medio.

   (c). Necesidad. En el griego, el versículo empieza con la palabra dei, que denota necesidad, no obligación. Pablo les dice a los lectores que es necesario que ocurran disensiones entre ellos, pues ellas revelarán lo mejor de cada creyente verdadero. Dios lleva a cabo sus propios planes para fortalecer a los cristianos en tiempos de prueba y para castigar a los incrédulos por sus obras impías.

Consideraciones prácticas en 11:18–19

   Las barreras de lenguaje, cultura y geografía separan a los creyentes. En los albores de la historia de la iglesia, las diferencias lingüísticas entre las viudas en Jerusalén causaron que un grupo fuese desatendido (Hch. 6:1). El hecho de que en la iglesia antigua se tradujeron las Escrituras del Nuevo Testamento a varios idiomas (p. ej., latín, copto, siríaco) es una indicación de que habían surgido varias iglesias de acuerdo a cierta orientación geográfica y lingüística.

   Durante la edad media, surgieron muchos grupos distintos dentro de la iglesia romana. Desde el tiempo de la Reforma, las iglesias protestantes han sufrido una fragmentación increíble. Hoy podríamos comparar a la iglesia a un árbol de numerosas ramas y brotes que forman una unidad. La figura del árbol ayuda a explicar el origen y las raíces de las denominaciones. Con todo, la unidad parece ser esquiva. Aun si afirmáramos que la unidad no implica uniformidad, sabemos que la oración de Jesús nos llama a luchar por la unidad de la iglesia cristiana (véase Jn. 17:21).

   Unidad y verdad deben ser las dos caras de una misma moneda. Cuando los creyentes confiesan y sostienen la verdad de la Escritura, la unidad supera las barreras lingüísticas, culturales y geográficas. Por otra parte, jamás se debe conseguir la unidad y la armonía a expensas de la verdad.

   Los cristianos deben separarse de las fuerzas de la incredulidad y la desobediencia. Muchas exhortaciones de la Escritura les imponen el deber de separarse de esas fuerzas (2 Co. 6:14–18). Por otra parte, los creyentes deben luchar por mantener, defender y promover la unidad del cuerpo de Cristo. A los líderes de la iglesia no les cuesta nada dividirla, pero se les hace tremendamente difícil restablecer los lazos.

   En forma concisa, Pablo describe algunas condiciones deplorables y censura la falta de consideración que los corintios tenían por sus hermanos y hermanas en Cristo que eran pobres. Los reprende por sus malos modales y les dice que no los puede alabar (v. 22). Les enseña cómo deben celebrar la comunión y les aconseja que se esperen unos a otros cuando se reúnen para la comida de comunión (vv. 27–33). Aunque dada en otro contexto, la exquisita «carta de amor» de Pablo (cap. 13) contiene instrucciones explícitas de cómo la gente acomodada de Corinto debía practicar el amor fraternal.

1er Titulo:

Triste Actitud De Un cristiano Sin Amor. Santiago 4:11 y 12. Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?

   Comentario: Enjuiciamiento del hermano 4:11–12

   Santiago repite la enseñanza que Jesús dio en el Sermón del Monte acerca de juzgar a los demás. “No juzguéis, para no ser juzgados. Porque del mismo modo en que juzgáis, seréis juzgados” (Mt. 7:1– 2). Juzgar es una de las tareas más difíciles puesto que involucra no sólo a otra gente sino también a la ley misma. Así es como lo formula Santiago:

[11]. Hermanos, no os difaméis unos a otros. Cualquiera que habla en contra de su hermano o le juzga, habla en contra de la ley y la juzga. Cuando juzgáis la ley, ya no la cumplís, sino que os constituís jueces de ella.

(a). El tono del escritor cambia marcadamente. En el versículo 8 calificó a los lectores de “pecadores” y “de doble ánimo”; ahora se dirige a ellos llamándolos “hermanos” y les dice que no deben difamarse unos a otros (véase también 1 P. 2:1). Sin embargo, los versículos 11 y 12 están estrechamente vinculados al pasaje que los precede.

   En uno de sus salmos, David vincula la difamación con la falta de humildad. Él dice: Al que solapadamente difama a su prójimo,

yo lo silenciaré;

al que tiene ojos soberbios y corazón orgulloso,

no lo toleraré. [Sal. 101:5]

La difamación proviene del corazón de una persona que no considera a los demás mejores que él mismo. Pero el cristiano humilde se opone a la difamación y dice:

Ni mal rumor ni ruinosa acusación

encontrarán ante mí ninguna aprobación;

ni hechos viles de apostasía

llegarán a la presencia mía. (Dewey Westra).

   El vínculo entre los versículos 7 y 11 lo constituyen la palabra diablo (v. 7) y el verbo difamar. En el original, el sustantivo diabolos (diablo) significa “difamador, calumniador”. Santiago, por consiguiente, exhorta a sus lectores a no difamarse unos a otros, ya que esto es obra del diablo. Les está diciendo que dejen esta mala costumbre en que han caído. Si continúan difamándose unos a otros en la iglesia, con el tiempo destruirán la comunión de la comunidad cristiana.

(b). Santiago ahonda en este tema y dice a sus lectores que difamar a un hermano involucra la ley (Lv. 19:16). Nótese el paralelo que Santiago desarrolla en la próxima oración:

   Cualquiera que habla en contra de su hermano o le juzga.  —  habla en contra de la ley y la juzga

El énfasis en este versículo recae en la palabra hermano, que denota el estrecho vínculo de comunión que los creyentes tienen en la iglesia. Si hablas mal de tu hermano a sus espaldas, estés poniendo de lado la ley real: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (2:8; Lv. 19:18; Mt. 22:39; Ro. 13:9, Gá. 5:14). Y si pones de lado la ley, te has establecido como juez de dicha ley. Entonces, te has puesto en el mismo nivel que el Legislador.

   En el tribunal el juez debe ser imparcial al evaluar la evidencia, y debe ser justo al aplicar la ley y dictar la sentencia. El difamador, por el contrario, generalmente no se preocupa por conocer los hechos, evita hablar en presencia del acusado, pone de lado la ley del amor y, actuando como juez autoestablecido, formula su veredicto.

(c). Santiago expone la verdadera naturaleza del pecado de difamación cuando instruye a los destinatarios de su epístola con las siguientes palabras: “Cuando juzgáis la ley [tal como lo hacéis], ya no la cumplís [porque os habéis colocado por sobre la ley], sino que pasáis juicio sobre ellas [como un juez]”.

   El calumniador pone de lado la ley que Dios ha establecido y, por consiguiente, se pone en el mismo nivel de Dios. Solamente Dios tiene autoridad para abrogar una ley. Cegado por el pecado, el difamador frecuentemente no se da cuenta de la seriedad de lo que hace. Sin embargo, lo cierto es que la difamación es un pecado contra la persona acusada y contra el Dios que prohíbe el pecado por medio de la ley divina.

[12]. Sólo hay un Legislador y Juez, el que puede salvar y destruir. Pero tú—¿quién eres tú para juzgar a tu prójimo?

   En definitiva, Dios es el único Legislador que delega al hombre el poder de ser legislador y juez. Dios, por ende, recibe la honra de ser la autoridad final en el establecimiento de la ley y en el juicio del hombre. Solamente él es el juez divino. Él no puede permitir que el hombre asuma la posición que le pertenece únicamente a él. Solamente Dios tiene la autoridad “de salvar y destruir”. Es decir, Dios promulga la ley, la aplica y la hace cumplir llevando a cabo la sentencia. El veredicto es “inocente” o “culpable”— Dios puede salvar y destruir. En el Cántico de Moisés encontramos un paralelo cuando Dios dice: “No hay Dios a mi lado. Yo hago morir y yo hago vivir” (Dt. 32:39; también consultar 1 S. 2:6–7; 2 R. 5:7), Y Jesús instruye a sus discípulos diciéndoles que no deben temer al que puede matar el cuerpo. “Temed, más bien, a aquel que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el infierno” (Mt. 10:28; y véase Lc. 12:5).

   Santiago llega, ahora al nivel personal. Habla directa y enfáticamente al lector individual: “Pero tú— ¿quién eres tú para juzgar a tu prójimo?” El contraste entre el único y definitivo Legislador y el hombre pecador (a ser juzgado por el Legislador) es claro (Ro. 14:4). Santiago escoge intencionalmente la palabra prójimo para recordar le al lector la ley real del amor (2:8). En vez de juzgar a su prójimo el lector debería amarlo.

Consideraciones prácticas acerca de 4:11–12

Versículo 11

Las Escrituras enseñan que todos nosotros debemos comparecer ante Dios en el día del juicio, y que, en ese momento, tendremos que rendir cuentas de “cada palabra descuidada [que nosotros] hayamos hablado” (Mt. 12:36). Dios nos hace responsables de toda palabra que hablamos especialmente la que decimos en contra de nuestro prójimo.

Versículo 12

   Todos nosotros somos culpables a causa de nuestros pecados. Estamos bajo la ley y al mismo nivel que nuestro prójimo. Somos los acusados. Por consiguiente, en vez de colocarnos por encima de la ley y asumir la investidura de juez, debiéramos alentar, consolar y amar a nuestro prójimo. En suma, no estamos en la posición de juzgar a otros, puesto que nosotros mismos necesitamos la gracia y misericordia de Jesucristo. Ayudémonos unos a otros dirigiendo nuestra atención a Jesús.

   Pero entonces, ¿quiere esto decir que debemos cerrar nuestros ojos cuando vemos a un hermano caer en pecado? ¡Por cierto que no! Santiago concluye su epístola con un consejo que viene al caso: “Quien aparta a un pecador de su error le salvará de la muerte y cubrirá una multitud de pecados” (5:20)

2° Titulo:

El Cristiano Carnal Genera Discordias En La Iglesia. 1ª a los Corintios 3.3-4. porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? 

   Comentario: 3. Pues todavía sois naturales. Porque hasta donde hay celos y riñas entre vosotros ¿no es prueba de que tenéis una inclinación no espiritual y de que camináis en los caminos del hombre?

(a). «Pues todavía sois naturales». Sin intención de suavizar sus sentimientos, Pablo les dice a los corintios que son naturales, esto es, que se comportan como no espirituales.

Otras traducciones de esta palabra en cursiva son:

«inmaduros» (CB)

«carnales» (RV60, VM, CI, BJ, NC, LT, HA, NTT)

«seguís los bajos instintos» (NBE)

«os guía el instinto» (BP)

«mundanos» (NVI)

   En el griego, Pablo usa el adjetivo sarkinos (carnoso) en el versículo 1 y sarkikos (carnal) en el versículo 3. Aunque las palabras son muy parecidas, su significado es distinto. Un comentarista usa otro ejemplo para describir la diferencia, y habla de un objeto de cuero o un objeto coriáceo. Un artículo hecho de piel decimos que es de cuero, pero cuando a la vista o al tacto parece de cuero, entonces es coriáceo. Así, la expresión carnoso (sarkinos) se refiere a la substancia misma de la carne, mientras que carnal (sarkikos) describe su apariencia y características. La primera palabra apunta a una substancia que no cambia, la segunda a una característica que podría cambiar.

   ¿Cuál es la diferencia entre la palabra natural, que aparece aquí, y la palabra no espiritual de 2:14? Pablo afirma que los corintios se identifican a tal grado con la gente del mundo, que no se puede apreciar ninguna diferencia en lo que a comportamiento se refiere. Como el Espíritu no mora en el incrédulo, éste no es una persona espiritual y carece de percepción espiritual. Pero el creyente que es aficionado a seguir la forma de vida del mundo atrofia su crecimiento espiritual y, por tanto, se le debe llamar al arrepentimiento.

(b). «Porque hasta donde hay los celos y riñas entre vosotros». La razón por la que Pablo los reprende tan duramente está en el hecho de que los corintios estaban llenos de celos y riñas (1:11; Ro. 13:13; 2 Co. 12:20; Gá. 5:20). A fines del primer siglo de la era cristiana, cuando Clemente escribió su epístola a los corintios, plenamente al tanto de los muchos problemas congregacionales, usó con frecuencia los términos celos, envidia y riñas. Al seleccionar palabras que describen la vida de los corintios, Clemente pone de relieve los vicios que por décadas plagaron sus vidas (cf. Stg. 3:14). Al carecer de amor unos por otros, los corintios riñeron entre ellos, comportándose como gente no espiritual.

(c). «¿No es prueba de que tenéis una inclinación no espiritual y de que camináis en los caminos del hombre?». Pablo les lanza a los corintios una pregunta retórica que espera una respuesta positiva. No cabe duda de que son gente no espiritual que les hacen caso a los caminos de la carne. No obedecen la ley de Dios, sino al mundo. Con esto parecen indicar que la presencia del Espíritu en sus vidas no tiene ningún valor. Su conducta diaria no los distingue de los que no tienen el Espíritu. Su andar en los caminos del hombre es lo contrario a lo que debería ser la vida de un creyente (véase Sal. 1:3).

[4]. Porque cuando uno dice «yo soy de Pablo» y otro dice «yo soy de Apolos», ¿no sois simples hombres?

   Pablo ha hecho todo un círculo hasta llegar otra vez a las palabras que escuchó de los de Cloé (1:12). Después de la salutación y la acción de gracias al comienzo de su carta, confrontó directamente a los corintios respecto a las divisiones que había en la iglesia. Ahora sólo toma dos de las consignas que usaban los corintios: «yo soy de Pablo» y «yo soy de Apolos», sin repetir las otras dos: «yo soy de Cefas» y «yo soy de Cristo». ¿Por qué no incluye estos nombres? Pablo y Apolos habían sido ministros del evangelio en la iglesia de Corinto, mientras que Cefas no. Y sin duda que todo creyente afirmaría ser de Cristo (Ro. 14:8). En la última parte del capítulo, sin embargo, Pablo menciona los tres nombres de nuevo: Pablo, Apolos y Cefas.

   La pregunta ¿No sois simples hombres? es paralela a la frase del versículo precedente: «camináis en los caminos del hombre» (v. 3). Las dos frases tienen el fin de igualar a los cristianos de Corintios con la gente no espiritual del mundo. En otras palabras, Pablo compara a los cristianos de Corinto con su contraparte mundana.

Consideraciones doctrinales en 3:1–4

   De Génesis 1 a Apocalipsis 22, la Biblia enseña de que hay dos clases de gente: creyentes e incrédulos.10 Últimamente, muchos han introducido otra categoría y hablan de tres tipos de persona: el irregenerado, el cristiano espiritual y el cristiano carnal. Pero sabemos que la Escritura es clara en repartir a la humanidad en sólo dos grupos. ¿Se puede probar que la Biblia habla de que hay un tipo de creyente «nacido de nuevo» que es también un cristiano carnal? Con frecuencia se cita 1 Corintios 3:1–4 como prueba de esto.

   Aunque Pablo reprende a los corintios por ser niños en Cristo y por no haber logrado la madurez que ya deberían tener, no afirma que pertenecen a una clase separada de la cual deben graduarse para llegar a ser cristianos espirituales. Pablo anima a los corintios a que crezcan en gracia, conocimiento, fe, amor y santidad.11 De hecho, Pedro también subraya la necesidad de que el creyente crezca espiritualmente (p. ej., 1 P. 2:2; 2 P. 3:18).

   A lo largo de sus dos cartas a los corintios, Pablo señala que sus lectores son cristianos espirituales. Los aborda como a santificados en Cristo Jesús (1:2); les dice que están en Cristo Jesús, quien les ha sido hecho sabiduría, esto es, justicia, santidad y redención (1:30); y les informa que han sido lavados, santificados y justificados en el nombre de Jesucristo (6:11). Por último, los llama nueva creación en Cristo (2 Co. 5:17).12

   Los cristianos de Corinto eran gente espiritual que lidiaba con un problema de conducta. Pablo los reprende por sus riñas y por una conducta que los ponía al mismo nivel que la gente del mundo. No obstante, después de reprenderlos, les recuerda las riquezas espirituales que tienen en Jesucristo (3:21–23).

3er Titulo:

El Chisme Es Un Mal Que El Cristiano Debe Evitar. Proverbios 16.28. El hombre perverso levanta contienda, Y el chismoso aparta a los mejores amigos.

   Comentario: En el v. 28 se subraya el mismo tema de la naturaleza destructiva del habla. El hombre perverso (ver 2:12; 8:13; 10:31, 32; 16:30; 23:33 para la misma palabra para “perversidad”) en vez de formar amistades y crear un ambiente de bienestar, produce (la forma verbal piel intensifica la acción) la discordia o contienda (de una metáfora hebrea que lit. se traduce “dar libertad o desenfrenar la contienda”, también en 6:14, 19). Por lo tanto, “susurra” (eufemismo hebreo para el chisme) alejando los mejores amigos (o vecinos), destruyendo de esa forma sus relaciones (ver 3:29 para “prójimo”).

   Introducción: Tenemos a muchos conocidos, pero los amigos verdaderos se cuentan en los dedos de una mano. David y Jonatán son personajes bíblicos que nos impresionan con su fidelidad el uno al otro. Aun cuando el padre de Jonatán intentaba matar a David, aquél mostró su fidelidad a su amigo. ¿Qué es un amigo verdadero?

   Ama en todo tiempo, 17:17. En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia.

El v. 17 muestra que hay gente buena, muy buena en el mundo de hoy. Tal amigo (ver que a veces la palabra se traduce “prójimo”, como en 3:28) cumple la Palabra de Dios cuando dice: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev. 19:18). Además de ser un amigo o prójimo siempre presente (en todo tiempo), es un hermano que está dispuesto a estar al lado en un tiempo de angustia, que se define como “estrecho”, como en 24:10; 25:19. El amor entre David y Jonatán es un gran ejemplo de la enseñanza de este versículo (ver 1 Sam. 18:1, 3). Además, Jonatán fue llamado el hermano de David (ver 2 Sam. 1:26; otro ejemplo fue la relación entre Salomón e Hiram en 2 Rey. 9:13). Aunque Job se queja que sus íntimos amigos le habían abandonado, la misma riña con ellos muestra que estaban a su lado (ver Job 19:19).

   Evita a los chismosos en todo tiempo, 16:28. El hombre perverso levanta contienda, Y el chismoso aparta a los mejores amigos.

   Guía al bien en todo tiempo, 16:29. El hombre malo lisonjea a su prójimo, Y le hace andar por camino no bueno.

En el v. 29 se repite el tema del hombre violento (ver 3:31; 4:17). Un ejemplo del liderazgo dañino se revela en este tema repetido de la mala compañía (ver 3:31, 32; 4:14–17; 16:29; 22:24, 25; 23:20, 21; 24:1, 2). El hombre violento “abre o suelta” intensamente (la forma verbal de piel) al “prójimo” (¿del buen camino?) y le dirige (la forma verbal de hiphil muestra responsabilidad de parte del hombre violento) por camino no bueno. El dicho tiene razón: “Más vale andar solo que mal acompañado.”

   Consuela en todo tiempo, 17:17b. Y es como un hermano en tiempo de angustia.

   Perdona en todo tiempo, 17:9. El que cubre la falta busca amistad; Mas el que la divulga, aparta al amigo. 

La interpretación del verbo “cubrir” decide el mensaje del v. 9. Los significados son “esconder” u “ocultar” (ver 28:13; Gén. 37:26) o “no hacerlo público” (quizá por haberlo solucionado, por esperar una solución, por ignorarlo o por perdonarlo). Los pasajes favorecen “no hacerlo público” o “ignorarlo” (aunque algunos eruditos favorecen el significado de “perdonarlo”) como en 10:12, 18; 11:13; 19:11 (traducido “pasar por alto”). De ese modo, no hay un deseo de ocultar sino de mantener la transgresión para que haya una relación amistosa (la palabra es amor como en 8:17 y 10:12). Al contrario, el que repite (para repetir alguna palabra o algún hecho) y repite (se pone énfasis en no solo decir públicamente una vez sino varias veces) el asunto “divide” (ver 16:28) o se separa del amigo íntimo (“domesticado y tierno”, para referirse al animal y amigo íntimo para referirse al hombre).

   Conclusión: El amigo es el que podemos llamar en cualquier momento, contarle nuestros problemas y pedirle su apoyo y sus oraciones a favor nuestro. Han acontecido milagros cuando dos amigos que tienen el pacto de orar juntos sobre necesidades especiales se han arrodillado para interceder por necesidades especiales personales o de otras personas conocidas que han pedido la oración.

4° Titulo:

La Venganza Es Motivada Por El Espíritu Maligno. Romanos 12:17 al 21. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. 

   Comentario: [17]. No devolváis mal por mal a nadie; Aquí se combaten dos males relacionados:

[a]. Un espíritu vengativo, el desea de desquitarse de alguien por algún daño sufrido. Esto nos trae a la mente

anteriores pasajes paulinos tales como:

   Mirad que ninguno pague a otro mal por mal. 1 Ts. 5:15

   Cuando nos maldicen, bendecimos; cuando nos persiguen, soportamos; cuando nos difaman, contestamos

amablemente. 1 Co. 4:12, 13

   ¿Por qué no sufrir más bien el agravio? ¿Por qué no tolerar más bien ser defraudados? 1 Co. 6:7

   Compárese esto con las palabras de otro apóstol:

   “No devolváis mal por mal o insulto por insulto, sino bendición con bendición” (1 P.3:9).

    La condena de un espíritu vengativo es básica.

[b]. La presunción de que individuos particulares tengan el derecho de tomar en sus propias manos la función del magistrado civil de castigar el crimen.

   Aun en el Antiguo Testamento el mandamiento “ojo por ojo … herida por herida” (Ex. 21:24, 25; cf. Lv. 24:20; Dt. 19:21) se refiere a la administración pública del código criminal (véase Lv. 24:14), y fue promulgado para desalentar la búsqueda de la venganza personal.

   Lo que Pablo prohíbe (aquí en Ro. 12:17)—el deseo de tomar represalias—es el mismo pecado en contra del

cual advirtiera Jesús (Mt. 5:38–42; cf. Lc. 6:29, 35). Y a su vez esta enseñanza de nuestra Señor puede considerarse como una elucidación adicional de instrucciones del Antiguo Testamento tales como las que se encuentran en Lv. 19:18; Dt. 32:35; Pr. 20:22.

   La manifestación de un espíritu vengativo destruye lo distintivo del carácter cristiano, lo que es a su vez el requisito absoluto para tener éxito en ganar a gente para Cristo. Es esta carencia la que hace que los extraños digan: “Esos cristianos no son diferentes de nosotros”. Pablo, el gran misionero, desea que los creyentes se conduzcan de manera tal que los incrédulos tomen nota. Es por tal razón que continúa diciendo:

   [17]. Siempre procurad que (vuestros asuntos) estén bien ante los ojos de todos.

   Esto nos hace acordar de Pr. 3:3, 4: Nunca se aparten de ti el amor y la fidelidad; átalas a tu cuello, escríbeles en la tabla de tu corazón. Y hallarás gracia y buen renombre ante los ojos de Dios y de los hombres.

   Pablo desea que aquellos a quienes se dirige vivan vidas de consagración total a Dios y de amor genuino por

todos, aún por los perseguidores, de modo tal que los extraños de tengan ninguna oportunidad legítima de quejarse

o acusar (cf. 1 Ti. 5:14), y que los calumniadores sean avergonzados (1 P. 3:16). Él no quiere que ellos sean un

estorbo o una piedra de tropiezo, impidiendo que el inconverso llegue a aceptar el evangelio (1a Co. 10:32). En vez de ellos, él desea que conduzcan sus asuntos de tal manera que la conciencia pública (cf. Ro. 2:15) las apruebe. Su noble propósito, como persona que ama a Dios, es que la vida devota de los creyentes sea un instrumento en las manos de Dios para la conversión de los pecadores, para la gloria de Dios (Mt. 5:16; 1 P. 2:12).

   Calvino ha resumido el significado del v. 17 como sigue: “Lo que significa es que debemos trabajar diligentemente para que todos puedan verse edificados por nuestro trato honesto … para que puedan, en una palabra, percibir el dulce y buen olor de nuestra vida, por medio del cual puedan ser atraídos al amor de Dios”.

   Avanzando sobre el mismo tema, Pablo dice:

   [18]. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, vivid en paz con todos.

   Esta exhortación a vivir en paz con todos concuerda con otros pasajes tales como: “No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos” (Gn. 13:8); “Haced todo esfuerzo por vivir en paz con todos” (Heb. 12:14); y “La sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después amante de la paz” (Stg. 3:17). Jesús dijo: “Bienaventurados (son) los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt. 5:9).

   En un mundo de paz fracturada esta bienaventuranza nos muestra qué fuerza relevante, vital y dinámica es el cristianismo. Verdaderos pacificadores son todos aquellos cuyo líder es el Dios de Paz (1 Co. 14:33; Ef. 6:15; 1 Ts. 5:23), que buscan la paz con todos (como aquí en Ro. 12:18), que proclaman el evangelio de la paz (Et. 6:15), y modelan sus vidas según el patrón del Príncipe de Paz (Lc. 19:10; Jn. 3:12–15; cf. Mt. 10:8).

   No obstante, el encargo de vivir en paz con todos no es presentado sin reservas. Hay dos:

(a). “Si es posible”. Hay circunstancias en las cuales el establecimiento o mantenimiento de la paz es imposible.

Heb. 12:14 no sólo propugna la paz sino también la santificación. Esta última no debe ser sacrificada para mantener la anterior, ya que la paz sin la santificación (o santidad) no es digna de su nombre. Si el mantenimiento de la paz implica el sacrificio de la verdad y/o del honor, entonces la paz debe ser abandonada. Cf. Mt. 10:34–36; Lc. 12:51–53.

(b). “… en cuanto dependa de vosotros”. Hay situaciones que demandan el sacrificio de la paz. Pero debemos estar seguros de no ser nosotros quienes tengamos la culpa de tales exigencias. Supongamos que hemos hecho todo lo que estaba en nuestro poder para establecer y mantener la paz. La otra persona (o personas) no estaba(n) dispuesta(s) a aceptar la paz a menos que fuera en condiciones que nosotros, como cristianos, no podíamos aceptar. En tales casos, Dios no nos considera responsables de la falta de paz.

   [19]. No os venguéis, amados, sino dad lugar a la ira (de Dios); porque está escrito: “La venganza es mía: yo pagaré”, dice el Señor.

   El tierno llamamiento—nótese la palabra “amados” aquí en el v. 19—nos recuerda el igualmente afectuoso apelativo “hermanos” del v. 1. En relación con esto véanse también 1:7; 16:5, 9, 12; 1 Co. 4:14, 17; 10:14; 15:58; 2 Co. 7:1; 12:19; Ef. 5:1; Fil. 2:12; 4:1; Col. 1:7; 4:7, 9, 14; 1 Ts. 2:8; 2 Ti. 1:2; y Flm. 1 y 16. Se destaca la repetición de la que es, en lo esencial, la misma exhortación escrita en formas ligeramente diferentes, a saber, “No os venguéis”. Véase vv. 14, 17, 19 y 21. Debe haber existido alguna razón para esto, aunque no se ha revelado cual haya sido. Una posible sugerencia es que la causa estuviese en: (a) el hecho que los miembros de la iglesia de Roma, o al menos algunos de ellos, necesitaban mucho tal admonición; y otra: (b) que el que componía esta carta había sido bendecido, especialmente desde su conversión, con un carácter excepcionalmente sensitivo y amoroso. Se trataba de un hombre quien con toda su alma había ingresado en la tarea de solidarizarse y perdonar, visto el perdón que el mismo había recibido de Dios.

   Tras decir: “No os venguéis, amados”, Pablo prosigue: “sino dad lugar a la ira” … Las palabras “de Dios” no están en el original. Es por tal razón que algunos expositores han sugerido que lo que el apóstol quiso decir era:

“Dad lugar a la ira del adversario”. Otros llenarían este vacío con la frase “vuestra ira”, y aun otros con “la ira del magistrado civil”.

   No es necesario, sin embargo, tratar separadamente cada una de estas suposiciones, y demostrar por qué razón no pueden ser correctas. Una razón sólida servirá para las tres, a saber, que en los otros casos en que en el Nuevo

Testamento la palabra “ira” aparece sin modificador que demuestre quien es el sujeto de dicha ira, estamos frente a la ira “de Dios”. Además, no importa si se usa el artículo (“la”, de allí “la ira”) o si se lo omite (resultando simplemente en “ira”). Por lo tanto, es perfectamente razonable creer, junto con la mayoría de los expositores, que también aquí, en Ro. 12:19, es a la ira de Dios a la que Pablo se refiere.

   Cuando Pablo dice que aquellos a quienes se dirige—y últimamente todos nosotros—deben “dar lugar” a la ira de Dios, él enfatiza una vez más, en armonía con todo el contexto, que nosotros no debemos jugar a “ser Dios”, que debemos abstenemos de intentar usurpar la prerrogativa divina de derramar su ira, de ejecutar venganza.

   Para dar fuerza a este mandato, el apóstol apela, tal cual lo ha hecho anteriormente, al Antiguo Testamento, en este caso a Dt. 32:35; en realidad a ese pasaje a la luz de su contexto; véanse en especial los vv. 20, 34, 36–43.

   ¿No fue acaso Jesús mismo quien, a pesar de ser objeto de un sufrimiento mucho más profundo y penoso, injustamente puesto sobre él por pecadores—¡de parte de ellos ciertamente era injusto! —en vez de vengarse, se entregó a Aquel que juzga con justicia? Véase 1 P. 2:23. Cf. las palabras igualmente bellas del Sal. 37:1–17.

   A la luz del hecho que nuestro Señor Jesucristo, por medio de su sufrimiento vicario, quitó la ira de Dios de nosotros, ¿no debiéramos nosotros estar felices en no tomar venganza? ¿Cuál es, pues, nuestro deber cuando somos tratados injustamente? ¿Es quizá pedirle a Dios que derrame su ira sobre esa terrible gente que ha sido tan cruel para con nosotros? ¿Es eso lo que Pablo quiere decir cuando dice: “Dad lugar a la ira (de Dios)”? ¿No es más bien que pidamos a Dios que les conceda a los perseguidores la gracia del verdadero arrepentimiento y de la fe verdadera? ¿No debiéramos dejar toda noción de justicia retributiva enteramente en las manos del Dios omnisciente y soberano? ¿Y no responderá de esta manera todo verdadero hijo de Dios que haya experimentado el amor de Dios en su propia vida?

   En vez de tomarse venganza, el deber y gozo del cristiano es devolver bien por mal. El día de la retribución divina no ha llegado aún. Por otra parte, tal como se ha indicado anteriormente, la persona dañada no tiene derecho a tomar para sí la función del magistrado civil.

   Los que han sufrido algún mal deben tratar al que les odia (no con resentimiento oculto o con un sentimiento de ira sino) con bondad.

   De allí que, después de decir: “Nos os venguéis …”, Pablo prosigue:

   [20]. Por el contrario “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale algo de beber; porque, al hacer esto, amontonarás ascuas sobre su cabeza”.

   La cita está tomada de Pr. 25:21, 22. Si el enemigo tiene hambre, la persona afectada debe darle algo de comer. Debería darle algo de beber si tiene sed. En otras palabras, debe tratar al enemigo como lo hizo Eliseo (2 R. 6:20–23).

   Con palabras que han dado ocasión a muchas interpretaciones diferentes, el apóstol, continuando su cita de Proverbios, escribe: “porque haciendo esto, amontonarás ascuas sobre su cabeza”.

Hay cuatro opiniones diferentes. Amontonar ascuas sobre su cabeza podría simbolizar:

(a). una forma de tormento autoimpuesta,

(b). un acto de benevolencia (dar ascuas encendidas a los necesitados),

(c). un gesto de dolor por el pecado,

(d). un modo de hacer que el enemigo se avergüence de sí mismo.

   La explicación a. contradice el contexto presente, según el cual uno debe tratar al enemigo con bondad. Tanto

  1. como c. describen la pena de enemigo por el pecado más bien que lo que el ofendido debería hacerle. La interpretación más ampliamente aceptada es d. Las ascuas simbolizan en esta opinión las ardientes punzadas de vergüenza y contrición que resultan de la inesperada bondad recibida. La conducta magnánima del ofendido al devolver bien por mal tiene este efecto.

   En lo que atañe al significado b.—una interpretación mencionada por Ridderbos, y reseñada en un interesante artículo de E. J. Masselink (aunque sin darle un definido respaldo)—; si se interpreta la frase “los necesitados” de modo que signifique “aunque sean enemigos”, con el significado final que resulta en: “Venced a vuestros enemigos con vuestra bondad” (E. J. Masselink), ¿no sería el efecto final el mismo que el indicado por d.?

   Por consiguiente, cuando expreso una preferencia por d., no estoy rechazando b. Razones me mueven a aceptar esta opinión (la de d., y posiblemente b.):

  1. Las palabras “vencer el mal con el bien” (v. 21) apuntan en tal dirección.
  2. Así lo hace 1 P. 2:15: “Porque es la voluntad de Dios que haciendo el bien silenciéis la charla ignorante de los necios”.

   En el espíritu del v. 20, la exhortación final de Pablo es:

   [21]. No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien.

   Ser vencido por el mal significa (a) permitir que el enemigo te hunda, y (b) planificar y devolver mal por mal. Vencer el mal con el bien significa (a) seguir viviendo una vida de fe en Dios y de amor por él y por todos, sin excluir a la persona que te hirió; la clase de vida marcada por una transformación a la imagen de Cristo (v. 2), y por eso también por la humildad (v. 3 y 16), la utilidad (v. 6–8), y la paz (v. 16); y (b) hacer un esfuerzo, por palabra y obra, para demostrar bondad al que te ha dañado.

   Esta es la vida victoriosa. Pero la victoria no puede obtenerse por el esfuerzo humano sino sólo por la fe. Le es otorgada a aquellos, y solamente a aquellos, que, habiendo sido justificados por la fe, en base al sacrificio vicario de Cristo, derivan todo su poder del Espíritu Santo que mora en ellos.

12:14, 17, 19, 21. “Bendecid a los que os persiguen … no devolváis mal por mal … No os venguéis, amados … vence el mal con el bien”.

   ¿Cuál será la razón por la que Pablo repite una y otra vez, con ligeras variantes, esta exhortación?

   Respuesta: (a) Porque él mismo era, como pastor, la bondad personificada (véase 1 Ts. 2:7–10); (b) porque sabía que devolver el bien por el mal es algo contra lo cual la naturaleza humana pecadora se rebela violentamente; y

(c) porque sabía que, sin embargo, si había algo que podría tener éxito en llenar el corazón de un oponente de vergüenza y arrepentimiento, ese algo era esta actitud.

   Hay quienes, al leer estos versículos, dicen: “El consejo de Pablo no funcionará”. Hasta han dicho que este método recomendado por el apóstol para ganar al oponente demuestra cuán poco conocía él de la naturaleza humana. Se equivocan. Pablo no dice que el método que propugna ante los romanos tendrá siempre el efecto deseado, pero él sabe que de todos modos es el método más eficaz y, por, sobre todo, que es el único correcto. Véanse Lc. 23:34; Hch. 7:60; 1 Co. 13.

   Un ejemplo de la vida diaria. El pastor anterior había salido de la congregación “bajo sospecha”. No obstante,

contaba todavía con popularidad entre un cierto sector de la congregación. Fue así que, al llegar su sucesor, uno de los miembros le dijo a la cara: “Yo no lo reconozco a usted como mi pastor”. La persona a quien se le dijeron estas palabras recibió la gracia de poder mantenerse en calma. Más tarde, cuando la enfermedad hizo una incursión en el hogar del miembro descontento, hizo un esfuerzo especial por cumplir allí sus deberes pastorales. Resultado: llegó el día en que el hombre le dijo: “Ahora le reconozco plena y gozosamente como mi pastor.

Amén, para la gloria de Dios

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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