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Lunes 5 de agosto de 2019: “La ofrenda de una viuda”. (Reunión Mensual).

Lunes 5 de agosto de 2019: “La ofrenda de una viuda”. (Reunión Mensual).

Lectura Bíblica: San Marcos 12:41-44. Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento. 

Comentario: 12:41–44 La ofrenda de una viuda

Cf. Lc. 21:1–4

   Esta resulta ser una de las pocas piezas del material de los Evangelios que aparece solamente en Marcos y Lucas. El relato de Lucas da la impresión de ser un breve resumen de Marcos, y no mucho más. Es muy fácil de entender que el comprensivo y amado médico (Col. 4:14) no quisiera omitir esta historia que de forma tan notable cumplió el propósito de describir a Jesús como el compasivo Sumo Sacerdote.

   Difícilmente pasa inadvertida la estrecha relación entre el informe precedente y éste. La relación es doble: (a). temporal: aunque el momento exacto no se indica, parece razonable inferir que después que Jesús hubo pronunciado su quinto discurso, es decir, los siete ayes, reproducidos en Mt. 23 y brevemente resumidos en Mr. 12:38–40 (cf. Lc. 20:45–47), tomara un breve descanso durante el cual “observa” a la gente según indica Marcos 12:41; y

(b). de contenido: el mismo amante Salvador, que acaba de denunciar a los escribas por “devorar las casas de las viudas” (12:40), muestra por medio de su propio ejemplo, cómo hay que tratar a las viudas. Se las debe ayudar y elogiar cada vez que esto corresponda.

   Versíc. 41. Y al sentarse frente a la tesorería, observaba cómo la multitud echaba su dinero en el tesoro. La frase “frente a la tesorería” ha dado origen a diferentes interpretaciones. Consúltese también lo que se dijo en relación con el Atrio de las mujeres, con sus tres arcas en forma de trompetas, es decir, receptáculos para las ofrendas y otros donativos. Bien pudo haber sido, por tanto, que Jesús se hubiese sentado cerca de la entrada de este atrio tal vez en las cercanías de la Puerta Hermosa.

   Desde ese lugar, se podrían ver algunos de esos receptáculos. Jesús, entonces, miraba u observaba cuidadosamente cómo la gente echaba su dinero en el tesoro, es decir, dentro de las urnas. En cierto sentido, ha estado haciendo esto mismo desde entonces, y todavía lo hace. Véanse Hch. 5:1–1 1; 2 Co. 9:6, 7; Heb. 4:13.

   Muchos ricos echaban en grandes cantidades. Cada receptáculo estaba marcado con letras del alfabeto hebreo para que así la gente pudiese saber específicamente a que uso se destinaba el dinero que allí se echaba: si para el tributo del templo, para los sacrificios, el incienso, la leña, o cualquier otro propósito. Jesús observaba que muchos ricos echaban grandes cantidades. Bien está, los que tienen muchos bienes deben dar grandes sumas. No había nada malo en esto. La Biblia hace mención de varios ricos de quienes difícilmente se podría pensar que dieran jamás grandes sumas para alguna buena causa (1 S. 25:2, 3, 10, 11; Lc. 12:16–19; 16:19–21). Sin embargo, según el criterio de Jesús, no era la cantidad del donativo lo que más importaba, sino el corazón del dador.

   Esto se ve claramente en el versículo 42. Mas una viuda pobre vino y echó dos monedas de cobre muy pequeñas, que valen sólo una fracción de centavo. Según el original, esta viuda echó dos lepta, que significa un cuarto. ¿Un cuarto de qué? ¿De un dólar? NO, de un as o asarion. Un asarion valía ¡un dieciseisavo de un denario! El denario era el salario ordinario de un día de trabajo para un obrero (Mt. 18:28; 20:2, 9, 13; 22:19). Debido a las constantes variaciones monetarias es imposible indicar con certeza su equivalente exacto en unidades monetarias actuales. Si el denario se considerase como el equivalente de 16 a 18 centavos de dólar, entonces el asarion valdría alrededor de un centavo, el cuarto o “cuadrante” sólo 1/4 de centavo, y el “lepton” solamente 1/8 de centavo.

   Las pequeñas monedas de cobre que la viuda echó en la urna eran literalmente “muy delgadas”. No sólo eran muy chicas, sino también muy livianas. Es interesante observar que la palabra inglesa leaf (hoja) está relacionada con lepton. Las dos lepta juntas se deben considerar como una fracción de cualquiera de las monedas de menor valor en la actualidad.

   Calculado humanamente, lo que aquella viuda dio fue insignificante.… Sin embargo, aquilatado por normas divinas, su contribución era valiosísima, lo cual es evidente por los versículos 43, 44. Llamando a sus discípulos, les dijo, “Solemnemente os declaro que esta pobre viuda echó más en el tesoro que todos los demás. Porque todos dieron de su abundancia, pero ella de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento”.

Nótese lo siguiente:

(a). Lo que esta viuda hizo fue tan importante a los ojos de Jesús que él reunió a sus discípulos para que se fijaran en ello. En otras ocasiones muy importantes (3:13; 6:7; 8:1, 34; 10:42) Jesús ya había llamado a sus discípulos para hablar con ellos. Ésta fue una vez más.

(b). Concuerda con esto el hecho de que el Maestro introduce su enseñanza diciendo, “Solemnemente os declaro” para mostrar que lo que está a punto de decir tenía gran significado y que ellos debían tomarlo muy en serio. Véase sobre 3:28.

(c). “Esta viuda pobre echó más en el tesoro que todos los demás”, dijo Jesús. A sus ojos las dos moneditas de cobre eran como diamantes resplandecientes. Podríamos decir: eran semejantes a talentos que después de cierto tiempo duplican su valor (Mt. 25:20, 22). Sí, lo doblaron y redoblaron, porque su acción, junto con el comentario de Jesús, ha inspirado a miles de personas a seguir su ejemplo.

(d). Si nos preguntamos, “¿Qué fue lo que hizo que su ofrenda fuese tan preciosa?”, la respuesta es que todos los demás habían dado “de su abundancia”, pero ella “de su pobreza”, de su escasez o necesidad.

   ¿Diríamos que al menos podría haber guardado una de aquellas pequeñas y delgadas moneditas de cobre para ella? Pues no, dio las dos. En realidad, ella sabía que Dios no le faltaría, y lo sacrificó todo. Estas dos monedas representaban todo lo que tenía para su sustento. ¿Cómo supo esto Jesús? Para un tratamiento más a fondo de este tema (la interacción entre la naturaleza humana y divina de Jesús), véase sobre 2:8; 5:32; 9:33, 34 y 11:2, 13. El punto que hay que resaltar aquí es que esta pobre viuda dio de una forma muy generosa y espontánea. Dio “con fe”. Es por esta razón que Jesús la elogia tan profusamente.

 

Lecciones

(a). No es el monto de la ofrenda lo que más importa, sino el corazón (actitud, propósito) del dador.

(b). Sorprendentemente hermoso es lo que la Escritura enseña con respecto a la forma en que Dios provee a las viudas:

(1) Dios es el “Padre de huérfanos y defensor de las viudas” (Sal. 68:5). Ellas están bajo su cuidado y protección especiales (Ex. 22:23; Dt. 10:18; Pr. 15:25; Sal. 146:9).

(2) Por medio del diezmo y “la espiga olvidada” provee para ellas (Dt. 14:29; 24:19–21; 26:12, 13). En las fiestas que Dios ha instituido, ellas también deben regocijarse (Dt. 16:11, 14).

(3) Bendice a los que las ayudan y las honran (Is. 1:17, 18; Jer. 7:6; 22:3, 4).

(4) Dios reprende y castiga a los que las dañan (Ex. 22:22; Dt. 24:17; 27:19; Job 24:3, 21; 31:16; Sal. 94:6; Zac. 7:10; Mal. 3:5).

(5) Son objeto de la tierna compasión de Cristo, lo cual se ve claramente en los Evangelios, especialmente el Evangelio según Lucas (Mr. 12:42, 43; Lc. 7:11–17; 18:3, 5; 20:47; 21:2, 3).

(6) La iglesia primitiva no olvidaba de ellas. Los primeros diáconos fueron nombrados debido a que se descuidó a ciertas viudas, de modo que en adelante las viudas recibieron mejor cuidado (Hch. 6:1–6). Y según Santiago, una de las manifestaciones de una religión pura y sin mancha es esta: “Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones” (Stg. 1:27). Véase también 1 Ti. 5:3–8.

 

La iglesia primitiva no olvidaba de ellas: ¿La iglesia de la actualidad se ha olvidado de ellas? La respuesta debe darla cada creyente como esta actuando con las viudas de la Iglesia.

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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