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Lunes 31 de mayo de 2021“Apartándose De Conversaciones Que No Edifican La Vida Cristiana”

Lunes 31 de mayo de 2021“Apartándose De Conversaciones Que No Edifican La Vida Cristiana”

 Lectura bíblica: Romanos Cap. 16, versículos 17 y 18. Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos. 

   Comentario: [17]. Os exhorto, hermanos, a estar en guardia contra los que causan divisiones y que ponen en vuestro camino obstáculos que son contrarios a la enseñanza que habéis aprendido. Evitadlos.

   Hay quienes sostienen que el pasaje que va del v. 17 al 20 no puede haber sido parte de la epístola de Pablo a los romanos porque su tono es diferente al que encontramos en el resto de esta carta. Ellos sostienen que está “fuera de contexto”. (Algo ya se ha dicho sobre esto en la introducción). Preguntan:

   “Visto que el apóstol le ha estado prodigando una efusiva alabanza a los miembros de la iglesia de Roma (1:8; 15:14), ¿cómo puede ser que ahora, de buenas a primeras, los esté regañando?”

   Los que así piensan deben volver a leer con más cuidado. Una examinación más minuciosa les permitirá ver que lo que Pablo dice aquí en 16:17–20 está definitivamente “dentro de contexto”. En el versículo precedente “él les ha dicho que se saluden los unos a los otros “con un beso santo”. Este beso era evidentemente una señal de amor, unidad y armonía. Y por eso ahora, en el v. 17, advierte a la congregación que se cuide de la gente cuyo propósito es turbar esta armonía y crear divisiones. La conexión es evidente.

   Además, Pablo acaba de referirse a “todas las iglesias de Cristo”. ¿Será posible que al pensar en las condiciones en que se encuentran dichas iglesias él pueda haber dejado de lado el hecho que algunas de ellas habían sido alborotadas, o lo estaban siendo, por falsos maestros que le pisaban los talones y que hacían todo lo posible por derribar la doctrina de la salvación sólo por gracia? Estas personas estaban constantemente causando divisiones y poniendo obstáculos (véase sobre 14:13) en el camino, con el propósito de obstruir la enseñanza verdadera que los romanos habían aprendido.

   En ningún lado dice o da a entender el apóstol que estos alborotadores eran miembros de la iglesia de Roma. Probablemente eran forasteros, propagandistas itinerantes del error.

   No hace falta pensar que todo fueran del mismo cuño. Algunos pueden haber sido legalistas (judaizantes), otros antinomianistas o quizá ascetas, o propugnadores de alguna combinación de dos o más “ismos” desorganizadores.

    Pablo no dice: “Oponeos a ellos”; ya que, aunque algunos de aquellos a quienes se dirige podrían haber hecho esto con éxito, otros podrían haber sido fácilmente descarriados si entraran en debate. Por lo tanto, Pablo insta a los hermanos (sobre esto véase Ro. 1:13; 7:1) a evitar totalmente a estos disidentes. Él tenía plena conciencia de que la posibilidad de que algunos miembros pudiesen perder el rumbo era real si no seguían este plan de evitar estas personas, especialmente si se tienen en cuenta los astutos métodos empleados por los propagandistas, tal cual se los señala en el versículo

   [18]. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo sino a sus propios vientres; y con suaves palabras y lisonjas engañan el corazón de los ingenuos.

   La expresión que se usa en el original y que traducimos “tales personas” contiene en este caso un dejo de desprecio. Quizá podría traducirse “gente de esta laya”, o “esta clase de personas”. Pablo evidentemente los considera impostores, charlatanes.

  Al afirmar que: “tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo sino a sus propios vientres”, es como si el apóstol dijese: “O servimos a nuestro Señor Jesucristo”—nótese la plenitud de este glorioso título—“o nos servimos a nosotros mismos. Hacer ambos a la vez es imposible. Rendimos nuestra lealtad al uno o al otro”. Cf. Mt. 6:24.

   Así en el marco de unas pocas palabras Pablo expone el error fundamental de la pandilla contra la cual hace la advertencia. Ya que en el caso de estos falsos maestros la primera alternativa, a saber, servir a nuestro Señor Jesucristo, está fuera de toda posibilidad, debe ser que están sirviendo a sus propios vientres. Cf. Fil. 3:19. ¿Quiere esta expresión, “sus propios vientres”, decir que necesariamente estos perturbadores son todos libertinos, sensualistas? Probablemente no sea así, ya que en tal caso la advertencia habría sido dirigida solamente contra un cierto tipo de alborotadores. Por lo tanto, el verdadero significado probablemente sea: “egoístas de toda clase, gente que es esclava de su propio ego”. Trátese de judaizantes, antinomianistas, ascetas, o lo que sea, ¡cómo les gusta oírse hablar! Están hinchados por la exaltada opinión que tienen de sí mismos (cf. Co. 2:18, 23). Viven “según la carne”, permitiendo que sus vidas sean determinadas por los apetitos de su pecaminosa naturaleza humana (cf. Ro. 8:4, 5).

   Que lo dicho es cierto se evidencia también por los métodos que utilizan para capturar sus auditorios. Hacen uso de suaves palabras y de la lisonja. Cf. Judas 16. Son los que algunos considerarían “oradores elocuentes”, aunque son en realidad “engañadores hábiles”. En realidad, no están ayudando a nadie, aunque pretenden hacerlo. Son embaucadores porque alejan a la gente de la plenitud de la salvación en Jesucristo. Son los corazones de los simples, confiados, ingenuos, crédulos, los que son descarriados por estos charlatanes.

   Cabe hacerse la pregunta: “¿Es la advertencia de los vv. 17, 18 todo lo que se necesita para hacer que aquellos a quienes se habla continúen viviendo vidas de gloria a Dios el Padre y al Señor Jesucristo (15:6), vidas ricas en bondad (15:14), y que estén de acuerdo con la enseñanza que han aprendido (16:17)?” Probablemente que no. Es por eso que Pablo agrega.

   Pensamiento: Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres

   Las malas conversaciones son una plaga silenciosa que se introduce para destruir y hacer un gran daño. ¿Cuántas personas no han perdido a su pareja, a un amigo, o a alguien por algún mal chisme, murmuración o por algún pleito verbal?

   Dios es bien enfático respecto a lo que sale de nuestra boca:

“No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. 1 Corintios 15.33

En otra versión dice: “No se dejen engañar: Las malas compañías corrompen las buenas costumbres”.

   En general lo que quiere decir es esto: Ten cuidado, tanto lo malo que sale de nuestra boca como nuestras acciones y con quienes nos podamos llevar pueden llegar a afectar nuestra relación con Dios y nuestra manera de vivir (buenas costumbres).

¿Qué son las costumbres?

Son ejemplos o hábitos que se transmiten por generaciones y en un ambiente social.

El uso de nuestra boca determina el estado de nuestro corazón:

“Camada de víboras, ¿Cómo pueden ustedes que son malos decir algo bueno? De la abundancia del corazón habla la boca”. Mateo 12.34.

   Como vemos en este verso el Señor nos dice que depende de que hablemos, será nuestro corazón, porque por medio de este podemos expresar como nos sentimos y nuestro andar, así que tengamos cuidado de lo que digamos o con quienes nos llevemos porque, aunque no lo queramos admitir LO MALO SE PEGA.

“El que es bueno de la bondad que atesora en el corazón saca el bien, pero el que es malo, de su maldad saca el mal. Mateo 12.35.

La persona que anda en el buen camino por medio de su lengua dará a reflejar su estado con Dios y con los demás, mientras el que no conoce a Dios y anda en malos pasos será chismoso, murmurador, calumniador, mal hablado, etc.

“Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Efesios 5.3-4.

   Las malas conversaciones pueden llegar a destruir algunas buenas costumbres en tu vida como ser:

* La unidad familiar por fornicación y toda inmundicia.

* El estar contentos por lo que tenemos a tener avaricia.

* La integridad por palabras deshonesta.

* El respeto y la obediencia por necedad.

* La honradez por truhanerías.

   Vea lo que dicen estos proverbios:

16.28 “El perverso provoca contiendas, y el chismoso divide a los buenos amigos”.

20.19 “El chismoso traiciona la confianza; no te juntes con la gente que habla de más”.

18.21 “En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto.

   La lengua es un instrumento que puede ser de mucha bendición porque por medio de esta podemos hablar cosas edificantes o predicar el evangelio de nuestro Señor, pero también puede llegar a ser de maldición pues por medio de esta también podemos dividir amistades, crear conflictos, crear enemistades y romper corazones.

¿Qué hacer al respecto?

“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. 2 Corintios 10.5.

   Alejémonos y derribemos toda calumnia, chismes, lisonjas, picardías y obscenidad por medio del conocimiento de Dios. El Señor nos libra de todas estas cosas si llevamos todos nuestros pensamientos cautivos (refugiados) a su obediencia. ¿Y cómo se hace esto? Fácil, atendiendo su Palabra y haciéndole caso.

* Confiesa tus palabras y tus pensamientos al Señor.

* Abandona esas palabras y aléjate de todo aquello que las provoque.

* Reemplaza esas palabras por palabras edificantes y sabías.

Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño. 1 Pedro 3.10.

Manantial de vida es la boca del justo; pero violencia cubrirá la. boca de los impíos. Proverbios 10.11.

1er Titulo:

Desechando palabras vanas Efesios 5:6 y 7. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos.

   Comentario: Con un amante corazón de pastor, entonces, Pablo imparte esta advertencia. Nadie que continúe en la práctica de los vicios paganos, ya sea siguiendo el hábito viejo y la línea de menor resistencia o basándose en alguna excusa razonada (Ro. 6:1), tiene parte en aquel único reino, a saber, el de Cristo y de Dios. Cf. Ap. 21:27; 22:15. Es, por supuesto, imposible hablar acerca del reino de Cristo sin hablar del reino de Dios. En principio, este reino se halla ahora presente en los corazones y las vidas de los hijos de Dios. Un día será suyo en forma completa (1:18; 3:6). Véase Colosenses y Filemón. Prosigue: 6. Que nadie os engañe con palabras vanas. Cf. Col. 2:4, 8; 1 Ti. 2:14; Stg. 1:26. Palabras vacías o vanas son aquellas vacías de la verdad y llenas del error. Al ser tomadas en serio resultarán en la ruina del pecador: pues por causa de estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia. Cf. Col. 3:6. Por medio de lo que ha sido llamado “tiempo presente profético” (cf. Jn. 4:21; 14:3) Pablo enfatiza el hecho de que la venida de la ira de Dios, que vendrá a los que viven en los pecados mencionados en los vv. 3–5 y que escuchan palabras vanas haciéndoles creer que todo va bien, es tan cierta como si ya hubiese llegado, y en principio realmente ha llegado. Estas siniestras prácticas atraen el desagrado de Dios de la misma manera que un blanco iluminado del enemigo atrae las bombas. La ira de la cual se habla aquí, aunque en cierto sentido está siempre presente, se halla también en camino, hasta que en el día de la gran consumación de todas las cosas sea plenamente revelada (cf. Jn. 3:36; Ro. 2:5–11; 2 Ts. 1:8–10; Ap. 14:9–12), porque los “hijos de desobediencia” son “hijos de ira” (véase sobre 2:2).

   No obstante, no debe escapar a nuestra atención que aun esta severa advertencia tiene como fin el arrepentimiento, como lo muestra la tierna exhortación que sigue en los vv. 7 y 8. Véanse también vv. 10, 14–17; y cf. Ap. 2:16, 21, 22; 3:19; 9:20, 21. Así como un padre suplica a su hijo a quien ama mucho, así lo hace también este prisionero de Cristo, héroe de la fe que se enfrenta a la posibilidad de una sentencia de muerte por tanto pesa cada una de sus palabras, continúa: 7. Por tanto, no seáis partícipes con ellos, “copartícipes” (cf. 3:6) de su pecado, su culpa, y su castigo eterno. Cf. 2 Co. 6:4–18. Queriendo decir: en vista del maravilloso amor y misericordia de Dios en Cristo, del llamado celestial que se os extendió, de vuestra propia profesión de fe, y de la ira de Dios que viene sobre los hijos de desobediencia, pensad en vuestro camino, andad en las sendas de luz y terminad para siempre con las obras de las tinieblas. Prosigue: 8. porque en otro tiempo erais tinieblas. En tiempos pasados (2:1–3, 11, 12; 4:14, 17) los efesios habían sido tinieblas. Cf. 4:18, “entenebrecidos en su entendimiento, extrañados de la vida de Dios”, etc. No sólo habían estado en tinieblas como rodeados de un ambiente perverso, sino que ellos mismos habían sido parte integrante de aquel reino. Las tinieblas habían estado dentro de ellos, es decir, las obscuridades de la falta del conocimiento verdadero de Dios (2 Co. 4:4, 6), de la depravación (Hch. 26:18), y del abatimiento (Is. 9:1, 2). Continúa: pero ahora (sois) luz en el Señor. Ahora pertenecen al reino de la luz, puesto que han entrado en el verdadero conocimiento de Dios (Sal. 36:9), justicia y santidad (Ef. 4:24), felicidad (Sal. 97:11; Is. 9:1–7). Solamente es “en el Señor”, es decir, en relación vital con él, que ahora pueden ser luz. Además, siendo ahora luz, se han convertido en fuente de luz: desde ellos la luz irradia hacia todos aquellos con quienes se relacionan. Desde el instante en que Jesús, “la luz del mundo” (Jn. 8:12), entró en sus corazones (2 Co. 4:6), ellos a su vez, en su propia forma modesta, han llegado a ser “la luz del mundo” (Mt. 5:14). Por medio de su conducta reflejan a Cristo, como la luna refleja la luz del sol. Por tanto, andad siempre como hijos de luz. Aquí hallamos otro hermoso semitismo: ellos son ahora, por la gracia de Dios, la descendencia misma de Aquel que es la luz verdadera. Ya no son más “hijos de ira” (2:3) o “hijos de desobediencia” (2:2; 5:6), sino “hijos de luz”. Deben ser entonces consecuentes. En su vida diaria han de ser y constantemente mantenerse fieles a lo que en principio ya han llegado a ser. Deben andar y continuar andando como hijos de luz; vale decir, que el verdadero conocimiento de Dios y de su voluntad sea constantemente su norma: que la justicia y la santidad caractericen sus actitudes, palabras, y hechos; y que el gozo de la salvación sea el contenido de sus vidas. Sobre “andar” véase también 2:10; 4:1, 17; 5:2, 15. Es evidente que esto es lo que son y que esto debe ser su andar, según la declaración de paréntesis que sigue: 9. — porque el fruto de la luz (consiste) en toda bondad y justicia y verdad—¿Cómo se sabe si uno anda o no como hijo de luz? La respuesta es que la luz produce fruto, y este fruto suplirá la evidencia necesaria (Mt. 5:16; 7:20). Las virtudes del corazón y de la vida de los cuales proceden los buenos hechos han de ser considerados luz, fruto. Pablo menciona toda bondad, término muy general, opuesto a “toda malicia” (4:31). Tal bondad es la excelencia moral y espiritual de todo tipo creada por el Espíritu Santo. Otra forma de considerar esta bondad es llamándola justicia, el gozo de hacer lo que es propio a los ojos de Dios, siguiendo el camino recto sin desviarse jamás de él. Y aún otra descripción es verdad: integridad, confiabilidad, en oposición a farsa, falsedad e hipocresía que caracterizaba el antiguo modo de vida en que los efesios anteriormente habían andado (4:14, 25; 5:6).

2° Titulo:

Rehuyendo de la murmuración. Filipenses 2:14 y15. Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.

   Comentario: Haciéndolo así seréis como luces brillantes que producen gozo mutuo 14–16. Pablo ha estado hablando sobre la necesidad de la obediencia (v. 12) en la gran labor que representa el ocuparse en la salvación. Pero la obediencia puede ser de dos clases: a regañadientes o voluntaria. “Exteriormente estoy sentado, pero por dentro todavía estoy de pie”, dijo el muchacho que, tras repetidas advertencias para que se sentara, “obedeció” por temor a ser castigado. Tal clase de obediencia no es obediencia en modo alguno. Ejemplo: prestar hospitalidad mientras se hace con murmuración (cf. 1 P. 4:9). La verdadera religión no es un acatamiento meramente externo. Por lo cual, Pablo continúa: Haced todas las cosas sin murmuraciones ni disputas. En el original las palabras “todas las cosas” encabezan el mandamiento; por lo tanto, deberíamos leer: “Todas las cosas hacedlos sin murmuraciones ni disputas”. Debemos obedecer todos los preceptos de Dios de buena gana; de tal manera que no se rebele la voluntad del hombre contra ellos por medio de quejas de descontento a regañadientes, ni la mente por medio de continuos y sutiles argumentos. Cf. Ex. 4:1–13; 16:7–9, 12; Ec. 7:29; Nm. 17:5, 10; Jn. 6:41–43, 52; 1 Co. 10:10. Pablo continúa … a fin de que seáis irreprensibles y sencillos; “irreprensibles” al juicio de los demás, y “sencillos” (literalmente “puros”, o “sin adulterar”, o sea, sin mezcla de mal) en lo más profundo de vuestros corazones y vidas. Además, hijos de Dios sin mancha. Nótese la expresión: “a fin de que seáis hijos de Dios”. Pero, ¿no lo eran ya? La respuesta debería ser buscada, probablemente, en esta dirección: Uno llega a ser hijo (τέκνον) de Dios por la regeneración, pues un hijo de Dios es aquel que ha sido engendrado de Dios. Pero esto no es el fin. La regeneración es seguida por la santificación. Los que por la virtud de la regeneración (y la santificación parcial) son hijos de Dios, han de procurar serlo sin falta ni mancha. Y esto en medio de una generación mala y perversa. La descripción de los mundanos contemporáneos y prójimos de los filipenses está tomada del Cántico de Moisés (LXX Dt. 32:5). Declaraciones parecidas se encuentran en Mt. 12:39 (“generación mala y adúltera”); 17:17 (“generación incrédula y perversa”); y en Hch. 2:40 (“perversa generación”). Las personas que son perversas están “moralmente deformadas”. No se puede confiar en ellas. Han llegado a esta terrible condición por haberse apartado y extraviado en distintas direcciones, y siempre lejos del camino recto que marca la ley de Dios. Están moralmente pervertidas o desfiguradas. Entre la cual, continúa Pablo, resplandecéis, por vuestro carácter santificado, irreprensible y sencillo, como estrellas en el universo. Como las estrellas dispersan la oscuridad, los creyentes ahuyentan las tinieblas morales y espirituales. Si las primeras iluminan el firmamento, los segundos alumbran los corazones y vidas de los hombres. Además, “Allá arriba el infinito y etéreo espacio, el orden establecido y el cielo tachonado, el firmamento azul y las estrellas de topacio, proclaman a Aquel cuyos dedos todo lo han formado”. (Addison—Oda. The Spacious Firmament on High)

   De la misma forma, los creyentes, como “la luz del mundo” (Mt. 5:14, 16; cf. Ef. 5:8; 1 Ts. 5:5), proclaman continuamente el nombre de su Hacedor y Redentor a un mundo perdido en el pecado. Ellos cumplen esta gloriosa obra misionera sosteniendo en alto la palabra de vida, el evangelio de salvación, no solamente predicado, sino también vivido. Véase Jn. 6:68; Hch. 5:20; Ef. 2:1; 1 Jn. 1:1. La luz y la vida siempre van juntas. “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Véase C.N.T. sobre Juan 1:4. Es la vida y la luz de la salvación.

   Pablo dice que ese alumbrar espiritual entre los hombres, ese sostener en alto la palabra de vida (será) para mí algo de lo que estaré orgulloso en (el) día de Cristo. Si los filipenses se portan en palabra y obra como él los ha exhortado, en el día de la gloriosa venida de Cristo (véase lo dicho en Fil. 1:10) el apóstol, lejos de avergonzarse, podrá señalarlos a ellos, a sus vidas y a su testimonio, con orgullo. Para él esto será un motivo de exultación (véase lo dicho en Fil. 1:26). Dice Pablo, entonces podré estar orgulloso por vuestro cumplimiento (ya que indicará) que—mirando atrás desde ese glorioso día hasta los de mi ministerio en la tierra— no he corrido en vano ni trabajado en vano. Yo no me esforcé tan vigorosamente “por una gloria vacía”, ni corrí ni me afané en vano. Correr es una metáfora tomada de las carreras pedestres del estadio. Pablo emplea tales figuras frecuentemente. Véase 1 Ti. 4:7, 8 y 2 Ti. 4:7, 8. Trabajar significa esforzándose en un trabajo exhaustivo. Pablo, volviendo la vista atrás, podría apuntar al fruto de su ardua labor misionera por Cristo. Cf. Fil. 4:1 y también 1 Co. 3:12, 13; 4:3–5; 2 Co. 1:4; y 1 Ts. 2:19, 20.

3er Titulo:

Buscando prosperidad espiritual. 1ª a los Corintios 15:58. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

   Comentario: 58. Así que, mis queridos hermanos, estad firmes, inamovibles, siempre abundando en la obra del Señor, sabiendo que vuestra labor no es en vano en el Señor.

   La exhortación tiene poco que ver con los versículos que preceden en forma inmediata y que tratan de la victoria que el creyente tiene en Jesucristo. Es una exhortación que se desprende de todo el capítulo, sino de toda la carta. Aparte de las últimas instrucciones y de las salutaciones finales, Pablo ha terminado su epístola y ahora amonesta a sus lectores a hacer la obra de Dios.

   ▬a. «Así que, mis queridos hermanos». Las primeras dos palabras introducen una afirmación conclusiva. Pablo usa con frecuencia esta expresión en sus epístolas. Por última vez en esta carta se dirige a los destinatarios en una manera muy personal llamándolos «queridos hermanos [y hermanas]». En otros lugares los llama «mis hijos queridos» (4:14) y «mis amados» (10:14). Cada vez se dirige a los corintios como un padre a sus hijos. Permanece el padre espiritual de los corintios, quien por medio de la predicación del evangelio son su prole (4:15). Pablo es su pastor que los ama a pesar de los muchos problemas que tenía la iglesia.

   ▬b. «Estad firmes, inamovibles». Pablo felicita a los creyentes por su firmeza y les exhorta a continuar su dedicación al Señor (cf. Col. 1:23). En medio de la embestida de las diversas enseñanzas de la cultura pagana, los insta a permanecer firmes en el Señor y a que no vacilen. Les dice que sean inamovibles. Esta última palabra es un compuesto que indica la inhabilidad para moverse de su anclaje espiritual. Pablo no se refiere a mantener el statu quo en la iglesia. Lo que quiere es que la gente crezca en su amor por el Señor y que comuniquen esto en sus obras.

   ▬c. «Siempre abundando en la obra del Señor». Después de decirles a sus lectores que deben ser inamovibles, Pablo los anima a sobresalir en la obra del Señor. Para comunicar la idea de constancia en forma enfática, añade la palabra siempre, la que por énfasis en el original está colocada al final de la oración. ¿Cuál es la obra del Señor? La obra tiene que ver con predicar y enseñar el evangelio de Cristo, aplicando el contenido de la Biblia a la vida, edificándose unos a otros y amando al prójimo como a uno mismo (cf. 16:10). Consiste en un fuerte deseo de guardar los mandamientos de Dios y en hacerlo porque estamos agradecidos por la salvación que nos ha dado a través de su Hijo. Así como Dios nos extiende su amor sin medida, así nuestras desinteresadas obras que hacemos para él serán sin medida.

   ▬d. «Sabiendo que vuestra labor no es en vano en el Señor». Los corintios que son fieles tienen un conocimiento cierto de que las obras hechas por amor y gratitud a Dios no serán olvidadas (véase Heb. 6:10). Pablo usa la palabra labor con frecuencia en un contexto misionero y equivale a trabajar con sus propias manos para sostenerse a sí mismo (4:12) o quiere apuntar a «la actividad de la comunidad cristiana como un todo». Tal labor que se entrega libremente para el Señor jamás será en vano, porque el Señor mismo bendice a sus siervos (Mt. 19:29).

4° Titulo:

Respondiendo sabiamente. Proverbios 15:1. La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor. 

   Comentario: El v. 1 muestra la influencia de la respuesta en el contexto de la ira. Por un lado, la respuesta (ver 16:1) suave (o “blanda” según 25:15) “da vuelta” (aquí quita) el calor o la rabia. Por otra parte, la palabra que es dolorosa “incita la nariz” (la palabra hebrea para la ira). Así, al encontrarse en un contexto donde alguien está enojado con uno, hay que responder de una manera que se calme la situación (una respuesta blanda) y no de una manera que complique la situación (con una respuesta que causa dolor). La forma verbal del hiphil en el versículo muestra cómo cada respuesta es la responsabilidad del que responde.

   Pensamiento: En días recientes, en circunstancias ajenas a mi voluntad, presencié fugazmente un altercado entre dos personas, de carro a carro. El semáforo estaba apagado y ambos querían pasar al mismo tiempo, lo cual es imposible. Uno gritaba insultos, el otro respondía multiplicando los insultos y subiendo el volumen de voz, elevando a la cien mil la respuesta ofensiva, así sucesivamente hasta que se bajaron de sus vehículos, se retaron a golpes y amagaron con armarse de objetos contundentes que aparentemente andaban en la valijera.

   Mientras esto ocurría, nadie podía avanzar, estos personajes aplicaron el principio egoísta “o paso yo o no pasa nadie”. Fueron minutos eternos, hasta que se restableció el semáforo, se continuaron insultando, pero ya corriendo en sus autos, fue entonces que pudimos salir del atolladero en el que estuvimos esos minutos por las conductas impropias de dos personas necias.

   Estas actitudes y conductas se repiten día a día, quizá en diferentes circunstancias, pero siempre inducidas por creencias erróneas, tales como creer que no responder al insulto es cobardía, o no tener dignidad, o tener sangre de horchata en las venas, etc.

   Habemos personas, muchas de las cuales nos consideramos cristianos, que día a día leemos, oímos y nos esforzamos por poner en práctica, la palabra de Dios, que nos dejamos guiar por Proverbios 15:1 que dice: “la blanda respuesta aplaca la ira, mientras la respuesta áspera la hace subir”.

Ello significa que para inflamar al máximo la llama de la ira en otra persona, lo único que hay que hacer es agredirla verbalmente, azotarla con palabras, en fin, ser duros, entonces veremos cómo brota la rabia de dicha persona.

   Sabemos que para poner en práctica la primera parte de Proverbios 15:1, debemos luchar y desterrar de nuestro ser: el falso orgullo, la soberbia, la arrogancia, la intolerancia, el menosprecio, etc. Con la conciencia que quienes practican estos antivalores son personas necias, y los necios son de mente cerrada, por lo cual su boca siempre está abierta, hablando sandeces.

   Cuando somos amables con los demás, les ayudamos a superar su ira. Así que, cuando alguien se muestra enojado(a) contra nosotros y nos agrede verbalmente, lo que corresponde es mantener la calma, ser amables e invocar la palabra y el ejemplo de Jesús para que nos dé fortaleza y pasar la prueba.

   Jesús dice “Bendice a quienes te maldicen”, “Desea el bien a quienes te desean el mal”. Cuando Él era agredido verbal y físicamente, siempre respondía con palabra suave, nunca contestó con insultos o amenazas, aún en sus últimos momentos de vida terrenal sus palabras fueron: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

   Quienes queremos ser verdaderos edificadores y aportar a la convivencia pacífica, tenemos doble responsabilidad ante los demás, sean amigos o enemigos, por una parte, no darle cabida a la ofensa y por otra, no ofender a nadie.

   Llevar a la práctica esta doble responsabilidad es posible siempre que: a) Perdonemos a quienes nos ofenden (Mateo 18:21-22); b) Respondamos al insulto con palabra suave, blanda, sin grosería (Mateo 18:15-20); y 3) Practiquemos la mansedumbre, que esta sea armadura contra la altivez, la vanidad, la irritación, el resentimiento y la venganza (Gálatas 5:22).

Amén, para la honra y gloria de Dios.

 

 


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.