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Lunes 29 de octubre de 2018 “La Meditación En Las Sagradas Escrituras Será Siempre De Gran Bendición”

Lunes 29 de octubre de 2018 “La Meditación En Las Sagradas Escrituras Será Siempre De Gran Bendición”

Lectura Bíblica: Josué Cap. 1, versículos 6 al 9. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.  Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

   Comentario: El segundo principio consiste en la responsabilidad con la cual Josué debe asumir no solo el nuevo cargo, sino el hecho de la fidelidad divina para su ministerio. La expresión “esfuérzate y sé valiente” (vv. 6, 7) sintetiza el requerimiento que Dios hace a Josué en dos direcciones. La primera está relacionada con la actitud que debe tener hacia la tarea encomendada: “…porque tú harás que este pueblo tome posesión de la tierra…” (v. 6). Quiere decir que Josué será un mediador de la acción divina, y para ello se requiere esfuerzo y ánimo pues la experiencia vivida con Moisés había demostrado que no siempre el pueblo tuvo la paciencia necesaria para esperar la acción redentora de Jehovah. La tierra prometida está al frente, pero hay que cruzar el río Jordán. Este cruce tiene implicaciones muy grandes, pues al otro lado del río también hay reyes que con sus dioses se resistirán a la llegada del pueblo de Jehovah.

La segunda dirección también está relacionada con la obediencia que el líder debe tener a la ley de Dios. Hay que esforzarse y ser valiente para “cuidar de cumplir toda la ley que mi siervo Moisés te mandó” (v. 7b). Esta no era otra cosa que lo que Jehovah había mandado como ordenamiento social y espiritual para el pueblo escogido (Deut. 5:30–33). El cumplimiento de esta ley significa fidelidad al Dios que los sacó de la esclavitud en Egipto, pero es posible que se puedan buscar excepciones a la ley. Irse a la izquierda o a la derecha de ella para hacer arreglos que convengan a algunos grupos, y que pueden amenazar la unidad del pueblo y su fidelidad al llamamiento para ser un pueblo nuevo será algo peligroso. De ahí que Jehovah insiste en que se debe “cuidar” el cumplimiento de esa ley, porque es susceptible de una desatención fatal para los planes de Dios y la vida del pueblo.

   El éxito del liderazgo de Josué radica en la fidelidad que tenga hacia esa ley (v. 8) la cual puede ser guardada en la medida en que es consultada con frecuencia, meditada constantemente y cumplida incondicionalmente.

   El v. 9 presenta demandas antitéticas: “…que te esfuerces y seas valiente” y “No temas ni desmayes…” A la vez son expresiones de confianza en un Dios que ha prometido acompañarlos y un reconocimiento que él, siendo el Señor de la historia, puede cumplir sus promesas.

Semillero homilético

: Josué, un hombre con una misión: Josué 1:1–9

   Introducción: El movimiento a favor del éxito empresarial ha estado promoviendo la idea de que el éxito de una organización o negocio está condicionado por el sentido de misión, visión y compromiso que todos los participantes tienen. La suma de la participación de los individuos llega a ser mayor que el total. Se reconoce que los dirigentes de la empresa, institución, organización o iglesia son los responsables de señalar constantemente la misión, la visión y el compromiso.

   Los líderes que dirigen el ministerio de la iglesia son afortunados, pues no tienen que inventar la misión para la iglesia pues ya ha sido claramente expresada por su fundador, Jesucristo. Todo lo que hay que hacer es adoptar la misión y comprometerse en su cumplimiento.

   El ejemplo que encontramos en Josué 1:1–9 nos muestra que Dios asigna la misión, hace una promesa y establece las condiciones para el éxito personal y del pueblo.

  1. La misión: conquistar la tierra prometida, 1:1–4.
  2. La misión era para todos “pasa el Jordán tú con todo este pueblo, a la tierra que yo doy a los hijos de Israel” (v. 1). El cumplimiento de la misión es responsabilidad de todo el pueblo.
  3. La misión era enorme. La tierra que debía ser conquistada cubría un territorio muy extenso. Al sur comenzando desde “el desierto”; al norte hasta las cumbres “del Líbano” que formaban el escenario del mar de Galilea. Hacia el este hasta las márgenes del río Éufrates, y hacia el oeste hasta las playas de arena blanca del mar Grande o Mediterráneo, donde uno tiene la impresión visual maravillosa de la puesta del sol.
  4. La misión era peligrosa. La tierra no estaba vacía; estaban ocupada por los heteos y había que expulsarlos. Los habitantes de esa región habían desarrollado bien la industria de la guerra, estaban bien entrenados y listos para defender su territorio.
  5. Los cristianos somos llamados a una misión: ir a todas las naciones para hacer discípulos (Mat. 28:19, 20). Es una misión para todos, es enorme y también es peligrosa.
  1. La promesa: “estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé”, 1:5, 6, 9.
  2. El mismo Señor que asigna la misión hace una promesa sustentadora e inspiradora con tres dimensiones:

(1) Él mismo estará presente. “Estaré contigo”.

(2) Él dará las instrucciones oportunas. “No te dejaré”.

(3) Él va a participar directamente. “No te desampararé”.

  1. El Señor basa su promesa en hechos, no en posibilidades. Recuerda a Josué que todos los eventos maravillosos y singulares que observó mientras era el ayudante de Moisés se dieron porque él como Señor estaba presente. Así, el Señor ofrece estar con Josué.
  2. Jesús, el fundador de la iglesia, hizo una promesa con las mismas dimensiones cuando dijo: “mientras van por el camino haciendo discípulos, yo estaré presente con ustedes todos los días”. (Traducción libre Mateo 28:19 por el autor de estas ayudas.)

III. La condición: ser obediente, Josué 1:7, 8.

  1. Dios asigna la misión y compromete su presencia y ayuda para el éxito, con una condición: “esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de cumplir toda la ley que mi siervo Moisés te mandó” (v. 7).
  2. Esta condición implica memorizar, meditar y magnificar la palabra del Señor.

(1) Memorizar la palabra del Señor a fin de tenerla al alcance de su boca para repetirla palabra por palabra.

(2) Meditar la palabra del Señor. Esto significa buscar las aplicaciones de la Palabra a las situaciones prácticas de la vida cotidiana.

(3) Magnificar la palabra del Señor. Guardar y cumplir fielmente todo lo que está escrito en el libro de la Ley.

  1. Todas las promesas del Señor siempre tienen una condición. No podemos reclamar la promesa sin haber cumplido la condición.

Conclusión, aplicación e invitación:

  1. En el cumplimiento de la misión que Jesucristo nos asignó, los discípulos también tenemos que enfrentar las tentaciones que tres grandes enemigos van a provocarnos. Esos enemigos están bien identificados: Satanás, el mundo y la carne. Son muy poderosos, incansables luchadores y con estrategias muy sutiles. El Señor ha dicho que él nos dará la victoria sobre cada uno de ellos.
  2. La invitación es a vivir en obediencia al Señor por medio de tres prácticas diarias: memorizar, meditar y magnificar su santa Palabra.

1er Título:

Bienaventurado El Que Abriga En Su Corazón, La Palabra Del Señor. Salmo 119:10 al 12. Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti. Bendito tú, oh Jehová; Enséñame tus estatutos.

   Comentario: ¿Con qué limpiará…? es la pregunta más importante que uno puede hacer, y el mejor tiempo de hacerla es cuando se es joven. La tendencia de todo ser humano es corromperse, de modo que siempre hace falta esta exhortación del salmista. Algunos traducen: “¿Con que mantendrá limpio…?” Lo que sigue muestra que el salmista tenía en mente los dos énfasis. La mejor respuesta es guardar tu palabra. Lo demás de la estrofa va explicando cómo hacerlo: buscar a Dios (v. 10); memorizar la Palabra (v. 11); hablarla (v. 12); sujetar sus emociones a ella (v. 14); meditarla (v. 15); y deleitarse en ella (v. 16). No es solamente estudiar la Biblia con la mente, ni es sólo la experiencia emocional; el salmista, y toda la Biblia, enseña un sano equilibrio que no descuida ninguno de los dos.

   Con todo mi corazón (v. 10; cf. v. 2) indica la sinceridad y ahínco con que uno debe buscar a Dios. Aun después de toda su experiencia con Dios, el salmista muestra una profunda humildad; reconoce su debilidad, pide que Dios le guarde de caer. Es la actitud opuesta a la de los fariseos.

   El v. 11 enseña una gran verdad: una de las mejores maneras de evitar el pecado es memorizar la Palabra de Dios. Otros pasajes explican los buenos efectos (Prov. 2:10–12; Col. 3:16). Este consejo no es sólo para niños, todo creyente debe estar constantemente memorizando las Escrituras.

   El v. 12 incluye adoración y petición; las dos indican una actitud de humildad y sujeción a Dios, El que ama a Dios y su Palabra siempre quiere aprender más de él y cómo agradarle. ¡Qué bendición es que Dios mismo nos enseña!

   El que es enseñado (v. 12) ahora, en el v. 13, enseña a otros. Todo lo que el salmista ha dicho resulta en el   deseo de compartir con otros lo que Dios dice y hace. Se nota un lindo balance literario en el versículo: con mis labios… de tu boca.

   Para el que ama a Dios, sus testimonios no son una carga sino un motivo de gozo. Gozarse en la Palabra de Dios es una prueba de que ha echado raíz en su vida. Proverbios habla del valor de las palabras de sabiduría (Prov. 2:4; 3:13–15; 7:10, 11, 19; 16:16).

   “Meditar” (v. 15) en la Palabra de Dios requiere tiempo; el compañerismo y comunión con cualquier persona requiere tiempo. Las presiones de la vida moderna y urbana han robado a muchos cristianos del tiempo que deben dedicar a la oración y meditación en la Palabra de Dios. No hay ningún sustituto. “Ningún ejercicio espiritual es más provechoso al alma que la meditación en la Palabra de Dios” (Spurgeon).

   Consideraré es del verbo “mirar con cuidado”. Después de meditar en la Palabra, el salmista escrudiña sus caminos. Sólo el que profundiza en la comunión con Dios puede entender sus caminos (cf. 103:7).

   Me deleitaré… (v. 16). ¡Qué buena manera de terminar la estrofa! Este camino no es aburrido ni pesado, lleva al deleite del espíritu del ser humano, al cumplimiento del propósito por el cual Dios lo creó. Hay un progreso en los vv. 15 y 16: el salmista medita, después mira con cuidado o escudriña; luego se deleita. Se nota cierto paralelo entre el v. 8, que termina la primera estrofa, y éste, que termina la segunda estrofa.

2° Titulo:

La Enseñanza De La Palabra De Dios Hará Sabio Al Creyente. Proverbios 1:5 al 7. Oirá el sabio, y aumentará el saber, Y el entendido adquirirá consejo, Para entender proverbio y declaración, Palabras de sabios, y sus dichos profundos. El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.

   Comentario: Las metas del libro, los proverbios de Salomón, son diversas y completas. En primer lugar, se espera justificar la existencia y la divulgación de los proverbios mostrando su aplicación práctica. El concepto de sabiduría se refiere a la sabiduría cotidiana, es decir la prudencia. Suena exageradamente pesimista lo dicho por Serrano: “El libro de Proverbios en general, tanto en su aspecto social, como en el religioso, pertenece a una época que ya pasó. Muchos de sus proverbios no tienen ya aplicación práctica.” Ese comentario está lejos de la realidad. Las situaciones mencionadas en Proverbios son a menudo las mismas realidades en las ciudades de Latinoamérica hoy día. Algunas costumbres han cambiado, pero los valores y los antivalores siguen en una lucha

de muerte. En 1524, Martín Lutero escribió sobre los Proverbios que “el rey Salomón emprendió la tarea del maestro, educar y guiar a la juventud, señalando cómo debe actuar ante Dios piadosamente, según el espíritu, ante el mundo sabiamente, con cuerpo y bienes”.

   La preposición hebrea le, que significa “para” o “como se refiere a” se encuentra en los vv. 2, 3, 4 y 6. Tal preposición comienza y unifica los versículos. Por lo tanto, el paralelismo que se usa en los vv. 2–6 es sinónimo, donde la segunda parte del versículo hace una repetición de la idea en la primera parte (ver Introducción). La estructura gramatical revela cuatro metas iniciales: para conocer… para comprender… para adquirir… para darSiguen las formas verbales del contenido de las metas de los proverbios: sabiduría, disciplina, los dichos de inteligencia como la primera agrupación; disciplina, enseñanza, justicia, derecho, equidad como una segunda agrupación; sagacidad, conocimiento, prudencia como una tercera agrupación. Se nota una enorme acumulación de palabras sinónimas en estos versículos. Algunos han sugerido que dentro de la lista de cualidades “falta la precisión terminológica de una ciencia… el autor prefiere la acumulación a la diferenciación” (Schokel). Sin duda, no es posible entender las finas diferencias entre todas las palabras. Sin embargo, se pueden observar algunas conclusiones. En primer lugar, las palabras sabiduría y disciplina abren y cierran 1:2–7: “para conocer jakmah 2451 (sabiduría) y musar 4148 (disciplina)… los insensatos desprecian la sabiduría (jakmah) y la disciplina (musar)”. La raíz de la palabra para sabiduría (jakam 2451) se encuentra en unas 102 citas en el libro de Proverbios dentro del marco de todas las formas verbales y nominativas. Este término puede indicar una amplia gama de conceptos, desde una habilidad constructiva (Éxodo. 28) hasta una capacidad para dirigir (Isa. 47:10).

   En Proverbios, el sentido de jakam es de sabiduría práctica o sea la prudencia. Habla de la capacidad de actuar en una forma apropiada en un tiempo oportuno.

   Una segunda palabra en el texto, disciplina o musar 4148, se encuentra en 30 citas en Proverbios (ver 1:2, 3, 7, 8; 3:11; 4:1, 13; 5:12, 23; etc.). La palabra indica la formación de la persona, hasta el grado de usar la obligación y el castigo como medios de disciplina (3:11 s.; 8:10, 33; 23:13, 14; 29:15). Se requiere una influencia positiva para enfrentar los engaños de las tentaciones urbanas (la violencia, la prostitución, el alcoholismo, etc.). La disciplina parece ser el acompañante de las otras virtudes de Proverbios: la sabiduría (1:2), la enseñanza (1:3) y la instrucción (1:8). Ser una influencia positiva en el mundo no debe ser una casualidad sino una

forma disciplinada de la vida. Unida a la sabiduría, la disciplina se puede enfocar hacia el bien.

   El v. 3 contiene una unidad de tres palabras —justicia, derecho y equidad— que aparece de nuevo en 2:9. En el segundo pasaje la conclusión suma las tres palabras: todo buen camino. Era muy importante la capacidad de evaluar una situación y después hacer lo justo. Aquí el conocimiento y la disciplina se completan por el concepto de “lo justo”, sea en un nivel personal o en un nivel público y legal. La justicia es una práctica de la vida del creyente. Se debe entender justicia en su concepto amplio de rectitud e igualdad ante Dios.

   En el v. 4 hay dos grupos de personas, los ingenuos y los jóvenes. Si se mantiene un paralelismo sinónimo absoluto, entonces los dos grupos pueden apuntar a un solo grupo, es decir a los jóvenes-adolescentes. Ingenuos traduce la palabra peta’yim 6612 (plural para petiy designando a los “abiertos”). En Proverbios se encuentra esta palabra en 15 de las 18 citas del AT (1:4, 22, 32; 7:7; 8:5; 9:16; etc.). En 7:7 se encuentran los mismos dos grupos, los ingenuos y los jóvenes, en un paralelismo sinónimo. Otra evidencia de que se trata de un solo grupo es el v. 6, que habla del “sabio” y del “entendido”. Obviamente se trata de la misma persona, el joven ingenuo. Entonces, en los vv. 4 y 5 se está apuntando a dos grupos de personas y no a cuatro. El grupo apuntado para estas lecciones o proverbios son “los jóvenes ingenuos” y “los sabios o entendidos”. El sabio anhela formar al primer grupo, los adolescentes, que todavía no tiene un sano criterio formado. Por eso, la palabra petiy es muy apropiada. Son jóvenes que no tienen la experiencia como una base para tomar decisiones. Son inexpertos en el arte de vivir.

   La palabra na’ar 5288 puede significar “niño, joven o siervo”. Aquí significa el joven en vías de la formación, quizá entre 15 y 25 años aproximadamente. Tal grupo representa el 30% de la población en América Latina. Según el dicho, el adolescente está en “la edad del pavo”.

   La educación proverbial espera ahorrar a los jóvenes muchos momentos de tragedia y de dolor que son productos del engaño de los diversos malvados. A través de todo el libro de Proverbios se puede sentir este espíritu de urgencia. El maestro de la sabiduría sabe que se trata de la salvación y la perdición de una vida. Se transforma en el heraldo del evangelio de la sabiduría divina, base para la vida exitosa.

   La segunda clase de personas que se van a beneficiar de estos proverbios son los mismos sabios, las personas maduras y ya adultas. En la Biblia hay muchos sabios ancianos que escucharon la palabra de Dios y seguían respondiendo a ella (Moisés, Nicodemo, etc.). Se puede ver que el libro de Proverbios es un libro autoritativo para las otras fuentes de la sabiduría. El autor o sabio es maestro de maestros. Así hay una clase de perfeccionamiento para los sabios. Este hecho denota la profundidad y el valor del libro. El v. 6 también muestra que el libro es producto del esfuerzo de los sabios y no de una sola persona, sea Salomón u otra. Junto a las palabras de los sabios (22:17), se encuentran algunos géneros de la literatura sapiencial, tales como “los proverbios”, “los dichos profundos” (meliytsah 4426), “los enigmas” (hiydah , Sal. 49:4; 78:2); todos apuntando a dichos difíciles y complejos, algo en que hay que meditar y reflexionar. Schokel sugiere un proceso de seis partes en estos versículos: “dotes-educación-cultivo actitudes- actos-consecuencias” (ver Schokel).

   Las metas del libro son altamente comprometedoras. Su deseo superior es formar al joven en una integridad y una madurez que le permitan desarrollar una vida recta y exitosa. Este libro es más amplio que los libros que se publican hoy en día que hablan de “cómo tener éxito en los negocios”, o “cómo influir en las personas”, o “cómo mejorar el sexo”, entre otros temas sobre el éxito. Hay que seleccionar bien la lectura contemporánea, asegurándose que su contenido esté de acuerdo con los principios bíblicos. ¿Cuántos cristianos son guiados por la sabiduría del mundo y pierden las bendiciones de la sabiduría divina por falta del conocimiento bíblico?

 

El temor de Jehová es el principio del conocimiento; los insensatos desprecian la sabiduría y la disciplina (1:7).

   El v. 7 termina la primera sección del libro. La oración expone que el temor de Jehovah es el principio del conocimiento, haciendo una igualdad entre las dos partes del versículo. Algunos intentan suavizar el impacto de la palabra temor (ver Schokel). Otro autor lo llama “un temor reverencial” (ver Forestell). Calvino creía en un temor del terror divino (Instituciones de la Religión Cristiana).

   De hecho, no se trata de un terror insano o un temor satánico. Sin embargo, hay que reconocer que hay un temor santo, un temor que advierte del peligro. Por ejemplo, un niño debe procurar tener un sano temor al enchufe eléctrico desde la niñez. Los padres tienen que disciplinar al niño para que no meta el dedo en un enchufe. El miedo debe funcionar no sólo en el campo físico, sino también en el campo moral. El temor de Jehovah mira toda la vida humana e inspira un sano temor hacia la persona de Dios. Aunque el concepto de temor a Dios haya nacido dentro de un contexto pagano donde hay terror al enfrentarse a un dios caprichoso, no es ese el concepto en Proverbios. Aquí, esta actitud muestra una fe viva y una conducta consecuente con la palabra de Dios. En este caso, la palabra de Dios se revela indirectamente a través del dicho humano. Esta frase se encuentra en varios y diversos escenarios de Proverbios (1:29; 2:5; 8:13; 9:10; 10:27; 14:26, 27; 15:16, 33; 16:6; 19:23; 22:4; 23:17). Eclesiastés 12:13 suma todo su libro con el refrán: …Teme a Dios… Además de los pasajes ya mencionados en Proverbios, hay que añadir los que hablan del “temor a Jehovah” (3:7; 14:2; 24:21). El temor de Jehovah abre la puerta a la sabiduría divina, siendo este temor la actitud apropiada ante Dios. Además, se hace compromiso con la vida del creyente, aumentando sus días, su dignidad y sus bienes (10:27; 22:4), revelándose como fuente de vida (14:27) y el escudo que nos protege del mal (16:6). Ser creyente significa un beneficio en todos los sentidos de la vida humana: en lo espiritual, moral, físico y material. De modo que el mensaje de Proverbios es muy optimista. La palabra principio (re’shiyt 7225) significa el comienzo de algo y a la vez la parte fundamental y principal de algo. Por lo tanto, el temor de Jehovah llega a ser la consigna y la fuente de la sabiduría cotidiana, el arte de vivir. Sobre esta piedra se puede construir una vida.

   En el lado opuesto se presenta el caso de los insensatos (‘eviyliym 191) que se encuentra en 19 citas de las 26 del AT. Son tontos porque ignoran la moralidad como si el pecado no tuviera consecuencias. Son opuestos a los sabios. Ignoran las normas morales de la vida. Esta indiferencia los lleva a despreciar, a desvalorizar la sabiduría y la disciplina, las primeras dos metas del libro de Proverbios. Si uno es insensato se puede dejar de leer las palabras del sabio en el v. 7. Aun el orden de la oración pone énfasis en la sabiduría y la disciplina frente al insensato, terminando en forma no usual con el verbo “despreciar”. Su carácter se revela en el transcurso del libro. Es orgulloso (14:3), moralmente incompetente (12:15), le gusta la contienda (20:9), se burla de la culpabilidad (14:9), menosprecia la disciplina de su padre (15:5) y no mejora su estado inmoral (27:22). Este cuadro pesimista muestra algunas de las características de un insensato incapaz de valorizar la sabiduría. Es un estado de extrema pobreza moral y espiritual que dirige a uno hacia la ruina (10:8) y la esclavitud (11:29). Ya se están entregando las dos opciones, la de llegar a ser sabio o la de llegar a ser insensato. A la vez, el texto revela al joven una preparación para que no se desanime si enfrenta en su camino la presencia de algún insensato, indiferente a la instrucción y la disciplina.

3er Título:

Relevante Autor Del Sagrado Libro. 2a Timoteo 3:16-17. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

   Comentario: Versíc. 16, 17. Ahora Pablo amplía la idea que acaba de expresar. Lo hace de tres maneras:

  1. No solamente “las sagradas escrituras” (v. 15) son de inestimable valor; también lo es “toda la escritura”.
  2. Esta literatura sagrada no solamente “hace sabio para salvación” (v. 15) sino que es definitivamente inspirada por Dios y como tal capaz de hacer a una persona enteramente apta “para toda buena obra”.
  3. No solamente beneficiará a Timoteo (v. 15), sino que hará lo mismo por todo “hombre de Dios”. En consecuencia, Pablo escribe: Toda la escritura (es) inspirada por Dios y útil para enseñar, para entrenar en justicia.

   Toda la escritura, distinta de “(las) sagradas escrituras” (acerca de lo cual véase comentario sobre el v. 15), quiere decir todo lo que, por medio del testimonio del Espíritu Santo en la iglesia, es reconocido por la iglesia como canónico, esto es, con autoridad. Cuando Pablo escribió estas palabras, la referencia directa era a un cuerpo de literatura sagrada que aun entonces comprendía más que el Antiguo Testamento (véase comentario sobre 1 Ti. 5:18). Después, al final del primer siglo d.C., “toda la escritura” había sido completada. Aunque la historia del reconocimiento, la revisión y ratificación del canon fue algo complicada, y la aceptación de los sesenta y seis libros en forma virtualmente universal no ocurrió inmediatamente en todas las regiones en que la iglesia estaba representada—siendo una de las razones que por largo tiempo ciertos libros más pequeños aún no habían llegado a todos los rincones de la iglesia—, sin embargo, sigue siendo cierto que los creyentes genuinos que fueron los receptores originales de los diversos libros inspirados por Dios los consideraron inmediatamente como que estaban investidos de autoridad y majestad divina. Sin embargo, lo que se debe enfatizar es que estos libros son la Biblia inspirada no porque la iglesia, en cierta fecha, largo tiempo atrás, hizo una decisión (la decisión del Concilio de Hipona, 393 d.C.; de Cartago, 397 d.C.); por el contrario, los sesenta y seis libros, por su mismo contenido, inmediatamente dan testimonio a los corazones de los hombres que tienen el Espíritu Santo viviendo en ellos, de que son los oráculos vivientes de Dios. Por eso los creyentes se llenan de una profunda reverencia cuando quiera que oyen la voz de Dios que les habla desde la Santa Escritura (véase 2 R. 22 y 23). ¡Toda la escritura es canónica porque Dios lo hizo así!

 La palabra que se traduce inspirada por Dios, y ocurre solamente aquí, indica que “toda la escritura” debe su origen y con tenido al aliento divino, al Espíritu de Dios. Los autores humanos fueron guiados poderosamente por el Espíritu Santo. Como resultado, lo que ellos escribieron no solamente carece de errores, sino que es de valor supremo para el hombre. Es todo lo que Dios quiso que fuera. Constituye la infalible regla de fe y práctica para la humanidad.

   Sin embargo, el Espíritu no reprimió la personalidad humana del autor, sino que la elevó a su mayor nivel de actividad (Jn. 14:26). Y debido a que la individualidad del autor humano no fue destruida, encontramos en la Biblia una amplia variedad de estilo y lenguaje. En otras palabras, la inspiración es orgánica, no mecánica. Esto también implica que no debiera considerarse aparte de las muchas actividades que sirvieron para traer al autor humano al escenario de la historia. Al hacerlo nacer en determinado lugar y tiempo, al otorgarle algunos dones específicos, al equiparlo con un tipo definido de educación, al hacerlo pasar por experiencias predeterminadas y al hacerlo recordar ciertos hechos y sus implicaciones, el Espíritu preparó su conciencia humana. Luego, el mismo Espíritu lo impulsó a escribir. Finalmente, durante el proceso de la escritura, el mismo Autor Primario, en una conexión completamente orgánica con toda la actividad precedente, sugirió a la mente del autor humano ese lenguaje (las palabras mismas) y el estilo que sería el más apropiado vehículo para la interpretación de las ideas divinas para el pueblo de todo rango, posición, edad y raza. Por eso, aunque cada palabra es verdaderamente de un autor humano, es más ciertamente la Palabra de Dios.

   Aunque la palabra que se traduce inspirada por Dios aparece solamente aquí, la idea se encuentra en muchos otros pasajes (Ex. 20:1; 2 S. 23:2; Is. 8:20; Mal. 4:4; Mt. 1:22; Lc. 24:44; Jn. 1:23; 5:39; 10:34, 35; 14:26; 16:13; 19:36, 37; 20:9; Hch. 1:16; 7:38; 13:34; Ro. 1:2; 3:2; 4:23; 9:17; 15:4; 1 Co. 2:4–10; 6:16; 9:10; 14:37; Gá. 1:11, 12; 3:8, 16, 22; 4:30; 1 Ts. 1:5; 2:13; Heb. 1:1, 2; 3:7; 9:8; 10:15; 2 P. 1:21; 3:16; 1 Jn. 4:6 y Ap. 22:19).

   Ahora, en virtud del hecho de que “toda la escritura” es inspirada por Dios, es útil, beneficiosa, o provechosa. Es un instrumento o herramienta muy práctica, sí, indispensable para el maestro (implícito aquí). Timoteo debiera hacer buen uso de ella:

  1. para enseñar. Lo que se quiere decir es la actividad de impartir conocimiento acerca de la revelación de Dios en Cristo. Véase comentario sobre 1 Ti. 5:17. Esto es siempre básico para todo lo demás.
  2. para reprender (cf. Sal. 38:14; 39:11). Se deben hacer advertencias basadas en la Palabra. Los errores en doctrina y en conducta deben ser refutados en el espíritu de amor. Se deben señalar los peligros. Hay que denunciar a los falsos maestros (cf. 1 Ti. 5:20; Tit. 1:9, 13; 2:15; luego Ef. 5:18; y véase C.N.T. sobre Jn. 16:8–11).
  3. para corregir. Si reprender enfatiza el aspecto negativo de la obra pastoral, la corrección enfatiza el lado positivo. No solamente se debe advertir al pecador que deje el mal camino, sino que debe ser orientado hacia el camino correcto o derecho (Dn. 12:3). “Toda la escritura” también puede hacer esto. La Palabra, especialmente cuando la usa en siervo consagrado de Dios que es diligente en la realización de sus deberes pastorales, tiene un carácter restaurador (cf. Jn. 21:15–17).
  4. para entrenar en justicia (cf. 2 Ti. 2:22). El maestro debe entrenar a su gente. Todo cristiano necesita disciplina para que pueda prosperar en la esfera en que la santa voluntad de Dios se considera normativa. Tal es el carácter de entrenar en justicia (cf. Tit. 2:11–14).

   El maestro (en este caso Timoteo, pero la palabra se aplica a cada persona a la que se confían las almas humanas) necesita “toda la escritura” para adquirir la capacidad de realizar su cuádruple tarea (enseñar, administrar la reprensión, corregir, entrenar en justicia), con un glorioso propósito en mente, un propósito que a su manera y a su tiempo Dios hará que sea comprendido en el corazón de todo su pueblo: para que el hombre de Dios esté equipado, completamente equipado para toda buena obra.

   El hombre de Dios (véase comentario sobre 1 Ti. 6:11) es el creyente. Todo creyente, considerado como perteneciente a Dios e investido con el triple oficio de profeta, sacerdote y rey, recibe aquí este título. Para ejercer adecuadamente este triple oficio, el creyente debe ser equipado (nótese el énfasis en el original; literalmente, “… que equipado pueda ser el hombre de Dios”); sí, de una vez por todas, completamente equipado (cf. Lc. 6:40) “para toda buena obra” (1 Ti. 5:10; 2 Ti. 2:21; Tit. 3:1). Pablo (y el Espíritu Santo hablando por medio de él) no está satisfecho hasta que la Palabra de Dios haya cumplido completamente su misión, y el creyente haya alcanzado “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:12, 13).

   El ideal por realizarse es ciertamente glorioso. El poder para lograrlo viene de Dios. Por eso, que Timoteo permanezca firme. Que permanezca en la verdadera doctrina, aplicándola cuando quiera que la oportunidad se presente.

Síntesis del capítulo 3

   Véase el bosquejo al principio de este capítulo.

   Timoteo debe permanecer en la sana doctrina. Debe poner todo esfuerzo a hacerlo en vista del hecho de que en estos últimos días—esto es, en la edad introducida por la primera venida de Cristo—vendrán tiempos peligrosos. Debe comprender esto. ¿No están ya ahora haciendo su aparición los mercaderes de siniestras falsedades? Tales individuos se caracterizan por el amor al yo y a sus propios placeres en vez de amar a Dios, por la desobediencia a sus superiores, ingratitud hacia sus benefactores, actitud implacable hacia las personas que les son desagradables, y una disposición a no refrenar sus propios malos deseos. Sin embargo, ponen la religión como fachada. Son farsantes, porque, aunque mantienen una fachada religiosa, niegan su poder. Timoteo debe apartarse de tales personas.

   De estos círculos proceden los hombres que se introducen furtivamente en los hogares de los miembros de iglesias con el propósito de cazar a mujeres débiles de mente, mujeres que están cargadas con una mala conciencia, sin embargo, son impenitentes, arrastradas de diversos impulsos, y quienes, pese a toda la “instrucción” que reciben, no pueden llegar al conocimiento de la verdad.

   Estos hombres que andan a la caza de mujeres y los demás que pertenecen a los mismos círculos, hacen que uno recuerde a Janes y Jambres, hombres que según la tradición eran los cabecillas de los magos del faraón. De la manera que aquéllos se oponían a Moisés, éstos se oponen a la verdad. Tienen la mente corrupta y son completamente inútiles y descalificados en lo que se refiere a la fe. Sin embargo, no irán muy lejos, porque su necedad se hará obvia a todos como lo fue la de Janes y Jambres.

   Otra razón por la que Timoteo debe esforzarse por todos los medios por permanecer en la sana doctrina es el hecho de que está basada en el fundamento más digno de confianza, como ha aprendido de personas dignas de confianza. ¿No ha tenido Timoteo al apóstol como modelo de obediencia activa (“mi enseñanza, mi conducta”, etc.) y pasiva (“mis persecuciones, mis sufrimientos”)? ¿No ha tenido un vivo interés en las persecuciones que Pablo ha pasado, comenzando con el primer viaje misionero— Antioquía, Iconio y Listra—, el viaje que había significado tanto a Timoteo mismo? Pablo recuerda vívidamente especialmente este hecho, el cual debiera animar a Timoteo, a saber, que, aunque la persecución es la porción de quienquiera que desee vivir una sincera vida cristiana, a causa de que los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados, el Señor protege a sus fieles. ¿No libró a Pablo de todas estas persecuciones? Timoteo, entonces, debe perseverar en las cosas que ha aprendido y de las cuales se ha convencido, recordando constantemente de qué tipo de personas recibió este conocimiento, a saber, de quienes fueron sus sabias monitoras desde su primera infancia. Desde la infancia hasta este mismo día él ha conocido las sagradas escrituras—el Antiguo Testamento—, habiendo aprendido a conocerlas mejor con el transcurso del tiempo. Estos son los escritos que pueden hacer que un hombre sea sabio para la salvación por la fe en Cristo Jesús. Además, esto no sólo con respecto de los escritos inspirados del Antiguo Testamento, sino también con respecto a la otra parte de la revelación especial de Dios dada por escrito. En realidad, toda la escritura (hoy diríamos: el Antiguo y el Nuevo Testamento) es inspirada por Dios y útil—indispensable para el maestro—para enseñar, para advertir al pecador que se aparte de la injusticia, para guiarle al sendero de la justicia; por eso, para instruirlo en justicia, para que, como resultado, “el hombre de Dios”, esto es, el creyente, así instruido y dirigido, pueda estar equipado, sí, completamente equipado para toda buena obra.

4° Título:

Clara Lectura De La Bíblia Al Pueblo, Hará Entender El Mensaje De Dios. Nehemías 8:7-9. Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura. Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley.

   Comentario:  El v. 3 resume el acto: la lectura, el lector, el tiempo, el lugar, la composición de la congregación y su actitud atenta. La lectura duró unas 6 horas, tiempo insuficiente para leer toda la Ley de Moisés. A lo mejor Esdras escogió pasajes particularmente pertinentes para el pueblo en ese tiempo.

   Se discute cuál ley leyó Esdras. La opinión crítica dominante ha sido que fue el llamado “Código sacerdotal”, una colección de leyes supuestamente recién editada en Babilonia que posteriormente formaría parte del Pentateuco. Según otro punto de vista, Esdras leyó de Deuteronomio. Otros piensan que leyó de un Pentateuco recién completado en Babilonia. Algunos hasta opinan que sólo algunas de las leyes leídas por Esdras llegaron a incorporarse en el Pentateuco. Sin embargo, el v. 1 no indica que Esdras haya develado una nueva ley, sino que el pueblo pidió la Ley antigua y conocida, dada por Jehovah hacía siglos a Moisés. Las leyes específicas a que Nehemías 8 alude provienen de Deuteronomio y de las leyes sobre el culto en Levítico y Números.

   Después del resumen (8:3), el pasaje 8:4–8 relata el acto una segunda vez, pero ahora con más detalles. Primero cuenta que Esdras se paró en medio de 13 varones sobre una plataforma alta (8:4; lit. “una torre”, migdal 4026), construida por el pueblo (el sujeto implícito de “habían hecho”, ver v. 3b). El verbo traducido estaba y estaban (amad 5975, 8:4) es literalmente “se paró” y “se pararon”. En lugar de 13 varones, 6 a la derecha y 7 a la izquierda, se esperan 12, uno por cada tribu de Israel (ver exposición de 7:7). Sin embargo, aunque hay algunas discrepancias entre el TM aquí y las versiones griegas y 1 Esdras 9:44 (libro que se halla sólo en la LXX), no hay suficiente evidencia para enmendar el he., y hay otra lista de 13 en el v. 7. Quizás en cada caso los 13 representaban todas las 13 tribus de Israel (Jacob tuvo 12 hijos, pero los descendientes de José se contaban como dos tribus, Manasés y Efraín), o tal vez uno de cada grupo era el líder, y los otros 12 representaban las tribus. De los 13 nombres de levitas en 8:7, cuatro aparecen en 9:4, 5 y siete en 10:9–13. Lógicamente Esdras leía (ver v. 3) antes de que los levitas explicaran (8:7). Estos debían ser maestros (ver Deut. 33:10; 2 Crón. 17:7–9; 35:3). Para cumplir con su tarea en esta ocasión probablemente caminaban entre el pueblo (8:7b). Tal vez su lugar era el sitio donde el pueblo debía pararse en la liturgia (ver 9:3; 2 Crón. 30:16; 34:31; 35:10).

   Los levitas también leían la Ley (8:8). Quizá Esdras leía por ratos desde la plataforma, y luego los levitas andaban entre la congregación repitiendo la lectura y explicándola (ver la exposición del v. 11). Algunos opinan que el vocablo traducido explicando (parash 6567) significa traduciendo. Suponen que el pueblo judío había perdido el hebreo durante las décadas en Babilonia, donde se hablaba el arameo. Sin embargo, 13:23, 24 implica que los judíos todavía hablaban hebreo. La traducción explicando armoniza con el uso del verbo en los otros pasajes donde indiscutiblemente aparece (Lev. 24:12; Núm. 15:34; Esd. 4:18).

   El pasaje 8:1–8 concluye con un clímax: ¡el pueblo entendió la Ley! El siguiente párrafo terminará de igual manera (8:12). La Ley no se leía sólo para cumplir con un rito, sino para que fuera entendida y, como se verá en 8:12, 16–18, acatada. El verbo hebreo “entender” se repite seis veces en 8:1–12 (8:2, 3, 7, 8, 9, 12); explicaban (v. 7) y enseñaban (v. 9) son literalmente “hacían entender”.

   El pueblo primero reaccionó llorando (8:9), pues la lectura les había revelado sus pecados y la Ley amenazaba

con castigar a los desobedientes (ver la reacción similar en 2 Rey. 22:11–19; 2 Crón. 34:19–27). El llanto masivo fue un cumplimiento parcial de la promesa del Espíritu (cf. Eze. 36:24–32).

   Los líderes, lejos de alimentar el llanto, lo pararon (8:9), porque el día, siendo el primero del séptimo mes (ver v. 2), era santo para Jehovah (8:9–11; ver Lev. 23:24; Núm. 29:1). Con la excepción del día de Expiación (Lev. 23:25; Núm. 29:7), todos los días santos deberían ser celebrados con gozo y alegría (Deut. 12:7, 12, 18; 14:26; 16:11, 14, 15; 2 Crón. 30:25), pues conmemoraban las obras de Jehovah a favor de su pueblo.

   Nehemías se nombra primero en el v. 9, lo cual sugiere que él tomó el liderazgo en la exhortación a no llorar. Con todo y ser laico, apoyó decididamente la reforma de los caps. 8–12 (ver 10:1; 12:31, 38–40). Se menciona junto con Esdras sólo aquí y en 12:26, 31–38. Muchos estudiosos aducen que su nombre no estaba en 8:9 originalmente, porque no se halla en el pasaje paralelo de 1 Esdras 9:49 y porque el verbo traducido decía está en el singular. Sin embargo, el libro de Nehemías regularmente usa verbos hebreos en el singular con sujetos múltiples. La evidencia de 1 Esdras tampoco es de peso, pues ese pasaje equivocadamente toma el gobernador como si fuera un nombre propio. Quizá omitió el nombre de Nehemías debido al énfasis de 1 Esdras en Zorobabel

como el gobernador. Por otro lado, la LXX aquí tiene Nehemías, pero omite que era el gobernador. El texto original, entonces, debía tener ambas partes.

Semillero homilético

El poder de la escritura

8:1–18

   Introducción: Un hombre cristiano tenía la costumbre de visitar a un prisionero en su celda. No lo sermoneaba,

sólo le leía la Biblia. El prisionero le decía: “¡Lea más por favor! ¡Lea más!”. La Palabra de Dios

tiene el poder para transformar la vida de cualquier persona.

   La Escritura habla a las personas.

Como individuos; cada uno necesita escuchar la lectura de las Escrituras (v. 2).

Como familias; los padres necesitan recibir la explicación de las Escrituras para luego poder explicárselas a su familia (v. 13).

Como pueblo; la congregación tiene la responsabilidad de escuchar las Escrituras (vv. 1, 3b, 5, 6, 9, 11, 12, 17).

La Escritura merece una buena explicación y una diligente aplicación.

Dios comunica su mensaje a ciertas personas.

En una ocasión específica.

En un lugar específico.

En un momento específico de la historia (v. 2).

El mensaje viene directamente de Dios, quien no está limitado porque él es eterno, a personas, ocasiones, lugares y momentos históricos.

El mensaje contiene principios eternos que deben ser explicados y aplicados según el momento y de acuerdo a cada necesidad (vv. 7–11, 13, 15).

La Escritura transforma a las personas.

La Escritura contiene malas noticias para los que rechazan su mensaje, lo cual debe resultar en profunda tristeza (v. 9).

La Escritura contiene buenas noticias para los que se arrepienten y confiesan sus pecados, acción que los librará de su tristeza (vv. 9–11).

La Escritura contiene instrucciones de cómo experimentar la vida abundante y triunfante (vv. 10, 14, 17, 18).

   Conclusión: No tenemos que depender sólo de nuestra inteligencia, argumentación ni persuasión. Dios actúa por medio de su mensaje divino. Somos socios con Dios en la proclamación de su Palabra, la Escritura.

Bibliografía: Comentarios Bíblico Nuevo Testamento William Hendriksen; y del Antiguo Testamento Mundo Hispano; Biblia Reina Valera 1960; Biblia de Referencia Thompson

 

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.