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Lunes 27 de mayo de 2019: “Todo cristiano debe atender a la voz del Señor”

Lunes 27 de mayo de 2019: “Todo cristiano debe atender a la voz del Señor”

Lectura Bíblica: Proverbios Cap. 8, versículos 32 al 34. Ahora, pues, hijos, oídme, Y bienaventurados los que guardan mis caminos. Atended el consejo, y sed sabios, Y no lo menospreciéis. Bienaventurado el hombre que me escucha, Velando a mis puertas cada día, Aguardando a los postes de mis puertas.

   Comentario: Sabiduría terminó su discurso o proclamación en la sección anterior (aunque varios autores creen que el discurso sigue aquí). El vocativo, hijos, y la palabra shema 8095, “oíd”, unen esta sección con todos los caps. 1–9. Por lo tanto, sólo el maestro ha utilizado esta forma. Por otra parte, los pronombres que hablan de mis caminos… mis entradas… mis puertas… parecen apuntar a la sabiduría. Quizá la mejor interpretación tendría ahora al maestro sustituido por la sabiduría, en vez de los padres. Aquí él habla como si fuese la sabiduría. La palabra bienaventurados (ver 14:21; 16:20; 20:7; 28:14; 29:18) en los vv. 32 y 34 llama la atención al favor divino (de la sabiduría: compañera de Dios) para aquellos que tienen un estilo de vida comparable a la sabiduría (v. 32) y que tienen un espíritu de velar (una vigilia en el palacio o en el templo donde se espera una petición especial), mostrando una actitud expectante y confiada.

   Los vv. 35 y 36 contraponen los que obtienen favor a través de la sabiduría, un mediador, y aquellos que mueren prematuramente porque aborrecen (ver 6:16) la sabiduría y sin darse cuenta ellos aman la muerte, es decir, tienen una relación estrecha e íntima con la muerte prematura (ver 1:19; 2:16; 7:26, 27).

   El v. 33 no se encuentra en la Septuaginta. La palabra corrección viene de musar 4148 (ver 3:11, 12). Sed sabios es la palabra común jakam 2449 (ver 1:5). No hay por qué dudar de su valor y de hecho se encuentra en el texto hebreo en una posición clave.

   La personificación de la sabiduría dio el motivo a algunos sabios más tarde para seguir en la búsqueda de la sabiduría. Hay dos ejemplos de libros que recuerdan el valor de la sabiduría. El primer libro, llamado Ben Sirá (Eclesiástico), fue escrito por un sabio hebreo en el segundo siglo antes de Jesús y tiene paralelos con los conceptos de Proverbios: Ben Sirá 1:1–21 con Proverbios 8 y Ben Sirá 4:11–19 con Proverbios 8:1–11. El segundo libro viene del primer siglo antes de Cristo, escrito por un judío en Alejandría: Sabiduría de Salomón (por supuesto no es del Salomón bíblico). Sabiduría 6:1–11 tiene relación con Proverbios 8:15 y 16. La Iglesia Católica Romana acepta estos libros como deuterocanónicos. Son excluidos por parte de los rabinos judíos y las iglesias protestantes.

   Comentario 2: 8:32-36 Seguramente debemos prestar atención a la voz de Cristo con la disposición de los niños. Seamos todos sabios, y no negamos tal misericordia. Dichosos los que escuchan la voz del Salvador, y espera en él con la lectura diaria, la meditación y la oración. Los niños del mundo a encontrar tiempo para diversiones vanas, sin dejar de lado lo que ellos consideran la única cosa necesaria. ¿No muestra el desprecio de las instrucciones de la sabiduría, cuando las personas que profesan piedad, buscar excusas para dejar de lado los medios de gracia? Cristo es la sabiduría, y él es la vida a todos los creyentes; ni podemos obtener el favor de Dios, a menos que encontremos a Cristo, y se encuentran en él. Los que ofenden a Cristo engañan a sí mismos; el pecado es un mal para el alma. Los pecadores mueren porque van a morir, lo que justifica a Dios cuando él juzga.

   Pensamiento: La sabiduría hoy es Cristo, y debemos tener amor para Él. Luego, los versículos 34 y la primera parte del versículo 35, dicen: Si usted tiene a Cristo, amigo oyente, usted tiene la vida. El tema nos habla de un deber de “oír” de atender la voz de Dios. Ud. Como se creyente tiene su oído dócil, sensible para escuchar la voz del su amado, esta colocando atención en lo que el Señor le habla día a día por su palabra. Además, cuando Ud. va a orar por las mañanas en su cuarto secreto, guarda un momento de silencio para escuchar a Dios, para eso debe concentrarse debe haber silencio para colocar atención a la voz de su amado. ¿Atiende el consejo de Dios?

   Referencia: Colosenses 2:3. en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

1ª los Corintios 1:24. más para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. —30: Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;

   Atender la voz del Señor: Santiago 1:19. Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; —22. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 

Filipenses 4.9. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.

1er Titulo:

Prestando Atención A La Voz Del Buen Pastor. San Juan 10:1 al 5. Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. En cualquier casa donde entréis, primeramente, decid: Paz sea a esta casa. 

   Comentario: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. 10:1, 2. En cuanto a las palabras de solemne introducción De cierto, de cierto os aseguro, véase 1:51. El símbolo latente es el del redil. El original emplea un término (α_λήde _ω soplar) cuyo significado en ciertos pasajes de los Evangelios ha sido objeto dediscusión. Véase en 18:15. Pero en este caso (10:1) el significado es claro. Es un redil. Eraun espacio al aire libre, cercado y sin techo. Consistía en un muro de piedra tosca con unafuerte puerta. A veces desempeñaban el mismo papel las cuevas, pero en este caso no esésta la idea. Un ladrón (alguien que quiere quitar a otro su propiedad) y un salteador(alguien que utiliza la violencia para obtener lo que quiere) no tratarían de entrar por lapuerta, porque a. estaba cerrada y tenía que abrirse; y b. estaba protegida por el portero. Enconsecuencia, un hombre así, para entrar, tendría que entrar por otro lugar. Así también loslíderes religiosos, hostiles a Jesús, estaban tratando ilegalmente de dominar al pueblo deIsrael (véase versículo 16). Trataban de dominar al pueblo por la intimidación (véase 9:22).Evitaban la puerta, el Señor Jesucristo (no creían en él, no fueron escogidos por él). Pormedio de amenazas (expulsión de la sinagoga) querían privar a Jesús de susdiscípulos. Por consiguiente, eran ladrones y salteadores. Por otra parte, Jesús, quien habíasido concretamente nombrado y enviado por su Padre celestial, aparece aquí en calidad de legítimo pastor (véase 10:11, 14). Eso está implícito aquí, mas el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas, y explícito en 10:11, 14.

   Versíc. 3. A este le abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y a sus ovejas llama por nombre, y las conduce afuera. Lo podemos describir así. Durante la noche el portero haestado con las ovejas. Conoce al pastor. En consecuencia, cuando por la mañana oye la vozdel pastor, abre la puerta. También las ovejas reconocen de inmediato la voz de su pastor.No sólo oyen (más o menos inconscientemente) sino que escuchan. Obedecen. Así esrespecto a las verdaderas ovejas (animales). Pero en un sentido más elevado así es tambiénen el caso de todos los verdaderos discípulos de Jesús. Y debe tenerse presente que larealidad en el reino de Dios domina al símbolo en este caso. Así como un pastor oriental,incluso en estos tiempos, a menudo llama a sus ovejas por nombre (se habla de casos depastores a los que se han cubierto los ojos, pero que incluso así reconocen a sus ovejas unapor una), así también (¡y de hecho, mucho más!) Jesús, como el buen pastor, tiene unconocimiento íntimo y personal de todos aquéllos a los que quiere salvar. Y así como elpastor saca a sus ovejas del redil, así también el pastor tierno y amoroso, Jesús, reúne alrebaño, y lo saca del redil de Israel (10:3; cf. 1:11–13; Mi. 2:12) y del paganismo (10:16).

   Versíc. 4, 5. Y cuando ha sacado fuera todas las suyas, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño de ninguna manera seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

   El pastor regresa todas las mañanas. Así también Jesús está constantemente reuniendo a sus ovejas. Por esto leemos “cuando”. En un redil oriental, a veces se guardan durante la noche varios rebaños juntos. Por la mañana cada uno de los pastores saca sus propias ovejas. Sus ovejas, y sólo ellas, responden a su llamada. Las otras, las de otros pastores, no prestan atención. El pastor, Jesús, saca a todas las suyas. Vence todas las dificultades. ¡A veces hay ovejas a las que hay que empujar! En todo caso, no queda ni una sola de las suyas. Adviértase la palabra todas. Véase en 6:37, 39.

   El pastor, una vez que ha sacado todas sus ovejas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen. Esa es la costumbre en el oriente. En otras partes el pastor arrea a las ovejas delante. Vemos de inmediato que la costumbre oriental se adapta mejor para ilustrar la relación entre Cristo y sus discípulos. ¡Jesús guía, va delante; no arrea por detrás!

   La razón por la que las ovejas siguen a su pastor se da en las palabras “porque conocen su voz”. En la Palabra de Dios el buen pastor se dirige a sus ovejas. Ellas reconocen su voz, y lo siguen—o sea, confían en él y lo obedecen.

   ¡De ninguna manera (adviértase la vigorosa negación) seguirán las ovejas a un extraño! Cuando Jesús piensa en el cuidado fiel y siempre vigilante que tiene por los suyos y desea contrastarlo con el egoísmo de los fariseos, quienes siempre tratan de promover su propia gloria y de quitarle sus seguidores (9:22), él se llama a sí mismo buen pastor, y a ellos ladrones y salteadores. Pero cuando piensa en el conocimiento íntimo que tiene de sus discípulos y desea contrastarlo con la ignorancia de los fariseos—porque no conocen ni al Señor ni a su pueblo—, aunque piensa en sí mismo como el buen pastor (porque a la idea de ser un buen pastor van unidos el cuidado tierno y el conocimiento completo), los llama extraños.

   Una oveja normal no sigue a un extraño, aunque se vista de pastor, y trate de imitar la voz del pastor. Esto se ha comprobado muchas veces. Así también (¡y mucho más aún!) el verdadero discípulo del Señor “no conoce” (se niega a reconocer) la voz de los extraños (cf. 2 Jn. 10), quienes vienen a él con filosofías extrañas, teologías extrañas y éticas extrañas; y, por consiguiente, no los sigue. Está absolutamente decidido a seguir sólo al único pastor verdadero, Jesús, cuando habla en su Palabra. A los demás los evita; de hecho, se aparta de ellos con horror.

   Referencia: Miqueas 2.12. De cierto te juntaré todo, oh Jacob; recogeré ciertamente el resto de Israel; lo reuniré como ovejas de Bosra, como rebaño en medio de su aprisco; harán estruendo por la multitud de hombres. (Se redil de las ovejas y el pueblo de Israel son como ovejas, que las reunirá en un redil).

Efesios 4.10. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.

Hebreos 13:20-22. Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente. 

2ª de Pedro 2:25. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

San Juan 10:14-16. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. 

2° Titulo:

Triste Consecuencia De Quién Atendió A La Voz De La Serpiente. Génesis 3: 6-7; 23-24. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. —Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

   Comentario: El versículo 6 nos enumera tres tentaciones: los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida (1ª de Juan 2:16. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.) Ellas abarcan todo cuanto hay en el mundo. Estas cosas se presentan tan pronto como Dios se retira del corazón. Si no permanezco en la feliz seguridad del amor y fidelidad, me entrego al gobierno de una o todas aquellas fuerzas destructoras de la vida. Y todas éstas son diferentes aspectos del mismo dominio de Satanás. No existe en verdad el libre albedrío del hombre. Si éste piensa ser su propio amo, que haya aprendido a entregarse por completo a Dios y a su dirección infinitamente sabia.

   Estas pues, son las tres grandes agencias por medio de las cuales trabaja Satanás: “Los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida” (1 Jn. 2:16). Por medio de estas cosas el diablo procuró la derrota del segundo hombre Jesús en la tentación. Comenzó con la invitación a que se separara de la dependencia absoluta que debía a Dios diciéndole: “Di estas piedras que se convierta en pan” (Lucas 4:3). Esto lo pidió, no para que se elevara por encima de lo que era /como el primer hombre quiso hacerlo) sino para que probara la realidad de su naturaleza divina. Luego siguió con el ofrecimiento de todos los reinos del mundo y su gloria. Finalmente le condujo al pináculo del templo, donde le insinuó que se echara abajo repentina y maravillosamente, para admiración de toda la multitud congregada en el templo (Lucas 4:1:13). El objeto de cada una de estas tentaciones era persuadir al hijo del hombre a que se separara de su actitud de dependencia y de sumisión absoluta a la voluntad de Dios. Todo era en vano. Escrito está fue el arma con la cual este hombre consagrado se defendió de cada ataque, demostrando que la esencia de su victoria consistía en que se había anonadado a sí mismo. Otros, menos sabios, han pensado escoger y dirigir sus propios destinos. Cristo entregó su vida, con todos sus destinos, en manos de su Padre.

   ¡Cuán útil es este ejemplo para los fieles en cualquier circunstancia! Jesús no se aparto de las Escrituras, y en esto consistió el secreto de su triunfo. Sin otra arma que esta misma espada del Espíritu, se puso firme en la lucha y obtuvo la victoria. ¡Pobre Adán! ¡Qué contraste nos ofrece! Todo obraba a su favor, mientras que Cristo halló todo en su contra. Los deleites del huerto, que no dejaban nada que desear, ayudaban a Adán a resistir. Las privaciones del desierto deberían haber obligado al Señor Jesucristo a ceder. El primero lloró después de una derrota que trajo una larga cadena de triste consecuencia; el Otro “llevo cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres” (Efesios 4:8). ¡Bendito sea Dios de toda gracia porque puso nuestra causa en manos de Uno tan poderoso para vencer, tan poderoso para salvar!

   Impacto de la caída: Por medio de la desobediencia a los términos del dominio delegado por Dios, los humanos «caen», y así pierden su potestad de regir lo creado (vv. 22, 23). Todo lo delegado en su jurisdicción (la tierra) cae bajo maldición mientras su relación con Dios, la fuente primordial de su poder para regir, se coarta (vv. 17, 18). Por lo tanto, la humanidad pierde el esencial poder «vivificante» para gobernar el Reino de Dios (vv. 19, 22). Más allá de la tragedia de la pérdida humana, tienen lugar otros dos hechos. Primero, por su desobediencia a Dios y la sumisión a las sugerencias de la serpiente, el gobierno humano se le confisca y se da a la serpiente. En Apocalipsis 12.9 se confirma que el espíritu que utilizó la forma de serpiente fue el propio Satanás. El dominio, originalmente delegado a la humanidad, ahora recae en Satanás, quien se convierte en administrador de este reino maldito. La «semilla» y la «cabeza» de la serpiente indican una línea continua (semilla) de maldad que extiende el gobierno de Satanás (cabeza) (v. 15). Sin embargo, un segundo hecho ofrece esperanza. En medio de la tragedia de esta secuencia de eventos, Dios comienza a redimir a los seres humanos y se promete un plan para recuperar lo perdido por la humanidad (v. 15). Este se inicia con el primer sacrificio (v. 21).

   3.24 Los querubines, ÁNGELES. Los querubines son seres creados, a los cuales se les ha asignado la protección del trono de Dios (Sal 99.1), así como la protección del arca del pacto y el propiciatorio (Éx 25.18–22; 37.7– 9). Los querubines resguardaban el Árbol de la Vida, para que los seres humanos no comieran de él, y vivieran así para siempre en sus pecados. Por lo tanto, en contradicción con la opinión popular, más de un ángel protegía la entrada al Edén. La descripción más detallada de los querubines se encuentra en Ezequiel 10, donde se les relaciona estrechamente con la gloria de Dios y forman parte de la hueste celestial. (Is 6.2/Jud 9)

   Pensamiento: El deseo de alcanzar la sabiduría le pareció razonable a la mujer. Desafortunadamente, su definición de la sabiduría era la autonomía humana, no la dependencia de Dios, como enseña (Proverbios 1:7. El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.).

   Estaban desnudo: La “Sabiduría” recién obtenida por Adán y Eva no les trajo el prometido conocimiento del bien y el mal sino la vergüenza de descubrir que estaban desnudos.

   3.22-24 La maldición es reforzada por la expulsión de Adán y Eva del huerto, lugar donde mantuvieron íntima comunión con Dios. Querubines y una espada encendida que se revolvía por todos lados impedían su regreso a aquel lugar. La lección está clara: no habrá comunión con Dios si éste no toma la iniciativa.

   Referencia 1ª de Timoteo 2:13-14. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.

1ª a los Corintios 15:22. Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.

Romanos 9:20-21. Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? 

   Las consecuencias de “oír” a Satanás, se pierde la comunión con Dios: Genesis 3:8-9. “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?”.

3er Titulo:

Un Matrimonio Destruido Por Atender A La Voz Del Engañador. Los Hechos 5:1 al 10. Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. 

   Comentario: El engaño de Ananías: 5:1–11

   Después de presentarnos el proceder ejemplar de Bernabé, Lucas describe la codiciosa conducta de Ananías

y Safira. Sin introducción alguna, relata la historia de un hombre que con su mujer decide vender un campo. Toma el dinero y lo da a los apóstoles, diciéndoles que ese es el total del producto de la venta de la propiedad. Sin embargo, subrepticiamente se guardan parte del dinero. La acción no puede ser calificada sino de un robo a Dios (c.f. Jos. 7:1).

a. Ananías: 5:1–6: versíc. 1. Ahora un hombre llamado Ananías con Safira su mujer, vendió una propiedad. 2. Y al sustraer parte del precio para sí, sabiéndolo también su mujer trajo lo demás y lo puso a los pies de los apóstoles.

   Primero, Lucas dice que el hombre se llama Ananías, nombre judío algo común en los Hechos y que probablemente significa “el Señor es benigno”.304 Lucas registra que también el nombre pertenece a un cristiano de Damasco que es enviado por Jesús a ministrar a Saulo (9:10–17) y de un sumo sacerdote que presidió el juicio contra Pablo en Jerusalén (22:30–23:5).

   Luego, el nombre Safira aparece una sola vez en las Escrituras, y significa “hermosa”. Como el de su marido, Ananías, este es un nombre arameo. Ambos pertenecen a la comunidad cristiana en Jerusalén y juntos buscan alabanza y estima por parte de los miembros de la comunidad. Sin embargo, expresamente elaboran un plan para quedarse con parte del producto de la venta de su propiedad, porque amaban más el dinero que a Dios. Venden su propiedad, reciben el dinero, se guardan una porción y dan el resto a los apóstoles para que sea distribuido entre los pobres.

   Lucas no da detalles, sino que presenta los trazos gruesos del hecho.305 Lo que destaca, sin embargo, es la intención. Cuando Ananías llega donde los apóstoles y les entrega el dinero, tal como Bernabé lo había hecho anteriormente, la congregación en forma audible o silenciosa lo alaba y lo pone al mismo nivel que Bernabé. Aun cuando los creyentes no se percatan de lo que está pasando, Pedro percibe a Satanás actuando en el corazón de Ananías.

   Versíc. 3. Pero dijo Pedro: “Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses para ti parte del precio del terreno? 4. Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No mentiste a los hombres, sino a Dios”.

   Es posible encontrar en el Antiguo Testamento ciertos paralelos con este relato. En la pureza del Paraíso, Satanás entró para tentar a Eva para que pecara contra Dios (Gn. 3:1). Su pecado afectó a toda la raza humana. Cuando los israelitas se consagraron a Dios observando el rito de la circuncisión y celebrando la fiesta de la Pascua (Jos. 5:1–12), el pecado de Acán de robarle a Dios tenía el efecto de destruir la pureza moral de Israel. Y así su pecado afectó a cada israelita. El engaño de Ananías igualmente pudo haber destruido la pureza de la naciente iglesia, la que se manifestaba a través de la unidad, el amor, y la armonía. Estos tres ejemplos nos sirven de advertencia.

   Guiado por el Espíritu Santo, Pedro percibe a Satanás obrando en el corazón de Ananías y por eso le hace algunas preguntas certeras y categóricas.

   a. “Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón?” Por su propia experiencia, Pedro sabe cómo Satanás le persuadió a negar a Jesús tres veces (Lc. 22:31–32) y que puso en el corazón de Judas Iscariote la determinación de traicionar al Maestro (Lc. 22:3; Jn. 13:2, 27). Se da cuenta que Satanás tiene mucho interés en entorpecer el crecimiento de la iglesia a través de entrar en el corazón de un creyente. De paso, cuando Satanás viene a un creyente para hacerlo pecar, toda la responsabilidad recae en la persona si le permite a Satanás entraren su vida. El creyente debe estar prevenido contra el poder del diablo y resistirle por fe (1 P. 5:8–9).

   b. “[¿Qué hizo que] mintieses al Espíritu Santo?” Con esta pregunta, Pedro pone en evidencia el corazón mismo del pecado de Ananías. Aun aceptando el hecho que Satanás influye en el corazón de cada uno de vez en cuando, en el caso de Ananías Satanás ha llenado completamente su corazón. Como consecuencia de ello, Ananías mintió al Espíritu Santo, echó a Dios de su vida y pecó conscientemente.307 Su pecado, entonces, no es sólo una mentira, sino un engaño total. Él quiere que la iglesia crea que él está donando dinero para complacer a Dios. Su mentira, como lo dice Pedro, no es a los hombres, sino a Dios (v. 4). Ananías actúa como si creyera que Dios no está al tanto de las actividades diarias de la iglesia y, en consecuencia, no tiene idea de su plan engañoso.

   c. “[¿Qué hizo] que sustrajeras para ti parte del precio del terreno?” Como Pablo informa a los cristianos de Corinto, “Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7); es decir, Dios se regocija cuando un creyente da de corazón. Dios desea que todos sus hijos den generosamente y no por la fuerza. Hace algunos años, asistí a un culto de adoración durante el cual los diáconos pasaron con los platos recibiendo la ofrenda. Una mujer que estaba precisamente frente a mí tomó el plato de la mano del diácono y con toda delicadeza le preguntó si podía cambiarle un billete que tenía en su mano. Cuando el diácono lo hizo, ella puso en el plato la cantidad que se había propuesto dar y conservó el resto. Ella sin duda fue una dadora alegre que contribuyó con lo que propuso en su corazón. Igualmente, Ananías pudo haber guardado parte del producto de la venta. Pero porque trató de engañar a Dios, Pedro tuvo que hacerle unas preguntas más.

  d. “Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba el dinero en tu poder?” Estas preguntas revelan que los primeros cristianos no practicaban la posesión comunitaria de las propiedades, sino que sólo compartían sus bienes para eliminar la pobreza entre los creyentes (c.f. 2:44–45; 4:32, 34–35).

    La respuesta de Ananías a Pedro debió de haber sido afirmativa. Como la parte culpable, Ananías no puede decir una palabra. Guarda silencio (compárese Mt. 22:12) porque ha cometido un grave pecado contra Dios y ahora se enfrenta al castigo.

    El pecado es un misterio que hace que el hombre actúe irracionalmente. Si Ananías hubiese sido honesto y franco, él tendría que haber sabido que la propiedad y, después de su venta, el dinero pertenecía a él mientras estuviera en su posesión. Él pudo haber hecho con él lo que le hubiera placido y no habría tenido que dar cuentas a nadie. Sin embargo, dejó que Satanás llenara su corazón, rehusó adorar a Dios y en cambio hizo al dinero el objeto de su adoración. Aunque estaba sirviendo a su ídolo, él todavía deseaba la alabanza del pueblo de Dios por su aparente generosidad fingida. Debe haber sabido que el hombre no puede servir a dos señores, a Dios y al Dinero (Mt. 6:24; Lc. 16:13).

   e. “¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No mentiste a los hombres, sino a Dios”. Algunos antiguos manuscritos sustituyen las palabras esta maldad por “esto”. Ananías ha cometido una maldad a los ojos de Dios y del hombre. Él tenía que haber sabido que Dios es verdad y luz y que la mentira tiene su origen en el diablo.

   Pedro llega a la conclusión de que Ananías trató de mentir al hombre, pero terminó mintiéndole a Dios. El hombre siempre está delante de Dios, quien lo ve todo (véase Pr. 15:3). Pedro no hace distinción entre Dios y el Espíritu Santo. En el versículo 3, afirma que Ananías ha mentido al Espíritu Santo, y en el versículo siguiente dice que la mentira fue a Dios. Pedro, por lo tanto, identifica al Espíritu Santo con Dios. En un versículo más adelante (v. 9), hace referencia al Espíritu del Señor. Para él, entonces, el Espíritu Santo es Dios; es la tercera persona de la Trinidad: Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

   Versíc. 5. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.

  a. “Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró”. El griego indica que mientras Ananías escuchaba las palabras que hablaba Pedro, cayó al suelo y expiró. Aquí tenemos un caso en que el juicio de Dios se ejecuta de inmediato. Hay otros casos en las Escrituras en que los pecadores son castigados con la muerte súbita. Por ejemplo, cuando Nadab y Abiú, los hijos de Aarón ofrecieron fuego extraño a Jehová, Dios lanzó contra ellos fuego que los quemó, y murieron inmediatamente (Lv. 10:1–2). Cuando Uza trató de sujetar el arca de Dios que había sido puesta en una carreta en vez de ser trasladada por los sacerdotes, y extendió la mano hacia ella, Dios lo castigó de manera que murió allí mismo, al lado del arca (2 S. 6:7). El veredicto de Dios en contra de Ananías (y Safira) también resultó en una ejecución sumaria. En cada ejemplo, la pena capital aplicada por decisión divina transmite en una verdad fundamental: el pueblo de Dios debe saber que existe para servirle a él y no a la inversa.

   Fue Dios, no Moisés, quien mató a los hijos de Aarón (Lv. 10:2) y fue Dios, no David, quien ejecutó a Uza (2 S. 6:7). Por lo tanto, Dios usa a Pedro como su vocero, pero es Dios mismo quien ejecuta la pena de muerte contra Ananías. En el caso de Safira, Pedro dicta el veredicto que Dios ejecuta (v. 9). El énfasis en el relato de la muerte de Ananías no cae en ciertos factores físicos y sicológicos que resultan en un ataque de corazón, sino en la ejecución del veredicto de Dios (c.f. Is. 11:4).

   b. “Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron”. Dios quiere que su iglesia se mantenga pura y sin mancha. El quita la culpa por el pecado de Ananías quitándoles a él y a su esposa de en medio de la comunidad de los cristianos primitivos. Si Dios hubiera dejado este pecado sin su castigo, la iglesia no habría tenido defensa contra la acusación de que Dios toleraba un engaño contra él y contra su pueblo. Ahora, en el comienzo de su ministerio, la iglesia está libre de tal cargo.

  Con frecuencia Lucas describe el miedo y el pavor del pueblo (2:43; 5:11; 19:17). Los creyentes que vieron la muerte de Ananías fue llena de temor, y otros que oyeron la noticia por boca de estos testigos fueron también presa de un santo pavor. Todos entendieron aquella verdad de que “la venganza de Dios es terrible contra los engañadores”.

   c. “Y levantándose los jóvenes”. La Escritura no nos dice que los jóvenes hayan tenido un oficio especial o que la tarea de sepultación haya estado confiada a ellos. En la primera epístola de Pedro encontramos otro pasaje que usa la expresión jóvenes. Allí Pedro exhorta a los jóvenes a “estar sujetos a los ancianos” (1 P. 5:5; y 1 Ti. 5:1; Tit. 2:1–6).

   Las costumbres y prácticas de aquellos tiempos difieren de lo que es convencional en el día de hoy (en climas fríos). Debido al calor en Israel, las sepultaciones tenían lugar el mismo día que la persona moría. Especialmente cuando un cuerpo estaba bajo juicio divino, era sepultado de inmediato (c.f. Lv. 10:4

; Dt. 21:23; Mt. 27:57–59; Jn. 19:31; Gá. 3:13)). Es más, el cadáver de alguien condenado por Dios profanaba el santuario donde se reunían los creyentes. Los apóstoles pidieron a los jóvenes sacar de allí el cuerpo y prepararlo para ser sepultado. Los jóvenes envolvieron el cuerpo de Ananías y lo sepultaron, probablemente en una tumba labrada en la roca en las afueras de Jerusalén. Es probable que cubrieran la tumba con una piedra.

Consideraciones doctrinales en 5:1–6

   Dos asuntos en el relato sobre la muerte de Ananías exigen un análisis. Primero, ¿por qué no se le dio a Ananías la oportunidad de arrepentirse? Recuérdese que cuando Pedro confrontó a Simón el mago, quien les ofreció dinero para comprar el poder del Espíritu Santo, él le mandó a que se arrepintiera (8:22; también 2:38). Nos atrevemos a pensar que quizás Ananías era un judío que conocía las Escrituras desde su infancia y más tarde en su vida llegó a conocer la verdad cuando fue bautizado en el nombre de Jesús. Por contraste, Simón vivía en completa oscuridad espiritual al ser un practicante de la hechicería. Él fue bautizado porque creyó (8:13) aun cuando su fe no era genuina. Cuando quiso comprar el poder del Espíritu, Pedro lo reprendió y lo llamó a que se arrepintiera para ser librado de las garras de Satanás.

   Tanto Ananías como Safira mintieron al Espíritu Santo (vv. 3–4) y se pusieron de acuerdo para tentar al Espíritu de Dios (v. 9). Aunque no blasfemaron contra el Espíritu, ellos deliberadamente tentaron al Espíritu Santo. Y como los israelitas que tentaron a Dios perecieron en el desierto, así Ananías y su mujer sufrieron las mismas consecuencias. El autor de la Epístola a los Hebreos comentando sobre la muerte de un blasfemo, pregunta: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (10:29). Y concluye diciendo que “horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (v. 31). Ananías y Safira insultaron al Espíritu Santo, y lo tentaron. Como consecuencia de ello, perecieron.

   Tomemos una simple ilustración del diario vivir como paralelo de la disciplina aplicada por Dios a Ananías y Safira. Cuando un padre enfrenta la tarea de disciplinar a uno de sus hijos que se ha portado mal, los otros niños de la familia que observan la acción disciplinaria guardan silencio. Saben que la disciplina es necesaria y justificada. También saben que hay tiempo para hablar y tiempo para callar. Cuando la disciplina está siendo aplicada, es tiempo de enmudecer.

   Consideremos un segundo asunto. ¿Por qué los apóstoles no notificaron a Safira de la muerte y sepultación de Ananías? No tenemos la respuesta exacta a esta pregunta, porque el relato no nos da toda la información al respecto. Sin embargo, podemos entender que cuando la congregación se dio cuenta que Dios había castigado a Ananías con una muerte repentina, ellos sabían que el cuerpo de la persona maldecida por Dios tenía que ser sacado y sepultado ese mismo día. (Dt. 21:23). En el caso de los hijos de Aarón, Nadab y Abiú, que murieron en el altar, Moisés ordenó a sus primos que sacaran los cuerpos, “aun con sus túnicas” y los sepultaran (Lv. 10:5). A Aarón y a sus hijos Eleazar e Itamar no se les permitió hacer duelo por los muertos. Además, debe recordarse que cualquiera que tocara un cadáver era considerado inmundo por siete días (Nm. 19:11).

   Los jóvenes retiraron el cuerpo de Ananías del lugar para eliminar el peligro de contaminación. Sabiendo que el juicio de Dios había caído, no hicieron ningún intento de duelo ni notificaron a sus parientes cercanos. Al sepultar a Ananías lo más pronto posible, libraron al lugar de la maldición que había caído sobre Ananías.

b. Safira: 5:7–11

versíc. 7. Pasando un lapso como de tres horas, entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. 8.

Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿en este precio vendieron tú y Ananías el terreno? Y ella dijo: Sí, lo es.

  El relato que hace Lucas es, en realidad, muy esquemático; sin embargo, provee suficientes detalles como para seguir la secuencia sin mayor dificultad. Safira se pone inquieta por la ausencia de su marido. No se sabe cuán lejos estaba su casa del lugar donde se reunían los apóstoles. La cosa es que tres horas después, ella se aparece ante los apóstoles. Nadie le ha dicho nada sobre el trágico fin de su marido; ella misma, cegada por el pecado, no se aparta del camino de engaño que junto con aquél decidieron andar.

  Cuando se dirige a Pedro, aparentemente para preguntarle dónde estaba Ananías, el apóstol le pide que le conteste una pregunta. “Dime”, le dice, y menciona una cifra, “¿este es el monto que tú y Ananías recibieron por la tierra que vendieron?” Quizás la bolsa con el dinero que su marido había llevado estaba ahí, sobre la mesa, y Pedro apuntaba a ella. Ya Safira se había dado cuenta de la ausencia de su marido. Aun así, es difícil creer que tanto este hecho como la pregunta de Pedro le hayan hecho reflexionar en el pecado que ellos habían cometido. Su ceguera espiritual le hizo mantenerse en su actitud pecadora. Por eso afirma que esa es, precisamente, la suma que ella y su marido recibieron por la venta de la propiedad. Con esa respuesta, ella está demostrando no sólo persistencia en el pecado sino ninguna actitud de admitir su culpa. Con su respuesta, sella su propia condenación.

   Versíc. 9. Entonces Pedro le dijo: ¿Por qué convinieron los dos en tentar al Espíritu del Señor? ¡Mira! A la puerta están los pies de los que sepultaron a tu marido, y te sacarán también a ti.

   Qué experiencia más triste, especialmente para Pedro, quien se da cuenta que marido y mujer se han puesto de acuerdo para perpetrar una mentira. Le hace una pregunta a Safira, aunque no espera una respuesta. Su pregunta es, en verdad, equivalente a una afirmación definitiva. Nótese que la pregunta apunta al corazón del pecado cometido: “¿Por qué conviniste en tentar al Espíritu del Señor?”

   Dios dio a su pueblo el mandamiento: “No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentaste en Masah” (Dt. 6:16). El clásico ejemplo de tentación al Espíritu del Señor es aquel de los israelitas en el desierto de Masah y Meriba. Diez veces tentaron a Dios por lo que se hicieron acreedores a la pena de muerte, la que les fue aplicada mientras aún permanecían en el desierto (por ejemplo, Nm. 14:21–23; Sal. 95:7–11; He. 3:16–19). Cuando fue tentado por Satanás, quien le dijo que saltara desde lo alto del templo, Jesús también recurrió al mandamiento de no tentar a Jehová Dios (Mt. 4:7).

   Sabemos que Lucas presenta una síntesis de los comentarios de Pedro. Escuchando al apóstol, es probable que Safira haya sospechado que su marido había muerto y que su cuerpo había sido retirado para su sepultación. Pedro le dice, usando una descriptiva figura hebraica, que los pies de los jóvenes que sepultaron a Ananías están ahí, a la puerta. El término pies es un modismo en el cual parte del cuerpo representa a toda la persona. Así, los hombres que han servido de cortejo mortuorio para su marido han regresado. Pedro completa la frase, diciendo: “Y ellos te llevarán también a ti”. ¿Es Pedro el ejecutor de Safira? Claro que no. Pedro pronuncia el veredicto y Dios ejecuta el castigo. El caso de Safira difiere del de su marido en que en el caso de Ananías, Pedro no pronuncia juicio. Nótese, sin embargo, que informa a Safira que aquellos hombres la llevarán a sepultar. Deja a Dios la ejecución de la pena de muerte.

   Versíc. 10. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró. Cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta, y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.

   En la primera parte de este versículo, Lucas enfatiza la inminencia de la muerte de Safira. Le informa de la tarea de los jóvenes y ella cae muerta a sus pies. De veras que Isaías profetiza acerca del Mesías y lo proyecta en toda su terrible magnificencia: “con el espíritu de sus labios matará al impío” (11:4).

   Los jóvenes tienen que repetir lo que ya habían hecho hacía sólo unas horas: sacan a Safira y la sepultan junto a su marido. De nuevo, Lucas no menciona nada acerca de honras fúnebres o notificación a los parientes. La consecuencia de esto es que los creyentes vieron el juicio de Dios cayendo sobre los impíos. Y porque se dan cuenta que fue la obra de Dios para disciplinar, guardaron silencio. El efecto positivo de todo es que Dios quiere una iglesia que se conserve como un bastión de verdad e integridad y en la cual la mentira y la hipocresía no tengan lugar.

   Versíc. 11. Vino gran temor sobre toda la iglesia, y todos los que oyeron estas cosas.

   Hagamos las siguientes observaciones:

   a. Temor. Una vez más, Lucas usa la expresión gran temor (v. 5), lo cual claramente se refiere a un estado de miedo. La intervención divina para detener el engaño en la iglesia primitiva golpea fuerte en los corazones de cada miembro de ella. Todos los que oyeron de la muerte de Ananías y Safira seguramente tomaron nota del juicio de Dios. Los creyentes deben saber que Dios no condena la riqueza ni a la gente que posee riquezas. Dios castiga a aquellos que engañosamente tratan de tentarle al pretender ser generosos cuando en realidad están defraudando a Dios.

   b. Iglesia. Esta es la primera vez en Hechos que Lucas emplea el término iglesia. Significativamente, la palabra aparece sólo en dos pasajes en los cuatro Evangelios (Mt. 16:18; 18:17). Antes e inmediatamente después de Pentecostés, él usa frases descriptivas para referirse al concepto iglesia: los hermanos (1:15), los que habían creído (2:44; 4:32), su número (2:41, 47; 4:4; 5:14) y “los suyos” (4:23). En los primeros tiempos de la iglesia cristiana, los creyentes corrientemente llamaban a su lugar de reunión “la sinagoga” (véase el texto griego de Stg. 2:2). Sólo en años posteriores, cuando la división entre judíos y cristianos llegó a ser permanente, los judíos fueron exclusivamente a la sinagoga y los cristianos a la iglesia. Posteriormente, la expresión iglesiacomunicó el sentido que tanto cristianos como judíos eran el verdadero pueblo de Dios.314 Lucas escribe que toda la iglesia fue presa de miedo. Por el griego entendemos que el adjetivo toda abarca a todos los creyentes que pertenecen a la iglesia universal que está en Jerusalén, Judea y dondequiera.

   c. La noticia. De boca en boca, la noticia relacionada con la muerte de Ananías y Safira se difunde por todas partes, llevando el mensaje que Dios no tolera el engaño ni la falsedad en la iglesia. La noticia, por lo tanto, incluye una advertencia a todos los que estuvieran pensando infiltrarse en la asamblea de los creyentes con el fin de engañar. El repentino juicio de Dios sirvió como disuasivo y guardó a la iglesia como un refugio de verdad e integridad.

   Pensamiento: 5.1–11 Ananías y Safira fueron juzgados por su hipocresía y por mentir a Dios, no por haber decidido retener parte de su propiedad personal para sí mismos (v. 4). La severidad del castigo para una ofensa tan pequeña puede parecer intolerante y poco misericordiosa (véase Lc 9.54, 55), pero era necesario establecer la autoridad apostólica en la iglesia primitiva y salvaguardar su pureza. Una respuesta sensata es que Satanás tiene el poder de distorsionar el pensamiento de los cristianos (v. 3), lo cual confirma que no podemos darle oportunidad alguna (Ef 4.27). La mejor defensa del creyente contra el autoengaño es asumir mutua responsabilidad unos con otros (especialmente en la congregación local, Ef 5.21). Además, es necesaria la constante renovación de la mente a través de la Palabra, y la sostenida «plenitud» del Espíritu Santo (véase Ro 12.1, 2; 2 Co 10.4, 5; Ef 5.17–20).

   Referencias: Efesios 5:17 al 21. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Someteos unos a otros en el temor de Dios.

Hebreos 5:12-14. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. (para no ser engañado)

4° Titulo:

Ejemplo De Samuel Que A Todo Cristiano Conviene Imitar. 1ª de Samuel 3:8 al 10. Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven. Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye. 

   Comentario: El llamamiento que se hace según el propósito de la gracia divina es eficaz; será repetido hasta que así sea, hasta que respondamos al llamado. Al darse cuenta que era la voz de Dios lo que Samuel había oído, Elí le instruye acerca de lo que debía decir. Aunque era una desgracia para Elí, porque el llamado de Dios iba dirigido a Samuel, le enseñó a contestar. De esa manera, el anciano debe hacer lo mejor y lo más que pueda para ayudar y mejorar a los más jóvenes que van surgiendo. No dejemos nunca de enseñar a los que vienen detrás de nosotros, aunque ellos pronto sean preferidos en nuestro lugar, (Juan 3:30. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.). Las buenas palabras deben ser puestas oportunamente en la boca de los niños, para que estén preparados para aprender cosas divinas y ser educados para tenerlas en consideración.

   El medio empleado, 3:1–10. No sabemos exactamente cuántos años habrá tenido Samuel cuando Dios le llamó. Josefo, el historiador judío (37–100 d. de J.C.), comenta en su quinto libro de Antigüedades que Samuel tenía 12 años. Pero lo dice sin dar explicación alguna. Posiblemente los judíos lo aceptaban como algo de conocimiento común. La palabra traducida joven 5288 es lit. “creciendo”. Se usa de manera muy amplia refiriéndose al muy joven como también al joven de 20 años. Se usa en 17:58 refiriéndose a David delante del rey Saúl. Se usa también en el Salmo 119:9. Nos da la impresión de que Samuel ya no era un niño pequeño.

   Samuel servía, atendía y cumplía quehaceres en el santuario. El verbo servía nos hace entender que ya se acostumbraba a su acolitazgo. Pero a pesar de toda la liturgia que se practicaba, Dios no hablaba. Escaseaba es una palabra que nos da la idea de algo sumamente caro o de gran precio. Algo muy apreciado generalmente escasea porque todos lo buscan. La palabra visiones por lo general se refiere a la profecía, aunque el verbo quiere decir contemplar, mirar fijamente o clavar la vista. Ni los profetas recibían revelaciones de Dios. Este no se revelaba y el motivo es obvio. Los líderes de la vida espiritual de Israel no tomaban en serio la obediencia. Y cuando hay desobediencia, Dios no se revela (ver 28:6). El hambre de las palabras de Dios (Amós 8:11) es una consecuencia de haberla despreciado obstinadamente. Dios vio en Samuel, sin embargo, un instrumento limpio que podía usar. El muchacho dormía dentro del santuario (lo que sería cosa desconocida hasta aquí).

   Evidentemente Elí tenía un cuarto al lado del santuario. En la madrugada Dios le habló a Samuel. La lámpara de Dios sería ese candelero de oro con sus siete brazos que iluminaban el santuario toda la noche (Exo. 27:21). Siempre ha sido un símbolo común de Dios entre su pueblo y se conoce hoy como menorah entre los israelitas. Típicamente nos habla de Jesucristo, la luz del mundo (Juan 8:12).

   Carlos Wilson, del Fondo para la Exploración de Palestina, ubicó el tabernáculo hace más de cien años en el sitio de Seilun, una aldea árabe donde antiguamente estaba Silo. Al norte del pueblo se encuentra un terreno nivelado sobre piedra pura, suficientemente grande como para acomodar el tabernáculo y sus atrios. Asher Kaufman, un físico y arqueólogo israelí en Jerusalén, está de acuerdo que esta sería la ubicación original. Para llegar al sitio obligadamente tiene que pasar por el lugar donde estaba el pueblo de Silo porque hay declives escarpados al norte, oeste y al este. El lugar se hubiera podido defender fácilmente. Evidentemente el tabernáculo fue ubicado en dirección este-oeste, ocupando un espacio rectangular aprox. de 43 m. de largo por 21 m. de ancho. En 1:24 se hace referencia al tabernáculo como la casa de Jehovah en Silo sugiriendo que ya había tomado una forma más permanente. De hecho, la Mishnah, escrita 200 años d. de J.C., dice que el tabernáculo no tenía techo pero que era una casa de material en su fundamento y techada de las cortinas arriba Esto sugiere entonces que fue una estructura semipermanente en la época de Samuel. Y si Kaufman tiene razón, el tabernáculo ocupaba un sitio separado, pero cerca, del pueblo de Silo.

   Dios llama tres veces a Samuel sin que el muchacho reconozca su voz. El v. 7 aclara que todavía Samuel no conocía (personalmente) a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido aún revelada. Esa palabra se trata en este caso de juicio como en Romanos 1:17 donde se usa la misma expresión que emplea aquí la versión griega LXX. Pero en Romanos se revela algo más, y es el evangelio que nos libra de nuestros pecados. Samuel responde tres veces: Heme aquí(lit. “aquí yo”). Solamente cuando Elí le enseña, él responde: Habla, que tu siervo escucha(v. 10). Dios entonces le da el mensaje. Samuel no había recibido este mensaje antes porque él estaba atento al hombre. Ahora está atento a Dios. El versículo justo en medio de la Biblia es el Salmo 118:8 que dice: Mejor es refugiarse en Jehová que confiar en el hombre. Este versículo debe estar también en el centro de nuestra experiencia. Como Samuel fue inspirado por Dios para recibir y relatar esta revelación divina, nosotros seremos iluminados para entender las cosas divinas confiando y dependiendo del Espíritu de Dios (1 Cor. 2:12).

    Semillero: El llamado divino a Samuel: Cap. 3: Introducción:

    Muy temprano Samuel fue dejado en la casa de Dios por su madre Ana al cuidado de Elí, sacerdote y juez en cumplimiento a su promesa.

    Se supone que Samuel tendría unos 12 años cuando escucha por primera vez una voz no claramente identificable. Sensible a la misma, se muestra receptivo hasta que el mismo Elí se convierte en intérprete de esa voz, aclarando que es Dios mismo el que llama (v. 8).

    La insistencia de Dios al formalizar el llamado a su servicio es una forma clara de dar oportunidad a quien él escoge para una tarea definida y asegurar su interés por esa persona.

¿Cómo respondió Samuel al llamado divino?

   Respondió prestamente: Heme aquí, v. 4.

   Podría haber buscado una excusa, aun legítima: cansancio, sueño, frío, o aun miedo a esa hora de la noche. Nada lo detuvo. Corrió a dar la nueva a Elí y se puso a su disposición.

   Estaba ansioso por servir. Ante el llamado guardó invariablemente la misma conducta. ¡Presto!

   La lección aquí es que no hay que confundir el llamado de los hombres con el de Dios.

   Respondió obedientemente. Habla que tu siervo oye, v. 10.

   Dispuesto a hacer la voluntad de Dios. Pablo: No fui rebelde…

   La respuesta al llamado debe ser incondicional, o no es respuesta. Te seguiré, Señor, pero… (Luc. 9:57–62).

. Respondió reverentemente. Samuel… no dejaba sin cumplir ninguna de sus palabras, v. 19.

   Prestó atención reverencial al mensaje recibido.

Siguió el ejemplo de su madre en cuanto a promesa y cumplimiento en su vocación de servicio.

   Tomó en serio el llamado divino: No dejó caer en tierra…

   Conclusión: Samuel es uno de los hombres más irreprochables de la Biblia. Tenemos un Dios que sigue llamando y aún lo hace por nuestro nombre, como lo hizo con Samuel.

   Pensamiento: Advierta ejemplo de Samuel: en primer lugar, era Joven; dos había sido entregado para el servicio de Dios; tercero vivía dentro del templo; cuarto no era hijo de levitas, pero Dios lo llamo al sacerdocio. Que debemos imitar de Samuel, un joven dócil que se dejo enseñar por el sacerdote. Porque fue enseñado a “oír” la voz de dios, y fuera sumiso a la voz de dios, y lo más grande que no fue vanaglorioso por el privilegio que tuvo que Dios hubiera hablado con, y más tarde a través de él. Porque fue un profeta de mucho prestigio dentro de Israel.

   Referencia: Lucas 9:57-62. Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

1ª de Corintios 2:12. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.

Salmo 118:8-9. Mejor es confiar en Jehová. Que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová. Que confiar en príncipes.

1ª de Samuel 25:1. Murió Samuel, y se juntó todo Israel, y lo lloraron, y lo sepultaron en su casa en Ramá. Y se levantó David y se fue al desierto de Parán. 

1ª DE Samuel 3:19-21. Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.

Amén, para la gloria de Dios

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(Bibliografía a usar como aporte: Comentario Bíblico Mundo Hispano. Bíblia de referencia Thompson. Libro de Comentario de toda la Biblia, de Matthew Henry. Comentario Al Nuevo Testamento Por Simon J. Kistemaker. Expositor de IEP Temas Bíblicos clase de Dorcas 2019; Bíblia de Bosquejos y Sermones Génesis Cap. 3.)


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.