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Lunes 27 De Agosto De 2018 “Dios Hablando En Todos Los Tiempos y Diferentes Maneras”

Lunes 27 De Agosto De 2018 “Dios Hablando En Todos Los Tiempos y Diferentes Maneras”

Lectura Bíblica: Hebreos Cap. 1, versiculos 1 al 4. Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.

Comentario:

Versic.1. En el pasado Dios habló a nuestros antepasados por medio de los profetas en muchas ocasiones y de diversas maneras.

En tonos sonoros y en un marco casi musical, el escritor comienza su epístola con una oración introductoria que es elegante en estilo, dicción y selección de palabras. Algunos traductores han tratado de transmitir la dignidad y aliteración del original, pero la mayoría de ellos ha sido incapaz de capturar la entonación exacta de la oración inicial de Hebreos.

Dios habló a los antepasados en los tiempos que precedieron al nacimiento de Jesús y les comunicó su revelación. Dios es el que origina la revelación. El es la fuente, la base y el sujeto de ella. En la era veterotestamentaria Dios usó a los profetas para dar a conocer su Palabra al pueblo. Pero él no estaba limitado a hablar por medio de los profetas; el primer versículo declara que Dios hizo llegar su revelación a su pueblo en muchas ocasiones y de diversas maneras. Las palabras ocasiones y maneras tienen un lugar prominente en el original griego: están situadas en primer lugar en la oración. Entre los antepasados que recibieron la revelación de Dios estaban Adán, Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, José y Moisés. Dios habló con Adán “al fresco del día” (Gn. 3:8) con Abraham en visiones y visitas—tanto así que Abraham llegó a ser llamado amigo de Dios (Stg. 2:23); con Jacob en un sueño; con Moisés “cara a cara” (Ex. 33:11) como un hombre habla con un amigo.

Por medio de los profetas, desde Moisés hasta Malaquías, la revelación de Dios fue registrada en forma escrita como historia, salmo, proverbio y profecía. Los profetas fueron todos aquellos santos llamados por Dios y llenos con su Espíritu para poder hablar la Palabra de modo que constituyese una revelación progresiva que anunciase la venida de Cristo. En su primera epístola, Pedro se refiere a ellos:

Los profetas, que hablaron de la gracia que había de llegar hasta vosotros, investigaron asiduamente y con el mayor cuidado, tratando de avizorar el tiempo y las circunstancias a los cuales el Espíritu de Cristo que estaba en ellos les apuntaba, cuando él predijo los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían. Se les reveló que no se servían a sí mismos sino a vosotros cuando hablaban de las cosas que ahora os han sido dichas por aquellos que os han predicado el evangelio por medio del Espíritu Santo enviado desde el cielo. [1:10–12]

El profeta no traía su propio mensaje, su propia formulación de la verdad religiosa. Inspirado por el Espíritu Santo, habló la Palabra de Dios, que no tuvo su origen en la voluntad humana (2 P. 1:21) sino que vino de Dios (Heb. 3:7).

Versic. 2a. Pero en estos últimos días nos ha hablado por medio de su Hijo.

Aunque el contraste entre los tiempos anteriores a la venida de Cristo y la aparición de Cristo como consumación de la revelación de Dios es notable en los vv. 1 y 2, la continuidad de esta revelación también es significativa. Ambas partes de la revelación de Dios conforman una unidad debido a que no hay más que un Autor. No hay más que un Dios que revela, ni hay más que una revelación. La Palabra hablada por Dios a los antepasados en el pasado no difiere básicamente de la Palabra que nos es hablada por su Hijo.

Con todo, el contraste que existe entre el primer versículo y el segundo es obvio de muchas maneras. Podemos demostrar este contraste gráficamente.

El esquema parece estar incompleto: el “cómo” del lado del Antiguo Testamento no tiene su contrapartida en el Nuevo. La frase “en muchas ocasiones y de diversas maneras” carece de paralelo. El escritor está señalando que la plenitud de la revelación es única, final y completa. Esto no implica que la revelación fragmentaria dada por medio de los profetas fuera inferior ni que la revelación aportada por el Hijo fuese sin variantes. De ningún modo. La multifacética revelación de Dios que le llegó repetidamente a los antepasados en los tiempos previos al nacimiento de Cristo era inspirada por Dios. Era una revelación progresiva que apuntaba constantemente hacia la venida del Mesías. Y cuando Jesucristo finalmente llegó, trajo la mismísima Palabra de Dios puesto que él es la Palabra de Dios. Por consiguiente, Jesús trajo la Palabra de Dios en toda su plenitud, riqueza y multiplicidad. El fue la revelación final. Tal como dice con toda precisión F. F. Bruce: “La historia de la revelación divina es una historia de progreso hasta llegar a Cristo, pero no hay progreso más allá de él”

Jesús mismo no escribió ni un sólo versículo del Nuevo Testamento; fueron hombres designados por él y llenos del Espíritu quienes escribieron la revelación de Dios. Jesús, la Palabra viva, nos habla porque nadie aparte de él posee una autoridad igual; “porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12). Por medio de su Hijo, Dios se dirige a todos los creyentes. En estos últimos días Dios nos ha hablado por su Hijo. La frase en estos últimos días es puesta frente a la frase en el pasado, y se refiere a la era en que el cumplimiento de las profecías mesiánicas ha tomado lugar. Esta era espera la liberación “de su servidumbre a la decadencia” para ser “llevada a la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Ro. 8:21).

En los primeros dos versículos de Hebreos hay un contraste entre los profetas, que eran un determinado grupo de personas escogidas y constituidas por Dios para transmitir su revelación, y el Hijo de Dios, que sobrepasa a todos los profetas puesto que es el Hijo. De hecho, todo el énfasis del v. 2 recae sobre la palabra Hijo. Si hablamos en términos estrictos, sólo hay un Hijo de Dios; todos los demás son hijos creados (ángeles) e hijos adoptados (creyentes). Como Dios ha hablado por medio de su Hijo, así el Hijo ha hablado por medio de los apóstoles que, inspirados por el Espíritu Santo, escribieron los libros del Nuevo Testamento. La nueva revelación que Dios nos ha dado en su Hijo es continuación de la revelación dada a los antepasados. La revelación de Dios, completada en su Hijo, es una unidad, una totalidad armónica en la cual lo Antiguo es consumado en lo Nuevo.

Versic. 2b. A quién constituyó heredero de todas las cosas, y por medio de quién hizo el universo.

Para expresar la excelencia del Hijo de Dios, el escritor de Hebreos describe lo que Dios ha hecho.

Dios constituyó a su Hijo heredero de todas las cosas. Un heredero hereda por derecho propio todo lo que el padre haya estipulado en su voluntad. Por ser el único Hijo Jesús hereda todo lo que el Padre posee. ¡Incomprensible! ¡Inescrutable!

No es posible determinar en qué tiempo Dios constituyó a su Hijo como heredero. El Hijo puede haber sido designado heredero en el plan eterno de Dios. O Jesús puede haber sido constituido heredero cuando, al llegar la plenitud del tiempo, entró al mundo; o cuando pronunció la Gran Comisión: “Toda autoridad me ha sido dada en los cielos y en la tierra” (Mt. 28:18).

El escritor de Hebreos aclara inmediatamente el término todas las cosas al decir que Dios hizo el universo por medio de su Hijo. La frase obviamente se refiere al relato de la creación que se encuentra en los primeros capítulos de Génesis. Mucha gente piensa que el Nuevo Testamento, que habla de la redención, no tiene nada que decir sobre la creación. Sin embargo, el Nuevo Testamento no guarda un silencio total en cuanto a este tema; tanto Pablo como el escritor de la epístola a los hebreos enseñan que Jesús actuó en la obra de la creación. En su consideración de la supremacía de Cristo, Pablo enseña: “Porque por él fueron todas las cosas creadas …; todas las cosas fueron creadas por él y para él” (Col. 1:16). Y Juan confirma en su Evangelio la misma verdad: “Por él todas las cosas fueron hechas; sin él nada fue hecho de lo que fuera hecho” (1:3).11

Por su Hijo, Dios hizo el universo. Es imposible para el hombre llegar a entender el sentido total de esta afirmación, pero la comprensión completa no es la meta en este momento. No obstante, es importante reconocer la majestad del Hijo de Dios, que estuvo presente en la creación y que es el Señor soberano de todas las cosas creadas. El es Dios.

La palabra universo denota primeramente al cosmos, el mundo creado en toda su plenitud, y en segundo lugar todas las estrellas y planetas que Dios ha creado. Pero el significado es mucho más amplio, ya que involucra todos los eventos que han sucedido desde la creación de este mundo. Tiene que ver con la tierra y su historia a lo largo de las edades. Esta palabra ha sido interpretada como “la suma de los ‘períodos de tiempo’, incluyendo todo lo que ha sido manifestado en ellos y por ellos”.12 Se refiere no al mundo como totalidad,  sino a todo el orden creado que ha continuado desarrollándose en el transcurso del tiempo.

Versic.3. El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios y la representación exacta de su ser, y él sostiene todas las cosas por su poderosa palabra. Después de haber provisto la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en el cielo.

  1. “El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios”. La palabra resplandor debe ser preferida a variantesde la palabra reflejo, que muchos traductores usan.13 La luna recibe su luz del sol y simplemente reflejaestos rayos de luz a la tierra. La luna, de por sí misma, no posee luz ni la emana, puesto que no produce luz. El sol como cuerpo celeste irradia su luz en toda su brillo y poder hacia la tierra. Usando esto como comparación, podemos ver a Cristo como la luz radiante que viene del padre, así como la luz del sol dimana del sol.

Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo” (Jn. 8:12); él es luz, y en él no hay oscuridad. El irradia la luz de la gloria de Dios, de su perfección y majestad. Philip Edgecumbe Hughes observa que el resplandor de Jesús “no es tanto … la gloria de la deidad de Dios brillando a través de su humanidad, como … la gloria de Dios manifestada en la perfección de su humanidad, que estaba en completa consonancia con la voluntad del Padre”.

El resplandor de Jesús proviene del Padre, aunque él sea en sí mismo la luz. El Hijo hace que el resplandor del Padre brille. Es eso lo que Juan escribe en el prólogo a su Evangelio: “Vimos su gloria, gloria como del Único que vino del Padre, lleno de gracia y verdad” (1:4). El resplandor del Hijo es, por consiguiente, una extensión de la gloria de Dios.

  1. “Y la representación exacta de su ser”. El Hijo es la perfecta representación del ser de Dios. Enotras palabras, Dios mismo estampó en su Hijo la impronta divina de su ser. La palabra que se traduce“representación exacta” se refiere a monedas acuñadas que portan la imagen de un soberano o presidente. Se refiere a una precisa reproducción del original. El Hijo es, entonces, en su ser, completamente lo mismo que el Padre.16 No obstante, aunque una impronta es igual al sello que deja la impresión, ambos existen separadamente. El Hijo, que lleva “la impronta misma” (RSV) de la naturaleza de Dios, no es el Padre, sino que procede del Padre y tiene una existencia separada. Con todo, el que ha visto al Hijo ha visto al Padre, tal como Jesús le explicó a Felipe (Jn. 14:9).

La palabra ser es en realidad un término paralelo al de gloria, ya que ambos describen la esencia de Dios.17 Aunque existe separadamente, el Hijo, por ser la representación exacta del ser del Padre, es una copia perfecta de la naturaleza de Dios. El Hijo es el mediador que posee la gloria de Dios por naturaleza, aun antes de asumir su papel de mediador. El Hijo lleva la imprenta exacta del ser del Padre desde la eternidad.

  1. “Y él sostiene todas las cosas por su poderosa palabra”. El Hijo no sólo es el Creador del universo(1:2); él es quien también sostiene todas las cosas (1:3). Los dos pasajes se complementan mutuamente yrevelan el poder divino del Hijo. El habla, y por su palabra todas las cosas son sostenidas, preservadas y mantenidas en existencia.

En el original, esta parte del versículo está estrechamente relacionada a la parte anterior por medio de la partícula y, que lamentablemente muchos traductores omiten. La misma vincula directamente la frase participial con el verbo es de la primera parte de la oración.

La primera parte del versículo pone en relieve la persona de Cristo; la segunda, la obra de Cristo. De una consideración respecto al ser del Hijo, el escritor pasa a una explicación de la actividad del Hijo, que involucra el cuidado de todas las cosas. De hecho, la palabra que se ha traducido como “sostiene” significa básicamente “llevar”. La palabra en sí misma significa un movimiento hacia adelante, aunque no en el sentido de un Atlas cuyo movimiento es tortuosamente lento debido a que el peso del globo casi lo aplasta.

El Hijo lleva “todas las cosas”para hacerlas llegar a su destino final. Y lo hace por una simple declaración (“por su poderosa palabra”). Cristo, el que gobierna el universo, pronuncia una palabra, y todas las cosas escuchan en obediencia a su voz. Ningún otro movimiento es necesario, ya que la palabra hablada es suficiente.

  1. “Después de haber provisto la purificación de los pecados se sentó a la diestra de la Majestad enel cielo”. Esta oración indica una secuencia en los hechos redentores de Cristo.El cumplió su obra mediadora consumando y cediendo su vida terrenal como sacrificio en la cruz por la remoción de pecados. En una frase muy concisa se resume la obra sumosacerdotal de Cristo: “provisto la purificación de los pecados”. Según la ley mosaica el sumo sacerdote tenía que efectuar la expiación en el Día de la Expiación para limpiar al pueblo de Israel de todos sus pecados (Lv. 16:29–34). El sumo sacerdote aarónico era también un pecador [p 44] y por consiguiente efectuaba su tarea imperfectamente, en tanto que Cristo, que era el único sin pecado y el verdadero Sumo Sacerdote completó la tarea de purificación perfectamente. El sumo sacerdote necesitaba, en el Antiguo Testamento, sacrificios animales, primeramente para limpiarse a sí mismo y luego para quitar el pecado del pueblo. Cristo fue simultáneamente Sumo Sacerdote y sacrificio cuando se ofreció por la purificación de los pecados de su pueblo. El Hijo se ofreció de una vez por todas en la cruz para expiar nuestros pecados. Se usa el plural para referirse al concepto de pecado (véase. Ef. 1:7; Col. 1:14; 2 P. 1:9).

Una vez cumplida su obra mediadora, el Hijo ascendió al cielo y tomó el lugar de honor que le correspondía junto a Dios Padre. Haciendo uso de un típico estilo hebreo, quizá para evitar ofender a alguno de sus lectores judíos, el escritor se refiere a Dios como la Majestad en el cielo. Por supuesto, en otros lugares de la epístola él usa libremente el nombre de Dios.

  1. “Se sentó a la diestra de la Majestad en el cielo” (cf. Ro. 8:34; Ef. 1:2; Co. 3:1). Las expresiones sesentó y a la diestra no deben ser tomadas literalmente, sino más bien simbólicamente. La idea de sentarsea la derecha de alguien significa un privilegio concedido a una persona a la que se quiere honrar en gran manera. En este caso significa que el Hijo tiene ahora autoridad para gobernar su reino que abarca toda la tierra, y que es entronizado por sobre todos los poderes espirituales “en los lugares celestiales”. El reino le pertenece y Dios le ha dado “el nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla, en los cielos y en la tierra y bajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:9–11).

Versic. 4. Así llegó a ser tanto más superior a los ángeles como es el nombre que ha heredado superior al de ellos.

El escritor de Hebreos ha descrito al Hijo como

  1. el Profeta por medio de quien Dios ha hablado
  2. el Creador que hizo el universo
  3. el Heredero de todas las cosas
  4. la Representación del ser de Dios
  5. el Sustentador de todas las cosas
  6. el Sacerdote que proveyó purificación de los pecados
  7. el Rey que se sentó en su lugar de honor.

Ahora el escritor compara al Hijo con los ángeles, esos seres creados que constantemente rodean el trono de Dios. Ellos son, entre todas las criaturas, las más cercanas a Dios; sirven como mensajeros suyos; se les designa para que estén ocupados en la obra de proveerle al hombre la revelación de Dios y en la tarea de redimir al hombre caído (Hch. 7:38, 53; Gá. 3:19; Heb. 2:2). En muchos aspectos los ángeles están por encima del hombre, que fuera coronado de gloria y honor como Rey en la creación de Dios (Sal. 8:5).

Aun si los ángeles están en algún sentido por sobre el hombre, no son de ninguna manera superiores al Hijo, puesto que “él ha heredado un nombre que es superior al de ellos. Hasta este punto el Hijo no ha sido presentado por su nombre, ni como Jesús ni como Cristo.

El nombre de Hijo no se refiere a un nombre personal específico, sino a su designación como Hijo. El es conocido como Hijo de Dios, el Hijo Unigénito. El es también Señor y Salvador. El profeta Isaías le llama “Admirable Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (9:6). En contraste a esto, se habla de los ángeles como “mensajeros” (Sal. 104:4); se los designa “espíritus ministradores” (Heb. 1:14).

El nombre de Hijo le llegó por herencia, ya que el Padre lo designó heredero (heb. 1:2). Los ángeles fueron creados para ser servidores y están excluidos de ser herederos. Ellos ministran a quienes heredarán la salvación (Heb. 1:14). pero ellos mismos no tienen parte en ninguna herencia.

Los ángeles pueden ser llamados “hijos de Dios” (Job 1:6; 38:7), “poderosos” (Sal. 29:1), o “santos” (Sal. 89:6), pero siguen siendo seres creados, a diferencia del Hijo, quien es su Creador.

Cristo heredó el nombre, aquel que había sido preparado de antemano en el consejo de Dios; y cuando completó su obra mediadora en la tierra, recibió la herencia para poder decir: “Toda autoridad me ha sido dada en los cielos y en la tierra” (Mt. 28:18). El carácter permanente de esta herencia puede verse en la descripción que Pablo hace de la resurrección y ascensión de Cristo, que está sentado a la diestra de Dios “en los lugares celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y todo título que pueda dársele, no sólo en la era presente sino también en la por venir” (Ef. 1:20–21).

Referencias: 2 Samuel 23:2. El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, Y su palabra ha estado en mi lengua.

Deuteronomio 4:30. Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz; 

1 Corintios 8:6. para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.

Consideraciones doctrinales en 1:1–4

La revelación que Dios le había dado a los creyentes en la era veterotestamentaria fue completada en la era neotestamentaria por el Hijo de Dios. No se trata de dos revelaciones, una para los creyentes del Antiguo Testamento y otra para los creyentes del Nuevo Testamento. La revelación de Dios es una sola, aunque dada en dos etapas. Durante la primera etapa la revelación de Dios se hizo presente con frecuencia y en diferentes maneras. La segunda etapa constituye el cumplimiento de la revelación de Dios en la persona de su Hijo. El Antiguo Testamento es la promesa de la venida del Hijo; el Nuevo Testamento es el cumplimiento de dicha promesa. El conocido dicho que cito resume la unidad de la revelación de Dios en las Escrituras

El Nuevo está en el Antiguo escondido,

el Antiguo queda por el Nuevo revelado.

El escritor de Hebreos demuestra la gran consideración que tiene por las Escrituras al afirmar sin equívocos que Dios es el autor de su revelación. Dios habló en el pasado y ahora ha hablado por su Hijo. Y ya que es Dios quien ha hablado, nadie debería cuestionar la autoridad de su Palabra escrita. Dios ha hablado finalmente por medio de su Hijo, y esa revelación es definitiva.

El triple oficio de profeta, sacerdote y rey es expuesto en los pocos versículos iniciales de esta breve introducción. El Hijo es el Profeta, puesto que Dios ha hablado en estos últimos días por él; él es el Sacerdote que ha provisto la purificación de los pecados; y él es el Rey que sostiene el mundo por su poderosa palabra y que está sentado a la diestra de Dios en el cielo. Estos pocos versículos introductorios son un resumen de lo que el escritor va a enseñar en el resto de esta carta.

La enseñanza del escritor respecto a la supremacía de Jesucristo (Heb. 1:4) es precedida por tres versículos que destacan la divinidad del Hijo. El tema de Hebreos 1:3 es similar al que Pablo desarrolla en Colosenses 1:15, 17, 20. (El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación; Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.).

1er Titulo:

El Último Tiempo Es Cada Vez Más Evidente. 1a de Juan 2:18 al 20. Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

Comentario: Versic. 18. Queridos hijos, esta es la última hora; y tal como oísteis que el anticristo viene, ya ahora muchos anticristos han venido. Por esto sabemos que es la última hora.

El modo familiar de expresarse queridos hijos (véase, p. ej., el v. 14) manifiesta que el escritor es una persona anciana con autoridad y que está en condiciones de analizar la escena espiritual presente y futura.

Como pastor sabio y perceptivo que es, él advierte a su gente acerca del peligro que acecha dentro de la comunidad cristiana. El entiende perfectamente la era pecaminosa en la que él y sus lectores viven.

  1. Época. En este versículo Juan declara que vivimos en la última hora. El término hora no puede tomarseliteralmente. Si bien este es el único lugar de todo el Nuevo Testamento en que la frase la últimahora aparece, esta expresión parece ser equivalente a los últimos días o estos últimos días (véase, entre otros pasajes, Hch. 2:17; Heb. 1:2; Stg. 5:3; 1 P. 1:20).

¿Qué quiere decir Juan cuando escribe “la última hora”? Si entendemos las palabras en sentido figurado y las interpretamos como un largo período de tiempo, es decir, como una era, tenemos todavía que especificar si el término se refiere al período que comienza con la ascensión de Jesús y culmina con su regreso, o a los días finales previos al regreso de Jesús. Si adoptamos el segundo punto de vista y decimos que “la última hora” se refiere a los últimos días del fin de los tiempos, tenemos que explicar el atraso de casi dos mil años que han pasado desde que Juan escribiera esta epístola.

Los proponentes del primer punto de vista también confrontan esta pregunta. Ellos pueden hacer referencia al contexto general de este pasaje y decir que Juan no está interesado en dar una programación de tipo cronológico.

Estos proponentes consideran el contexto más amplio de este asunto y mantienen los siguientes puntos: Juan observa el desarrollo espiritual y la oposición del mundo. Declara que “el mundo y sus deseos pasan” (2:17) para dar lugar al hombre que obedece la voluntad de Dios. El nota que algunas personas han dejado la iglesia, porque negaban que Jesús era el Cristo. Juan les llama anticristos (2:18, 22), y observa que el espíritu del anticristo ya está presente en el mundo (4:3). A la espera del regreso del Señor, pero sin saber cuando tendrá lugar (Hch. 1:7), Juan parece indicar que el período entre la primera y la segunda venida de Cristo es “la última hora”.

  1. Llegada. Juan dice: “El anticristo viene”. Los lectores han oído la proclamación del evangelioy saben que Jesús había dicho: “Muchos vendrán en mi nombre, diciendo: ‘Yo soy el Cristo’, y engañarán a muchos, y falsos Cristos y falsos profetas aparecerán y harán grandes señales y milagros paraengañar aun a los escogidos—si tal cosa fuese posible” (Mt. 24:5, 24).

La palabra anticristo tiene un significado más amplio que el término falso Cristo. La preposición anti significa no sólo “en lugar de” (referirse a 2 Ts. 2:3–4, donde el hombre de iniquidad “se coloca a sí mismo en el templo de Dios, proclamándose Dios”). También significa “contra”. Por lo tanto, el anticristo viene en lugar de Cristo y se coloca en oposición al mismo.

  1. Afirmación. Juan observa que muchos anticristos han venido y viven todavía. Los anticristos, queniegan que Jesús es el Cristo, son temporales, no eternos. Estos “deben ser probablemente a la vezprecursores del anticristo y evidencias de que el espíritu de éste ya obra en el mundo”. La presencia de gente que niega a Cristo es prueba definitiva de que vivimos en la última hora.

Consideraciones doctrinales acerca de 2:18

¿Es el anticristo una persona o un principio? ¿Es él un solo individuo o se manifiesta en mucha gente, tal como Juan parece indicar con la forma plural anticristos? Estas y otras preguntas parecidas se formulan con frecuencia con referencia a la primera epístola de Juan.

Los antiguos cristianos de la parte final del primer siglo habían oído acerca de la venida del anticristo, y sabían que podía aparecer como persona individual. Por ejemplo, Pablo escribe acerca del “hombre de iniquidad” que se manifestará y que será destruido por Jesús cuando éste regrese (2 Ts. 2:3–4, 8–9).

Pero Juan no está interesado en identificar a un individuo en particular. El apunta a un principio que predomina en personas que niegan la deidad o la humanidad de Cristo. Juan se opone a este principio de apostasía y por consiguiente enfatiza en sus epístolas el principio del anticristo en vez de su persona. Al decir que el anticristo viene, él indica que el futuro anticristo será un individuo que personifica este principio.1

Versic.19. Salieron de entre nosotros, pero en realidad no eran de los nuestros. Porque si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros; pero su partida demostró que ninguno de ellos era de los nuestros.

Cinco veces en este versículo Juan utiliza la palabra nosotros. En el original Juan escribe “de nosotros” cuatro veces y “con nosotros” una vez. El desea asegurarse que el lector entienda que aquellos a quienes él llama anticristos han dejado la iglesia porque en realidad no pertenecían a la iglesia. Los anticristos parten, pero los miembros de la iglesia permanecen. No son los que niegan a Cristo los importantes, sino los creyentes. Y por esta razón, Juan enfatiza el pronombre nosotros al fin de cada cláusula.

  1. “Salieron de entre nosotros”. Juan omite los detalles, pero suponemos que los lectores originalesconocían la situación y tenían vívidas memorias de la tensión que eventualmente causó la partida de losincrédulos. El escritor de Hebreos hace un boceto de lo sucedido cuando escribe: Es imposible para aquellos que una vez fueron iluminados, que han gustado del don celestial, que han compartido en el Espíritu Santo, que han saboreado la bondad de la Palabra de Dios y los poderes de la vida por venir, si caen, ser traídos de nuevo al arrepentimiento, porque para su perdición crucifican al Hijo de Dios nuevamente y le sujetan al oprobio público. [6:4–6]
  2. “Pero en realidad no eran de los nuestros”. Juan dice que esta gente no pertenecía al círculocristiano. No eran verdaderos cristianos puesto que no pertenecían a su fuente original, a saber, Cristo.Durante cierto tiempo participaron en los cultos, pero nunca estuvieron en Cristo (compárese con Juan 15:1–6).
  3. “Porque si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros”. Esta es una declaracióncondicional con una implicación negativa. Nótese que en la primera cláusula, Juan da a entenderque la gente que El llama anticristo nunca perteneció realmente a la iglesia porque niega a Cristo. En la segunda cláusula Juan indica que los verdaderos creyentes permanecen, en tanto que los anticristos se alejan de la comunión de la iglesia. Los creyentes permanecen; los negado-res parten.
  4. “Pero su partida demostró que ninguno de ellos era de los nuestros”. La versión que utilizamos(NIV) se aparta algo de una traducción más literal, transmitiendo la intención de una expresión idiomáticasemita. He aquí el texto palabra por palabra: “A fin de que se manifestara que no todos son de nosotros” (BdA). Una traducción literal de esta expresión idiomática no transmite el significado que Juan expresa. El no está diciendo que hay excepciones. Al contrario, la expresión idiomática quiere decir que “ninguno de [los anticristos] eran de los nuestros”.

Consideraciones doctrinales acerca de 2:19

Este texto enseña la doctrina de la perseverancia. Los incrédulos que negaban la divinidad o humanidad de Jesús nunca habían sido parte de la iglesia porque no pertenecían a Cristo. Su presencia en la iglesia visible fue temporal, porque nunca fallaron en su perseverancia. Si hubieran sido miembros de la iglesia invisible, habrían permanecido en el cuerpo de creyentes. Como lo hace notar F. F. Bruce, “la perseverancia de los santos es una doctrina bíblica, pero no es una doctrina diseñada para hacer que el indiferente caiga en una falsa seguridad; significa que la perseverancia es una señal esencial de la santidad”.

Versic. 20. Pero vosotros tenéis una unción del Santo, y todos vosotros conocéis la verdad.

En estos dos versículos (véase también 2:27) Juan enseña a sus lectores acerca de su unción. El comenta

que los lectores tienen “una unción del Santo”. ¿Quién es el que unge? Pablo afirma que Dios unge a los creyentes (2 Co. 1:21; compárese también con Hch. 10:38). Pero en el contexto más amplio de esta epístola, Juan transmite la idea de que es el Hijo el que unge a los creyentes (véase la explicación del v. 27). Quizá debiéramos decir que Dios el Padre obra por medio del Hijo.

¿Qué es una unción? En los tiempos del Antiguo Testamento, los sacerdotes, los reyes y aun los profetas eran ungidos con aceite para marcar el comienzo de sus respectivos deberes. El aceite simbolizaba su consagración.

La palabra unción en este texto se refiere no sólo al aceite sino al contenido de la unción, que parece ser el Espíritu Santo.152 El Espíritu da testimonio del significado permanente de la acción de ungir. Los cristianos reciben el don del Espíritu Santo del Santo. ¿Quién es el Santo? En el Nuevo Testamento el Santo es Jesucristo (véase Mr. 1:24; Lc. 4:34; Jn. 6:69; Hch. 3:14).

“Y todos vosotros conocéis la verdad”. En esta cláusula notamos en primer lugar un problema de traducción. Los mejores manuscritos tienen “y todos vosotros conocéis”, en tanto que otros manuscritos tienen “vosotros conocéis todo”. Esta última lectura da la impresión de que, a causa del don del Espíritu Santo, los cristianos pueden saberlo todo. Esta no puede ser la intención de Juan, ya que en el próximo versículo (v. 21) él escribe: “vosotros … conocéis la verdad”. Por consiguiente, en base al contexto llegamos a la conclusión de que el objeto del conocimiento no es “todo”, ni “todas las cosas”, sino “la verdad”.

A continuación, notamos que el verbo griego oída (conocer) que aparece en este versículo y en el próximo no tiene que ver con un conocimiento adquirido sino con un conocimiento innato. Juan quiere señalar que El no está enseñándole a los lectores nuevas verdades, sino recordándoles lo que ya saben.

“No os escribo porque no conocéis la verdad”. Los lectores están totalmente familiarizados con la verdad en Jesucristo, de modo tal que Juan no necesita comunicarles el evangelio. Suponemos que Juan escribe estas palabras a los lectores para recordarles que a ellos no les falta la verdad. De hecho, tienen la capacidad de usar la verdad cuando se oponen a los maestros gnósticos que niegan que Jesús es el Cristo. ¿Escribe Juan esta epístola solamente para combatir el gnosticismo? No, él la escribe por las razones que se mencionan a continuación:

“Sino [que os escribo] porque le conocéis y porque ninguna mentira viene de la verdad” (bastardillas añadidas). Los lectores conocen la verdad y pueden detectar la mentira exponiéndola a la luz de la verdad. La verdad y la luz son lo opuesto de la mentira y de las tinieblas.

Bruce observa que unos veinte años después de que Juan escribiera esta epístola, el discípulo de Juan, Policarpo, que por ese entonces era obispo de la iglesia de Esmirna, envió una carta a los cristianos de Filipos y dijo:

“Porque todo aquel que no confiesa que Jesucristo ha venido en la carne es un anticristo”; y todo aquel que no confiese el testimonio de la cruz es del demonio: y cualquiera que pervierta a los oráculos del Señor para sus propios apetitos, y diga que no hay ni resurrección ni juicio—este hombre es el primogénito de Satanás. El creyente ungido con el Espíritu Santo puede discernir la verdad del error, se opone a la herejía y rechaza los ataques de Satanás.

Consideraciones prácticas acerca de 2:20–21

Cuando alguien se acerque a usted con enseñanzas religiosas que añaden algo a la Biblia o que ocupan el lugar de la Biblia, esté alerta. En su primera epístola, pero aún más explícitamente en la segunda, Juan le advierte que tenga cuidado con los engañadores: “Si alguno viene a vosotros y no trae esta enseñanza [de Cristo], no le recibáis en vuestra casa, ni le saludéis. Todo aquel que le saluda participa en sus malas obras” (vv. 10–11).

Cuando alguien trata de enseñarle doctrinas que no se originan en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, dígale a esa persona que usted cree en Jesucristo, que sabe que Jesús murió por sus pecados, que Jesús le ha abierto a usted el camino al cielo, que está preparándole un lugar y que usted está feliz y gozoso en él. Cuando usted confiese su fe en Jesús, dé testimonio del Señor y demuestre que es capaz de discernir la verdad del error, entonces su visitante partirá.

   Referencias: 2 Tesalonicenses 2:3-4. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.

Hechos 1:7. Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;

1 Juan 4:3. y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.

2° Titulo:

El Hombre Sólo Percibe El Tiempo Natural. San Mateo 16: 1 al 3. Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis! 

Comentario:

Ahora que Jesús ha llegado una vez más a la orilla occidental del Mar de Galilea, más densamente poblada y más judía (aunque todavía era étnicamente “mixta”), no es sorprendente una nueva confrontación con sus encarnizados enemigos. ¿Habían estado estos enemigos esperando ansiosamente su llegada para poder iniciar su ataque siniestro? Leemos: Versic. 1. Ahora vinieron los fariseos y saduceos y, tentándole, pidieron que les mostrara señal del cielo. ¿Habían sabido de sus milagros de proveer alimento para los hambrientos y restauración física a los inválidos del lado oriental del mar? ¿Era esto lo que había alimentado nuevamente en su envidia siempre presente? Como antes (véase sobre 12:30), ahora también fue puesto en duda el valor de los milagros de Jesús como señales, la idea de que estas obras maravillosas indicaban que había sido enviado por Dios.

Los fariseos no podían negar sus extraordinarios poderes pero trataban de convencerse a sí mismos y a los demás que esto no era otra cosa que magia negra, procedente directamente del infierno. Además, ¿no eran simplemente señales “terrenales”? Lo que ellos están pidiendo una vez más es “una señal del cielo”. Que haga caer maná del cielo, como Moisés (según el punto de vista de ellos) había hecho (Ex. 16; cf. Jn. 6:32). O, como Josué, que por medio de la oración haga que el sol y la luna se detengan (Jos. 10:12–14). O también, como en los días de Débora y Barac, que haga que las estrellas peleen en favor de Israel (Jue. 5:20). O, imitando a Samuel, que por medio de una oración ferviente haga tronar para atemorizar a los “filisteos” de su tiempo, esto es, a los romanos (1 S. 7:10). Por lo menos, que no se quede a la zaga de Elías cuya oración trajo una respuesta instantánea de “fuego del cielo” (1 R. 18:30–40). Como si al haber hecho alguna de estas cosas, o algo de una naturaleza igualmente sensacional—véase sobre 12:38, 39—estos enconados enemigos, guiados por la envidia, ¡no habrían atribuido esas señales también a Beelzebul como su fuente! Véase Lc. 16:31.

Esta vez (contrástese con 12:38, 39) se nos dice específicamente que el propósito de sus enemigos era tentar a Jesús, probarlo, con la esperanza y la expectación de que fracasara y que de ese modo sería públicamente desacreditado.

Hay otra diferencia entre 12:38, 39 y este relato. Esta vez, como Mateo no solamente lo declara sino lo repite y enfatiza (16:1, 6, 11, 12), los saduceos se unen a los fariseos en sus esfuerzos de exponer a Jesús a la ignominia y vergüenza pública. El marcado contraste entre estos dos partidos y la razón por qué a pesar de todo podían formar un frente unido contra Jesús ya ha sido indicado; véase sobre 3:7. Esta sola combinación de fuerzas muestra ya que se estaba haciendo cada vez más decidido el esfuerzo de destruir a Quien consideraban su enemigo. Los fariseos, casi siempre solos (9:3, 11, 34; 12:2, 14, 24, 38; 15:1; pero véase también 12:14; cf. Mr. 3:6), habían atacado repetidas veces a Jesús. Pero ahora vemos a fariseos y saduceos aliados en su contra.

Al pedir una señal del cielo, ¿no comprendieron estos hombres que la señal del cielo estaba allí delante de ellos? Véanse Mt. 24:30; Lc. 2:34. ¿No había proporcionado ya abundante prueba del carácter genuino de su misión? ¿No lo había hecho así por palabra y hecho, en cumplimiento de la profecía? Véase Mt. 11:4–6.

Versic.2, 3. Pero él respondió y les dijo: Al anochecer decís: Buen tiempo, porque el cielo está rojizo; y a la mañana: Mal tiempo hoy, porque el cielo está rojizo y amenazador. Vosotros sabéis interpretar correctamente el aspecto del cielo, pero no podéis interpretar las señales de los tiempos. Jesús reprende a estos hombres porque prestan más atención a las condiciones siempre cambiantes del clima que a los acontecimientos que introducen cambios históricos trascendentales. La venida a este mundo del Hijo del hombre con su énfasis en el poder, la gracia, y el amor de Dios más que en las reglas humanas— muchas veces necias—y con sus demostraciones de poder sobre todas las cosas, aun sobre la enfermedad, la muerte, los demonios y las tormentas destructivas, ¿no predecía esto la caída del judaísmo legalista? ¿No anunciaba la aparición de una iglesia formada por gentiles y judíos, compuesta por todos los que creían en la salvación por gracia por medio de la fe y en una vida de gratitud a Dios y de servicio al hombre? ¿No era esta venida y esa manifestación de poder y gracia una clara predicción tanto de la condenación de Satanás y del significativo fortalecimiento del reino que no puede ser jamás destruido? ¿Estaban estos críticos completamente ciegos? ¿No podían leer la escritura en la pared? ¿No comprendían que sus días, incluyendo sus sutiles discusiones sobre cosas no esenciales, estaban contados, y que el evangelio que proclamaba el Profeta de Galilea, el Hijo de Dios, comenzaría a esparcirse cada vez más ampliamente hasta abarcar toda la tierra? Pero no, las señales de los tiempos no parecen interesarles. ¡Prefieren hablar del clima!

Junto con tanta gente que observa el cielo, estos fariseos y saduceos sabían diferenciar entre y juzgar correctamente los variantes aspectos del cielo. Sabían que en su país un crepúsculo de rojo brillante596 era un indicador frecuente de un mañana claro, puesto que las masas de nubes se habían movido hacia el occidente. “Cuando la puesta del sol es clara, nada hay que temer”. Por otra parte, cuando durante la noche el viento del oeste, esto es, del Mediterráneo, había cubierto de nubes y vapores el país, de modo que al amanecer el cielo

   Referencias: 1 Corintios 2:14. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 

Romanos 2:14. Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos.

2 Pedro 2:12. Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición,

3er Titulo:

Dios Ha Establecido Los Diferentes Tiempos Para El Género Humano. Los Hechos 17:26 y 27. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; 27para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.

Comentario:

Versiculos 26 y 27. “De una persona hizo a toda nación de la raza humana para que habite sobre la faz de la tierra, y determinó para estas naciones el orden de los tiempos y los límites de su habitación. 27. Ellos debían buscar a Dios, si quizás a tientas podrían encontrarlo, aun cuando él no está lejos de cada uno de nosotros”.

Notemos los siguientes cuatro puntos:

  1. La creación. Los atenienses dividían a los habitantes del mundo en dos categorías: griegos y bárbaros.

Todo aquel que hubiera nacido fuera de Grecia era considerado un bárbaro. Pablo desafía esta teoría enfocando

la atención en el origen del hombre. Sin mencionar su fuente, enseña el relato del Génesis de la creación y afirma que Dios es el creador del hombre (Gn. 2:7). Además, de un hombre, Adán, Dios hizo a toda nación sobre esta tierra. Dios se propuso tener todo el globo terrestre habitado por las diferentes naciones que se originaron de este único hombre (Gn. 1:28; 9:1; 11:8–9). Esto significa que la raza humana está integralmente relacionada como pobladores de toda la tierra (c.f. Mal. 2:10). Debido a su origen común, un judío no debe despreciar a un gentil ni un filósofo ateniense odiar a un judío. Dios, quien creó a la humanidad, gobierna y provee para todos. Por tal motivo, el hombre debe reconocer en él a su Creador y a su Señor.

  1. La providencia. Dios gobierna su creación y especialmente el desarrollo de las razas y las naciones. “El

determinó para estas naciones el orden de los tiempos y los límites de su habitación”. Es decir, Dios mismo está

en pleno control definiendo sus épocas y sus fronteras. Los griegos enseñaban que ellos habían tenido su origen

en la tierra en la cual habitaban. La enseñanza de Pablo, por lo tanto, entra en conflicto con las teorías griegas sobre el origen del hombre; pero Pablo reemplaza aquella teoría defectuosa con la revelación de Dios sobre la

descendencia del hombre.

¿Cuál es el significado de la frase el orden de los tiempos? Una opinión es que Dios determinó de una vez

por todas las estaciones del año (véase 14:17; y Sal. 74:17). Otros intérpretes entienden la frase como una referencia a “épocas históricas”. Ellos basan su explicación en el contexto inmediato de la creación de Adán y las naciones que descienden de él. Por tanto, dicen que Dios ha fijado a estas naciones períodos de la historia en los cuales ellas prosperen. Una tercera explicación explica la palabra tiempos con referencia a individuos que forman las naciones. En el pasado, Dios ha fijado los tiempos exactos para cada persona y en el presente los cumple.1104 Debido a que el texto habla de naciones y no de personas individuales, yo prefiero la segunda alternativa, e interpreto la frase como “épocas históricas determinadas por Dios”. En su Evangelio, Lucas también usa la palabra tiempos para referirse a épocas; y así, él dice que Jerusalén será destruida cuando “los tiempos de los gentiles se cumplan” (Lc. 21:24).

La segunda alternativa tiene relación con la siguiente cláusula: “[Dios determinó] los límites de su habitación”, la cual parece ser el eco de una línea del Cántico de Moisés, “Cuando el Altísimo hizo heredar las naciones, … Estableció los límites de los pueblos” (Dt. 32:8). Dios, entonces, ha determinado las épocas para y los límites de las naciones del mundo. Límites a menudo son demarcaciones geográficas causadas ya sea por cuerpos de agua (mares, lagos, ríos) o cordilleras. Sabemos que Dios determina dónde residirán las naciones del mundo.

  1. La búsqueda. Pablo dice que Dios expresó un doble propósito para la raza humana: que habitaran en la tierra y “busquen a Dios”. Estos propósitos están interrelacionados, porque habitar en la tierra impone la búsqueda de Dios. Al ponerlo en forma diferente, la segunda frase es una explicación de la primera. Dios creó al hombre, para que el hombre le adore. ¿Pero cómo busca una persona a Dios? El Antiguo Testamento está repleto de ejemplos de personas que buscan a Dios con el propósito de servirle. El Salterio registra numerosas referencias de búsquedas de Dios, y los libros proféticos continuamente advierten y exhortan a las gentes a buscar a Dios y a obedecerle.

Pablo califica su comentario acerca de la gente que busca a Dios y pronuncia un deseo: “si quizás a tientas podrían encontrarlo”. El espera que la gente, aun cuando enceguecida por el pecado, pueda a tientas buscar a Dios su Hacedor, de la misma manera que un ciego busca y toca a un ser humano sin verlo. El escritor de Hebreos acentúa esta misma verdad poniéndola en el contexto de una fe genuina. Dice él, “Porque sin fe es imposible agradar a Dios. Porque el que viene a Dios debe creer que él existe y que es premiador de aquellos que le buscan” (Heb. 11:6).

  1. La presencia. Pablo toca un dogma de la religión de los estoicos cuando, apelando a su audiencia pagana,

les dice: “[Dios] no está lejos de cada uno de nosotros”. Así, se mueve del concepto general de las naciones a una noción específica de la persona como individuo, diciendo que la religión es una relación persona a persona entre Dios y el hombre. Cada ser humano es responsable personalmente ante su Dios. Pablo difiere, sin embargo, de la filosofía estoica que dice que Dios, en una forma impersonal, está presente en todas partes. Como contraste, la enseñanza de Pablo es que nosotros podemos tener una relación personal con Dios, porque Dios está cerca de su pueblo (véase Sal. 139:5–12; 145:18; Jer. 23:23).

   Referencias: 1 Tesalonicenses 5:1-2. Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche;

Tito 1:3. y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador.

 

4° Titulo:

Debemos Aprovechar El Tiempo De Gracia. 2 de Corintios 6:1 y 2. Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.

Comentario:

Versic.1. Entonces, colaborando todos [con él], os exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios;

  1. «Entonces, colaborando todos [con él]». La mayoría de las traducciones amplían esta cláusula añadiéndole la frase «con Dios» o «con él». En el original griego no aparecen las palabras que aquí van entre corchetes, por lo que deben suplirse tomando como base el contexto precedente. Los últimos pocos versículos del capítulo anterior no hablan de una relación de trabajo entre Pablo y los corintios o entre Pablo y sus colaboradores. En aquel momento, no era ése el tema que Pablo quería resaltar. En su lugar, enfatiza el hecho de que él y sus colaboradores son embajadores de Cristo, que hablan en su nombre (5:20–21). También escribe

Pablo que, por su mediación y la de sus colaboradores, Dios está llamando a la gente. A lo largo de todas sus epístolas, Pablo no llega a distinguir claramente entre Dios y Cristo. Por eso afirmamos que los trabajadores apostólicos servían a Cristo como embajadores y portavoces de Dios. Quizás sea mejor considerar que Dios es el sujeto del último versículo del capítulo 5, y que las palabras con él, en este versículo, se refieren a Dios.

La traducción colaborando todos con él es aceptable siempre que la interpretemos en el sentido de que Dios usa a sus siervos como instrumento [p 233] (1 Co. 3:9; 1 Ts. 3:2). Además, los mensajeros nunca pueden estar al mismo nivel que quien los envió (cf. Jn. 13:16; 15:20).

  1. «Os exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios». La obra que Dios ha confiado a sus siervos es que apremien a la gente a reconciliarse con él (5:20). Cuando Pablo dice: «como si Dios ofreciera su llamado por medio nuestro» (5:20), indica que Dios obra a través de sus siervos para dar a conocer el mensaje de la reconciliación a los hombres. Ahora Pablo y sus colaboradores exhortan a los lectores de Corinto a que presten atención al ruego de Dios. (Incidentalmente, el verbo griego parakalein se traduce por «rogar» en 5:20, y «exhortar» en 6:1).

La exhortación va dirigida a los lectores y a los oyentes de Corinto. Pablo desea enfatizar el pronombre vosotros, colocándolo al final del texto griego. Por así decirlo, apunta directamente a los corintios y les dice que Dios les da el mensaje de su gracia, un mensaje que ellos aceptan y aprueban.3 Las buenas nuevas de la gracia de Dios incluyen la muerte y resurrección de Jesús. La reconciliación de Dios con la humanidad, la paz con Dios y el perdón de pecados, vienen por la obra expiatoria de Cristo y el insondable amor de Dios hacia su pueblo. Este amor se demostró en el encargo de que el mensaje de reconciliación se proclamara a toda criatura (5:20).

Los traductores deben decidir entre traducir el infinitivo griego dexasthai como pasado («recibisteis»4) o como presente («recibis»5). ¿Decidieron los corintios aceptar el evangelio para luego echarlo a un lado, cuando Pablo lo predicó durante su primera visita? ¿Es ésta la razón de que el apóstol los exhorte ahora a no permitir que la gracia de Dios sea improductiva? Esta conclusión es poco posible dados los signos de crecimiento espiritual que mostraban (véase, p. ej., 1:11; 3:2–3, 18; 4:15; 7:12–16; 9:2; 10:15). Y Pablo escribe que «es Dios el que nos confirma con vosotros en Cristo» (1:21). Verdaderamente Dios nunca le falla a su pueblo; pero sus hijos e hijas espirituales deben ejercer la responsabilidad humana al aceptar y obedecer el mensaje de salvación. Este mensaje no fue dado una vez y nada más; fue proclamado, escuchado y repetidamente leído en Corinto. Después de que Pablo se marchara, sus colaboradores (Timoteo, Silas, Apolos e incluso Pedro), continuaron predicando el evangelio allí. El infinitivo griego dexasthai (recibir) no debe traducirse como un tiempo pasado, que se refiere a un evento singular, sino como tiempo presente, que muestra que su acción abarca toda la extensión y duración de la predicación y recepción del mensaje divino de gracia. Dice Juan Calvino: «Aquí a los ministros se les enseña que no basta con proponer la doctrina. Deben esforzarse para que aquellos que la oigan también la acepten; y no una sola vez, sino continuamente».6

¿Cuál es la importancia de la frase en vano? En todo el capítulo anterior, Pablo se enfrentó a sus adversarios, que trataban de influenciar en los corintios ambiciones egoístas en lugar de la causa de Cristo. Por eso exhortaba a aquellos creyentes a que no vivieran para ellos mismos, sino para Cristo, que murió por ellos y resucitó de la muerte (5:15). Esta exhortación la tuvo que repetir varias veces, pues el corazón humano es muy proclive a regalarse a sí mismo en vez de servir a Cristo. Una respuesta poco dinámica a la palabra de Dios no vale la pena y sirve de poco.

Versic. 2. Porque él dice: «En el momento propicio te escuché, Y en el día de salvación te ayudé». ¡Mirad, ahora es el tiempo más propicio!, ¡mirad, ahora es el día de salvación!

 

  1. Una cita. Cuando Dios ofrece su llamado por medio de sus mensajeros, y éstos son colaboradores suyos, entonces se deduce que el mismo Dios habla a través de las palabras de la profecía mesiánica veterotestamentaria de Isaías 49:8. Pablo cita el pasaje de Isaías, al pie de la letra, de la Septuaginta y lo introduce con la fórmula: «Porque él dice». Isaías posee también una fórmula introductoria: «Esto es lo que el Señor dice». Estas fórmulas revelan que Dios habla con autoridad divina, tanto por boca del profeta Isaías como por medio del apóstol Pablo, cuando se dirige al pueblo de Israel y a los corintios.

La profecía del Antiguo Testamento puede que estuviera en la mente de Pablo cuando empleó el infinitivo griego dexasthai (aceptar, recibir; v. 1), y pensó, asimismo, en el adjetivo dektos (aceptable, favorable; v. 2), de Isaías 49:8.8 El contexto de esta profecía es el de la humillación y exaltación del Siervo del Señor, el Mesías (49:7). Por medio del Mesías, Dios restaura políticamente al pueblo de Israel, al liberarlos de la cautividad en el exilio; y lo hace espiritualmente, enviándoles el Mesías.

La era mesiánica comenzó con la venida de Jesucristo, que inauguró la nueva era. Las cosas viejas pasaron y, por medio de él, todas son hechas nuevas (5:17). Dios reconcilió al mundo consigo mismo en el tiempo aceptable y en el día de salvación. Sin embargo, de la misma manera que él envió a su Siervo a su propio pueblo, y no lo recibieron (Jn. 1:11), así ahora envía a Pablo a los corintios con el mensaje de reconciliación. Como Jesús, durante su ministerio terrenal, constantemente oraba a Dios el Padre, así Pablo y sus colaboradores piden ayuda. Y la respuesta afirmativa de Dios es: «En tiempo favorable te oí y en el día de la salvación te ayudé».

  1. Afirmación. Pablo aplica la profecía del Antiguo Testamento a los corintios. Hace notar que su cumplimiento ya ha llegado, cuando les dice a sus lectores: «¡Mirad, ahora es el tiempo más propicio!, ¡mirad, ahora es el día de salvación!». En una sola oración, ofrece un comentario de la profecía de Isaías y dice dos veces «¡mirad!». Sus lectores pueden entender que el Mesías fue ciertamente humillado por el sufrimiento, la muerte y el sepulcro. Pero, después de resucitar de entre los muertos y subir a los cielos, consumió su obra mediadora y ocupó el lugar de honor a la diestra de Dios. Por lo tanto, debían ver que, para ellos, había llegado el tiempo de la reconciliación; que el año agradable del Señor había venido (cf. Lc. 4:19, 21; Is. 61:2). Y esta era continuará hasta que ocurra la consumación de todas las cosas.

Pablo no se refiere al tiempo cronológico, sino a una nueva era en la que Dios se muestra favorable hacia su pueblo. Y describe esta era como «un tiempo de recibimiento especial» (MLB). El término griego que Pablo usa, euprosdektos, es la forma compuesta del vocablo dektos (aceptable). Aunque se traduce habitualmente como sinónimo de esta palabra, no obstante transmite la idea de bienvenida.10 Su paralelo es la frase día de salvación, que se refiere a la nueva era. El don de la salvación que Dios pone a disposición de la humanidad, es

la restauración de la paz con él. Ahora es el día de salvación, dice Pablo, y de ahí se deduce que «no hay que dejar que pase sin aprovecharlo».

Si los creyentes del Nuevo Testamento reciben el don de la salvación en esta era, ¿qué pasó con los santos del Antiguo Testamento, que vivieron en una época en que Dios todavía no había reconciliado al mundo consigo mismo? Estas personas recibieron la adopción como hijos e hijas, la gloria divina, los pactos, la ley y las promesas divinas (Ro. 9:4). Por la fe, estas personas anhelaron el hogar celestial y Dios «no se avergonzó de ser llamado su Dios» (Heb. 11:6). Junto con los creyentes de la era neotestamentaria y siglos siguientes, son hechos perfectos en Jesucristo.

Consideraciones prácticas en 6:2

Los versículos finales del capítulo 5 y los dos primeros de éste, muestran un carácter de urgencia. Pablo ruega a sus lectores que se reconcilien con Dios, y los exhorta a que acepten el mensaje de salvación divino ahora. Pablo les hace la misma súplica que les hizo a los filósofos atenienses, cuando dijo: «En el pasado, Dios pasó por alto aquella ignorancia, pero ahora manda a todos, en todas partes, que se arrepientan» (Hch. 17:30).

La urgencia de estas palabras se debe a que para el arrepentimiento Dios había establecido un tiempo límite. Para nosotros, ese tiempo comienza en el momento en que escuchamos las buenas nuevas de salvación, y acaba cuando morimos. Conocemos el momento en que oímos por primera vez el evangelio; pero desconocemos cuándo abandonaremos la escena terrenal. Dios ha establecido la fecha de nuestra partida, porque «el hombre está destinado a morir una sola vez, y después enfrentar el juicio» (Heb. 9:27). La llamada al arrepentimiento permanece, pero dentro de los límites que Dios nos ha marcado. Más allá de la muerte, ya no hay salvación.

El breve comentario de Pablo sobre el tiempo del favor divino, alerta a los lectores de su inmediatez. Presten atención—dice dos veces—ahora es el momento de aceptar el amor de Dios en Cristo Jesús. Por implicación, advierte que mañana puede ser demasiado tarde.

Sólo una vida, que pronto pasará;

Sólo lo hecho por causa de Cristo permanecerá

 

Referencias: El Tiempo mal aprovechado Hageo 1: 2 al 5. Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada. Entonces vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. 

Efesios 5:15-16. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. 

1 Corintios 7:29 al 31. Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.