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Lunes 26 de octubre de 2020. “Profecías Que Revelan El Quebrantamiento Del Salvador”

Lunes 26 de octubre de 2020. “Profecías Que Revelan El Quebrantamiento Del Salvador”

   Lectura Bíblica: Isaías Cap. 53, versículos 1 al 6. 1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?  2Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, más sin atractivo para que le deseemos. 3Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 4Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 

   Comentario: ¿A qué anuncio profético se refiere 53:1? ¿Se refiere a las palabras de 52:10? Allí está escrito: Jehovah ha descubierto el brazo de su santidad ante los ojos de todas las naciones. Todos los confines de la tierra verán la salvación de Jehovah (comp. 53:1b, que alude a la manifestación del brazo de Jehovah). Es más: En 52:8 está escrito: … porque cuando Jehovah vuelva a Sion, lo verán con sus propios ojos (lit. ojo a ojo, es decir, cara a cara).

   Los vv. 2 y 3 nos muestran a esta persona, el siervo de Jehovah, como surgiendo en la escena de la historia como yonéq 3242. Esta palabra ha sido tradicionalmente traducida como retoño debido a su paralelismo con el segundo hemistiquio: y como una raíz. Pero no se trata solamente de la analogía de una planta, pues la palabra yonéq 3242 básicamente significa bebé y deriva del verbo yanáq 3243, que significa “mamar”. A continuación, se lo presenta como un hombre sin atractivo físico especial y como experimentado en lo que es el sufrimiento humano. Cuando el profeta dice: escondimos de él el rostro, indica que su pueblo se avergonzaría de él. Sin embargo, aunque su pueblo lo menosprecie y no lo estime (v. 3), él es el siervo de Jehovah. Su aparición en la escena humana concede carácter literal a muchas otras profecías que pudieron haber pasado como simples figuras poéticas. Ahora hay la posibilidad de verle cara a cara (comp. 52:8).

   Los vv. 4–7 constituyen la revelación más revolucionaria de la teología bíblica. Tratan de su obra expiatoria a favor de su pueblo. Esta obra, a la manera de lo simbolizado en los sacrificios del templo, involucra su muerte.

   En ninguna parte de todo el Antiguo Testamento es tan clara y plenamente profetizado que Cristo debía sufrir y, a continuación, entrar en su gloria, como en este capítulo. Pero a este discernimiento pocos días, o va a reconocer, que el poder divino que acompaña a la palabra. El informe auténtico y más importante de la salvación para los pecadores, por el Hijo de Dios, se tiene en cuenta. La baja condición que presentó a, y su aparición en el mundo, no eran conformes a las ideas de los judíos se había formado del Mesías. Se esperaba que viniera en pompa; en lugar de eso, él creció como una planta, en silencio, e insensiblemente. No tenía nada de la gloria que se podría haber pensado reunirse con él. Toda su vida fue no sólo humilde en cuanto a condición externa, pero también triste. Siendo hecho pecado por nosotros, se sometió el pecado frase nos había expuesto. Corazones carnales no ven nada en el Señor Jesús a desear un interés en él. ¡Ay! ¡por la cantidad es aún menospreció en su pueblo, y rechazó que su doctrina y autoridad!

Semillero homilético:

El siervo sufriente: 53:1–12

   Introducción: Muchos ven en este capítulo una de las cimas en toda la Biblia. Vemos al Mesías que está sufriendo en forma vicaria. Es un sufrimiento distinto, en que lleva a cabo un propósito especial. Ese propósito es expiar los pecados de toda la humanidad, y acabar con la necesidad del pueblo de hacer sacrificios de animales en forma constante y permanente.

Los sufrimientos de Cristo fueron reales.

Cristo experimentó el desprecio y el rechazo del pueblo (v. 3).

Cristo fue herido y molido en forma trágica (v. 5).

Cristo fue oprimido y afligido (v. 7).

Cristo fue quebrantado y herido (v. 10).

Los sufrimientos de Cristo fueron vicarios.

Para llevar nuestras enfermedades (v. 4).

Para sufrir nuestros dolores (v. 4).

Para cubrir nuestras transgresiones (v. 5).

Para sanar nuestras heridas (v. 6).

   Los sufrimientos fueron temporales, pero su eficacia es eterna.

Vivió apenas 33 años con 3 años de ministerio, pero los efectos de su ministerio perduran.

   Su influencia parecía insignificante, pero se ha extendido a las esferas más lejanas en la tierra.

   Conclusión: Los sufrimientos de Cristo sirven para expiar nuestros pecados. Isaías 53 tiene mucho parecido a los relatos de los sufrimientos y la muerte de Cristo en los Evangelios. Nos motivan a la gratitud por lo que él ha hecho a favor nuestro.

Semillero homilético

El misterio de los siglos: 53:1–12

    Introducción: Isaías 53 es un capítulo sensacional, porque contiene una semblanza impresionante en relación con los sufrimientos que el Señor Jesucristo sufrió cuando estuvo en la tierra. Los capítulos que narran los sufrimientos de Jesús, el Mesías de Israel en el NT, son un fiel reflejo del pensamiento profético de Isaías.

   Misterio de humillación.

La humillación más profunda era hacerse hombre. (Fil. 2:7).

Dejó su gloria, para venir al mundo (Fil. 2:6).

Se hizo pobre, siendo rico (2 Cor. 8:9).

Siendo rey, se hizo siervo (Fil. 2:7).

Misterio de dolor (53:2, 5).

Su bello rostro desfigurado (53:2).

Su cuerpo maltratado y herido (53:5).

Su corazón traspasado.

   Misterio de tristeza (53: 3a).

Se llenó de tristeza por el comportamiento humano (53:5).

Fue menospreciado (53:3).

Se llenó de tristeza por el abandono de sus amigos (Mat. 26:38).

Fue avergonzado públicamente (53:9).

Su tristeza se expresó con un grito que le salió de la profundidad de su alma (Mat. 27:46).

   Conclusión: “En el monte Calvario, una áspera cruz, emblema de afrenta y dolor. Más yo amo esa cruz, do murió mi Jesús por salvar al más vil pecador.”

1er Titulo:

El Espíritu Santo habla respecto de la vestidura de Jesús. Salmo 22: 16 al 18. 16Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies. 17Contar puedo todos mis huesos; Entre tanto, ellos me miran y me observan. 18Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes.

    Comentario De Matthew Henry. Vv. 11—21. En estos versículos tenemos el sufrimiento de Cristo, y a Cristo orando; en ellos somos dirigidos a buscar cruces y, bajo ellas, mirar a Dios. Se describe la forma misma de la muerte de Cristo, aunque no era la usada por los judíos. Ellos horadaron sus manos y sus pies, al clavarlos en el madero maldito, y todo su cuerpo fue dejado colgando para que sufriera los dolores y torturas más severos. Su fuerza natural falló, siendo consumida por el fuego de la ira divina que hizo presa de su espíritu. ¿Quién puede, entonces, resistir la ira de Dios? O, ¿quién conoce su fuerza? La vida del pecador fue abandonada, y la vida del Sacrificio debe ser su redención. Cuando fue crucificado, nuestro Señor Jesús fue desvestido para que pudiera revestirnos con la túnica de su justicia. Así estaba escrito, en consecuencia, correspondía que Cristo así sufriera. Que todo esto confirme nuestra fe en Él como el verdadero Mesías, y estimule nuestro amor por Él como nuestro mejor amigo, que nos amó y sufrió todo esto por nosotros. —En su agonía Cristo oró, oró fervorosamente que la copa pudiese pasar de Él. Cuando no podemos regocijarnos en Dios como nuestro cántico, permanezcamos en Él como nuestra fortaleza; y recibamos consuelo de los apoyos espirituales, cuando no podemos tener deleites espirituales. —Pide ser librado de la ira divina. Él que ha librado, debe librar y librará. Debemos pensar en los sufrimientos y la resurrección de Cristo hasta que sintamos en nuestra alma el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos.

2° Titulo:

Revelación que indica la amarga bebida del Señor. Salmos 69:20 y 21. 20El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; Y consoladores, y ninguno hallé. 21Me pusieron además hiel por comida, Y en mi sed me dieron a beber vinagre.

   Comentario de Matthew Henry. Vv. 13—21. No importa cuán profundas sean las aguas de aflicción o de tentación en que nos hundamos, no importa cuántos sean los diluvios de problemas o de hombres impíos que parecen dispuestos a abatirnos, perseveremos en oración ante nuestro Señor para que nos salve. Las señales del favor de Dios para con nosotros son suficientes para impedir que nuestro espíritu zozobre en los problemas externos más profundos. Si pensamos bien de Dios, y continuamos haciéndolo ante las penurias más grandes, no tenemos que temer, más bien Él nos hará bien. Y si en cualquier momento somos llamados a sufrir reproche y vergüenza por Cristo, esto puede ser nuestro consuelo: Él lo sabe. Mal le sienta a quien conoce el valor de un buen nombre, ser oprimido por un malo, pero cuando pensamos qué favor es ser tenidos por dignos de sufrir vergüenza por el nombre de Jesús, veremos que no hay razón por la cual eso deba quebrantarnos el corazón. —Aquí se anuncian los sufrimientos de Cristo en detalle, lo que prueba que la Escritura es la palabra de Dios; como se cumplieron exactamente estas profecías en Jesucristo, eso prueba que Él es el verdadero Mesías. El vinagre y la hiel que le dieron eran una débil figura de la amarga copa que bebió para que nosotros recibamos la copa de la salvación. No podemos esperar poco de los hombres, todos son consoladores molestos; tampoco podemos esperar demasiado del Dios de todo consuelo y bondad.

3er Titulo:

El precio de la traición mencionada por el profeta. Zacarías 11.12 y 13. 12Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata. 13Y me dijo Jehová: Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro.

   Comentario: El pasaje adquiere brillo al hacer una referencia mesiánica que tiene relación con la vida del Señor Jesucristo. El salario que pesaron por el pastor (v. 12) fue una cantidad despreciable; es la cantidad que se le asignaba a un esclavo cuando éste era herido por un buey. No era el precio digno de un hombre libre. El v. 13 nos recuerda la traición de Judas: con la misma cantidad de dinero vende a su Señor. Devuelto el dinero los principales sacerdotes deciden adquirir el campo del Alfarero (Mat. 27:6, 7). La versión Peshita usa la palabra alfarero en vez de tesoro, y con esto podemos ver la relación entre el pasaje de Zacarías y el del Evangelio de Mateo.

   Comentario de Matthew Henry

   Vv. 4—14. Cristo vino a este mundo para juzgar a la iglesia y a la nación judía que estaban infelizmente corrompidas y degeneradas. Aquellos tienen sus mentes lamentablemente cegadas, hacen el mal y se justifican en eso; pero Dios no considerará inocentes a los que así se consideran a sí mismo. ¿Cómo podemos acudir a Dios a pedirle bendición para métodos ilícitos de enriquecerse, o ir a darle las gracias por tener éxito con ellos? —Había un deterioro general de la religión entre ellos, pero ellos no lo pensaban así. —El Buen Pastor alimentará a su rebaño, pero su atención se dirigirá principalmente al pobre. Como emblema parece que el profeta tomó dos cayados: Gracia, que significaba los privilegios de la nación judía en su pacto nacional; el otro, Ataduras, que se refería a la armonía que antes los unió como rebaño de Dios, pero ellos optaron por seguir a falsos maestros. La mente carnal y la amistad del mundo son enemistad para con Dios y Él odia a todos los hacedores de iniquidad; fácil es prever en qué terminará esto. —El profeta pidió paga o recompensa y recibió treinta piezas de plata. Por orden divina lo arrojó al alfarero desdeñando la pequeñez de la suma. Esto prefiguraba el trato de Judas para traicionar a Cristo y el método final de aplicarlo. Nada destruye tan seguramente a un pueblo como debilitar la hermandad entre ellos. Esto sigue a la disolución del pacto entre Dios y ellos; cuando abunda el pecado, se enfría el amor y siguen las confrontaciones civiles. —No es de maravillarse si los que caen entre ellos han provocado a Dios para que caiga sobre ellos. El desprecio voluntario de Cristo es la gran causa de la destrucción de los hombres. Si los profesantes hubieran valorado a Cristo con justicia no hubieran contendido sobre asuntos de poca monta.

4° Titulo:

La sepultación de Jesús anunciada. Isaías 53:9. Y se dispuso con los impíos su sepultura, más con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

Comentario:

   Los vv. 8–10a constituyen una reflexión profética de lo expresado en el párrafo anterior (vv. 4–7). Impresionan en especial las últimas palabras del v. 9 y las primeras del v. 10: Aunque nunca hizo violencia, ni hubo engaño en su boca, con todo eso, Jehovah quiso quebrantarlo y le hirió. La nota de la RVA que cuelga de la palabra hirió indica que se ha traducido esta palabra con la ayuda de los Rollos del Mar Muerto. Efectivamente, en la RVR-1960, la palabra hebrea hejéli 2470 (que es una palabra trunca y con sus letras en desorden debido a un problema en la transmisión del texto) ha sido traducida: sujetándole a padecimiento. La razón para traducir de esta manera es que la palabra parecía proceder del verbo jalah 2470, que significa enfermarse.

   Pero los Rollos del Mar Muerto tienen la palabra intacta: vayejalelehu, que se traduce literalmente: y lo atravesó. Queda así claro, que la palabra deriva del verbo jalal 2491, que significa atravesar o producir una herida mortal. De la misma palabra deriva la palabra hebrea que se traduce cadáver. Está clara y corroborada la referencia a muerte.

   53:4-9 En estos versículos, es un relato de los sufrimientos de Cristo; también del diseño de sus padecimientos. Fue por nuestros pecados y en nuestro lugar, que nuestro Señor Jesús sufrió. Todos hemos pecado, hemos están destituidos de la gloria de Dios. Los pecadores tienen su amado pecado, su mal camino, de la que son aficionados. Nuestros pecados merecen todas las penas y dolores, incluso el más grave. Somos salvados de la ruina, a la que por el pecado nos hacemos responsables, poniendo nuestros pecados sobre Cristo. Esta expiación debía ser hecho por nuestros pecados. Y este es el único camino de salvación. Nuestros pecados fueron las espinas en la cabeza de Cristo, los clavos en sus manos y pies, la lanza en el costado. Él se entregó a la muerte por nuestros pecados. Por sus sufrimientos él compró para nosotros el Espíritu y la gracia de Dios, para mortificar nuestras corrupciones, que son las pinturas al temple de nuestras almas. Bien podemos soportar nuestros sufrimientos ligeros, si Él nos ha enseñado a apreciar todas las cosas como pérdida por él, y al que nos amó primero amar.

EL SALVADOR SIN PECADO HERIDO HASTA LA MUERTE: (Isaías 53:8, 9) (por W. E. Best)

   Isaías 53:8 y 9 tienen versículos Neotestamentarios que corresponden y sirven como un comentario Divino sobre ellos: (1) “Por cárcel y por juicio fue quitado…” corresponde con “Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote” (Juan 18:24). (2) “…Y su generación, ¿quién la contará?” corresponde con “Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho” (Juan 18:20, 21). (3) “…Fue cortado de la tierra de los vivientes…” corresponde con “A éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos inicuas, crucificándole” (Hech. 2:23). (4) “Por la rebelión de mi pueblo fue herido” corresponde con “Así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” (Juan 10:15). (5) “Y se dispuso con los impíos su sepultura…” corresponde con “…Un hombre rico de Arimatea, llamado José…pidió el cuerpo de Jesús…. y lo puso en su sepulcro nuevo…” (Mat. 27:57-60). (6) “…Aunque nunca hizo maldad…” corresponde con “El cual no hizo pecado…” (I Ped. 2:22). (7) “…Ni hubo engaño en su boca” corresponde con “…ni se halló engaño en su boca” (I Ped. 2:22).

   Los dos versículos bajo la consideración son de mucha controversia entre los hombres. Las interpretaciones de los hombres acerca de ellos difieren. Sin embargo, el contexto dentro de lo que ellos son encontrados capacitará al cristiano sincero entender mejor los versículos.

    Varios puntos de vista de la frase “Por cárcel y por juicio fue quitado…” son propagados: (1) La frase es traducida “sin impedimento y sin autoridad, Jesucristo fue quitado.” (2) Él fue matado sin oposición de cualquier cuarto y en el desafío del justo juicio. (3) Desde la opresión y desde el juicio Él fue quitado. (4) No hay evidencia que el Señor Jesucristo fue jamás encarcelado.

El último punto de vista es la interpretación más factible en la luz del contexto. Los evangelios no registran nada que indicaría que Jesucristo jamás fue puesto en una celda de la cárcel. El apareció ante el sumo sacerdote, el gobernador, y el rey; pero no Le encarcelaron. El orden de Su vida desde el huerto de Getsemaní a la cruz es registrado: (1) Él fue tomado por Anás y entregado a Caifás (Juan 18:19-24; Mat. 26:59-68). (2) Él fue llevado de Caifás al corredor del Sanhedrín (Mat. 27:1). (3) Él fue llevado del Sanhedrín a Pilato (Juan 18:28-38; Luc. 23:1-7; Mar. 15:1-5; Mat. 27:11-14). (5) Él fue llevado de Pilato a Herodes (Luc. 23:8-12). (6) Él fue llevado de Herodes otra vez a Pilato (Luc. 23:13-25; Mat. 27:15-26; Mar. 15:13-16). (7) Él fue conducido de Pilato al Calvario (Mat. 27:27-50). En todas las incidencias precedentes, Jesucristo no fue encarcelado.

   El Señor Jesús fue el Santo de Israel. Él fue libre de la injusticia, pero recibió tratamiento injusto sin defensa del Padre. Esto ofrece el enigma más maravilloso en el gobierno de Dios el Padre. ¿Por qué permitió el justo juicio eterno sufrir así la santidad no contaminada? ¿Por qué dio Dios el poder para perpetrar tales atrocidades? ¿Por qué Jesucristo Mismo se sometió a tales atrocidades? Un principio sobresaliente es la providencia de Dios en todas las preguntas levantadas.

   Jesucristo fue quitado por la angustia y juicio. Él fue tomado en una manera violenta por las manos de hombres malos bajo el pretexto del justo juicio. El sufrió bajo la forma de la ley humana y fue crucificado en el Calvario.

Hay aquellos que dicen que el quitar de Cristo de la cárcel y el juicio fue Dios el Padre tomando a Cristo para Sí Mismo después que Él fue librado de la muerte. Este versículo de la Escritura no enseña esa verdad particular.   Esta interpretación está afuera del contexto con el resto del versículo. El ser cortado de Cristo de la tierra de los vivientes fue Su acortamiento en la muerte (Dan. 9:26). Si la primera parte de Isaías 53:8 refiere a Jesucristo siendo librado de la muerte y llevado ante el Padre en la resurrección gloriosa, la continuidad del pensamiento está destruida — “…Fue cortado de la tierra de los vivientes…” Un comentario Divino sobre el versículo fue citado al eunuco de Etíope por Felipe: “En su humillación no se le hizo justicia; Mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida” (Hech. 8:33). La humillación de Cristo refiere a Su condescendencia que incluyó toda Su vida terrenal. Durante aquel tiempo, Su juicio fue quitado. Él fue tratado violentamente, y Su justo juicio y derechos legales fueron negados.

   Cuatro interpretaciones diferentes que no armonizan con Isaías 53:8 han sido dadas a la pregunta, “Y su generación, ¿Quién la contará?” (1) Algunos dicen que significa, ¿Quién la pondrá? Ellos creen que se refiere a la generación eterna, la Filiación de Jesucristo. (2) Algunos dicen que significa, ¿Quién declarará la vida de Cristo? Ellos explican que ninguno es capaz de declarar el misterio de Cristo. (3) Otros dicen que significa, ¿Quién puede contar el número de Su generación? Ellos explican que ninguno es competente para numerar los recipientes de la gracia. Ellos creen que se refiere a la semilla espiritual. (4) Otros dicen que significa, ¿Quién puede contar la longitud de Su vida de aquí en adelante? Hay verdad en cada declaración, pero ninguna de ellas es la enseñanza de este versículo.

   La “generación” de que habló Isaías fue restringida a la raza de los judíos durante el tiempo en que Cristo andaba entre los hijos de los hombres. El Señor Jesucristo los llamó “esta mala generación” (Mat. 12:45). Cristo vino a Su propia generación—los judíos—pero ellos no Le recibieron (Juan 1:11). Un erudito hebreo tradujo la pregunta, “¿Quién pensará en la carrera de Cristo?” La versión griega del Antiguo Testamento lo dice, “¿Quién describirá o recontará Su raza o generación?” La primera pregunta refiere a la vida de Cristo y la última refiere indirectamente a Su posteridad, pero ambas preguntas son contestadas en el versículo 10 — “…verá linaje, vivirá por largos días…” El significado simple es que no se refiere a la generación eterna de Cristo, Su encarnación, el misterio de Su encarnación, o Su linaje santo, sino a la gente judía que vivía en aquel entonces. Ellos Le rechazaron, y el Señor los llamó una generación adúltera y mala. Los judíos Le tomaron, Le maltrataron, y Le entregaron a la corte romana. La corte romana fue simplemente el medio de Su muerte. El apóstol Pedro acusó a los judíos de crucificar el Señor Jesucristo (Hech. 2:22-47). La costumbre fue que algunos atestiguaron a la inocencia del condenado antes de su muerte. Ninguno dio tal atestación para Cristo, y esto añadió a la injusticia de Su juicio.

   La palabra hebrea para “generación” es traducida en dos maneras — (1) el tiempo en que Cristo vivió y (2) el círculo de Sus contemporáneos. Los contemporáneos de Cristo son referidos en el versículo 8. Entre ellos, ninguno estuvo dispuesto a estar en Su defensa. Él fue cortado en la muerte como un malhechor. El Señor fue crucificado entre dos ladrones. Él fue tratado como un criminal común: “…Fue cortado de la tierra de los vivientes…”

Dos puntos de vista principales son enseñados concerniente al relato “por la rebelión de mi pueblo fue herido.” El primer punto de vista es que se refiere a la obra vicaria de Jesucristo. Jesucristo sí murió por Su gente, pero este relato no está enseñado esa verdad en particular. Si se refiere a Jesucristo muriendo en nombre de Su gente, prueba que la confesión arrepentida de los judíos fue genuina. Esto indicaría que ellos han realizado el propósito de la muerte de Cristo; sus mentes han sido iluminadas; ellos ven las cosas en su perspectiva verdadera. El segundo punto de vista distingue “mi pueblo” de “mi propia” y afirma que se refiere a “mi pueblo.” Aquellos quienes tienen esta vista refiere a Juan 1:11, diciendo que “los suyos” refiere a los judíos elegidos y no elegidos; por lo tanto, “mi pueblo” en Isaías 53:8 refiere al pueblo elegido de Dios. Hay verdad en ambos puntos, pero la verdad es mal aplicada.

    La verdad del relato “por la rebelión de mi pueblo fue herido” es descubierta en la luz del contexto. La partícula “por” significa “a causa de” o “mediante el medio de.” Las cosas siguientes ya han sido discutidas: Jesucristo fue tratado violentamente. Él fue justamente juzgado con pretensiones. Su propio pueblo, los judíos, no Le defendieron. Él fue crucificado. Los judíos no Le estimaron (Isa. 53:3). Ellos Le estimaron herido por Dios por Su propio pecado (Isa. 53:4). Esto es lo que los judíos piensan de El antes de que sean regenerados. Isaías no repetía los sufrimientos vicarios de Jesucristo. El afirmaba que Jesucristo fue herido por la maldad de esa generación. Esto es, “a causa de” la maldad de esa generación, Cristo fue herido. Los romanos fueron simplemente los instrumentos en las manos de los judíos para cortarle de la tierra de los vivientes.

  El Señor Jesucristo fue la víctima sin pecado (v. 9). El golpe de la muerte vino sobre El por Sus paisanos malvados. Él fue traído a una muerte violenta por la maldad de Sus contemporáneos, una raza de gente cuya maldad es inconcebible. Algunos dicen que el relato “se dispuso con los impíos su sepultura” enseña que Dios hizo la sepultura de Cristo con los malvados. Si este fue el hecho de Dios, se refiere al estado de la muerte más bien que el lugar de la muerte, porque David oró, “No arrebates con los pecadores mi alma…” (Sal. 26:9). Si fue un acto de Dios, el Padre entregó a Jesucristo en las manos de hombres inicuos. Muchos han dicho que la palabra “sepultura” es un relato metafórico para la muerte, y la palabra “ricos” pertenece a los malvados como la palabra “pobre” pertenece a los santos. Sin embargo, esto es estirar la interpretación.

   La generación malvada quien tuvo una parte en la muerte de Cristo intentó que Su entierro fuera tan deshonroso como Su muerte. No obstante, Dios intervino para causar que José de Arimatea, un hombre rico, pidiera por el cuerpo de Jesucristo y sepultarlo en su propio sepulcro (Mat. 27:57-60). El Señor fue honrado con un entierro glorioso porque Su humillación cesó cuando murió. El Señor Jesús hizo Su sepultura con los ricos porque El es sin pecado. En la muerte, Él fue puesto al igual con dos malhechores, pero en Su entierro, Él fue levantado sobre ellos. La muerte no pudo detener al Señor Jesucristo. El ascendió victorioso sobre el infierno, la muerte, y el sepulcro. La satisfacción hubo sido hecha; por lo tanto, Cristo no pudo ser detenido por la muerte. Los hombres están en error al enfatizar lo antropológico sobre los sufrimientos soteriológicos de Cristo.

   Jesucristo no hizo violencia. El nunca disfrazó Su aborrecimiento de maldad. El profeta Isaías aplaudió el carácter santo de Cristo. Esto fue hecho no sólo para defenderle contra las acusaciones falsas sino para revelar el beneficio de Su muerte. Pedro habló de Jesucristo como El que “no hizo pecado.” En este día, cuando los religiosos—no los cristianos—platican acerca de la pecabilidad de Cristo, es necesario que tales relatos Bíblicos como “el cual no HIZO pecado” (I Ped. 2:22), “Al que no CONOCIÓ pecado” (2ª  Cor. 5:21), y “NO hay pecado en él” (I Jn. 3:5) sean constantemente llevados adelante. Ambos los profetas y los apóstoles observaron con mucha destreza las características santas que adornaban la santa Persona de Cristo. Esta observación fue bajo la dirección del Espíritu Santo, porque sólo tal Persona podría “por el sacrificio de sí mismo quitar de en medio el pecado” (Heb. 9:26).

Amén, Para La Honra Y Gloria De Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.