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Lunes 25 de junio de 2018: “Gratitud, sentimiento de alto valor delante de Dios”.

Lunes 25 de junio de 2018: “Gratitud, sentimiento de alto valor delante de Dios”.


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Lectura Bíblica: San Lucas Cap. 17, versículos 15 al 19. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

 

  • Comentario:

Versículos 15, 16. Entonces uno de ellos, al ver que había sido curado se volvió y a gran voz alabó a Dios, y se postró sobre su rostro a los pies de Jesús, dándole las gracias. ¡Y este era un samaritano!

Cuando los diez habían emprendido su camino hacia los sacerdotes, una corriente de salud y vigor comenzó a correr a través de cada tejido de sus cuerpos. Fueron completamente curados y ellos lo supieron. Pero repentinamente uno de los diez—solamente uno—se volvió y regresó a Jesús. Puede suponerse que él no había llegado todavía hasta el lugar donde se encontraban los sacerdotes. El relato deja la impresión de que los diez no se habían alejado mucho todavía de su sanador antes que este hombre regresara. Nada le impidió ver al sacerdote un poco más tarde.

Mientras regresaba alababa a Dios, así reconociéndolo públicamente como el autor de la gran bendición que acababa de recibir. Además, cayó sobre su rostro y dio gracias a Jesús, porque en el Maestro reconocía al representante de Dios, el poder y el amor de Dios que operaba a través de Jesús. ¡Eso por lo menos! ¡Cuánto amaba este hombre a Jesús! ¿No nacía del amor su humilde actitud?

Es con marcado énfasis que el evangelista añade: “y éste era samaritano”. Es como si dijera: “Imagínese, ¡un samaritano!” ¡Un hombre perteneciente a una raza odiada por los judíos! ¿No eran enemigos samaritanos y judíos? Véase 9:52, 53; cf. Jn. 4:9. ¿No miraban en menos los judíos a los samaritanos porque esta raza mixta no era “sana” en su teología? Pero este samaritano es diferente; por la gracia de Dios, por cierto. ¡Agradece … a un judío! Cuando este pasaje se agrega a otras referencias de Lucas tales como 4:25–27; 7:9 (cf. Mt. 8:10–12); 11:30–32, ¿no queda en claro que lo que Lucas está diciendo es esto: una iglesia internacional, formada no solamente de judíos sino ciertamente también de no judíos, se está estableciendo gradualmente?

Versículos 17–19. Jesús preguntó: no fueron limpiados los diez? ¿Donde, entonces, (están) los nueve? ¿No se halló ninguno que regresara y diera gracias a Dios sino este extranjero?” Y le dijo: Levántate y sigue tu camino: tu fe te ha sanado.

Es claro que Jesús sintió pesar por el hecho de que solamente uno de los diez leprosos limpiados regresara a dar gracias a Dios. Piénsese en ello: ¡solamente uno de diez, y ése no un judío sino un samaritano! Esto muestra que aunque los judíos como una nación habían sido bendecidos mucho más que cualquier otra nación (Sal. 147:20; Is. 5:1–4; Am. 3:2), aquí un grupo de judíos permite que un samaritano les supere en alabar a Dios y dar gracias.

Tiene que haber habido una discusión. Es difícil creer que sin revelar sus intenciones el samaritano repentinamente hubiera dejado el grupo para regresar a Jesús. La probabilidad—casi la certeza—es que él haya pedido a los otros que regresaran con él. Pero no, ellos se negaron.

Sí, la negación de los nueve le dolió a Jesús. Lo que con frecuencia se pasa por alto es la humildad revelada en su doble pregunta: “¿Dónde, entonces, están los nueve? ¿No se halló ninguno que regresara y diera gracias a Dios …?” Ni siquiera agrega: “y a darme gracias a mí”. Está profundamente preocupado por el hecho de que su Padre en el cielo no recibió la alabanza que le correspondía. Nada dice respecto de sí mismo.

“El Altísimo … es bondadoso para con el ingrato y el malvado” (6:35). “El hace salir su sol sobre malos y buenos, y envía lluvia sobre justos e injustos” (Mt. 5:45). Bendiciones comúnes, sí. Pero la gratitud común no.

Jesús, habiendo recibido la ofrenda de un corazón agradecido y de labios agradecidos, despide al samaritano con las palabras muy conocidas aparecen también en 7:50; 8:48; 18:42; y cf. Mt. 9:22; Mr. 5:34; 10:52—“tu fe te ha sanado”.

 

1er Titulo:

Honra Muy Relevante Que Debemos Agradecer.

Lectura Bíblica:

San Lucas 10:19 y 20 . He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Comentario:

Versículo 19. Fijaos, os he dado autoridad para pisar serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os podrá dañar en ninguna forma.

Estas palabras han sido citadas frecuentemente en relación estrecha con Mr. 16:18. Entonces se da una interpretación literal a ambos pasajes. A veces se cita también Hch. 28:3. Pero Pablo no agarró deliberadamente una serpiente venenosa ni la pisó. En cuanto a la autenticidad de Mr. 16 (16:9–20), véase C.N.T. sobre ese pasaje. En el pasaje bajo consideración, a saber, Lc. 10:19, la explicación correcta es casi ciertamente la figurada. Nótese lo siguiente:

  1. Jesús a menudo usó el lenguaje figurado, aunque tal lenguaje frecuentemente era interpretado literalmente (Mt. 16:6–12; Lc. 8:52, 53; Jn. 2:19–21; 3:3, 4; 4:13–15; 6:51, 52; 11:11–13, etc.).
  2. En el pasaje inmediatamente precedente (v. 18), el Señor había usado lenguaje simbólico cuando habló de ver a Satanás caer desde el cielo como un relámpago.
  3. Si en otros lugares se llama a Satanás “dragón” y “serpiente” (Ap. 12:9; 20:2), ¿por qué ha de considerarse extraño si también aquí en Lc. 10:19 el dominio del príncipe del mal se llama la de serpientes y escorpiones? ¿No es la intención de Satanás la de envenenar las mentes de los hombres e impartir el aguijón de la muerte a todos los que se le oponen?
  4. No se registra en ningún lugar un cumplimiento literal de esta afirmación.
  5. La verdadera interpretación también está sostenida por la expresión explicativa “(Os he dado autoridad sobre) … todo el poder del enemigo”. Para su explicación, véase Ro. 16:20: “El Dios de paz pronto aplastará a Satanás bajo vuestros pies”.

En cuanto a la promesa “y nada os podrá dañar en ninguna forma”, véanse Jn. 10:27, 28; Ro. 8:28–39. Jesús se deleitó en el gozo de los setenta y dos. Sin embargo, él hizo más que eso: purificó ese gozo diciéndoles: Versículo 20. No obstante, no es esto de que debéis regocijaros, que los espíritus se sometan a vosotros, sino de esto, que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Jesús no quiere decir que estos hombres erraron al regocijarse en el poder dado por Dios para dominar los demonios. ¿No redundaba para la gloria de Dios su capacidad para echar fuera demonios? ¿No tenía como resultado también la liberación de los esclavizados del poder de las tinieblas? Lo que el Maestro debe haber querido decir era que la autoridad sobre los demonios era, después de todo, insignificante en comparación con el hecho de tener el nombre inscrito en el libro de la vida en los cielos. Cf. Is. 4:3; Dn. 12:1; Ap. 3:5; 20:12, 15.

La expulsión de demonios cesa cuando termina la vida en la tierra. Pero la relación correcta con Dios, resultando en la salvación eterna para gloria suya, jamás termina. Además, la autoridad sobre los demonios no es garantía de salvación. Es enteramente posible que aun a Judas se le haya otorgado el poder de echar fuera demonios. Véase Lc. 9:1. ¡Pero eso no lo convirtió en hombre salvado!

En aquel tiempo Jesús se regocijó grandemente en el Espíritu Santo, y dijo: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, que has ocultado estas cosas de los (hombres) sabios y entendidos y las has revelado a bebés; sí, Padre, porque tal fue tu beneplácito. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, y nadie conoce quién es el Padre sino el Hijo y cualquiera a quien el Hijo lo quiera revelar”.

Y volviéndose a los discípulos les dijo en privado: “¡Bienaventurados (son) los ojos que ven lo que vosotros estáis viendo! Porque os digo que muchos profetas y reyes querían ver lo que vosotros estáis viendo, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros estáis oyendo, pero no lo oyeron”.

 

2° Titulo:

Los Bienes Materiales No Deben Empañar El Gozo De Nuestra Salvación.

Lectura Bíblica:

San Marcos 4:19 y 20. pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.

Comentario:

Versiculos 18, 19. Y algunas, las que se siembran entre espinos, representan a la clase de gente que oye la palabra, y entonces los cuidados del mundo presente, el engañoso encanto de las riquezas, y los deseos de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

Este pasaje describe el caso de personas cuyo corazón se asemeja al terreno plagado de raíces y plantas espinosas. Un campo tan “sucio” es una seria amenaza para el crecimiento de cualquier planta útil. Igualmente, los corazones llenos de los trajines afanosos del día, oscurecidos por sueños de riquezas, y (Marcos añade) el deseo de otras cosas, desbaratan toda influencia benéfica que, de no ser así, podría actuar en la recepción del mensaje del reino. Tales corazones se hallan muy ocupados. No tienen tiempo para la meditación serena y sincera de la palabra y el mensaje del Señor. Si en un corazón como este intentase entrar alguna reflexión o pensamiento serio de la Palabra de Dios, sería inmediatamente ahogado.

Los cuidados se refieren a la ansiedad constante con respecto a actividades terrenales, a los asuntos que pertenecen a la época en uno vive. Estos cuidados llenan la mente y el corazón de negras pretensiones. Si estas personas son pobres, se engañan pensando que serían felices si fueran ricos.

Pero si son ricos, se engañan imaginando que si fueran más ricos podrán sentirse satisfechos, como si las riquezas materiales pudiesen de alguna manera garantizar la felicidad. En realidad, el encanto que emana de las riquezas es un encanto engañoso.

Según Marcos, a los dos tipos de espinos ya mencionados, Jesús añade un tercero: los deseos de otras [o: de las demás] cosas. Bajo este encabezamiento no hay duda que incluye todos los demás deseos malos.148 Tales deseos o codicias son malos, a. porque lo que se desea es malo; por ejemplo, el desear drogas perniciosas, o relaciones íntimas con la esposa de otro hombre; b. porque aun cuando lo que uno desea tener o hacer sea perfectamente lícito, el deseo puede ser excesivo; por ejemplo, jugar a fútbol o a ajedrez hasta el punto de descuidar todo lo demás. Pero Jesús se refería especialmente a los placeres pecaminosos, lo cual parece deducirse del breve resumen de Lucas; “afanes y riquezas y placeres de la vida” (8:14). Así interpretado, vemos que la enumeración de Lucas corre paralelamente a la de Marcos.

Indudablemente, cuando Jesús se refirió a los espinos que ahogaron la semilla que empezaba a germinar, no excluyó nada de lo que corresponde a esta categoría general. Queda incluida cualquier cosa que esté dentro de la esfera de las posesiones, el poder (o prestigio) y el placer, que destruya el efecto de la buena semilla de la palabra. “Porque nada de lo que el mundo ofrece viene del Padre, sino del mundo mismo. Y esto es lo que el mundo ofrece: los malos deseos de la naturaleza humana, el deseo de poseer lo que agrada a los ojos, y el orgullo de las riquezas” (1 Jn. 2:16, VP).

En los días de Amós la gente supuestamente religiosa se preguntaba: “¿Cuándo pasará el mes, y venderemos el trigo; y la semana, y abriremos los graneros [o: abriremos el mercado del trigo] del pan, y achicaremos la medida, y subiremos el precio, y falsearemos con engaño la balanza …?” (Am. 8:5). El engañoso encanto de las riquezas fue el espino que ahogó todo el bien que el mensaje de Dios pudo haber realizado. Abundan otros ejemplos tanto de las Escrituras como de la vida diaria.

Las personas aquí referidas no pueden recibir ricas bendiciones ni tampoco pueden ser ellas mismas bendición para otros. La palabra, en cuanto a ellas se refiere, no puede llevar fruto. No hay problema alguno en el sembrador. Tampoco hay problema alguno en la semilla. Es que en esta clase de gente todo anda mal. Deberían pedir al Señor que les libre de los afanes corrosivos y sueños mundanos e ilusorios, de modo que el mensaje del reino pueda comenzar a tener libre curso en su corazón y vida. Entonces su mente, rescatada de los afanes agotadores y de las fantasías ilusorias, estará en condiciones de reflexionar con entendimiento sobre pasajes tan preciosos como Pr. 30:7–9; Is. 26:3; Mt. 6:19–34; 19:23, 24; Lc. 12:6, 7, 13–34; 1 Ti. 6:6–10; y Heb. 13:5, 6.

 

«Corazones sensibles».

 

Versículo 20. Y las que se siembran en buena tierra representan a la clase de gente que oye la palabra, la acepta, y lleva fruto; algunos (rindiendo) treinta, otros sesenta, y otros ciento por uno. Al llegar a esta gente, el mensaje del reino cae en buena tierra, la clase de tierra que no es ni dura, ni superficial ni afanosa, sino que es receptiva y fértil.

Esta gente oye porque quiere oír. Meditan en lo que oyen porque tienen confianza en el que habla. Y así llegan a alcanzar un cierto grado de entendimiento genuino. Llevan el mensaje a la práctica y dan fruto: la conversión, la fe, el amor, el gozo, la paz, la paciencia, etc.

Hasta el Antiguo Testamento subraya la importancia del fruto espiritual como señal del verdadero creyente: Sal. 1:1–3; 92:14; 104:13. Esta línea de pensamiento continúa en los Evangelios (Mt. 3:10; 7:17–20; 12:33–35; Lc. 3:8; Jn. 15) y en el resto del Nuevo Testamento (Hch. 2:38; 16:31; Ro. 7:4; Gá. 5:22; Ef. 5:9; Fil. 4:17; Col. 1:6; Heb. 12:11; 13:15; Stg. 3:17, 18).

No obstante, no todos los cristianos experimentan el mismo grado de fructificación. No todos son igualmente penitentes, fieles, leales, valerosos, humildes, etc.; de ahí que no todos sean igualmente eficaces en conducir a otros a Cristo. En el caso de algunos creyentes, la semilla (el mensaje) rinde treinta por uno, es decir, treinta veces más de lo que fue sembrado; en algunos sesenta, y en otros cien. Mateo tiene el orden opuesto (100, 60, 30). En cuanto a la fiel reproducción del mensaje de Cristo, cada evangelista emplea su propio estilo; pero no hay ninguna diferencia esencial.

Considérese a Timoteo, a Tito, y a Pablo: tres eminentes hombres de Dios, en quienes la semilla del evangelio había brotado y producido fruto. Después de su conversión, los tres tuvieron en común una invariable lealtad a la causa del evangelio, una disposición para realizar las tareas difíciles del reino, y un amor por las almas; un amor que brotaba del amor a Dios, el mismo Dios que les amó primero. No obstante, había diferencias entre los tres. Timoteo ¡un excelente cristiano por cierto! (Fil. 2:19–23) necesitaba ser estimulado. Era de carácter tímido. A los corintios se les dijo que cuando Timoteo llegara, se preocuparan de que estuviese entre ellos “sin temor” (1 Co. 16:10; y véase también 2 Ti. 2:22a). Tito, por otro lado, es hombre que no solamente puede recibir órdenes, sino que también puede actuar por decisión propia (2 Co. 8:16, 17). Es un hombre de recursos, de iniciativa personal para una buena causa. Hallamos en él algo de la agresividad de Pablo. Sin embargo, ni Timoteo ni Tito se comparar con Pablo. Cualquiera que lea 2 Corintios 11:23–28 se convencerá de esto. Pablo escribió las palabras de 1 Corintios 15:10 sin exagerar, atribuyendo toda la gloria a Dios.

La comparación que aquí hacemos entre Timoteo, Tito, y Pablo no es para insinuar que Timoteo produjo sólo treinta por uno, Tito exactamente sesenta, y Pablo cien. Sólo tiene el propósito de dar una cierta evidencia en favor de la verdad fundamental que esta parte final de la parábola deja establecido: que existen diferencias aun entre aquellos cuya vida es espiritualmente fructífera. Que cada uno haga lo mejor que pueda para llevar mucho fruto (Jn.15:5). Pero siempre hay que recordar que, en última instancia, todo buen pensamiento, disposición, palabra, hecho, y carácter tienen su fuente en Dios y en su soberana gracia (Ro.11:36; 1 Co. 4:7), aunque la parábola también subraya que la disposición para oír correctamente el evangelio depende de la condición del corazón de quienes reciben la Palabra, estableciéndose así la responsabilidad humana.

 

3er Titulo:

Necesaria Gratitud Al Hacer Memoria De Las Bondades De Dios.

Lectura Bíblica:

Salmo 103: 1 al 5. Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila.

Comentario:

SALMO 103: HIMNO DE ALABANZA DE UN ALMA AGRADECIDA

Los himnos constituyen una parte importante del salterio (ver Contenido); son cantos de adoración a Dios. En general contienen una estructura sencilla de: a) Introducción, un llamado a la alabanza (103:1, 2); b) el cuerpo principal, que explica los motivos de la alabanza: atributos o hechos de Dios (103:3–19); y c) conclusión, una síntesis o se repite la invitación a adorar (103:20–22). Los cristianos, a través de los siglos, han usado [página 326] muchos de estos himnos para adorar a Dios.

El Salmo 103 ha sido descrito como “una de las mejores flores en el árbol de la fe bíblica”. El salmista relaciona su experiencia personal de Dios con el entendimiento de la fe que venía de la larga y rica tradición explicada en el Pentateuco y los Profetas. Hace un doble énfasis en la reverencia ante la grandeza y la santidad de Dios y la entrega a la misericordia y el amor de Dios.

No hay una clara indicación de la fecha. Por causa de ciertos arameísmos algunos lo consideran posexílico, pero otros ven detalles que señalan tiempos mucho más tempranos y lo fechan antes del exilio. Este Salmo y el 104 parecen haber sido relacionados; por lo menos empiezan y terminan con las mismas frases. El título de David podría indicar que fue escrito por David o que se dedica a David. Una tradición judía dice que David lo escribió cuando ya era anciano.

Invitación a alabar a Dios, vv. 1–5: Bendice, oh alma mía es un automandato. El salmista dialoga consigo mismo. Nótese que toma una decisión definida de alabar a Dios. La Biblia manda que amemos a Dios. El amor involucra los sentimientos, pero es también un asunto de la voluntad. Hemos de decidir alabar a Dios. Conocer más a Dios requiere tiempo en adoración y comunión con él.

Podemos preguntar por qué dice bendice; ¿no es Dios quien bendice al hombre? Sí, pero lleva la connotación de agradar a Dios; el salmista quiere que Dios se goce con esta alabanza. Todo mi ser utiliza una palabra que significa todo lo interior, todo que está adentro. El salmista involucra todos sus pensamientos, sus recuerdos, su mente, sus emociones, toda su persona en esta ofrenda de adoración. No olvides llama la atención a nuestra tendencia de olvidar lo bueno que Dios ha hecho en nosotros. Es el orgullo del corazón humano que lo hace ingrato y olvidadizo (cf. Deut. 8:12–14). La palabra heb. traducida beneficios significa hechos de bondad.

En los vv. 3–6 el salmista enumera específicamente los beneficios que motivan la alabanza a Dios. En el heb. se usa una serie de participios: el que perdona, el que sana, el que rescata, el que corona, etc. Empieza con el beneficio más grande, el perdón de los pecados. ¡Qué motivo para glorificar a Dios es la seguridad de que todas nuestras iniquidades son perdonadas! Sin el perdón de pecados, aun el bien terrenal más grande no es más que una tumba blanqueada detrás del cual se esconde la muerte.

El segundo beneficio es la sanidad. Varios pasajes de los Salmos hablan de Dios como sanador (30:2; 41:4). Jesús dedicó mucho tiempo a sanar a los enfermos. Dolencias viene de una palabra que significa todo tipo de sufrimiento interior y exterior. Dios sana física, psíquica y espiritualmente.

El que rescata (v. 4). Nótese cómo el lenguaje del éxodo (rescatar) se usa para otros hechos de Dios en la vida de su pueblo. Aquí algunos prefieren traducir “corrupción”, pero la palabra es “pozo” y el salmista probablemente se refiere a una crisis que le llevó cerca a la muerte. Muchos también pueden testificar de ser sacado de un hoyo de desesperación moral y espiritual.

La palabra traducida anhelos es discutida. Algunos encuentran el significado, “ornamento” y otros “mejillas”, por eso usan “boca” en la traducción. De cualquier manera es claro que Dios colma con buenas cosas la vida de sus hijos. El águila es símbolo de fuerza y vigor como en Isaías 40.

 

4° Titulo:

En Las Diferentes Circunstancia De La Vida Debemos Ser Agradecidos.

Lectura Bíblica:

1a a los Tesalonicenses 5:18. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

Comentario:

16–18. En tanto que en los versículos 12–15 Pablo ha mostrado cual ha de ser la actitud de los tesalonicenses hacia sus líderes, hacia los demás hermanos caracterizados por sus imperfecciones particulares,

hacia los que les hayan ofendido, y finalmente el uno para con el otro y para con todos, en los versículos 16–18 establece cual ha de ser la actitud interna y cómo esta actitud interior ha de manifestar su expresión hacia Dios. Por lo tanto, se nos ofrecen ahora las siguientes tres maravillosas amonestaciones íntimamente relacionadas, y concisamente expresadas:

«Siempre estad gozosos.

Incesantemente orad.

En todas las circunstancias dad gracias».

Los tesalonicenses no desconocían (véase sobre 1:6) el “gozo inefable y lleno de gloria” (1 P. 1:8), el “gran gozo” que resultó de la encarnación de Cristo y la redención obrada mediante su cruz. No obstante, debido a las persecuciones del exterior y los disturbios internos, existía el peligro (hablando humanamente, por supuesto) que este gozo pudiera desaparecer. De ahí que Pablo, que experimentó vez tras vez el gozo en medio de las persecuciones y penalidades (3:7–9; cf. Fil. 3:1; 4:4, 10), insta a sus lectores a estar siempre gozosos.

Por supuesto, el único que puede hallar alivio y aun regocijarse en tiempos de angustia y tristeza (en vista de Ro. 8:28, 35–39) es aquel que hace notorias sus necesidades y deseos ante el trono del Padre. Es por esto que la instrucción “estad siempre gozosos” es seguida inmediatamente de “incesantemente orad”. En este caso se usa para oración la palabra más amplia que existe (προσευχή, προσεύχομαι). Con relación a sinónimos véase el notable pasaje de Filipenses 4:6. Lo que Pablo quiere decir es: No debe haber disminución en la regularidad del hábito de mantenerse “aferrado a la mano de Dios” en medio de todas las circunstancias de la vida. Cf. Ro. 12:12; Ef. 6:18; Col. 4:2. El apóstol tenía autoridad para exhortar así puesto que él mismo dio el ejemplo (3:10; 2 Ts. 1:11; Ef. 1:16; 3:14).

Cuando alguien ora sin dar gracias, ha cortado las alas de la oración, en tal forma que ésta no se puede elevar. Por lo tanto, el trío de amonestaciones concluye con, “En todas las circunstancias dad gracias”.Esta frase en todo (ἐν παντί probablemente con χρήματι sobreentendido) incluye aflicción, porque aun en medio de todas estas cosas (“tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligros y espada”) los creyentes no solamente son vencedores sino “más que vencedores” (superinvencibles), ¡puesto que todas estas cosas realmente les ayudan a alcanzar la meta predestinada! Véase Ro. 8:35–37.

Porque esta es la voluntad de Dios (no solamente la palabra de Pablo, Silas, y Timoteo) en Cristo Jesús para con vosotros. La voluntad de Dios, según se manifiesta claramente por medio de la obra redentora y revelación de Jesucristo, es esto mismo, a saber, que los creyentes deben.

 

Amén, para la gloria de Dios.

 

 

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.