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Lunes 24 de septiembre de 2018: “La tibieza espiritual excluirá al creyente de la vida eterna”.

Lunes 24 de septiembre de 2018: “La tibieza espiritual excluirá al creyente de la vida eterna”.

Lectura Bíblica: Apocalipsis Cap. 3, versículos 14 al 18. Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.

 

  • Comentario:

 

Laodicea 3:14–22. La ciudad: Laodicea esta situada a unos sesenta y nueve kilómetros al sureste de Filadelfia, diecisiete al oeste de Colosas y casi diez de Hierápolis (Col. 4:13) en el valle de Licos. Era la puerta de entrada a Éfeso, a unos ciento sesenta kilómetros al este, la cual era, a su vez, la puerta de entrada a Siria. Hasta mediados del siglo tercero antes de Cristo, se la conocía como Diospolis (la ciudad de Zeus) y Roas. Pero alrededor del 250 a.C. el gobernante sirio Antíoco II extendió su influencia hacia el oeste, conquistó la ciudad, y le puso por nombre Laodicea en honor a su esposa Laodicea. Los romanos penetraron en la zona en el 133 a.C. y convirtieron a la ciudad en un centro judicial y administrativo. Construyeron un sistema de carreteras de este a oeste y de norte a sur. En la encrucijada estaba la ciudad de Laodicea, que aumentó en tamaño, se convirtió en centro comercial principal y consiguió riqueza e influencia. Su industria de la lana floreció gracias a la producción y exportación de lana negra, de la fabricación de ropas corrientes y costosas y de la invención de un colirio eficaz para los ojos. Tenía una floreciente escuela de medicina que se especializaba en oídos y ojos y había desarrollado un ungüento para tratar la inflamación de ojos. Debido a este ungüento, la escuela adquirió fama mundial.

   Un devastador terremoto causó grandes daños a Laodicea en el 17 d. C. y, al igual que a otras ciudades en la provincia de Asia, recibió ayuda económica del gobierno romano. En el 60 d.C. un segundo terremoto afectó a la ciudad, y el gobierno romano ofreció ayuda financiera para reconstruir la ciudad. Pero los padres de la ciudad enviaron al gobierno una respuesta negativa e informaron que disponían de abundantes recursos para la reconstrucción. De hecho, incluso contribuyeron para la reconstrucción de ciudades vecinas.

   Antíoco el Grande (conocido también como Antíoco III) trajo a unas dos mil familias judías de Babilonia a Lidia y Frigia a mediados del siglo tercero a.C. La ciudad de Laodicea, fronteriza de estas dos regiones, acogió a muchas de estas familias y prosperó. Cuando en el 62 d.C. los judíos quisieron pagar su impuesto anual para el mantenimiento del templo en Jerusalén, el procónsul Flaco confiscó el envío de oro. Parte de este envío provenía de Laodicea y ascendía a unos nueve kilos. «Se ha calculado que la cantidad proveniente de Laodicea significaría que la población adulta de judíos libertos en el distrito era de 7,500». La carta a la iglesia en Laodicea no indica nada en cuanto a una presencia judía, lo cual puede significar que esta iglesia, como la de Sardis, predicaba un evangelio que no significaba para nada una amenaza para los judíos. Y los cristianos de Laodicea tampoco tuvieron que enfrentarse a ninguna persecución de parte de los gentiles, ni tampoco hubo en la ciudad falsos profetas, incluyendo a nicolaítas, a Balaam o a Jezabel. El templo para rendir culto al César estaba en un lugar céntrico de la ciudad. La iglesia se conformaba a otras religiones, disfrutaba de riqueza material, vivía una vida fácil, y no insistía en los derechos de Cristo. En consecuencia, Jesús no pronuncia ninguna palabra de alabanza o ponderación de esta iglesia ni de iglesias similares que no llegan a proclamar su mensaje de salvación.

En esta breve síntesis debería mencionarse un último término. El suministro de agua para Laodicea llegaba desde Hierápolis, a una distancia de unos diez kilómetros, por medio de un acueducto. La fuente contenía aguas termales ricas en carbonato de calcio; cuando el agua llegaba a Laodicea, su temperatura era tibia. Aunque estas fuentes termales tenían valor medicinal y eran como un balneario para los habitantes del lugar, Jesús compara las aguas templadas cerca de la ciudad con la tibia vida espiritual de los cristianos de Laodicea.

Descripción: 3:14–16: «Y al ángel de la iglesia en Laodicea escribe: El Amén, el testigo fiel y verdadero, el origen de la creación de Dios, dice esto: 15. Conozco tus obras; no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente. 16. Así que, porque eres tibio y ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca.

Aparte de este texto, el nombre Laodicea sólo se encuentra una vez en todo el Nuevo Testamento (Col. 4:13). Su cercanía a Colosas sugiere que Epafras fuera probablemente el fundador de la iglesia en Laodicea (Col. 1:7; 4:12–13). Pablo envió una carta a esta iglesia, y pidió a los colosenses que procuraran que su carta se leyera en la iglesia de los laodicenses y que ellos a su vez leyeran la carta de los laodicenses (Col. 4:16). No disponemos de información acerca de si Pablo visitó alguna vez esta iglesia. Quizá después de que fue puesto en libertad tras su prisión en Roma, visitó Colosas (Flm. 22) y la vecina Laodicea.

  1. «Y al ángel de la iglesia en Laodicea escribe: El Amén, el testigo fiel y verdadero, el origen de la creación de Dios, dice esto». De todas las siete cartas a las iglesias en el occidente de Asia Menor, ésta es la única en la que la descripción de Cristo no se basa en la aparición de Jesús a Juan en la isla de Patmos (1:12–16). Se basa en el saludo, que dice «y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos» (1:5a).

   La descripción que hace Jesús de sí mismo como la palabra Amén proviene del texto hebreo del Antiguo Testamento. El «Amén» transmite la idea de lo que es verdadero, firmemente establecido y digno confianza. Era una palabra muy conocida de los que rendían culto a Dios, quienes se unían en una doxología, proclamando su confirmación de lo que habían oído (p.ej., 1 Cr. 16:36; Sal. 106:48). Es un «Sí» enfático como respuesta afirmativa a una oración o una conclusión para una doxología (Ro. 1:25; 9:5; 11:36; 16:27; Gá. 6:18; Ap. 1:7; 5:14; 7:12; 19:4). Precedido del artículo definido, el Amén se ha personificado en el texto hebreo como «el Dios de Amén», traducido, «el Dios de la verdad» (Is. 65:16; compárese con 2 Co. 1:20). Jesús se atribuye este título y lo interpreta en la siguiente cláusula como «el testigo fiel y verdadero». Los términos fiel y verdadero son ambos traducciones de la misma expresión hebrea Amen.

   Esta frase aclaradora el testigo fiel y verdadero es un eco del saludo trinitario (1:4b–5); sin el término testigo describe al jinete en un caballo blanco (19:11). Significa que todo lo que Jesús dice es indudablemente verdadero, de modo que al final de Apocalipsis leemos la afirmación: «estas palabras son fieles y verdaderas» (21:5; 22:6). Por ser testigo fiel, Antipas sufrió martirio en Pérgamo (2:13). Al cumplir las profecías del Antiguo Testamento (Is. 43:10–13 y 65:16–18), Cristo es el verdadero Israel, porque es el «Amen, el testigo fiel y verdadero».

Cuando Jesús se refiere a sí mismo como «el origen de la creación de Dios», vemos un nexo íntimo con la carta de Pablo a los colosenses, que los laodicenses leyeron en servicios de culto (Col. 4:16). El Señor se llama a sí mismo el «origen [griego arjē] de la creación de Dios». No deberíamos interpretar la palabra origen en forma pasiva, como si Jesús fuera creado o recreado, sino de manera activa, porque Jesús es quien genera y trae a la existencia la creación de Dios (Jn. 1:1; Col. 1:15–18; Heb. 1:2). ¿Cuál es, pues, el propósito de esta descripción? Mostrar que Jesucristo hizo todas las cosas y por ello las posee y. También, todas las cosas fueron hechas para servirle. El mensaje a los laodicenses es que su jactancia por sus riquezas materiales está fuera de lugar porque todas las cosas pertenecen a Jesús, quien es digno de alabanza y gloria.

  1. «Conozco tus obras; no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente». El término obras también se encuentra en las otras cartas (2:2, 19; 3:1, 8). Aquí significa exactamente lo mismo que en la carta a la iglesia en Sardis (v. 1): obras incompletas que ni vale la pena mencionar. Jesús conocía las obras tanto de Sardis como de Laodicea y para estas dos iglesias sólo tuvo palabras de reproche. Ya no estaban activas y vivas: los pocos fieles en Sardis eran como brasas resplandecientes en medio de cenizas; los de Laodicea eran como su abastecimiento de agua, ni frías ni calientes.

Si los laodiceos no hubieran escuchado nunca el evangelio, habrían sido fríos en un sentido espiritual. Suponemos que la primera generación de cristianos en Laodicea aceptó el evangelio y brilló con fuego espiritual y de entusiasmo. Pero sus descendientes eran tibios. No tenían interés en ser testigos de Jesucristo, en vivir una vida de servicio para el Señor, o en predicar y enseñar su evangelio para que avanzaran su iglesia y el reino. Aunque tenían las Escrituras, eran apáticos, indiferentes y despreocupados en cuanto a las cosas del Señor (compárese con Heb. 4:2; 6:4). No sorprende que Jesús dijera, «conozco tus obras», con la implicación de que no había ninguna.

  1. «Así pues, porque eres tibio y ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca». Las fuentes termales a unos diez kilómetros cerca de Hierápolis enviaban agua de calidad medicinal a Laodicea. Para cuando el agua llegaba a su destino, se había enfriado bastante, y debido al carbonato de calcio que contenía, producía un efecto nauseabundo en quienes la bebían. Por el contrario, Colosas, a dieciocho kilómetros de distancia, disfrutaba de manantiales de agua refrescante, fría y pura.

   Cristo no tiene ningún interés en un cristianismo tibio, porque no vale nada. Prefiere trabajar con personas que o arden de energía para hacer lo que les corresponde o que nunca han oído hablar del mensaje de salvación y están dispuestas a escuchar. El agua tibia con carbonato de calcio hace vomitar. De igual modo, los cristianos nominales, vacíos de obras espirituales, son totalmente desagradables para el Señor, y está a punto de vomitarlos de su boca. Nótese que Jesús no dice, «Te vomitaré de mi boca», sino más bien «estoy a punto de vomitarte de mi boca». He aquí la gracia del Señor Jesús ya que da tiempo a los laodicenses para que se arrepientan después de haber leído su carta. Esta misiva tiene como fin cambiar la actitud tibia de los receptores en deseo de trabajar por el Señor, porque la gracia siempre antecede a la condenación (véase v. 19).

   La iglesia en Laodicea «no se había vuelto indiferente porque los intereses mundanos habían enfriado su debido fervor, sino que se había vuelto ineficaz porque, al creer que estaban bien dotados espiritualmente, sus miembros habían cerrado la puerta dejando fuera a su verdadero proveedor». Habían excluido a Cristo (compárese con v. 20) y pensaban que podían prescindir de él. Con ello se habían vuelto totalmente ineficaces como iglesia. Sin Cristo la iglesia está muerta.

 

  • Reproche: 3:17–18
  1. Porque dices, ‘Soy rico y me he enriquecido y no necesito nada’, pero no sabes que eres desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo».
  2. «Porque dices, ‘Soy rico y me he enriquecido y no necesito nada’».

El origen de este dicho parece ser el texto hebreo de Oseas 12:8, el cual ofrece semejanzas claras:

Efraín se jacta:

«Soy muy rico; me he enriquecido.

con toda mi riqueza no encontrarán en

mí ninguna iniquidad o pecado».

   Aunque no podemos determinar si los miembros de la iglesia en Laodicea eran ricos o no, sí sabemos que los habitantes del lugar eran ricos y prósperos. El dicho «soy rico y no necesito nada» también se encuentra en una diatriba de Epicteto, quien menciona estas palabras como dichas por un administrador imperial. Quizá el dicho era proverbial entre los ricos. Pero en este caso las palabras salen de la boca de los cristianos en Laodicea, quienes se habían conformado por completo a la ciudadanía. Así pues, en lugar de que la iglesia influyera en la sociedad, había ocurrido lo opuesto, ya que la sociedad influía en la iglesia.

   Luego, la palabra rico puede apuntar a posesiones materiales o espirituales. ¿Se identificaron los miembros de la iglesia con los habitantes del lugar quienes en el 60 d.C. habían rechazado la ayuda de Roma cuando un terremoto devastó Laodicea? ¿O sugiere el contexto que entendamos la palabra como referencia a riquezas espirituales? El pasaje anterior (vv. 14–16) y el versículo siguiente (v. 18) obligan a los comentaristas a adoptar la segunda opción. La evidencia indica que la iglesia había adoptado las normas de Laodicea y las había transferido al ámbito espiritual. Por ejemplo, la ciudad, conocida como centro financiero, construyó edificios, puertas y torres grandes poco después de que el terremoto hubo destruido la ciudad. Se enorgullecía de ser independiente y de su capacidad para ayudar a sus vecinas que habían sufrido el mismo desastre. Los miembros de las iglesias estaban muy de acuerdo en mostrar independencia y en ayudar a los vecinos. En consecuencia, no llegaron a ver la diferencia ente riqueza material y espiritual. Se jactaban de su autosuficiencia y no necesitan a Cristo. Eran espiritualmente ciegos.

   Tercero, desde un punto de vista lógico, se invierte el orden ser rico y haberse enriquecido. Después de que alguien se enriquece, puede decir, «soy rico». Pero esta inversión de la secuencia esperada se encuentra más a menudo en Apocalipsis (véase 5:2, 5; 10:9) e incluso en el cuarto evangelio: «ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre» (Jn. 1:51).

   Por último, no necesitar nada es inconcebible en el caso del verdadero creyente, quien depende de Dios en todo momento, día y noche, para comida y bebida, hogar, techo, vestido, protección, alimento espiritual, aliento, consuelo, amor, gozo, felicidad y muchas otras bendiciones. Ser autosuficiente es el colmo de la arrogancia espiritual, porque ya no están funcionando la fe y la confianza en el Señor.

  1. «Pero tú no sabes que eres desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo». El contraste que introduce la partícula adversativa pero es en verdad sorprendente. Jesús dijo, «conozco tus obras» (v. 15) y ahora les dice a los laodicenses que no se conocen a sí mismos. Utiliza el pronombre personal tú en singular para enfatizar que se dirige a la iglesia como un todo. Describe a la iglesia con cinco adjetivos, de los cuales el primero es desdichado (véase Ro. 7:24). Denota la condición mundana de quienes no toman en cuenta las cosas divinas esenciales: la persona rica que carece de la riqueza que cuenta delante de Dios. Además de estar espiritualmente en quiebra, la persona rica es miserable. Pablo utiliza la palabra desdicha o miseria en superlativo cuando escribe acerca de quienes dudan de la resurrección: «Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales» (1 Co. 15:19). En vez de ser ricos, los laodicenses son espiritualmente pobres porque los bienes materiales los ciegan (compárese con 2 P. 1:9). Y por último, se presentan desnudos delante de Dios y son incapaces de cubrir su vergüenza. Con sólo cinco adjetivos, Jesús ha descrito su lamentable condición. Los dos primeros (desdichado y miserable) reflejan la situación interna de los laodicenses, en tanto que los tres últimos (pobre, ciego y desnudo) describen la condición tanto interna como externa.
  2. «Te aconsejo que me compres oro refinado por fuego para que seas rico, y ropas blancas para vestirte para que no se revele la vergüenza de tu desnudez, y colirio para poner en tus ojos para que puedas ver».

    Este versículo retoma los tres últimos adjetivos del versículo anterior (v. 17), aunque sin la misma secuencia. Cuando se eliminan estos tres adjetivos (pobre, desnudo y ciego), desaparecen los otros dos (desdichado y miserable). Asimismo, estos tres abarcan todas las bendiciones que necesita el creyente para su salvación: redención, justificación y santificación.

  1. «Te aconsejo que me compres oro refinado por fuego para que seas rico». En lugar de un reproche duro y de un mandato contundente, Jesús aconseja a los laodicenses y demuestra su gracia divina. Utiliza el lenguaje del mercado y alude a un pasaje del Antiguo Testamento: «vengan, compren vino y leche sin pago alguno» (Is. 55:1). Se dirige a quienes con descaro afirmaron que no tenían ninguna necesidad, y los invita a que le compren a él oro refinado. Por implicación, desea que acudan a él como mendigos indigentes que nunca podrían comprar este bien precioso. La palabra griega oro se refiere a productos de alta artesanía, como joyas o monedas, y no simplemente al metal mismo (compárese 17:4; 21:18, 21 con 9:7; 18:12). Los cambistas en el banco de Laodicea manejaban dinero a diario, pero Cristo aconseja al pueblo que acuda a él para comprar. Sin embargo, su consejo omite a propósito mencionar el dinero, porque la transacción debe darse sin oferta legal. Sólo pueden conseguir el oro de Jesús.

    Nótese, por tanto, la clase de oro que Cristo pone a disposición de los laodicenses: «oro refinado por fuego». Es oro que ha sido purificado hasta tal grado que de él emana el brillo del fuego (véase 1 P. 1:7). Estas palabras sugieren la prueba de fuego que deben enfrentar los seguidores de Cristo. Oro es de hecho otra palabra para fe, que es mucho más preciosa que el oro. La fe debe ser de importancia total para los laodicenses, porque deberían darse cuenta de que Jesús les habla en términos espirituales. Lo que está en juego aquí es que todas las impurezas deben ser eliminadas con fuego, de modo que su fe surja intacta del mismo y, como consecuencia, su amor por Cristo sea puro.

  1. «Ropas blancas para vestirte para que no se revele la vergüenza de tu desnudez».En una ciudad donde la industria de la ropa daba trabajo e ingresos a innumerables personas, estas palabras tienen un atractivo directo. La lana negra que producían las ovejas era el color de casi toda la ropa que se fabricaba. Los sacerdotes llevaban ropaje blanco, pero ahora esta vestimenta es la vestimenta escatológica de los santos quienes, con el color blanco, dan testimonio de santidad y pureza. Es una alusión al Anciano de días: «su ropa era blanca como la nieve» (Dn. 7:9; véase Ap. 1:14).

   La razón de vestir ropa blanca es cubrir la desnudez del pecado y con ello no ser avergonzado (compárese con 16:15). El Antiguo Testamento ofrece una serie de casos en los que o la realidad o la amenaza de una humillación total se centraban en ser desnudado.

   Los cristianos en Laodicea estaban espiritualmente desnudos, «[porque] todos los telares en su ciudad no podían tener ropa para cubrir sus pecados. Laodicea podía proveer a todo el mundo sus túnicas y otras ropas; pero la justicia era la vestimenta blanca que Dios pedía (véase 19:8), y esto lo debían conseguir de Cristo».Sólo Jesús quita el pecado y la culpa, porque sólo él puede proporcionar la túnica blanca de la justicia.

  1. «Y colirio para poner en tus ojos para que puedas ver». La escuela de medicina en Laodicea se había familiarizado con las propiedades curativas de la así llamada piedra frigia. Esta piedra, que procedía de la cercana provincia de Frigia, se convertía en polvo con el que se elaboraba un ungüento que se utilizaba para curar enfermedades oculares.

   Los creyentes laodicenses estaban ciegos debido a que se engañaban a sí mismos y no eran capaces ver con ojos espirituales. Con el colirio para los ojos que Jesús proporciona, los laodicenses podrían ver sus propios pecados a la luz de la palabra de Dios y de caminar con Jesús, quien es la luz del mundo.

Palabra Clave Tibieza: Que significa: cliaros (cliarov”, 5513), templado, tibio (relacionado con clio, volverse tibio, y que no se encuentra ni en el NT ni en la LXX). Se emplea metafóricamente en Ap 3.16, del estado de la iglesia de Laodicea, que no constituía ningún refrigerio para el Señor, como el dado por agua ya fría ya caliente.

En este estado, «Cristo está afuera, pero aún llamando a la puerta, buscando la apertura del corazón individual» (Extracto).

El agua tibia es desagradable. La iglesia de Laodicea se había vuelto tibia y por lo tanto era desagradable y repugnante. Los creyentes no adoptaban una posición firme. La indiferencia los había conducido a la ociosidad. Al dejar de hacer algo por Cristo, la iglesia se había endurecido y estaba satisfecha de sí misma. Estaba destruyéndose. No hay nada más desagradable que un cristiano solo de nombre que es autosuficiente. No se conforme con seguir a Dios a medias. Permita que Cristo avive su fe, y póngala en acción.

Opera en algunos creyentes que no son fríos ni calientes.

¿Como se sabe si un creyente: si un espíritu de tibieza espiritual lo está influenciando?

a.- Cuando ha perdido o ha disminuido su amor hacia Dios.

b.- Perdió el hambre por las cosas de Dios, la palabra, la oración e ir a la iglesia

c.- Perdió la sensibilidad a la presencia de Dios.

d.- Perdió la sensibilidad de la necesidad de la gente.

e.- La vida de oración se vuelve rutina.

Pensamiento: La tibieza es una enfermedad que mata al creyente espiritualmente. Y lo hace perder la visión de la vida eterna, de la patria celestial. Y entra el conformismo. Todo lo encuentra como normal y no se inmuta por recuperar lo perdido. Advierta a cada creyente que debe reaccionar, despertar, ponerse de pies, es por la vida eterna.

Referencias de Tibieza: 1 Juan 2:15-16: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.

Mateo 5:13: Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.

Mateo 12:30: El que no es conmigo, contra mí es, y el que conmigo no recoge, derrama.

Santiago 3:10-12: De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, no conviene que estas cosas sean así hechas. ¿Echa alguna fuente por una misma abertura agua dulce y amarga? 12 Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas, ó la vid higos? Así ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce.

2 Timoteo 4:3: Porque vendrá tiempo cuando ni sufrirán la sana doctrina, antes, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme á sus concupiscencias

2 Corintios 6:14-18: No os juntéis en yugo con los infieles: porque ¿qué compañía tienes la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿ó qué parte el fiel con el infiel? ¿Y qué concierto el templo de Dios con los ídolos? porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos, y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo, Y yo os recibiré, Y seré á vosotros Padre, Y vosotros me seréis á mí hijos é hijas, dice el Señor Todopoderoso.

Mateo 16:26: Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?.

 

1er Titulo:

Fuerte Reproche De Dios Ante El Abandono De La Perseverancia. Apocalipsis 2:2 al 5. Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.

  • Comentario:
  1. «Conozco tu obra, tu duro trabajo y tu paciente resistencia, y que no puedes soportar a los malvados; y has puesto a prueba a quienes se llaman apóstoles pero no lo son, y has encontrado que son mentirosos».
  2. «Conozco tu obra, tu duro trabajo y tu paciente resistencia». Jesús no dice que simplemente sabe de sus obras; afirma que tiene un conocimiento minucioso de todo lo que hacen, porque nada se escapa de su atención. Alaba a los efesios, como resulta patente por los tres sustantivos obras, trabajo y paciente resistencia. También el pronombre posesivo tu es significativo, y con su repetición se enfatiza su labor y actitud. Este pronombre está en singular. El empleo del singular significa que el pastor al que Jesús se dirige es responsable por el bienestar espiritual de la iglesia. Pero también con este singular Jesús habla a cada uno de los miembros individuales de la iglesia.

 El sustantivo obra lo incluye todo y se puede interpretar en el sentido de acciones tanto buenas como malas. En este caso se insiste más en el aspecto positivo del término que en el negativo.

Las buenas obras consisten por un lado en el trabajo y por el otro en la paciente resistencia. El trabajo incluye tanto lo físico como lo mental, ya que ambos suelen exigir y agotar (comparar con He. 6:10; 10:32–34). Oponerse a los malos, a los falsos apóstoles y a los nicolaítas en la comunidad sin duda fatigaba a los miembros de la iglesia en Éfeso. Su actitud era de paciente resistencia y de perseverancia frente al conflicto espiritual. A propósito, el término griego jupomonē, que he traducido como «paciente resistencia», se encuentra siete veces en Apocalipsis y en todas ellas se refiere a la perseverancia de los santos (1:9; 2:2, 3, 19; 3:10; 13:10; 14:12). ¿Qué es paciente resistencia? Es una cualidad interna que se expresa en la espera de Jesús, en cuya ausencia el creyente da testimonio de él en forma perseverante hasta el punto de sufrir la muerte a causa de la persecución.

  1. «Y que no puedes soportar a los malvados». El cristiano que hace buenas obras por medio de su esfuerzo externo y su paciencia interna es incapaz de soportar las acciones de los malos con quienes convive. El verbo griego dunē, se traduce aquí como «puedes» en singular. Es decir, la persona cuyo corazón está verdaderamente dedicado a servir al Señor no da cabida al mal y a quienes en forma voluntaria lo hacen. La máxima de que Dios ama al pecador pero odia el pecado es válida y tiene aplicación en este pasaje. Pero el seguidor de Cristo no puede tolerar a los malvados que se niegan a arrepentirse para seguir haciendo el mal.

¿Quiénes son esos malvados? Si observamos el típico paralelismo hebreo que se utiliza para poner de relieve o aclarar un punto, vemos que la respuesta está en la segunda parte de este versículo, a saber, los falsos apóstoles. Juan no transmite la idea de dos clases diferentes de malvados, sino de una. Los mentirosos son los malvados.

  1. «Y has puesto a prueba a quienes se llaman apóstoles pero no lo son, y has encontrado que son mentirosos». Los cristianos efesios se encontraban con misioneros itinerantes que ingresaban a la iglesia y con todo descaro se llamaban apóstoles. Pero los seguidores de Cristo los ponían a prueba para descubrir que eran falsos. Estos así llamados apóstoles predicaban un evangelio que no era el de Cristo; no los había nombrado Jesús; y carecían de autoridad para servir a toda la iglesia (ver 2 Co. 11:13).12 En tiempos de Pablo, llegaban falsos apóstoles con recomendaciones fraudulentas y exigían que demostrara su condición de apóstol dándoles una carta de recomendación (2 Co. 3:1). Sin embargo, Pablo expuso los distintivos del apóstol, a saber, predicar a Jesús y su evangelio; hacer señales, maravillas y milagros, y hacerlos con perseverancia (2 Co. 11:4; 12:12). Los efesios sometieron a prueba la doctrina y las obras de estos apóstoles y descubrieron que se trataba de impostores.

Como Jesús menciona a los nicolaítas en forma específica (v. 6) y registra su presencia también en la iglesia en Pérgamo (2:15), no resulta del todo irreal la sugerencia de que estas personas eran los falsos apóstoles. Sin embargo, no estamos seguros de que procedieran de Palestina o de que los enviaran los judaizantes. Llegaron con pretensiones y alardes, para encontrarse con el rechazo total de los efesios, quienes odiaban sus prácticas. Los llamaban mentirosos.

  1. «Y has soportado y tenido tolerancia por mi nombre y no te has desanimado».
  2. Composición estilística. Aunque lo es mucho más en griego, incluso al traducirse, resulta llamativa la repetición de las mismas palabras. Adviértanse los términos has soportado y tolerancia en este versículo; también se encontraron en el versículo precedente en la traducción «paciente resistencia» y «soportar». Al final de este versículo Juan escribe la frase no te has desanimado, que tiene la misma connotación que el sustantivo «trabajo» (v. 2).
  3. Alabanza. Jesús alabó a la iglesia en Éfeso por sus obras, duro trabajo, perseverancia, poner a prueba la falsa doctrina, y llamar mentirosos a los maestros intrusos. Ahora sintetiza la posición de los efesios alabándolos por su perseverancia en soportar dificultades por su nombre. Estas palabras deberían interpretarse como una referencia a la acción disciplinaria que la iglesia tomó con referencia a los intrusos. Les prohibieron entrar en la iglesia y con ello dieron un ejemplo a las otras iglesias para que se comportaran igual. Pero las congregaciones en Pérgamo y Tiatira no llegaron a expulsar a los entrometidos (2:15).
  4. Nombre. Que un cristiano dé testimonio de Jesús no significa tanto como la persona de Cristo. El nombre cristiano implica que uno pertenece a Cristo y se identifica de pleno con él. Esto quiere decir que si alguien ataca a un cristiano, ataca a Cristo mismo (Hch. 9:4). Lo opuesto también es cierto: cuando alguien ataca a Cristo, ofende al cristiano. «Dichosos ustedes si los insultan por causa del nombre de Cristo, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa en ustedes» (1 P. 4:14).13 Si las personas rechazan la predicación del evangelio, endurecen su corazón contra Cristo. Cuando atacan su nombre, menosprecian su honor y pecan contra el mandamiento de no pronunciar el nombre de Dios en vano (Éx. 20:7; Dt. 5:11). Asimismo, los cristianos que no defienden el nombre de Jesús son igualmente culpables a los ojos de Dios. Los creyentes en Éfeso eran celosos de ese nombre y no se cansaban de promover su honor. Frente al lema «el César es señor», afirmaban con valentía que «Jesús es el Señor». Al honrar el nombre de Cristo y soportar con valentía persecución y dificultades, los efesios demostraban que no se habían desanimado en su vida espiritual.

 

  • Reproche: 2:4–5
  1. «Pero tengo esto en contra tuya, que has abandonado tu primer amor».

En lugar de continuar con sus palabras de alabanza para la iglesia líder en la provincia de Asia, Jesús castigó y advirtió a los cristianos efesios. A pesar de sus incesantes esfuerzos por oponerse a los malvados que habían ingresado a la iglesia para corromper a sus miembros, por perseverar sin cansarse y por sobrellevar dificultades por el nombre de Cristo, algo andaba mal en Éfeso. Ya no seguían demostrando el amor a Cristo que tuvieron en los primeros años de su vida cristiana. Eran los días en que Pablo, por un período de tres años, predicaba lo que les resultaba útil y les enseñaba públicamente de casa en casa (Hch. 20:20–21, 31).

Alrededor de una década más tarde, Pablo escribió a Timoteo, quien era pastor en Éfeso, y le dijo que amar con corazón puro, una buena conciencia y fe sincera es el propósito de la obra de Dios entre ellos. Mencionó que algunos maestros falsos en la congregación se dedicaban a mitos y genealogías sin fin en lugar de a las exigencias del amor (1 Ti. 1:4–6).

¿Es este amor de unos por otros en la iglesia en Éfeso o es el amor del cristiano por el Señor? Jesús mismo da la respuesta sintetizando el decálogo diciendo, «‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con todo tu ser y con toda tu mente.’ Este es el primero y el más importante de los mandamientos. Y el segundo se parece a éste: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas» (Mt. 22:37–40). Con respecto al decálogo, Dios es primero y luego los suyos, y lo mismo hay que decir con respecto a la oración del Señor. El amor genuino por Dios conduce en forma instintiva a expresar amor por el prójimo, mientras que amar al prójimo es una expresión de amor por Dios.

Cuando Jesús dice que los efesios han perdido su primer amor, no quiere decir que estén viviendo y trabajando sin amar a Dios o a su prójimo. Enfatiza el adjetivo primer. En efecto, la traducción literal dice, «Has dejado tu amor, el primer [amor]». Ha desaparecido en la congregación el color verde brillante de la primavera, y ahora prevalecen los matices evanescentes característicos de la primera fase del otoño. Para decirlo con otras palabras, la iglesia que Jesús se dirigió no consistía de creyentes de primera generación sino de cristianos de segunda y tercera generación. Estas personas carecían del entusiasmo que habían demostrado sus padres y abuelos. Funcionaban no como propagadores de la fe sino como cuidadores y custodios. Había una deficiencia obvia en expansión evangelística como consecuencia de una forma conservadora de pensar. Amaban a su Señor pero ya no con el corazón, alma y mente.

La primera generación hizo esfuerzos extraordinarios de modo que en Éfeso «la palabra de Dios crecía y se difundía con poder arrollador» (Hch. 19:20). En años posteriores, Pablo les dirigió una carta y los alabó por su fe en el Señor Jesús y su amor por los demás cristianos (Ef. 1:15). Los hijos y nietos de estas personas se oponían a la herejía y demostraban que perseveraban en satisfacer las necesidades de la iglesia, pero se quedaban cortos en cuanto al entusiasmo genuino por el Señor.

  1. «Por tanto, recuerda el lugar desde el que has caído, arrepiéntete y realiza las obras que hacías al principio. De no ser así, iré hasta ti y quitaré tu candelabro de su lugar, a no ser que te arrepientas».
  2. Gramática. En este versículo son diferentes los tiempos verbales en griego con el fin de enfatizar las acciones sucesivas de los efesios. Primero, hay el mandato de recordar, que se da en tiempo presente como «sigue recordando». Luego el verbo has caído en tiempo perfecto indica que ha trascurrido un tiempo considerable desde que comenzó el deterioro. De paso, el tiempo parece apoyar no la fecha temprana de Apocalipsis sino la tardía. Luego, el mandato de arrepentirse está en tiempo aoristo, lo cual significa una sola acción que debe durar de una vez por todas. Cuarto, lo mismo se debe decir del mandato de realizar las obras que hacían antes: su arrepentimiento debe acompañar a su decisión de trabajar con el mismo entusiasmo que sus predecesores. Quinto, la amenaza iré, aunque se traduce como futuro, está de hecho en tiempo presente para indicar acción inmediata. Sexto, el verbo quitaré en futuro indicativo denota que la amenaza no es una posibilidad sino una certeza en caso de no arrepentirse. Y por último, el verbo arrepientas, en la segunda frase, se incluye como cláusula de salida.
  3. Mandato. El Señor no sólo señala sus deficiencias; también les muestra cómo corregirlas. Después de criticar en forma negativa su situación espiritual, manda de manera positiva que la restauren. Deben recordar sin cesar su antigua posición pasando revista a su propia historia eclesiástica y recordando lo que sus antepasados habían hecho en la iglesia cuarenta años antes; y al recordar su historia, deben reconocer que han empeorado. Se ha evaporado el esplendor de su ardor espiritual. En realidad, su mediocre desempeño los ha hecho perder un lugar prominente en medio de las iglesias. Han caído de su elevada posición anterior y han perdido prestigio moral.

Cuando Jesús dice, «realiza las obras que hacías al principio», tiene en mente no las obras que los efesios habían estado realizando todo el tiempo sino más bien las obras de amor por Cristo. Se enfatiza no la palabra obras sino el término al principio. De igual modo que Jesús preguntó a Pedro a orillas del mar de Galilea, «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» (Jn. 21:15), les pide a los creyentes de Éfeso su dedicación incondicional. Para ello deben cambiar su estilo de vida, o sea, deben arrepentirse y dar un giro de 180 grados.

  1. Amenaza. Sin embargo, si no responden a la repetida invitación de Jesús a arrepentirse, el Señor tomará medidas drásticas. Va a venir y ya está en camino para visitarlos; no esperará hasta su venida en la consumación. E incluso antes de su venida final, los efesios ya no serán una iglesia. Jesús quitará el candelabro de donde está, lo cual significa que como congregación experimentarán un oscurecimiento espiritual completo. Una iglesia deja de serlo cuando ya no sirve a su maestro con amor y dedicación genuinos. Hay evidencia objetiva en el sentido de que el cristianismo nominal muere de muerte natural en el plazo de una o dos generaciones y, por consiguiente, desaparece por completo de la escena. Quizá los miembros sigan reuniéndose, pero lo hacen con fines sociales y no espirituales.

Una década después de que Juan escribiera Apocalipsis, Ignacio escribió una carta a la iglesia en Éfeso en la que alababa a los cristianos locales por su paciente perseverancia y su resistencia ante el engaño. Comenta que algunas personas de Siria han pasado por Éfeso con enseñanzas malas pero que los efesios se han negado a escucharlas. Los alaba por ser de una sola mente con los apóstoles en el poder de Jesucristo. Al parecer, los cristianos habían tomado en serio las palabras de Jesús.

 

 Titulo:

Engañosa Satisfacción Que Nos Aleja De Dios. San Lucas 18:11 al 14. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Comentario: 11, 12. El fariseo, se puso en pie y dirigía una oración a sí mismo de esta manera: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como el resto de la gente—ladrones, tramposos, adúlteros—ni aun como este cobrador de impuestos. Ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gane.

Obsérvese lo siguiente:

  1. El fariseo asume su posición con decisión. Orando en pie, alzando las manos y los ojos, no era nada extraordinario. En el caso de un fariseo esto era incluso lo que esperaríamos.

¿Exactamente dónde se para el fariseo en el complejo del templo? No se nos dice, pero una comparación con v. 13 puede indicarnos que se para lo más cerca posible del santuario mismo, con su Lugar Santo y su Lugar Santísimo.

  1. ¿A quién se dirige? Exteriormente se dirige a Dios, puesto que dice, “Oh Dios”. Pero interior y realmente, el hombre está hablando de sí mismo consigo mismo. Véase la nota sobre 18:11. Además, habiendo mencionado una vez a Dios, no vuelve a referirse a él. A través de toda su oración el fariseo se está felicitando a sí mismo.

Se deduce que esta es la realidad del hecho de que en ninguna parte de su oración el hombre confiesa sus pecados. En ningún momento pide a Dios que le perdone lo malo que ha hecho. Ahora, si hubiera tenido alguna percepción de la presencia divina, ¿no hubiera tenido también un sentido de culpa? Véanse Is. 6:1–5; Lc. 5:8.

  1. Comienza comparándose con otras personas. Sin embargo, no se compara con hombres verdaderamente devotos como Samuel (1 S. 1:20, 28; 2:18, 26) o Simeón (Lc. 2:25–32), sino con aquellos de mala reputación. Dice no ser ladrón … como si no estuviera en aquel mismo momento robando a Dios el honor que se le debe. No es tramposo o una persona deshonesta … como si no estuviera defraudándose a sí mismo de una bendición. Y no es adúltero. Bueno, quizás no literalmente, pero ¿acaso no estaba apartándose este orgulloso fariseo del Dios verdadero y así haciéndose culpable del peor de los adulterios? (Os. 1:2; 5:3).
  2. De pronto la atención del fariseo es atraída al cobrador de impuestos que está golpeándose el pecho y clamando a Dios por la misericordia. Entonces incluye también a este “publicano” en su oración añadiendo “ni aun como este cobrador de impuestos”. No se dio cuenta que el hombre a quien tanto despreciaba estaba en camino del cielo, lugar que el fariseo nunca vería a menos que ocurriera en su corazón un cambio interno muy básico, una transformación completa.
  3. Una oración farisaica del tiempo en que Jesús contó esta parábola es como sigue: “Te doy gracias, Jehová mi Dios, porque tú has asignado mi suerte con aquellos que se sientan en la casa de entendimiento y no con los que se sientan en las esquinas de las calles. yo me levanto temprano y ellos se levantan temprano: yo me levanto temprano para estudiar las palabras de la Tora y ellos se levantan temprano para atender asuntos de ninguna importancia. Yo me fatigo y ellos se fatigan: yo me fatigo y por ello gano, mientras ellos se fatigan sin ganar nada. Yo corro y ellos corren; yo corro hacia la vida de la era venidera, mientras ellos corren hacia el abismo de destrucción”. Este es otro ejemplo típico de la misma autojusticia farisaica.
  4. En el aspecto positivo, el fariseo menciona en su oración algunas obras supererogatorias a su haber. ¿Acaso no hace él más de lo que la ley exige? “Ayuno dos veces por semana”, dice él. Véase sobre 5:33. Este hombre no ayuna solamente una vez al año, como sugiere Lv. 16:29, o sólo en ciertos meses. No, él ayuna dos veces por semana (lunes y jueves, probablemente). Y en cuanto a diezmar, también a esto se da completamente y excede por mucho lo que la ley requiere (véase Dt. 14:22, 23). Este diezma aun las hierbas del jardín (Lc. 11:42). ¡Qué persona tan ejemplar!
  5. Pero el cobrador de impuestos, de pie a cierta distancia, no se atrevía siquiera alzar sus ojos el cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios, ten misericordia de mí el pecador.

Un sentido especial. El necesita a Dios desesperadamente, ¡al Dios de amor perdonador! Pero, habiendo llegado al templo, se pone a cierta distancia, lejos del santuario.

  1. Se avergüenza de sus pecados; de ahí, avergonzado de sí mismo, y por lo tanto permanece sin levantar los ojos.
  2. Sigue golpeándose el pecho en un acto de autocensura y casi desesperación.
  3. Profundamente consciente de la presencia de Dios, se aferra de Dios en oración (cf. Is. 64:7), y de las profundidades mismas de su ser clama: “Oh Dios, ten misericordia de mí, el pecador”. Con fervor e intensidad, suplica a Dios que haga propiciación por él. Tiene hambre y sed de la más grande bendición, a saber, que la ira de Dios sea quitada y se obtenga su favor. Su oración está totalmente en el espíritu de Sólo en Ti teniendo fe deuda tal podré pagar.
  4. ¿Pensaba el fariseo en sí mismo solamente? También lo hacía el cobrador de impuestos, distinguiéndose del resto de la humanidad, pero de un modo totalmente distinto. No se enaltece sobre los demás. No dice, por ejemplo: “Oh Dios, te doy gracias que soy, al menos, mejor que la mayoría de los cobradores de impuestos”. De ninguna manera. El se individualiza como ¡EL pecador! Más adelante, el gran apóstol a los gentiles haría lo mismo. Diría: “Cristo Jesús vino al mundo a salvar pecadores, primero de los cuales soy yo (1 Ti. 1:15).
  5. Os digo que este hombre, y no otro, volvió a su casa justificado …

Haciendo gran énfasis, Jesús continúa: “Os digo”, etc. Asevera: “éste hombre, en vez del otro” dando a entender claramente que “el otro no”.

El cobrador de impuestos volvió a su casa justificado. La palabra se usa aquí en el sentido forense. Dios mismo ha declarado justo a este “publicano”. Sí, él es justo ante los ojos del Altísimo. Los pecados del hombre han sido borrados. Véase Sal. 51:1, 2. Sus transgresiones han sido alejadas tanto como está lejos el oriente del occidente (Sal. 103:12). Han sido echados en lo profundo del mar (Miq. 7:19). Y el penitente mismo ha sido adoptado en la familia de Dios.

Ahora él vuelve a casa. Ha sido quitada la tempestad de su corazón. Ahora todo es paz, porque está profundamente convencido que la aprobación de Dios le pertenece.

El fariseo también vuelve a casa, ¡pero no tiene nada! Podría haberse quedado en casa ese día y no haber ido al templo. En realidad, esto hubiera sido mejor para él.

A todo esto se añaden las muy apropiadas palabras de Lc. 14:11: porque todo el que se enaltece será humillado, mientras que el que se humilla será enaltecido. Véase sobre 14:11; además, sobre 1:52, 53. Y no se olvide Is. 57:15. Así, de un modo muy conmovedor termina la Sección Central de Lucas.

 

3er Titulo:

Llamados a Estimularnos y Alentarnos Unos a Otros. 1a Tesalonicenses 5.14. También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.

Comentario: 14. En virtud del hecho de que al instar a los tesalonicenses a ser respetuosos con sus líderes, Pablo pensaba especialmente en las personas desordenadas que hicieron necesaria esta amonestación, no es de extrañar que la próxima instrucción comience entonces: Y os instamos, hermanos, amonestad a los desordenados, alentad a los de poco ánimo, ayudad a los débiles, ejerced paciencia para con todos.

En la congregación de Tesalónica había tres grupos que necesitaban atención especial: los desordenados, los de poco ánimo, y los débiles.

La palabra desordenados (ἄτακτος-οι, 3 Mac. 1:19 en la LXX) y de poco ánimo (ὁ λιγόψυχος-οι—las “almas pequeñas”, Is. 35:4 en la LXX) no ocurre en ningún otro lugar en el Nuevo Testamento. La palabra débiles (ἀσθενής-εῖς, i.e., sin fuerza) ocurre frecuentemente, y se usa tanto en caso de debilidad física (Mt. 25:39, 43, 44; Lc. 10:9; Hch. 4:9; 5:15, 16) como de enfermedad moral y espiritual (Ro. 5:6; 14:1; 1 Co. 8:7, 9, 10; 9:22; 11:30; etc.).

Ya hemos encontrado a cada uno de estos grupos anteriormente. Así, los desordenados—es decir, los que caminan irregularmente como soldados que marchan a destiempo en las filas—son los fanáticos, entremetidos, y haraganes (4:11, 12; 5:12, 13; y cf. 2 Ts. 3:10). Los de poco ánimo son probablemente los preocupados por los amigos y parientes que habían partido y/o por su propia condición espiritual (4:13–18; 5:4, 5, 9). Y los débiles bien podían ser los que se caracterizaban por su tendencia hacia la inmoralidad (4:1–8). Así interpretado, cada pasaje se explica a la luz de los otros dentro de la misma epístola, sin que se introduzcan cosas nuevas. Estamos, por supuesto, prontos a admitir que esta presentación podría ser inexacta. Así, por ejemplo, el tercer grupo (“los débiles”) bien pudo haber incluido a aquellos individuos que, aunque espiritualmente inmaduros, no se hallaban necesariamente en peligro de traspasar los límites de la decencia en asuntos relacionados con el sexo. Además, estos tres grupos hasta cierto punto pueden trasladarse.

Es tan claro como el día que estas amonestaciones están dirigidas a la congregación entera—obsérvese la palabra hermanos (véase sobre 1:4)—es decir, en cada caso, a todos los miembros excepto a los que se mencionan específicamente en la amonestación. Así, todos menos los desordenados deben amonestar a los desordenados; todos excepto los de poco ánimo deben alentar a los de poco ánimo, etc. Ha de ejercitarse la mutua disciplina por todos los miembros. Es un error dejar todo esto solamente en manos de pastores y ancianos.

En cuanto a los imperativos en presente empleados aquí, en primer lugar Pablo pide a los hermanos amonestar a los desordenados. Sobre el verbo véase el comentario sobre el versículo 12. La amonestación podría tomar la forma sugerida por Pablo mismo en 4:11, 12; 5:12, 13. Es lógico que los de poco ánimo deben ser alentados (véase sobre 2:11 y C.N.T. sobre Juan 11:31). Los débiles deben ser ayudados, o sea, no deben ser abandonados. Los hermanos deben “apegarse” a ellos, proveyéndoles toda la asistencia moral y espiritual necesaria.

Así, en lugar de rechazar rápidamente a alguien, ya sea desordenado, de poco ánimo, o débil, se debe mostrar paciencia (o longanimidad, μακροθυμία) hacia todos. Cf. Gá. 5:22; Ef. 4:2.

 

4° Titulo:

Necesaria Vigilancia Ante El Inminente Retorno De Cristo. 1a Tesalonicenses 5:5-6. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.

Comentario: 5. Porque vosotros sois todos hijos de luz e hijos del día. No pertenecemos ni a la noche ni a las tinieblas. Por medio de este hebraísmo verdaderamente llamativo, Pablo enfatiza el hecho de que todos los hermanos de Tesalónica (porque “vosotros … todos” refiriéndose a los “hermanos” ya mencionados en el versículo precedente), esto es, todos los que por la soberana gracia han sido adoptados para entrar en la familia de Jesucristo, son luces. Véase C.N.T. sobre Juan 12:36. Cf. Ro. 13:11, 12. La idea es una: la luz del día ya ha amanecido en sus corazones, y han sido destinados al reino de luz eternal. Pertenecen a él, porque ha tomado posesión de ellos. Poseen la fe, el amor, la esperanza, etc. Son “luz en el Señor” (Ef. 5:9). Y por cuanto él es la luz del mundo (véase sobre Juan 8:12), ellos también son la luz del mundo (Mt. 5:14). Como “hijos de luz y del día” (luces que brillan en el día) ofrecen un violento contraste con “los hijos de este siglo” (Lc. 16:8). No pertenecen ni a la noche ni a las tinieblas, es decir, el pecado ya no tiene dominio sobre ellos. La ira no está reservada para ellos. Ha habido lugar un gran cambio. Cf. Ef. 5:8; 2:1–10.

Obsérvese la discreta transición de vosotros a nosotros: “Vosotros sois todos hijos de luz … nosotros (los lectores, Pablo, Silas, Timoteo, todos los creyentes) no pertenecemos ni a la noche ni a las tinieblas”. La razón de esta transición es que Pablo se prepara a comunicar una solemne advertencia. Al incluirse a sí mismo (no diciendo vosotros, sino nosotros) da a la exhortación un sabor más aceptable y efectivo:

6–8a. Por tanto, no durmamos como lo hacen los demás, sino que permanezcamos vigilantes y sobrios. Porque los que duermen, duermen de noche, y los borrachos (o los que se emborrachan) de noche se embriagan. Pero puesto que nosotros pertenecemos al día, seamos sobrios.

En vista del hecho, entonces, que tanto escritores como lectores (junto con todos los cristianos de todo

lugar) son hijos de luz y no de las tinieblas, pertenecientes al día y no a la noche (véase sobre versículo 5), se les exhorta a no dormir sino a permanecer vigilantes y sobrios.

Es claro que los términos dormir, ser vigilantes, y ser sobrios se usan aquí metafóricamente. Así usados, su. significado es como sigue:

Dormir (cf. Mc. 13:36; Ef. 5:14) significa vivir como si nunca hubiere de venir un día de juicio. Se da a entender la existencia de relajamiento moral y espiritual. Lucas 12:45 describe esta condición en forma vívida. Así lo hace también la descripción de las vírgenes necias, que no tomaron aceite en sus vasos junto con sus lámparas (Mt. 25:3, 8). Significa no estar preparados.

Ser vigilante significa vivir una vida de santidad, consciente de la venida del día de juicio. Se da a entender cuidado moral y espiritual. La persona vigilante tiene su lámpara encendida y sus lomos “ceñidos”, y se halla en actitud atenta y vigilante hacia el futuro regreso del esposo. Referente a este punto léase Lucas 12:35–40. La persona vigilante está siempre preparada.

El estudio de este verbo ser vigilante (γρηγορέω, de donde viene el nombre propio Gregorio), según se usa en otros lugares, es muy provechoso. Además de 1 Ts. 5:6 hay otros pasajes en que el verbo se usa sin lugar a dudas en sentido figurado, como los siguientes: Mt. 24:42; 25:13; Mr. 13:35, 37; Hch. 20:31; 1 Co. 16:13; Col. 4:2; 1 P. 5:8; Ap. 3:2, 3; 16:15.

Estos pasajes nos conducen a las siguientes conclusiones:

  1. La incertidumbre (de nuestra parte) del día y la hora del regreso de Cristo es razón para ser vigilantes (Mt. 24:42; 25:13; Mr. 13:35, 37).
  2. Otra razón para una vigilancia constante es la presencia de enemigos, visibles e invisibles, que amenazan al rebaño (Hch. 20:31; 1 P. 5:8).
  3. Ser vigilantes significa estar espiritualmente despiertos (Ap. 3:2, 3; 16:15).
  4. Implica el hábito de la oración regular, incluyendo acción de gracias (Col. 4:2).
  5. Lo que tal vez sea la más completa descripción de vigilancia se da en 1 Co. 16:13, 14: “Velad, estad firmes en la fe, portaos varonilmente, sed fuertes. Que todo lo que hagáis sea hecho en amor”.

Ser sobrio significa estar lleno de fuego espiritual y moral, por un lado, y no andar sobreexcitado, por el otro, sino tranquilo, firme, y sano (cf. 1 P. 4:7), realizando sus deberes y cumpliendo su ministerio (2 Ti. 4:5). La persona sobria vive en forma profunda. Sus goces no son principalmente los de los sentidos, como los placeres del borracho, por ejemplo, sino los del alma. De ninguna manera es un estoico. Al contrario, con una medida llena de gozosa anticipación mira hacia adelante a la venida del Señor (1 P. 1:13). ¡Sin embargo, nunca huye de sus deberes! Obsérvese que tanto aquí como en 1 Pedro 5:8 los dos verbos ser vigilantes y ser sobrio se usan como sinónimos.

La exhortación del apóstol, entonces, podría equivaler a lo siguiente: “No nos dejemos arrastrar por la pereza ni estemos desprevenidos, sino que preparémonos, y estemos espiritualmente alerto, firmes en la fe, valerosos, fuertes, en serenidad pero con alegre anticipación mirando hacia adelante al futuro día. Pero sobre todo, hagamos esto porque pertenecemos al día y no a la noche”. La línea de acción opuesta, es decir, el dormir en sentido espiritual y moral (en lugar de estar en guardia), y estar borrachos espiritual y moralmente (en lugar de ser sobrios), cuadra con aquellos que pertenecen a la noche (el reino de las tinieblas y del pecado), en la misma forma que en el reino de lo natural los que tienen sueño duermen en la noche y los que se emborrachan lo hacen también en la noche. (Es evidente, desde luego, que aquí en el versículo 7 las palabras los que duermen, duermen, borrachos, emborrachan están siendo usadas en su sentido primario, literal.

VIGILANTE (SER): gregoreo (grhgorevw, 1127), vigilar. Se emplea: (a) de mantenerse despierto (p.ej., Mt 24.43, etc.); (b) de una actitud de alerta espiritual (p.ej., Hch 20.31); traducido «Sé vigilante» (Ap 3.2). Véase VELAR, Nº 1.

Mateo 24:43. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.

Hechos 20:21. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.

Apocalipsis 3.2. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.

 

Amén, para la gloria de Dios.

 

 

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.