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Lunes 24 de junio de 2019: “La conducta da testimonio de lo que somos en Cristo”

Lunes 24 de junio de 2019: “La conducta da testimonio de lo que somos en Cristo”

Lectura Bíblica: 1ª a los Corintios Cap. 3, versículos 1 al 4. De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? 

   Comentario: 1. Pero yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino [que me dirigí a vosotros] como a sensuales, como a bebés en Cristo.

(a). Trato cortés. Cada vez que Pablo tiene que reprender a sus lectores, siempre los trata como a sus iguales y personalmente. La palabra hermanos, que también incluye a las hermanas de la congregación, comunica un mensaje de solidaridad. El trato es pastoral y comunica la preocupación afectuosa de Pablo. Por contraste, los profetas del Antiguo Testamento nunca se dirigieron a sus lectores como a hermanos, sino que severamente los amonestaron usando las palabras así dice Yahvé. Aunque el mensaje de Pablo es categórico, él se preocupa por mostrar unidad con los destinatarios de su carta (véase, p. ej., 1:10, 11, 26; 2:1).

(b). Mensaje. «… Yo … no pude hablaros como a espirituales, sino [que me dirigí a vosotros] como a sensuales». Nótese que Pablo usa el tiempo pasado, para indicar que se refiere a la primera vez que visitó a los corintios (2:1). En aquel tiempo, muchos de ellos eran gentiles que nunca habían oído la revelación de Dios en las Escrituras. Durante su primera visita a Corinto, los abordó con el evangelio, que ellos aceptaron por la fe. Pero ahora Pablo enfrenta gente que no se conduce espiritualmente, sino sensualmente. Habla de ellos como de «simples bebés en Cristo». Describe su condición espiritual en el momento que escribe su carta. Critica a los corintios por no poder entender el significado del evangelio de Cristo que antes les proclamara. Con esto les quiere decir que no han logrado ningún progreso en su crecimiento espiritual.

(c). Resultado. Pablo da a entender que no los puede llamar espirituales porque los considera sensuales (lit. carnales). Pero si no son espirituales (2:14), ¿son o no, cristianos? Sí, son cristianos, dado que Pablo se dirige a toda la congregación en Corinto, a la que describe como santificada en Cristo Jesús (1:2). Después declara que él y los corintios han recibido el Espíritu (2:13). Y finalmente, los llama hermanos, para fortalecer los lazos de unidad con ellos (3:1). Gordon D. Fee observa «Uno no puede ser cristiano y estar desprovisto del Espíritu. Por otro lado, los corintios están envueltos en un montón de conductas no cristianas; en ese sentido son ‘no espirituales’, no porque carezcan del Espíritu, sino porque están pensando y viviendo como los que no lo tienen».

   Pablo escribe estas palabras como una severísima amonestación. En general los corintios se están comportando como la gente sensual del mundo. No sólo las llamas sensuales, sino que llega a usar el término bebés. En un sentido Pablo está expresando una contradicción. Anteriormente había dicho: «Sin embargo, hablamos sabiduría entre los maduros» (véase el comentario a 2:6), pero ahora describe a los corintios como bebés, aunque bebés en Cristo. La madurez no se alcanza al final de un período de prueba. Pablo enseña que uno llegará a la madurez cuando venga la resurrección de los muertos (refiérase a Fil. 3:11–15). «Esto quiere decir que, en agudo contraste con los conceptos modernos del desarrollo, influenciados por la ciencia de la biología, para él la madurez es una categoría escatológica». Los cristianos maduros son aquellos que están vivos en Jesucristo, que están llenos del Espíritu Santo y que buscan glorificar a Dios el Padre.

   Sin embargo, en 1 Corintios 2:6 la palabra perfecto (traducida maduros) connota que el creyente vive la vida cristiana interna y externamente desde el momento que se apropia completamente del evangelio. Pablo hace una diferencia entre gente madura y bebés para espolear a los corintios a la acción. Como bebés todavía consumen leche en lugar de alimento sólido, y así se mantienen como principiantes en la fe. Se les puede comparar a un millonario que vive como un pordiosero.

   Versíc. 2. Y os di a beber leche, no alimento sólido, porque no erais todavía capaces de consumir alimento sólido. Por cierto, que todavía no sois capaces.

   A pesar de que Pablo los trata de bebés, continúa tratándolos con delicadeza, pues los llama bebés en Cristo (cf. 1 Ts. 2:7; 1 P. 2:2). Cuando una madre se da cuenta de que su hijo no se desarrolla físicamente como debiera, se preocupa y consulta a un médico. Asimismo, Pablo, que toma el papel de padre de los corintios «mediante el evangelio» (4:15), tiene un agudo interés en el crecimiento espiritual de ellos.

   La metáfora es interesante. Pablo usa el mismo lenguaje que el escritor de Hebreos, quien también describe a su auditorio como a bebés que consumen leche en vez de alimento sólido (Heb. 5:12–14). El autor de Hebreos explica que la leche como concepto metafórico alude a las doctrinas rudimentarias de la fe cristiana. Por su parte, Pablo usa la misma figura de dicción, pero no la explica. Deja que la imaginación del lector suministre el significado de la metáfora.

   En términos espirituales, el alimento sólido consiste en la doctrina cristiana avanzada. Pablo dice a sus lectores que cuando él estuvo con ellos, todavía no estaban listos para alimento sólido. En aquel tiempo sólo les pudo enseñar las doctrinas elementales de la salvación. Pero ese tiempo ha pasado, y deberían ser capaces de entender las doctrinas avanzadas de la fe cristiana. Con esto no quiere decir que sus cartas a los corintios estén desprovistas de doctrina. Por el contrario, la primera carta de Pablo a los corintios está llena de enseñanza sobre ética, eclesiología y escatología. El comentario que hace Pablo en este versículo indica que el alimento que él les da a los corintios «difiere en forma, no en contenido».

   Versíc. 3. Pues todavía sois naturales. Porque hasta donde hay celos y riñas entre vosotros ¿no es prueba de que tenéis una inclinación no espiritual y de que camináis en los caminos del hombre?

(a). «Pues todavía sois naturales». Sin intención de suavizar sus sentimientos, Pablo les dice a los corintios que son naturales, esto es, que se comportan como no espirituales. Otras traducciones de esta palabra en cursiva son: «inmaduros» (CB) «carnales» (RV60, VM, CI, BJ, NC, LT, HA, NTT) «seguís los bajos instintos» (NBE) «os guía el instinto» (BP) «mundanos» (NVI).

   En el griego, Pablo usa el adjetivo sarkinos (carnoso) en el versículo 1 y sarkikos (carnal) en el versículo 3. Aunque las palabras son muy parecidas, su significado es distinto. Un comentarista usa otro ejemplo para describir la diferencia, y habla de un objeto de cuero o un objeto coriáceo.7 Un artículo hecho de piel decimos que es de cuero, pero cuando a la vista o al tacto parece de cuero, entonces es coriáceo. Así, la expresión carnoso (sarkinos) se refiere a la substancia misma de la carne, mientras que carnal (sarkikos) describe su apariencia y características. La primera palabra apunta a una substancia que no cambia, la segunda a una característica que podría cambiar.

   ¿Cuál es la diferencia entre la palabra natural, que aparece aquí, y la palabra no espiritual de 2:14? Pablo afirma que los corintios se identifican a tal grado con la gente delmundo, que no se puede apreciar ninguna diferencia en lo que a comportamiento se refiere.Como el Espíritu no mora en el incrédulo, éste no es una persona espiritual y carece depercepción espiritual. Pero el creyente que es aficionado a seguir la forma de vida delmundo atrofia su crecimiento espiritual y, por tanto, se le debe llamar al arrepentimiento.

(b). «Porque hasta donde hay los celos y riñas entre vosotros». La razón por la que Pablo los reprende tan duramente está en el hecho de que los corintios estaban llenos de celos y riñas (1:11; Ro. 13:13; 2 Co. 12:20; Gá. 5:20). A fines del primer siglo de la era cristiana, cuando Clemente escribió su epístola a los corintios, plenamente al tanto de los muchos problemas congregacionales, usó con frecuencia los términos celos, envidia y riñas. Al seleccionar palabras que describen la vida de los corintios, Clemente pone de relieve los vicios que por décadas plagaron sus vidas (cf. Stg. 3:14). Al carecer de amor unos por otros, los corintios riñeron entre ellos, comportándose como gente no espiritual.

(c). «¿No es prueba de que tenéis una inclinación no espiritual y de que camináis en los caminos del hombre?». Pablo les lanza a los corintios una pregunta retórica que espera una respuesta positiva. No cabe duda de que son gente no espiritual que les hacen caso a los caminos de la carne. No obedecen la ley de Dios, sino al mundo. Con esto parecen indicar que la presencia del Espíritu en sus vidas no tiene ningún valor. Su conducta diaria no los distingue de los que no tienen el Espíritu. Su andar en los caminos del hombre es lo contrario a lo que debería ser la vida de un creyente (véase Sal. 1:3).

Versíc. 4. Porque cuando uno dice «yo soy de Pablo» y otro dice «yo soy de Apolos», ¿no sois simples hombres?

   Pablo ha hecho todo un círculo hasta llegar otra vez a las palabras que escuchó de los de Cloé (1:12). Después de la salutación y la acción de gracias al comienzo de su carta, confrontó directamente a los corintios respecto a las divisiones que había en la iglesia. Ahora sólo toma dos de las consignas que usaban los corintios: «yo soy de Pablo» y «yo soy de Apolos», sin repetir las otras dos: «yo soy de Cefas» y «yo soy de Cristo». ¿Por qué no incluye estos nombres? Pablo y Apolos habían sido ministros del evangelio en la iglesia de Corinto, mientras que Cefas no. Y sin duda que todo creyente afirmaría ser de Cristo (Ro. 14:8). En la última parte del capítulo, sin embargo, Pablo menciona los tres nombres de nuevo: Pablo, Apolos y Cefas.

   La pregunta ¿No sois simples hombres? es paralela a la frase del versículo precedente: «camináis en los caminos del hombre» (v. 3). Las dos frases tienen el fin de igualar a los cristianos de Corintios con la gente no espiritual del mundo. En otras palabras, Pablo compara a los cristianos de Corinto con su contraparte mundana.

Consideraciones doctrinales en 3:1–4

   De Génesis 1 a Apocalipsis 22, la Biblia enseña de que hay dos clases de gente: creyentes e incrédulos. Últimamente, muchos han introducido otra categoría y hablan de tres tipos de persona: el irregenerado, el cristiano espiritual y el cristiano carnal. Pero sabemos que la Escritura es clara en repartir a la humanidad en sólo dos grupos. ¿Se puede probar que la Biblia habla de que hay un tipo de creyente «nacido de nuevo» que es también un cristiano carnal? Con frecuencia se cita 1 Corintios 3:1–4 como prueba de esto.

   Aunque Pablo reprende a los corintios por ser niños en Cristo y por no haber logrado la madurez que ya deberían tener, no afirma que pertenecen a una clase separada de la cual deben graduarse para llegar a ser cristianos espirituales. Pablo anima a los corintios a que crezcan en gracia, conocimiento, fe, amor y santidad.11 De hecho, Pedro también subraya la necesidad de que el creyente crezca espiritualmente (p. ej., 1 P. 2:2; 2 P. 3:18).

   A lo largo de sus dos cartas a los corintios, Pablo señala que sus lectores son cristianos espirituales. Los aborda como a santificados en Cristo Jesús (1:2); les dice que están en Cristo Jesús, quien les ha sido hecho sabiduría, esto es, justicia, santidad y redención (1:30); y les informa que han sido lavados, santificados y justificados en el nombre de Jesucristo (6:11). Por último, los llama nueva creación en Cristo (2 Co. 5:17).

   Los cristianos de Corinto eran gente espiritual que lidiaba con un problema de conducta. Pablo los reprende por sus riñas y por una conducta que los ponía al mismo nivel que la gente del mundo. No obstante, después de reprenderlos, les recuerda las riquezas espirituales que tienen en Jesucristo (3:21–23).

   Pensamiento: Conducta: Esto quiere decir que el término puede emplearse como sinónimo de comportamiento, ya que se refiere a las acciones que desarrolla un sujeto frente a los estímulos que recibe y a los vínculos que establece con su entorno.

   Pensemos entonces que la conducta es igual al comportamiento y Pablo nos habla del trato hacia el prójimo. advierta entonces que en un creyente que ha nacido de nuevo o sea cuando hablamos de un término hermano en Cristo, ¿Su comportamiento como creyente es cortés con su prójimo? que son también sus hermanos de la congregación y de otras congregaciones del mismo corte pentecostal. la caridad empieza por casa o sea en la familia ¿Cómo es ese comportamiento en medio de ese núcleo familiar? hermana amada piense en su entorno como es su ejemplo de conducta. gracias por reflexionar piense diez minutos y después contesta.

   Referencias: (Gá. 1:13. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa; Ef. 4:22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos; 1 Ti. 4:12 Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza; Jer. 38:27. Y vinieron luego todos los príncipes a Jeremías, y le preguntaron; y él les respondió conforme a todo lo que el rey le había mandado. Con esto se alejaron de él, porque el asunto no se había oído. y Lc. 24:17Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? 

1er Titulo:

Clara Diferencia Entre La Persona Natural Y La Espiritual. 1ª a los Corintios 2:14-15. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio, el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.

   Comentario: El hombre no espiritual y el espiritual: 2:14–16:  Pablo concluye este capítulo con un último contraste. Primero declara en forma negativa lo que él no espiritual es incapaz de hacer. Después habla en forma positiva acerca del hombre espiritual y, finalmente, concluye que él y los lectores de su epístola tienen «la mente de Cristo».

   Versíc. 14. El hombre no espiritual no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son una insensatez y no es capaz de entenderlas porque se disciernen espiritualmente.

(a). «El hombre no espiritual». La palabra griega que hemos traducido «no espiritual» aparece aquí y en otros cuatro lugares del Nuevo Testamento. La traducción declara lo que el hombre no es, esto es, espiritual. Esto es exactamente lo que Pablo quiere decir al contrastar a una persona no espiritual con una persona espiritual. «El primero es el hombre animado, esto es, lleno de alma en el sentido de fuerza viviente, es el hombre natural en contraste con el hombre espiritual». El hombre natural pertenece al mundo, mientras que el espiritual pertenece a Dios. Uno es no creyente, el otro es creyente, uno carece del Espíritu, mientras que el otro tiene al Espíritu; uno sigue sus instintos naturales (Jud. 19), el otro sigue al Señor.

(b). «[El hombre no espiritual] no acepta las cosas del Espíritu de Dios». Aunque el verbo aceptar es sinónimo de recibir (véase el v. 12), la diferencia es notable. El primer verbo está en voz activa y se refiere al objeto que es aceptado. El segundo verbo está en voz pasiva y describe la manera en que se recibe el objeto. La traducción no acepta es lo mismo que rechaza. El hombre no espiritual repudia las cosas del Espíritu de Dios porque no las entiende ni las desea. Sólo acepta las cosas del mundo.

(c). «Porque para él son una insensatez». Las cosas espirituales tienen que ver con el pecado, la culpa, el perdón, la redención, la salvación, la justicia y la vida eterna. Para el que no es espiritual estas cosas no tienen sentido, son irrelevantes y hasta estúpidas. No tienen lugar en la vida que sólo se limita al mundo presente.

(d). «Y no es capaz de entenderlas porque se disciernen espiritualmente». Pablo habla de una incapacidad que viene por la ausencia del Espíritu Santo en la vida del no creyente. Se da por sentado que el incrédulo podría superar al cristiano en muchas maneras: intelectualmente, en su educación, filosóficamente y hasta moralmente. Podría ser un ciudadano ejemplar y un líder en la sociedad que evita los excesos sensuales que caracterizan a otra gente. A pesar de todo eso, el incrédulo es incapaz de entender los asuntos espirituales. Está privado de la presencia interior del Espíritu Santo para que ilumine su entendimiento.

   Pablo afirma que el incrédulo es incapaz de comprender verdades espirituales porque éstas «se disciernen espiritualmente». El verbo se discierne es significativo. Primero, apunta al proceso continuo de evaluar el contexto espiritual en el que vivimos. Segundo, la voz pasiva del griego denota que, guiado por el Espíritu Santo, el creyente es capaz de probar los espíritus, a fin de determinar si vienen de Dios (cf. 1 Jn. 4:1). El creyente que se somete a Dios debe juzgar todas las cosas espiritualmente.

   El agnóstico o el ateo no tiene la capacidad para juzgar espiritualmente, porque él mismo está muerto en delitos y pecados (Ef. 2:1). En cuanto a cuestiones espirituales, es como el hombre que golpea el interruptor durante un corte de energía, quedándose sin luz. Peor aún, no tiene idea de qué causó el corte ni es capaz de predecir cuánto durará el apagón. No posee ningún poder para cambiar la situación y sólo le queda esperar que restituyan el suministro de corriente. Asimismo, a menos que el poder del Espíritu entre en su vida y lo ilumine espiritualmente, permanecerá en la oscuridad espiritual. El Espíritu Santo capacita al ser humano para que vea claramente el camino que lleva a la vida y a evaluar con exactitud las circunstancias en las que se encuentra.

   Versíc. 15. Pero el hombre espiritual juzga todas las cosas, pero nadie lo juzga a él. (a). «Pero el hombre espiritual juzga todas las cosas». ¡Qué magnífico es para una persona espiritual acceder directamente a Dios mismo, la fuente de la sabiduría (Stg. 1:5)! De Dios recibe sabiduría sin límites. Por consiguiente, es capaz de examinar todas las cosas juiciosamente y de aportar con su liderazgo en un mundo entenebrecido por el pecado. «Ningún otro que el hombre espiritual puede gozar de un conocimiento de los misterios de Dios tan firme y sano, al punto de distinguir la verdad de la mentira, la doctrina de Dios de las fabricaciones humanas, estando muy poco sujeto a engaño». Para el creyente las Escrituras son lámpara a sus pies y lumbrera a su camino (Sal. 119:105). Sabe que en la luz de Dios ve la luz (Sal. 36:9). El que es espiritual ha sido ungido con el Espíritu, por lo cual conoce la verdad (1 Jn. 2:20). Esto lo capacita para diferenciar la verdad del error, los hechos de la ficción, lo auténtico de lo falso. Pablo afirma que el hombre espiritual juzga todas las cosas. Esto implica que ha recibido al Espíritu Santo como su guía y que usa la Escritura como brújula para el viaje de su vida. La expresión todas las cosas apunta al amplio espectro de la existencia humana. Esto no quiere decir que el hombre espiritual sea experto en cada área de la vida. Lo que se quiere decir es que es capaz de evaluar espiritualmente todo en relación con la comunidad en la que Dios le ha colocado.

(b). «Pero nadie lo juzga a él». Ésta es una declaración atrevida. Con todo, no quiere decir que al cristiano nunca se le juzgue (cf. 14:29), sino que el creyente no puede ser juzgado por los incrédulos, pues son incompetentes para juzgar espiritualmente a un creyente. El creyente es juzgado en base a la Palabra de Dios. Si se trata del destino eterno de un hombre, sólo la Escritura es la que finalmente juzga al hombre espiritual, y no las ordenanzas y reglas inventadas por los hombres.

   Pensamiento: Advierta que los dos están en medio de la congregación, ¿cómo podemos diferenciar entre el natural y el espiritual? respuesta es por sus frutos, el creyente se nacido de nuevo se nota por su comportamiento. creyentes en el Señor aquí no se necesita ser creyentes con dones espirituales para discernir sobre este asunto, sino la forma sencilla para diferenciar en ambos son sus frutos.

   Referencias: 1ª a los Corintios 1.18-23. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?  Pues ya que, en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; 1ª a los Corintios 3.1-4. De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? 

2° Titulo:

El Espíritu Santo Guía Al Verdadero Hijo De Dios. Romanos 8.14. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 

   Comentario: 14. Porque todos los que son dirigidos por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

   La relación entre el v. 13b. y el v. 14b. es clara: nótese la palabra “porque”. En otras palabras, los que están haciendo morir las vergonzosas obras del cuerpo pueden hacerlo porque ellos, por ser hijos de Dios, son constantemente dirigidos por el Espíritu de Dios.

Siendo dirigidos por el Espíritu

   1. Sus beneficiarios

   Una ilustración puede ser útil. Que el hecho que se va a relatar realmente haya sucedido o no, no viene al caso. Cada uno puede formar su propia opinión al respecto. Baste decir que quienes narraron la historia estaban convencidos de su historicidad.

   Esto sucedió en el año 1834 o poco tiempo después. La persecución religiosa estaba desatada en Holanda. Durante uno de esos días, al atardecer, el fiel pastor de la aldea X recibió información que cierto miembro de su congregación, una devota viuda, se encontraba seriamente enferma y apreciaría mucho una visita pastoral.

   El pastor decidió no esperar hasta la mañana siguiente sino salir inmediatamente de a pie. Es sendero desde la casa pastoral hasta la casa de la viuda era de unos tres kilómetros y pasaba por un territorio muy boscoso, donde hombres que desearan cometer un asesinato podían fácilmente ocultarse. Pero el pastor llegó sano y salvo a la casa de la viuda. Su visita fue muy apreciada y fortaleció grandemente a la enferma señora.

   En el viaje de regreso a la casa pastoral … nada sucedió. Aparentemente no hubo emboscada alguna.

   Pasaron algunos años. Y un día dos hombres, que por medio de los fieles esfuerzos de este mismo pastor habían recientemente pasado de las tinieblas a la luz, le dijeron lo siguiente:

   “¿Recuerda usted que hace unos años—fue un viernes por la tarde—usted fue a visitar a la viuda que vive en la casa que está del otro lado de este bosque?” Cuando el pastor contestó que sí, ellos prosiguieron: “¿Quiénes eran esos dos hombres, que vestidos de brillante armadura que caminaban a cada lado de usted, cuidándolo?” El asombrado pastor contestó: “Yo estaba solo, amigos; estaba completamente solo; ni al ir ni al volver me acompañó nadie”. Los otros dos dijeron entonces: “Esto es muy extraño, porque los vimos muy bien. Nos asustaron, de modo que huimos. Y ahora, habiendo sido traídos al conocimiento de Cristo por medio de su ministerio, ¡qué contentos estamos de que fuimos impedidos de llevar a cabo nuestro siniestro plan”.

   Quienes relataron esta historia estaban seguros que este ministro debe haber sido uno de aquellos pocos y muy especiales “santos” de Dios que, guiados por su Espíritu, fueron objetos de una protección divina excepcional.

   Sin embargo, esta opinión, que en ciertos círculos religiosos era bastante popular si tal es el caso aún ahora es algo que ignoro no es realmente lo que Pablo tenía en mente cuando escribió Ro. 8:14. La dirección espiritual de la que habla no es de ningún modo un don del Espíritu para unos pocos escogidos. Tiene que ver con todo cristiano. Todo hijo de Dios es dirigido por el Espíritu. Y todo aquel que es dirigido por el Espíritu es un hijo de Dios.

   Los dirigidos por el Espíritu son aquellos a quienes se los describe como los que están en Cristo Jesús (8:1), los que andan conforme al Espíritu (v. 4), en quienes mora el Espíritu (vv. 9, 11), y que hacen morir las vergonzosas obras del cuerpo (v. 13).

   2. Su naturaleza

   ¿Qué significa, entonces, la dirección del Espíritu Santo? Y notamos que pasamos así de la voz pasiva a la activa. Significa la santificación. Se trata de la influencia constante, efectiva y beneficiosa que el Espíritu Santo ejerce en los corazones y vidas de los hijos de Dios, capacitándolos cada vez más para aplastar el poder del pecado que mora en ellos y para andar libre y alegremente por el camino de los mandamientos de Dios.

   La influencia que el Espíritu Santo ejerce es:

   (a). No esporádica sino constante.

   No es introducida en la vida de los hijos de Dios cada tanto, en momentos de gran necesidad o peligro. Por el contrario, es uniforme y constante, como lo indica aun el tiempo del verbo que se usa aquí en 8:14. Los creyentes son dirigidos por el Espíritu.

   (b). No es (al menos en su intención primera) protectora sino correctiva.

   En todo el contexto nada se dice respecto a un cuidado de los hijos de Dios que evite que reciban daño personal, ni tampoco de mantenerlos fuera de peligro al viajar. Por otra parte, el contexto que antecede inmediatamente a este pasaje se refiere a hacer morir las vergonzosas obras del cuerpo, haciéndolo “por medio del Espíritu”.

   (c). No meramente guía, sino que también controla.

   Ser dirigido por el espíritu significa algo más que ser guiado, aunque, por cierto, el Espíritu es también nuestro Guía (Jn. 16:13). Cf. Mt. 15:14; Lc. 6:39; Hch. 8:31. Pero la dirección que el Espíritu proporciona es mucho más que una mera indicación respecto al rumbo a seguir. La idea que nos trae a la mente no es tanto la del guía indio que indicó el paso que permitió el cruce de la cordillera, sino la de la gente que trajo el ciego (de Jericó) a Jesús (Lc. 18:40). Simplemente indicarle el camino a él no le hubiera ayudado. Cuando el Espíritu Santo dirige a los creyentes, él se transforma en la influencia rectora de sus vidas, llevándolos al fin a la gloria.

   (d). Por otra parte, él no sofoca o reprime, sino que ayuda y anima.

   Cuando el Espíritu Santo guía al hijo de Dios, la responsabilidad y actividad de este último no es cancelada o reprimida. El ciego de Jericó no fue llevado en andas a Jesús. El caminó por su cuenta. Es precisamente como lo definió Warfield: “Aunque no cabe duda que es el Espíritu Santo el que nos mantiene en la senda y nos lleva al fin a la meta, somos nosotros los que damos cada paso del camino; son nuestros miembros los que se fatigan por el esfuerzo; nuestros corazones los que desfallecen … nuestra fe la que revive nuestra flaqueante energía, nuestra esperanza la que instila nuevo valor en nuestros corazones, mientras nos esforzamos por subir la empinada pendiente”.

   3. Sus frutos

   Estos son tan numerosos que sería imposible mencionarlos a todos. En consecuencia, no intentaremos hacer una lista de todos ellos, ya que esto sería imposible,

   Es precisamente por esta razón que en Gá. 5:22, 23 Pablo, después de decir: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza;” continúa y dice: “contra tales cosas no hay ley”. Lo que él quiere decir es: “La lista que he dado es incompleta; por eso digo ‘contra tales cosas’, queriendo decir: contra estos frutos y otros”. Otra descripción que resume estos frutos es sin duda la siguiente: “el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gá. 6:8), porque, ¿quién ha podido dar alguna vez una definición de la vida eterna de la que nada faltase? Un huerto puede contener una amplia variedad de frutales: naranjos, damascos, manzanos, perales, etc. Con todo, cada árbol lleva solamente una clase de fruta. Pero el árbol de la gracia, regado por el Espíritu de vida, lleva todo tipo de fruto espiritual, y aparte de ese Espíritu nunca se ha producido ningún fruto espiritual.

   El fruto en que la epístola de Pablo a los romanos ahora centra nuestra atención es el de la certeza de la salvación, más precisamente, el de la certeza de nuestra adopción como hijos de Dios.

   Pensamiento: Advierta que el Espíritu santo guía al verdadero hijo de Dios, o sea que hay falsos hijos de Dios. porque el verdadero hijo de Dios que ha nacido de nuevo en el Espíritu Santo en el corazón hay cambios, frutos de obediencia, de sumisión, de acatar la voz de dios que es su palabra escrita (Las Sagrada Escrituras, La Santa Biblia) todos creyentes se dejan guiar por sus enseñanzas, primeramente, y por la intuición del Espíritu Santo. y ora al a su Señor si va bien encaminado por el camino correcto. tercero busca el consejo en los ancianos creyentes de su congregación.

   Referencias: gálatas 5.16-18. Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley; San Juan 16:13. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Hechos 10:19-20. Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado; Hechos 13.2. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Hechos 16.6. Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; 

3er Titulo:

Debemos Examinarnos Si Tenemos El Espíritu De Cristo. Romanos 8:9. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 

   Comentario:  El significado de todo el pasaje, visto a la luz del contexto que lo antecede, puede ser resumido así:

   Vosotros, por el contrario, no estáis básicamente bajo el control de la pecaminosa naturaleza humana sino del Espíritu. Vosotros por lo tanto no seis incapaces de agradar a Dios, ya que el Espíritu de Dios mora en vosotros. (Ahora bien, si hubiere alguno que por su vida y acciones demostrara no poseer el Espíritu de Cristo, tal persona no pertenece a Cristo. No es de ningún modo un cristiano). Pero si Cristo vive en vosotros, entonces, aunque por causa del pecado el cuerpo deba morir, aun así, por haber sido vosotros justificados, el Espíritu, que es en sí mismo vida, vive en vosotros. Y si ese Espíritu, a saber, el que resucitó a Jesús de entre los muertos, mora en vosotros, entonces aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos también impartirá vida, en el día de la resurrección, a vuestros cuerpos mortales. Él lo hará por medio del Espíritu que mora en vosotros.

   Breve comentario sobre palabras y frases:

   (a). “Vosotros, empero, no estáis en la carne sino en el Espíritu …”

   Con amor Pablo asegura a sus lectores que en lo que respecta a la dirección básica de su vida, ellos no están bajo el control de la pecaminosa naturaleza humana sino bajo él del Espíritu. Esto implica que, hablando en términos colectivos, ellos no pertenecen a la categoría de aquellos sobre los cuales el apóstol acaba de afirmar (v. 8) que no pueden agradar a Dios.

   (b). “dado que el Espíritu de Dios mora en vosotros”.

   La traducción “si el Espíritu de Dios mora en vosotros”, que indicaría que Pablo no estaba seguro de que el Espíritu Santo morara colectivamente en los corazones de esta gente, es incorrecta. Visto lo que el apóstol dice sobre ellos en 1:6, 8; 15:14, una evaluación tan pobre de su parte debe ser rechazada.

   (c). “(Cualquiera que no posee el Espíritu de Cristo no pertenece a Cristo)”.

   Aunque al hablar colectivamente en apóstol ha asegurado a la congregación de Roma que él considera que ellos están bajo el control del Espíritu, que mora en ellos, esto no quiere decir que cualquier miembro de la iglesia pueda dar por sentada su salvación, en el sentido que ya no sería necesario un autoexamen. Además, no todo era perfecto en la iglesia de Roma. Véanse 11:17–25; 14:10–15, 19; 15:1s.

   Pablo afirma que si la vida de alguien lo señala como persona que carece del Espíritu de Cristo, tal persona no tiene derecho a considerarse cristiana.

   Nótese en este versículo el intercambio de designación entre “el Espíritu de Dios” y “el Espíritu de Cristo”. Ello ciertamente indica que en el pensamiento de Pablo Cristo era plenamente divino. (d). “Pero si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, el Espíritu es vida debido a (vuestra) justificación”.

   Significado: no solamente es cierto que debido al pecado el cuerpo de cada uno de vosotros seguramente va a morir, sino que también es cierto que debido a vuestra justificación podéis estar seguros del hecho que el Espíritu, que es vida y autor de la vida, mora en vosotros.

   La palabra Espíritu, que aparece en el v. 10, no debería ser escrita con minúscula, como si la referencia fuera a la entidad invisible de cualquier persona, sino con “mayúscula, ya que el apóstol ciertamente está pensando en el Espíritu Santo. Comprobación:

(1) En las ocho instancias en que se la usa (v. 1–9), la palabra pneuma (palabra griega usada tanto para el Espíritu divino como para el espíritu humano) se refiere al Espíritu Santo. En el v. 11 el apóstol se refiere dos veces a este Espíritu (el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos”, “su Espíritu que mora en vosotros”). Sería muy extraño, entonces, que el pneuma intermedio (aquí en el v. 10) tuviera un significado diferente.

(2) El pneuma del v. 10 es nuevamente mencionado en el v. 11. Nótese el parecido: el v. 11 se refiere al Espíritu dador de la vida, naturalmente, el Espíritu Santo. Esto corresponde al “pneuma de vida” del v. 10.

(3) También en el v. 2 del presente capítulo se llama al Espíritu Santo “el Espíritu de vida”. Del mismo modo en Jn. 14:6 Jesús se denomina a sí mismo “la vida”. (e). “Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos mora en vosotros, el que resucitó a Cristo de entre los muertos también impartirá vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu, que mora en vosotros”.

   Los vv. 9–11 dejan en claro que las designaciones “Espíritu”, “Espíritu de Dios”, “espíritu de Cristo”, “el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos” y “su Espíritu que mora en vosotros”, se refieren todas al mismo Espíritu Santo. La variedad de títulos dista de ser de escaso significado. Indica la gloriosa unidad que existe entre Padre, Hijo y Espíritu Santo, una unidad que no es sólo de esencia (unidad ontológica) sino también de operación en beneficio de nuestra salvación.

   Del mismo modo, Jn. 14:26 nos informa que el Padre iba a enviar al Espíritu Santo; y Jn. 16:7 que el Hijo lo enviaría. No hay aquí contradicción sino una gloriosa armonía. Tómese nota de Jn. 14:16, “Yo rogaré al Padre, y él os dará … el Espíritu de verdad”. También 14:26, “El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre”.

   En el v. 11 el sujeto: “Aquel que resucitó a Jesús—o Cristo—de entre los muertos”, se refiere, por supuesto, al Padre. ¿No es una consecuencia lógica de pasajes tales como Ro.6:4; Gá.1:1 y Ef. 1:20 que en la actividad de resucitar al Salvador de entre los muertos fuera el Padre quien, se puede decir, tomara la iniciativa?

   Pero nótese cuán estrechamente relacionadas están las otras dos personas de la Santísima Trinidad con el Padre y por ende la una con la otra. Que el Padre actúa por medio del Espíritu es algo que se afirma claramente en el v. 11. Que aún el mismo Jesús no permaneció totalmente pasivo en su resurrección lo está implícito en Jn. 10:17, 18. Es él quien reclama para sí el poder no sólo de poner su vida sino de volverla a tomar. Además, el mismo que en Ro. 8:11 es descrito como el Espíritu del Padre, es él que en el v. 9 es llamado Espíritu de Cristo. De hecho, como si fuera en un mismo aliento, el Espíritu del Padre es llamado en el v. 9 Espíritu de Cristo. La relación entre Padre, Hijo y Espíritu Santo es tan estrecha, la unión tan intima e indisoluble, que es imposible deshonrar al Hijo sin deshonrar también al Padre y al Espíritu Santo. Cf. Jn. 5:23.

   Esta verdad está cargada de significado práctico. Vivimos en un tiempo en que en algunos círculos evangelísticos se muestra un desproporcionado interés por Jesús, como si el honor y la gloria sólo le pudieran ser adjudicados a él. Otros, por su parte, llenos de una errónea suerte de fervor ecuménico, que trata de unificar a todos los cuerpos religiosos en una gran iglesia mundial, minimizan la obra del Salvador y enfatizan que todos los hombres son hermanos, ya que Dios es Padre de todos ellos. Y un tercer grupo, que últimamente se muestra muy vocal, magnifica los dones carismáticos y no pueden dejar de hablar del Espíritu.

   Como lo demuestra Ro. 8:9–11 y como lo comprueba todo el resto de la Escritura, es el trino Dios, es decir, Padre, Hijo y Espíritu Santo, el único y verdadero Dios, quién debería ser el objeto central de nuestro amor y adoración.

   Pensamiento: Advierta aquí nos están preguntando si tenemos el Espíritu Santo ¿Cómo respondo con satisfacción que tengo el espíritu de Cristo? o alguien pregunta soy yo bautizado por el Espíritu Santo, la respuesta es sencilla ha habido cambios de aptitud en mi vida personal, ha habido cambios con mi prójimo, estoy dando frutos verdaderos de arrepentimiento y de conversión ¿tengo el espíritu de Cristo dentro de mi corazón? A lo mejor dentro de mi iglesia aparento ser un creyente, pero es una chapa, una mascara y por dentro soy un sepulcro blanqueado.

   Referencias: Ezequiel 36.27. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. San Juan 17:17-18. el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 1ª a los Corintios 3:16. ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 1ª de Juan 2.27. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. 

4° Titulo:

Sólo La Mujer Espiritual Vive Segura De La Herencia Eterna. Romanos 8.16-17. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. 

   Comentario:  15, 16. Porque no habéis recibido un espíritu de esclavitud para llenaros otra vez de temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, que nos mueve a exclamar: “¡Abba!”, es decir, “¡Padre!” Este Espíritu mismo da testimonio con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.

Bendita certeza

   Uno podría resumir el significado de este pasaje como sigue: Vosotros, los que sois dirigidos por el Espíritu, no sois esclavos sino hijos. Habiendo sido adoptado como hijos, vosotros, por supuesto, ya no estáis llenos del espíritu de esclavo, el temor. Ya no estáis oprimidos por el miedo como lo estabais cuando todavía vivíais en el paganismo o en el judaísmo, con su énfasis en todas las reglas que hay que observar para salvarse. Muy al contrario, vosotros habéis recibido el Espíritu Santo, que transforma esclavos en hijos. A ese Espíritu ni siquiera se la ocurriría llenaros otra vez de temor. Ese Espíritu nos llena del sentido de libertad y confianza de modo tal que, al

acercarnos a Dios, proferimos esa exclamación de feliz reconocimiento, de dulce respuesta, de abrumadora gratitud y confianza filial: “¡Abba!” (Padre). En realidad, lo que sucede es que ese Espíritu confirma aquello de lo cual nuestras propias almas regeneradas ya testifican, a saber, que nosotros los creyentes somos hijos de Dios, puesto que hemos sido adoptados por él.

   Entre los diversos asuntos respecto a los cuales hay opiniones divergentes se encuentran estos tres:

1. Al mencionar la adopción, ¿qué prácticas de adopción tenía en el trasfondo de su mente el apóstol: (a) las romanas, o (b) las judías?

   Quienes favorecen la primera alternativa indican que la “adopción” como institución legal ni siquiera existía entre los hebreos y que en todo el Antiguo Testamento la palabra nunca aparece. En el mundo romano, por otra parte, esta costumbre era bastante común. Fue así que en su testamento Julio César nombró a Octavio (llamado más tarde Emperador Augusto) como “hijo y heredero”. Véase C.N.T. sobre Lc. 2:1. En las inscripciones, las palabras “hijo adoptivo” ocurren con gran frecuencia.

   No obstante, conviene tener en mente que (a) el propósito de esta práctica de adopción no era por lo general filantrópico sino egocéntrico: la perpetuación de la tenencia de propiedad y del privilegio político y/o social en la línea de los propios descendientes; y (b) sus beneficiarios eran varones—la adopción legal no se extendía a las mujeres.

   ¡Cuán completamente diferente es el carácter de la adopción según lo registra el Antiguo Testamento! Es que hay testimonios de adopción esencial, aunque no formal o técnica, en ese sagrado documento. ¿Acaso no “adoptó” la hija de Faraón a Moisés (Ex. 2:10), aunque él era solamente (en “términos humanos”) un niño indefenso? ¿Y no crió Mardoqueo a su prima, una joven llamada Ester (Est. 2:7)? Hay también un pasaje del Nuevo Testamento que de modo resumido reproduce la enseñanza del Antiguo Testamento respecto a la adopción—es decir, la adopción divina—y es sin duda el que hallamos en 2 Co. 6:17, 18: Salid de en medio de ellos; Y apartaos, dice el Señor; Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas.

   Nótese con qué belleza refleja este pasaje neotestamentario el sentido de los siguientes pasajes: 2 S. 7:8, 14; Sal. 27:10; Is. 43:6; y Os. 1:10. Nótese especialmente que tanto Is. 43:6 como 2 Co. 6:17, 18 mencionan a ambos, “hijos e hijas” como objetos del amor adoptivo de ese Dios.

   Es claro, por consiguiente, que cuando en Ro. 8:15 y en Gá. 4:5 Pablo utiliza el término “adopción”, la palabra y la posición legal son tomadas de la práctica romana, pero la esencia viene de la revelación divina en el AntiguoTestamento.

   2. ¿Debe ser interpretada la exclamación “¡Abba!” como expresión del creyente individual al dirigirse a su Dios o como la exclamación colectiva (quizá congregacional o litúrgica) de la iglesia reunida para la adoración?

   Una forma de la palabra Abba, que quiere decir “padre”, era usada originalmente por los niños más pequeños. Más tarde su uso se hizo mucho más generalizado. Se trata precisamente de la misma palabra proferida también por Jesús cuando, en profunda agonía, él descargó su alma ante su Padre celestial en el huerto de Getsemaní (Mr.14:36). En esta palabra la ternura filial, la confianza y el amor encuentran su expresión combinada.

   Esta era, por supuesto, una palabra muy personal, es decir, una palabra por medio de la cual se expresa la íntima relación espiritual entre el creyente y su Dios. Como tal, ella nos recuerda una frase de un conocido himno:

Y el encanto que hallo en El allí; Con nadie tener podré. De A solas al muerto de Austin Miles

   Hay quienes han criticado este himno y en particular esta frase del mismo. Pienso, sin embargo, que esta crítica es injusta. ¿No es cierto que entre cada creyente y su Dios existe una relación muy personal; o, por decirlo de manera diferente, que Dios, además de amar y cuidar a sus redimidos de un modo colectivo, también entra en una comunión personal única con cada uno de ellos, de tal modo que, movida por el Espíritu Santo (Gá 4:6), la persona, al derramar su corazón ante Dios, exclama: “Padre”?

   Por supuesto, el uso muy personal de esta palabra en la oración individual, inclusive en el caso del Padre Nuestro, de ninguna manera excluye la posibilidad de que se la utilice también colectivamente en la congregación reunida para la adoración, tal como nosotros usamos hoy en día el Padrenuestro tanto colectiva como individualmente.

   Por ser un hebreo de hebreos (Fil. 3:5), Pablo debe haber sentido cariño por el idioma hablado por los judíos al regresar de las tierras de su cautiverio, a saber, el arameo, emparentado con el hebreo (cf. Hch. 21:40). A decir

verdad, el arameo era un idioma muy importante en aquel entonces, hablado no solamente por los judíos sino por otra gente, aún por muchos que vivían lejos de las fronteras de Palestina. También Jesús habló el arameo y es probable que, en su frecuente enseñanza respecto al Padre, él usase con frecuencia el término Abba. Sus discípulos, en consecuencia, atesoraron el uso de esta palabra. Así que entró en el lenguaje de la iglesia primitiva. Es lógico, entonces, que al escribir a una o más iglesias que en su mayor parte estaban formadas por gente que no era judía, la palabra Abba tuviese que ser traducida por la palabra griega _ πατήρ (Padre). Es fácil entender que Marcos, al dirigirse a un auditorio grecoparlante, escribiese “¡Abba!”, añadiendo rápidamente la palabra griega para “Padre”; y así lo hizo también Pablo, y probablemente por la misma razón.

   3. ¿Menciona Ro. 8:16 a un testigo o a dos testigos?

Hay quienes dicen que Pablo en realidad menciona solamente a un testigo, y que por consiguiente la traducción correcta del v. 16 es: “El Espíritu mismo asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios”. Así, o al menos de esta manera, traducen la Vulgata, Beck, Cranfield y la V. R. V. 1960. El razonamiento a la raíz de esta interpretación es que el verbo que se usa en el original, y que por lo general se traduce dar testimonio juntamente, o testificar a favor de (alguien), puede también significar asegurar y que nuestro espíritu en y por sí mismo no tiene derecho a dar testimonio de que somos hijos de Dios.

   No obstante, lo cierto es que en cada una de las otras ocasiones en que Pablo usa este verbo son dos los que dan testimonio: uno testifica juntamente con el otro. Así en Ro. 2:15 lo que está escrito en el corazón del hombre es un testigo; el otro es la voz de su conciencia. Del mismo modo, en Ro. 9:1 Pablo mismo testifica que la incredulidad de Israel es para él una pesada carga. Su conciencia lo confirma y al hacerlo demuestra ser el segundo testigo. No veo ninguna razón, entonces, para alterar la traducción de Ro. 8:16 que ha sido adoptada, con leves variantes, por la mayoría de los traductores, a saber: “Este Espíritu mismo da testimonio con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”.

   El modo en que el Espíritu hace esto es algo que Pablo no indica. Según algunos, el Espíritu testifica conjuntamente con nuestra conciencia regenerada ejerciendo una influencia directa sobre el corazón y la mente. Véase Gá. 4:6. Otros insisten en que él obra aplicando la Palabra al corazón y a la mente de los creyentes en forma personal y también a la iglesia como unidad. Véanse Jn. 8:47; 16:13. ¿No podrían ambas posiciones estar en lo cierto?

   En medio de estos debates y diferencias de opinión corremos peligro de olvidarnos de lo maravilloso que es todo esto. Pensemos en ello:

(a). A costa de la muerte ¡y qué muerte! de su propio Hijo, Dios decidió salvarnos a nosotros (¿Se han dado cuenta cómo en 8:15 Pablo cambia, como lo hace muchas veces, del vosotros al nosotros?)

(b). Como si esto no fuera suficiente, Dios aún nos adopta, para que seamos sus amados hijos e hijas (8:15).

(c). Su amor infinito y tierno va aún más allá de esto, ya que no sólo nos salva y nos hace sus hijos, sino que también desea que sepamos que estas grandes bendiciones nos han sido otorgadas. Por medio de dos testigos él nos imparte su “bienaventurada certeza” (8:16). ¡La salva, adopta, asegura!

   “¡Mirad cuál amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios! ¡Y eso es lo que somos!” (1 Jn. 3:1). Y la gloria de ser hijos se extiende lógicamente a la de ser herederos, como Pablo indica a continuación:

   Versíc. 17. Y si hijos, entonces herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo; ya que el hecho de que ahora compartir su sufrimiento significa que (más adelante) compartiremos su gloria.

Si hijos, entonces herederos

   La posición de ser hijo implica la de ser heredero, cosa que, a su vez, implica la existencia de una herencia reservada para nosotros. Que esta herencia está reservada para el futuro es algo que Pablo aclara al decir: “… compartiremos su gloria”. En los vv. 11 y 13 el apóstol ya ha encendido la esperanza de aquellos a quienes se dirige. Él había señalado glorias por venir tanto para el cuerpo como para el alma. Ahora se aplica a ampliar el tema. Nos dice algo respecto al testador, a la herencia y a los herederos.

   A. El testador

   Para que haya una herencia debe haber alguien que la legue. Nuestro pasaje no deja dudas respecto a la identidad de este Testador. Se lee allí “herederos de Dios”, queriendo decir que, por supuesto, Dios es ese testador. También se define claramente que Cristo es el heredero principal y que “nosotros”, dice Pablo, somos coherederos con Cristo y por ello destinados a compartir su gloria.

   Al anticipar la recepción de una herencia, mucho depende del carácter del testador. Así que generalmente preguntamos: “¿Qué clase de persona era el testador? ¿Cuándo falleció? ¿Era rico o era pobre? ¿Era justo o injusto?

   En el caso presente las respuestas son de lo más alentadoras. Los testadores humanos mueren. Esto significa que una herencia meramente terrenal es limitada. Una vez acabada, no se le pueden añadir más bienes. Pero el testador que Pablo tiene en mente existe “desde la eternidad hasta la eternidad”. Por consiguiente, nuestra herencia no se acabará; de hecho, ni siquiera disminuirá nunca.

   Además, este Testador es rico. No solamente es cierto que toda la plata y todo el oro son suyos (Hag. 2:8) y que es dueño de todo animal del bosque, y del ganado en las mil colinas (Sal. 50:10), sino que también es un hecho que sus riquezas no pueden aun ser medidas. Por otra parte, él es tan generoso que todo lo que demanda de nosotros, está más que dispuesto a otorgárnoslo. Por ejemplo, él demanda que pongamos nuestra confianza en él (Jn. 3:16). Esta misma confianza o fe es también su don para nosotros. Véase C.N.T. sobre Ef. 2:8.

   Un elemento muy común de la experiencia humana es el descontento respecto a las condiciones de un testamento. Pero el testador que Pablo tiene en mente es tan justo y ecuánime que en aquel día futuro en que los hijos de Dios tomen posesión de su herencia, dirán: “Los linderos han caído en lugares placenteros para mí; y ciertamente la mía es una herencia deleitosa” (Sal. 16:6)

   B. La herencia

   Hay dos hechos respecto a esta herencia que ya se han aclarado: (a) que corresponde al futuro y (b) que consiste en riquezas que poseeremos “en relación con Cristo”.

   Que en su plenitud “la herencia de los santos en luz” (Co. 1:12) es en realidad una bendición que corresponde al futuro es algo que se deduce también del hecho que Ro. 8:18 habla de una gloria “que será revelada en nosotros”. Será, además, una gloria que toda la creación anticipa (v. 19).

   Según el Apocalipsis, junto con Cristo heredaremos un nombre nuevo (3:12) y una corona de oro (4:4; cf. 14:14). Con él reinaremos (20:4). Lo que, es más, hasta nos sentaremos con Cristo en su trono (3:21). Claro, todo este lenguaje es simbólico. ¿Pero no indican estos pasajes que la bendición de la comunión con Cristo, que en principio ya es nuestra porción aun ahora será nuestra en un grado mucho mayor entonces?

   Además, esta bienaventuranza futura no estará limitada al alma. También tendrá que ver con el cuerpo. Llevaremos la imagen del celestial (1 Co. 15:49). Para más respecto a este tema, véase más abajo sobre el v. 23.

   Junto con esta transformación del cuerpo y del alma podemos esperar la transformación del universo. La creación misma será librada de la esclavitud de la corrupción. Véase sobre vv. 19–22.

   Lo que hará que esto sea aún más maravilloso es que en íntima comunión con el Salvador cada uno de los redimidos heredará estas riquezas juntamente con todos los otros (Ef. 3:18; 2 Ti. 4:8) y con el propósito de glorificar al trino Dios por los siglos de los siglos.

Además, debe enfatizarse que esta gloria futura del cuerpo y del alma, a más de ser ciertamente un don de la gracia soberana de Dios, es también más que un don. Es una herencia, hecho que en relación con lo que nos ocupa aquí implica nada menos que (a) la misma será posesión de los hijos de Dios por derecho propio, un derecho establecido por el sacrificio de Cristo; y (b) es inalienable (1 P. 1:4; cf. 1 R. 21:3, 4).

   C. Los herederos

   Pablo dice: “si hijos, entonces herederos”.

   Si hijos, no si enemigos”. Aun entre aquellos que desean ser considerados creyentes hay quienes son en realidad “enemigos de la cruz de Cristo” (Fil. 3:18). Mientras sigan siendo enemigos, la herencia no les corresponde.

   Si hijos, no si esclavos”. Hay quienes sirven a Cristo exteriormente, no interiormente, no motivados por amor y confianza, no de todo corazón. Piénsese en los gálatas (Gá. 3:1s.), en Ananías y Safira (Hch. 5:1), en Demas (2 Ti. 4:10) y en Diótrefes (3 Jn. 9).

   Si “hijos”, entonces herederos; y si no, no. Esto está perfectamente en consonancia con la enseñanza de Cristo (Lc. 18:17).

   Pero, ¿cómo sé yo que soy hijo? A la luz del presente pasaje la respuesta es: “Yo sé que soy hijo de Dios si estoy dispuesto, en caso que la necesidad lo demande, a soportar sufrimientos por amor de Cristo”. (Véanse Mt. 5:11, 12; 10:22, 39; 24:9; Mr. 8:35; 13:13; 1 P. 4:16).

   Cuando sufrimos como creyentes, entonces las aflicciones de Cristo rebalsan hacia nosotros, como queda claramente indicado en los siguientes pasajes: Mt. 10:25; Jn. 15:18–21; Hch. 9:4, 5; 2 Co. 1:5, 10; Gá. 6:17; Fil. 3:10; 1 P. 4:13. Nada hay que podamos añadir al sufrimiento redentor de Cristo por nosotros, pero por medio de nuestra disposición a sufrir por amor de él somos llevados más cerca del corazón del Salvador.

   Pablo supone que la iglesia a la que se dirige está ciertamente dispuesta a sufrir por Cristo, así como el mismo apóstol sufre constantemente tal aflicción. Es por ello que dice: “… ya que el hecho de que ahora compartimos su sufrimiento significa que más adelante compartiremos su gloria”. Pero conteste cada miembro en forma personal respecto a sí mismo la pregunta: “¿Estoy dispuesto a sufrir como creyente?” No será la razón por la que algunos dicen osadamente: “Nunca he sufrido por Cristo” precisamente que son creyentes tan flojos…si es que son en realidad creyentes?

   El sufrir como creyente asume muchas formas. No significa que nuestra experiencia deba ser como la de Policarpo o como la de Juan Huss. Hoy en día un creyente podría perder su trabajo por rehusar a cumplir tareas innecesarias en el Dia del Señor, porque dice No cuando se lo tienta a participar en algún negocio sucio, o llega a la decisión de no contraer matrimonio con un incrédulo, o insiste en honrar la Palabra de Dios en el aula. ¿Cuántos no han sido expulsados de sus posiciones en las escuelas, la iglesia o el gobierno por la posición que sustentaban respecto a la verdad?

   Es algo que consuela y fortalece saber que todos los que comparten los sufrimientos de Cristo oirán finalmente de sus labios: “Bien hecho, buen siervo y fiel. Entra en mi reposo”.

   Pensamiento: claramente la mujer espiritual tiene esa seguridad de la vida eterna. aquella mujer que ha nacido de nuevo esta segura en quien ha creído, y se mantiene firme en su esperanza de la herencia en la vida eterna. Espero que todas mis hermanas creyentes tengan esta seguridad como hijas de Dios serán herederas de las promesas del redentor.

   Referencias: Hebreos1:14. ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? Hebreos 6:17. Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; Gálatas 4:7. Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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