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Lunes 23 de noviembre de 2020“Mujeres Que Servían A Jesús, Un Ejemplo A Imitar”

Lunes 23 de noviembre de 2020“Mujeres Que Servían A Jesús, Un Ejemplo A Imitar”

   Lectura Bíblica: San Lucas Cap. 8, versículos 1 al 3. 1Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, 2y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, 3Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.

   Comentario: 8:1–3 Mujeres que sirven

   Se recordará que después de ministrar a grandes multitudes (Lc. 6:17–19) Jesús predicó lo que generalmente se conoce como el “Sermón del monte” (6:20–49). Culminó su sermón demandando una fe inquebrantable en él, una fe que demostraría su carácter genuino por medio de las acciones (6:46–49). Esta fe fue ejemplificada por el centurión cuyo siervo estaba “a punto de morir” cuando Jesús le sanó (7:1–10). Sin embargo, el hijo de la viuda de Naín estaba “ya muerto”, pero Jesús le resucitó (7:11–17). El realizó muchas otras obras en las que se reveló no únicamente su poder sino también y en forma enfática su compasión (7:22)

   Juan el Bautista, sin embargo, había anunciado la pronta llegada de la ira venidera (3:7). Él había descrito al Mesías como Aquel “cuyo aventador estaba en su mano” y como el que “limpiaría su era” (3:17). Es completamente posible que el oír de los hechos misericordiosos de Jesús tuviera algo que ver con la pregunta que Juan hizo: “¿Eres tú el que ha de venir o esperaremos a otro?” (7:18–20). La manera como Jesús respondió se relata en 7:21–35. Por este tiempo, el Maestro se había ganado la reputación de ser ciertamente “un gran profeta” (7:16).

   ¿Pero era él lo que su reputación decía que era? Puede haber sido en respuesta a esto que cierto fariseo llamado Simón, invitara a Jesús a comer. En relación con esta comida, el Gran Médico del alma y del cuerpo, el Gran Sumo sacerdote misericordioso fue ungido por una mujer arrepentida. El la perdonó y (parcialmente) por medio de una parábola censuró la autojusticia de Simón (7:36–50).

   La historia de esta mujer que había llegado a ser una seguidora de Jesús se conecta fácilmente con la de otras mujeres que igualmente fueron favorecidas por él y que habían rendido sus vidas a él (8:1–3).

   Todo el material que ha sido sintetizado aquí (es decir, Lc. 6:17–8:3) falta en el Evangelio de Marcos. Comenzando con la parábola del sembrador (8:4) Lucas regresa a Marcos.

   [1]. Poco después Jesús estaba viajando de pueblo en pueblo y de aldea en aldea, predicando y trayendo las buenas nuevas del reino de Dios.

   Como ocurre a menudo, Lucas es indefinido en cuanto a tiempo y lugar. Él dice solamente (a) “poco después”, es decir, después de los incidentes relatados al final del capítulo anterior; y (b) “de pueblo en pueblo y de aldea en aldea”, evidentemente en Galilea. Lucas hará mención específica del viaje a Jerusalén (9:51), cuando este viaje esté por ocurrir.

   Es verdad que esta vez, en contraste con 4:15, Lucas, no menciona las sinagogas. ¿Significa esto, entonces, que debido a la oposición de los dirigentes judíos se había quitado de Jesús la oportunidad de predicar en la sinagoga, y por lo tanto, se veía forzado ahora a hablar al aire libre? A la luz de varios pasajes—especialmente Jn. 18:20—esta pareciera ser una conclusión injustificada. No es necesario explicar todo en detalle. Dondequiera que fue posible, Jesús aprovechó la oportunidad ofrecida por “la libertad de la sinagoga”. Junto con Jn. 18:20́ véanse también Mt. 12:9–14; 13:54–58; Mr. 6:1–6; Lc. 4:15–30, 31–37; 6:6–11. Pero él no estaba limitado a este medio de comunicación.

   Lo que importa es el hecho que dondequiera que Jesús habló, en cualquier pueblo o aldea, ya fuera en una casa, una sinagoga o afuera, proclamó con entusiasmo y ardor las buenas nuevas del “reino de Dios”—para este concepto véase sobre 4:43. En contra del yugo de la esclavitud a las reglas de todo tipo hechas por el hombre, él estaba proclamando el reino de la gracia en que Dios es Rey, y en que la salvación es su don gratuito a todos los que confían en él.

   Los doce (estaban) con él … Esta vez no solamente se menciona a Simón (Pedro), como en 4:38; 5:3–5, 8; o a Simón, Jacobo y Juan, como en 5:7–10; o a Leví (= Mateo), como en 5:27–29, sino a todos los doce, como en 6:13–16.

   La pregunta se plantea a menudo: “¿De qué manera se satisfacían las necesidades físicas de estos trece hombres, Jesús y los Doce?” ¿Intentaremos la respuesta: “Pedro y Andrés, Santiago y Juan, siendo pescadores pueden haber tenido medios de sostén; y Mateo, habiendo sido un recolector de impuestos (publicano), ¿probablemente tenía también sus recursos?” ¿Pero hace justicia esta respuesta a pasajes tales como Lc. 5:11, 28? ¿Continuaron quizá sus familiares (véase especialmente Mr. 1:20) proveyendo para ellos? Las únicas respuestas reales que tenemos están contenidas en pasajes tales como Mt. 10:10; Lc. 10:7 (“digno es el obrero de su salario”), y aquí en: 2, 3. (Los doce estaban con él) así como (estaban) también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades: María llamada Magdalena, de la que habían sido expulsados siete demonios, y Juana esposa de Chuza, el administrador en la casa de Herodes, y Susana y muchas otras. Estas mujeres estaban ayudando a su mantenimiento con sus propios recursos.

   Estas mujeres, entonces, habían sido objetos de especial cuidado por parte de Cristo. Jesús las había sanado de (a) espíritus malignos y (b) enfermedades. Nótese con cuanto cuidado el Dr. Lucas distingue entre los dos y véase además sobre 4:33, 34. sobre Mt. 9:32 y sobre Mr. 1:23.

   Es importante observar que, en tanto Sócrates, Aristóteles, Demóstenes, los rabinos y los hombres de la comunidad de Qumrán tuvieron a las mujeres en baja estimación, Jesús en armonía con la enseñanza del Antiguo Testamento, les asigna a ellas un lugar de alto honor. Además, es especialmente en el Evangelio de Lucas donde se enfatiza la ternura y profundo consideración de Jesús por las mujeres. Véase la Introducción, punto V D.

   La primera que se menciona aquí entre las mujeres es María llamada Magdalena; es decir, María de Magdala (significando La Torre) ubicada en la costa occidental del mar de Galilea y al sur de Capernaúm. Ella aparece en forma destacada en los cuatro relatos de la Pasión. Ella fue una de las mujeres que más tarde: (a) presenció la crucifixión (Mt. 27:55, 56; Mr. 15:40; Jn. 19:25); (b) vio donde fue puesto el cuerpo de Cristo (Mt. 27:61; Mr. 15:47; Lc. 23:55); y (c) salió muy de mañana el domingo para ungir el cuerpo del Señor (Mt. 28:1; Mr. 16:1; Lc. 24:10). Sería además la primera persona a quien se aparecería el Cristo resucitado (Jn. 20:1– 18; véase también el disputado final de Marcos, 16:9).

   El hecho que de María Magdalena se hubieran expulsado siete demonios ha llevado a la conclusión totalmente injustificada que ella fue en un tiempo una mujer mala, una persona muy inmoral. Pero no hay ni el menor indicio que pruebe que la posesión demoníaca y la inmoralidad vayan de la mano. Un comportamiento físico o mental extraño o lastimoso se asocia a menudo con la posesión demoníaca (Lc. 4:33, 34; 8:27–29; 9:37–43 y pasajes paralelos), no la inmoralidad.

   En cuanto a Juana, esposa de Chuza, el mayordomo de la casa de Herodes, ella estaba también entre las mujeres que iban a oír las buenas nuevas: “Él no está aquí, sino que ha resucitado” (Lc. 24:6, 10). El significado de la referencia de Lucas a ella ya ha sido señalado. Únicamente Lucas se refiere a ella (8:3; 24:10).

   No se sabe nada más de Susana, mencionada solamente en Lc. 8:3. Su nombre no debería olvidarse, no obstante. Sus acciones de bondad hacia el Señor y sus discípulos eran puras y fragantes, recordando una hermosa azucena (el significado de su nombre).

   Nos alegra leer que además de las tres mujeres aquí mencionadas había “muchas otras”. Lo que tenemos aquí, por lo tanto, es una verdadera sociedad femenina.

   El Nuevo Testamento registra las actitudes y los hechos de ciertas muchachas y mujeres necias y a veces malas, reales o imaginadas (Mt. 10:34, 35; 14:1–12; 25:2, 3; Hch. 5:1, 2, 7– 11; Ro. 1:26; 2 Ti. 3:6, 7; Ap. 2:20–23), de manera que la declaración que se hace a veces en el sentido que las mujeres nunca adoptaron una actitud contraria a Jesús o a su causa debe limitarse cuidadosamente. No obstante, es un hecho que, salvo algunas pocas excepciones, las muchachas y mujeres mencionadas en el Nuevo Testamento estaban de lado del Señor. Por lo general, es cierto que en tanto que Pedro negó a Cristo, y Judas le traicionó, y Herodes le ridiculizó y Pilato le condenó, las mujeres le honraron y ministraron a las necesidades suyas como a las de sus discípulos. En la medida que ellas hicieron eso, con toda propiedad las consoladoras palabras de Mt. 25:34–40 se pueden aplicar a ellas.

Lecciones prácticas derivadas de Lc. 8:1–3

   En general, las siguientes tres aplicaciones son evidentes: 1]. La mención de “Juana, esposa de Chuza, el mayordomo de la casa de Herodes”, nos enseña que el evangelio debe llevarse a la mansión, así como al mercado, a aquellos que están en alta posición como a los que realizan labores serviles. Véanse Ef. 6:5–9; Fil. 4:22.

   2]. La Escritura les asigna un papel vital a las mujeres, llamándolas a una labor de ayuda, de servicio (Hch. 9:36; 16:14, 15, 40; 18:26; Ro. 16:1, 2; Fil. 4:2, 3; 2 Ti. 1:5. Sobreestimar el valor de una Sociedad Femenina que funciona bien es casi imposible.

    3]. La “mujeres que habían sido sanadas … estaban ayudando al mantenimiento” del pequeño grupo compuesto por Jesús y los Doce. Así como la lluvia que desciende sobre la tierra para bendecirla, asciende otra vez por efecto del sol y forma las nubes, así también el ciclo espiritual—el que se menciona en Sal. 50:15; cf. 116:3–6, 12–14—debe mantenerse. ¡Las bendiciones que descienden del cielo debe retornar en la forma de sincera y humilde acción de gracias!

   Pensamiento: En Lucas 8:1-3 leemos que las mujeres que siguieron a Jesús eran una parte vital del equipo ministerial que viajaba con él. Estas no se quedaban en la parte de atrás del séquito de Jesús y miraban a la distancia mientras cocinaban la comida para los hombres. Eran discípulas de Jesús en el sentido más completo y tenemos razones para creer que les encargó ministrar en Su nombre. Cuando Jesús envió al Espíritu Santo sobre la Iglesia, como se relata en el libro de Hechos, muchas de estas mismas mujeres estaban en el aposento alto y recibieron autoridad en el día de Pentecostés. Aquellos que eran discípulos de Cristo habían sido autorizados a ir por toda la tierra como testigos, pero se les había pedido que esperaran a que el Espíritu Santo viniera sobre ellos para darle la autoridad para cumplir esta comisión (vea He. 1:4). Cuando el Espíritu Santo vino para cumplir esta promesa de autoridad para el ministerio, tanto hombres como mujeres — incluyendo a la madre de Jesús — lo recibieron. Pedro señaló “y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas” (vea Jl. 2:28-32). Si Dios únicamente comisionó a los hombres para ministrar el Evangelio, ¿por qué envió el poder de esa misión tanto sobre hombres como mujeres?

   Las mujeres en el aposento alto no fueron las únicas de Jesús comisionó. En el relato de su visita a la mujer samaritana en el pozo (vea Jn. 4:7-42), leemos que luego de revelarle su verdadera identidad y pronunciar el perdón por su tormentoso pasado, la mujer comenzó a contarles a otros sobre él. Quizás aquí vemos uno de los cuadros más claros en la Biblia de Cristo como alguien que sí ordena a las mujeres.

   Luego de su encuentro con el Salvador, el relato bíblico nos dice: “Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer” (v.39). ¿Por qué el Mesías enviaría a esta mujer a su aldea a contarle a otros sobre su poder si se oponía al concepto de la mujer en el ministerio?

   Todavía más intrigante: esta es la primera ocasión registrada en la que Cristo comisionó a alguien a evangelizar más allá de los estrechos confines de la comunidad judía ortodoxa. Para demostrar proféticamente que al final el Evangelio se extendería “en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (He. 1:8), envió ¡a una evangelista a predicar!

   Debemos recordar el contexto cultural de este pasaje. En la Palestina del tiempo de Cristo, y de hecho en todo el mundo romano, se les enseñaba a los hombres que no se debía confiar en el testimonio de una mujer porque estas se consideraban ignorantes y fáciles de engañar. Sin embargo, ¿a quién escogió Jesús para revelarle primero su resurrección? Y ¿a quién comisionó primero para decirles a otros que había triunfado sobre la tumba? ¿No fueron acaso sus valientes mujeres discípulas las que estuvieron dispuestas an identificarse con su muerte mientras que sus seguidores varones se escondían de los perseguidores?

   Debido a los prejuicios culturales, los discípulos no les creyeron a las mujeres cuando estas le dieron el asombroso informe de la tumba abierta. Sin embargo, Jesús se le apareció a los doce y confirmó el testimonio de las mujeres, y al hacerlo, refutó la idea de que la mujer no podía dar un testimonio confiable.

   Luego de su resurrección, Jesús le dijo a María Magdalena: “Ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn. 20:17). ¿Acaso la estaba ratificando como una testigo del Evangelio? ¿Acaso Cristo mismo no la confirmó para ir y hablar por él? Entonces, ¿por qué le negamos a la mujer la oportunidad de llevar el mismo mensaje?

1er Titulo:

María la madre de Jesús; sumisa a la voluntad de Dios. San Lucas 1:38. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.

   Comentario. [38]. María dijo: Heme aquí, la sierva del Señor. ¡Hágase conmigo según tu palabra! En lugar de “sierva” o “sirvienta”, algunos insisten en la traducción “esclava”. La mayoría de los traductores y expositores han llegado a la conclusión que en el presente contexto esa traducción no sería apta.

   Esta conclusión está basada en el hecho de que la palabra esclava generalmente la asociamos con las ideas de sumisión forzosa, servicio no voluntario, y (frecuentemente) trato duro. Por otra parte, la reacción final de María fue lo contrario. “Hágase conmigo según tu palabra”, hace que uno recuerde la actitud humilde y completamente rendida del “Siervo” en los grandes pasajes de Isaías sobre el “Siervo” (42:1–9; 49:1–9a; 50:4–11; y 52:13–53:12). Ella es la “sierva del Señor” y está deseosa de servirle, dispuesta a hacer su voluntad y ser usada para llevar a cabo sus propósitos.

   En vista de la historia relatada en Mt. 1:18, 19, esto no era fácil. María sabía que el hecho de quedar encinta en este momento en particular, antes de la consumación de su matrimonio con José, la expondría a una crítica dolorosa y al ridículo; quizás a algo peor (véase Dt. 22:23s). Pero ella hizo un acto de completa rendición. Se puso ella, cuerpo y alma, a disposición del Dios que la amó y que, por medio de esta embarazo y parto prometidos estaba otorgándole una bendición incalculable.

   La misión de Gabriel se había cumplido cabalmente. Así que ahora no nos sorprende leer: Y el ángel se fue de ella.

  1. 38 “Heme aquí, la sierva del Señor”, etc. Aunque María no comprendió completamente todo, ¡creyó! La fe consiste en encomendar el camino de uno al Señor, confiando en él, sabiendo que él hará lo mejor (Sal. 37:5). Véanse otras descripciones de la fe en C.N.T. sobre Mr. 11:22, 23.

2° Titulo:

La mujer que escogió la mejor parte. San Lucas 10.38 al 42. 38Aconteció que, yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

   Comentario: 10:38–42 María de Betania elige lo mejor

   El hombre asaltado de la parábola (vv. 25–37) estaba viajando de Jerusalén a Jericó. Ahora Jesús ha llegado a Betania. Pero esta visita no debe ser confundida con aquellas que ocurrieron un poco más adelante, más cerca de la Pascua (Jn. 11:1, 2: 12:1ss).

   No se ha revelado exactamente cuándo ocurrió el suceso que ahora se relata. Esto no crea ningún problema real. Una vez llegado Jesús a Judea, puede haber hecho varias visitas al hogar hospitalario de verdaderos discípulos y cariñosos amigos. Una serie de pasajes apunta en esta dirección (Mt. 21:17; 26:6–13—cf. Mr. 14:13; Jn. 12:1–8—; Mr. 11:11; Jn. 11:3; y, según algunos, aun Lc. 21:37).

   Pero Lucas no está interesado principalmente en la cronología. Como se ha indicado anteriormente, su arreglo, aunque ciertamente lógico, con frecuencia es temático. Por consiguiente, el evangelista no podía haber escogido mejor lugar para presentar este relato. El amor activo para el prójimo es maravilloso, pero también es necesario escuchar y poner en práctica las palabras del Maestro. Aun podríamos decir: aunque la parábola de el samaritano que se preocupó pone énfasis en la segunda tabla de la ley, esta historia enfatiza la primera. “Ama a tu prójimo” va seguido por “presta atención a la palabra de Dios”.

   La historia que tenemos delante de nosotros se divide fácilmente en tres partes, como se indicará:[38]. Mientras estaban viajando, Jesús llegó a cierta aldea donde una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

   Jesús y los Doce estaban viajando. Cf. 9:51. El nombre de la aldea a la cual llegaron no se menciona. Sin embargo, Lucas sí afirma que Marta y María vivían allí. Puesto que Jn. 11:1 y 12:1–3 mencionan a estas mismas hermanas y también a su hermano Lázaro y nos informan que vivían en Betania, sabemos que también aquí en Lc. 10:38 “cierta aldea” es Betania. Lucas también conocía este lugar (véanse 19:29; 24:50) aunque, por alguna razón, aquí no lo nombra.

   Betania estaba situada al oriente de Jerusalén y en la ladera oriental del Monte de los Olivos. Su nombre actual es el-cAzarîyeh (Cf. Lázaro). La distancia entre Jerusalén y Betania se señala como de ocho estadios (Jn. 11:18), es decir, unos tres kilómetros.

   De las dos hermanas, Marta se nombra en primer lugar, no solamente aquí en Lc. 10:38, 39, sino también en Jn. 11:19, 20; 12:2, 3; mientras en Jn. 11:5 hasta se menciona antes que “su hermana y Lázaro”. Es verdad que en Jn. 11:1 Betania se llama “la aldea de María y su hermana Marta”, pero el orden en que se mencionan las dos hermanas allí, con María en primer lugar, se puede explicar por el hecho de que la historia continúa en el v. 2 con una referencia al ungimiento del Señor por parte de María. Nótese, además, que aquí en Lc. 10:38 se nos dice que fue Marta quien recibió a Jesús en su hogar. ¿Tiene razón la conclusión que Marta tiene que haber sido la mayor—por lo menos de las dos hermanas, y quizás aun de los tres hermanos—y que la casa la pertenecía a ella? Para comenzar con lo último, la expresión su hogar o su casa probablemente significa “la casa donde ella (así como los otros dos) vivía”. En cuanto a lo primero, esto suena más razonable. Ella sin duda puede haber sido la mayor, pero esto tampoco es cierto.

   Estamos en terreno más firme cuando decimos que de las dos hermanas, según se las retrata en las Escrituras, es Marta quien generalmente toma la iniciativa. Aquí en Lc. 10:38 es ella quien toma la iniciativa para extender una cordial bienvenida a Jesús. También es típico Jn. 11:20: “Entonces, Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarlo. Pero María se quedó en casa”. Súmese a esto Jn. 11:21, 28; 12:2. No es impropio que a María se le haya llamada la “anfitriona”.

   [39]. Ella tenía una hermana llamada María, quien, sentada a los pies del Señor, estaba escuchando su palabra.

   Hasta este punto tenemos una escena de serenidad, de tranquilidad. Todo está bien en el hermoso hogar de Betania. Un momento antes Marta extendió una cordial bienvenida a Jesús. Y ahora María, su hermana, ya está sentada a los pies del Señor, los mismos pies que en una ocasión posterior va a ungir (Jn. 12:3; cf. Mt. 26:6, 7; Mr. 14:3). Ahora ella está aquí sentada, escuchando con muchas ansias las palabras de vida que salen del corazón y los labios del Salvador. “Todo está bien. Todo está bien.”

  1. Un estallido de irritabilidad

   [40]. Pero Marta estaba distraída por todo lo que tenía que hacerse. ¡Pobre mujer! Simpatizamos con ella, ¿no? Si se nos permite trasladar la historia a nuestro tiempo, de modo que se le proporcione una escena moderna, el resultado sería más o menos el siguiente:

   La mente de Marta se ve tirada en todas direcciones. “¿Cómo podré cuidar de todos los detalles de esta elaborada comida: los aperitivos, la ensalada, la carne, las verduras, los saborizantes y condimentos, los panes, los postres, la distribución de los invitados alrededor de la mesa, ¿etc.? Y todo esto para:

“Jesús y Lázaro, María y Marta, más Pedro, Andrés, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo y Tomás también, Jacobo el menor y Judas el mayor, Simón Zelote y Judas el traidor”. Aun si se quita el nombre de Lázaro, puesto que no se le menciona en el relato presente y podría haber estado en otro lugar en esta ocasión, todavía serían quince personas a la mesa.

   Sin embargo, alguien podría objetar que el relato habla solamente de Jesús, de modo que debemos suponer que los discípulos no estaban con él. Es cierto que hay que reconocer la posibilidad. Sin embargo, la probabilidad es que estuvieran ellos también presentes. Razones para creer esto:

   -a. El v. 38 dice: “(ellos) estaban viajando”. El hecho de que este plural inmediatamente se cambie al singular él (en “llegó”, etc.) no significa que los Doce repentinamente dejaron a Jesús. Se usa el singular porque él naturalmente era el líder del grupo. Para referencias similares a Jesús en el singular cuando se entiende la presencia de los discípulos, véanse, por ejemplo, Lc. 6:1; 17:11.

   -b. La primera oración del relato que sigue de inmediato también muestra que los discípulos estaban con el Señor: “uno de los discípulos le dijo”, etc. (11:1). En consecuencia, parecería más bien extraña la ausencia de los discípulos en el pasaje intermedio (10:38–42).

   -c. Jn. 12:2 describe una escena similar. Allí leemos: “Le hicieron una cena”, no “hicieron una cena para él y sus discípulos”. Sin embargo, v. 4 muestra que también estaban presentes los discípulos.

   Por lo tanto, es comprensible que A. B. Bruce comente: “… no significa que él estuviera solo, aunque no se haga mención de los discípulos en el relato”..

   Continuación: Repentinamente ella vino a él y preguntó: Señor, ¿no te importa que mi hermana me ha dejado hacer todo el trabajo sola? Dile que se levante y me ayude.

   Tanto trabajo y María sólo se sienta allí … ¡sin hacer nada! Marta explota de enojo. Se siente exasperada. Siente que tiene una justa razón para estar completamente irritada. En su estallido no solamente critica a María sino también a Jesús por permitir que María se siente allí … de ociosa.

  1. La voz de autoridad

   [41, 42]. Marta, Marta, respondió el Señor. Estás afanada y turbada por muchas cosas; pero una cosa solamente es necesaria. María ha escogido la buena parte, y no le será quitada.

   La expresión Marta, Marta revela una señalada desaprobación, por cierto, pero también un tierno afecto y grave preocupación, porque, como el que escudriña los corazones sabe, Marta estaba preocupaba interiormente y enfadada exteriormente. Esto era muy claro por la manera en que se veía, hablaba y actuaba. “Por muchas cosas”, como si dijera: “Una comida tan elaborada ni siquiera es necesaria. Además, hay cosas que en excelencia e importancia sobrepasan por lejos el comer”.

   “Una cosa solamente”, dice Jesús, “es realmente necesaria”. Algunos han interpretado este dicho como que significa: “Con un solo plato hubiera bastado”. Pero lo que sigue de inmediato ciertamente favorece la otra interpretación que tiene una acogida más amplia, a saber: “La única cosa necesaria es la porción que María ha elegido, es decir, oír mis palabras”. En realidad ¿puede haber algo mayor en valor que una devoción de todo corazón y la adoración del Señor Jesucristo, la revelación del Dios trino? Esa y no otra cosa—por ejemplo, este o aquel plato de comida—es la porción que nunca será quitada de María, ni de nadie que siga su ejemplo. Véanse Sal. 89:28; Jn. 10:28; Ro. 8:38, 39.

   A veces se pregunta: “¿Pero no fue Jesús un poquito injusto con Marta? Después de todo, ¿no tenía ella razón?” Hay que tener presente lo siguiente:

   -a. Excepto los toques finales, la comida ya debería estar lista cuando Jesús y su grupo llegaron. Tenemos razones para creer que él había tenido cuidado de hacer que su anfitriona supiera de su venida. ¿No estaba siempre enviando delante a hombres para anunciar su llegada? Véanse Is. 40:3–5; Mal. 3:1; Lc. 9:52; 10:1, 22:8.

   -b. Esto también significa que a su llegada una de las hermanas tendría que haber “atendido” al honorable visitante. Digamos más bien “debiera haber estado preparada para sentarse a sus pies para escuchar sus palabras”. El no hacerlo, aún bajo condiciones ordinarias, hubiera sido descortesía, contrario a los buenos modales, pero en este caso habría sido sumamente irreverente. Así que María hizo lo correcto.

   -c. 10:40, “me ha dejado, etc., probablemente dé a entender que más temprano María también había estado haciendo su parte en la preparación de la comida. Marta aprendió la lección. Sabía que las palabras de reprensión de Jesús se habían dicho con amor, porque “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro: (Jn. 11:5).

   Así que no nos sorprende que dos de las más maravillosas profesiones de fe encontradas en las Escrituras iban a salir del corazón y los labios de Marta:

   “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará” (Jn. 11:21, 22).

   “Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que viene al mundo” (Jn. 11:27).

    La historia, por lo tanto, tiene un glorioso final. Dios fue glorificado, y esto es lo que siempre importa más.

Lecciones prácticas derivadas de 10:38–42

   Vv. 38, 39 “Una mujer llamada Marte … una hermana llamada María”. Esta historia y muchas otras muestran que en la escala de valores de Cristo no hay diferencia entre masculino y femenino. Amaba a todos por igual.

  1. 42 “María ha escogido”, etc. La selectividad divina no deja fuera la actividad humana. Pero véase 1 Jn. 4:19.

“No le será quitada”. Aquí se enseña la preservación divina, como en otros pasajes. No excluye, sino que definitivamente incluye la perseverancia humana.

3er Titulo:

María de Betania, la mujer inmortalizada por Cristo. San Marcos 14:8 y 9. 8Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. 9De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.

    Comentario: Continúa: [8]. Ella hizo lo que pudo. Ha ungido de antemano mi cuerpo para la sepultura. De forma similar, Mateo escribe, “Porque cuando ella derramó este perfume sobre mi cuerpo, lo hizo para prepararme para mi sepultura”. Mucho se ha escrito acerca de este difícil pasaje. Según lo ven algunos, Jesús está diciendo que María, sin darse cuenta, le ha ungido para su inminente muerte y sepultura. Y se debe admitir que esta interpretación tiene sentido: a menudo el propósito de Dios se lleva a cabo a través de obras de seres humanos, aun cuando estos últimos ignoren lo que está realmente sucediendo. Además, quizá María no sabía que la muerte de su Maestro estaba tan próxima. Por otro lado, no se debe pasar por alto el hecho de que María era tal vez el mejor oyente que jamás haya tenido Jesús. La mujer que ahora ungía los pies de Jesús era la misma que había estado previamente sentada a sus pies (Lc. 10:39). Si hasta los enemigos de Jesús tenían conocimiento de las predicciones que él había hecho sobre sí mismo (Mt. 27:63), ¿no podemos suponer que María también sabía todo esto? Si así fuese, es posible que hubiese acudido a su mente un pensamiento como éste: “Esta oportunidad bien puede ser la última que tenga para ofrecer una atención a Jesús. El Señor ha predicho que sus enemigos le matarán, y cuando esto suceda, ¿se concederá a sus amigos el privilegio de ungirle?”. En consecuencia, no se debe descartar la posibilidad de que María tuviera el propósito consciente de preparar a Jesús para su sepultura. Para más detalles sobre esto véase en CNT de Juan 12:7, 8.

   Jesús termina la defensa de María diciendo, [9]. Solemnemente os aseguro, dondequiera que fuere predicado el evangelio en todo el mundo, también se contará, para memoria de ella, lo que hizo. Como ya se ha indicado, era el sábado por la noche, el día anterior a la entrada triunfal. El martes Jesús habría de hacer una sorprendente predicción: “Y a todas las naciones el evangelio debe ser predicado primero” (13:10, cf. Mt. 24:14). En cuanto a “evangelio”, véase CNT sobre Filipenses, pp. 94–98. Este evangelio debe predicarse. En el sentido religioso, predicar significa pregonar. La exposición cuidadosa de la Palabra es fundamental. Pero la predicación genuina es vitalizadora, no seca, ni aburrida. Es la sincera proclamación de las buenas nuevas iniciadas por Dios. No es la especulación abstracta inventada por el hombre. Véase CNT sobre 2 Ti. 4:2.

   Tres días antes de hacer el anuncio sobre la predicación universal del evangelio, Jesús promete solemnemente que por dondequiera que se propague el gozoso mensaje, esta acción de María irá de la mano con él. El recuerdo del noble acto de María debe conservarse vivo. El Maestro no permitirá que pase al olvido. Cf. Mt. 25:34–40.

  Al estudiar esta sección podemos sentirnos inclinados a cometer el error de llenarnos tanto de admiración por la hermosa obra de María, que nos olvidemos que lo que ella hizo fue sólo un reflejo de la propia bondad del Maestro para con ella. Considérese no sólo su misericordia al salvarla, sino también la ternura que reveló cuando en este momento en particular acudió de inmediato en su defensa. Después de todo, él sabía que la hora de su propio e incomparablemente amargo sufrimiento se acercaba velozmente. No obstante, tan intensamente amó a los suyos (cf. Jn. 13:1) que por el aprecio que le tenía a ella se sintió profundamente   herido por la injustificada crítica que le hicieron. Su corazón se conmovió por ella.

   Así pues, la verdadera lección de este pasaje es que Dios, cuya imagen es Cristo (Heb. 1:3), halla intenso e infinito deleite en recompensar la fidelidad de los que le honran. Cada vez que enumeramos sus muchos y gloriosos atributos, también debemos poner debida atención en el hecho de que él es ciertamente “galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6).

    Nótese cuán generosamente y con qué intenso deleite premió a:

Abraham (Gn. 22:15–18) ▬ Rut (Rut 1:16, 17; 2:12; 4:13–22) ▬ Ana (1 S. 1:1–20) ▬ Ebed-Melec el etíope (Jer. 39:15–18); ▬ El rey Ezequías (2 R. 19); ▬ El rey Josafat (2 Cr. 20:1–30); ▬ Daniel y sus compañeros (Dn. 1:1–6:28); ▬ “El centurión que recibió su elogio” (Mt. 8:5–13); ▬ La mujer sirofenicia (Mr. 7:24–30); ▬ Los que trajeron sus pequeñitos a Jesús (Mr. 10:13–16); ▬ Sus leales discípulos, a pesar de sus muchas fallas (Mr. 10:23–31); ▬ La pobre viuda que dio “todo su sostén” (Mr. 12:41–44); ▬ El leproso samaritano (Lc. 17:11–19)

   Muchos otros nombres se podrían añadir, pero esta breve lista debe ser suficiente para indicar lo que es una de las principales lecciones—tal vez incluso la lección principal enseñada aquí en Marcos 10:13–16.

4° Titulo:

Primeros testigos de la resurrección de Cristo: Las Mujeres. San Lucas 24:1 al 5. 1El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. 2Y hallaron removida la piedra del sepulcro; 3y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; 5y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 

Comentario: EL DOMINGO DE RESURRECCION Y DESPUES: 24:1–12 La resurrección de Cristo es revelada a las mujeres Cf. Mt. 28:1–10; Mr. 16:1–8; Jn. 20:1–10

   [1]. Pero el primer día de la semana, muy de mañana, las mujeres fueron al sepulcro llevando las especias aromáticas que habían preparado. El mejor de todos los días había finalmente llegado. Pero para las mujeres (véase v. 10; también 23:49) este día no comenzó como un día de mucho gozo. Era un día de profundo pesar y en el que había trabajo que realizar. En este clima en particular, la descomposición del cuerpo era muy rápida. Así que estas mujeres fueron al sepulcro con el propósito de ungir el cuerpo de Jesús con los “aromáticos”, es decir, las especias y perfumes que habían preparado (véase 23:56).

   Lo que hacían demostraba, por cierto, su amor devoción, pero también su falta de fe. Ellas debieron haber recordado las repetidas promesas del Salvador de su resurrección “al tercer día”. ¿Pero lo hubiéramos hecho mejor nosotros?

   En cuanto a la hora en que vinieron estas mujeres se ha escrito bastante. Marcos dice “ya salido el sol” (16:2); Mateo “al amanecer” (28:1); Lucas “muy de mañana” (aquí en 24:1); y Juan “siendo aún oscuro (20:1). Solución posible: si bien estaba aún oscuro cuando salieron las mujeres, ya había salido el sol cuando llegaron al sepulcro.

   [2, 3]. Encontraron que la piedra había sido removida del sepulcro, pero al entrar no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

   Al parecer las mujeres no habían oído que se había sellado el sepulcro y apostado una guardia (Mt. 27:62–66). El evangelista Marcos informa que en el camino hacia la tumba las mujeres habían estado preocupadas por la piedra. Leemos “Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”.

   Sin embargo, no había por qué preocuparse. Tal como lo informan Marcos y Lucas, de pronto advirtieron que la piedra ya había sido removida. Jn. 20:1, 2 nos narra la reacción de María Magdalena cuando vio que la piedra había sido quitada. Y Mateo nos dice cómo fue que sucedió: “Repentinamente se produjo un violento terremoto, pues un ángel del Señor bajó del cielo se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella” (28:2).

   Si bien María Magdalena se fue de prisa para dar a conocer su versión a Pedro, las demás mujeres entraron en la tumba, pero no hallaron el cuerpo de Jesús. Aparte de lo que ya se dijo (véase sobre 23:53, 54) es muy poca la información que puede añadirse en cuanto al sepulcro. El Nuevo Testamento no da en ninguna parte una descripción detallada. Se ha sugerido que éste tenía una antecámara la cual daba acceso por medio de una puerta baja en el fondo—obsérvese “e inclinándose” (Jn. 20:5)—a una cámara interior en la cual había sido puesto el cuerpo. Pero no se revela si este sepulcro en particular tenía realmente dos cámaras. No todos los sepulcros del primer siglo seguían este preciso modelo. Lo mismo vale en cuanto al aspecto exacto del lugar donde fue puesto el cuerpo de Jesús. Se ha sugerido que había un declive en el piso, y que en los extremos de los pies y la cabeza la roca era dejada algo sobresaliente para servir de asiento. Esto podría explicar Mr. 16:5 y Jn. 20:12. Pero, véase la nota sobre el artículo de Smith.

   No obstante, el hecho realmente importante y que pesa por sobre cualquier detalle de la construcción y aspecto de la tumba, era que, al entrar, ¡las mujeres no hallaron el cuerpo del Señor Jesús! La tumba estaba vacía.

   [4]. Mientras ellas seguían perplejas por esto, se pararon junto a ellas dos varones vestidos con ropas que destellaban como relámpagos.

   De repente, dos hombres vestidos con túnicas totalmente deslumbrantes se pararon junto a las mujeres. Mateo menciona a un ángel (28:3, 5); Marcos, un joven vestido con una túnica blanca (16:5); y Juan, dos ángeles (20:12). Los que hablan a las mujeres se nos presentan a veces de pie, otras veces sentados. A veces se relata que decían una cosa, otras como que dicen algo distinto.

   Aunque no sabemos cómo hacer armonizar todos estos datos, esto no debe ser un impedimento para la fe. Muy por el contrario. La diversidad indica que un evangelista no simplemente copió lo que había dicho o escrito otro. Hubo diferentes fuentes, pero todas eran fidedignas. Además, debe tenerse presente que si fue un ángel el que habló por los dos, el que informó estaría en lo correcto usando tanto el singular como el plural al referirse al (a los) que hablaba(n). De nuevo, en cuanto a ángel o joven, este no sería el único caso en las Escrituras en el que ángeles se presentan en forma de hombres (y véase Heb. 13:2). En cuanto a sentados o parados, ¿es acaso imposible que estos visitantes celestiales estuvieran en un momento sentados y en otro momento de pie? Y en cuanto a las diferencias en los mensajes dados ¿por qué habría de considerarse imposible que los mensajeros hablaran más de una vez?

   No es extraño que las vestiduras de estos “hombres” brillaran como relámpago, porque ellos pertenecían al y habían descendido del reino de la belleza, el esplendor y la pureza. Cf. 9:29.

   [5–7]. Como las mujeres tenían miedo e inclinaron sus rostros a tierra, los varones les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, sino que ha resucitado. Recordad como os habló cuando estaba todavía en Galilea, que el Hijo del hombre debía ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y resucitar al tercer día.

    No debe sorprendernos que estas mujeres, quienes después de todo no eran sino seres humanos pecadores, tuvieran miedo y que por temor y respeto inclinaran sus rostros a tierra. Además, no tenían por qué estar aquí para ungir un cadáver. Sus intenciones eran buenas, pero estaban en un grave error. De modo que los mensajeros celestiales les preguntaron por qué buscaban entre los muertos al que vivía. Lo hicieron con manera suave, pero con firmeza, haciéndoles recordar las predicciones que les había hecho el Salvador estando en Galilea, es decir (a) que sería entregado en manos de hombres pecadores; (b) que sería crucificado; y (c) que resucitaría al tercer día. En cuanto a estas predicciones véanse Mt. 16:21; 17:22, 23; 20:17–19; Mr. 8:31; 9:31; 10:33, 34; Lc. 9:22, 44; 18:31–34. [C.N.T. G. Hendriksen, Comentario del Nuevo Testamento: Lucas y Marcos]

Amen, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.