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Lunes 23 De Julio De 2018 “La Vida En El Espíritu De Todo Creyentes Debe Ser Progresiva”

Lunes 23 De Julio De 2018 “La Vida En El Espíritu De Todo Creyentes Debe Ser Progresiva”

Lectura Bíblica: Filipenses Cap. 1, versículos 3 al 7. Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia.

Comentario: Versic. 3. En todas las cartas en que se afirma que el escritor es Pablo (y creemos firmemente que son de él), la salutación viene seguida, excepto en dos casos (Gálatas y Tito), por palabras calurosas de acción de gracias. La alabanza es dada no a los dioses o a alguna deidad particular (como era común entre los paganos en los días de Pablo), sino a aquel glorioso Ser que el apóstol llama aquí (y en Ro. 1:8; Flm. 4) mi Dios. Sus palabras son: doy gracias a mi Dios.

El apóstol está jubiloso. Pensando en la maravillosa forma en que ha sido conducido y en el amor que por el evangelio y por él ha demostrado la iglesia de Filipos, dice, “doy gracias a mi Dios”. Cf. Sal. 42:11; 63:1. Y continúa cada vez que me acuerdo de vosotros.

Las muchas reflexiones individuales sobre la obra de la gracia en la vida de los filipenses están resumidas en la frase: “cada vez que me acuerdo”, (literalmente “en toda memoria”; sin embargo, a la luz del contexto inmediato la frase tiene un sentido posesivo: “en toda mi memoria”).

Versic.4. Ahora bien, la acción de gracias, al hacer que uno tenga que reflexionar en las bendiciones, aumenta el gozo. Por lo tanto sigue a continuación un paréntesis en el cual se indica una circunstancia que acompaña a la acción de gracias: siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros. Una oración (o súplica) es una petición que se hace para que una determinada necesidad que es sentida agudamente, sea satisfecha. También en Filipos había necesidades espirituales definidas: las imperfecciones (Fil. 1:9–11; 2:2, 4, 14, 15;4:2) y los peligros (Fil. 3:2, 18, 19). Por eso Pablo implora al Señor muchas veces (siempre…en todas mis oraciones) para que estas necesidades sean suplidas. En la súplica no queda excluido nadie (por todos vosotros). Sin embargo, la nota característica es ésta: puesto que había sobrados motivos para dar gracias, Pablo hace su oración con gozo, porque la oración con acción de gracias es una oración gozosa.

Versic.5. La razón inmediata para esta acción de gracias la tenemos en el versículo 5, y la remota en el versículo 6. Estas dos razones no deben ser separadas. Lo que Pablo quiere decir es esto: “vuestra perseverancia en la participación unánime en la obra del evangelio (v. 5) me ha convencido de que sois objetos de la preservación divina (v. 6). Por todo ello doy gracias a mi Dios (v. 3), rogando con gozo (v. 4)”. El mismo razonamiento lo encontramos en 1 Ts.1:2–5, donde la vida cristiana que los creyentes manifiestan día a día es considerada como una muestra indubitable de su elección eterna. Por todo ello Pablo da gracias a Dios

Volviendo entonces a la razón inmediata para la acción de gracias, leemos: agradecido (se deriva del v. 3) por vuestra comunión en el evangelio.

La comunión de todos los creyentes en Cristo.

(1) Es una comunión de gracia. No es una comunión natural o platónica, ni tampoco de manufactura humana, o sea, creada u organizada por el hombre, como un club o sociedad. El hombre ni siquiera la merece. Es una comunión efectuada soberanamente por Jesucristo (1 Co. 1:9), y es el don del Espíritu (2 Co. 13:13; Fil. 2:1) enviado por el Padre. Fuera de Cristo y de su Espíritu esta comunión es completamente imposible. Hablando con toda propiedad, podemos decir que este lazo entre Cristo y su pueblo precede al tiempo, puesto que los suyos fueron escogidos en él desde la eternidad (Ef. 1:4).

En el tiempo, Jesucristo es, por así decirlo, el Imán que atrae hacia sí a aquellos que le han sido dados por el Padre (Jn. 12:32; 17:2, 9, 11, 24). Y los atrae por su Palabra y Espíritu. Este Espíritu les aplica los méritos de la muerte del Salvador. Jesús, por medio de su crucifixión, resurrección, ascensión, y coronación, atrae hacia sí (es decir, hacia una fe permanente en sí mismo) a todos los elegidos de Dios sin distinción de edad, región o nación. Estos, en la persona de su Fiador, Cristo Jesús, han sido juzgados, condenados, y crucificados; y también vivificados y resucitados con El. Con él moran en lugares celestiales. Su vida está escondida con Cristo en Dios. Esta verdad, consecuentemente, afecta a su estado y a su condición. Su santificación, tanto como su justificación, sólo se realiza a través de Cristo. Todo es de gracia. Es verdaderamente una comunión íntima; tan íntima que, mientras los creyentes están en la tierra, completan lo que falta de los sufrimientos de Cristo (véase Col. 1:24).

(2) Es, consecuentemente, una comunión de fe. Así como Cristo atrae a los pecadores a sí mismo por medio de su obra redentora, revelada a ellos por la Palabra y aplicada por el Espíritu, éstos se acercan a El y le aceptan mediante una fe viva, la cual es un don del Espíritu. Hay en consecuencia una participación de fe en los sufrimientos, en el cuerpo, y en la sangre de Cristo (Fil. 3:10; 1 Co. 10:16; 2 Co. 1:7; y cf. Flm. 6), así como en su resurrección y gloria (Fil. 3:10; Col. 3:1). La fe conmemora la muerte de Jesús, se regocija en su presencia, y espera su revelación en gloria.

(3) Es una comunión en oración y acción de gracias. La fe se expresa por medio de estas devociones. Los creyentes oran solos y unidos. Ellos glorifican a Dios por medio de sus oraciones. También en ellas, así como en las acciones de gracias, se recuerdan los unos a los otros (Fil. 1:3, 5, 9, 11). Por lo tanto,

(4) Es una comunión de los unos con los otros en amor mutuo. El mismo Imán que atrae a los pecadores hacia sí mismo, también los introduce en una mutua hermandad con todos los demás creyentes. Por ello cada uno de por sí acoge a los demás en su corazón y los anhela (Fil. 1:7, 8; 2:2; 4:2; cf. Jn. 13:34).

(5) Es, por lo tanto, una comunión de ayuda mutua, una comunión que acude en socorro de las necesidades de todos. Los creyentes hacen patente su comunión de amor recordando a los pobres entre ellos, no importa quienes sean, ni su raza, ni donde vivan (Ro. 15:26; 2 Co. 8:4). Además, la ponen en práctica ayudando a los misioneros en sus necesidades, como ocurrió ciertamente con los creyentes filipenses, quienes “entraron en asociación” con Pablo en cuanto a gastos e ingresos (Fil. 4:15, que también pertenece al punto 6).

(6) Es, en consecuencia, una comunión que fomenta la obra del evangelio. Es una cooperación activa en las actividades evangélicas (Fil. 1:5; cf. 1 Co. 9:23). Aquellos que son hermanos en esta participación común se dan la diestra en señal de compañerismo y en reconocimiento de una sincera cooperación en la obra del reino (Gá. 2:9).

(7) Es una comunión en la separación. Y aunque parezca paradójico, es cierto. La koinonía es una comunión en contraste con el mundo. La unión con Cristo siempre significa separación del mundo, es decir, dejar los pensamientos, los propósitos, las palabras, los caminos, etc., mundanos. Porque ¿qué comunión tiene la luz con las tinieblas? (2 Co. 6:14; cf. Stg. 4:4; 1 Jn. 2:15).

(8) Finalmente, es una comunión en la lucha. Los creyentes luchan hombro a hombro contra un enemigo común (Fil. 1:27–30; 2:25).

Debemos considerar la expresión “doy gracias a Dios por vuestra comunión en el evangelio” teniendo presentes estos ocho puntos. Entonces comprenderemos que no solamente indica que los filipenses habían “recibido el evangelio por la fe” (Juan Calvino), sino mucho más. Naturalmente, esta aceptación por la fe está implícita. Pero el énfasis de la acción de gracias recae sobre la sincera cooperación en la obra del evangelio (cf. 1 Co. 9:23), una participación unánime que ha sido manifiesta desde el primer día hasta ahora (para la misma frase “hasta ahora”, véase Ro. 8:22). En cuanto el Señor abrió el corazón de Lidia por medio del evangelio, esta maravillosa mujer abrió también las puertas de su casa a los obreros de las buenas nuevas (Hch. 16:14, 15), y nunca más las volvió a cerrar. En efecto, ofreció tan ampliamente su hogar que, lo que fuera “cuartel general” de los misioneros, se convirtió en “iglesia” (lugar de reunión) para los primeros convertidos de Filipos (Hch. 16:40). Cuán tiernamente, también, lavó el carcelero los azotes de los misioneros y les dio de comer (Hch. 16:19–34). ¿No es lógico pensar que este hombre continuara manifestando el mismo espíritu? Además, cuando, al regreso de su segundo viaje misionero, Pablo llegó a Tesalónica, punto siguiente a Filipos, los filipenses le enviaron ofrendas una y otra vez para impulsar la obra del evangelio (Fil. 4:16). También durante este mismo viaje el apóstol llegó a pasar necesidad en Corinto, pero no fue gravoso a aquella iglesia, ya que “los hermanos que vinieron de Macedonia” suplieron una vez más cuanto le faltaba (2 Co. 11:9). Y así, siempre que la oportunidad se presentaba y a veces no se presentó (Fil. 4:10) este noble grupo de cristianos demostró la verdad

del proverbio que dice: “En la adversidad se conocen los amigos”. La reciente y heroica misión de Epafrodito, que arriesgó su propia vida en interés de la buena causa, fue, por así decirlo, el clímax de estas gloriosas muestras de “comunión en el evangelio desde el primer día hasta ahora” (Fil. 2:25; 4:13, 18).

Hay varios hechos que resaltan en gran manera esta cooperación activa.

(1) Fue una comunión en pro del fomento del evangelio (nótese εἱς), no solamente en interés de un buen amigo como Pablo. En el corazón de los filipenses había cabida para otros además de él. Por ejemplo, ellos dieron un magnífico ejemplo de caridad cristiana (junto con los otros creyentes de Macedonia) ayudando a las necesidades de los santos pobres de Jerusalén (2 Co. 8:1–5).

(2) Fue excepcional. Ninguna otra iglesia había manifestado tan alto grado de comunión (Fil. 4:15).

(3) Fue espontánea. Siempre que hubo una necesidad y la oportunidad para socorrerla, los macedonios (incluyendo seguramente a los filipenses) dieron voluntariamente y con agrado (2 Co. 8:2, 3).

(4) Esta cooperación incluyó el dar conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas (2 Co. 8:3).

(5) No fue cosa de un impulso pasajero, sino de un principio perdurable. La misma frase (en Fil. 1:5) “desde el primer día hasta ahora” resalta la perseverancia en contra de todos los inconvenientes. Los filipenses no perdieron su primer amor a lo largo de toda aquella década (contrástese Ap. 2:4). Las oraciones, las simpatías, los testimonios, la buena voluntad en contribuir liberalmente, nunca cesaron.

 Versic. 6. Pablo da gracias a Dios porque fue El quién imprimió su propia imagen en el corazón de los filipenses. De ahí que a la razón próxima o inmediata de la acción de gracias, el apóstol añade ahora la razón remota: estando confiado precisamente de esto, que el que comenzó en vosotros una buena obra, la perfeccionará. Nótese cuan estrechamente relaciona el apóstol la perseverancia humana (“vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora”) con la preservación divina (“el que comenzó en vosotros una buena obra, la perfeccionará). Cualquier doctrina de la salvación que no haga plena justicia a estos dos elementos, no es bíblica. Véase Fil. 2:12, 13; 2 Ts. 2:13. Aunque es cierto que Dios perfeccionará su obra, también es cierto que, cuando Dios la ha comenzado en seres humanos, éstos, en ningún modo, permanecen como instrumentos pasivos.

“El que comenzó una buena obra en vosotros”, es Dios, como es evidente por el contexto, “Doy gracias a mi Dios … estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros una buena obra, etc.” Cuando el nombre, la actitud, o la actividad de Dios están claramente implicados, El no siempre es mencionado por nombre. En efecto, al no mencionarle y decir simplemente el que, hay a menudo en tales casos mejor ocasión para resaltar su disposición o su actividad: “El que hace esto, ciertamente hará también aquello”. Así, William Cullen Bryant

dice bellamente (en su poema “A un pájaro acuático”):

“El que de tierra a tierra tu seguro vuelo guía

por el firmamento sin fronteras, sin lindero,

en la larga ruta que he de hollar sin compañía

hará mis pasos y mi caminar certero”.

La buena obra que Dios comenzó en los corazones y en las vidas de los filipenses fue la de la gracia, por la cual fueron transformados. Esta obra, en verdad, fue buena en su origen, calidad, propósito, y resultado. El resultado había sido el querer y el hacer de ellos, por el beneplácito de Dios (Fil. 2:12, 13); específicamente, su propia y sincera cooperación en todo cuanto pudiera ayudar al progreso del evangelio.

Pablo está persuadido de que Dios no permitirá que su buena obra de transformación y capacitación quede incompleta. La expresión “la perfeccionará” implica “y la presentará completa”.

Por tanto, de la oscuridad y la aflicción de una prisión romana llega al corazón de cada creyente de Filipos un mensaje de aliento que les hace decir:

“La obra que en mí es por ti comenzada será por tu gracia plenamente consumada”. Dios, por lo tanto, no es como el hombre. Los hombres hacen experimentos y dejan las cosas a medio hacer; pero Dios ejecuta sus planes hasta el final y con éxito.

Esta enseñanza de la preservación divina para una vida de servicio (que implica, lógicamente, la perseverancia humana) está en armonía con la enseñanza de toda la Biblia, la cual nos habla de:

una fidelidad que nunca será quitada (Sal. 89:33; 138:8),

una vida que nunca tendrá fin (Jn. 3:16),

una fuente de agua que jamás dejará de brotar dentro de aquel que la beba (Jn. 4:14),

un don que nunca será perdido (Jn. 6:37, 39),

una mano de la cual las ovejas del Buen Pastor nunca serán arrebatadas (Jn. 10:28),

una cadena que jamás se romperá (Ro. 8:29, 30),

un amor del cual nunca seremos separados (Ro. 8:39),

un llamamiento que nunca será revocado (Ro. 11:29),

un fundamento que jamás será destruido (2 Ti. 2:19),

y una herencia que nunca se corromperá (1 P. 1:4, 5).

Es necesario hacer hincapié, sin embargo, que, de acuerdo con el contexto de este versículo (y de todas las Escrituras), esta preservación no es hecha con miras a un fin egoísta, sino para una vida entregada y de servicio. La acción de la gracia capacita al hombre para la obra.

Así pues, Dios perfeccionará su obra hasta el día de Jesucristo, cuando alcanzará su culminación. Este día es también llamado:

el día de Cristo (Fil. 1:10; 2:16),

el día de nuestra Señor Jesús (Cristo) (1 Co. 1:8; cf. 2 Co. 1:14),

el día del Señor (1 Ts. 5:2; 2 Ts. 2:2; cf. 1 Co. 5:5),

el día (1 Ts. 5:4),

aquel día (1 Ts. 5:4; 2 Ts. 1:10),

la parousia (del Señor, de nuestro Señor Jesús, etc.) 1 Ts. 2:19; 3:13; 4:15; 5:23; 2 Ts. 2:1, 8 cf. 1 Co. 15:23; etc.

Se le llama el día de Cristo Jesús porque en ese día El será manifestado en gloria, será recibido por su novia (la iglesia), y juzgará, y, de esta forma, será públicamente vindicado.

Hasta que ese día no llegue, la buena obra de Dios, obra que capacitó a los que fueron objeto de ella para una sincera cooperación en la divulgación del evangelio, obra que culminará en la comunión perfecta, no será acabada. Además, se requieren todos los redimidos hijos de Dios para perfeccionar un solo hijo redimido. Un ladrillo puede parecer un producto acabado y perfecto, pero será algo solitario e inútil hasta que sea colocado en el lugar que le corresponde, y todas las filas y capas estén puestas, y el hermoso templo sea terminado. Así también ocurre con los hijos de Dios; son como piedras vivas que formarán un perfecto y bello templo cuando Jesús vuelva, pero no hasta aquel entonces. Los creyentes son como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto. Porque entonces será que él que comenzó en ellos la buena obra, la habrá perfeccionado.

Versic.7. Pablo nos muestra que su confianza (véase el v. 6) con respecto a los filipenses está bien fundamentada, cuando añade: me es justo sentir esto acerca de todos vosotros, por cuanto os llevo en el corazón.

La actitud de Pablo hacia ellos (no sólo su opinión) se ha manifestado claramente al principio de esta larga frase: él da gracias a Dios por ellos, ruega por ellos con gozo, ya que está agradecido por su comunión en el evangelio, etc. Por esta disposición suya, el apóstol no pide para sí ningún honor especial. El dice: “me es justo (moralmente obligatorio) sentir esto (o estar así dispuesto)” (cf. Fil. 2:5; 3:15, 19; 4:2; también Ro. 8:5; 11:20; 1 Co. 13:11; Gá. 5:10). Hubiese sido impropio que, estando convencido en lo más profundo de su ser de la lealtad de los filipenses a la causa de Dios, hubiese rehuido el dar gracias a Dios por ellos y les hubiese mostrado mala voluntad. El apóstol los lleva a todos en su corazón, y el corazón es la sede tanto de las disposiciones como de los sentimientos y pensamientos (véase Mt. 15:19; 22:37; 1 Ti. 1:5). De él mana la vida (Pr. 4:23). Y el hecho, a su vez, de que el apóstol ame a los filipenses en su corazón, encuentra fácil explicación en la situación sobre la cual realmente recae el énfasis, es a saber: todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia. Estos filipenses habían dado pruebas de que su comunión era real (véase Fil. 1:5). En consecuencia Pablo les llama “participantes conmigo de la gracia” (literalmente es así), es decir, de la operación de la gracia de Dios que capacita para obrar en pro del evangelio, para sufrir por él, y para ayudar a los que lo proclaman y defienden. En cuanto a esta palabra gracia Pablo continúa: (como es evidente), tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del evangelio.

Los filipenses dieron muestra de su participación con Pablo en la gracia de Dios. Lo hicieron evidente en sus prisiones, o sea, en su encarcelamiento y también en algo que estaba estrechamente relacionado con ello, y que se menciona inmediatamente después: en la defensa y confirmación del evangelio.

Es evidente de esta cláusula que cuando Pablo escribió estas palabras ya había comparecido ante las autoridades romanas. Testificó de sí mismo como heraldo del evangelio.

Lo había defendido quitando dudas y sospechas, y lo había confirmado declarando positivamente su significado. Naturalmente, estas dos actividades (defensa y confirmación) coinciden en mucho. Y los filipenses habían demostrado que estaban profundamente interesados en todo esto. Ellos habían orado por Pablo, y habían simpatizado con él en sus experiencias ¿No eran las suyas parecidas? ¿No tenían el mismo conflicto que él? Véase Fil. 1:29, 30.—Y le habían mandado su representante personal con una ofrenda para que le atendiera en todo cuanto fuese posible. (Fil. 2:25; 4:10–14, 18). Epafrodito había entregado su donativo y había comenzado su trabajo en Roma. Del hecho de que posteriormente no pudiera atender a Pablo durante una temporada, nadie tenía la culpa. El motivo fue que este valioso embajador, ayudando y atendiendo a Pablo diligentemente, ¡había caído gravemente enfermo, estando a las mismas puertas de la muerte! (Fil. 2:27).

1er Titulo:

En El Batallar Diario, Dios Perfecciona a Sus Hijos. 1 de Pedro 5:10. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

Comentario: ¡Qué bendición tan hermosa! Fulgura en su sencillez, y sin embargo tiene gran profundidad. Cada palabra es significativa en esta oración.

  1. “Y Dios mismo, el Dios de toda gracia”. La partícula conjuntiva y, que algunos traductores interpretan

como un pero para marcar contraste con lo que inmediatamente antecede, introduce una oración adecuada para el cierre del epílogo. En esta oración Pedro eleva su voz al “Dios de toda gracia”. Este es el único lugar de todo el Nuevo Testamento en que encontramos esta redacción, excepción hecha de un paralelo que encontramos en 2 Corintios 1:3, donde Pablo escribe: “El Dios de todo consolación”. Pedro da a entender que Dios es la fuente, el poseedor y el dador de toda gracia. El apóstol menciona el concepto gracia repetidamente en su epístola. Enseña que la gracia de Dios es rica y variada (4:10) y que se otorga a los que son humildes (5:5).

  1. “Que los llamó a su gloria eterna en Cristo”. El término llamó no consiste simplemente en una invitaciónque la persona pueda aceptar o rechazar según le guste. “Es una convocatoria divina”. Es unmandato real que el receptor debe obedecer y no puede dejar al lado.

Además, Pedro revela que Dios nos llama a la santidad (1:15), a su luz maravillosa (2:9), a servir (2:21; 3:9), y a la gloria eterna (5:10). Este llamamiento es eficaz y es consecuencia de la elección por medio de la cual Dios nos escoge, nos santifica y nos llama a la obediencia (1:2).

Nótese que Pedro añade el nombre de Cristo cuando dice que Dios llamó a los receptores de esta carta “a su eterna gloria”. Es decir, Dios los llamó eficazmente en Cristo. Dios lo ha escogido en Cristo antes de la creación del mundo” (Ef. 1:4) y los ha llamado en él en la era presente (Ro. 8:30). Las buenas nuevas son que ellos tendrán su parte en la gloria eterna de Dios (4:13; 5:1, 4).

  1. “Después que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo”. Pedro especifica que entrar a la gloriaeterna de Dios es algo que sucede después que los creyentes hayan experimentado un breve período desufrimiento. El contraste entre el sufrimiento humano y la eternidad de la gloria de Dios es claro. Por el momento la intensidad del sufrimiento parece severa, pero es a la vez pequeño y de breve duración comparado con la gloria de la eternidad (1:6; Ro. 8:18; 2 Co. 4:17).
  2. “[Dios] los restaurará”. El significado básico de la palabra griega “restaurar” es el de arreglar loque ha estado roto de tal modo que quede íntegro de nuevo. Pablo insta a los hermanos y hermanascristianas a restaurar con ternura a la persona que ha caído en pecado (Gá. 6:1). En su misericordia, Dios toma al pecador caído y lo perfecciona; es decir, lo transforma en lo que debiera ser. Una traducción encomiable es la siguiente: “[Dios] se ocupará de que todo esté nuevamente bien” (BJer).
  3. “Y los hará fuertes, firmes, y estables”. La NVI tiene una serie de tres adjetivos, pero el griego tienetres verbos: “os confirmará, fortalecerá y establecerá” (NASB).368 Dios sigue con la tarea de restauraral hombre. Pedro dice que Dios hace fuertes a los creyentes en su fe. El apóstol recuerda las palabras que Jesús dijo en la noche de la traición: “He orado por ti, Símon, que tu fe no falte; y tú una vez vuelto, confirma a tus hermanos”. (Lc. 22:32, bastardillas añadidas). En griego, Pedro utiliza la misma palabra que Jesús usó con él.

El verbo siguiente, que traducimos “los hará firmes” (NVI), sólo aparece esta única vez en todo el Nuevo Testamento y en toda la literatura griega. El último verbo “hará estables” significa literalmente “poner un cimiento”, y en sentido figurado, “establecer”.369 Estos verbos son sinónimos y sirven para enfatizar el significado de la obra de Dios en nosotros. Por medio de esta oración Pedro anima a los creyentes, quienes experimentan sufrimientos incontables por Cristo, y les da la certidumbre de que Dios está junto a ellos.

  1. “A él sea el poder por los siglos de los siglos. Amén.” Esta es la conclusión de la oración de Pedro.Aparte de la omisión de la palabra gloria, y de la falta del verbo ser en el texto griego, esta doxología esuna repetición de un pasaje anterior (4:11). En algunos pasajes aparece la expresión poder (1 Ti. 6:16; 1 P. 4:11; 5:11; Jud. 25; Ap. 1:6; 5:13). Junto con otros términos, se usa para describir majestad y grandeza. Es un término que se utiliza como atributo o título aplicable a gobernantes (reyes y emperadores) y a Dios.

2° Titulo:;

La Unidad En El Pueblo Cristiano Trae Desarrollo Espiritual. Colosenses 2.19. Y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.

Comentario: El problema con este individuo (una amalgama de visionario, filósofo, ritualista, adorador

de ángeles y asceta) es que está apoyándose en las cosas que ha visto … y no asido firmemente de la Cabeza. No se aferra a Cristo. Falla al no darse cuenta que Cristo es todosuficiente para la salvación, y que todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento están escondidos en él (Col. 2:3, 9, 10). Por lo tanto, Pablo prosigue, de la cual todo el cuerpo, sostenido y unido por las coyunturas y ligamentos, crece con un crecimiento (que es) de Dios. No debería ser necesario defender la proposición de que cuando el apóstol, habiendo hablado de Cristo como de la cabeza, ahora habla acerca de todo el cuerpo, él está pensando en la iglesia. Es más que evidente que en esta conexión, éste es el único significado posible, lo cual también se demuestra claramente por pasajes como Col. 1:18, 24; 3:15; Ef. 1:22, 23; 4:16.

La figura básica de estas palabras es la del crecimiento del cuerpo humano. Algunos han puesto en duda la aptitud de la metáfora que Pablo usa aquí, y esto por dos razones:

Objeción No. 1. El apóstol da a entender que la cabeza del cuerpo humano es la fuente del crecimiento. Esto es fisiología antigua y errónea.

Respuesta. Como ya se ha indicado en Col. 1:18, la hormona que está íntimamente relacionada con el crecimiento de los tejidos conectivos y con el esqueleto, se origina en la glándula pituitaria, la cual se aloja en una pequeña cavidad en la base del cráneo. Y ésta es sólo una de las tantas formas en que la cabeza ejerce una influencia considerable sobre el crecimiento del cuerpo.

Objeción No. 2. Según Pablo, el cuerpo es “alimentado” (V.R.V.) por las coyunturas y ligamentos. En forma similar, Lightfoot afirma que una de las dos funciones de las coyunturas y ligamentos es “suplir alimento”. Pero ahora se sabe que no son las coyunturas y ligamentos, sino que es la corriente sanguínea la que lleva la nutrición a las diversas células y tejidos del cuerpo humano. Por tanto, Pablo está en un error.

Respuesta. La traducción correcta “todo el cuerpo, sostenido y unido por las coyunturas y ligamentos”. Ahora bien, el hecho de que el cuerpo es, en verdad, soportado y unido en esta forma es algo bien sabido. No es refutado ni por la ciencia más moderna que podamos encontrar. Por lo tanto, en lugar de sugerir que el apóstol está basando su argumento en una “fisiología inexacta”, deberíamos preguntar si la traducción según la cual las coyunturas y los ligamentos “suplen alimento” (o nutrición) al cuerpo, no es una “traducción inexacta”.

Con esto terminamos de hablar sobre la figura básica. Ahora bien, en cuanto al verdadero mensaje que el apóstol desea comunicar, podemos decir que es evidente que la idea principal, según el contexto, es que toda la iglesia debe su crecimiento a Cristo. La iglesia no necesita ni debe buscar otra fuente de poder para vencer el pecado o para crecer en conocimiento, virtud y gozo. Como el cuerpo humano, cuando está debidamente sostenido y unido por las coyunturas y los ligamentos, experimenta un crecimiento normal, así también la iglesia, cuando cada uno de sus miembros soporta y mantiene un estrecho contacto uno con otro, proseguirá, bajo el cuidado alentador de Dios, de gracia en gracia y de gloria en gloria (cf. 1Co. 12; Ef. 4:16).

3er Titulo:

Llamados a Llegar a La Estatura, Plenitud De Cristo. Efesios 4: 13 al 15. hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.

Comentario:

El ideal que se tiene en vista en relación a la edificación del cuerpo de Cristo está declarando en el versículo 13. hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del claro conocimiento del Hijo de Dios. Esto nos hace volver nuevamente a la unidad espiritual requerida en el v. 3, y a la “una fe” a la cual se hizo referencia en el v. 5. Nos hace recordar también 3:19: “para que seáis llenos hasta toda la plenitud de Dios”. Cuando el v. 13 se considera a la luz de los versículos precedentes se hace evidente que lo que el apóstol tiene en mente es que la iglesia entera—consistiendo no sólo de apóstoles, profetas, evangelistas, “pastores y maestros”, sino también los demás—debe ser fiel a su llamamiento de servir, con miras a la edificación del cuerpo de Cristo, de modo que la verdadera unidad y crecimiento espiritual sean promovidos. Obsérvese, “todos lleguemos”. No hay lugar en la iglesia para zánganos, sino sólo para abejas diligentes. A los tesalonicenses el apóstol había dicho, “porque oímos que algunos entre vosotros se están comportando en forma desordenada, no siendo aplicados trabajadores sino curiosos entremetidos” (2 Ts. 3:11). Pablo censura severamente esta actitud. Es precisamente

la unidad lo que se promueve cuando todos están ocupados en los asuntos de la iglesia y cuando los miembros se dedican a hacer el servicio para el cual el Señor los ha equipado. Así ha sucedido a menudo con jóvenes que comienzan a impregnarse de entusiasmo al desenvolverse en este o aquel programa de la iglesia. Por ejemplo, la junta de misiones domésticas de cierta denominación inició un programa de actividades de verano. Este programa requiere de los jóvenes envueltos en él que, en distintos lugares a través de todo el país, y por varias semanas del verano, reciban no sólo instrucción especial con respecto a los propósitos y métodos misioneros sino que también hagan contactos con aquellos que no han sido antes ganados para Cristo. Ellos llevan el mensaje, enseñan, organizan varias actividades sociales y religiosas, no les importa vivir por algún tiempo en un sector de clase muy baja en estrecho y beneficioso contacto con la comunidad. ¡Cómo brillan los ojos de estos jóvenes cuando vuelven! Ahora tienen una experiencia que contar y se les ve con encendido interés para Cristo y la iglesia como nunca lo tuvieron antes. A menudo estos contactos hechos durante el verano continúan por medio de correspondencia y visitas. Además, las sociedades de jóvenes y las congregaciones que han tomado parte patrocinando el programa, y estando así también implicadas, reciben nueva bendición cuando los jóvenes testigos vuelven con sus informes. De esta manera, se ha promovido la unidad, unidad de fe en Cristo y de conocimiento no sólo intelectual sino conocimiento del corazón—del Señor y Salvador, a quien por su majestad y magnificencia, se le llama aquí “el Hijo de Dios” (cf. Ro. 1:4; Gá. 2:20; 1 Ts. 1:10). De este modo todos los creyentes avanzan hacia la madurez. La figura fundamental es la de un varón fuerte, maduro, bien formado (no únicamente un “ser humano”). Esta madurez se describe en Col. 4:12 como sigue: “enteramente asegurados en toda la voluntad de Dios”. Tal como a un hombre físicamente robusto se le puede describir como lleno de viril fortaleza y sin defecto, así también el individuo espiritualmente maduro la madurez que debe ser el ideal—es sin defecto espiritual, lleno de lo bueno, vale decir, de toda virtud cristiana que proviene de la fe en y conocimiento del corazón de, el Hijo de Dios. Continúa: a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Se podría traducir también, “a una medida de edad caracterizada por la plenitud de Cristo” Sea que en la figura fundamental se trate de plenitud de edad o plenitud de estatura, en cualquiera de los casos es una “plenitud de Cristo”. Es la plenitud de aquel que cumplió totalmente la misión terrenal para la cual fue ungido, y que anhela impartir salvación plena y gratuita a los que creen en él.

A menudo surge la pregunta, ¿Pueden los creyentes durante la vida presente llegar a esta “medida de la estatura de la plenitud de Cristo”? De acuerdo a algunos, sí. Sin embargo, el pasaje mismo en realidad no enseña esto. Podemos aceptar, indudablemente, que no todos permanecen como “bebés” en Cristo. Algún grado—o mejor, un alto grado—de madurez se puede obtener aquí ahora mismo. Y cuanto más sinceramente se esfuercen los santos en alcanzarla realizando con humildad y de todo corazón la obra de servicio de unos para otros y para el reino en general, tanto más se avanzará hacia este ideal. Sin embargo, aquella plena madurez espiritual, que en su más alto grado alcanza a “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, no es realizable antes de la muerte. Pablo sería uno de los primeros en admitir esto. Obsérvese lo que dijo con respecto a sí mismo en Ro. 7:14: “mas yo soy carnal, vendido bajo el poder del pecado”; y lo que habría de decir muy poco después de que esta carta a los efesios hubiese llegado a su destino: “Hermanos, yo no creo haberla aún alcanzado; pero una cosa (hago), olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta, hacia el galardón de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:13, 14). Con respecto a lo demás, en cuanto a grado, tiempo y posibilidades de alcanzarlo véase sobre 3:19 donde está analizado el mismo tema.

Sin embargo, es posible lograr un excelente crecimiento en madurez por medio del esfuerzo humano que dimana de y es sustentado de principio a fin por el Espíritu Santo. Esto es evidente según las palabras que siguen: 14, 15.… para que ya no seamos más niños llevados de aquí para allá por las olas y girados en remolino por toda ventolera de doctrina, por las tretas de los hombres, por (su) astucia para tramar el error; sino que, aferrándonos a la verdad en amor, crezcamos en todas las cosas en él que es la cabeza, esto es, Cristo.

El ideal de la plena madurez cristiana está caracterizado en el v. 14 por medio de su aspecto negativo y en el v. 15 por su aspecto positivo. En su esfuerzo para alcanzar la meta y avanzar en aquella dirección, los creyentes son estimulados por el deseo de no ser ya más como niños desvalidos en un barco que no pueden controlar en medio del mar agitado por las olas en la tempestad. Pablo sabía muy bien lo que significaba “ser lanzado de aquí para allá” por las olas. Mientras escribía esta carta, debe haber tenido presente ante sí el cuadro de gráfico espanto vivido en el viaje que lo llevó a su presente prisión en Roma (Hch. 27:14–44, especialmente

el v. 27). Pero el ser llevados de aquí para allá y girados en remolino “por toda ventolera de doctrina” es peor aun que experimentar los peligros del mar. ¿Qué era realmente lo que el apóstol tenía en mente cuando así amonestó a los efesios? Bien haremos aquí en tener presente dos hechos: a. que la mayoría de los lectores eran en realidad recientes convertidos del paganismo; y b. que, aunque debemos, por tanto, deducir que la descripción era especialmente aplicable a ellos, no obstante el apóstol no puede haber estado pensando solamente en estos convertidos del mundo gentil, puesto que usa la primera persona plural, diciendo, “que ya no seamos más niños llevados de aquí para allá”, etc. El que los paganos en su ceguedad y superstición sean a menudo arrastrados por las olas y los vientos de la opinión pública, dando oído a las últimas novedades, se ilustra gráficamente en el relato de Lucas sobre la experiencia de Pablo y Bernabé en Listra. Primero sostuvieron que Pablo era Mercurio, y Bernabé Júpiter. Poco después esta misma gente se dejó persuadir por los malvados judíos y apedrearon a Pablo dejándole casi muerto (Hch. 14:8–20). Pero aun los seguidores de Jesús tienen mucho que aprender con respecto a esto. Un caso típico de inestabilidad, antes de llegar a ser de hecho “una roca”, fue Simón Pedro. En los Evangelio se le describe como hombre que oscila constantemente de un extremo a otro. Le vemos ahora caminando osadamente sobre las aguas (Mt. 14:28); muy luego se halla gritando, “¡Señor, sálvame!” (Mt. 14:30). En un momento hace una gloriosa confesión (Mt. 16:16). Aún no se apagan los ecos de esta notable declaración, cuando comienza a reprender a Cristo mismo a quien había confesado (Mt. 16:22). Promete su vida por Jesús (Jn. 13:37). Horas más tarde se halla repetidamente vociferando “no soy su discípulo” (Jn. 18:17, 25). Después de la victoriosa resurrección de Cristo corre a la zaga de Juan hacia la tumba. Al llegar, entra a ella antes que Juan (Jn. 20:4–6). En Antioquía primero desecha todas las ideas de segregación racial y come con los gentiles. Muy pronto se aparta totalmente de los convertidos del mundo pagano (Gá.2:11, 12).

Además de sus dificultades con Pedro, Pablo tuvo otras tristes experiencias con la confusa y fluctuante humanidad. En su primer viaje misionero Juan Marcos le había abandonado (Hch. 13:13; 15:38). Los Gálatas se habían apartado del evangelio (Gá. 1:6). Y durante este mismo tiempo, mientras Pablo escribía sus “epístolas carcelarias”, algunos de los miembros de la iglesia de Colosas deben haber estado en un verdadero peligro de prestar oídos a los falsos filósofos. El apóstol sabe que no hay nada tan estabilizador como ocuparse día tras día en servicio lleno de amor hacia Cristo. Nadie aprende la verdad más rápido que aquel que, con sinceridad de corazón y consagración, enseña a otros. Ojalá entonces, que los efesios desvíen su atención de “las tretas de los hombres”, y se sumerjan totalmente en la obra del reino. El pensamiento del contexto aquí es: todos los santos, bajo la dirección de los apóstoles, profetas, evangelistas, “pastores y maestros”, unidos como un hombre para la obra del ministerio.

El término “tretas”, que se aplica a todos aquellos que en realidad intentaban desviar a los creyentes, es kubeia, de kúbos, que significa cubo, dado. Pablo tiene en mente, entonces, el juego de dados en el cual se usaban tretas o engaños para ganar. De ahí que la palabra llegó a significar treta; aquí “tretas humanas”, “literalmente el talento, la prontitud para usar cualquier medio para tramar el error”. Los pensamientos y planes de estas astutas personas estaban constantemente dirigidos hacia (griego πρός) “los métodos para engañar”. Cf. Col. 2:4, 8,18, 23; luego también Ro. 6:17, 18; 2 Co. 2:17; 11:13; Gá. 2:4.

Ahora bien, el error jamás puede ser vencido por mera negación. Contra los engaños de los maestros del error los efesios debía aferrarse a la verdad, esto es, practicar la integridad. ¿Y qué ministerio (véase v. 12) puede ser más noble que aquel que, resistiendo resueltamente al error, oponiendo contra él la fidelidad “de la palabra y la vida”, realiza todo esto en un espíritu de amor? Existen dos grandes enemigos en contra de un ministerio próspero, sea que éste se desarrolle entre creyentes o entre no creyentes. Uno es el apartarse de la verdad, el acomodarse a la mentira, sea en palabras o en hechos. El otro es la fría indiferencia con respecto a corazones y vidas, dificultades y pruebas, de las personas que uno ostensiblemente está procurando persuadir. Pablo tiene la verdadera solución: la verdad ha de ser puesta en práctica con amor (3:18; 4:2; 5:1, 2), que era exactamente lo que en forma constante hacía él (2 Co. 2:4; Gá. 4:16, 19; [p 221] 1 Ts. 2:7–12); y enseñaba a otros a hacerlo (1 Ti. 4:11–13). En realidad, el amor (para lo cual véase 4:2) debe caracterizar a todos los aspectos de la vida. Mediante tal comportamiento impartiremos bendiciones no solamente a otros sino también a nosotros mismos, puesto que “creemos en todas las cosas en él que es la cabeza, esto es, Cristo”. Hemos de creer en mayor unión con él. La misma intimidad de la consciente unidad con Cristo está enfatizada en Ro. 6:5, donde la idea se expresa diciendo que los creyentes son “plantados juntamente” con él. Tales declaraciones no destruyen en manera alguna la infinita distinción entre Cristo y los creyentes. No indican identidad sino intimidad. La distinción entre los creyentes y su Señor se enuncia claramente aquí, puesto que a él se le llama “la cabeza” y a ellos se les designa “todo el cuerpo”. Lo que se quiere expresar al decir crecer en Cristo está interpretado por el apóstol mismo en Fil. 1:21, “Porque para mí el vivir (es) Cristo, y el morir (es) ganancia”. En otras palabras:

“Luego ni una parte del día o la noche

Sea hallada libre de consagración,

Mas mi vida entera sea en cada paso,

Con él deleitosa y firme comunión”.

(Horatius Bonar)

  1. Pablo concluye esta sección diciendo, de quien todo el cuerpo, armoniosamente ajustado y unido por cada coyuntura que sustenta, conforme a la energía que corresponde a la capacidad de cada parte en particular, lleva a cabo el crecimiento del cuerpo con miras a su propia edificación en amor. Como cabeza Cristo hace que su cuerpo, la iglesia, viva y crezca (cf. Col. 2:19). El es su Cabeza Orgánica. Como cabeza ejerce también autoridad sobre la iglesia; realmente, lo hace sobre todas las cosas en favor de la iglesia (Ef. 1:20–23). El es su Cabeza Gobernante. Cuando a Cristo se le llama cabeza de la iglesia se hace difícil aceptar que alguna de estas dos ideas esté totalmente ausente, no obstante, a veces una connotación recibe mayor énfasis y en otros casos la otra, según lo indica el contexto. Y en pasaje tales como 5:23, 24, ambas ideas (crecimiento y guía) se destacan. En el pasaje presente (4:16) es evidente que el énfasis recae en la relación orgánica. Las palabras usadas muestran una marcada semejanza con las que hallamos en Col. 2:19: “… la cabeza, de la cual todo el cuerpo, sostenido y unido por coyunturas y ligamentos, crece con un crecimiento (que es) de Dios”. El hecho de que el cuerpo humano—que es la figura básica—está, en realidad, “armoniosamente ajustado y unido por cada coyuntura” es una maravilla. Es, sin embargo, sabido por todos, y la ciencia más moderna y sofisticada no lo refuta. El mensaje central de Pablo, tanto aquí en el pasaje de Efesios como en el paralelo de Colosenses es éste, que es a Cristo a quien toda la iglesia debe su crecimiento. Tal como el cuerpo humano, al hallarse debidamente sustentado y unido, experimenta un crecimiento normal, así también la iglesia, cuando cada uno de sus miembros sustenta y mantiene contacto con los demás y sobre todo con Cristo, podrá, bajo el providencial cuidado de Dios (o de Cristo, como es aquí en Efesios: “Cristo, de quien”), avanzar de gracia en gracia y de gloria en gloria (cf. 1 Co. 12). Hay, no obstante, dos importantes adiciones en el pasaje de Efesios, puntos que no se enfatizan en el pasaje paralelo de Colosenses.
  2. que el cuerpo está ajustado y unido … conforme a la energía que corresponde a la capacidad de cada parte en particular. Significa que en la iglesia, también, cada miembro espiritualmente vivo hace su parte, realizando su ministerio conforme a la habilidad que le otorga Dios. Esta es una hermosa repetición del pensamiento introducido a través de todos los versículos precedentes de esta sección, especialmente los vv. 7, 12, 13.
  3. abandonando la figura básica, cuando todas las “partes” individuales (miembros) cooperan, la iglesia entera crece espiritualmente con miras a su propia edificación en amor. El amor al cual se hace referencia es el mismo que se menciona en el v. 2; véase en ese versículo. Con esta maravillosa palabra Pablo pone término a esta notable sección.

4° Titulo:

Gloriosa Transformación Que Aguardan Los Redimidos. 1 De Juan 3:2-3.Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.

Comentario: Versic. 2. En el original griego, Juan escribe: “Amados”. Este término, que expresa una idea pasiva, podría implicar que es Dios el que nos ama: “Amados de Dios”. De ser así, Juan seguiría enfatizando la relación especial que tenemos con Dios. El Padre nos ama y, por consiguiente, somos sus hijos ahora. Ya en esta vida terrenal podemos reclamar para nosotros mismos el derecho de ser hijos de Dios y podemos lograr esta certeza.

En principio somos hijos de Dios (v. 1) que carecen de perfección a causa del pecado. Pero lo que existe ahora en principio llegará a ser una realidad plena en el futuro. Por consiguiente, Juan hace notar que: “Lo que seremos no se ha manifestado aún”. Vale decir que Dios sólo ha comenzado su obra maravillosa en nosotros, obra que a su debido tiempo él llevará a su consumación.

¿Que seremos en el futuro? Aunque la Biblia es principalmente un libro que describe la obra de la creación y de la redención, también nos da una visión del futuro. Vemos, por ejemplo, que Juan informa a sus lectores acerca de su identidad con Jesús.

“Pero sabemos que cuando él aparezca seremos como él porque le veremos como él es”. En sus epístolas Pablo revela estas mismas verdades. He aquí tres pasajes relevantes:

Y nosotros, que con rostros descubiertos reflejamos todos la gloria del Señor, vamos siendo transformados

a su semejanza con una gloria creciente. [2 Co. 3:18]

[Jesucristo] transformará nuestros humildes cuerpos de modo tal que serán como su cuerpo glorioso. [Fil. 3:21] Cuando Cristo, que es vuestra vida, aparezca, entonces vosotros también apareceréis con él en gloria. [Col. 3:4]

Las Escrituras revelan que cuando venga Cristo seremos glorificados en cuerpo y alma. “Seremos como él es”. La Biblia no dice en ninguna parte que seremos iguales a Cristo. Pero sí nos dice que seremos conformados a la semejanza del Hijo de Dios. Compartimos su inmortalidad. Sin embargo, Cristo tiene la preeminencia, porque el Hijo de Dios es “el primogénito entre muchos hermanos” (Ro. 8:29). Los creyentes rodearán el trono de Dios y del Cordero. “Verán su rostro, y su nombre estará sobre su frente” (Ap. 22:4).

Versic.3 ¿Como enfrenta el creyente el futuro? Ha recibido de Dios la promesa de una completa restauración, y vive ahora en la esperanza de que Dios cumplirá su promesa.

Juan declara un hecho: “Todo el que tiene esta esperanza … se purifica a sí mismo”. El evita expresar un deseo (“puede purificarse”), o una posibilidad (“podría purificarse”) o un mandato (“debería purificarse”). Juan formula el hecho en términos positivos. El creyente vive en la esperanza de verse transformado en semejanza a Jesucristo, y cuanto más contempla esta verdad tanto más se purifica del pecado. Busca limpiarse a sí mismo del pecado que contamina el cuerpo y el alma; se esfuerza constantemente en la santidad por reverencia a Dios (2 Co. 7:1).

 “Así como él es puro”. En los capítulos precedentes, Juan ha escrito que si tenemos comunión con Jesús, él nos limpia del pecado por medio de su sangre (1:7); y que si declaramos que tenemos comunión con él, “debemos andar como Jesús anduvo” (2:6). Por eso Juan enfatiza ahora la pureza moral que todo creyente debe demostrar por medio de una vida de santidad. Juan indica cuál ha de ser la medida: así como Cristo es puro, así se esfuerzan los creyentes por ser puros.

Amén, para la gloria de Dios.

 

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.