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Lunes 23 de diciembre de 2019: “Sabia instrucción que debemos practicar: orar los unos por los otros”.

Lunes 23 de diciembre de 2019: “Sabia instrucción que debemos practicar: orar los unos por los otros”.

   Lectura Bíblica: Santiago Cap. 5, versículos 14 al 18. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

   Comentario: Los dos versículos siguientes, aunque son bien conocidos, son frecuentemente mal entendidos. Tal vez esto suceda porque dichos versículos parecen más bien postular preguntas desafiantes que aportar respuestas concluyentes. No obstante, las enseñanzas de esta sección son claras y van al grano.

   Versíc. 14. ¿Está alguno de vosotros enfermo? Debe llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y le unjan con aceite en el nombre del Señor. 15. Y la oración hecha con fe sanará a la persona enferma; el Señor lo levantará. Si hubiere pecado, será perdonado.

   Tómese nota de los siguientes comentarios:

▬a. “¿Está alguno de vosotros enfermo?” Santiago especifica qué quiso decir cuando habló de dificultades (v. 13). Se refiere a una enfermedad física de algún tipo. Es decir, alguien está debilitado físicamente por una enfermedad interna o externa y necesita urgentemente atención médica. ¿Qué debe hacer entonces la comunidad cristiana?

▬b. “Llamad a los ancianos de la iglesia”. La persona enferma misma u otros a pedido suyo deben llamar a los ancianos de la iglesia. El Nuevo Testamento registra el vocablo anciano (presbítero) poco después de la fundación de la iglesia en Pentecostés. En la iglesia de Jerusalén, los ancianos eran los representantes de los creyentes (Hch. 11:30; 21:18). Ellos eran los hombres que ejercían el liderazgo y la supervisión pastoral de la congregación que representaban (Hch. 20:28; 1 P. 5:1–4). En su primer viaje misionero, Pablo y Bernabé designaron ancianos en cada iglesia (Hch. 14:23), y Pablo le encargó a Tito la tarea de nombrar ancianos en cada población de Creta (Tito 1:5).284 Nótese que Santiago utiliza la palabra griega reunión (sinagoga) en 2:2 y aquí usa el término iglesia. Es obvio que estos dos términos son intercambiables en la epístola de Santiago.

▬c. “Oren por él y le unjan con aceite en el nombre del Señor”. ¿Qué quiere decir esto? En primer lugar, en el original el énfasis principal recae en la oración; el hecho de ungir con aceite es secundario con respecto a la oración. Esto es evidente si tomamos en cuenta el versículo siguiente, donde Santiago afirma el poder de la oración: “Y la oración ofrecida con fe sanará a la persona enferma” (v. 15).

   En segundo lugar, la Biblia enseña en varios lugares que el aceite de oliva tiene cualidades medicinales. Basta recordar al Samaritano que le aplicó aceite y vino al herido que estaba a la vera del camino a Jericó— el aceite calmaba y el vino era antiséptico (Lc. 10:34). Cuando los doce discípulos partieron en su primer viaje misionero, ellos “ungieron a mucha gente enferma con aceite y la sanaron” (Mt. 6:13). En la época y cultura de Santiago, el aceite de oliva se usaba habitualmente como medicina. En tercer lugar, el aceite tiene con frecuencia un significado simbólico en las Escrituras. Algunos intérpretes toman la palabra aceite junto con la frase en el nombre del Señor, y dicen que el aceite simboliza el poder sanador del Señor Jesús. Cuarto, las palabras de Santiago no deben interpretarse como un mandamiento apostólico para que se unja a los enfermos con aceite. Al contrario, en su ministerio curativo Jesús no recurrió a su uso. En el libro de Hechos los apóstoles curaron enfermos en numerosas ocasiones, pero sin usar aceite (3:6; 5:15–16; 9:34; 14:8–10; 16:18; 28:8–9). Lo que se enfatiza es la oración no el aceite.

▬d. “Y la oración hecha con fe sanará a la persona enferma”. Cuando son llamados al lado del lecho del enfermo, los ancianos derraman sus oraciones a favor de este enfermo. Ellos dependen totalmente del Señor, quien concederá curación y restauración. Ofrecen sus oraciones con fe porque tienen la promesa de que el Señor curará al enfermo y lo levantará de su lecho.

▬e. “Si hubiere pecado, será perdonado”. La última parte de este versículo parece bastante directa, y sin embargo parece vincular la enfermedad con el pecado.

   La declaración “si hubiere pecado, será perdonado” enfatiza lo interrelacionados que están el alma y el cuerpo. Por ejemplo, Jesús curó espiritualmente al paralítico cuando le dijo: “Tus pecados te son perdonados”, y lo hizo físicamente al decir le: “Levántate, toma tu camilla y anda” (Mr. 2:5, 9–11).

Jesús sana el alma y el cuerpo para hacer del hombre un ser completo.

   ¿Viene la enfermedad a causa del pecado? No siempre. Tomemos la vida de Job como punto de referencia. Aunque estaba cubierto de dolorosos forúnculos, Job sabía que su aflicción no le había sobrevenido por ningún pecado. Dios lo hacía sufrir para probar su fe. Y aunque sus amigos le instaban a confesar su pecado, Dios mantenía su inocencia e integridad (véase Job 6:28–30).

   Pero después de haber dicho todo esto, cabe agregar que la persona enferma debería examinar su vida espiritual para “ver si hay en él camino de perversidad” (Sal. 139:24). Las dolencias físicas están con frecuencia relacionadas con una conciencia culpable. Dios muchas veces utiliza un período de enfermedad en la vida de una persona para llevarlo a un autoexamen y a elevar un ruego pidiendo la gracia perdonadora de Dios (véase Dt. 28:22, 27; Is. 38:17; Jn. 5:14; 1 Co. 11:30). Una vez que ha reconocido su pecado, descubierto ante él por el Espíritu de Dios, debe confesarlo. Dios está dispuesto a perdonar el pecado que confesamos. Es más, nunca volverá a recordarnos dicho pecado. Cuando Dios cancela el pecado, nunca más lo recordará—estamos ante él como si nunca hubiésemos pecado.

Poder de la oración 5:16

   La confesión de los pecados y el orar unos por otros son ingredientes vitales del ministerio curativo de la comunidad cristiana. Cuando se quita el pecado, el poder de la oración se hace evidente en su asombrosa eficacia.

   Versíc. 16a. Por lo tanto, confesaos los pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis curados.

   En este texto notamos tres verbos esenciales: confesar, orar y curar.

▬a. “Confesad”. Santiago dice: “Confesaos los pecados unos a otros”. Mediante la expresión, por lo tanto, él vincula esta oración con el versículo que lo antecede, en el cual escribió acerca de la enfermedad, del pecado y del perdón. Santiago utiliza el adverbio para referirse al versículo previo, para darle una base a la oración que sigue, y para enfatizar la necesidad de confesar el pecado.

   El pecado inconfeso obstruye el camino de la oración a Dios y se convierte al mismo tiempo en un obstáculo para las relaciones interpersonales. Esto quiere decir lo siguiente: confesad vuestros pecados no solamente a Dios sino también a las personas que han sido dañadas por vuestro pecado. ¡Pedidles perdón!

   “La confesión limpia el corazón”. Este es un antiguo dicho que no pierde validez. La confesión es señal de arrepentimiento y petición de perdón por parte del pecador. Cuando el pecador confiesa su pecado, pide perdón y lo recibe, experimenta la liberación de su carga de pecado.

   ¿A quién hemos de confesar nuestros pecados? El texto dice “unos a otros”. Santiago no habla específicamente de la iglesia o de los ancianos; él habla más bien de la confesión mutua hecha individualmente de una persona a otra dentro del círculo de los creyentes. Esto excluye que los miembros de la iglesia confíen sus problemas al pastor o a los ancianos (v. 14). También hay algunos pecados que afectan a todos los creyentes de la iglesia, por lo que dichos pecados deberían ser confesados públicamente.

   Pero otros pecados son privados y no necesitan ser dados a conocer a nadie más que a las personas directamente involucradas. La discreción y la limitación deben ser entonces la guía del pecador que desea confesar su pecado personal. Curtis Vaughan hace esta sagaz observación:

   Pero, aunque los Católicos Romanos han interpretado la confesión demasiado estrechamente, muchos de nosotros podemos vernos tentados a interpretarla demasiado ampliamente. Lo que Santiago dice no prescribe necesariamente que confesemos todos nuestros pecados a todos los hermanos. La confesión es “el vómito del alma” y puede, si se la hace demasiado generalizada e indiscriminadamente, causar más daño que bien.

▬b. “Orad”. La belleza de la comunión cristiana se manifiesta en la práctica de la oración mutua una vez que los pecados han sido confesados y perdonados. El ofensor y el ofendido oran el uno por el otro; juntos encuentran fuerza espiritual y consuelo en el Señor. En sus oraciones demuestran de modo visible y audible su reciprocidad. El pecador perdonado ora por el bienestar espiritual de su hermano en la fe, quien a su vez lo encomienda a la misericordia de Dios.

▬c. “Seáis curados”. Santiago expresa el propósito de confesar el pecado y orar unos por otros diciendo: “para que seáis curados”. Su expresión es intencionalmente vaga; es decir, no aclara si se refiere a una curación física o espiritual, presente o posible, individual o colectiva. Lo que sí es claro, sin embargo, es que cuando los creyentes se confiesan mutuamente los pecados y oran unos por otros, toma lugar un proceso de curación. Y eso se aplica a cualquier situación.

   Versíc. 16b. La oración del justo es poderosa y eficaz.

  ¿Quién es este hombre justo? Nos inclinamos a pensar en los gigantes espirituales, en los héroes de la fe y en los hombres y las mujeres de Dios. En nuestra opinión ellos son la clase de gente que puede, por medio de la oración, mover montañas. Pero Santiago no da nombres, a excepción de Elías a quien se califica diciendo que es “un hombre en todo semejante a nosotros” (v. 17). Lo que él quiere decir es que cualquier creyente cuyos pecados han sido perdonados y que ora con fe es justo. Cuando ora, sus oraciones son “poderosas y eficaces”.

   Tanto la oración como la respuesta a la oración son poderosas y eficaces. Lo uno no cancela lo otro.

   En otras palabras, la oración que un creyente perdonado eleva con fe es un medio poderoso y eficaz de acercarse al trono de Dios. Y Dios “recompensa a los que le buscan fervientemente” (Heb. 11:6), ya que sus respuestas a la oración son por cierto poderosas y eficaces.

Ejemplo 5:17–18

   Santiago lleva su consideración de la oración a su conclusión recurriendo a las Escrituras. Hace referencia al profeta Elías y propone su vida de oración como ejemplo para sus lectores.

   Versíc. 17. Elías era un hombre en todo semejante a nosotros. Oró fervientemente que no lloviese y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. 18. Volvió a orar, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

   De entre los numerosos nombres de personas que son conocidas como batalladores en la oración (compárese con 1 S. 12:23), Santiago elige el de Elías. Parece que en el primer siglo se le adjudicaban atributos sobrehumanos. Los judíos sentían una gran estima por Elías, como lo podemos ver en el Nuevo Testamento. Le consideraban precursor del Mesías, tal como lo había preanunciado el profeta Malaquías, y esperaban su regreso (4:5). Por otra parte, el nombre de Elías figura destacadamente en los cuatro Evangelios.

▬a. Santiago dice: “Elías era un hombre en todo semejante a nosotros” (compárese con Hch. 14:15). Por medio de esta observación él da a entender que el profeta del Antiguo Testamento era un ser humano común, como cualquier otro; tuvo que habérselas con temores, períodos de depresión y limitaciones físicas (1 R. 19:1–9). Pero Santiago también revela que nosotros, al igual que Elías, podemos echar mano del poder de la oración.

▬b. “Oró fervorosamente que no lloviese”. De una lectura de Reyes 18:42 podemos deducir que Elías oró pidiendo lluvia, pero no encontramos indicación alguna que diga que Elías oró pidiendo una sequía. Suponemos que Santiago derivó esta información de alguna tradición oral judía.

▬c. “Y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses”. Encontramos este mismo pensamiento en el sermón que Jesús predicó en la sinagoga de su pueblo de procedencia, Nazaret: “De cierto os digo que había muchas viudas en Israel durante el tiempo de Elías, cuando el cielo estuvo cerrado durante tres años y medio y hubo severa hambre por toda la tierra” (Lc. 4:25).

   ¿De qué fuente recibieron Jesús y Santiago la información acerca de la duración de la sequía? Los datos del Antiguo Testamento indican solamente que “en el tercer año” de la sequía Dios le dijo a Elías que se presentase ante Acab (1 R. 18:1). Esto no es lo mismo que tres años y medio. Las fuentes judías nos informan que la expresión tres años y medio es una expresión idiomática que, a causa de su frecuente uso, llegó a significar “por un tiempo bastante largo”. Por consiguiente, hemos de tomar esta expresión en un sentido figurado y no literal.

   Además, la costumbre judía de contar parte de una unidad de tiempo como una totalidad arroja una luz adicional sobre nuestra comprensión de este texto. Un ejemplo notable lo constituye, por supuesto, la duración de la muerte y entierro de Jesús (desde el atardecer del viernes hasta la madrugada del domingo).

   Sin embargo, este período es contado como tres días y tres noches (Mt. 12:40). Análogamente, el tiempo de la sequía de la época de Elías puede no haber sido de tres años y medio exactos.

▬d. “Volvió a orar, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto”. El hombre es capaz de hacer cosas asombrosas, pero no puede cambiar el tiempo. No obstante, Santiago presenta al profeta Elías como un hombre que pudo, mediante la oración, influenciar el tiempo. El profeta asumió una postura que indica que oró fervientemente, y presumiblemente durante cierto tiempo (1 R. 18:42–44). Como resultado de la oración de Elías terminó la sequía. Dios escuchó la oración de su siervo, dio por finalizado el período de sequía y dio abundante lluvia, la que produjo una cosecha suficiente para hombre y bestia.

Consideraciones prácticas acerca de 5:13–15

   Estos bien conocidos versículos se encuentran entre los más descuidados y distorsionados hoy en día en la iglesia. En primer lugar, están descuidados. Cuando alguien se encuentra en dificultades, pronto se vuelca a la oración. Pero cuando alguien está contento, no le oímos cantar himnos de alabanza. Nuestra era tecnológica nos ha rebasado y nos hemos transformado en una sociedad que escucha, en vez de un pueblo que canta. Y hay algo más. Aunque los pastores hacen visitas regulares a los hospitales para confortar a los enfermos, la costumbre de llamar a los ancianos de la iglesia para orar por el enfermo parece pertenecer a una época pasada. Una de las tareas de los ancianos de la iglesia es la de orar por los enfermos cuando son llamados a hacerlo; no obstante, esta tarea habitualmente se la adjudica al pastor.

   En segundo lugar, estos versículos son frecuentemente mal interpretados. Mucha gente ha reclamado para sí lo que se ha dado en llamar don de sanar (1 Co. 12:9, 28, 30) y por ello ofrecen oraciones con fe para sanar a los enfermos. Declaran que los versículos de la epístola de Santiago expresan con claridad que “la oración ofrecida con fe sanará a la persona enferma” (5:15). Nadie niega que Dios hace milagros de curación en la comunidad cristiana en respuesta a las oraciones de los santos. ¿Pero qué sucede cuando Dios no sana al enfermo? ¿Se debe a falta de fe? ¿Existe algún pecado inconfeso? Sí, pero no en todos los casos. Considérese el caso de Pablo, a quien se le había concedido el don de sanar. Parece no haber podido librar a su amigo Epafrodito de una prolongada enfermedad que casi lo lleva a la muerte (Fil. 2:27). Además, Pablo escribe: “Dejé a Trófimo enfermo en Mileto” (2 Ti. 4:20). ¿Por qué no oró Pablo a Dios con fe para que sus amigos fuesen curados instantáneamente? No cabe la menor duda de que Pablo haya orado, pero él había aprendido por experiencia propia, cuando pidió ser librado del aguijón el de su carne, que Dios no siempre nos cura tal como nosotros lo deseamos. El oyó a Dios decirle: “Mi gracia te basta, ya que mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Co. 12:9).

Consideraciones prácticas acerca de 5:16

   La Escritura da numerosos ejemplos del poder de la oración. He aquí unos pocos ejemplos tomados sin orden especial:

Josué oró y el sol se detuvo (Jos. 10:12–13).

Elías oró y el hijo de la viuda volvió a la vida (1 R. 17:19–22).

Eliseo oró y el hijo de la sunamita fue devuelto a la vida (2 R. 4:32–35).

Ezequías oró y 185.000 soldados asirios fueron muertos (Is. 37:21, 36).

La Iglesia de Jerusalén oró y Pedro fue librado de la prisión (Hch. 12:5–10).

   Las Escrituras describen a esta gente como hombres y mujeres comunes y corrientes que pecaron, pidieron perdón, oraron con fe y recibieron respuestas divinas a la oración. En suma, ellos eran personas como nosotros.

1° Título

Orar Por Los Predicadores Para Que Sean Usados Por El Señor. 2ª a los Tesalonicenses 3:1 y 2. Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe. 

    Comentario: 3:1, 2. Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra su carrera.

   La expresión “por lo demás” (cf. 1 Ts. 4:1; luego 2 Co. 13:11; Fil. 4:8) es realmente muy apropiada cuando una carta se acerca a su fin; aunque no está limitada a este uso (véase, por ejemplo, 1 Co. 1:16; 4:2; 7:29; Fil. 3:1). Es como si Pablo, habiendo terminado los capítulos 1 y 2, leyó lo que había escrito, y entonces decidió añadir algunos asuntos importantes que no debía dejarse sin mencionar. Así que, al deseo de aliento divino y de fortalecimiento (2:16, 17) le agrega ahora algunas amonestaciones finales.

   En los escritos de Pablo lo divino y lo humano, los decretos de Dios y la responsabilidad del hombre, aparecen constantemente lo uno junto a lo otro. Así también en el capítulo 3 hallamos una serie de expresiones que recalcan lo primero—“Fiel es el Señor, que os fortalecerá y guardará”, “Que el Señor dirija vuestros corazones”, “Que él, Señor de paz, os dé esta paz”, “El Señor sea con todos vosotros”, “La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros”—está entretejida con otra serie, enfatizando lo último—“Orad por nosotros”, “Apartaos de las personas desordenadas”, “Mandamos que coman su propio pan”, “No os canséis en el bien hacer”, “Señalad a aquel hombre”, “Amonestadle como hermano”.

   Nos apresuramos a añadir, sin embargo, que, en la enseñanza de Pablo, así como en la de Jesús el poder efectivo que capacita al hombre para hacer lo que Dios ordena viene siempre de Dios, de quien, y por quien, y para quien son todas las cosas. Así también en el presente pasaje la palabra de Dios corre su carrera en contestación a la oración. Dios es siempre la fuente de las bendiciones.

   Tal como se ha señalado previamente, Pablo da mucha importancia a la intercesión de los creyentes por él y sus compañeros (véase sobre 1 Ts. 5:25; cf. Ro. 15:30–32; 2 Co. 1:11; Fil. 1:19; Col. 4:2; Flm. 22). No es improbable que aquí el tiempo presente tenga sentido continuativo: “Sigan orando por nosotros”, u “Orad por nosotros constantemente”. Obsérvese, sin embargo, que la oración no es tanto por bendiciones personales como lo es por el progreso del evangelio por medio de la obra de los misioneros, aunque lo último no excluye lo primero. Pablo ora a fin de que la palabra del Señor (llamada así porque procede de él y se refiere a él, es decir, al Señor Jesucristo) corra (corra su carrera) sin obstáculo e interferencia constante de parte del enemigo. Se comprende del contexto inmediato que éste es el significado. El apóstol añade: y sea coronada con gloria (o sencillamente: “y sea glorificada”). Se hace evidente de inmediato que aquí está usando una figura, puesto que en el sentido literal “la palabra del Señor” no “corre”. De seguro que está en armonía con el uso paulino el pensar que, así como sucede en muchos otros pasajes también aquí, el apóstol está echando mano a una metáfora tomada de las carreras olímpicas (cf. Ro. 9:16; 1 Co. 9:24–27; Gá. 2:2; 5:7; Fil. 2:16). También hace uso de la misma figura el escritor de Hebreos (He. 12:1, 2). Sin embargo, el verbo “y ser glorificada” que con cierta libertad puede traducirse “y ser coronada con gloria” indica también que en su pensamiento la realidad emerge desprendiéndose de la figura. La palabra del Señor es glorificada cuando es aceptada con fe verdadera, de modo que luego comienza a adornar la vida de los creyentes. Ahora bien, esta “palabra del Señor” había tenido éxito en Tesalónica. De ahí que Pablo añade: así como lo fue entre vosotros (véase el primer capítulo de ambas epístolas).

   La primera cláusula-objeto es aclarada por la segunda: y para que seamos librados de aquellos hombres perversos y malos.

   Obsérvese el artículo definido: “los” o “aquellos” hombres perversos y malos. Pablo tiene en mente una circunstancia concreta y definida, a saber, la situación en Corinto. Decir que la referencia no tiene relación con el episodio ante Galión, registrado en Hechos 18:12–17, porque tuvo lugar poco tiempo después, es erróneo. Lo que en ese párrafo se describe es el tumulto final. Pero indudablemente, la oposición de parte de los judíos no comenzó entonces (véase, por ejemplo, Hch. 18:5, 6). A la luz de 1 Tesalonicenses 2:15, 16 (véase sobre ese pasaje), se aclara de inmediato que al hablar de hombres perversos y malos Pablo se está refiriendo a los judíos (perversos, literalmente fuera de lugar). La cláusula modificativa, que explica la existencia de estos hombres malvados es unas litotes (retorica) característicamente paulino: pues la (verdadera) fe no es la posesión de todos (o simplemente: “pues no todos tienen [verdadera] fe”). El significado es “Muchas personas poseen y muestran mediante su conducta lo diametralmente opuesto a la fe, a saber, incredulidad, oposición maligna a la verdad”. Es la falta de fe lo que explica la actitud hostil hacia Cristo, su evangelio, y sus embajadores.

2° Título

La Oración De Fe Siempre Tendrá Respuesta. Los Hechos 12:5. Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él;

 ▬8 al 12. Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él. Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba. Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. 

   Comentario: 4. Habiendo arrestado a Pedro, Herodes lo puso en la cárcel. Y puso a su custodia cuatro escuadrones de cuatro soldados cada uno. Su intención era traerlo ante el pueblo después de la Pascua. 5. Así que Pedro fue guardado en la cárcel, pero la iglesia oraba a Dios fervientemente por él.

   Herodes juzgó conveniente posponer la ejecución de Pedro. Por lo tanto, lo puso en la cárcel bajo custodia. En el imperio romano, el encarcelamiento en sí no era considerado castigo. Los presos eran mantenidos bajo arresto a la espera de su juicio, después de lo cual podrían ser liberados, azotados, exiliados, o ejecutados. El juicio de Pedro se efectuaría una vez que hubiera pasado la fiesta de la Pascua. Además, la ejecución de Jacobo había estimulado el deseo de los judíos de juzgar y ejecutar a Pedro.

   Suponemos que Herodes puso a Pedro en la prisión ubicada en la Fortaleza de Antonia, en la esquina noroeste del área del templo. Asignó dieciséis soldados para que custodiaran al preso: cuatro pelotones de cuatro soldados cada uno. Si el preso se escapaba, los soldados que lo vigilaban pagaban con su vida (v. 19); la situación en que pusieron a Pedro equivaldría a nuestra moderna máxima seguridad.

   ¿Por qué Herodes Agripa puso una vigilancia tan estrecha a Pedro? Es posible que el Sanedrín le haya informado que anteriormente habían arrestado a todos los apóstoles, y que se habían escapado de la cárcel durante la noche (5:19). Además, Pedro mismo había realizado numerosos milagros en Jerusalén y en otras partes y, en consecuencia, había demostrado que a veces poseía poderes sobrenaturales. De ahí que Herodes haya querido estar absolutamente seguro que esta vez no podría escapar.

   Sin embargo, falló en darse cuenta del poder de la oración que la iglesia en pleno hacía en favor de Pedro. Es decir, mediante las oraciones de su pueblo, Dios mismo intervino y demostró a Herodes Agripa que su oposición era insignificante y sin poder. Todo el tiempo que Pedro estuvo preso, la iglesia ofreció oraciones continuas por él. El texto habla de oraciones fervientes, lo que significa que la iglesia oraba ardientemente y con todo el corazón, alma y mente imploraba a Dios por la liberación de Pedro.

   Comentario 2: 8. El ángel le dijo: “Vístete y ponte tus sandalias”. Y Pedro lo hizo así. El ángel dijo, “Envuélvete en tu manto y sígueme”. 9. Salió y siguió al ángel, aunque no sabía si lo que el ángel estaba haciendo era real. Pensó que estaba viendo una visión.

   El ángel tuvo que decir a Pedro, quien estaba tratando de despertar, lo que tenía que hacer: “Vístete y ponte tus sandalias”. Una traducción literal indica que el ángel instruyó a Pedro a que se pusiera su cinturón alrededor de la cintura, para que su larga túnica no le impidiera caminar. Y las sandalias habían sido puestas en un lado, posiblemente a la entrada de la celda. El ángel entonces le dijo a Pedro que se envolviera en su manto; estaban a punto de salir de la prisión.

   Pedro hizo exactamente como el ángel le mandó. Cuando se hubo vestido, le siguió. El tiempo del verbo griego en realidad indica que él se mantuvo siguiéndole. Asombrado, miraba a su alrededor, porque “no tenía ni idea de que estaba sucediendo de veras lo que el ángel hacía” (NVI). Ya él había tenido una visión; pensó que estaba viendo otra. Mientras avanzaba a través de los pasillos del edificio siguiendo al ángel, las puertas se abrían automáticamente y los guardias parecían seguir durmiendo. Pedro se dio cuenta que un milagro estaba ocurriendo y que él mismo era el motivo de tal milagro.

   Versíc. 10. Y cuando hubieron pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que lleva a la ciudad. La puerta se abrió solo para ellos y pasaron por ella. Caminaron por una calle y de pronto el ángel lo dejó.

   Lucas describe a los centinelas de pie ante dos puertas diferentes. Quizás debemos pensar en ocho soldados en servicio, y otros fuera de servicio. De los ocho en servicio, dos estaban encadenados a Pedro, dos estaban en la primera guardia, dos en la segunda, y los últimos dos estaban en la puerta de hierro. El ángel y Pedro pasaron a través de las puertas como si alguien las hubiera abierto. En el griego, Lucas usa la palabra automatē, de la cual se deriva la expresión automáticamente. Esta pesada puerta se abrió sola. Al otro lado estaba la calle que señalaba la libertad de Pedro.

   Algunos manuscritos incluyen un agregado. Cuando el ángel y Pedro dejaron la prisión, ellos “descendieron los siete escalones” del edificio. Si Pedro estaba preso en la Fortaleza de Antonia—lo cual parece probable, como Pablo también estuvo preso allí y era custodiado por soldados—entonces tuvo que descender un número de escalones (véase 21:40).

   El ángel se presentó de repente en la celda de Pedro, y de repente lo dejó mientras caminaban juntos por las calles de Jerusalén. El ángel ya había cumplido su trabajo (Heb. 1:14). Esto estaba de acuerdo con el plan de Dios. Juan Calvino dice que Dios pudo haber trasladado a Pedro instantáneamente al cuarto donde se encontraban los creyentes orando por su liberación. Si Dios hubiese trasladado a Pedro de un lugar a otro, él hubiese realizado un solo milagro. Como Lucas lo dice, Dios llevó a cabo una serie de milagros al liberar a Pedro y contestar las oraciones de los santos.

   Versíc. 11. Cuando Pedro volvió en sí, dijo, “Ahora sé con toda seguridad que el Señor ha enviado a su ángel y me ha rescatado de las garras de Herodes y de todo lo que los judíos estaban esperando”.

   No podemos explicar el milagro de la liberación de Pedro. Sabemos que podemos preguntarnos por qué Dios permitió que Jacobo fuera asesinado y en cambio rescató a Pedro. Podemos preguntarnos por qué Herodes, después de la liberación de Pedro, dio muerte a los soldados (v. 19). Aun cuando no podemos dar con las respuestas, de todos modos, confesamos nuestra fe en un Dios soberano. Y con el poeta del siglo XVIII,

William Cowper, podemos cantar:

Dios se mueve en una forma misteriosa

Para ejecutar sus maravillas

Marca sus huellas en el mar

Y cabalga sobre la tormenta.

   Cuando de pronto Pedro se dio cuenta que el ángel había desaparecido, volvió en sí y se convenció que no se trataba de una visión. En ese momento y en forma instantánea experimentó la realidad de su rescate y supo que Dios había realizado un milagro. Entendió que su tarea en la tierra aun continuaría, que recibiría un ministerio más amplio lejos de Jerusalén, y que estaba a punto de entrar en una nueva fase de su trabajo de predicar el evangelio de salvación.

   “Ahora sé con toda seguridad que el Señor ha enviado a su ángel y me ha rescatado de las garras de Herodes y de todo lo que los judíos estaban esperando”, se dijo Pedro. (Al registrar este soliloquio, Lucas indica que él supo de este rescate a través del propio Pedro, lo que le permitió transmitir las palabras correctas del apóstol.) Pedro expresó su gratitud a Dios por haberle enviado a un ángel para librarlo de la prisión. Él estaba completamente seguro no sólo de las intenciones malvadas de Herodes Agripa sino que también del conocimiento que el pueblo tenía de su encarcelamiento y su subsecuente juicio. Los judíos estaban junto a Herodes Agripa y esperaban que después del juicio seguiría la ejecución de Pedro.

La iglesia en oración 12:12

   Indirectamente, Lucas registra un contraste entre el pueblo judío que celebraba la pascua mientras anticipa el juicio público de Pedro y su muerte, y los cristianos, que pasan el tiempo en oración continúa pidiéndole a Dios que libere a Pedro. Por su propia seguridad, los cristianos permanecen juntos y con la puerta que controla la entrada a la casa herméticamente cerrada. Trataban de impedir la entrada de algún intruso y que pueda haber más arrestos. 12. Cuando entendió esto, se fue a la casa de María, la madre de Juan llamado Marcos, donde muchos se habían reunido para orar.

   Pedro fue a la iglesia que oraba en casa de María. Él sabía dónde se reunían algunos de los creyentes y fue allí para decirles que Dios había contestado sus oraciones y darles las gracias por su respaldo. Él también sabía que en su condición tenía que buscar protección y seguridad en alguna parte.

   Lucas identifica el lugar de reunión como “la casa de María, la madre de Juan llamado Marcos”. Parece que la casa de María era amplia y espaciosa, de tal manera que podía acomodar a un número de personas bastante grande. Ella pertenecía a la clase de ciudadanos acomodados, lo que queda demostrado por la amplitud de la casa y porque tenía una muralla exterior que la rodeaba por completo. Aun cuando María era una cristiana y probablemente viuda, había podido conservar su casa durante y después de la persecución que siguió a la muerte de Esteban. Pablo dice que ella era la tía de Bernabé (Col. 4:10), y Lucas la llama la madre de Juan Marcos.

La única mención de María en las Escrituras la relaciona con su voluntad de poner su casa a disposición de los cristianos para que se reúnan en ella para adorar y orar.

   No tenemos pruebas de que la casa de María haya sido el lugar donde Jesús instituyó la Cena del Señor (Mc. 14:13–15), donde los apóstoles se reunieron después de la ascensión de Jesús (1:13), y donde los cristianos se reunieron después que Pedro y Juan fueron liberados de la cárcel (4:23–31). Lucas informa, sin embargo, que Pedro fue a la casa de María, donde los cristianos pasaban la noche orando por su liberación. Dos miembros de la casa de María estaban también allí: Rodé, la sirvienta y posiblemente el propio Juan Marcos.

    Al hijo de María habían puesto el nombre Juan; y posteriormente llegó a ser conocido como Marcos. Acompañó a Pablo y a Bernabé en su primer viaje misionero a Chipre (13:4–5) pero decidió no ir con ellos a Asia Menor (13:13). Aunque Pablo expresó su molestia por la actitud de Marcos (15:37–40), más tarde se reconcilió con él (Col. 4:10; 2 Ti. 4:11; Flm. 24). Y Pedro, afectuosamente, lo llama su hijo (1 P. 5:13). Según fuentes que corresponden a los comienzos del siglo II, Marcos escribió el segundo evangelio con la ayuda y aprobación de Pedro.

3° Título

El Siervo Del Señor Ora Por Los Nuevos Creyentes. 2ª a los Corintios 13:7. Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados. 

   Comentario: 7. Pero oramos a Dios para que vosotros no hagáis nada malo—no para que parezca que hemos pasado la prueba, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque parezca que hemos fracasado.

▬a. «Espero que os deis cuenta que nosotros no hemos fallado». Cuando los corintios se sometan a un autoexamen y busquen comunión con el Señor por medio del Espíritu Santo, entonces se darán cuentas cuán reales son las instrucciones de Pablo. Pablo y sus colaboradores han pasado la prueba y ahora esperan que los corintios la pasen. Cuando esto suceda, los corintios junto a Pablo y sus colaboradores llegarán a ser uno en el Señor. Además, la gente de Corinto reconocerá a Pablo como un verdadero apóstol de Jesucristo. Reconocerán que él buscaba y continuará buscando el bienestar espiritual de ellos al orar diariamente por ellos.

▬b. pero oramos, a Dios para que vosotros no hagáis nada malo». En sus epístolas Pablo se describe a sí mismo como un hombre de oración. Escribe muchas veces que se acuerda constantemente en oración de la gente y de sus necesidades. En esta parte ofrece una oración no para que Dios o él agravien a los corintios; más bien, ora a Dios para que los lectores puedan abstenerse de hacer el mal y lleguen a realizar lo que es bueno.

   El apóstol invoca a Dios para que ayude a los corintios. Pide ayuda divina para erradicar hábitos malvados en la conducta de ellos y las palabras inapropiadas que dirigen a Pablo.

   Ruega a Dios que cambie para bien los corazones y las vidas de los corintios. Pablo no tiene que explicar qué quiere decir con hacer el mal. Los corintios saben que él se refiere a la conducta de ellos y a la influencia de sus adversarios. Todos estos agravios deben ser removidos, para que cuando Pablo llegue a Corinto la relación entre él y la gente pueda gozar de armonía. Él desea que se continúe con la amistad que caracterizaba la relación entre ellos antes de que los problemas comenzaran.

▬c. «No para que parezca que hemos pasado la prueba, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque parezca que hemos fracasado». Esta parte continúa la oración de Pablo. En las primeras dos cláusulas la negación no y la adversativa, pero contrastan los conceptos de fallar y hacer el bien. El tema principal del argumento de Pablo consiste en una mejoría de las vidas espirituales de los corintios. Una vez que los cambios se hayan efectuado en la gente, el apóstol no tendrá necesidad de aplicar la disciplina. Da a conocer lo que siente no por causa de motivos egoístas, sino a partir de un deseo de ver a los corintios mejorar.

   Sin embargo, los adversarios de Pablo lo atacarán si los corintios se arrepienten de sus pecados. Lo acusarán de ser débil e incauto, de no haber podido mostrar evidencias de su apostolado, y de no ser representante de Cristo. Según la perspectiva de ellos, la conducta de Pablo demuestra que ha sido un fracaso cuando los corintios le prestaron atención. Pero aquellos miembros de la iglesia corintia que creyeron de todo corazón en su palabra, tendrán que elogiar su integridad y autenticidad. Ellos llegarán a estar seguros de que Pablo no falló la prueba y que, al contrario, habrá demostrado ser apóstol de Cristo. También reconocerán que Pablo no llegará a Corinto para proteger su integridad personal; llega como el padre espiritual de ellos, como alguien que promueve los intereses de sus hijos.

4° Título

Antes De Su Sacrificio, Cristo Jesús Oró Por Nosotros. San Juan 17:20. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.

   Comentario: 17:20. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.

   En ésta, la tercera sección de la oración, Jesús ruega por la iglesia universal. Incluso en los versículos anteriores hemos encontrado afirmaciones de carácter tan general que, en cuanto a forma y contenido, eran aplicables no sólo a los once sino también a otros. Sólo a la luz del contexto general (sobre todo, a la luz del pasaje clave que ahora comentamos, 17:20) consideramos que se refieren (por lo menos principalmente) a los apóstoles. Pero inscritos en el pectoral del gran Sumo Sacerdote están los nombres no sólo de los elegidos de entre las tribus de Israel sino también los escogidos del mundo del paganismo. Además de las ovejas que salen del redil de los judíos hay también “otras ovejas” (véase sobre 10:16; cf. 3:16). Todas deben convertirse en un rebaño con un pastor (véase sobre 17:21). Debido al parecido en fraseología entre la última afirmación de 10:16 y 17: 21a es difícil creer que esta distinción (entre judíos y gentiles) estuvo completamente ausente de la mente del Señor al pronunciar las palabras de 17:20.

   Pero si bien tal distinción puede haber influido en la forma y sentido del ruego presente, no es exactamente lo que este pasaje quiere decir. Tampoco es totalmente correcto decir (como se hace a menudo) que Jesús distingue entre dos grupos, a saber, por una parte, los ya salvados, y por otra, los que van a salvarse por medio de su palabra.   Hablando estrictamente, la distinción se da entre los once, por una parte, y por la otra, todos los que son conducidos a la fe genuina en Jesucristo por medio de la palabra de ellos. Algunos ya han sido “reunidos” por ellos (véase sobre 4:38). En el futuro (y a lo largo de toda la nueva dispensación) muchos otros iban a convertirse por medio de la palabra de ellos y de la palabra de los que iban a seguirlos. Los ojos de Jesús pasan revista a los siglos, y aprieta junto a su corazón a todos sus verdaderos seguidores, como si hubieran sido salvados ya en ese mismo momento. También aquí, en la tercera sección de la oración, el punto de vista de la oración es ideal, viendo a los sucesos futuros como si ya hubieran sucedido.

   En cuanto a la distinción entre rogar y pedir, véase sobre 11:22. Literalmente Jesús rogó: “No solamente por (nótese la preposición) éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos”. La forma de la expresión creer en mí indica que se alude a la fe genuina, al fruto de la gracia salvadora (como se ha mostrado en relación con 8:30, 31a; véase también sobre 1:8; 3:16).

   El medio que se usa para producir la fe es, como siempre, la palabra (su palabra de ellos, no como si la hubieran creado, sino porque la oyeron, aceptaron y predicaron), el mensaje de salvación (oral o escrito; cf. Ef. 2:20). Cuando el Espíritu aplica esta Palabra al corazón, la persona obtiene la fe para salvación, la fe en la persona de Jesucristo y en los hechos de la redención que se centran en él. Cf. Hch. 4:4; Ro. 10:14, 15.

Amén, Para Honra Y Gloria De Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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