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Lunes 23 de Abril de 2018: “Advertencia; tener cuidado con nuestro corazón”.

Lunes 23 de Abril de 2018: “Advertencia; tener cuidado con nuestro corazón”.

LECTURA BÍBLICA: PROVERBIOS CAP. 4, VERSÍCULOS 23 AL 27.

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida. 2424 Aparta de ti la perversidad de la boca, Y aleja de ti la iniquidad de los labios. 2525 Tus ojos miren lo recto, Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante. 2626 Examina la senda de tus pies, Y todos tus caminos sean rectos. 2727 No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; Aparta tu pie del mal”.

Comentario:

Los vv. 23–27 detallan cuatro partes del cuerpo: corazón, boca-labios, ojos-vista y pies. El corazón es la parte del cuerpo que es más importante, siendo el centro del entendimiento, la voluntad y el lugar de donde se toman las decisiones. Pues, el texto dice: … de él emana la vida (v. 23). Hay que añadir, sabiendo esto, una parte del Shema judío (la oración diaria) que viene de Deuteronomio 6:5: Y amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (ver Mat. 22:37; Mar. 12:30; Luc. 10:27).

El v. 24 enfrenta las responsabilidades del habla. El habla está ligado al corazón en cuanto la boca llega a ser el instrumento de las decisiones que salen del corazón. Como el sabio, Jesús lo describe así: … lo que sale de la boca viene del corazón… (Mat. 15:18). En el v. 24 el argumento es para distanciarse de la palabra torcida, la palabra distorsionada. Un escrito arameo lo dice así: “Más que toda vigilancia vigila tu boca, y en lo que oigas endurece tu corazón. Pues una palabra es un pájaro: una vez puesta en libertad nadie puede recobrarla… la instrucción de la boca es más ardua que la instrucción para la guerra” (Las Palabras de Ahiqar, 7.95–110). Jesús enseña que las cosas que contaminan al hombre salen del corazón a través de la boca (Mat. 15:18,19). Entre la lista de los contaminantes se encuentran dos relacionados con el discurso distorsionado, “los falsos testimonios y las blasfemias”. Santiago habla del poder y de los peligros de la palabra humana (Stg. 3:1–12).

Se desafía al joven a concentrar su atención en lo correcto en el v. 25. Los ojos han de ver sólo lo recto (ver Fil. 4:8). La lámpara del cuerpo es el ojo. Así que, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará en tinieblas (Mat. 6:22, 23). Los ojos se nombran en otros pasajes de Proverbios (5:21; 15:3; 16:2; 17:24; 23:29; 27:20). Nos hace pensar en una pintura de tres monos que no pueden escuchar al mal, ni pueden ver el mal, ni pueden hablar el mal.

Los vv. 26 y 27 hacen lo mismo con los pies como lo que está hecho con la boca. Es decir, los pies no han de desviarse del camino apropiado y seguro. Hebreos 12:13 cita la versión de la Septuaginta y articula un deseo que los caminos sean hechos muy rectos y que el cojo, es decir, el necesitado, no caiga en ellos. La palabra en el v. 25 para recto significa “hacer plano”, ayudando así el caminar, especialmente en Palestina, donde había tantos montes y un terreno a veces difícil.

En la segunda ley de la sabiduría, Don Quijote proclama la máxima de Sócrates: “Lo segundo, has de poner los ojos en quién eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse” (Don Quijote, 2.42).

En conclusión, el pasaje desafía al joven a poner atención en todos los aspectos del ser y de la vida. Pon atención en el corazón, la boca, los ojos y los pies. Hay una canción para los niños que expresa bien el pensamiento de esta sección:

Cuida tus ojos, cuida tus ojos, lo que ves.

Pues tu Padre celestial te vigila con afán,

Cuida tus ojos, cuida tus ojos, lo que ves.

(Sigue con oídos, manos, boca y pies).

La pureza del corazón, de los labios, de los ojos y de los pies depende del compromiso del joven. Al formarse bien, el aspecto de la información-enseñanza-formación de musar, avanzará el bienestar del joven. A la vez, eliminaría la necesidad dolorosa de la reformación, un tercer aspecto del musar (disciplina). “El hombre prevenido vale por dos” reza un dicho. Es mucho mas fácil guardarse contra comenzar algún vicio que intentar quitarlo más tarde. Si no lo cree, converse con algún adicto a las drogas, o algún alcohólico o alguien que fuma. Los vicios son caros de mantener, en el sentido económico, emocional y de salud, y difíciles de quitar.

Sin embargo, vale la pena despojar y eliminar la impureza o la mala costumbre. El joven ha de ser rectísimo, sin apartarse ni a la izquierda ni a la derecha (v. 27). Jesús lo expresa de esta manera: Pero sea vuestro hablar, “sí”, “sí”, y “no”, “no”. Porque lo que va más allá de esto, procede del mal (Mat. 5:37). Un modismo popular entrega el mismo desafío: “Al pan, pan, y al vino, vino.” Siempre es mejor decir la verdad aunque sea difícil y dolorosa en el momento. Hay un costo para formarse bien, pero el costo de reformarse es muchísimo más alto, y las heridas del pecado son profundas y dolorosas.

El corazón, la boca, los ojos y los pies son grandes dones de Dios, todos buenos en sí (Gén. 1:31). Si es escéptico pregunte al que sufre del corazón o al mudo o al ciego o al cojo lo que significa estar privado de algún bien divino. El joven ha de dedicarse incluyendo sus dones físicos, al señorío de Cristo. Sólo de esta manera todo el cuerpo puede glorificar al Creador cumpliendo su propósito original (Sal. 19:1–4; 148). Y Pablo hace recordar a los creyentes en Corinto: Pues habéis sido comprados por precio. Por tanto glorificad a Dios en vuestro cuerpo (1 Cor. 6:20).

1er Titulo:

Un corazón desleal traerá dura disciplina del Señor: Salmo 78:31 al 37.

“Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, E hizo morir a los más robustos de ellos, Y derribó a los escogidos de Israel.

32 Con todo esto, pecaron aún, Y no dieron crédito a sus maravillas.

33 Por tanto, consumió sus días en vanidad, Y sus años en tribulación.

34 Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios; Entonces se volvían solícitos en busca suya,

35 Y se acordaban de que Dios era su refugio, Y el Dios Altísimo su redentor.

36 Pero le lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían;

37 Pues sus corazones no eran rectos con él, Ni estuvieron firmes en su pacto”.

Comentario:

En el heb. el v. 21 empieza con “Por lo tanto” o “ciertamente”. Los vv. 22–25 explican por qué Dios se enojó y los vv. 26–32 muestran el resultado de su enojo. Dios, en su misericordia, hubiera negado la petición de carne, porque la pidieron con una actitud de duda y rebelión para dar rienda suelta a sus apetitos en vez de pedir con una actitud de fe para necesidades legítimas. Sin embargo, concedió su petición para castigarles por su falta de fe y su actitud rebelde. El concepto de fe en el AT no es sólo aceptar algo intelectualmente; es una actitud hacia Dios que toma en serio sus mandatos y sus promesas.

Esta sección presenta un resumen de lo que pasó en Israel; es semejante al ciclo de pecado, opresión, clamor y liberación que se explica en Jueces 2:11–18. Cuando se dieron cuenta de que estaban sufriendo por su apostasía clamaron a Dios (v. 34), pero no eran del todo sinceros, no amaban a Dios con su corazón (vv. 36, 37). Igualmente Dios seguía perdonando (vv. 38, 39) porque ama a su pueblo y es Dios de misericordia. La enseñanza del salmista era clara a sus oyentes, y es clara para cada generación del pueblo de Dios en nuestros días.

2° Titulo:

Examinar nuestro corazón para no equivocar el rumbo: San Lucas 12:32 al 34.

No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. 33 Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.

Comentario:

Jesús ha estado hablando en términos negativos. Ha estado diciendo: “No os preocupéis por vuestra vida” (v.22) y “No fijéis vuestro corazón en qué comeréis o qué beberéis”. Ahora cambia a un punto de vista positivo y dice, Versiculo 31. Pero buscad su reino y estas cosas os serán concedidas como un don adicional.

En cuanto al significado de la expresión reino de Dios, véase sobre 4:43. Por lo tanto, se está exhortando a los discípulos de Cristo que tengan cuidado que el reino de Dios se esté estableciendo cada vez más en sus propias vidas y en las vidas de los demás. La recompensa de gracia es esta, que mientras ellos se concentran con toda su atención en el establecimiento del reino de Dios en todo lugar, su Padre celestial se cuida que ellos tengan no solamente abundancia de bendiciones espirituales, sino también, como añadidura, comida y ropa. No les faltará lo necesario para el vivir diario. Para mayor aclaración véanse 1 R.3:10–14; Mr. 10:29, 30; Lc. 22:35; y 1 Ti. 4:8.

Con mucha ternura ahora Jesús añade: Versiculo 32. No temáis, manada pequeña. [vocativo que no aparece en ningún otro lugar en el Nuevo Testamento], porque a vuestro Padre le agrada daros el reino. ¡Aunque pequeña en número, la manada es amada por el Padre!

Un momento antes Jesús dijo a sus discípulos (v. 31) que debían buscar el reino, haciendo el reino el objeto de búsqueda constante. Ahora dice que el reino es un don. No obstante, estas dos ideas no son contradictorias. Un ejemplo de la naturaleza aclarará esto. Un árbol no tiene poder por sí mismo para mantenerse. Sus raíces son como manos vacías extendidas hacia el ambiente. Depende del sol, del aire, de las nubes y del suelo. Ni siquiera tiene la fuerza necesaria para absorber la nutrición que necesita. El sol es la fuente de su energía.

¿Pero significa esto que el árbol permanece inactivo? De ningún modo; sus raíces y hojas, aunque completamente receptivas, son enormemente activas. Por ejemplo, se ha estimado que la cantidad de trabajo realizado por un árbol grande en un solo día elevando agua y minerales desde el suelo hacia las hojas equivale a la cantidad de energía gastada por una persona que lleva trescientos baldes de agua, de a dos a la vez, subiéndolos por una escalera de más de tres metros. Las hojas también son verdaderas fábricas. También son tremendamente activas.

Lo mismo vale con respecto a los ciudadanos del reino. Reciben el reino como un regalo. Sin embargo, después de recibir el principio nuevo de la vida, los receptores se vuelven muy activos. Trabajan arduamente, no por medio de algo que les es inherente sino por el poder que continuamente les está dando el Espíritu del Señor. Ellos se “ocupan en su propia salvación” y pueden hacerlo porque “Dios es el que está obrando en ellos tanto el querer como el hacer por su beneplácito” (Fil. 2:12, 13. Véase también Mt. 7:13; cf. Lc. 13:24; 16:16b).

Confían en las promesas de Dios, oran, difunden el mensaje de salvación y por gratitud realizan buenas obras para beneficiar a los hombres y glorificar a Dios. ¡Y la dádiva aumenta con la búsqueda!

Un segundo pensamiento sobre el cual se pone el énfasis es éste: Aquel a quien Jesús llama tiernamente “vuestro Padre” no da el reino a los discípulos de mala gana. Al contrario. Es su beneplácito hacerlo. Lo hace con un intenso deleite.

Debido al tiempo pasado del verbo “agradar”, hay quienes insisten en la traducción: “Le agradó al Padre,” etc., o “Al Padre le ha agradado daros”, etc. Esto podría ser correcto. Por otra parte, en relación con este verbo en particular, el tiempo pasado se puede usar aun para indicar una acción presente. Por ejemplo, véase 3:22. La diferencia es menor. Dios es desde la eternidad y hasta la eternidad, y es inmutable. Así que, cuando le agradó, también le agrada y le agradará. Lo que fue su beneplácito aún es su beneplácito y siempre seguirá siendo así.

Por tanto, es posible decir que la traducción “A vuestro Padre le ha agradado daros el reino” es correcta al igual que la traducción “A vuestro Padre le agrada daros el reino”. El hecho principal que nos cautiva la atención es que cuando el Padre da, da pródigamente, una verdad maravillosa confirmada también por muchos pasajes como Is. 55:6, 7; Ez. 18:23, 32;33:11; Os. 11:8; Mt. 23:37; Lc. 2:14; 13:34, 35; Ef. 1:5, 9, etc.

El Padre da. Sus hijos debieran hacer lo mismo, en la forma limitada que les es posible, pero de todo corazón y generosamente: Versiculo 33a. Vended vuestras posesiones y dad a la caridad. Los vv. 32, 33a no tienen duplicado en Mt. 6. Sin embargo, hablando en general, se puede encontrar en el Sermón del Monte (p. ej., Mt. 5:7; 6:3) la “filosofía” del contenido de 12:33a. Para un paralelo un poco más preciso uno tendría que volverse a pasajes como Lc. 11:41; véase también 18:22 (cf. Mt. 19:21; Mr. 10:21: el mandamiento dado por Cristo al “joven gobernante rico).

En cuanto al sentido del pasaje, a veces ha sido groseramente mal interpretado, como si Jesús hubiera dicho a todos sus seguidores: “Vended todas vuestras posesiones y dad todo lo que produzca su venta a los pobres”. El resultado sería que muy pronto la iglesia se convertiría en una carga para la sociedad. Un texto debe explicarse a la luz de su contexto. Hace un momento Jesús había contado la parábola de aquel hombre notorio, el rico insensato (vv. 16–21). Ese hombre quiso quedarse con todo. Aquí Jesús está combatiendo ese espíritu egoísta. La verdadera interpretación de lo que el Maestro dice aquí en Lc. 12:33a se puede encontrar en pasajes como 1 Co. 16:2, 3; 2 Co. 8:1–9 y Gá. 6:10.

Generalmente, paralelo con un pasaje de Mt. 6 es Lc. 12:33b. Proveeos bolsas que nunca se gastarán, un tesoro en el cielo que nunca se agotará, donde ningún ladrón puede llegar y ninguna polilla puede arruinar.

En cuanto a la naturaleza del tesoro en el cielo véanse pasajes tales como Mt. 10:41, 42; 25:34–46; y cf. Lc. 16:9; 19:17–19. Ese tesoro sí puede ser simbolizado por “bolsas que nunca se gastan”. Además, nunca se agota. Siempre hay más, y más y todavía más. Y más que todo, las riquezas de la vida celestial, ya comenzadas en principio en la tierra pero en su plenitud reservadas para los cielos, estarán completamente fuera del alcance de los ladrones y de la polilla.

Las Escrituras enseñan en todo lugar que los tesoros celestiales están a prueba de polillas y de ladrones, en otras palabras, que duran para siempre con todo su resplandeciente lustre como la posesión inamovible de los hijos del Padre celestial, porque nos habla de:

una fidelidad que jamás será quitada (Sal. 89:33; 138:8),

una vida que nunca terminará (Jn. 3:16),

una fuente de agua que nunca cesará de fluir dentro del que bebe de ella (Jn. 4:14),

una dádiva que jamás se perderá (Jn. 6:37, 39),

una mano de la cual no podrá ser jamás arrebatada una oveja del Buen Pastor (Jn. 10:28),

una cadena que no podrá ser rota jamás (Ro. 8:29, 30),

un amor del cual nunca podremos ser separados (Ro. 8:39),

un llamamiento que no será revocado jamás (Ro. 11:29),

un fundamento que nunca será destruido (2 Ti. 2:19),

y una herencia que no se marchitará jamás (1 P. 1:4, 5).

Versiculo 34. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

La oración que se introduce con “porque” da la razón por la cual es necesario obedecer las exhortaciones de vv. 32, 33. Naturalmente, si el verdadero tesoro de una persona, su objetivo final en todas sus luchas, es algo que pertenece a esta tierra—adquisición de dinero, fama, popularidad, prestigio, poder—entonces su corazón, el centro mismo de su vida (Pr. 4:23), estará completamente absorbido por ese objetivo mundano. Todas sus actividades, incluidas las así llamadas religiosas, serán subordinados a esta única meta. Por otra parte, si con

gratitud sincera y humilde a Dios ha hecho del reino de Dios, es decir, del reconocimiento gozoso de la soberanía de Dios en su propia vida y en todas las esferas, su tesoro entonces allí es donde tendrá su corazón. En ese caso, el dinero será una ayuda en vez de un impedimento. El “corazón” no puede estar en ambos lugares al mismo tiempo. Es el uno u el otro. Véase 16:13.

3er Titulo:

   La dureza del corazón acarrea graves consecuencias. Hebreos 3: 7 al 13.

Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años.10A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos. 11 Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. 12 Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; 13 antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado”.

Comentario: Una advertencia contra la incredulidad

Uno de los recursos y estilos que usa el escritor para introducir una cita del Antiguo Testamento es la formula Dios dice o el Espíritu Santo dice. El escritor se refiere al escritor del Antiguo Testamento sólo como portavoz de Dios (véase, por ejemplo, Heb. 4:7). Vale decir que Dios es el autor primario de la Escritura, y el hombre es el autor secundario por medio del cual Dios habla.93 La Escritura es, para el escritor de Hebreos, Palabra de Dios, y esa Palabra es divina. No cabe duda de que él tiene un alto concepto de la Escritura.

Muchas veces en esta epístola el escritor cita un pasaje del Antiguo Testamento sin una transición tersa en el contexto. El escritor cita en primer lugar la Escritura, a continuación la explíca aplicándo las palabras a los lectores de su epístola, tras lo cual a veces fundamenta su aplicación con ejemplos tomados de la historia bíblica.

Consideremos, entonces, el tercer capítulo de Hebreos. En los primeros seis versículos el escritor, al trazar una comparación entre Jesús y Moisés, declara que Jesús es digno de mayor honra que Moisés. Y entonces, sin transición alguna, el escritor cita el Sal. 95:7–11. El explica y aplica la cita del salmo en los vv. 12–15. Y para reforzar su aplicación aporta ejemplos históricos (vv. 16–19).

  1. Escritura:

3: 7-11. En el ritual del templo y en las celebraciones religiosas de la sinagoga, el uso del Salmo 95 estaba ya bien establecido. Los salmos 95 y 96 eran ambos conocidos como salmos de invitación a la adoración. Podemos suponer que estos salmos también constituían una parte significativa de las primitivas liturgias cristianas.

  1. 7–9. Por eso, como dice el Espíritu Santo:

“Hoy, si oís su voz, no endurezcáis vuestros corazones como lo hicisteis en la rebelión durante el tiempo de la prueba en el desierto, donde vuestros padres me tentaron y me probaron y durante cuarenta años vieron lo que hice”.

David, cuyo nombre es mencionado más adelante, en Heb. 4:7, no es quien habla. Es el Espíritu Santo quien habla, dirigiéndose tanto al pueblo de Dios de la época del Antiguo Testamento como a los lectores de la epístola a los hebreos. Y es a causa del Espíritu Santo, tal como lo enseña el escritor de Hebreos, que la Escritura está divinamente inspirada y se dirige a la gente a lo largo de los siglos (veáse 1 Ti. 3:16; 2 P. 1:20–21).95 El Espíritu Santo le habla al hombre por medio de la inspirada Palabra de Dios.

Hoy. La Palabra de Dios es “viva y activa [,] más cortante que toda espada de dos filos” (Heb. 4:12). No hay tiempo en que la Escritura se torne obsoleta o irrelevante. Dios le habló al pueblo de Israel en el desierto; David compuso el Salmo 95, por medio del cual Dios se dirigió a los Israelitas; el escritor de Hebreos cita cierto número de versículos de dicho salmo y dice que el Espíritu Santo habla a aquellos que leen la epístola. La Palabra de Dios todavía nos habla hoy.

Si oís su voz, no endurezcáis vuestros corazones. La referencia apunta a los cantantes y oyentes originales del Salmo 95, y en el original hebreo está expresada en forma de deseo, pero en griego recibe la forma de una oración condicional. La oración significa lo siguiente: Si llegáis a oír la voz de Dios, escuchad lo que él tiene que deciros. No seáis como vuestros antepasados que hicieron oídos sordos a la voz de Dios. Por lo tanto, Dios os está diciendo: “No endurezcáis vuestros corazones. Es decir, nunca dejen de hacer caso a mi voz, ya que ello ocasiona dificultades”. Santiago, en su epístola, lo dice concisamente: “Vosotros, gente adúltera, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es odio contra Dios? Todo aquel que escoge ser amigo del mundo se transforma en un enemigo de Dios” (4:4).

La frase no endurezcáis vuestros corazones tiene un origen semita, pero nadie tiene dificultad en entender lo que significa. En nuestra cultura utilizamos el concepto de sordera, y decimos que una determinada persona, al no hacer caso al orador, rehusa deliberadamente oír. No obstante, al hacerlo, la persona toma sobre sí toda la responsabilidad por su negligencia voluntaria y por su negativa a escuchar.

Como lo hicisteis en la rebelión, durante el tiempo de la prueba en el desierto. Dios la habla a su pueblo, Israel, y le recuerda lo que sucedió en el desierto durante el peregrinar de los cuarenta años. Hasta hace referencias a lugares específicos: Meriba y Masah (Sal. 95:8). En la Septuaginta, estos dos nombres son traducidos rebelión y prueba respectivamente. La lección histórica viene, sin embargo, al punto. Después de que el pueblo de Israel (al comienzo de su viaje) hubo dejado atrás el desierto de Sin cercano a Refidim, la faltó el agua. Cuando contendieron con Moisés, Dios le dijo a éste que golpease una roca. El lo hizo, y el agua brotó. Moisés llamó a dicho lugar Masah, que quiere decir prueba, y Meriba, que es el término que significa rencilla (véase Ex. 17:7). Casi al fin de su viaje de cuarenta años, el pueblo de Israel contendió nuevamente a causa de la sed. Esta vez Moisés perdió los estribos, golpeó la roca dos veces en vez de hablarle como Dios le había dicho, y perdió el derecho a su puesto como líder de los israelitas. En consecuencia, no se le permitió entrar a la Tierra Prometida. Moisés llamó a ese lugar Meriba (Nm. 20:13).

Donde vuestros padres me tentaron y me probaron y durante cuarenta años vieron lo que hice. Desde el primer año hasta el cuadragésimo, el pueblo de Israel puso a prueba la paciencia de Dios. La historia de los cuarenta años que los judíos viajaron por el desierto está repleta de ejemplos de incredulidad e infidelidad tanto de jóvenes como de viejos.96 Y sin embargo, en medio de la rebeldía del pueblo de Israel, Dios exhibió sus obras poderosas: una columna de fuego durante la noche para protegerlos del frío del desierto, una nube durante el día para protegerlos de los quemantes rayos del sol, maná para satisfacer su hambre, y agua de la roca para calmar su sed; además, su ropa y calzado no se gastaron (Ex. 13:21; 16:4–5; 17:6; Dt. 29:5). El Señor Dios de Israel fue su roca y escudo durante cuarenta años.

 

10. Es por ello que me indigné con esa generación, y dije: “Sus corazones siempre se están extraviando,

y no han conocido mis caminos”. 11. Por lo tanto, declaré bajo juramento en mi ira: “Ellos nunca entrarán en mi reposo”.

La paciencia de Dios había sido probado hasta el límite por esa gente rebelde. Su ira estalló. Dios estaba exasperado con esa generación. Dos veces se dirigió Dios a estos obstinados israelitas y les habló directamente.

Sus corazones siempre se están extraviando, y no han conocido mis caminos. Podemos encontrar lo dicho por Dios palabra por palabra en Nm. 14 y en Dt. 1, pasajes en los cuales Moisés registra el relato histórico de la rebelión de Israel. Cuando el pueblo rehusó entrar en la Tierra Prometida, quiso regresar a Egipto y eligió otro líder, Dios le dijo a Moisés: “¿Hasta cuando me tratará este pueblo con desprecio? ¿Hasta cuando rehusarán creer en mí, a pesar de las señales milagrosas que he ejecutado en medio de ellos?” (Nm. 14:11).

Los israelitas no se rebelaron contra Dios una vez: tras el regreso de los espías, pusieron a prueba a Dios diez veces (Nm. 14:22) y se negaron a escuchar su voz. Sus corazones estaban llenos de incredulidad y sus ojos estaban ciegos a los milagros que hacía Dios.

Nunca entrarán en mi reposo. Puesto de que el pueblo de Israel trataba a Dios con desdén, éste juró solemnemente: “Ningún hombre de esta malvada generación verá la buena tierra que juré que daría a vuestros padres” (Dt. 1:35; véase también Nm. 14:23). Dios le quitó la promesa de reposo a los incrédulos israelitas y les dijo que morirían en el desierto. Los hijos de ellos que tuvieran veinte años o menos podrían entrar en la tierra que Dios les había prometido a sus antepasados.

La tierra que los israelitas iban a poseer es llamada reposo, ya que allí ellos tendrían una morada permanente y segura (Dt. 12:9). La tierra de Israel le sería dada a aquellos que no habían despreciado a Dios. En su ira Dios juró que todos los demás no verían la tierra sino que morirían en el desierto. Dios decía que dejaría de ser Dios—por así decirlo—antes que dejar que esos israelitas rebeldes entrasen en la tierra de Canaán.

En el contexto de la posesión de la tierra por parte de los israelitas, el concepto de reposo se había cumplido solamente en un sentido limitado. La manera de vivir del nómada errante había terminado y

  1. Aplicación:

3:12–13

La cita del salmo le es aplicada ahora a los destinatarios de la epístola a los hebreos, y su significado es especialmente importante para la gente que está en peligro de apartarse de Dios. La cita del salmo sirve de introducción a una conmovedora apelación para que no renieguen del Dios vivo. En cierto sentido, Heb. 3:12 puede denominarse el resumen de las exhortaciones pastorales de la epístola

  1. Mirad, hermanos, que ninguno de vosotros tenga un corazón malvado e incrédulo que se aparte del Dios vivo.

El vínculo entre Heb. 3:6b y 3:12 es bastante natural si leemos la extensa cita del Salmo 95 como si fuese un comentario entre paréntesis. Este pasaje es un recordatorio ilustrativo e histórico de los obstinados israelitas que murieron en el desierto y a quienes se les negó entrada a la tierra que Dios les había prometido. Se exhorta ahora a los lectores a aferrarse a su valentía y esperanza como miembros de la casa de Dios. No pueden ellos con incredulidad darle la espalda a Cristo, puesto que apartarse de Cristo es renegar de Dios.

Por consiguiente, para los cristianos la experiencia de los israelitas rebeldes debe servir como una advertencia que no debe ser tomada a la ligera. Los cristianos deben examinarse concienzudamente a sí mismos, y los unos a los otros, para ver si hay alguno que tenga un corazón malvado e incrédulo.

El escritor de Hebreos sabe, a partir de la Escritura, que el abandono de Dios tiene su origen, desarrollo e ímpetu en la incredulidad. La incredulidad—caracterizada por la desconfianza y el escepticismo—se expresa primeramente en desobediencia, la que a su vez resulta en apostasía. Las señales de la apostasía son el endurecimiento y la incapacidad de arrepentirse (Heb. 3:13; 4:1; 6:6; 10:25–27; 12:15). Se puede destacar la siguiente serie de contrastes:

Incredulidad—– Fe

Desobediencia—– oír obedientemente

Negligencia—–Constancia

Apostasia—–Entrada a la vida

Endurecimiento—–Salvacion.

Al corazón de alguien que se aparta de Dios se le describe como pecaminoso, que quiere decir malvado o inicuo. Dios no toma a la ligera el pecado de incredulidad, ya que sabe que su origen está en el corazón perverso del hombre. “El corazón es más engañoso que todas las cosas y está más allá de toda cura. ¿Quien puede entenderlo?” (Jer. 17:9). Además, el escritor de Hebreos indica que es posible encontrar personas con corazones malvados e incrédulos en la comunidad de la iglesia cristiana.

Quien se aleja del Dios vivo

caer deberá;

Será él quien su culpa, su sino

con todos compartirá:

Familia, linaje, nación, estado,

con el pequeño y el grande.

Quien olvida a Dios es olvidado;

Quien rechaza a Dios es rechazado.

Voces frecuentes diariamente afirman:

El hombre, llegada su mayoría de edad, descansa

Mas quienes eso afirman sin Dios se ahorgarán.

—Nicolás Beets

  1. Pero animáos los unos a los otros cada día mientras todavía dice Hoy, para que ninguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado.

Otras secciones de la Escritura usan diversas metáforas para describir a la iglesia. Leemos que la casa de Dios está constituida por piedras vivas (1 P. 2:5), y no por ladrillos individuales que están unidos por medio de cemento. La casa a la cual pertenecen los creyentes es como un cuerpo conformado por muchas partes; y todas esas partes forman un cuerpo (1 Co. 12:12). Además, todas las partes deberían demostrar las unas por las otras el mismo grado de preocupación.

Estos ejemplo nos dan el trasfondo de la exhortación que encontramos en el v. 13. Se nos insta a “animarnos unos a otros y a edificarnos unos a otros” (1 Ts. 5:11) de modo tal que ningún miembro de la iglesia se pierda. Si la iglesia fuera fiel a Jesús en lo individual y en lo comunitario, el peligro de la apostasía se retiraría hasta el perímetro exterior de la iglesia. En lenguaje figurado, podríamos decir que nosotros, como creyentes individuales, unidos por la fe, tenemos la obligación de expulsar a las fuerzas de la incredulidad del sagrado recinto de la iglesia, el cuerpo de Cristo. Qué salvación, qué alegría en los cielos por un pecador que se arrepiente, qué victoria sobre Satanás si cada día nos alentamos los unos a los otros y nos sostenemos mutuamente en la fe!

Todos nosotros un cuerpo,

Uno en esperanza y doctrina

Uno en caridad.

—Sabine Baring-Gould

Además de esto, se le dice a todos los miembros de la iglesia que deben exhortarse unos a otros diariamente. Esto es, en sí mismo, un llamado a la fidelidad. Y todos los miembros deberían enseñarse y amonestarse mutuamente con toda sabiduría (Col. 3:16; véase también Hch. 14:22; Heb. 10:25).

El escritor de Hebreos vincula la exhortación con la extensa cita del Salmo 95 por medio de una sola palabra: Hoy. Trae a colación la experiencia de la nación de Israel en el desierto; da a entender que el presente es un período de gracia que Dios extiende hasta que la muerte termine co la vida terrenal del hombre. Y la terminación de la vida puede llegarle a algunas personas de un modo insospechado, imprevisto, repentino.

Además, llegará el momento en que Dios cesará de advertir al hombre pecador. Cuando dicho momento llegue, el día de la gracia se transformará en día de juicio. Por lo tanto, mientras haya tiempo estamos obligados a alentarnos unos a otros diariamente, de tal modo que nadie caiga en la engañosa trampa del pecado.

Finalmente, el escritor señala que Satanás envía al pecado como agente engañoso, escogiendo a personas aquí y allá, tratando de descarriar a los creyentes (Mt. 13:22; Mr. 4:19; Ro. 7:11; 2 Co. 11:3; Ef. 5:6;Col. 2:8; 2 Ts. 2:3, 10; 2 P. 2:13). El pecado se introduce engañosamente, incitando al creyente a cambiar la verdad de Dios por una mentira. El pecado se presenta como algo atrayente y deseable. A causa de su apariencia “Satanás mismo se disfraza como ángel de luz” (2 Co. 11:14) el pecado es un poder extremadamente peligroso que confronta al creyente. Siempre ataca al individuo, así como los lobos acechan a la oveja solitaria.

El escritor de Hebreos tiene clara conciencia del engañoso poder del pecado que apunta a los individuos. Por tal razón él enfatiza la necesidad de prestar atención a cada persona de la iglesia; repetidamente dice “ninguno de vosotros”—vale decir, ni uno solo de vosotros (Heb. 3:12–13; 4:1).

Al pecado se le considera como un agente que endurece el corazón del hombre. Nótese que el verbo endurecer es presentado en voz pasiva: “de modo que ninguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado”. El endurecimiento se demuestra en la negativa a escuchar la voz de Dios y a un determinado deseo de actuar en contra de todo lo que cae bajo la clasificación de fe y fidelidad. El pecado, como taimado y engañoso agente de Satanás, entra en el corazón del hombre y causa allí el crecimiento y desarrollo de la incredulidad, lo que se hace evidente en el endurecimiento de las arterias espirituales.

4° Titulo:

Oportuno consejo del Padre celestial a sus hijos. Ezequiel 18: 30 al 32.

Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor. Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. 31Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel? 32Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis2.

Comentario:

Como dijimos el v. 29 (al repetir la afirmación que hacían) introduce la segunda parte de la respuesta a este cuestionamiento que hacían a Dios. Una simple lectura del texto nos muestra que el tipo de argumentación cambió. En los vv. 26–28 los lleva a la reflexión, en los vv. 30–32 encontramos una exhortación muy clara. Comienza afirmando el obrar de Dios; él juzgará de acuerdo a sus caminos, es decir su estilo de vida. Enfatiza la culpabilidad personal (cada uno) como la razón del juicio. No se trata de pagar las culpas de los antepasados ni de una acción caprichosa de Dios.

A partir de la afirmación del juicio por su propia actuación, los desafía a una serie de acciones para evitar el mismo. Notemos que en los vv. 30b, 31 hay cuatro imperativos, es decir órdenes de Dios: arrepentíos, volved, echad y adquirid, que representan tres verbos (arrepentíos y volved son variantes del mismo verbo) que definen de manera clara el camino de la vida que Dios quiere de su pueblo. En primer lugar, debían volver (ese es el sentido básico de la palabra hebrea que se usa aquí) de las transgresiones, es decir dejar de hacer lo que estaban haciendo que sabían que desagradaba a Dios. La razón que da para ello es que la iniquidad (palabra que implica también culpa o castigo) no debía ser la causa de tropiezo o caer en el pecado. En segundo lugar, debían echar (término que tiene el sentido de arrojar lejos), las mismas transgresiones con las que habían pecado (literalmente: transgredido). Alejarse de lo que había sido la causa de su caída era una de las clave que el profeta plantea. No se puede mantener cerca de lo que nos ha llevado a resbalar, pues es un riesgo muy grande. Finalmente, el profeta presenta una acción positiva y novedosa para sus oyentes: adquirid un corazón nuevo y un espíritu nuevo. La palabra que se traduce adquirid (asah6213) significa literalmente hacer (ver las traducciones de RVR-1960 y LBLA). Desde una perspectiva cristiana creemos que no podemos hacer esto; darnos un corazón nuevo y un espíritu nuevo es algo que solo puede hacer Dios. Pero lo que está diciendo el profeta es que el pueblo debe reorientar su vida; tanto la palabra corazón (que se refiere a la voluntad) como espíritu (que se refiere a la disposición o actitud), muestran que este cambio de disposición debía comenzar en la vida interior, para luego traducirse en acciones concretas. Antes de que Dios actuara a favor de su pueblo, este debía cambiar, dejando algunas cosas; alejándose de aquello que lo había llevado al desafío a Dios, y finalmente teniendo una disposición diferente. Nuevo tiene el sentido de distinto.

El v. 32 (con el que termina el capítulo) presenta el propósito de lo que está demandando el profeta yo no quiero la muerte del que muere. La traducción de LBLA traduce de manera mucho más precisa, el término que se traduce quiero se puede traducir mejor complacerse, tener alegría con. Esta traducción responde mejor a lo que ellos estaban diciendo, Dios no se complace en castigar al culpable, quiere que todos se arrepientan; sin embargo, el arrepentimiento siguiendo sus pautas es una condición previa para el vivid, con el que termina el versículo. Prestemos atención a que esta frase final nuevamente pone en manos del pueblo la decisión de la vida o no.

Semillero Homilético

Abuelo, padre e hijo

18:1–32

Introducción: El proverbio que se menciona al principio del capítulo 18 se conoce mucho en el mundo moderno. Muchos creen que sufren por los pecados de sus padres; así creen que ellos mismos no tienen nada de culpa y que viven toda su vida “con mala suerte” que es a causa de las maldades de sus padres. Pero veamos que nos enseña Ezequiel de esto.

  1. El contraste de tres generaciones.
  2. Muchas veces el padre bueno y fiel al Señor tiene un hijo que no quiere saber nada de Dios.
  3. A veces el hijo al ver lo contraproducente de llevar una vida llena de maldad, como la de su padre, decide no querer saber nada de tal estilo de vida.
  4. El principio explicado y analizado (v. 19).
  5. El antiguo proverbio no es válido.
  6. La responsabilidad individual, de cada persona, es la enseñanza bíblica. Miren lo que enseñan pasajes como: Génesis 2:17; 4:7; Deuteronomio 24:16; y 2 Reyes.

III. El llamamiento a cada oyente.

  1. Dios no quiere que se pierda el impío (vv. 21–23).
  2. Dios es siempre justo y amoroso en su actitud hacia el pecador que se arrepiente y busca su perdón.
  3. La invitación a nosotros (vv. 30–32).

AMÉN, A DIOS SEA LA GLORIA.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.