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Lunes 22 de octubre de 2018: «Las persecuciones no detuvieron las labores de Pablo».

Lunes 22 de octubre de 2018: «Las persecuciones no detuvieron las labores de Pablo».


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Temario:

1er Titulo: «El Espíritu Santo anima al que lucha legítimamente». Romanos 5:3-5.

2° Titulo: «Gozo del salvado al ver el fruto de su trabajo».  2a  Corintios 7:4.

3er Titulo: «Ejemplo a imitar: Cristo venció y está a la diestra del Padre». Hebreos 12:2 – 4.

4° Titulo: «Aún el justo se salvará con dificultad». 1a Pedro 4:18-19.

 

  • Tema:

«Las persecuciones no detuvieron a Pablo su labor». 

Hechos Cap. 14 versículos 19 al 22: «Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto. Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe. Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios».

 

  • Comentario:

Suponemos que pasó algún tiempo desde el episodio que siguió a la sanidad del tullido. Pablo y Bernabé continúan su trabajo misionero y pueden formar el núcleo de una iglesia. Ganan un buen número de discípulos (vv. 20a, 22), de los cuales algunos llegan a ser ancianos (v. 23). En unos pocos manuscritos griegos, cuyo respaldo es bastante débil, la transición entre los versículos 18 y 19 es suavizada con la siguiente frase: “Pero mientras [los apóstoles] permanecían allí y enseñaban, ciertos judíos vinieron de Iconio y de Antioquía”.

¡Es de imaginar el fanatismo de unos pocos judíos! Los de Antioquía de Pisidia viajan unos 170 km. Para llegar a Listra para llevar a cabo su plan de matar a Pablo. Persuadieron a las multitudes de licaonios a escucharlos a ellos antes que a los misioneros. Y aunque los judíos no podrían objetar nada de lo que Pablo y Bernabé habían hecho o dicho en Listra, de todos modos, calumniaron a los apóstoles oponiéndose a su trabajo. Así, convencen a los gentiles a sacar a los intrusos de la ciudad. Sin ningún impedimento por parte de las fuerzas romanas, recogen piedras y las lanzan en dirección a Pablo. Quizás el ataque fue sólo a Pablo por ser éste el principal orador.

Lucas indica que el apedreamiento ocurrió dentro de la ciudad misma, porque después de ver los efectos de su ataque brutal, creyendo que habían dado muerte a Pablo, le arrastran de la ciudad. Por supuesto, nos preguntamos por qué la gente es tan voluble, ya que poco antes habían considerado a los apóstoles como dioses que les estaban visitando, y luego está apedreando a Pablo. Pero la caprichosa conducta de las multitudes siempre ha sido impredecible. Piénsese, por ejemplo, en los judíos de la sinagoga de Nazaret quienes en un momento estaban maravillados por las palabras que Jesús les decía, y poco después lo querían despeñar (Lc. 4:22, 29). La multitud de Jerusalén gritaba “Hosanna” el Domingo de Palmas y “Crucifícale”, al siguiente viernes (Mt. 21:9; Lc. 23:21).

Los golpes recibidos con las piedras dejaron a Pablo inconsciente, por lo que da la impresión de que ha muerto. Sus atacantes lo sacaron entonces de la ciudad, donde lo abandonan, con ningún interés en enterrarlo. Pablo, sin embargo, no está muerto. Milagrosamente, Dios le permitió recuperarse. La experiencia misma cambió la vida de Pablo, porque ahora él sabe lo que significaba sufrir por causa del evangelio. Más que nunca antes, Pablo exalta a Cristo en su ministerio a judíos y a gentiles.

En su epístola a los corintios, Pablo menciona que una vez fue apedreado (2 Co. 11:25; véase también 2 Ti. 3:11). Y en su epístola a los gálatas, entre quienes estaban los creyentes de Listra, él dice que lleva en su cuerpo las marcas de Jesús (Gá. 6:17). Para Pablo, la experiencia de ser apedreado posiblemente trajo a su memoria el apedreamiento de Esteban, cuya cruel muerte él mismo había aprobado (8:1a). Esteban murió, pero Dios conservó la vida a Pablo para que siguiera llevando adelante el evangelio de la salvación.

Me imagino a los discípulos de Pablo formando un círculo alrededor de su cuerpo y protegiéndole de cualquier nuevo ataque. Su alegría es indescriptible cuando Pablo da señales de vida, que después de un tiempo se incorpora y camina. Quizás amparado por la oscuridad de la noche,894 Pablo cobró ánimo y regresó a Listra, pasando la noche en la ciudad. Su ministerio allí ha terminado temporalmente, y al día siguiente los dos misioneros deciden irse a otra parte.

 

  • Consideraciones Prácticas:

 

14:19–20. 

En los escritos de Lucas, encontramos varias ideas desarrolladas. En su Evangelio, enumera tres parábolas: la oveja perdida, la moneda perdida, y el hijo perdido (Lc. 15:4–32). En la primera, habla de una oveja perdida entre cien; en la segunda, es una moneda perdida entre diez; y en la tercera, es un hijo perdido entre dos.

En Hechos, Lucas también desarrolla la idea de tres episodios. Por ejemplo, el Sanedrín mete a la cárcel a Pedro y a Juan y los deja libres no sin antes recomendarles que no vuelvan a predicar en el nombre de Jesús (4:3–21). Luego, el Sanedrín arresta a todos los apóstoles, pero los deja libres sin antes azotarlos (5:18–40). Finalmente, los miembros del Sanedrín, después de escuchar a Esteban, expresan su ira apedreándole hasta darle muerte (7:54–60).

En su relato del primer viaje misionero, Lucas de nuevo presenta un hecho con tres elementos. Los apóstoles son expulsados de Antioquía de Pisidia (13:50); de Iconio huyen para escapar de una muchedumbre hostil que intenta apedrearlos (14:5); y en Listra, Pablo sobrevive después que sus atacantes lo apedrean y asumen que le han dado muerte (14:19).

 

20b. «Y al siguiente día fue a Derbe con Bernabé». 

Pablo y Bernabé se dan cuenta que temporalmente su esfuerzo misionero en Listra ha llegado a su fin. Por lo tanto, a la mañana siguiente siguen viaje. Deciden ir en dirección sur-sudeste para visitar la ciudad de Derbe, que quedaba a unos 100 km. de Listra. Caminando sin detenerse, probablemente harían la distancia en dos o tres días.

Sobre la base de dos inscripciones, los arqueólogos han podido identificar el lugar donde estaba Derbe cerca o en el montículo de Kerti Hüyük, a unos 50 km. al este de Gudelisin. (Por cerca de medio siglo los estudiosos habían considerado a Gudelisin como el lugar probable donde estaba Derbe.) Ahora que los arqueólogos han verificado el sitio exacto de Derbe, información más antigua ha sido revisada y descartada.

 

21. «Después que predicaron el evangelio en aquella ciudad e hicieron muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio, y a Antioquía».

 Lucas no nos da un relato sobre la obra realizada por Pablo y Bernabé en Derbe. Solamente dice, y en forma muy concisa, que los apóstoles predicaron el evangelio, que como resultado de lo cual mucha gente llegó a ser discípulos (o aprendices), y que Pablo y Bernabé siguieron las huellas de su anterior camino y visitaron las tres congregaciones en Listra, Iconio y Antioquía, respectivamente. En Derbe, donde los apóstoles predicaron en la ciudad misma, no ocurrió ningún incidente perturbador. De hecho, Pablo repite el relato de las persecuciones en Antioquía, Iconio y Listra (2 Ti. 3:11), pero no incluye a Derbe.

Lucas no da la razón por qué Pablo y Bernabé no continuaron viaje a Tarso, su ciudad natal, en la provincia de Cilicia. Aun cuando hubiese estado inclinado a visitar las iglesias de Cilicia, Pablo tenía un corazón pastoral por los recién convertidos en las ciudades de las cuales había tenido que salir huyendo. A causa de su angustiosa experiencia en Listra, resultó ser un apóstol de Jesucristo más decidido aún que en los tiempos previos. Fue su tarea fortalecer a los creyentes y organizar las iglesias.

En Hechos, Derbe es mencionada otras tres veces. En su segundo viaje misionero, Pablo viajó desde Antioquía de Siria a través de Cilicia para dar ánimo a las iglesias. De allí continuó su viaje a Derbe y más tarde a Listra (15:41–16:1). En Listra o en Derbe había un discípulo llamado Timoteo que era miembro de una de esas iglesias (16:1); allí también tenía su residencia Gaio (20:4). Aunque sabemos poco de las iglesias en Listra y en Derbe, conocemos a lo menos dos de sus obreros.

Implícitamente Lucas describe la valentía de los dos apóstoles al regresar a las ciudades donde habían tropezado con tan fanática hostilidad. Además, Lucas registra la amorosa preocupación que los misioneros desplegaron en favor de las nacientes iglesias en aquellas ciudades. De hecho, lo que obligó a Pablo y a Bernabé a volver a aquellas ciudades fue su preocupación pastoral por los creyentes. Los misioneros se dieron cuenta que los discípulos podrían desanimarse frente a las persecuciones y aflicciones que los creyentes tendrían que soportar por parte de sus compatriotas. Las pequeñas congregaciones podrían ser hecho pedazos, lo que podría ser tomado como una prueba de la futilidad de los esfuerzos de los apóstoles. Y de ocurrir así, Satanás y sus demonios obtendrían una victoria.

 

22. «Pablo y Bernabé fortalecieron a los discípulos y los animaron a perseverar en la fe, diciendo, “A través de muchas tribulaciones entraremos en el reino de Dios”.

Del contexto podemos deducir que dos razones motivaron a los apóstoles a pasar bastante tiempo con estos discípulos: siguen fortaleciendo a los nuevos cristianos en su fe y siguen animándolos (c.f. 15:32, 41; 16:5; 18:23).

Estos recién convertidos de Listra no están preparados para las tribulaciones que tienen que soportar. Aunque muchos de los judíos convertidos al cristianismo en Palestina, Fenicia, Siria y Chipre podían contar las persecuciones que habían tenido que soportar después de la muerte de Esteban (8:1), el sufrir por su fe sería una nueva e inquietante experiencia para los cristianos gentiles. Podemos imaginarnos la legítima pregunta que habrían formulado: “¿Por qué no protege Dios a su pueblo?”.

Pablo y Bernabé están en condiciones de responder preguntas relacionadas con malos tratos y penalidades. Ellos saben que Dios usa la adversidad para mantener a su pueblo fiel a la fe. Recuérdese que Pablo reprocha estos mismos cristianos gentiles en Galacia, por haber vuelto rápidamente del evangelio hacia un evangelio diferente, que ni siquiera podría llamarse evangelio (Gá. 1:6–7).896 Por lo tanto, para mantener a los fieles adheridos a su confesión cristiana y hacer que pongan su confianza en Cristo Jesús, Dios manda pruebas a su pueblo.

Así pues, los apóstoles dicen a estos recién convertidos, “A través de muchas pruebas entraremos en el reino de Dios”. La preposición a través es descriptiva de la vida que los cristianos deben vivir; a través de pruebas deben entrar personalmente en el reino de Dios. El concepto reino de Dios aparece en numerosas ocasiones en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas. Pero en Hechos, la expresión es muy rara y cuando aparece sólo es en referencia a la predicación (1:3; 8:12; 14:22; 19:8; 28:23, 31). Es decir, el creyente que responde al evangelio de Cristo entra en el reino. Nótese que los apóstoles se ponen al mismo nivel que los discípulos cuando dicen que “entraremos en el reino”.

 

1er Titulo: «El Espíritu Santo anima al que lucha legítimamente».

Romanos 5:3-5: «Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado».

 

  • Comentario:

Versículos 3 – 4: «Y no sólo esto, sino que aún nos regocijamos en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento trae perseverancia; la perseverancia, carácter probado; el carácter probado, esperanza».

Aquí “en nuestros sufrimientos” significa “en medio de y por causa de” las tribulaciones que experimentamos en la ejecución de la obra del Señor. Cf. Ro. 8:35–39; 1 Co. 4:9–13; 2 Co. 1:4–10; 11:23–30 (la extensa lista); 12:7–10; Gá. 6:17; 2 Ti. 3:11, 12 (en la medida en que este pasaje considera sucesos anteriores).

¿Pero cómo era posible que el apóstol se regocijase en sus sufrimientos? ¿Cómo puede el sufrimiento—que aquí probablemente se refiera especialmente a la tribulación por amor a Cristo y al evangelio—ser considerado una bendición? Para una respuesta algo más detallada véase C. N. T. sobre Fil. 1:27, 28. También examínese Heb. 12:5–11 y en el Antiguo Testamento Sal. 119:67, 71; Jer. 31:18. A todo esto, añádase 2 Co. 12:7–10. Nótese especialmente el v. 9: “Mi gracia es suficiente para ti, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.

   En relación con esto se deben tener en consideración dos hechos:

  1. La propia debilidad de un creyente afligido sirve, a modo de contraste, para magnificar el poder de Dios
  2. Es exactamente cuando el afligido reconoce su debilidad, pero también que Dios es fuerte y está presto a ayudar, que buscará el auxilio de lo alto. Ya que esta ayuda es suficiente, su fe será fortalecida. Es así que el sufrimiento trae perseverancia.

Aunque es cierto que la perseverancia (fuerza para soportar, más la persistente aplicación de esta fuerza) es en lo esencial el resultado de la operación del Espíritu Santo en los corazones y vidas de los hijos de Dios, ella implica la acción humana. No es de ningún modo una cualidad pasiva. La persona que la tiene persevera. Se aferra a lo que tiene (Ap. 2:25), es fiel hasta la muerte (Ap. 2:10).

La perseverancia produce carácter probado, esto es, el carácter que ha soportado la prueba a la cual fue sujeto. Con respecto a esta “prueba”, véase Zac. 13:9: “Los fundiré como se funde la plata y los probaré como se prueba el oro”. Así como el fuego refinador del orfebre libra al oro y a la plata de las impurezas que en su estado natural se apegan a ellas (cf. Is. 1:25; Mal. 3:3), del mismo modo la resistencia paciente o perseverancia de los hijos de Dios los purifica, esto es, por la operación del Espíritu Santo produce un carácter “probado” un carácter que ha soportado exitosamente la prueba de fuego.

Es inmediatamente evidente que el conocimiento de parte de ellos de haber superado la prueba, de manera que la aprobación de Dios descansa sobre ellos, fortalecerá su esperanza. El carácter probado trae esperanza. Así en este ejemplo de razonamiento en cadena regresamos a la esperanza mencionada en el versículo 2.

 

Versículo 5: «Y esta esperanza no decepciona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado».

Nótese esta magistral transición de la fe (v. 1, 2) a la esperanza (vv. 2, 4, 5), al amor (v. 5). Esta es la secuencia que también hallamos encontramos en 1 Co. 13:13. (En 1 Ts. 1:3 la secuencia es fe, amor, esperanza). Hay gente sin esperanza (Ef. 2:12; 1 Ts. 4:13). También hay quienes se aferran a esperanzas ilusorias o engañosas (Pr. 11:7; Hch. 16:19). Pero los que han sido justificados por la fe y reconciliados con Dios disfrutan de las clases de esperanza que no decepciona (Sal. 22:5). Su esperanza está firmemente anclada en el amor redentor de Dios. Otro modo de expresar el mismo pensamiento es este: su fe está aferrada al trono de gracia, esto es, a lo que está “dentro del velo” donde Jesús está sentado a la diestra de Dios (Heb. 6:19, 20) Él vive para siempre para interceder por su pueblo (Heb. 7:25).

Además, el amor de Dios no se raciona con cuentagotas. Por el contrario, por medio del Espíritu Santo ese amor es “derramado” en los corazones de los redimidos; en otras palabras, es provisto libre, abundante, copiosa y profusamente, lo que es cierto de todos los dones de Dios en general (Nm. 20:8, 11; 2 R. 4:1–7; Sal. 91:16; Is. 1:18; 55:1; Ez. 39:29; Jl. 2:28, 29; Zac. 12:10; Mt. 11:27–30; 14:20; 15:37; Lc. 6:38; Jn. 1:16; 3:16; Hch. 2:16–18; 10:45; 14:17; 17:25; Ro. 5:20; 1 Co. 2:9, 10; 2 Co. 4:17; Ef. 1:8; 2:7; Stg. 1:5; Ap. 22:17). “El da y da y vuelve a dar”. Véase C. N. T. sobre Juan 1:16, 17 (“gracia sobre gracia”). De hecho, el Espíritu Santo, que es el Dispensador de los dones de Dios, es también él mismo el don de Dios a la iglesia (Jn. 14:16; 15:7).

En contraposición a la opinión de algunos, debería enfatizarse que la expresión “el amor de Dios” no puede significar “nuestro amor por Dios”. ¿Cómo podría un amor tan completamente inadecuado ser la base de una esperanza que no decepciona? La referencia apunta claramente al propio amor de Dios, como lo testifica el v. 8 Véanse también Ro. 8:35; 2 Co. 13:13.

En suma, todo está hecha luz sobre el glorioso carácter de la justificación por la fe. Esta acción divina, por la cual el pecador que huye a Dios buscando refugio es declarado justo, es frecuentemente comparada con lo que sucede en una corte. Por ello ha sido llamada una acción forense. Sin duda es eso, pero si se considera su sentido más completo, es mucho más que eso. Nótese el siguiente contraste:

 

El juez terrenal ▬ Dios como juez.

 

  1. Al hallar al acusado “inocente”, lo; o si lo encuentra culpable lo sentencia. ▬ a. al hallar al acusado culpable—cosa que siempre sucede— borra su culpa en base a la obra cumplida por el Hijo de Dios, el Portador de Culpa.
  2. Lo despide de la sala de tribunal y no tiene ningún trato posterior con él. ▬ b. por medio del Espíritu Santo derrama Su amor en su corazón, y lo adopta como hija o hijo propio.

Pero la comparación debe ser llevada un paso más allá, ya que aún la adopción humana no es en realidad una ilustración adecuada de la adopción divina. En la adopción humana los padres desearían transmitir algo de su propia carácter o espíritu al niño adoptado. A veces esto sucede hasta cierto punto; otras veces nada de ello sucede. Pero cuando Dios adopta, él también planta su propio Espíritu en el corazón del adoptado, transformándole a él o ella en su propia imagen (Ro. 8:15).

 

2° Titulo: «Gozo del Salvado al ver el fruto de su trabajo».

2Corintios 7:4: «Mucha franqueza tengo con vosotros; mucho me glorío con respecto de vosotros; lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones».

 

  • Comentario:

Después de que Tito regresara de Corinto, Pablo recibió información detallada de parte de él, sobre la actitud de los corintios hacia Pablo (vv. 6–7). Ahora demuestra que los ama, cuando los alaba por su cambio de actitud. Su lealtad y afecto por él respaldan las expresiones que hablan de seguridad, orgullo y consuelo. Aceptan el tributo y la recomendación del apóstol.

  1. «Tengo mucha confianza en vosotros». Algunas traducciones presentan una lectura diferente: «Mucha franqueza tengo con vosotros» (RV60), o «Tengo plena confianza en hablaros» (BJ). La diferencia proviene del sustantivo griego parhesia, que significa franqueza o confianza. De las veces que este término aparece en el Nuevo Testamento, la mitad posee el significado de franqueza en el habla, y la otra mitad significa la confianza que se tiene en una relación. Sinceridad en el discurso revela la confianza básica que una persona tiene con otra, de manera que, en realidad, la confianza y la franqueza son dos virtudes complementarias. Pablo podía hablar con sinceridad a los corintios, porque tenía plena fe y confianza en ellos. En otras palabras, hablar con franqueza presupone tener la confianza para actuar así. El apóstol incluso intensifica el sentido del sustantivo con el adjetivo mucha.

En este versículo oímos el lenguaje de un padre espiritual que expresa su profundo afecto hacia sus hijos. Pablo se expresa así con la absoluta confianza de que su relación mutua está libre de toda sospecha y tensión. Sus palabras se caracterizan por una apertura mental sin límites, por cuanto asegura a sus hijos que tienen un amplio espacio en su corazón (cf. 6:11).

  1. «Me siento muy orgulloso de vosotros». Como padre espiritual, Pablo se siente justificadamente orgulloso de los creyentes corintios. Puede enorgullecerse de ellos ante cualquiera que quiera escucharlo. Para él, los creyentes de Corinto son una inmensa fuente de gratitud, como demostraron respondiendo a la petición de Pablo con la protesta de un afecto recíproco (6:13). Padre e hijos están unidos en un mutuo amor y el padre siente el sano orgullo de sus hijos (véase 7:14; 8:24; 9:3; cf. 2 Ts. 1:4).
  2. «Rebosa mi consolación». Los corintios le han provisto al apóstol motivo para estar agradecido. Le han suministrado el ánimo necesario para que su corazón esté continuamente rebosante de consuelo. La frase es breve; pero en el próximo párrafo Pablo explica su contexto. (vv. 6–7).
  3. «En medio de toda nuestra aflicción se desborda mi gozo». Las noticias que Pablo recibió de Tito le hacen dar saltos de alegría; su corazón es incapaz de contener la felicidad que siente, pese a todas las dificultades con las que se enfrenta. Ciertamente, a Pablo no le pasa inadvertida la presión que debe soportar como apóstol de Jesucristo. En un capítulo anterior, ha revelado la tremenda presión que tuvo que soportar, y habló del consuelo que había recibido para fortalecerlo (1:6–11).

La frase en medio de toda nuestra aflicción es idéntica a la de 1:4. Cuál sea la naturaleza exacta de esa aflicción, no se ha sabido. Si se trataba de una angustia física o mental, la cuestión es que el consuelo divino fue suficiente para todas las dificultades por las que Pablo atravesó. Recibió más que consuelo, ya que el gozo llenaba su corazón hasta hacerlo rebosar.

 

3er Titulo: «Ejemplo a imitar: Cristo venció y está a la diestra del Padre».

Hebreos 12:2 – 4: «Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado».

 

  • Comentario:

El énfasis principal de este versículo está en la cláusula inicial. Todas las otras cláusulas describen a Jesús en cuanto a su obra, resistencia y posición. Nótese que el escritor introduce el nombre Jesús para que los lectores se concentren en su vida terrenal.

  1. “Fijemos los ojos en Jesús”. Inmediatamente viene a mi mente el estribillo del himno de invitación compuesto por Helen H. Lemmel:

Volved vuestros ojos a Jesús,

Poneos su rostro maravilloso a contemplar;

Y las cosas de la tierra parecerán palidecer

Ante la gloria y gracia de su luz.

Al igual que los contendientes en una carrera, nosotros no tenemos tiempo de mirar a nuestro alrededor. Debemos mantener nuestros ojos enfocados en Jesús y debemos hacerlo sin distracción. El escritor de Hebreos no pone el nombre de Jesús entre los de los héroes de la fe; le otorga un reconocimiento especial, ya que lo llama “el autor y perfeccionador de nuestra fe”. Jesús es “el autor de [nuestra] salvación” (2:10), es el que ha entrado al santuario celestial como precursor (6:19–20) y ha abierto “un camino nuevo y vivo” para nosotros que nos lleva a este santuario (10:20). Él es el Principio y el Fin, el Alfa y la Omega (Ap. 1:17; 21:6; 22:13). Y aquel a quien Dios perfeccionó mediante el sufrimiento (Heb.2:10) perfecciona a sus hermanos y hermanas que han puesto su confianza en él. Como originador y perfeccionador de nuestra fe, Jesús ha puesto sus fundamentos en nuestros corazones y a su debido tiempo llevará la fe a su consumación. Él puede hacer esto porque está capacitado para hacerlo, y lo hará porque es nuestro hermano (Heb. 2:11–12). En forma similar, Pablo alienta a los filipenses diciéndoles que Dios, “que comenzó una buena obra en vosotros, la llevará a su consumación hasta el día de Cristo Jesús” (1:6). Por lo tanto “fijemos los ojos en Jesús”.

  1. “El gozo puesto delante de él”. ¿Cómo hemos de interpretar la palabra gozo? ¿Quiere el escritor decir que Jesús cambia el gozo celestial por el dolor terrenal? ¿O quiere decir que a causa del gozo que esperaba a Jesús después de su muerte, Cristo estuvo dispuesto “a sufrir la cruz”? Algunos eruditos piensan que Jesús eligió la muerte en la cruz en vez del gozo de la buena venturanza celestial de que disfrutaba en la presencia de Dios (2 Co. 8:9; Fil. 2:6–7). Los tales tienen la opinión que esto es lo que el escritor quiere decir. Otros expertos discrepan con esto. Creen que la intención es la de trasmitir el siguiente mensaje: Para obtener el gozo que Dios planeó para él, Jesús obedientemente sufrió la agonía de la muerte.

La evidencia parece favorecer la segunda interpretación. El contexto en general, y la frase puesto delante de él en particular, sustentan este enfoque. Vale decir que Dios le fijó a Jesús el camino del sufrimiento (Is. 53:4–6) y más tarde le llenó de gozó (Sal. 16:11; Hch. 2:28). La cláusula “por el gozo puesto delante de él” parece apuntar al futuro. La misma tiene que ver con la exaltación de Jesús al ser glorificado después de su muerte en la cruz.

  1. “Soportó la cruz”. En esta epístola el escritor rara vez habla directamente de la vida terrenal de Jesús. De hecho, esta es la única ocasión en que él menciona la palabra cruz. Ese término, junto con el verbo soportó, refleja todo el relato de la pasión del juicio de Jesús y de su muerte. Jesús estuvo solo durante su juicio ante el sumo sacerdote y ante Poncio Pilato. Jesús sufrió la agonía de Getsemaní solo. Y solo soportó la ira de Dios en el Calvario. En su sufrimiento Jesús demostró visiblemente su fe en Dios. El soportó obedientemente la angustia de la muerte en la cruz.
  2. “Menospreciando su vergüenza”. Los judíos que demandaron la crucifixión de Jesús querían ponerle bajo la maldición de Dios. Sabían que Dios había dicho: “Cualquiera que es colgado de un árbol está bajo [mi] maldición” (Dt. 21:23; véase también Gá. 3:13). Ellos querían que Jesús experimentase la máxima vergüenza. Él tomó sobre sí la maldición para liberar a su pueblo y para experimentar con ellos el gozo que Dios había puesto delante de él. Por cierto, el autor y perfeccionador de nuestra fe triunfó cuando se sentó a la diestra de Dios.
  3. “Y se sentó”. Con unos pocos rasgos de su pluma, el escritor proporciona un relato de la vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesús. El punto culminante es, por supuesto, el entronamiento de Jesús a la diestra de Dios. Ese lugar de honor le pertenece a él y será suyo por toda la eternidad. El escritor cita una y otra vez el Salmo 110:1 o hace referencias al mismo: “Siéntate a mi diestra hasta que haya hecho de tus enemigos tarima para tus pies” (1:13). El desarrolla una clara progresión de pensamiento. Nótense los siguientes versículos:

 

1:13 “Él se sentó a la diestra de la Majestad en el cielo”.

8:1 “Se sentó a la diestra del trono de la Majestad en el cielo”.

10:12 “Se sentó a la diestra de Dios”.

12:2 “Se sentó a la diestra del trono de Dios”.

 

Jesús completó su tarea en la tierra, asumió su lugar en el cielo, y ahora le asegura al creyente la ayuda divina en la carrera que le está señalada a este último.

 

Versículo 3: «Considerad a aquel que sufrió una oposición tal de parte de hombres pecadores, a fin de que no os canséis ni perdáis el ánimo».

Mirad con cuidado toda la vida de Jesús, dice el escritor de Hebreos a sus lectores, y considerad lo que él tuvo que enfrentar. Literalmente él les está diciendo que comparen sus vidas con la de Jesús y que tomen cuidadosa nota de todo lo que Jesús tuvo que sufrir. Jesús vino a cumplir las profecías mesiánicas, y por lo tanto vino a su propio pueblo; “pero los suyos no lo recibieron” (Jn. 1:11). En vez de ello, Jesús se encontró con una incredulidad obstinada y con una oposición durísima. El sufrió el odio de un mundo pecador opuesto a la verdad de Dios. Entonces, si Jesús experimentó una oposición tal, ¿no habría sus seguidores de compartir la misma suerte (Jn. 17:14)?

El escritor demuestra que es un pastor excelente. El conoce esa tendencia de mirar al cristiano y no al Cristo. La introspección ocasiona fatiga espiritual y desaliento, pero mirar a Jesús renueva la fuerza del cristiano y aumenta su valor. Por consiguiente, dirigiendo la atención del cristiano a Jesús, el escritor lo exhorta a considerar el sufrimiento que Cristo soportó no sólo en la cruz sino a lo largo de su ministerio. Cuando el cristiano se da cuenta de que Jesús soportó el odio de hombres pecadores a causa del creyente, él debe tomar aliento. Entonces sus propios problemas se hacen más fáciles de soportar, y también él será capaz de continuar y finalmente completar la carrera que le está señalada.

 

Versículo 4: «En vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido aún hasta el punto de derramar vuestra sangre».

La metáfora de este versículo—“resistido hasta el punto de derramar vuestra sangre”—proviene del ámbito deportivo. El escritor pasa de un deporte al otro, de las imágenes de la carrera a las del boxeo En el boxeo la sangre mana de los rostros de los contendientes cuando éstos reciben golpes violentos. Hay veces en que las lesiones serias terminan en la muerte de uno de los contendientes.

Las imágenes de la lucha contra el oponente hasta el punto de derramar su sangre sirven de comparación con la lucha de los lectores contra el pecado. No se menciona ningún pecado en especial. Sin embargo, el pecado con su poder misterioso es un formidable oponente que se debe resistir hasta la muerte. Martín Lutero, que frecuentemente se encontró con el poder de Satanás y del pecado, exhorta a los cristianos en su bien conocido himno:

 

«Nos pueden despojar

De bienes, nombre, hogar.

El cuerpo destruir.

Más siempre ha de existir

De Dios el reino eterno».

(Himnario Bautista)

 

El texto mismo no dice nada acerca del mundo político en que vivían los lectores. En una época previa ellos se habían mantenido firmes cuando se les insultó públicamente, se les persiguió, y cuando se les confiscó sus propiedades (Heb. 10:32–34). Pero esos días pertenecían al pasado, y el escritor indica repetidamente que los destinatarios de la epístola disfrutaban ahora de un período de descanso y de comodidad que les ha ocasionado una relajación espiritual.

Más que exhortar, el escritor amonesta a los lectores a que resistan al pecado hasta el punto de derramar su sangre. La posibilidad de ser perseguidos por su fe en Jesús era real. Si Jesús sufrió persecución y derramó su sangre, sus seguidores no deben abrigar falsas ilusiones de quedar eximidos de ello.

 

«Nuestros padres, encadenados en lóbregas prisiones,

Eran libres de conciencia y corazones.

¡Cuán cierta será la paz de sus hijos aquí,

Si ellos, como aquellos, ¡luchan por ti!».

Frederick W. Faber.

 

 

4° Titulo: «Aún el justo se salvará con dificultad».

1a Pedro 4:18-19: «Y si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador? De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador y hagan el bien».

 

  • Comentario:

Versículo 18: «Y si es difícil que se salve el justo, ¿qué será del impío y del pecador?”

Tal como lo hace en muchas otras partes, Pedro afirma su enseñanza mediante la cita de un pasaje del Antiguo Testamento. Aquí él cita la versión Septuaginta de Proverbios 11:31, que difiere en cierta medida del texto hebreo, que dice: “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra; ¡cuánto más el impío y el pecador!” La intención del pasaje, empero, es la misma.

La primera parte de la oración condicional revela una simple realidad. Pedro usa esta afirmación para señalar la dificultad que los cristianos tienen para obtener la salvación, ya que sabe que Jesús dijo: “Estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mt. 7:14). Pablo alentaba a los cristianos del Asia Menor con estas palabras: “Debemos pasar muchas dificultades para entrar en el reino de Dios” (Hch. 14:22).

La palabra clave en esta primera parte es el término difícil. Otra traducción dice “a duras penas” (NTdT). Esta palabra aparece unas pocas veces en Hechos, donde Lucas describe la dificultad que Pablo y Bernabé encontraron para impedir que el gentío de Listra les ofreciese sacrificio a ellos (Hch. 14:18). En un marco diferente, Lucas usa este término para narrar la dificultad que tuvieron los marineros para mantener a su nave en curso (Hch. 27:7, 8, 16). El término, por lo tanto, describe trabajo duro.

En su Epístola a los filipenses, Pablo insta a sus lectores con las siguientes palabras: “Seguid obrando vuestra salvación con temor y temblor” (2:12). Tras lo cual añade que “es Dios quien obra en vosotros el querer y el hacer según su beneplácito” (v. 13). Es decir, el hombre no puede ganarse la salvación, porque es un don de Dios. Pero la salvación del hombre es un proceso de desarrollo espiritual y de crecimiento en el conocimiento de Jesucristo como Salvador. En este proceso el hombre debe esforzarse hasta el límite de su capacidad.

 “¿Qué será del impío y del pecador?” Hay un dicho de Jesús que tiene una intención similar a la de este versículo: “Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco qué no se hará?” (Lc. 23:31). El escritor de esta cita emplea dos términos para describir al incrédulo. Lo llama en primer lugar “impío” para indicar que esta persona ni adora ni ama a Dios, y luego “pecador” para mostrar que el impío transgrede los mandamientos de Dios. La cita concluye como una pregunta retórica a la cual el lector puede proveer la respuesta evidente.

 

Versículo 19: «Por eso, los que sufren según la voluntad de Dios, entréguense a su fiel Creador y sigan haciendo el bien».

Exhortación. Pedro escribe su epístola no a incrédulos sino al pueblo de Dios y en especial a los que experimentan sufrimientos y dificultades. Las palabras por eso introducen la conclusión de la extensa consideración que Pedro hace del sufrimiento. En otras partes de la epístola (2:15; 3:17; 4:2), Pedro exhorta a los cristianos a recordar que nada sucede que esté fuera de la voluntad de Dios, que Dios tiene el control de toda situación.330 En particular, los que sufren confrontan la pregunta acerca de la injusticia a la que les toca someterse. Estos no deben perder de vista el propósito que Dios tiene para sus vidas, ya que en su providencia él cuidará de ellos. Por eso, Pedro les acerca a estos que sufren una palabra adicional de consuelo.

Pedro dice a sus lectores que deben cumplir con dos obligaciones. La primera es que ellos:

  1. “Entréguense a su fiel Creador”. El verbo entregarse aparece en el último dicho de Jesús en la cruz: “Padre, en tus manos entrego mi espíritu” (Lc. 23:46). Pedro exhorta a estos sufridos creyentes a entregar sus vidas en las manos de su fiel Creador. El describe a Dios como “Creador”, término que solamente aparece aquí en todo el Nuevo Testamento. El apóstol escoge esta palabra para subrayar el poder creador de Dios. Luego, él califica la palabra Creador con el adjetivo fiel. Dios no sólo ha creado al hombre, sino que también lo sostiene a cada momento. A este Dios el creyente puede confiadamente entregarse, porque la palabra de Dios nunca le fallará. Sabiendo esto, que los cristianos.
  2. “Sigan haciendo el bien”. Esta recomendación aparece con frecuencia en esta epístola (2:15, 20; 3:6, 11, 17). 1 Pedro da a entender que el cristiano que se encomienda verbalmente a su fiel Dios debe demostrar este compromiso mediante obras de amor y misericordia para con su prójimo.

 

  • Resumen del Capítulo 4: 18-19:

Pedro, basando sus enseñanzas en el ejemplo de los sufrimientos de Cristo, amonesta a los creyentes que no vivan para las malas pasiones humanas sino más bien para cumplir la voluntad de Dios. Enseña que aquellos que escogen una vida de pecado e inducen a otros a seguirlos tendrán que rendir cuentas a Dios. Los creyentes que ahora están muertos recibieron por esta razón el evangelio durante su vida en la tierra.

El apóstol exhorta a los cristianos a buscar las virtudes, incluyendo el dominio propio, el amor, la hospitalidad y el servicio. El objetivo de esto es que Dios reciba la alabanza por medio de Jesucristo. Los cristianos no deben sorprenderse cuando les toca sufrir, dado que participan en los sufrimientos de Cristo. Deben alegrarse cuando los insultan por causa del nombre de Cristo. Es más, son dichosos.

Pedro advierte a los creyentes que nadie debe dar ocasión de sufrir por ser malhechor. Cuando algún creyente sufre, no debe avergonzarse, sino que debe alabar a Dios por ser cristiano. El juicio de Dios comienza con la familia de Dios y luego alcanza severamente a los que desobedecen al evangelio de Dios. Pedro exhorta a los creyentes a entregarse a su fiel Dios y a servirle haciendo buenas obras.

 

 

Amén, para la gloria de Dios.

 

 

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.