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Lunes 22 de junio de 2020: “Advertencia que se debe tener en cuenta para no ser seducido por los impíos”

Lunes 22 de junio de 2020: “Advertencia que se debe tener en cuenta para no ser seducido por los impíos”

Lectura Bíblica: San Lucas Cap. Versículos 1 al 8. 1Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. 2Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo. 3Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. 4Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas. 5Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? 6El dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta. 7Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. Él le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta. 8Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.

   Comentario: 16:1–13 La parábola del administrador astuto para 16:13 cf. Mt. 6:24

   Acerca de posibles conexiones entre caps. 15 y 16. A esto puede añadirse lo siguiente:

a. Los caps. 15 y 16 pueden considerarse como formando un par: El primero expone la actitud incorrecta hacia la gente; el segundo comienza con una sección sobre el uso pecaminoso de la riqueza. Pero nótese “malgastar” tanto en 15:13 y 16:1.

b. El cap. 15 fue dirigido principalmente a los fariseos y escribas (véase 15:2, 3); 16:1–13 fue dirigido a los discípulos de Cristo (16:1), aunque también fue oído por y dirigido a los fariseos (16:14).

   Como se muestra en el bosquejo, el cap. 16 consiste de tres partes fácilmente distinguibles (como también ocurre con el cap. 15), dos de las cuales son parábolas. La parábola del administrador astuto comienza de la siguiente forma:

   [1, 2]. El continuó hablando ahora a sus discípulos: Había un hombre rico que empleó un administrador. El administrador fue acusado ante él de malgastar las posesiones del señor. De modo que lo llamó y le preguntó: ¿Qué es esto que estoy oyendo de ti? Entrégame los libros de cuentas, porque no puedes ya ser administrador.

   La palabra discípulos probablemente indique el círculo más amplio de seguidores más que sólo los Doce. Véanse 6:13; 10:1.

    El hombre rico de esta parábola probablemente era el propietario de una hacienda. Tenía un administrador para manejar los negocios de la hacienda. Los deudores probablemente eran arrendatarios. Pagaban su arriendo dando al propietario una cantidad fija del producto anual. Debemos suponer que el hombre rico o propietario era un hombre de integridad.

   El administrador designado por él no era un esclavo sino un hombre libre. En consecuencia, cuando este hombre pierde su trabajo el castigo que recibe no es el que se hubiera dado a un esclavo. Contrástese “no puedes ya ser administrador” con “y será cortado en pedazos” (12:46).

   El administrador del hombre rico fue acusado de malgastar o desperdiciar los bienes de su patrón. Esto indica una mala administración, no necesariamente el fraude. El verbo es el que se usa en relación con la parábola del hijo perdido (15:13).

   De modo que el dueño lo llama y le exige una explicación. Cuando se hace evidente que el administrador no puede dar razón de lo que ha hecho, el dueño lo despide y naturalmente le exige que le entregue los libros de contabilidad, para que un sucesor pueda hacerse cargo de todo. Esto deja la impresión de que hasta este punto de la historia el administrador no había sido culpable del fraude o hurto, porque en ese caso es probable que se hubiera establecido una acción legal contra él. Además, el administrador despedido se le proporciona la oportunidad de hacer los arreglos necesarios para su partida. Él no tiene que salir inmediatamente. Puede poner los libros en orden antes de entregarlos a su señor.

    [3, 4]. El administrador se dijo dentro de sí: ¿Qué voy a hacer, puesto que mi señor me quita el cargo de administrador? No tengo fuerzas para cavar; me da vergüenza mendigar. Ya sé lo que haré, para que cuando sea despedido de mi cargo, la gente me recibiría en sus casas.

   Nótese que el administrador guarda silencio cuando el dueño lo acusa de ser culpable de la mala administración. Él no se disculpa a voces. Debe haber sido culpable de lo que se le acusaba. Sin embargo, el hombre comprende que está ante un predicamento terrible. No tiene fuerza para cavar, significando quizás trabajo manual de alguna especie, y se respeta mucho a sí mismo como para ir mendigando. Piensa y piensa … de repente lo oímos decir: “¡Ya lo tengo! Ya sé exactamente cómo preparar mi nido para el tiempo en que esté sin empleo”.

   [5–7]. Así que, llamó uno por uno a los deudores de su señor. Preguntó al primero: ¿Cuánto le debes a mi señor? Cien medidas de aceite, contestó. El administrador le dijo: Toma tu cuenta, siéntate rápidamente y escribe cincuenta. Entonces dijo a otro: ¿Cuánto debes tú? Cien medidas de trigo, contestó. El administrador le dijo: Toma tu cuenta y escribe ochenta.

    Es claro que esta es una treta para hacer que estos arrendatarios se sientan endeudados personalmente con él y para lograr su propósito de tal modo que ellos no pudieran quejarse o negarle la hospitalidad después de haber perdido su posición como administrador.

   Hace entrar a los deudores uno por uno. Se nos dan solamente dos ejemplos de lo que ocurrió a continuación, pero estos dos representan a todos los demás que debe haber llamado.

   Cuando llega el primer hombre, el administrador le pregunta: “¿Cuánto debes a mi señor?” Nótese “mi señor”, como si no hubiera sido despedido. La respuesta es: “Cien medidas de aceite”, que eran como cuatro mil litros. El administrador entonces saca de una gaveta una caja fuerte o lo que sea, el documento que el deudor había firmado y en el cual había prometido pagar esa cantidad de aceite. Le entrega la “cuenta” o el “pagaré” al arrendatario y le dice que se siente rápidamente y cambie la cifra, de modo que, en vez de deber cien medidas de aceite, ahora debe solamente cincuenta. ¿Por qué le pidió al arrendatario que se sentara rápidamente, etc.? ¿Podría ser porque tenía miedo que el dueño entrara repentinamente y viera lo que estaba ocurriendo? Sea como fuere, el deudor consintió rápidamente y entregó al mayordomo la nueva cuenta. De la misma manera trata con el siguiente deudor que debía cien medidas de trigo, es decir, unos 4.000 litros de ese producto, y se le dijo que cambiara su cuenta a 80 medidas.

   ¿Se dieron cuenta los deudores que el mayordomo era deshonesto y les estaba pidiendo que cooperaran en esta transacción comercial sospechoso? Probablemente que no. Como lo ha demostrado convincentemente K.E. Bailey—véase su P y P, p. 100—los deudores supusieron que el cambio en la nota era legítimo. Probablemente pensaron que el administrador había convencido al dueño en cuanto a la reducción de las cuentas. La reducción de la cuenta—a veces debido a condiciones desfavorables del clima en que afectaban las cosechas—era algo común.

   El administrador, con los libros ahora “en orden”, los entrega al propietario. ¿Cuál es la reacción del dueño? Ciertamente comprende que los arrendatarios y la gente de la aldea en general ya están celebrando, elogiando tanto al administrador como al dueño. Si el dueño ahora dice a esta gente lo que realmente pasó y vuelve a poner las cifras en el monto original, su reputación se desvanecerá. No puede arriesgar esto. Así que, ahora trata de sacar el mejor partido de la situación. Debe haberse dicho: “¡Qué pillo más astuto!”

   [8, 9]. El señor elogió al administrador deshonesto, porque había actuado astutamente.

   Cabe subrayar que el patrón elogió al administrador (ahora despedido) no por ser tan deshonesto, sino por ser tan astuto, tan sagaz, tan despierto. En otras palabras, por preparar “su nido”, por preocuparse de ver abastecidas sus necesidades materiales por un largo tiempo en el futuro, quizás por el resto de su vida.

   En este punto surge una pregunta. En v. 8, ¿a quién se refiere la expresión kurios (amo, señor)? ¿Se refiere al propietario o al señor Jesucristo? La respuesta debe ser “al dueño” de esta gran hacienda. La palabra griega kurios aparece también en v. 3 (una vez) y en el 5 (dos veces). En los tres casos la referencia es al dueño humano, al señor, no a Jesús. En consecuencia, no hay razón para suponer que hay que asignar un sentido diferente a la misma palabra aquí en v. 8. Jesús está contando la parábola. Él está diciendo que el señor o el dueño elogió al administrador deshonesto. El dueño lo elogió no porque había sido tan deshonesto sino porque había hecho planes con anticipación. Jesús está de acuerdo en que mirar hacia adelante es lo correcto y añade: Porque la gente de este mundo al tratar con los suyos es más astuta que la gente que tiene la luz. Y yo os digo: Haceos amigos por medio del mammón de la injusticia, para que cuando ello falte, os reciban en moradas eternas.

   Estoy de acuerdo con Danker cuando expresa su sorpresa por el hecho de que este comentario haya “causado tanta perplejidad”. Él lo considera como “una de las curiosidades en la historia de la interpretación”.   Y así es. Jesús no nos está diciendo que debamos tener la mente mundana o ser deshonestos. Está afirmando el hecho obvio de que en las cuestiones del mundo los mundanos con frecuencia muestran más sagacidad o astucia que los hijos de Dios muestran en los asuntos que afectan su salvación eterna.

   Jesús quiere que su pueblo también mire hacia el futuro y por medio de “el mammón de la injusticia” apoye de tal manera todas las causas buenas y a la gente necesitada para que cuando los dadores mueran, habrá una gran bienvenida para ellos. Aquellos habitantes celestiales que, mientras aún estaban en la tierra, fueron beneficiados por la bondad de estas personas generosas entonces estarán dando la bienvenida a los que van llegando. Con mucha alegría los conducirán a sus habitaciones celestiales.

   Con respecto a esta interpretación, aceptada por la mayoría de los expositores, ¿dónde está el problema? No hay ninguno, a menos que nosotros lo produzcamos. La objeción que se plantea a veces es ésta: “Ciertamente, ningún individuo honrado elogiaría a un criminal; sin embargo, aquí el dueño está haciendo exactamente esto. Peor aún, Jesús se une a él al elogiar a este individuo”.

   Nosotros preguntamos: “¿Por qué no?” Ni el dueño (o señor) ni Jesús están elogiando al estafador por su falta de honradez, sino solamente por su sagacidad, por el hecho de que mira hacia el futuro y hace provisión para sus necesidades venideras. ¿Qué hay de malo en ello? Nada, por supuesto.

   Cuando, a pesar de todas las precauciones y las protecciones antirrobo, alguien roba un banco, y los diarios describen la acción, la gente dirá: “¡Qué astucia!” Esto ciertamente no significa que están elogiando a los ladrones para que se les dé la medalla por servicios distinguidos. Al contrario. Ellos quieren que estos delincuentes reciban la pena que les corresponde. Pero es, sin embargo, correcto decir: “Ojalá todos los creyentes fueran tan inteligentes en los asuntos espirituales como lo son estos estafadores al desarrollar sus negocios”.

   Hay otras dos explicaciones del 16:4–8 que merecen una breve consideración. Una la describe W.J. Harrington, op. cit., pp. 198–200, quien, sin embargo, no la acepta; y por L. Morris, The Gospel According to St. Luke, Grand Rapids, 1974, pp. 245, 246, que parece favorecerla. Brevemente expresada, es como sigue: a los judíos no se les permitía recibir intereses de otros judíos (Ex. 22:25; Lv. 25:36; Dt. 23:19). Pero había una forma de esquivar esta ley, a saber, al razonar que tenía el propósito de proteger solamente a los pobres. Por lo tanto, si se podía mostrar que el deudor no era realmente pobre, la ley no se aplicaría. Así que, en muchos casos, incluyendo el de esta parábola, el dueño hubiera añadido una considerable cantidad por intereses (verdaderamente usura) al precio de venta de sus bienes.

   De aquí que la acción del “administrador” en esta parábola equivale a esto: El devuelve los pagaré a los deudores, y les pide que escriban nuevos que indiquen lo que ellos debían al dueño menos el interés ilegalmente agregado. En gratitud a él, los deudores lo recibirían en sus hogares. El dueño, al oír lo ocurrido, no podría repudiar muy bien la acción del administrador sin exponerse él mismo como un hombre que aceptaba la usura.

   Evaluación. Uno podría pensar que, si la transacción era tan complicada, hubiera habido por lo menos alguna indicación leve de ello en el texto. Además, en este caso, ¿no merecería el administrador el nombre de administrador honesto en vez de administrador deshonesto o injusto? Basados en esta teoría ¿no estaba actuando honradamente al hacer que las cantidades de las facturas fueran nuevamente lo que debieran haber sido en el principio (la suma principal sin ningún interés agregado)? Parece que había sido honrado, a menos que la mención anterior de haber malgastado los bienes de su señor sugiera que era culpable de fraude o hurto. Pero ya se ha mostrado que esto es improbable; por lo menos no se puede probar. Además, si esta teoría fuese correcta, ¿no habría sido el dueño el deshonesto?

   La otra teoría es la propuesta por E. Trueblood. Este razona que cuando Jesús exhorta a sus oyentes a hacerse amigos por medio del mammón injusto, él quiere decir exactamente lo opuesto de lo que en verdad dice. En otras palabras, Trueblood considera las palabras de Jesús como algo de burla chistosa.

   Evaluación. El autor no ha demostrado a mi satisfacción que la explicación acostumbrada—la que yo comparto con muchos otros—es irrazonable. Debiéramos tener mucho cuidado antes de interpretar las palabras de Jesús como si fueran gestos humorísticos.

   Probablemente para evitar el mal entendido que aún persiste, como si Jesús estuviera elogiando la falta de honradez, ahora prosigue: [10]. El que es digno de confianza en un asunto muy pequeño, también es digno de confianza en uno que es importante; y el que no es digno de confianza en un asunto muy pequeño, tampoco es digno de confianza en uno que es importante.

   Estas palabras de Jesús indican claramente que él no aprobaba, ni siquiera excusaba, la deshonestidad, la infidelidad. Si una persona es digna de confianza en el manejo de cosas de pequeña importancia, también puede confiarse con cosas de mayor importancia; si no se puede confiar en uno en conexión lo primero, tampoco sería seguro confiárselo con lo segundo. Todo depende de la calidad del ser invisible de la persona, llámeselo alma o como quiera. El alma no está dividida.

   Lo que quiere decir se hace aún más claro con lo que sigue en vv. [11, 12]. Así que si no habéis sido fieles en (el uso de) el mammón injusto, ¿quién os confiará las verdaderas riquezas? Y si no habéis sido fieles con respecto a los bienes de otros, ¿quién os dará lo que es vuestro?

   En este paralelismo el mammón de injusticia = la propiedad de algún otro; las verdaderas riquezas = vuestras riquezas. Entonces el significado es éste: si no has sido fiel en el uso de la riqueza material, la cual, después de todo, no es realmente vuestra, sino que pertenece a otro, a saber, a Dios, entonces ¿quién os confiará las verdaderas riquezas celestiales, vuestras propias posesiones, el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mt. 25:34)?

   Por lo tanto, lo que aquí se enfatiza es que lo que nosotros con tanto cariño llamamos nuestro dinero, nuestra casa, nuestros bonos, nuestras acciones, nuestros certificados bancarios, etc., no es realmente nuestro. Es un depósito confiado a nosotros para usarse de tal modo que Dios pueda ser agradado. Nabal, que dijo, “¿Tomaré entonces mi pan y mi agua y mi carne que he preparado para mis esquiladores, y darlos?”, etc. (1 S. 25:11), olvidó esto.

   Lo mismo ocurrió con el rico insensato (Lc. 12:16–21), y con el administrador de nuestra parábola presente. Por cierto, él con mucha sabiduría tenía un ojo puesto en el futuro. Hasta allí, muy bien. Pero solamente para su futuro terrenal. La norma del creyente es expresada hermosamente por Pablo con las palabras: “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Co. 4:18).

   La persona que siente dificultades en relación con la parábola del administrador astuto, pensando erróneamente que o el “dueño” de la parábola, o Jesús mismo, o ambos está(n) elogiando la falta de honradez, debe leer más, estudiando también vv. 10–12. Entonces su dificultad se desvanecerá; su problema se habrá resuelto.

   Enteramente en línea con lo que precede inmediatamente está v. [13]. Ningún siervo puede servir a dos señores; porque u odiará al uno y amará al otro, o será devoto al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a mamón.

   Es evidente inmediatamente que Jesús aquí está repitiendo las palabras que usó en el Sermón del monte (Mt. 6:24). ¿Y por qué no? Un dicho tan precioso es digno de repetirse.

   Además, el pasaje armoniza nítidamente con el contexto en ambos lugares. Sencillamente quiere decir que es sicológicamente imposible que alguien dé una devoción de todo corazón a dos señores. El objeto de la devoción será o Dios o mammón. No puede ser ambos.

   La tensión sicológica que se produce en el alma de una persona que se imagina por un tiempo que podrá amar y servir a ambos señores se hace tan grave e insoportable que, en actitud, palabra y hecho, tarde o temprano comenzará a mostrar dónde está puesta su verdadera lealtad. Un señor u otro triunfará, en realidad ha estado “a la cabeza” todo el tiempo, aunque, quizás, el individuo en cuestión no estaba completamente consciente de ello.

   En la crisis el alma agitada por amor hacia uno de sus señores, comenzará a demostrar que odia al otro, quizás hasta el punto de querer traicionarlo. Piénsese en Judas Iscariote. ¿No fue mammón lo que lo llevó a entregar a Cristo en manos de sus enemigos? Véase Lc. 22:3–6; Jn. 12:6. Y, por otra parte, piénsese en Pablo. Llegó un momento en la vida de este ex perseguidor cuando comenzó a despreciar a todo lo que significaba mérito personal, posesiones terrenales y prestigio que anteriormente había apreciado tanto. Todo lo que antes era ganancia ahora es pérdida (Fil. 3:7ss). Su lema llegó a ser “que en todas las cosas Cristo tenga la preeminencia”.

1er Titulo:

Instinto devorador de los impíos que acecha al creyente. San Lucas 10, versículo 3. Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.

   Comentario: [3]. ¡Id! ¡Atención! Os estoy enviando como corderos en medio de lobos.

   Puesto que Jesús está por hacer una declaración del carácter más sorprendente, la introduce diciendo, “¡Id! ¡Atención!” Sigue el dicho que describe la situación de los hombres que están siendo enviados. No van a estar en lecho de rosas. Por el contrario, serán como corderos—en un contexto más o menos similar, Mt. 10:16 dice “ovejas”—en medio de lobos.

   ¿No sugiere esto impotencia completa? ¿peligro extremo? Así parece. Sin embargo, nótese el enfático Yo en “Yo os estoy enviando”. Es nadie menos que su Pastor quien habla. Sin él, naturalmente, ellos están estarán en una situación desesperada. Pero, comisionados por él, como apóstoles suyos, lo opuesto es la verdad. ¿No llevará él los corderos en sus brazos y los llevará en su seno? Véase Is. 40:11. (Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas.) Que dependan de él … enteramente. Así concebido esto, la continuación es natural.

2° Titulo:

Utilizando varias formulas para provocar daño. Proverbios 6: 12 al 14. 12El hombre malo, el hombre depravado, Es el que anda en perversidad de boca; 13Que guiña los ojos, que habla con los pies, Que hace señas con los dedos. 14Perversidades hay en su corazón; anda pensando el mal en todo tiempo; Siembra las discordias.

Comentario: Vv. 12—14. Si los perezosos deben ser condenados, que nada hacen, mucho más los que hacen todo el mal que pueden. Obsérvese cómo se describe a tal hombre: Dice y hace todo astutamente y con intenciones. Su ruina vendrá sin advertencia y sin alivio. — Aquí hay una lista de cosas que Dios abomina. Son pecados especialmente provocadores para Dios los que son dañinos para el bienestar de la vida humana. Debemos odiar en nosotros lo que Dios odia; es nada odiarlas en los demás.

   Desechemos todas esas costumbres, y velemos y oremos contra ellas; evitemos con marcada desaprobación, a todos los culpables de ellas, cualquiera sea su rango.

Los siete rasgos del hombre vicioso, 6:12-15

   Esta sección señala las características del hombre depravado o inicuo. Las dos palabras vienen del hebreo beliya’al 1100, que significa “sin valor” o “inútil”, y ’aven 205, que significa “el causante de problemas” o “problemático”. La primera palabra beliya’al se encuentra en 16:27 traducida el hombre indigno y en 19:28 traducida como el testigo perverso. Por otra parte, la palabra ’aven se encuentra en 10:29 traducida los que obran maldad y en 21:15 traducida los que practican la iniquidad. Hay que agregar que la palabra depravado, beliya’al, también ha sido traducida como un nombre propio de parte de algunos eruditos (ver Guthrie, Nuevo Comentario Bíblico). En efecto, se traduciría la palabra como “Belial”, un nombre para hacer referencia a Satanás. Sin embargo, esta interpretación es poco probable.

   Ahora vamos a detallar las características del hombre no ideal, de hecho, el lado totalmente opuesto al ideal. Hay que recordar que los hebreos creían que cada parte del cuerpo humano tenía alguna función síquica. Se hace mención, en primer lugar, de la boca. No es sorprendente que la boca fue el primer aspecto del cuerpo femenino mencionado por el maestro en 5:3. La palabra perversidad viene de la idea de torcido o alterado. La importancia del habla recta se repite vez tras vez en el libro de Proverbios (ver 4:24 para la misma frase la perversidad de boca). No se muestra ninguna disciplina en el campo del discurso. Las palabras y sus significados son torcidos y paralelos con la frase la lengua mentirosa en 6:17, aunque la perversidad de boca es un término más amplio.

   La segunda parte del cuerpo humano son los ojos, llamados la lámpara del cuerpo por Jesús (Mat. 6:22). Figura en el lugar siguiente a los labios en 5:25. La expresión aquí es un gesto muy conocido, es decir guiña los ojos (lit. “dar un pellizcón al ojo”). Otro proverbio afirma que el que guiña el ojo causa tristeza, pero el que abiertamente reprende hace la paz (10:10). En este pasaje el proverbio está en una posición antitética con el verbo reprender. Por eso, es mejor traducirlo como ignorar la falla o el pecado. En América Latina hay un dicho muy parecido que dice “hacer la vista gorda”. No es bueno rehusar la reprensión por ocultarlo y pretender no ver la falta. Hay que saber enfrentar una situación, aunque sea difícil y vencerla. Como se dice “más vale ponerse una vez colorado y no cien amarillos”.

   Los pies son el tercer aspecto del cuerpo que se acentúa. Otra vez, este pasaje sigue el orden en 5:24–27: boca, ojos y pies. Lit. se habla de “raspar” o “frotar” los pies. Desafortunadamente no se sabe cómo es el gesto claramente, aunque sabemos que es un gesto engañoso o feo. El joven ha de rechazar la utilización de los gestos depravados y aprender a hablar en una manera digna de uno que es sabio. Hay que recordar que los pies habían servido como un eufemismo. En el caso de cubrir los pies está la idea de “hacer sus necesidades” (Jue. 3:24; 1 Sam. 24:3). ¿Puede tener una idea de un gesto parecido y no muy saludable?

   El cuarto aspecto del cuerpo son los dedos. Por el uso del verbo “indicar” parecen ser los dedos de la mano. Sin embargo, hay pasajes donde se ocupa la misma palabra hebrea, ’etseba’ 676, haciendo referencia a los dedos de los pies (ver 2 Sam. 21:20; 2 Crón. 20:6). Pero, apuntar con el dedo es la interpretación más fácil de la frase.    Otra vez, es un gesto que puede simbolizar la depravación del hombre en decir algo feo, o puede ser una señal para tomar ventaja de una situación a través del engaño. El maestro enseña al joven que tal gesto no corresponde para el joven muy bien formado. Si apuntar el dedo es algo feo puede ser que es una manera de reírse del prójimo. Pero si apuntar el dedo es algo engañoso puede significar una señal para hacer algo, en que el dedo con frecuencia en el AT mostraba poder (ver Exo. 8:19; 29:20; 31:18; 2 Crón. 10:10; Sal. 8:3; Prov. 30:32).

   El quinto aspecto del cuerpo humano que se expone es el corazón, de hecho, la parte esencial de la vida humana. Se puede perder un dedo y seguir viviendo, como también perder un ojo o un pie, etc. Sin embargo, una falla del corazón, particularmente en el mundo antiguo, significaba un hecho fatal. Sabiendo esto, no es sorprendente cuando los antiguos creían que el asiento de la voluntad estaba en el corazón junto a todos los procesos de la razón, y el asiento para tomar las decisiones importantes de la vida. Hoy en día sabemos que estos procesos se realizan dentro de la cabeza, y especialmente los lóbulos del cerebro.

   Anda pensando el mal es la sexta característica del hombre. En 4:16 se detalla la desesperación de aquel que anda pensando en lograr algún mal. Se recuerda la actitud de los ladrones del primer capítulo que ya tenían el plan formado para aterrorizar a la víctima y desposeerla de sus bienes (1:11–14). Sin embargo, Dios condenará al hombre que urde males (12:2), los pensamientos del malo son una abominación a Jehovah (15:26) y engaño hay en el corazón de los que traman el mal, pero en el corazón de los que aconsejan paz hay alegría (12:20). Los que traman el mal, en realidad, están quitando sus propias vidas (1:19) y andan como la obscuridad; no saben en qué tropiezan (4:19).

   La última característica del hombre depravado se explica con la frase provocando discordia. Algunos eruditos unen algunas de las características, hablando de cinco o seis en vez de siete. Tal unión es muy posible, quizás probable. De todos modos, son varias las características que se manifiestan juntas, y por eso, se encuentran en una forma unida en los pasajes de la Biblia (p. ej. corazón y labio: 16:1; 14:1, 2; Mat. 15:18). Así pues, la frase provocando discordia puede ser uno de los muchos resultados de aquella persona que anda pensando el mal. La palabra discordia, que viene de madon 4090, quizá de la raíz para “juzgar”, significa algo del juicio insano o una evaluación alterada que provoca una discordia. Es una palabra importante de Proverbios, pues se encuentra 19 veces de la totalidad de 22 citas del AT. El hombre de discordia se encuentra en 26:21: El carbón es para las brasas, la leña para el fuego, y el hombre rencilloso para provocar peleas. También no escapa la mujer: Mejor es vivir en un rincón de la azotea que compartir una casa con una mujer rencillosa (21:9; 25:24); gotera continua en un día de lluvia y mujer rencillosa son semejantes (27:15); mejor es vivir en una tierra desierta que con una mujer rencillosa e iracunda (21:19). El verbo “provoca”, por otra parte, significa “mandar” o metafóricamente “dejar en libertad” o “mandar libre”. Por lo tanto, el hombre depravado abusa la libertad para sembrar o provocar la discordia (la riña, la pelea, etc.).

    En conclusión, se tiene un dibujo del hombre depravado. El tiene una boca y un corazón no derechos, alternados y perversos. Tiene tres gestos feos de engaño: los ojos guiñando, los pies raspando en el suelo y los dedos apuntando. Además, sus energías mentales se ocupan en el mal. Y finalmente hay un resultado dado, es decir, la discordia dondequiera que ande. Enteramente, el hombre está dado al mal: la voluntad, las palabras de su boca, la comunicación no verbal o los gestos, la mente y hasta el resultado de su presencia. Anda con una sombra de peligro, una sombra formada por su carácter. Con razón, no hay paz, shalom, donde él esté (12:20).

   El fin del hombre depravado no debe sorprendernos, aunque el maestro dijo a los jóvenes que el joven sabio no ha de temer el espanto repentino, ni la ruina de los impíos cuando llegue, porque Jehovah será tu confianza… (3:25, 26). Ahora en el v. 11 se repite la experiencia de la ruina de los no oyentes de la sabiduría (1:27) y del flojo (6:11) cuando llegue sin aviso previo. Por lo tanto, de repente será quebrado (¿su cuerpo?, ¿su espíritu?, quizá ambas cosas). La palabra peta 6621, que significa “al instante”, une la dos ideas, aunque se haya traducido en dos maneras. Los hebreos favorecían la repetición de los sonidos y por ende las palabras por su valor de sonido y su ayuda a la memoria. Siguiendo el v. 15 se agrega y no habrá remedio. Ya el hombre depravado llegará a un momento cuando su futuro está clausurado y la esperanza ha desaparecido (ver 1:28 ss.). El tiempo oportuno ha pasado y la vida que le queda y la vida eterna son las consecuencias de los pecados pasados. Ya la sombra es eterna y el dicho “nunca es tarde” es una mentira. Así es el fin del hombre depravado, como el hombre que recibe las palabras del médico: “Siento decírselo, pero usted tiene… y no hay un remedio.” El NT dice que hay que buscar las cosas de arriba, donde Cristo está sentado (mostrando su poder y su gloria) a la diestra de Dios…

   Por lo tanto, haced morir lo terrenal en vuestros miembros: fornicación, impureza, bajas pasiones, malos deseos y la avaricia, que es idolatría. A causa de estas cosas viene la ira de Dios sobre los rebeldes (Col. 3:1, 5, 6).

6.12 Depravado: Literalmente, «de Belial», alude tanto a algo sin valor como al malvado; término apropiado porque uno de los temas centrales del libro es que la impiedad no beneficia a nadie. Belial representa comúnmente en las Escrituras al impío (por ejemplo, véase la nota marginal a 1 S 2.12).

6.13, 14 Guiña… habla… hace señas: Estos son gestos que a veces se utilizan para sembrar discordias, con lo cual culmina la cita de aquellas cosas que Dios repudia (vv. 17–19).

3er Titulo:

El grave peligro de ser fiador de un extraño. Proverbios 11:15. Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un extraño; Mas el que aborreciere las fianzas vivirá seguro.

   Comentario: La fianza se subraya en el v. 15, donde se analiza el puesto de fiador. Aquí se trata de un fiador del extraño, del desconocido (ver 6:1; 20:16; 27:13 para zur 2114, el “desconocido” o “forastero”). Por un lado, el fiador del desconocido va a lastimarse. Por otra parte, el que odia y pone distancia entre él y la acción opuesta de la fianza puede sentirse confiado (ver 10:9). Hay un consejo sabio que dice: “No metas las manos en el fuego por nadie”, especialmente el desconocido. Hay que tener cuidado de no hacer alguna promesa no bien pensada. Si fuese así, hay un buen consejo en 6:1–5.

fiador… empeñado. La insensatez aquí es hacerse responsable por la deuda de otro y comprometerse a pagar si el otro no paga (aval) (cp. 11:15; 17:18; 20:16; 22:26). En tanto que hay precedente para esta práctica, es mucho mejor dar a los que tienen necesidad (vea Dt. 15:1–15; 19:17) o prestar sin interés (vea Lv. 25:35–38; 27:8). enlazado… has caído en la mano. Cp. 22:26, 27. Cualquiera que se hace responsable por la deuda de otra persona queda atrapado y controlado porque ha entregado el control de aquello que Dios le había encomendado como mayordomo. La situación es tan grave que es imperativo asumir el control de los recursos que Dios ha dado y salir inmediatamente de un arreglo tan intolerable (“líbrate”, vv. 3, 4) antes de llegar a la pobreza o a la esclavitud. Cp. Génesis 43:9; 44:32, 33.

   Comentario 2: de Proverbios 6: a al 5 (Para mayor entendimiento de la palabra fiador): Primeramente, vamos a ver los peligros del campo económico. El primer peligro subraya el daño hecho cuando uno llega a ser el aval para su prójimo (vv. 1–5). En segundo lugar, se acentúa el peligro de la flojera (vv. 6–11). En ambos casos, la advertencia es no llegar a ser uno de ellos. Mejor nunca ser el aval. Mejor nunca flojear en la vida; hay que esforzarse en la vida para lograr la seguridad y el futuro económico porque el trabajo es el plan de Dios (Gén. 2:15; Exo. 20:9; 2 Tes. 3:6–12). Sin embargo, hay que enfrentar el problema del desempleo y del subempleo.

   Los vv. 1–5 se dividen en dos partes. Por una parte, se habla de un asunto financiero como el aval (vv. 1 y 2; ver fiador: Gén. 43:9 y empeñado: Neh. 5:3, 4). Por otra parte, se presenta el plan para salir del compromiso imprudente y una inspiración para hacerlo (vv. 3–5). Dentro del libro de Proverbios, hay cinco pasajes adicionales que hablan en contra de la fianza (11:15; 17:18; 20:16; 22:26 y 27; 27:13; también Ben Sira 29:14–20).

   Los vv. 1 y 2 muestran cómo se tomaba un compromiso financiero en el mundo antiguo. A simple vista parece que hay sólo dos personas en el compromiso financiero, el fiador aval y el prójimo que a la vez es el extraño. Así se ha identificado prójimo con el zar 2114 (de la raíz zur), la misma palabra que se ocupaba para “la extraña” (2:16; 5:3, 10, 17). Esta primera interpretación sencilla parece ser improbable. Una segunda interpretación del versículo separa el prójimo, de la palabra hebrea ra’ah 7453 que tiene el significado básico de “alguien con quien se asocia”, es decir “un vecino, un compañero, un colega, un amigo, etc.”, del vocablo un extraño, que implica a una persona desconocida, es decir el opuesto del prójimo. Por lo tanto, esta interpretación tendría al fiador comprometiéndose como fiador a su prójimo (aquella persona conocida por él) pero “golpeando o pegando la mano” como un gesto de compromiso con el extraño (aquella persona que haya prestado el dinero). Así el fiador tiene un compromiso con las dos personas, el prójimo y el que haya prestado al prójimo. Este sentido es muy probable, aunque la estructura del versículo pone al prójimo y al extraño en una postura paralela o sinónima en adición a la forma del compromiso.

   El v. 2 muestra cómo la boca del fiador le haya atrapado. Los verbos señalan la desgracia de los animales atrapados. Con sus propios labios el hombre se ha perjudicado. El dicho por Don Quijote es sabio: “En boca cerrada no entran moscas.” Parecido es el proverbio sumerio: “¡En boca abierta entrará la mosca!” (ANET, 425). Además, un dicho arameo afirma: “Más que toda vigilancia vigila tu boca… Pues una palabra es un pájaro: una vez puesta en libertad nadie puede recobrarla” (Las Palabras de Ahiqar, 7.95–110). En el texto hebreo hay un juego de palabras repetidas, exagerando y subrayando la desgracia. Lit. el v. 2 se expresa así: “Si estás atrapado por las palabras de tu boca, agarrado por las palabras de tu boca…” El fiador se autoatrapa como los ladrones en su codicia (1:17–19), los que no escuchan la sabiduría y se autoatrapan en su opinión y conducta (1:31) y el hombre malo, quien se auto atrapa en su propio pecado (5:22).

   Los vv. 3–5 exponen la manera de salir del compromiso imprudente. Se nota el vocativo repetido para la segunda vez en esta discusión hijo mío (vv. 1 y 3), llamando así de nuevo la atención del hijo y poniendo énfasis en la enseñanza que está por venir. Seguramente, todos los jóvenes van a tener que enfrentar una situación semejante en sus vidas. La descripción del v. 3 es parecida a una esclavitud. El garante no está libre ya que tiene un compromiso económico. Y está en el poder de su prójimo; así se entiende la metáfora de estar en las manos de su prójimo.

   Los tres verbos siguen en el texto en el v. 3. Se unen a un verbo muy conocido como es el vocablo anda, de la palabra halak 6213, “ir”, que aparece más que 1.500 veces en el AT, con dos verbos poco frecuentes. Las palabras hebreas son rapas 7511, que significa “estampar” o “patear”, y rahab 7292, que significa “atormentar” o “alarmar”. Parece ser que la primera palabra habla de humillarse con fuerza hacia abajo mientras la segunda palabra habla de molestarse cualquier sea la situación del prójimo. Por lo tanto, el texto que dice anda, humíllate, importuna a tu prójimo no capta toda la determinación y la energía que han de expresarse en el reencuentro con el prójimo. El prójimo va a ver que el aval está actuando en una forma nerviosa e insistente. Especialmente, la palabra importuna (rahab 7292) tiene tal sentido de intranquilidad (ver Sal. 138:3, que traduce infundiste mucho valor; Cant. 6:5 traduce doblegan; Isa. 3:5 traduce insolente). Sin duda, el prójimo va a darse cuenta de una situación anormal y, por supuesto, va a sospechar que está involucrado el compromiso financiero. El elemento de molestar al prójimo y de implorarle se encuentra en estos dos versos: molestar, del verbo rahab 7292 e implorar, del verbo rapas 7511.

   El maestro muestra la importancia de librarse de la decisión económica imprudente cuando manda que no se duerma hasta que lo arregle (v. 4). Vale la pena perder hasta el sueño, aunque esté con mucho sueño, para quitar la esclavitud de la fianza de encima. En otras ocasiones, el sueño se subraya cuando el hombre impío no duerme porque no se ha logrado algún mal (4:16) y cuando el flojo ruega a los demás el tener un poco más de dormir (6:10). Por otra parte, se eleva el sueño del sabio que se acuesta sin temor y tiene un sueño dulce (3:24). Por fin, el v. 5 vuelve a la imagen de la caza y pide que el joven escape como el venado, y como el ave (7:23; 27:8). Estos luchan para su sobrevivencia, como el fiador lucha por su libertad y sobrevivencia económica.

   Una mala decisión, un sobre compromiso puede empobrecer la familia durante años. La aparición de varios vocablos semejantes en el pasaje le dan más cohesión: las palabras que hablan de la caza (vv. 2 y 6), el vocativo hijo mío (vv. 1 y 3) y la expresión mano de para hablar del “poder sobre” (vv 1 y 5). El texto hebreo no tiene las palabras del cazador en el v. 5, pero parece ser el sentido más probable.

4° Titulo:

La comunión con los impíos debe ser evitada. 1ª a los Corintios 6: 14 al 16. No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? 16 ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.

    Comentario: 4. Una llamada a los santos 6:14–16.

[14]. No os unáis en yugo desigual con los incrédulos. Porque ¿qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?

-a. «No os unáis en yugo desigual con los incrédulos». A primera vista, este mandato parece referirse al matrimonio de un creyente con una persona incrédula o a dos socios de negocios respectivamente. Pero el contexto da a entender que esta interpretación es solamente implícita y no explícita. Para comprobar esto, en otro lugar Pablo explícitamente manda a una viuda que sólo se case en el Señor (1 Co. 7:39). Este contexto, sin embargo, se refiere a la separación de la religión cristiana de las religiones paganas. «Porque unirse en yugo con los incrédulos significa nada menos que tener comunión con las infructuosas obras de las tinieblas, y tenderles la mano a los incrédulos significa tener comunión con ellos». El pasaje de los versículos 14–18 nos dice que no formemos ningún pacto con los incrédulos, que violan las obligaciones del pacto que el cristiano tiene con Dios. El texto griego revela que unirse en yunta desigual significa entablar relación con una persona que es totalmente diferente a nosotros.

   En este texto, se habla de una persona que no es miembro de la familia de la fe y que hace que el creyente quebrante el pacto con Dios.

   ¿Quiénes son esas personas que causan el extravío de los cristianos? Los paganos que invitaban a los corintios a comer con ellos en los templos donde se adoraba a los ídolos.

   De la misma manera en que comer en la mesa del Señor es participar del Señor, comer en la mesa de un ídolo es participar en una falsa religión. Semejante conducta es una afrenta al Señor. Los incrédulos, pues, son paganos que no sirven al Señor. Son aquellos a quienes Satanás ha cegado los ojos (4:4). Son no-cristianos que han influido en la comunidad de Corinto.

-b. «Porque ¿qué tienen en común la justicia y la maldad?» Los creyentes que han sido justificados por Dios (5:21), deben ser capaces de discernir rápidamente el engaño que pueda haber en cada palabra o acción. Deben rechazar asociarse con quienes practican la mentira.

   Tienen como tarea desenmascarar el engaño como obra del Maligno (Ef. 5:6–12). Deben seguir gozosamente las huellas de Jesús y procurar la justicia cumpliendo lo que él les ha mandado; pues saben que Jesús ama la justicia y aborrece la impiedad (Heb. 1:9; Sal. 45:7).

   Afirman que la justicia es la regla del reino de Cristo, y observan que la maldad es lo que caracteriza la obra de Satanás. De hecho, Pablo llama al anticristo «el hombre de pecado», y dice que «el poder oculto de la maldad ya está en operación» (2 Ts. 2:3, 6). En conclusión, pues, la respuesta a la pregunta retórica que Pablo hizo al principio del párrafo, es un rotundo no.

-c. ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?». Esta pregunta muestra tres palabras clave. Las dos primeras describen la comunidad cristiana: comunión y luz. La tercera palabra, tinieblas, no describe a la comunidad cristiana.

   Para el apóstol Juan, el mayor gozo que puede experimentar es ver que los creyentes tienen comunión con Dios Padre y con su Hijo Jesucristo (1 Jn. 1:4). La comunión cristiana se manifiesta especialmente en el culto a Dios y en la ayuda y en el aliento entre los creyentes.

   Jesús es la luz del mundo (Jn. 8:12), y por medio del evangelio esa luz verdadera ilumina a la humanidad (Jn. 1:9). La luz y la comunión van juntas; pero la luz y las tinieblas pertenecen a esferas diferentes. La oscuridad espiritual carece no sólo de luz, sino también de amor. Juan dice que cualquiera que aborrece a su hermano está ciego y anda dando traspiés en las tinieblas (1 Jn. 2:11; Jn. 11:10). De la misma manera que la luz y la justicia están estrechamente relacionadas, así las tinieblas y el desorden son hermanos gemelos. Los primeros términos pertenecen a Cristo, los segundos a Satanás, y los dos grupos son diametralmente opuestos.

   Satanás se transforma en ángel de luz (11:14) para engañar a la gente. Ciega las mentes de los incrédulos de modo que no puedan ver la luz del evangelio. Como consecuencia, viven en completa oscuridad espiritual. Pero Dios hace que su luz brille en los corazones de los creyentes al darles, por medio de Cristo, el conocimiento espiritual de sí mismo (4:4–6).

   [15]. ¿Qué armonía hay entre Cristo y Belial? ¿Qué tiene en común el creyente con el incrédulo?

   El mero hecho de hacer estas dos preguntas retóricas y antitéticas, supone una respuesta negativa. Pablo continúa su secuencia de contrastes resaltando la absoluta imposibilidad de que se pueda esperar armonía entre Cristo y Belial. Usa el sustantivo griego sumfonesis para significar armonía o acuerdo. El nombre es paralelo a las expresiones tener en común y comunión, del versículo anterior (v. 14).

   La elección de la palabra Belial, que en griego se escribe Beliar, ha sido causa de mucha discusión. Una cosa es segura: Pablo no la tomó prestada del Antiguo Testamento, donde dicho término nunca ha sido personificado y significa alguien o algo impío o pervertido (p. ej, Dt. 13:14; 17:4; 1 S. 1:16; 10:27; 25:25; 30:22). A menos que el término se personifique, falta un equilibrio en el contraste de este versículo.

   Los escritos judíos personifican a Belial/Beliar como Satanás, el diablo, el principal de los demonios y el anticristo. Estos escritos incluyen los Testamentos de los Doce Patriarcas, los libros apocalípticos (Jubileos, la Ascensión de Isaías y los Oráculos de la Sibila, y los Rollos del Mar Muerto. Pablo enfatiza el contraste entre Cristo y Belial como los gobernantes máximos de sus dominios respectivos, los de la justicia y la impiedad, la luz y las tinieblas, lo santo y lo profano. No sabemos, por qué Pablo elige la palabra Belial en vez de Satanás, el diablo, el demonio principal o el anticristo. Belial/Beliar debiera verse, quizás, como una palabra amplia, que incluya todos estos nombres.

   ¿Qué es lo que Pablo quiere decir a los corintios? Les ha dicho que Cristo había muerto por ellos, que Dios había reconciliado al mundo consigo mismo, y que Pablo había sufrido diversas calamidades para promover la causa del evangelio (5:14–15, 20; 6:3–10). Ahora quiere que se decidan por Cristo y lo sigan; que rechacen a Belial y todo cuanto él representa.

   En términos paralelos, los corintios debían elegir la fe y no la incredulidad, la vida cristiana en vez de los caminos mundanos.

   Por consiguiente, Pablo les pregunta: «¿O qué tiene en común el creyente con el incrédulo?» La repetición del versículo 14a es clara; pero en esta ocasión Pablo usa los nombres en singular. Dice que la vida del creyente no tiene arte ni parte en la vida del incrédulo. Con estas palabras no está diciendo que los creyentes no deben mantener ningún contacto con los incrédulos, porque, de serlo así, el creyente tendría que salir de este mundo (1 Co. 5:10). Pide a los creyentes que no participen en el estilo de vida de los incrédulos. Denney comenta: «Para el creyente, lo más eminente e importante de este mundo es lo que los incrédulos niegan y, por lo tanto, cuanto más en serio se tome estas cosas, tanto más se guardará de entablar amistad con los incrédulos».

   [16a]. ¿Qué acuerdo puede tener el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente.

   Ésta es la última de las cinco preguntas retóricas que requiere una respuesta negativa. Pablo pregunta si existe algún tipo de acuerdo entre el templo de Dios y los ídolos. El templo es el lugar donde Dios decide morar, si bien es cierto que Dios no puede ser confinado a una casa hecha por manos humanas (1 R. 8:27; 2 Cr. 6:18; Is. 66:1–2; Hch. 7:49–50). Él está en todo lugar y revela su poder contra los ídolos, ya sean éstos el Dagón de los filisteos o el Baal de los cananeos (1 S. 5:1–5; 1 R. 18:21–40). Pero, ¿cómo entenderían los cristianos gentiles la frase templo de Dios? Los judíos decían que Dios moraba en el Lugar Santísimo del templo de Jerusalén; pero Pablo enseñaba a los corintios que Dios moraba en sus corazones y que del cuerpo de ellos ha hecho su templo (1 Co. 3:16; 6:19; véase Ro. 8:9).

   El lugar Santísimo de Jerusalén no tenía estatuas y por eso era el hazmerreír de los gentiles, cuyos templos estaban llenos de ídolos. Es lógico de esperar que los judíos cristianos consideraran a los templos paganos una abominación y que, para ellos, entrar en sus terrenos sería una transgresión de la ley de Dios. Pero los gentiles que se habían convertido a la fe cristiana, necesitaban comprender que ya no era necesario tener urnas ni participar en los sacrificios. Tenían que saber que tales sacrificios eran ofrecidos a los demonios y no a Dios (1 Co. 10:20). Concurrir a estos cultos los haría participantes de los demonios. Como pueblo de Dios, los corintios tenían que romper con su cultura pagana y servir a Dios de todo corazón, alma y mente. Pablo había enseñado a la gente que ellos eran el templo de Dios; les había recordado esta verdad (1 Co. 3:16; 6:19), y ahora se lo recuerda una vez más. Pablo da a entender que los ídolos paganos de los templos están muertos y dice enfáticamente: «Nosotros somos templo del Dios viviente».

   En todas sus epístolas, Pablo refuerza su mensaje con citas del Antiguo Testamento. En ocasiones, usa pasajes de distintos lugares para formar una serie de versículos que se enlazan por medio de palabras clave (p. ej., Ro. 3:10–18; 9:25–29, 33; 10:18–21; 11:26–27, 34–35; 15:9–12). En 2 Corintios, cita por lo menos seis referencias al Antiguo Testamento; parece que todas ellas están enlazadas por la idea de que Dios es un Padre para su pueblo; y a éste se le pide que se guarde puro.

    Los pasajes están combinados y adaptados al hilo del pensamiento que Pablo desarrolla. No se puede presuponer que Pablo siempre pudo consultar de forma inmediata los rollos de la Escritura; más bien, tuvo que depender frecuentemente en su memoria.

[16b]. Como Dios dijo: «Habitaré y andaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo».

Dios se dirige a su pueblo por medio de las Escrituras, y les hace promesas y les da instrucciones. La promesa que ahora nos ocupa presenta cuatro facetas: Habitará entre su pueblo, andará con ellos, será su Dios y los hará pueblo suyo. Las palabras de este texto son una combinación de dos pasajes bíblicos:

1. «Habitaré entre ellos» proviene del texto hebreo de Éxodo 25:8 y 29:45, donde Dios les dice a los israelitas que él habitará entre ellos. Una traducción literal diría: «Habitaré dentro de ellos», como confirma Pablo con sus palabras «Somos templo del Dios viviente».

2. «Andaré entre ellos, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo». Estas palabras provienen del texto griego de Levítico 26:12, aunque con pequeñas modificaciones como, por ejemplo, un cambio de la segunda persona del plural por la tercera persona del plural. La promesa de Dios consiste en que, el hecho de que habitará entre su pueblo, señala el establecimiento de una relación pacífica; y el hecho que andará entre ellos indica una actividad benevolente.

   Dios presta completa atención a toda clase de gente y a todo detalle (Mt. 10:30). La segunda parte de esta frase, «Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo», es una hebra de oro que Dios ha tejido en su Palabra desde el principio hasta el final. Sólo como simple mención, citaremos cuatro de entre muchas otras referencias: en estado incipiente, Dios da forma al comienzo de su pacto con las bendiciones de Génesis 17:7; lo consolida con la redacción de su pacto con Israel, en Éxodo 6:7; lo continúa en la profecía de Ezequiel 37:26–27; y lo concluye con Apocalipsis 21:3. Philip Edgcumbe Hughes ha delineado tres etapas de la continuidad del pacto de Dios, por medio de la presencia de Cristo entre su pueblo: la encarnación (Jn. 1:14), Cristo habitando en el corazón de los creyentes (Ef. 3:17), y Dios habitando con su pueblo en la nueva tierra (Ap. 21:3).

   Pero la Escritura no limita el poder que Cristo tiene de habitar en los creyentes. Enseña que el trino Dios mora en los corazones de los creyentes. Junto a Cristo, el Espíritu Santo y Dios el Padre habitan también en los creyentes (p. ej., Jn. 14:17; 1 Jn. 4:12). Dios está siempre con su pueblo, desde el momento de la creación en el huerto del Edén, hasta el huerto restaurado que aparecerá con la renovación de todas las cosas.

Amén, para honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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